sábado, agosto 27, 2016

La Fuerza Aérea de EE.UU., alcanzada por un escándalo sexual

RT La Fuerza Aérea de Estados Unidos está investigando un supuesto caso de agresión sexual cometida por un general retirado que habría abusado de una mujer militar en al menos tres ocasiones. El uniformado de alto rango se habría extralimitado con una coronel durante el periodo de abril de 2007 y abril de 2009, según informa 'The Washington Post'.

El portavoz de la Fuerza Aérea, Patrick Ryder, afirmó que se llevará una rigurosa investigación del General Arthur J. Lichte, retirado en 2009. Sin embargo, Ryder se negó a dar información más detallada.

El caso había salido antes a la luz en un blog que describe el contenido de documentación importante donde queda de manifiesto que el general utilizó su posición de poder para obligar a la víctima a mantener relaciones sexuales, según las palabras de la víctima involucrada en el asunto.

Si la Fuerza Aérea se decidiera a seguir adelante con las acusaciones, se podría convertir en el escándalo por abuso sexual más significativo de la historia militar moderna en el que se ve involucrado un general.

Por su parte, el Pentágono había publicado en mayo un informe en el que se revela que el seno del Ejército se han denunciado 6.083 agresiones sexuales desde el 1 de octubre de 2014 hasta el 30 de septiembre de 2015. El informe incluye 5.240 en las que el personal militar sufrió abusos y 804 casos en los que las víctimas eran civiles o los ataques de índole sexual fueron llevados a cabo fuera del ámbito de las fuerzas armadas.

Cinzia Arruzza: "Es vergonzoso que algunas feministas defiendan la prohibición del velo"

Rebeca Martínez

Público La profesora de Filosofía en la New School for Social Research de Nueva York y autora del libro 'Las sin parte: matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo' arremete contra la prohibición de la vestimenta de las musulmanas en una entrevista concedida en el marco de la VII Universidad de Verano Anticapitalista. Defiende que la lucha contra el capitalismo es una condición necesaria para acabar con la opresión de género.

En el feminismo existe un debate sobre la relación que existe entre el capitalismo y el patriarcado, entendido como sistema que privilegia a los hombres y oprime a las mujeres. ¿Qué postura defiendes tú?

Es una cuestión compleja, pero intentaré explicarla brevemente. La idea principal que defiende la teoría unitaria es que el patriarcado no es un sistema autónomo y ajeno al capitalismo. Esto no significa que la opresión de las mujeres empezara con el capitalismo, sino que una vez implantado, éste transformó las relaciones sociales a nivel mundial y absorbió las formas previas de opresión hasta el punto de que hoy, para entender por qué existe la opresión de las mujeres, necesitamos entender la manera en que funciona el capitalismo, cómo la división sexual del trabajo tiene un impacto en la reproducción o cómo las políticas de austeridad afectan al sistema sanitario, el acceso al aborto libre, etc.

Evidentemente, hay sociedades no industrializadas en las que el patriarcado aún organiza la producción y la distribución de bienes. Pero estos países, como algunas áreas de Sudáfrica, no existen en un lugar aislado y de alguna manera también se integran en el capitalismo, aunque en una posición subordinada. Así que sus relaciones patriarcales están moldeadas también por este sistema. Por poner un ejemplo, el trabajo de reproducción que llevan a cabo las mujeres de países no industrializados con la producción de alimentos está condicionado por el impacto medioambiental que tiene el capitalismo. No podemos examinar su opresión como patriarcal solamente, porque está profundamente determinada por el colonialismo, el imperialismo y el capitalismo.

Esto nos puede llevar a pensar que acabar con el capitalismo implica acabar al mismo tiempo con la opresión sexual.

Acabar con el capitalismo es una condición previa para acabar con la opresión de género, pero por supuesto la violencia contra las mujeres también tiene una base interpersonal y psicológica. No es un proceso automático. Para acabar con la opresión de las mujeres necesitamos que éstas se autoorganicen y luchen, pero quiero insistir en el hecho de que es imposible acabar con la violencia sexista sin acabar con el capitalismo. Para mí es imposible.

¿Está viviendo el feminismo un momento de auge en la actualidad?

Creo que hay un resurgir de la teoría feminista y que están proliferando perspectivas muy interesantes, pero no creo que haya un 'revival' del movimiento feminista. No veo nada comparable con el movimiento feminista de los setenta. Esto conlleva algunos problemas para la teoría, porque se aísla y se convierte en algo muy abstracto cuando no está conectada con una movilización real. No obstante, creo que hay esperanza, es uno de los retos que tenemos.

En el Estado español puede que haya una situación particular, porque se ha vivido un momento de agitación social y esto da lugar a que aparezca un movimiento feminista. Sin embargo, si miramos al resto de Europa, por ejemplo Italia, la situación es diferente. Existe una movilización electoral en torno a la candidatura de Corbyn en el Reino Unido, pero esta movilización es diferente, no crea ese tipo de dinámicas sociales. En Estados Unidos ha habido una fuerte movilización con el movimiento Occupy y el Black Lives Matters, donde el liderazgo de mujeres negras está muy presente, pero no tengo la impresión de que esto se traduzca en un movimiento feminista con continuidad.

¿Qué se puede hacer para transformar la movilización electoral en movilización social?

Ojalá tuviera la respuesta [risas]. Creo que sobre todo en Europa, porque en Estados Unidos nunca tuvimos un movimiento obrero real excepto en los treinta, se ha cerrado un ciclo. El ciclo de la clase obrera, de la socialdemocracia y de los sindicatos se ha acabado por varias razones. Entre ellas, la transformación de la socialdemocracia en liberalismo y de los sindicatos, en organizaciones empresariales. También debido a la transformación de la composición de clase.

Estamos en una situación muy complicada en la que la visibilidad de la izquierda se reduce a la parcela electoral. En algunos casos puede conectar con la movilización, como en España o Grecia, pero en la mayoría no. El primer problema es cómo recrear la autoorganización de clase y que ésta sea estable y continua, más democrática que en el pasado. El segundo problema es repensar la organización política, porque la forma tradicional de los partidos está en crisis y no estoy segura de que pueda implicar a la clase trabajadora nunca más. Hay que pensar cuál es la organización que funciona con la configuración de clase actual, porque ésta es la que tenemos.

No tengo una respuesta clara, sinceramente. Pero no tenemos que tener miedo a formular esta pregunta, aunque no podamos responderla.

¿Qué papel juega la perspectiva queer en el feminismo?

La teoría queer aporta muchos aspectos positivos. Uno es que da lugar a un feminismo mucho más inclusivo que integra por ejemplo a personas transexuales y abre un interesante debate sobre la transfobia. Por otro lado, permite la inclusión de activistas lesbianas y abre un debate sobre la identidad de género, sobre lo que se entiende por ser mujer.

No obstante, uno de los problemas del feminismo queer es que la cuestión de clase se deja fuera. No hay una reflexión profunda sobre la relación entre identidad sexual y capitalismo. Necesitamos hacer la teoría queer más marxista.

¿Qué piensas sobre el debate que se ha abierto en torno a la vestimenta de las mujeres musulmanas?

Honestamente, creo que el hecho de que algunas feministas estén defendiendo la prohibición del “burkini” en la playa es uno de los momentos más bajos para el feminismo, una vergüenza. De ninguna manera, obligar a las mujeres a desvestirse en las playas puede ser algo que las libere. No sé cómo puede defenderse esto desde un punto de vista feminista. Estamos viendo imágenes vergonzosas, con policías totalmente equipados y armados obligando a mujeres a desvestirse en una playa y a un montón de gente alrededor asintiendo y aprobando esta conducta. Es la imagen más bochornosa que he visto en años.

El hecho de considerar que hay opresión en que una mujer vista un niqab o un velo merece una reflexión más profunda de la que se está haciendo, porque depende del contexto. Porque ¿qué pasa si hablamos de llevar un velo en Francia donde la reafirmación de la identidad existe como respuesta a la islamofobia? Aquí es incluso un acto político.

Incluso si de verdad hubiera una opresión en el hecho de vestir un burkini en la playa, la resistencia tiene que partir de estas mujeres y no de la policía. Y tienen que encontrar solidaridad en nosotras. Tenemos que ser hermanas.

La islamofobia es de lo más preocupante que está ocurriendo en Europa y también aquí hay una conexión con el capitalismo. La interpretación de la religión musulmana, la radicalización que ha ocurrido en países musulmanes y europeos, ha sido el resultado de la opresión de las últimas décadas. La imposición del velo es un fenómeno relativamente reciente y tiene que ver con el desarrollo del capitalismo, con la resistencia de estos países a este sistema.

En Europa, la conexión entre islamofobia y austeridad es clara. Hubo una simultaneidad entre el deterioro de las condiciones de vida de los europeos, con los recortes en educación o sanidad, y el aumento de la inmigración de gente musulmana que llegaba huyendo de los bombardeos. El hecho de que estos procesos ocurrieran al mismo tiempo crea claramente el desastre que vivimos y el rechazo a los inmigrantes, así que los musulmanes son víctimas por partida doble. Son víctimas de la austeridad y víctimas principales de los ataques del ISIS. No hay comparación, ni si quiera numérica, entre las muertes que se están produciendo en Occidente y las que hay en los países musulmanes.

"La izquierda postlaica tiene miedo de que la tachen de islamófoba"

ctxt.es Maryam Namazie entrevistó va para dos años a la feminista socialista y reconocida luchadora laicista argelina Marieme-Hélie Lucas, de quien publicamos [en www.sinpermiso.info] la semana pasada una enjundiosa denuncia del silencio negacionista de ciertas izquierdas postlaicas europeas ante los ataques machistas fundamentalistas registrados simultáneamente en la Nochevieja de 2015 en al menos 10 ciudades europeas --señaladamente en Colonia-- de 5 países distintos.

Aprovechando el amplio eco que tuvo ese texto, reproducimos ahora una larga entrevista en profundidad concedida por Marieme-Hélie (en otoño de 2013) a la periodista Maryam Namazie sobre el significado profundo del laicismo republicano, sobre la estupefaciente degeneración de ciertas izquierdas postlaicas europeas y sobre la incapacidad de las mismas para enfrentarse políticamente a la extrema derecha fundamentalista musulmana en auge, y así, también, trágicamente, a la extrema derecha xenófoba tradicional. Tal vez valga la pena recordar el contexto en que se realizó la entrevista con Marieme-Hélie: no mucho después de que el pos-trotskismo francés presentara electoralmente a una candidata vistosamente ataviada con "velo islámico", o cuando sus homólogos catalanes, rizando aún más si cabe el rizo, se declaraban ardientes seguidores postlaicos de una mediática monja posmoderna y antivacunas.

Maryam Namazie: Las limitaciones al uso del velo en las escuelas y la prohibición general del burka y del nikab se ven a menudo como medidas autoritarias. ¿Qué piensa usted al respecto?

Marieme-Hélie Lucas: Resulta útil, por lo pronto, no mezclar las dos cosas: la de las niñas con velo en las escuelas y la de la prohibición de cubrirse el rostro. Las contestaré como dos cuestiones separadas.

Cuando hablamos de velos en las escuelas, estamos hablando automáticamente de velos impuestos a niñas, no de velos de mujeres. La cuestión, entonces, es: ¿quién decide sobre esos velos, las mismas niñas o los adultos a cargo de ellas? ¿Y qué adultos? Yo sólo conozco un libro que trate este tema. Es un panfleto titulado ¡Abajo los velos! (escrito por Chahdortt Djavann y publicado por Gallimard, París, 2003). La autora es una mujer iraní exilada en París en la época en que la Comisión Stasi francesa estaba reuniendo testimonios de mujeres (y de varones) afectadas antes de adoptar la nueva ley sobre símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas. La autora sostiene que el daño psicológico infligido a las niñas que van con velo es inmenso, al hacerlas responsables desde muy temprana edad de la excitación masculina. Este asunto requiere consideración especial, habida cuenta de la nueva tendencia a poner velo a niñas de hasta 5 años, según se ve en las numerosas campañas en curso en toda Norteamérica. La autora explica que el cuerpo de la niña pasa a convertirse de esta guisa en objeto de fitnah (seducción o fuente de desorden), lo que significa que no pueden mirarlo o pensar en él de manera positiva. Esa práctica construye así niñas que temen, desconfían y sienten disgusto y aun angustia en relación con sus propios cuerpos. A edad tan temprana, las niñas no tienen forma de resistir por sí mismas a ese troquelamiento; quedan totalmente a merced de hombres anti-mujeres. Las mujeres que han crecido con este daño psicológico necesitarán probablemente mucha ayuda hasta ser capaces de reconsiderarse a sí mismas y a sus cuerpos de manera más positiva, de reconstruir la imagen de sí propias, de conquistar su autonomía corporal, de abandonar los sentimientos de culpa y de miedo y devolver a los varones la responsabilidad de los actos sexuales por ellos cometidos. Yo creo que sería muy útil que las mujeres que investigan estas cosas se interesaran por el daño psicológico infligido a las niñas a las que se obliga a ir con velo desde edad muy temprana.

Bien; ahora está la cuestión de quién es el “adulto” a cargo de la protección de los derechos de las niñas. El Estado juega ya este papel en numerosas ocasiones: cuando, por ejemplo, impide que las familias procedan a la ablación de clítoris de las niñas, o cuando prohíbe los matrimonios forzados. ¿Por qué no debería asumir también su responsabilidad y prevenir ese daño psicológico profundo causado por llevar velo antes de llegar a la edad adulta? ¿Por qué debería verse como una intromisión autoritaria del Estado la prohibición del uso del velo en la infancia, y no la prohibición de la ablación de clítoris?

Es interesante recordar que grupos de izquierdistas y (¡ay!) feministas llegaron a defender en Europa y Norteamérica “el derecho a la ablación de clítoris” en los 70 como un “derecho cultural”, denunciando los intentos del “imperialismo occidental” de erradicar esa práctica en Europa. Jamás se molestaron en hacer la menor mención a las luchas de las mujeres directamente comprometidas con su erradicación en aquellas (muy limitadas) partes de África en que la practicaban, a la par, animistas, cristianos y musulmanes.

Ahora vemos el mismo patrón aplicado al “derecho al velo”, a pesar de que muchos intérpretes progresistas de El Corán han dejado dicho por activa y por pasiva que ni siquiera se trata de un mandamiento islámico.

Lo que a mí me deja estupefacta es el desbalance en el tratamiento del “autoritarismo” por parte de grupos izquierdistas y de la comunidad de derechos humanos en Europa y Norteamérica. Millones de mujeres en enclaves predominantemente musulmanes han sido asesinadas por defender su derecho a NO llevar velo. Precisamente estos días una valiente mujer sudanesa ha comparecido ante un tribunal de justicia con esta declaración: “Soy sudanesa. Soy musulmana. Y no estoy dispuesta a cubrirme la cabeza”. Arriesga prisión y latigazos. Hasta ahora, no se asesina a las mujeres en Europa ni en Norteamérica por llevar velo, aunque es verdad que de vez en cuando son atacadas verbalmente por individuos racistas de extrema derecha, los cuales, a su vez --merece destacarse el hecho--, son normalmente puestos a disposición de la justicia y condenados, como debe ser.

A mí me gustaría que la vociferante defensa de la “elección” de las mujeres con velo y del “derecho al velo” por parte de “gentes progresistas” anduviera a la par con su defensa de las mujeres masacradas por no llevar velo. Pero lo que, en cambio, vemos esconderse tras la defensa unilateral de los derechos humanos de las mujeres con velo por parte de la izquierda postlaica y de la comunidad de derechos humanos en Europa y en Norteamérica es, de hecho, una posición claramente política. Los pretendidos “progresistas” han optado por defender a los fundamentalistas como víctimas del imperialismo estadounidense antes que a las víctimas de esos fundamentalistas, es decir, entre otras, a los millones de mujeres sin velo que han resistido a las imposiciones de sus victimarios, así como a los millones de laicos, agnósticos, ateos, etc., a quienes se ha abandonado a su suerte como a “occidentalizados”, o aun como “aliados del imperialismo”! La historia juzgará esa miope opción política de modo no menos inmisericorde a como ha juzgado la cobardía de los países europeos en el arranque del nazismo en Alemania.

En lo que hace a su pregunta, yo sólo puedo hablar desde mi perspectiva de mujer argelina que vivió en Francia en la época del debate sobre las dos leyes francesas a las que se ha reprochado en todo el mundo un supuesto sesgo anti-islámico: la ley sobre velos en las escuelas y la ley que prohibía cubrirse el rostro. Se trata, como he dicho antes, de dos asuntos distintos, y en Francia se trataron distinta y separadamente.

La prohibición de los símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas se hace en nombre del laicismo, mientras que la prohibición de cubrirse el rostro se hace en nombre de la seguridad. Se ha añadido el burka a otras formas de ocultación del rostro, como las máscaras (fuera de carnavales) o los cascos integrales de motos (cuando no se conduce), puesto que todos esos adminículos suelen usarse para proteger la identidad de alborotadores o “terroristas”. (Como argelina lo suficientemente vieja para haber vivido la Batalla de Argel durante la lucha de liberación contra el colonialismo francés, sé de cierto que los velos se usaban --tanto hombres como mujeres-- para llevar armas y bombas de un sitio para otro; de modo que no me sorprende que los velos que cubren completamente el rostro se añadan a la lista de indumentarias prohibidas.)

En lo tocante a los velos en las escuelas, la situación en Francia es completamente distinta a la de Gran Bretaña. Francia es un país laico desde que la Revolución Francesa sustrajo el nuevo Estado laico a la influencia política de la Iglesia. Las leyes laicas que instituyeron esa separación datan de 1905 y 1906, mucho antes de la oleada migratoria procedente de países mayoritariamente musulmanes. El artículo 1 de la Ley de 1906 garantiza la libertad de fe y de culto. El artículo 2 de la misma ley declara que, más allá de esa garantía de derechos individuales fundamentales, el Estado laico no tendrá nada que ver con la religión ni con sus representantes. El Estado laico no reconocerá a las iglesias, ni las financiará. En palabras de un analista contemporáneo del laicismo, Henri Peña Ruiz, el Estado se declara a sí mismo “incompetente en materia religiosa”. Las creencias se convierten en un asunto privado, y las religiones establecidas (en la época, sobre todo, la Iglesia Católica) pierden todo poder sobre el Estado. El Estado laico simplemente las ignorará como entidades políticas. Los ciudadanos son los únicos socios reconocidos por el Estado a través de los procesos de las elecciones democráticas.

Una consecuencia de esta definición del laicismo como separación de Estado y religión es que, desde 1906, la exhibición de “cualquier símbolo” de afiliación religiosa o política queda prohibida exclusivamente en dos situaciones específicas: para profesores y alumnos de las escuelas públicas primarias y secundarias del Estado laico (es decir, para niños y adolescentes, lo que no incluye a las universidades, en donde los estudiantes son adultos y pueden llevar un velo), así como para funcionarios en contacto con el público.

La justificación de eso es que los niños van a las escuelas de la República Laica (en la que la educación es totalmente gratuita) para ser educados como ciudadanos franceses libres e iguales, y no como representantes de alguna comunidad específica. La educación como ciudadanos iguales es un poderoso instrumento contra el comunitarismo y las específicas particularidades divisorias que conducen a derechos legales desiguales en un país dado, como ocurre en Gran Bretaña, por ejemplo, con los llamados “tribunales de sharía”, verdaderos sistemas legales paralelos en asuntos de familia.

Análogamente, los funcionarios que están en contacto con el público tienen que desarrollar sus obligaciones en tanto que representantes de todos los ciudadanos, cualquiera que sea su ascendencia étnica o religiosa, razón por la cual se les exige no exhibir símbolo alguno de afiliación en el horario en que ejercen como representantes de la República Laica.

Algo totalmente distinto de lo que ocurre, pongamos por caso, en las comisarías de policía británicas, en donde uno puede exigir ser atendido por un policía de su propio culto o de su propio grupo étnico, como si no pudiera formarse a funcionarios libres de sesgos y éstos se debieran ineluctable y necesariamente a su “comunidad”, antes que a sus conciudadanos.

Así pues, en resolución, es en nombre del laicismo que el velo fue puesto fuera de la ley en las escuelas públicas laicas y entre funcionarios públicos en Francia desde hace más de un siglo, al igual que las cruces y las kipás. Resulta interesante observar el énfasis que los medios de comunicación ponen en el velo, y no en las cruces o en las kipás. ¿Por qué? ¿Y quién se halla detrás de esa jerarquía? Lo que enmarañó este asunto fue que el derechista presidente Sarkozy hizo aprobar la nueva ley en 2004 buscando congraciar con su candidatura a la extrema derecha xenófoba. No había la menor necesidad de esta nueva ley; bastaba con aplicar la de 1906.

Las fuerzas de derecha y de extrema derecha en Francia jamás han dejado de atacar en el último siglo las leyes laicas de 1905-1906. Ahora han encontrado socios activos y poderosos en la extrema derecha fundamentalista musulmana, que también desea desmantelar el laicismo y regresar a la época en que las religiones tenían poder político y representación oficial. La cosa es clara: aunque luego llegarán a competir entre sí las distintas religiones, resultan ahora aliadas útiles en el propósito de erradicar el laicismo en Francia. ¡Basta observar cómo apoyan la Iglesia Católica y las autoridades religiosas judías prácticamente todas las exigencias de los fundamentalistas musulmanes!

El asunto del velo en las escuelas primarias y secundarias francesas no es sino una de las muchas exigencias que sin desmayo plantean para desafiar en lo fundamental las leyes de la República Laica. ¿No es irónico que leyes aprobadas hace un siglo, en un tiempo en el que prácticamente no se registraba inmigración procedente de los países mayoritariamente musulmanes, pasen ahora en el mundo entero por leyes hostiles al Islam? Un buen indicio de la pericia de los fundamentalistas musulmanes como comunicadores mediáticos.

Volviendo al asunto del velo y el burka en el Reino Unido, déjeme decirle que Gran Bretaña NO es un Estado laico. La Reina es la cabeza de la Iglesia Anglicana, así que la prohibición del burka o del nikab o, incluso, del pañuelo en la cabeza no puede buscarse en leyes laicas centenarias, ni considerarse indicio de su compromiso con una educación no confesional igualitaria y de calidad para todos los niños, como en el caso de Francia. (...)

Maryam Namazie: ¿Qué pasa con el derecho de una mujer a elegir su forma de vestir? Algunos dirían que obligar a las mujeres a quitarse el velo viene a ser lo mismo que obligarlas a llevarlo.

Marieme-Hélie Lucas: El debate está formulado en términos “occidentales”. Hasta donde yo sé, no se obliga a las mujeres en el contexto musulmán a NO llevar velo, y estamos hablando de la inmensa mayoría de las musulmanas en el mundo. En cambio, en la inmensa mayoría de los casos se ven obligadas a cubrirse de un modo u otro, a menudo por ley: y todavía no se ha oído una protesta a escala mundial contra esa situación.

En vivo contraste con eso, oímos cada día un montón de voces sobre esas pobres mujeres “obligadas a quitarse el velo” en contextos no-musulmanes --señaladamente en Europa y en Norteamérica--, pero yo todavía no he visto ningún sitio en donde eso ocurra. Que yo sepa, en ningún sitio. Ya me refería antes a limitaciones impuestas al uso del velo en Francia, bajo particulares condiciones.

Por lo demás, hasta donde yo sé, cuando mujeres con velo son atacadas verbal o físicamente, hay tribunales para defenderlas contra cualquier forma de agresión.

En lo que hace a hechos reales, el debate se reduce al derecho al velo en Europa y en Norteamérica, sin ninguna consideración por la resistencia al velo por doquier en el mundo entero, ni por las duras circunstancias que rodean a esa resistencia. Esa reducción me resulta manifiestamente inaceptable.

Por un lado, hay millones de mujeres en todo el mundo obligadas a llevar velo que arriesgan su libertad y su vida cuando transgreden la orden. Quedan abandonadas a su suerte en nombre de pretendidos derechos “religiosos” y “culturales”, sin que que medie el menor análisis de las fuerzas políticas de extrema derecha que manipulan y secuestran cultura y religión en beneficio político propio bajo el pretexto “políticamente correcto” de que el imperialismo estadounidense abusó de la defensa de los derechos humanos de las mujeres para camuflar sus razones económicas e invadir Afganistán y de que los “blancos” son racistas.

Por otro lado, hay mujeres de la diáspora en Europa y en Norteamérica, cuyo “derecho al velo” es defendido por una coalición políticamente correcta de la izquierda y las organizaciones de derechos humanos, una coalición que muestra escaso interés por el sinnúmero de casos de muchachas que tratan de escapar a la obligación de llevar velo. ¿No hay una perturbadora asimetría en esa elección política manifiestamente discriminatoria de los derechos que merecen defensa y los que no? ¿No podrían estos campeones de nuestros derechos aclararnos públicamente las razones que justifican su jerarquía de derechos?

La cosa está clara: la cuestión aquí se reduce exclusivamente a defender el “derecho a elegir” de las mujeres que desean llevar velo en Europa y en Norteamérica, no el derecho a elegir de las mujeres que viven en África y en Asia. Y esta es una forma muy limitada y parcial de enfrentarse al problema, por decirlo suavemente. Porque implica hacer desaparecer a la inmensa mayoría de las mujeres afectadas.

Sobre “elección” en general mucho han escrito ya feministas interesadas en el problema del grado de libertad que puede esperarse en situaciones en las que las mujeres carecen de toda voz, legal, cultural, religiosa o de otros tipos. Hace poco, un potente artículo académico escrito por Anissa Helie y Mary Ashe, Multiculturalist Liberalism and Harms to Women: Looking Through the Issue of the Veil, concluía que :

“Quienes defienden el velo a menudo insisten en un `derecho individual de la mujer a elegir´ (el velo)... Potenciadas por los teóricos del Islam radical (que usurpan el mantra de los partidarios del derecho de las mujeres al aborto), esas consignas pueden confundir a una izquierda occidental que, temerosa de ser considerada racista, cae en la trampa del relativismo cultural.”

El número de mujeres asesinadas por los propios familiares y por grupos fundamentalistas armados, o encarceladas, o flageladas públicamente por los Estados fundamentalistas en nuestros distintos países en todos los continentes por la simple razón de no querer allanarse a la imposición del velo, debería, al final, contar más a los ojos de los defensores de los derechos humanos que las “quejas de las mujeres con velo” que de vez en cuando tienen que aguantar comentarios racistas en “Occidente”.

¿Cómo puede alguien atreverse siquiera a comparar, por ejemplo, las 200.000 víctimas de la “década oscura” (los años 90 del siglo pasado) en Argelia, la inmensa mayoría de las cuales fueron mujeres asesinadas por grupos armados fundamentalistas, con un puñado de mujeres con velo verbalmente molestadas en París o en Londres? Sí, ¿¡cómo se puede!?

Esa desigualdad de trato aceptada sólo muestra que para las organizaciones de derechos humanos y para las izquierdas europeas y norteamericanas, Occidente sigue siendo el centro del mundo y lo que allí ocurra, por menor y marginal que sea, tiene primacía sobre cualquier acúmulo de crímenes cometidos en otra parte.

Me gustaría señalar un interesante punto ciego detectable en el análisis corriente entre las izquierdas y las organizaciones de derechos humanos, un punto ciego que permite o facilita esa operación de reducción del asunto a un problema de “elección individual”. Fíjese bien: el número de mujeres con velo en las calles de las capitales europeas ha crecido sólo en las últimas dos décadas de una manera constante y apreciable. Ese crecimiento no es proporcional a un significativo incremento de las poblaciones migrantes. Esas mujeres no visten ropas o trajes nacionales (incluyan o no cubrirse la cabeza), sino el velo saudita, que jamás había existido en ningún otro país. Hay un número creciente de mujeres que adoptan la forma más radical: no sólo cubrirse el pelo, sino todo el rostro.

En vista de lo cual, ¿cómo puede verse este tipo de velo como un asunto cultural cuando, de hecho, lo que hace es erradicar todas las formas tradicionales de cubrirse la cabeza y todas las ropas y vestidos nacionales y regionales? ¿Cómo puede verse esa forma de velo como un asunto religioso, cuando todos los teólogos y académicos progresistas del Islam en todos los continentes han demostrado que el velo de las mujeres no es una prescripción religiosa, sino una práctica cultural circunscrita al Oriente Próximo y valedera también para los varones por su buena adaptación al clima y, por lo mismo, común a todos los grupos religiosos, como prueba abundantemente la iconografía cristiana que representa a la Virgen María y a todas las mujeres de la historia sagrada que compartieron la vida de Cristo, así como a todas las mujeres judías de su época, con velo?

¿Por qué no se levantan en defensa de todas las culturas ahora amenazadas por la difusión a escala mundial de esta nueva cepa de código indumentario? ¿Es que no pueden ver el vínculo entre la propagación del velo saudita y la financiación saudita del grueso de las mezquitas y organizaciones religiosas que han venido proliferando en las principales ciudades de Europa? ¿Cómo es posible que no vean en esa forma de velo una bandera del fundamentalismo político? ¿Cómo no asocian su propagación a otras actividades políticas del imperialismo de Arabia Saudita (y de Qatar)? ¿Cómo es posible tamaña incapacidad para proceder a un análisis político de esta súbita explosión del número de mujeres con velo en la diáspora? ¿Cómo pueden reducir eso a una “opción individual elegida” por mujeres individuales, a la vista de un fenómeno tan repentino e inopinado como masivo?

Si, pongamos por caso, se diera una súbita propagación de hábitos y tocas de monja simultáneamente en Italia, Francia, España, Filipinas y América Latina, y si las mujeres católicas en números apreciables afirmaran agresivamente su derecho a vestirse como “verdaderas católicas” (una invención moderna que sería cuestionada por respetados teólogos cristianos, lo mismo que el velo es cuestionado por muchos teólogos musulmanes progresistas y académicos del Islam, a los que, dicho sea de paso, jamás citan ni la izquierda postlaica ni los defensores occidentales de los derechos humanos para defender a las mujeres sin velo frente a los movimientos políticos de extrema derecha que andan por detrás de este revival supuestamente religioso); si eso sucediera, digo, ¿no señalaría al punto la izquierda a los movimientos políticos de extrema derecha agazapados detrás de ese revival supuestamente religioso? ¿No lo analizaría esa izquierda en términos políticos, no religiosos, y no lo denunciaría?

Si hubiera rumores o ejemplos de mujeres católicas “impropiamente” vestidas forzadas a llevar tocas de monja, o azotadas o recluidas a la fuerza o asesinadas, ¿no empezarían las organizaciones de derechos humanos a preocuparse por ese asunto? ¿No defenderían a las víctimas? ¿No denunciarían todo eso como violaciones flagrantes de los derechos humanos? ¿O seguirían acaso todas estas fuerzas supuestamente progresistas haciendo la vista gorda a esas violaciones de los derechos humanos y prestando oídos sordos a los gritos de socorro de las víctimas? ¿Se centrarían en el “derecho al velo” de las mujeres católicas?

Para mí está meridianamente claro que, al respaldar las exigencias de los fundamentalistas sobre las mujeres, sin molestarse siquiera en contrastar sus mentiras más manifiestas, la izquierda postlaica y las organizaciones occidentales de derechos humanos no hacen sino revelar el pánico que sienten a ser tachados de “islamófobos”.

Maryam Namazie: Aunque nosotros podríamos considerar el laicismo como una condición previa a los derechos de las mujeres, los islamistas consideran la ley de la sharía como una condición previa a los derechos de las mujeres, tal como ellos los entienden. ¿Y quién puede decir quién tiene razón? Ellos dicen que el laicismo es un concepto occidental y una forma de colonialismo cultural...

Marieme-Hélie Lucas: Yo me niego a servirme del término “ley de la sharía”. Presupone que hay escrito en algún lugar un cuerpo legislativo usado por todos los musulmanes. Basta una simple ojeada a las leyes de los países de mayoría musulmana para percatarse de que no hay tal cosa. La enorme variedad de leyes en contextos predominantemente musulmanes muestra que las leyes tienen diferentes fuentes: desde ofrecer legitimidad a prácticas culturales locales (como la de la ablación del clítoris, que pasa por islámica en algunas regiones de África) hasta distintas interpretaciones religiosas (por ejemplo, Argelia legalizó la poligamia, mientras que Túnez la prohibió sirviéndose exactamente del mismo verso del Corán, pero con otra lectura), pasando por leyes de los antiguos colonizadores (como la prohibición de la contracepción y el aborto en Argelia, que se sirvió de la ley natalista francesa de 1920). Sería un fenomenal error pensar que todas las leyes de los países mayoritariamente musulmanes traen necesariamente su origen en la religión.

Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la propagación de los puntos de vista fundamentalistas al servirse de términos exóticos. Sharía es un término acuñado por los fundamentalistas a fin de hacer creer que existe un cuerpo así de leyes, mientras que hasta los musulmanes conservadores --atentos a toda posible divergencia-- hablaban hasta hace poco sólo de “jurisprudencia”. Servirse del término sirve precisamente para dar a entender a cada vez más gente que ese cuerpo existe realmente. Y eso ocurrió exactamente en el mismo momento en que los medios de comunicación comenzaron a usar también otros términos acuñados por los fundamentalistas, como la yihad (que originariamente significa la lucha espiritual con uno mismo para acercarse a Dios, y no una “guerra” librada con armas, como interpretan los fundamentalistas), o como el “velo islámico” (cuando lo que hacen es propagar el velo saudita), o como la “islamofobia”. ¡No uses el lenguaje del enemigo! Concedes crédito a sus mentiras...

Como ya he dicho antes, hay una miríada de lugares en el mundo en donde el velo es obligatorio, mientras que en ningún lugar que yo conozca se fuerza a nadie a quitarse el velo; ni siquiera en las escuelas francesas de primaria y secundaria, porque las familias ultraortodoxas tienen siempre la opción de inscribir a sus hijas en escuelas de su elección. La única obligación de las familias es enviar a sus hijas a la escuela, pero la elección de la escuela no entra en el mandato del Estado laico. Y en parte alguna se ven las mujeres forzadas a no llevar velo en el espacio público francés; sólo se les exige no cubrirse totalmente el rostro.

Así pues, el laicismo ni pone ni quita velos a las mujeres. Pero resulta indudable que la interpretación fundamentalista de unas órdenes pretendidamente emanadas de Dios busca forzar a las mujeres a llevar velo. El laicismo no es una opinión, ni una creencia; es única y exclusivamente una definición y una regulación del Estado frente a la religión. O el Estado interfiere en la religión, o no interfiere. El laicismo, cuando menos en su definición original, instituye formalmente la no interferencia del Estado en la religión. Y no deberíamos aceptar otra definición del laicismo.

En lo que hace a la acusación del laicismo como “concepto occidental”, ¿acaso no hemos oído cosas semejantes sobre el feminismo durante décadas? Pero si echamos un vistazo a la historia, particularmente a la historia de las mujeres en contextos musulmanes, nos encontramos con muchas mujeres que, durante siglos, lucharon por lo que ahora se consideran ideas feministas, por los derechos de las mujeres. Mujeres que se dedicaron a la literatura, a la poesía, a la educación de las mujeres, a la política, a los derechos legalmente exigibles de las mujeres: como ocurre ahora mismo. Y nos encontramos también con mujeres y hombres ilustrados, tanto creyentes como ateos, que las apoyaron. Exactamente como ocurre ahora también. Quienes estén interesados en explorar esas historias del pasado, deberían leer el libro de Fareeda Shaheed Grandes ancestros (publicado por la organización Women Living Under Muslim Laws).

Análogamente, encontramos a muchos combatientes por el laicismo en contextos musulmanes en los pasados siglos. Lo mismo que hoy. Ateos, agnósticos y creyentes que pensaban y siguen pensando que las religiones se benefician de la no interferencia del poder en las creencias personales o en la espiritualidad de las gentes; y que la política se beneficia asimismo de la no interferencia de la religión. Actualmente, el Gran Mufti de Marsella, Soheib Bencheikh, es un resuelto partidario del laicismo en Francia, como muchos Imams progresistas que aparecen cada domingo en programas televisivos en el Channel 2 [público] francés para mostrar su apoyo al laicismo de la República francesa, que garantiza libertad de fe y de culto.

De modo, pues, que la cuestión real para mí es más bien ésta: ¿por qué no oímos hablar más de estos partidarios musulmanes del laicismo y por qué los medios de comunicación no conceden menos espacio público a la expresión del odio fundamentalista al laicismo? Es una nueva distorsión del fundamentalismo el presentar los hechos a la luz de una ley laica pretendidamente hostil a la ley divina...

Encuestas recientes muestran que cerca del 25% de la población francesa se declara atea, y ese porcentaje es el mismo entre supuestos cristianos y supuestos musulmanes. Pero el porcentaje de quienes se declaran partidarios del laicismo crece hasta un 75%, y también es idéntico entre presuntos musulmanes y presuntos cristianos.

Hay movimientos laicistas muy robustos en todos los países llamados musulmanes, en Pakistán no menos que en Argelia o Mali. Los ciudadanos se comprometen públicamente con el laicismo arriesgando sus vidas en lugares en los que los fundamentalistas se encuadran en grupos armados que atacan a sus oponentes. ¿Por qué las fotografías de sus actos públicos y de sus manifestaciones laicistas no se ven nunca fuera de sus medios de comunicación nacionales?

Maryam Namazie: Algunos dirán que esto suscita la cuestión de hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que el Estado intervenga en asuntos privados como, por ejemplo, el modo de vestirnos. ¿Qué diría usted a eso?

Marieme-Hélie Lucas: Si coincidimos en que este súbito auge a escala mundial de determinado tipo de velos que se hacen pasar por EL velo “islámico” no es de naturaleza cultural ni religiosa, sino una bandera política de que se sirven los fundamentalistas para aumentar su visibilidad política a expensas de las mujeres; si coincidimos en eso, entonces tenemos que admitir que llevar ese tipo de velo –ahora— en Europa y en Norteamérica tiene un objetivo político. Sépanlo o no, las mujeres que lo llevan son portadoras del estandarte de un partido político de extrema derecha.

Así pues, difícilmente podría yo aceptar la fórmula de “una mujer que elige cómo vestirse”. Ese velo no puede, definitivamente no puede, equipararse con la opción de llevar tacones o zapato plano, minifalda o falda larga. No es una moda; es un marcador político. Si uno decide que va a ponerse un broche con una esvástica, no puede ignorar su significado político; no puede pretender que se desentiende del hecho de que fue la “bandera” de la Alemania nazi. No puede alegar que sólo le gusta su forma. Es una afirmación política.

Las mujeres de ascendencia migratoria procedente de Asia y de África que se cubren el rostro o llevan un burka hoy, ya sea en Europa, en Norteamérica o en sus propios países de origen, llevan un tipo de velo que jamás habían visto antes, salvo si crecieron en una específica y limitadísima parte del Oriente Próximo. No pueden pretender que vuelven a sus raíces y visten la misma indumentaria que sus antepasadas de siglos atrás; ni pueden pretender que la llevan por razones religiosas. Las musulmanes fueron musulmanas durante siglos sin necesidad de semejante indumentaria: en el Sur de Asia vestían saris, en África occidental boubous... Hoy, las mujeres pertrechadas con burkas llevan una indumentaria que ni se había visto ni se había jamás hablado de ella hasta hace unas pocas décadas, cuando grupos políticos fundamentalistas inventaron el burka como su bandera política.

De manera que si el Estado se propusiera regular el burka o el nikab, no estaría regulando “el modo en que vestimos, ni estaría interfiriendo en un gusto personal o en una moda, sino en la exhibición pública de un signo político de un movimiento de extrema derecha".

Hacer eso podría perfectamente caber en el papel del Estado laico. Puede debatirse al respecto. Pero lo que no es debatirle es que las mujeres que llevan burka hoy están bajo las garras de un movimiento transnacional de extrema derecha. Y resulta irrelevante que las mujeres con burka sean conscientes del significado político actual de su velo o, al contrario, estén alienadas por el discurso político-religioso fundamentalista.

Maryam Namazie: En la práctica, ¿cómo podría procederse a restricciones (atendiendo también al caso francés) sin inflamar más el racismo y el fanatismo contra musulmanes e inmigrantes y cuál es la conexión entre ambos? Le pregunto esto, porque algunos dirán que criticar el velo y el nikab es racista.

Marieme-Hélie Lucas: En tal caso, ¿la resistencia al nikab/burka/pañuelo y cualquier forma de velo en nuestros países habría que calificarla también como “racismo”? Las mujeres que eligieron morir antes que llevar velo en la Argelia de los 90 actuaron racistamente contra su propio pueblo? ¿Hay que considerarlas hostiles a su propia fe, a pesar de ser muchas de ellas creyentes en el Islam?

¿No podemos dejar de pensar que “Occidente” es el centro del mundo? ¿Qué pasa con las mujeres sudanesas que ahora mismo en Jhartum se arriesgan a ser azotadas y encarceladas por rechazar el velo? ¿Qué pasa con el sinnúmero de mujeres iraníes que llevan décadas encarceladas por no vestir “islámicamente”?

El racismo, la xenofobia, la marginalización y los ataques a los inmigrantes (o a gentes de ascendencia migratoria) siempre han estado aquí. A comienzos del siglo XX hubo en el sur de Francia pogroms contra inmigrantes italianos (dicho sea de paso: católicos y blancos) que “venían a robar el pan de los trabajadores franceses”. ¿Suena familiar, no? Hubo muchos muertos y heridos. ¿Por qué no se habla aquí de “católicofobia” o de “cristianofobia”, si a demostraciones de xenofobia harto menos dramáticas se las llama ahora “islamofobia” cuando apuntan a objetivos presuntamente “musulmanes”? Ahora bien; si nos fijamos en ciudadanos franceses de nuestros días cuyos apellidos son de origen italiano, lo que se ve es que están plenamente integrados y nadie discute su pertenencia a la nación francesa. Lo mismo ocurre con españoles, portugueses, griegos o polacos y rusos que vinieron a instalarse a Francia en el pasado reciente, llegaron a ser ciudadanos franceses y se han “mezclado” ahora con la población general (el expresidente francés Sarkozy constituye un excelente ejemplo reciente de integración exitosa).

Francia cuenta hoy con un 25% de ciudadanos de origen extranjero. Hay un número creciente de gente bien conocida con apellidos árabes (y por lo mismo, erróneamente considerados musulmanes). Se trata de profesores, abogados, expertos en computación, empresarios... Esto es un indicador de su incorporación a la nación, lo mismo que italianos, españoles, etc. hace menos de un siglo.

Una hermosa pieza titulada Barbes-Cafe se representó el año pasado en distintas ciudades francesas. Era toda ella obra de gentes de ascendencia argelina, muchos de los cuales habían huido de amenazas de muerte fundamentalistas y de ataques directos en los 90. Esa pieza es un himno a la emigración: sirviéndose de canciones en árabe de todo el siglo XX, de comienzo a fin, traza la historia de la emigración desde el Norte de África, de las cuitas y las nostalgias de los emigrantes, así como de sus condiciones de trabajo. Pero también celebra las leyes que permitieron a las familias reunirse con los trabajadores, la educación libre y laica recibida por sus hijos, la solidaridad entre trabajadores nativos e inmigrantes en los sindicatos y partidos de izquierda, etc. Termina con imágenes de aquellos inmigrantes de ascendencia norteafricana que “lo lograron” y abrieron la puerta para las generaciones venideras. Es un manifiesto de esperanza que, sin embargo, no trata de esconder la dureza de las condiciones a que tuvieron que enfrentarse muchos trabajadores para que sus hijos y nietos llegaran a ser parte de Francia.

El 27 de octubre fue el aniversario de la Marcha por la Igualdad y Contra el Racismo que cuatro chicas y chicos, ciudadanos franceses de origen norteafricano, iniciaron en 1983. Salieron de Marsella y caminaron durante dos meses por Francia, visitando ciudades y aldeas, hablando con sus conciudadanos rurales y urbanos, denunciando los crímenes y las discriminaciones racistas y abogando por la igualdad de todos los ciudadanos. También denunciaron el rótulo de “musulmán” que se les imponía por razones de origen geográfico. Por el camino, otros ciudadanos de todos los orígenes se les fueron uniendo y comenzaron a marchar con ellos gentes que se habían reunido inicialmente para darles la bienvenida y apoyar sus objetivos.

No está escrito en ningún lugar que las gentes oprimidas o víctimas de la discriminación tengan que terminar en movimientos de extrema derecha. En esas circunstancias, las gentes pueden elegir entre hacerse revolucionarios o convertirse en fascistas. La respuesta fundamentalista al racismo es una respuesta fascista. No deberíamos bajo ningún pretexto regalarles legitimidad ninguna. Lo que debemos hacer es apoyar a los movimientos populares en favor de la igualdad y la plena ciudadanía.

Los fundamentalistas están arteramente interesados en asegurarse los beneficios de los incidentes racistas; lo mismo que los movimientos de extrema derecha tradicional (xenófoba), necesitan radicalizar a su tropa y reclutar a más gente para su causa. Ambas fuerzas aparentemente antagónicas de extrema derecha comparten el mismo objetivo: les gustan los baños de sangre. De aquí que estén preparadas para provocar incidentes racistas. En los últimos años, los habitantes fundamentalistas de un vecindario parisino empezaron a rezar por las calles y a bloquear el tránsito durante horas los viernes. El pretexto era que su mezquita local no era suficientemente grande. Pero desde luego lo era la Gran Mezquita de París que, a unas pocas estaciones de metro de donde se hallaban, estaba y sigue estando permanentemente casi vacía.

La policía vigilaba sin intervenir, y la cosa duró más de siete años. La única respuesta vino, ni que decir tiene, de un grupo de extrema derecha que invitó públicamente a compartir un aperitivo de “vino y cerdo” en esas mismas calles los domingos.

La acobardada izquierda debería haber tomado este asunto en las propias manos exigiendo el desalojo del espacio público tanto los viernes como los domingos, si no había autorización policial para ocuparlo como es legalmente preceptivo. La acobardada izquierda está preparada para ignorar las provocaciones de los musulmanes fundamentalistas, porque no desea verse tildada de “islamofóbica”. Uno siente que, en cierto modo, esa izquierda no es capaz de distinguir entre los creyentes en el Islam y el movimiento de extrema derecha supuestamente religioso que finge representar a todos los musulmanes.

Fue esperando evitar una confrontación con Franco que los gobiernos europeos, incluyendo el gobierno socialista francés, se negaron a ayudar y a proteger al gobierno legítimo de la República española. Fue con la esperanza de evitar una confrontación con el muy cortés señor Hitler que los gobiernos europeos fueron a Múnich y permitieron la invasión de Polonia por las tropas nazis.

La historia enseña que la cobardía en política no lleva a parte ninguna y que todos, a su debido tiempo, terminan pagando el precio de la infidelidad a los principios y a los derechos.

--------------------------------

Marieme Hélie-Lucas es una reconocida activista feminista argelina. Socióloga de prestigio internacional, ha sido la fundadora de la Red de Mujeres bajo la Ley Musulmana, así como coordinadora internacional de Secularism Is A Women’s Issue (El laicismo es cosa de mujeres).

El burkini y el derrumbe de Europa

Santiago Alba Rico

ctxt.es Veo una imagen estremecedora: cuatro hombretones de pie y con pistolas obligan a una mujer desvalida a quitarse la ropa en un lugar público. No es una violación. Es el laicismo en armas liberando a una musulmana de sus cadenas en una playa de Niza ante la mirada indiferente de algunas virtuosas republicanas en bikini. Ahora la policía francesa vigila las playas, como la saudí las plazas, para hacer respetar la hisba, el precepto religioso que obliga a “rechazar el mal e imponer el bien”. La Francia republicana se ha coranizado, se guía por su propia sharia o ley religiosa y persigue de manera implacable cualquier atisbo de “islamización”, especialmente en las mujeres, a las que siempre es más fácil y placentero quitar y poner la ropa.

Hemos perdido todo el verano en un falso debate abstracto sobre la relación entre la libertad de las mujeres y el número de prendas que deben cubrir o descubrir su cuerpo. No es que no sea importante desde un punto de vista político y filosófico averiguar cuándo y en qué condiciones hay verdadera voluntad; cuándo y en qué condiciones una mujer se quita o se pone la ropa porque quiere y no cediendo a presiones más o menos explícitas de pautas conductuales dictadas por o en favor de los hombres. El mercado “libera” y la religión reprime y, si no puede desdeñarse la diferencia, tampoco puede negarse que tanto el mercado como la religión son parasitados por el patriarcado, victorioso en ambos casos. Así las cosas, y en un contexto en el que el colonialismo externo e interno siguen cruzándose con otras relaciones de poder (y proyectos de liberación), lo más fácil, y lo más estéril y hasta peligroso, es encerrarse en la defensa o en la condena de una forma concreta de patriarcado (el mercado versus la religión), como si fueran opuestos y además reflejaran, cada uno de ellos frente al otro, una mayor voluntad o libertad individual.

La cuestión es netamente política y democrática; y creo que también desde el feminismo conviene tratarla así. La cuestión es, en definitiva, que en una democracia se da por supuesta la libertad individual de las decisiones públicas. Durante siglos -de Kant a la república española- la izquierda cuestionó, por ejemplo, el derecho femenino al voto con la muy fundada justificación de que, en una relación de dependencia, la opción política de las mujeres había de coincidir sin duda con la de sus maridos. En un país como España, en el que la mayoría vota libremente a un partido imputado por corrupción que ha rebañado hasta el hueso, además, los derechos económicos y sociales, aceptamos en cualquier caso la validez de todos los votos: son las servidumbres de esa convención que llamamos Estado democrático y de Derecho, cuya funcionalidad y realidad misma se asocian a --valga la expresión-- “un velo de ignorancia” que no siempre favorece a la izquierda. Otro tanto es aplicable a la indumentaria. Desde un punto de vista institucional, en una democracia no debe importarnos --y debemos imponernos esta indiferencia-- por qué una mujer se pone o se quita la ropa; tanto si detrás está el mercado y su “libertinaje” patriarcal como si quien empuja es la religión y su patriarcado represivo, allí donde no hay violencia explícita debemos aceptar el velo y el desvelo (por citar a Jamil Azahawi, un poeta ilustrado iraquí, muerto en los años treinta, que escribió un poema con ese título) como expresiones igualmente libres de la voluntad individual. En una dictadura teocrática como Arabia Saudí, habrá que apoyar a cualquier mujer que quiera quitarse el velo; en una dictadura laica, como lo era la de Ben Alí en Túnez, había que apoyar más bien a cualquier mujer que quisiera ponérselo. En una democracia en Estado de Derecho, como se supone que es Francia, el principio laico, en cambio, es transparente: nadie --y menos la policía-- puede obligar a una mujer a ponerse o quitarse la ropa. Tanto el bikini como el burkini son expresiones inalienables de la libertad republicana.

Poco podemos hacer para liberar a las mujeres de Arabia Saudí, salvo cuestionar una y otra vez los lazos ignominiosos de nuestros gobiernos con sus dictaduras “amigas”. Pero sí podemos defender el principio de la laicidad republicana en nuestros países europeos, donde está siendo amenazada por la religión. No me refiero al islam sino a la islamofobia, una ideología que, en el caso de Francia, se ha apoderado de las instituciones, los partidos políticos, la clase intelectual y los medios de comunicación. Lo he explicado otras veces, citando además al padre del liberalismo galo, Benjamin Constant, quien dejó muy claro en 1815 que “el que prohíbe en nombre de la razón la religión es tan tiránico y merece tanto desprecio como el que prohíbe en nombre de Dios la razón”: lo que es “religioso”, dice, es la persecución misma. El laicismo es un principio jurídico, no antropológico o doctrinal, y consiste muy sencillamente en que el Estado, si quiere ser de verdad democrático y republicano, debe garantizar al mismo tiempo estas dos libertades: debe garantizar la libertad de culto de todos sus ciudadanos y debe garantizar que ningún credo o comunidad (religiosa o lobbista) se apodere de las instituciones. Cuando el laicismo se convierte en el instrumento de persecución, represión y criminalización de una minoría nacional, y ello hasta el punto de justificar la suspensión de derechos ciudadanos elementales, el laicismo deviene una religión más, en este caso la religión del poder, como lo es el islam wahabita en Arabia Saudí, y por lo tanto, como sostiene Constant, se transforma en la matriz de una nueva tiranía. Las víctimas de esa tiranía son hoy los musulmanes y sobre todo las mujeres. A esa derecha que sólo se vuelve feminista frente al “islam” o a esa izquierda islamofóbica y oligosémica incapaz de imaginarse al otro semejante a uno mismo, hay que recordarles que, según el European Network Against Racism, el 90% de las agresiones islamofóbicas en Holanda, el 81% en Francia y el 54% en Inglaterra tienen como víctimas a mujeres musulmanas. En España, según el informe del European Islamophobia Report, en 2015 se multiplicaron por cuatro las agresiones islamofóbicas (de 49 a 278) y el 21% fueron acciones contra el uso del velo. Una tiranía es una tiranía. Se empieza con la minoría musulmana y con las mujeres veladas. Pero allí donde se ha renunciado al laicismo republicano y al Estado de Derecho en favor de una ideología religiosa, aunque se pretenda anti-religiosa --o porque se pretende anti-religiosa--, todos los ciudadanos estamos en peligro.

El “libertinaje” mercantil y la democracia republicana tienen, al parecer, un límite: el burkini, un invento australiano que, según Aheda Zanetti, propietaria de la marca, es una pingüe fuente de beneficios comerciales. Ojalá nuestros Estados fueran realmente laicos y republicanos y reprimieran otros lobbies y otros negocios: el TTIP, por ejemplo, o la venta de armas a Arabia Saudí o las puertas giratorias. La prohibición del burkini no es sólo un atentado contra el libre mercado en sus expresiones más inocentes: es un atentado ideológico contra las instituciones laicas republicanas que garantizan el derecho común de las sociedades democráticas. Sin duda la izquierda y el feminismo tendrán que discutir mucho sobre la relación entre voluntad, libertad y sociedad, así como sobre la transversalidad del patriarcado, parásito o esqueleto de todas las relaciones de poder, en un imaginario global cortado por relaciones neocoloniales (tanto externas e imperialistas como internas y de clase). Pero entre tanto quedémonos con la fotografía de Niza y sus amenazas. Cuatro hombretones con pistolas obligan a desnudarse en público a una mujer sentada y desarmada. No es una violación. Sí es una violación. No se trata de la república en armas de la Marsellesa sino de la inquisición religiosa, en versión oficial y uniformada, en el país de la Revolución francesa; y del patriarcado armado, aceptado o aplaudido, en el país de Simone de Beauvoir. Francia, como Arabia Saudí, como el Estado Islámico, impone normas indumentarias a sus mujeres. Los gobiernos europeos se están radicalizando muy deprisa, y ello al precio de perseguir, criminalizar y “judaízar” a sus minorías nacionales, de alimentar al mismo tiempo el terrorismo y la islamofobia dentro y fuera de Europa, de erosionar sus instituciones laicas y republicanas y de renunciar a sus sedicentes valores fundacionales. La prohibición del burkini es apenas un síntoma del derrumbe de Europa. El burkini no amenaza a la democracia; su prohibición sí. Es por eso que todos deberíamos tomarnos muy en serio la fotografía de la playa de Niza. “La mer, la mer toujours recommencée”, escribía el poeta Paul Valery. El laicismo está muriendo y el fascismo, como el mar, recomenzando. No bastará con quitarse o ponerse el velo. Si no defendemos la democracia, nadie estará a salvo.

sábado, agosto 20, 2016

Los feminicidios, parte de la cuarta guerra mundial


Raúl Zibechi

La Jornada El 14 de agosto la página desinformemonos.org advertía sobre los 31 feminicidios registrados en Querétaro desde enero de 2015, con un breve y estremecedor relato.

“Los juegos, los sueños, la escuela, los amigos, la familia, los cumpleaños, los viajes, la seguridad, la libertad, la dignidad y la vida han dejado de ser derechos para convertirse, vergonzosa, intolerable y lamentablemente en beneficios que se adquieren cuando ‘moderas’ tu manera de hablar, cuando ‘cuidas’ la manera en que vistes, los horarios en que sales, lugares que frecuentas, cuando dejas de confiar en las personas y cuando tu vida deja de ser tu vida.”

El artículo destaca que "los feminicidios son a todas luces violencia de Estado"; denuncia "la impunidad que los arropa y propicia la repetición del daño", y destaca que la mayoría de las víctimas suelen ser mujeres indígenas y pobres.

La información remite directamente al libro de Silvia Federici, Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Traficantes de Sueños, 2010). Un trabajo de duradera influencia, que contribuye a iluminar la realidad permitiendo una mejor comprensión de un conflicto social. Analiza la caza de brujas en la sociedad medieval, y a la vez contribuye a la comprensión de lo que sucede en este periodo de la historia.

Federici sostiene que el feudalismo fue erosionado por el poder y la autonomía conseguidas por las clases populares, y que la respuesta de las clases dominantes fue una violenta ofensiva que sentó las bases del capitalismo. La esclavitud y el colonialismo, el sometimiento de los trabajadores en la producción y el confinamiento de las mujeres en la reproducción, la creación de jerarquías de raza, género y edad, formaron parte de esta nueva dominación.

El capitalismo no sólo llegó "chorreando sangre y lodo desde los pies a la cabeza" (Marx), sino creando "un inmenso campo de concentración", donde la esclavitud en las plantaciones y la mita en las minas impulsaron la acumulación de capital (Federici, p. 91). El poder de las mujeres fue destruido con la caza de brujas, y los varones (y las mujeres, niños y niñas) fueron sometidos mediante la esclavitud asalariada y la esclavitud, para apropiarse de los bienes comunes.

Hoy atravesamos la crisis del capitalismo y la clase dominante vuelve a utilizar la violencia para perpetuarse. En la base de esta crisis está el poder adquirido por los sectores populares organizados en movimientos, en particular desde la década de 1960, cuando obreros fabriles desarticularon el poder patronal al desbordar la disciplina fordista.

La ofensiva en curso del capital busca destruir esa capacidad de organización y de lucha de los de abajo. Pero el mundo popular es hoy bien diferente al de antaño, en particular por la crisis del viejo patriarcado. Cualquiera que conozca los movimientos antisistémicos sabe que las mujeres juegan un papel central, aun cuando no sean tan visibles como los varones. Ellas son la argamasa de la vida colectiva, son las encargadas de la reproducción de la vida y de los movimientos. Además de cocinar, tejer y cuidar los animales en sus hogares, se juntan con otras mujeres para hacer lo mismo, pero en colectivo. Son las guardianas de los bienes comunes, materiales e inmateriales.

Ellas, y sus hijos e hijas, son las sostenedoras del mundo popular, de las familias extensas y de las organizaciones, desde las comunidades urbanas hasta las campesinas e indígenas, desde Chiapas y Cherán hasta Wall Mapu y los Andes. No es casual que estemos ante una nueva caza de brujas, cuando la reproducción ocupa un lugar tan importante en la resistencia y en el poder de las mujeres, con sus comunidades.

Las mujeres, y sus hijas e hijos, han desarticulado la familia nuclear patriarcal, el poder de la Iglesia y del cura, el papel disciplinante de la escuela, el cuartel, el hospital y el taller. Han creado un mundo donde las relaciones colectivas prevalecen sobre las familiares y la cooperación entre ellas hace que "la división sexual del trabajo" sea "una fuente de poder y de protección para las mujeres", como escribe Federici sobre la sociedad medieval (p. 41). Prestar atención a lo que sucede en un tianguis, un comedor o un barrio popular hace innecesarios más comentarios.

La violencia para aniquilar a los sectores populares, a través del narco, del feminicidio y de las guerras contra los pueblos, ha sido diseñada por las clases dominantes para destruir nuestros poderes. No sólo los explícitos. Federici nos recuerda que los trabajadores del siglo XV ensayaban múltiples resistencias: dejaban de trabajar cuando tenían lo suficiente, sólo aceptaban tareas por tiempo limitado, se vestían de forma ostentosa, de modo que eran "indistinguibles de los señores" (p. 78).

La nueva caza de brujas, ahora sin juicios ni formalidades, sino a bala limpia, es parte de la cuarta guerra mundial del capital para eliminarnos como pueblos. Para triunfar en la lucha de clases, la burguesía debe arrasar la autonomía de los pueblos, de las comunidades y de las personas; la violencia y las políticas sociales son, en ese sentido, complementarias. El ataque a las mujeres y sus hijos es uno de los nudos de esta guerra.

Como en los albores del sistema, en su decadencia la violencia vuelve a ser el principal agente de la acumulación de capital. Lejos de cualquier ilusión, debemos comprender que la violencia no es ni un error ni una desviación momentánea, sino una característica sistémica del capitalismo en decadencia, en particular en las zonas donde la dignidad de los seres humanos no es reconocida.

Por esa razón, urge dilucidar las estrategias para enfrentar la violencia sistémica y la voluntad de aniquilación de los pueblos. Si el feminicidio y el asesinato indiscriminado de jóvenes y mujeres son sistémicos, ¿qué sentido tiene elegir gobiernos de diferentes colo-res que van a mantener el sistema en pie?

MUJERES CAUTIVAS: El lado oscuro de Río 2016

Por: Teresa Ulloa Ziáurriz*/ Cimacnoticias.-
 El carácter global y capitalista que da orden al planeta se encuentra en todos los aspectos de la vida y siempre beneficia a los mismos grupos por encima de otros que históricamente resultan afectados.
 
En el marco de los Juegos Olímpicos, que en estos días se desarrollan en Río de Janeiro, Brasil, ocurre en un segundo plano, ahí mismo, un fenómeno que no se ve en las transmisiones de mayor audiencia y que apenas se alcanza a comprender a través de los breves reportajes de la prensa internacional.
 
Como es sabido, no es el pueblo brasileño quien se llevará las ganancias por concepto de turismo durante estos Juegos, sino las grandes marcas transnacionales patrocinadoras. Además, la política económica y la inversión erogada por el gobierno de Brasil para los Juegos Olímpicos (más de 7 billones de libras esterlinas), han dejado al país en una recesión histórica que ya empieza a tener consecuencias.
 
Los salarios del magisterio están siendo retenidos y el clima que se percibe es el de un gobierno interino golpista, que ha apostado a los recortes presupuestales, a las privatizaciones y la represión de las protestas.
 
Esto, sin olvidar el clima de violencia que ya registra cifras inéditas: tan solo en lo que va del año, Río de Janeiro registró un alarmante aumento de crímenes violentos con 2 mil homicidios en los primeros siete meses de este 2016 y varios deportistas han sido asaltados por su celular o por su cartera. 
 
Las favelas han sido rodeadas de muros de madera en un intento del gobierno golpista de Brasil por esconder la vergüenza en la que han sumido al pueblo brasileño, con miles de personas viviendo en las calles o en el desempleo, sin techo o como dicen allá: "sin morada”.
 
GANANCIAS A COSTA DE MUJERES Y NIÑAS
 
El saldo que arroja esta situación de profunda crisis económica, social y política, es un mayor número de personas en situación de vulnerabilidad, y son principalmente las mujeres, las niñas, los niños, y las y los adolescentes los más propensos a ser víctimas de quienes buscan ganancias a toda costa.
 
Y es justo en estos días donde se aprecian claramente las formas en que se transgreden sus más fundamentales derechos. Aun cuando deberían disfrutar de vivienda, trabajo digno, educación y acceso a la salud por parte del Estado, la realidad de las calles es muy diferente.
 
Por ejemplo, a un matemático y su socio se les ocurrió que los Juegos Olímpicos eran una excelente oportunidad para hacer dinero: reclutar mujeres para prostituirlas fue su idea de negocio.
 
Y es que muchas veces no es necesario usar la fuerza física para explotar la prostitución ajena. Basta la terrible violencia que implica el hambre y la pobreza para lograr que las mujeres estén dispuestas a hacer lo que sea. De ellas suele decirse que son “voluntarias”, o que “lo hacen porque así lo decidieron”.
 
La agencia EFE y El País han dado cuenta de la desesperación económica de mujeres y niñas del interior de Brasil que llegan a las ciudades donde se realizan los encuentros deportivos, ya sea reclutadas, engañadas con la promesa de un empleo o en la simple búsqueda personal de un ingreso que les permita pagar sus cuentas y mantener a su familia. Mientras en los estadios, canchas, gimnasios y albercas, todo es alegría, en las calles todo se reduce a la desigualdad, a la pobreza, a la desesperación, a la violencia, a la prostitución y a la criminalidad.
 
“Ellas trabajan de lunes a viernes, ocho horas por día. Si no consiguen un cliente, están obligadas a quedarse hasta las seis de la mañana. Los interesados pagan 100 reales [567 pesos mexicanos o 31 dólares] por ingresar al local, 300 reales por tener sexo y 100 reales para acceder a una habitación”.
 
Como si esto no fuera suficiente, lo que antes resultaba un buen negocio, desde la Copa Mundial de Futbol de 2014 ha empezado a mermar ganancias debido a la recesión. Esto sucede aun en Vila Mimosa, la zona de prostitución por excelencia en Río, lo que se ha agravado por la rampante epidemia del Zika.
 
Los medios reportan que a tan solo a 50 minutos de la Villa Olímpica se comercia con los cuerpos de niñas de 9 años; que los tratantes buscan específicamente a las familias pobres (sea de las favelas o de las zonas rurales de Brasil) para ofrecer dinero a cambio de sus hijas… En fin.
 
Y es que en el inicio de toda esta cadena de miseria, injusticia y transgresión a los derechos humanos de mujeres, niñas, niños y adolescentes víctimas de trata y/o de explotación de la prostitución ajena, está el turista, ese sonriente aficionado que saluda a las cámaras en el día, y de noche se convierte en cómplice de la histórica violencia contra las mujeres, contra las y los más vulnerables, que permanece intacta y a la vista de todos.
 
*Directora Regional de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (Catwlac, por sus siglas en inglés)
Twitter: @CATWLACDIR
 
16/TUZ/GGQ

ABORTO: La misma sombra de la clandestinidad

La historia de Belén puede rastrearse dolorosamente en otros casos de la región, como el de María Teresa Rivera. Presa durante cinco años en El Salvador por un aborto espontáneo, expone las consecuencias nefastas de la prohibición total que rige en ese país desde 1998. Se estima que unas 35 mil salvadoreñas abortan cada año en condiciones precarias y cada 21 minutos una adolescente de entre 10 y 19 años queda embarazada. La mayoría fueron violadas.
Por María Florencia Alcaraz/ Página 12
María Teresa Rivera despertó esposada a la camilla del Hospital: no sabía cómo había llegado ahí. Menos entendía por qué la policía le preguntaba por un bebé si ella no estaba embarazada. Su único hijo, Óscar David, ya tenía seis años. El último recuerdo nítido de Teresa tenía la forma del dolor. Un malestar intenso en la panza que la había despertado en la madrugada. Después, todo era incertidumbre. No sabía que se había desmayado y que el ruido de su cuerpo contra el piso había despertado a su suegra, que la encontró inconsciente y sangrando. Estaba tirada junto a la fosa séptica que hacía de inodoro en su casa de paredes de lámina del barrio Mejicanos, en San Salvador. Teresa no podía imaginar que la acusarían de aborto y luego la condenarían por el asesinato de un bebé que ni siquiera sabía que existía. 40 años de cárcel: el castigo más severo dictado por la Justicia salvadoreña ante complicaciones obstétricas. Aquel 24 de noviembre de 2011 Teresa seguía esposada a la cama. La única certeza que tenía era que le correspondía un abogado, porque algo no estaba bien.

En el país más pequeño de Centroamérica los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y las niñas son tan estrechos como sus límites geográficos. Las embarazadas son rehenes de sus propios úteros: si sus fetos nacen muertos, ellas sufren abortos espontáneos o cualquier complicación, se convierten en sospechosas de un delito. No hay presunción de inocencia y la única ley que rige es ser madres a como dé lugar.

El Salvador es uno de los siete países de Latinoamérica que prohíbe el aborto en todas sus formas: aún en casos de violación, cuando peligra la vida o salud de la mujer o malformación mortal del feto. Es ilegal, también, ayudar a interrumpir un embarazo. Los castigos van de dos a ocho años de prisión y existen condenas de hasta doce años para lxs profesionales de la salud. La prohibición obliga a lxs médicxs a continuar con embarazos ectópicos, es decir, fuera del útero. Esperan que el corazón deje de latir mientras las mujeres temen que la trompa de falopio les explote.

Cuando la figura de aborto no está en la baraja de delitos aplicables, lxs efectores de Justicia echan mano a la carta de homicidio agravado, que tiene una pena de hasta 50 años de cárcel. Esa fue la que jugaron contra Teresa cuando la condenaron en 2012. En el juicio no se comprobó si ella tuvo un parto a término y el feto murió o tuvo un aborto espontáneo esa madrugada en la que se desplomó. Ella no sabía que estaba embarazada: no vio crecer su barriga, ni dejó de menstruar. El juez no le creyó. Y basó la condena en los dichos de una compañera de trabajo que contó que Teresa creía estar encinta. El comentario lo había hecho once meses antes del episodio que investigaban. ¿De qué manera pudo mantener en el vientre un bebé todo ese tiempo?

Como si este panorama no desbordara injusticia, el último 11 de julio legisladores de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) pidieron al Congreso aumentar las penas para las que abortan: quieren que de 2 a 8 años pase de 30 a 50. Amnistía Internacional ya advirtió que esta propuesta es “escandalosa, irresponsable y va en contra de los estándares de derechos humanos”.

Las feministas salvadoreñas son como los volcanes que pueblan esas tierras: están siempre en actividad. Gracias a la militancia, después de casi cinco años encerrada, Teresa recuperó su libertad. El último 20 de mayo el juez Martín Rogel revisó la condena y la anuló. Reconoció que se habían basado en errores periciales: no había prueba directa para demostrar que ella había provocado la muerte del feto que la policía y los bomberos encontraron flotando en la fosa séptica. Según la autopsia del Instituto de Medicina Legal murió por “asfixia perinatal”, que puede ocurrir por causas naturales.
El caso de Teresa no es el único. Entre 2000 y 2014 fueron 149 las acusadas de aborto u homicidio tras complicaciones con sus embarazos. 26 de ellas fueron declaradas culpables. La Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico llegó a estas cifras después de revisar cientos de expedientes. En 2014, junto a Colectiva Feminista lanzaron la campaña “Las 17” para visibilizar esa cantidad de casos entre los que está el de Teresa. Con la difusión, conocieron más historias calcadas. Tuvieron que cambiar el nombre a “Las 17 y más”. Lograron la libertad de Teresa y el indulto de otras dos. Todavía hay unas 25 mujeres encerradas con penas altas.
“Teodora del Carmen, una mujer muy valiente. Mayra, que tiene 13 años de estar en prisión y entró cuando tenía 18. Cinthia Maricela, Alba Lorena, Sarita, Cindy, Kenia... Son muchas”, dice María Teresa a Las 12 sentada en la Casa de Todas, el lugar donde funciona la Agrupación que logró su libertad. Las conoció detrás de los barrotes de Ilopango, un penal de mujeres que aloja a 3.600 presas, desbordado cuatro veces en su capacidad. El primer año Teresa durmió en el suelo. “Nosotras, Las 17, aprendimos a convivir de una manera especial. Sin juzgarnos, sin criticarnos. Nos dábamos fuerzas”, cuenta. El mismo discurso que las juzga por no haber podido ser madres afuera, atraviesa los muros del penal: las otras presas las llaman las “comeniños”.

Aquella madrugada de 2011 fueron los médicos del Hospital los que la denunciaron por “indicios de haber abortado”. Más de la mitad de las mujeres presas por complicaciones obstétricas son denunciadas de esta forma: no hay secreto profesional. Cuando a Teresa la trasladaron a la dependencia policial, los custodios la hostigaban. “Si yo te hubiera agarrado te hubiera sacado todas las tripas”, le decían. Le quitaron los medicamentos que le habían dado para soportar el dolor y tampoco le pasaban comida. “Mi suegra me llevaba alimento y ellos no me lo daban”, cuenta. Comía porque otras detenidas le compartían su propia comida. Consiguió la representación de la Agrupación Ciudadana gracias a una vecina, Ana, que fue testigo del despliegue de Bomberos y policías la noche que se la llevaron.

Ahora, Teresa cocina en una tienda improvisada comidas típicas para ganarse unos dólares: papitas, churros preparados. La fiscalía apeló a la decisión judicial que la devolvió a la calle pero ella ya solo piensa en la libertad. Proyecta el futuro de su hijo. “Quiero que sea un profesional, que nadie me lo engañe. Ha sido muy difícil pero tengo que luchar para sacarlo adelante. Nada ni nadie me va a detener”, dice con la potencia de una maternidad deseada y elegida.

79º Aniversario del nacimiento de Mujeres Libres

Fuente: Kaos en la Red
El 20 de agosto de hace 79 años se constituyó la Federación Nacional de Mujeres Libres en el marco de la I Conferencia Nacional de Mujeres Libres, celebrada en Valencia los días 20, 21 y 22 de agosto de 1937.

00
Por la comisión organizadora abrió la Conferencia Lucía Sánchez Saornil, dedicando breves palabras para explicar la necesidad que había impulsado a las agrupaciones de Mujeres Libres a buscar el modo de coordinar su acción política y cultural mediante la creación de una federación nacional.
El debate de la creación o no de la federación se dio en el primer punto del orden del día, quedando aprobada la Federación el 20 de agosto de 1937.
Foto: Revista Mujeres Libres, Barcelona, nº 11.
http://rojoynegro.info/articulo/eje-violeta/79-aniversario-del-nacimiento-mujeres-libres

Historia de la Agrupación Mujeres Libres

Mujeres Libres fue una Agrupación de Mujeres. Anarquista, libertaria y emancipadora, fue el germen de un movimiento que llegó a tener 20.000 afiliadas.
A pesar de la igualdad de género que proponía la CNT desde sus orígenes, muchas de las mujeres que militaban en el movimiento pensaron que era necesario que hubiera una organización específica para desarrollar plenamente sus capacidades y su lucha política. Como fruto de estas inquietudes comienzan a organizarse y a surgir grupos. En 1934 se crea en Barcelona el Grupo Cultural Femenino que junto con el grupo redactor de la revista Mujeres Libres (periódico) de Madrid en el que participan Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada Guillén y Amparo Poch y Gascón, será el embrión de la futura organización.
La idea de la revista surgió en el otoño de 1935 de la mano de la militante anarquista Lucía Sánchez Saornil, a la que luego se unieron Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón. Lucía y Mercedes “habían enseñado en cursos de instrucción elemental para obreros y obreras, promovidos por la CNT de Madrid en los años ‘30. Vieron la necesidad de realizarlos específicamente para las mujeres, dada la misoginia y los prejuicios existentes”, indica Eulàlia Vega, autora del libro Pioneras y revolucionarias.
Mientras la revista se gestaba y salía a la calle en Madrid, en Barcelona se había formado la Agrupación Cultural Femenina, en su mayoría militantes de la CNT y de otros organismos libertarios como los ateneos y las Juventudes Libertarias. Conocían la revista que se hacía en Madrid. Mercedes Comaposada se presentó en Barcelona buscándolas. Llevaba con ella los estatutos de una Federación Nacional. Les informó de que en Madrid y en Guadalajara ya se había constituido una agrupación con los mismos objetivos. Habían llamado a esta organización Federación Nacional de Mujeres Libres y propuso que Cataluña formara parte de la misma. Las catalanas aceptaron entusiasmadas.
Himno de Mujeres Libres (Octubre de 1937)
“Puño en alto mujeres de Iberia
hacia horizontes preñados de luz
por rutas ardientes,
los pies en la tierra
la frente en lo azul.
Afirmando promesas de vida
desafiamos la tradición
modelemos la arcilla caliente
de un mundo que nace del dolor.
¡Qué el pasado se hunda en la nada!
¡qué nos importa el ayer!
Queremos escribir de nuevo
la palabra MUJER.
Puño en alto mujeres del mundo
hacia horizontes preñados de luz,
por rutas ardientes,
adelante, adelante,
de cara a la luz.”
Una organización de masas
Llegaron a contar con 20.000 afiliadas y 170 secciones locales en todo el país sin cobrar ninguna cuota. La Comisión de Solidaridad se encargaba de gestionar donativos o subvenciones con sindicatos, ateneos y otras entidades.
Pura Pérez, militante de la organización, explicaba en 1999 que “se gestaba una revolución femenina, de la misma forma que entre todos se hacía una Revolución Social. Obreras, campesinas, enfermeras, licenciadas…Todas eran guiadas por el deseo de emancipación, su empeño era lograr una sociedad equitativa y un futuro mejor”.
Martha Ackelsberg, autora de Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres señala que había dos tendencias en sus actividades: capacitación (clases de alfabetización, aprendizaje en el trabajo, información sobre sus propios cuerpos, sensibilización y apoyo mutuo); y captación, con programas para animar a las mujeres a unirse al movimiento libertario. “Sin la completa participación de las mujeres, estaban convencidas, la revolución no podría triunfar realmente”, explica Ackelsberg.
Lo que las diferenciaba de otras agrupaciones de mujeres, como las comunistas o antifascistas, era que “su principal objetivo, incluso en mitad de la guerra, era la capacitación de las mujeres, no sólo su movilización en las actividades de apoyo al esfuerzo de guerra”, apunta Ackelsberg. “Insistían en que la participación de las mujeres en el mercado laboral, por ejemplo, no debería ser un cambio temporal, debido a las necesidades de guerra, sino un cambio más permanente en la forma en que las mujeres eran vistas en sus roles en la sociedad”.
Además, según Eulàlia Vega, “sus objetivos se diferenciaran de los otros grupos femeninos de la época, que no tenían en cuenta las diferencias de género, como la comunista Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA)”.
En 1937 en Valencia se establecen los Estatutos de la Federación Nacional de Mujeres Libres con el objetivo de capacitar a la mujer y emanciparla de la triple esclavitud a la que está sometida: “Esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora”.
Con el inicio de la guerra, desde la Agrupación Mujeres Libres, Concha Liaño señala que su objetivo, además de “la lucha por la liberación femenina”, también era “aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de nuestra República”. “Los hombres al frente, las mujeres al trabajo”, fue una de sus consignas. Invitaban a las mujeres a inscribirse para su adiestramiento en los campos de tiro y realizaron propaganda a favor de los Liberatorios de Prostitución o contra el analfabetismo. La respuesta de las mujeres españolas fue “vibrante”, una “explosiva toma de conciencia” pero, en la mayoría de los casos, terminó con el exilio.
Sin embargo, Concha Liaño recuerda que “era emocionante, conmovedor, comprobar cómo las mujeres se esforzaban en aprovechar una ocasión que les permitía salir de su resignada impotencia y (…) de tantos siglos de injusto sometimiento (…) Para la mujer española ése fue su momento estelar”.
“Humanismo integral”
“Nunca se definieron como “feministas”. Para ellas, ‘feminismo’ era un movimiento burgués, centrado en ganar el derecho al voto y entrar en el mercado laboral en los mismos términos que el varón. Pero tenían claro que, para la clase obrera, el trabajo no era necesariamente ‘liberador’. Lo que querían no era acceso igualitario a un sistema de privilegios, sino un nuevo sistema sin privilegios”, explica la escritora Martha Ackelsberg.
La mejor definición la hacen ellas mismas en el número 1 de la revista Mujeres Libres: “Esto es ya más que feminismo. Feminismo y masculinismo son dos términos de una sola proporción; (…) la expresión exacta: humanismo integral”. Y añaden: “El feminismo lo mató la guerra dando a la mujer más de lo que pedía al arrojarla brutalmente a una forzada sustitución masculina. Feminismo que buscaba su expresión fuera de lo femenino, tratando de asimilarse virtudes y valores extraños no nos interesa; es otro feminismo, más sustantivo, de dentro a afuera, expresión de un modo, de una naturaleza, de un complejo diverso frente al complejo y la expresión y la naturaleza masculinos”.
La herencia de ‘Mujeres Libres’
Eulàlia Vega, autora de Pioneras y revolucionarias, destaca que “es innegable la modernidad” de los planteamientos de la Agrupación de Mujeres Libres. “El hecho de unir la lucha contra la explotación capitalista con la opresión patriarcal marca su importancia y su originalidad, siendo sus militantes, en cierto sentido, las pioneras de las organizaciones feministas creadas posteriormente con el final del franquismo”. Para la escritora Martha Ackelsberg, su mayor legado fue que “ofrecieron una visión de cambio social, y una sociedad revolucionaria, en la que las mujeres fueran totalmente participantes”.
En los años 1970, durante la Transición Española hubo intentos de volver a crear esta organización e incluso llegaron a formarse algunos grupos, perdurando algunos en la actualidad vinculadas a las distintas organizaciones anarcosindicalistas.

La publicación pionera para las mujeres libres

Hace 75 años, el 20 de mayo de 1936, nacía la revista Mujeres Libres. Anarquista, libertaria y emancipadora, se dirigía a las mujeres obreras y tenía como meta “despertar la conciencia femenina hacia ideas libertarias” y sacar a la mujer “de su triple esclavitud: de ignorancia, de mujer y de productora”. El primer número se agotó casi inmediatamente, el segundo apareció el 15 de junio y el tercero justo antes de comenzar la Guerra Civil. En total se publicaron 14 números mensuales hasta 1938. Pero fue el germen de algo más: la Agrupación de Mujeres Libres, que nació en Madrid, Barcelona, Guadalajara y San Sebastián y apareció en más lugares hasta llegar a tener 20.000 afiliadas. Aunque sus fundadoras eran anarquistas, pertenecientes a la CNT y/o a las Juventudes Libertarias, muchas de las que se acercaron a ellas no lo eran. Su mérito fue llegar a todas y formarlas para lograr su emancipación económica, social e intelectual.
Como recordaba Sara Berenguer, miembro de Mujeres Libres y recientemente fallecida, en el libro colectivo Mujeres Libres. Luchadoras libertarias (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1999), la idea de la revista surgió en otoño de 1935 en las columnas del periódico Solidaridad Obrera, donde Lucía Sánchez Saornil, ex secretaria de redacción de CNT de Madrid, invitada por Mariano R. Vázquez,Marianet, secretario general de la CNT catalana, a ocupar una tribuna femenina, responde: “No recojo tu sugerencia porque mis ambiciones van más lejos; tengo el proyecto de crear un órgano independiente para servir exclusivamente a los fines que me he propuesto”.
Sánchez Saornil encontró en Mercedes Comaposada, ensayista y periodista como ella, y la doctora Amparo Poch y Gascón, a las colaboradoras entusiastas y competentes con las que, después de muchas vicisitudes, pudo realizar el proyecto en mayo de 1936. Según la militante de CNT y ex secretaria del Sindicato Antonia Fontanillas, que las conoció, “Mercedes y Lucía confirieron a la revista una personalidad anarquista revolucionaria altamente crítica”.
Para Martha Ackelsberg, autora de Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres (Virus, Barcelona, 1991), “tenían diferentes prioridades. Para Mercedes, uno de los más importantes objetivos era la formación. Defendíaartículos que educaran a las mujeres sobre una variedad de temas y posibilidades para sus vidas. Lucía era, entre otras cosas, una poetisa con talento. Algunos de sus poemas se publicaron en la revista”.
Además, relata Ackelsberg, Sánchez Saornil “escribió un irónico artículo sobre ‘una fábrica de bodas en serie’. Amparo Pochera, médico muy radical verbalmente en temas de sexo y género, probablemente fue la autora de muchos artículos que aparecieron sobre la salud de mujeres y niños”.
El cuerpo de redacción estaba formado por ellas tres, que solían firmar con seudónimo, lo que hace difícil atribuir los textos. Al mismo tiempo buscaban colaboraciones exclusivamente de mujeres, como la influyente anarquista Emma Goldman.
Las numerosas cartas de Lucía muestran cómo convenció a Lola Iturbe, que colaboraba también en Solidaridad Obrera, para que escribiera en la revista. Trataba de enseñar a las mujeres que querían colaborar qué datos y qué imágenes les tenían que enviar de sus pueblos para publicar artículos sobre huelgas y colectivizaciones en el campo. Fue un trabajo arduo que retrasó varias veces la salida de la revista, que se distribuía por correo y a través de quiosqueros anarquistas o afines. El primer editorial expresaba la intención de “hacer oír una voz sincera, firme y desinteresada; la de la mujer; pero una voz propia, la suya (…); la no sugerida ni aprendida en los coros teorizantes”. Así, “tratará de evitar que la mujer sometida ayer a la tiranía de la religión caiga (…) bajo otra tiranía, no menos refinada y aún más brutal, que ya la cerca y la codicia para instrumento de sus ambiciones: la política”, ya que “no entiende de problemas humanos, sino de intereses de secta o de clase. Los intereses de los pueblos no son nunca los intereses de la política. Ésta es la incubadora permanente de la guerra”.
Lucía Sánchez explicaba que “la revista despertó un vivo interés. Nuestras ideas fueron acogidas como la única esperanza de salvación por millares de mujeres”. La primera acogida superó los cálculos y para el segundo número tuvieron que doblar la tirada. Ackelsberg señala que “muchas mujeres encontraron interesante y desafiante esta apertura de nuevas direcciones y oportunidades”. Esos caminos se iban a concretar en la Agrupación Mujeres Libres. La guerra empieza justo después del tercer número. Ya no es aquella revista de 14 páginas, sencilla, de dos meses atrás. Ahora,metidas de lleno en los cambios revolucionarios que la guerra y el fascismo desataron, “hacemos de Mujeres Libres el periódico estremecido, caliente y vibrante que pueda reflejar con toda intensidad la imponente grandeza del momento”.
Aumenta su tamaño y enriquece su lenguaje, que refleja preocupación y aporta soluciones, pero también críticas a la realidad que se vive. En 1938 la revista dejó de aparecer. Muchas de las militantes salieron de España, algunas se mantuvieron en contacto y publicaron varios números de Mujeres Libres en el Exilio. Pero la organización como tal finalizó con el triunfo de las tropas de Franco en 1939.
Aunque tuvo una corta duración, la revista Mujeres Libres no sólo contribuyó a aglutinar a un movimiento de mujeres que lucharon por la emancipación y que dejaron honda huella en quienes las conocieron y formaron parte, sino que también supuso un estallido de originalidad y creatividad que, con esfuerzo y mucha ilusión, produjo una de las revistas más interesantes del periodismo español.
Dos misterios
No se sabe a ciencia cierta qué sucedió con Lucía Sánchez Saornil. Como Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gastón, Lucía también se exilió de España en un primer momento, pero luego regresó. Se escondió en Valencia hasta su muerte en 1970. Pasó 12 años oculta en la clandestinidad hasta que regularizó su situación. Se dedicó a pintar cuadros de pintores conocidos por encargo de un marchante.
Jamás volvió a dedicarse a actividades periodísticas. Por su parte, Mercedes Comaposada intentó hacer un libro tras la muerte de Franco sobre Mujeres Libres. Pidió la colaboración de las veteranas para que le enviaran por carta todo lo que recordaran. Llegó a redactar un manuscrito que, junto con la documentación, desapareció tras su muerte.

Referencias

  • Mujeres Libres: El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. VIRUS editorial. Barcelona, 2006 (tercera edición). ISBN 84-88455-66-6. ISBN 978-84-88455-66-6
  • Mujeres Libres: España 1936-1939. Selección y prólogo de Mary Nash. Tusquets. Barcelona, 1976. ISBN 84-7223-704-4
  • Liaño Gil, Conchita. Mujeres Libres. Luchadoras libertarias. Fundación Anselmo Lorenzo. ISBN 84-86864-33-X
http://mujereslibres.cgtvalencia.org/2011/11/historia-de-la-agrupacion-mujeres.html

Género con Clase Impreso