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jueves, junio 27, 2013

El Salvador: Violencia contra la mujer, un problema de salud pública

Carlos Ayala Ramírez

Alainet Dos casos recientes de violencia contra la mujer salvadoreña, han vuelto a encender la señal de alarma en torno a este tipo de hechos. El primero, Silvia Rivera de 37 años, quien falleció en un hospital público donde era atendida desde el 13 de junio, después de ser quemada con combustible por su compañero de vida, Manuel Bermúdez. Según las versiones de prensa, Bermúdez quemó a su mujer tras rociarla con gasolina y atarla a una silla, luego de una discusión, en un barrio de la periferia de San Salvador.

El segundo caso, en circunstancias similares, pero sin llegar a un desenlace fatal, se registró en el área rural. Jorge Alberto Cisco, fue acusado de amarrar de pies y manos a su mujer, Jennifer Escalante, rociarla con gasolina y quemarla en varias partes del cuerpo, principalmente en las piernas. En su declaración, la mujer, de 27 años de edad, dijo a los agentes policiales que su pareja había llegado a la casa con una botella de plástico en la mano que contenía sustancias inflamables. Posteriormente, la ató de manos y pies, vació el contenido de la botella sobre ella y encendió un fósforo. Al ser cuestionado por la policía sobre las acusaciones de su compañera de vida, el imputado manifestó que “tenían problemas, como toda pareja”.

Pero, ¿se trata de problemas estrictamente circunstanciales de naturaleza individual o de comportamientos individuales extendidos y de gran prevalencia en la sociedad? Según datos de Naciones Unidas, en 2011 El Salvador registró al menos 647 feminicidios, sólo superados en Centroamérica por los 705 de Guatemala. En 2012, las autoridades salvadoreñas registraron al menos 2.493 denuncias por violencia intrafamiliar. Un informe reciente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), elaborado con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), plantea que en los 30 últimos años, la comunidad internacional ha reconocido cada vez más la violencia contra la mujer como un problema de salud pública, violación de derechos humanos y barrera al desarrollo económico. El documento revela una serie de hallazgos en torno a la violencia contra la mujer, en 12 países de América Latina y el Caribe: Bolivia, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Paraguay, Perú y República Dominicana.

El informe muestra que en 12 países estudiados de América Latina y el Caribe, entre el 17 y 53 por ciento de las mujeres entrevistadas reportaron haber sufrido violencia física o sexual por parte de sus parejas. A pesar de esto, entre el 28 y 64 por ciento no buscó ayuda o habló con nadie acerca de esta experiencia.

Un punto central del documento, es que la violencia infligida por el compañero íntimo, a menudo tiene consecuencias graves para la salud física y mental de la mujer. Entre el 41 y 82 por ciento de las mujeres que sufrieron abuso por parte de sus parejas experimentaron heridas físicas, desde cortes y moretones a huesos rotos, abortos involuntarios y quemaduras. De ahí que estime que la violencia infligida por el compañero íntimo es un problema de salud pública con graves consecuencias, no solo físicas, sino también mentales. Es decir, tiene un nivel de prevalencia y gravedad en la población, tanto a nivel individual como colectivo, que puede expresarse en mortalidad o alta vulnerabilidad de la vida. El reporte destaca además, que las mujeres que habían sufrido violencia física o sexual por el compañero íntimo, tenían más probabilidad de haber contemplado o intentado el suicidio, en comparación con las que nunca habían sufrido esa violencia. La conclusión resulta obvia: la violencia contra la mujer agrava la carga de mala salud mental entre las mujeres, y genera un gran impacto en los sistemas de salud de la Región.

Los casos de Silvia y Jennifer, que hemos citado al inicio, son un nuevo campanazo para tomar conciencia sobre la gravedad de este tipo de violencia y asumir las acciones necesarias. El informe de la OPS y CDC que asume esta realidad como un verdadero problema de salud pública y de convivencia social, propone las siguientes medidas: que los tomadores de decisiones públicas se ocupen diligentemente de la violencia contra la mujer, habida cuenta de la prevalencia extendida de esa violencia y sus graves consecuencias negativas en la salud, los derechos humanos y la economía. Asimismo, se plantea la necesidad de mejorar la respuesta de instituciones clave de todos los sectores, porque las mujeres que sufren violencia en América Latina y el Caribe no siempre buscan ayuda, debido a no saber dónde ir o no confiar en que puedan recibir una ayuda eficaz, compasiva y confidencial.

Sin olvidar, claro está, medidas preventivas como la de aumentar la posibilidad de que las mujeres ejerzan sus derechos civiles, promover su empoderamiento social y económico, involucrar a los hombres y niños para promover la no violencia y la equidad de género, y prestar servicios tempranos de intervención a las familias en riesgo, entre otras. Ahora bien, tanto las medidas inmediatas como las estructurales, requieren como condición básica tomar conciencia de la problemática, sobre la base de la evidencia que proporcionan los datos de los estudios científicos.

Oportuno resulta citar en este punto, una de las urgencias que planteó la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida), sobre el tema de la mujer. “Urge tomar conciencia de la situación precaria que afecta la dignidad de muchas mujeres. Algunas, desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa: tráfico, violación, servidumbre y acoso sexual; desigualdades en la esfera del trabajo, de la política y de la economía; explotación publicitaria por parte de muchos medios de comunicación social, que las tratan como objeto de lucro”.

Carlos Ayala Ramírez es director de radio YSUCA, El Salvador.

sábado, abril 21, 2012

El Salvador: Firman compromiso contra violencia de género

Gloria Morán
AmecoPress.- – En lo que va del año el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) ha recibido 2.800 denuncias de casos de violencia contra la mujer, según Yanira Argueta, directora de dicha entidad. Los casos atendidos son de violencia intrafamiliar, violencia sexual y violencia social.

Es a raíz de la violencia que sufren las mujeres que el ISDEMU firmó una carta de compromiso junto con el Ministerio de Justicia y Seguridad y el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), con la cual pretenden aunar esfuerzos para apoyar la implementación de la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres.

La medida obedece al Artículo 1 de esa Ley Especia Integral, en el que dice que “La presente ley tiene por objeto establecer, reconocer y garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, por medio de Políticas Públicas orientadas a la detección, prevención, atención, protección, reparación y sanción de la violencia contra las mujeres; a fin de proteger su derecho a la vida, la integridad física y moral, la libertad, la no discriminación, la dignidad, la tutela efectiva, la seguridad personal, la igualdad real y la equidad”.

El ISDEMU adquiere la obligación de promover y apoyar la implementación de la Ley Integral en todas las instancias del Estado, para que éste fortalezca su institucionalidad política, administrativa y técnicamente en pro de la defensa de los derechos humanos. “El fin es desarrollar diferentes medidas que coadyuven a garantizar los derechos de la mujeres, uno de estos esfuerzos están plasmados en la carta de compromiso”, dijo Argueta.

Y añadió que la violencia contra la mujer no respeta estatus sociales y que se da en todos los niveles afectivos también, desde una pareja de novios, amigos hasta dentro de una familia y de ahí surge la importancia de concientizar a toda la sociedad.

Mientras que el Ministerio de Justicia se comprometió a garantizar, por medio de la Policía Nacional Civil (PNC), el cumplimiento de acuerdos internacionales y nacionales que se relacionen a la equidad e igualdad de género.

La Carta Compromiso destaca la aprobación de parte de la PNC de la Política Institucional de Equidad e Igualdad de Género. La Carta también asegura que la PNC deberá elaborar y llevar a cabo un plan de implementación de la política aprobada por la institución para monitorearla y evaluarla; debe poner énfasis, entre otros puntos, en los lineamientos enfocados a garantizar una respuesta diligente ante situaciones de violencia contra las mujeres.

Por parte del ISSS, uno de los compromisos adquiridos es la generación de mecanismos de difusión para la sensibilización de los derechos de las mujeres; además de la ampliación en todos los centros de atención del ISSS de los protocolos para el reporte de los casos de violencia hacia la mujer detectados.

El plan piloto por parte del ISSS se llevará a cabo en el Hospital Regional de Santa Ana. Otra de las prioridades del ISSS es bridar asistencia psicológica a derechohabientes que estén sometidos a “altos grados de estrés” por el trabajo que realizan y a las posibles víctimas que resulten perjudicados por situaciones de violencia. Ejemplo de quienes recibirán este tratamiento son los agentes de la entidad policial.

Policías y feminicidios

El ministro de Justicia y Seguridad, David Munguía Payés, dijo durante el acto de firma de la Carta Compromiso que hay cuatro casos en el que efectivos de la PNC han asesinado a sus esposas.

A raíz de esos casos es que buscarán brindar atención psicológica a los miembros de la PNC, aunque Munguía Payés reconoció que es difícil atender de manera personalizada a 22.000 efectivos de la entidad policial. Sin embrago dijo que uno de los métodos implementados hasta hoy son terapias grupales sobre cómo manejar el estrés.

Payés aseguró que los ataques de los elementos policiales hacia sus esposas no han sido premeditados, sino que han sido provocados por el estrés del trabajo unido a discusiones de pareja.

Si bien es cierto alguno de los casos han sido perpetrados con su arma de equipo policial, Payés afirmó que no están evaluando la posibilidad de prohibir que los agentes se lleven su pistola hacia sus hogares.


Casos de feminicidios


La Organización de Mujeres Salvadoreña por La Paz (ORMUSA), en su observatorio de la violencia contra la mujer indica que más de 120 mujeres han sido asesinadas en lo que va del 2012.

Entre los casos específicos en los que han participado elementos policiales está el ocurrido el 19 febrero de este año, cuando un agente de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO), Edwin Gálvez Escobar, de 39 años de edad, mató a tiros a su esposa Rina Aracely Bonilla, de 40 años de edad, y luego se suicidó.

El homicidio ocurrió frente a los hijos de la pareja de 12 y 3 años de edad. La familia residía en Las Margaritas, Soyapango.

Mientras que El 3 de marzo de este año, el agente Florentino Bonilla, de 32 años de edad, llegó a la casa de su ex esposa y al encontrarla con su actual novio le disparó a quemarropa, frente a sus hijos; él también se suicidó.

El 11 de abril pasado, en El Congo, Santa Ana, Milton Castro Marroquín, de 42 años, agente de la División de Tránsito de la PNC de ese departamento, le disparó a su esposa Claudia Marisol Rodríguez, de 25 años, y luego se quitó la vida.

A diferencia de los otros casos, Rodríguez no murió a pesar de las heridas con arma de fuego que su esposo le provocó.

viernes, febrero 25, 2011

Mujeres en defensa del medio ambiente salvadoreño

Por: Erika Blumenfeld/IPS
Cristina Reyes cumple su segundo período como presidenta de la junta directiva de la comunidad Ciudad Romero, situada en el departamento de Usulután, sobre el océano Pacífico. El trabajo que ha hecho, y por el que fue reelegida, va desde conseguir electricidad, agua potable y caminos hasta instalar servicios para combatir la violencia contra las mujeres.

Pero, antes de esta etapa de construcción, su vida y la de muchos en esta zona puede contarse como una historia épica de aventuras, supervivencia y resistencia.

Reyes y su familia tuvieron que huir de su aldea natal en los años de violencia política que desembocaron en la guerra civil (1980-1992), que dejó unos 75.000 muertos. Ocultándose con una hermana en la selva de los militares que combatían toda oposición apoyados por Estados Unidos, Reyes buscó refugio en la vecina Honduras.

Pero “en 1980 debimos regresar porque los militares hondureños ejecutaban una campaña de represión contra la sociedad civil exactamente igual a la de El Salvador”, recuerda Reyes. De vuelta en su país, “el ejército continuaba con la misma política”.


Reyes describe acciones brutales como el incendio de casas, los arrestos y la represión a sacerdotes católicos que defendían los derechos humanos. El nombre de la que ahora es su comunidad honra a uno de ellos, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 mientras oficiaba misa.

“Cuando volví a casa no quedaba nada, ni un perro. Nos sumamos a la guerrilla por las masacres que presenciamos”, recuerda Reyes.

Para entonces, distintos grupos armados se habían unificado en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Reyes y su hermana trabajaban en una estación de radio de la insurgencia y ayudaban a las mujeres que habían perdido a sus esposos e hijos en la guerra.

Esas tareas la llevaron a sumarse a organizaciones de mujeres en la capital y finalmente a mudarse a la zona del bajo río Lempa, en Usulután, donde Ciudad Romero y otras comunidades se conformaron con ex combatientes y refugiados que regresaban al país.

Hoy mira hacia delante. “Ayudamos a crear programas de alimentos y ahora estamos trabajando en mejorar el servicio eléctrico. Y tenemos el plan de construir un hospital”, afirma.

Reyes es parte de un movimiento social que se aglutina en La Coordinadora del Bajo Lempa y Bahía de Jiquilisco, una coalición de grupos de base que actúan en más de 100 comunidades de esta región a la que la Unesco declaró en 2007 Reserva de la Biosfera Xiriualtique Jiquilisco.

Se trata de una planicie costera, regada por el río Lempa y bordeada de manglares.

Las juntas directivas de cada comunidad, constituidas legalmente, son las encargadas de tomar las decisiones políticas.

La Asociación Mangle, que forma parte de La Coordinadora, funciona como respuesta a las frecuentes crisis que está causando el cambio climático: inundaciones y desbordes de ríos.

El movimiento social intenta fortalecer la agricultura sustentable y diversificada, la alimentación orgánica, la seguridad alimentaria y la adaptación a las alteraciones del clima.

“En este movimiento las comunidades manejan sus propios recursos”, explica a IPS Estela Hernández, que integra la junta directiva de la Asociación Mangle.

“Y al mismo tiempo trabajamos para que las políticas del nuevo gobierno nacional incluyan nuestras acciones para conseguir la soberanía alimentaria, el manejo ambiental e hídrico y la toma de decisiones en el plano local”, sostiene Hernández, entrevistada en su oficina.

El nuevo gobierno nacional del que habla Hernández está en manos del FMLN, que dejó las armas tras los acuerdos de paz de 1992 y, convertido en el principal partido opositor, ganó las elecciones de 2009 y llevó a la izquierda al poder por primera vez en este pequeño país de seis millones de habitantes.

María Elena Vigil, también dirigente de la Asociación Mangle, se dedica a organizar a la población afectada por las operaciones de la estatal Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), que administra cuatro represas.

En la estación lluviosa, las descargas de agua de una de las presas, 15 de Septiembre, a veces sin aviso, destruyen las siembras situadas río abajo. Así se han perdido muchos cultivos, e incluso algunas vidas, asegura.

“Las comunidades se están yendo por la inundación”, describe Vigil. “Así que las estamos organizando contra las hidroeléctricas”.

Vigil también destina tiempo a combatir las prácticas de la industria azucarera local, que aplica a los cañaverales productos agrotóxicos a los que se atribuye el aumento de enfermedades como la insuficiencia renal.

“Hay más enfermedades. El veneno cae de los aviones que usan para rociarlos y entra en nuestra comida y nuestra agua, e incluso se derrama en los manglares de la costa”, describe.

Dolores Esperanza Maravilla pone su capacidad organizativa al servicio de la resistencia contra la CEL, a la que responsabiliza de agravar las inundaciones.

“Las hidroeléctricas son responsables de esto. Y hay otras grietas como ésta”, dice Maravilla señalando un terraplén agrietado por la inundación unos meses atrás.

Ella fue una de las primeras en llegar al lugar cuando la barrera cedió, y usó las fotos del desastre que tomó con su teléfono celular para exigir al Ministerio de Agricultura que hiciera presencia en la zona y tomara medidas.

Además de estos esfuerzos, muchas mujeres salvadoreñas asumieron la tarea de educarse a sí mismas aprovechando un programa nacional de alfabetización.

En un círculo de lecto-escritura organizado en la aldea de El Carmen, tres mujeres resuelven problemas matemáticos como la conversión de divisas.

“Esperamos mucho por esto”, dice una de las estudiantes, María Concepción Ortillo. “La guerra nos impidió estudiar, la mayoría estábamos en la guerrilla o en el ejército. Hoy estoy feliz de estar aquí y de que las mujeres podamos avanzar en la sociedad”.

Para Reyes, uno de los logros mayores es “la confianza que nos damos unas a otras y, sobre todo, cómo combinamos esto con la crianza de los hijos”. Ella ayudó a construir un refugio administrado por su comunidad, que proporciona asistencia psicológica y un mecanismo para que las mujeres puedan denunciar en forma confidencial si sufren violencia doméstica o abuso sexual y obtengan ayuda.

Su propia vida es un ejemplo del papel relevante que están jugando las mujeres en la organización social de la zona.

“Estamos en un lugar donde intentamos hacer más por las mujeres”, dice. “Esperamos el futuro y más trabajo como éste”.

martes, febrero 22, 2011

El Salvador: Hasta 30 años de cárcel a mujeres que sufren aborto espontáneo

Diario Colatino / ContraPunto / La Haine
Quien tira la primera piedra siempre esconde la mano. En El Salvador, uno de los cinco países en el mundo que penalizan el aborto en forma absoluta (los otros son Nicaragua, República Dominicana, Chile y Malta, http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Legislación_del_aborto ), suelen enviar a la cárcel a una mujer por sufrir un aborto espontáneo o natural.

Karina del Carmen Clímaco fue condenada a 30 años de prisión, porque según fallo judicial, ella mató a su hija "recién nacida". En principio Karina había sido acusada por aborto consentido, luego el cargo pasó a homicidio agravado. Estuvo presa siete años y medio.

Cristina Quintanilla fue condenada a 30 años por el "asesinato" de su hijo aún en gestación. La autopsia de Medicina Legal ni siquiera había determinado la causa de la muerte del feto. Tampoco había otra prueba que la incriminara. Pero a pesar de ello paso cuatro años presa por supuestamente haber asesinado a su bebé.

Marlene Ponce, de 18 años, cuando tenía como siete meses de embarazo –17 de junio del 2009, ya con el gobierno de centro-izquierda del FMLN- fue al baño y perdió su feto. Ella fue acusada de aborto consentido y alternativamente de homicidio agravado. Pasó "sólo" un año presa.

María Edith Hernández, quien fue acusada en un inicio de haber abortado a su hijo, al final fue condenada a 30 años de cárcel por homicidio, de los que sólo pasó un poco más de dos tras las rejas, pues el cáncer linfático que padecía le ganó la batalla y murió el 30 de abril de 2010, dejando en la orfandad a sus dos hijos, actualmente de 9 y 11 años de edad.

Las cuatro mujeres fueron a parar a la cárcel por las denuncias médicas.

Definir como ser humano al feto

La Iglesia Católica y los llamados “grupos pro vida” son los principales apologistas de la penalización absoluta del aborto. Y el argumento que utilizan contra los abortos espontáneos es que en realidad se produjo un nacimiento y la madre mató al bebé. “Por ejemplo en el caso de Clímaco el bebé fue estrangulado”, dijo la directora de la Fundación sí a la Vida, aunque las ultimas pruebas judiciales con las cuales recuperó su libertad niegan esa declaración.

En México ocurren casos similares. Uno muy conocido fue el de las "Siete de Guanajuato", mujeres que purgaban condenas a penas de hasta 29 años de cárcel por abortos espontáneos, fueron liberadas luego de pasar hasta 8 años presas. Las mujeres son, cómo no, pobres y con poca educación, y se comprobó que sufrieron abortos espontáneos y que no hicieron nada para dañar a los nonatos.

Dennis Muñóz, abogado de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico de El Salvador, considera que el caso de María Edith es emblemático. Ella sufrió un aborto natural y por culpa de una persona [médico] que violó el secreto profesional, fue a parar a la cárcel.

“Las leyes restrictivas del aborto se solidificaron en 1999 cuando por medio de reforma constitucional se definió como ser humano al feto desde el primer momento de la concepción”, sostiene la Agrupación.

A partir de dichas reformas “en El Salvador muchas veces los abortos espontáneos, partos prematuros que las mujeres enfrentan han terminado convirtiéndose en delitos agravados y han implicado condenas de hasta treinta años para mujeres, y no es un sólo caso”, dijo Morena Herrera, presidenta de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto.

El artículo 133 del Código Penal Establece que la persona que provoque un aborto y quien se lo realice, serán sancionados con prisión de dos a ocho años. Sin embargo, la Fiscalía suele transformar el "delito" en homicidio agravado, lo que lleva la acusación a 30 años de cárcel.

“Usted no puede matar a un muerto. Eso es lo que sucede en los casos en que la Fiscalía intenta probar que en abortos prematuros [espontáneos] la madre asesina a su hijo: no lo pueden probar”, explicó Muñóz.


Denominador común: la pobreza


Existe un denominador común en las mujeres que son llevadas a prisión por abortos: son de escasos recursos y su estado de salud no es el óptimo.

“Existe una persecución contra las mujeres pobres. En el país no se ven casos de mujeres con recursos económicos que estén en la cárcel por abortar, además en todos los hospitales nacionales se está revelando el secreto profesional y eso es grave”, afirmó Muñóz.

Herrera coincide en que la mayoría de mujeres que están siendo condenadas injustamente, como Karina, Cristina, Marlene y María Edith, tienen un mismo perfil: “Mujeres que viven en situación de pobreza, jóvenes que tienen un bajo nivel de instrucción educativa, conocen poco de leyes, tienen poco apoyo para hacer una defensa de su caso. Entonces son condenas fáciles que la Fiscalía General de la Republica (FGR) consigue y las mujeres quedan soterradas en las cárceles”.

En opinión de la activista, a las mujeres se les está negando el derecho a la presunción de inocencia, ya que “pasan directamente del hospital a la cárcel, llegan en estado grave de salud, sin darse cuenta y sin comprender lo que les ha pasado, se ven en un proceso judicial que las lleva directamente a la cárcel y a una condena mas grande”.

Según la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto, esa grave situación ha llevado a muchas mujeres que han sufrido abortos espontáneos a no ir al hospital, lo que ocasiona que muchas mujeres mueran.

El gobierno "progresista" del FMLN, con la bancada más numerosa en el Parlamento, no ha hecho nada al respecto. Más bien al contrario, cuando la directora del Instituto de la Mujer firmó convenios internacionales referentes al aborto terapéutico, fue inmediatamente despedida por el presidente Funes].

Diario Co Latino / ContraPunto

jueves, diciembre 23, 2010

Una agrupación ciudadana insta a despenalizar el aborto terapéutico, ético y eugenésico en El Salvador

AmecoPress. La Agrupación Ciudadana por la despenalización del aborto terapéutico, ético y eugenésico de El Salvador celebra que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en su revisión del cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de El Salvador como Estado Parte muestra su preocupación por la penalización de cualquier tipo de aborto y lamenta que el Gobierno se mantenga aún en silencio.

Para la Agrupación, el Comité ha puesto los ojos en dos realidades lacerantes para la vida de las mujeres, la violencia por razones de género y la penalización absoluta del aborto.

Sin embargo, respecto a la recomendación No. 10, donde “El Comité expresa su preocupación por la vigencia de disposiciones del Código Penal que criminalizan el aborto en todas sus formas, dada la circunstancia de que los abortos ilegales tienen consecuencias negativas graves para la vida, la salud y el bienestar de la mujer” las autoridades de los diferentes órganos del Estado persisten en su silencio, sin atender la necesidad de abordar de forma seria y con enfoque multi disciplinario, esta realidad que impone a muchas mujeres, sobre todo aquéllas que viven en situación de pobreza, severas limitaciones a su salud, libertades y seguridad personal.

En El Salvador las violaciones y agresiones sexuales contra mujeres se han incrementado, y como consecuencia de ello, también los embarazos en menores como resultado de violaciones. Para estas niñas, aún cuando en algunos casos enfrentan embarazos de alto riesgo, no existe ninguna alternativa en nuestro país, más que continuar el embarazo, a veces a riesgo de su vida y en muchos casos abandonar la escuela y sus proyectos de vida.

La Agrupación denuncia que no es una sola mujer la que ha sido condenada a graves penas por el delito de aborto o, como la misma observación del Comité de la ONU señala, por homicidio agravado. La mayoría de ellas manifiestan que han sido denunciadas desde hospitales públicos, donde se les niega el derecho a la presunción de inocencia, siendo procesadas por jueces que hacen “una interpretación extensiva de este delito”, o mejor dicho bajo el sesgo discriminatorio hacia las mujeres.

Esta situación, como ha señalado también el Comité de expertos de derechos humanos, es inaceptable, al igual que el silencio de las autoridades públicas, quienes además tienen compromiso de “difundir el texto del sexto informe” que contiene las observaciones y recomendaciones mencionadas.

En defensa de la vida digna de todas las salvadoreñas y salvadoreños, la Agrupación hace un llamamiento a las instancias del Poder Judicial, del Gobierno Central y de la Asamblea Legislativa, a que asuman su responsabilidad de “iniciar un dialogo nacional sobre los derechos a la salud sexual y reproductiva de las mujeres”.

martes, diciembre 21, 2010

El Salvador: donde la violencia contra las mujeres es letal

Gloria López
AmecoPress. "El Salvador ocupa el primer lugar del mundo con la tasa más alta de feminicidios: 129,5 asesinatos por cada millón de mujeres", según el III Informe Internacional Violencia contra la mujer en las relaciones de pareja, elaborado por el Centro Reina Sofía. Angélica María Rivas Monge presentó estos datos en el Seminario Internacional de Derechos Humanos Sevilla 2010 que se celebró durante los días 15,16 y 17 de diciembre.

En su intervención, la periodista salvadoreña denunció que esta estadística “pasa desapercibida” para las autoridades, así como las 12. 000 denuncias por violencia intrafamiliar. En su análisis, Angélica definió “la escalada de femicidios como castigo, contención y dominio para controlar y resistir el avance de las mujeres en su autonomía”.

De este modo, los femicidios aparecen como el final del ciclo de dominación y violencia contra las mujeres. También denunció factores y presiones culturales y sociales que pretenden reforzar la idea de “la casa como entorno natural de las mujeres” o el cuerpo de las mujeres y en particular de las niñas como “propiedad privada de los hombres de la familia (el incesto)”.

“Los femicidios, no deben de ser interpretados como hechos puntuales consecuencia únicamente de un hecho concreto y un asesino individual, sino que se enmarcan en procesos de violencia contra las mujeres, que se expresan como parte del sistema patriarcal de dominación de las mujeres”, aseguró la periodista.

Angélica, como tantas expertas en el fenómeno del feminicidio, resaltó la persistente impunidad de los asesinos, como norma favorecida por la inoperancia del Estado y la naturalización de la violencia contra las mujeres en un contexto de violencia social generalizada.

En El Salvador, en 1996 que se crea la Ley contra la violencia Intrafamiliar que pretendió ser el instrumento legal que le daría tratamiento a la violencia contra las mujeres. Sin embargo, a lo largo de los años de los años esta ley no solo ha tenido problemas para la aplicación sino ha demostrado incapacidad para resolver el problema de la violencia por ser una ley demasiado genérica que invisibiliza el problema de la violencia contra las mujeres y que las instituciones encargadas de aplicarla revictimizan a la mujer, lejos de resolverle su problema.

En su intervención la periodista enfatizó en “la naturalización de la violencia como medio para resolver conflictos, la impunidad y el miedo”, como causas que generan y refuerzan el feminicidio, y abordó también algunas propuestas para su denuncia y lucha.

Una de las propuestas más importantes pasa por generar conciencia sobre la violencia y los feticidios, advirtiendo que “todas corremos riesgo”. Angélica aseguró que “las feministas no estamos exentas a esta violencia, sino en muchos casos más expuestas. Hemos de cuidarnos y protegernos y estar más atentas a los signos de medio.

sábado, junio 05, 2010

Acciones a favor de las salvadoreñas, demandan ONG feministas...

(CIMAC).- Organizaciones feministas salvadoreñas demandaron a distintas instituciones de ese gobierno aprobar la Ley Integral para el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia.

Como parte de la conmemoración del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, la Red Feminista contra la violencia, la Concertación Feminista “Prudencia Ayala” y la Campaña Regional de Acceso a la Justicia para las mujeres, denunciaron la falta de acciones a favor de la salud sexual y reproductiva de las mujeres dentro de la Política Nacional de Salud.

En análisis, las feministas indicaron que la violencia hacia las mujeres, representa un grave problema de seguridad y salud pública. Los asesinatos de mujeres por razones de género (feminicidios) han aumentado desmesuradamente.

En 2008 se registraron 348 feminicidios, en 2009, 581 y en este año 2010 van 213 asesinatos, según datos del Instituto de Medicina Legal.

En ese rubro, las feministas demandaron al sistema de justicia salvadoreño, que tomen en cuenta los mandatos de la sentencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) en el caso del Campo Algodonero contra México, específicamente para garantizar la seguridad y respeto a la obligación de investigar, juzgar y sancionar a los responsables de violencia contra las mujeres, incluidos los feminicidios.



Durante el 2009 y en lo que va del 2010, una gran proporción de ciudadanas sufrieron algún tipo de violencia sexual, psicológica y física, por lo que es urgente que el sistema de salud proporcione programas y condiciones óptimas para la pronta recuperación de las víctimas, abunda el comunicado.

En el área de salud, las salvadoreñas no tienen acceso real y eficaz a los servicios de salud, prueba de ello es la alta tasa de mortalidad materna en el país que alcanza las 71.25 muertas por cada 100 mil nacidos vivos. Es urgente dar prioridad a la construcción de un hospital moderno especializado que garantice la atención en la salud de las mujeres.

Incluso, de acuerdo al estudio realizado por el Ministerio de Salud, indica que una de las principales causas de muerte de las salvadoreñas, es el cáncer cérvico uterino, enfermedad curable si se trata a tiempo.

Las organizaciones feministas exhortaron a la Fiscalía General de la República a que se haga responsable e investigue los casos de violencia sexual en el país, al condenar a los culpables, ya que se ha visto un incremento en los embarazos de niñas de 10 años víctimas de violación.

Pidieron también que se investigue a los responsables de la malversación de fondos de un préstamo, en 2003, de 142 millones de dólares que deberían de haber sido destinados a la reconstrucción y rehabilitación de 7 hospitales nacionales, entre ellos el Hospital Nacional de Maternidad, cuya obra no se realizó.

En Guatemala y El Salvador también se observan altas tasas de feminicidios, más de diez por cada 100 mil habitantes, les siguen Honduras, Nicaragua, Panamá y Costa Rica, en estos dos últimos países las tasa de muertes es de dos por cada 100 mil habitantes.

De acuerdo con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, en el área de Centroamérica y México durante 2009 fueron asesinadas más de 2 mil 322 mujeres, en Guatemala 720, en Honduras 405, en Nicaragua 79 y en El Salvador 589.

miércoles, mayo 12, 2010

El Salvador: En 9 años se incrementó el feminicidio más del 100 por ciento en el país

Carolina Velázquez
CIMAC Noticias En la región de Centroamérica, El Salvador, después de Guatemala, cuenta con una tasa de asesinatos de mujeres, de más de 10 por cada 100.000, seguidos por Honduras, Nicaragua, Panamá y Costa Rica, de acuerdo con datos de la Red feminista frente a la violencia contra las mujeres.

Según información del Instituto de Medicina Legal de El Salvador, la muerte violenta de mujeres se incrementó en diez años, al pasar de 195 casos en 1999 a 581 en 2009. En diez años han fallecido por esta causa un total de 3.578 y de enero a marzo de este año se tiene el reporte de 154 casos.

Aquí las mujeres y los hombres no sufren por igual los delitos ni son víctimas del mismo tipo de delito: ellas han vivido una recurrente violencia familiar, maltrato durante la infancia, violación, agresiones sexuales y muertes violentas, ellos mueren principalmente a causa de un homicidio.

Datos recientes presentados aquí por Silvia Juárez, abogada de la organización de mujeres ORMUSA, durante el lanzamiento de la Campaña regional por el acceso a la justicia para las mujeres así lo muestran.

Una característica en las salvadoreñas, de 2000 a 2009, es el incremento del feminicidio, que pasó del 3,86% al 154,36%, en tanto los hombres que han muerto de manera violenta pasaron del 2,90% al 34,63%.

Para Silvia Juárez, el feminicidio es “la forma más extrema de violencia basada en el género contra las mujeres que termina con sus vidas, como una expresión de odio y una forma de poder, dominación o control, explotación y subordinación, porque aún no nos consideran iguales”.

Y agrega, “la violencia contra las mujeres es más que un hecho delictivo, porque las mujeres han enfrentado una violencia histórica, con un enorme manto de impunidad. Por eso, el derecho a una vida libre de violencia nace como una reivindicación frente a una demanda histórica de las mujeres”.

El incremento del feminicidio en El Salvador llevó en marzo de 2008 a la Red feminista frente a la violencia contra las mujeres -integrada por las siguientes organizaciones de la sociedad civil: Ormusa, Las Dignas y Las Mélidas— a una audiencia temática ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En 2009, la Red llevó a la Asamblea Legislativa de el Salvador una iniciativa de Ley que lleva por nombre Ley Integral para el acceso a las mujeres a una vida libre de violencia y tiene cuatro ejes: prevención, resarcimiento y reparación, atención integral y persecución y sanción.

Pretende dar un salto de “mujeres víctimas” a ser sujetos de derecho, explica Silvia Juárez, ya que parte de reconocer la violencia de género contra las mujeres y de que se asuman las competencias en la atención a este fenómeno delictivo por todos los órganos e instituciones del Estado.

Con ella, agrega, se buscan herramientas para los cambios culturales que puedan modificar los imaginarios de las mujeres, abolir la imagen de odio contra ellas y el rechazo de toda forma de violencia.

También involucra a todos los actores y actrices sociales y a toda la institucionalidad del Estado desde lo nacional hasta lo territorial. Crea mecanismos de seguimiento y fiscalización. Y reconoce la reparación a las mujeres que enfrentan violencia, informa.

Basada en conceptos que se establecen en acuerdos internacionales, como la Belem do Pará y la Cedaw, aborda todas las formas de violencia incluyendo el feminicidio y reconoce la victimización -y revictimización- por parte de las personas en servicio público. Además de crear normas a partir de políticas, planes y acciones a cada instancia de gobierno.

Para Silvia Juárez, esta es una posibilidad de tipificar el feminicidio y terminar con la impunidad.

Es decir romper con “el silencio, la omisión, la negligencia, la complicidad y la colusión de autoridades encargadas de prevenir y erradicar esos crímenes”.

Por ahora la iniciativa se encuentra a debate en la Asamblea Legislativa y la Red espera que se pueda presentar al pleno el próximo mes de junio.

Fuente: http://www.cimacnoticias.com/site/10042301-En-9-anos-se-increm.42307.0.html.

rCR

miércoles, marzo 24, 2010

El Salvador: Relatora de ONU pide reformas legales para detener feminicidios en el país...

La Página.- El Salvador
La relatora especial de las Naciones Unidas (ONU) sobre la violencia contra la mujer, Rashida Manjoo, pidió al Gobierno de El Salvador reformas legales para detener el "alarmante" aumento de los asesinatos de mujeres y niñas en el país.

La relatora recomendó al gobierno que cree "una base de datos y de conocimientos con perspectiva de género" y que ofrezca "garantía de protección" a mujeres y niñas "mediante reformas en la legislación".

La funcionaria visitó la semana pasada El Salvador para analizar la situación de la violencia contra la mujer y la respuesta del Estado y consideró que en el país persisten "dificultades significativas" al respecto.

"Me preocupa especialmente el aumento de casos de violencia y las formas que reviste, en particular el aumento alarmante del número de asesinatos de mujeres y niñas y el ensañamiento con sus cuerpos, que a menudo va acompañado de rapto y agresión sexual", dijo Manjoo en el informe.


La funcionaria de la ONU especificó que es necesario crear "una unidad especializada en la investigación y enjuiciamiento de femicidios" y advirtió de la persistencia de la "violencia ejercida por la policía y la violencia relacionada con la explotación sexual comercial".

Mencionó, además, que otras formas de violencia que prevalecen en El Salvador son la "doméstica, el abuso sexual de mujeres, niñas y niños en el hogar y la comunidad, la violencia y el acoso sexual en el lugar de trabajo, en particular en el sector de las maquilas y en la esfera doméstica".

martes, febrero 09, 2010

Inequidad de género en la política salvadoreña...

Por: Zoraya Urbina / Latino
A pesar de que la incursión de las mujeres en la política salvadoreña ha crecido, esta es poca en comparación a las mujeres que habitan el territorio salvadoreño.

La participación política de la mujer en El Salvador no refleja el 53% de la población que representan. Ante esta realidad, La Asociación de Parlamentarias y ex Parlamentarias Salvadoreñas (ASPARLEX-SAL), el Instituto Salvadoreño de Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) junto a diversas organizaciones de mujeres organizó el Foro “Reformas electorales para la igualdad femenina”.

Julia Evelin Martínez, titular del ISDEMU, explicó que los datos son elocuentes: en las municipalidades, la participación femenina es de un 11%, en la Asamblea son menos de la tercera parte, entre propietarias y suplentes y en el gabinete de Gobierno son 16 mujeres, ante casi 65 hombres.

“Esta asimetría es un obstáculo para democracia salvadoreña”, dice Martínez, porque una verdadera democracia debe funcionar con equilibrio entre hombres y mujeres, para que los intereses de ambos sectores estén bien representados.

En este contexto, la alcaldesa de San José Perulapía, Ana Gloria Melgar de Hernández, consideró que las mujeres necesitan un espacio dentro de la política, ya que lo que estas aportan a la sociedad es de gran valor.


En el concejo municipal que dirige, la participación es de 50% d mujeres y 50% de hombres, “hemos logrado que haya equidad”, dice de Hernández.

Otro de los temas que se abordaron en el foro, es la propuesta de una reforma al Código Electoral, indicó Nidia Díaz, vicepresidenta del Parlamento Centroamericano (PARLACEN) y miembro de ASPARLEX-SAL.

Esta reforma pretende que los partidos políticos, cuando registren los listados de candidatos y candidatas para los puestos de elección popular, por ley, aseguren que una parte sean candidaturas de mujeres.

En este sentido, que estén en puestos con posibilidades reales de ganar. El Frente Farabundo Martí para la promueve la participación femenina de sus militantes, explicó Díaz.

Morena Herrera, de la Colectiva Feminista, una de las entidades organizadoras del evento dijo que el esfuerzo conjunto es para que la mujer se visibilice, pues esto sería un paso importante en términos políticos.

Silvia Cartagena, del Tribunal Supremo Electoral (TSE), en representación del Magistrado Presidente, Eugenio Chicas, expresó el total apoyo de este para las iniciativas que ayuden a dar mayor protagonismo a las mujeres en la vida política del país.

No obstante, los otros magistrados no estuvieron anuentes a participar. Según Cartagena, muchos políticos se comprometen de palabra, pero no en los hechos, lo que se reflejó en el foro, donde la mayoría de las asistentes eran mujeres, cuando este es un tema de interés nacional, concluyó.

domingo, julio 26, 2009

Ciudad Mujer: paso a favor de las salvadoreñas

Por: Isabel Soto Mayedo* / Prensa Latina
Ciudad Mujer, proyecto anunciado por el presidente salvadoreño Mauricio Funes durante su campaña electoral, cobra vida y rompe con malas tradiciones en el país más pequeño de Centroamérica.

Nuevas oportunidades de acceso a la salud, créditos y guarderías infantiles, surgen por todo el territorio -contrario a la costumbre de reducir cualquier programa de ese tipo a la capital- y demuestran la intención del mandatario de revertir la situación de las féminas.

Desde una realidad marcada por la falta de salud, de oportunidades laborales, de capacitación y de colaboración con las madres, surgió el proyecto, que implicará la construcción de 14 centros de atención especializada para ellas en las cabeceras departamentales de El Salvador.

Guarderías, unidades de salud, agencias de ayuda jurídica y psicológica, entre otras dependencias, confluirán en esas instituciones gracias al esfuerzo del Estado, con el aporte de la empresa privada y de cooperantes internacionales.


Los centros en cuestión estarán suscritos a la Secretaría Nacional de la Familia y su proliferación estará en correspondencia con la batalla que despliega la administración encabezada por Funes contra la evasión de los fondos públicos y la corrupción.

Cobra particular relevancia la iniciativa, la cual requerirá recursos millonarios si se consideran estos tiempos de crisis, de los que no escapa la nación centroamericana.

Ciudad Mujer -como los programas de Acción Integrada, Anticrisis, y Madre Feliz y Madre Productiva- forma parte de una estrategia encaminada a cumplir con las promesas de cambio del representante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Cuestión indispensable para que avance un proyecto de esta naturaleza es la voluntad política, y Funes y los dirigentes efemelenistas demuestran tenerla, pero las mujeres deben luchar por tal esfuerzo y no verlo como una dádiva, coinciden representantes del sector.

Para la ex rectora de la Universidad de El Salvador María Isabel Rodríguez, una de las participantes en la elaboración de Ciudad Mujer, es cosa indispensable que las féminas desempeñen un papel esencial en el camino hacia la concreción de la propuesta.

Era tiempo de que los partidos políticos ofrecieran a ellas algo como profesionales, como madres de familia y como ciudadanas. La mayoría de las mujeres necesitan programas reales, como la creación de las guarderías, comentó la jueza de Menores Aida Luz Santos.

Ciudad Mujer se articuló a partir de un listado de medidas y soluciones propuestas por la mesa del diálogo social abierto que el partido de izquierda creó para redactar el plan de gobierno.

En sintonía, se determinó la entrega de 50 dólares a las familias más pobres -más de la mitad encabezadas por madres solteras- y la construcción de edificaciones que concentraran la atención integral a las féminas.

Durante la presentación de Ciudad Mujer, en el Hotel Sheraton, Funes explicó que apoyarlas "será una gran prioridad de mi gobierno" y adelantó también la posible construcción de un nuevo hospital de Maternidad en San Salvador.

Su antecesor, Elías Antonio Saca, afirmó en su discurso inaugural como presidente que la mujeres nunca estarían solas y, por el contrario, estas quedaron en la miseria con su gestión.

Los pasos dados en sus primeros meses por la nueva administración, primera encabezada por el FMLN, confirman el afán por concretar el cambio.

La gratuidad de la educación, de los uniformes escolares, la reparación y remodelación de las escuelas -sobre todo de las afectadas por terremotos y otros fenómenos naturales en las últimas décadas- son algunas de las medidas adoptadas con ese fin.

Estas satisfacen a los sectores más populares -entre las que destacan, por la precariedad de su situación, las madres solteras y mujeres en general- y se suman al cese del cobro en los hospitales estatales.

En El Salvador, las féminas constituyen mayoría en la población y sólo aspiran a una mayor protección y protagonismo en la sociedad, salud, educación y amparo contra la violencia por razones de género.

De acuerdo con integrantes de la Unión de Mujeres Salvadoreñas de Desarrollo Local, un tema pendiente por enfrentar con urgencia es la impunidad frente a las muertes o maltratos a las féminas, que ascendieron en los últimos años, y hacia allí está igual la mirada del gobierno.

El presidente 122 de El Salvador cuenta como principal aliada y contribuyente en la lucha por la reivindicación de los derechos de las mujeres con su esposa, la doctora Vanda Pignato, a quien algunos atribuyen la idea original de Ciudad Mujer.

"Si las mujeres desaparecen, el cielo se nos cae encima y nos mata", al decir del poeta, por lo que ayudarlas tiene un efecto oxigenador en todos los miembros de la familia, estructura básica de la sociedad.

*Especialista en temas de América Latina y el Caribe.

viernes, mayo 15, 2009

Cómo afecta la crisis económica a las mujeres salvadoreñas?

Fuente: Género y EconomíaEconomistas feministas como Norma Sanchís advierten que las más afectadas por la actual crisis económica mundial serán las mujeres, ya que los empleos tienden a ser más precarios y con menores salarios reales para ellas. Asimismo, expresa que el modelo económico impuesto en América Latina, que da prioridad absoluta al mercado, sigue estando vigente pese a su fracaso en las economías porque no se observa voluntad de parte de los diversos gobiernos por adoptar políticas alternativas. Este modelo afecta de manera distinta a hombres y mujeres porque las inserciones desde las que par­ten ambos géneros son diferentes. Así, las mujeres parten de una inserción más precaria y vulnerable en el mercado de traba­jo y de una construcción social histórica que les adjudica mayor responsabilidad en el cuidado y las tareas domésticas en función de su sexo.


En este sentido, cabe mencionar que la crisis económica actual tiene repercusiones negativas para las mujeres tanto en el ámbito privado como en el público. Ésta es considerada una situación sistémica porque si las comunidades no cuentan con recursos propios o la cooperación internacional deja de apoyar las labores de cuidado de niños, niñas y personas con discapacidad, estas actividades recaen en las mujeres obstaculizando su inserción en el mercado laboral y, a la vez, limitando su participación política y social.

Debido al trabajo doméstico intensificado y a la necesidad de salir a buscar dinero, la po­breza entre las mujeres y el riesgo de convertirse en mano de obra barata para las nuevas actividades de ex­portación ha aumentado. De esta forma, en Latinoamérica las mujeres tienden a emplearse en trabajos temporales, pues persiste la idea de que el trabajo de ellas es secundario para el ho­gar porque siempre hay un hombre que provee, aunque en muchísimos casos esto no es cierto. Pero de ser cierto, en situaciones de desempleo, de violencia e inseguridad y de precarización del empleo, tanto de hombres como de mujeres, son las muje­res quienes absorben parte de ese trabajo porque para ellas la oportunidad de trabajar es más importante que las condiciones en que se dé el trabajo. Por otra parte, a pesar de que las mujeres en algunos sectores se han organizado y han logrado tener mayor presencia en los mercados de trabajo, siguen teniendo menor poder de negociación dentro del mismo y su mano de obra sigue percibiéndose como complementaria al hogar.

La situación socioeconómica de las mujeres latinoamericanas de cara a la crisis actual depende de muchos factores, entre ellos el tipo de sector en el cual estén inmersas, el nivel de educación que posean, el nivel de pobreza en el que se encuentren, si la población es más urbana o más rural, si todavía pueden autoabastecerse de alimentos o no y también depende de la medida en que la economía de los países esté totalmente capitalizada. En este sentido, es importante tomar conciencia de que la economía no se limita al mercado o a las bolsas de valores, sino que es parte de la vida cotidiana, donde mujeres y hombres cum­plen roles distintos, debido a relaciones desiguales de género.

En el ámbito laboral, ya son visibles los efectos de la crisis, pues la recesión económica que se vive en los países centrales hace que disminu­ya el consumo de productos electrónicos y textiles, y por lo tanto, su fabricación en los países menos desarrollados se ve reducida, lo cual genera salarios más bajos y disminuye las oportunidades de empleos porque las empresas o maquilas se tras­ladan a países con menores restricciones, salarios, prestaciones y menores exigencias de derechos la­borales.

En El Salvador concretamente, según monitoreos de prensa realizados por la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA) y cálculos de la Concertación por un Empleo Dig­no en la Maquila (CEDM), hasta diciembre de 2008, los efectos de la crisis mundial habían impactado negativamente en los sectores productivos de la construcción y la maquila. Según representantes de la CEDM, la cantidad de personas trabajadoras de maquila, que en su mayoría son mujeres, desem­pleadas sobrepasa las 10 mil. La Cámara de la Industria Textil y de la Confección de El Salvador (CAMTEX), adjudica el cierre de algunas fábricas, en parte, a la suspensión de órdenes de compra de su principal cliente Estados Unidos, que como resultado de la crisis económica mundial, ha bajado su demanda de pedidos.

Los directi­vos del Consejo Superior del Trabajo (CST) y la directora ejecutiva de ORMUSA coinciden en que la actual crisis económica que se vive a nivel mundial es uno de los factores que puede estar incidiendo en el cierre de algunas fábricas; sin em­bargo, ésta última manifiesta que la situación de crisis no justifica que los empleadores abandonen las fábricas y se vayan sin pagar pres­taciones laborales, salarios atrasados a sus trabaja­doras y trabajadores, y adeudando cuotas de la seguridad social y sistema de ahorro de pensiones que han sido previamente descontadas al personal. Estos hechos constituyen claras violaciones al Código de Trabajo y a la Constitución de la República, por ello es urgente que el Estado salvadoreño haga cumplir las leyes laborales para frenar el abandono de fábricas y el despido masivo de trabajadoras y trabajadores. Además, en vista de que son las mujeres las que se llevan siempre la peor parte ante situaciones de crisis, es obligación de todas las sociedades hacer un reparto equitativo de las tareas domésticas para que este trabajo, vital para la existencia humana, no recaiga injustamente sobre las mujeres perjudicando su bienestar personal y laboral. Asimismo, compete a toda la ciudadanía demandar a los distintos gobiernos la necesidad de hacer cumplir con su deber de protector de los derechos humanos, específicamente, los laborales.

martes, abril 28, 2009

La situación socioeconómica de las mujeres indígenas salvadoreñas

Fuente: Género y Economía.
La existencia de comunidades indígenas en El Salvador es muy poco conocida incluso por la población salvadoreña en general. Según el Perfil de de los Pueblos Indígenas de El Salvador, entre el 10 y el 12% de la población total del país es indígena. Pero a pesar de ser una proporción considerable, las comunidades indígenas no tienen ningún tipo de representación social ni política, y por lo tanto, sus opiniones no son incluidas al momento de tomar decisiones trascendentales para el país.

Asimismo, el gobierno no presta ningún tipo de atención a sus necesidades, por lo cual sus derechos se ven desprotegidos. De hecho, hay instituciones del gobierno que tienden a invisibilizar a la población indígena; ejemplo de ello lo constituye el hecho de que en el Censo de Población y Vivienda del año 2007 se reflejara una cantidad inferior a las estimaciones del Perfil de los Pueblos Indígenas, razón por la cual la Mesa Permanente de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos tuvo que presentar un comunicado en el cual cuestionaba el resultado de dicho censo. Desafortunadamente la Mesa Permanente se limitó a manifestar un comunicado, sin que eso significara un cambio radical en la manera de proceder de las instituciones del Estado y sin que se generara un compromiso social para visibilizar y respetar la existencia de los pueblos indígenas.

Por otra parte es lamentable que en El Salvador, las comunidades indígenas sean utilizadas como medio de atracción turística, destacando principalmente su danza folklórica, porque esto lejos de beneficiar a las comunidades las deshumaniza. En este sentido, es necesario destacar que las comunidades indígenas en general están expuestas a la marginación social, pero el caso de las mujeres indígenas en particular es mucho más serio porque la desigualdad y discriminación que éstas experimentan se debe a tres razones fundamentales: ser mujer, ser indígena y, además, ser pobre. Y es que la pobreza es una condición generalizada a toda la población indígena salvadoreña, pero que repercute de forma más negativa sobre las mujeres que sobre los hombres. Según el Perfil de Población Indígena de El Salvador, el 38.3% de las personas indígenas se encuentra en una situación de extrema pobreza, el 61.1% se halla en la línea de pobreza y sólo el 0.6% considera que alcanzan a cubrir sus condiciones básicas de vida. Esto es debido a la carencia de tierras y otros medios de producción, así como al hecho de que en el país el sector agropecuario lleve varios años en crisis. Dado que la mayoría de las mujeres indígenas residen en las zonas rurales del país el acceso al trabajo para ellas se ha visto claramente disminuido.

Al hacer un análisis de la situación socioeconómica de las mujeres indígenas se encuentra que éstas viven en condiciones de mayor desventaja que el resto de la población femenina y que sus pares masculinos en áreas tan diversas, pero importantísimas para su bienestar y desarrollo humano, como lo son la educación, la salud, el trabajo, el acceso a los recursos, las oportunidades de capacitación y la participación política. Por ejemplo, al comparar la tasa de desempleo abierta (por cada 100 personas económicamente activas) entre la población indígena 23.8% y el promedio nacional 7.5% se tiene una diferencia abismal, la cual es un indicador de las dificultades laborales que presentan las personas indígenas. Aunque no se cuenta con datos desagregados por sexo, no resulta raro suponer que son las mujeres indígenas las que encabezan las filas del desempleo.

Por otra parte, el hecho de que recaiga únicamente sobre las mujeres indígenas, al igual que sucede con el resto de mujeres del mundo, el peso del trabajo reproductivo –cuidado y educación de los hijos e hijas y desempeño de las demás tareas domésticas-, hace que el desarrollo del trabajo productivo que éstas realizan se vuelva más duro. El tipo de trabajo productivo que las mujeres indígenas desempeñan se caracteriza por la ejecución de labores agrícolas, la comercialización de las cosechas, el trabajo en fincas como jornaleras, el trabajo en maquilas, el comercio informal y la elaboración de artesanías. Como puede apreciarse, estos trabajos a los cuales tienen acceso las mujeres indígenas son trabajos poco cualificados que generan una remuneración económica muy baja, con lo cual resulta imposible trascender los niveles de pobreza a los cuales se ven expuestas.

Otro factor que obstaculiza la igualdad en el acceso al mercado de trabajo para las mujeres indígenas es el limitado acceso que tienen las niñas y mujeres a la educación. No resulta raro suponer que la división sexual del trabajo incide negativamente sobre la formación académica de las niñas, puesto que al interior de estas comunidades se considera que para desempeñar correctamente los trabajos domésticos y ser una buena esposa no es necesario estudiar y se tiende a priorizar la educación de los niños sobre la de las niñas y adolescentes.

Para reivindicar los derechos de las mujeres indígenas, es necesario promover la información desagregada por sexo que permita conocer las condiciones reales de vida de estas mujeres, que constituyen uno de los grupos poblacionales mayormente excluidos como producto de su condición y posición de género, clase y etnia. Para que las mujeres indígenas sean tratadas como verdaderas humanas es indispensable que se les respete el derecho a existir, a estudiar y a trabajar en igualdad de condiciones con el resto de mujeres y hombres de la sociedad.
Género