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jueves, noviembre 28, 2013

Reflexiones a partir de la celebración en Ecuador del “Día Internacional del Hombre”

Analía Minteguiaga y Gemma Ubasart

Rebelión A raíz de la decisión del Gobierno Nacional del Ecuador, específicamente del Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, de realizar un acto para conmemorar el “Día Internacional del Hombre” (DIH), muchas personas se preguntan qué es esta celebración, de dónde surge y cómo se justifica. Es importante indicar que el evento oficial indicado tuvo un alto perfil público y contó con la participación de diversos ministros y viceministros. El acontecimiento se presentó como el inicio de “una profunda reflexión sobre el papel del hombre en el Ecuador actual”, y en el boletín de prensa de esta cartera de Estado se indicaba que “el Ecuador quiere hacer parte de esta iniciativa, cuyos objetivos principales son promover modelos masculinos positivos; resaltar el rol positivo de los hombres en la familia; conseguir el bienestar social, emocional y físico de los hombres; y promover la equidad de género entre hombres y mujeres”.

Rastreando información sobre el DIH

Si uno intenta buscar en internet información sobre la celebración del DIH encontrará muy poco. Hay una inconsistente entrada en Wikipedia y poca cosa más. En general, puede decirse que nadie o casi nadie celebra esta fecha en el mundo. Sin embargo, de la fragmentada y escasa información virtual encontrada se pueden empezar a atar algunos cabos sueltos. En la mencionada enciclopedia online aparecen los “6 pilares” del DIH. Entre ellos llaman la atención los siguientes: “Poner de relieve la discriminación contra los hombres, en las áreas de servicios sociales, las actitudes y expectativas sociales, y la ley”; “Mejorar las relaciones de género y promover la igualdad de género…”; o “Crear un mundo más seguro y mejor, donde la gente puede estar segura y crecer para alcanzar su pleno potencial”.

En la misma página se indica que el DIH fue inaugurado en el año 1999 en diversos países (al menos formalmente). En su momento Ingeborg Breines, Directora del Women and Culture of Peace Programme (UNESCO) afirmaba que "esta es una excelente idea y dará un poco de balance entre géneros… sus objetivos son, como lo establece el comité organizador, abordar temas de salud de varones jóvenes y adultos, resaltar el rol positivo y las contribuciones que los varones hacen diariamente tanto a su comunidad como a la sociedad, promover la igualdad de género y celebrar la masculinidad ”.

Respecto a la fecha de 19 de noviembre…. el porqué también está inmerso en una profunda ambigüedad y en algunos casos hasta comicidad. Se indica que en algunos países se festeja en otras fechas, por ejemplo en Colombia se ha adoptado el 19 de marzo como el Día del Hombre porque se celebraba originalmente el Día de San José, el padre de Jesús; de hecho en algunos países este es el día del padre (España) por lo que se yuxtaponen supuestamente ambas celebraciones. En otros lugares se indica que el 19 de noviembre, fijado por la UNESCO, se debe a que es la fecha de un récord futbolístico, no de un padre santo sino del futbolista Edson Arantes do Nacimento (más conocido como “Pelé”), quien un 19 de noviembre de 1969 anotó su gol mil. Suficiente o no, este motivo al parecer para algunos, “es tan redondo para la UNESCO como el día de San José para otros países y su celebración” [1] .

Asimismo, se indica que al parecer fue propuesto por un tal “Dr. Teelucksingh”, quien junto a un “Comité de Coordinación DIH y sus miembros” formalmente ratificaron los principales objetivos de este día con la idea de proteger sus valores centrales y ofrecer un punto de referencia fiable para los futuros celebrantes”. También se señala que la celebración “se desarrolla durante el mes de noviembre, en el que los varones dejan crecer sus bigotes . Este evento busca concienciar sobre temas de salud de los varones (uno de los puntos centrales del DIH) como el cáncer de próstata , de testículo y la depresión en el hombre, y para ello recauda fondos”.

Desde estas ideas queda claro que este día fue instaurado para “restaurar” un lugar considerado “perdido”, el de una masculinidad determinada social e históricamente (¡y sabemos perfectamente cuál es esa masculinidad!). Se parte de la idea que los tiempos han cambiado y uno de los efectos ha sido la falta de paridad de género en contra de los hombres. Sí, en contra de los hombres. Aquí, uno se pregunta: ¿qué es esto?.... si no parece tratarse más que del machismo de la vieja escuela, reforzando una idea de masculinidad profundamente patriarcal. También negadora de la histórica y muy contemporánea desigualdad de género entre hombres, mujeres y otras identidades sexo-genéricas y, sobre todo, de la descomunal asimetría entre las formas de violencia, discriminación, menoscabo, trato, etc., que sufren las mujeres. Justamente en contra de “esa concepción del mundo”, de esa visión de los “hombres”, es que se han iniciado buena parte de las luchas emancipadoras del siglo XX y los comienzos del XXI.

Por si teníamos alguna duda en otra página web (de una iglesia Pentecostal “Nuestro Tiempo”), una de las pocas que hablan del tema, uno de sus promotores para el caso de Ecuador (Marcel Ramírez Rhor, presidente de la Fundación Papá por Siempre y líder de la página web zonah.org) entre los argumentos que da para defender la celebración destaca: “Hoy la figura del hombre está destrozada y por los pisos, la moral del hombre está en ruinas y lo peor es que nadie le presta atención”. Su aseveración se basa en que, según él, en la actualidad se quiere vender la idea de que el hombre debe ser más ‘femenino’ y perder su masculinidad y liderazgo. Por su parte, el sociólogo Rubén Aroca, en la misma página, indica que “en países sudamericanos, como Ecuador, los contextos sociales son diferentes a los europeos y eso conlleva a que los propios hombres no perciban esta fecha como algo importante”. Pero agrega que, con respecto a la premisa de Ramírez, “se está tratando de reivindicar la identidad masculina clásica, esa que “en algún momento Hollywood constituyó” de alguna manera en décadas anteriores y que mostraba a un hombre fuerte, seguro de sí mismo, galante, protector y hasta salvador de la mujer”.

Sobre diferencias y desigualdades

Forzando el debate hasta aquí planteado, ya que como hemos visto no ha sido esta la intención “oficial”, el asunto vuelve sobre una distinción clave y, al parecer, aún no saldada en nuestras sociedades contemporáneas: entre la lucha por el reconocimiento de las diferencias y aquella por el fin de las desigualdades y la ampliación de los espacios de emancipación social. Nadie puede negar la existencia de diferencias entre las personas, muchas de de las cuales deben ser reconocidas a fin de respetar las individualidades, autonomías y los estilos de vida particular. Sin embargo, otra cuestión es confundir este hecho con el acceso desigual a recursos materiales y simbólicos en una sociedad determinada.

La fractura de género es una construcción social de desigualdad que se produce a partir del sexo de cada uno/a. A partir de este “dato biológico” se construyen dos mundo, el femenino y el masculino, al que se le adjudican roles diversos y, lo que es más importante, diversos estatus en la estructura social. Justamente las luchas feministas (el feminismo de la igualdad, de la diferencia, las teorías queer o las teorizaciones sobre las nuevas masculinidades) han batallado por politizar esta desigualdad, por hacerla pública, visible, e impugnarla; esto es, por construir un orden diverso que no suponga formas de jerarquía y de asimetría social.

No podemos continuar cerrando los ojos. Como en cualquier relación de desigualdad hay ganadores y perdedores. Y los datos hablan por sí solos (todas la cifras mencionadas a continuación provienen del Instituto Nacional de Estadística y Censos, INEC). Como muestra un botón. En 2011 en Ecuador 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia machista durante su vida y 1 de cada 4 ha sufrido violencia sexual). El trabajo doméstico se sigue repartiendo de manera desigual: en 2012, 7 horas a la semana le dedican los hombres de media frente a las 24 horas que le dedican las mujeres. La mortalidad materna alcanza unos niveles muy altos en el país (70,4 muertes por cada 100.000 nacidos vivos en 2011) en relación con Europa o Norteamérica, pero también en comparación con otros países de la región; hecho que muchos expertos relacionan con el aborto clandestino. Y el embarazo adolescente adquiere dramáticas cifras: son madres el 16,9% de las adolescentes entre 15 y 19 años, ¡y casi el 1% entre 12 y 14 años! Las mujeres más jóvenes están aún más expuestas a consecuencias graves en su salud, a la reproducción intergeneracional de la pobreza, a la inestabilidad familiar, a la deserción escolar y a la inserción precaria en el mundo laboral. Y las desigualdades siguen… en el mercado de trabajo una mujer gana en promedio 275 dólares frente a los 320 del hombre; el subempleo (respecto a la PEA al 2011) afecta más a las mujeres y que a los hombres (27,8 para hombres y 37,5 para mujeres, 2011); lo mismo el desempleo (3,4 frente a 6,2, 2011); en cuanto a la afiliación de la población a la seguridad social, también llevan las de perder las mujeres (19,3 de los hombres frente a 13,2 de las mujeres, 2010: ver Atlas de las Desigualdades Socio-Económicas del Ecuador, SENPLADES, 2013). Si a esto se le suma la condición de indígena, montubia o afroecuatoriana de las mujeres los datos develarán aún más simetrías.

Aparte de estos indicadores más cuantitativos, es fácil observar como aún no se ha caminado lo suficiente para conseguir jornadas y prácticas laborales que permitan conciliar la vida familiar y laboral. Nadie dudará tampoco de la existencia de dinámicas machistas en la política cotidiana. O estaremos de acuerdo también que poco se ha avanzado en la construcción de aproximaciones al deseo y el erotismo respetuosas y cuestionadoras de los roles patriarcales; experimentando únicamente “sexualidades tutorizadas”. Así pues, y estableciendo una analogía con las luchas en el campo laboral, como el primero de mayo a nivel mundial se conmemora el día del trabajo, ¿tenemos también que instaurar el día del patrón?

Nuevas masculinidades

Esta línea argumental no es contradictoria con reconocer el importante trabajo político que están llevando a cabo grupos de hombres y transexuales (aunque aún muy minoritarios) por romper la fractura de género de nuestras sociedades, sobretodo en la esfera personal, repensando su identidad de “hombre”… o mejor dicho “hombres”. Y eso es un hecho muy positivo. La construcción de nuevas masculinidades debe acompañar la lucha que históricamente se ha dado en gran parte por las mujeres por superar la construcción socio-genérica que las encorseta. No puede separarse de ella. Sin hombres que trabajen su identidad, y por lo tanto que vivan su masculinidad con más libertad, deseo y alegría, no podremos avanzar en la utopía de romper la fractura que nos divide en dos grupos humanos. Como apuntaba Doris Lessing, escritora premio Nobel recientemente fallecida, en su Cuaderno Dorado: “¿de qué sirve que nosotras seamos libres si ellos no lo son?”.

Coral Herrera, Doctora en Humanidades y experta en género, apunta que debe caminarse hacia la construcción de nuevos hombres, que ella define como aquellos que “no tienen complejos de inferioridad que les empujen a machacarte para que no brilles, no se creen que eres de su propiedad, no te celan mientras cortejan a otras, no dependen de ti porque estén contigo, y lo están hasta que dejen de estarlo. Es decir, no se sienten "condenados" a estar contigo: son libres para quedarse a tu lado”. Son aquellos que no se sienten tan presionados para mostrar su virilidad continuamente, como les sucede a los varones patriarcales. Eso es, hombres que sepan relacionarse más allá de los patrones machistas.

Pero este trabajo en la esfera personal, que quede muy claro, no puede realizarse en el vacío sin reconocer que en una sociedad machista son las mujeres las que se llevan la peor parte ¾ tanto en la esfera personal como en la pública ¾ . Así pues, no puede construirse esta anhelada igualdad de derechos y acceso a recursos sin repensar a fondo la estructura y las instituciones sociales, las políticas públicas, las relaciones de amistad, afecto, sexuales, de amor e inclusive las relaciones laborales. Eso es, no puede avanzarse emancipatoriamente sin politizar esta división, esta fractura que genera dos grupos humanos en una posición desigual en la estructura social.

Los falsos equilibrios entre el día del hombre y el día de la mujer, la búsqueda de “igualdad” sin cuestionar el fondo, la “neutralización” y la no constatación de la diversa valoración social de aquello que es masculino y femenino ¾ o mejor dicho, la ausencia de discusión respecto de lo que se entiendo por "masculino" y "femenino", asumiendo sin debate que son categorías cerradas e imponiendo su significado en todos los ámbitos de la vida social ¾ , se constituyen en acciones que permiten, consciente o inconscientemente, un reposicionamiento de principios y actitudes profundamente patriarcales. Se dinamitan, así, los esfuerzos realizados durante décadas por promover ámbitos, dinámicas y espacios de relacionamiento que alimenten un proceso emancipatorio de largo aliento hacia la igualdad de oportunidades y de posiciones (como diría François Dubet), y que celebren la diferencia, no sólo entre géneros sino entre las diversas (auto) comprensiones de lo que somos y lo que queremos ser.

Los poderes públicos, en particular aquellos que adoptan una lógica radicalmente transformadora, deben tomarse en serio la superación de los elementos que hacen de nuestras sociedades, y del Estado, instituciones machistas. Deben acometer la transformación irreversible de los patrones de relacionamiento opresivos y disfuncionales, materializados ¾ por desgracia, aún de forma cotidiana ¾ en situaciones concretas de abuso, opresión y discriminación de unos/as hacia otros/as. Esa superación solo puede acometerse desde posiciones y acciones radicalmente comprometidas (radical = a la raíz), y no desde la frivolidad y la superficialidad. No lo conseguiremos añadiendo un día más en el santoral, a modo de gigantesca terapia de grupo para recuperar la moral y la estima de nuestros machos. Lo haremos, al contrario, cuestionándonos, y haciendo cuestionarse a los demás, cotidiana y radicalmente, lo que aún nos hace aceptar la disfuncionalidad de la discriminación como elemento normal, aceptable y hasta necesario en cualquier ámbito de la vida social.

lunes, octubre 21, 2013

El machismo es eucalíptico

Koldo Campos Sagaseta

Gara Me lo contaba Patrick Welsh, un irlandés dedicado en Nicaragua a ayudar a los hombres a desaprender el machismo y que recorría el país, de pueblo en pueblo, organizando encuentros e impartiendo talleres.

En su empeño de que los hombres reflexionaran sobre su pretendida masculinidad y descubrieran y respetaran otras maneras más felices de ser y relacionarse, llegó Patrick a una perdida aldea nicaragüense dispuesto a hablar con los vecinos. Sabía que lo más oportuno era empezar por el patriarca de la aldea, ese a quien se tiene, por razones de edad y de respeto, como al representante de la autoridad moral. De que diera su aprobación dependía en buena medida el éxito de su propuesta.

Cuando Patrick terminó de argumentar la conveniencia de un encuentro con los vecinos para abordar la violencia que resume el machismo, el patriarca, sin permitirse un gesto, aún más parco de palabras se limitó a asentir con la cabeza.

Por la tarde, a la sombra de una ceiba, los casi treinta vecinos de la aldea entre los que no faltaba el patriarca, juntos empezaron a atreverse a desmontar dogmas y a desnudar espantos, hasta casi la noche, en el empeño de aprender a ver la vida con unos ojos nuevos. Sólo el patriarca permaneció callado.

Cuando el encuentro concluía, sin embargo, el patriarca levantó una mano y pidió la palabra. Todos volvieron a sentarse y, cuando se hizo el silencio, el patriarca habló: ¡El machismo es eucalíptico!

Patrick, superado el estupor, se atrevió a preguntar: ¿Quizás quiso decir… apocalíptico?

-No – respondió tajante el patriarca. El machismo es eucalíptico porque él también necesita secar la vida que lo rodea para poder crecer, porque se nutre de la vida de los demás.

Esa podría haber sido la mejor definición sobre el machismo si no fuera porque hasta el eucalipto aporta algo.

lunes, enero 14, 2013

Sobre violencia, patriarcado e inclusión...

Victoria Aldunate Morales

La Haine A las mujeres se nos recomienda, a menudo, no resistirnos a la violación, porque podría atraer “peores consecuencias”. Si alguna mata a un agresor, se dice que alimenta el círculo de la violencia. Si respondemos violentamente a un acosador, se nos cataloga de “agresivas”.

A menudo se habla de “violencia cruzada” pasando por alto la violencia de la asimetría.

El primer y más importante paso de la creación del Patriarcado es el género. Sostenemos una forma de organización social estructuralmente violenta, jerárquica, de privilegios, estratificada y asimétrica. Es un proceso de Dominación que se extiende, además del cuerpo a los territorios. Por eso en el género como en la raza, la “no violencia” y el pacifismo, son posiciones que representan a los privilegiados.

Que una prostituta, una travesti, maten a un policía que las viola en una celda del E$tado, es un acto de violencia que se castigará contundentemente. Ellas no se salvan tampoco del oprobio. Pero cuando muere un detenido a golpes en la misma celda, “es un hecho que hay que investigar”; y cuando un policía, amparado por un gobierno, asesina a un joven mapuche en una recuperación de territorios –como al mapuche Matías Catrileo- el criminal uniformado termina siendo liberado como en $hile.

La moral patriarcal nos enseña que en vez de defendernos en situaciones de violencia machista, racista, sexista, debemos experimentarlas pacíficamente y esperar a que la sociedad entienda y transforme esta realidad. Para los cristianos será colocar la otra mejilla, para los agnósticos confiar en las instituciones creadas por el propio patriarcado: el E$tado, los gobiernos, las Policías, el Sistema Judicial, Los Centros de Ayuda Institucional... La moral patriarcal está para sostener su sistema y renovarlo, para justificar de manera presentable la Violencia desde la Dominación.

Los sujetos principales en el patriarcado no son la gente rebelde, pobre, loca, con SIDA, ni las niñas ni las viejas, ni las mujeres desadaptadas al patriarcado (a su Matrimonio, a su Pareja, a su Heterosexualidad, a su Familia);son los maridos, los padres –luego las madres-, los heterosexuales, los y las jóvenes exitosas, los hombres con poder, los caudillos - de la raza, género y práctica sexual que sean-, y por su puesto toda la burguesía que mientras más blanca, mejor -pero si no, igual les toleran-. Esta gente es la que concita la atención de sus iguales que están en el E$tado. Cuando alguna de estas personas muere por violencia, se produce conmoción.

Si muere torturada una mujer cualquiera, una trans, una lesbiana, no hay sorpresa. Cuando es asesinado un indígena por arremeter contra el colonialista, no se movilizan Gobiernos. Cuando una mujer es violada se busca en primer lugar su culpabilidad en los hechos, y en el acosador se destaca una psiquis frágil y deteriorada por efectos de una vida infeliz. Cuando un indio sin poder mata a un terrateniente se le llama terrorismo y cuando las policías del E$tado allanan comunidades indígenas o a otra gente rebelde, es seguridad ciudadana.

Que una comunidad despojada recupere sus territorios, es terrorismo. Que los ricos defiendan su propiedad privada, es constitucional. El patriarcado reserva casi exclusivamente el uso de la violencia a los hombres y a los poderosos.

¿Inclusión?

En este contexto asimétrico, desigual, se nos insta a que aceptemos, “manejemos” la realidad establecida y nos adaptemos a ella. Para eso es la ideología de la “autoestima” individual, sin colectivo ni organización y sin autonomía; para endosarnos la responsabilidad de no funcionar con las reglas establecidas. Para tener ese tipo de autoestima, entonces, hay que aceptar la inclusión. Que te incluyan en una forma de vida ajena, en espacios marcados por la Dominación.

La inclusión es machista, heteronormativa, es racista, es clasista. Y es arribista de nuestra parte, aceptarla. Porque la inclusión es anexarnos, aunque nos toleren con la nariz tapada por nuestro hedor. Olor a pobre, olor a india, olor a ismos, anarquismos, feminismos, marxismos… ¡tan pasados de moda!

Aceptar ser incluidas como unas impresentables y malqueridas es bien indigno. Es una vivencia triste que no fortalece nuestro amor propio y menos nuestra capacidad de rebelarnos y autoafirmarnos como seres y colectivos autónomos, capaces de autodeterminarnos.

El trato racista, el machista y misógino, el despojo, no son elecciones neutrales, sino voluntarias. Son violencia desde la Dominación. La Violencia cruzada no existe en un contexto así. La rabia va juntándose, transformándose en rebeldía y actúa. Y la violencia de los esclavos y la esclavas es igual de cruel que la que otro cualquiera. Sólo en eso vamos a la par.

* memoria feminista, feministas autónomas

miércoles, diciembre 05, 2012

España: La ideología de género. ¿Sólo una alusión despectiva?

Sara Mateos Sillero

Colectivo Novecento La desconfiguración del feminismo y su mensaje a través de lo que se ha denominado la “ideología de género” comienza a gestarse en el Vaticano y su entorno a partir de la cumbre de Naciones Unidas en Pekín en 1995, como comentábamos en el post anterior. Pero hablábamos de que no era exclusiva de este escenario. Esbozábamos otro que no se fundamenta explícitamente en su doctrina. Discursos pretendidamente igualitarios, que utilizan la referencia a la “ideología de género”, ponen el acento en el supuesto revanchismo de las mujeres y en la idea de que la igualdad que se pretende actúa en realidad “contra los hombres”.

Es importante tener en cuenta estos planteamientos ya que algunos de ellos son compartidos en España por partidos como el PP y UPyD.

Estos partidos cuentan con versiones moderadas en algunos aspectos, por lo que conviene entrar en los detalles. Así por ejemplo, UPyD en su programa electoral lleva la custodia compartida, pero como opción preferente en los casos de divorcio, no impuesta, y no aluden al Síndrome de Alienación Parental (SAP), del que hablaremos a continuación. Y cuentan además con el halo de modernidad que supone defender medidas de conciliación, la escuela de 0 a 3, o el fomento de la paternidad responsable e implicada con la crianza. Sin embargo, a pesar de que coinciden en estos últimos puntos con las reivindicaciones feministas, parten de planteamientos de base que entran dentro de la consideración de la “ideología de género” como el revanchismo a la que aludíamos antes. Incluso podemos escuchar a algunos cargos públicos de estos partidos hablar de denuncias falsas, o acudir al congreso anual sobre el SAP en Valencia, que cuenta con el “inestimable apoyo” del gobierno autonómico, y que según leemos en su web, ha sido declarado “de interés sanitario” por la Generalitat. Es preciso recordar que a este Congreso sigue acudiendo como experto el psicólogo Julio Bronchal, condenado por malos tratos.

El ejemplo de quienes abogan por la existencia de la “ideología de género” lo encontramos en asociaciones como Projusticia, o la Plataforma por la igualdad. Esta última está presidida por el exjuez Serrano, inhabilitado diez años por prevaricación dolosa, y que acaba de publicar La dictadura de género. Una amenaza contra la justicia y la igualdad. Estas asociaciones basan sus reivindicaciones en las consignas “Custodia Compartida por defecto, sí. – Denuncias falsas, no. – Síndrome de Alienación Parental, no” y piden la “derogación de las leyes sexistas basadas en la ideología de género”. En las páginas web de estas plataformas pueden encontrarse referencias desde el “feminazismo” al negocio de las casas de acogida y del maltrato, o al lobby feminista cuyo poder alcanza a dominar la ONU y en España, incluso el poder judicial; delirios que alcanzan el punto de relacionar al feminismo con ETA .

Cualquier cosa es cuestionable, pero no cualquier argumento es aceptable.

La gravedad no reside, por supuesto, en cuestionar si la ley de divorcio es mejorable, o si la custodia compartida es la mejor opción en caso de divorcio. Lo peligroso son los argumentos que utilizan para ello.

Entiendo que en el imaginario colectivo la custodia compartida se vea como algo deseable, y seguramente lo sea. “El problema, -como dice Miguel Lorente - no está en el concepto, sino en cómo se aplica y cómo se materializa en la práctica, y en ver si esa decisión supone un beneficio para los menores o una ventaja para alguno de los progenitores”. En todo caso, no creo que deba ser impuesta o por defecto, y que sólo debería darse en caso de acuerdo entre los cónyuges. De hecho, el porcentaje de divorcios que presentan un conflicto por la custodia está muy lejos de poder ser planteado como una generalidad, la mayoría se resuelven amistosamente. Tampoco creo que todas las personas que pretenden la custodia compartida en caso de divorcios contenciosos lo haga pensando en términos monetarios, en la cuantía de la pensión o en la vivienda habitual, o por pretensión de hacer daño a su expareja. Por lo que habría que analizar cada caso particular, ver quién se ha responsabilizado de los cuidados del menor antes del divorcio, si existe acuerdo entre los progenitores o no y por qué, etc. Pero este, claro, es otro debate.

Lo peligroso de este tipo de asociaciones y simpatizantes es qué tipo de argumentos utilizan. Expondré algunos planteamientos, unos más explícitos, y otros subyacentes en los argumentos de quienes hablan de “ideología de género”:

i) Las denuncias falsas. Afirman que “las denuncias falsas en procesos de separación son actualmente un mal endémico” o una “lacra”. Falsedad que se reproduce en los medios de comunicación sin ningún pudor. Sobre las denuncias falsas no cabe debate. La Fiscalía General del Estado, en la memoria 2011, expone “Durante 2010, las posibles acusaciones y denuncias falsas comprendieron … el 0,0104 por 100” (p. 762).

El 0,01%. ¿Cómo es posible que se siga dando pábulo al “problema” de las denuncias falsas?

Es muy preocupante que los medios de comunicación en general, o que periodistas de talla e influencia, como por ejemplo Carlos Herrera, sean cómplices, incluso portavoces, de esta ignominia.

Cuando existe una llamada de atención del Ministerio Fiscal advirtiendo de esta falsedad explícitamente, y de que se está utilizando en diversos medios y foros, sin que sea cierta, no es aceptable ni honesto plantearlo como una cuestión de opiniones.

ii) El Síndrome de Alienación Parental (SAP). Este el segundo de los argumentos omnipresentes en sus reivindicaciones.

El supuesto SAP no está reconocido ni avalado por la comunidad científica. Ni la por Organización Mundial de la Salud (OMS), ni por la Asociación Americana de Psicología. En España, existe un pronunciamiento de la Asociación española de neuropsiquiatría en contra del uso clínico y legal del SAP. Consistiría, simplificando, en la manipulación de los hijos e hijas de uno de los progenitores para ponerlos en contra del otro, y aunque lo planteen en términos neutros, casualmente, el papel de progenitor alienador siempre corresponde a las madres (de hecho su antecedente parece ser que es el “síndrome de la madre maliciosa”).

A pesar de esto, llega a utilizarse en sentencias judiciales. Ante este hecho, el Consejo General de Poder Judicial, en su Informe sobre los problemas técnicos en la aplicación de la ley de violencia de género, de enero de 2011, advierte: “Se constata la presencia, en el ámbito de la Administración de Justicia de lo que se ha dado en llamar SAP … que ha irrumpido pese a carecer de bases científicas que lo avalen. … Pese que aparenta no tener sesgo de género, el constructo corresponde a una de tantas acciones que surgen en la sociedad para frenar el avance en la efectividad de los derechos de las mujeres”. Y concluyen, resaltando el texto en negrita: “Se recomienda por ello que las personas o instituciones responsables de la formación de los diferentes colectivos profesionales que intervienen en el tratamiento de la violencia de género estén alertas ante la presencia de esta construcción, eliminen los contenidos formativos que aparezcan cargados de prejuicios y garanticen una preparación de los profesionales con sólidas bases científicas”.

iii) Negación de la existencia de violencia “de género”. Se aboga por un “No a la violencia en todas sus manifestaciones”.

Violencia de género es violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, por eso un hombre no sufre violencia de género. Es necesario reiterar que existe una legislación específica porque es un problema específico: a fecha de hoy han sido asesinadas 52 mujeres en España durante 2012 a manos de sus parejas o exparejas. Tener en cuenta el contexto no es victimizar a las mujeres ni discriminar a los varones.

La pretensión de estas asociaciones y plataformas, que encuentran ya acogida en partidos como el PP y UPyD, es igualar el grave problema de la violencia contra las mujeres con el de varones asesinados por sus parejas, u otros miembros de la unidad familiar, sin tener en consideración la variable género en el análisis. Como ya hemos mencionado en otras ocasiones , los estudios sobre la violencia ejercida contra las mujeres han demostrado una peculiaridad de este tipo de violencia, tal y como se entiende que es particular la violencia que ejerce, por ejemplo, un grupo terrorista. El tratamiento legal es distinto, siendo todo tipo de violencia igual de condenable.

La cuestión de la violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujeres es tan ideológica como lo son los Derechos Humanos. Las Naciones Unidas tienen todos los argumentos al respecto.

Por otro lado, aludir a la inoperancia de la ley porque siguen existiendo casos de violencia es tan consistente como pedir que se deroguen las leyes que penan los robos, el fraude fiscal o los accidentes de tráfico porque éstos siguen existiendo.

iv) La idea de que la igualdad es de sentido común, o que la sociedad avanza sola en estas cuestiones sin necesidad de intervención.

Por ejemplo, Toni Cantó, en una aplaudida y reproducida intervención , que aparece casi sin excepción en las páginas web de estas plataformas, dice que habría que diferenciar “qué se le debe a las leyes [de igualdad] del gobierno o qué se le debe simplemente a la sociedad española, a su impulso, a todo lo que ha evolucionado gracias a la educación”.

Como dice Amelia Varcálcel, “no conozco casi nada que sea de sentido común. Cada cosa que se dice que es de sentido común ha sido producto de esfuerzos y luchas de alguna gente por ella”. El feminismo del derecho al voto y demás derechos políticos y civiles, el que ha dado como resultado la igualdad legal en las sociedades occidentales, curiosamente ahora sí se presenta por los partidarios de la “ideología de género” como el feminismo real, en oposición al actual que denominan “de género”. Como si el feminismo hubiera contado en algún momento con el apoyo de los poderes establecidos. Cada conquista, alguna de ellas en constante cuestionamiento, es el resultado de la lucha activa de los movimientos feministas. Que las mujeres podamos trabajar, casarnos con quien queramos y si queremos, ir a la universidad, o que se incluyera el sexo como categoría explícita de no discriminación en la Declaración de los Derechos Humanos, es el resultado de estas luchas, no concesiones bondadosas ni otorgamiento divinos.

v) Esta idea de que la igualdad viene sola y no es necesaria intervención alguna, una vez que ya hemos conseguido la igualdad legal, nos lleva directamente a plantear las reivindicaciones actuales, en su mayor parte, como revanchistas y “contra las hombres”. A interpretar, a pesar de la desigualdad estructural de las mujeres que nos ofrecen los datos, algunas posturas feministas como un intento de victimizar a las mujeres. O a rechazar de plano, en nombre del avance de las mujeres, por ejemplo, las cuotas como una opción legítima u otras medidas de acción positiva.

Medidas, también las de acción positiva, que están impulsadas por la misma Unión Europea con la que UPyD dice estar de acuerdo en sus estrategias. Por lo que no podrían mantener, menos aún pidiendo “rigor”, como dice Toni Cantó en la mencionada intervención, que la igualdad que se construye es “contra los hombres”. El reconocimiento de una desigualdad real a pesar de la igualdad legal, forma parte del razonamiento que lleva, en este caso a la UE, a instar a los gobiernos a eliminar las barreras que siguen existiendo y que suponen un freno a la igualdad efectiva de las mujeres. Y que por su puesto, inspira la ley de violencia de género, o la de igualdad. Pretender convertir esto en una discriminación o tildarlo de revanchista, supone obviar toda la legislación y jurisprudencia que avala esta postura. Los argumentos jurídicos para negar la discriminación de los varones en el caso de la ley de violencia de género se recogen en la Sentencia del Tribunal Constitucional 59/2008 , de 14 de mayo de 2008, en la que se declara la constitucionalidad de la misma.

vi) Por último, estos planteamientos también llevan a la equiparación del feminismo con el machismo. Como podemos leer, por ejemplo, en el manifiesto de la Plataforma por la igualdad: “Ese feminismo que no cree en la igualdad, que se ha tornado en radical y defiende posiciones tan totalitarias y sectarias que ha conseguido ponerse al nivel del machismo más rancio y posesivo. No hay diferencias entre ellos”. Situándose a la vez, este tipo de plataformas, como garantes de la igualdad “real”.

Hay que tener muy en cuenta además el juego del lenguaje. Cómo se apropian de conceptos como “igualdad real” o “violencia estructural”, contribuyendo a confundir todavía más a la sociedad. Es fundamental desmontar este tipo de planteamientos de fácil calado, que suponen una barrera para el conocimiento de la realidad, y por tanto, para la concienciación de la ciudadanía. Por ello es tan importante el papel de los medios de comunicación; el papel de las personas que desempeñan un cargo público, quienes tienen la responsabilidad de hablar con propiedad y conocer, más allá “del sentido común”, los temas sobre los que pretenden crear opinión o legislar, y quiénes les asesoran.

http://colectivonovecento.org/2012/12/04/la-ideologia-de-genero-solo-una-alusion-despectiva-22/

Prohíben el uso del celular a las mujeres en un pueblo de la India por considerar que "fomenta las relaciones amorosas"

La Radio del Sur Un consejo local de Bihar, en el norte de la India, prohibió a las mujeres usar el teléfono móvil, por considerar que fomenta las relaciones amorosas, y declaró que impondrá multas a quienes desobedezcan.

La decisión del consejo o “panchayat” (un sistema de justicia paralela) fue tomada en el poblado de Sunderbadi, en el distrito de Kishanganj, según dijo un miembro de la administración regional, que no fue identificado, a la agencia local IANS.

“(El panchayat) ha ordenado imponer una multa de unos 140 euros a las jóvenes que usen el celular, mientras que las mujeres casadas tendrán que pagar unos 28 euros si son encontradas usándolos fuera de sus casas”, afirmó la fuente.

Un alto cargo de la Policía local confirmó la decisión y aseguró que se trataba de la primera vez que un consejo en Bihar imponía ese tipo de prohibiciones.

Uno de los hombres que presidió el consejo, Mohammed Manzoor Alam, justificó la medida al afirmar que “los teléfonos móviles son la principal causa de todos los males de la sociedad, incluidos el aumento de las relaciones amorosas y las fugas con los amantes”.

El consejo también prohibió a las mujeres defecar al aire libre, detalló Alam.

Kishanganj es un distrito de mayoría musulmana y uno de los más pobres del país, con el 60 % de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza.

Aunque la mujer ha ido conquistando en la India progresivas cuotas de poder y hay cargos de responsabilidad ocupados por ellas, en general la discriminación por razón de género sigue siendo profunda en la sociedad india.

miércoles, diciembre 21, 2011

Honduras: Arte, feminismo y subversión

Tacuazina Morales
SEMlac 'Chepo' es el término que se usa en el argot popular hondureño para designar a policías y militares que, desde el golpe de estado de 2009, han sido sindicados culpables de graves violaciones a los derechos humanos de la población.

En noviembre pasado, el hijo de la rectora de la Universidad Autónoma de Honduras, Rafael Alejandro Vargas Castellanos, de 22 años, y su compañero Carlos David Pineda, fueron asesinados por un grupo de policías que se dieron a la fuga estando en custodia policial.

Estos asesinatos se suman a la creciente ola de jóvenes asesinados en el país. Solo entre abril y junio de 2011 se contabilizaron 310 casos, según datos de Casa Alianza, organización que trabaja en el ámbito de derechos de la niñez y juventud en riesgo en Honduras.

Para combatir la supuesta criminalidad que ocasionan estos crímenes, el martes 6 de diciembre el congreso nacional decidió traspasar los poderes de la policía al ejército, lo que ha provocado la militarización del país entero. Esta ley autoriza la presencia de contingentes militares en diversas partes de Honduras, así como el ejercicio de funciones entre las que se encuentran el allanamiento de morada y detenciones.

En días pasados el Congreso Nacional aprobó la Ley de Escucha Telefónica, que permite a las autoridades escuchar las conversaciones telefónicas e intervenir los correos electrónicos, cuentas bancarias y el servicio de Internet de cualquier persona considerada sospechosa de actividades ilícitas.

Para denunciar esta situación, Gabriela Rueda y un grupo de mujeres artistas iniciaron en noviembre la campaña antichepística, que consistió en el desarrollo de actividades artísticas dentro de la Universidad Nacional Autónoma, entre las que se destacaron la construcción de siluetas de policías y militares apuntando a jóvenes, nombres de personas asesinadas, toneles con camuflaje militar y policial con etiquetas de jóvenes que han sido asesinados en el país. La campaña que finalizó en el mes de diciembre sigue abierta de forma virtual, con la posibilidad de desarrollar acciones en el año 2012.

SEMlac habló con mujeres que tomaron parte en dicha campaña, cuyos nombres verdaderos no aparecen en esta entrevista por petición expresa de ellas, por su propia seguridad.

¿En qué consiste la campaña anti-chepística y de dónde surge la idea?

La idea surge de la realidad hondureña, de la realidad de las mujeres, de estar viviendo en un estado de militarización, en un estado policiaco y de la necesidad de denunciar el creciente índice de asesinatos de jóvenes, hombres y mujeres. Además, de la necesidad de denunciar las causas estructurales de la violencia que vivimos en el país, más allá de la policía y las fuerzas armadas, señalando con claridad a estos sujetos que son quienes poseen las armas y están entrenados para usarlas.

¿Qué están haciendo, como hacen el trabajo, son un colectivo?

Es una convocatoria lanzada desde una organización concreta a grupos de jóvenes con los que hemos venido trabajando todo este año en procesos de formación política, de formación en salud sexual y reproductiva, de desarrollo artístico, de gente cercana, jóvenes que han estado de alguna manera relacionados entre sí.

La campaña ha tenido la facilidad de contar con la voluntad de muchas personas, muchas ideas y muchas manos; esta gente se ha juntado porque compartíamos sueños y aspiraciones.

¿Cuáles son las ideas que quieren colocar como tema de la campaña?

Que no es posible que nosotras estemos viendo como normal que haya en las calles chepos, que haya militares, eso no es normal. Que parece que todos los días estemos en pie de lucha, eso no es normal, no estamos en estado de sitio, y no puede ser normal.

Que haya militares y policías en los almacenes o en las grandes franquicias, que "andan cuidándonos" y la gente lo ve como normal, que todo esté militarizado y eso es lo que me cuestioné: que eso no es posible.

¿Qué actividades está realizando la campaña anti-chepística?

Tenemos un blog que alimentamos a diario. Es un proyecto que venimos realizando en tres etapas: primero, generar una expectativa en los medios escasos con los que contamos (Internet, Facebook) en los espacios virtuales y en el desarrollo de algunas actividades presenciales como pintura de toneles de color moteado que es el color del ejército, construcción y colocación de figuras humanas que simbolizan a las asesinadas/os, entre otras actividades. Para esto ha sido importante en el trabajo que hemos estado realizando como feministas, como artistas, como resistencia.

Esta semana hemos arrancado con diferentes actividades dentro de la universidad de forma transgresora, puesto que no nos dieron permiso para realizar las actividades dentro de la universidad, así que muchas acciones tuvimos que realizarlas en los predios aledaños. Realmente la campaña ha causado mucho impacto porque se ha generado expectativa en los medios locales y de comunicación, especialmente con los y las jóvenes.

La campaña tiene una segunda etapa que es la militarización simbólica de la universidad; la idea es llamar la atención sobre esa naturalización que hemos hecho de la militarización del país, cómo la hemos incorporado a nuestra vida cotidiana, cómo, sin darnos cuenta, la hemos ido asumiendo. Luego hay una tercera etapa que es la desmilitarización de la Universidad, que lo que pretende es, precisamente, darle vuelta a esa realidad que hemos naturalizado, una realidad que sea más cercana a los sueños y aspiraciones que los y las jóvenes tenemos. Sustituir esas acciones violentas por otras que generen esperanza y vida. Al finalizar la campaña se hará una comparsa donde se está invitando al público en general con mensajes de paz, anti-militaristas, con ruido y color.

¿Y qué tiene que ver el feminismo con todo esto?

Todo, la militarización es parte de nuestras vidas, de las vidas de las mujeres, de las y los jóvenes.

A veces se nos acusa de haber abandonado la agenda feminista, pero en nuestro caso no se puede construir esta agenda sin enfocar la realidad, que es grave, que nos está golpeando, que es parte de una realidad cruda que ha impactado en los altos índices de feminicidio, en la impunidad, en el estado de total indefensión en la que estamos como pueblo.

Creemos que esto es algo que tenemos que denunciar, insistir, hacer acciones porque nosotras como feministas proponemos una cultura de paz, de la paz que queremos en el mundo, en nuestras casas, en nuestra sociedad.

Queremos poder caminar por las calles pues para nosotras, mujeres jóvenes, el no poder caminar por las calles, pese a ser un derecho tan básico y tan vital para todo ser humano. Nosotras no lo tenemos y vamos a luchar por eso, desde nuestro feminismo y nuestras acciones.

viernes, julio 22, 2011

Miremos el Machismo en la actualidad...

Éste es un tema que no se agota y por lo mismo es necesario nuevas y mejores estrategias en su contra para hacerlo visible y combatirlo fuertemente.
Por Ana Schwarz
El machismo se define como la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres….No necesariamente lo asumen los hombres… el machismo lo expresan por igual hombres y mujeres.

Los movimientos feministas lo definen como “el conjunto de actitudes y prácticas sexistas, aprendidas y ofensivas llevadas a cabo en pro del mantenimiento de jerarquías sociales en que las mujeres son sometidas o discriminadas”.

El Machismo se refleja en una actitud cuyo objetivo es lo femenino y tiene que ver con todo el entorno que rodea la figura de la mujer en cada sociedad y cuyo contenido está basado en el mito de la superioridad del hombre y sus privilegios.

Es un fenómeno multidimensional donde hay implicados múltiples factores y de tan diversa índole lo que hace difícil definir su naturaleza, pero en definitiva es un fenómeno transcultural, los mecanismos a través de los cuales se sostiene y perpetúa y las razones de sus inicios.



Este fenómeno ha trascendido los límites especiales y de tiempo, esto explica que haya permanecido indemne al paso de los siglos, pues es una realidad el decir que en las distintas épocas, sus expresiones han variado según las circunstancias y pautas culturales. Una realidad es que se reconoce desde muy temprano en las historia de la humanidad, desde la aparición de la división social del trabajo y los roles entre HOMBRE y MUJER.

Los roles de género son construcciones culturales sobre los lineamientos que las personas deben explicitar como miembros de una cultura determinada según sea su sexo.

Latinoamérica ha sufrido el impacto del choque entre diversas culturas, y nuestra identidad, tan problemática para muchos investigadores se encuentra diseminado en ese torbellino de razas, en este multidiverso modo de entender el mundo.

La inevitable influencia de los pueblos occidentales penetró de tal forma que se convirtió en nuestro estatuto de vida desde la llegada del europeo. El español especialmente machista al haber sufrido una influencia definitiva por la estancia de las tradiciones moras en su territorio durante tantos siglos.


Publicado por Ana Schwarz en Violetas del Anahuac

viernes, diciembre 17, 2010

Entrevista: “El amor sustenta desigualdades sociales”

Irene G. Rubio y Belén Macías Marín
DIAGONAL: En este momento estás trabajando en un libro sobre el amor. ¿Crees que el amor es clave en la dominación de las mujeres?

MARI LUZ ESTEBAN: El amor, el amor en general y el de pareja en particular, tal y como se construye y se vive en nuestra sociedad, es un pilar central de la subordinación social de las mujeres. El amor nos convierte en eso que llamamos mujeres y hombres, hace que tengamos estatus diferentes. Resulta determinante en un sistema de género en el que se diferencian espacios para unas y otros, donde se nos asignan posiciones desiguales de poder, donde a las mujeres se nos construye específicamente como seres emocionales.

D.: ¿Hay que dejar de identificar a la mujer con el ‘sujeto amoroso’: la amante, la cuidadora, la madre...?

M.L.E.: Ése es uno de los retos que tenemos por delante. El feminismo ha avanzado mucho en el cuestionamiento de la identificación entre ser mujer y ser madre. Pero sigue habiendo una identificación entre ser mujer y ser un sujeto específicamente amoroso, que yo no comparto. Es una identificación que se está aplicando en el tema de los cuidados, como si nosotras tuviéramos una aportación específica al mundo desde ahí, y creo que la hemos tenido obligadas y con muchos peajes. Eso no quiere decir que dejemos de reivindicar un mundo más humano y más justo, donde las relaciones de poder y los trabajos se distribuyan de otra manera, que sean relaciones donde pueda haber afectos. No sería cargarnos eso, sino romper la centralidad del amor, la ‘obligación’ de amar. Además, cuando hablamos de amor, ¿de qué estamos hablando? Muchas veces de injusticia/justicia, poder/no poder o de la vulnerabilidad y la interdependencia como algo básico en los humanos.

Vivimos en una sociedad de ‘pensamiento amoroso’, donde parece que el amor es lo más genuino del ser humano, la principal tabla de salvación, y parte del feminismo está también ahí. No estoy para nada de acuerdo. No sé si en una situación ideal el amor podría ser lo más genuino, pero, desde luego, en esta cultura en la que vivimos, no. Porque el amor está tapando desigualdades sociales, no sólo entre hombres y mujeres, también de clase, de etnia. No hay más que fijarse en los relatos de ficción del cine, la literatura... El amor nos construye como desiguales, sustenta desigualdades.

D.: ¿Que la sexualidad siga siendo el principal instrumento de subversión desde el cuerpo para las mujeres no es una trampa?

M.L.E: La subversión a través de la sexualidad ha sido y seguirá siendo un campo muy fértil, y ahí están todas las propuestas de las últimas décadas, desde el porno feminista hasta lo queer, con la transexualidad y el transgenerismo... La duda que me surge es si no estamos hipertrofiando en exceso la sexualidad y si no hay otras dimensiones de la corporalidad que no estamos trabajando tanto, como la edad o la clase social. ¿Por qué nos parece que la sexualidad es más subversiva que la vejez o que las desigualdades económicas? Muchas de las propuestas queer en nuestro contexto, no todo, igual estoy generalizando demasiado, tienen que ver con cuerpos jóvenes, delgados... cuerpos que se mantienen en unos márgenes concretos. Sin embargo, si pensamos en otras áreas, como el trabajo doméstico, los cuerpos que están en esa pelea podrían ser o están siendo subversivos, sin cumplir esas condiciones. A mí me parecen fundamentales, pero creo que nosotras mismas los tenemos bastante invisibilizados.

D.: Frente a todos los dispositivos que nos instan a controlar y exponer el cuerpo, ¿la reivindicación de lo feo puede ser una forma de resistencia?

M.L.E: Ahí la aportación del feminismo ha sido muy significativa y lo seguirá siendo. Lo que nos puede pasar es que también nos veamos afectadas por esos ideales de belleza. Que, por muy feministas que seamos, la fuerza de esa ideología hegemónica sobre la imagen es brutal. Otro problema es que a veces vemos a las mujeres como víctimas del sistema, pero la regulación, el control y la posibilidad de resistencia van de la mano. Si nos vemos sólo como víctimas, nos negamos la posibilidad de agencia, de acción social e individual.

D.: Y en el otro extremo, ¿cómo darle la vuelta a lo que se malentiende como ‘armas de mujer’?

M.L.E:Tenemos una visión muy estrecha de la seducción, con esa separación que hay en nuestra sociedad de la belleza y la inteligencia, parece que quien seduce con el cuerpo o con la imagen no puede hacer otras cosas. Es una idea que por una parte hemos criticado y, por otra, interiorizado. Además, la aplicamos de una manera muy ‘generizada’ a las mujeres y no a los hombres. Si viéramos la seducción y el erotismo de una forma mucho más amplia, y miráramos más allá de la heterosexualidad, podríamos darnos cuenta de que eso que hemos llamado “armas de mujer” es mucho más complejo y tiene que ver con una manera de presentarse, de seducir al otro, pero en un sentido muy amplio; y que también los hombres lo utilizan, aunque en su caso no es visto como seducción sino como inteligencia.

¿ACASO ELLAS NACEN SABIENDO CÓMO CUIDAR?

D.: ¿Hay que revisar el discurso feminista de los cuidados?

M.L.E.: Sí, y en ello estamos. En el tema de los cuidados las teorías feministas están en un continuum. En un extremo estarían las que han defendido el ideal del pensamiento maternal, del cuidado como una ética, como una aportación específica de las mujeres. En el otro, posturas mucho más materialistas que defienden que es mejor entrar en este tema desde la división sexual del trabajo y las diferencias de poder según las tareas que hacen mujeres y hombres. Y en medio puede haber posiciones mixtas. En el Estado español, hay sobre todo posiciones mixtas, como las de las economistas que han aportado mucho en este ámbito. Pero, en general, hay un tinte esencialista en muchos de los discursos sobre los cuidados, incluso en las posturas materialistas; una idea de que las mujeres tenemos algo especial que ofrecer, en vez de partir de que ‘tener que cuidar’, tal y como se plantea aquí y ahora, es una alienación para las mujeres.

Si no se puede elegir, no podemos hablar de ‘ética de los cuidados’. Muchas mujeres no pueden elegir, lo que tiene que ver con la clase social; hay que tener cuidado con hacer planteamientos clasistas, que sirven sobre todo para las ricas, en éste y otros temas. Hay grupos de mujeres, por ejemplo en Euskadi, que hemos trabajado mucho en esta dirección y hemos sido muy rotundas sobre el derecho a decir “no” frente a los cuidados, junto con el derecho a decir “sí”, pero sobre todo para hombres.

ENVEJECER EN EL SIGLO XXI

¿Es más difícil envejecer ahora que nunca?, nos preguntamos, en una sociedad que idolatra de forma creciente el cuerpo y la juventud. “No. Mi sensación no es que sea más difícil, es que estamos elaborando la vejez a nivel individual, cada una como puede, o con la gente cercana. Aunque hay algunas excepciones, hay muy poquita elaboración teórica y colectiva sobre estos temas, al menos en el Estado español”, responde Esteban. Finalmente, es la medicina la que se encarga de explicarte cómo envejeces, lo que, según esta antropóloga, “no siempre es positivo, dado que esta disciplina tiene una forma de mirar la realidad y lo ‘femenino’ muy concreta, por lo que sería muy interesante que hubiera discursos distintos, alternativos”, señala.

miércoles, mayo 13, 2009

Las mujeres nicaragüenses entre la situación de pobreza y los reclamos de ciudadanía

Por: María Teresa Blandón Gadea / Rebelión
Muchos de los problemas que afectan a la mayoría de la población nicaragüense son consecuencia directa de políticas macroeconómicas impuestas por gobiernos del Norte y aplicadas entusiastamente por una por una clase política doméstica con un anémico interés por reducir la pobreza y las brechas de iniquidad. Baste recordar que, de acuerdo con fuentes oficiales de información, de cada diez personas, cuatro viven con menos de un dólar al día y más del 75 por ciento de la población sobrevive con menos de dos dólares al día. En consecuencia, de cada diez familias nicaragüenses, cuatro son receptoras de remesas, las cuales financian el consumo de dichas familias hasta en un 93 por ciento. En el caso nada particular de las mujeres, éstas representan la mayoría de trabajadores del sector informal (80 por ciento) en donde laboran 87 de cada cien trabajadores empleados. El cuarenta por ciento de estas mujeres son "jefas de hogar".

A la situación de pobreza antes descrita debemos sumar, o más bien multiplicar, otras dimensiones de la discriminación acumulada por las mujeres en Nicaragua. La violencia, el no reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos, los evidentes retrocesos en materia de participación en instancias de toma de decisiones; son datos expresivos de la gravedad de un problema estructural que tiene su origen, evolución y actualidad, en la existencia de un orden social sexista, machista y racista.


Según datos de una reciente investigación realizada por UNICEF en Centroamérica, el 26 por ciento de las mujeres nicaragüenses ha sufrido abusos durante la niñez. Tan sólo durante el año 2007 la Policía Nacional recibió 91.500 denuncias por violencia perpetrada contra mujeres, niñas, niños y adolescentes. El número de denuncias bajó drásticamente durante el 2008, en parte como consecuencia de los altos niveles de impunidad con los que el sistema judicial "revictimiza" a quienes se atreven a denunciar y estimula a los agresores.

Se plantean en este panorama algunos interrogantes que saltan a la vista de cualquier ciudadano o ciudadana medianamente consciente de lo injusto de la situación antes descrita. ¿Cómo hacen las mujeres para sobrevivir ellas y sus descendientes? ¿De dónde sacan energías para seguir viviendo esas vidas? ¿Qué tipo de estrategias desarrollan para no sucumbir? ¿A quiénes recurren? ¿Qué tipo de apoyo reciben y por cuánto tiempo? ¿Cuáles son los actores locales, nacionales e internacionales que muestran disposición a invertir en mujeres pobres para que salgan de la pobreza?

No hay respuestas fáciles, ni unívocas. Tampoco podemos limitar nuestro análisis al accionar público de determinados actores, aunque cada cual tiene un peso específico. La situación de discriminación que padecen la mayoría de mujeres nicaragüenses se ve constantemente agravada por la cómoda complicidad, las actitudes "tolerantes" y hasta la negación con que diversos actores abordan esta realidad tan evidente.

Desde la década revolucionaria pasando por tres períodos de gobiernos autodenominados liberales, las mujeres pobres han ensayado una multiplicidad de estrategias que en la mayoría de los casos les han asegurado la supervivencia y que, en otros, les han permitido avanzar de manera sostenida hacia la mejora de su calidad de vida.

La profundidad de los cambios en la vida de las mujeres ha dependido de diversos factores, entre los que se destacan la capacidad de resistencia de las propias mujeres y su vocación de cambio, los apoyos deliberados de las activistas feministas, y el aporte de algunas agencias de cooperación al desarrollo. Por su parte, los principales poderes del Estado en general van a la zaga de los conocimientos, críticas y demandas construidas desde las propias mujeres, desde el movimiento feminista, las agencias del Sistema de Naciones Unidas y otros actores comprometidos con los objetivos de igualdad y desarrollo.

En el mejor de los casos, desde algunas instituciones públicas se han promovido programas focalizados dirigidos a mujeres pobres, más por cuidadoras de otros/otras, que por ser mujeres con derechos. Tal fue la esencia del programa de asistencia social desarrollado por el anterior Gobierno y los programas "Hambre cero" y "Usura cero" desarrollados por el actual Gobierno de Nicaragua.

A continuación dedicaré algunos párrafos al análisis de tres ámbitos prioritarios en la ciudadanía de las mujeres, a saber: la violencia, los derechos sexuales y reproductivos y la participación en la toma de decisiones.

Violencia y derechos sexuales y reproductivos

En el ámbito de la violencia, antes como ahora, las políticas, planes y programas para prevenir la violencia contra las mujeres han sido obra de las organizaciones de mujeres con apoyo financiero de la cooperación internacional. La tendencia de los últimos años es hacia el debilitamiento de los mecanismos institucionales creados para la prevención, la atención a las víctimas y la sanción a los agresores. Tal es el caso de las comisarías de las mujeres, actualmente desprovistas de recursos humanos, técnicos y financieros para poder ejercer su labor con eficacia. La percepción generalizada es que las mujeres están cada vez más en una situación de indefensión producto de la falta de voluntad política del poder judicial. Así lo revelan estudios recientes realizados por la Red de Mujeres Contra la Violencia y diversas organizaciones de mujeres que acompañan a las víctimas de este flagelo.

En materia de derechos sexuales y reproductivos la situación no ha sido favorable para las mujeres, dado el sesgo conservador y oportunista de la clase política y de los gobernantes. El dato más emblemático es la penalización del aborto terapéutico, que niega a las mujeres la interrupción de un embarazo por indicación médica, como única alternativa para preservar la salud y hasta la vida de las mujeres. A lo anterior debemos agregar la negativa de los gobiernos anteriores y el actual a desarrollar programas de educación sexual en los centros públicos de enseñanza, que afirmen la sexualidad y la reproducción como Derechos Humanos universales. Por el contrario, la tendencia invariable de los gobernantes ha sido la de otorgar poder de veto en este ámbito a los grupos más conservadores de la sociedad, destacándose entre estos la jerarquía de la iglesia católica.

En el mismo sentido, poco han hecho los gobiernos para desarrollar programas que contribuyan a prevenir embarazos no deseados, embarazos en adolescentes, propagación del VIH y de otras infecciones de transmisión sexual. Prueba de ello es que Nicaragua continúa siendo el segundo país en América Latina y el Caribe con la más alta tasa de embarazo en adolescentes (uno de cada tres nacimientos se da en adolescentes) y que el patrón de propagación del VIH está afectando de manera severa a las mujeres heterosexuales en edad reproductiva.

Participación en la toma de decisiones

En cuanto a la participación de las mujeres en la toma de decisiones, la tendencia es más bien de claro retroceso en el actual contexto nacional. Al respecto diremos que frente a la misoginia y autoritarismo de las elites partidarias, las mujeres con aspiraciones de optar a cargos electivos se han visto en la necesidad de renunciar a la defensa de ciertos derechos, sobre todo, de aquellos que afirman la ciudadanía plena de las mujeres.

Lo anterior explica por qué las feministas no contamos con "aliadas" en los partidos ni en las instituciones públicas para promover derechos como los sexuales y reproductivos. Peor aun, la mayoría de diputadas de la Asamblea Nacional votaron a favor de la penalización del aborto terapéutico.

El actual gobierno del FSLN, a pesar de haber prometido la conformación de un gabinete paritario, de forma reiterada ha nombrado y despedido de forma arbitraria a mujeres en puestos de dirección. Son ejemplos expresivos los despidos de directoras, subdirectoras y ministras del Instituto Nicaragüense de la Mujer, el Instituto Nacional de Cultura, el Instituto de Transferencia Tecnológica, el Ministerio de Salud y el de Agricultura y Ganadería.

A nivel local la tendencia predominante fue la de "seleccionar" (ya que no hubo un proceso democrático de elección a lo interno de los partidos) a hombres como candidatos a alcaldes y mujeres como vicealcaldesas o concejalas, en el mejor de los casos.

Amenazas al movimiento de mujeres

Probablemente uno de los ámbitos más problemáticos en torno a la participación de las mujeres en la toma de decisiones en el ámbito público, es la relación conflictiva entre el actual Gobierno y diversas organizaciones feministas con participación protagónica dentro del movimiento de mujeres. Hechos promovidos desde el partido gobernante permiten afirmar que el actual Gobierno tiene entre sus objetivos la desarticulación de un movimiento de mujeres que durante las últimas dos décadas se afirmó en su carácter autónomo.

La aceptación por parte de la Fiscalía de la República de una acusación sin fundamento legal presentada por una organización fundamentalista en contra de nueve feministas; la campaña de desprestigio en contra de destacadas activistas del movimiento feminista a través de los medios de comunicación del FSLN; el allanamiento ilegal a las oficinas de una organización de mujeres (MAM); las intervenciones selectivas en contra de algunas organizaciones de mujeres realizadas por el Ministerio de Gobernación, son parte de los hechos ocurridos durante los dos primeros años del Gobierno encabezado por Daniel Ortega.

Asimismo, el partido gobernante hace esfuerzos por despojar al movimiento feminista de las movilizaciones emblemáticas que se vienen realizando en las últimas décadas. El 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia, el diputado y coordinador del oficialista Frente Nacional de los Trabajadores (FNT) llamó a las mujeres simpatizantes del FSLN a marchar por la misma ruta por la que lo harían las diversas expresiones del movimiento de mujeres, por lo que la Policía Nacional presionó a las organizadoras de la marcha para modificar el rumbo originalmente acordado.

La hostilidad del Gobierno hacia el movimiento se expresa de forma contundente en el no reconocimiento de las redes y otras formas de articulación constituidas desde el movimiento de mujeres en los espacios establecidos por ley. Éste es el caso del Consejo Nacional de Planificación Económica y Social, el Concejo Consultivo del Instituto de la Mujer y los Comités de Desarrollo Local.

A manera de conclusión diremos que en un escenario de pobreza creciente que afecta de manera rotunda a las mujeres, y de tensión entre las organizaciones de mujeres y los poderes del Estado, de hostilidad y acoso hacia aquellas expresiones del movimiento de mujeres que reclaman ciudadanía plena para todas las mujeres, es posible prever el recrudecimiento de enfoques discursivos y políticas públicas que asumen a las mujeres únicamente en su condición de pobres necesitadas de ayuda y las despojan de su condición de ciudadanas con derechos.

Bajo esta lógica, el Gobierno y los partidos políticos seguirán disputándose a las mujeres, ya sea para ganar adeptas o para utilizarlas como punta de lanza en las contiendas patriarcales que les permitan hacer nuevos arreglos de poder, al margen de los intereses estratégicos de las mujeres.

El desafío que hemos asumido las organizaciones autónomas de mujeres es el de profundizar procesos iniciados hace más de treinta años, gracias a los cuales ha sido posible construir un entramado político y organizativo vital, desde el cual desarrollamos múltiples formas de resistencia y de cambio a favor de la igualdad. Frente a tanta adversidad contamos con un acumulado de fortalezas en miles de mujeres dispuestas a no renunciar a una Nicaragua sin discriminación ni pobreza.

Es hora de volvernos a preguntar quiénes mantendrán la disposición de acompañarnos en este particular trayecto de un camino que estuvo y está plagado de obstáculos; de conflictos entre necesidades perentorias y demandas emancipatorias; entre aspiraciones de libertad y reclamos de justicia social; entre la situación de pobres y la condición de ciudadanas.

miércoles, abril 29, 2009

Combatir el machismo desde adentro

Por: Mandeep Dhillon/Rebelión
Las Mujeres Creando Comunidad de Bolivia usan el ejemplo de un cuerpo integral para explicar el concepto del feminismo y su importancia en nuestras comunidades –cuales sean: el pueblo, el barrio o el colectivo. Dicen que el cuerpo entero representa a la comunidad. La mitad es la fuerza, la sabiduría, y las capacidades de los varones de la comunidad. La otra mitad está hecha por la fuerza, la sabiduría y las capacidades de las mujeres. El cuerpo no se puede cortar en dos partes porque así muere la comunidad. Pero si un lado del cuerpo es más debil que el otro, tampoco puede funcionar bien. Si tapamos un ojo, si detenemos un brazo, si una pierna no se mueve bien o está forzada a seguir exactamente los mismos movimientos de la otra pierna, el cuerpo no camina bien, camina más lentamente, se cae, no logra sus objetivos fácilmente. Cada lado del cuerpo se mueve y trabaja de una forma distinta, pero sólo trabajando juntos puede caminar, correr y también resistir.




Como compañeras que participamos creando los movimientos sociales, nos enfrentamos a varias barreras. Compartimos los espacios de lucha y trabajo con nuestros compañeros, pero obviamente seguimos teniendo que luchar desde adentro de esos espacios para ser reconocidas y respetadas. Aunque tengamos presencia en espacios libertarios, socialistas o progresistas –en muchos momentos se queda nuestra participación a un nivel marginal; es decir, nuestras experiencias como mujeres, nuestra visión, nuestras necesidades y exigencias, no son tomadas en cuenta, no dan forma a la manera que tienen nuestros compañeros de relacionarse, el tipo de organización que tengamos ni el movimiento que vayamos construyendo.

Al mismo tiempo, los intentos de ir desafiando el machismo dentro del movimiento se quedan muchas veces en debates polarizados –crean víctimas y monstruos en lugar de un esfuerzo común para acabar con un enemigo común. Muchas veces encontramos una apertura ideológica superficial, (por ejemplo, incluir un análisis anti-patriarcal en nuestros principios, incluir a mujeres en nuestros colectivos, hasta tener sectores de mujeres en nuestros movimientos) pero no realmente una apertura concreta en la cual honramos las experiencias de las mujeres en lugar de debatir por horas si tienen ellas razón en denunciar actos particulares como machismo. No creamos un espacio en el cual nuestra política anti-sexista se aplique en nuestras relaciones personales o en el cual el machismo pueda ser abiertamente y activamente identificado y discutido de forma colectiva. Así las denuncias del machismo se convierten en acusasiones y castigos, pero no en un entendimiento o compromiso colectivo. Hay que destacar que este problema vive en las actitudes y los comportamientos que nos parecen ser los más normales, inofensivos y muchas veces invisibles. Por esto, realizar un cambio no es trabajo fácil. No pide que acabemos con la masculinidad. Lo que pide es abrirnos, dejarnos ser vulnerables, identificar los procesos que nos socializaron a aceptar el machismo como la forma de vida, escucharnos y querer cambiar. Parte de esto es también empezar a hablar de como el machismo ha formado, dañado y quebrado a los hombres.

Dice Bell Hooks, una escritora y maestra anti-capitalista y anti-patriarcal de la comunidad negra en los Estados Unidos: “Para mí, el perdón y la compasión siempre están vinculados: ¿cómo hacer responsables a la gente por hacer el mal y al mismo tiempo mantenerse en contacto suficientemente con su humanidad para creer en su capacidad de ser transformados?”

Este proceso de transformación necesita la participación activa de mujeres y hombres y al mismo tiempo un respeto grande hacia las experiencias de las mujeres que sufren los golpes del patriarcado de una manera constante; ni en sus espacios progresistas encuentran un descanso de esa opresión. Obviamente, las mujeres también propagan el machismo con la diferencia que los que se quedan con los privilegios y beneficios son los hombres. Sin embargo, sin tomar en cuenta la experiencia de ambos, no lograremos entender como el patriarcado forma a nuestros compañeros ni como romper ese círculo dañoso que va creando a los actores machistas de la próxima generación –nuestros hijos– y asegura que el capitalismo permanezca. Hay una urgencia de acabar con esa opresión sistémica que las mujeres, nosotras, sentimos día tras día al nivel físico y emocional. Nosotras no tenemos el privilegio de ignorar esa urgencia con pretextos de “no tener tiempo o energía”, “tener cosas más importantes que hacer” o simplemente pensar que el patriarcado existe “ahí afuera” pero no en nuestras vidas. Esta urgencia nace y va creciendo en cada momento que estamos siendo humilladas, golpeadas, violadas, tratadas de ignorantes, cada vez que se nos niega el derecho a un aborto, cada vez que se nos acusa de ser sectarias por querer hablar del machismo en una reunión, cada vez que un compañero luchador nos silencia o nos trata de objeto en la casa mientras que se diga anti-patriarcal en las reuniones, cada vez que se espera que nosotras proveamos apoyo emocional pero se nos llama histéricas o débiles cuando esperamos ese mismo apoyo y cada vez que nuestras preocupaciones como mujeres son descalificadas como asuntos personales y no materia revolucionaria. Pero si vemos bien, en todos esos momentos y experiencias opresivas, los hombres también van creando un sistema que les abusa, que les niega un humanismo más amplio, que les tiene con pocas posibilidades de sentirse liberados de la culpa, la verguenza y la impotencia que sienten en muchos de esos instantes.

Hooks resume bien esa “doble necesidad” de apoyar a los hombres a sanarse ellos mismos y al mismo tiempo de los hombres de tomar responsabilidad por sus actos hacia las mujeres.

“Los hombres sí oprimen a las mujeres. Las personas son lastimadas por los patrones rígidos de los papeles machistas. Las dos realidades co-existen. La opresión de las mujeres a manos de los hombres no se puede perdonar por el hecho que también los hombres son lastimados por los papeles machistas rígidos. L@s activistas feministas deben de reconocer ese dolor y trabajar para cambiarlo –sí existe. Esto no borra o disminuye la responsabilidad de los hombres en apoyar y perpetuar su poder bajo el patriarcado para explotar y oprimir a las mujeres de una forma mucho más grave que el estrés psicológico y dolor emocional profundos causados en los hombres por conformarse con los patrones rígidos de los papeles machistas.”

Hay mucho que preguntarnos y mucho que compartir. A nuestros compañeros hombres, quisiera preguntarles si se sienten bien con el papel rígido que les ha dado el patriarcado. Hay que identificar con ellos como el patriarcado también les ha robado el derecho de sentir, de ser humanos completos. Hay que ver como los ha dañado desde la niñez –esas experiencias formativas que les educaron a no poder tener relaciones de inter-dependencia (en lugar de dependencia) emocional, a no poder admitir su debilidad, a no poder valorar a las mujeres como más allá de objetos que deben de en todo momento saber llenar sus necesidades físicas y emocionales. Esas experiencias no solamente han cortado su capacidad de relacionarse sanamente con mujeres si no también con otros hombres. Hay que identificar por qué es tan difícil cambiar – ¿cuales son de un lado los privilegios que el machismo les ofrece y del otro lado como les castigan el sistema, otros hombres y también mujeres patriarcales cuando ellos quieren cambiar su forma de ser?

Según Hooks, “la violencia es una socialización de los niños y hombres jóvenes. La manera en la cual 'convertimos niños a hombres' es a través de los golpes... Los distanciamos de sus sentimientos, su sensibilidad hacia los demás. Al decirles 'aguántate como los hombres' les forzamos a no sentir y seguir adelante.”

El capitalismo, del cual el patriarcado es un pilar clave, nos ha moldado a ser seres incompletos –hombres y mujeres. En lugar de dejarnos desarrollarnos como personas íntegras con una gama completa de las fuerzas y capacidades necesarias para ser sanos y formar relaciones sanas e inopresivas, esas fuerzas y capacidades han sido divididas por la línea de género. Las que son vinculadas con la masculinidad (ser “racionales”, ser “independientes”, no demostrar sentimientos, etc...) son generalmente consideradas como señas de fuerza. Las que vinculamos con la feminidad (demostrar sentimientos, cuidar a los demás, pedir apoyo sentimental, ser leales) son pintadas como señas de debilidad. Los niños son enseñados a ser “fuertes a pesar de todo” y “emocionalmente independientes”. La agresión y el enojo son en esencia los únicos sentimientos que se les permite expresar sin sentirse vergonzosos. Las niñas son enseñadas a creer que tienen una “naturaleza débil”, que necesitan a hombres para darles fuerza y que siempre tienen que apoyar a los demás.

De un lado, nos modelan a buscar nuestro “complemento” (por ejemplo en las relaciones heterosexuales) –la persona que llenará esas partes ausentes o reprimidas de nuestras propias habilidades. Del otro lado, tenemos reacciones profundas de miedo o agresión en contra de esos mismos elementos, reconociendolos como indeseables. En estas necesidades, debilidades y socialización vive el machismo que toma forma en comentarios ofensivos, falta de acercamiento emocional, reducción del valor de personas a placeres y abuso de muchos tipos.

Hooks también habla de la dinámica profundamente psicológica y cotidiana de este sistema opresivo: “Subrayando el patriarcado psicológico, vemos que todos son implicados y nos liberamos de la percepción falsa que los hombres son el enemigo. Para acabar con el patriarcado tenemos que desafiar sus manifestaciones concretas y psicológicas en la vida cotidiana. Hay gente que es capacez de criticar el patriarcado pero incapaz de actuar de una forma antipatriarcal.”

Esto que llama ella “patriarcado psicológico” es sumamente importante. Hasta en nuestros movimientos, muchas veces no reconocemos más que las formas “visiblemente violentas” del machismo. Es decir, se nos hace más fácil denunciar violaciones y ataques físicos (aunque igual éstas muchas veces occuren entre compañeros sin ser denunciadas) que las manifestaciones más “sutiles” de la violencia cotidiana en los espacios políticos y tambien entre compañeros de lucha en sus vidas “personales” donde el daño del machismo quizá es lo más pronunciado. El campo de lo “personal” se vuelve un terreno casi intocable y esto se justifica diciendo que la vida o decisiones personales más bien tienen que ver con gustos personales, formas de ser, sentimientos y no tanto con consecuencia, responsabilidad y ser anti-sexista. Al mismo tiempo, suele suceder que los niños y luego hombres también sufren las consecuencias más graves del machismo en sus vidas personales – desde la infancia hasta los fracasos en relaciones personales años después. Pero por los mismos privilegios que el patriarcado se les ofrece, responden a las demandas de cambio por parte de las compañeras con una resistencia terca que se expresa en diferentes formas: negar, ser defensivos, reír, ignorar, callarse, gritar, acusaciones de ser víctimas o hístericas y hasta ser físicamente abusivos. Lo que pocas veces logramos es un nivel de diálogo abierto en el cual se reconozca que ambas partes, mujeres y hombres, tienen mucho que ganar si las actitudes y los comportamientos –la “psicología” machista se pueda superar. Y como compañer@s de lucha, más aún, la posibilidad de un movimiento realmente revolucionario y libertario.

Por esto, en lugar de ver la necesidad de las compañeras de hablar del machismo como un ataque personal, ¿por qué no verlo como una oportunidad de hablar de nuestro dolor colectivo? ¿Por qué no invitar a ese diálogo como un proyecto común que nos dará las herramientas para mejorarnos como seres humanos y como movimiento? Hablemos de como podríamos ser más fuertes si las mujeres también pudieran tener el poder que les coresponde. Hablemos de como podrían estos cambios también ayudar a los compañeros a tener más conocimiento y ser más capaces. Hablemos de un cambio, desde ahora, desde nosotras y nosotros, desde nuestros espacios de trabajo, de lucha, de convivencia, desde nuestras casas, nuestras relaciones, nuestros cuerpos y corazones.