¿Están Martha Lamas y Beatriz Preciado más allá del feminismo?

miércoles, agosto 20, 2014

Pedro Echeverría V.

Rebelión 1. Marta Lamas acaba de publicar su libro: “Cuerpo, sexo y política”. La revista Proceso dio cabida esta semana a la introducción de esta obra. Martha ha sido para mí desde la revista Fem 1977 de Foppa, García Flores y Poniatowka –junto a otras luchadoras sociales- durante décadas, una de las representantes más destacadas del feminismo en México que entre otros planteamientos está la defensa de los derechos de la mujer en la sociedad capitalista. Sin embargo desde hace dos o tres años –vía Internet- conocí otro planteamiento que me ha parecido más radical porque va más allá del feminismo, el de Beatriz Preciado: intelectual y activista española que como muchas más, busca cambios profundos en el pensamiento y la realidad.

2. Desde los sesenta y setenta hice conciencia de que ningún movimiento revolucionario anticapitalista, socialista o autogestionario podría triunfar sin la participación de las mujeres, los hombres, homosexuales y todos los seres humanos oprimidos. Entendí la historia de la opresión de la mujer por el sistema capitalista y sociedades anteriores. Fui comprendiendo en medio de las batallas –acompañando a las feministas y a los homosexuales donde se manifiesten- que sólo habían seres humanos oprimidos (la inmensa mayoría) y un puñado opresores capitalistas. Así he entendido –como de seres humanos y clase social- todas las luchas de obreros, campesinos, maestros, estudiantes, de cualquier empleo, de México o cualquier país.

3. Sorprende ver que, escribe Martha Lamas, a pesar del avance en el conocimiento, de la condición humana, en la sociedad persiste la dificultad para reconocer que ni la identidad e las hembras y de los machos humanos ni sus deseos sexuales “se derivan de su anatomía sino sus elaboraciones psíquicas y del significado que adquieren estas en interacciones sociales concretas”. En estas frases y otras encuentro coincidencias con Beatriz Preciado que insiste en que lo biológico no es determinante y parece todo impuesto desde fuera por el control médico, jurídico y estatal. Por ello Preciado, en conferencias y textos, al parecer llega a plantear que sexo, género, homosexualidad, son valores sociales impuestos por mediaciones políticas (Proceso)

4. Señala Martha Lamas: Desde la infancia vamos percibiendo las representaciones de “lo femenino” y “lo masculino” mediante el lenguaje y la materialidad de la cultura (los objetos, las imágenes, etc.). En cuanto a la información, el género antecede a la relativa a la diferencia sexual en el desarrollo cognoscitivo infantil. Entre los dos y los tres años, niñas y niños saben referirse a sí mismos en femenino o masculino, aunque no tengan una noción clara de en qué consiste la diferencia biológica. Muchos ni siquiera registran la diferencia anatómica, pero son capaces de diferenciar la ropa, los juguetes y los símbolos más evidentes de lo que es propio de los niños y de lo que es propio de las niñas. ¿Será que “la biología propone y la identidad dispone”?

5. Más adelante Martha reflexiona y propone: La contradicción entre el rol femenino tradicional - el papel de madre y ama de casa - y los nuevos roles, de ciudadana y trabajadora, no se resuelve fácilmente. Es necesario dictar leyes de igualdad, pero para lograr una verdadera "incorporación" se requiere acabar con la identificación simbólica mujer/familia. No basta ampliar el marco de acción de la mujer, que sale del estrecho espacio de la familia para ingresar al mundo del trabajo y de la actividad ciudadana: hay que obligar la participación masculina en las tareas domésticas y el cuidado humano, y también desarrollar una amplia infraestructura de servicios sociales que apoyen la atención a criaturas, personas mayores, enfermas y discapacitadas.

6. El planteamiento de Beatriz Preciado no se detiene en lo que en un tiempo se llamó “la liberación femenina” o las luchas por los derechos de la mujer, sino en la liberación de los seres humanos de todos los mitos y verdades establecidas. Habla de hacer una "genealogía política del cuerpo" que permita “conocer y comprender cuáles y cómo han sido los procesos de construcción de las ´ficciones políticas´ -la identidad sexual, el género, la clase social, la raza...- que nos conforman y constituyen. ¡Cómo se construye y normaliza la sexualidad! Ficciones que son somáticas (es decir, que "toman la forma de la vida") y que en ciertos casos pueden ser deconstruidas y reconstruidas a través de diversas estrategias de resistencia y subversión crítica (para que en vez de subyugarnos, nos empoderen).

7. A Beatriz Preciado no le convence demasiado la noción de cuerpo; desde la premisa de que cuando se necesita un nuevo concepto crítico lo que hay que hacer es inventárselo, ella prefiere utilizar la noción de "somateca". "Hay que tener en cuenta", precisó, "que el cuerpo del que hablo no se ajusta a la noción 'moderna' de corpus, entendido como una unidad funcional, una totalidad homogénea que puede ser tanto orgánica como inorgánica (por ejemplo, un corpus bibliográfico)". Según Preciado, la somateca podría describirse como el efecto de una multiplicidad de técnicas de poder y de representación que mantienen entre sí diferentes tipos de relaciones (tanto conflictivas como simbióticas), propiciando la creación de una ficción política que posee una "curiosa doble cualidad": la de estar viva y la de ser un lugar de subjetivación.

8. Beatriz Preciado enseña que la historia política del cuerpo se puede dividir, a grandes rasgos, en tres momentos o periodos ligados cada uno de ellos a un "régimen somatopolítico" distinto: el régimen soberano, en el que el cuerpo aún está habitado por el poder teocrático ("es un cuerpo para la muerte"); el régimen disciplinario o biopolítico, en el que hay una proliferación de órganos y el cuerpo funciona como una máquina orgánica de reproducción nacional; y el régimen fármaco-pornográfico o neoliberal, que se caracterizaría, entre otras cosas, por la aparición de la noción médico-psiquiátrica de "género", la emergencia del cuerpo cyborg, la separación química entre heterosexualidad y reproducción o la conversión de la pornografía en cultura popular.

9. Piensa Preciado que como en casi todas las prácticas de oposición política minoritaria, el feminismo sufre de un desconocimiento crónico de su propia genealogía. Ignora sus lenguajes, olvida sus fuentes, borra sus voces, pierde sus textos y sus llaves. Apunta que Walter Benjamin nos recuerda que la historia está escrita desde el punto de vista de los vencedores. Es por esto que el espíritu del feminismo resulta amnésico si no escribe la historia desde el punto de vista de los vencidos. Es con esta condición, dice, que será posible interrumpir el tiempo de la opresión. Cada palabra de nuestro lenguaje contiene, como enrollada sobre sí misma, un ovillo de tiempo constituido de operaciones históricas. Por ello me propongo, además de leer a Lamas revisar detenidamente a Preciado.

Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

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Pese a Convención de Belém do Pará, violencia va en aumento

Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Cimacnoticias La violencia contra las mujeres en México, como en otros países de América, va en aumento a pesar de que existen normas e instrumentos para erradicarla, dijo Tracy Robinson, presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Durante el foro “Violencia contra las Mujeres en México”, que se realizó hoy en esta capital, la también relatora sobre los Derechos de las Mujeres, dijo que a 20 años de la promulgación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belem do Pará), el Estado mexicano, como la mayoría de los países del continente, aún está rezagado en el cumplimiento de este tratado.

La relatora criticó la violencia que ejercen fuerzas militares en contra de las mujeres, casos que incluso han sido llevados ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), pero que algunos siguen sin reparación del daño.

Cabe decir que la mayoría de los casos que destacó la experta ocurrieron en México y abarcan distintas épocas (como el caso de las indígenas Ana, Beatriz y Cecilia González Pérez, violadas y torturadas por militares en 1994), por lo que celebró la reciente reforma al Código de Justicia Militar en este país.

También en el caso de México la relatora enfatizó la preocupación de la CIDH porque en lo que respecta al caso “Campo Algodonero”, en Ciudad Juárez, el Estado sigue sin efectuar todas las recomendaciones que emitió el sistema de justicia interamericano, y las investigaciones permanecen en proceso mientras más mujeres siguen desapareciendo.

La violencia de género, que amedrenta especialmente a defensoras de Derechos Humanos (DH), periodistas, indígenas, lesbianas, mujeres en condición de pobreza, población femenina con discapacidad, mujeres en contextos de conflictos y migrantes, prevalece con altos índices e incluso va en aumento, dijo la relatora.

Esto se debe, explicó, a que los Estados de América están ratificando o impulsando normas para erradicar la violencia contra las mujeres, pero no las está implementando adecuadamente o con efectividad; es decir, “hay un vacío entre la ley, la política y la realidad”.

Lo anterior ocurre sobre todo en el acceso a la justicia, los refugios para víctimas, y el otorgamiento de presupuesto para programas o instrumentos competentes, acusó Tracy Robinson.

Además, la inefectividad en cada etapa de la administración de justicia profundiza la impunidad, lo que perpetúa la violencia, señaló. Otra consecuencia de la impunidad, observó, es que las mujeres desconfían en el sistema judicial y no denuncian la violencia, además de que las activistas de DH frenan su labor.

La experta también criticó la debilidad de los mecanismos institucionales para la evaluación y monitoreo de la efectividad de las medidas diseñadas para erradicar la violencia contra las mujeres, así como de la actuación de las autoridades para la atención de las víctimas.

Esto se suma a que las cifras en la materia son “insuficientes o no confiables”, señaló Robinson.

La titular de la CIDH llamó a los Estados del continente a cumplir con un sistema de protección integral para las mujeres que sea efectivo, garantice la reparación del daño desde un enfoque de género, y genere información puntual de evaluación, monitoreo y seguimiento.

Asimismo, Tracy Robinson señaló que se deben fortalecer medidas para evitar la repetición de la violencia, procurar la total reparación del daño y castigar a los responsables.

La relatora sobre los Derechos de las Mujeres también lamentó que una de las violencias más persistentes contra la población femenina esté en el acceso a la información y los servicios de salud sexual y reproductiva, y que incluso las activistas que defienden este derecho o las mujeres que están en condición de pobreza sean las más vulnerables.

En este sentido enfatizó los crecientes riesgos que enfrentan las defensoras de DH, en especial en México, Colombia y Cuba.

Al respecto, la presidenta señaló que otro rezago que impide el cumplimiento de la Convención de Belém do Pará –el tratado más ratificado en el continente– es que los Estados no están satisfaciendo totalmente las recomendaciones o acuerdos amistosos que emite la CIDH en los casos de violencia de género.

En este sentido, la CIDH también tiene responsabilidades, remarcó, por lo que debe desarrollar internamente un sistema que garantice la efectividad y el seguimiento de cada recomendación que emite, ya que del total de éstas, sólo 18 por ciento se cumplen totalmente y el resto es sólo parcial.

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Una vida libre de violencia para las venezolanas

Lidia Falcón

Público Ese es el derecho que consagra la legislación venezolana para las mujeres. La ley Orgánica sobre el Derecho de las mujeres a una Vida Libre de Violencia tiene por objeto garantizar y promover el derecho de las mujeres a vivir en paz y tranquilidad, creando condiciones para prevenir, atender, sancionar y erradicar el maltrato contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos. Esta ley es modificación de la que se aprobó en septiembre de 1998, cuando también se concibió el Plan Nacional de la Mujer 1998-2003. Es decir, en Venezuela se aprobó la legislación protectora de la mujer seis años antes que en España, cuya Ley de Violencia de Género es de diciembre de 2004.

Es de destacar que esta primera norma protectora de la mujer se aprueba en el primer año del gobierno de Hugo Chávez que apenas elegido acepta la promulgación de la Ley sobre Violencia contra la Mujer y la Familia, que habían promovido y planteado las asociaciones feministas, las cuales llevan luchando un siglo en Venezuela. En 1999 se crea el Instituto de la Mujer y en el 2002 se publicó el Plan de Prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia contra la mujer.

Después de siete años de implementación de aquella, se consultó al Movimiento de Mujeres y a las asociaciones Feministas y se evaluaron sus defectos y debilidades y se aceptaron las sugerencias que estas presentaron. De tal manera, el 25 de noviembre de 2006, se aprobó por la Asamblea Legislativa la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Ésta no pone condiciones para estimar el derecho de las víctimas a protegerse de cualquier clase de agresión machista. No es preciso que la maltratada sea la esposa, la novia o la compañera sentimental del maltratador, ni que se tenga que demostrar que los golpes se los propina su verdugo por el desprecio hacia lo que tanto la legislación como la jurisprudencia española denominan género.

Los artículos de la ley venezolana explicitan que a través de esta ley se articula un conjunto integral de medidas para alcanzar los siguientes fines: Garantizar a todas las mujeres, el derecho a la vida, la protección de la dignidad e integridad física, psicológica, sexual, patrimonial y jurídica de las mujeres víctimas de violencia y el ejercicio efectivo de sus derechos ante los órganos de la Administración Pública. Y fíjense que el concepto patrimonial protege económicamente a la mujer, mientras en tantos países, incluida España, nunca se tiene en cuenta tal condición.

En un mundo en que la violencia contra la mujer ha sido definida por Naciones Unidas como el crimen encubierto más numeroso del mundo, en que esta se ejerce por el hombre contra ella por el simple hecho de ser mujer, la parte más débil de la pareja humana, es preciso protegerlas a todas: la esposa, la novia, la hermana, la madre, la suegra, la hija, la desconocida, la prostituta. Ninguna de ellas es más que otra, ninguna debe tener privilegios sobre las demás, y todas son susceptibles de ser agredidas por un varón que descargue su ira, su frustración, su impotencia o su excitación sexual en la que encuentre más cerca.

La ley protege especialmente a aquellas mujeres en situaciones de más vulnerabilidad: discapacitadas, indígenas, emigrantes que desconozcan el idioma, menores y mayores, para las que establece una atención especial.

Para que esta ley no se quede en pura teoría legal, el gobierno venezolano ha creado servicios sociales, policía especializada y una red de juzgados de violencia, y se establece la asistencia jurídica especializada gratuita a la víctima, así como la psicológica y la médica.

A la vez que se discutía y se aprobaba la ley se presentó el Plan Nacional Socialista por el Derecho de las Mujeres a una vida Libre de Violencia, 2010-1013, que se discutió con todos los sectores involucrados en la protección a las mujeres. Además de los Institutos de la Mujer, que se establecen no solo en nivel nacional sino también estatal y municipal, Venezuela cuenta con un Ministerio y una Defensora de la Mujer. Las viceministras se ocupan de las diferentes áreas que conciernen a su mandato, y la Defensoría está impulsando la participación popular en la denuncia de los casos en todas las Comunas, Consejos Comunales y Vocerías de Igualdad de Género.

Hace pocos días asistí a la creación del Observatorio de Medios de Comunicación para controlar los contenidos sexistas de la publicidad, los seriales, las comedias, los debates o el lenguaje, que promuevan, induzcan o defiendan cualquier clase de utilización de la imagen femenina, de menosprecio, injurias o violencia contra las mujeres. Y la gran participación de hombres en el evento sorprendía a quien está acostumbrada a la indiferencia con que los varones, incluso los más de izquierdas, ignoran estos actos.

Lo más emocionante, para quienes conocemos la rigidez de los procesos legislativos españoles, y sentimos la impotencia con que vemos derrotadas las iniciativas populares que nuestro sistema constitucional ha implantado únicamente para que no se aprueben, es comprobar el esfuerzo que hacen diariamente los gobernantes y los responsables de las instituciones venezolanas por consultar, dialogar y dejarse aconsejar por las organizaciones populares. He asistido a los encuentros que se producen entre los ministros, viceministros y directores generales con las asambleas de mujeres, de vecinos, de pacientes de la sanidad, y resulta conmovedor escuchar, durante horas, las quejas, las solicitudes y las propuestas de las gentes más sencillas y cómo ministros y ministras están allí, intentando responder y buscar las soluciones a los problemas que plantean.

Una iniciativa más novedosa e importante por los resultados futuros que pueden obtenerse es la Escuela de Formación Socialista para la Igualdad de Género que implementa el plan de Formación Feminista Argelia Laya, una de las heroínas –Venezuela tiene muchas- que luchó contra la dictadura de Pérez Jiménez, en la guerrilla contra el capitalismo liberal, en el Partido Comunista y en el MAS, siempre contra el patriarcado y el machismo.

La Escuela que imparte cursos continuados durante todo el año, a profesores, policías, médicos, jueces, trabajadoras sociales, forma a los profesionales y a aquellos cuadros medios que después serán a su vez los transmisores de la ideología adquirida. El edificio, impecable, construido en la falda del Monte Ávila, tiene internado para 50 personas, y durante varios días los profesores explican las clases para introducir en el feminismo a quienes seguramente ni siquiera habían oído hablar de él. No se trata de cursos académicos como conocemos en España, largos y especializados, a los que solo acceden los privilegiados universitarios, que son voluntarios, y que no suelen tener aplicación práctica en la vida cotidiana de las mujeres.

A la formación feminista deben acceder los profesionales relacionados con la protección y formación de las mujeres. Los cursos se imparten en las escuelas secundarias, en los Consejos Comunales, en los grupos y asociaciones, en Escuelas de Formación de Cuadros. Se trata de expandir y difundir el feminismo hasta los confines del país, como exige el Poder Popular, que ha escogido a los gobiernos bolivarianos que apoyan la participación de las mujeres en todos los niveles de la administración del Estado.

Las asociaciones de mujeres, las instituciones, los que impulsan la creación de las Comunas, los Consejos Comunales, los Comités de sectores, no han hecho más que empezar en la construcción de un país socialista y feminista. Pero están seguros de que este es el camino y solamente permitiéndoles que lo recorran en paz, impidiendo que el fascismo arrase con lo alcanzado, como sabemos bien en España que puede hacerlo, sabremos dentro de un tiempo si estaban en lo cierto.

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México: Políticas de seguridad con visión de género, piden académicas

Anaiz Zamora Márquez

Cimacnoticias La seguridad es un concepto que debe ser analizado y estudiado a la luz de nuevas definiciones que incluyan una visión de género y Derechos Humanos (DH), pues generalmente se diseñan e implementan políticas públicas en la materia lejos de la ciudadanía, especialmente de las mujeres.

A fin de discutir sobre los conceptos, teorías y proponer políticas públicas entorno a la seguridad, se lleva a cabo del 18 al 20 de agosto en la Torre de Humanidades de Ciudad Universitaria el seminario “Seguridad, Género y Derechos Humanos”.

Al inaugurar el evento, la doctora en Sociología Oliva Tena Guerrero explicó que la seguridad es un derecho y al mismo tiempo una condición ineludible para la libertad y autonomía de las mujeres: “Las mujeres no somos libres de caminar libremente sin el temor de ser agredidas en cualquier momento”.

Abundó que generalmente se tiende a pensar la seguridad en dos grandes ámbitos: pública y doméstica, y se plantean medidas para prevenir agresiones o violencia de manera separada en los espacios, pero es en medio de estos dos lugares donde las mujeres están más vulnerables.

Para Tena Guerrero es primordial que encuentros como el seminario –en el que participan estudiantes de diversos ámbitos académicos, especialistas en seguridad ciudadana y grupos civiles– continúen celebrándose, pues México pasa por un momento en el cual se piensa que la seguridad es sólo responsabilidad del Estado y se excluye a la ciudadanía.

A lo que se suma que no se está incorporando la mirada de la academia para formular estrategias de seguridad, como es el caso de la nueva gendarmería próxima a entrar en operaciones.

La también catedrática del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (Ceiich) de la UNAM resaltó que hay tres tipos de seguridad: ciudadana, humana y democrática.

La seguridad democrática busca preservar el Estado de Derecho y fortalecer las instituciones, mientras que la seguridad ciudadana pone énfasis en la ciudadanía y sus necesidades, y finalmente la seguridad humana amplía ese Estado de Derecho a gozar no sólo de integridad física, sino de una vigencia completa de derechos que garantice a las personas todas las condiciones para su completo desarrollo.

Andrea Daverio, catedrática de la Universidad Nacional de Lanús, en Argentina (UNLA), sostuvo que es urgente que dentro del planteamiento y ejecución de políticas públicas de seguridad se piense a las mujeres como sujetas de derechos y no como agentes que hay que proteger, además de que se consideren aspectos como la etnia o la forma en la que viven la sexualidad las mujeres y que impacta en la seguridad humana.

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Entrevista a Lidia Falcón...

miércoles, agosto 13, 2014


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MinMujer debatió junto a alcaldías bolivarianas propuestas para transversalizar políticas de género regionales

lunes, agosto 04, 2014

MinMujer La ministra del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, Andreína Tarazón, condujo este viernes desde el salón Vuelvan Caras del Circulo Militar en Caracas, el Encuentro Nacional con alcaldes y alcaldesas bolivarianas en el marco de las Asambleas de la municipalización del Plan para la Igualdad y la Equidad de Género “Mamá Rosa” 2013-2019.

Tarazón detalló que “este proceso es un plan sectorial y de planificación estratégica para que junto a las alcaldías revolucionarios asumamos y profundicemos el legado del Comandante Supremo Hugo Chávez en cuanto a políticas de igualdad y equidad de género se refiere”.

De igual forma, la ministra acotó que se está trabajando en conjunto con el Gobierno Nacional para concretar las metas y objetivos en la creación de institutos municipales de la mujer, defensorías de la mujer, centros de atención ginecológica y sobre todo el impulso en la conformación de los Comités de Mujer e Igualdad de Género en los consejos comunales y comunas en cada estado.

“Uno de nuestras principales luchas es la batalla contra la feminización de la pobreza, creemos que este es un espacio idóneo para seguir dando la batalla en lo económico, en lo político y en lo social con mayor eficiencia y efectividad” destacó.

Resaltó además que uno de los objetivos primordiales es priorizar la atención y prevención en la violencia de género así como en el área de la salud a través de la creación de los Centros de Atención y Formación Integral para la Mujer, proyecto bandera en este segundo semestre a través del Plan Mama Rosa y los Institutos de la Mujer.

Durante su participación, Cruz Ojeda, alcaldesa del municipio “José Gregorio Monagas” del estado Anzoátegui destacó que “las mujeres hemos sido tomada en cuenta gracias a la revolución impulsada por el presidente Chávez en todos los cargos y ámbitos importantes del país”. Coincidió que diversos participantes en que es fundamental el impulso que desde las alcaldías se le brinde a las políticas de protección a la mujer a fin de consolidar la equidad y el respeto hacia la mujer.

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Consejo Presidencial de Mujeres garantizará mayor participación femenina

MinMujer Con miras a constituirse el Consejo Presidencial del Poder Popular de Mujeres a nivel nacional de la mano del primer mandatario, Nicolás Maduro Moros, se realizó la tercera Asamblea Nacional del Consejo Consultivo del Poder Popular de las Mujeres y la Igualdad de Género con la participación de más de 250 mujeres de diferentes estados del país, en el Salón Venezuela del Circulo Militar, Caracas.

La ministra del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género (MinMujer), Andreína Tarazón detalló que “este es un encuentro para diagnosticar y articular políticas públicas entre el MinMujer y los movimientos de mujeres a nivel nacional en aras de conformar los consejos presidenciales que serán instancias de coordinación entre las organizaciones de mujeres del país y el Gobierno Bolivariano”.

En este mismo sentido la Ministra Tarazón refirió la importancia de la participación de las féminas en distintos sectores y espacios de organización popular; enfatizó que “los movimientos feministas, al igual que en otros sectores sociales, se deben realizar debates para garantizar la unidad de las mujeres venezolanas en una plataforma política y orgánica que permita avanzar en las principales banderas de lucha de este sector”.

“El presidente Nicolás maduro se ha declarado feminista y trabaja en pro del beneficio de las mujeres” acotó.

De igual forma expresó que se hará seguimiento a los avances y acuerdos para transversalizar el enfoque feminista y de género en distintos programas y políticas de las Instituciones del estado.

Por su parte la diputada a la Asamblea Nacional por el estado Vargas, Gladys Requena, señaló que “hemos venido trabajando el plan de la Patria desde la perspectiva feminista; las mujeres tenemos el desafío de adquirir y desarrollar las herramientas para nuestro empoderamiento social y económico”.

Vale resaltar que con la creación del Consejo Consultivo del Poder Popular de las Mujeres se consolidarán los fines establecidos para darle el poder al pueblo, como el impulso del fortalecimiento de la organización del pueblo, en función de consolidar la democracia protagónica revolucionaria y construir las bases de la sociedad socialista, democrática, de derecho y de justicia.

De igual forma se busca que se generen las condiciones para garantizar la iniciativa popular en el ejercicio de la gestión pública y se fortalezca la cultura de la participación en los asuntos públicos para garantizar el ejercicio de la soberanía popular.

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Chile: Entrevista a Gilda Luongo, escritora, crítica e investigadora feminista. Integrante de la Coordinadora Feministas en Lucha

Ainara Valles

El ciudadano ¿Por qué es necesario el aborto libre seguro y gratuito en Chile ?

Nombrar la lucha por el aborto como libre, seguro y gratuito implica otorgarle especificidad a la demanda de las mujeres feministas. Este modo de nombrar, -adjetivar-, implica una radicalidad no menor en nuestra sociedad conservadora y androcéntrica. La tiranía de la maternidad es una de las cadenas con las cuales las mujeres hemos tenido que lidiar en la construcción de nuestras subjetividades, es por esta razón que las palabras que singularizan nuestras luchas resultan tan pertinentes. Por lo tanto, aborto libre significa que las mujeres, y los hombres, puedan decidir llevar a cabo esta práctica cultural sin presiones, mandatos ni censuras morales, religiosas o penales. Esto conlleva remover los signos genéricamente marcados respecto de la reproducción encarnada, tiránicamente, como definición de “la mujer = madre”. Implica, por ende, que las mujeres decidamos respecto de la continuidad o interrupción de un embarazo no importando las condiciones en que este haya ocurrido, porque nuestro cuerpo ha sido, es y será nuestro primer territorio de ciudadanía. Dados los mandatos y corsé de género sexuales esta construcción conlleva el devenir de subjetividades femeninas en tensión inevitable y, en consecuencia, el posicionamientio político se hace impostergable. Aborto seguro , significa que dicha práctica pueda llevarse a cabo en condiciones dignas en términos de salud física y psicológica. Esto quiere decir que ninguna mujer corra riesgo de muerte o de infertilidad al enfrentarse a esta decisión; asimismo, implica que sea posible vivir dicha experiencia sin que genere enjuiciamientos valóricos ni morales de ninguna especie hacia quienes la lleven a cabo, por lo tanto la culpa -de raigambre católica- quedaría absolutamente fuera de lugar. Aborto gratuito implica concebir la posibilidad de que todas las mujeres, de cualquier estrato social, de cualquier origen cultural, étnico, racial, sexual, etario, en cualquier circunstancia, puedan tener acceso a dicha intervención sin que necesiten pagar dinero por ella. Sabemos de sobra que la experiencia abortiva marca los cuerpos de las mujeres marginales y pobres, quienes no disponen de dinero para llevarlos a cabo en clínicas privadas. “Sólo las mujeres pobres mueren por aborto en Chile”, reza uno de los lemas de nuestra lucha. Esta violencia de clase se trama con la violencia de género, y otras singularidades que puedan estar tallando según las especificidades y contextos de las mujeres en nuestras anchas diferencias.

En segundo lugar, si opinas que la biopolítica, como método de gestión de control del poder político sobre los procesos biológicos sociales, pesa en las restricciones sobre el aborto en Chile.

Respuesta: Por supuesto que la cuestión de la biopolítica puede ser un foco para revisar y analizar lo que ocurre con el aborto en nuestras sociedades. Si consideramos que la biopolítica está tramada con la noción de biopoder, Foucault mediante, no cabe duda de que en las cuestiones relativas a la noción de “vida” humana se trenzan hegemonías políticas, económicas y eclesiásticas. Así se ha llegado a definir a las mujeres como las reproductoras de la vida humana por “naturaleza”. Definición cómoda para justificar las más aberrantes decisiones que tienen que ver con las nociones de desarrollo y progreso en estos contextos golablizados. Por ello hemos sido clausuradas en nuestra condición de sujetos que deciden y optan de modo libre para perpetuar o no la vida humana. La mayor defensa que hace la clase política-económica conservadora en Chile, en contextos de disputa por el aborto, es la defensa de la vida, como si ella fuera sólo terreno divino, intocado por las experiencias sociales, culturales, singularizadas en el mundo. En ello hay un claro planteamiento ideológico que no es inocente en modo alguno dado que se sustenta en el control de los cuerpos de las mujeres para poder solventar proyectos de mundo humano patriarcal, la mayor de las veces, depredador-explotador de lo humano en su impulso terso-capitalista devorador. Somos nosotras las que experimentamos los procesos biológicos que implican la maternidad o la no maternidad, por lo tanto nuestra palabra, sobre todo la palabra feminista, amerita ser considerada dado que hemos hecho una labor crítica y analítica que abre las sospechas respecto de lo que se establece como “naturaleza” de modo conveniente para los poderes de turno y sus hegemonías. Por esta razón es posible y deseable dar la lucha feminista para transformar y alterar estas violencias simbólicas. Las mujeres experimentamos la incardinación de estas disputas por el aborto. Para nosotras este hecho no sólo compromete la vida orgánica, los procesos biológicos sino también las experiencias intrapsíquicas, parte fundamental de la salud integral de las mujeres. ¿Cuántas mujeres, madres, han quedado embarazadas en circunstancias de violencia sexual y de género? ¿Cuántas mujeres, madres, llegan a serlo sin haber experimentado orgasmo o placer sexual? ¿Cuántas mujeres no desean en modo alguno experimentar la carga de la producción afectivo-sexual, como denominamos las feministas a la experiencia maternal- y son violentadas por manifestar esta opción? ¿Cuántas mujeres no se sienten preparadas para experimentar la complejidad física y psíquica que conlleva el vínculo maternal? ¿Cuántas mujeres desean una vida sexual placentera sin la necesidad de pensar en la maternidad como consecuencia de estas experiencias? ¿Cuántas mujeres rechazan el mandato patriarcal religioso y conservador del sistema sexo-género que idealiza/santifica la experiencia de la maternidad convirtiéndola en una trampa y en una ficción para las mujeres de carne y hueso?

Por último, me gustaría saber si opinas que el tema de la despenalización debería enfocarse como un problema social de clases, ya que realmente para las mujeres con posibilidades económicas no supone un inconveniente real el hecho de que sea legal o no.

Las feministas radicales en Chile hemos enfatizado con fuerza el cruce de la diferencia de clase con la diferencia sexual para todas nuestras luchas, demandas y revueltas: educación, trabajo, disidencia sexual, diferencia generacional, entre otras. La feminización de la pobreza en diversos ámbitos es una de nuestras plataformas de lucha. Sería una ceguera no considerar que la despenalización del aborto vendría a ser un avance considerable y concreto para las mujeres de estratos socio-económicos precarizados. Sin lugar a dudas el aborto es un problema de diferencia sexual y de diferencia de clase social. La despenalización favorecería, además, que las mujeres dejáramos de ser víctimas de violencia en los ámbitos de la salud. Son incontables las experiencias de mujeres que son maltratadas cuando llegan a los servicios de salud con síntomas de haberse realizado aborto. Pareciera que en nuestra sociedad clasista y ocultamente racista, los cambios culturales y sociales fueran de una magnitud enorme: tanto prejuicio y conservadurismo social. Por eso es que las feministas no cejaremos en nuestras luchas de diversa índole y estaremos atentas y alertas para responder con nuestros movimientos a las coyunturas sobre el aborto hoy en Chile, álgido y urgente ámbito para nuestras libertades y soberanías. ¡Aborto libre, seguro y gratuito!

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Las marchas por el aborto libre, seguro y gratuito en Chile

Gilda Luongo

La Haine El viernes 25 de julio se sintió nuevamente el sonido potente de nuestro paso feminista abriendo con porfía La Alameda (Avenida principal de Santiago). Esta convocatoria pretendía insistir en el tono de la realizada el 25 de julio del a?o 2013. Ese a?o marcamos un hito en este país. Nunca antes una convocatoria por el aborto había sido tan numerosa (5.000 personas) ni tan marcadora de una presencia insoslayable: el ejercicio de poder ciudadano de los movimientos sociales de la diferencia sexual.

En ese entonces éramos un grupo que se aglutinó en lo que llamamos ¿Movimiento por el aborto libre, seguro y gratuito?. La diversidad ancha nos unió para manifestarnos en el contexto del caso de una ni?a de once a?os de edad, Belén, que había resultado embarazada luego de sufrir violaciones reiteradas de su padrastro. Pero no nos quedamos allí. Ese gesto indignante, aberrante, nos impulsó a ir más allá. A comienzos de este a?o formamos la Coordinadora Feministas en Lucha, una agrupación que intenta unir la diversidad de más de cuarenta organizaciones feministas chilenas. En este marco nacimos al a?o 2014 con la conmemoración del 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres, en una multitudinaria marcha por la capital así como en regiones; la del 25 de este mes de julio resulta ser una continuidad de este brío: una manifestación vigorosa por el aborto libre, seguro y gratuito, en el centro de la capital.

El nudo central de nuestras complicidades resulta ser el feminismo. Esta adscripción, en su amplitud, sostiene nuestros bríos y furores en lucha para la transformación de todo aquello que este sistema sexo-género capitalista, depredador y patriarcal nos impone como normativa carcelaria. Nuestro impulso es político y nos situamos desde la resistencia a los mandatos que nos sujetan en nuestro potencial libertario y soberano de nuestros cuerpos y sue?os de cambio desde las diferencias sociales y culturales múltiples.

Más de 3.000 personas nos encontramos para marchar desde Plaza Italia hasta Plaza Los Héroes. Entre los diversos colectivos y organizaciones, se encontraba la FECH (Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile) y la ACES (Agrupación de Estudiantes Secundarios) quienes se sumaron para expresar su radical anhelo de que en este país, uno de los cinco con prohibición total del aborto, logremos sensibilizar, visibilizar y por ende cambiar el cerco opresor y criminalizador de esta práctica cultural milenaria de las mujeres.

Sostengo que el enorme contingente policial que acompa?ó la marcha devela el temor que produce esta iniciativa ciudadana. Se suma a este miedo el hecho fortuito, ocurrido el a?o pasado, ante el cerco policial que impidió nuestro paso por La Alameda. L@s manifestantes tomamos la dirección hacia la Catedral de Santiago e irrumpimos en una ceremonia de celebración eclesiástica en honor al patrono de la ciudad, San Santiago.

Nada podía ser mejor para nuestro impulso batallador: el encuentro cara a cara con una de las hegemonías más poderosas de este país: la Iglesia Católica y sus mandatos religiosos respecto de la sexualidad y sus constricciones pecaminosas hacia los y las sujet@s sexuad@s. Esta huella quedaría clavada, como aguja, en la retina de las autoridades gubernamentales, eclesiásticas y policiales. Constituyó un punto de inflexión para obtener el permiso otorgado para marchar esta vez (permiso que cautela todas las manifestaciones sociales en Chile). Sin embargo, logramos fuerza en nuestra contra-argumentación frente a las autoridades amenazantes.

No es fácil construir ciudadanía en este país. No es fácil estar prestas a resistir los embates de las lógicas amedrentadoras que pesan sobre los ejercicios democráticos y sus intentos. Chile NO es un país democrático. El aborto prohibido en todas sus formas es una herencia de la Dictadura Militar que sujetó durante 18 años a los ciudadanos y ciudadanas habitantes de este territorio. La Constitución que nos rige es aquella manchada con la sangre de l@s fusilad@s, torturad@s y desaparecid@s en el Chile dictatorial.

Durante el trayecto de la marcha, los medios de comunicación insistieron en interrogarnos acerca de las razones por las cuales nuestro movimiento encuentra insuficiente el proyecto de ley que pretende legislar sobre el aborto terapéutico en base a las tres causales en Chile: riesgo de la vida de la madre, violación, inviabilidad fetal extrauterina. Dicho proyecto ha sido planteado por los adherentes al gobierno de la presidenta Michele Bachelet y para nuestra agrupación constituye una plataforma reformista que se inscribe en las lógicas consensuales de la política tradicional y conservadora.

Los consensos siempre instituyen una afuera, ese afuera resulta conveniente para quedar en buen pie ante la ley. Las mujeres estamos en situación de interdictas a razón de esta misma ley que prohíbe el aborto en cualquier circunstancia y para todas las mujeres. Si estamos fuera de la ley, queremos ir más allá y radicalizar esta expulsión develando el modo vergonzoso en que ella se permite dictaminar respecto de lo que se ve, lo que se escucha, de lo que cuenta o no cuenta como vida vivible. ?Cómo es posible que ello ocurra en un estado que pertenece a la OCDE, que dice manejarse entre los estándares económicos exitosos en el concierto internacional, un país que se ha cubierto de eslóganes exitistas para figurar en el panorama mundial, un estado gobernado, por segunda vez, por una mujer? Si nuestros cuerpos e integridades como sujetos mujeres no importan, entonces ?por qué insistir en santificar la maternidad como lugar de naturaleza intocada de las mujeres?

Nosotras reiteramos: ninguna mujer es madre por naturaleza. Llegamos a serlo en condiciones subjetivas e intra-psíquicas siempre complejas y en contextos frágiles por ser mujeres del tercer mundo. Desde estas razones y otras tantas, seguiremos marchando y manifestándonos, de diverso modo, en lo público por el aborto libre, seguro y gratuito porque estamos conscientes de que el panorama político chileno de corte conservador, androcéntrico y capitalista continuará negándonos la condición plena de sujet@s libres y soberan@s.

* Gilda Luongo es investigadora feminista, integrante la de Coordinadora Feministas en Lucha.
CALPU

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¡Caña con ruda y feminismos de Nuestra América!

Laura Salomé Canteros

La Haine El Día de la Pachamama es un día de agradecimiento en el que se realizan diferentes actos donde se le da a la Madre Tierra distintos tipos de ofrendas –comidas, bebidas y hojas de coca- para que Ella nos siga dando todo lo que necesitamos. Cada primero de agosto, cuando el invierno comienza a dejarle paso a la primavera, cuando se da inicio a la siembra y a la cosecha, se realiza el rito de tomar caña con ruda, ya que dicen, esto protege contra el mal de ojo y la mala suerte para todo el año.

La Pachamama, o Madre Tierra, es la diosa femenina de la tierra y la fertilidad, una divinidad agrícola benigna concebida como la madre que nutre, protege y sustenta a los seres humanos. En la tradición incaica es la deidad de la agricultura comunal, la más popular de las creencias que aún sobrevive con fuerza en las provincias del noroeste argentino.

Pero no solo las manifestaciones de agradecimiento se heredan. También las luchas y las resistencias de cinco siglos de discriminación, invisibilización, violencia y represión hacia las naciones originarias de Nuestra América. La Tierra amenazada, las mujeres violentadas; la Pacha arrasada, hoy desierta y transgénica; las tradiciones feministas comunitarias olvidadas; un capitalismo neoliberal foráneo, impiadoso, individualista y represivo; y el colonialismo religioso que condena a las luchadoras a vivir una eterna resistencia para la liberación de sus cuerpos. Un heteropatriarcado rabioso, controlador de los saberes, de las expresiones, de los sentires y los deseos. Una academia silenciosa que poco nos enseña a alejarnos de las teorías y las praxis de quienes dominan y no quieren perder sus privilegios; una Pacha ansiosa, que espera recuperar tanta paz, tanto amor y tanta libertad perdidas.

Feminismos desde Abya Yala

Como relata Francesa Gargallo en el prólogo de su libro Feminismos desde Abya Yala, leer, editar y publicar los diálogos que tuvo durante un viaje extenso con diferentes mujeres representativas de los pensares y los sentires de naciones nuestroamericanas, la acercaron a “los feminismos”; este libro “ratificó la urgencia de denunciar la discriminación implícita en los modos de categorizar, definir y demarcar la importancia de una idea o una acción que aprendimos en nuestras universidades, muchas veces públicas, cuando no progresistas. Así como la obligación de reconocer la producción de ideas políticas de liberación de las mujeres”.

Atenta a los procesos de invisibilización de las culturas, Gargallo dice que “como feminista, el otro es alguien que me interesa porque es yo y es nosotras”, diciendo que “las mujeres de Abya Yala –o Nuestra América- construyen modernidades alternativas al colonialismo europeo y la victimización de las colonizadas a la que las relegan las feministas blancas. Sus feminismos, (…), tejen respuestas a los patriarcados que no son necesariamente individualistas, donde lo colectivo y lo personal no se disocian”.

La liberación de la Madre Tierra

Uno de los relatos que recupera Gargallo es el de Aida Quilcue, integrante del Consejo Regional Indígena del Cauca, Colombia, quien expresa que “la Madre Tierra es la mujer de origen. Concebida como mujer, la Madre Tierra contiene la integralidad del Universo. Por ella, la mujer es considerada origen de la vida y transmisora del conocimiento, la que ha preservado todas las prácticas culturales, haciendo que perviva el pueblo nasa”. Relata la dirigente que “de los 102 pueblos de Colombia, 35 (se encuentran) en vías de extinción porque quedan una o dos personas, (allí) el papel de las mujeres ha sido fundamental en la orientación de los procesos organizativos y en la resistencia civil por medio de la espiritualidad propia”.

Para Quilcue una de las estrategias más utilizadas para reducir a los pueblos “fue la invasión ideológica cuya herramienta fue la religión católica, donde los sacerdotes decían que la mujer debe someterse al hombre, creando el machismo como ideología impuesta. Este machismo rompe (…) con nuestra espiritualidad que los curas denunciaron como brujería cuando descalificaron a las mujeres”. Insta a las mujeres a recuperar “nuestro papel en la espiritualidad y por lo tanto en la medicina y la salud propia” y denuncia a los estados y a las religiones diciendo que “cuando un pueblo indígena reivindica sus derechos es terrorista”.

“La liberación de la Madre Tierra es la base de la Ley de Origen. Esta significa también la liberación de las mujeres, que están en riesgo por los actos violatorios de las transnacionales (…) protegernos como mujeres es proteger a la Madre Tierra, proteger la vida, garantizar la permanencia como pueblos milenarios con la orientación de nuestras autoridades espirituales y autoridades terrenales. Nos corresponde hoy a las mujeres salvar la tierra. Tenemos esa gran responsabilidad, no podemos aceptar ser marginadas”.

Ser aymara, feminista y lesbiana

Julieta Paredes es una feminista autónoma y comunitaria; boliviana, aymara y lesbiana. Según Gargallo, su testimonio es fundamental dentro de las experiencias de organización política nuestroamericana ya que sostiene desde el trabajo de las asambleas indígenas que la mitad de todos los pueblos son mujeres y que los cuerpos son elementos de identidad y de afirmación política. “El solo hecho de pensarme como una mujer aymara de barrio, calladita y sumisa a lo que diga mi entorno, lesbiana que a diario tendría que ocultar mi deseo y amor por las mujeres, sería un suplicio. El feminismo le dio a mi vida y mi pensamiento alas de cóndor y cimas de montañas, elementos desde donde miro mi tiempo, mi pueblo, mi historia”.

Paredes forma parte de una corriente de feministas que no se rinde ante hegemonías que muchas veces se pretenden blancas y eurocentristas, “si el feminismo fuera una palabra que solo tuviera significado para las mujeres en el norte, y si feminismo fuera una acción inventada por ellas, entonces Mujeres Creando, creo yo, no sería feminista. Seguiríamos la raíz de la lucha de las mujeres de nuestras tierras, que sin duda daría también hermosos frutos de conceptualizaciones y prácticas por la vida”. Y concluye “el feminismo no es una teoría más, es una teoría, una concepción, una cosmovisión, una filosofía, una política, que nace desde las mujeres más rebeldes ante el patriarcado (…). La base de existencia de la que viene el feminismo son las mujeres pensándonos y sintiéndonos a nosotras mismas y pensando y sintiendo a los otros, a las otras, y a naturaleza también”.

Desde abajo y a la izquierda

Por su parte, para la antropóloga e historiadora mejicana Sylvia Marcos, renombrada por Francesca Gargallo en Feminismos…, la marginalización en las escuelas, en el conjunto de la sociedad y aun en los movimientos de mujeres de la presencia indígena forma parte de un proceso de invisibilización que responde a una necesidad de obviar las alternativas al saber que avala el statu quo heredado de la colonia. Considera que para que esto cambia se debe comenzar por cuestionar la centralidad de Occidente para el feminismo nuestro americano, “el capitalismo, especialmente en su vertiente neoliberal que absolutiza el libre mercado y requiere la explotación voraz de la naturaleza sin controles ni regulaciones constituye otro frente en que las demandas feministas deben de enmarcarse. Hasta el levantamiento zapatista en enero de 1994, las demandas referentes a derechos de los pueblos indios y las críticas a su situación de explotación y marginación estuvieron virtualmente ausentes de los movimientos sociales mejicanos, por lo que la discriminación y el racismo han sido integrados al contexto socio- cultural y económico del país”.

Por eso, “rescatar la tradición intelectual feminista, desde ´abajo y a la izquierda´, implica mucho más que elaborar un análisis feminista utilizando las referencias y criterios epistemológicos establecidos. Se requiere de una epistemología feminista descolonizada”.

Laura Salomé Canteros es editora de Géneros de la revista Marcha.org.ar

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Gaza: el genocidio y sus (sin)razones

sábado, julio 26, 2014

Atilio Boron

La haine En medio del espanto y del baño de sangre que inunda Gaza se oye una voz, metálica, glacial. Pronuncia un soliloquio similar al que en su obra 'Enrique VI' William Shakespeare puso en boca de Ricardo, un ser deforme, monstruoso, pero aguijoneado por una ambición ilimitada y orgulloso de su villanía: Gaza: el genocidio y sus (sin) razones

"Soy el espíritu del estado de Israel. Sí, agredo, destruyo y asesino a mansalva: a niños, ancianos, mujeres, hombres. Porque en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias.

Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, el General Ibérico Saint Jean, dijo que ‘Primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos’. Nosotros invertimos esa secuencia y comenzamos por la población civil, gente cuyo crimen es vivir en Gaza.

En el proceso caerán centenares de inocentes, gente que simplemente trataba de sobrevivir en ese encierro nauseabundo; luego iremos por los tímidos, los indiferentes y después de este brutal y aleccionador escarmiento llegaremos a los colaboradores y los terroristas. Sé muy bien que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas puede ocasionarnos un rasguño, como lo demuestran las luctuosas estadísticas de nuestros periódicos ataques a las poblaciones palestinas.

Sus amenazas de destruir al estado de Israel son bravuconadas sin sentido porque no tienen la menor capacidad de llevarlas a la práctica. Pero nos son de enorme utilidad en la guerra psicológica y en la propaganda: nos sirven para aterrorizar a nuestra propia población y así obtener su consentimiento para el genocidio y nuestra política de ocupación militar de los territorios palestinos. Y también sirven para que Estados Unidos y los países europeos, embarcados en la ‘lucha contra el terrorismo’ nos faciliten todo tipo de armamentos y nos amparen políticamente.

En Gaza no me enfrento a ningún ejército, porque no le hemos permitido que lo tenga. Yo, en cambio, tengo uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnología bélica que me proporcionan mis protectores: Washington y las viejas potencias coloniales europeas, y la que he podido desarrollar, gracias a ellos, dentro de Israel. Tampoco tienen los palestinos una aviación para vigilar su espacio aéreo, y una flota que custodie su mar y sus playas.

Mis drones y helicópteros sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Hemos perfeccionado, con las nuevas tecnologías bélicas, lo que hizo Hitler en Guernica. Soy amo y señor de vidas y haciendas. Hago lo que quiero: puedo bombardear casas, escuelas, hospitales, lo que se me antoje.

Mis poderosos amigos (y, seamos honestos, cómplices de todos mis crímenes) convalidarán cualquier atrocidad que decida perpetrar. Ya lo hicieron antes, en innumerables ocasiones y no sólo con nosotros: lo harán conmigo cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia me ayuda: callaron desvergonzadamente durante la Shoá, el sistemático genocidio perpetrado contra los judíos por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el Papa Pío XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill.

Callarán también ante el genocidio que metódicamente y en etapas estoy realizando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso, genocidio. Como lo hacía Hitler cuando alguien de su tropa de ocupación era hecho prisionero o matado por los maquís de la resistencia francesa o los partisanos italianos: juntaban a diez o quince personas al azar, que tuvieran la desgracia de pasar por el lugar, y las ametrallaban en el acto, como escarmiento y como didáctica advertencia para que sus vecinos no cooperasen con los patriotas.

Nosotros ni siquiera esperamos que maten a uno de los nuestros para hacer lo mismo, y lo hacemos de modo más cobarde. Al menos los nazis veían los rostros de las víctimas cuyas vidas cegarían en un segundo; nosotros no, porque disparamos misiles desde aviones o navíos, o proyectiles desde nuestros tanques. Nos intranquiliza recordar que tanta crueldad, tanto horror, fue en vano. Seis millones de judíos sacrificados en los hornos crematorios y millones más que cayeron por toda Europa no fueron suficientes para evitar la derrota de Hitler. ¿Será diferente esta vez, será que ahora nuestro horror nos abrirá el camino a la victoria?

Eufórica por ver tanta sangre árabe derramada una de mis diputadas se fue de boca, y dijo lo que pienso: que hay que matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Desgraciadamente no todos en Israel piensan así; hay algunos judíos, románticos incurables, que creen que podemos convivir con los árabes y que la paz no sólo es posible sino necesaria.

Nos dicen que eso fue lo que hicimos por siglos. No entienden al mundo de hoy, mortalmente amenazado por el terrorismo islámico, y se dejan llevar por la nostalgia de una época definitivamente superada. No son pocos en Israel los que caen en este equívoco y nos preocupa que sus números estén creciendo.

Pero desde el gobierno trabajamos activamente para contrarrestar esa sensiblería pacifista y, para colmo, laica. ¡Laica, en un estado en el que para ser ciudadano se debe ser judío (y tenemos cerca de un 20 % de árabes, que han vivido por siglos en la región y no son ciudadanos) y dónde no existe el matrimonio civil, sólo el religioso! Para combatir estas actitudes contamos con los grandes medios de comunicación (de Israel y los de afuera) y nuestras escuelas le enseñan a nuestros niños a odiar a nuestros indeseables vecinos, una raza despreciable.

Para involucrarlos en nuestro esfuerzo militar los invitamos a que escriban mensajes de muerte en los misiles que, poco después, lanzaremos contra ese gentío amontonado en Gaza. Otros niños serán los que caerán muertos por esos misiles amorosamente dedicados por los nuestros.

No ignoro que con mis acciones arrojo un asqueroso escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judío, que arranca con los profetas bíblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud, Albert Einstein, Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Levy-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judíos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que sería muy largo nombrar aquí. Pero ese romanticismo ya no cuenta.

Dejamos de ser un pueblo perseguido y oprimido; ahora somos opresores y perseguidores. Duras palabras y frases se utilizan para calificar lo que estamos haciendo. Criminal cobardía, delito de lesa humanidad, por agredir con armas mortíferas a una población indefensa, día y noche, hora tras hora. Pero, ¿no merece acaso la misma calificación lo que hizo Estados Unidos al arrojar sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki? Y quién se lo reprocha? ¿Terrorismo de Estado?

Mejor digamos realpolitik, porque ¿desde cuándo a mis amigos y protectores de Occidente les ha preocupado el Terrorismo de Estado o las violaciones a los Derechos Humanos que cometen ellos mismos, un aliado, o un peón? Apoyaron por décadas a cuantos déspotas y tiranos poblaron esta tierra, siempre que fueran funcionales a sus intereses: a Saddam Hussein, al Sha de Persia, a Mubarak, a Alí, a Mobutu, a Osama Bin Laden, y, en Latinoamérica, a Videla, Pinochet, Geisel, Garrastazú, Stroessner, “Papá Doc” Duvallier, antes a Somoza, Trujillo, Batista y tantísimos más.

Asesinaron a centenares de líderes políticos antiimperialistas, y Obama lo sigue haciendo hoy, donde todos los martes decide quién de la lista de enemigos de Estados Unidos que le proporciona la NSA debe ser eliminado con un cohetazo disparado desde un dron o mediante una operación de comandos.

¿Por qué habrían de escandalizarse ante lo que está ocurriendo en Gaza? Además me necesitan como gendarme regional y base de operaciones militares y de espionaje en una región del mundo con tanto petróleo como Medio Oriente, y saben que para cumplir con esa misión no sólo no deben maniatarme sino que es preciso contar con su inquebrantable respaldo, lo que hasta ahora jamás me ha sido negado.

Sé también que estoy violando la legalidad internacional, que estoy desobedeciendo la resolución Nº 242, de Noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad me exige retirarme de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967.

Incumplí esa resolución durante casi medio siglo, sin tener que enfrentar sanciones de ningún tipo como las que arbitrariamente se le imponen a otros, o las que aplican a Cuba, a Venezuela, a Irán y, antes, a Irak después de la primera guerra del Golfo. ¿Razones de tanta tolerancia? Mis lobbistas en Estados Unidos son poderosísimos y tienen a la Casa Blanca, al Congreso y a la Justicia en un puño.

Según Norman Finkelstein (un mal judío, enemigo del estado de Israel) la ‘industria del holocausto’ goza de tal eficacia extorsiva que impide percibir que quienes ahora estamos produciendo un nuevo holocausto somos nosotros, los hijos y nietos de aquellos que lo padecieron bajo los nazis. Por eso pese a que las víctimas mortales en Gaza ya superan los 500 palestinos (contra 25 soldados de nuestro ejército, uno de los cuales fue muerto por error por nuestras propias fuerzas, según informara este lunes 22 de Julio a medio día el New York Times) el presidente Obama hizo un estúpido llamado a evitar que israelíes y palestinos quedasen atrapados en el ‘fuego cruzado’ de este enfrentamiento.

¡Pobre de él si hubiera dicho que aquí no hay ‘fuego cruzado’ ni enfrentamiento alguno sino una masacre indiscriminada de palestinos, una horrible ‘limpieza étnica’ practicada contra una población indefensa! ¡Nuestro lobby lo crucificaría en cuestión de horas! Ahora que nuestras tropas entraron en Gaza tendremos que sufrir algunas bajas, pero la desproporción seguirá siendo enorme.

Claro, no puedo evitar que me califiquen técnicamente como un “estado canalla”, porque así se denominan los que no acatan las resoluciones de la ONU y persisten en cometer crímenes de lesa humanidad. Pero como Estados Unidos y el Reino Unido son violadores seriales de las resoluciones de la ONU, y por lo tanto ‘estados canallas’ también ellos, sus gobiernos han sido invariablemente solidarios con Israel.

Más allá de la turbación que por momentos puedan ocasionar estas reflexiones necesitamos completar la tarea iniciada en 1948 y apoderarnos de la totalidad de los territorios palestinos: los iremos desplazando periódicamente, aterrorizándolos, empujándolos fuera de sus tierras ancestrales, convirtiéndolos en eternos ocupantes de infectos campos de refugiados en Jordania, en Siria, en Irak, en Egipto, donde sea. Y si se resisten los aniquilaremos.

Podemos hacer eso por nuestra apabullante fuerza militar, el apoyo político de Occidente y la degradación y putrefacción de los corruptos y reaccionarios gobiernos del mundo árabe, que como era previsible (y así nos lo habían asegurado nuestros amigos en Washington y Londres) no les importa en lo más mínimo la suerte de los palestinos. A tal extremo llega nuestra barbarie que inclusive un amigo nuestro, Mario Vargas Llosa, se escandalizó cuando en 2005 visitó Gaza y nos sorprendió con unas críticas de insólita ferocidad.

Llegó a decir, por ejemplo, que ‘me pregunto si algún país en el mundo hubiera podido progresar y modernizarse en las condiciones atroces de existencia de la gente de Gaza. Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí … Yo lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya.

Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz.

Por el contrario, los cadáveres y ríos de sangre de estos días sólo servirán para alejarla y levantar nuevos obstáculos y sembrar más resentimiento y rabia en el camino de la negociación.’ [1] Pero nada de lo que diga Vargas Llosa, y tantos otros, nos hará mella: somos el pueblo elegido por Dios (aunque los ilusos estadounidenses también creen en eso), una raza superior y los árabes son una pestilencia que debe ser removida de la faz de la tierra.

Por eso construimos ese gigantesco muro en Cisjordania, peor aún del que erigieran en Berlín y que fuera apropiadamente caracterizado como el ‘muro de la infamia’. Nuestros lobbies han sido muy eficaces en invisibilizar esta monstruosidad y nadie habla de nuestro ‘muro de la infamia’. Reconozco que nuestra traición a los ideales del judaísmo nos inquieta.

No era esto lo que querían los padres fundadores. Nos hemos convertido en una máquina de usurpación y despojo colonial que ya no guarda ninguna relación con nuestra venerable tradición cultural. Algunos dicen que Israel es al judaísmo como Hitler lo era al cristianismo. Por eso es que a veces nuestro sueño se perturba y las muertes y sufrimientos que hemos causado durante tantos años –y que para ser sinceros, comenzaron mucho antes de que naciera Hamas- nos acosan como el fantasma de Hamlet.

Pero retrocedemos horrorizados ante la posibilidad de una paz que no queremos porque perderíamos los territorios arrebatados durante tantos años, envalentonaríamos a la turbamulta árabe que nos rodea y le haríamos perder miles de millones de dólares a nuestros amigos del complejo militar-industrial estadounidense, que es el verdadero poder en ese país, y a sus socios israelíes que también lucran con este estado de hostilidades permanentes. Por eso seguiremos en esta guerra hasta el final, aun a riesgo de que esta actitud pueda desencadenar un cataclismo universal. El horror padecido bajo el nazismo justifica todo lo que estamos haciendo.”

[1] Mario Vargas Llosa, “Morir en Gaza”, El País (Madrid), 11 Enero 2009, en: http://elpais.com/diario/2009/01/11/opinion/1231628411_850215.html

La Haine

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"Historia de una desobediencia: Aborto y Feminismo", de Mabel Bellucci

viernes, julio 25, 2014

Gabriela Mitidieri

La haine ¿Cómo se hace para contar una historia de una lucha, de una desobediencia colectiva? ¿Cómo rastrear orígenes, dar cuenta de prácticas, cuando quienes llevaron adelante esas luchas lo hicieron movidas por una urgencia política de reclamo de autonomía de sus cuerpos, de sus vidas, sin ponerse a pensar en la trascendencia de sus estrategias? El libro de Mabel Bellucci 'Historia de una desobediencia: Aborto y Feminismo', es, en tal sentido, un mapa de ruta, un relato polifónico, des-academizado, que nos guía por distintos tiempos, lugares geográficos, espacios de militancia, trayectorias de vida. Representa una indagación en primera persona, pero en primera persona del plural: la genealogía de la contienda por el aborto que llevaron adelante feministas de distintas procedencias – entre las cuales se cuenta también ella- y las alianzas potentes con otros colectivos desobedientes que dinamizaron esa pugna en diferentes contextos y coyunturas.

Un primer elemento interesante que encontramos en este texto es que a lo largo de sus 600 páginas, la propia lucha reseñada representa una suerte de prisma a través del cual podemos observar una diversidad de prácticas feministas: los grupos de estudios, de reflexión, la puesta en circulación de escritos y obras, los modos que adopta la misma disputa, en las calles, en la academia, en el parlamento, en la prensa, las trayectorias maravillosas de vida de personajes emblemáticos, clave para pensar el devenir de la conquista por el aborto voluntario (Néstor Perlongher, María Elena Oddone, Tununa Mercado, Nora Ciapponi, Moira Soto, Dora Coledesky, Alfredo Bravo, Martha Rosenberg, entre otras y otros protagonistas), los momentos de encuentros y desencuentros entre feminismos, izquierdas y comunidad LGTB.

Si bien podemos postular que siempre hay algo de arbitrario en la formulación de genealogías, la propuesta de la autora da cuenta de una voluntad internacionalista, de diálogos fluidos, de la importancia de poner de relieve prácticas subterráneas y pensamientos disruptivos e inspiradores que nos anteceden. Los ocho apartados en los que se divide el libro son puertas de entrada desde distintos ángulos hacia la temática. En el primero nos encontramos con las experiencias de colectivas feministas de Estados Unidos, Francia e Italia en el marco de los explosivos años '60, mientras que en el segundo nuestro recorrido nos guía de vuelta hacia tierras locales en donde nos convertimos en testigxs deslumbradxs de las actividades tenaces de mujeres que eran a un tiempo viajeras, traductoras, editoras, imprenteras, en una incansable labor de circulación de los clásicos del feminismo que se acuñaban en el Norte.

Al avanzar un poco más llegamos a los años '70 y a la efervescencia política que atravesaba todos los ámbitos de Buenos Aires. Allí esta ensayista se permite abordar el modo en que las cuestiones de género, los derechos de las mujeres a su propio cuerpo y a decidir acerca de la maternidad, permearon (o no) a las organizaciones político-militares y a partidos de izquierda revolucionaria, con honrosas excepciones. También logra situar sobre la palestra a aquellas iniciativas que pasaron desapercibidas pero que dejaron huellas intrépidas en el camino como la que constituyó el “Grupo de Política Sexual”, de la mano de Néstor Perlongher, Osvaldo Baigorria, María Elena Oddone, Sara Torres, Hilda Rais, Marta Miguelez, Martín Sagrera Capdevila, entre otros lúcidos activistas.

El cuarto apartado apunta a un análisis de aquellas prácticas que, entre las penumbras de la dictadura militar, materializaron distintas mujeres con la mira puesta en continuar activando de la manera en que se pudiera. Desde grupos de concienciación y estudio en Buenos Aires (lo que la autora recupera con la noción de “insilio” o “el exilio interno”), hasta experiencias de intercambio y fortalecimiento en el exilio. Los siguientes nos transportan al regreso de la democracia, al aborto voluntario como tema de agenda política y a la constitución del movimiento de mujeres en nuestro país. La reconstrucción pormenorizada de la trayectoria y desempeño de la Comisión por el Derecho al Aborto y de una de sus figuras destacadas, Dora Coledesky, es un aporte valioso que realiza la autora como testigo-participante de este proceso.

En lo que sigue, rastrea las distintas iniciativas que desde entonces hasta el presente, se encargaron de cristalizar la conquista por el derecho a decidir soberanamente sobre los cuerpos. Estrategias, alianzas, despliegues de política en las calles, en las casas, en las camas y en numerosos y concurridísimos Encuentros Nacionales de Mujeres, pueblan las últimas páginas de dicha obra. El devenir potente de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, Seguro y Gratuito constituye un ejemplo sustantivo de estas exploraciones rizomáticas, como así también las novedades que significan el uso de misoprostol y la práctica politico-afectiva del movimiento socorrista. El último apartado “Testimonios Ineludibles”, condensa las palabras de la psicoanalista Martha Rosenberg, de la investigadora Alejandra Ciriza, de la periodista Dahiana Belfiori y del Colectivo Varones Antipatriarcales. Todxs ellxs activistas que aportan tanto sus miradas particulares como sus experiencias militantes y académicas para dar un cierre vivencial al recorrido propuesto por Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo.

Una nota aparte merece el aporte significativo que la autora llevó adelante en términos de puesta en valor de documentos históricos. Para quienes intentamos hacer historia de las mujeres o sobre diferentes sujetos subalternos invisibilizados por la “Gran Historia”, sabemos que la documentación con la que trabajamos muchas veces puede ser fragmentaria, dispersa, poco sistematizada. En este caso, cuando constatamos que la materia prima de la que se valió para componer este ensayo histórico fue desde los testimonios orales de compañeras de lucha, hasta revistas efímeras, panfletos, folletos, solicitadas garabateadas en reuniones, percibimos que hubo ahí un trabajo intenso de recopilación, revisión, catalogación de archivos personales que, sin duda, servirá para que futurxs investigadorxs del mismo modo puedan hacer sus propias indagaciones sobre la larga historia de esta ansiada demanda.

Por último, constituye también una investigación que invita a recuperar esos aprendizajes formativos que han sido tan característicos del feminismo en el que se fraguó la propia autora: los grupos de estudio, reflexión e intervención callejera, desobediencias y objeciones sexuales y de género que increpan y desmontan un orden opresivo. La autora nos habla de cuerpos que intentan sacudirse de un control biopolítico y que son entendidos como campo de batalla. Batallas contra la obligatoriedad de una maternidad no deseada, la apuesta por la construcción de un deseo diferente, un desobedecer a la heterosexualidad como régimen político. Desistir, decir basta.

Así, los nuevos feminismos -queer, antirracistas, trans- encontrarán sin duda en estas páginas, un insumo valioso para indagar en el pasado de esta disputa contra el heterocapitalismo. Para cruzar la contienda en las calles, con la lectura sobre la historia de nuestro movimiento, recuperar genealogías en las que sentirnos interpeladxs. Abrazar un feminismo, anticapitalista y antirracista que genere incomodidades. Cuestionar desde los márgenes a los centros de poder y a los discursos hegemónicos heteronormativos, blancos y occidentales. Y así, fortalecernos con las estrategias políticas de activistas históricas que hicieron camino al andar.

* Profesora de Historia – UBA
www.herramienta.com.ar

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Mujeres Sudamericanas con Solidaridad y Lucha junto al Pueblo Palestino

lunes, julio 21, 2014

Alba TV El colectivo de Mujeres de la CLOC-Vía Campesina Sudamérica conformada por delegadas de organizaciones de Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Argentina, Colombia, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, reunidas del 12 al 16 de Julio en la ciudad de Quito, denuncian al Estado Israelí y su aliado EE.UU, que en estas semanas han agudizado el expansionismo y el militarismo en su intento imperial de extinguir la liberación de Palestina, que no es otra cosa sino un genocidio contra un pueblo.

Las mujeres campesinas demandamos el respeto al principio de soberanía y el derecho de las campesinas y los campesinos palestinos, de vivir, producir y permanecer en su tierra y territorio. En ese sentido, haciendo eco de toda la comunidad internacional expresamos nuestra solidaridad frente a la invasión genocida y a las prácticas colonialistas que ejerce el Estado sionista de Israel, el cual ha demostrado ser un transgresor sistemático de los derechos humanos y de las resoluciones de las Naciones Unidas respecto a Palestina.

Palestina es hoy un símbolo de coraje, sabiduría y resistencia en su lucha por la tierra, por lo cual hacemos un llamado a movilizarnos en las embajadas y a hacer presión con los Estados para que se pronuncien a favor de Palestina, por la vida de hombres, mujeres y principalmente niñas y niños que cotidianamente están siendo asesinados por el sionismo.

Para vivir en un mundo con menos desilgualdad y paz, es necesario denunciar el atropello que sufren los pueblos del mundo y con más razón, el genocidio al que se somete al pueblo Palestino. Los movimientos sociales, populares del mundo tienen que alzar su voz de protesta frente a la masacre perpetrada en Palestina, viendo que los gobiernos de occidente en su mayoría callados son cómplices de este atropello.

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Reunión de mujeres campesinas de Sudamérica: Mujeres en lucha!

Vía Campesina Con una mística que resaltaba la importancia de la unidad y la fuerza de las mujeres del movimiento campesino, se dio inicio a la Reunión de Articulación de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina Sudamérica donde participan cerca de 30 delegadas de Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Argentina, Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador que se realiza del 12 al 16 de Julio en Quito.

Esta reunión orgánica tiene como objetivos: hacer un balance y evaluación de la IV Asamblea de Mujeres de la CLOC, dinamizar de funcionamiento de la articulación de mujeres en los países y región, y construir un plan de acción y fortalecer la mística en la articulación.

En Abril de 2015 la articulación de Mujeres realizará su V Asamblea Continental de Mujeres del Campo en el marco del VI Congreso de la CLOC – Vía Campesina en Argentina. Para Itelvina Masiolli, de la coordinación, estos espacios han ayudado a recrear formas de luchas, con orientaciones claras por un proceso de liberación en contra del patriarcado y el capital.

Durante esta reunión también se plantea profundizar en el Feminismo Campesino y Popular, trayendo elementos del proceso de construcción en los países, recuperando el debate y puntuando desafíos en la práctica. “Del feminismo que hablamos es un feminismo que plantea un otro modo de relacionarse con la vida y la naturaleza, enmarcado en un proyecto político. No es posible construir Soberanía Alimentaria en un modelo capitalista, ser feministas para nosotras es ser agroecologas, cuidar y defender la tierra, las semillas. Defender la vida que está en extinción con el capital”, afirmó Rosangela participante de Brasil.

La reunión de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina Sudamérica cerrará el próximo 16 de julio con una actividad de Solidaridad e Internacionalismo en el Porvenir, comunidad emblemática, de la lucha por la tierra ubicada al sur de Quito.

Fuente: Vía Campesina

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viernes, julio 11, 2014

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Violencia sexual y capitalismo: un círculo vicioso

miércoles, julio 09, 2014

Ángela Solano

La Hiedra Cuando hablamos de violencia sexista, tendemos a centrarnos en la violencia más visible, la física, y no es de extrañar. Según el Consejo de Europa, la violencia de género es la primera causa de invalidez y muerte para las europeas de entre 16 y 44 años. En el Estado español, 48 mujeres perdieron la vida a manos de su pareja en 2013; entre enero y marzo de 2014, ya han sido asesinadas 18. Sin embargo, existen muchos tipos de violencia contra las mujeres, aquí nos centramos en la violencia sexual.La violencia sexual hace referencia a cualquier acto que coaccione a otra persona para manifestar una determinada conducta sexual en contra de su voluntad. Puede ir desde el mal llamado piropo a la violación. Aunque en distinto grado, siempre se trata de presumir que el cuerpo femenino es un espacio que cualquiera puede tocar y del que puede opinarse libremente. Se trata de un reflejo del sexismo que las mujeres sufrimos a diario, una violencia que se ejerce contra nosotras en todos los ámbitos: el doméstico, el laboral y también en la calle. Cuando hablamos de “la cultura de la violación” (1), en realidad nos estamos refiriendo a esto. Podemos detectarla en canciones, películas y chistes; los medios de comunicación y la publicidad la normalizan, visualizando a una mujer objeto, complemento de su homólogo masculino, cuyo cuerpo hipersexualizado se expone públicamente como si de una invitación se tratara.

A menudo tenemos tan interiorizado este tipo de violencia que ni siquiera nos damos cuenta, pero su aceptación supone la banalización de la desigualdad entre hombres y mujeres, lo que conlleva que el foco se ponga demasiadas veces en la responsabilidad de estas últimas, culpabilizándonos en cierto grado de las agresiones sufridas. De hecho, las declaraciones de Michael Sanguinetti –policía que durante una conferencia en 2011 sobre seguridad civil en la Osgoode Hall Law School de Toronto sentenció que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no sufrir violencia sexual”– dieron lugar a la primera de las Marchas de las putas, organizadas en más de 60 ciudades del mundo para reclamar el derecho de las mujeres a vestirse como quieran sin sufrir agresiones sexuales por ello.

Pero el incremento de la violencia sexual también se relaciona con los cambios en la concepción de la sexualidad y de la posición de la mujer en la sociedad capitalista. El impacto del trabajo fuera del hogar, la disponibilidad de anticonceptivos o el aborto, unido a otras reivindicaciones feministas, ha proporcionado a las mujeres un mayor peso social y ha aumentado sus expectativas acerca del control de suscuerpos y sus vidas. Estos cambios han influido en la familia, disminuyendo su tamaño. Hoy es posible para hombres y mujeres experimentar relaciones personales y sexuales antes del matrimonio, hay algún tipo de educación sexual en las escuelas –aunque insuficiente y sesgada– y se reconoce a las mujeres como seres sexuales capaces de experimentar placer por sí mismas. Estas victorias fueron impulsadas por campañas políticas como el acceso al divorcio y al aborto, así como contra la criminalización de la homosexualidad, contra el maltrato y la violencia sexual. Las mujeres queremos ser tratadas en igualdad, con respeto y dignidad, y mantener relaciones personales satisfactorias. Sin embargo, los mensajes que se difunden desde los medios y la cultura dominante continúan retratándonos como objetos sexuales, siempre disponibles y accesibles para satisfacer a los hombres. La violencia sexual se recrudece cuando, en este contexto, las mujeres tenemos más poder y autonomía para decidir sobre nuestra sexualidad, cuestionando las antiguas formas de dominación.

Violencia y naturaleza humana

Debemos señalar que la violencia no es intrínseca a la naturaleza humana y que por lo tanto las relaciones entre hombres y mujeres tampoco han estado siempre regidas por la violencia y la desigualdad; sino que son susceptibles a los cambios sociales. Desde sus orígenes el ser humano ha sido un ser social. Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, señala las formas en las que la sociedad humana ha ido transformándose a partir de cambios cruciales en sus técnicas de producción. Para Engels, las sociedades cazadoras y recolectoras que había conocido estaban basadas en una división sexual del trabajo en la cual hombres y mujeres cooperaban para asegurar su existencia, pero la división del trabajo era igualitaria, concebida en función del hábitat y no dictada por el conjunto de los hombres, pues el trabajo de ambos sexos resultaba imprescindible para la supervivencia. También señala que estas sociedades eran de pequeño tamaño, todos se conocían dentro del grupo y no existían distinciones entre la esfera pública y la privada. De esta forma, promovían la socialización de hombres, mujeres, niñas y niños basándose en principios de cooperación libres de violencia interpersonal. La cooperación económica favorecía la cooperación social en todos los sentidos: entre ciertos grupos indios norteamericanos, el reconocimiento del derecho de las y los niños a elegir su rol de género era algo plenamente aceptado. Teorías similares sobre la socialización quedan recogidas por Eleanor Leacock en Myths of Male Dominance y por Colin Turnbull en The Wayward Servant.

Peggy Sanday (2) también afirma que los roles de género son culturales, no biológicos, y derivan de las circunstancias políticas e históricas en que las personas interactúan entre ellas y con el medio que les rodea. De otro modo no encontraríamos la variedad de formas en las que estos roles han sido repartidos entre distintas sociedades. Pero hace mucho que los seres humanos no inventamos nuevos caminos de una generación a otra. De hecho, estamos irremediablemente influidos por los patrones de nuestros padres y madres y siempre sentimos el peso de nuestra cultura e historia. Estos roles de género sólo cambian cuando la cultura es modificada por exigencias sociales o del medio en el que se desarrollan. En The State Formation in Sumer and the Subjugation of Women, Ruby Rohrlich habla de la consolidación de las clases sociales como un proceso simultáneo a la formación del Estado, la subordinación de la mujer a través de la familia y el fortalecimiento de todo ello mediante la Ley. La propia existencia de penalizaciones para las mujeres muestran que se resistieron a esta subordinación y que esa fuerza legal fue necesaria para acabar con su resistencia: si las mujeres siempre hubieran estado subordinadas a los hombres, estas sanciones no habrían sido necesarias.

Podemos concluir entonces que ni la violación ni la violencia contra las mujeres son premisas universales de la sociedad humana; tampoco son un producto de la biología masculina. La explotación de clase, la desigualdad y la violencia sistemática –incluyendo la violencia contra la mujer–, seguramente aparecieron de forma tardía en las sociedades humanas. Como afirma Chris Harman, “si hay una naturaleza humana biológica, sus características deben haberse definido en el presente período”.

Violación sexual: un concepto relativamente nuevo

La mayor expresión de violencia sexual la encontramos en la violación. Actualmente, la violación se concibe como una ofensa a la persona violada, hacia su autonomía, no hacia su padre o marido. La violación se produce cuando el cuerpo de una mujer es asaltado sin su consentimiento, sin posibilidad de contraatacar o demasiado atemorizada para negarse, e incluye también la posibilidad de la violación entre personas LGTBI o dentro del matrimonio; pero estas acepciones son muy recientes. La violación en el matrimonio no se reconoció como delito hasta 1990 y durante muchos años, médicos, abogados y jueces no estaban dispuestos a considerar la negativa de las mujeres durante una violación si no existían evidencias de violencia, algo que todavía a día de hoy se pone en tela de juicio.

Para llegar a esta definición, ha sido fundamental el desarrollo de tres cuestiones básicas: 1) la posibilidad de sufrir una violación dentro del matrimonio, 2) indicar qué personas son susceptibles de ser violadas y 3) los indicios necesarios parar probar la falta de consentimiento. La organización y manifestación activa de hombres y mujeres para cambiar el significado del consentimiento y ejercer presión sobre políticos, jueces y fuerzas policiales jugó un papel importante. Este reconocimiento refleja un crecimiento en los derechos de las mujeres y de las luchas para alcanzar un mayor grado de igualdad de la mujer ante la Ley. Pero aunque el capitalismo ha permitido un espacio para el surgimiento de los derechos del individuo –una autonomía relativa que se ha logrado por medio de las ideas de igualdad y libertad burguesas, condiciones necesarias para la aparición del concepto moderno de violación–, se halla muy lejos de erradicar la violencia sexual. Más bien al contrario, como veremos a continuación.

Hay dos tipos de violación que están directamente influidos por las condiciones de la sociedad capitalista: la violación dentro del matrimonio y la violación por parte de un extraño. Un dato llamativo es que sólo una minoría de las violaciones son cometidas por desconocidos, mientras que el 75% de los violadores pertenecen al entorno de la víctima (novios, citas, amantes, examantes o conocidos), según demuestra el estudio de Ruth Hall (3), Ask Any Woman. Por otra parte, la promoción del sexo como reafirmación de la virilidad, así como la inexperiencia en relaciones personales y sexuales, también juegan un papel importante. Muchos de esos productos difusores de la “cultura de la violación” de la que hablábamos al principio –ya sean televisivos, cinematográficos o incluso literarios– y que naturalizan la figura de la mujer objeto, van dirigidos a un público adolescente cuya principal fuente de información sobre sexualidad es a menudo la pornografía, industria que reproduce actitudes de dominación absoluta del hombre sobre la mujer, incluyendo en muchos casos violaciones reales o excediendo los términos del acuerdo previo, como han denunciado algunas actrices del sector.

En las violaciones por parte de un extraño suele existir un mayor índice de violencia, muchas incluso se producen en el transcurso de algún otro crimen. La delincuencia está claramente relacionada con las condiciones sociales: una sociedad basada en una distribución desigual de la riqueza favorece los crímenes de propiedad. Bajo el capitalismo, la mayoría de la población depende de su fuerza de trabajo para cubrir sus necesidades, si el salario es demasiado bajo o está desempleada, la única forma de satisfacer sus necesidades es robando o endeudándose. No sorprende que, en una sociedad que nos bombardea con imágenes de cuerpos femeninos y alienta a los hombres a reafirmarse a sí mismos mediante el sexo, una parte de ellos decida “robar” sexo. Llegado este punto podría sugerirse que las clases con menor poder adquisitivo son más vulnerables ante cualquier forma de crímenes violentos, incluida la violación.

Fue Susan Brownmiller (4) la primera en decir, en 1981, que la violación no es una conducta aislada de individuos inadaptados. Su teoría era que este “terror” funcionaba como un mecanismo para condicionar el comportamiento de las mujeres. Desde una perspectiva socialista, lo interesante de su afirmación reside en la desmitificación de la figura del violador en relación a un sector específico y marginal de la sociedad. El mayor mito de todos es creer que la violación es una aberración en extinción, heredada de las formas en las que los hombres se acercaban a las mujeres emocional, sexual y físicamente, y constreñida a un único sector de la sociedad. Pero si la violación por parte de un extraño es menos común que otras formas de violación, aunque se denuncie con mayor frecuencia, esto significa que la mayoría de las violaciones –que son las que se producen en un entorno conocido– no quedan registradas.

El hecho de que las mujeres se sientan más seguras para denunciar cuando se trata de un desconocido es lo que explica que las estadísticas basadas en informes policiales perfilen al violador como un hombre joven de clase baja, lo que a veces se traduce como persona inmigrante. También define a las víctimas. Según el estudio de Ruth Hall, dos de cada cinco mujeres negras entrevistadas en Gran Bretaña, fueron asaltadas por su etnia o su nacionalidad. Muchas de estas mujeres también se sienten “señaladas y marcadas con un estereotipo racista” como exóticas y sexuales. Al racismo y sus dificultades económicas se suma, en el caso de las inmigrantes sin papeles, el miedo a ser deportadas si acuden a la policía. Las mujeres de clase media y alta, en cambio, cuentan con una mayor seguridad para enfrentarse a este tipo de violaciones que las mujeres de clase trabajadora, dado por un lado su posición en la sociedad y por otro factores circunstanciales: los lugares que frecuentan no son los mismos, ni tampoco su uso del transporte público, sus horarios de trabajo, la ubicación de su residencia y similares. Por otra parte, Sharon Marcus asegura que “la habilidad de un violador para atacar depende más de cómo se posiciona socialmente en relación con la mujer que de su supuesta fuerza física superior”.

Mecanismos para abarcar la violencia sexual

Existe una importante contrapartida cuando se asume que la violación y la violencia son algo innato a la naturaleza masculina: el foco vuelve a colocarse sobre nosotras. A las chicas se les enseña a “tener cuidado”, pero no a defenderse. Así, desarrollamos un miedo y una incapacidad de respuesta que recuerda al síndrome de indefensión aprendida del que hablaba Seligman, convirtiéndonos en “víctimas potenciales”. Los hombres y la calle se convierten en amenazas, lo que consecuentemente limita la autonomía y la libertad sexual de las mujeres. Sin embargo, tal y como afirma la socióloga Lohitzune Zuloaga (5), “el miedo que sentimos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla”.

Por otro lado, la victimización resulta perjudicial para la recuperación de la persona que ha sufrido una agresión, traumatizándola y estigmatizándola a la vez. Sharon Marcus lamenta que, ante estas situaciones, se inste a las mujeres a no oponer resistencia, algo que también repercute en la autoestima, la seguridad y confianza. Según ella, dicho razonamiento convierte a las mujeres en “objetos de violencia y sujetos del temor”, y aporta datos acerca de que una resistencia activa frente al violador bloquea gran parte de las agresiones. Maitena Monroy (6) apoya esta reflexión: para ella, este tipo de mensajes “transmiten que la única solución a la violencia es que las mujeres dejen de hacer cosas, lo cual implica negar derechos como el de estar solas”. Según Monroy, nuestro objetivo debe ser que las mujeres adquiramos “la actitud vital de reclamar nuestro derecho a existir sin violencia”, refiriéndose a todas esas agresiones machistas que vivimos diariamente y que hacen que las mujeres caminemos más inseguras por las calles, haciéndonos más vulnerables y dependientes. Esto también significa analizar la forma en la que las mujeres ocupamos el espacio público, y para ello contempla la necesidad de identificar las agresiones a las que se enfrenta la población femenina en todos los ámbitos, buscar el origen de esa violencia y entonces armarse de recursos para enfrentarla.

Algunos sectores del feminismo explican la posición de las mujeres en base a una violencia masculina ejercida a nivel individual, pero esta aproximación oscurece lo que necesitamos explicar y reduce procesos muy complejos a la dimensión del comportamiento masculino. En lugar de contemplar la continuidad de la violencia sexual como el resultado de una falta de poder en la mayor parte de la población, indistintamente de su sexo, ciertas teorías atribuyen dicha permanencia al poder masculino. El resultado es dirigir la atención de las mujeres a combatir el sexismo en sus vidas personales sin llegar a combatirse con eficiencia las ideas de la clase dominante. Para lograr un cambio a nivel global, debemos atajar el problema de raíz, localizando el origen de la violencia sexual en el contexto de los cambios producidos en la sociedad capitalista y en la vida de las mujeres dentro de este sistema. Debemos desarrollar estrategias para luchar contra la opresión de la mujer en el plano individual, pero sobre todo colectivamente, buscando soluciones concretas a problemas concretos. Se trata de aunar fuerzas para superar una sociedad –la capitalistaque ha creado las condiciones para que se dé y se perpetúe dicha violencia.

Por todo esto, resulta imprescindible la organización y la solidaridad entre mujeres, pero también la implicación de nuestros compañeros a la hora de combatir la violencia sexista y cuestionar la concepción tradicional de los roles de género. Esta tarea no debe delimitarse únicamente a espacios feministas, sino que debemos manifestar nuestro rechazo a la violencia sexual de cualquier clase a diario y en todos aquellos ámbitos en los que intervenimos, especialmente el laboral. Pongamos en jaque al capitalismo, también a través de la igualdad.

Notas:

1 M., María, 2013: “La cultura de la violación”. Proyecto Kahlo, 1/08/2013. Disponible en: http://www.proyecto-kahlo.com/2013/08/la-cultura-de-la-violacion/

2 McGregor, Sheila, 1989: “Rape, pronography and capitalism”. International Socialism 2:45, Winter 1989, pp.3-31.

3 Mc Gregor, Sheila, 1989: op.cit.

4 Renton, David, 2013: “Three essays on violence: When did rape begin?”. http://livesrunning.wordpress.com/2013/10/08/when-did-rape-begin/ 8/10/2013.

5 Fernández, June, 2013: “No vayas sola, te puede pasar algo”, eldiario.es, 13/10/2013.

6 Goti, Nerea, 2011: “Igualdad de derechos contra la violencia sexista”, Gara, 25/11/2011

Ángela Solano (@Angela_Freebird) es militante de En lucha / En lluita

Fuente: http://lahiedra.info/violencia-sexual-y-capitalismo-un-circulo-vicioso/

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