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viernes, julio 02, 2010

Primera Mujer en ejercer la Medicina Ginecológica...

Por Regla Zulueta / Mujeres
El amor hacia el ser humano fue la gran motivación de la doctora Cecilia Grierson que la convirtió en la primera mujer argentina en ejercer la medicina ginecológica, con anterioridad había tenido la primicia de graduarse como médica en Sudamérica.

Nacida en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1859 incursionó y promovió disciplinas hasta entonces no difundidas en su patria como la kinesiología y la accidentología.

Llevó adelante una intensa actividad profesional y docente, y por haber trabajado mucho por la elevación del nivel social e intelectual de la mujer argentina, fue considerada una representante de un feminismo equilibrado y práctico. A lo que se une el hecho de reconocérsele como la precursora de la enseñanza de sordos y ciegos.

Cuando se reconocen los méritos de la Grierson , de afiliación socialista y feminista se suma la iniciativa de fundar la primera Escuela de Enfermeras de Argentina y la Asociación Obstétrica Nacional.


Un rico quehacer profesional

Cecilia Grierson cuando contaba con sólo 13 años de edad se inició en la docencia como maestra rural y a los 19 recibió el título de esa especialidad. Más tarde a los 23 años ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y sin terminar la carrera fundó, en el ámbito del Círculo Médico Argentino, la primera Escuela de Enfermeras del país, entidad que ella misma dirigió hasta 1913.

Como pionera de la enseñanza de primeros auxilios, sobre todo para casos de accidentes, en 1892 fundó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios, institución que realizó una gran tarea de divulgación con múltiples cursos, conferencias y publicaciones.

Promovió tenazmente la enseñanza de la puericultura (estudio de la salud y los cuidados que deben darse a los niños en sus primeros años de vida) y fue precursora de la enseñanza de ciegos y sordomudos

En 1897, su libro Masaje Práctico alcanzó amplia difusión y se convirtió en un antecedente de la literatura kinesiológica en lengua española. Además en 1904 y 1905 dictó, en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, los primeros cursos de Kinesiterapia, que constituyen el antecedente más importante de la kinesiología argentina.

En Europa, donde desarrolló diversas actividades destinadas a su perfeccionamiento profesional y asistió al Congreso Internacional de Mujeres de Londres, que la nombró su vicepresidenta.

Otra de sus obras importantes fue la fundación de la Asociación Obstétrica Nacional y de la Revista Obstétrica, iniciativas que concretó con el objetivo de elevar el nivel cultural de las parteras.

Tuvo un rol destacado en los primeros años de vida del Partido Socialista Argentino, fundado en 1896 y junto a Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson y Julieta Lanteri-Renshaw, entre otras, iniciaron la lucha por los derechos civiles y políticos femeninos, demandaron oportunidades educativas y de trabajo y propusieron reformas al Código Civil en beneficio de la situación de la mujer.

En 1910, la Grierson presidió del Primer Congreso Feminista Internacional de la República Argentina, convocado por la Asociación de Mujeres Universitarias. Allí se analizaron temas como la situación de ellas en la educación, la legislación, el abandono de los hijos, la necesidad del sufragio femenino.

Esas luchas reivindicativas tuvieron éxito en 1926, cuando se reformó el Código Civil con la incorporación de muchas de las demandas acerca de la condición de la mujer en el país, como la posibilidad de disponer de sus propias ganancias, formar parte de sociedades civiles o mercantiles.

La primera médica de toda América del Sur murió el 10 de abril de 1934. En su homenaje, la Escuela de Enfermería de la Ciudad de Buenos Aires lleva su nombre.

domingo, junio 20, 2010

Hermanadas por la historia: Mural honra a grandes mujeres del mundo...

Eugenie Cotton, científica francesa fundadora de la FDIM, Vilma Espín, creadora de la Federación de Mujeres Cubanas, Mirta Rodríguez, Irma Sehweret y Magalis Llort, tres de las madres de los Cinco Héroes, son las cinco féminas representadas en la obra, como símbolo de las luchas y causas justas que han defendido en todo el mundo.

Por: Mayte María Jiménez /juventudrebelde.cu
Hermanadas por la historia es el nombre de un gran mural de la plástica que recrea las figuras de mujeres que han hecho historia en Cuba y el Mundo, inaugurado este miércoles en la oficina regional de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM).

El mural nació de la creación artística de Consuelo Mendoza, profesora de la Escuela San Alejandro, y Rafael Pérez y Johandrys Suárez, noveles artistas plásticos, con el patrocinio del popular cantante puertorriqueño Danny Rivera y su colega, el pintor Pablo Marcano.

A decir de los realizadores esta obra constituye una forma de reconocer también todo lo que han significado las mujeres, y un tributo al aniversario 65 de la fundación de la FDIM, a cumplirse este año, y el 80 del natalicio de Vilma Espín.



Danny Rivera recordó las palabras que tanto le decía su madre sobre el respeto que ha de tenerse hacia la mujer, como símbolo del amor, y regaló una canción a las esposas, madres e hijas de los Cinco Héroes cubanos, quienes han demostrado ser ejemplo de valentía y fuerza.

Ana Violeta Castañeda, coordinadora de la FDIM en la oficina regional para América Latina y el Caribe, destacó el papel que han de desempeñar las féminas en la actualidad como vanguardia de las luchas por los derechos a una sociedad de paz y justicia en el mundo.

miércoles, junio 16, 2010

Un 16 de Junio, Manuela Sáenz y Simón Bolívar se conocieron...

Un día como hoy, el 16 de junio de 1822, en medio de cohetes, fuegos artificiales y repiques de campanas, el Libertador Simón Bolívar conoció en Quito (Ecuador) a Manuela Sáenz,el gran amor de su vida y su más fiel defensora.

Ese día, Bolívar entró a Quito entre aclamaciones, recién liberada la ciudad del dominio español. Antonio José Sucre, el héroe de la batalla de Pichincha (Ecuador), le precedía. El pueblo aclamaba a sus libertadores en una gran fiesta. Desde los balcones les eran lanzadas flores por bellas y jóvenes mujeres del pueblo. Entre ellas se encontraba Manuelita Sáenz, con 24 años para el momento y quien se enamoraría de Bolívar el mismo día, en el baile del municipio.



Manuelita será el gran amor de Bolívar hasta 1830. Es bien conocida su heroica actuación cuando, la noche del 25 de septiembre de 1828, un grupo de partidarios de Francisco de Paula Santander intentó asesinar al Libertador en el palacio de Gobierno en Bogotá (Colombia). Manuelita, espada en mano, contuvo a los asesinos y dio tiempo a Bolívar a escapar por un balcón. Se mantuvo leal a la memoria del Libertador hasta morir.

Tal día como hoy
Tomado del Diario Vea

martes, junio 08, 2010

El Poder Femenino en la Historia...

Por: Amelia Valcárcel
En los albores de la ciencia antropológica, cundió la falsa idea de un supuesto matriarcado primitivo que los hechos siempre desmintieron. Pero también dos siglos atrás, paradójicamente, las mujeres empezaron a cambiar la Historia.

En ninguna sociedad humana conocida ha ocurrido que las mujeres y los varones tuvieran el mismo rango o parecida importancia. En todas ellas, con modalidades diferentes y a veces interesantes, el sexo masculino tiene poder y autoridad, ejerce ambos, y mujeres y varones lo aceptan. La primacía masculina y su legitimidad no se cuestionan. A esta disposición de poder y autoridad vinculadas al polo viril se le denomina patriarcado. Eso no quiere decir que cada uno de los varones sea poderoso -entre ellos hay rangos-, pero sí que cada uno de ellos tiene derecho a sentirse mejor en su piel que el colectivo completo de las mujeres, que, genéricamente, le son inferiores... si bien varias de ellas pueden serle superiores en rango. Cada uno de los varones sabe de su importancia y, en consecuencia, de la falta de importancia del sexo femenino en su conjunto, aunque tenga que conceder aprecio a las que jerárquicamente estén por encima de él, que siempre las habrá. Pero la existencia de esas mujeres superiores a un varón determinado no pondrá nunca en duda la esencial superioridad masculina.

El origen del patriarcado
"Patriarcado", "patriarcal" o "patriarca" son términos presentes en nuestra tradición. En su uso académico, patriarcado remite, como se dijo, a la forma de poder en la cual los varones dominan a las mujeres, tienen mayor relevancia que ellas en todas sus actividades y resultan ser el polo humano por el que se mide el prestigio. En una sociedad patriarcal, el varón es la medida de todas las cosas. El asunto es que todas las sociedades que nos son conocidas son patriarcales, las históricas y las que no han evolucionado.



¿Cuál es el origen del patriarcado? Es una pregunta relativamente frecuente, pero lo cierto es que no es buena porque el patriarcado no la necesita. Simplemente los seres humanos somos primates evolucionados y nuestra evolución, incluido el mundo de la cultura, las ideas y las representaciones, nunca ha negado la jerarquía viril, que nos viene muy probablemente de nuestra primitiva dominancia etológica. El dominio del macho es una característica en los primates.

Evidentemente, cuando la evolución humana se inició, este rasgo no resultó pospuesto. El patriarcado es su forma histórica. De modo que esa autoridad y poder viriles constituyen lo que llamamos una "invariante antropológica". Todas las sociedades la han conocido. Empero, al ser una estructura de poder humana, admite y tiene variantes: es más o menos ruda, se fija en unas conductas u otras, usa mayor o menor violencia... No es lo mismo una sociedad de encierro de las mujeres que una sociedad en la que ellas pueden permanecer en los espacios comunes; una que reserva el saber sólo a los varones que otra que acepta cierta competencia en las mujeres, por ejemplo.

Las diosas madres y otras concesiones benevolentes a la eterna alienación social

Durante el siglo XIX, en los inicios de la antropología como ciencia, el patriarcado fue descrito por vez primera con la suficiente distancia crítica, esto es, no suponiendo que era un dato sin más de la naturaleza. También comenzaron a ser descritas sus variaciones. Pero lo más notable es que, a su lado, para crear una especie de simetría, se comenzó a colocar una construcción conceptual típicamente romántica: el matriarcado. El matriarcado, o la falsa simetría, se describió igualmente aunque nadie hubiera conocido jamás ninguna sociedad que lo practicara.

El primero en suponer un matriarcado primitivo fue Johann J. Bachofen, un investigador y jurista suizo que intentaba dar razón de ciertas peculiaridades del antiguo derecho, como herencias, orden de apellidos, matrimonios, dotes y otros. Imaginó que esos rasgos eran pervivencias de una época arcaica en que el dominio viril no estaba asentado. A esa época que inventaba la llamó matriarcado. Así surgió una explicación que se hizo corriente, y más a medida que la prehistoria se iba conociendo. Con la única excepción de sir Henry Maine, todos los autores antropólogos del XIX dieron por hecho que el patriarcado era un progreso desde una forma de organización más primitiva a la que llamaron matriarcado. El matriarcado sería el responsable de las pervivencias benevolentes para con las mujeres en el derecho de algunos pueblos antiguos, del aspecto de las religiones primitivas y sus diosas, los matrimonios en la localidad de la esposa, la filiación materna y otra serie de circunstancias que se escapaban del admitir un dominio viril estricto. Esta suposición pasó de Bachofen a Lewis H. Morgan, de éste a Engels, de ahí al marxismo. En realidad el matriarcado pasó a ocupar en el relato histórico lo que el paraíso perdido había representado en el mito religioso.

Ahora más bien suponemos que no hubo tal período y que tampoco ésa es la mejor explicación para los indicios de presencia femenina que nuestra prehistoria nos aporta. Pero en el siglo XIX y parte del XX, el matriarcado primitivo tuvo pleno predicamento. Así, se explicaban mitos como el de las amazonas, la existencia de grandes diosas madres, los ritos cerrados y secretos (como los de la Bona Dea, en que sólo mujeres intervenían), diversas costumbres asociadas a la agricultura... Todo se interpretaba como pervivencias de una antigua y extinta ginecocracia. Sin embargo la verdad parece haber sido muy otra.

Las mujeres nunca han tenido genéricamente poder y aquellas que lo han alcanzado, lo han hecho por excepción. En todas las sociedades históricas que no son conocidas, las féminas han estado sometidas a los varones. Con todo, y en casos muy especiales, alguna mujer ha ocupado el poder soberano. La historia recuerda a varias que lo han hecho muy bien y a otras que no tanto. En todo caso, ninguna de ellas se lo hizo heredar a otra, sino que, transcurrido su tiempo, las aguas volvieron a su legítimo cauce. Algunas mujeres fueron excepciones a la regla que las apartaba del poder y, de entre ellas, unas pocas fueron además excepcionales. En el mundo antiguo, Hatshepsut dejó una fuerte impronta, aunque su heredero intentó borrar todas sus inscripciones. Cleopatra se jugó y perdió la independencia de Egipto. En la Edad Media encontramos grandes señoras territoriales como Leonor de Aquitania, o impresionantes señoras clericales como las grandes abadesas. Durante el Renacimiento, Isabel de Castilla e Isabel de Inglaterra fueron fuertes y temidas monarcas. Y en la Modernidad, figuras tan relevantes como Catalina de Rusia o María Teresa de Austria también marcaron su época. Esas figuras llegan casi hasta la contemporaneidad en el caso de la reina Victoria de Inglaterra o su actual heredera, Isabel. Pero, por lo común, las mujeres no jugaron en el terreno del poder explícito, sino en el de la influencia, más opaco; son las madres tras el trono o las esposas del harén, o las favoritas de las que se sabe que intervienen moviendo en la oscuridad los hilos. Esto sólo es posible, naturalmente, en las autocracias. Pero no debemos olvidar que la mayor parte de los estados que han existido han sido autocracias. La democracia es el sistema político más joven sobre la faz de la tierra.

El que alguna mujer alcance excepcionalmente el poder explícito ha sido propiciado en determinados sistemas jerárquicos, especialmente aquellos que sacralizan el poder de una línea dinástica. En ausencia de varón, una mujer puede subir al trono. Pero eso no significa que las mujeres en su conjunto lo hagan. Las damas a las que esto ocurre son especiales. Forman parte de líneas dinásticas en las que los varones que podían heredar se han extinguido. Son absolutas excepciones. Los antiguos griegos poseían una forma de legitimar estas excepciones: las epicleras. Epiclera era la mujer que resultaba hija única y por lo tanto también única heredera. En tal condición estaba "casada con su herencia".

Poderosas porque así lo dictaba la herencia intransferible y la estirpe

La mayor parte de las mujeres que han llegado a monarcas o jefas de estado han sido epicleras. La línea que llega a ellas no se puede cortar, porque su estirpe es fuerte y la defiende, en consecuencia ellas heredan el poder de la familia y su vinculación esencial con ella. Si es posible, incluso se las desposa con un familiar cercano. Éste es el caso de las grandes reinas de Europa, pero también el de muchas líderes de países del llamado Tercer Mundo. Siempre ha resultado sorprendente que algunos estados de Asia tuvieran presidentas mucho antes de que ocurriera lo propio en las democracias occidentales. Pero es que ocurre con ellas una ilusión óptica: Indira Gandhi, Bandaranaike, Suharto o Butto, por poner varios ejemplos, son mujeres de estirpes poderosas, que normalmente han intervenido en procesos nacionalistas de los que han surgido sus estados. Los heredan para la familia si no hay un varón más adecuado, cercano a la sucesión de los líderes y "padres de la patria". Ellas presentan la misma continuidad que encarnaban las reinas en las líneas dinásticas.. poder-mujeres2Otro caso singular es que también algunas mujeres pueden acceder al poder en tiempos turbulentos. No es insólito encontrar grandes conductoras en momentos de crisis agónicas. Velleda condujo a los germanos y Boudica a los anglos contra el Imperio Romano. Nunca se puede decidir si las crisis llaman a esos liderazgos femeninos o son ellos los que las provocan. En cualquier caso, cuando las mujeres conducen ejércitos, los ejércitos son de desesperados. Se les concede el heroísmo de quien se enfrenta a un final absoluto. Se entiende que las mujeres luchan para perder, con honor, pero perder. Aunque algunas veces puedan haber vencido. En época contemporánea tenemos figuras que se han convertido en las enseñas de sus estados por sus impredecibles victorias, como fue el caso de Golda Meir.

En realidad, la posibilidad de ejercer el poder por parte de las mujeres siempre será una excepción allí donde el patriarcado sea fuerte. Sin embargo, ahora asistimos a una radical novedad: su fragilización por obra de las fuerzas coaligadas del feminismo, la democracia y el sistema industrial. El no tener poder ni fuerza ha sido la esencia misma de lo considerado femenino, pero esa ancestral división comenzó a cambiar a la par que lo hizo la Modernidad misma. Las mujeres, ya no como individualidades por excepción, sino como ciudadanas y trabajadoras manejan desde hace un par de siglos cierto poder que han sabido poner a disposición de sus fines comunes..

Hace tres siglos y medio, que para el cómputo de la especie es una fruslería, comenzó la decadencia de la explicación religiosa del mundo. Del mismo modo se inició el ocaso de la legitimación divina del poder. Nuevas formas de gobierno y nuevas maneras de legitimarlas han aparecido en la escena pública y han hecho nacer la idea de ciudadanía compartida. Las mujeres, organizadamente, han luchado por sus oportunidades y sus derechos, civiles y políticos, y en buena parte del mundo los han obtenido. Esto crea una nueva escena en la que la antigua excepción decae y la democracia quiere que la regla sea el mérito, no el sexo. Las mujeres de todas las democracias han aumentado asombrosamente sus capacidades educativas, a la par que sus demandas de una mayor igualdad de oportunidades y de justicia en el reparto de los bienes, tangibles e intangibles, incluido el poder. En una democracia con verdadera ciudadanía no hay enemigo pequeño. Y las mujeres, a medida que progresa su autoconciencia como sexo discriminado, desarrollan solidaridades asertivas para alcanzar metas comunes: igualdad, derechos, oportunidades, respeto y una vida libre de violencia. Esto es una novedad antropológica radical..

El patriarcado está severamente tocado en varios e importantes puntos del planeta. Pero, desde luego, dista mucho de estar muerto. La comparecencia de mujeres en los ámbitos del poder político es reciente y tiene vocación de continuidad, no de excepción. Se gesta desde la base, no viene por requerimiento de encajes en las alturas. Las nuevas líderes no son epicleras, sino demócratas por la vía corriente en que se forman sus iguales. Merkel, Thatcher, Gro Harlem, Bachelet, Clinton..., con independencia de su signo político, son mujeres que ocupan el poder de un modo nuevo, que muestra que el espacio disponible para las mujeres se acrecienta. Sin embargo, esas presencias son todavía escasas: debe recordarse a menudo que los territorios completos del poder económicoempresarial, la prensa y la opinión, la creatividad, el saber superior y su transmisión canónica, y el dominio y manejo de la religión son actividades casi completamente masculinas. Son además los manantiales de legitimidad del poder explícito y, por ahora, todos ellos cuentan con una presencia femenina inapreciable.

Las mujeres van consiguiendo, y únicamente en democracias sólidas, estados de normalidad, paritarios, sólo en el ámbito político, pero aún tienen como colectivo un grave déficit de legitimidad. Y otro no menos grave de voluntad común.


FUENTE: http://www.muyinteresante.es/poder-femenino-en-la-historia

sábado, abril 24, 2010

Marie Curie...

Por Carmen Castro /SGD
"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender."
Premio Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911
Descubrió el elemento químico, radio. Este descubrimiento cambió la idea que tenía la ciencia de la materia y la energía.
Fue pionera también de una nueva era del conocimiento médico y del tratamiento de enfermedades.
Nacida Maria Sklodowska, en 1867, en Varsovia, entonces una ciudad que pertenecía a Rusia. Sus padres eran maestros y patriotas polacos. Se recibió del instituto con los máximos honores a los 15 años. En esa época las mujeres no podían estudiar en la universidad, así que Marie y su hermana Bronya se matricularon en una universidad clandestina cuyas clases se mudaban de sitio para evitar la detección de la policía. Las dos hermanas hicieron un pacto para poder estudiar en una universidad importante: Marie trabajaría como institutriz mientras su hermana estudiaba medicina en París, luego Bronya pagaría los estudios de Marie. Durante los tres años siguientes Marie tuvo tiempo de leer y se dio cuenta de que sus temas favoritos eran las matemáticas, química y física. Un químico en una fábrica cercana le dio clases en secreto. A los 24 años se fue a París a estudiar. Aunque no estaba tan bien preparada como sus compañeros, completó estudios en matemáticas y física en sólo tres años; su buen trabajo en física le consiguió una beca. Un grupo de industriales le pagó para que investigara las propiedades de varios tipos de acero. Conoció a Pierre Curie en 1894; él tenía un laboratorio y le permitía trabajar allí. Fue él quien la convenció para que se quedara en París, mientras que ella lo convenció a el para que escribiera sus descubrimientos sobre el magnetismo y consiguiera el doctorado. Se casaron en 1895 y tuvieron su primera hija en 1897.



En 1895, Roentgen descubrió los rayos X y Becquerel descubrió que los minerales que contienen uranio también desprenden una especie de rayos. Marie decidió investigar estos últimos para su trabajo de doctorado. Descubrió que no importaba con qué se mezclara el uranio: lo importante era la cantidad de átomos de uranio en cualquier combinación. Esto parecía raro, ya que las mezclas suelen afectar a los elementos. Para referirse a los rayos que se desprendían del uranio y otros elementos, inventó el término "radioactividad". El trabajo de Marie era tan interesante, tenía tantas posibilidades, que Pierre abandonó el suyo para ayudarla. Juntos descubrieron otro elemento radiactivo: el Radio. El contacto con esta sustancia enfermaba a las personas. Pierre descubrió que el radio podía dañar la carne, y esto condujo a otros investigadores a probar los usos medicinales de elemento, sobre todo en relación con el cáncer.

Marie completó su doctorado en 1903. Ese mismo año, la pareja recibió el premio Nobel en física. La Sorbona otorgó un puesto de profesor a Pierre y un puesto de jefa de laboratorio a Marie. Pierre murió atropellado por un carro de caballos en 1906. Marie continuó trabajando y la Sorbona le otorgó el puesto de su marido, fue la primera mujer nombrada profesora por esa universidad. En 1911, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de química por su descubrimiento del Radio y el Polonio. En 1912 fundó el Instituto del Radio y dedicó el resto de su vida a él. En 1934, su hija Irene y el marido de ésta, Frederic Joliot descubrieron la radioactividad artificial, por lo que recibieron el Premio Nobel en 1935.

En 1934, Marie murió de una enfermedad a menudo asociada con la exposición excesiva a la radiación. Aún hoy, sus papeles deben ser tratados con extremo cuidado: son radiactivos.

RECONOCIMIENTO DE SU APORTACIÓN

El curie (símbolo: Ci) es la unidad de medida de la radiación. El elemento 96, el curio, fue nombrado en su honor. La Université Pierre et Marie Curie es la principal institución universitaria para la educación científica en Francia.

lunes, abril 05, 2010

Hipatia: La humanidad asesinada por la superstición denominada religión...

Por Ramón Pedregal Casanova / Fuente: Rebelión y CD
Hay varios momentos en la Historia en los que el ser humano, su condición de ser racional ha tenido más importancia, se ha apreciado más en la sociedad, ha estado por encima de la superstición denominada religión: en Grecia, en el denominado Renacimiento, y en periodos distintos y diferentes países en la era contemporánea; nunca ha sido regular y tampoco lo es ahora. Nunca han dejado de enfrentarse las dos posiciones ante el mundo, y cada triunfo del oscurantismo, empujado por las clases altas, por los explotadores, ha llevado consigo la esclavización sin medida de los pueblos.

Allí donde la religión ha pasado a ser un asunto personal es porque ha salido adelante una concepción más humana de la vida, la sangría se ha contenido.

En el mundo contemporáneo los enviados de dios, los que rezan a dios, los inspirados por dios, los que hablan con dios, los que tienen la verdad de dios, dan golpes de estado, invaden a los países que tienen alguna riqueza, llevan a cabo las guerras contra los pueblos, los bloquean para que no puedan comerciar y sean aislados del resto del mundo, les cortan las vías de comunicación, o dentro de sus propios países se sirven del sistema capitalista para explotar a la mayoría de la población y alimentar a sus diferentes fuerzas entre las que se encuentra la llamada iglesia aquí de Cristo, su sociedad y sus acciones son obras de los vinculados a dios, es lo que dios les manda hacer, respetan la palabra de dios, para lo que disponen de una multimillonaria financiación, en el estado español todos los gobiernos (como se ve no hay diferencia entre ellos, son iguales) financian al generalato y oficialidad del ejército encargado de mantener la superstición pura y dura; hoy se les ha escapado la noticia que las agencias no han podido ocultar debido a la extensión que ha adquirido, aunque sí aligerar de diversas formas, por el mundo se extiende la perversión de tonsurados, violadores y corruptores de niños y niñas, no asumen responsabilidades ante las sociedades, ellos se deben a dios, mientras amenazan con el fuego del infierno a quien se salga de sus creencias; pero perversión por perversión, también el gobierno del capital reparte el dinero entre los que difunden el rechazo al o lo diferente, sea otro ser humano, otro sistema social donde la razón se extienda, difunden el rechazo a lo contrario, difunden el miedo el miedo al otro que somos nosotros y todos los trabajadores unidos, es una función de la prensa que dominan; y como fenómeno sensacional se expone una y otra vez la imagen conveniente con la verborrea adecuada que induce a la esperanza supersticiosa. Lo divino contra lo humano.


Por eso asesinaron a Hipatia.

Hipatia vivió y la asesinaron en la ciudad de Alejandría, la ciudad de edificios recubiertos de mármol, de avenidas de seis carriles, de calles orientadas al noroeste para recibir el sol y la brisa refrescante, calles de aceras cubiertas para dar sombra y de noches alumbradas con farolillos de aceite.

Alejandría la ciudad del Faro que avisaba a los marineros hasta más allá de los 40 kilómetros, el Faro con ascensor hidráulico y con montacargas para llevar la leña que alimentaba el fuego que reflejaban sus espejos enviándolo como luz a los marineros. El faro de Alejandría era el edificio más alto de su tiempo con 144 metros sobre el suelo.

Alejandría la de los jardines con autómatas hidráulicos representando dioses paganos, y en el Faro en concreto a los Tritones, divinidades marinas con cuerpo de hombre y cola de pez, cuyas manos sostenían caracolas que cuando había algún peligro en el mar, levantándose sus brazos las llevaban a sus labios y emitían sonidos semejantes a los de una sirena, mandando el aviso a muchos kilómetros de distancia.

Pero es que Alejandría era una ciudad moderna, avanzada en pensamiento, compleja, con gentes de toda condición y creencias o no creencias, era una ciudad donde se expandía el conocimiento, era la ciudad del conocimiento humano, centro de gentes estudiosas, deseosas de aprender y aportar a la sociedad.

Allí vivió Hipatia, cuyo padre, Teón, había estudiado a Aristarco, que vivió 230 años antes de Cristo, descubridor de los eclipses solares y lunares, de las fases de la Luna, de la distancia entre la Tierra y el Sol, de que la Tierra era un planeta que giraba alrededor del Sol y no era el centro del Universo. Teón también había estudiado a Eratóstenes, que había vivido 245 años antes de Cristo y fue quien calculó la longitud de la circunferencia de la Tierra.

En Alejandría había dejado su saber Anaximandro, que explicó por qué el mar era de donde había salido la vida y cómo fueron dándose las transformaciones evolutivas, también fue el creador del primer mapa del mundo conocido, inventó el reloj de sol e hizo una esfera terrestre. Otros científicos que vivieron en Alejandría fueron Ctesibio, inventor de la clepsidra, Herón, que descubrió entre otros instrumentos el termómetro y la caldera de vapor para calentar los baños romanos.

En Alejandría la medicina alcanzó cotas que sólo en el siglo XX se ha llegado a ellas, se conoció: la circulación sanguínea, el funcionamiento del hígado y del páncreas, el sistema nervioso, el funcionamiento del cerebro, se operaban de cataratas, extraían las piedras del riñón, descubrieron la anestesia, impulsaron la botánica, la zoología, la mecánica, la astronomía, la gramática, la filología. Allí buscaban el conocimiento de la verdad que era el de la belleza, el revelador de la verdad, del conocimiento, era el revelador de la belleza, era considerado el artista.Pero no siempre fue así en Alejandría, la ciudad sufrió invasiones y destrucción a lo largo de su historia, aunque de la misma manera se recuperó.

Hasta que por último el emperador Constantino aprobó el Edicto de la Tolerancia entronizando el cristianismo, lo que supuso el fin de la libertad, el principio del fin del conocimiento científico. Los cristianos, como conductores de la religión imperial, dieron al emperador el derecho divino, le declararon “emperador por la gracia de Dios”, la conexión divina para perseguir la razón e imponer la superstición llamada religión, y en Alejandría crearon la primera escuela de la creencia teológica, y comenzaron las persecuciones a los no cristianos y a los interesados por la ciencia y el saber.

En el tiempo del padre de Hipatia, Teón, ya estaban difundidos escritos como el de Pablo de Tarso, alias San Pablo, en los que los cristianos advertían a las mujeres: Las mujeres escuchen en silencio las instrucciones y óiganlas con entera sumisión, pues no permito a la mujer el hacer de doctor94a en la iglesia, ni tomar autoridad sobre el marido; más estése callada en su presencia, ya que Adán fue formado el primero, y después Eva, como inferior; y además, Adán no fue engañado, mas la mujer, engañada por la serpiente, fue causa de la prevaricación del hombre. Verdad es que se salvará por medio de la buena crianza de los hijos, si persevera en la fe y en la caridad, en santa y arreglada vida.

Las mujeres callen en las asambleas, porque no les es permitido hablar allí, sino que deben estar sumisas, como lo dice también la ley. Que si desean instruirse en algún punto, pregúntenselo cuando estén en casa a sus maridos. Pues es cosa indecente en una mujer el hablar en la asamblea. Lo cierto es que no debe el varón cubrir su cabeza, pues él es la imagen y gloria de Dios; mas la mujer es la gloria del varón. Que no fue el hombre formado de la hembra, sino al contrario la hembra del hombre. Por tanto debe la mujer traer sobre la cabeza la divisa de la sujeción.También los cristianos, por entonces, sentenciaban a muerte a quienes hiciesen ofrendas a otros dioses que no fuesen los suyos.

Y es que prohibieron los dioses del Nilo, pero además los juegos, el teatro, la música, las carreras de carros, quemaban a los herejes de su creencia y montañas y montañas de libros, ¡ay! los libros, que consideraban brujería.

El padre de Hipatia murió en el 393, cuando los cristianos lanzaban los ataques más violentos contra el conocimiento, la razón y la ciencia; y tras el triunfo cristiano en la batalla del río Frígido, primera batalla por motivos religiosos en el mundo, con el helenismo derrotado, impusieron su superstición bárbara sobre el racionalismo.

Por entonces Hipatia estaba considerada una gran científica, y eran conocidos sus libros Aritmética, Las tablas astronómicas, y como intelectual y ciudadana honesta tomo partido por sus conciudadanos, opuestos a semejante barbarie, y se fue a hablar con el gobernador Orestes, con los generales, con todos los responsables, y mandó un escrito a la Corte Imperial.

La respuesta de la Corte fue tan débil que los cristianos encontraron el camino libre para dar el último golpe. Atacaron a Orestes en la calle y su guardia ocasionó un muerto entre los cristianos atacantes, cosa que éstos utilizaron como justificación para emprender la destrucción de los centros más representativos de la ciudad vinculados al conocimiento y al saber, y llevaron hasta lo último la persecución y asesinato de quienes ellos consideraban enemigos, les tocaba a quienes se interesaban por lo que el ser humano podía saber, e Hipatia era mujer y científica, dos premisas que la hacían la mayor enemiga.

La historia de Hipatia quedó en la memoria del pueblo, pasó a la tradición oral, se hicieron leyendas para resistir a quienes se decían embajadores de dios en la Tierra.

El Siglo de las Luces, siglo XVIII, la recuperó, la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad la rescataron a base de investigación histórica, se rastreó su época y quienes la conocieron y escribieron de ella, empezando por Sócrates Escolástico, amigo que dejó comentarios y cartas, y siguiendo por otros que hacen referencia a ella, se descubrió en el Suda, enciclopedia del siglo X, la historia de su asesinato.John Tolan (1720) escribió: La parte masculina de la humanidad ha quedado deshonrada por los siglos de los siglos por el asesinato de la encarnación de la belleza y el saber…Voltaire en 1763 escribe en su Examen importante de milord Bolimbroke o la tumba del fanatismo: La muerte de Hipatia es un asesinato bestial perpetrado por los sabuesos tonsurados de Cirilo, con una banda de fanáticos a sus espaldas.

Gibbon cuenta: En un día de Cuaresma, Hipatia es arrastrada hasta la iglesia y allí una horda de salvajes le arrancaron las carnes de los huesos con afiladas conchas de ostras, y sus miembros, todavía estremecidos fueron entregados a las llamas.

El justo progreso de las pesquisas y el castigo consiguiente se detuvieron mediante oportunos sobornos de la iglesia.Juan José Arreola tiene un pequeño cuento titulado De LÖsservatore que dice lo siguiente: A principios de nuestra Era, las llaves de San Pedreo se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos las puertas del reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.Hipatia fue asesinada en el 415, había enseñado por medio del diálogo y buscado en sus alumnos el abandono de lo superficial en pro del conocimiento con base en la razón, era la plasmación de la escuela platónica en el final del helenismo.

Cuenta Nicéforo Grégoras en el siglo XIV que el nombre de Hipatia adquiere el significado de mujer inteligente.

Las referencias que se tienen de su trabajo indican que descubrió el astrolabio, el hidroscopio y el planisferio.

Libros de referencia entre otros:

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La perra de Alejandría, de Pilar Pedraza.
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Hipatia de Alejandría, de Pedro Gálvez, Ed. Lumen.Hipatia de Alejandría, de Maria Dzielska, Ed. Siruela.
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Hipatia, la Biblioteca de Alejandría (Homenaje a CarlSagan) editado en Cuadernos del CAUM (Club deAmigos de la Unesco).
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Ramón Pedregal Casanova es autor de Belver Yin en la perspectiva de género.
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Editado en Bubok.com, y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios.
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Editado por la Fundación domingo Malagón y la Asociación Foro por la Memoria (foroporlamemoria@foroporlamemoria.es)

domingo, marzo 28, 2010

Simone Veil: La letra y la espada...

Por Flor Monfort /Página 12
Ella ya formaba parte de la historia política de Europa y de la militancia feminista más ardiente del siglo XX, pero ahora, desde el jueves 18 de marzo, es “inmortal” en su carácter de miembro de la Academia Francesa. Esta mujer de 83 años, abogada y politóloga, sobreviviente de los campos de concentración del nazismo y responsable de la Ley Veil, que permitió el aborto legal y seguro desde 1975 en su país, pidió que grabaran su número de deportada en la espada que tradicionalmente se entrega en el acto de bienvenida a la institución máxima de las letras francesas. En su discurso, Veil destacó la figura de su padre, “Desaparecido en el infierno de Bergen-Belsen, pocos días antes de la liberación de los campos, él todavía reverenciaba la lengua francesa. Por eso, mucho más de lo que yo estoy hoy, él estaría deslumbrado de que su hija venga a ocupar el sillón de Racine”, dijo.

Actualmente hay 35 varones y 4 mujeres en la Académie. Veil es la sexta mujer inmortal (la primera fue Marguerite Yourcenar, desde 1980 hasta su muerte, siete años después) y comparte el género con la helenista Jacqueline de Romilly, la historiadora Hélène Carrère d’Encausse y las escritoras Florence Delay y Assia Djebar. Autodeclarada “obsesionada” con recordar y contar su pasado en los campos de exterminio de Auschwitz y Bergen-Belsen, Veil hace la diferencia cuando se obstina en acentuar, no la sin duda tremenda pérdida de su familia, sino la enorme dificultad de armar una vida tras esa experiencia, la importancia de la construcción del propio destino, la identidad femenina y la creación de un marco de contención posible para volver a empezar.

En un editorial publicado en julio de 2009 en el diario El País, expresaba: “Dentro de no muchos años habremos desaparecido quienes sufrimos la deportación a los campos de exterminio nazi. En Francia, creo que quedamos unos cuantos centenares, poco más de 200 o 300. Cuando hayamos desaparecido, habrá que encontrar quién mantenga esta memoria. Para mí la deportación es una obsesión permanente y ella contribuye a mi reflexión sobre la política, la sociedad y la vida en general; también sobre la solidaridad. Quienes la sufrimos necesitamos hablar de ello, aunque nada más sea para evitar que se repitan los errores que condujeron a aquella tragedia”, escribió.

Hablar, escribir, transmitir un legado y confirmar que traspasó la barrera generacional... Veil dice sentirse sorprendida cuando chicas muy jóvenes la paran en la calle para abrazarla, agradecerle y pedirle consejos. Tal vez una de las pocas feministas vivas que conjugan una base académica sólida, una intervención cultural directa y sostenida con una praxis activa y con resultados que cambiaron la vida de miles de personas, tal es la importancia de su entrada al templo de la lengua francesa.

Simone nació en Niza en 1927. Su carrera empezó luego de licenciarse en derecho y ciencias políticas en París; a los 30 años era agregada titular del Ministerio de Justicia y poco tiempo después comenzó su carrera pública en la administración penitenciaria, en donde su mirada de género ya se transformaba en tomas de decisión que beneficiaban la vida de las mujeres.

Pero fue en 1974 que llegó el nombramiento como ministra de Salud, durante el gobierno de Valéry Giscard D’Estaing, que junto con quien fuera su primer ministro, Jacques Chirac, le dio prioridad al tema del aborto, ya instalado en la agenda política desde 1971 por el Movimiento de Liberación Femenino (MLF). Ellas formaron parte de las “343 sinvergüenzas” que firmaron un manifiesto publicado en el diario Le Monde, donde reconocían haber abortado. Catherine Deneuve, Simone de Beauvoir, Jeanne Moreau y Marguerite Duras, entre amas de casa, intelectuales, activistas y obreras, daban la cara y ponían el cuerpo a la reivindicación política de una práctica invisibilizada hasta ese momento. El mérito de Giscard fue rodearse de mujeres para poner en práctica algunas de sus reformas, como los beneficios por maternidad o las campañas de anticoncepción, y así es como nombró a Veil al frente de la cartera de Salud, convirtiéndose ella en la segunda ministra de la historia de Francia (la primera había sido Germaine Poinso-Chapuis, en 1947).

Pero no fue fácil. La propuesta le valió la agresión y el hostigamiento permanentes de políticos de derecha, la Iglesia y la ortodoxia judía. En un cruce diabólico de sentidos, la acusaron de mandar bebés a los hornos crematorios, pintaron esvásticas en su auto y en el ascensor de su casa y le enviaron cartas deseando el “infierno” para sus tres hijos. Treinta años después de instaurar aquella ley que sirvió como modelo para legalizar el aborto seguro, legal y gratuito, algunos que llegaron a legislarse y otros que todavía son proyectos, como el de nuestro país, Veil puede ser resistida pero siempre es reconocida y venerada. Es la presidenta de la Fundación por la Memoria de la Shoá y de la Fundación de Ciencia y Cultura en Europa.

Entre 1979 y 1982 fue la primera mujer que presidió el Parlamento Europeo después de realizarse las primeras elecciones por sufragio universal. De esa etapa, remarca siempre su filosofía sobre la diferencia entre hombres y mujeres y la importancia de la presencia femenina en la arena política.

Así como mencionó a su padre en la entrega de la espada académica, Veil siempre cuenta que fue su madre (que murió de tifus frente a ella y sus hermanas en Auschwitz) quien le transmitió la necesidad de autonomía y que pensar en ella la tranquilizaba cuando recibía los ataques a su gestión. “Las mujeres necesitamos de otras mujeres, porque la respuesta de los hombres en la sociedad está por todos lados, pero nosotras necesitamos identificarnos con mujeres, por eso soy feminista”, explicó.

domingo, febrero 28, 2010

Dejadas de lado por la “Historia Oficial”...

Por: Teresa Sosa / Palabra de Mujer
La historiografía tradicional está determinada por la ideología, la mentalidad, intereses individuales o de grupo, de quienes la narran e interpretan. Bajo la óptica androcéntrica sólo serán consideradas aquellas gestas de mujeres cuyas protagonistas se asemejan a las que son ensalzadas como llevadas a cabo por hombres. No se ha necesitado prueba alguna, para atribuir cualquier descubrimiento de origen ignorado a los hombres. Siempre se supuso que ha sido él el autor de cualquier invención o gesta que ha significado un hito histórico. Lo que no es así.


Desde los primeros albores

La interpretación de los restos prehistóricos es un buen ejemplo. En las excavaciones arqueológicas aparecen puntas de flechas y hachas, pero también restos de cerámica e índices de la utilización del fuego. El investigador androcéntrico proyecta su propia idea al darle un significado. Nos habla de la invención de las armas y se la atribuye al hombre, también el descubrimiento del fuego, de la agricultura, de la cerámica.

Si es cierto que la primera actividad de los hombres en la prehistoria era la caza, que les hacía permanecer largo tiempo fuera del poblado, mientras las mujeres quedaban al cuidado de los niños/niñas, recolectaban frutos, preparaban la comida -para lo cual necesitó el fuego y la cerámica-, cuidaban a los hijos/hijas; resulta impensable que los hombres, mientras recorrían ciertas extensiones de terreno en la búsqueda de la caza, tuvieran las circunstancias adecuadas y la disponibilidad necesaria para realizar estos inventos, los enseñara a las mujeres en sus cortos encuentros y renunciara a ellos para seguir cazando.

De hechos no probados se constituye en mayoría la prehistoria, pero en los últimos años, cada vez más, van apareciendo claros indicios, a través de estudios más a fondo y no sesgados de la mitología, de las ciudades primitivas, de nuevas investigaciones arqueológicas, que ponen en evidencia el ocultamiento desde la mirada androcéntrica, del papel que jugaron las mujeres en ese periodo.

Por ejemplo, investigaciones recientes sobre el arte pictórico prehistórico que se encuentra en importantes cavernas-museos del mundo, ponen en duda que las pinturas hayan sido hechas sólo por hombres, y en algunos casos, las investigaciones concluyen asegurando que hubo pintoras y no pintores, en numerosas cavernas.

En la Colonia

Los ‘Cronistas de Indias’ Bernal Díaz del Castillo, Garcilaso de la Vega y Fuentes y Guzmán, López de Gómara y Fernández de Oviedo, se olvidaron misteriosamente de mencionar en sus relatos a las mujeres de la Colonia. Y sin las mujeres en ese proceso, el colonialismo español, queda a nuestro entendimiento solo, como la cruzada bélica de un imperio europeo hacia las regiones habitadas por pueblos autóctonos de América Latina y el Caribe, en nuestro caso.

Estos cronistas borraron de sus relatos a las mujeres y al ámbito doméstico. Lo que no es de extrañar, porque hasta nuestros días se le resta importancia a todo aquello que significa el ámbito de la vida cotidiana, lo que descalifica a las mujeres que actúan y trabajan en ese espacio.

Los cronistas no relatan que las mujeres, blancas, indígenas, están presentes en Latino América y el Caribe, en su rol, desde el primer momento. De lo que sí no cabe duda es que las autóctonas, las del “Nuevo Mundo” (las indígenas), ya estaban aquí antes del 12 de Octubre de 1492. Pero, es que además, quiénes escribieron la historia colonial, también ignoraron la presencia de las mujeres en la esfera económica y política.

En el año 1502 comienzan a llegar a América Latina y el Caribe las primeras mujeres españolas No se conoce su número ni sus nombres; las primeras en llegar fueron mujeres “sin linaje”, que se vieron expuestas a la violencia de género (violadas, regaladas, trasegadas); llegan después mujeres que formaban parte de “familias principales”, porque en el primer período de la conquista los españoles no trajeron a sus mujeres. Sólo cuando el saqueo de los colonizadores ya era hecho consumado y el poder estuvo consolidado, éstas llegaron en calidad de esposas, hijas y hermanas.

Los cronistas, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Calixto Túpac Inca, Guaman Poma de Ayala, Betanzos, Molina y Arriaga, relatan que los españoles tomaban a la fuerza a las mujeres sin importarles que fueran casadas, viudas o solteras, y que las utilizaban para estar a disposición del antojo y el deseo. Que algunos sacerdotes las tenían como cocineras, para que les tejieran sus ropas y vivieran con ellos, y que cuando se cansaban de ellas las regresaban a sus casas con los hijos habidos.

No es casual, entonces, que el mayor índice de mortalidad materna en la Colonia fuera ocasionado por prácticas abortivas, no obstante que el aborto estaba prohibido por disposición de los Papas Sixto V y Gregorio XIV, y que según el Concilio de Iliberi se negaba a la madre y a sus “cómplices” la absolución en artículo de muerte ¿Qué pasó con estas mujeres víctimas de la violencia de género extrema y del maltrato? ¿Qué actitud asumieron, y cómo demostraron su resistencia frente al conquistador? Habría que emprender la tarea de la búsqueda de fuentes.

En la Independencia

“Los héroes de la Independencia murieron por la Patria”, fue lo que nos enseñaron las maestras, que nosotras tuvimos en la escuela primaria, de eso hace ya más de 50 años, es el caso de quien escribe esta crónica. Mucho valoraban nuestras queridas maestras, de la época del ‘Dictado’, eso del aceptar morir voluntariamente por la Patria, la inmolación, de los héroes varones independentistas, registrado en la historiografía nacional.

No vamos a entrar a discutir hoy aquí el honor y el mérito que reviste la participación de los héroes patrios, que sin duda fue mucho. Pero lo que si nos parece exagerado, transcurridos 200 años, es la exaltación del holocausto individual del héroe, e incurrir en el ‘Mito del Héroe’, que desde lo simbólico justifica “de derecho” la subordinación ‘de hecho’ de las mujeres al ‘héroe’.

Por supuesto que, los documentos históricos androcéntricos, de muy de fácil acceso, dan constancia de estos personajes héroes y de sus gestas; por supuesto que sus acciones y decisiones influyeron poderosamente en la marcha del pueblo por la Independencia; pero, por supuesto que, un héroe, sin soldados y sin soldadas, sin mujeres en combate que también cumplieran con el rol de cuido del ejército, él sólo, el héroe, no hubiera conseguido nada.

Pero las niñas que acuden a la escuela primaria en Venezuela en el año 2010, se encuentran en sus textos escolares con una historia oficial que endiosa al héroe varón. Aunque luchar por la Patria y la libertad, en todos los frentes, fue también tarea de las mujeres del período independentista, pero ellas siempre han sido presentadas solo como compañeras de los hombres héroes que hicieron la Independencia, o bordando banderas, o haciendo colectas para armar los ejércitos.

Las mujeres tuvieron una decidida e importantísima participación en la Independencia de todos los países de nuestra región. Hay heroínas de América Latina y el Caribe que pertenecían a la élite de los países, pero no solo son éstas las heroínas, sino que de igual manera lo son, las que trabajaban clandestinamente y que trasmitían mensajes, recolectaban dinero, y tambien marchaban con la tropa; mujeres que además se dedicaban al trabajo doméstico en el trajín de la guerra, para el cuido del ejército en marcha; que sanaban heridas, que cuidaban a los heridos en combate, a los enfermos, y que cuando éstos morían se encargaban de enterrarlos y orar por ellos. Son esas, las mujeres, que estuvieron adelante y atrás, las que ni siquiera son imaginadas, ni nombradas ni homenajeadas.

Escribir nuestra historia

La tarea de escribir la historia de las mujeres, nos plantea, en primer lugar, el desafío de afirmar que las mujeres son parte de la Historia, y que han sido ignoradas y excluidas, por valores patriarcales y por la concepción androcéntrica, que sitúa al hombre como elemento central y único del desarrollo histórico; lo que ha impedido una lectura apegada a la realidad de la participación de las mujeres en los procesos sociales e históricos. A lo que hay que agregar, la necesidad de confrontar al clasismo y racismo, que tambien opera como mecanismo para invisibilizar a mujeres negras e indígenas, en nuestra región.

En segundo lugar, el desafío de subvertir el orden de la simplicidad y del sesgo que hasta ahora ha tenido la historia oficial, donde las mujeres aparecen como colaboradoras, esposas o amantes, de los héroes; y para ello, en tercer lugar, el desafío de emprender la tarea de desmontar el ‘Mito del Héroe’, en todos los niveles y en todas las múltiples facetas, para hacer aparecer la realidad ocultada, que es la gesta colectiva de fuerzas sociales (hombres y mujeres) como motor de la Historia y de los cambios sociales.

martes, febrero 23, 2010

Fondo documental digitalizado: Vindicación Feminista (1976-1979)

Fuente: LRM
El fondo documental que se presenta digitalizado rinde homenaje a una publicación señera como fue Vindicación Feminista.
La pertinencia y oportunidad de esta labor de digitalización se sustenta en diferentes argumentos.

En un momento como el actual en el que existe un interés especial por comprender los procesos de cambio durante ese periodo de nuestra reciente historia conocido como Transición y por dar a conocer quiénes fueron sus auténticos protagonistas, resulta obligado reconocer la aportación del movimiento feminista en pro de una auténtica emancipación y de la consecución de una ciudadanía plena para las mujeres. En tal sentido, se hace imprescindible acudir a una fuente como Vindicación Feminista, que desde sus páginas siguió puntualmente los avatares de un tiempo tan crucial como la transición a la democracia.

Desde una mirada crítica, la revista analizó con rigor y radicalidad los acontecimientos que sucedían a diario en ese difícil y singular proceso que se vivió en España para transformar social y políticamente una dictadura en una democracia. La Ley para la Reforma y el referéndum para su aprobación, la Constitución, las primeras elecciones generales y municipales, las huelgas, conflictos y reivindicaciones que jalonaron aquellos años, lo dicho y hecho por los partidos de derechas e izquierdas no les fueron ajenos a las artífices de este particular medio de la prensa escrita. Como no lo fueron los acontecimientos internacionales que ocuparon las primeras páginas de los grandes rotativos. Todos fueron diseccionados con talante crítico y desde una perspectiva feminista, lo que colocó siempre a Vindicación Feminista en el centro de la polémica y le valió la animadversión de un sistema político que se reformaba sin dejar de ser patriarcal.

Al hacer balance del siglo pasado, una de las grandes transformaciones que debe apuntarse en su haber es el enorme cambio experimentado por la mujer en el mundo, aunque las desigualdades con las que se cerró la centuria obligan a reconocer que ese cambio fue mayor en los países ricos que en el 80 % del resto del planeta. Con todo, puede afirmarse que con el siglo xx se sentaron las bases para una más profunda y universal transformación que está por venir.

Reconocer el sentido de ese cambio es un tópico reiterado y hablar del xx como del siglo de la mujer se ha convertido en un lugar común, pero esta misma realidad, que hoy parece evidente, hace tan solo treinta años resultaba para muchos impensable, sobre todo en nuestro país, atenazado por una dictadura que pretendió, hasta el último momento, reducir a la mujer al papel de madre y esposa fiel.
La lucha por la transformación radical en la consideración legal y social de las españolas fue fundamentalmente obra del movimiento feminista, que tuvo que sortear enormes obstáculos para llevarla a cabo. Una de las mayores dificultades fue lograr que sus mensajes y propuestas llegaran tanto a las mujeres como al conjunto de la sociedad. Resolver esta cuestión básica era fundamental para poder cumplir con una agenda repleta de reivindicaciones, y, lógicamente, a ello se dedicaron enormes esfuerzos.

De esos esfuerzos nació Vindicación Feminista. Esta publicación fue el medio que propagó en nuestro país de modo más nítido y rotundo la voz del feminismo, cuya influencia ha generado un cambio notable en los comportamientos, actitudes y valores de todos los ámbitos de nuestra sociedad. Así mismo, Vindicación tuvo una seña de identidad que la distinguió de otras publicaciones del momento, ya que fue creada y pensada no solo como vehículo de información, sino de educación y comunicación dirigida y realizada por y para mujeres; un hecho que, en la actualidad, sigue siendo poco común tanto en el periodismo como en el mundo editorial

La revista marcó un verdadero hito en el campo de las publicaciones de este tipo. Durante tres años, de julio de 1976 a julio de 1979, salió a la venta de modo regular sin cambiar básicamente ni su formato ni sus contenidos, y ofreciendo en sus páginas colaboraciones de firmas reconocidas.

Pero el argumento de mayor peso viene de la mano de la emoción, del recuerdo sentimental de toda una generación: Vindicación supo relatar como ninguna otra publicación lo que estaba aconteciendo en la vida de las mujeres gracias a la propuesta emancipadora del feminismo. Como un reguero de pólvora, a principios de los setenta el ideario feminista había cruzado el Atlántico para expandirse por Europa, llegando a España con un cierto retraso, dadas las circunstancias políticas que aquí se vivían, donde el sometimiento material de las mujeres en lo económico, legal y social quedaba completado en la esfera de las mentalidades por una cultura popular al servicio de los valores más conservadores y tradicionales.
Por esa razón, Vindicación, codo con codo con el conjunto del movimiento feminista, quiso contribuir con todas sus fuerzas a la construcción de una nueva cultura frente a un mundo controlado por los hombres, haciéndose eco desde sus páginas de todas las acciones y propuestas recogidas en la agenda reivindicativa del feminismo de segunda generación, cuya característica esencial no era tanto su amplitud como la profundidad de sus peticiones, al proponer una auténtica inversión de los valores dominantes.

Si el término sororidad fue una de las aportaciones conceptuales que acuñó el feminismo para designar una nueva forma de fraternidad entre las mujeres, un nuevo modelo relacional basado en el apoyo mutuo, el equipo de Vindicación supo ponerlo en práctica como nadie al brindar sus páginas para dar a conocer los cientos de grupos que nacieron a lo largo y ancho de la geografía española y del resto del planeta, y difundir todas las estructuras y redes alternativas de ayuda que se fueron creando durante esos años, al calor del ideal compartido de transformación personal y social que marcó a toda una generación de mujeres cuyas vidas quedan muy lejos de las que tuvieron sus madres y abuelas, gracias a los logros obtenidos por el tesón de la acción feminista. Todos los anhelos, trabajos, propuestas y debates de un movimiento como el feminista fueron recogidos fielmente por Vindicación a lo largo de los tres años que van de 1976 a 1979, fundamentales para entender qué ha sido, qué ha representado el feminismo y en qué medida su contribución ha de ser considerada esencial, no solo para las mujeres sino para la sociedad española en su conjunto, cuando hacemos balance de ese periodo.
La vigencia de buena parte de sus contenidos nos recuerda que un hilo violeta sigue recorriendo la historia con el ánimo de hacer de este mundo un lugar en el que las mujeres se reconozcan y sean reconocidas.


CONSULTA AQUÍ LOS NÚMEROS DIGITALIZADOS...

martes, diciembre 29, 2009

Marta Harnecker, un tesoro internacional...

Fuente: Rebelión
Cien autores rinden homenaje a la revolucionaria chilena en este libro, editado por el Centro Internacional Miranda

Nos ha correspondido, como venezolanos y gracias a la importancia de la Revolución Bolivariana en el continente latinoamericano, la responsabilidad de preparar el homenaje a Marta Harnecker por los cuarenta años de la publicación de su obra “Conceptos elementales del materialismo histórico”. Nos anima el reconocimiento a una camarada de un talante humano excepcional, de una lucidez impresionante para develar la compleja perspectiva de los actores populares de las dinámicas de cambio y a la par, una de las más leales intelectuales internacionalistas con el proceso revolucionario venezolano.

Son muchas las voces de todo el mundo que testimonian la importancia del trabajo intelectual y revolucionario de Marta. Este libro reúne buena parte de estas evidencias, que muestran en cortas palabras el enorme aporte del trabajo de Marta a la construcción del imaginario socialista latinoamericano y mundial.

Es un texto de reflexión colectiva que estamos seguros será de utilidad para los millones de militantes de la revolución bolivariana. Un homenaje digno para quien con entrega y lealtad ha hecho suya la transformación política y social que lidera nuestro Comandante Presidente Hugo Chávez Frías.

Presentación: Luis Bonilla-Molina (Compilador)




viernes, diciembre 18, 2009

Una "subversiva" que no se muere: Mother Jones...

Por:Valerio Evangelisti / Nosotras en Red
El más difundido periódico de la izquierda estadounidense, ganador de premios prestigiosos por su calidad periodística, se intitula Mother Jones. Un homenaje, que se perpetúa, a uno de los más formidables personajes que la historia del movimiento obrero estadounidense haya jamás conocido.

Mother Jones, apodo de la irlandesa Mary Harris Jones, tuvo una vida larguísima, que consagró, a partir de la edad madura, a las luchas del proletariado y al apoyo de la ideología socialista. No sorprende la presencia de una mujer, en Estados Unidos, a la cabeza de las clases subalternas y de sus revueltas reivindicadoras. Sendos ejemplos fueron numerosos, de Elizabeth Gurley Flynn a Emma Goldman, a Emma Florence Langdon, amén de muchas otras más, menos conocidas, hasta llegar a nuestros días. Más bien, llama la atención la edad madura en la que Mother Jones se dedicó al activismo y la coherencia con la que defendió sus propias convicciones hasta los últimos días de su existencia, con más de noventa años. En un contexto político-social que definir “hostil” es un eufemismo.

La historia del movimiento obrero estadounidense, olvidada por muchos incluso en patria, ha sido dura y despiadada, alcanzando con facilidad y frecuencia picos vertiginosos de ferocidad. Un proletariado joven de formación y heterogéneo desde el punto de vista racial, continuamente remodelado por los siguientes flujos migratorios, tenía que enfrentarse con una clase patronal anglosajona igualmente de recién formación y totalmente sin escrúpulos, capaz de recurrir –en su caso, y en total impunidad- al homicidio, al linchamiento, a la matanza.

Existía, además, un enemigo más insidioso: una mentalidad difundida, de origen puritano, que veía en el éxito económico personal el equivalente de una virtud bendecida por Dios, y en quien lo contrastaba una matriz diabólica. Además del racismo, y una idea de patria inspirada a la concepción de pueblo elegido, con una misión civilizadora por cumplir no sólo en América, sino en el mundo entero.

Mother Jones se opuso a todo esto desde el momento en que su familia se quebrantó. Se inscribió a una familia más grande y universal que incluía a trabajadores de cualquier raza, y expresó repulsión hacia las guerras patrióticas de todos modos justificadas. Fue “mamá” para los mineros en huelga, para los niños obligados a oficios que los mataban, para los rebeldes antimilitaristas. Pero una mamá singular, que no predicaba la conciliación, sino el conflicto de clase. Desafió todos los estereotipos de su tiempo, del papel de la mujer al de mujer anciana, paralelo pero aún más constrictivo. Un juez la llamó “abuela” para burlarse y compadecerse de ella. Ella acogió el apelativo con orgullo: sí era “abuela”, pero para nada pacificada.
Tuvo que ver con alguaciles, vigilantes de cualquier especie, guardias nacionales, escuadrones antihuelgas, esquiroles, policía, cámaras de comercio, agencias de espionaje: la armada inmensa, con licencia para matar, que un Estado claramente faccioso podía echar a andar en contra de los explotados en revuelta. Mother Jones, en arrestada diversas ocasiones, vio en acción toda la potencia de una burguesía sin frenos en las fases, que compartió totalmente, del nacimiento de un movimiento obrero americano. Un movimiento capaz de resistir a la opresión y de intentar contraofensivas, a veces triunfadoras y a veces no: los Knights of Labor, la Western Federation of Miners, los Industrial Workers of the World...

Justo los IWW, o wobblies, marcaron la identidad de una mujer anticonformista, que la moral de aquel entonces hubiera querido ver, cuando no estaba detenida, condenada a tejer o al cuidado de los nietos. Los wobblies fueron los únicos, en su época, que se encargaron de un proletariado precario, móvil, multirracial, perennemente mutante. Expresión americana del sindicalismo revolucionario de origen europeo, luego transitados hacia el anarcosindicalismo, supieron hasta la primera guerra mundial adherirse a la composición de una clase que mutaba de forma y que a veces se confundía con los hoboes, la masa de los “vagabundos” sin raíces. Los interceptaba, gracias a una movilidad territorial típicamente americana, en sus desplazamientos geográficos y de identidad laboral repentinos y obligados. Braceros agrícolas, obreros de fábrica, desempleados, trabajadores ocasionales. Siempre del mismo proletariado de las mil lenguas se trataba, listo para desaparecer en un lugar y para reaparecer en otro. Pero tenían con ello, gracias a los IWW, un sindicato dúctil, capaz de adecuarse a cada contingencia, y, entre otros agitadores, a una “mamá” legendaria: precisamente a Mother Jones.

El declino, para los wobblies, surgió con la primera guerra mundial. Hostiles a una participación estadounidense al conflicto, y fieles a la idea de que un trabajador jamás deba disparar a otro trabajador, se volvieron blancos de campañas de odio cada vez más vehementes. Sus dirigentes, señalados por la prensa como objetivos aliados del enemigo, fueron encerrados, linchados en las formas más horribles, condenados a muerte o a largas detenciones. La caza al wobbly se volvió el deporte favorito del American Legion, del Ku Klux Klan, de grupos de acomodados, por no mencionar a las fuerzas del orden “regulares”. Adherirse al sindicato se volvió sinónimo de traición.
Mother Jones vio quebrarse todo aquello en lo que creía, y la reaparición de formas esclavistas de trabajo, bajo el pretexto del “esfuerzo bélico” y de la consiguiente, indispensable “unidad nacional”. Cuando fue demasiado anciana para participar en persona a la actividad de quienes todavía resistían, se puso a escribir, para entregar a los que vendrían después el recuerdo de su propia experiencia. Jamás había sido una ideóloga. Sus memorias, publicadas en 1925, son más que nada una recopilación de episodios, de bocetos dramáticos, trágicos o conmovedores, de narraciones de actos de coraje. Testimonio de una pasión que la “mamá” de los explotados cultivó hasta la muerte.

Otro movimiento obrero surgió sucesivamente en Estados Unidos, y los mineros de Mother Jones se tomaron, en los años treinta, sus revanchas, con luchas de alcance heroico. Se desencadenaron diversas problemáticas, el sistema a veces pareció abrirse y otras veces se encerró como erizo. La clase obrera permaneció excluida de todo poder de decisión, y sin embargo ciertas temáticas suyas, como la igualdad racial o la liberación femenina, se afirmaron en el dificilísimo contexto americano.
El nombre de Mother Jones siguió circulando, aunque sumisamente, hasta Seattle 1999 y más adelante. En 2007 un musical dedicado a ella fue puesto en escena por un grupo de estudiantes de bachilleres de Connecticut. La “abuela” de los movimientos antagonistas de Estados Unidos no se decide a morir del todo, entra incluso en la épica. Buena señal. Significa que hasta en Estados Unidos no todo está perdido.

miércoles, octubre 21, 2009

Hipatia, más que una mártir pagana...

Por: Manuel Lozano Leyva / El Electrón Libre
Gracias a la película de Amenábar todos opinan sobre Hipatia, y sólo por eso, creo que ya ha supuesto un gran éxito. Sin embargo, menudean dos matices para alborozo de ciertos sectores. Uno, que los cristianos de hoy nada tienen que ver con los de entonces y que los fundamentalistas que deben sentirse aludidos por la película son los islamistas. Dos, que si no hubiera sido por su cruel muerte, la obra de Hipatia apenas ocuparía unas líneas en la historia de la ciencia. El primer punto que cada uno lo asuma como quiera, pero el segundo es tan injusto que hay que salirle al paso con decisión.

Decir que Hipatia y su padre fueron simples epígonos de los grandes maestros de la antigüedad equivale a decir que cualquier científico de hoy, por muy notable o discreta que sea su obra, no es más que un comentarista de Galileo, Newton y Darwin. En cierto modo es correcto, pero no es que sea afirmación de trazo grueso, sino escrita con una escoba. Pero puesto que los manuscritos de Hipatia no se conservan y hemos de acudir a los testimonios de Sinesio, Damascio, Suidas, Sócrates Escolástico y otros, pocos de ellos coetáneos suyos, dejemos la filosofía y la matemática y centrémonos en lo más objetivo: los instrumentos astronómicos y físicos de los que nadie cuestiona su autoría y cuya descripción no exige el rigor de fórmulas y formulaciones del propio autor. Los testimonios permiten sostener que el astrolabio de Hipatia era superior a los de Hiparco y Ptolomeo, porque situaba las estrellas, el sol y la luna en la esfera celeste y daba la hora a partir de sus posiciones con mayor precisión que aquellos. La limitación del astrolabio de Hipatia era que no servía para navegar porque sólo era válido desde Alejandría. La inserción en el instrumento de una placa única que sirviera para todas las latitudes tuvo que esperar siete siglos: lo hizo Azarquiel en Al-Andalus. En ese lapso no se tiene constancia de mejora alguna en el astrolabio de Hipatia.


Desde el gran Arquímedes, el concepto de densidad no se había desarrollado hasta que Hipatia ideó su densímetro y pudo hacer medidas de infinidad de líquidos. La humedad del aire simplemente no se sabía medir hasta que la alejandrina construyó sus higrómetros. La destilación parece claro que fue un invento de ella (salvo la posible autoría de María la Judía en el siglo I) y sus termómetros fueron muy exactos. ¿Y cuántos instrumentos más le debemos a Hipatia? Apenas se sabe y habría que investigarlo, porque orillarla en la historia como una sencilla mártir pagana es la mayor injusticia que se le puede hacer.

Fuente: http://blogs.publico.es/ciencias/72/una-tal-hipatia/

Manuel Lozano Leyva es catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla.

jueves, mayo 21, 2009

Masculinidades en conflicto: una mujer vestida de hombre

Por: Julio César González Pagés
Enriqueta Favez fue la primera mujer que ejerció la medicina vestida de hombre, en la Cuba del siglo XIX. Esto, sumado a su relación con la cubana Juana de León, provocó el juicio más escandaloso realizado en la etapa colonial cubana.

Cuando viajaba en la primavera de 1995 de Boston a Nueva York, en compañía del escritor cubano Antonio Benítez Rojo*, nunca pensamos que una misma mujer sería la protagonista de un libro que escribiríamos en el futuro. Durante el trayecto de más de tres horas el nombre de Enriqueta Favez no se pronunció. En menos de diez años, la figura de Favez aparecía en dos libros, uno de Benítez Rojo bajo el título de Mujer en traje de batalla (2001) y el otro mío con el título Por andar vestida de hombre (2009).

¿Quién fue esta figura que hoy todavía levanta polémicas y hace que dos escritores de una misma isla le dediquen, en la contemporaneidad, cada uno un libro?

Enriqueta Favez fue la primera mujer que ejerció la medicina vestida de hombre, en Cuba. Su nivel profesional le ganó el respeto de los pacientes que atendió en la zona oriental de la Isla, muchos de ellos de escasos recursos económicos.


Existen varias hipótesis sobre su nacimiento, y quiénes eran sus padres, la primera y más divulgada es la que contó la propia Enriqueta planteando que había nacido en 1791 y que era hija del matrimonio de Louis Elie Favez y Jeanne Elisabeth Cavent. De su niñez y adolescencia se tiene poca, o ninguna información, solo que contrae matrimonio a los 15 años con Juan Bautista Renau, oficial de Cazadores de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte. Ella realiza su casamiento para complacer a su tío político, quien tenía su custodia después de la muerte de sus padres.

Su tío de nombre Enrique, barón de Ab de Yberg, servía como coronel del regimiento 21 y estaba al frente de las tropas suizas del el ejercito de Napoleón. Enriqueta decía que: “no siendo su genio propio para las costumbres de las mujeres procuró su tío casarla con el fin de atraerla al verdadero porte de una mujer”.

Acompañando a su esposo y su tío, emprende toda la campaña bélica de Alemania, y según sus propias palabras en el fragor de la batalla “vi morir a mi marido, quedando viuda a los dieciocho años, y quedé sin hijos al morir mi única hija a los ocho días de nacida”.

En el lapso de tiempo que abarca 1808–1811, contando Enriqueta con 20 años, recibe el título que la capacita como médico graduado. Para estudiar en la Universidad de París utilizaría un traje de hombre haciéndose pasar por el grado militar de su marido, jurando que era oficial del Regimiento de Cazadores número 21.

Una vez graduada como médico se alistaría como cirujano militar en el ejército con el nombre de Enrique Favez, en posesión de su diploma de cirujano. Fue destinada a prestar servicios, enviándosele a los ejércitos franceses a la conquista de Rusia, cinco años después de la famosa entrevista celebrada entre Napoleón y Alejandro I, tras la cual surgió el Concordato de Telsit (17 de junio de 1807), en que ambos monarcas en tratados secretos de alianza se repartían Europa.

Integrando el ejército francés, y en compañía de su tío Enrique, va a la fracasada campaña rusa, de 1812, y posteriormente en España cae prisionera, en Vitoria, de las tropas del militar inglés Wellington, quien la confinó cumpliendo con servicios médicos en el Convento de San Francisco, en Miranda del Ebro. En territorio español muere la familia que ella más amó y respetó, su tío Enrique.

En 1814 una vez culminada la guerra, sin familia, sin proyectos que la ubicaran dentro del convulso mundo francés, se marcha a la isla caribeña de Guadalupe, para la cual solicitó un permiso que le fue concedido para ejercer la medicina. La fortuna económica no le acompañó en su estancia en la Isla de Guadalupe por lo cual decide emprender viaje hacia Cuba y según dijo ella misma

“sin mudar de traje, así vestida de hombre como estaba acostumbrada y bien hallada en libertad, porque vestida así podía ejercer mi profesión y fortuna, sin idea de hacerle mal a nadie y más bien con la idea de socorrer con mi oficio a los necesitados, como lo he hecho siempre”.

Enriqueta Favez llega a la ciudad de Santiago de Cuba, el 19 de enero de 1819, a bordo del velero “La Helvecia”. Después de conocer la ciudad de Santiago, visitar varios de sus barrios y practicar un poco el idioma, se traslada el 3 de marzo de 1819 a la ciudad de Baracoa, en la parte más oriental de la isla.

La ciudad de Baracoa no vivía sus mejores momentos económicos, por los asedios de corsarios y piratas y el abandono absoluto del gobierno de España, lo cual hace que Enriqueta preste, en principio, muchos de sus servicios de forma gratuita a personas pobres. Poco después ella empieza su misión médica con una clientela bastante numerosa, por parte de las personas de mayores recursos económicos, sin que esto le quitara tiempo para la filantropía, en la cual también desarrolló un ejercicio de educadora. Esta función la desarrolló al impartir instrucción a grupos de analfabetos, que incluía a un grupo importante de esclavos y libertos de la raza negra.

Enriqueta Favez visitaba lugares distantes como Cabacú y Sabanilla para realizar estos deberes educativos. En sus periplos por esta zona visitando enfermos, en el pueblo de Tiguavos, el 20 de abril de 1819, conoce y se enamora de una mujer: Juana de León.

Ella fijó su residencia en la ciudad de Baracoa, donde se enamoró y casó con la cubana Juana de León, violando todas las leyes establecidas por el gobierno y la Iglesia de la Isla en Cuba. Esta acción marcaría su vida de una forma irreversible, para ser juzgada constantemente como cuando se emitió el criterio que afirmaba:

“Enriqueta no presenta ninguno de esos raros defectos de configuración del aparato genético urinario; nada de androginismo ni hermafrodismo; pero en cambio contemplará en ella el fenómeno de la contrariedad mas abierta entre la parte moral y su parte física: el carácter e inclinaciones opuestas al bello sexo; verán en una palabra, el espíritu de un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer” (1)

Este criterio fue presentado como parte del juicio más escandaloso realizado en la etapa colonial cubana. El proceso penal se desarrolló, en la ciudad de Santiago de Cuba, en 1823. El caso de Favez ha sido seguido por la prensa y la literatura, en diferentes épocas, dejando innumerables fábulas en las cuales prevalecen de forma absurda criterios lesbofóbicos que intentan disimular su relación con la cubana Juana de León.

Enriqueta Favez en su condición de emigrada y al ejercer una profesión en su época no permitida para las mujeres, como era la Medicina, se convirtió en un mal ejemplo que había que extinguir. Por eso en el juicio se señaló sobre ella:

“Es un vivo ejemplo de lo que es la mujer sin esa educación moral propia y conveniente a su sexo, si ha nacido pobre, destituida de belleza, pero dotada de raro talento, con pasiones fogosas, con un carácter sumamente varonil y con una propensión tan irresistible a un arte como el de la cirugía.” (2)

Después, en ese mismo acto, se dice:

“La mujer para nosotros es un ser débil a quien rodeamos desde la niñez de tiernos cuidados; la educación que procuramos darle, las máximas que le inculcamos y las consideraciones que le tenemos, todo tiende a hacer de su corazón una fuente de virtudes que madre algún día ha de fructificar en el alma de sus hijos.” (3)

Y continúa finalmente así:

“Pero esa debilidad y esa terneza suele desmentirse a veces presentándose mujeres de carácter varonil cuyas acciones atrevidas asombran hasta los hombres mas valientes y arrojados” (4)

En opinión de la filóloga italiana Analisa Mirizio, el vestido masculino es parte del rol sexual y a la par de otros factores, es el producto de un aprendizaje social (5); que un hombre se vista de hombre es lo normal, más, que una mujer lo haga es un ataque a la virilidad masculina y a la moral establecida.

El hecho que una mujer en esta época fuese médica, constituía de por sí un delito. Pero, además, que se atreviera a violar los designios de la iglesia y mantener una relación condenada como antinatural, hicieron del juicio de Enriqueta representación fiel de un tribunal de la Santa Inquisición al llamarla “monstruo”, “criatura infeliz”, y descargar sobre ella todo tipo de improperios.

Las mujeres que rompían con los arquetipos femeninos vigentes para la sociedad colonial cubana fueron severamente criticadas. En la Biblioteca Selecta de Amena Instrucción, publicada en la Habana, en 1836, se afirmaba:

“[…] dejarán de perder una parte de sus atractivos aquellas mujeres viriles que visten a la amazona, que montan caballo como un cosaco, que hablan con descaro i arrogancia, que van a caza, que manejan las armas como un granadero, que fuman pipa, que tocan violín y se ejercitan en otros actos que son peculiares en los hombres.” (6)

El caso de Favez no fue el único dentro del mundo colonial español. Otros países como Colombia también celebraron juicios por esta causa, como es el seguido, en 1745, en Popayán, contra dos mujeres acusadas de sodomía femenina, expresión con que se conocía las relaciones amorosas y sexuales entre mujeres. El término de “lesbiana” se comienza a utilizar a finales del siglo XIX acuñado por el romanticismo (7)

En opinión del profesor español Rodrigo Andrés, los historiadores pos-estructuralistas han apreciado el hecho de que en diferentes momentos históricos se verifican diferentes tipos de valoraciones sobre los homosexuales y las lesbianas. Para estas opiniones han sido muy importantes las diferentes prácticas discursivas que no solo las nombran, sino que de hecho las crean. (8)

La medicina y su función higienizadora de la sociedad fue la causante de muchos de las polémicas hacia la diversidad sexual, como respuesta a la discriminación han surgidos diferentes teorías, incluida la Queer. (9)

Vestirse de hombre no ha sido una vocación estridente para un grupo de mujeres que han decidido desafiar el poder patriarcal ejercido por el hombre. Según la estudiosa estadounidense Alison Lurie, en su libro El Lenguaje de la ropa (10) la verdadera causa la debemos buscar en el significado que ha tenido el vestido masculino como ícono de poder en el referente externo del dominio físico y social del hombre. Por eso, a la acción transgresora de Enriqueta Favez, de vestirse de hombre para ejercer la Medicina en Cuba, se le puede sumar la de otras mujeres que, vestidas de hombre, lo hicieron también por diferentes causas, en los más disímiles lugares.

Con vestimenta masculina desafiaron el poder político de los hombres, algunas mujeres, desde posiciones independentistas, como Martina Pierra de Poo, en Cuba, Tonina Marinello, en Italia. Otras enfrentaron el poder monárquico, como la reina Cristina de Suecia y los oficiales del ejército inglés James Barry y John Taylor, nombres de hombres asumidos por dos mujeres británicas.

Otras posiciones desafiantes fueron las de la escritora Jorge Sand o la arqueóloga Madame Dieulafoy, que cuestionaron espacios públicos diseñados para ellas por la sociedad. Personalidades menos célebres, pero con un accionar beligerante, lo fueron Murray Hall, Tony Leesa y Sandor Vay, quienes lucharon por su libre opción sexual fuera de la normativa heterosexista.

Este encuentro con mujeres vestidas de hombre tiene como historia final a la anarquista boricua Luisa Capetillo, quien por motivos diferentes a Favez, pero con el mismo espíritu de defender el derecho de las mujeres a figurar en el espacio público, fue expulsada de La Habana, en 1915, porque “iba por la calle vistiendo prenda del sexo masculino”.

Las mujeres que vistieron de hombre tuvieron que asumir un costo que, en muchas cosas, arruinó su vida personal. Pero en el plano del ejemplo social incentivaron a que muchas otras se unieran para poder lograr sociedades donde la equidad forme parte de algo más que la vestimenta.

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Este texto forma parte del libro Por andar vestida de hombre (2009) de Julio César González Pagés.

Citas y Notas:

*Antonio Benítez Rojo (La Habana, 1931-Boston 2005) prestigioso escritor cubano autor de numerosos libros y artículos. Ganó el premio Casa de las Américas en 1967 con el libro de cuentos Tute de los Reyes. Impartió conferencias, cursos y talleres en universidades de América Latina, Europa y los Estados Unidos, país donde residía hasta su fallecimiento en el 2005.

1- Ver “Causa Célebre. Causa criminal contra Doña Enriqueta Faves o Faver por suponer ser varón y en traje de tal haber engañado a Doña Juana de León con quien contrajo legítimas nupcias” en La Administración, La Habana, 1860, p.173.

2- Ibídem.

3- Ibídem.

4- Ibídem.

5- Ver Annalisa Mirizio: “Del Carnaval al Drag: La extraña relación entre masculinidad y travestismo”, en Marta Segarra y Ángels Carabí (eds), Nuevas Masculinidades, Icaria, Barcelona, 2000, pp.133-152. Por su aporte a este tipo de estudio recomendamos la investigación de Patricia Calefato: Moda, corpo, mito. Storia, mitologia e ossesione del corpo vestido, Roma, Castelvecchi, 1999.

6- Ver Biblioteca Selecta de Amena Instrucción, Imp. D.T. Jordán, La Habana, 1836, p.294.

7- Ver Pablo Rodríguez: “Historia de un amor lesbiano en la colonia” en Las mujeres en la historia de Colombia, Editorial Norma, Bogotá, 1995, t.II, pp. 103-106.

8- Ver Rodrigo Andrés: “La homosexualidad masculina, el espacio cultural entre masculinidad y feminidad, y preguntas ante una crisis”, en Marta Segarra y Ángels Carabí (editores.) Nuevas Masculinidades, Barcelona, Icaria, 2000, pp.121-132.

9- Como parte de la apropiación del lenguaje discriminatorio y reivindicativo surge la Queer Theory, fundamentalmente en Europa y los Estados Unidos. La teoría queer se basa en la ruptura de las categorías identidad sexual y de género, y la desconstrucción de las categorías de identidad. El término que enmarca lo “raro o extraño” pudiera significar para cada país eufemismos diferentes. En Cuba se utilizó por mucho tiempo la palabra “entendida o entendido”, u otras mas complicadas como “el es así o ella es así”, lo cual parece no significar nada, pero visibiliza lo Queer en Cuba.

10- Alison Lurie: The lenguaje of clothes, Vintage, Nueva York, 1981. Ver a Liz Highleeyman “Identidad, ideas y estrategias” en Naomi Tucker (editora) Bisexual politics. Theories. Queries-visions, New York, The Haworth Press, 1995.