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martes, junio 08, 2010

Bicentenario y feminismo: dos siglos bajo la lupa de las conquistas y demandas de las mujeres...

Por Malena Muñiz
(CbaNoticias).- Reflexionar acerca de estos 200 años también implica revisar las prácticas sociales, culturales y políticas de las mujeres en el proceso de construcción de sus identidades colectivas; se trata de una lectura del pasado con la intención de examinar su participación en todos los ámbitos sociales y la lucha por sus derechos.

Para ello, vale mencionar el I Congreso Femenino Internacional de la República Argentina de 1910 como acontecimiento relevante en el proceso de configuración del movimiento feminista. Un siglo después, su reedición en el II Congreso Feminista Internacional de la República Argentina convocó a profesionales, investigadoras y educadoras para hacer balances y acordar nuevas metas hacia la transformación social.

Nuevas prácticas, viejas lógicas coloniales
Durante los años posteriores a la Revolución de Mayo, las mujeres de la elite porteña comenzaron a participar en la organización de las tertulias, espacios de encuentro, debate y reflexión en los que ellas intercambiaban ideas con los hombres. “La remoción de las tarimas de madera, heredadas de los árabes e instaladas en las casas durante la época colonial, permitió la incorporación de las mujeres a las discusiones sociales y políticas”, comentó Jaqueline Vasallo, investigadora desde la perspectiva de género del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Doctora en Derecho y Ciencias Sociales y docente de las facultades de Derecho y Ciencias Sociales y Filosofía y Humanidades de la UNC.

Luego, aclaró que las tarimas eran estrados ubicados en un sector de las habitaciones sobre los cuales sólo permanecían las mujeres, mientras que los varones se sentaban en otra parte de las salas, lo que no permitía el contacto ni la comunicación. Más adelante, hacia fines del siglo XIX, esos espacios de socialización se fueron modificando, ya que los encuentros dejaron de hacerse en las casas y los hombres empezaron a reunirse en los bares para hablar de política. Las mujeres ya no podían ingresar a esos sitios y quedaron aisladas.


Para la Doctora en Derecho y Ciencias Sociales, si bien las mujeres se convirtieron en agentes políticas de sus maridos, la mayoría de las que se incorporaron a la escena pública, como Mariquita Sánchez de Thompson o Remedios de Escalada, lo hicieron desde la caridad, es decir, a partir de los roles de género asignados por el patriarcado. Por ello, Vasallo afirma: “No se visualiza una ruptura con el orden colonial, ni Moreno ni Castelli se lo habían planteado. Por el contrario, esas lógicas siguieron predominando en muchas prácticas”.

Esta situación se mantuvo hasta la llegada de los inmigrantes a Argentina, las mujeres que desembarcaron con sus familias trajeron otras experiencias de vida e instalaron en el debate otros reclamos.

Centenario de la Revolución: las mujeres toman la palabra

La postal de 1910 podría describirse como una sociedad que, a través de grandes monumentos, palacios y avenidas, pretendía mostrarse como un país moderno, agro exportador y uniforme. En contraposición con esta imagen y en el marco de las celebraciones por el centenario de la revolución de 1810, las primeras egresadas universitarias del país, nucleadas en la Asociación de Universitarias Argentinas, organizaron el I Congreso Femenino Internacional de la República Argentina.

Las sesiones se extendieron entre el 18 y el 23 de mayo y estuvieron entre sus organizadoras Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Elvira Rawson, Alicia Moreau, Petrona Eyle, Sara Justo, Cecilia Muzzilli y Fenia Cherkoff de Repetto, entre otras.

Jaqueline Vasallo sostiene que se trató de un evento convocado para debatir la situación y el rol de la mujer y abogar por la obtención de derechos sociales, políticos y civiles. En este sentido, “el congreso apareció como contracara de la Argentina modernizada, donde la mayoría de sus habitantes estaba excluido del acceso a la ciudadanía política y las mujeres seguían siendo consideradas como inferiores jurídicamente, al igual que durante el período colonial, y sujetas a la potestad masculina”, expresó la investigadora.

Según la socióloga e historiadora Dora Barrancos, con el nuevo siglo creció la acción feminista, aumentó la demanda de reconocimiento y se incrementó el número de voces que denunciaba la sujeción femenina.

¿Qué planteaban las feministas de 1910?

Es preciso hablar de un contexto histórico caracterizado por la reciente aplicación del matrimonio civil y la vigencia del Código Civil redactado por Vélez Sarsfield. Aunque, también, era un tiempo en el que las mujeres todavía eran consideradas menores de edad con la misma condición jurídica que planteaban las leyes coloniales. En consecuencia, estaban sometidas a la tutela del padre o el marido, no podían disponer de sus bienes ni fijar un domicilio particular.

Por otra parte, los reclamos feministas apuntaban a una patria potestad compartida sobre los hijos. Vale aclarar que “sólo gozaban de una tutela, salvo las mujeres viudas a las que se les había otorgado ese derecho, siempre y cuando no se casaran en segundas nupcias”, resaltó la docente universitaria.

Otro punto importante aparecía vinculado a las fuertes restricciones en derechos civiles y políticos. A modo de ejemplo, Vasallo recordó que las mujeres no eran el único grupo excluido, puesto que sólo votaba la porción de varones propietarios, que sabían leer y escribir.

Además, el divorcio vincular se constituía como otra de las demandas que compartían las primeras feministas. En este sentido, la investigadora del Conicet expresó que el matrimonio comenzaba a visibilizarse como “un espacio represivo para las mujeres”.

Analizando el accionar de este grupo de médicas y educadoras que se congregaron en 1910, Jacqueline Vasallo argumentó que “ese feminismo reclamaba los derechos de las mujeres sin replantearse el rol de madres ni el de familia; fue un feminismo maternalista a diferencia de otros que podemos leer en Estados Unidos o en Europa”. En esta línea, la investigadora explicó que las feministas reclamaban el derecho al voto y a una mejor educación para poder criar mejor a los futuros ciudadanos del país. Aún cuando solicitaban el divorcio o ingresar a la universidad, pensaban desde el rol asignado en el seno de una sociedad patriarcal.

Más adelante, la década del ’20 se caracterizó por una importante reactivación del accionar de los grupos feministas que venían operando y reclamando desde distintos lugares. Mientras que la década del 30 llegó para clausurar la intensa actividad de las mujeres y, con ello, recayeron en la oscuridad los numerosos actos públicos, congresos y publicaciones.

Entonces, “los reclamos en cuanto al divorcio vincular y los derechos políticos fueron retomados, posteriormente, por el peronismo en la figura de Evita y puestos en práctica a partir de un discurso conservador que apelaba al rol doméstico y reforzaba la idea de las mujeres madres”, resaltó la docente.

Años más tarde, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se restableció la patria potestad compartida y se sancionó la ley de divorcio vincular, dos acontecimientos celebrados por los grupos feministas. El primero fue en 1985 a través de de la ley 23.234 y el segundo por medio de la ley 23.515, el 8 de junio de 1987, ésta última a pesar de una fuerte presión de la Iglesia Católica.

En este sentido, Vasallo expresó que desde los diferentes sectores que trabajaban por los derechos de las mujeres se reconocía un avance en el acceso y ejercicio de los derechos políticos por parte de ese sector social, aunque se analizaba la escasez de espacios que ellas ocupaban.

Allí es cuando surge la ley 24.012 de cupo femenino, sancionada en noviembre de 1991 debatida por un sector del feminismo; “algunas compañeras pensaban que significaba un paso hacia adelante”, recordó Vasallo. Por el contrario, añadió que las que no acordaban entendían que debía ser un proceso al interior de los diferentes partidos. Para la docente de la UNC, el punto clave es cómo se organizaron las listas a partir de la sanción de la ley y la manera diferenciada en que se incluyen los nombres de mujeres y varones.

A modo de síntesis y en palabras de Jaqueline Vasallo, si bien los reclamos desarrollados anteriormente fueron escuchados, y a pesar de que algunos tuvieron su eco muy recientemente tales como el acceso a la patria potestad compartida, el divorcio o la transformación de los modos en que las mujeres se situaron en la militancia, despojadas de los roles tradicionales asignados por el patriarcado, es importante mencionar que no siempre lo establecido en los instrumentos jurídicos se traduce en la vida doméstica o laboral.

Bicentenario: ¿hecha la ley, está la práctica?

Entre el 19 y el 22 de mayo pasados, a 100 años de aquel primer congreso y en el marco del II Congreso Feminista Internacional de la República Argentina, se hizo hincapié en cuestiones legales, se reflexionó acerca de ¿qué sucede con la democratización de la vida en todos sus aspectos? “Porque existen leyes contra la violencia doméstica, sabemos que operan algunos mecanismos institucionales pero ¿eso se refleja en la práctica?”, interrogó la investigadora.

Por otra parte, la historia de las mujeres y del feminismo retomando los debates de 1910, las mujeres y la religión, el trabajo doméstico, el eco y el ciber-feminismo fueron otras de las temáticas que ocuparon las mesas de discusión.

En cuanto a las conclusiones del encuentro, se destacaron la necesidad de recuperar los espacios feministas como instancias de debates abiertos, libres y gratuitos; promover un feminismo plural en articulación con organizaciones y movimientos de lucha contra toda forma de explotación, discriminación y/o explotación humanas que asuman el feminismo como parte de sus luchas; habilitar ámbitos de discusión y activismo con feministas, cuyos cuerpos y sexualidades sean diversas; distinguir entre trata, tráfico y redes de prostitución, asuntos frente a los que existen acuerdos fundamentales entre feministas y organizaciones que trabajan por los derechos de las mujeres y los derechos humanos en general.

Para Vasallo, es de suma importancia la democratización de todos los espacios, incluidos los del feminismo, puesto que hubo grandes cambios y numerosos logros, pero aún queda mucho trabajo por hacer.

Y es ese largo camino por andar el que, luego de dos siglos, deberá convocarnos a todos y todas a reflexionar e interrogarnos ¿quiénes han sido las mujeres rescatadas a lo largo de la historia?, ¿cuáles fueron las prácticas legitimadas y cuáles las deslegitimadas?, ¿qué experiencias serán valoradas de ahora en más? y ¿cuáles las invisibilizadas?, ¿qué sectores se sumarán a la lucha por los derechos que aún no son ejercidos por las mujeres? y ¿qué responsabilidades y debates deberán asumirse para alcanzar la equidad de género en todos los ámbitos sociales?

mmuniz@cbanoticias.net

FUENTE:http://www.cbanoticias.net

martes, junio 01, 2010

Argentina: Por un bicentenario que cuestione al patriarcado...

Por Celina Rodríguez - espacio de mujeres del FPDS- Prensa de Frente
Al rastrear el lugar de la mujer en el relato de la patria, el olvido es lo primero que aparece, no sólo por los nombres omitidos sino por el modo en que las mujeres hacen su aparición: la esposa de…, la abnegada, la loca. Esto es lo construido desde diversos lugares, y desde hace dos siglos. La memoria está sujeta al conjunto de ideales y de imágenes que las sociedades comparten con naturalidad.

Así es que, para tantas generaciones, la mujer en la historia es una figurita escolar: Mariquita Sánchez de Thompson tocando el Himno Nacional; Remeditos de Escalada, “esposa y amiga” ; las hijas Merceditas y Manuelita; las damas mendocinas bordando la bandera; la Difunta Correa siempre amamantando a su bebé; por mencionar algunas.

La lucha de los pueblos y de las mujeres en particular han movido estas figuritas cristalizadas. En la literatura, en canciones, en las calles, en las investigaciones académicas, en el rescate de los pueblos, aparecen con timidez los nombres de mujeres luchadoras. Algunas, por ahora, como si fueran algo excepcional. A veces por desconocimiento y otras veces por el ocultamiento patriarcal que ha negado movimientos liberadores que acompañaron y sostuvieron a estas mujeres que han burlado a la historia machista.

En este bicentenario mencionaremos algunos hechos históricos como ejemplo para visibilizar la participación de las mujeres en las luchas populares: las Invasiones Inglesas, la Revolución de Mayo de 1810 y la lucha de las anarquistas de principio del siglo XIX.



Las Invasiones Inglesas fueron el antecedente de la lucha por la liberación, allí hombres y mujeres participaron de la lucha con idéntico valor. Las ollas de agua arrojadas por mujeres desde las terrazas son las mas conocidas; en ese momento aparecen figuras como Manuela Pedraza, una humilde soldada tucumana que combatió codo a codo con su marido por las calles de Buenos Aires en 1806. Cuando él cayó muerto a su lado, mató al soldado que le había disparado. Y continuó peleando.

Para escándalo e indignación de la sociedad de su tiempo, María Ana O’ Gorman, (abuela de la famosa Camila), amante de Liniers, en la Reconquista de Buenos Aires de 1806 fue una figura central y tuvo poder político. La historia de Martina Céspedes y sus tres hijas es de 1807: con la promesa de darles aguardiente estas mujeres hicieron entrar a su casa, de a uno, a doce soldados ingleses y los tomaron prisioneros. En premio, Liniers nombró a Martina Sargento Mayor. Detalle romántico: ella entregó sólo once prisioneros. El restante se terminó casando con Josefa, una de las hijas.

El pueblo aprendió en esa emergencia, que con su sola decisión y su propio valor podría vencer en cualquier otra circunstancia. Fue como una toma de conciencia de las propias posibilidades. Y las mujeres luchadoras tuvieron un rol fundamental.

¿Qué hicieron las mujeres en Mayo? ¿Acaso alguien las invitó al Cabildo Abierto del 22, cuando se depuso al virrey Cisneros? ¿Acaso arriesgaron su reputación el histórico día 25 y se apiñaron entre soldados patricios y vecinos que, reunidos frente al Cabildo, "querían saber de qué se trataba"?.

Para pensar a las mujeres de Mayo hay que retroceder a 1801. Buenos Aires, la tranquila aldea colonial se estremece con un escándalo. La niña María, de 14 años, que la historia conocería como Mariquita, se ha negado a casarse con un español mucho mayor. Si conviene partir de esta escena para hablar de las mujeres de Mayo en general, y de Mariquita en particular, es porque para una mujer abrazar una convicción revolucionaria suponía como tarea simultánea cuestionar las imposiciones morales de la sociedad.

La acción legal que Mariquita Sánchez y Martín Thompson emprendieron en 1804 para poder casarse, tuvo una repercusión especial en la sociedad porteña: era parte de los efectos de las nuevas ideas en las mentes jóvenes. Por eso, cuando el virrey Sobremonte falló a favor de los enamorados –y ellos se convirtieron en marido y mujer luego de 4 años de lucha- , muchos sintieron que el triunfo no era sólo personal. Nuevos tiempos se avecinaban.

A partir de allí hasta su muerte (1868), vida pública y vida privada serían lo mismo para Mariquita. Cumplió un papel fundamental en la historia argentina, en los femeninos roles de dueña de casa que recibió y como escritora de papeles íntimos. Sus cartas, diarios y demás escritos no sólo son hoy magníficos y lúcidos testimonios, sino que funcionaron como imprescindibles redes de contacto e información en épocas signadas por exilios y muertes.

No sólo para Mariquita se confunde lo público y lo privado. Como ella, que se inicia acompañando activamente a su marido en las conspiraciones contra Cisneros, otras damas participaban en la causa con igual pasión. La tradición guarda las palabras con que Casilda Igarzábal exhorta a Cormelio Saavedra, el 18 de mayo: “no hay que vacilar", se dice que dijo cuando acudió a su casa a la cabeza de un grupo de señoras. El comandante del Cuerpo de Patricios dudaba en ponerse al frente del movimiento contra Cisneros. Ella venía, junto con las demás, a presionarlo para que se decidiera e invitarlo a concurrir a su quinta, en la que Juan José Castelli, Manuel Belgrano y otros rebeldes estaban conspirando. Saavedra aceptó ir. La estrategia para el Cabildo Abierto del 22 de mayo se planeó allí, aquel 18.

Cuando el flamante nuevo gobierno preparaba, la expedición libertadora al Alto Perú, el registro de donantes que la sostuvieron estuvo poblado de mujeres: Bernardina Chavarría –, Mariquita Sánchez de Thompson y muchas señoras más.

Un periodista en El Grito del Sud, en 1812, reproduce quejas de una anónima "señorita". ¿Por qué la Revolución no contempló los derechos de las mujeres? ¿Por qué continúa privándolas de recibir educación?.
Ellas participan así: anónimas, casi imperceptibles. Como María Guadalupe Cuenca, la esposa de Moreno, discuten estrategias con sus maridos. O juntan dinero de sus herencias y dotes, organizan actividades sociales lucrativas, prestan sus casas para reuniones clandestinas, cosen, murmuran argumentos a uno u otro oído masculino. Sus obras tienen riesgo, pero no llevan firma. Son pequeños hechos que sostienen, invisibles, grandes hechos espectaculares.

Pero si en mayo de 1810 el movimiento atañe principalmente a los vecinos criollos acomodados y al Regimiento de Patricios, tanto en sus antecedentes, las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, como en sus consecuencias, las guerras de la Independencia, se movilizan mujeres de todas las clases sociales. Y los métodos varían.

Hubo guerreras y espías patriotas en los ejércitos del Norte. La soldada María Remedios del Valle, muy pobre y negra; la dama salteña Juana Moro de López, que sedujo a realistas como parte de su espionaje. Y entre todas, Juana Azurduy, que descolló por sus dotes militares.

Esta mujer de sangre mestiza, guerreó contra los españoles al frente de su tropa: primero codo a codo con su marido y gran amor, Manuel Ascensio Padilla, después sola. El 25 de mayo de 1809 exactamente un año antes del levantamiento de Buenos Aires, la sublevación de Chuquisaca sacudió el Virreinato del Río de la Plata desde el Alto Perú; Juana y Manuel colaboraron con entusiasmo con los insurrectos. Aunque el movimiento fue derrotado, toda la zona ingresó en una "guerra de republiquetas", que no cesaría hasta la definitiva independencia de la América hispana, en 1824.

Las tropas de Juana y Manuel prestaron servicios significativos. Belgrano vio pelear a Azurduy y le obsequió su espada. Cuenta que fue ella quien tomó el cerro de la Plata y se apoderó de la bandera realista como muestra de gratitud. El gobierno de Buenos Aires la nombró Teniente Coronel.

Durante el resto de los años, Juana continuó su resistencia en una guerra de guerrillas sangrienta, se puso al servicio del general Martín Miguel de Güemes y participó activamente en la defensa del Norte patriota.
Cuando el general San Martín decide cruzar la cordillera en busca de la independencia americana, las mujeres también se movilizaron. Durante largas jornadas, muchas de ellas cosieron y tejieron las ropas que necesitaban los soldados para hacer el heroico cruce de los Andes. Otras, se ocuparon de aprovisionar víveres y donaron como en épocas anteriores, todas sus joyas.

Macacha Güemes trabajó al lado de su hermano Martin Güemes para garantizar la emancipación de los pueblos de este continente. Su aporte a la causa patriótica ocupa un importante lugar en la historia de su tierra y su vida con el tiempo se convirtió en una leyenda para el sentir de su pueblo.

Poco después de la Revolución de Mayo, convirtió su casa en taller para confeccionar ropa para los soldados organizado por su hermano, supo sacar partido de su inteligencia y su posición para desempeñar tareas arriesgadas, especialmente cuando los realistas ocupaban la ciudad de Salta y Güemes los combatía por todos los medios. Luego del asesinato de su hermano, Macacha continuó participando en los sucesos políticos de la provincia. Fue muy querida por el pueblo debido a la generosidad con que ayudaba a los necesitados. Una canción la recuerda así: “ Mamita del pobrerío, palomita mensajera, que entre el gauchaje lucía, lo mismo que una bandera”.

Mujeres anarquistas

NI DIOS, NI PATRIA, NI PATRON, NI MARIDO
“Hastiadas ya de tanto y tanto llanto y miseria, hastiadas del eterno y desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros desgraciados hijos, los tiernos pedazos de nuestro corazón, hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida”. (La Voz de la Mujer Periódico Comunista-anárquico 1896-1897)

Así comenzaba el primer editorial del periódico comunista-anárquico feminista “La voz de la mujer”, editado entre 1896-1897 en Buenos Aires. Un diario escrito por mujeres para mujeres. La voz de la mujer se publicó durante un año, a fines del siglo XIX. Las mujeres que crearon, escribieron y sostuvieron La voz... eran anarquistas que llegaron a la Argentina a fines del siglo XIX junto con sus compañeros y sus familias animadas por la promesa de trabajo y vida digna.

Eran parte de la inmigración venida principalmente de España, Italia, Francia y Alemania que, en 1895, representaban el 20% de los aproximadamente 4.000.000 de habitantes de Argentina y el 52% de la población de Buenos Aires. Ellas venían de vivir en sus países de origen el comienzo de una lucha por ser parte de una nueva sociedad que las involucraba, y estaban dispuestas a llevar adelante la emancipación de la mujer junto con el hombre y contra toda dominación.

Y eso incluía la construcción de una nueva identidad de la mujer como ser autónomo dentro y fuera del hogar. Conocedores de la importancia de unirse y organizarse, y con una cultura política, resultado de su experiencia en los debates sobre anarquismo, socialismo y sindicatos, trasladaron ese ideario a sus lugares de trabajo, donde representaban el 50% de las 66.000 mujeres registradas como empleadas en la capital.

Distribuidas en trabajos de lavanderas, costureras, cocineras, enfermeras o en el servicio doméstico, los cerca de 2000 ejemplares de cada número de La Voz de la Mujer estaban dirigidos a las mujeres trabajadoras.
Los nueve números de “La Voz...” fueron el lugar desde donde un grupo de anarco-feministas como Emma Goldman, Pepita Guerra, Virginia Bolten “primera mujer que habló en un mitin obrero”, y otras, desarrollaban y defendían sus ideas por la emancipación y autonomía de la mujer abriendo debates sobre la familia, el amor libre, la revolución social, las relaciones de pareja, los peligros y abusos de la Iglesia, los curas, los jueces, los militares y advirtiendo a las mujeres sobre cómo educar a sus hijos en la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.

Durante las primeras dos décadas del siglo XX las mujeres anarquistas protagonizaron y llevaron adelante hechos muy importantes como la huelga de inquilinos, la huelga de las fosforeras o la movilización de las lavanderas. Con esas acciones estas mujeres comenzaron a hacerse visibles en sus reclamos, en su fuerza y en su lucha, a pesar de las persecuciones, la prisión, la clandestinidad y muchas veces también a pesar de sus propios compañeros.

Ellas luchaban contra todas las dominaciones, contra todas las opresiones y por sobre todo contra el orden patriarcal, que según palabras de la anarquista Juana Rouco Buela estaba presente en los hogares, incluso los anarquistas:
“... ¿Qué podemos decir a esto? Sencillamente, que se sienten despojados de todos los prejuicios y le tienen miedo a la mujer emancipada. Y digo miedo porque una mujer libre no se amolda a la tiranía del hogar tal cual hoy se practica, pues si tiene deberes, también tiene derechos”.

Las historias de luchas continúan, siguen su curso contradictorio, dialéctico. Hay una historia riquísima de la participación de las mujeres en el siglo XX y XXI. Estamos construyendo un camino de lucha con los movimientos de liberación en Latinoamérica. La consigna “Sin las mujeres la historia va por la mitad” acuñada por los movimientos populares tiene cada día mas vigencia.
http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2010/05/28/p5677

domingo, febrero 28, 2010

Las mujeres acompañantes de la Independencia...

Los roles sociales en 1810
Historiadores critican la falta de estudios sobre cuestiones de género en el movimiento insurgente y proponen el rescate de las protagonistas
Los nombres de las mujeres que se sumaron al movimiento insurgente son pocos comparados con los masculinos. Sólo unos cuantos han pasado a la historia, como el de Josefa Ortiz de Domínguez La Corregidora. Varios más han permanecido en la bruma, como el de Leona Vicario. Y muchos otros se desconocen.

Para comprender cuáles eran los roles y el papel que jugó la mujer durante la lucha de 1810, los historiadores señalan que es necesario mirar la estructura social de la Nueva España.

Según la investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG) Raquel Partida Rocha, “La Corregidora es una, pero hubo más mujeres que acompañaron el proceso; éstas son las que no hemos podido rescatar ni darles su justa dimensión por el papel tan importante que jugaron”.

En este punto coincide el escritor Carlos Pascual, quien explica que independientemente de personajes como Leona Vicario es necesario rescatar el rol femenino en la gesta de 1810. “Hubo muchísimas mujeres anónimas y otras no tanto que participaron en la Independencia”, manifiesta.

Pascual -galardonado con el Premio Novela Histórica Grijalbo Bicentenario por su relato La insurgenta, dedicado a la figura de Vicario- explica que para generar nuevas reflexiones sobre la Independencia es indispensable analizar el papel de cada uno de los participantes. “Creo que la sociedad no está completa si no se habla del rol de todo mundo y las mujeres representan a la mitad de la sociedad. Qué panorama tan incompleto tenemos si no involucramos a las mujeres, porque no sólo eran madres, sino aguerridas”, señala el autor.


Afirma que muchas murieron en combate, desempeñándose como soldados insurgentes, fusiladas, ahorcadas y condenadas a prisión, porque fueron llevadas a juicio por traición.

Uno a uno

“Sí tuvieron un gran papel, porque fueron acompañantes del proceso”, puntualiza Partida Rocha.

El rol de acompañante que tomó la mujer durante la Independencia fue el principal, aunque éste no sólo se limitaba a ser consorte, sino guerrillera.
En este sentido, la investigadora explica que la participación más notoria de las féminas fue en la región del Bajío, ya que siguieron el estandarte de la Virgen de Guadalupe que portó Miguel Hidalgo y Costilla. Raquel Partida Rocha lamenta que los historiadores no hayan podido documentar esa composición de ejércitos insurgentes y quiénes lo componían, “porque no sólo eran hombres, había mujeres y niños”.

Dice que “si no había un apoyo femenino, los ejércitos no avanzaban y lo vimos después durante la Revolución”.

La familia en la Nueva España

Para comprender cuál fue el rol femenino durante la gesta insurgente, Partida Rocha considera que, en primer lugar, es necesario entender cuál era la estructura social operante durante la Nueva España, la cual era similar a la que funcionaba en España.

En el periodo virreinal, el quehacer público y político no era el escenario de la mujer, abocada entonces al cuidado de la familia o al encierro eclesiástico.
En el proceso de revisión de los archivos históricos, en especial los documentos notariales, la investigadora ha encontrado que las mujeres “son la columna de la familia”. Sostiene que algunas administran la riqueza, “pero no logran dar ese salto a la esfera política”.

Raquel Partida Rocha precisa que la participación económica de las féminas estaba muy limitada, circunstancia que poco permitía un desarrollo académico e ideológico.

La idealista

Leona Vicario destacaba por su inteligencia, nació en la Ciudad de México en 1789 y murió en 1842. Sus armas eran la pluma y sus ideas, llegando a ser considerada la primera mujer periodista mexicana, de acuerdo con Carlos Pascual.

“Ella no viene del pueblo, a diferencia de Miguel Hidalgo, que sí tenía ese contacto, al igual que José María Morelos, a quien Vicario acompañó en la lucha”, afirma el autor de La insurgenta.

Pertenecía a la clase social alta y a una familia de abolengo. “A su muerte fue nombrada no sólo benemérita, sino que es la madre de la Patria, cosa que nadie sabe de bien a bien”, señala el escritor.

Del olvidado protagonismo de Leona Vicario, Pascual expresa que se debe a que es más sencillo aprender la historia de manera anecdótica que ideológica.
Leona Vicario fue esposa de Andrés Quintana Roo. Ella se mantuvo siempre en la escena pública y “siguió financiando periódicos”.

Uno de los reproches se le puede hacer a Leona Vicario es que no dejó escritos, pero se sabe que muchos artículos de su autoría fueron publicados en impresos independientes, finaliza Carlos Pascual.

La protectora

El nombre de Josefa Ortiz de Domínguez es otro de los que cobran protagonismo en la historia de la Independencia. Nació en Valladolid (Morelia) en 1768 y murió en 1829. Fue esposa del corregidor Miguel Domínguez, de ahí que a ella se le conozca como “La Corregidora”.
“Dentro del movimiento, Josefa Ortiz de Domínguez guardó y pasó mucha información, ya que su marido era parte del gobierno del virreinato. Su información permitió dar pasos certeros a los insurgentes”, comenta Raquel Partida Rocha. Carlos Pascual señala que “jugó un papel más clásico”.

En la página que el Gobierno federal dedica a las celebraciones de 1810, se destaca que “cuando los conspiradores fueron denunciados, el corregidor se vio obligado a iniciar una averiguación formal y ordenar el cateo de la casa donde se guardaba el material de guerra. Al marchar para realizar estas diligencias, encerró a su mujer, pero ésta logró enviar noticia de lo ocurrido a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y los Aldama”.

Josefa Ortiz de Domínguez fue denunciada por el capitán Arias. Después fue encerrada en el Convento de Santa Clara y luego trasladada a la Ciudad de México. Se le recluyó en el Convento de Santa Catarina de Sena, donde permaneció durante tres años.

“Ya consumada la Independencia e instalado el imperio de Iturbide, rechazó el nombramiento de dama de honor de la emperatriz. Tampoco aceptó ninguna recompensa por sus servicios a la insurgencia”, según el sitio web.

NAVEGA: www.bicentenario.gob.mx

Línea del tiempo en el mundo

1776. Autorización del voto de la mujer en Nueva Jersey (Estados Unidos), misma que se abolió en 1807.

1791. Declaración de los Derechos de la Mujer y Ciudadana, como respuesta a los Derechos del Hombre y Ciudadano, de la Revolución Francesa.

1800. Nueva Zelanda reconoció la ciudadanía de las mujeres.

1824. Un grupo de mujeres zacatecanas demandaron ser tomadas en cuenta para las decisiones políticas.

1838. Se aprobó el voto femenino en las islas Pitcairn, archipiélago de la Polinesia.

1848. Primera Convención de los Derechos de la Mujer en Nueva York (Estados Unidos).

1953. Aprobación del voto de la mujer en México.

Dejadas de lado por la “Historia Oficial”...

Por: Teresa Sosa / Palabra de Mujer
La historiografía tradicional está determinada por la ideología, la mentalidad, intereses individuales o de grupo, de quienes la narran e interpretan. Bajo la óptica androcéntrica sólo serán consideradas aquellas gestas de mujeres cuyas protagonistas se asemejan a las que son ensalzadas como llevadas a cabo por hombres. No se ha necesitado prueba alguna, para atribuir cualquier descubrimiento de origen ignorado a los hombres. Siempre se supuso que ha sido él el autor de cualquier invención o gesta que ha significado un hito histórico. Lo que no es así.


Desde los primeros albores

La interpretación de los restos prehistóricos es un buen ejemplo. En las excavaciones arqueológicas aparecen puntas de flechas y hachas, pero también restos de cerámica e índices de la utilización del fuego. El investigador androcéntrico proyecta su propia idea al darle un significado. Nos habla de la invención de las armas y se la atribuye al hombre, también el descubrimiento del fuego, de la agricultura, de la cerámica.

Si es cierto que la primera actividad de los hombres en la prehistoria era la caza, que les hacía permanecer largo tiempo fuera del poblado, mientras las mujeres quedaban al cuidado de los niños/niñas, recolectaban frutos, preparaban la comida -para lo cual necesitó el fuego y la cerámica-, cuidaban a los hijos/hijas; resulta impensable que los hombres, mientras recorrían ciertas extensiones de terreno en la búsqueda de la caza, tuvieran las circunstancias adecuadas y la disponibilidad necesaria para realizar estos inventos, los enseñara a las mujeres en sus cortos encuentros y renunciara a ellos para seguir cazando.

De hechos no probados se constituye en mayoría la prehistoria, pero en los últimos años, cada vez más, van apareciendo claros indicios, a través de estudios más a fondo y no sesgados de la mitología, de las ciudades primitivas, de nuevas investigaciones arqueológicas, que ponen en evidencia el ocultamiento desde la mirada androcéntrica, del papel que jugaron las mujeres en ese periodo.

Por ejemplo, investigaciones recientes sobre el arte pictórico prehistórico que se encuentra en importantes cavernas-museos del mundo, ponen en duda que las pinturas hayan sido hechas sólo por hombres, y en algunos casos, las investigaciones concluyen asegurando que hubo pintoras y no pintores, en numerosas cavernas.

En la Colonia

Los ‘Cronistas de Indias’ Bernal Díaz del Castillo, Garcilaso de la Vega y Fuentes y Guzmán, López de Gómara y Fernández de Oviedo, se olvidaron misteriosamente de mencionar en sus relatos a las mujeres de la Colonia. Y sin las mujeres en ese proceso, el colonialismo español, queda a nuestro entendimiento solo, como la cruzada bélica de un imperio europeo hacia las regiones habitadas por pueblos autóctonos de América Latina y el Caribe, en nuestro caso.

Estos cronistas borraron de sus relatos a las mujeres y al ámbito doméstico. Lo que no es de extrañar, porque hasta nuestros días se le resta importancia a todo aquello que significa el ámbito de la vida cotidiana, lo que descalifica a las mujeres que actúan y trabajan en ese espacio.

Los cronistas no relatan que las mujeres, blancas, indígenas, están presentes en Latino América y el Caribe, en su rol, desde el primer momento. De lo que sí no cabe duda es que las autóctonas, las del “Nuevo Mundo” (las indígenas), ya estaban aquí antes del 12 de Octubre de 1492. Pero, es que además, quiénes escribieron la historia colonial, también ignoraron la presencia de las mujeres en la esfera económica y política.

En el año 1502 comienzan a llegar a América Latina y el Caribe las primeras mujeres españolas No se conoce su número ni sus nombres; las primeras en llegar fueron mujeres “sin linaje”, que se vieron expuestas a la violencia de género (violadas, regaladas, trasegadas); llegan después mujeres que formaban parte de “familias principales”, porque en el primer período de la conquista los españoles no trajeron a sus mujeres. Sólo cuando el saqueo de los colonizadores ya era hecho consumado y el poder estuvo consolidado, éstas llegaron en calidad de esposas, hijas y hermanas.

Los cronistas, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Calixto Túpac Inca, Guaman Poma de Ayala, Betanzos, Molina y Arriaga, relatan que los españoles tomaban a la fuerza a las mujeres sin importarles que fueran casadas, viudas o solteras, y que las utilizaban para estar a disposición del antojo y el deseo. Que algunos sacerdotes las tenían como cocineras, para que les tejieran sus ropas y vivieran con ellos, y que cuando se cansaban de ellas las regresaban a sus casas con los hijos habidos.

No es casual, entonces, que el mayor índice de mortalidad materna en la Colonia fuera ocasionado por prácticas abortivas, no obstante que el aborto estaba prohibido por disposición de los Papas Sixto V y Gregorio XIV, y que según el Concilio de Iliberi se negaba a la madre y a sus “cómplices” la absolución en artículo de muerte ¿Qué pasó con estas mujeres víctimas de la violencia de género extrema y del maltrato? ¿Qué actitud asumieron, y cómo demostraron su resistencia frente al conquistador? Habría que emprender la tarea de la búsqueda de fuentes.

En la Independencia

“Los héroes de la Independencia murieron por la Patria”, fue lo que nos enseñaron las maestras, que nosotras tuvimos en la escuela primaria, de eso hace ya más de 50 años, es el caso de quien escribe esta crónica. Mucho valoraban nuestras queridas maestras, de la época del ‘Dictado’, eso del aceptar morir voluntariamente por la Patria, la inmolación, de los héroes varones independentistas, registrado en la historiografía nacional.

No vamos a entrar a discutir hoy aquí el honor y el mérito que reviste la participación de los héroes patrios, que sin duda fue mucho. Pero lo que si nos parece exagerado, transcurridos 200 años, es la exaltación del holocausto individual del héroe, e incurrir en el ‘Mito del Héroe’, que desde lo simbólico justifica “de derecho” la subordinación ‘de hecho’ de las mujeres al ‘héroe’.

Por supuesto que, los documentos históricos androcéntricos, de muy de fácil acceso, dan constancia de estos personajes héroes y de sus gestas; por supuesto que sus acciones y decisiones influyeron poderosamente en la marcha del pueblo por la Independencia; pero, por supuesto que, un héroe, sin soldados y sin soldadas, sin mujeres en combate que también cumplieran con el rol de cuido del ejército, él sólo, el héroe, no hubiera conseguido nada.

Pero las niñas que acuden a la escuela primaria en Venezuela en el año 2010, se encuentran en sus textos escolares con una historia oficial que endiosa al héroe varón. Aunque luchar por la Patria y la libertad, en todos los frentes, fue también tarea de las mujeres del período independentista, pero ellas siempre han sido presentadas solo como compañeras de los hombres héroes que hicieron la Independencia, o bordando banderas, o haciendo colectas para armar los ejércitos.

Las mujeres tuvieron una decidida e importantísima participación en la Independencia de todos los países de nuestra región. Hay heroínas de América Latina y el Caribe que pertenecían a la élite de los países, pero no solo son éstas las heroínas, sino que de igual manera lo son, las que trabajaban clandestinamente y que trasmitían mensajes, recolectaban dinero, y tambien marchaban con la tropa; mujeres que además se dedicaban al trabajo doméstico en el trajín de la guerra, para el cuido del ejército en marcha; que sanaban heridas, que cuidaban a los heridos en combate, a los enfermos, y que cuando éstos morían se encargaban de enterrarlos y orar por ellos. Son esas, las mujeres, que estuvieron adelante y atrás, las que ni siquiera son imaginadas, ni nombradas ni homenajeadas.

Escribir nuestra historia

La tarea de escribir la historia de las mujeres, nos plantea, en primer lugar, el desafío de afirmar que las mujeres son parte de la Historia, y que han sido ignoradas y excluidas, por valores patriarcales y por la concepción androcéntrica, que sitúa al hombre como elemento central y único del desarrollo histórico; lo que ha impedido una lectura apegada a la realidad de la participación de las mujeres en los procesos sociales e históricos. A lo que hay que agregar, la necesidad de confrontar al clasismo y racismo, que tambien opera como mecanismo para invisibilizar a mujeres negras e indígenas, en nuestra región.

En segundo lugar, el desafío de subvertir el orden de la simplicidad y del sesgo que hasta ahora ha tenido la historia oficial, donde las mujeres aparecen como colaboradoras, esposas o amantes, de los héroes; y para ello, en tercer lugar, el desafío de emprender la tarea de desmontar el ‘Mito del Héroe’, en todos los niveles y en todas las múltiples facetas, para hacer aparecer la realidad ocultada, que es la gesta colectiva de fuerzas sociales (hombres y mujeres) como motor de la Historia y de los cambios sociales.

martes, febrero 23, 2010

Fondo documental digitalizado: Vindicación Feminista (1976-1979)

Fuente: LRM
El fondo documental que se presenta digitalizado rinde homenaje a una publicación señera como fue Vindicación Feminista.
La pertinencia y oportunidad de esta labor de digitalización se sustenta en diferentes argumentos.

En un momento como el actual en el que existe un interés especial por comprender los procesos de cambio durante ese periodo de nuestra reciente historia conocido como Transición y por dar a conocer quiénes fueron sus auténticos protagonistas, resulta obligado reconocer la aportación del movimiento feminista en pro de una auténtica emancipación y de la consecución de una ciudadanía plena para las mujeres. En tal sentido, se hace imprescindible acudir a una fuente como Vindicación Feminista, que desde sus páginas siguió puntualmente los avatares de un tiempo tan crucial como la transición a la democracia.

Desde una mirada crítica, la revista analizó con rigor y radicalidad los acontecimientos que sucedían a diario en ese difícil y singular proceso que se vivió en España para transformar social y políticamente una dictadura en una democracia. La Ley para la Reforma y el referéndum para su aprobación, la Constitución, las primeras elecciones generales y municipales, las huelgas, conflictos y reivindicaciones que jalonaron aquellos años, lo dicho y hecho por los partidos de derechas e izquierdas no les fueron ajenos a las artífices de este particular medio de la prensa escrita. Como no lo fueron los acontecimientos internacionales que ocuparon las primeras páginas de los grandes rotativos. Todos fueron diseccionados con talante crítico y desde una perspectiva feminista, lo que colocó siempre a Vindicación Feminista en el centro de la polémica y le valió la animadversión de un sistema político que se reformaba sin dejar de ser patriarcal.

Al hacer balance del siglo pasado, una de las grandes transformaciones que debe apuntarse en su haber es el enorme cambio experimentado por la mujer en el mundo, aunque las desigualdades con las que se cerró la centuria obligan a reconocer que ese cambio fue mayor en los países ricos que en el 80 % del resto del planeta. Con todo, puede afirmarse que con el siglo xx se sentaron las bases para una más profunda y universal transformación que está por venir.

Reconocer el sentido de ese cambio es un tópico reiterado y hablar del xx como del siglo de la mujer se ha convertido en un lugar común, pero esta misma realidad, que hoy parece evidente, hace tan solo treinta años resultaba para muchos impensable, sobre todo en nuestro país, atenazado por una dictadura que pretendió, hasta el último momento, reducir a la mujer al papel de madre y esposa fiel.
La lucha por la transformación radical en la consideración legal y social de las españolas fue fundamentalmente obra del movimiento feminista, que tuvo que sortear enormes obstáculos para llevarla a cabo. Una de las mayores dificultades fue lograr que sus mensajes y propuestas llegaran tanto a las mujeres como al conjunto de la sociedad. Resolver esta cuestión básica era fundamental para poder cumplir con una agenda repleta de reivindicaciones, y, lógicamente, a ello se dedicaron enormes esfuerzos.

De esos esfuerzos nació Vindicación Feminista. Esta publicación fue el medio que propagó en nuestro país de modo más nítido y rotundo la voz del feminismo, cuya influencia ha generado un cambio notable en los comportamientos, actitudes y valores de todos los ámbitos de nuestra sociedad. Así mismo, Vindicación tuvo una seña de identidad que la distinguió de otras publicaciones del momento, ya que fue creada y pensada no solo como vehículo de información, sino de educación y comunicación dirigida y realizada por y para mujeres; un hecho que, en la actualidad, sigue siendo poco común tanto en el periodismo como en el mundo editorial

La revista marcó un verdadero hito en el campo de las publicaciones de este tipo. Durante tres años, de julio de 1976 a julio de 1979, salió a la venta de modo regular sin cambiar básicamente ni su formato ni sus contenidos, y ofreciendo en sus páginas colaboraciones de firmas reconocidas.

Pero el argumento de mayor peso viene de la mano de la emoción, del recuerdo sentimental de toda una generación: Vindicación supo relatar como ninguna otra publicación lo que estaba aconteciendo en la vida de las mujeres gracias a la propuesta emancipadora del feminismo. Como un reguero de pólvora, a principios de los setenta el ideario feminista había cruzado el Atlántico para expandirse por Europa, llegando a España con un cierto retraso, dadas las circunstancias políticas que aquí se vivían, donde el sometimiento material de las mujeres en lo económico, legal y social quedaba completado en la esfera de las mentalidades por una cultura popular al servicio de los valores más conservadores y tradicionales.
Por esa razón, Vindicación, codo con codo con el conjunto del movimiento feminista, quiso contribuir con todas sus fuerzas a la construcción de una nueva cultura frente a un mundo controlado por los hombres, haciéndose eco desde sus páginas de todas las acciones y propuestas recogidas en la agenda reivindicativa del feminismo de segunda generación, cuya característica esencial no era tanto su amplitud como la profundidad de sus peticiones, al proponer una auténtica inversión de los valores dominantes.

Si el término sororidad fue una de las aportaciones conceptuales que acuñó el feminismo para designar una nueva forma de fraternidad entre las mujeres, un nuevo modelo relacional basado en el apoyo mutuo, el equipo de Vindicación supo ponerlo en práctica como nadie al brindar sus páginas para dar a conocer los cientos de grupos que nacieron a lo largo y ancho de la geografía española y del resto del planeta, y difundir todas las estructuras y redes alternativas de ayuda que se fueron creando durante esos años, al calor del ideal compartido de transformación personal y social que marcó a toda una generación de mujeres cuyas vidas quedan muy lejos de las que tuvieron sus madres y abuelas, gracias a los logros obtenidos por el tesón de la acción feminista. Todos los anhelos, trabajos, propuestas y debates de un movimiento como el feminista fueron recogidos fielmente por Vindicación a lo largo de los tres años que van de 1976 a 1979, fundamentales para entender qué ha sido, qué ha representado el feminismo y en qué medida su contribución ha de ser considerada esencial, no solo para las mujeres sino para la sociedad española en su conjunto, cuando hacemos balance de ese periodo.
La vigencia de buena parte de sus contenidos nos recuerda que un hilo violeta sigue recorriendo la historia con el ánimo de hacer de este mundo un lugar en el que las mujeres se reconozcan y sean reconocidas.


CONSULTA AQUÍ LOS NÚMEROS DIGITALIZADOS...

miércoles, enero 27, 2010

Restituye historiadora valor real de la mujer en México del siglo XX

Informador
La doctora en Historia, Gabriela Cano, restituye el valor real a las mujeres mexicanas que vivieron durante y poco después de la Revolución Mexicana, a través del libro 'Género, poder y política en el México posrevolucionario'.

Cano, quien junto con Mary Kay Vaughan y Jocelyn Olcott publicó esta completa investigación histórica en el Fondo de Cultura Económica (FCE), explicó a Notimex que se trata de una investigación realizada por 14 personas, quienes se han desenvuelto en el campo de la historia de género.

'El libro plantea nuevas e interesantes preguntas sobre el rol femenino en el México posrevolucionario. Las especialistas, de México, Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña, acudieron a fuentes y archivos nacionales y regionales localizados en varias entidades de la República Mexicana', comentó Cano.

Al señalar una de las historias que se narran en el libro, que para ella resulta de capital significado, habló de 'Las pelonas', mujeres que en los años 20 del siglo pasado optaron por usar el cabello muy corto, lo mismo que las faldas, que dejaron de llevarlas hasta el tobillo para escalar hasta casi media pantorrilla.

Otra estampa que destacó Cano es la referente a la que señala que 'pensar que hubo un transexual en la Revolución Mexicana puede parecer imposible, pero cuando existen fotografías, un acta de nacimiento e incluso el reconocimiento de la Secretaría de Defensa Nacional, toda duda se despeja'.

La historia, abundó, se refiere a 'Amelio Robles', que es como se hizo llamar el 'soldado revolucionario', biológicamente mujer, que no necesitó más que su actitud machista y las tecnologías de la época, como ropa e imagen fotográfica, para que la sociedad lo reconociera como tal e incluso formara una familia.

En el libro, dijo, se habla de mujeres que fueron severamente criticadas e incluso agredidas no sólo verbalmente, sino en su integridad física, durante los años de la revuelta armada y en el México posrevolucionario. 'Todos los capítulos son muy interesantes y en ellos rompemos con la historiografía de ese periodo'.

Para Gabriela Cano, profesora e investigadora de El Colegio de México y de la Universidad Autónoma Metropolitana, se trata de un libro que presenta, con bases históricas bien documentadas, cómo los roles sociales y las relaciones de género cambian de manera permanente.

Esos temas son abordados de manera amena y seria en los 11 ensayos que Cano, Vaughan y Olcott reunieron en esta publicación, que conmemora el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicanas, y en los que se analiza el rol que han vivido las mujeres, desde esa época hasta la modernidad.

De distintas maneras se analiza el rol femenino entre 1915 y 1950, como en las películas de Emilio 'El Indio' Fernández, donde se exalta lo indígena y lo femenino.

'Son ensayos de investigación original, de ruptura, que abren brecha en la historia de género porque su análisis nunca se había aplicado a ésta, ni a la historia de México', adujo.

La entrevistada comentó que éste es un libro con los sellos del Bicentenario. Presenta un nuevo enfoque y un tema inédito que no repite las mismas historias heroicas de bronce, y advirtió que el contenido que el lector encontrará cabe en el marco de los festejos patrios.

jueves, enero 07, 2010

Historia de Mujeres...

Por: Isabel Soto Mayedo / RM
A América Latina llegó la cacería de brujas por oposición al auge liberal y humanista del Renacimiento. Los inquisidores priorizaron el exterminio de las que se atrevieron a ayudar a sus congéneres a interrumpir embarazos, evitarlos, o mitigar dolores asociados al parto o a la estigmatizada menstruación, rememora la periodista española Rosa Montero, autora de Historias de mujeres, obra fundacional en la corriente orientada a recuperar la herencia femenina obviada.

Detrás de cada mujer hay una historia digna de contar: “de la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos -toda la atropellada ruta de nuestras vidas- deberían pavimentar de flores para celebrarnos”.

Tal criterio -transformado en verso por la poetisa nicaragüense Gioconda Belli y compartido cada vez por mayor cantidad de personas en el mundo- anima desde hace algunas décadas el rescate de trayectorias femeninas ignoradas a lo largo de siglos.

Siglos acumula el afán de diferenciar a ambos sexos en relación con jerarquías y funciones. De un extremo a otro del planeta, las mujeres casi siempre llevaron la peor parte y fueron miradas como ciudadanas de segunda clase.

Mientras que una mujer, la Pachamama o Madre Tierra, da de comer, de beber y guarece a sus hijos en las antiguas culturas suramericanas de los Andes, el legado occidental insiste en el papel de las hembras de segundonas y en su supuesta predisposición para la perversión. Seres intrigantes por naturaleza, débiles, poco juiciosos, expedidores de todo tipo de males, protagonizan miles de leyendas transmitidas de unas generaciones a otras.

La mala suerte de ser colonizada redundó en que muchos de esos relatos corrieran por Latinoamérica, se fusionaran o mezclaran con los autóctonos -al estilo de lo ocurrido con la música, las artes, la filosofía, la religión y otras- y proliferaran personajes maléficos con rostro de mujer como la centroamericana Cegua, Segua o Tzegua.


De modo similar, a esta parte del mundo llegó la cacería de brujas por oposición al auge liberal y humanista del Renacimiento. Los inquisidores priorizaron el exterminio de las que se atrevieron a ayudar a sus congéneres a interrumpir embarazos, evitarlos, o mitigar dolores asociados al parto o a la estigmatizada menstruación, rememora la periodista española Rosa Montero, autora de Historias de mujeres, obra fundacional en la corriente orientada a recuperar la herencia femenina obviada.

La habilidad de controlar sus vidas y aplicar los conocimientos adquiridos les estaba negada a las mujeres, condenadas a supeditarse al predominio del macho por un edicto supra terrenal nunca demostrado. “Se admite generalmente que en la mujer los poderes de la intuición, la percepción y quizás la imitación son más señalados que en el hombre, pero algunas de estas facultades, al menos, son características de las razas inferiores, y por consiguiente, de un estado de civilización pasado y menos desarrollado”, afirmó Carlos Darwin, citado por la periodista en su libro.

En sintonía con los postulados del sabio, el recuerdo que tenemos de las mujeres muchas veces está teñido por los valores sexistas: Mesalina, esposa del emperador romano Claudio I, devino arquetipo de ninfómana e infiel.

La emperatriz rusa Catalina la Grande es reconocida por sus varios amantes y por ser “de armas tomar”. Pocos abundan en que sus contemporáneos hombres hicieron mayor gala de la promiscuidad. Menos, en que -a diferencia de muchos reyes y emperadores- mantuvo a sus concubinos lejos del terreno profesional y nunca se dejó influir políticamente por ellos.

Catalina realizó el primer compendio legislativo, modernizó la administración estatal, creó obras teatrales, fundó un periódico, luchó contra lituanos y turcos, anuló la autonomía de Ucrania y protegió las artes y las letras. De eso, poco se comenta.

“Fuera del convento y de la vida fácil sólo ha existido para las mujeres otra gran vía de escape de la tutela masculina, y ésa ha sido la viudez. Sobre todo en lo relativo a las responsabilidades de mando: detrás de la casi totalidad de las mujeres que han alcanzado el poder antes del siglo XX hay un marido muerto”. Muchas de ellas enfrentaron enturbiados ambientes tras el fallecimiento de sus consortes o padres y sortearon enormes obstáculos hasta erigirse como gobernantes de gran talla.

Científicos probaron que muchos de los textos anónimos de la literatura universal salieron en su mayoría de plumas manejadas por manos femeninas, en tanto otros fueron difundidos bajo seudónimos masculinos para burlar la censura o atribuidos a esposos o parientes varones.

“Las obras de las mujeres siempre han tendido a extraviarse y a olvidarse; perdido está, por ejemplo, el poema épico La guerra de Troya, de la griega Helena, en quien se inspiró Homero para hacer la Ilíada”, asegura Montero y secunda los cuestionamientos a la intriga que rodea a la hermana imaginaria, ambiciosa, y llena de talento de Shakespeare.

Cuanto más nos sumergimos en el mar remoto de lo femenino, más mujeres grandiosas e interesantes aparecen. “Las aguas del olvido están llenas de náufragas y basta con embarcarse para empezar a verlas”, insta la autora de Historias de mujeres. “Siempre ha habido mujeres capaces de sobreponerse a las más penosas circunstancias; mujeres creadoras, guerreras, aventureras, políticas, científicas, que han tenido la habilidad y el coraje de escaparse, quién sabe cómo, de destinos tan estrechos como una tumba”.

Estas “fueron pocas, claro está, en comparación con la gran masa de hembras anónimas y sometidas a los límites que el mundo les impuso; pero fueron…muchísimas más que las que hoy conocemos y recordamos”.

Opinión compartida por seguidores del tema es que los actos y obras de las féminas raramente trascendieron su época porque, por lo general, fueron hombres los historiadores, enciclopedistas, académicos, los encargados de custodiar y preservar la memoria pública u oficial. “¡Qué poco es un solo día, hermanas, qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!”…¿será que nunca acabará el desafío para nuestro sexo? ¿Cuesta tanto comprender que hombres y mujeres somos ramas del mismo árbol?

La población femenina vivió por mucho tiempo en una suerte de clandestinidad, pero sobran razones para revertir tal estado de cosas. Razones por las cuales –parafraseando a la Belli- también me levanto orgullosa todas las mañanas y bendigo mi sexo.

Fuente: Cubanow

Mujeres que caminan...

Por: Maité Campillo /Kaos en la Red
Piensa en mí como en vos (desde donde tu conciencia permita), cuando el camino sea el mismo de Bolívar, Martí, Hatuey, Che, Villa, Zapata, M. Hernández, Lorca, Machado, Roque Dalton, Sandino, la mismísima Inés/ Inesita, Maravillas, o de la mutilada dinamitera Rosario.

Piensa en mí. No sientas soledad alguna para compartir sentimiento por los caminos abiertos. Sensibilidad hacia las Trece Rosas, y por las cientos más niñas y adultas que murieron bajo las mismas ordas.

Por esos hombres y mujeres que desde lo más hondo de su ser, desde los más variados campos de la cultura, ciencia (desde lo político e ideológico), abrieron caminos nuevos en la senda de la dignidad histórica.

Cuando te diga: (¡no te detengas!) que hay primaveras para soñar en amor y otoños que renuevan la sangre espesa. Camina, ríe, salta, haz un canto a tu vida ¡A la vida, haz el amor con ella!

Cuando te duermas, piensa en mí (y en mil, un millón y más por el mundo) recuerda, cuando afirmo que no es fácil secar la sabia inagotable que ennoblece al pintor, cuando impregna nobles trazos sobre lienzo, al método del educador, escritor, actor, obrero, campesino... Cuando más allá de sí, izan bandera de causas perdidas para todos juntos avanzar sembrando nuevas cosechas de flores frescas.


Cuando afirmo que les será estéril a quienes intenten limar el tronco húmedo de raíces fundidas en brazos de madre patria. Somos sus ramas compañera, ramas de vida, para la vida, nunca para la muerte. No lo olvides, no te sientas indefensa. Unidas como árbol de profundas raíces que se alimenta de jornadas de historia, entroncado en sudor, revolcando en sudor; haciendo brotar de nuestras frentes esa amistad que germina la dignidad y hace a los humildes libres. Ramas abrazadas a la tierra, mar, aire, sol. Ese fuego eterno, esa llamarada que alumbra el dolor colectivo y también su alegría; hace de nuestros labios un jardín cada primavera. Semillas de esperanza, siempre vivas.

Créeme, habla una mujer. Cuando te diga que la memoria sigue truncada, que la historia escrita no es pura como el tañir de campanas cuando alarmada por brazos suplicantes temerosos de la propagación del fuego en los bosques, aldeas, casas, las hacían danzar a la desesperada. La lucha por la dignidad, el deseo irreductible de libertad y la necesidad de mantener despierta la conciencia de valores como gente, son materia por la que merece la pena pelear.

Cree, cuando te digan que no hay un mes del año que no esté lleno de días memorables de mártires, hechos y fechas gloriosas. Que las ramas del árbol de la ciencia, como la vida, hemos de saber transmitir al aire, a las llamas del fuego y a las generaciones de fueguítos nuevos.

Cuando recuerdo y leo a Federico (Lorca)... Su literatura dramática, sus sentimientos sobre el retrato que hizo a Silverio Francinetti. (No puedo dejar de recordar todos los hermanos que se nos fueron de las manos. Sus gritos fueron terribles...)“Los viejos dicen que se erizaban los cabellos, y se abría el azogue de los espejos. Pasaba por los tonos sin romperlos. Y fue un creador y un jardinero. Un creador de glorietas para el silencio. Ahora su melodía duerme con los ecos. Definitiva y pura. ¡con los últimos ecos!”

Quiero recordar en el sentimiento de la dignidad frente a la opresión (“hoy día de Reyes”), a todas las mujeres violadas en las mazmorras franquistas, a los cientos y cientos... de niños desaparecidos durante y después de la guerra civil. A tod@s los que fueron arrancados de los brazos de sus madres encarceladas, represaliadas, a todos los que robaban cuando estaban pariendo y nunca más volvieron a ver, a conocer el color de sus ojos... ¿Dónde están?, preguntan nuestros padres, abuelos, hermanos, preguntamos dónde están; en qué casa, palacio, chalet, escondidos bajo qué apellidos, quién les bautizó, formalizó su “adopción”, bendijo, entregó bajo qué permiso, en que ley se fundamenta la “constitución democrática” que sigue sin levantar acta, juzgar a los culpables, otorgando, perpetuando el derecho sobre niños robados “desaparecidos”, fusilando a los padres en unos casos, dejando morir en las cárceles a las madres de muchos de esos niños.

Así mismo a todos los muertos a consecuencia de torturas y asesinatos, abandonados en celdas de castigo pudriéndose entre sus propias heces. A todos ellos, herman@s que cumplen año tras año la madurez de la muerte (la llegada de un nuevo año) y que en común tenía la sonrisa en los labios, el amor, la amistad, la solidaridad. También quiero recordar a todas las mujeres asesinadas por maridos o novios, denunciar sus aberrantes crímenes... Ambas muertes (mujeres asesinadas por sus cónyuges y mártires del fascismo) tienen mismas connotaciones, mismo brazo de gatillo, mismo concepto ideológico, mismos maestros, mismo ambiente enrarecido, créeme.

Créeme cuando te digo, que a los fusilados del 27 de Septiembre de 1975, los condenaron a muerte Aniquilándolos de derechos, dejándolos sin defensa ¡¡Qué impotencia, amargura y rebeldía pudieron sentir al ser tratados como animales en cotos privados de veda!! Ni tan siquiera permitieron la posibilidad “cristiana del arrepentimiento”, ni les ofrecieron el perdón de sus pecados, ni ofrecieron la vida eterna al lado de sus padres, hermanos, abuelos, compañer@s.

Como ejemplo a no olvidar te diré, que a los abogados les expulsaron como sarnosos de la sala privándoles de su condición de defensa, humillándolos, despersonalizándolos.

Siente, desde esa mujer que soy, y lees entre líneas el eco, esa necesidad imperiosa del rescate de la dignidad. Ese créeme, como si tres veces llamaran a tu puerta en señal de socorro. Cuando te diga que los pulmones de una parte de la selva humana, se encharcaron de sangre, impotencia, rechazo, llanto.

Aquella madrugada trajo presagios de sombras, truncaron la tarde y los fusilados durmieron con todos nosotros (nacidos y por nacer) su muerte. Aún no despertaron, siguen deambulando por alguna parte, esperan como sus familiares ser rehabilitados.

Créeme, hubo un suspense en el vientre de las mujeres que se mecían en la selva de los árboles y pinos jóvenes, en la brisa de aquella mañana en la línea de fuego del verdugo. Y que cuando llegó la primera descarga, aquella experpéntica madrugada del 27 de Septiembre “no cayeron osos rusos” sino jóvenes atrapados con redes metálicas en forma de cañones. El silencio roto. Sobre él, la segunda descarga, el crujir de sus cuerpos, el grito de sus familias y amigos buscándoles. Y de nuevo el silencio como puñal de acero. La palabra, la persona, el derecho ya todo muerto, ya todo río. Ya todo huesos...

Veinte minutos, solo veinte minutos, mientras vacían el baso de sangre.

La nueva descarga surge más enérgica, más contundente; los verdugos empiezan a saciar su sed, la saborean entre risas de desprecio.
Nueva descarga y otras dos más. Los piquetes: de la armada y guardia civil dispararon a la orden de ¡fuego! De frente, unos muchachos entorno a los veinte años, esposados, con los ojos abiertos, mirándolos.

No dejaron presenciarlo a nadie, los familiares buscaron los cadáveres (entre bromas y risas por parte de los verdugos). Los encontraron en una caseta de piedra acribillados a balazos en Hoyo de Manzanares donde se efectuaron las ejecuciones. Dos hermanos más fueron fusilados, dispersados. Hasta en la muerte. Fuera de ahí, todo lucha. Un puño de lucha, un mundo en lucha contra un régimen misericordiosamente descompuesto. Después de las ejecuciones, siguieron más asesinatos de ambos sexos.

El 1 de Octubre de 1975: Franco y ( el posterior Rey) Juan Carlos presiden la concentración de adhesión al régimen en la Plaza de Oriente, cuatro días después de los fusilamientos del 27 de Septiembre.
Otoño de 1968:

Conversaciones en Madrid entre el gobierno franquista y los financieros de la “Business Association” con vistas a la sucesión de Franco. Donde sale preparada la maniobra de restauración monárquica de Juan Carlos “como Rey de España”.

Noviembre de 1973:
Huelga de hambre de “Los Sacerdotes Presos” en la cárcel de Zaragoza.
Por todo y más, desde donde tu conciencia lo permita. Pero, créeme, cuando te digo que los policías en un tiempo, circulaban en bata por los hospitales a la captura de personal sanitario “peligroso”. Que los trabajadores sanitarios caminaban como con clavos bajo sus plantas por los pasillos. Ellos, con libertad absoluta de movimiento.

Piensa que existo (que soy una de esas mujeres que caminan en el desierto como en las montañas), cuando te digo que salían de las comisarías hechos jirones... ¡Hubo sumarios que “acusaron de manifestación”! Un delito alto terrorista por el que te podías pudrir entre celdas, torturas, violación física. Otros fueron acusados de revolucionarios, y los formaron consejo de guerra. Y es que dignidad y fascismo nunca se llevaron bien.

Así fueron llenando las mazmorras, deteniendo a diestro y siniestro. Entreteniéndose al pasatiempo del perfeccionamiento de la tortura y tiro en la nuca. Jugando con hombres y mujeres como tú, como yo, como si de peonzas se trataran. El disfrute a descubrirse como el más sanguinario (era para ellos una aventura estimulante de gran valor humano, que hoy en la democracia poco o nada a cambiado), ejemplo de patriotismo que les permitiría saborear el gusto por el rostro de los demás. Tener mejor puntería y maña represiva abría puertas en palacio. Ellos nunca fueron, han sido, terroristas.

Actores, profesores, médicos de ambos sexos, enfermer@s, además de jóvenes estudiantes y obreros, jornaleros, técnicos y otras capas sociales, cientos de ellos. Fueron sometidos a brutales torturas en la DGS, en las que, junto a la Brigada Política, participaban elementos nocivos llamados guerrilleros de Cristo Rey con libertad absoluta de movimiento.

Apenas unos meses después, de los fusilamientos, se encharcaron de nuevo las calles de sangre obrera. Marzo goteó lágrimas rojas salpicando de nuevo la esperanza que enarbolaban cientos de miles de gente.

Créeme cuando te digo en este justo momento (“entre la inocencia de la llegada de los Reyes Magos de Oriente siglo XXI” ?) que quieren despuntar nuevos amaneceres; que Franco resucita cada noche. Que su imagen sangrienta sigue triunfando en las calles de la democracia, casas. A través de emblemas, bustos, y otros alardes. Que su espíritu decrépito, sigue paseando por los pasillos de las instituciones, en ocasiones exhibiéndolo como abanico de descarga temporal, como guía puntual, brújula, camino, signo de alternativas globalizadas de poder con compromisos afines, postrados todos a la diestra del padre y del hijo heredero del trono sangriento de paisan@s. Cientos de zanjas, aún silenciadas, cubriendo La Sal de la Tierra sus cuerpos ¿Por Quién Doblan Las Campanas...?

Créeme cuando te diga que tuve un hermano, al que no conocí. Que reventaron haciéndolo tomar como si de agua se tratara, un cóctel de nombre “molotov”.
Que tan solo tenía 28 años, y que desde los 11 años trabajaba de sol a sol como bracero.

Me enteré que había nacido en Tajar, de una bellísima provincia de Andalucía, Granada. Y que era hijo de braceros del campo como él, paisanos. Su nombre era Cipriano.

Ni sus padres, hermanos, abuelos, abogados. Absolutamente nadie tuvo permiso para ver su cadáver.

Enterrado en secreto, en el cementerio de Reus/Barcelona (a cientos de kilómetros de Tajar) donde trabajaba como emigrante en la construcción. Su muerte no se publicó en ningún periódico español.

Días después, Le Monde da la noticia, más tarde, sería otro periódico francés, Liberatión.

El escritor Miguel Buñuel, escribió en 1.978 un relato sobre Cipriano, titulado “El Desaparecido” .
A lo que reste de familia, a todas las familias, mi admiración y enamorado recuerdo. Mis condolencias, porque nunca es tarde reconocer, memorar, testimoniar. Sentir con las familiares, compartir con ellos tantas decenas de años aún vigentes.

A Cipriano Martos, lo mataron un 17, también de Septiembre.
Pero aquél Septiembre estaba llamado a prolongarse por tiempo y espacio y abastecer de por vida el negro oscuro del dolor por nuestros hermanos del pueblo. Pasando a ser un mes emblemático por trágico. Detuvieron a S. Puig Antich... A partir de su detención acerca de un atentado , los militares prepararon un consejo de guerra que le conduciría a Salvador al estrangulamiento por Garrote Vil, apenas tres meses de su detención.

Un nuevo joven, uno entre tantos que no voy a poder nombrar en lo que apenas llega a ser un suspiro (un suspiríto) de respeto y dignidad hacia ellos, victimas, mártires del fascismo (la guerra que un día oímos hablar a nuestros padres o abuelos, continuaba). Una raíz más arrancada a la familia, al pueblo, con el que se identificaba como tantos muchachos. Lo ejecutaron con 26 años.

Cree en la mujer que soy, cuando te digo, que todos estos muertos nunca me dejaron indiferente. Que aún me acompañan en cada paso, golpe de voz, acto de amor. Que me duele esa sangre vertida tanto como me duele la apatía.
Es arto difícil olvidar la imagen de las miles de charcas de sangre y cunetas atestadas de cadáveres sin calor de nadie...

Ver, sentir, a sus familiares buscarles sin consuelo...

¡Exijamos su rehabilitación! La rehabilitación de miles y miles de muertos, desaparecidos. Abramos sentencia pública, seamos portavoces de sus venas abiertas sobre la tierra.

El golpísmo que encarnó un estilo propio militar-franquista, sigue siendo el eje del mal. Su origen tiene nombre, fascismo.

4 de Noviembre, 1950:
Por iniciativa y bajo las presiones de los Estados Unidos, la O.N.U. Anula sus resoluciones contra la dictadura franquista.

Créeme, cuando aseguro sentir más delincuencia expansiva desde los imperios de los poderes fácticos, que compañer@s por los senderos luminosos de la razón y la conciencia. No olvidemos que ésta nunca sobra en ninguna coyuntura. Que en otro tiempo no lejano, hervía sin desmayo noche y día por las calles y plazas, luchando como forma de vida, siempre en alguna parte, golpeando es eje del mal, patrón de tantas calamidades.

Un combate abierto por la existencia del ser, por la vida que laurea las frentes. Con sus cantos, danza, literatura, alegría;formando una coreografía de dignidad urgente para con la lucha de los pueblos de nuestra gente que querían crecer, hacerse gigantes. Era la razón del ser por el derecho a ello, impulsando su hueco en la historia. El derecho de la dignidad castrada que afloraba como termómetro ecológico. Bajo los rayos ardientes del sol nacían mujeres y hombres. La dignidad en luz, muralla su resistencia ¡Abramos la muralla, expandamos la muralla!

¿Dónde está esa fuente inagotable ese impulso entre lucha y alegría que dignificaba la frente como gente?

Si la razón es un bien preciado, si la verdad es conciencia.

¿Cómo puede haber vida sin dignidad?

Y si en la vida no puede haber nada sin dignidad:

¿Por qué tanta célula muerta, tanto ciego que ve, tanto mudo que puede hablar?

Lo fácil que es aprender a mugir en cuanto se renuncia a pensar...


*Maité Campillo es actriz

viernes, diciembre 11, 2009

Las mujeres y la política a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX en Venezuela...

Por: Magdalena Valdivieso
En el trabajo se trata el tema de la participación política de las mujeres en el período de la independencia de Venezuela, para ello se describe a grandes rasgos, la vida de las mujeres a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX y se aportan elementos que evidencian su participación en todos los espacios sociales. Se presentan algunos escritos en los que mujeres de la época expresaron sus opiniones y se refirieron a los acontecimientos políticos. Se presentan también documentos en los cuales los protagonistas más destacados de la lucha por la Independencia reconocen el aporte de las mujeres al proceso. Se concluye que a pesar de los roles cumplidos por las mujeres en los acontecimientos que dieron origen a la Venezuela independiente, al igual que sucedió en otras latitudes, éstas no fueron reconocidas como sujetas políticas en el nuevo orden republicano.

Por mucho tiempo se ha sostenido que las mujeres estuvieron ausentes de la actividad política en Venezuela, hasta bien entrado el siglo XX, cuando empiezan a tener una presencia marginal y esporádica; es decir que la separación entre espacio público y espacio privado con todas las consecuencias y connotaciones de este modo de ordenar la vida social, ha operado con la eficacia necesaria para mantener al hombre como natural protagonista de los acontecimientos públicos y por tanto de la historia. De hecho, hasta hace pocos años, las actuaciones de las mujeres no han sido de interés para la historiografía, salvo las de algunas con “cualidades extraordinarias” que han permitido ubicarlas en el espacio reservado a las heroínas. Sin embargo, en la medida que avanza la investigación histórica con enfoque de género y se recurre a nuevas fuentes o se reutilizan las anteriores con otros propósitos, se van encontrando elementos que permiten evidenciar que las mujeres no han estado recluidas en el espacio doméstico, que no se dedicaron exclusivamente a las labores de reproducción, por demás imprescindibles para la conservación de las sociedades, pero que justificaría, desde el punto de vista de la teoría política tradicional, su exclusión del ámbito público. Por el contrario, con renovadas perspectivas de estudio, se evidencia la presencia de las mujeres en el ámbito público y realizando acciones “trascendentes”, es decir, actuando como “sujetas políticas”.

En el presente artículo se estudia la participación de las mujeres en los acontecimientos que dieron origen a la Venezuela independiente; en otro que se publicará más adelante, analizamos el pensamiento político de los “Ilustrados criollos” que sustentó a la Primera República y que explica las razones y mecanismos ideológicos que operaron, para que se establecieran las bases sobre las cuales se ha sostenido la exclusión de las mujeres de la política en Venezuela.

lunes, mayo 11, 2009

Lilith, la historia que no nos contaron

Por: Mercedes Buetto/Lápiz Rebelde
Lilith fue la primera mujer que reclamó un lugar de igualdad con el hombre en la obra de Dios. Génesis 1 27: "Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; lo creó a la imagen de Dios, los creó varón y mujer (...) Y los bendijo, (…)".

El varón se llamó Adán y la mujer Lilith (según consta en la literatura hebrea). Lilith, la primera esposa de Adán estaba hecha con "arcilla del suelo", igual que él.


Era hermosa, vital, inquieta, inquisitiva… libre… y no disimulaba su risa cuando Adán, todavía un novato en esto de estar en el Paraíso, se equivocaba. La mirada divertida y burlona de Lilith lo desconcertaba. ¿Cómo se podía reir de él, que estaba hecho a imagen y semejanza de Dios y Dios era perfecto y todo lo hacía bien?

Los primeros tiempos, Adán estaba entusiasmado con esta mujer, que representaba todo un desafío. Pero después se cansó de tener que reflexionar con ella, negociar y llegar a acuerdos en los que en ocasiones, según él, "salía perdiendo"… además ella no quería estar siempre "abajo", sabía lo que quería y pedía lo que tenía ganas. Era muy demandante.

Fue por esa época que él se tomó muy en serio lo de "dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven en la tierra", y comenzó a dar órdenes que Lilith prolijamente no cumplía. Desalentado visitaba a Dios y le contaba sus tribulaciones. El Creador, cansado de tantos lamentos, habló con Lilith:

"Adán es un buen muchacho, mirá que paciencia que te tiene, ¿dónde vas a encontrar otro? Mejor hazle caso."

¿Hacerle caso? ¿Subordinarse a ese "buen muchacho" incapaz de entender que eran diferentes, pero que eso no significaba ser mejor o peor, reacio a aceptar una convivencia sin jerarquías, en un plano de igualdad? No, decididamente NO. Habían sido creados el mismo día y de la misma manera, por lo tanto tenían los mismos derechos, argumentó y se fue a nadar despreocupada en la cascada, exhalando a su paso un aroma a hierbas y musgo que hizo suspirar al creador. Indudablemente la "rebeldía" tenía su encanto.

Un día, cansada de los lloriqueos de Adán y de las presiones de Dios, decidió que el Paraíso no tenía nada de maravilloso y se fue. Así de simple, sin sentir una pizca de remordimiento o de culpa. El pecado todavía no existía. Cuentan que le dejó todo a Adán, no se llevó ni una hoja de parra. Su desnudez la hacía sentir hermosa y fuerte.

Dios respiró aliviado creyendo que habían acabado todos los problemas, pero no. Adán estaba insoportable: a pesar de toda su cacareada autosuficiencia, la soledad le pesaba. Ya nadie aplaudía lo que hacía, ni le daba las gracias, ni… Ni las sumisas ovejas, ni las juguetonas cabras podían compararse con Lilith. ¡Realmente cómo se habían divertido!

La tristeza de Adán conmovió al Creador… además, quería sacarselo de encima; había que reconocer que, sin una mujer, se ponía muy fastidioso. Entonces, decidió darle una compañera menos "independiente".

Génesis 1 18. Después dijo el Señor Dios: "No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". (…), con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. 23. El hombre exclamó: ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre".

Lo que sigue es historia conocida.