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viernes, febrero 03, 2017

¿Por qué se teme al feminismo?

Teresa Mollá Castells*

Ontinyent Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el término feminismo se define como la “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Nada escandaloso como vemos. O, ¿acaso sí es escandalosa esta definición por lo que comporta? Al parecer sí lo es para muchos machirulos e incluso algunas machirulas.

Si nos vamos al artículo 14 de la Constitución española nos encontraremos, literalmente, con esta redacción: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Y, a menos que, por la utilización del genérico masculino se nos excluya a las mujeres españolas de toda la Constitución, dice que somos iguales y sin discriminaciones.

Por tanto, si pasamos por alto el sexismo lingüístico de la expresión “españoles” y entendemos que se ha utilizado para englobar a toda la población española, podríamos afirmar que la Constitución, según el diccionario de la RAE es feminista, puesto que defiende que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres sin que prevalezca ninguna discriminación por razón de sexo.

En algunos aspectos se ha avanzado bastante, como los casos de las ciudades que se han declarado feministas como Terrassa, sobre la que ya escribí en su momento, y a la que después han seguido Sabadell y Sant Quirze del Vallés, ciudades que buscan la igualdad de toda su ciudadanía sin distinciones. Sencillamente acatando la Constitución.

Pero cuando se utiliza el término feminista, saltan las alarmas; es que el motivo está bien claro. Con una igualdad real se acaban los privilegios; y el patriarcado, fuertemente arraigado en nuestras sociedades, se alimenta de los privilegios históricamente autoasignados.

El feminismo busca la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres, por tanto no debe ser únicamente, un tema de mujeres. La reivindicación de la igualdad nos atañe a ambos sexos, pero al ser las mujeres las mayores perjudicadas por el patriarcado, somos las que más damos la cara. Sin embargo, existen hombres que están a nuestro lado en esta reivindicación de igualdad real que la informal.

El temor de hombres y mujeres al feminismo viene dado por el miedo a la pérdida de esos privilegios que se tienen por ocupar espacios tradicionalmente masculinos, por ceder lo que se ha usurpado de forma ilegítima a lo largo de la historia: la igualdad en el derecho al acceso a recursos de todo tipo, sean estos tangibles o intangibles.

Por recursos me refiero a espacios públicos, privados, riqueza, acceso a la justicia, a la educación, a la salud, a derechos civiles y un larguísimo “etc”. Pero también y por supuesto a nuestro propio cuerpo de mujeres para decidir libremente si queremos o no ser madres, sin que por ello nos convirtamos en “salas de ejecución”, tal como afirmó un machirulo que anda por la política y que, al parecer, tiene las neuronas más sueltas incluso que la lengua, que ya la tiene muy suelta.

El perder privilegios no le gusta nadie y por eso aparece el rebote de toda la caverna, cuando surge la exigencia por parte de las feministas de la igualdad. No pueden evitar llevar en el ADN aquello de las jerarquías masculinas naturalizadas por siglos de discursos patriarcales. Pero no, señores y señoras de la caverna, la igualdad es un derecho que tenemos reconocido y cada vez que lo niegan, están negando no sólo el derecho constitucional sino el derecho incluso a la vida.

Sí, digo a la vida y digo bien, puesto que continuando con la desigualdad para mantener sus privilegios, permiten los asesinatos de mujeres, porque desigualdad y violencias machistas siempre van de la mano.

En ese sentido admiro profundamente a las compañeras y amigas, que en estos precisos momentos están luchando dentro de sus organizaciones para que estas pasen a ser también feministas, incluso en sus estatutos como forma de declarar que su lucha es, también, un compromiso radical (de raíz) con la igualdad. Pero las resistencias son muchas y fuertes; y no siempre vienen sólo de la mano de los hombres.

Es triste asistir a esa resistencia de algunas mujeres a la igualdad, pero tampoco la podemos obviar. Del mismo modo que el machismo no es sólo una cuestión de la caverna y existen hombres machistas en todo el espectro político, hay mujeres machistas que no ven con buenos ojos la reivindicación de la igualdad. Triste, pero real.

Es esperanzador ver cómo en los actos a los que acudimos a sensibilizar en la igualdad para evitar violencias machistas, o cuando hablamos del patriarcado y su apropiación indecente de nuestros cuerpos o de los recursos de todo tipo, cada día asiste más gente joven.

Mujeres y hombres jóvenes a quienes cuando les explicas el término “feminismo” quedan ojipláticos, y se preguntan el motivo de la criminalización social de dicho término. Es justo en ese momento, cuando hay que explicar el profundo e intenso interés patriarcal en demonizarlo para mantener sus privilegios históricos.

Se nos criminaliza a las feministas por denunciar públicamente esos privilegios que toman muchas formas; se nos criminaliza porque no acatamos el orden patriarcal; se nos acusa por exigir libertad absoluta sobre nuestros propios cuerpos; se nos intenta ridiculizar por pedir imperiosamente y de todas las maneras posibles, que se nos deje de asesinar por ser mujeres; se nos exhibe por poner el dedo en la llaga de las desigualdades; se burlan de nosotras por buscar otro orden social más equitativo y justo, por buscar relaciones simétricas y con sexualidades no heteronormativas, entre muchas reivindicaciones más.

La maquinaria patriarcal es muy potente y se camufla constantemente para sobrevivir a los logros y exigencias del feminismo, de los feminismos, pero estamos ahí, somos muchas y cada vez son más los compañeros que saben e incluso sufren el patriarcado cruel en sus propias carnes; los que se van sumando a esa exigencia de igualdad real entre las personas.

Porque como afirmó Simone de Beauvoir: “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”. Y eso asusta. Al parecer mucho y a mucha gente, pero que cada cual se analice sus propios miedos porque las feministas, las personas feministas no vamos a dejar de luchar individual y colectivamente por ese objetivo final, que es el de la igualdad real y en todos los sentidos entre las personas.

Que se lo apunte el patriarcado, puesto que es el objetivo final y radical al que no vamos a renunciar.

tmolla@telefonica.net

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.

jueves, septiembre 27, 2012

Apuntes sobre feminismo y marxismo: ¿Es posible un nuevo comienzo?

Eugene Gogol

Marxists.org Tres décadas atrás, un ensayo escrito por Heidi Hartman, “El matrimonio infeliz del marxismo y el feminismo: hacia una unión más avanzada” (“The Unhappy Marriage of Marxism and Feminism: Toward a more Progressive Union” Capital and Class, Summer 1979 vol. no. 2 1-33 ) formó parte de un debate en curso en torno a la relación entre la liberación femenina y las distintas formas de marxismo. Este debate surgió en los Estados Unidos a partir de la experiencia de las mujeres en la lucha por los Derechos Civiles, la Nueva Izquierda y los movimientos de liberación femenina de las décadas del sesenta y los setenta. Una serie de mujeres pensadoras y grupos se enfrentaban a las relaciones en las condiciones del capitalismo y el patriarcado, se preguntaban si el marxismo les podía proporcionar una alternativa viable así como las posibilidades de una sociedad de liberación. Por varias razones –entre ellas la falta de distinción entre los puntos de vista emancipadores de Marx y lo sucedido con el marxismo post-Marx, así como la vuelta al movimiento de liberación femenina, al cual se había hecho de un enfoque más académico en los estudios feministas– el debate no había ido más adelante. Por último, el colapso de los regímenes capitalistas de estado, autoproclamados comunistas o marxistas, le pusieron fin a la mayor parte de la discusión.

Hoy en día, con un capitalismo aun más arraigado a nivel mundial, con una continua violación de los derechos de la mujer no sólo en la educación, los derechos reproductivos y el empleo, sino donde se llegan a cometer terribles crímenes de feminicidio que sirven de patrón de violaciones masivas en muchos países de todo el mundo, se convierte en una necesidad urgente la elaboración de nuevas vías de liberación. ¿Puede haber un nuevo comienzo en el debate sobre el feminismo y puede el marxismo ayudar a abrir un espacio de emancipación? ¿Qué se necesitaría para echar a andar un debate sobre un terreno radical y liberador?

América Latina es una región en la que se podría sostener un diálogo de este tipo con la posibilidad de producir resultados valiosos. Los movimientos sociales y las revueltas de las últimas dos décadas han cambiado drásticamente a América Latina. Las cuestiones relativas al neo-liberalismo, al capitalismo y al socialismo han sido puestas en el orden del día. Ha habido presencia, acción y pensamiento entre las mujeres dentro de los movimientos sociales –entre las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, las mujeres zapatistas en Chiapas, las mujeres indígenas en Bolivia, las mujeres jóvenes activistas en Venezuela, y en una serie de otros lugares más– lo cual ha sido crucial para el nacimiento de este nuevo momento en el continente. La lucha contra el capitalismo neoliberal ha puesto al socialismo en la agenda, de igual forma que ha involucrado a un gran número de activistas mujeres y pensadores. En este sentido, América Latina es un espacio importante para iniciar nuevamente el diálogo en lo referido a la relación entre el feminismo y el marxismo.

¿Cómo empezar de nuevo? Me gustaría sugerir dos temas para explorar en ese diálogo: (1) La vuelta del marxismo de Marx con especial atención a su concepto de hombre/mujer, (2) La necesidad de la crítica del marxismo post Marx, a partir de su más cercano colaborador Engels, autor de El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

(Estoy en deuda con el trabajo de Raya Dunayevskaya, en particular con su Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución y su Liberación femenina y dialéctica de la Revolución, puntos importantes de partida para la discusión de estos temas, y con sus trabajos para volver a conectar el feminismo moderno con el marxismo de Marx.)


I.
Un concepto sobre la relación hombre/mujer en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 de Marx: una dimensión del nuevo humanismo de Marx


Cuando Marx escribió sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844, estaba rompiendo por completo con la sociedad burguesa y creando “un nuevo continente de pensamiento y de la revolución”. Al hacerlo, también se estaba separando fuertemente de otros radicales. Así, en el ensayo "La propiedad privada y Comunismo", criticaba lo que consideraba como "comunismo vulgar", cuyo primer llamado a la eliminación de la propiedad privada, Marx lo veía como el establecimiento de "la propiedad privada universal." En oposición a tal concepto limitado, Marx escribió que “este movimiento de oponer a la propiedad privada la propiedad general en la forma animal que quiere oponer al matrimonio (que por lo demás es una forma de la propiedad privada exclusiva) la comunidad de las mujeres, en que la mujer se convierte en propiedad comunal y común. Puede decirse que esta idea de la comunidad de mujeres es el secreto a voces de este comunismo todavía totalmente grosero e irreflexivo. [http://www.marxists.org/espanol/me/1840s/manuscritos/man3.htm # 3-2]

En lugar del análisis de Marx sobre las mujeres que sólo era un modo de crítica al estrecho enfoque del comunismo sobre las relaciones de propiedad, procedió entonces a analizar la relación hombre/mujer como medida del “nivel de todo el desarrollo” de la humanidad:

“En la relación con la mujer, como presa y servidora de la lujuria comunitaria, se expresa la infinita degradación en la que el hombre existe para si mismo, pues el secreto de esta relación tiene su expresión inequívoca, decisiva, manifiesta, revelada, en la relación del hombre con la mujer y en la forma de concebirla inmediata y natural relación genérica. La relación inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre, es la relación del hombre con la mujer. En esta relación natural de los géneros, la relación del hombre con la naturaleza es inmediatamente su relación con el hombre, del mismo modo que la relación con el hombre es inmediatamente su relación con la naturaleza, su propia determinación natural. En esta relación se evidencia, pues, de manera sensible, reducida a un hecho visible, en qué medida la esencia humana se ha convertido para el hombre en naturaleza o en qué medida la naturaleza se ha convertido en esencia humana del hombre. Con esta relación se puede juzgar él grado de cultura del hombre en su totalidad. Del carácter de esta relación se deduce la medida en que el hombre se ha convertido en ser genérico, en hombre, y se ha comprendido como tal; la relación del hombre con la mujer es la relación más natural del hombre con el hombre. En ella se muestra en qué medida la conducta natural del hombre se ha hecho humana o en qué medida su naturaleza humana se ha hecho para él naturaleza. Se muestra también en esta relación la extensión en que la necesidad del hombre se ha hecho necesidad humana, en qué extensión el otro hombre en cuanto hombre se ha convertido para él en necesidad; en qué medida él, en su más individual existencia, es, al mismo tiempo, ser colectivo.”

Aquí Marx –conocido como supuestamente interesado sólo en las relaciones de clase– escribe sobre la relación hombre/mujer como medida del desarrollo de una sociedad. Ni el control por la sociedad burguesa de la mujer como propiedad del hombre, ni la reducción por el comunismo vulgar de las relaciones humanas a la propiedad privada universal, puede ser la medida de lo que serían en una sociedad futura, las relaciones hombre/mujer. Más bien “relación inmediata, natural y necesaria” de una persona a otra se encuentra en “la relación del hombre con la mujer”.

Lejos de ser la pertenencia a una clase sólo lo determinado, Marx debatía por nuevas relaciones humanas en todas las esferas de la sociedad. La opresión de clase envenena todas las relaciones humanas, pero su eliminación sólo se podría lograr cuando la transformación revolucionaria, que abarca toda la gama de relaciones humanas, incluya las relaciones hombre/mujer.

Este punto de vista no fue el único del Marx joven de los Manuscritos de 1844. Aquí no sólo referimos el extenso material en El Capital sobre la mujer en el trabajo de la fábrica, (la relación de las mujeres como trabajadoras en la producción capitalista), sino sus puntos de vista sobre las mujeres y el cambio revolucionario. Así, se le puede encontrar anotando sobre la presencia de la señora Harriet Law al ser elegida para el Consejo General de la Primera Internacional, así como su análisis cuando señala que hubo un movimiento para mantener separadas a las diferentes ramas de mujeres dentro de la Primera Internacional en Estados Unidos.

Además, su visión del concepto hombre/mujer no se extiende solo a la sociedad burguesa, sino a las sociedades indígenas, que en algunos sentidos permitió a las mujeres una mayor libertad. Al extractar y comentar La sociedad antigua de Lewis Henry Morgan, en sus Cuadernos etnológicos, Marx señaló que en la sociedad iroquesa, “A las mujeres les permitían expresar sus deseos y opiniones por medio de una oradora de su propia selección." [Marx, Cuadernos etnológicos.] Citado por R. Dunayevskaya, en: Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución. p. 356 y nota al pie en la 357].

Más aun, como demostraremos más adelante, se pueden encontrar conceptos importantes en la crítica de Marx al patriarcado, incluida la familia patriarcal, que podrían servir como punto de partida, en una crítica feminista de la familia moderna.

No afirmamos que Marx fuese un feminista. Lo que estamos diciendo a la vez es que, tan profundo es el punto de vista de Marx sobre la necesidad de la destrucción de lo viejo –la eliminación de la “la suciedad de los siglos” – como lo es su sensibilidad sobre los comienzos revolucionarios de las masas en movimiento desde abajo, como su “nuevo humanismo” que lleva en sí hilos cruciales para el enriquecimiento de un feminismo socialista que pueda desafiar al patriarcado y al capitalismo sobre fundamentos revolucionarios.

II.
Un reto para las feministas socialistas:
La necesidad de la crítica al marxismo post-Marx, a partir de Engels, su más cercano colaborador, autor de El origen de la familia la propiedad privada y el Estado


No hay duda de que la aparición de El origen de la familia la propiedad privada y el Estado de Federico Engels (1884), escrito “a la luz de las investigaciones de Lewis H. Morgan,” marcó un momento importante en la búsqueda por ofrecer un concepto histórico de la subyugación de la mujer, surgido, según la idea de Engels, en la transición de la sociedad del matriarcado a la del patriarcado.

Marx, con anterioridad había tomado amplios pasajes y hecho comentarios sobre la Sociedad antigua de Morgan, unas 80 páginas, y había llamado la atención de Engels hacia esta obra. Engels, en su primer prefacio a El origen de la familia la propiedad privada y el Estado había advertido los fragmentos y los comentarios de Marx, indicando que había reproducido las notas críticas de Marx en su obra, y que, de hecho, consideraba El origen… como “la ejecución de un testamento” en relación con Marx. Aquí se encuentran las raíces de la hipótesis de que Engels y Marx tuvieron una misma relación hacia el trabajo de Morgan, y que ambos tenían la misma visión sobre el concepto hombre/mujer. El hecho está en que Engels reprodujo sólo unos pocos párrafos de las notas de Marx.

La historia de El origen… de Engels, en general nos muestra, en primer lugar, que los marxistas, feministas, incluyendo a las feministas socialistas, han aceptado el “punto de vista ortodoxo” que establece que Marx y Engels tenían la misma posición, y que El origen fue en realidad la declaración del marxismo sobre la cuestión de la mujer. El marxólogo Hal Draper proclamó que El origen de la familia… “debe ser considerada un trabajo conjunto de ambos.” Por lo tanto, en lugar de hurgar en los escritos de Marx como punto crucial de partida para el examen de la relación entre el feminismo y el marxismo, tales declaraciones sólo enturbian las aguas, y El origen de Engels fue aceptado como el punto de vista marxista sobre la cuestión de la mujer.

La revolucionaria marxista-humanista Raya Dunayevskaya, criticó fuertemente esta tendencia de hacer que las opiniones de Marx y Engels sobre el hombre/mujer fuesen sinónimas, mientras sostenía que ello era precisamente “la trampa que acecha” [Rosa Luxemburgo, la liberación femenina…p. 212] a las feministas socialistas. Esa conclusión no sólo despreció el punto de partida creativo de Marx, de izquierda, sobre la relación hombre/mujer en sus Manuscritos de 1844 y otros lugares, sino que aceptó al “Engelsianismo” como la base para el análisis de la supuesta relación del feminismo y el socialismo. Veamos cómo Dunayevskaya expresa el problema:

1). “La gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”, que Engels atribuye a una transición del matriarcado (o al menos, de la ascendencia matrilineal) al patriarcado, no es una expresión de Marx. Marx rechazó el biologismo, fuese de Morgan, de Darwin o de aquellos marxistas de quienes Marx consideró necesario separarse…”

2). “La gran derrota histórica en todo el mundo” se relaciona, a su vez, con la llamada “división primordial del trabajo entre los sexos”, que puede aplazar convenientemente la libertad hasta el milenio. Una vez más, este no es concepto de Marx; aun cuando Marx dijo que la primera división del trabajo fue sexual (1845, en La ideología alemana, que escribieron en conjunto Engels y él), esto no fue percibido como personal, sino como social. Marx desarrolló entonces el concepto de que la división más grave en la historia de la humanidad fue entre el campo y la ciudad. Terminó mostrando que la división fundamental entre todas, la que caracterizó todas las sociedades clasistas, ninguna más que el capitalismo, es la división entre el trabajo intelectual y el manual.” (Luxemburgo, pág. 214-215).

Esto no quiere decir que las cuestiones sobre las relaciones sexuales, las formas de matrimonio y la familia no eran y no son cruciales. Dunayevskaya señaló que Marx se opuso al patriarcado y pidió la abolición de la familia patriarcal. Ella citaba a Marx: “La familia moderna contiene en embrión no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, ya que desde el principio mismo está conectada con el servicio agrícola. Contiene en sí misma, en miniatura, todos los antagonismos que después se desarrollan en gran escala dentro de la sociedad y su estado.” Sin embargo, mostró que para Marx “todo el antagonismo” se inició en la vida comunal con los “de rango” y conducía a la división entre el jefe y las masas, las divisiones entre clases en embrión, ‘en miniatura’.” (Luxemburgo, p. 216. [Esta cita probablemente sea de La ideología alemana.]

El punto de vista de Engels sobre la relación hombre/mujer se fija en la familia, considerando que “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo” en el paso del matriarcado al patriarcado fue, de ese modo, una actitud unilateral. Por el contrario, Dunayevskaya sostuvo que la actitud de Marx era mucho más multilateral: “Marx, por el contrario, mostró que los elementos de la opresión en general, y de la opresión de la mujer en particular, surgieron de dentro del comunismo primitivo y no sólo relacionados con el cambio del “matriarcado”, sino comenzando con el establecimiento de rangos –relación del jefe con la masa– y los intereses económicos que lo acompañaron.” (Luxemburgo, p. 217)

Hoy en día, por supuesto, vivimos en una época y un mundo muy diferentes al de Marx. La liberación femenina no sólo se ha convertido en una idea cuyo tiempo le ha llegado, sino en un movimiento a nivel mundial, que incluye, por supuesto, a América Latina. Y, sin embargo, íbamos a pasar por alto el “nuevo humanismo" de Marx en la elaboración, nuevamente, de la relación entre el feminismo y el socialismo, que sería a nuestra cuenta y riesgo. Todavía vivimos en el mundo del capitalismo, y ha sido el profundo análisis de Marx, de su lógica de desarrollo y destrucción, su discernimiento sobre las “nuevas pasiones y las fuerzas” que surgen en el seno de la sociedad, el que en la actualidad nos puede ayudar para la superación de esta formación social clasista, racista, sexista. Sus conceptos multilaterales de vías de desarrollo de la humanidad, y de los diversos sujetos humanos de la transformación social, son los que nos pueden servir también en la América Latina de hoy.

El gran pensador marxista y activista, José Carlos Mariátegui, quien con gran profundidad excavó en la realidad peruana el pasado siglo, para distinguir al sujeto revolucionario –las masas indígenas– lo hizo con la ayuda de las ideas de Marx, y de su método. Él recreó el marxismo de nuevo en el Perú, para su tiempo. Hoy en día, en mi opinión, las mujeres liberacionistas de América Latina, las socialistas feministas, pueden alzarse hasta ese desafío de su momento y de su tiempo.


Bibliografía

Dunayevskaya, Raya. Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución. (1989, 2009). Fondo de Cultura Económica, México.

Dunayevskaya, Raya. Liberación femenina y dialéctica de la Revolución, (1993, 2003). Distribuciones Fontamara, México.

Engels, Frederico El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado Marxists Internet Archive. [www.marxists.org].

Hartmann, Heidi “The Unhappy Marriage of Marxism and Feminism: Toward a more Progressive Union” Capital and Class, Summer 1979 vol. 3 no. 2 1-33.

Marx, Karl "Propiedad privada y comunismo" Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 Marxists Internet Archive. [http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man3.htm]

jueves, diciembre 08, 2011

El feminismo no pasa por nimiedades... aunque tantas cosas se hagan en tu nombre

Ingrid Storgen
Kaos en la Red
Pocas cosas más interesantes que el camino emprendido por las mujeres en estas sociedades donde el esquema patriarcal fue dominante y donde las mujeres fuimos históricamente víctimas de teorías preestablecidas que nos dejaban muy mal paradas.

Comenzamos a andar aunque falta mucho, no es ni será fácil romper con los viejos bosquejos, la tarea necesita del esfuerzo y la comprensión de los dos actores sociales: hombre y mujer. Pero si hay algo de lo que tenemos que estar seguros y seguras, es que el feminismo no puede pasar por nimiedades que producen que a veces centremos los discursos en cuestiones que minimizan el rol central de nuestro proyecto emancipador.

Esas nimiedades irrumpen en el escenario cuando queremos reemplazar palabras que poco tiene que ver con el concepto de fondo de la diatriba feminista.


Se que esta sensación personal compartida con los compañeros y compañeras de sueños y proyectos, puede causar molestia a muchas que creyeron que se es feminista por intentar cambiar absolutamente todo, hasta el idioma.

Ser mujer, posicionarse como tal, abrirse paso entre la maleza de la intolerancia nos exige un arduo trabajo, tener la mente muy abierta, ser capaces de acceder a debates y plantarnos bien en nuestras posiciones, sin caer en el ridículo ya que sabemos que de ese lugar, una vez ingresadas, será imposible salir.

LA IRRUPCIÓN DE LA MUJER EN ESPACIOS que le estuvieron vedados mucho tiempo atrás, produjo un quiebre de dogmas preestablecidos y también una serie de cosas que son realmente innecesarias. Hay palabras que están establecidas y no indican género, tampoco indican que seguir utilizándolas nos conviertan en machistas incurables sino todo lo contrario, nos ubica en el sentido de la ubicación.

Es pésimo el machismo, no nos cansamos de decirlo, pero hay que tener en cuenta que muchas feministas mantienen ese machismo aunque crean lo contrario, o sea, aunque supongan que están rompiendo con ese estigma.

La violencia estatal, la violencia doméstica, la violencia de todo tipo abarca a ambos géneros, por supuesto mucho más a la mujer, pero a esos casos considerados aislados que también existen y se pretende invisibilizar no debemos bajo ningún concepto omitirlos, excluiros a ellos de su papel de víctimas indudables cuando lo son. El hambre (o la hambra...), la miseria, la persecución, la agresión, nos pega fuerte a quienes tienen pene y a quienes tenemos vagina, no discrimina género, color ni condición sexual.

Es espantoso el feminicidio, tanto como el homicidio. El maltrato hacia el hombre tanto como el maltrato hacia la mujer. No conozco la balanza que pese cuantos gramos más de dolor siente una mujer que un hombre cuando los torturan.

MUCHAS COMPAÑERAS ESTÁN HACIENDO un trabajo magnífico reclamando el lugar que nos corresponde en estas sociedades, digno de acompañar y celebrar, acompañé, acompaño y acompañaré este trabajo. Lo que sinceramente no puedo es asociarme cuando se redunda en pequeñeces que le quitan fuerzas al verdadero sentido de las luchas femeninas.

Por ejemplo, últimamente se van reemplazando palabras sin tener en cuenta que otras se dejaron como están y a nadie le molestan. Si pretendemos hilar tan finito como se viene haciendo, muchas se horrorizarán cuando por ejemplo destaque -según mi propia percepción- que cuando decimos amor ponemos adelante el artículo "el" y a nadie se le ocurrirá decir que sólo es cosa de hombres. Mucho menos cambiarlo por "la amora"

Cuando decimos "muerte" va precedida de "la" y no diríamos que somos nosotras las que la generamos. Y así hay cientos de palabras que entran en esta comparación: la injusticia, la justicia, el dolor, la tristeza, la alegría, el gozo.

Todas nos abarcan a NOSOTROS y a NOSOTRAS (ahora también hay que aclarar por las...)

CUANDO LLEGARON MERITORIAMENTE AL PODER algunas compañeras mujeres, se cambió presidente de tal país, por presidenta, como para marcar bien la diferencia. Estuvo perfecto, vale por qué no, aunque no se si vale tanto cuando la innovación pretende generar posicionamiento ¿tendríamos que decir las feministas que la presidenta fue una estudianta ardienta, que se compromete con la genta por ser excelente dirigenta , que es aceptadamenta acompañada y que gobierna admirablementa? No, simplemente nos quedamos con la presidenta que es la forma en que debe mencionarse porque representa el participio activo del verbo ser: ellas presiden, son presidentes. Esto no convertiría a nadie en machista y seguiríamos hablando de excelentes profesionales.

No escuché a ninguna quejarse cuando se habla de un pianista, o un psiquiatra, un personaje, un comandante, sean hombre o mujeres.

Luego cuando se habla de los y las miembros de determinado espacio, últimamente se cambió por miembra. No puedo entenderlo, estimo que decir que una compañera es miembro de una agrupación no implica mantenerla sometida. Es miembro ¿y qué?

No hay diferenciación genérica en algunos términos, son como son a menos que tengamos la pretensión de cambiar también el lenguaje en nombre del feminismo.

HE VISTO LA FORMACIÓN DE ESPACIOS feministas que comenzaron una tarea impecable (¿o debo decir impecabla?) valiosa y necesaria, especialmente por el lugar donde comenzaron a aglutinarse para abrir los ojos de las mujeres aún atadas a principios arcaicos.

Asistí a las exequias de esos espacios por una simple torpeza, su arenga se centraba en tres sentidos que causaban asombro partiendo de un espacio feminista, nada menos. Las compañeras con excelente voluntad pero errando la concepción, cantaban en las manifestaciones: Somos PUTAS, lesbianas y abortistas. Y su estandarte eran bombachas rosas dejadas en la puerta de alguna iglesia o institución oficial, según ellas, como símbolo de liberación. Dicho subliminalmente: ¡¡¡la mujer debe quitarse los calzones para ser libres!!!! (La verdad yo me siento más libre sacándomelos cuando quiero...)

Sentí que era como si aceptaran el concepto que alguna mujer nació para puta, o como si tener que hacerse un aborto fuera lo que da estatus de feminismo. He visto también muchas mujeres sufrir un desgarramiento físico y emocional por haber tenido que hacerlo. Ninguna lo hace porque quiere, sino que es impulsada por determinado factor pero de allí a celebrarlo con consignas me resulta algo por demás machista.

Muchas feministas se apartaron del espacio considerando que no podía ser esa la consigna central y otras que podrían haberse integrado no lo hicieron por el mismo motivo.

Ser puta o aprobar la ley del aborto no puede adquirir sentido festivo, de hecho las trabajadoras sexuales no están a gusto ejerciendo esa profesión, la sociedad machista, patriarcal y hoy obsoleta fue la que las empujó a ello. ¿Qué hacemos ahora, nos enorgullecemos de ser esclavas sexuales desde nuestros espacios reivindicatorios de la mujer? El espacio murió asesinado desde adentro, las mujeres más pobres volvieron al hogar donde sus esposos las maltrataban, nadie pudo guiarlas. Ese fue el resultado de la imprudencia por desconocimiento de la teoría hermosa del feminismo.

CREO QUE URGE UN REPLANTEO A FONDO de la concepción del verdadero feminismo (notemos que feminismo también sería masculino y no nos espantamos...) analizar qué es lo que decimos y como lo decimos, cuando levantamos esas banderas, hecho que debe ser impostergable pero que exige, además, mucha conciencia, mucha claridad e ir al fondo real de los problemas dejando las nimiedades que al fin son las que pueden terminar ahogando el proyecto que es invalorable.

Utilicemos el idioma para dejar sentadas nuestras ideas, nuestros legados heredados de mujeres que se animaron a ser consideradas diferentes y que dieron su vida por la continuidad de ese proyecto emancipador.

HAY MUCHOS COMPAÑEROS DISPUESTOS a ayudarnos, junto a ellos podremos alcanzar lo que anhelamos, codo a codo, tomemos el ejemplo de la vida que nos enseña que todo es mucho mejor cuando lo hacemos entre dos: hombre-mujer, hombre-hombre, mujer-mujer. Seamos capaces de ir al grano de la cuestión, nada pasa por ser llamadas presidente (versión lingüística original) o presidenta (versión "pseudo-feminista") y por si alguien lo olvidó recordemos que las presidentas hoy siguen teniendo edecán (mujeres) hasta que alguien se rescate del error y comience a llamarlas edecanas porque allí sí, corresponde el cambio...

A todas y a todos mi fuerta abraza... y a luchar en serio que hay mucho por hacer y la tarea debe ser profunda y seria, tanto como las circunstancias exigen.
http://mujeresfnrp.blogspot.com/2011/12/el-feminismo-no-pasa-por.html

domingo, noviembre 06, 2011

FEMINISMOS: La política del cuerpo

A propósito del inicio de la discusión en ámbitos parlamentarios sobre la despenalización del aborto y de las manifestaciones que en distintas ciudades del país reclamaron sobre el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, una revisión histórica de cómo el acceso al aborto se fue configurando como una de las principales reivindicaciones del movimiento de mujeres allá por los años ‘60, cuando el mundo era otro mundo. Aunque algunas demandas no han perdido actualidad.
Por Mabel Bellucci * / Página 12
Hacia 1960, el mundo era otro mundo. Estados Unidos irrumpió de una maraña de tendencias animales como fue la Segunda Guerra Mundial con el fin de perpetuarse como la potencia imperialista del planeta. Así, desde sus entrañas se vivieron luchas contra la opresión colonial, manifestaciones de los negros, estudiantiles, de las mujeres y de los homosexuales junto al movimiento contra la guerra colonialista sobre Vietnam. Dentro de esa coyuntura turbulenta, se acuñó el término “revolución sexual” que invitaba al varón y a la mujer a experimentar los placeres por fuera de la coalición “matrimonio-amor-maternidad”.

En ese contexto, surgió como un conejo de la galera el Movimiento de Liberación de la Mujer (Women’s Liberation Movement, conocido también con la abreviatura Women’s Lib) –encargado de posicionar políticamente la demanda de mujeres organizadas en torno del derecho al aborto–. La historiadora Marysa Navarro recuerda que, recién, en la década del ochenta fue bautizado Feminismo de la Segunda Ola.



Hacia fines de 1963, la aparición de la píldora anticonceptiva, su comercialización y su uso se generalizaron en Estados Unidos. Estaba destinada especialmente a las señoras casadas, amas de casa y con un número suficiente de hijos más que a las solteras tentadas a incursionar en una aventura amorosa. La pastilla representó “el mal menor” ante la complicación del aborto clandestino y la numerosa cadena de partos. No obstante, la anticoncepción oral no fue una consecuencia directa de la revolución sexual predicada por el pensador Wilhelm Reich, sino que hubo un interés biopolítico para su desarrollo.

Con anterioridad, las formas más difundidas para evitar una gestación pasaban por el uso del condón, el coitus interruptus, la abstinencia periódica y el aborto, como solución de emergencia. Sin más vueltas, la ensayista Germaine Greer, en su libro Sexo y destino, lo incluía como parte de la práctica anticonceptiva.

Sin embargo, en ciertas feministas asomó un resquemor a la hora de reivindicar el uso de la píldora cuando se hizo público que los testeos implementados por los laboratorios norteamericanos empleaban cuerpos femeninos como conejillos de Indias. Si bien con la píldora no se atravesaban el peligro de muerte o la amenaza concreta de la cárcel como con el aborto ilegal, igualmente, las mujeres acudían a este método difundido puertas para adentro y, a la vez, clandestino puertas para afuera. Por consiguiente, el aborto era tanto hablado en el orden cotidiano como castigado en el orden público. Asimismo, la pastilla, en sus comienzos, al estar destinada para una minoría con privilegios más la exigencia de un compromiso regular de su uso, atentó contra su aceptación generalizada; tampoco aseguraba evitar el riesgo de una posible fecundación, mientras que el aborto significaba lo opuesto, es decir, una solución de hecho frente al hecho consumado. Así, este último se convierte en el medio más eficaz para concluir con un embarazo no deseado en la medida en que haya certeza de no exponer la vida o de ir presa.

Otro dato para no soslayar: en los años sesenta existían generaciones precedentes de mujeres que habían abortado y que, de alguna manera, lo verbalizaban dentro de su entorno. En líneas generales, era cuasi familiar su acogida. En cambio, la anticoncepción oral carecía de trayectoria. Y como todo lo nuevo, por un lado, generaba incertidumbres y, por el otro, se ignoraban sus efectos potenciales. No olvidemos que aún requería de mejoras técnicas adicionales, que había dificultad en el acceso y la poca información que circulaba no era tranquilizadora.

De un modo u otro, a las mujeres se les presentaba la ocasión de escoger en primera persona entre un método conocido y otro por conocer.
CRITICONAS CON GANAS

Pero la píldora no fue lo único innovador en 1963. Hubo un indicador de que algo nuevo salía del cascarón: fue el surgimiento de la obra La Mística Femenina (The Femenine Mystique), de Betty Friedan. Este texto contribuyó a formatear ese malestar de miles de mujeres de mediana edad, de clase media, casadas y con hijos, en el cumplimiento de los roles claves en el reino del hogar. A pesar de ello, Friedan no pudo registrar otras incomodidades también devenidas de la esfera íntima, es decir, los límites a una maternidad no deseada. Tanto la anticoncepción como el aborto no asomaron en su contrapunto entre una realidad idealizada y la vida de sus pares. Quizás, resultaba prematuro escupir tantas verdades sin freno alguno.

Ahora bien, la generación de las casadas a las que Friedan les hablaba se cruzó con las mujeres que luchaban contra la guerra imperial, más el colegiado que hacía lo suyo.

Con la precipitación de las urgencias políticas por la radicalidad de la población negra que bregaba por sus derechos civiles, las integrantes del Women’s Lib entendieron su propia discriminación al profundizar el fenómeno del racismo. A ello se sumó la resistencia contra la guerra en Vietnam que impulsó a jóvenes a usurpar las calles de Nueva York, Chicago, Washington y California, bajo la emblemática consigna “Hagamos el amor, no la guerra”, tal como lo recuerda Marysa Navarro. En cuanto al mundo universitario, estudiantes junto con docentes encarnaban las voces provocadoras. Así, el Movimiento de Liberación de la Mujer quedó configurado en numerosas corrientes.

Entre tanto, las activistas de izquierda cristalizaban un feminismo más heterodoxo y plural por el cruce de clase y etnia que distinguía el salto de las transformaciones que estalló entre los estratos más bajos de la sociedad estadounidense: los negros, los latinoamericanos, los indios y los blancos pobres. Hasta que llegó el momento en que las militantes formadas en las calles y en las universidades y relacionadas con las formas clásicas del debate político, se corrieron de las filas partidarias para generar sus cuartos propios, y dar paso a un enfoque de autonomía sexual. Dentro de esa mirada antipatriarcal, la reapropiación del cuerpo y de la sexualidad femenina desde todos sus rincones ocupó un espacio destacado. Al punto de que la exigencia del aborto voluntario mantuvo su lugar central en la lista de reivindicaciones de estas activistas. Por caso, en los diversos manifiestos feministas que proliferaban en la época, siempre estuvo presente.

La escritora Mildred Adams Kenyon en su artículo “El nuevo feminismo” comentaba que tanto para la prensa amarilla como para la del establishment, Nueva York era la capital del aborto. En esa misma dirección, la escritora María Rosa Oliver, en su texto La Salida, de 1970, relataba haber presenciado una movilización feminista que marchaba por las calles de esa ciudad, bajo el lema “500 dólares el aborto equivale a su prohibición”. Además, denunciaba que en Harlem, dentro de la comunidad puertorriqueña, aumentaba el número de muertes por abortos baratos e inseguros. Mientras la ensayista María Arias en su obra La Liberación de la Mujer, de 1973, identificaba al colectivo New York Radical Women como la punta de lanza en la cuestión del aborto legal. Pero si las activistas no lograban su objetivo, guardaban un plan B bajo la manga. Para Arias se planeaba ya en esos años, cual relato de ciencia ficción, un anticipo de lo que es hoy “Women on Waves”: “fondear un barcohospital en aguas extraterritoriales con médicos y enfermeras voluntarios”.

De esta manera, hacia los años setenta, el Movimiento de Liberación de la Mujer, con una complejidad que fue acrecentándose, percibió un rasgo unificador de convergencia que fue “la política del cuerpo”. Fueron ellas las que tornaron al aborto no como un hecho personal y privado sino como uno político y público. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa puede leerse en ese lema provocativo de la época “un hijo, si quiero y cuando quiera” que no sea la reapropiación de su sexualidad y de su función reproductora?, pregunta ingeniosa, por cierto, que se hicieron Georges Duby y Michelle Perrot en Historia de las Mujeres.

* Activista feminista queer. Integrante de la Campaña Nacional por Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

miércoles, octubre 26, 2011

Feminismo para no feministas. La Vane contra Patrix

Un libro de feminismo divulgativo dirigido a quienes piensan que el feminismo es algo cursi, ridículo y trasnochado [.pdf 868 kb]

Por : Rosario Hernández Catalán

Fuente: Rebelión


Descargar el Libro AQUÍ...

lunes, febrero 28, 2011

El modelo feminista no está en crisis...

El pensamiento feminista ha sido fundamental para reinterpretar nuestro entorno y para enseñarnos a mirar con nuevos ojos la sociedad en que vivimos. El feminismo ha supuesto la toma de conciencia de las mujeres como clase social y, con el propósito común de construir una sociedad que reconozca a las mujeres como integrantes de la sociedad y de la política, ha proporcionado una revolucionaria reconstrucción de los comportamientos, ha aportado nuevos valores de convivencia, nuevas relaciones humanas, nuevos lenguajes, cambios en las representaciones simbólicas y lo establecido desde la supremacía masculina, cambios en las instituciones y, además, ha significado una ruptura con la exaltación épica del heroísmo viril que nos ha legado la tradición. Gracias a las acciones que se hanabordado desde el feminismo, se han puesto en duda creencias y estereotipos que limitaban a las mujeres y se ha logrado cambiar las estructuras básicas de la sociedad que se basaban en la institución patriarcal que ha considerado durante siglos a las mujeres como seres inferiores y dependientes de la tutela de los hombres.

El feminismo simboliza el encuentro de mujeres buscando formas de acción y alianzas políticas en busca de proyecto común que rescate a las mujeres del silencio en el que han vivido durante siglos.

El modelo feminista cuestiona la desigualdad, la violencia, la crisis económica, la discriminación, el caos sociopolítico, las formas de convivencia basadas en la cultura patriarcal y, sobre todo y ante todo, genera propuestas ante cualquier proyecto y circunstancias que puedan significar que la sociedad avance.


Ahora bien, es verdad que hemos obtenido grandes logros, que hemos mejorado y hemos logrado el reconocimiento “formal” de la participación de las mujeres en igualdad, pero la realidad es tozuda y seguimos arrastrando una gran desequilibrio en la participación y en la toma de decisiones, seguimos estando en la cultura patriarcal y en una concepción masculina y machista de la organización social. La responsabilidad de lo privado sigue siendo nuestra y, si no logramos que los hombres se conciencien de ello y compartan las responsabilidades familiares, las mujeres seguiremos estando en clara desventaja respecto a ellos. La igualdad pasa por la incorporación de las mujeres a un empleo de calidad en las mismas condiciones que los hombres, lo que exige un reparto igualitario de lo privado, es decir, del trabajo doméstico y de los cuidados.

Sin duda, las mujeres necesitamos equilibrar nuestros tiempos, pues sólo de esta forma se equilibrarán nuestras oportunidades y, para ello, son herramientas imprescindibles la corresponsabilidad en lo privado y el empoderamiento de las mujeres, pues son los instrumentos que nos permitirán encarar al patriarcado y remover las estructuras sociales condicionadas por la mentalidad machista. Por tanto, podemos decir que el debate aún no ha terminado, que el cambio de mentalidad
no ha llegado a su fin porque las desigualdades de género persisten en las instituciones sociales. Las mujeres debemos conseguir que el siglo XXI sea el siglo del empoderamiento de las mujeres, donde logremos la participación en igualdad con los hombres a nivel social, económico y político, es decir, en la toma de decisiones a todos los niveles.

Quienes estamos en este camino cada día somos más y vamos a más y esto nos ha de dar ánimos para continuar con más ahínco e ilusión en esta lucha que todavía se prevé larga, pero que acabará siendo fructífera.

Por ello, desde la Organización de Mujeres
de la Confederación Intersindical animamos
a todos y a todas a luchar por una sociedad mejor
y más igualitaria, una sociedad basada en el respeto
mutuo que destierre la cultura patriarcal y
que recoja los principios del feminismo, porque
EL MODELO FEMINISTA NO ESTÁ EN CRISIS.

martes, enero 11, 2011

El último remache...

Página 12
Es como un juego de dominó: la Segunda Guerra Mundial se llevó a todos los hombres norteamericanos al frente, así que las mujeres tuvieron que salir a trabajar haciendo bombas y tanques; luego, cuando los esposos volvieron a casa, muchas esposas no quisieron regresar a las cocinas y así fue la primera chispa del feminismo en el norte.

Hay una popular ilustración de J. Howard Miller donde se ve a una musculosa mujer, con un pañuelo en la cabeza, flexionando el brazo e invitando a trabajar con la leyenda “Podemos hacerlo”. A ese personaje se lo bautizó “Rosie la remachadora” y se convirtió en un ícono pop. Según cuenta la historia el diario El Mundo, en los años ‘80 la foto de Rosie fue tomada por el movimiento feminista y se volvió un símbolo de igualdad entre sexos.

Es difícil imaginarse que detrás del símbolo haya una persona real, pero esa ilustración se realizó tomando una foto como modelo. Geraldine Doyle tenía 17 años cuando empezó a trabajar en una metalúrgica de Ann Arbor, en Michigan, y a los pocos días un fotógrafo de United Press International capturó su imagen.


Se lee en el New York Times que ella no supo de la existencia del póster hasta el año 1982: hojeando una revista, se encontró con Rosie y se reconoció en ella. “No tenía brazos grandes ni musculosos”, aclara la hija de Geraldine. “Era muy delgada, una niña glamorosa. Las cejas arqueadas, labios bonitos, la forma de la cara: era ella.”

En diciembre del 2010, Geraldine pasó a mejor vida en un geriátrico de Michigan. Tenía 89 años y la sobreviven 5 hijos, 18 nietos, 25 bisnietos y la eterna Rosie, a quien le dejó su rostro para siempre.

lunes, septiembre 20, 2010

Sociedades diversas, cuestión de humanidad en el Siglo XXI

Por Irene León*
Referirse al movimiento feminista y en general al tema de la diversidad sexual, de las políticas de reconocimiento e igualdad es un asunto complejo, sobre todo porque asistimos a una época de reconfiguraciones, de reconceptualizaciones, de reorientación de muchas teorías, especialmente desde Latinoamérica. Se trata de un continente plural —aunque este rasgo no es nuevo—, donde los actores principales son los elementos constitutivos de la sociedad en conjunto

La restitución en estos momentos de los cinco tipos de sociedad, tal como están siendo planteadas, no es más que el símbolo de la “apertura de ojos” que se está dando en el continente. Dicha apertura en América Latina y el Caribe, principalmente, acumula ya una trayectoria: la situación actual refiere a un proceso histórico de hace al menos cinco siglos, en la mayoría de nuestras sociedades y de nuestros colectivos.

Reconocer lo que sucedió en el siglo XX resulta crucial para entender lo que en temas de género y diversidad en sentido general se está debatiendo en estos momentos. Hacia finales del siglo XX, el mundo asistió a uno de los más significativos cambios en materia de comprensión de las relaciones humanas y sociales: la conceptualización de las relaciones de género, y el ulterior desarrollo de políticas, instrumentos legales, y mecanismos nacionales e internacionales orientados a reducir las disparidades. Ligado a esto se despejó también la existencia de relaciones de poder en la sexualidad, su naturaleza política, su repercusión social, y su trascendencia de lo individual.


En ese proceso, además de las mujeres, se nombraron e identificaron grupos sociales enteros que, por su disociación de la heterosexualidad obligatoria, enfrentaban varias formas de segregación. Los colectivos gays y lésbicos, por ejemplo, que por primera vez se visualizaron como grupo social y no como individualidades asiladas.

El reconocimiento de las dimensiones sociopolíticas del cuerpo y las sexualidades, pasó desde entonces a ser parte de aquellos avances que la humanidad ha ido afirmando progresivamente, teniendo en mira justamente la humanización de la vida y de las distintas formas de expresión inherentes a ella. Es en ese marco que las feministas acuñaron el concepto de derechos sexuales, que refiere principalmente a la autonomía personal y la libre toma de decisiones sobre la vida sexual, pero que también coloca a la sexualidad en el ámbito de los derechos, poniendo en evidencia su lugar en las relaciones sociales, políticas, económicas y de géneros.

Los movimientos sociales que postularon estos cambios —principalmente el feminista y luego el LGBT— imprimieron de esta perspectiva múltiples escenarios: el político y social, el académico, el institucional local e internacional. Pero si la agenda de cambios en las relaciones entre los géneros consiguió plasmarse en la formulación de legislación y políticas internacionales: principalmente en la ONU y otros mecanismos regionales, aquella sobre orientación sexual registró avances mucho más focalizados pero también importantes. Los más trascendentes en el Sur: la inclusión de la no discriminación por orientación sexual en la Constitución Sudafricana (1996) y en aquella del Ecuador (1998). En este último caso, se reconoció también el derecho de las personas a tomar decisiones libres sobre su cuerpo y sexualidad; además, los derechos sexuales y otros.

Cambios en lo cultural, socioeconómico y político

Los cambios que sucedieron en este período fueron múltiples, y abrieron las puertas para que el siglo XXI naciera con varias propuestas de reconceptualizaciones: la relativa a la pluralidad de las relaciones intergéneros en las distintas sociedades, contextos y culturas —y hasta la existencia de distintas categorías intragenéricas, en Asia central por ejemplo—; las referentes a las nuevas categorías sociológicas que resultan de las intersecciones entre distintas formas de discriminación; y también las inherentes a la pluralidad de las identidades de género —expuestas principalmente por el transgenerismo.

Por otro lado, las nuevas expresiones de la imbricación entre el patriarcado y el capitalismo, transparentadas por las regresiones operadas en el período neoliberal, que agudizó las desigualdades estructurales a tal punto que en algunos casos neutralizó los derechos obtenidos a finales del siglo XX, se revirtió en el surgimiento de un nuevo discurso feminista, que desborda lo considerado específico, para incursionar en lo considerado como general —La Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad, producida por la Marcha Mundial de las Mujeres, es un ejemplo—, como lo es en el campo LGBT aquel del Diálogo Sur/Sur LGBT, que se plantea como un espacio de resistencia a la globalización capitalista.

Es decir, el siglo XX abrió posibilidades de ascenso en la relación entre los géneros y las dinámicas de poder, un buen posicionamiento de las mujeres en las sociedades capitalistas y, claro, transformaciones de carácter diferente en la sociedad cubana, que desde su historia de 50 años de socialismo ha ido construyendo una propuesta y una política de las más consistentes en esta materia.

En este contexto, también se evidenció que vinculado a estas relaciones de poder estaban las articuladas, en aquel momento, a la llamada "sexualidad". La sexualidad y los discursos sobre sexo y relaciones abiertas relativas al cuerpo, tomaron otra dimensión en esos momentos: adquirieron una naturaleza política que no tenían, se evidenció la repercusión social de ellas e, incluso, además de colocar la mira en el terreno de lo individual, se llegó a sobrepasar ese nivel. Es decir, tuvo una trascendencia: ya no era algo estrictamente personal o que ocultar en algunos casos, sino que tenía connotaciones políticas y sociales medulares.

Así, para decirlo rápidamente, nos encontró el siglo XXI, es decir, con dimensiones de cambio a nivel cultural, socioeconómico y político, también inherentes al tema de las mujeres y la diversidad sexual.

El siglo XXI nos encontró con el reconocimiento de las dimensiones sociopolíticas del cuerpo y de la sexualidad. La humanidad ha pasado a reconocerlos como parte de sus avances colectivos, y ahí hablamos de "humanidad", independientemente del modelo de cada sociedad.

Empezamos el siglo XXI con demandas de humanización de estos temas, con demandas de derechos y otros conceptos visionarios, y obviamente, con transformaciones. En menos de medio siglo, hemos dado un giro de 180 grados con estos cambios, aunque aún falta mucho.

Latinoamérica: novedosos enfoques de género

¿Qué sucedió en América Latina con todo esto?: pues sucedió todo esto y mucho más. Surgieron muchas experiencias feministas, el LGBT, de articulación contra las distintas formas de discriminación y segregación discursiva, espacios para realizar iniciativas, sueños, propuestas en torno a estas cosas. Tanto así que hoy somos la única región en el mundo en la que varios países han logrado trascender políticamente y propositivamente, y consignar esto en políticas, en institucionalidad, en propuestas de transformación orientadas no solo a las realidades locales sino, en muchos casos, a transformaciones mundiales.

Como ya decía, Cuba ha sido uno de los países que ha mantenido una línea consistente en eso y de hecho inicia el siglo XXI con una propuesta en la Asamblea Nacional sobre el reconocimiento de la identidad de género por opciones. Digamos que en el discurso relacionado con estas diversidades, es el primer país que llega a su asamblea con un debate de esta magnitud.

El siglo XXI nació con nuevos movimientos sociales, con nuevas visiones y nuevos cuestionamientos al orden sexual capitalista; al heterosexismo patriarcal; a los límites sociopolíticos que resultan del enfoque binario del concepto género, visibilizando la existencia del plural para este último. Según la filósofa Beatriz Preciado: “No hay diferencia sexual, sino una multitud de diferencias, una transversalidad de las relaciones de poder, una diversidad de las potencias de vida”, lo que interpela a enfocar la existencia de una multiplicidad de relaciones de dominación, de sujetos de la discriminación, y de las numerosas interrelaciones entre distintas formas de discriminación por varios motivos.

En América Latina y el Caribe, el proceso reivindicativo y la movilización política relativos a las sexualidades, centrados principalmente en torno a la afirmación de derechos y ciudadanía, y la formulación de políticas para la erradicación del sexismo, la discriminación por orientación sexual y la identidad de género, ha obtenido resultados institucionales concluyentes en casi todos los países. En el caso de América del Sur, donde casi todos los países están inmersos en procesos de cambio de modelo o por lo menos de ruptura con el neoliberalismo, las propuestas de creación de alternativas al modelo que están en el orden del día incluyen estos tópicos.

Todas las nuevas Constituciones latinoamericanas del siglo XXI, registran novedosos enfoques de género, algunas lo colocan como eje transversal, y todas sitúan la igualdad como prioridad. Esta última es mencionada también en las propuestas de integración regional, pieza clave para el afianzamiento de los mencionados cambios.

Participar en la construcción de nuestro futuro

Un importante aspecto de los recientes desarrollos del movimiento de alternativas a la globalización es la pluralidad, la interacción entre los mundos político, académico, militante y popular, en el proceso creativo de imaginar otro mundo posible. Uno de los resultados de esto es la visualización de un universo diverso, con prácticas y pensamientos múltiples, que procura desarrollar tanto convergencias discursivas, como acciones concretas. En otras palabras, los cambios en la política sexual y de género en el siglo XXI están relacionados con las propuestas de cambio de modelo, con medidas concretas para viabilizar la igualdad, y sustentar la autodeterminación social, política, económica de los cuerpos, de las identidades, etcétera.

Sin embargo, los debates en torno a este tema no excluyen los desafíos: La mercantilización del cuerpo, especialmente el de las mujeres; el negocio del sexo, que constituye una de las más rentables empresas de la globalización; la comercialización y banalización de la diversidad, conceptuándola como un catálogo comercial; y otras manifestaciones del capitalismo patriarcal, constituyen la antítesis de las propuestas de subversión de las relaciones de poder en la sexualidad, levantadas por los movimientos que actúan en este campo, y que convocan más bien a reivindicar las sexualidades desde la autonomía, la diversidad y la creatividad humana.

Latinoamérica, en este momento de transformaciones, está ante un reto y también lo estamos desde el discurso feminista y desde las propuestas de diversidades. El contexto ha cambiado, estamos frente a una nueva situación y ante nuevas posibilidades. Si en el siglo XX tuvimos la posibilidad de conquistar desde lo reivindicativo lo que antes resumí, ahora estamos frente a la posibilidad y el desafío de colocar estas propuestas en el centro de los cambios de la sociedad, y de articular desde ahí no solamente discursos, sino institucionalidad, prácticas, y sobre todo desde nuestra posición, de generar nuevas relaciones sociales
Hablamos de estos cambios de sentido y redefiniciones en las que está inmersa Latinoamérica y es muy importante; pero esa buena parte de redefiniciones se dan en las relaciones sociales, es decir, son nuevas realidades que se tejen en la sociedad. Cierto es que tenemos aportes nuevos gracias a las nuevas constituciones, sobre todo en los países que estamos en revolución —como la Revolución Boliviana, la Revolución Bolivariana, la Revolución Ciudadana en Ecuador—.

En este contexto en el que ya no estamos en la condición de víctimas del siglo XIX, sino que estamos frente a la posibilidad de ser actores políticos, tenemos el reto de colocar estas posibilidades y estas propuestas en el diseño no solo de un nuevo modelo sino en una nueva visión de la sociedad.

Claro, podemos quedarnos en acciones tan válidas como pueden ser una pancarta en el balcón de mi casa, que está muy bien, manifestaciones en las calles, espacios de debate… que siguen siendo válidos; sin embargo, el momento ofrece posibilidades mayores: el de participar, el de apropiarnos de ejes como es este de los Paradigmas Emancipatorios y de estar presentes en la construcción de nuestro futuro.

Nuestro reto es el de construir sociedades diversas, generando propuestas antisistémicas, alternativas al capitalismo y al patriarcado, a la mercantilización del cuerpo, la banalización del concepto de diversidad como trampa del mercado. Estas propuestas de los movimientos sociales están llevando estos temas a un nivel de participación y de comprensión de conceptos que van más allá de las demandas del feminismo, como puede ser la soberanía alimentaria, por ejemplo. Con todo esto, estamos en un momento en el cual los movimientos sociales, no solo los feministas, debemos lograr la interacción de nuestras propuestas como lo están nuestras realidades y nuestras geografías.

*Irene León es socióloga ecuatoriana, Directora de FEDAEPS y vicepresidenta del Consejo Directivo de ALAI.

Fuente: http://alainet.org/active/38192

Publicado en América Latina en Movimiento, No. 449: http://alainet.org/publica/449.phtml

miércoles, septiembre 15, 2010

Brasil: Para salvar la vida, las mujeres en el poder

Leonardo Boff*
Hay una feliz singularidad en la actual disputa presidencial de Brasil: la presencia de dos mujeres, Marina Silva y Dilma Rousseff. Ellas son diferentes, cada cual con su propio estilo, pero ambas con indiscutible densidad ética y con una comprensión de la política como virtud al servicio del bien común y no como técnica de conquista y uso del poder, generalmente, en beneficio de la propia vanidad o de intereses elitistas que todavía predominan en la democracia que heredamos.

Ellas surgen en un momento especial de la historia del país, de la humanidad y del planeta Tierra. Si pensamos radicalmente y llegamos a la conclusión –como han llegado notables cosmólogos y biólogos– de que el sujeto principal de las acciones no somos nosotros mismos, en un antropocentrismo superficial, sino la propia Tierra, entendida como superorganismo vivo, cargado de propósito, Gaia y Gran Madre, entonces diríamos que es la propia Tierra la que a través de estas dos mujeres nos está hablando, llamando nuestra atención y advirtiendo. Ellas son la propia Tierra que clama, la Tierra que siente y que busca un nuevo equilibrio.

Este nuevo equilibrio deberá pasar predominantemente por las mujeres y no por los hombres. Éstos, después de siglos de arrogancia, están más interesados en garantizar sus negocios que en salvar la vida y proteger el planeta. Los encuentros internacionales nos los muestran poco preparados para lidiar con temas ligados a la vida y a la preservación de la Casa Común. En este momento crucial de graves peligros, se invoca a aquellos sujetos históricos que están, por su propia naturaleza, mejor equipados para asumir misiones y acciones ligadas a la conservación y al cuidado de la vida. Son las mujeres y sus aliados, los hombres que hubieren integrado en sí las virtudes de lo femenino. La evolución las hizo estar profundamente ligadas a los procesos generadores y cuidadores de la vida. Ellas son las pastoras de la vida y los ángeles de la guarda de los valores derivados de la dimensión del anima (de lo femenino en la mujer y en el hombre), que son el cuidado, la reverencia, la capacidad de captar, en sus mínimas señales los mensajes y sentidos; sensibles a los valores espirituales como la entrega, el amor incondicional, la renuncia a favor del otro y la apertura a lo Sagrado.



El feminismo mundial trajo una crítica fundamental al patriarcalismo que viene desde el neolítico. El patriarcado originó instituciones que todavía moldean las sociedades mundiales, con la razón instrumental-analítica que separa naturaleza y ser humano y que le llevó a la dominación de los procesos de la naturaleza de forma tan devastadora que hoy se manifiesta por el calentamiento global; creó el Estado y su burocracia, pero organizado según los intereses de los hombres; proyectó un estilo de educación que reproduce y legitima el poder patriarcal; organizó ejércitos e inauguró la guerra. Afectó a otras instancias, como las religiones e iglesias cuyos dioses o actores son casi todos masculinos. El «destino manifiesto» del patriarcado es el dominium mundi (la dominación del mundo), con la pretensión de hacernos «maestros y dueños de la naturaleza» (Descartes).

Actualmente, los hombres (varones) se han hecho víctimas del «complejo de dios», al decir de un eminente psicoanalista alemán, K. Richter. Asumieron tareas divinas: dominar la naturaleza y a los otros, organizar toda la vida, conquistar los espacios exteriores y remodelar la humanidad. Todo esto ha sido sencillamente demasiado. Se sienten como un «dios de pacotilla» que sucumbe a su propio peso, especialmente porque ha proyectado una máquina de muerte, capaz de erradicarlo de la faz de la Tierra.

Ahora se have urgente la actuación salvadora de la mujer. Damos la razón a esto que escribió have algunos años el Fondo de las Naciones Unidas para la Población: «La raza humana ha venido saqueando de forma insostenible la Tierra y dar a las mujeres mayor poder de decisión sobre su futuro puede salvar el planeta de la destrucción». Obsérvese que no dice «mayor poder de participación a las mujeres», cosa que los hombres conceden pero de forma subordinada. Aquí se afirma: «poder de decisión sobre el futuro». Las mujeres deben asumir esta decisión, incorporando en ella a los hombres, de lo contrario, pondríamos en peligro nuestro futuro.

Este es el significado profundo, diría, providencial, de estas dos candidatas mujeres a la presidencia de Brasil: Marina Silva y Dilma Rousseff.

*Teólogo y escritor brasileño

martes, septiembre 14, 2010

El feminismo ha contribuido a reconocer los derechos de las mujeres

CIMAC.- La lucha por los derechos de las mujeres no es una reivindicación nueva, ha sido antecedida por diversos movimientos a nivel mundial que lograron la visibilización de la población femenina como sujetas de derechos, indicó la francesa Anni Sugier, activista feminista, científica, académica, Presidenta de la Liga de Derechos Internacionales de las Mujeres.

Durante su participación en el conversatorio "Quiero todo de la vida. La libertad según Simone de Beauvoir", y al hacer una reseña histórica de la lucha feminista en Francia, lamentó que actualmente las mujeres no conozcan su historia, ni la lucha que otras emprendieron por la igualdad de condiciones que los hombres.

De acuerdo Sugier, el feminismo ha reivindicado el respeto al cuerpo de las mujeres y la igualdad entre mujeres y hombres, ya que en su opinión, las bases de la sociedad a nivel mundial están construidas sobre el machismo, la misoginia y el racismo, lo que hace que la reivindicaciones por los diferentes derechos de las mujeres sean difíciles de alcanzar.

Destacó que uno de los flagelos que continúan enfrentando las mujeres francesas es la violencia, un fenómeno que permanecía oculto y desconocido y que se incrementó con la llegada de migrantes, muchos de ellos con culturas religiosas diferentes que permiten el uso del velo islámico o la mutilación femenina.

El conversatorio formó parte de las actividades del Día de la Ciudadanía de las Mujeres, y fue convocado por el Programa de Género de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la Embajada de Francia, donde también se presentó un documental sobre la vida de Simone de Beauvoir.

jueves, agosto 26, 2010

Radicalización del feminismo, radicalización de la democracia

María Betania Ávila /Cuadernos feministas
Democracia: ¿gobierno por el pueblo? o ¿gobierno por el poder del pueblo?. ¿Cuándo fue realmente que el pueblo gobernó? Desde su origen, para el feminismo la cuestión se centra en las mujeres como parte integrante del pueblo que gobierna. La constitución de la esfera política fue históricamente realizada como un dominio de hombres. La política como dominio de hombres está relacionado a una dominación sobre las mujeres en el espacio de la vida privada, lo que ya conlleva una exigencia de radicalidad en el sentido de pensar la Democracia no sólo como un sistema político sino como una forma propia de organización de la vida social. La organización política del feminismo viene de la revuelta de las mujeres forjada en una experiencia histórica concreta de relaciones sociales de desigualdad. La praxis feminista es acción política y pensamiento crítico. Por lo tanto, el radicalizar la acción está relacionado con la reinvención de la práctica política y la producción teórico-analítica feminista en varios campos del saber. Para la construcción del sujeto, conocer y actuar son dimensiones inseparables. La producción del saber es también una esfera de dominación masculina. Dominación simbólica directamente dirigida a la reproducción de la dominación y de la explotación material –patriarcal y capitalista.

La organización política del feminismo viene de la revuelta de las mujeres forjada en una experiencia histórica concreta de relaciones sociales de desigualdad. La praxis feminista es acción política y pensamiento crítico. Por lo tanto, el radicalizar la acción está relacionado con la reinvención de la práctica política y la producción teórico-analítica feminista en varios campos del saber. Para la construcción del sujeto, conocer y actuar son dimensiones inseparables. La producción del saber es también una esfera de dominación masculina. Dominación simbólica directamente dirigida a la reproducción de la dominación y de la explotación material –patriarcal y capitalista.



En el movimiento feminista hay una diversidad de organizaciones y luchas, pero también hay desigualdad entre las mujeres que lo componen. Mujeres de clases desiguales; mujeres de razas diferentes transformadas históricamente en desigualdades; mujeres negras; mujeres indígenas y rurales; trabajadoras domésticas que constituyen mayoritariamente una clase de mujeres pobres; desigualdades entrelazadas de clase, de raza, de género; mujeres lésbicas que se radicalizan contra las herencias del padrón heterosexual dominante. Mujeres con necesidades especiales. Mujeres de varias generaciones que traen conflictos inherentes entre transmisión y reinvención. Radicalizar es vivir el conflicto interno en el movimiento, enfrentando democráticamente las varias tendencias y proposiciones y, al mismo tiempo, producir conflicto en la sociedad en torno a sus proposiciones. Es ser referencia para otras mujeres fuera del espacio de su propia organización. La radicalización del feminismo proclama respeto con respecto a su propia forma de organización y a su acción en el mundo. Esto es para adentro y para afuera. Si el movimiento es radical su organización exige de inmediato los medios para enfrentar las contradicciones de las mujeres en la vida cotidiana para ejercer el derecho de ser sujeto político –ya que la institución de las mujeres como sujeto es una conquista del feminismo.

Para pensar en una propuesta radical de lucha feminista es importante pensar en el acceso al espacio de lucha. De lo contrario, la desigualdad social y las discriminaciones se transforman perversamente en un déficit del sujeto. En lo cotidiano hay bloqueos para que las mujeres se movilicen entre las esferas pública y privada: la violencia sexual y doméstica, el preconcepto, la doble jornada y la falta de tiempo, entre otros. El trabajo de las mujeres en las esferas productiva y reproductiva está marcado por la desigualdad de la división sexual del trabajo. Necesitamos responder teórica y políticamente a la transformación de los fundamentos económicos de esa división y de las relaciones sociales producidas por ella.

La mercantilización del cuerpo de las mujeres, del placer y la canalización de la exploración sexual son una dimensión importante de la globalización económica. Las mujeres son consideradas puntos estratégicos del consumismo. Y el llamado sexual es el elemento central del método. La industria cultural, por medio de los medios más diversos de comunicación, produce constantemente las más alocadas formas de alienación y captura de todas las propuestas de libertad e igualdad. Y también es en el terreno de la sexualidad que la fuerza represiva de las instituciones religiosas y fundamentalistas han producido controles y abusos en nombre de principios trascendentes. La ilegalidad y clandestinidad del aborto siempre sirvieron a los intereses mercantiles y, al mismo tiempo, al poder de las iglesias en la dominación sobre la vida de las mujeres.

En América Latina y el Caribe, el poder del Estado ha estado históricamente en manos de hombres que, en general, o son o están ligados a los señores de la tierra, de la industria, del capital financiero, subordinados y aliados de los señores del Norte. El patrimonialismo, que tuvo gran peso en la conformación de estos Estados, la violencia en el campo, la violencia sexual, el racismo, la homofobia, la violencia sobre el pueblo indígena, la concentración de renta y su reverso, la pobreza, son marcas que persisten desde tiempos inmemoriales. ¿Qué tiene que ver el feminismo con todo esto? La democratización de la vida social debe ser por lo tanto radical en relación al capitalismo, al patriarcado, al racismo, a la heterosexualidad como modelo hegemónico, a las formas de administrar el poder político, a las instituciones que sustentan la dominación y la explotación: iglesia, familia, Estado.

Las mujeres, sobre todo negras e indígenas, constituyen la mayoría de los pueblos pobres de América del Sur y el Caribe. Si el feminismo en América Latina y el Caribe no enfrenta la pobreza de las mujeres, no tiene cómo radicalizarse. Si no enfrenta la democratización de la tierra y el acceso de las mujeres a ese derecho, no hay radicalización. Si no enfrenta el derecho a nuestro propio cuerpo, no hay radicalización. El feminismo se tiene que popularizar, extenderse por todos los lugares donde las mujeres están siendo explotadas y violentadas, creando raíces como una organización política vuelta a la transformación social. ¿Cuál es la capacidad del movimiento feminista para reconocer todas las expresiones de luchas cotidianas de millares de mujeres que producen cambios en las comunidades donde viven, en las instituciones donde trabajan, que se definen como feministas -o no- y que forjan un amplio movimiento de mujeres? ¿Cómo se relaciona el feminismo con esa movilización de mujeres? Esa es una cuestión que debe ser puesta como una relación dialéctica entre el feminismo y el movimiento de mujeres en general.

Para mí, radicalizar es también luchar contra la hegemonía de una visión liberal de democracia, como si la democracia liberal fuese la única experiencia histórica y definición posible de la democracia. La radicalización pasa también por la no aceptación de la idea de que los fines justifican los medios.

¿Cuáles son las formas de democracia política que estamos forjando? ¿Teorizando, practicando, defendiendo, alterando? Representativa, participativa, democracia directa. ¿Cómo democratizar el sistema de poder político? ¿Cómo el feminismo ha enfrentado de hecho al sistema de poder político, producido crítica, confrontación? ¿Cómo se coloca ahora para el movimiento feminista la cuestión de poder? Enfrentar ese sistema, en el cual se imbrican las estructuras que reproducen las desigualdades, requiere una inmensa capacidad de organización, de solidaridad y de generosidad en el interior de nuestras articulaciones, así como una capacidad crítica para combatir también en nosotras las formas de actuar heredadas de la tradición de ese sistema que combatimos y de las tradiciones políticas autoritarias.

Entre la fragmentación atomizada y los modelos totalitarios, tenemos que inventar procesos de democracia radical que sean capaces de alterar el orden social vigente y también las formas de hacer política. No vamos a incurrir en los riesgos de buscar una totalidad, de instalar modelos de futuro cerrados. La capacidad de enfrentar democráticamente por medio del diálogo las diferencias y los conflictos, es un desafío para la organización del feminismo. Negar el conflicto sólo fragiliza la lucha y disminuye la capacidad de organizar una resistencia colectiva.

La democracia política radical exige una nueva cultura política. Es preciso repensar los métodos feministas de construir autonomía, relaciones no
jerárquicas, dentro del movimiento y en relación a otros movimientos, reafirmando siempre la pluralidad de los sujetos. El Foro Social Mundial nos presenta un gran desafío en este sentido. De entre los desafíos que tenemos, la movilización y la conciencia crítica son elementos estratégicos.

Por eso, la organización política, la socialización de los saberes y los procesos educativos vueltos para la formación de sujetos son indisociables como método para una praxis transformadora. Hay una relación dialéctica entre los procesos colectivos de acción política transformadora y las experiencias alternativas, las “micro revueltas”, las adquisiciones de derechos y la lucha dentro de las instituciones que en la vida cotidiana forjan nuevas experiencias. Tenemos que fortalecer las bases organizacionales de un internacionalismo crítico y activo, capaz de oponerse verdaderamente al liberalismo, al terror y a la guerra, a la mercantilización de la vida y de los bienes comunes de la naturaleza, al fundamentalismo.

Un internacionalismo que atraviese la lucha desde la aldea más recóndita hasta los grandes centros urbanos. Recuperar la utopía –como fractura permanente con lo que hay. La Utopía nos saca del alineamiento de lo que está dado. Utopía como abertura para transformar y no como representación de un modelo. Es como dice Cristina Buarque: “es necesario mostrar claramente lo que rechazamos”. Expresar con determinación nuestra oposición. El momento de la acción política transformadora es también de invención de nuevas relaciones, de construcción de subjetividad y, por lo tanto, de reinvención colectiva y de reinvención de nosotras mismas.

* Conferencia de María Betania Ávila -Articulação de Mulheres Brasileiras, Articulación Feminista Marcosur y Directora de SOS Corpo– Instituto Feminista para la Democracia-, en el 10º Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en octubre de 2005 en Serra Negra, Brasil.

Fuente: http://cuadernosfem.blogspot.com/2010/08/radicalizacion-del-feminismo.html

viernes, agosto 13, 2010

El feminismo atraviesa la historia o cómo ha sido la lucha de las mujeres (material didáctico)

Fuente: LRM
El feminismo atraviesa la historia o cómo ha sido la lucha de las mujeres es un material didáctico dirigido al alumnado del primer curso de Bachillerato y especialmente para la materia historia del mundo contemporáneo. Su objetivo principal es que el alumnado pueda (re)escribir, en cierta medida, la historia contemporánea que le ofrecen los libros de textos y hacerla así más equitativa. Y quizás podría esperarse que, en el futuro, en sus lecturas y en sus experiencias las alumnas y los alumnos puedan hacerse preguntas y encontrar respuestas sobre cuál ha sido y debería ser el papel de las mujeres en la historia y estimar la justa compensación de ambos protagonismos en ella, el de las mujeres y el de los varones.

A través de estas unidades no es posible detenerse en todo el conjunto de aportaciones que las investigaciones sobre la historia de las mujeres y los feminismos está siendo transmitida a la comunidad científica, al conjunto de la sociedad y que constituye un saber inexcusable. La intención es que sea un primer camino que abra para el alumnado nuevas búsquedas, lecturas y preguntas.




La perspectiva interdisciplinar debería estar presente, así como los enfoques sincrónicos y diacrónicos que completen las tareas que se encomiendan al alumnado. Por ello las profesoras y los profesores podemos completar estas aportaciones y actividades propuestas con otras muchas que sin duda enriquecerán la perspectiva de trabajo en las aulas.

Consideramos un deber hacer llegar este trabajo a los centros educativos y, para ello, damos aquí algunas pautas y señalamos algunos textos y recursos que pueden ser adaptados al contexto correspondiente por el profesorado.

El feminismo atraviesa la historia o cómo ha sido la lucha de las mujeres se divide en dos unidades de trabajo: De la querella de las mujeres a la conquista del voto, De Simone de Beauvoir a las razones del feminismo contemporáneo y una Introducción. Están dirigidas directamente al alumnado para que pueda trabajar sobre sus contenidos y actividades.

Para la publicación de este nuevo material educativo ha resultado de gran importancia la colaboración entre el Instituto Asturiano de la Mujer y el Centro de Profesorado y

Recursos de Gijón, lo que supone un avance claro en la integración del principio de igualdad entre mujeres y hombres de manera transversal. La implicación del organismo educativo del Principado de Asturias en pro de la igualdad refleja cómo éste es el camino más efectivo para evitar las discriminaciones y desigualdades por razón de sexo.


miércoles, agosto 04, 2010

Wollstonecraft, la primera feminista...

GUILLAUME FOURMONT / Público
Simone de Beauvoir revolucionó el estatuto de la mujer en 1949 con El segundo sexo. "La mujer no nace, se hace", según la filósofa. La idea, una auténtica bomba en la conservadora sociedad de los años cincuenta, no era sin embargo nueva. Más de un siglo antes de que la compañera de Jean-Paul Sartre denunciara una educación que privilegiaba al hombre y reivindicara la libertad de la mujer, otra madre del feminismo se levantó contra las prohibiciones: la británica Mary Wollstonecraft, también madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein.

Cuando Mary Wollstonecraft llegó en diciembre de 1792 a la Francia revolucionaria, tenía 33 años y llevaba en la maleta Vindicación de los derechos de la mujer, un texto que declaraba que las mujeres eran "estúpidas", "superficiales" y "unos juguetes". Su tono denunciaba la situación de la mujer en el siglo XVIII. El problema era la educación, que "nos hace más artificiales y débiles de carácter de lo que de otra forma podrían haber sido". Según Wollstonecraft, el Estado debe permitir a las mujeres "practicar la medicina, llevar una granja, dirigir una tienda, vivir de su propio trabajo". Francia, que en 1793 mandó a la guillotina a Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, vivía momentos peligrosos y Wollstonecraft regresó a su país natal.

Hablaba de ella como «la primera de un nuevo género» y siempre se opuso al matrimonio


Wollstonecraft nació el 27 de abril de 1759 en Spitalfields, cerca de Londres. Las malas gestiones financieras de un padre violento la obligaron a responsabilizarse por sus dos hermanas, Everina y Eliza. Y a probar con ellas sus ideas feministas: Mary convenció a Eliza que abandonara a su marido y a su bebé, y huir. Mary rechazaba las normas sociales de la época y se oponía al matrimonio.

"Se han deformado en mí ciertas románticas de amistad Soy un poco peculiar en mi entendimiento del amor y de la amistad", escribe Wollstonecraft con cierta ambigüedad a su amiga Jane Arden. Antes de conocer a cualquier hombre, la ensayista dedica más tiempo y fidelidad a sus amistades femininas: fue hasta Lisboa para cuidar de su amiga Fanny Blood. Era 1785 y Mary sabía que debía dedicarse a trabajar para convertirse en "la primera de un nuevo género", según sus propias palabras.

Wollstonecraft escribía ensayos, novelas, todo lo que le permitía cuestionar las normas de su época y reflexionar sobre el futuro. Hablaba inglés, francés y alemán; era traductora, se relacionaba con los principales pensadores de la época. Y llegó a Francia después de la Revolución para llevar a cabo sus ideas. Pero París también era la ciudad del amor y, aunque fuera un lugar común, Mary se enamoró en la capital francesa. De un anarquista americano, Gilbert Imlay, quien se negó a casarse con ella. Cuando nació su hija Fanny,Mary intentó suicidarse.

En Vindicación de los derechos de la mujer', criticaba la figura de la mujer vista como «un juguete»

"Sólo tengo que lamentar que, cuando la amargura de la muerte había pasado, fui inhumanamente traída de vuelta a la vida y la miseria. Pero tengo la firme determinación de que esa decepción no me desconcierte; no dejaré que lo que fue uno de los actos más calmados de mi razón quede como un intento desesperado", escribió tras regresar a Londres. Mary, que siempre había criticado el rol de la mujer como simple educadora de niños, murió el 10 de septiembre de 1797, a los 38 años, diez días después de dar a luz a su segunda hija, Mary. También se había casado con William Godwin, el hombre que publicó las memorias de la primera pensadora feminista de la Historia.