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lunes, junio 20, 2011

Las abajo firmantes feministas de toda la región latinoamericana y caribeña

Fuente: Rosa Chillante
Las abajo firmantes feministas de toda la región latinoamericana y caribeña comprometidas en el hacer pensante de la política feminista desde muy variados recorridos reaccionamos preocupadas y con indignación ante el anuncio de la comisión organizadora estratégica del próximo XII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe deusar el Hotel Tequendama como sede del encuentro.

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"El lugar dónde uno se encuentra marca en múltiples sentidos el “Encuentro”
Aunque la Boletina No. 5 del XII EFLAC intenta demostrarnos a lo largo del escrito las labores de búsqueda de espacios adecuados para la realización del encuentro, al final, la Comisión Organizadora, nos cuenta su decisión de realizarlo en un Hotel que como sabemos hace parte del Grupo Social y Empresarial de la Defensa, a sabiendas de lo que esto significa.

El Grupo Social y Empresarial de la Defensa, es parte del Estado, de hecho es uno de los sectores con mayores niveles de rendimiento operacional (en términos financieros). Sus rendimientos tienen como objetivo “mejorar los ingresos y optimizar el manejo de los recursos del sector, en beneficio de los propios integrantes de la Fuerza Pública” http://oacp.presidencia.gov.co/snerss/detalleNota1.aspx?id=8763



En el caso del XII EFLAC, esta decisión tiene una importancia crucial. Colombia es el único país del continente con un conflicto armado de más de 50 años de duración, donde la fuerza pública ha sido un actor fundamental de esta guerra que afecta a la población civil y especialmente a las mujeres pobres, campesinas, afrodescendientes e indígenas.

Diferentes organizaciones feministas en el país han desarrollado un dispendioso trabajo de documentación acerca de los efectos de esta guerra en las mujeres, a tal punto que hoy se encuentra documentación importante sobre desplazamiento forzado, violencia sexual, afectación a defensoras de derechos humanos, entre otros. En varios de estos documentos, la Fuerza Pública colombiana aparece como violadora de los derechos humanos de la población y en concreto de los derechos de las mujeres.

Retomando la frase de la Boletina No. 5: “El lugar dónde uno se encuentra marca en múltiples sentidos el Encuentro” y teniendo en cuenta lo antes mencionado, lo único posible es INDIGNARNOS Y DENUNCIAR ABIERTA Y PUBLICAMENTE ESTA SITUACIÓN!!!!, ¿cómo es posible que un espacio de Encuentro de Feministas Latinoamericanas y Caribeñas, sea justo un espacio de la Fuerza Pública que es un actor central en el conflicto armado que afecta a las mujeres?, ¿cómo es posible que uno de los factores que se identifiquen como claves para seleccionar este lugar sea las condiciones de “seguridad” que nos brindará?, ¿de qué seguridad hablamos, de la seguridad de los armados que violan a mujeres colombianas?, ¿de la seguridad de los armados que atacan a defensoras de derechos humanos?

Las razones pragmáticas y logísticas nunca pueden estar por encima de las razones éticas y políticas que son los pilares de todo movimiento social que se proponga enfrentar las maquinarias de violencia y opresión. Entregar una gran cantidad del dinero del XII EFLAC para el beneficio de los integrantes de la Fuerza Pública, con la justificación de que este hotel en la apreciación de la comisión reúne las condiciones para recibir a todas las feministas que llegan del subcontinente, no sólo es indignante, sino más bien una práctica que cuestiona los pilares éticos básicos del FEMINISMO y uno de ellos es NO ENTREGAR RECURSOS PARA EL FORTALECIMIENTO DE LA GUERRA Y DE AQUELLOS-AS QUE HACEN LA GUERRA. Y otro fundamental es LA SOLIDARIDAD Y EL RESPETO A LAS COMPAÑERAS COLOMBIANAS QUE DENUNCIAN DÍA A DÍA LAS VIOLACIONES DE LOS ACTORES ARMADOS (ENTRE ELLOS LA FUERZA PÚBLICA)

POR TODO LO MENCIONADO, EXIGIMOS A LA COMISIÓN ORGANIZADORA DEL XII EFLAC, EL CAMBIO DE LUGAR DEL ENCUENTRO Y QUE LO QUE SE PRIVILEGIE NO SEA LA SEGURIDAD O LOS CRITERIOS LOGÍSTICOS, SINO LA COHERENCIA ÉTICA Y POLÍTICA.

¡!POR UN FEMINISMO LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO EN CONTRA DE LA MILITARIZACIÓN Y EL CAPITAL A BENEFICIO DE LA GUERRA EN COLOMBIA Y EN EL MUNDO… AHORA Y SIEMPRE!!

América Latina y El Caribe, Junio 12 de 2011.

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jueves, diciembre 09, 2010

En el capitalismo es imposible superar la discriminación de la mujer

Nieves Valdez / YVKE Mundial- MinMujer
La violencia contra la mujer no es sólo intrafamiliar, sexual, también es económica, por ejemplo, en Chile las mujeres ganan 12 por ciento menos, que los hombres y en el sistema de pensiones -que es privado- es dos veces discriminada”.

Así lo explicó Helia Valencia del Frente Continental de Mujeres durante su ponencia “Discriminación Económica de la Mujer Chilena” presentada en la Clausura de la semana Internacional de la No Violencia Contra la Mujer, celebrada el pasado viernes 03 de diciembre, en la capilla del Centro de Capacitación de la Federación de Mujeres Cubanas.

Valencia puntualizó que los fondos de pensiones deberían estar en manos del Estado, a fin de resguardar los intereses de las trabajadoras y trabajadores, en Chile estos recursos son manejados por la empresa privada, por ejemplo, “en la Administradora de Fondos de Pensiones (AFP) de Chile, las mujeres cotizan menos porque tienen salarios más chicos”.



Explicó que si bien es cierto que la mujer se puede jubilar en Chile a los 60 años, todo el sistema actual está diseñado para que se pensione a los 65 años, en ese sentido, Valencia planteó que “la edad de jubilación de la mujer debería ser más temprana”, afirmó.

El evento también contó con la participación de Susana Maranhao integrante de la Federación Democrática Internacional de Mujeres del Brasil, quien informó que pronto sostendrán una reunión con el Presidente Luiz Ignacio “Lula” Da Silva y la Presidenta electa Dilma Rousseff para impulsar la igualdad de género en ese país.

Asimismo, Ligia Prieto de la Unión Nacional de Mujeres Paraguayas reflexionó sobre la violencia política ejercida durante la dictadura de Alfredo Stroessner calificada como una de las más cruentas, y cuyas consecuencias aún están presentes en las jóvenes de hoy”.

Por su parte, Lorena Peña perteneciente al Movimiento de Mujeres Mélidas y diputada del Anaya Montes de El Salvador, indicó que “en el capitalismo es imposible superar la discriminación de la mujer, y en Socialismo no es automático, cada problema” -dijo- “impacta dos veces más en las mujeres y de manera diferente con respecto a los hombres”, sentenció.

La diputada salvadoreña, concluyó que el proceso de paz vivido en su país, no transformó las bases ideológicas y culturales”, además agregó que “en su opinión siguen siendo patriarcales y discriminatorias”.

Sin embargo, las integrantes del panel coincidieron que a pesar de los diversos tipos de violencia, económica, salarial, política y sexual que han sufrido las mujeres latinoamericanas, éstas se han crecido ante los procesos históricos de liberación que han tenido en las mujeres; sus principales aliadas.

miércoles, diciembre 08, 2010

Mujeres rurales, entre éxito y explotación...

Milagros Salazar /IPS
La imagen tradicional de las mujeres rurales de América Latina, marcada por la subsistencia y el cuidado de su familia, da paso a otra de protagonistas de actividades comerciales y productivas a pequeña y gran escala, en un cambio que tiene detrás historias de éxitos y también de explotación.

Desde la central Huancavelica, la región más pobre de Perú, la quechua Gladis Vila ha logrado junto con otras mujeres que se realicen ferias ecológicas en 22 de las 25 regiones del país como prueba de que es posible producir alimentos sin degradar el entorno.

"Las mujeres productoras indígenas somos las conservadoras de la biodiversidad y hacemos negocio respetando la naturaleza", aseguró a IPS. Ella, además de trabajar la tierra, preside la Organización Nacional de Mujeres Indígenas y Amazónicas.

Las mujeres rurales producen entre 50 y 80 por ciento de los alimentos del mundo, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 2008. La proporción se incrementa en la medida que aumenta la pobreza de los países.

Las experiencias en el campo son diversas en la región así como lo son las mujeres de distintos confines de América Latina que se reunieron en Lima este mes para participar en el seminario internacional "Mujer rural: cambios y persistencias".



Entre ellas estaba la antropóloga Kirai de León, que narró la historia exitosa de las productoras de hierbas aromáticas y medicinales Uruguay.

Son 17 campesinas que forman parte de la Cooperativa Calmañana desde hace 25 años y a las que se van a incorporar otras 14 mujeres para seguir ampliando sus dominios en el sureño departamento de Canelones.

Las cooperativistas abastecen a los supermercados de Uruguay, llegan con sus productos hasta Europa y forman parte de la certificadora nacional de productos orgánicos de su país. "Son muy respetadas por los condimenteros (comerciantes de condimentos). Han logrado un gran espacio", contó a IPS De León, que las acompaña desde los inicios.

La especialista uruguaya detalló que una de las hierbas medicinales que tiene más demanda internacional es marcela (anchyrocline satureioides) que tiene propiedades antioxidantes y de protección celular, además de ser un antiinflamatorio y antiviral.

Según la Organización Mundial de la Salud, 85 por ciento de la población mundial depende de las plantas medicinales para su atención primaria de la salud. Y estas mujeres uruguayas no sólo contribuyen a que esto sea posible sino que además desarrollan esta labor sin utilizar agroquímicos.

"Tenemos que cambiar la forma de producir, no solo cuidar maridos sino cuidar el ambiente. Esa es una transformación importante", aseguró Jeanine Anderson, antropóloga y especialista en temas de género de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

El cuidado del medio ambiente está relacionado a la gestión del territorio. La activista boliviana Elizabeth López, de la Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de los Derechos Sociales y Ambientales, aseguró que eso es importante para que exista autonomía económica de la mujer rural.

"El tema no sólo es el acceso a la tierra sino garantizar la territorialidad para que las mujeres tengan la capacidad de uso del agua, la biodiversidad, los suelos, entre otros recursos naturales. Si ellas no pueden disponer de eso, estarán limitadas", manifestó a IPS la experta boliviana.

López consideró que la aparición de otras actividades económicas como la minería recortan los derechos de las mujeres rurales sobre el territorio. Ellas, pese a ser las grandes abastecedoras de alimentos del planeta, sólo son dueñas de 10 por ciento de la tierra, según el estudio del PNUD.

En Los Andes, la minería convive con la ganadería y la agricultura generando impactos diferenciados en las mujeres. "Hay una desvalorización total de lo que hace la mujer en la ganadería frente a la aparición de las mineras", aseguró López, al recordar luchas con protagonismo femenino contra empresas mineras en Bolivia y otros países andinos.

Otro fenómeno de creciente importancia dentro de la producción agroindustrial latinoamericana es el de la migración de las mujeres del campo a la ciudad, en una región donde ellas representan 48 por ciento de la población rural, unos 58 millones.

En Perú, por ejemplo, la agroindustria a gran escala ha provocado que las mujeres se desplacen de las zonas andinas a las costeras, dentro y fuera de sus regiones. Es el caso de Gladys Campos, antigua trabajadora de la empresa Sociedad Agrícola Virú, una productora de espárragos beneficiada por la bonanza agroexportadora del país.

Campos dejo Cochabamba, su pueblo en la sierra del norteño departamento de La Libertad, para trabajar en la empresa ubicada en la costa regional. Pero sólo trabajó allí dos años y medio, porque en octubre de 2004 la despidieron por formar un sindicato de trabajadores para proteger sus derechos.

"Trabajábamos 17 horas al día por un sueldo de miseria. No nos pagaban horas extras. Ellos te traen de tu pueblo, te reclutan, te hacen trabajar como esclavo, te dicen que van a ayudar y luego te descuentan los gastos de comida y hospedaje. Después, te botan", contó Campos a IPS, en una historia varias veces repetida.

Ahora, ella es secretaria de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú.

El sueldo de esta lideresa era de apenas 214 dólares mensuales. Las mujeres, aseguró, no eran contratadas como temporeras entre enero y abril, cuando se produce la gran cosecha, sino que laboraban todo el año y sin vacaciones.

En contraste, la agroexportación peruana se incrementó en 27,8 por ciento nada más que entre enero y septiembres de este año, según el Ministerio de Agricultura.

Dentro de ese dinamismo, los rubros no tradicionales representan 74 por ciento de las exportaciones, donde sobresalen los espárragos frescos, el carmín de cochinilla (pigmento rojo vivo del insecto dactylopius coccus), las uvas y los mangos.

"Quienes en verdad sostienen la economía a costa de horas extras, somos los trabajadores, no las empresas", denunció.

Para Anderson es importante analizar los impactos de esta nueva ruralidad con la participación de las mujeres del campo en diversas actividades económicas en pequeña y gran escala.

En Colombia, la migración se da de manera indefinida, impulsada por las décadas de guerra interna. "Una en el campo tiene esperanza", es la frase de una de esas desplazadas que recordó la trabajadora social colombiana Flor Edilma Osorio y que revela "la añoranza al campo ante la miseria que se vive en la ciudad", aseguró.

"En el campo se puede ser pobre pero no te falta qué comer, pero en la ciudad sino tienes plata (dinero), no vives. Hay una pérdida total", explicó la especialista.

Para Anderson, el reto está en crear un sistema productivo para mujeres y hombres de zonas rurales que les permita gozar de bienestar tanto como los habitantes de las ciudades. No se puede simplificar las políticas públicas a ayudas precarias a familias pobres, consideró.

viernes, octubre 01, 2010

¿Mejor la mujer?

Por Ernesto Montero Acuña (Prensa Latina)*
De la división sexual a una nueva relación social, es la perspectiva que se vislumbra para la mujer latinoamericana, insuficientemente beneficiada por los cambios en el mundo.

Aún es la más desempleada o se la somete a los peores y a veces más denigrantes trabajos, a la mayor explotación y a salarios inferiores a los masculinos, ya de por sí muy deprimidos, cuando la desocupación ronda el 10 por ciento en el mundo desarrollado y el ocho en América Latina y el Caribe.

Antonio Prado, secretario ejecutivo adjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), afirmó el 9 de febrero pasado en Lima que mientras más bajo sea el nivel educativo de los jóvenes, menor será su acceso a empleos de calidad y de alta productividad, particularmente en el caso de las mujeres.

En el II Foro América Latina y el Caribe-Unión Europea aseguró que en esta región, mientras sólo el 32,4 por ciento de las mujeres jóvenes con hasta tres años de escolaridad cuenta con empleo, la proporción aumenta al 53 cuando la escolarización es completa de primaria y secundaria.

Sus posibilidades de superación, sin embargo, se encuentran limitadas debido a que un quintil del 25 por ciento de los jóvenes más pobres, sobre todo del género femenino, no son económicamente activos ni estudian, una proporción que sólo es del siete por ciento entre igual dimensión de los más ricos.


La débil inserción laboral de las jóvenes provoca múltiples consecuencias, entre las cuales se encuentran los bajos ingresos que perpetúan la inequidad, la transmisión intergeneracional de la pobreza, el mal uso de los recursos invertidos en la educación y la desintegración social.

Además de la precariedad y la discriminación de género, la mujer sufre las consecuencias peculiares de cada país, frecuentemente lacerantes en Latinoamérica y el Caribe.

En junio pasado, la tasa de desempleo femenino era del 24,2 por ciento en Colombia, en tanto que la de los hombres se mantenía en el 17,1 y la de los adultos mayores de 25 años alcanzaba el 15,6 por ciento, muy inferiores ambas a la de las mujeres.

Mas, no se trata de una proporción exclusiva de este país, sino de un estado bastante extendido en la región y en muchas otras del mundo, donde la mujer es sometida a condiciones precarias de existencia.

Se reproduce así la doble discriminación social y de género en quien es fuente de la vida humana y en sus descendientes. Un estudio de la CEPAL y del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia arrojaba, también en junio pasado, que casi el 63 por ciento de los niños, niñas y adolescentes latinoamericanos y caribeños sufre algún tipo de pobreza.

Tal circunstancia es muy condicionante al Sur del Río Bravo, donde las carencias se relacionan directamente con la falta de ingresos para adquirir bienes y servicios que satisfagan las necesidades básicas, a diferencia de Europa, donde se mide correlacionada con la participación en la vida social.

Sin embargo, las protestas cubrieron a casi toda la Unión Europea el miércoles 30 de septiembre, debido a que el desempleo se expande, cual enfermedad crónica, en el mundo desarrollado.

En los 33 países más ricos, miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, se elevó al 18,7 por ciento entre el 2007 y el 2009, y en Estados Unidos al 9,6, una cifra que se avizora creciente.

El incremento en América Latina y el Caribe fue del 7,0 al 8,2 por ciento entre 2008 y 2009, un aumento equivalente a cuatro millones de desocupados más.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), durante el mismo período la pobreza extrema aumentó en 3,3 puntos.

Su estudio al respecto concluye que, en el mundo, 45 millones de mujeres y hombres jóvenes ingresan anualmente a un mercado de trabajo en el cual la cifra de empleos vulnerables supera los mil 500 millones, el 50,6 por ciento de toda la fuerza laboral.

Calcula que las personas con empleos de esta última condición aumentaron en más de 110 millones en el 2009 y que 215 millones más engrosaron los 633 millones de trabajadores y sus familias con menos de 1,25 dólares en el 2008.

Aunque las mujeres en América Latina son más vulnerables al desempleo y a la discriminación salarial, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, reconoció el 20 de marzo pasado que cuando tienen trabajo generan un efecto multiplicador en la economía mucho mayor que los hombres y reducen la pobreza general.

Un estudio revela que el ingreso salarial femenino es tan determinante que, si las mujeres no ganaran nada, la pobreza en la región sería del 40 por ciento en lugar del 26 estimado por el Banco en hogares con ambos padres.

En un seminario paralelo a la reunión anual del BID en Cancún, México, Moreno aseguró que la rápida incorporación femenina al mercado laboral representa una de las transformaciones sociales más trascendentes en las sociedades de esta región.

Sin embargo, a pesar de que aportan más con sus ingresos a la educación y nutrición de sus hijos, lo que redunda en mayor bienestar social, sufren una desventaja salarial del 17 al 25 por ciento en comparación con los hombres por el mismo tipo de trabajo.

La investigación refleja que los empleos para las mujeres son mayoritarios en la economía informal y en sectores de baja productividad, causa y efecto de que menos del tres por ciento de ellas sean líderes en las 100 empresas mayores.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, reclamó en aquel evento mejores políticas públicas, de modo que el Estado cree guarderías, centros para el adulto mayor y otras facilidades que garanticen una institucionalidad de apoyo a las mujeres.

Por su parte, la representante del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer en América Latina y el Caribe, Gladys Acosta, critica la llamada división sexual del trabajo, en la cual los hombres se ocupan de lo público y las mujeres de lo privado.

De este modo, "ellos son proveedores y ellas cuidadoras", dijo.

En entrevista con IPS aseguró que persiste la noción de que las mujeres deben encargarse de lo conectado con la reproducción humana y de la esfera del cuidado (de niños, enfermos y ancianos), lo que recae en ellas como trabajo no remunerado.

"La sociedad se beneficia de una altísima proporción del trabajo no remunerado que ejercen las mujeres por ser mujeres", aseguró.

Su criterio es que ambos géneros enfrentan ya el aporte de ingresos, porque "vivimos una transición civilizatoria donde ellos compartirán mucho más las tareas domésticas y ellas estarán mucho más presentes en la política y la economía".

Así, considera que por tal razón "estamos en una transición de un modelo basado en una inflexible división sexual del trabajo a un nuevo pacto social, con roles más igualitarios para hombres y mujeres".

Un estudio de la CEPAL refleja que en Venezuela, durante el gobierno del presidente Hugo Chávez, la pobreza ha caído del 43,8 al 27,6 por ciento, sólo entre 1999 y el 2008.

Como resultado, el desempleo disminuyó del 14,9 al 7,8 por ciento, la esperanza de vida aumentó hasta 74,3 años (dos más que antes) y la alfabetización alcanza al 97 por ciento, según el organismo regional.

Los avances de este país y de otros en América Latina y el Caribe se fundamentan en los cambios políticos con base social, en los cuales la mujer participa con el protagonismo que le corresponde.

Mas, contra su condición de gestora de la vida humana, se la mantiene en nivel de inferioridad en la mayor parte del mundo, cuando debiera ser a la inversa.

* Redacción de Temas Globales.

miércoles, agosto 25, 2010

Llamamiento y mandato de las mujeres y los pueblos de las Américas

La resistencia de las mujeres y
los pueblos posibilitará que la madre tierra y
la vida humana se preserven por siempre.
Colombia se vistió de rostros de mujer, rostros de niñas y niños, de rostros de hombres; los rostros de los pueblos, quienes llenas y llenos de esperanzas, sueños, experiencias, luchas y resistencias, participamos llegadas y llegados desde la Argentina, Paraguay, Brasil, Perú, Ecuador, Venezuela, el Salvador, Honduras, Haití, Guatemala, Cuba, México, Estados Unidos, Canadá, España, Francia, Italia, Bélgica, Alemania; como también desde los rincones de Colombia sus departamentos y regiones de Nariño, Cauca, Valle, Huila, Chocó, Antioquia, Tolima, Cundinamarca, Bogotá, Magdalena medio, Bolívar, Santander, Norte de Santander, Arauca, Atlántico; para participar decida y alegremente en el Encuentro Internacional de Mujeres y Pueblos de las Américas contra la Militarización desde 16 al 23 de agosto.

Este encuentro ve hoy más que nunca cómo la amenaza de guerra mundial resuena y se impone ya en distintas geografías y la humanidad está en la encrucijada de su sobrevivencia y la de otras formas de vida aún existentes. Este encuentro se realiza en un momento en el que el imperialismo norteamericano está diseñando y ejecutando estrategias agresivas de recolonización para reposicionarse y tratar de recuperar la gran crisis de su sistema capitalista. El despojo de las riquezas de los pueblos y la violación a los derechos humanos de mano de la militarización son el camino que han definido, utilizando para ello los medios de comunicación masiva como el amarre ideológico y cultural.



Colombia es un extenso territorio con riquezas minerales, petróleo, fuentes de energía, agua, biodiversidad, flora, fauna, saber tradicional y ancestral de los pueblos indígenas, negros y campesinos; hoy muy codiciados y explotados por las empresas transnacionales que solo se interesan en sus vergonzosas e inhumanas ganancias, para lo cual alientan y fortalecen estos procesos de militarización, guerra, desarraigo, despojo y muerte dañinos a los pueblos y sus territorios; esta lógica dominante extendida y aplicada en toda nuestra América.

El país está conformado por una gran diversidad de pueblos indígenas, afrodescendientes, mestizos, comunidades campesinas y poblaciones urbanas cansadas de la guerra y la violencia que afecta al país desde hace más de 50 años y que ha causado cuatro millones y medio de desplazadas y desplazados y miles de personas asesinadas, desaparecidas y encarceladas. Estas comunidades y pueblos resisten de manera valiente y creativa, a través de procesos de soberanía de cuerpos, territorios y alimentos; afirmándose en sus propias y diversas identidades organizativas, culturales, espirituales y de cosmovisión; proponiendo como eje la unidad y la búsqueda e implementación de la vida digna, la autonomía, autodeterminación y soberanía.

Las mujeres, protagonistas de estos procesos, han sido y siguen siendo la fortaleza de sus pueblos a pesar de seguir recibiendo el impacto directo de la violencia, la pobreza, la exclusión y la discriminación, que en el caso de los conflictos sociales, políticos, económicos y armados significa explotación, miseria, violaciones sexuales, violación a su libertad sexual, y a otros derechos humanos básicos, implementando también el desarraigo, la persecución y la muerte.

El encuentro posibilitó que se organizaran misiones humanitarias de solidaridad hacia distintas regiones del país, que han permitido el intercambio de experiencias, vivencias y reflexiones entre las personas participantes, las mujeres, los pueblos, las comunidades rurales y urbanas colombianas. En estas visitas se pudo no sólo entender la realidad concreta sino darle rostro y nombres a quienes han enfrentado el proyecto de la militarización y la resistencia en sus territorios y vidas cotidianas, también los intereses económicos y geoestratégicos que se defienden. Esta oportunidad permite a la comunidad internacional continuar denunciando la terrible violación a los derechos humanos, que en Colombia adquiere niveles de perversión en prácticas como los falsos positivos, que son vinculaciones de personas inocentes con elementos que justifiquen el asesinato, y encarcelamiento, la desaparición forzada, y desplazamiento con lo que se demuestra que en este país no se está viviendo el postconflicto, como hoy lo asegura el gobierno.

Durante dos días se intercambiaron las experiencias de resistencia de las mujeres y de los pueblos de Colombia y el continente; se denunció el impacto de la militarización; se reafirmó la convicción de que estamos cansadas y cansados de la opresión, la explotación y la cultura de la muerte del capitalismo patriarcal y racista.

Desde este encuentro, en el ánimo colectivo de justicia, respeto y solidaridad continental hablamos al mundo para reiterar nuestro compromiso como mujeres y pueblos contra la militarización, y nos posicionamos para:

Luchar por justicia hacia las mujeres y que se pare la violencia, la intimidación, el control y la utilización de las mujeres como botín de guerra.
Rechazar con energía la estrategia imperialista de los Estados Unidos para militarizar las vidas, territorios y deseos que busca controlar las riquezas de los países y las consciencias. Decimos Fuera Bases militares yanquis de América Latina y del Caribe.


Rechazar la presencia de bases norteamericanas en nuestros países y territorios exigiendo su retiro inmediato.

Luchar contra la injerencia de ejércitos de ocupación como la MINUSTAH en Haití.

Luchar por el cierre de las bases militares en toda nuestra Abya Yala, contra los megaproyectos de energía, explotación petrolera, minera, la privatización del agua, y el despojo de territorios que favorecen hoy a las grandes empresas transnacionales.

Rechazar la amenaza inminente intervención militar en Costa Rica con más de 7000 efectivos militares y 46 buques de guerra de los Estados Unidos.

Rechazamos los intentos de desestabilizar el gobierno legítimo y las provocaciones reiteradas contra el pueblo de la republica Bolivariana de Venezuela.

Reiterar nuestra solidaridad con la resistencia nacional de Honduras, aglutinada en el FNRP, quienes enfilan su política y acción hacia el proyecto de refundación nacional, y en lo inmediato a una convocatoria de Asamblea Nacional Constituyente Popular y Democrática por ello llamamos también a los gobiernos estados y pueblos del mundo a no reconocer el régimen de Porfirio Lobo, quien es el continuador del golpe de estado y de las políticas de violación a los derechos humanos contra el pueblo hondureño que se mantiene en lucha.

Repudiar la criminalización de la lucha de los pueblos que significa muerte y represión contra mujeres y hombres y sus procesos organizativos.

Rechazar la política antiinmigrante que hoy se impone en los estados unidos fortaleciendo la lucha contra el muro.

Rechazar el nombramiento de Alvaro Uribe Vélez para la comisión de investigación por el crimen cometido con las brigadas de solidaridad con el pueblo palestino por el gobierno israelí.

Continuar en la lucha por la liberación de los cinco hermanos cubanos hoy presos injustamente en cárceles de los Estados Unidos.

Respaldar a la acción en la republica del Congo de la Marcha Mundial de Mujeres para el 17de octubre.

Acogemos el 10 de diciembre como el día de lucha continental contra las bases militares extranjeras.

Acogemos lo mandatado por la asamblea de los movimientos sociales en el IV Foro Social de las Américas realizado en Paraguay. Igualmente lo mandatado en el I y II encuentros hemisféricos contra la militarización Chiapas y Honduras.

Nos comprometemos a dinamizar e impulsar el IV Encuentro continental hemisférico contra la militarización.

Nos vinculamos a la campaña contra la militarización que se articula continentalmente.

Para el caso colombiano llamamos y proponemos al continente ya al mundo:

Mantener firme la propuesta de solución política y negociada al conflicto social y armado interno que tiene Colombia.

Fortalecer y reconstruir los movimientos sociales como sujetos políticos fundamentales para la paz

Impulsar dinamizar y apoyar la corte mujeres y de pueblos desde lo local, regional nacional e internacional en la recuperación de la memoria por la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

Incentivar la unidad, el fortalecimiento de la concientización, la organización, la comunicación alternativa y la movilización como elementos importantes de autonomía lucha y resistencia.

Participar y acompañar la realización del congreso de los pueblos convocado desde la minga nacional de resistencia social y comunitaria para los días 8 a12 de octubre del 2010.

Hoy reafirmamos nuestro compromiso por la vida digna, la defensa de nuestros territorios, la soberanía, autonomía, autodeterminación, cultura y ancestralidad como movimientos sociales entendiendo que la lucha contra la militarización y las bases militares es un pilar fundamental para la paz.


Mi cuerpo es mi casa
Mi casa es mi territorio
Mi territorio es mi patria
Mi patria es mi continente.



Colombia Barrancabermeja 23 de agosto de 2010

martes, julio 20, 2010

Breve Recuento sobre la XI CONFERENCIA REGIONAL SOBRE LA MUJER DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE – CEPAL y el FORO DE ORGANIZACIONES FEMINISTAS

La igualdad como eje articulador del desarrollo
Brasilia: 11 al 16 de julio de 2010
Por: Alba Carosio – Centro de Estudios de la Mujer (CEM-UCV)
EL Foro de Organizaciones Feministas (FOF) se desarrolló durante los dos días anteriores inicio de la XI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que es un órgano subsidiario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), convocada con carácter permanente y regular para identificar las necesidades regionales y subregionales de las mujeres.

El FOF fue organizado por la Articulación Feminista Marcosur con la concurrencia de organizaciones feministas de toda América Latina [1]. Lo primero que se destaca es la diversidad de mujeres que se estuvieron presentes: las tradicionales feministas de segunda ola (años70) pero también las jóvenes con mucho vigor y convicción, con nuevos aires y ganas de tener protagonismo, y especialmente fuertes las feministas afrodescendientes con sus luchas comunes y específicas, las feministas indígenas fundamentalmente de Guatemala y Brasil, las feministas liberales y las de izquierda progresista, radical y tradicional, feministas socialistas y comunistas, feministas activistas, políticas e integrantes de organizaciones no gubernamentales. El ambiente de pensamiento fue antipatriarcal y antihegemónico, y de acción política feminista como lucha por la justicia y la igualdad real, con visibilización de las identidades oprimidas (étnico-raciales, de edad, sexuales, de origen, etc.)Se escucharon intervenciones interesantes y provocadoras, centradas en análisis y propuestas sobre el tema de la XI Conferencia “¿Qué estado para qué igualdad?¨, luego se desenvolvió una plenaria con debates y aportes con el objetivo principal de construir colectivamente un documento a partir de un papel de trabajo, Declaración del FOF, que fue leída en la Conferencia Oficial, frente a las delegaciones de los países. Se presentó una mirada feminista sobre el Estado, los procesos de desarrollo en curso y la igualdad indispensable, la que está pendiente en América Latina.

El debate mostró de manera muy contundente la diversidad de mujeres que están haciendo oír sus voces y planteando sus puntos de vista. Las mujeres que cruzadas por la etnia, por la clase, por la orientación sexual, por la edad, sufrimos específicas opresiones y discriminaciones. En especial, se destacaron con fuerza las visiones de las feministas jóvenes y de las feministas afrodescendientes, y estimulante fue la diversidad multicolor y multicultural que poblaba el auditorio.


TODAS SOMOS HAITI, fue además el lema del FOF, el panel y el documental sobre la situación de las mujeres y del pueblo haitiano fue cargado de emoción, de rabia y de propuestas solidarias. El feminismo latinoamericano se reconoce multicolor, ligado a la emancipación popular, acompañante de los movimientos sociales por la justicia y la igualdad de todas y todos en un continente con profundas desigualdades. “Si la igualdad comienza a ser un horizonte posible en América Latina y el Caribe, es porque cuenta con la presencia de sujetos colectivos con capacidad de resistencia y autonomía para definir sus prioridades y proyectos emancipatorios. Las voces de todas las mujeres, indígenas, negras, blancas, rurales, urbanas, trabajadoras domésticas, discapacitadas, jóvenes, viejas, migrantes, lesbianas, transexuales han sido imprescindibles para repensar y demandar la igualdad, la justicia social y la democracia.” Se trata de un feminismo propio, nuestro, donde se expresan de manera clara problemáticas particulares latinoamericanas ligadas a la pobreza y la desigualdad, a la dependencia de nuestros países, la precariedad y la necesidad de sobrevivir, pero sobre todo a la propuesta y aportes de las mujeres para lograr modelos alternativos de vida, y un proyecto civilizatorio alternativo.

El martes 13 de julio, comenzó la XI Conferencia con representantes gubernamentales[2] de los países miembros, con el discurso magistral de Michelle Bachellet y bajo la memoria de Mercedes Sosa, la “Canción con todos” fue cantada por la sala plena con las manos unidas, un momento admirable de emoción y la sincera esperanza. Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, honró la mejor tradición cepalina planteando que “la igualdad es titularidad de derechos, que el Estado juega un rol insustituible en el logro de umbrales mínimos de bienestar y que la igualdad no resta impulso ni recursos al dinamismo económico”, destacando como camino para la igualdad de las mujeres la redistribución del trabajo total, vale decir, del trabajo no remunerado y del trabajo remunerado. Entre los logros en igualdad para las mujeres de la región, destacó la creación de los mecanismos de género y la centralidad de la igualdad de género en las Constituciones de Bolivia, Ecuador y la República Bolivariana de Venezuela.

La posición de CEPAL se presentó en el Documento “¿Qué Estado para qué Igualdad?”, donde se destaca que desde la Conferencia de Beijing, la región ha vivido crisis pero también su más notable período de bonanza económica, que terminó con la reciente crisis global. En la primera década del 2000, América Latina ha tenido importantes logros en disminución de la pobreza, hubo crecimiento económico y mejor distribución. En el aspecto de participación política: 10 países latinoamericanos han tenido presidentas mujeres, 22% de los puestos legislativos son ocupados por mujeres (se destacan Costa Rica: 37%, Argentina: 40% y Cuba: 43%). Un importante problema en la región es la maternidad adolescente: ha aumentado o se ha mantenido igual en casi todos los países. La mortalidad materna sigue siendo alta, con grandes disparidades entre países, es especialmente grave en Haití. El ingreso de las mujeres al mercado laboral ha tenido un crecimiento notable entre 1990 y 2008 en las zonas urbanas: la tasa de participación económica de las mujeres ha pasado del 42% al 52%. La inserción laboral de las mujeres es precaria, con ocupaciones flexibles e informales, como los empleos de tiempo parcial o los empleos a domicilio, están expuestas a subcontratación. Y persiste la adjudicación exclusiva a las mujeres de las tareas de cuidado del hogar y las familias, hay una gran debilidad de servicios de cuidados, el trabajo no remunerado sigue ausente de los análisis económicos, sobre esto hay un “silencio estratégico”. Para lograr la armonización entre la vida familiar y laboral: es necesario redistribuir el trabajo de cuidados entre el Estado, el mercado y las familias. Finalmente, indica que para el logro de la igualdad es indispensable una nueva ecuación entre Estado, mercado y familia para la igualdad, y un Estado que promueva políticas públicas que resuelvan la carga del trabajo no remunerado y de cuidado que recae sobre las mujeres. Una esfera de especial preocupación es la relativa a la discriminación de las mujeres pobres, indígenas y afrodescendientes, cuya situación de desventaja resume las múltiples desigualdades que caracterizan a la región.

Por su parte la Declaración del Foro de Organizaciones Feministas planteó que “En el marco de un nuevo modelo de desarrollo los Estados deben fomentar transformaciones socioculturales y productivas que aseguren una relación sustentable con la naturaleza, la preservación de los bienes comunes de la humanidad y la pluralidad de las culturas” y exigió justicia social e igualdad étnico-racial y de género, la protección de los derechos humanos, la erradicación de la violencia contra las mujeres, la provisión de servicios que libere a las mujeres de la responsabilidad exclusiva del trabajo de cuidado y promueva la corresponsabilidad, la seguridad y previsión social universal y pública a todas las mujeres, la equiparación del trabajo doméstico en la legislación laboral, educación pública de calidad para la igualdad, laica, no discriminatoria, no sexista, no lesbofóbica, no racista, intercultural y bilíngue, despenalización y legalización del aborto con acceso a servicios públicos de calidad, mecanismos efectivos de promoción de la participación, acceso a los espacios de poder y decisión de todas las mujeres y en particular las negras, indígenas y jóvenes.

Se desarrollaron varios paneles de alto nivel:

* Panel de alto nivel: ¿Qué Estado para qué igualdad?
* Panel 1: Empleo, responsabilidades familiares y obstáculos socioculturales a la igualdad de género en la economía
* Panel 2: Políticas de desarrollo y tiempo de las mujeres
* Panel 3: El empoderamiento económico de las mujeres: acceso a las tecnologías y a los activos productivos y financieros
* Panel 4: ¿Después de la crisis, qué?
* Panel 5: El empoderamiento económico de las mujeres: los grupos más vulnerables
* Sesión especial Haití-Chile: (Re) construir la igualdad

Se destacaron entre otras, las participaciones de Virgina Vargas, Helena Hirata, Antonella Picchio y Carmen Beramendi, todas concordaron en que la participación laboral de las mujeres está grandemente dificultada por las labores de cuidado y que el Estado debe asumir la responsabilidad por la inclusión social garantizando el acceso a servicios sociales de calidad. “Pero esto tiene también una dimensión ética que debe promover la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en la vida pública y privada y avanzar en la idea de ir a un Sistema Nacional de Cuidados donde el tiempo de las mujeres no sea (como en el período neoliberal ) una de las principales variables de ajuste” (C.B.)

Se presentó el ISOQUITO surge como iniciativa de la Articulación Feminista Marcosur y busca establecer las bases del seguimiento de los acuerdos alcanzados en el Consenso de Quito, en agosto de 2007. Enfatiza en algunas dimensiones fundamentales para el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres de la región, resumidas en los conceptos de autonomía física; autonomía en la toma de decisiones y autonomía económica. El Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, de la CEPAL es la principal fuente de información en la que se apoya ISOQuito. Los países obtuvieron los siguientes resultados

1º. Argentina, 417

2º. Costa Rica, 358

3º. Chile, 291

4º. Uruguay, 244

5º. Panamá, 236

6º. Venezuela (República Bolivariana), 223

7º. México, 214

8º. Perú, 180

9º. República Dominicana, 178

10º. Ecuador, 170

11º. El Salvador, 147

12º. Colombia, 146

13º. Honduras , 144

14º. Paraguay ,140

15º. Brasil, 133

16º. Guatemala, 073

Finalmente, los gobiernos participantes en la XI Conferencia aprobaron el Consenso de Brasilia, con aportes aportes de la Declaración del FOF, en el cual se reitera la contribución del movimiento de mujeres y feminista de la región en la profundización de la democracia, la construcción de la igualdad real y del desarrollo de la institucionalidad y políticas públicas de género, se reafirma la paridad como condición determinante de la democracia, se considera que el trabajo doméstico no remunerado constituye una carga desproporcionada para las mujeres y en la práctica es un subsidio invisible al sistema económico, que perpetúa su subordinación y explotación, se resalta la significativa contribución de las mujeres, en toda su diversidad, a la economía —en las dimensiones productiva y reproductiva— y al desarrollo de múltiples estrategias para enfrentar la pobreza y preservar los conocimientos, y considerando que los avances en materia de igualdad en la región son heterogéneos y que aún persisten desafíos para el logro de la igualdad de género que demandan inversiones permanentes y políticas de Estado, adoptan los siguientes acuerdos

1º. Para una mayor autonomía económica e igualdad laboral: valorización del trabajo doméstico, políticas universales de cuidado, ampliar licencias parentales, establecimiento de cuentas satélite sobre el trabajo doméstico, políticas activas para la participación laboral, leyes que eliminen la discriminación laboral, equiparación de derechos de las trabajadoras domésticas, políticas de formación laboral, garantizar el acceso de las mujeres a activos productivos, asistencia técnica al cooperativismo y asociacionismo, acreditación de estudios y educación no formal.

2º. Fortalecer la ciudadanía de las mujeres: respeto y protección a sus derechos humanos, libertad religiosa, transversalización del enfoque de género, raza y etnia, aumento de la inversión pública en seguridad social, producción de información estadística desagregada, medidas para mejorar la situación de las migrantes y sus familias, favorecer el arraigo de las mujeres campesinas, reformulación de los sistemas previsionales, sistemas de gestión de riesgos naturales y antrópicos con enfoque de género, étnico y racial, prácticas educativas que transmitan corresponsabilidad, educación a lo largo de toda la vida.

3º. Ampliar la participación de las mujeres en la toma de decisiones: participación igualitaria de las mujeres en la vida pública, medidas de paridad, empoderamiento de las mujeres indígenas, fortalecer la sindicalización femenina, promover la representación paritaria en los parlamentos regionales, crear mecanismos de apoyo a la participación pública y política de las mujeres jóvenes, sin discriminación de raza, etnia y orientación sexual.

4º. Enfrentar todas las formas de violencia contra las mujeres: medidas preventivas, de protección y atención, acceso a la justicia, aplicar medidas para combatir la violencia contra las mujeres que ejercen la prostitución; promover políticas y programas para prevenir la violencia contra las mujeres dirigidos a los agresores y sus familias para evitar la reincidencia, políticas para el cambio de patrones socioculturales.

5º. Facilitar el acceso de las mujeres a las nuevas tecnologías y promover medios de comunicación igualitarios, democráticos y no discriminatorios: mecanismos de monitoreo del contenido transmitido en los medios de comunicación social.

6º. Promover la salud integral y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres: incluye revisar las leyes que prevén medidas punitivas contra las mujeres que se hayan sometido a abortos.

7º. Realizar actividades de capacitación, intercambio y difusión que permitan la formulación de políticas públicas basadas en los datos del Observatorio de igualdad de género de América Latina y el Caribe

8º. Promover la cooperación internacional y regional para la equidad de género

[1] De Venezuela asistieron el CENTRO DE ESTUDIOS DE LA MUJER (CEM-UCV) – Alba Carosio; RED DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES (REVIMU) – Margarita Uzcátegui; MUJER ANALITICA – Aixa Armas.

[2] La Delegación Gubernamental Venezolana estuvo constituida por Nora Castañeda, Viceministra de Estrategias Socio-económicas del Ministerio del Poder Popular de la Mujer y la Igualdad de Género y Presidenta de BANMUJER; Virginia Aguirre, Observatorio Bolivariano de Género y Merlin Pirela del Cumbe de Mujeres Afrovenezolanas y del Entrompe de Falopio.

sábado, julio 17, 2010

Cepal instó a eliminar ''brechas de género, etnia y raza'' en América Latina

Durante una conferencia de igualdad de género promovida por la Cepal y realizada en Brasilia, se concluyó que la mujer latinoamericana trabaja más, gana menos y es la principal víctima de la violencia y la pobreza. Sin embargo se reconoció que en los últimos dos decenios, entre otras cosas, cinco mujeres llegaron a la presidencia por voto popular.
TeleSUR.- La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), instó este viernes a Gobiernos y sociedades a eliminar las "brechas de género, etnia y raza" que persisten en el continente tras denunciar desigualdades claras en el sueldo de la mujer y la carencia de empleo para indígenas y afrodescendientes.

Las conclusiones de la décima primera Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, clausurada este viernes en Brasilia y promovida por la Cepal, indicaron que la región "sigue siendo desigual" y que cada vez más "se agudizan las brechas de género, etnia y raza".

De acuerdo al documento de la Cepal, es "inaplazable cambiar las bases políticas, culturales y económicas que sostienen la división sexual del trabajo". En el encuentro se hizo énfasis en divulgar que ocho de cada diez parlamentarios latinoamericanos son hombres. Según el "Consenso de Brasilia", también urge a "ampliar la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y en las esferas de poder".


En el texto también se reseñó que en Latinoamérica, las mujeres son las principales víctimas de la pobreza y que sus salarios no llegan al 80 por ciento de los de sus compañeros.

De acuerdo a estudios de la Cepal, en América Latina sólo la mitad de las mujeres en edad económicamente activa están en el mercado de trabajo.

El resultado de los cuatro días de debates del encuentro promovido por la Cepal, es una amplia recomendación que incluye la realización de un mayor énfasis en políticas públicas como: más estructura social para las mujeres y forzar la participación del hombre en las tareas de la familia.

También se solicitó una fiscalización para que los salarios de hombres y mujeres sean iguales en los mismos niveles.

Para lograr que la mujer tenga más acceso al empleo, se recomendó eliminar el gran déficit de infraestructura social, como guarderías o atención para ancianos en los países del continente, pues a ellas se les hace mucho más difícil el acceso al trabajo cuando tienen bajo su cargo hijos o parientes.

Como un buen dato de referencia se citó que durante el Gobierno de la ex presidenta chilena, Michelle Bachelet, se alcanzó la creación de 3 mil 500 guarderías para facilitar el empleo de las madres de sectores vulnerables.

De igual manera se instó a reconocer el valor económico del trabajo no remunerado que las mujeres realizan en sus hogares. Esas labores "constituyen una carga desproporcionada para las mujeres", indicó el comunicado de la conferencia promovida por la Cepal.

El trabajo de la mujer en sus viviendas corresponde a "un subsidio invisible al sistema económico, que perpetúa la subordinación y la explotación", agregó el texto.

Entre los logros del continente en materia de igualdad de género se nombró durante la conferencia que las mujeres superan a los hombres en el número de inscritos en la universidad y que acceden por igual a la educación primaria y secundaria.

También se resaltó que en las dos últimas décadas hubo cambios visibles en la región: cinco mujeres llegaron a la presidencia por voto popular, los parlamentos se feminizaron un poco más, se incrementó el número de mujeres que entraron en el mercado de trabajo y la mayoría de países aprobaron leyes para garantizar sus derechos.

A la conferencia asistieron 800 delegadas de 36 países, así como representantes de organismos internacionales como del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), y de grupos organizados de mujeres de toda América Latina y el Caribe.

Más de 800 delegadas participaron en Conferencia sobre la Mujer de América Latina y el Caribe

(AVN).- Más de 800 delegadas de 33 países y un centenar de Organizaciones no Gubernamentales del mundo (ONGs) participaron en la undécima Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se realizó en Brasilia, del 13 al 16 de julio pasado.

La XI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe concluyó con la aprobación del Consenso de Brasilia, en el cual se recogen los principales retos de las féminas, informó este viernes Prensa Latina.

Asimismo, indicó que durante cuatro días las delegadas y representantes de las ONGs abordaron temas relacionados con el género y la necesidad de un nuevo pacto social para lograr la igualdad entre los dos sexos en el trabajo.

Refrió que durante la conferencia se realizó la sesión especial Haití y Chile, denominada (re)construir la igualdad, en la cual autoridades y representantes de entidades no estatales y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) concluyeron que los devastadores terremotos que afectaron a estos dos países, al inicio de este año han afectado principalmente a las mujeres y menores de edad.


Del mismo modo, PL recordó que de acuerdo con una evaluación realizada por el gobierno haitiano, con el apoyo técnico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y de otros organismos internaciones, los daños ocasionados por el sismo en la nación caribeña ascienden a 7 mil 800 millones de dólares, que representa más de 120% del Producto Interno Bruto de ese país en 2009.

También, informó que una representación de las diferentes delegaciones participantes fue recibida por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien, de acuerdo con una nota de prensa de la Cepal, indicó que a través de las mujeres se canalizan mejor los beneficios de los programas sociales.

De igual forma, señaló que durante el encuentro con las delegadas, el presidente Lula se refirió a la implementación de planes como Mihna Casa, Minha Vida, Territorios de Ciudadanía y Bolsa Familia, y señaló que la titular del beneficio debe ser siempre de la mujer, "porque la mujer sabe cuidar mejor que el hombre".

De su lado, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, agradeció a Lula por su generosidad y apoyo en la realización de la Conferencia y le entregó el documento ¿Qué Estado para qué igualdad", que examina los logros y desafíos que enfrentan los gobiernos de la región en materia de igualdad de género.

jueves, julio 15, 2010

Declaración del Foro de Organizaciones Feministas ante la CEPAL...

Ante la Undécima Reunión sobre la Mujer - CEPAL
“Que Estado para que Igualdad?”

Señora Presidenta de la Mesa directiva de la Undécima Conferencia Regional sobre la Mujer en América Latina y el Caribe.
Señora Alicia Barcena Secretaria Ejecutiva de la CEPAL
Señora Sonia Montaño Directora de la División de Género de CEPAL
Representantes de los Estados miembros de la Conferencia
Representantes de las agencias del sistema de las Naciones Unidas
Representantes de la sociedad Civil.

Estamos aquí, convocadas por el sugerente desafío de responder Que estado para que igualdad, mujeres de movimientos y organizaciones de diferentes países, culturas, razas, etnias, clases sociales, edades, sexualidades, para expresar a los gobiernos los problemas, las visiones críticas, los dolores, esperanzas y exigencias que se encarnan en las luchas por la construcción de un mundo donde todas y todos podamos vivir con igualdad, dignidad y placer.

La acción de los movimientos de mujeres y feministas ha sido crucial para colocar en el debate publico la opresión y discriminación que resultan de sociedades antidemocráticas sexistas, racistas, clasistas, lesbofóbicas, homofóbicas.

Si la igualdad comienza a ser un horizonte posible en América Latina y el Caribe, es porque cuenta con la presencia de sujetos colectivos con capacidad de resistencia y autonomía para definir sus prioridades y proyectos emancipatorios. Las voces de todas las mujeres, indígenas, negras, blancas, rurales, urbanas, trabajadoras domésticas, discapacitadas, jóvenes, viejas, migrantes, lesbianas, transexuales han sido imprescindibles para repensar y demandar la igualdad, la justicia social y la democracia.

A pesar de los avances a 15 anos de Beijing, la superación de las desigualdades entre hombres y mujeres, aun no constituye una dimensión inherente de la justicia social. Los Estados y Gobiernos de la Región mantienen una contradicción entre los compromisos internacionales asumidos y la materialización de las políticas para la igualdad y la plena garantía de derechos.

La división sexual del trabajo permanece como uno de los principales obstáculos para la autonomía y el bienestar de las mujeres. El trabajo gratuito que realizamos en la esfera reproductiva constituye la base de modelos económicos que excluye a las mujeres del desarrollo.

Las mujeres continúan ocupando la mayoría de los puestos precarios e informales de trabajo, en condiciones de desprotección social, insalubridad y jornadas cada vez más extenuantes. La discriminación salarial y el acoso sexual y moral sigue siendo una constante en la experiencia laboral de las mujeres.

El trabajo domestico remunerado, en el cual predominan las mujeres negras e indígenas con escasos niveles de protección social y sin garantía de derechos laborales, revela la falta de reconocimiento del valor social de este trabajo y el peso del racismo en la sociedad.

Es intolerable la violencia contra las mujeres y niñas en todas sus expresiones, que se agrava con la violencia politica y el racismo institucional contra las mujeres negras e indígenas.


El crecimiento de la violencia y el control de amplios territorios por el narcotráfico y otras redes del crimen organizado que se sobreponen al poder del Estado, tienen un impacto devastador sobre los vínculos sociales, afectando la vida cotidiana de las mujeres y comunidades pobres.

En los países en conflicto armado el cuerpo de las mujeres se convierte en un escenario de guerra y obliga a las mujeres al desplazamiento y desarraigo.

Los índices de violencia sexual y doméstica y el feminicidio evidencian que aun persiste la dominacion patriarcal sobre las mujeres. Los avances legales e institucionales en casi toda la región no han sido suficientes para garantizar la protección a las mujeres y sus derechos humanos.

La maternidad continua representando para muchas mujeres un riesgo de vida. El aborto en condiciones clandestinas e inseguras, su criminalización y penalización, son una realidad que afecta la vida y la salud de las mujeres, adolescentes y jóvenes.

La crisis ambiental revela la lógica predatoria, patriarcal y racista de este modelo de desarrollo basado en la mercantilización. El cambio climático, la privatización y contaminación del agua, del aire, del suelo y de los alimentos, amenazan la calidad de vida de toda la población, con un sesgo particular hacia las mujeres.

El modelo de desarrollo hegemónico promueve el agronegocio y el monocultivo, viola el derecho a la tierra y el territorio de pueblos y comunidades indígenas, afrodescendientes, población rural y campesina.

Los desastres naturales como el ocurrido en Haití, ponen en evidencia las profundas desigualdades sociales y de genero existentes. La lógica actual de la reconstrucción mantiene inalterable la vulnerabilidad estructural a que estan expuesto los países y las poblaciones pobres.

Considerando los enormes desafíos que esta región - la más desigual del planeta - debe enfrentar para acortar las brechas sociales, resulta inadmisible la militarización de la seguridad ciudadana y el incremento de los presupuestos militares en detrimento de la inversión pública para el bienestar de las personas.

Reconocemos los esfuerzos de algunos gobiernos de la región en garantizar la institucionalidad democrática y para impedir el retorno de procesos dictatoriales. Nos sumamos al reclamo de los movimientos sociales de Honduras en defensa de la democracia y el respecto de los derechos humanos.

Resulta alarmante la creciente criminalización de las luchas de los movimientos sociales en defensa de los derechos.

La laicidad del Estado es vulnerada por la mayoría de los gobiernos de la región. La ingerencia de las jerarquías religiosas en las estructuras institucionales del Estado impide a las mujeres ejercer la autonomía sobre sus cuerpos.

En la mayor parte de nuestros países continúan siendo escandalosos los bajos niveles de participación política de las mujeres y su acceso a los espacios de poder. Esta problemática es aun más grave para las mujeres negras e indígenas.

Los gobiernos no han implementado los compromisos para el logro de la paridad adquiridos en el marco del Consenso de Quito.


A pesar de la creación de mecanismos para la implementación de políticas para las mujeres, la mayoría continúa teniendo estructuras marginalizadas y con escasos recursos.

No se ha logrado transformar el discurso en estrategias, metas concretas y recursos suficientes.

Hoy, en la inauguración de la Undécima Conferencia Regional sobre la Mujer, las organizaciones feministas participantes del Foro, reiteramos a los gobiernos que:

1. En el marco de un nuevo modelo de desarrollo los Estados deben fomentar transformaciones socioculturales y productivas que aseguren una relación sustentable con la naturaleza, la preservación de los bienes comunes de la humanidad y la pluralidad de las culturas. En este marco los procesos de integración regional deben profundizar la participación de los movimientos sociales.

2. El Estado democrático debe garantizar la justicia social, la igualdad étnico-racial y de género. Dar cumplimiento al plan de acción de Durban para avanzar en la erradicación del racismo institucional.

3. Debe garantizar la protección de los y las defensoras de derechos humanos permanentemente amenazados, asesinados y perseguidos en particular en México, Centroamérica y Colombia.

4. Debe asegurar de manera impostergable todos los medios necesarios para prevenir, sancionar y erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres, incluyendo la violencia cometida por las propias instituciones del Estado.

5. Debe tener un papel central en la provisión de servicios que libere a las mujeres de la responsabilidad exclusiva del trabajo de cuidado y promueva la corresponsabilidad. Los Estados deben ratificar y asegurar el efectivo cumplimiento de la Convención 156 de la OIT.

6. Debe garantizar el acceso de las mujeres al trabajo remunerado con calidad y pleno respeto de los derechos laborales.

7. Debe reconocer el valor social y económico del trabajo doméstico y equipararlo jurídicamente en la legislación laboral.

8. Debe garantizar el derecho de las mujeres a la tierra, a los recursos naturales y el reconocimiento de los territorios indígenas y afrodescendientes.

9. Debe garantizar la seguridad y previsión social universal y pública a todas las mujeres, en el marco de un nuevo modelo de redistribución de la riqueza que todas y todos producimos.

10. Debe promover una educación pública de calidad para la igualdad, laica, no discriminatoria, no sexista, no lesbofóbica, no racista, intercultural y bilíngue, con el incremento de recursos para asegurar el acceso y permanencia de niñas y adultas en todos los niveles educativas.

11. Debe promover políticas democráticas de comunicación que estimulen la producción y difusión de contenidos no discriminatorios o estereotipados, que represente las imagenes de las mujeres en toda su pluralidad.

12. Debe garantizar el derecho universal a la salud a traves de sistemas públicos con calidad, integralidad y perspectiva intercultural, reconociendo los saberes de la medicina indígena y afrodescendiente.

13. Debe asegurar el cumplimiento del Conseso de Cairo+5 y del Consenso de Quito que reconoce los derechos sexuales y derechos reproductivos, implentando politicas de salud y educacion que garanticen el ejercicio de estos derechos.

14. Debe desarrollar una estrategia integral para la prevención del VIH y protección de derechos de las portadoras del VIH-SIDA.

15. Exigimos la despenalización y legalización del aborto con acceso a servicios públicos de calidad.

16. Debe implementar medidas que reconozcan los derechos sexuales de las mujeres que contribuyan a superar la heteronormatividad que hegemonizan las leyes y políticas públicas, violando los derechos de lesbianas, bisexuales, transexuales y transgéneros.

17. Convocamos a los Estados aqui representados a impulsar y aprobar una Convención Interamericana de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos.

18. Exigimos de los gobiernos el fortalecimiento de la institucionalidad de las políticas para las mujeres, con presupuestos compatibles con las necesidades y las metas propuestas.

19. Demandamos la producción de datos confiables, periódicos, completos, que hagan transparente los procesos de ejecución de las políticas y permitan el monitoreo de los compromisos asumidos.

20. Exigimos de los gobiernos mecanismos efectivos de promoción de la participación, acceso a los espacios de poder y decisión de todas las mujeres y en particular las negras, indígenas y jóvenes.

En el marco de la Undécima Conferencia Regional sobre la Mujer de la CEPAL, reafirmamos la importancia del diálogo Estado-movimientos sociales, como dimensión fundamental de la democracia participativa, así como nuestra posición de sujetos colectivos protagónicos en la construcción de una sociedad igualitaria con justicia social.

martes, julio 13, 2010

Igualdad de género en AL y el Caribe, demandan feministas

(CIMAC).- Organizaciones feministas de América Latina y el Caribe, denunciaron hoy que la desigualdad de condiciones entre mujeres y hombres sigue siendo una constante en la región, por lo que demandaron a los gobiernos latinoamericanos y caribeños acciones concretas para abatir esta problemática.

Durante la inauguración de la XI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se lleva a cabo en Brasil, las participantes del Foro de Organizaciones Feministas (FOF) de la región, demandaron a las representaciones de los Estados, presentes en el acto, políticas públicas que transformen la sociedad actual en una más igualitaria y justa para las mujeres.

Las feministas suscribieron la Declaración del FOF ante la Undécima Reunión sobre la Mujer– CEPAL “¿Qué Estado para que Igualdad?”, luego de dos días de trabajos, en la que señalan que a pesar de los avances, a 15 años de Beijing, la superación de las desigualdades entre hombres y mujeres, “aún no constituye una dimensión inherente de la justicia social”.

Esta realidad obedece a que Estados y gobiernos, latinoamericanos y caribeños, mantienen una contradicción entre los compromisos internacionales suscritos, y la concreción de políticas para la igualdad, y garantía de derechos.

Las mujeres de la región enfrentan problemáticas debido a su condición de género, etnia, estrato económico y orientación sexual. Entre las problemáticas que desfavorecen la calidad de vida de las mujeres, está el trabajo gratuito que ellas realizan en casa, considerado “uno de los principales obstáculos para la autonomía y el bienestar de las mujeres”.



Asimismo, las feministas señalaron que las mujeres de la región se ocupan en empleos marginales, sin protección social, en los que sus derechos laborales, como la jornada de ocho horas, son atropellados por los patrones con la permisibilidad de los Estados. Muestra de ello, es el trabajo doméstico remunerado.

Otra preocupación que externaron las activistas de la región es por el aumento de la violencia contra mujeres y niñas, la cual se agrava con la violencia política, y el racismo institucional contra las mujeres afrodescendientes e indígenas.

La violencia sexual, familiar y el feminicidio evidencian que los avances legales e institucionales en casi toda la región, no han sido suficientes para garantizar la protección a las mujeres y sus derechos humanos.

Otros factores, que agravan la violencia de género es la violencia generada por el control de amplios territorios del narcotráfico y otras redes del crimen organizado, las cuales se sobreponen al poder del Estado.

Esta circunstancia, “tiene un impacto devastador sobre los vínculos sociales, afectando la vida cotidiana de las mujeres y comunidades pobres”, refieren.

A la exigencia de empleos dignos y de prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, las feministas de la región sumaron sus voces para reclamar servicios de salud de calidad que disminuyan la mortalidad materna, pues la maternidad continúa representando para muchas mujeres un riesgo de vida.

En este sentido, manifestaron que el aborto en condiciones inseguras, su criminalización y penalización, son una realidad que afecta la vida y la salud de las mujeres, adolescentes y jóvenes.

La prohibición del aborto está vinculada con que en la mayoría de los gobiernos la laicidad del Estado es vulnerada. “La injerencia de las jerarquías religiosas en las estructuras institucionales impide a las mujeres ejercer la autonomía sobre sus cuerpos”, coinciden las organizaciones feministas.

Otro hecho, igualmente lamentable, es el bajo nivel de participación política de las mujeres y su acceso a espacios de poder, los cuales fueron calificados como “escandalosos”, aún más para las indígenas y afrodescendientes.

Pese a los compromisos adquiridos por los gobiernos para el logro de la paridad, en el marco del Consenso de Quito, y de la creación de mecanismos como las cuotas de género, “no se ha logrado transformar el discurso en estrategias, metas concretas y recursos suficientes”, por lo que las feministas demandaron a los Estados que se materialicen las políticas públicas.

Otras acciones que demandaron fue un nuevo modelo de desarrollo, es decir que los Estados fomenten transformaciones socioculturales y productivas que aseguren una relación sustentable con la naturaleza, la preservación de los bienes comunes de la humanidad y la pluralidad de las culturas.

Ante este panorama, las organizaciones feministas urgieron a los gobiernos a enfrentar los desafíos necesarios para garantizar el respeto de los derechos humanos de las mujeres. Y en este sentido, concluyeron que “resulta inadmisible la militarización de la seguridad ciudadana y el incremento de los presupuestos militares en detrimento de la inversión pública para el bienestar de las personas”.


Electa Cuba entre vicepresidentes de conferencia regional sobre mujer

Por Alejandro Gómez /Prensa Latina
Cuba fue electa como una de las vicepresidentes de la undécima Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que comenzó hoy aquí para analizar la problemática de las féminas y abogar por la igualdad de género.

Como es habitual, la presidencia de este tipo de encuentro la ocupa la nación sede, en este caso Brasil, y para las vicepresidencias fueron seleccionadas las delegaciones de Antigua, Argentina, Barbados, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela. México fue escogida para la relatoría.

La delegación cubana está presidida por Yolanda Ferrer, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas, Ana Milagros Martínez, funcionaria de esa organización, Rebeca Cutié, funcionaria del Ministerio de Comercio Exterior, el consejero de la embajada de Cuba en Brasil, Alexis Bandrich, y la consejera cultural, Maura Juampere.

Aunque no integra la delegación oficial cubana, también participa en la conferencia como ponente la especialista del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial Blanca Munster.

En la inauguración de la reunión, que sesiona en el capitalino hotel Golden Tulip, el canciller brasileño, Celso Amorim, apuntó que los estados son los responsables de promover políticas públicas para el avance de las mujeres y su participación política, económica y social.


Aseveró que a 15 años de la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer -efectuada en Beijing, China, en 1995- resulta necesario dar un paso más, para crear estados democráticos y con igualdad de género, el cual, recordó, fue consagrado por la comunidad internacional como un objetivo estratégico para el desarrollo.

En ese sentido, la asesora especial sobre cuestiones de género y avance de las mujeres de la Organización de las Naciones Unidas, Rachel Mayanja, advirtió que no se pueden construir estados democráticos, mientras las féminas continúen excluidas y subrayó que tampoco se puede hablar de desarrollo social si no las empoderamos.

Asimismo, exaltó que resulta inadmisible ya que la violencia de género sea un flagelo en la región y sigan restringidos los servicios de salud, especialmente aquellos vinculados con los derechos sexuales y reproductivos.

Por su parte, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, refirió que pese a los logros de los últimos años sobre la década perdida de 1980, aún son muchos los temas pendientes sobre la igualdad de género.

Aunque lo calificó de insuficiente, Bárcena reconoció un mayor acceso de las mujeres a la política en la región, como lo muestra la llegada de algunas de ellas a la presidencia en varias naciones como Michelle Bachelet (presente en el encuentro), en Chile, Cristina Fernández, en Argentina, y Laura Chinchilla, en Costa Rica.

La secretaria ejecutiva de la CEPAL presentó el documento ¿Qué Estado, para qué igualdad?, que además es el tema central de la undécima Conferencia, el cual propone a los gobiernos de la región una agenda de desarrollo con el objetivo de garantizar la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.

Finalmente, la ministra brasileña de la Secretaría de Políticas para las Mujeres de la Presidencia de la República, Nilcea Freire, afirmó que la reunión y su documento final deben reflejar los avances y las conquistas de las féminas, así como los desafíos futuros.

A la Conferencia, que concluirá el viernes con la aprobación del llamado Consenso de Brasilia, asisten más de 800 delegadas de 33 naciones de la CEPAL y de una centena de organizaciones no gubernamentales del mundo entero.

Latinoamérica: mujeres trabajan más y ganan menos

Las mujeres latinoamericanas dedican más horas que los hombres al trabajo remunerado y al doméstico, pero sufren discriminación en el mercado laboral y reciben salarios más bajos, indicó un informe de Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

El documento "¿Qué Estado para qué igualdad?", presentado el martes en la apertura de la conferencia de la Cepal sobre la mujer, destacó que la mayoría de las legislaciones de la región han logrado avances en la protección de la maternidad sin velar por las desventajosas condiciones laborales de la mujer.

"No será posible lograr igualdad laboral para las mujeres mientras no se resuelva la carga de trabajo no remunerado y de cuidado que recae históricamente sobre ellas", destacó la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, en la apertura de la conferencia de tres días en Brasilia.

El estudio destaca que las mujeres son las que cargan con la mayor parte del trabajo no remunerado de la familia, aquel que se refiere al cuidado de los hijos y la casa.

Citó el caso de México, donde las mujeres dedican 76,3 horas semanales al trabajo remunerado y doméstico, contra 58,4 horas semanales de los hombres. En Brasil, las mujeres trabajan 56,6 horas por semana frente a 52 horas de los hombres, según el estudio.


Datos de 2008 señalan que 31,6% de las mujeres latinoamericanos de 15 años o más carecían de ingresos propios, frente a solo 10,4% de los hombres en esa condición.

El informe puso de manifiesto la disminución de la brecha salarial entre hombres y mujeres, aunque permanece elevada.

El ingreso medio de las mujeres pasó de 69% del ingreso de los hombres en 1990, a 79% en 2008, una señal de que las mujeres están primordialmente en posiciones de bajo nivel remunerativo y con poca presencia en cargos de mayor nivel jerárquico, según la Cepal.

Para el organismo, la plena igualdad requiere que las mujeres alcancen la capacidad de generar y administrar sus propios ingresos, y para ello deben poder acceder al mercado laboral en igualdad de condiciones que los hombres.

http://www.elnuevoherald.com

viernes, mayo 28, 2010

Debate sobre logros femeninos cerrará foro internacional en Cuba...

Prensa Latina
El espacio de las mujeres en los medios, su participación en la sociedad y las formas de violencia contra ellas serán temas principales de la última jornada del IX Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación.

La cita acoge aquí a representantes de Cuba, Venezuela, México, Colombia, España y Francia, y en ella los participantes han intercambiado experiencias acumuladas en sus países y maneras comunes de hacer.

De acuerdo con el programa, para el cierre de este evento, cuya primera edición aconteció en 1993, sobresale la ponencia La radio en Cienfuegos: presencia de la mujer periodista en el ejercicio de la opinión, del cubano Ramón Lobaina.

También llaman la atención Mirada al mundo interior en la relación hombre/mujer en el contexto de Motivos de Son, de la francesa Inés Rauch, y Los rostros femeninos de la Revolución Bolivariana, de la venezolana Yipsi Gastello.

Entre los productos comunicativos que se exhibirán hoy están Periodistas: mujeres y conflictos en la mediterránea, de la española Ana María Gusi, y Masculinidades, medios de comunicación y educación para la paz, del cubano Julio César González.

Un llamado al perfeccionamiento de las prácticas para abordar el VIH/Sida en los medios distinguió ayer el mencionado encuentro, de carácter bienal.



Las y los asistentes opinaron y promocionaron alternativas para el tratamiento de "un tema muy sensible que necesita cada vez más el esfuerzo y la comprensión de todos".

El VIH/Sida mata, pero también te libera de muchos lastres, asumes nuevas responsabilidades contigo y con quienes te rodean, y sientes que no tienes deudas en la vida, reflexionó el periodista cubano Francisco Rodríguez.

Su coterránea Lirians Gordillo, del Centro Nacional de Educación Sexual, recomendó hacer un manejo de las emociones como se debe con la dolencia, y obviar las exageraciones o las malas interpretaciones de los problemas.

Para el mexicano Francisco Muñoz el reto de los comunicadores es abordar sin obstáculos este tema y llegar realmente con los mensajes propuestos a las diferentes audiencias.

Ejemplificó que en su país se le ha dado a la dolencia rostro de mujer, algo obviado anteriormente al asociar solamente el padecimiento a hombres u homosexuales masculinos.

rc/dsa

miércoles, mayo 19, 2010

Bicentenarios: Mujeres e Historia en Nuestra América

Lucía Mariana Alvites S. [1] / Mariátegui (Tomado de: Insurrectas y Punto)
Hemos querido empezar este trabajo refiriéndonos al origen de la sociedad Inca, última administración de un orden social complejo formado por centenares de diversos pueblos ancestrales de los cuales descendemos, y particularmente a la historia de una mujer protagónica en el origen de ese orden social.

Todas somos Hijas de Mamahuaco. Despatriarcalizar y descolonizar el saber
Fogoneras de un cielo que no manda hijos,
cocineras de vientres que no fecundan la tierra;
Hasta dónde caminarán para encontrar el futuro del mundo,
hasta cuándo la humanidad femenina en sus afectos,
matará a su madre, fingirá tener vida. [2]


Uno de lo mitos más importantes sobre el origen de la sociedad Inca es el de los Hermanos Ayar: Ayar Uchu, Ayar Cachi, Ayar Mango y Ayar Auca; quienes junto a sus cuatro hermanas: Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura y Mama Raua inician un peregrinaje con el propósito de encontrar un lugar indicado donde establecerse; según varios cronistas Mama Huaco era una de los liderazgos de los hermanos Ayar, y fue ella quien arrojó la vara que señalaría el lugar donde se establecerían y fundarían el Estado; también se cuenta que cumplió un rol fundamental como guerrera conduciendo ejércitos. Su mismo nombre le da sentido a estos mitos, ya que la palabra “Huaco” en aymara se refiere a una mujer “varonil” y libre. Como bien dice la historiadora María Rostworowski: “No interesa saber si los hechos fueron verídicos o míticos, lo importante es analizar la estructura social que la leyenda sugiere. En esta Coya hallamos a la mujer tomando parte activa en la conquista del Cusco, luchando junto a los varones y capitaneando un ejército, lo que ilustra la situación femenina en un tiempo mítico, y el nivel concedido a su posición social.” [3]


La conclusión no es menor, a través del mito se expresa una realidad social y en ella un sistema sexo género radicalmente distinto al de occidente. No es poca cosa. El “civilizado” Occidente moderno todavía encuentra su mito fundacional en la misógina fábula del génesis, donde Eva, la mujer originaria, es literalmente apenas un apéndice de Adán, el hombre; más aún, todo lo negativo surge de ella, la mala intención, la pérdida y la culpa.

Hemos querido empezar este trabajo refiriéndonos al origen de la sociedad Inca, última administración de un orden social complejo formado por centenares de diversos pueblos ancestrales de los cuales descendemos, y particularmente a la historia de una mujer protagónica en el origen de ese orden social. Dos entradas que nos permiten aportar a la reconstrucción de una memoria doblemente negada, intentando poner sobre letras el rumor dos veces silenciado, el eco fértil de una historia bi postergada.

Nos referimos simultáneamente a la memoria de los pueblos indígenas, afro descendientes, mestizos, criollos, latinoamericanos, en fin los que están por contar su historia, la nuestra. Y a la de las mujeres dentro de ella. Doblemente negadas entre los negados, doblemente vencidas, silenciado más aún su protagonismo, inconcebible e incomprensible para los que hasta ahora han contado nuestra historia oficial, e incluso a veces alternativa.

Excavamos en el silencio, en el olvido, en la telaraña de los prejuicios coloniales eurocéntricos y patriarcales, importados de la “civilizada” Europa, a fuerza de genocidio y epistemicidio. Nada fácil, por el contrario.

A veces, se ha mostrado con acierto el patriarcalismo, pero sin poder superar el más sutil e internalizado colonialismo eurocéntrico. Otras, al revés, se trabaja exitosamente por desnudar la colonialidad pero no llega a cruzarse con el análisis de género.

Buscamos aportar a este encuentro entre el análisis de género y nuestra memoria propia, contra colonial. Intentar coger el hilo de las que estuvieron y nos antecedieron, una hebra delgada pero imprescindible para hilvanar nuestra emancipación auténticamente integral. Es una forma de democratizar la historia, de hacer voluntad la memoria. En suma, un intento por re descubrirnos como mujeres y latinoamericanas.

El saber despatriarcalizado

Sin duda los estudios feministas o de género en nuestro continente han dado un gran aporte al análisis de la situación de la mujer latinoamericana, y en muchos de los casos han acompañado procesos imprescindibles tanto académicos como sociales, es el caso de la visibilización de la desigualdad en los roles que desenvuelven cada uno de los géneros, el acompañamiento en la formación de las organizaciones sociales de mujeres, la denuncia abierta de la violencia contra la mujer, o la lucha por un aborto legal para que no sigan muriendo miles.

Con el desarrollo de estos aportes hemos podido llegar a cuestionar bases de las ciencias sociales, donde siempre se asumía la existencia de una sociedad única sin ver que hombres y mujeres tienen mundos sociales distintos y desiguales, construidos históricamente; se ha podido visibilizar la forma predominantemente androcéntrica de la ciencia.

Estas contribuciones nutridas de reflexión y militancia han sido claves para poner sobre la mesa una problemática que trasciende todos los espacios de la vida social. Hace varias décadas el enfoque de género está instalado no sólo en las aulas universitarias, sino en los programas de gobierno y en la misma sociedad civil. Aún cuando todo esto es todavía claramente insuficiente para los retos de la igualdad plena entre los géneros, existe un evidente avance de la crítica y despatriarcalización del saber.

Sin embargo, al mirar nuestra propia historia latinoamericana, este enfoque y este movimiento exhibe un enorme vacío. En lo que constituye una irónica e incómoda paradoja, el silencio que el enfoque de género y el feminismo muestra hacia nuestra historia ancestral y antigua, particularmente de nuestros pueblos originarios y nuestra primera independencia, y especialmente hacia las mujeres dentro de ella, viene a coincidir de hecho con la versión patriarcal de la misma.

En esa versión patriarcal, “oficial”, las mujeres desde este lado de la historia al que hoy nos referimos han llegado a ser en su máxima expresión relatadas como “la fiel compañera” en la vida de los héroes, como la nota al pie de página en los grandes acontecimientos, siendo invisibilizadas como protagonistas de hechos históricos con capacidad y autonomía propia.

Convergentemente, en la versión tradicional de género y feminismo, estas “fieles compañeras” son reconocidas a lo mucho y a regañadientes como “atisbos”, “luces”, “excepcionalidades”, nunca como elementos significativos, importantes, dignos de investigación, de la lucha de las mujeres, la cual siempre empieza y se le encuentra relevancia únicamente en Europa.

Nuestra hipótesis es que la estructura social de poder jerárquica del Occidente patriarcal, que pone a las mujeres en un peldaño inferior respecto del hombre, por ahora, ha sido cuestionada con éxito en América Latina sólo al ritmo y la pauta de la modernidad y pos modernidad europea. La mayoría de la innumerable cantidad de publicaciones con enfoque de género y feministas que se refieren a nuestra historia, topan el límite de la “primera mujer” en entrar a la universidad o en adquirir el derecho a sufragio, hechos que en Nuestra América tienen cerca de un siglo, o menos, de haber ocurrido, mientras la historia de nuestras mujeres alcanza alrededor de miles de años. Adicionalmente, se trata de hitos históricos que han sido protagonizados por un tipo único de mujer, blanca y acomodada, y no representan por tanto, ni temporal ni socialmente, todo el andar de la lucha de las mujeres latinoamericanas por su emancipación. Se sigue en este proceder el molde europeo que dio origen en la época moderna al movimiento feminista. Las mujeres en la revolución francesa, las luchas por el sufragio y la educación formal, y como parte del movimiento obrero en Europa y Estados Unidos, son los elementos centrales de esa matriz histórica feminista, que incluye por cierto a los pensadores hombres que postularon la igualdad de derechos de las mujeres, también por supuesto siempre europeos.

Frente a esa matriz histórica, nosotras nombramos el silencio, reivindicamos y re construimos la historia morena y femenina, propia y ancestral, la de las indígenas, las negras, las pobres, las despreciadas, las subversivas, original e inédita y por tanto no reductible a la de Europa, olvidada no sólo por la cultura machista y hegemónica que media la cotidianidad, sino también por los estudios de género y feministas tradicionales.

Descolonizar el saber

Es ya muy conocida la frase “Nunca más un mundo sin nosotras”, instalada desde el movimiento feminista en todo el mundo, pero ¿qué significa cuando una latinoamericana dice “Nunca más un mundo sin nosotras”? ¿Quiénes somos esas “nosotras”? ¿Somos Olimpia de Gouges? ¿Simone de Beauvoir? O quizás ¿Clara Zetkin? Sin duda, sí lo somos.

Pero ¿Somos únicamente ellas? ¿No hay nada más, nadie más, de este lado del sol y de la historia? ¿Quiénes quedan invisibles y sin palabra en esa matriz de tierras y mujeres hermanas, pero lejanas y distintas? ¿Quiénes somos específicamente, integralmente? ¿Es que las mujeres nuestras ancestrales y permanentes no tienen en verdad nada que decir, antes de ese supuesto “nacimiento fundante” europeo de nuestras luchas?

No se trata de oponer y excluir “a las de allá” con “las de aquí”. Se trata de establecer relaciones de justicia, horizontales, no jerárquicas, también en el ámbito del conocimiento, de los saberes, de la memoria, en este caso dentro de la reflexión y práctica de las luchas por la emancipación de la mujer. La historia de nuestras mujeres latinoamericanas ha estado ausente no sólo por el machismo en el que devinieron nuestras sociedades, sino también por el colonialismo impregnado en nuestros conocimientos, donde priorizamos estudiar lo que viene de afuera, y no miramos lo propio, o lo consideramos “inferior”, perdiendo un mundo lleno de conocimientos y posibilidades.

Proceso que atribuimos a la “colonialidad”, entendida esencialmente como la relación de hegemonía y dominación cultural, mental, que está ligada pero es distinguible y más profunda que la dominación política y económica “colonial”.[4] En la academia, se ve reflejado en cómo nos acercamos a nuestro objeto de estudio, desde dónde y quién conocemos y pensamos lo que estudiamos, cómo lo nombramos, es decir desde qué matriz epistemológica vamos construyendo conocimiento. Y en el sentido común podemos verlo en los códigos que operan en nuestras mentes sin darnos cuenta, y que han conformado el mundo simbólico del que somos parte, está en nuestro lenguaje, valoraciones e inconsciente.

Esta colonialidad se hace perfectamente evidente a la hora de rastrear lo que estudian las investigadoras dedicadas al género o la historia de las mujeres, donde encontramos estudios unidimensionales, en los que sin desmerecer sus valiosos aportes europeos y norteamericanos, nuestra raíz histórica y mental, el código genético de nuestra identidad, está sin embargo ausente.

¿Hasta cuándo correremos a buscar la última teoría que nace de otra realidad, cerrando los ojos a nuestra propia memoria y saber? ¿Hasta cuándo buscaremos nuestras respuestas únicamente en otras latitudes?

Lo decimos con toda claridad: Valoramos el aporte de las experiencias de lucha y reflexión de la emancipación de las mujeres en todas las tierras del mundo. Pero rechazamos la colonialidad de negar nuestros propios aportes, desmentimos la supuesta o pretendida “inferioridad” de las experiencias de nuestras mujeres y pueblos en esa lucha. Reconstruimos las luchas y las voces de las silenciadas y las negadas. No contra aquellas otras, sino tan valiosas como ellas.

Ciertamente, se trata casi en la totalidad de los casos de una negación y colonialidad inconsciente, por la boca de la academia y de ciertos feminismos habla la colonialidad eurocéntrica como estructura sutil, asumida como la “verdad”, naturalizada como “realidad”, indiscutible, “oficial”.

La Arqueología del silencio

¿Cómo entonces concretamente emprender esta tarea de emancipación integral de las mujeres latinoamericanas, desde dónde?

Enfrentando una tarea distinta en época y objetivos específicos, pero idéntica en cuanto a re construir lo negado en la historia, el filósofo francés Michel Foucault, planteó la metodología arqueológica, que tomando la metáfora de la arqueología, planteó abandonar las reglas tradicionales históricas y explorar en cada caso, cada objeto de estudio, como una reconstrucción deliberada, sin presupuestos ni principios explicativos a priori, sentando una visión compleja, incluyente de la historia, que daba cabida a contradicciones, rupturas, heterogeneidades y diversidades de la experiencia histórica humana, abriendo la posibilidad de lo “otro”, lo “diferente”, lo “inédito”.[5]

Nos parece pertinente plantear en nuestro caso una arqueología del silencio, una excavación en los registros y fuentes históricas, con una nueva mirada, para desenterrar capa por capa y poner voz a ese silencio, para rescatar a las protagonistas negadas, a las que subvirtieron roles en medio y en contra del patriarcalismo, a las y los que, a mano y sin permiso, hicieron y reflexionaron la igualdad de las mujeres en Nuestra América Latina, desde ella y para ella.

Se nos enseña que la lucha de la mujeres por su emancipación comienza con las mujeres que participaron en la revolución francesa, en la Comuna de París y está muy bien y es cierto para Europa; pero no lo es para Nuestra América Latina, y es una injusticia del conocimiento que se silencie y excluya, ni siquiera nombrándolas, a las mujeres que mucho antes participaron en las cientos de resistencias contra la colonia, o a las mujeres que fueron militantes de los procesos de la primera independencia, todas ellas subvirtiendo los roles patriarcales y machistas, imponiendo a contramano el protagonismo femenino, rompiendo decididas y precursoras, simultáneamente, las supuestas supremacías de los hombres, los blancos, los ricos y los extranjeros.

Iniciábamos estas reflexiones aludiendo a uno de los mitos fundantes, Mamahuaco, de nuestros pueblos ancestrales, en los que se expresa un sistema sexo género original, propio y diferente. Añadimos también otro de la misma cultura del Tahuantinsuyo. Se trata de las piedras Pururauca, las cuales, en medio de la batalla, se convertían en míticos guerreros invencibles, otorgando la victoria a los incas. “Entre las piedras pururauca, en el Cusco adoraban especialmente a una llamada Tanancuricota que era venerada por ser una mujer que apareció junto con los legendarios soldados; con ella lo femenino quedaba comprendido en la gesta guerrera”.[6]

Al lado del Inca, estaba la Coya, señora con máxima autoridad. Y no era una excepción. En el Tahuantinsuyo era ley que “todos los hijos e hijas de un Curaca (autoridad política administrativa regional) podían pretender al poder”, siendo la condición principal para acceder a estos cargos de poder la capacidad y habilidad, independiente de su sexo. Fueron numerosas las mujeres en estos cargos de poder; es el caso de la Curaqueza Contarhuacho, señora de seis guarangas (mil unidades domésticas) de Huaylas. Otro cargo de alto poder, el de sacerdote, era también ejercido por mujeres, sacerdotistas, algunas de ellas famosas, “como aquella del ídolo de Apurímac, que prefirió lanzarse al abismo antes de caer en manos de españoles”. Se sabe que en el sistema de herencia del mundo andino la mujer podía tener acceso a la propiedad de sus propios bienes y heredar a sus descendientes y no a los del marido, cuestión que en el sistema “civilizado” occidental fue bandera de lucha todo el siglo XX y se logró muy recientemente en Nuestra América Latina. Otra de las banderas de lucha de las mujeres en la cultura occidental es la de la igualdad en el lenguaje español, que no cuenta formalmente con una palabra para designar a hombres y mujeres, invisibilizando a las mujeres en categorías plurales masculinas, actualmente se buscan fórmulas auxiliares para suplir esta ausencia; curiosamente, en el Runa Simi (idioma “general” del Tahuantinsuyo, derivado del quechua), todas las categorías de ciclo de vida estaban distinguidas en femenino y masculino.[7]

Estas evidencias de un sistema sexo género particular e inédito, propio de las culturas latinoamericanas ancestrales, aparece por todo el continente. Es el caso de la “Gaitana”, indígena huila de la actual Colombia, quien comandó la federación “Pijao” de diversos pueblos indígenas, derrotando militarmente a los españoles y ajusticiando al gobernador Pedro de Añasco, cuyos crímenes contra la población indígena le valieron fama, siendo convertida por los cronistas españoles en el símbolo de la venganza femenina.[8] También el de la “Janequeo”, nombre castellanizado de “Anuqueupu”, originaria de la actual Villa Rica, en el sur del actual Chile, quien llegó a ser “Inan Toqui”, comandante general del ejército popular de resistencia mapuche, llegando a derrotar completamente a los españoles en 1585 y 1586, bajo el lema registrado por los cronistas: “no creas lo que digo sino mira lo que hago”. Y no era una excepción entre los mapuche. “En el ejército popular mapuche, también combatían las mujeres, llegaron a tener escuadrones completos de mujeres, diestras en el caballo y el uso de la lanza y la flecha, expertas en guerra de dispersión, espionaje y las tareas de la retarguadia… Guacolda luchaba en el mismo escuadrón de Lautaro y otras miles de lamgens (hermanas) lo hicieron y aún lo hacen en esta larga lucha del pueblo mapuche”.[9]

Para el pensamiento europeo que en esos años recién salía del sexocidio más grande de su historia, el crimen masivo contra las mujeres para someterlas por el terror, con lo que fue la caza de brujas que duró hasta entrada la Edad Moderna;[10] era imposible reconocer al género femenino participando a la par de los hombres, y menos aún al mando de ellos en contextos de poder o desgarramientos históricos.

No afirmamos que el sistema sexo género de nuestros pueblos originarios sea el ideal o que estuviera libre de contradicciones y relaciones de dominación, lo que sí evidenciamos es que se trata de uno absolutamente inédito y original, no reductible al de Europa occidental pretendido como “modelo único, universal”. Y señalamos la tarea teórica y política de investigarlo, re construirlo y comprenderlo en su particularidad, como parte del programa de emancipación integral de las mujeres y los pueblos de Nuestra América Latina y del mundo.

Durante la colonia española, surge la figura temprana y pionera de Sor Juana Inés de la Cruz, defendiendo su derecho de ser mujer e intelectual, en una época, segunda mitad del siglo XVII, cuyo orden social sometía a las mujeres criollas blancas a dos únicas opciones de vida, ser esposa sumisa y pasiva, o ser religiosa de la iglesia católica en el convento. A temprana edad, aprende a leer a escondidas, desde los ocho años sueña con ingresar a la primera universidad en México, y desde esa edad también comprende “que el mayor obstáculo a su deseo de saber era su género”. En esa encrucijada, opta por el convento, único espacio posible para desarrollar una obra poética e intelectual tan rica y valiosa como crítica de los convencionalismos patriarcales: “… ¿O cuál es más de culpar, / aunque cualquiera mal haga: / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?”.[11]

En 1871, liderada por Túpac Amaru II, se produce la más grande rebelión anticolonial en Suramérica, que llegó a abarcar, a lo largo de dos años, territorios de siete de los actuales países (Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Argentina y Chile), y que tuvo repercusiones en lugares tan distantes como Panamá y México. Superando largamente la atrasada cultura machista de los “civilizados” europeos de la época, en ella las mujeres jugaron con plena igualdad un rol crucial en el movimiento.

Los muy temidos “batallones de mujeres” que, según los partes de guerra españoles, eran “más feroces que los hombres”, fueron un instrumento estratégico en la lucha. Pero ellas estuvieron al mando, no solo de mujeres, sino de hasta cinco mil hombres, siendo mandos, combatientes y mártires de la epopeya, como en la batalla del Cerro Puquinacancarí, librada el 19 de mayo de 1781, y comentada así en los informes españoles: “…y sin embargo de no llegar a 100 los enemigos hicieron una obstinada y bárbara defensa… Pero ellos lejos de intimidarse con la inmediación de las tropas que se dirigían al ataque, se mantuvieron obstinados, sin pensar más que en morir o defender el puesto que ocupaban, con la mayor intrepidez y osadía… y viéndose ya sin recurso, algunos se despeñaron voluntariamente, y entre los otros una mujer con un niño a las espaldas. Los pocos que se cogieron vivos se ajusticiaron; una mujer prisionera se tendió voluntariamente sobre un cadáver y viendo que tardaban en matarla, levantó la cabeza y dijo por qué no la mataban…”.[12]

Un testigo realista de la insurrección registró el radical carácter subversivo que representaban estas mujeres para los roles socialmente asignados a ellas: “Finalmente esta provincia está en una confusión infernal… Solamente se ve y se sabe de crímenes, prueba de lo cual es la niñería que ha permitido nombrar mujeres como capitanes…”.[13]

Pero no sólo en lo militar rompieron roles de subordinación femenina, sino que además fueron brillantes organizadoras e ideólogas, con mando sobre extensas regiones y poblaciones, como Micaela Bastidas, esposa de Tupac Amaru II, quien era “lo que diríamos ahora la jefa del ejército indio. Era ella la que reunía los contingentes de campesinos que llegaban al Cuartel General; ella la que dictaba las ordenes, salvoconductos, cartas, proclamas, ella la que veía por la seguridad del Inca; la que reflexionaba y atingía la acción… la que cuando urgía se ponía a la cabeza de los guerrilleros nativos y salía a pelear y vencer.[14] También Tomasa Tito Condemayta, curaqueza (autoridad política administrativa regional) de Acos, Bartolina Sisa, Úrsula Pereda, Cecilia Escalera, Gregoria Apaza, Marcela Castro, Margarita Condori, Manuela Tito, Antonia Castro, Agustina Ayma, Catalina de Salas y Pachakuti, Francisca Herrera, Manuela Beltrán, y centenares de mujeres, indias, mestizas y criollas, con un promedio de 26 años de edad, quienes rompían desde su vida misma, su práctica cotidiana, junto con la dominación colonial, la de los prejuicios y roles patriarcales asignados por la colonialidad patriarcal.

En los claustros académicos latinoamericanos, en lo que respecta a los estudios de género, se nos enseña que el pensador inglés John Stuart Mill en 1869 escribía sobre los derechos de las mujeres y el necesario cambio de los roles femeninos por estar subordinados a los del hombre; y está muy bien. Sin embargo, preguntamos por la razón que explica que no se mencione siquiera a Francisco de Miranda, caraqueño revolucionario y gestor de nuestra independencia, quien un siglo antes que aquel inglés ya planteaba el derecho a voto de las mujeres, y la igualdad de derechos entre los dos sexos.

“Por mi parte os recomiendo una cosa sabio legislador: las mujeres. ¿Por qué dentro de un gobierno democrático la mitad de los individuos, las mujeres, no están directas o indirectamente representadas, mientras que sí están sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres hacen a su gusto? ¿Por qué al menos no se les consulta acerca de las leyes que conciernen a ellas más particularmente como son las relacionadas con matrimonio, divorcio, educación de las niñas, etc.? Le confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones inauditas y muy dignas de consideración por parte de nuestros sabios legisladores. ¿no han violado todos ellos el principio de la igualdad de derechos al privar, con tanta irreflexión a la mitad del género humano del de concurrir a la formación de las leyes, es decir, excluyendo a las mujeres del derecho de ciudadanía? ¿Puede existir una prueba más evidente del poder que crea el hábito incluso cerca de los hombres eruditos, que el de ver invocar el principio de la igualdad de derechos... y de olvidarlo con respecto a doce millones de mujeres?”. Que Miranda sostuvo constantemente esta lucha, y que ella cayó en la más absoluta incomprensión y silenciamiento, lo prueban los siguientes pasajes de la misma carta: "Si tuviera a la mano mis papeles, encontraría unos cuantos planteamientos que hice sobre el particular al conversar con algunos legisladores, de América y Europa, los cuales jamás me han dado razón satisfactoria alguna, conformándose con reconocer tal injusticia los más de ellos".[15] Pero Miranda no sólo reflexionó y propuso sobre la igualdad de derechos de las mujeres, también la incorporó en su práctica de lucha independentista. Cuando su precursor desembarco militar independentista en Coro, Venezuela, del año 1806, tres mujeres estuvieron entre las diez personas de la región procesadas por conspirar en apoyo de Miranda y su malograda incursión. Durante la primera república venezolana, en 1811, en la Sociedad Patriótica, la primera organización política antecedente de los Partidos Revolucionarios modernos, cuya creación es atribuida a Miranda y Bolívar, no sólo encuentran membresía los criollos revolucionarios, sino también, por primera vez en siglos, los excluidos y despreciados: los “pardos” (mestizos, indígenas y negros) y las mujeres.[16]

Tampoco aparece relevante en los registros tradicionales de género de nuestras academias que Simón Rodríguez, el genial maestro de Bolívar, ya en 1826, como “ministro de educación” de la naciente Bolivia, el último experimento soberano y social bolivariano, fue acusado de “loco” y “degenerado” por la oligarquía, por plantear, además del bilingüismo escolar indígena, las escuelas mixtas: “En las escuelas deben estudiar juntos los niños y las niñas. Primero, porque así desde niños los hombres aprenden a respetar a las mujeres; segundo, porque las mujeres aprenden a no tener miedo a los hombres”. Y por querer “enseñar oficio a las mujeres para que el matrimonio no sea para ellas asunto de sobrevivencia”.[17]

Matrimonio por sobrevivencia es justamente el de Manuela Sáenz, y más tarde el de Flora Tristán, y todavía hoy, doscientos años después, es problema de muchas. Manuela es popularmente conocida como la amante y fiel compañera de Simón Bolívar, sin entender que ella era una referencia en sí misma, como persona, y no del otro siempre masculino, restándole así su personalidad propia e independiente. Poco se sabe que Manuela subvirtió el rol social que estaba asignado a su género -y casta, por ser “ilegítima”- y lo hizo antes de conocer y enamorarse de Bolívar, con su participación activa y decisiva en la libertad de nuestro continente, asumiendo tareas políticas de conspiración, y militares en donde por su desempeño se le otorgó la “Orden del Sol” que se la dio el mismo San Martín en 1822. Esta Orden era una muestra del programa revolucionario de San Martín, inspirada en la memoria ancestral andina, y destinada a proteger con pensiones de por vida y hereditarias a los más destacados patriotas y sus familias, que habían sacrificado su vida y fortunas por la causa revolucionaria, de la venganza oligárquica que, finalmente, sí condenó a la miseria y el olvido a casi todos ellos. Era además una medida simbólica revolucionaria para remplazar el privilegio nobiliario y del dinero por el del mérito en la causa libertaria. El carácter subversivo del género para la época de esta distinción otorgada a Manuela lo registra Bartolomé Mitre, historiador y presidente de Argentina, organizador de la república oligárquica, etnocida y centralista, y declarado enemigo y calumniador de San Martín y Bolívar, quien se escandaliza de la medida por considerarla propia de indígenas y peor aún... por incluir a las mujeres: “Como complemento de ese plan de aristocracia indígena, hizo extensivos a la mujer sus honores y privilegios”.[18] Manuela ascenderá a Coronela por su valor como lancera a caballo en la batalla de Ayacucho que consagró la libertad de América. Y doscientos años después de su muerte física se convierte en una de las primeras Generalas de ejército del continente, grado póstumo concedido recientemente por parte del actual gobierno ecuatoriano, de manera que Manuela sigue subvirtiendo roles de género, a la vanguardia aún en el presente, y a pesar de la indiferencia del feminismo tradicional; cabalgando indómita, permanente, luminosa.

Con esa misma firmeza con la que hizo suya la lucha por la libertad y la integración latinoamericana, ella logró en su vida personal romper con las ataduras sociales que exigían a la mujer ser esposa sumisa y pasiva, casada desde muy joven por arreglo de su padre con el médico inglés Jaime Thorne, Manuela al enamorarse de Bolívar asumió sin prejuicio y con orgullo su amor rebelde, prueba de ello es una carta que le envía al que fue su esposo donde le dice “Me cree Ud. menos honrada por ser él mi amante y no mi marido? ¡Ah! Yo no vivo de las preocupaciones sociales”,[19] palabras precursoras para su tiempo; sin embargo casi desconocidas por las feministas y estudiosas del género en América Latina.

Y no fue la única. Son numerosas las mujeres en toda Nuestra América que al mismo tiempo que subvirtieron la dependencia colonial, lo hicieron también con el patriarcalismo hegemónico. Policarpa Salavarrieta, experta en inteligencia para la causa de la primera independencia en la actual Colombia; Juana Azurduy, jefa guerrillera patriota del Alto Perú hoy Bolivia; Rosa Campusano patriota independentista en el actual Perú; Gertrudis Bocanegra patriota y mártir del actual México y centenares más, que podrían llenar innumerables páginas con aportes precursores, con protagonismos contra patriarcales, a medio enterrar todavía, pendientes, por descubrir. En fin, ausencias que gritan desde la historia que “nosotras también contamos”.

América Latina feminista en sus intentos

Nuestra propuesta es generar reflexión desde nosotras y nosotros, las que fuimos y las que somos, volviendo la mirada al pasado para poder caminar nuestro propio destino; reconociendo el aporte de este sur femenino como equivalente al de otras culturas. No más, pero tampoco menos.

La ola de descolonización y soberanía cultural que felizmente recorre el continente, irrumpe también en el saber sobre las mujeres, toca sumarnos decididamente y aportar. Comprometernos en la constante construcción y enriquecimiento del feminismo latinoamericano, para hacerlo más auténticamente latinoamericano, útil para la mujer quechua, aymara, afrodescendiente, mapuche, amazónica, mestiza, latinoamericana, que sea de ellas, de nosotras.

La decisión esta tomada, echamos a andar por esta memoria permanente. Es un camino difícil, largo y a la vez lleno de intentos, posibilidades y sueños.


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[1] Socióloga investigadora y poeta peruana. Cursa el Magíster en Estudios de Género y Cultura en América Latina de la Universidad de Chile. Integrante de diferentes movimientos sociales. luciamariana123@gmail.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

[2] Alvites S., Lucía Mariana. Fogoneras del tiempo. http://fogonazosdeabajo.blogspot.com/

[3] Rostworowski, María. Historia del Tahuantinsuyo. Instituto de Estudios Peruanos. Perú. 1988. Págs. 33, 34 y 35.

[4] Entre otros, Quijano, Aníbal. Colonialidad del Poder, Eurocentrismo y América Latina. En: Edgardo Lander (Ed) La Colonialidad del Saber: Eurocentrismo y ciencias sociales-perspectivas latinoamericanas. CLACSO. Buenos Aires. 2000. Y De Sousa Santos, Boaventura. Conocer desde el sur. Para una cultura política emancipatoria. UNMSM - Programa de Estudios sobre Democracia y Transformación Global. Perú. 2006.

[5] Foucault, Michel. La arqueología del saber. Siglo XXI Editores. 15º edición (1º edición 1969). México. 1997.

[6] Rostworowski, María. Op. Cit. Pág. 131.

[7] Ibíd. Págs. 139, 141, 184, 191, 208, 244, y de 293 a 302.

[8] Osorio, Betty. La Gaitana: Mito de autonomía y resistencia. En: Varios autores. Las desobedientes, mujeres de Nuestra América. Panamericana Editorial. Colombia. 1997. Págs. 25 a 44.

[9] Gavilán, Víctor. La nación Mapuche. Puelmapu Ka Gulumapu. Editorial Ayun. Chile. 2007. Págs. 64 y 70 a 73.

[10] Fernández, Ana Maria. La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombre y mujeres. Paidos. Argentina. 1993.

[11] Scott, Nina. La inmolación intelectual de Sor Juana Inés de la Cruz. En: Varios autores. Las desobedientes, mujeres de Nuestra América. Panamericana Editorial. Colombia. 1997. Págs. 45 a 64.

[12] Mariscal José del Valle. Parte de Guerra. En: Jimenez, Ricardo. El largo parto de un pensamiento propio. Historicidad y generalización ahistórica en América Latina. CCB Bolivia - RUTA - C. E. Mariátegui. Bolivia. 2007. Pág. 72 y 73.

[13] José Tapia, sacerdote realista y vicario general de los llanos de Casanare, actual Venezuela. Informes al gobierno colonial. 10 de julio. 1781. En: Jiménez, Ricardo. Op. Cit. Págs. 72, 73 y 103.

[14] Barrionuevo, Alfonsina. Habla Micaela. Ediciones Iberia. Perú. 1976. Pág. 112.

[15] Carta de Francisco Miranda a Jerôme Pétion. 26 de octubre de 1792. En: Bohórquez, Carmen. Francisco de Miranda. Precursor de las independencias de América Latina. Fundación editorial el perro y la rana. Gobierno bolivariano de Venezuela. Tercera edición revisada y ampliada. Caracas, Venezuela. 2006. Págs.

[16]Bohórquez, Carmen. Op. Cit. Págs. 272 y 302.

[17] Rodríguez, Simón. Sociedades Americanas en 1828. (Publicado originalmente en Arequipa, en 1828) En: Obras completas de Simón Rodríguez. Universidad Simón Rodríguez. Caracas, Venezuela. 1975.

[18] Mitre, Bartolomé. Historia de San Martín. Suelo Argentino. Buenos Aires, Argentina. 1950. Pág. 392.

[19] Ortiz, Lucía. Genio, figura y ocaso de Manuela Sáenz. En: Varios autores. Las desobedientes, mujeres de Nuestra América. Panamericana Editorial. Colombia. 1997. Págs. 83 a 117.