viernes, octubre 01, 2010

¿Mejor la mujer?

Por Ernesto Montero Acuña (Prensa Latina)*
De la división sexual a una nueva relación social, es la perspectiva que se vislumbra para la mujer latinoamericana, insuficientemente beneficiada por los cambios en el mundo.

Aún es la más desempleada o se la somete a los peores y a veces más denigrantes trabajos, a la mayor explotación y a salarios inferiores a los masculinos, ya de por sí muy deprimidos, cuando la desocupación ronda el 10 por ciento en el mundo desarrollado y el ocho en América Latina y el Caribe.

Antonio Prado, secretario ejecutivo adjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), afirmó el 9 de febrero pasado en Lima que mientras más bajo sea el nivel educativo de los jóvenes, menor será su acceso a empleos de calidad y de alta productividad, particularmente en el caso de las mujeres.

En el II Foro América Latina y el Caribe-Unión Europea aseguró que en esta región, mientras sólo el 32,4 por ciento de las mujeres jóvenes con hasta tres años de escolaridad cuenta con empleo, la proporción aumenta al 53 cuando la escolarización es completa de primaria y secundaria.

Sus posibilidades de superación, sin embargo, se encuentran limitadas debido a que un quintil del 25 por ciento de los jóvenes más pobres, sobre todo del género femenino, no son económicamente activos ni estudian, una proporción que sólo es del siete por ciento entre igual dimensión de los más ricos.


La débil inserción laboral de las jóvenes provoca múltiples consecuencias, entre las cuales se encuentran los bajos ingresos que perpetúan la inequidad, la transmisión intergeneracional de la pobreza, el mal uso de los recursos invertidos en la educación y la desintegración social.

Además de la precariedad y la discriminación de género, la mujer sufre las consecuencias peculiares de cada país, frecuentemente lacerantes en Latinoamérica y el Caribe.

En junio pasado, la tasa de desempleo femenino era del 24,2 por ciento en Colombia, en tanto que la de los hombres se mantenía en el 17,1 y la de los adultos mayores de 25 años alcanzaba el 15,6 por ciento, muy inferiores ambas a la de las mujeres.

Mas, no se trata de una proporción exclusiva de este país, sino de un estado bastante extendido en la región y en muchas otras del mundo, donde la mujer es sometida a condiciones precarias de existencia.

Se reproduce así la doble discriminación social y de género en quien es fuente de la vida humana y en sus descendientes. Un estudio de la CEPAL y del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia arrojaba, también en junio pasado, que casi el 63 por ciento de los niños, niñas y adolescentes latinoamericanos y caribeños sufre algún tipo de pobreza.

Tal circunstancia es muy condicionante al Sur del Río Bravo, donde las carencias se relacionan directamente con la falta de ingresos para adquirir bienes y servicios que satisfagan las necesidades básicas, a diferencia de Europa, donde se mide correlacionada con la participación en la vida social.

Sin embargo, las protestas cubrieron a casi toda la Unión Europea el miércoles 30 de septiembre, debido a que el desempleo se expande, cual enfermedad crónica, en el mundo desarrollado.

En los 33 países más ricos, miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, se elevó al 18,7 por ciento entre el 2007 y el 2009, y en Estados Unidos al 9,6, una cifra que se avizora creciente.

El incremento en América Latina y el Caribe fue del 7,0 al 8,2 por ciento entre 2008 y 2009, un aumento equivalente a cuatro millones de desocupados más.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), durante el mismo período la pobreza extrema aumentó en 3,3 puntos.

Su estudio al respecto concluye que, en el mundo, 45 millones de mujeres y hombres jóvenes ingresan anualmente a un mercado de trabajo en el cual la cifra de empleos vulnerables supera los mil 500 millones, el 50,6 por ciento de toda la fuerza laboral.

Calcula que las personas con empleos de esta última condición aumentaron en más de 110 millones en el 2009 y que 215 millones más engrosaron los 633 millones de trabajadores y sus familias con menos de 1,25 dólares en el 2008.

Aunque las mujeres en América Latina son más vulnerables al desempleo y a la discriminación salarial, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, reconoció el 20 de marzo pasado que cuando tienen trabajo generan un efecto multiplicador en la economía mucho mayor que los hombres y reducen la pobreza general.

Un estudio revela que el ingreso salarial femenino es tan determinante que, si las mujeres no ganaran nada, la pobreza en la región sería del 40 por ciento en lugar del 26 estimado por el Banco en hogares con ambos padres.

En un seminario paralelo a la reunión anual del BID en Cancún, México, Moreno aseguró que la rápida incorporación femenina al mercado laboral representa una de las transformaciones sociales más trascendentes en las sociedades de esta región.

Sin embargo, a pesar de que aportan más con sus ingresos a la educación y nutrición de sus hijos, lo que redunda en mayor bienestar social, sufren una desventaja salarial del 17 al 25 por ciento en comparación con los hombres por el mismo tipo de trabajo.

La investigación refleja que los empleos para las mujeres son mayoritarios en la economía informal y en sectores de baja productividad, causa y efecto de que menos del tres por ciento de ellas sean líderes en las 100 empresas mayores.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, reclamó en aquel evento mejores políticas públicas, de modo que el Estado cree guarderías, centros para el adulto mayor y otras facilidades que garanticen una institucionalidad de apoyo a las mujeres.

Por su parte, la representante del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer en América Latina y el Caribe, Gladys Acosta, critica la llamada división sexual del trabajo, en la cual los hombres se ocupan de lo público y las mujeres de lo privado.

De este modo, "ellos son proveedores y ellas cuidadoras", dijo.

En entrevista con IPS aseguró que persiste la noción de que las mujeres deben encargarse de lo conectado con la reproducción humana y de la esfera del cuidado (de niños, enfermos y ancianos), lo que recae en ellas como trabajo no remunerado.

"La sociedad se beneficia de una altísima proporción del trabajo no remunerado que ejercen las mujeres por ser mujeres", aseguró.

Su criterio es que ambos géneros enfrentan ya el aporte de ingresos, porque "vivimos una transición civilizatoria donde ellos compartirán mucho más las tareas domésticas y ellas estarán mucho más presentes en la política y la economía".

Así, considera que por tal razón "estamos en una transición de un modelo basado en una inflexible división sexual del trabajo a un nuevo pacto social, con roles más igualitarios para hombres y mujeres".

Un estudio de la CEPAL refleja que en Venezuela, durante el gobierno del presidente Hugo Chávez, la pobreza ha caído del 43,8 al 27,6 por ciento, sólo entre 1999 y el 2008.

Como resultado, el desempleo disminuyó del 14,9 al 7,8 por ciento, la esperanza de vida aumentó hasta 74,3 años (dos más que antes) y la alfabetización alcanza al 97 por ciento, según el organismo regional.

Los avances de este país y de otros en América Latina y el Caribe se fundamentan en los cambios políticos con base social, en los cuales la mujer participa con el protagonismo que le corresponde.

Mas, contra su condición de gestora de la vida humana, se la mantiene en nivel de inferioridad en la mayor parte del mundo, cuando debiera ser a la inversa.

* Redacción de Temas Globales.

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