lunes, febrero 14, 2011

Nicaragua: Mujeres adelante en educación

Sylvia R. Torres
(SEMlac).- La certidumbre humanista de que una buena educación constituye una salida para salir de la pobreza todavía empuja a las familias nicaragüenses a sacrificarse para aumentar el nivel de educación formal de sus familias, incluyendo a las niñas, quienes en otros países empobrecidos son las primeras en ser retiradas de la escuela.

No obstante, el mayor nivel de educación alcanzado por las mujeres no se traduce en mejores trabajos y mejores ingresos.

Tanto la IV Conferencia de la Mujeres celebrada en Beijing, como los Objetivos del Milenio (ODM), adoptados por los gobiernos del mundo al iniciar el presente siglo, se plantearon cerrar las brechas en el acceso a educación para hombres y mujeres, como camino hacia la erradicación de la pobreza y la consecución de autonomía de las mujeres.

Eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para 2005, y en todos los niveles de la enseñanza para 2015, es una de las fines del objetivo tres.

En Nicaragua, entre 1997 y 2008, la tasa de cobertura neta de la educación secundaria pasó de 29,9 por ciento a 48,1 por ciento para las mujeres, mientras para los varones evolucionó de 24,8 por ciento a 42,9 por ciento, anunció a la prensa Maria Rosa Renzi, coordinadora del Área Desarrollo Económico y Equidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en este país, durante el seminario Mujer, Trabajo y Liderazgo.

Por otro lado, un informe titulado "Las metas del Milenio y la igualdad de género", publicado en línea por las Naciones Unidas, concluye que en Nicaragua, "el acceso a la educación primaria es bastante equitativo, con ligeras diferencias a favor de los niños en el área urbana y de las niñas en el área rural".

En 2001, en el área urbana había 99 niñas matriculadas en primaria por cada 100 niños; en cambio, en el área rural había 103 niñas por cada 100 niños. En cuanto a la educación secundaria, en el mismo documento se asegura que "la relación entre las tasas brutas de escolarización aumenta significativamente a favor de las mujeres, especialmente en el área rural".

Respecto a la educación técnica y superior, se afirma que existe igualdad en el acceso y que "en 2001 las mujeres representaron el 55,1 por ciento y 51,2 por ciento de la población matriculada en educación técnica y superior", respectivamente.

En el indicador que se refiere a la relación entre las tasas de alfabetismo de las mujeres y los hombres de 15 a 24 años, el documento sobre los ODM muestra una evolución positiva para las mujeres, al pasar la tasa de alfabetismo de 98 por ciento en 1970 a 102 por ciento en 2000.

En su valoración del avance de las ODM, el gobierno nicaragüense ha celebrado la consecución de esta meta, aunque persisten voces críticas frente a éstos logros. La Coordinadora Civil, que agrupa decenas de organizaciones, ha presentado un Plan de País en el que demanda calidad en la educación, tecnificación y mejoramiento de salarios para el profesorado.

A estas voces se suma el educador Fulvio Tijerino Pérez, quien sostiene que a la cobertura debe agregársele la calidad, ya que el sistema educativo presta más atención a matrículas y personas reprobadas que a la calidad.

Citando el censo de población de 2005, el catedrático universitario Cornelio Hoppman afirma, en artículo publicado por la revista Confidencial, que nunca antes en Nicaragua hubo tantos jóvenes con educación, pero contrapone a estos datos el hecho de que solamente 40 por ciento termina la primaria y 2,8 la universidad.

Por otra parte, hay 10 veces más personas graduadas de las universidades, 150.000 en total, de las que hubo en 1979, mientras que la población apenas se ha duplicado.

Con la idea de que, "Educación es lo único que voy a heredar cuando muera", se apuntan por la educación mujeres como Eva Blanco, una trabajadora doméstica, quien a los 23 años y con cuatro hijas recién ingresó a un instituto estudios superiores. Según sus planes, este año, cuando finalice una carrera técnica en administración de negocios turísticos, mejorarán sus ingresos en una industria que poco a poco crece en el país.

Su esperanza puede tambalearse, sin embargo, debido a los obstáculos culturales y estructurales que enfrentan las mujeres. Según reporte de la institución de investigación Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (FIDEG), las mujeres perciben 36 por ciento menos ingresos que los varones.

Ello significa que solo cobran 74 centavos por cada córdoba que cobran los hombres. Adicionalmente, mientras más estudios tienen las mujeres, más grande es la brecha salarial.

En éste sentido, el movimiento de mujeres María Elena Cuadra ha señalado la necesidad de "mejorar la calidad de la inserción ocupacional de las mujeres, cuyas fuentes de ocupación siguen siendo el servicio doméstico, el sector informal y la actividad textil-vestuario en las maquilas; en gran parte de estas actividades predomina el trabajo precario, de baja productividad, insuficientes remuneraciones y, en general, condiciones insalubres, de desprotección y discriminación", denuncia.

Solo el futuro podrá determinar si los sueños de Eva de obtener mayores ingresos, gracias a su educación, podrán hacerse realidad. Lo que queda claro es la complejidad del avance de las mujeres, que para cumplirse requiere de acciones en muchos frentes, pues aunque el progreso educativo es importante, necesita del acceso de ellas a recursos productivos y cambios en los estereotipos alrededor de papel de las mujeres en la sociedad, opinan voces especializadas.

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