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miércoles, febrero 15, 2012

Comisarías para mujeres en Nicaragua

Por Mónica Hernández elpais.com
Nicaragua se sube al exiguo carro de países latinoamericanos que tipifican la violencia de género contra la mujer como feminicidio. México o Perú son otros ejemplos. A partir de ahora, “matar a una mujer en el marco de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, ya sea en el ámbito público o privado...” se llama feminicidio y va a estar penado hasta con 30 años de cárcel. Esto supone, al menos, elevar las penas para agresores y homicidas con la aprobación de la nueva ley.

En un país como Nicaragua, con cinco millones de habitantes, sólo el año pasado fallecieron en torno a 70 mujeres por violencia machista (una cifra similar a la de España) y sólo cuatro de los asesinos fueron apresados (en pocos países latinoamericanos se conoce a ciencia cierta el número de víctimas de estas agresiones).

Las más de sesenta asociaciones de mujeres con las que cuenta el país centroamericano han celebrado la aprobación de esta ley con júbilo aunque no lo consideran una victoria total sino un paso más en la lucha por los derechos humanos de la mujer. En una década han muerto unas 800 féminas nicaragüenses por violencia machista.



Nicaragua es un país donde está muy arraigada la cultura patriarcal y los casos de abusos a mujeres fuera y dentro de la familia son frecuentes, así como la maternidad antes de los dieciocho años y el posterior abandono a la joven. Además está penalizado el aborto terapéutico (sólo un 2% de los países penalizan esta práctica, según Amnistía Internacional).


Con todo, es de los pocos países donde existen promotorías y comisarías de mujeres. Con las primeras, se nombran mujeres como promotoras de barrio en el ámbito de lo urbano y promotoras de lo rural en los pueblos. Son voluntarias que han padecido la violencia. Se encargan de ir a las casas de las víctimas a darle seguimiento al proceso de denuncia, para instar a las mujeres para que no se retracten de las quejas. En caso de abuso o denuncia, entran en juego las comisarías de la mujer.

Desde que en 1991 se hizo un proyecto piloto, hasta la fecha, hay 59 de estas comisarías especializadas en todo el país. Ahora han empezado a ser móviles, sobre todo en los pueblos. Son instancias policiales cuya jefatura está en manos de mujeres policías, con participación de psicólogas, médicas, trabajadoras sociales y de las propias promotoras de mujeres. El número de mujeres que atienden crece como la espuma: desde las 48.846 de 2004 hasta las 149.235 en 2010 y más de 160.000 el año pasado. Sin embargo, a las víctimas les cuesta denunciar: de las atendidas en 2010, solo el 23% dio el paso de denunciar.

La pobreza, la desigualdad, el analfabetismo, la violencia intrafamiliar y la falta de acceso a los servicios básicos y la justicia complican el desarrollo de la mujer nica. Lidia, una treintañera licenciada, me cuenta que los malos tratos están incrustados en la sociedad. “Yo lo he visto toda la vida en mi familia”, dice. “Toda la vida mi madre nos ha enseñado que la mujer ha de estar sometida al hombre”. Son patrones que pasan de generación en generación. “A mí mi madre me quita la razón delante de mi marido como algo normal, pero el caso de mi hermana, licenciada en económicas, es más flagrante. Lleva casada 18 años y su marido se emborracha con frecuencia y se va con prostitutas. Cuando mi hermana le cuenta eso a mi madre, ella responde: mujer es que tú eres muy impulsiva, relájate y déjale que disfrute, que para eso es el hombre”. Asegura que su hermana no se separa por los hijos que unen a ambos, porque quién sabe qué destino les espera, pero también afirma que muchas mujeres no se separan por el qué dirán.

Esto ocurre en las ciudades. En el campo, es frecuente que las adolescentes busquen el embarazo rápido para encontrar así un hombre que las mantenga. Pero el chico, en la mayoría de los casos, desaparece tras dejarlas encintas. En ese caso, estas niñas madre se quedan viviendo con los padres y en ocasiones, tras los abusos paternos viene el aprendido sometimiento al marido. “Si toda la vida mi padre ha hecho conmigo lo que ha querido y es mi padre, ¿por qué no lo va a hacer mi marido?” me cuentan algunas de estas niñas-madre.

Para cambiar estas pautas, existen más de sesenta asociaciones de mujeres por todo el país. En Granada, una de las más importantes, la Claudia Chamorro, realiza cursos de informática, belleza, corte y confección, técnico-laboral, etc … son salidas para que la mujer se sienta útil y pueda salir de casa a ganarse un dinero y no ser completamente dependiente del hombre. Lesbia, una de las directoras, asegura que el hecho de que el hombre sea el único en aportar dinero al núcleo familiar, hace que la mujer se sienta en muchas ocasiones inferior y considere que ser abusada es, hasta cierto punto, lógico. Por eso, asegura, “el objetivo de todas las asociaciones es uno: aumentar la autoestima. Hacer ver a la mujer que vale y que no tiene que aguantar nada por el hecho de no saber hacer más que cuidar la casa y los hijos”.

Una de las ONG’s más importantes del país, INPRHU (Instituto de Promoción Humana), que promueve la igualdad de oportunidades, la participación ciudadana y la promoción de los derechos fundamentales de las familias vulnerables tanto en el ámbito urbano como en el rural, está consiguiendo, sobre todo con dinero de cooperación española, no sólo erradicar muy lentamente el machismo entre los indígenas chorotegas, del norte del país, sino dar hilo a la cometa de las mujeres para que ellas mismas, por su propio pie, sepan salir de casa y valerse por sí mismas. Su directora, Gladys Cáceres está convencida de que “nada está escrito en piedra”.

Con ella visito a doña Felipa en Totogalpa, zona montañosa del norte de Nicaragua. Viuda de guerra, Felipa vive en su pequeña casa con sus hijos y algunos animales. Al terminar la guerra, los hombres que sobrevivieron regresaron de luchar de las montañas y se encontraron un fenómeno: la mujer había ganado autonomía. Necesitadas de ejercer de hombres y mujeres, muchas se hicieron fuertes y al regreso, el hombre tuvo que luchar por recuperar su rol. Otros no volvieron y sus viudas continúan siendo un ejemplo de empoderamiento. Felipa, que ha sido alcaldesa de su comunidad, dirige ahora un colectivo de mujeres a los que se les ha enseñado a salir de casa, a trabajar y ganar dinero. Son la Comunidad de El Jobo. Antes eran campesinas dependientes de sus maridos. Ahora introducen cultivos y el INPRHU les enseña a procesar productos, frutas y verduras, para vender.

El dinero que sacan de los mercadillos lo destinan a las necesidades propias de cada una. Igual ha ocurrido con Norma López y cinco mujeres más de su misma familia, que, un día, cansadas de estar atendiendo la casa, pidieron un crédito a INPRHU para comprar una tostadora de café. “Aquí por ser mujeres los bancos no nos dan dinero, no tenemos ninguna propiedad a nuestro nombre y por tanto no podemos ofrecer garantías”, cuenta Norma. En seis meses amortizaron el crédito“Nosotras podemos también salir de casa a ganar dinero, con esto lo demostramos. Ya no estamos tan sometidas a los hombres, no pueden hacer lo que quieran con nosotras”, añade Gertrudis.

En San José de Palmira, Gladys me presenta a unas campesinas muy particulares, mujeres sin casa fija que hasta ahora se ofrecían por los pueblos como mano de obra para lavar ropa, cortar café, etc. y a las que ahora se les ha enseñado a elaborar pan, cerámica o coser y a partir de este próximo mes de mayo van a ser guías de turistas. Las más adultas son viudas de guerra. Las más jóvenes niñas madre. Se les ha construido una comunidad dirigida a mujeres con panadería, comedor y se han acondicionado las viviendas de las pobladoras para que puedan alojar turistas de todo el mundo y estos puedan participar en esos procesos artesanales como tostar café, cortar y cocinar verduras, hacer tortillas de maíz....


Sonia, María y Yasmina hacen tortillas de maíz sin parar. Todas rondan los veinte años y han vivido ya varias vidas. Dos de ellas son madres solteras. Mercedes y María son costureras. Sus niños están sentados con ellas mientras cosen. Están encantadas con este proyecto. Quién se lo iba a decir.
“Pero la autoestima no sólo se trabaja con la mujer”, me dice Gladys, “hay que reunirse también con los hombres y hacerles ver que ellos también pueden y deben hacer tareas de la casa, cuidado de los hijos y que sus mujeres no deben estar sometidas a ellos sino que son capaces de todo. La mujer hace más de treinta actividades al día y el hombre sólo se dedica al campo. A ellos les hacemos conscientes de este aporte de la mujer”.


Y así, conozco a Francisca, en San Lucas, en la comunidad rural de El Porcal. Casada con Enrique, tienen tres hijos. Son una familia pobre del norte montañoso de Nicaragua que como propiedad tiene su casita con un solar de una manzana. Ambos me dan un ejemplo de dignidad e inteligencia.
A Enrique le cambió la vida el día que se sentó a conversar con su familia y supo que sus dos hijas soñaban con estudiar para cambiar la situación en la que vivían aunque él pensaba que ya sabían suficiente. Su pequeño, sin embargo, expresó el deseo de sembrar frijoles como su padre.
Poniendo en común sus sueños y buscando las maneras de mejorar su situación, Francisca y Enrique empezaron a cambiar su vida. “Gracias a INPRHU ahora voy a por agua, cosa que antes hacían las mujeres, traigo leña, muelo maíz… tareas de mujer, pero es que me he dado cuenta que hay que dar a la mujer un espacio propio para que se desarrolle. La clave está en el equilibrio” afirma Enrique, que ronda los cuarenta años. Ahora esta pareja instruye en estas lides a la gente de su comunidad.

Francisca ha mejorado su autoestima. “La pobreza está en la cabeza”, asegura. Se consideran una familia feliz llena de riquezas y bendiciones. Sus tres hijos han dado a luz a siete nietos y la casita de una pieza ahora es una casa digna. Les mereció la pena soñar.


domingo, enero 29, 2012

Aprueba Nicaragua limitada ley contra la violencia

Nelson Rodríguez
(CIMAC).- Tras 10 años de una ola imparable de violencia de género que dejó 800 mujeres asesinadas, el Parlamento Nacional de Nicaragua se dignó a aprobar una cuestionada Ley Integral de Lucha contra la Violencia hacia la Mujer, que tipifica el delito de feminicidio y otros crímenes contra las nicaragüenses.

Sandra Ramos, del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra –una de las organizaciones impulsoras de la ley–, lamentó que esta normatividad se apruebe después de una década del incremento de asesinatos de mujeres en el país centroamericano, aunque destacó que es un avance positivo para las mujeres.

Para María Teresa Blandón, del Movimiento Feminista de Nicaragua, si bien la ley es un logro de las agrupaciones civiles en su lucha histórica contra la violencia intrafamiliar, institucional y el patriarcado, aún quedan “debilidades, vacíos y retos por delante”, advirtió.

Detalló que uno de los principales retos es el cumplimiento de la nueva legislación, la cual entrará en vigor hasta dentro de cuatro meses.

La dirigente feminista criticó que para el Estado “las mujeres no son prioridad”, toda vez que el Parlamento no aprobó la creación del Consejo Nacional de Lucha Contra la Violencia, incluido en la propuesta de ley presentada por la Red de Mujeres Contra la Violencia.

INCONSISTENCIAS

Blandón explicó que la nueva ley sólo habla de que las instituciones del Estado, como el Poder Judicial, el Ministerio de la Familia, la Fiscalía y la Policía Nacional, atenderán los casos de violencia, pero sin tomar en cuenta a las organizaciones de mujeres, que son las que han llevado la lucha contra la violencia de género en el país, lamentó.

La ley aprobada establece que las Comisarías de la Mujer y Niñez de la Policía Nacional recibirán las denuncias y llevarán todo el proceso hasta lograr la cárcel para los agresores.

María Teresa Blandón aclaró que la aprobación de la legislación no garantiza que el Poder Judicial cumpla con la sanción y el castigo a los agresores, ya que –precisó– se requiere de un poder independiente y “lamentablemente no lo es, actúa de acuerdo a las élites partidarias”.

Recordó que el Poder Judicial no ha resuelto ni un sólo recurso de los que introdujeron las organizaciones de mujeres contra la penalización del aborto terapéutico.

OTROS CELEBRAN

Para el diputado oficialista, Calos Emilio López, ex procurador de la Niñez y la Adolescencia de Nicaragua, la aprobación de esta norma va a permitir que el acceso a la justicia para las mujeres sea “más rápido, expedito y transparente”.

La presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos, calificó como “histórica” la aprobación de esta ley y un paso trascendental, aunque no el único, para las mujeres.

La máxima autoridad del Poder Judicial informó que ya se están gestionando recursos a nivel internacional con las agencias de la ONU, para equipar los juzgados especializados que la ley manda a crear.

La titular judicial dijo que se están haciendo posgrados con los jueces para prepararlos mejor en su desempeño, y luego seleccionar a los más idóneos para los juzgados especiales que atenderán la violencia contra las mujeres.

La Ley Integral de Lucha contra la Violencia hacia la Mujer contiene 65 artículos relacionados a la protección de las mujeres y la sanción a los agresores, y establece también la violencia psicológica, patrimonial e institucional, una de las demandas de las organizaciones feministas.

La norma compromete a las instituciones del Estado, como la Policía Nacional, a atender las denuncias y brindar protección a las mujeres para evitar hechos lamentables. También obliga al Estado a sancionar la violencia institucional, otra de las demandas de las agrupaciones civiles.

El acceso a la justicia para las mujeres ha sido una exigencia histórica en Nicaragua a la que se han sumado organizaciones globales como Amnistía Internacional, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos mediante audiencias en años recientes entre el Estado y organizaciones de mujeres.

viernes, diciembre 02, 2011

En Nicaragua, un feminismo “bajo influencia” superado por una mayoría de mujeres

La revolución vive Durante las recientes elecciones del 6 de noviembre de 2011, ganadas sobradamente por el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), este no sólo obtuvo la presidencia de la República sino, por primera vez en 21 años, una mayoría de diputados. De los 62 diputados sandinistas, 34 son mujeres, más de la mitad. Una proporción que se eleva al 70 % si se cuentan también las diputadas suplentes. En cambio, el partido de oposición que ha conseguido más escaños, el PLI (Partido Liberal Independiente), sólo ha llevado al parlamento a 3 mujeres, frente a 23 hombres.

El presidente sandinista Daniel Ortega, reelegido con el 62 % de los sufragios, declaró el pasado 25 de noviembre: «Yo quiero destacar lo que ha sido una lucha de años... cómo lograr que en una sociedad machista, como la sociedad nicaragüense, las mujeres tengan más participación, tengan más espacio. Una lucha larga. Yo diría que fue muy importante, determinante, la tenacidad de la compañera Rosario, para que finalmente se hiciera realidad este objetivo. Y podemos decir ¡con todo orgullo! que por primera vez en la historia de Nicaragua, estamos hablando de una fuerza política, el Frente Sandinista, que presentó la candidatura de compañeras mujeres para todos los 90 cargos en los diferentes ámbitos departamentales. Y el resultado del voto del pueblo nicaragüense nos dice con toda claridad que el pueblo le hace un reconocimiento a las mujeres nicaragüenses».

Cuando los sandinistas volvieron al gobierno en 2006, el feminismo fue rápidamente manipulado por unos grupos muy minoritarios pero que contaban con fuerte respaldo de ONG, medios de comunicación y círculos universitarios. El Movimiento Autónomo de Mujeres, según ha revelado Wikileaks, pidió ayuda a la NED (organismo tapadera de la CIA) para sus campañas contra el gobierno sandinista. Se puede leer al respecto la investigación de Ingrid Storgen , Dick Emanuelsson y Jorge Capelán : http://www.larevolucionvive.org.ve/...

Estas mujeres, que en su mayoría proceden de clases medias urbanas, negándose rotundamente a todo tipo de diálogo con las autoridades y obcecadas en sus posturas de oposición radical, ven ahora cómo su monopolio de representación es cuestionado por la entrada en el escenario político de una mayoría de mujeres de los sectores populares. El 6 de noviembre de 2011, estas últimas revalidaron las políticas de justicia social y participación creciente llevadas a cabo por Daniel Ortega. El Consejo de Expertos Electorales Latinoamericanos (CELA), presente entre los observadores internacionales, destacó la fuerte participación de mujeres y jóvenes en un país donde el voto no es obligatorio.

A todo esto hay que añadir que el parlamento nicaragüense acaba de aprobar una ley integral contra la «violencia machista». El «feminicidio», neologismo acuñado en Méjico para designar un homicidio agravado por el hecho de ser mujer la víctima, está cada vez más extendido en el derecho penal latinoamericano. Poco después de Perú y Bolivia, que habían seguido el ejemplo de Méjico, Chile, Costa Rica, El Salvador y Guatemala, también Nicaragua ha incorporado esta palabra a su vocabulario jurídico. La ley fue aprobada ayer [30 de noviembre] por el parlamento nicaragüense para castigar específicamente la violencia cometida contra las mujeres. Los criminales culpables de «feminicidio» serán castigados con penas de cárcel de 20 a 30 años, la pena máxima en este país. El texto de la ley define este crimen como «la expresión máxima de la violencia de género a manos de personas con la que la mujer se halle o estuviese ligada por relación de consanguinidad, afinidad, cónyuges, ex cónyuges, novios, ex novios» entre otros.

Traducción: Juan Vivanco

Fuentes :


http://www.larevolucionvive.org.ve/...

http://www.tortillaconsal.com/torti...

http://www.elle.fr/Societe/News/Le-...
http://www.larevolucionvive.org.ve/spip.php?article1794

lunes, febrero 14, 2011

Nicaragua: Mujeres adelante en educación

Sylvia R. Torres
(SEMlac).- La certidumbre humanista de que una buena educación constituye una salida para salir de la pobreza todavía empuja a las familias nicaragüenses a sacrificarse para aumentar el nivel de educación formal de sus familias, incluyendo a las niñas, quienes en otros países empobrecidos son las primeras en ser retiradas de la escuela.

No obstante, el mayor nivel de educación alcanzado por las mujeres no se traduce en mejores trabajos y mejores ingresos.

Tanto la IV Conferencia de la Mujeres celebrada en Beijing, como los Objetivos del Milenio (ODM), adoptados por los gobiernos del mundo al iniciar el presente siglo, se plantearon cerrar las brechas en el acceso a educación para hombres y mujeres, como camino hacia la erradicación de la pobreza y la consecución de autonomía de las mujeres.

Eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para 2005, y en todos los niveles de la enseñanza para 2015, es una de las fines del objetivo tres.

En Nicaragua, entre 1997 y 2008, la tasa de cobertura neta de la educación secundaria pasó de 29,9 por ciento a 48,1 por ciento para las mujeres, mientras para los varones evolucionó de 24,8 por ciento a 42,9 por ciento, anunció a la prensa Maria Rosa Renzi, coordinadora del Área Desarrollo Económico y Equidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en este país, durante el seminario Mujer, Trabajo y Liderazgo.

Por otro lado, un informe titulado "Las metas del Milenio y la igualdad de género", publicado en línea por las Naciones Unidas, concluye que en Nicaragua, "el acceso a la educación primaria es bastante equitativo, con ligeras diferencias a favor de los niños en el área urbana y de las niñas en el área rural".

En 2001, en el área urbana había 99 niñas matriculadas en primaria por cada 100 niños; en cambio, en el área rural había 103 niñas por cada 100 niños. En cuanto a la educación secundaria, en el mismo documento se asegura que "la relación entre las tasas brutas de escolarización aumenta significativamente a favor de las mujeres, especialmente en el área rural".

Respecto a la educación técnica y superior, se afirma que existe igualdad en el acceso y que "en 2001 las mujeres representaron el 55,1 por ciento y 51,2 por ciento de la población matriculada en educación técnica y superior", respectivamente.

En el indicador que se refiere a la relación entre las tasas de alfabetismo de las mujeres y los hombres de 15 a 24 años, el documento sobre los ODM muestra una evolución positiva para las mujeres, al pasar la tasa de alfabetismo de 98 por ciento en 1970 a 102 por ciento en 2000.

En su valoración del avance de las ODM, el gobierno nicaragüense ha celebrado la consecución de esta meta, aunque persisten voces críticas frente a éstos logros. La Coordinadora Civil, que agrupa decenas de organizaciones, ha presentado un Plan de País en el que demanda calidad en la educación, tecnificación y mejoramiento de salarios para el profesorado.

A estas voces se suma el educador Fulvio Tijerino Pérez, quien sostiene que a la cobertura debe agregársele la calidad, ya que el sistema educativo presta más atención a matrículas y personas reprobadas que a la calidad.

Citando el censo de población de 2005, el catedrático universitario Cornelio Hoppman afirma, en artículo publicado por la revista Confidencial, que nunca antes en Nicaragua hubo tantos jóvenes con educación, pero contrapone a estos datos el hecho de que solamente 40 por ciento termina la primaria y 2,8 la universidad.

Por otra parte, hay 10 veces más personas graduadas de las universidades, 150.000 en total, de las que hubo en 1979, mientras que la población apenas se ha duplicado.

Con la idea de que, "Educación es lo único que voy a heredar cuando muera", se apuntan por la educación mujeres como Eva Blanco, una trabajadora doméstica, quien a los 23 años y con cuatro hijas recién ingresó a un instituto estudios superiores. Según sus planes, este año, cuando finalice una carrera técnica en administración de negocios turísticos, mejorarán sus ingresos en una industria que poco a poco crece en el país.

Su esperanza puede tambalearse, sin embargo, debido a los obstáculos culturales y estructurales que enfrentan las mujeres. Según reporte de la institución de investigación Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (FIDEG), las mujeres perciben 36 por ciento menos ingresos que los varones.

Ello significa que solo cobran 74 centavos por cada córdoba que cobran los hombres. Adicionalmente, mientras más estudios tienen las mujeres, más grande es la brecha salarial.

En éste sentido, el movimiento de mujeres María Elena Cuadra ha señalado la necesidad de "mejorar la calidad de la inserción ocupacional de las mujeres, cuyas fuentes de ocupación siguen siendo el servicio doméstico, el sector informal y la actividad textil-vestuario en las maquilas; en gran parte de estas actividades predomina el trabajo precario, de baja productividad, insuficientes remuneraciones y, en general, condiciones insalubres, de desprotección y discriminación", denuncia.

Solo el futuro podrá determinar si los sueños de Eva de obtener mayores ingresos, gracias a su educación, podrán hacerse realidad. Lo que queda claro es la complejidad del avance de las mujeres, que para cumplirse requiere de acciones en muchos frentes, pues aunque el progreso educativo es importante, necesita del acceso de ellas a recursos productivos y cambios en los estereotipos alrededor de papel de las mujeres en la sociedad, opinan voces especializadas.

viernes, febrero 11, 2011

Nicaragua: Feministas piden justicia para las víctimas de violencia contra la mujer

Karol Assunção
Adital "Castigo para los agresores. Justicia para las mujeres”. Éste es el pedido que la Red de Mujeres contra la Violencia le hace al Estado de Nicaragua. En un pronunciamiento divulgado a comienzos de este mes, la Red denuncia la situación de violencia vivida por niñas y mujeres en ese país centroamericano, realidad agravada todavía más a causa de la impunidad.

Solamente en el primer mes de este año, la Red ya contabilizó cinco delitos de violaciones ocurridos contra mujeres en Nicaragua. De las víctimas, tres son niñas menores de 12 años. Las otras dos son jóvenes entre 20 y 30 años. La cifra de femenicidios también ya es alta: ocho mujeres asesinadas en 2011, entre ellas, dos adolescentes de 15 años y una niña de cuatro años de edad.

Abusos sexuales, agresiones físicas y psicológicas y hasta inclusive asesinatos son ejemplos de algunas de las violaciones sufridas por mujeres de todas las edades solamente por el hecho de ser del género femenino. Además de las violencias, ellas además tienen de lidiar con otros problemas: la dificultad del acceso a la justicia y la impunidad.

Situación que se hace evidente cuando se analizan los casos de femenicidios del año pasado. De acuerdo con el "Informe 2010 de Femenicidio/Femicidio” elaborado por la Red de Mujeres contra la Violencia, 89 mujeres nicaragüenses fueron víctimas de femenicidio durante el año 2010 y solamente nueve asesinos cumplen condenas. Otros 38 están detenidos sin juzgamiento y 33 son fugitivos de la justicia.

Ni siquiera las mujeres que viven en las zonas rurales están exentas de las violaciones. Según el comunicado de la Red, en los últimos días, dos niñas de 13 y 10 años fueron asesinadas en áreas rurales de Carazo y Jinotega. Los casos llamaran la atención de la Red sobre la situación de las mujeres en esas zonas. "Si en las ciudades o municipios dónde existe cierta accesibilidad para denunciar estos delitos, no se está haciendo justicia, ¿qué está ocurriendo en las comunidades, fuera de estas ciudades?”, se cuestionan.

A pesar de la gravedad del problema, según la Red, no existe voluntad política de parte del Estado para solucionarlo. "Los crímenes de mujeres y niñas reflejan los extremos peligrosos a que hemos llegado, constituyendo un problema social y de seguridad, temas de vital importancia en los que el Estado nicaragüense no ha mostrado hasta hoy, ninguna voluntad política de poner un alto a esta violencia, convirtiéndose por tanto en cómplice de estos delitos”, denuncia.

A causa de ello, las integrantes de la Red piden a las autoridades que investiguen los casos de violaciones y asesinatos de mujeres y que castiguen a los agresores para evitar la impunidad. Además, exigen del Estado el cumplimiento de los protocolos de atención a las víctimas de violencia y solicitan de las instituciones de Justicia más sensibilidad y responsabilidad ante las demandas de las víctimas de violencia.

"Podemos tener leyes y todo un articulado legal que manda investigar y sancionar este tipo de delitos, pero mientras no cambie la mentalidad de los operadores de justicia, prevalezcan las complicidades y permisividad del Estado ante la grave problemática de violencia contra las mujeres; será la impunidad la que continuará prevaleciendo”, destaca.
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=es&cat=76&cod=53897

martes, febrero 01, 2011

Nicaragua: Revolución femenina en las aulas, sin eco laboral

José Adán Silva
IPS La nicaragüense Karla Mendoza se esforzó por asegurarse un buen futuro profesional. Pero dos carreras técnicas, cursos de informática y relaciones públicas, una licenciatura universitaria casi concluida y más de ocho años de experiencia no bastan para lograrlo.

"Aquí no valen para nada los estudios de las mujeres. Parece que siempre valoran más a los hombres aunque cometan más errores y sepan menos que una", se quejó Mendoza ante IPS, después de interponer una demanda contra su despido de un hospital privado de Managua, por haber exigido un aumento salarial.

Mendoza, de 26 años, quien trabajaba hasta ahora como recepcionista y archivadora en el centro de salud y fue despedida junto con otras ocho mujeres por el mismo motivo, ejemplifica los resultados de dos investigaciones y de análisis especializados que muestran la cara y cruz de dos realidades divergentes.

Se trata de una revolución en el acceso de las nicaragüenses a la educación, que las convierte en más formadas que los varones. Pero la discriminación económica y laboral por motivo de género se mantiene resistente a esa transformación.

Un estudio realizado por María Rosa Renzi, coordinadora del Área Desarrollo Económico y Equidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Nicaragua, reveló que en el país las mujeres están accediendo más a las aulas educativas que los varones.


El Informe de Mujer, Trabajo y Liderazgo, divulgado a fines de 2010, mostró que la población en los centros educativos se vuelve mayoritariamente femenina, mientras cada vez más niños y adolescentes varones desertan de las aulas para engrosar al mercado laboral informal y complementar así el ingreso de sus familias.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Información de Desarrollo, en 2005 en Nicaragua había 238.780 niños, niñas y adolescentes menores de 17 años trabajando en las calle.

Los datos no están actualizados, pero cifras no oficiales sitúan en unos 300.000 el grupo en esta situación en 2010, en un país con una población total de 5,8 millones de personas, de los que 2,8 millones tienen menos de 18 años.

Según el estudio de Renzi, desde 1997 Nicaragua ha promovido y logrado la incorporación de las niñas y mujeres jóvenes al sistema educativo formal.

"La tasa de matrícula preescolar, primaria, secundaria y universitaria, es mayor en mujeres que en hombres. En esos tres niveles de escolaridad la tasa de matrícula ha experimentado un importante crecimiento en los últimos 10 años", dijo Renzi a IPS.

Entre 1997 y 2008 la tasa de cobertura neta de la educación secundaria pasó de 29,9 por ciento a 48,1 por ciento para las mujeres, mientras para los varones evolucionó de 24,8 por ciento a 42,9 por ciento, detalla su estudio.

El gobierno de Nicaragua celebra la reversión de las desigualdades entre los sexos en la educación primaria y lo resalta como el cumplimiento anticipado de la meta dentro de los compromisos de Nicaragua de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

En septiembre, la administración del izquierdista Daniel Ortega destacó en un informe que en preescolar y primaria la escolarización femenina supera a la masculina desde 2009, cuando el tercer ODM, el de paridad de género y empoderamiento de las mujeres, establecía alcanzar el igual acceso en 2015.

El informe también subrayó que donde la supremacía femenina es más notable es en las universidades, donde las mujeres representan 129,5 por ciento en relación con los varones.

Para el sociólogo Óscar René Vargas, Nicaragua está ante una plena "revolución femenina" en cuanto a presencia en las aulas, pese a que los centros de educación aun reproducen estereotipos de género que perpetúan la discriminación y subordinación de las mujeres en la sociedad.

Autor de dos libros sobre los ODM en Nicaragua y América Central, el sociólogo asegura que si se mide la concurrencia real a las aulas, la supremacía femenina desborda las cifras oficiales y asegura que la cifra en las escuelas primarias es de dos mujeres por cada varón, en secundaria de tres a uno y en la universidad la cifra supera cuatro a uno.

"Hay un desbalance notorio e irreversible y es un fenómeno positivo para el país, porque capacita a más mujeres de cara al futuro, pero en parte también es negativo porque la falta de educación del hombre incide en el desarrollo de la familia y la sociedad", observó el experto a IPS.

El revés de la moneda para Vargas es que pese a sus avances educativos, la sociedad todavía no reconoce plenamente a las mujeres como sujetas de derechos económicos y laborales.

Ello "se expresa en bajos salarios, poca promoción y reconocimiento a las mujeres en el mercado laboral, así como espacio en las tomas de decisiones", explicó.

Vargas estima a las mujeres aun se les emplea más en el sector informal que en el mercado formal con todas sus prestaciones y políticas de crecimiento laboral.

En ese sector informal, según el experto, la población trabajadora no solo está expuesta a bajos ingresos por su trabajo, sino también a reducidos niveles de protección.

Según sus investigaciones, en 2009 el ingreso promedio por trabajo de las mujeres representaba 76 por ciento de lo que ganaba un hombre en el mismo puesto laboral y con las mismas calificaciones académicas.

En el sector formal la brecha del salario femenino es de 10 por ciento, pero en el informal sube hasta 30 por ciento. Además, las mujeres pese a su salto educativo siguen ocupando solo 20 por ciento de los puestos directivos en el mundo del trabajo.

El fenómeno que afecta las aspiraciones de la nicaragüense Mendoza es global. Según el informe 2010 de Datos y Cifras Mundiales de Mujeres de las Naciones Unidas (ONU), en la última década el acceso a la educación aumentó en el mundo para las niñas en todos los niveles.

En 2008 había 96 niñas por cada 100 varones en las escuelas primarias, y 95 niñas por cada 100 varones en las escuelas secundarias, cuando en 1999, eran 91 niñas por 100 varones en primaria y 88 niñas por 100 varones en secundaria.

Pero la brecha laboral no cede. Según el informe 2010 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, 65 por ciento de los trabajos de las mujeres eran considerados vulnerables en 2009, comparado con 58 por ciento de los trabajos de los hombres.

Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=97417

sábado, noviembre 27, 2010

Nicaragua: “¡No más violencia contra las mujeres, ni impunidad para los agresores!”

Giorgio Trucchi
Lista Informativa 'Nicaragua y más' En homenaje a la lucha de las hermanas Mirabal, cruelmente asesinadas en 1960 por la dictadura de Leonidas Trujillo (República Dominicana), se conmemora cada 25 de noviembre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. En Managua, Nicaragua, miles de mujeres se movilizaron para exigir justicia, no más violencia y castigo para los agresores.

Según datos de la Red de Mujeres contra la Violencia (RMCV), en lo que va del año ya son 82 las mujeres asesinadas a manos de sus esposos, ex compañeros de vida, cuñados, hermanos u otros familiares. De ellas, 8 son niñas y el 70 por ciento de esos asesinatos están en la impunidad.

“Una vez más estamos conmemorando esta fecha para exigir que el Estado se responsabilice para garantizar la seguridad de las mujeres -dijo Fátima Millón, activista de la RMCV-.

Si bien es cierto que hemos pedido la revisión del marco jurídico, las mujeres que a diario sufren violencia no pueden continuar esperando. La actuación de los funcionarios públicos -continuó Millón- debe ser ajustada a derecho, respaldada en los protocolos, políticas publicas y legislación existentes en Nicaragua. Hay suficientes instrumentos para dar un abordaje adecuado e integral a las víctimas sobrevivientes de violencia, y los procesos deben ser oportunos, ágiles y justos”, aseveró la activista.

En ocasión de esta importante fecha, las organizaciones de mujeres que luchan para que se acabe la violencia de género, el femicidio y para que se castiguen los culpables, demandaron también terminar con el tráfico de influencias en los procesos judiciales, “que deja en libertad a asesinos, agresores y violadores”. Asimismo, exigieron que no se continúe “negociando las penas en los delitos de violencia contra las mujeres”, y que el Ministerio Público cumpla con “el rol que le corresponde de defender a las víctimas sin distingo de clase, etnia, religión, nacionalidad y edad”, se lee en el pronunciamiento de la RMCV.

“A través del monitoreo que desde la Red se hace, hemos evidenciado que han habido muchas mujeres que han sido asesinadas después de haber tenido un trámite de mediación en los tribunales. Esta situación deja en total indefensión e inseguridad a las víctimas. Además -explicó Millón- denunciamos el tráfico de influencias que existe en los procesos judiciales, lo cual está directamente vinculado con las situaciones de violencia y el femicidio”.

Finalmente, las organizaciones que se movilizaron ese 25 de noviembre pidieron al Estado nicaragüense solventar la deuda pendiente que mantiene con las mujeres, firmando el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de todas formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW).

“Vamos a seguir denunciando a los violadores, asesinos y agresores de mujeres. Continuaremos acompañando a todas las mujeres en defensa del derecho humano de vivir sin violencia”, concluye el comunicado de la Red de Mujeres contra la Violencia.

Fuente: http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2010/11/25-de-noviembre-nicaragua-no-mas.html

Galería de fotos: http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2010/11/fotos-25-de-noviembre-en-nicaragua-no.html

miércoles, junio 16, 2010

Entrevista a Mónica Baltodano, de Nicaragua, comandante guerrillera histórica

Marcelo Colussi / Rodrigo Vélez-Guevariando
Pregunta: Desde la derecha, y también desde algunos sectores de izquierda, se considera que los movimientos armados de América Latina de algunas décadas atrás, fracasaron. ¿Cómo entender eso? ¿Qué balance podemos hacer de ellos?

Mónica Baltodano: Muchas veces, en la intimidad, me he preguntado si se puede hacer la historia de la lucha armada en América Latina a la manera como hacemos la historia económica de la región, la historia de la democracia, de las crisis económicas, de los procesos electorales, etcétera. ¿Cómo analizar y valorar esta forma extrema de la lucha de clases? ¿Cómo enjuiciar sus resultados? ¿Fracasaron realmente los obreros de la Comuna de París cuando luego de dos meses de rebeldía armada fueron abatidos y masacrados por el gobierno de Versalles? ¿Fue realmente un fracaso ese primer intento de tomar el cielo por asalto? ¿Fracasó el sacerdote Camilo Torres cuando cae en su primer combate como soldado del ELN? ¿Fracasó el Presidente Allende empuñando ya casi solo su carabina en la Moneda o Santucho abatido por los fascistas argentinos?

La violencia del capital, de las oligarquías, de los poderosos, de sus guerras locales y mundiales, en apariencia nos es más conocida, más familiar diría. Mientras que la violencia revolucionaria, por su parte, siempre me ha parecido más sutil, más compleja, más formando parte de esa “astucia de la historia” que no se deja aprisionar fácilmente con las categorías y valores del sentido común. ¿Fracasó el héroe sandinista Julio Buitrago cuando cayó abatido en 1969 después de varias horas de enfrentarse absolutamente solo a centenares de guardias de Somoza? ¿Realmente fracasaron los miles de combatientes y patriotas que cayeron con las armas en la mano, combatiendo a las dictaduras militares de América Latina?


Si pudiera hacerse abstracción de un universo de experiencias tan diferenciado y complejo, mi respuesta sería categórica: No, no fracasaron.

Creo que los múltiples movimientos armados revolucionarios de América Latina –en medio de un combate absolutamente desigual– tuvieron incluso momentos sorprendentes de grandes éxitos que fueron de impacto internacional; pensemos por ejemplo en los momentos más culminantes de los Tupamaros. Hoy no debería sorprendernos ver a uno de sus líderes convertido en el Presidente de Uruguay. Lo que quiero sugerir es que en el transcurso de esa lucha, los resultados finales, el impacto y la influencia de ésta, se proyectan como desiguales en la historia según los países.

Para mí no hay duda posible. No habría democracia en El Salvador, Funes probablemente no sería nadie, sin la heroica lucha del FMLN. No es posible explicar la Nicaragua de hoy sin pasar por los caminos de la lucha armada sandinista. Seguramente los Acuerdos de Esquipulas tuvieron el alcance regional y se firmaron en Guatemala, porque había lucha de la URNG, aunque la eficacia de ésta no tuviera –en ese momento– los niveles que había alcanzado en el pasado y que llegaron a ser entonces superiores a los del FSLN y el FMLN.

Los movimientos armados, la lucha armada, aparecen y desaparecen según los ritmos, las exigencias y los tiempos de la lucha de clases. En general creo que éstos, los grupos armados revolucionarios, fueron expresión de la organización de los sectores más avanzados del pueblo, de quienes estuvieron dispuestos a una lucha frontal por los cambios sociales y políticos que necesitaba nuestra América para avanzar en términos de justicia social, desarrollo, democracia política y económica. En el despliegue y desarrollo de ese proceso singular de lucha, algunos avanzaron sus trincheras más que otros. Conocieron más victorias. Otros, más reveses. Algunos incluso desaparecieron tan rápido como aparecieron, como ocurrió en Honduras o Panamá. Otros tienen más de medio siglo luchando como en Colombia. Otros, llegado el momento, transformaron el fusil en lucha política, legal.

Los movimientos armados no pueden explicarse fuera de los imperativos de la lucha de clases. En nuestra América su existencia es incomprensible sin los regímenes dictatoriales, opresivos y represivos que respaldados por Estados Unidos proliferaron en la segunda mitad del siglo pasado. Por una parte, el sistema de dominación neocolonial del imperialismo norteamericano así garantizaba los negocios de sus banqueros, industriales y explotadores de nuestros recursos naturales. Y por otro lado, mediante estos regímenes, el imperialismo garantizaba una correlación favorable en el conjunto del conflicto Este-Oeste.

Por su parte, lo mejor de nuestra gente simbolizaba la resistencia con unos cuantos fusiles y con fortalezas de pura conciencia. Podían perder, como en efecto ocurrió, muchas batallas. Miles de vidas y organizaciones se perdieron, pero no fracasaron. Prepararon la antesala de las nuevas luchas. En efecto, en aquellos países en los que se hizo el balance adecuado de la lucha armada, se armaron de nuevas maneras y triunfaron. Es sin duda una manera positiva de hacer la lectura de una parte de la historia política reciente de Brasil. Y si nos dejamos engañar por las apariencias tendríamos que decir que Evo Morales triunfó allí donde el Che “fracasó”.

Los movimientos armados por lo general eran expresión de la necesidad imperiosa de cambios radicales. Cambios que –estaba demostrado– no podían transitar por las vías pacíficas, porque los caminos democráticos estaban totalmente cerrados. En ese contexto los movimientos armados fueron las formas políticas de expresión de la lucha de clases en nuestros países. No sólo querían democracia, querían cambio de sistema. Fueron la negación del liderazgo político tradicional y la afirmación de un nuevo liderazgo. Rompieron la ética convencional de la política y propusieron una nueva construida con desprendimiento y heroísmo. Se armaron de nuevos valores que no podían derrotar las balas del enemigo. Eran, éstas últimas, armas que no podían fracasar, que el enemigo no podía derrotar y que sólo los revolucionarios mismos podrían desvirtuar, como en no pocos casos ocurrió.

La estrategia de lucha armada en la mayoría de las experiencias conocidas –siempre debemos enfatizar– no excluían otras formas de lucha, antes bien, estas organizaciones tuvieron mucho cuidado en impulsarlas y potenciarlas. Lo fue en la experiencia de Cuba, en nuestra experiencia en Centroamérica en especial Nicaragua y El Salvador. No éramos militaristas, nosotros teníamos convicción de que solo podríamos triunfar con un amplio movimiento de masas activado a partir de sus reivindicaciones específicas, articuladas con la lucha general, armada, por el derrocamiento de las dictaduras y la lucha por el poder. En nuestro caso, Nicaragua, promovimos –hasta donde la realidad lo hizo posible– la organización popular: movimientos barriales, movimientos sindicales, estudiantiles, organizaciones de mujeres, cristianos, y hasta tuvimos formas de articulación política entre todos ellos a través del Movimiento Pueblo Unido (MPU).

La mayor parte de estos movimientos armados –salvo el caso de Cuba y Nicaragua– no alcanzaron su objetivo último de llegar al poder derrotando militarmente a las fuerzas represivas. Sin duda se cometieron errores tácticos y estratégicos. No pocas veces el pobre armamento bélico, estuvo acompañado de un pobre armamento ideológico. Sin duda hubo muchas equivocaciones, distorsiones lamentables y heridas incurables como el asesinato de Roque Dalton. Pero por encima de las sombras, siempre me parece honroso y victorioso el fusil libertario.


El caso de Nicaragua


El movimiento armado en Nicaragua respondió a la propia historia nacional y tuvo como antecedentes incontables confrontaciones como expresión de la lucha de clases, como la resistencia indígena, silenciada en la historia oficial, que tuvo importantes hitos como los levantamientos de las comunidades de Matagalpa en el siglo XIX. A finales de ese siglo (1893) conocimos también una revolución liberal frustrada por la injerencia yanqui. A partir de la contrarrevolución de 1910, Nicaragua fue reducida, por más de 20 años, a la condición de protectorado de los Estados Unidos, pues hasta el último centavo del erario público estaba manejado por funcionarios norteamericanos. Las oligarquías, representadas en los partidos tradicionales llamados liberales y conservadores, sólo hacían el papel de administradores de los intereses yanquis.

Antecedente vital en nuestra historia, fue la lucha de Augusto C. Sandino (1927). Iniciada con un puñado de campesinos descalzos, se enfrenta a la oligarquía y a los yanquis, construye el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua (EDSNN), y lleva adelante una lucha de carácter patriótico, nacionalista, latinoamericanista, anti-imperialista, y anti-oligárquica. Sandino expulsa a los invasores y les infringe la primera gran derrota en suelo latinoamericano, pero los políticos le traicionan y es asesinado en 1934.

A partir de su asesinato, se abre un período de represión y muerte contra los dirigentes y campesinos sandinistas, y con ello, se instala una dictadura militar que combinó acciones populistas con represión y muerte. Este fue un largo período de descenso de las luchas populares, hasta que se fundó, en 1963, el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En nuestro país, la convicción de que la vía armada era la única para acabar con la dictadura llevó, incluso, a sectores tradicionales a emprender intentonas armadas a finales de los años 50; en Nicaragua se dieron varios movimientos armados de signo conservador. Lo que distingue al FSLN de esos esfuerzos, es que sus principales fundadores cultivaron el marxismo como ideología y tenían en la Revolución Cubana su norte. El uso de esas herramientas y referencias les permitió diseccionar los intereses de clase presentes en las fuerzas políticas de entonces, y determinar la necesidad de organizar una fuerza que representara, genuinamente, los intereses de los explotados y oprimidos de Nicaragua.

La escogencia del camino de la lucha armada distinguió al Frente Sandinista de la mayoría de los Partidos Comunistas tradicionales que por entonces empujaban la línea de la coexistencia pacífica y rechazaban el uso de la lucha armada revolucionaria. En nuestro país, el Partido de los comunistas (Partido Socialista Nicaragüense), durante varios años fue un férreo crítico de la lucha sandinista, a quien acusaba de aventureristas.

La organización del FSLN significó una ruptura con las fuerzas políticas y movimientos armados precedentes, porque diseñó una guerra revolucionaria contra el régimen, rompiendo la lógica del golpe, de la invasión organizada desde países vecinos, y de la acción cortoplacista para derrocar al somocismo. El FSLN diseñó una estrategia de lucha por el poder que incluía la construcción de una correlación social favorable a nuestros objetivos, porque se propuso representar a los sectores populares, en especial a los obreros y campesinos, llamados a asumir el protagonismo de su propia historia, frente a la lógica de las paralelas o partidos políticos tradicionales que, representando los intereses oligárquicos, sustituyeron siempre la participación directa del pueblo, usándolo para sus propios intereses.

El FSLN de Carlos Fonseca, planteó la necesidad de hacer transformaciones más profundas al orden económico de la sociedad nicaragüense, superando el esquema político tradicional que se circunscribía a poner fin a la dictadura, o la sustitución del dictador Somoza y su familia, y propuso tempranamente una estrategia que combinara la acción guerrillera en la montaña y en el campo, con la organización política de los distintos sectores tanto urbanos como rurales. Dentro de la estrategia de toma del poder se incluyó la insurrección popular, concebida muy tempranamente por Carlos Fonseca como el momento culminante del proceso.

En Nicaragua, el movimiento armado que inicia a principios de los años 60, consiguió un triunfo rotundo el 19 de julio del 79, después de 23 años de lucha. Los primeros 20 años fueron de lento avance, de grandes reveses, de muerte, cárcel, asesinatos masivos en las zonas de operaciones, muchas adversidades y algunos éxitos espectaculares, pero sobre todo de consistente labor de concientización y organización, hasta que se logra involucrar masivamente a la población y convertir el combate de pequeños grupos y unidades guerrilleras en el campo y la montaña, en insurrecciones masivas en las ciudades. Ello permitió aniquilar a la dictadura somocista y terminar con una relación de subordinación del país a los Estados Unidos.

La victoria del FSLN sobre la dictadura el 19 de julio de 1979 tuvo como factor principal la participación masiva del pueblo en la lucha, tanto como colaboradores, combatientes y milicianos, pero también se explica por el impulso de una audaz política de alianzas, la apertura a la incorporación de sectores opositores de la burguesía y de los partidos tradicionales, un amplio y eficaz trabajo exterior que permitió conseguir armas y municiones para la fase insurreccional y, finalmente, el desgaste de la dictadura que llegó hasta perder, en los últimos días, el respaldo oficial de los Estados Unidos.

La naturaleza de los cambios no puede dejar dudas. La Revolución Popular Sandinista construyó una nueva institucionalidad, ejército, policía, parlamento, ministerios, creando un andamiaje institucional completamente nuevo. Se redactó una nueva Constitución Política en 1987, y se empujaron importantes cambios sociales: Reforma Agraria, alfabetización, Reforma Urbana, nacionalización de los recursos naturales –minas, agua, bosques–, nacionalización de las explotaciones de enclave como las bananeras, y de sectores estratégicos como la Banca y el comercio exterior, entre otras.

Con el triunfo sandinista en Nicaragua se fortalecieron las luchas armadas en Guatemala y El Salvador. Desde Nicaragua se respaldaron estos esfuerzos de combate, al punto que este tema se convirtió en un elemento de presión sobre el gobierno revolucionario, por parte de los Estados Unidos. En El Salvador, la unidad de todas las fuerzas guerrilleras en el FMLN y el apoyo de las fuerzas revolucionarias nicaragüenses, llevó la lucha armada a un punto de equilibrio, un virtual empate entre el FMLN y el Ejército, a pesar del desmesurado respaldo que Estados Unidos dio a los gobiernos salvadoreños. Este virtual empate llevó a un proceso de negociación que favoreció la conversión del FMLN en un partido político que comenzó de inmediato a disputar el gobierno por la vía electoral.

Durante los diez años de gobierno sandinista, el proyecto de transformación en Nicaragua tuvo grandes dificultades para desplegarse, porque la guerra contrarrevolucionaria significó un brutal desgaste material y político para la Revolución. La necesidad de sostener un enorme tren de defensa, el servicio militar obligatorio y el bloqueo de recursos del exterior deterioró las condiciones de vida y minaron la capacidad de resistencia de la gente.

Sin negar los errores que se cometieron, fue la guerra impuesta por el Imperio el factor determinante en la derrota electoral que sufrió el FSLN, en febrero de 1990, frente a una gran coalición de derecha. Esa derrota no significaba el fin de la Revolución, sino un revés. Pero la implosión del socialismo real impactó también negativamente en la conciencia de la dirigencia revolucionaria y del pueblo, y comenzó a avanzar la contrarreforma hasta que finalmente se instaló hegemónicamente en nuestro país. Fue una derrota política que luego se convirtió en un triunfo de la contrarreforma y luego en una derrota de la Revolución. Digo que fue una derrota de la Revolución, cuando desde la otrora conducción de la vanguardia, se renunció al desarrollo de un proyecto realmente revolucionario y se hicieron ajustes a la propuesta, para adecuarla, pragmáticamente, a una lucha por el control del poder, pero ya no para cambiar el sistema imperante, sino para adecuarse de manera “realista”.


Pregunta: ¿Pueden volver propuestas de movimientos armados en esta región? ¿Por qué sí o por qué no?


Mónica Baltodano: Como señalé, la lucha armada aparece y desaparece según los tiempos de la lucha de clases. Las transformaciones económico-sociales, la demanda de justicia y libertad requieren como siempre de lucha y ningún camino debe estar cerrado para ella. Creo que todas las vías están abiertas para insubordinarse, para intentar transformar las cosas y con ello buscar cómo transformamos nosotros mismos en permanentes sujetos de cambio. Evidentemente hoy como ayer, los privilegios, las ventajas que desde el mercado operan a favor de los grandes consorcios, ahora de las grandes transnacionales, de los capitales interconectados, siempre serán defendidos con todo el poder y las armas de que se disponga. Ningún grupo dominante, cualquiera que sea su signo, renuncia pacíficamente a sus privilegios y al poder.

Los nuevos Códigos Penales de nuestros países criminalizan la lucha bajo cualquiera de sus formas, los sistemas de justicia siguen operando a favor de los dominadores. Así que, ningún camino para luchar por transformar esta realidad debe ser negado a priori. Hoy como ayer, se necesitan del mitin del barrio o la acción sindical; de la acción deliberativa de la Universidad, o la defensa de la tierra en el campo; la lucha por salvar a las especies, como de beligerancia para eliminar la violencia contra las mujeres y niños; de la lucha parlamentaria, como de la lucha callejera. Seguramente también serán necesarios otros levantamientos sociales o asonadas, o la lucha de barricadas como las que vimos en Oaxaca, pero seguro también va a urgirse nuevamente, en otros contextos, de nuevas formas de lucha armada.


Pregunta: Los movimientos armados actualmente existentes (Colombia, Chiapas en México), ¿qué futuro se les ve?


Mónica Baltodano: Los movimientos armados en Colombia responden a la realidad particular de ese país, desde hace mucho tiempo combaten en un contexto singular. Es evidente que los guerrilleros siguen en pie porque no existen en Colombia posibilidades de transitar por otros caminos. Al movimiento guerrillero de Colombia le ha tocado enfrentarse a un gobierno que ha sido priorizado por los Estados Unidos, que ha recibido miles de millones de dólares en armamento, pertrechos y tecnología con el fin de aplastar a la guerrilla. El gobierno de Colombia ha montando campañas internacionales de enorme magnitud para vender la imagen de una guerrilla vinculada a la narcoactividad, y de presentarla como derrotada. Ciertamente se percibe que el movimiento ha recibido golpes muy fuertes. Les corresponde a ellos determinar qué camino seguirán en el futuro cercano y desde nuestros propia historia no nos queda más que expresar nuestro respeto por la lucha que mantienen y que se corresponde con su propio proceso. Marulanda está muerto pero no derrotado.

En el caso de Chiapas, el movimiento zapatista ha escogido el camino de la organización de un poder popular paralelo al oficial, manteniendo sus fuerzas militares como grupos de defensa de su organización. Ellos no hacen ataques ni emboscadas al Ejército mexicano, sino más bien se mantienen como fuerzas de autodefensa de los Caracoles zapatistas, y el EZLN mantiene una posición crítica del sistema de partidos políticos y de los procesos electorales. Yo creo que el EZLN es una fuerza que mantiene viva la llama de la resistencia frontal contra el sistema, de denuncia y cuestionamiento a los limitados alcances que ofrece para la izquierda el camino electoral, y en ese movimiento se incuban esperanzas de encontrar nuevos caminos de construcción del poder desde abajo.


Pregunta: Ante ese aparente cierre de caminos de transformación social hoy día, sin una coyuntura que favorezca la aparición de movimientos armados como un instrumento más para la búsqueda de esos cambios, ¿cuáles son las perspectivas reales de modificación de su estado de injusticia para las fuerzas populares?



Mónica Baltodano: Es una pregunta para la que no tengo una respuesta categórica. Es evidente que la multiplicación de las luchas sociales de finales de los años 90 favoreció un incremento en las posibilidades de los partidos y fuerzas progresistas emergentes. Los movimientos indígenas, ecologistas, de campesinos sin tierra, de las mujeres, los Foro Social Mundial, las movilizaciones contra la globalización capitalista; crearon un clima que permitió que llegaran a las casas presidenciales, personeros con proclamados programas de izquierda. Pero, hasta hoy, los resultados reales de su gestión son bastante modestos. Si bien se han impulsado programas sociales que han mejorado la condición de vida de amplios sectores, no se ha alterado sustantivamente el régimen económico social, la estructura de clases. En algunos países como Nicaragua se habla de la continuidad de la revolución, pero lo que se reproduce es un régimen que favorece a las grandes transnacionales y al capital financiero regional, mientras se restringen libertades esenciales de importantes capas de la población.

La crisis global del sistema del capital es un desafío para todos en todas partes. Su empeño depredador significara, desempleo, pobreza, menos salud y educación. Más dependencia y menos soberanía. El capital nos ha demostrado que la ruta privilegiada para superar sus crisis cíclicas transitan por incrementar la sumisión de las mayorías a los intereses de los ricos y poderosos. No tiene escrúpulos de recurrir nuevamente al fascismo si es necesario. Las fuerzas populares deben estar listas a responder, resistir y contraatacar según lo determinen las condiciones de la lucha, que de ordinario las impone el adversario.

(*) Equipo de Investigación y Entrevistas

mmcolussi@gmail.com, guevariando@gmail.com

domingo, abril 11, 2010

Apuestan a reducir la violencia contra las mujeres

Por: Elízabeth Romero / La Prensa
Una campaña que inició en México y se extiende a Centroamericana se implementa en Nicaragua, a fin de prevenir la violencia contra las mujeres y promover el acceso a la justicia de las mismas.

Los asesinatos de las mujeres constituyen una de las formas más extremas de violencia por razones de género y la mayoría de estos casos siguen sin resolverse. Según datos de organizaciones feministas, en el 2009 se registraron más de 2,300 feminicidios o femicidios en Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y México.

Fátima Millón, de la Red de Mujeres contra la Violencia, indicó que como parte de la campaña promueven encuentros con mujeres y diferentes sectores de la sociedad, entre ellos periodistas de medios de comunicación, en busca de un mejor abordaje de los casos contra las mujeres.



Esto con el fin de que “abonen a la prevención y educación de la ciudadanía y al compromiso social de todos los actores claves en la responsabilidad de garantizar la vida y defender los derechos de la ciudadanía sobre todo de las mujeres”.

A la fecha se han registrado 18 mujeres asesinadas en Nicaragua. De ese total, cuatro niñas han sido asesinadas, mientras que el año pasado fueron siete, lo que indica un riesgo de un incremento de niñas asesinadas al cierre de este año.

Persiste impunidad

Millón manifestó que la impunidad que se vive en el país les sigue preocupando, ya hay poca beligerancia de algunas autoridades en estos casos.

Mencionó, por ejemplo, el caso de la niña asesinada y violada en Matagalpa a final del año pasado. Los dos procesados fueron dejados en libertad, aduciendo las autoridades falta de pruebas, pese a la confesión de uno de los acusados.

Las autoridades aducen que el procesado declaró que se había autoculpado porque lo hizo bajo presión.

“Nos encontramos con una serie de situaciones que van dejando un mensaje para los agresores: al final yo voy a salir, va haber algún proceso técnico que me va a permitir la libertad. Las situaciones de violencia las están tipificando como falta”, indicó Millón.

La defensora de derechos humanos de las mujeres señaló que un hombre agresor que comete delito se compromete en el momento a no seguir haciéndolo, pero después hay una agresión mayor porque hay un actitud de venganza.

Hasta el primer trimestre del año, se reportó que de 11 once victimarios, seis estaban prófugos.

viernes, abril 09, 2010

Programa gubernamental beneficia a mujeres nicaragüenses

PRENSA LATINA
Más de 40 mil familias rurales de Nicaragua se han beneficiado hasta ahora con el programa Hambre Cero, destinado a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos más pobres y especialmente las mujeres.

Mediante ese programa gubernamental, se entregan bienes de capital y se brinda capacitación y técnicas de organización a los núcleo familiares más pobres, a fin de que puedan producir y manejen mejor sus recursos.

Pero esos bienes se entregan en posesión a las mujeres, en cumplimiento de la voluntad del gobierno de hacer de esas féminas sujetos económicos activos y fortalecer su papel en la comunidad, dijo Eva Acevedo, directora del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA), en declaraciones publicadas hoy aquí.



Además, cada día se suman más mujeres a cooperativas de producción, ahorro y créditos impulsadas por el gobierno, señaló Acevedo, y precisó que ya se han constituido 115 de esas cooperativas con el apoyo del ministerio Agropecuario y Forestal, el Instituto Nicaragüense de Fomento Cooperativo y el INTA. Las cooperativas son la forma asociativa que el gobierno ha venido impulsando para que las mujeres puedan acceder a servicios tales como asistencia técnica, transferencia de tecnología, financiamiento y desarrollo de capacidades empresariales, a fin de que puedan insertarse en los procesos de desarrollo a nivel local, explicó.

sábado, enero 16, 2010

Exigen despenalizar aborto terapéutico en Nicaragua

Pueblo en Línea- Tomado de: Insurrectas y Punto
Organizaciones de mujeres de Nicaragua protestaron el día 14 frente a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para exigir a los magistrados dar trámite a un recurso de inconstitucionalidad contra la penalización del aborto terapéutico en el país centroamericano.

Martha Blandón, representante del Grupo Estratégico por la Despenalización del Aborto Terapéutico, dijo este jueves a la prensa que los magistrados no se han puesto a trabajar para resolver un recurso contra la penalización del aborto terapéutico.

La Asamblea Nacional aprobó la penalización del aborto terapéutico en diciembre del 2006, al incluirla en el nuevo Código Penal, lo cual desató protestas de grupos feministas que respaldan esa modalidad de aborto para salvar la vida de la mujer.

"A los magistrados le hemos traído hasta la CSJ los ataúdes simbólicos expresando la muerte de las mujeres, y las cifras de féminas fallecidas desde que se instauró la penalización del aborto terapéutico, pero no nos hacen caso", aseguró Blandón.

Según los organismos feministas en el país, la prohibición del aborto terapéutico en Nicaragua pone en peligro la vida de niñas y mujeres, al negarles tratamiento para salvar sus vidas, e impidiendo a profesionales de la salud realizar esa practica.


De acuerdo con cifras de estos organismos de mujeres, al menos 33 niñas y mujeres murieron en 2009 durante el embarazo, en comparación con las 20 fallecidas en el mismo periodo del 2008.

La líder feminista agregó que la cifra más alta de muertes de niñas y mujeres de escasos recursos económicos por haberse penalizado el aborto terapéutico, están en la Costa Atlántica nicaragüense y el norteño departamento de Matagalpa.

En tanto, el organismo internacional Amnistía Internacional consideró en el 2009 que estas cifras son sólo un mínimo, ya que el propio gobierno de Nicaragua ha reconocido que no todos los casos de muertes maternas se registran.

El nuevo Código Penal en Nicaragua establece penas de prisión para niñas y mujeres que quieran practicarse un aborto, y también para los profesionales de la salud que presten servicios asociados con el aborto.

Además, la justicia nicaragüense también castiga a niñas y mujeres que han sufrido un aborto involuntario, porque en muchos casos es imposible distinguir el aborto espontáneo del inducido. (Xinhua)

miércoles, mayo 13, 2009

Las mujeres nicaragüenses entre la situación de pobreza y los reclamos de ciudadanía

Por: María Teresa Blandón Gadea / Rebelión
Muchos de los problemas que afectan a la mayoría de la población nicaragüense son consecuencia directa de políticas macroeconómicas impuestas por gobiernos del Norte y aplicadas entusiastamente por una por una clase política doméstica con un anémico interés por reducir la pobreza y las brechas de iniquidad. Baste recordar que, de acuerdo con fuentes oficiales de información, de cada diez personas, cuatro viven con menos de un dólar al día y más del 75 por ciento de la población sobrevive con menos de dos dólares al día. En consecuencia, de cada diez familias nicaragüenses, cuatro son receptoras de remesas, las cuales financian el consumo de dichas familias hasta en un 93 por ciento. En el caso nada particular de las mujeres, éstas representan la mayoría de trabajadores del sector informal (80 por ciento) en donde laboran 87 de cada cien trabajadores empleados. El cuarenta por ciento de estas mujeres son "jefas de hogar".

A la situación de pobreza antes descrita debemos sumar, o más bien multiplicar, otras dimensiones de la discriminación acumulada por las mujeres en Nicaragua. La violencia, el no reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos, los evidentes retrocesos en materia de participación en instancias de toma de decisiones; son datos expresivos de la gravedad de un problema estructural que tiene su origen, evolución y actualidad, en la existencia de un orden social sexista, machista y racista.


Según datos de una reciente investigación realizada por UNICEF en Centroamérica, el 26 por ciento de las mujeres nicaragüenses ha sufrido abusos durante la niñez. Tan sólo durante el año 2007 la Policía Nacional recibió 91.500 denuncias por violencia perpetrada contra mujeres, niñas, niños y adolescentes. El número de denuncias bajó drásticamente durante el 2008, en parte como consecuencia de los altos niveles de impunidad con los que el sistema judicial "revictimiza" a quienes se atreven a denunciar y estimula a los agresores.

Se plantean en este panorama algunos interrogantes que saltan a la vista de cualquier ciudadano o ciudadana medianamente consciente de lo injusto de la situación antes descrita. ¿Cómo hacen las mujeres para sobrevivir ellas y sus descendientes? ¿De dónde sacan energías para seguir viviendo esas vidas? ¿Qué tipo de estrategias desarrollan para no sucumbir? ¿A quiénes recurren? ¿Qué tipo de apoyo reciben y por cuánto tiempo? ¿Cuáles son los actores locales, nacionales e internacionales que muestran disposición a invertir en mujeres pobres para que salgan de la pobreza?

No hay respuestas fáciles, ni unívocas. Tampoco podemos limitar nuestro análisis al accionar público de determinados actores, aunque cada cual tiene un peso específico. La situación de discriminación que padecen la mayoría de mujeres nicaragüenses se ve constantemente agravada por la cómoda complicidad, las actitudes "tolerantes" y hasta la negación con que diversos actores abordan esta realidad tan evidente.

Desde la década revolucionaria pasando por tres períodos de gobiernos autodenominados liberales, las mujeres pobres han ensayado una multiplicidad de estrategias que en la mayoría de los casos les han asegurado la supervivencia y que, en otros, les han permitido avanzar de manera sostenida hacia la mejora de su calidad de vida.

La profundidad de los cambios en la vida de las mujeres ha dependido de diversos factores, entre los que se destacan la capacidad de resistencia de las propias mujeres y su vocación de cambio, los apoyos deliberados de las activistas feministas, y el aporte de algunas agencias de cooperación al desarrollo. Por su parte, los principales poderes del Estado en general van a la zaga de los conocimientos, críticas y demandas construidas desde las propias mujeres, desde el movimiento feminista, las agencias del Sistema de Naciones Unidas y otros actores comprometidos con los objetivos de igualdad y desarrollo.

En el mejor de los casos, desde algunas instituciones públicas se han promovido programas focalizados dirigidos a mujeres pobres, más por cuidadoras de otros/otras, que por ser mujeres con derechos. Tal fue la esencia del programa de asistencia social desarrollado por el anterior Gobierno y los programas "Hambre cero" y "Usura cero" desarrollados por el actual Gobierno de Nicaragua.

A continuación dedicaré algunos párrafos al análisis de tres ámbitos prioritarios en la ciudadanía de las mujeres, a saber: la violencia, los derechos sexuales y reproductivos y la participación en la toma de decisiones.

Violencia y derechos sexuales y reproductivos

En el ámbito de la violencia, antes como ahora, las políticas, planes y programas para prevenir la violencia contra las mujeres han sido obra de las organizaciones de mujeres con apoyo financiero de la cooperación internacional. La tendencia de los últimos años es hacia el debilitamiento de los mecanismos institucionales creados para la prevención, la atención a las víctimas y la sanción a los agresores. Tal es el caso de las comisarías de las mujeres, actualmente desprovistas de recursos humanos, técnicos y financieros para poder ejercer su labor con eficacia. La percepción generalizada es que las mujeres están cada vez más en una situación de indefensión producto de la falta de voluntad política del poder judicial. Así lo revelan estudios recientes realizados por la Red de Mujeres Contra la Violencia y diversas organizaciones de mujeres que acompañan a las víctimas de este flagelo.

En materia de derechos sexuales y reproductivos la situación no ha sido favorable para las mujeres, dado el sesgo conservador y oportunista de la clase política y de los gobernantes. El dato más emblemático es la penalización del aborto terapéutico, que niega a las mujeres la interrupción de un embarazo por indicación médica, como única alternativa para preservar la salud y hasta la vida de las mujeres. A lo anterior debemos agregar la negativa de los gobiernos anteriores y el actual a desarrollar programas de educación sexual en los centros públicos de enseñanza, que afirmen la sexualidad y la reproducción como Derechos Humanos universales. Por el contrario, la tendencia invariable de los gobernantes ha sido la de otorgar poder de veto en este ámbito a los grupos más conservadores de la sociedad, destacándose entre estos la jerarquía de la iglesia católica.

En el mismo sentido, poco han hecho los gobiernos para desarrollar programas que contribuyan a prevenir embarazos no deseados, embarazos en adolescentes, propagación del VIH y de otras infecciones de transmisión sexual. Prueba de ello es que Nicaragua continúa siendo el segundo país en América Latina y el Caribe con la más alta tasa de embarazo en adolescentes (uno de cada tres nacimientos se da en adolescentes) y que el patrón de propagación del VIH está afectando de manera severa a las mujeres heterosexuales en edad reproductiva.

Participación en la toma de decisiones

En cuanto a la participación de las mujeres en la toma de decisiones, la tendencia es más bien de claro retroceso en el actual contexto nacional. Al respecto diremos que frente a la misoginia y autoritarismo de las elites partidarias, las mujeres con aspiraciones de optar a cargos electivos se han visto en la necesidad de renunciar a la defensa de ciertos derechos, sobre todo, de aquellos que afirman la ciudadanía plena de las mujeres.

Lo anterior explica por qué las feministas no contamos con "aliadas" en los partidos ni en las instituciones públicas para promover derechos como los sexuales y reproductivos. Peor aun, la mayoría de diputadas de la Asamblea Nacional votaron a favor de la penalización del aborto terapéutico.

El actual gobierno del FSLN, a pesar de haber prometido la conformación de un gabinete paritario, de forma reiterada ha nombrado y despedido de forma arbitraria a mujeres en puestos de dirección. Son ejemplos expresivos los despidos de directoras, subdirectoras y ministras del Instituto Nicaragüense de la Mujer, el Instituto Nacional de Cultura, el Instituto de Transferencia Tecnológica, el Ministerio de Salud y el de Agricultura y Ganadería.

A nivel local la tendencia predominante fue la de "seleccionar" (ya que no hubo un proceso democrático de elección a lo interno de los partidos) a hombres como candidatos a alcaldes y mujeres como vicealcaldesas o concejalas, en el mejor de los casos.

Amenazas al movimiento de mujeres

Probablemente uno de los ámbitos más problemáticos en torno a la participación de las mujeres en la toma de decisiones en el ámbito público, es la relación conflictiva entre el actual Gobierno y diversas organizaciones feministas con participación protagónica dentro del movimiento de mujeres. Hechos promovidos desde el partido gobernante permiten afirmar que el actual Gobierno tiene entre sus objetivos la desarticulación de un movimiento de mujeres que durante las últimas dos décadas se afirmó en su carácter autónomo.

La aceptación por parte de la Fiscalía de la República de una acusación sin fundamento legal presentada por una organización fundamentalista en contra de nueve feministas; la campaña de desprestigio en contra de destacadas activistas del movimiento feminista a través de los medios de comunicación del FSLN; el allanamiento ilegal a las oficinas de una organización de mujeres (MAM); las intervenciones selectivas en contra de algunas organizaciones de mujeres realizadas por el Ministerio de Gobernación, son parte de los hechos ocurridos durante los dos primeros años del Gobierno encabezado por Daniel Ortega.

Asimismo, el partido gobernante hace esfuerzos por despojar al movimiento feminista de las movilizaciones emblemáticas que se vienen realizando en las últimas décadas. El 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia, el diputado y coordinador del oficialista Frente Nacional de los Trabajadores (FNT) llamó a las mujeres simpatizantes del FSLN a marchar por la misma ruta por la que lo harían las diversas expresiones del movimiento de mujeres, por lo que la Policía Nacional presionó a las organizadoras de la marcha para modificar el rumbo originalmente acordado.

La hostilidad del Gobierno hacia el movimiento se expresa de forma contundente en el no reconocimiento de las redes y otras formas de articulación constituidas desde el movimiento de mujeres en los espacios establecidos por ley. Éste es el caso del Consejo Nacional de Planificación Económica y Social, el Concejo Consultivo del Instituto de la Mujer y los Comités de Desarrollo Local.

A manera de conclusión diremos que en un escenario de pobreza creciente que afecta de manera rotunda a las mujeres, y de tensión entre las organizaciones de mujeres y los poderes del Estado, de hostilidad y acoso hacia aquellas expresiones del movimiento de mujeres que reclaman ciudadanía plena para todas las mujeres, es posible prever el recrudecimiento de enfoques discursivos y políticas públicas que asumen a las mujeres únicamente en su condición de pobres necesitadas de ayuda y las despojan de su condición de ciudadanas con derechos.

Bajo esta lógica, el Gobierno y los partidos políticos seguirán disputándose a las mujeres, ya sea para ganar adeptas o para utilizarlas como punta de lanza en las contiendas patriarcales que les permitan hacer nuevos arreglos de poder, al margen de los intereses estratégicos de las mujeres.

El desafío que hemos asumido las organizaciones autónomas de mujeres es el de profundizar procesos iniciados hace más de treinta años, gracias a los cuales ha sido posible construir un entramado político y organizativo vital, desde el cual desarrollamos múltiples formas de resistencia y de cambio a favor de la igualdad. Frente a tanta adversidad contamos con un acumulado de fortalezas en miles de mujeres dispuestas a no renunciar a una Nicaragua sin discriminación ni pobreza.

Es hora de volvernos a preguntar quiénes mantendrán la disposición de acompañarnos en este particular trayecto de un camino que estuvo y está plagado de obstáculos; de conflictos entre necesidades perentorias y demandas emancipatorias; entre aspiraciones de libertad y reclamos de justicia social; entre la situación de pobres y la condición de ciudadanas.