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miércoles, abril 06, 2011

Género y cambio climático

Elsa Ivette Jiménez* / Mujer Sonora
Segunda de dos partes
El Cambio Climático (C.C.) contribuye a incrementar las desigualdades existentes, entre ellas las de género. Al analizar por separado los efectos del C.C. para hombres y para mujeres, emerge la presencia de una mayor vulnerabilidad de éstas, así como la necesidad de reconocerlas como actoras estratégicas en la elaboración de políticas y prácticas orientadas a mitigar sus efectos y adaptarse a ellos.

Los efectos del C.C son perniciosos y tienen implicaciones en la vida social, ambiental y económica. Algunos expertos advierten sobre un posible colapso de los niveles actuales de producción y de consumo a medida que el cambio climático conduzca a tener menos comida, agua limpia y a aumentar las enfermedades en condiciones climáticas extremas (PNUD, 2011).

Aquí, se hace necesario analizar la forma en la que estas situaciones afectan de manera específica a las mujeres, debido a las construcciones culturales, sociales y políticas que determinan un menor acceso de éstas a los recursos, además de su confinamiento a ciertos ámbitos y roles que, en conjunto, implican mayores cargas de trabajo, el incremento de disparidades de toda índole frente a los varones e, incluso, una mayor amenaza a su bienestar físico y a su supervivencia.



Puede parecer exagerada la afirmación anterior, pero al revisar la situación que enfrentan mujeres en todo el mundo, se encuentra que son éstas quienes conforman el 70 por ciento de la población en situación de pobreza, lo que amplía su vulnerabilidad. Al revisar la situación de las mujeres en los hogares rurales y urbanos marginales, se aprecia que son ellas las encargadas de gestionar el recurso del agua y leña para los hogares, por lo que los cambios para acceder a estos bienes impactan sus vidas y horarios. Lo mismo sucede en cuanto a los recursos alimentarios. También sucede que quienes habitan en viviendas ubicadas en lugares de alto riesgo son madres solteras o mujeres casadas que pasan ahí la mayor parte del día y corren más peligro ante una catástrofe.

Son también mujeres quienes enfrentan mayores amenazas de perecer debido a ciclones o inundaciones, pues tienen menor acceso a medios de información, ya sea porque están escritos y ellas tienen menores índices de escolaridad, porque se encuentran segregadas de los espacios en donde se proporcionan alarmas, porque no saben nadar, o porque la ropa y calzado que usan dificultan el movimiento. Todos estos son factores de origen eminentemente cultural. Por otro lado, en situaciones de emergencia corren el riesgo de sufrir violencia física y sexual en albergues o durante desplazamientos. Situación que se presenta también en condiciones de conflicto, las cuales se prevé que aumentarán debido a la escasez de recursos naturales.

Pese circunstancias de riesgo que enfrentan las mujeres y que deben ser consideradas, estudiadas y convertidas en políticas públicas para su protección, el papel del sexo femenino frente al cambio climático, no es sólo de víctima, sino también de agente potencial en la elaboración de estrategias para hacer frente al C.C.

Esto es porque las mujeres poseen conocimientos y destrezas invaluables en la elaboración y ejecución de estrategias para la adaptación y mitigación del C.C. Ello, derivado de su posición actual como educadoras, gestoras de recursos naturales, al interior de sus hogares, y en su calidad de cultivadoras de vínculos y redes sociales.

Más aún, la inclusión de la visión de mujeres en la elaboración de políticas y programas orientados a enfrentar a los efectos del C.C. emerge como una situación de justicia social, donde esta “otra” mitad de la población humana debe tener acceso a la información, medios, tecnología y poder para gestionar el desarrollo y mejorar con ello el futuro de la humanidad.

*Asistente de investigación del Centro de Estudios del Desarrollo de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: ejimenez@colson.edu.mx

martes, diciembre 14, 2010

Ana Filippini: “El cambio climático afecta más a la mujer”

Por: Mónica Oblitas / Los Tiempos
El cambio climático es un fenómeno que afecta al mundo entero, pero sin duda es más evidente y fatal sobre las poblaciones vulnerables. Entre éstas se destacan las mujeres, quienes llevan sobre sus hombros, la mayoría de las veces, la responsabilidad de alimentar a su familia.

Ana Filippini, uruguaya, miembro del Movimiento Mundial por los Bosques y punto focal para Latinoamérica de la Red Género y Cambio Climático: Mujeres por la Justicia Climática, es una de las activistas que más se mueven dentro de las cumbres sobre el cambio climático que anualmente realizan las Naciones Unidas en distintos países del mundo. Esta vez le tocó a México, donde se desarrolló la Conferencia Mundial de Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP16). En esta reunión, como en las anteriores, el papel de la mujer y las consecuencias que este segmento de la población sufre por el cambio climático no fue tomado lo suficientemente en serio como para generar cambios sustanciales, pero Filippini considera que, al igual que otras luchas, ésta es una que debe hacerse paso a paso con el empuje de saber que millones de mujeres en el mundo esperan los resultados.

¡OH!: ¿Por qué afirma que el cambio climático y sus consecuencias afectan más a las mujeres?
Entre los desastres climáticos más importantes que se están dando en el mundo, los eventos climáticos severos, las inundaciones, sequías, los deslaves, etc., quienes más están sufriendo las causas son las mujeres. Hay una diferenciación de género desfavorable para las mujeres en todos estos eventos. Te doy algunos ejemplos: han sido las mujeres las que han quedado atrapadas en los tsunamis porque estaban en los lugares más recónditos; han sido las mujeres las que más se han ahogado en las inundaciones en Indonesia porque las diferencias culturales hacen que pocas de ellas aprendan a nadar; son las mujeres las que en áreas rurales, por la responsabilidad directa que tienen sobre la preparación de los alimentos, el cuidado de los animales, etc., tienen que sufrir más por la búsqueda del agua, por ejemplo, en el caso boliviano de las sequías.


¡OH!: Y en este caso, ¿no se han adoptado medidas que favorezcan a las mujeres en estas reuniones cumbre de negociadores?

Al contrario. Durante todos estos años, en la Convención de Cambio Climático se han venido implementando medidas que directamente están perjudicando a las mujeres, por ejemplo cuando se establece el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y la posibilidad de que se agrande el área de plantaciones para que estas sirvan como sumideros de carbono, se están perjudicando directamente áreas donde las mujeres tienen un rol muy importante. Esto sucede por ejemplo con las áreas agrandadas para los biocombustibles en las diferentes partes del mundo, donde se están financiando los monocultivos, lo que causa problemas para las comunidades más pobres en general, pero particularmente para las mujeres. Estos modelos de monocultivo a gran escala están perjudicando las bases de la soberanía alimentaria, de la que mayormente son responsables las mujeres.

¡OH!: ¿Qué sucede con las mujeres y con lo que Usted refiere como soberanía alimentaria?

En muchas comunidades, la tierra es utilizada directamente para el sembrar el alimento de la gente. Nosotros, en el Movimiento Mundial por los Bosques, hicimos un trabajo publicado sobre cómo las plantaciones de palma están afectando a las comunidades de Papúa y Nigeria, que se hacen sobre tierras comunitarias, tierras que son utilizadas para cultivos de estas comunidades.

Generalmente las decisiones de qué se va a plantar son de los hombres, que hacen acuerdos con los promotores de estos monocultivos, y son las mujeres las que sufren las consecuencias.

¡OH!: ¿Y qué pasa respecto a la propiedad de la tierra? ¿El ser dueñas de su tierra puede ayudar a las mujeres a que esto cambie?

El tema de la tierra y que ésta no sea de propiedad de las mujeres no sería el problema más grave si el Estado les pudiera asegurar la tenencia de esa tierra. Lo que les asegura la tenencia de la tierra no es que sean dueñas o no, sino que se les asegure la permanencia en esa tierra. Muchas veces se entiende que la permanencia en la tierra tiene que ver con los certificados de propiedad de la tierra y justamente lo que pasa es todo lo contrario. Hay muchas organizaciones que están promoviendo que se les dé certificados de propiedad de la tierra de manera individual a las comunidades indígenas, pero ésta es la forma más fácil de que ellos pierdan sus tierras porque viene una compañía grande que, al ver que ya tienen el certificado de propiedad, les ofrece dinero, el mismo que los indígenas, en su pobreza, pocas veces pueden rechazar. Hasta el momento en el que los pueblos indígenas tienen la propiedad comunitaria de sus tierras, lo que debe garantizarles el Estado es su permanencia. La persona a la que se le compra la tierra generalmente emigra a la ciudad y termina engrosando los cordones urbanos de pobreza que se dan en las urbes. Es un proceso permanente que no empezó ahora, pero que se ve agravado por el cambio climático al haber dinero disponible para que las empresas puedan hacer estos negocios de mercado de carbono, de carbono neutral, etc. Ésos son negocios exclusivamente de las grandes empresas, que se plantean a estos niveles de negociación para solucionar los problemas que deberían estar en los países industrializados, las grandes trasnacionales, etc.

¡OH!: ¿Y las responsabilidades?

Hay una gran diferencia entre lo que deben cumplir los países desarrollados con lo que han emitido de gases efecto invernadero y las comunidades, por ejemplo. Hay quienes quieren dar el mensaje de que todos somos igualmente responsables de esta catástrofe, pero no todos somos igualmente responsables. No tiene la misma responsabilidad una señora que planta sus verduras en Bolivia que una empresa que hizo un desastre ambiental con un derrame de petróleo por ejemplo. Son cosas muy diferentes, desde todo punto de vista.

¡OH!: ¿Qué sucede con las mujeres indígenas?

Cuanto más bajamos en los niveles de pobreza, más estamos perjudicando a las mujeres y por supuesto a las mujeres pobres, que tienen mayores desventajas, y aun mayores las mujeres pobres e indígenas, y así sucesivamente. Las restricciones sociales que tienen las mujeres, y de ahí las más pobres, las indígenas, las de la tercera edad, etc., las hacen profundamente vulnerables.

¡OH!: Siendo esto tan evidente, ¿por qué no se han tomado medidas?

Hay una medida que los Gobiernos deberían haber tomado, y en cierta forma son las empresas las que tienen una gran influencia para que no se tome, que es la reducción del uso de los combustibles fósiles. Eso es algo que se debería poner sobre la mesa de una vez por todas. El mundo como está no puede seguir, el cambio climático se agrava, la pobreza se agrava, y hoy en día tenemos una conjunción de crisis que se profundizan unas a otras. Todo lo que está disponible en un Gobierno se pone en prioridad para salvar, por ejemplo, una industria como la automotriz en Alemania pero no se da la importancia que se debe al tema social. El elemento generador de que se hagan siempre las cosas mal es que hay una protección dada por parte de los Gobiernos hacia la ganancia, el mercado o la empresa, lo que tiene el poder de decidir y mandar, y eso es lo que se apoya.

¡OH!: ¿Qué observa en el caso boliviano?

En el caso de Bolivia es claro que hay un movimiento hacia un cambio, una consciencia distinta, pero este movimiento debe fortalecerse mucho más para poder llevarse a cabo y acá entra el papel fundamental de las mujeres. Hay que pasar de las palabras a los hechos, tomar decisiones con apoyo y conocimiento de las mujeres. Hoy en día el discurso del Gobierno boliviano es el de la protección a la Madre Tierra, pero eso todavía no se ve en los hechos.

¡OH!: ¿Cómo evalúa el avance de la lucha a favor de las mujeres?

Nuestra lucha va junto a otras muchas, no va separada. De la misma forma que esta Convención no considera a las personas comunes como sujetos que merecen toda la consideración, la lucha de las mujeres se une a la lucha de los pueblos indígenas, de los pobres, etc., y eso es un proceso largo y difícil en el que estamos inmersas. No puedo decirte que poner una mujer acá y otra allá solucione las cosas, es un proceso largo, donde el que se escuche la voz de las mujeres es fundamental.

miércoles, diciembre 08, 2010

Cumbre del Clima: Voces y manos femeninas se levantan en Cancún

Fuente: mujerpceepk
La hondureña Analucy Bengochea y otras mujeres de la etnia garífuna partieron de cero para enfrentar al demoledor huracán Mitch en 1998, en la costa atlántica de esa nación centroamericana.

“No estábamos preparadas para enfrentar ese desastre. Empezamos por formar comités de limpieza, y ahí empezamos a crecer. No teníamos acceso a proyectos o donaciones”, dijo a TerraViva la activista Bengochea, integrante del Comité de Emergencia Garífuna y coordinadora regional de Groots International, una red de grupos femeninos de base.

Doce años después de Mitch, las organizaciones de mujeres de la costa hondureña en el Atlántico son un modelo de esfuerzos para adaptarse a las consecuencias del cambio climático y ayudar a mitigarlo en esa zona que es escenario habitual de intensos ciclones tropicales.

Entre el 29 de octubre y el 3 de noviembre de 1998, Mitch golpeó Guatemala, Honduras y Nicaragua, mató a unas 11.000 personas y provocó daños económicos por unos 5.000 millones de dólares.


El Comité desarrolló un programa de vivienda solidaria, que ya ha permitido construir 300 casas, administra un banco de semillas nativas, para contar con material biológico en tiempos de desastre y ha asesorado a organizaciones similares en Indonesia, tras el tsunami de 2004, y en Haití y Chile, azotados por fuertes terremotos en enero y febrero de este año.

La agrupación hondureña está por comenzar un proyecto regional que involucra también a Guatemala e India en la disminución de riesgos por desastres con apoyo del Banco Mundial.

Con el apoyo de Groots, surgida en 1989, el Comité trabaja con unas 16.000 personas -75 por ciento mujeres– en 16 comunidades. Otro proyecto es la siembra de manglar para restaurar playas dañadas en dos comunidades.

Groots anunciará en Cancún una plataforma comunitaria para la prevención de desastres, a partir de la experiencia que han acumulado sus grupos en Honduras, Perú, Jamaica, Indonesia e India.

Es una de las muchas actividades paralelas a la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP16) que se celebra en Cancún, sudeste mexicano, desde el lunes 29 hasta el 10 de diciembre.

En el sureño estado de Chiapas, la Unión de Mujeres Indígenas de la Región de Simojovel, el Grupo de Mujeres de la Selva y las Mujeres Alternativas de la Sierra de Chiapas trabajan contra los impactos del cambio climático en una zona azotada en los últimos años por heladas inusitadas y precipitaciones copiosas.

La suerte de las chiapanecas está ligada a los meteoros. El estado, uno de los más empobrecidos de México, posee 72 municipios muy expuestos a derrumbes e inundaciones, y en octubre de 2005 pasó por allí el huracán Stan.

“Las mujeres siembran café, manejan sistemas de ahorro y crédito, centros de ecoturismo y albergues educativos para los jóvenes”, relató a TerraViva Teresa Cortés, consultora de Oxfam México, que capacita y financia a la Federación Indígena Ecologista de Chiapas, a la que pertenecen las tres organizaciones.

Por el daño de Stan y de los aludes de 2007, Oxfam ayudó a esos grupos a concebir un modelo de prevención y de gestión de riesgos climáticos. Ahora están en la etapa de trazar un mapa de esos riesgos.

La Federación aglutina a 18 organizaciones y a 3.500 pequeños caficultores organizados en cooperativas en 26 municipios. Éstas exportan café orgánico certificado a Holanda, Suiza y Alemania. Con unos 40.000 dólares entregados por Oxfam, los grupos de mujeres están renovando los cafetales.

En Sudáfrica las mujeres padecen las alteraciones climáticas más que los hombres, según la investigación “Género y cambio climático: un caso de estudio en Sudáfrica” (Gender and Climate Change: South Africa Case Study), efectuado por la académica Agnes Babugura para la fundación alemana Heinrich Böll.

Las mujeres trabajan más y por más horas, caminan largas distancias para proveerse de agua y han asumido más responsabilidad financiera para sostener los hogares.

“Hay una distribución inequitativa de roles y responsabilidades. Pero las mujeres están más informadas y son más innovadoras para sobrellevar los impactos del cambio climático”, dijo a IPS Babugura en Cancún.

El estudio se concentró en dos municipios, UMzinyathi y UMhlathuze, en la oriental provincia de Kwazulu Natal, habitada por más de nueve millones de personas, de las cuales más de cinco millones son pobres.

En la COP 16 las mujeres reclaman políticas de género consistentes en los acuerdos que se adopten y en la financiación. “Vamos a demandar que se destinen fondos comunitarios para desastres”, indicó Bengochea.

“Estamos rescatando la tradición participativa en las comunidades, estamos en el proceso de empoderar a las mujeres”, resaltó Cortés.


FUENTE:

http://mujerpceepknavarra.wordpress.com/2010/12/08/cumbre-del-clima-voces-y-manos-femeninas-se-levantan-en-cancun/

martes, septiembre 14, 2010

Campesinas Sudafricanas sufren cambio climàtico...

La falta de lluvias arruinó la temporada de siembra y la cosecha y disminuyó drásticamente los ingresos de las campesinas sudafricanas, señalaron Mary-Anne Zimri y Katrina Scheepers. La política que prepara el gobierno para paliar las consecuencias del cambio climático no parece contemplarlas.

"Nos golpeó por todos lados", señaló Zimri. Ella y Scheepers pertenecen a una cooperativa agrícola de Wuppertal, una pequeña aldea de la provincia de Cabo Occidental.

La cooperativa se especializa en el rooibos, con el que se preparan infusiones, pero también tienen verduras y ganado.

"Solemos comenzar a plantar rooibos en julio, pero este año fue muy seco", relató Zimri. Desde hace décadas dependen de las lluvias invernales para irrigar los cultivos. Pero ahora no alcanzan, añadió.

La cooperativa no tiene sistema de irrigación. Las agricultoras deben trasladar agua en baldes desde el río que está a varios kilómetros. Pero no alcanza para lograr una buena producción.



Además del rooibos, la falta de lluvias hizo que el alimento de los animales no creciera como se esperaba y las verduras son mucho más pequeñas que el año anterior. "No somos sólo nosotras. La mayoría de los campesinos de la zona perdieron sus cultivos porque está muy seco", apuntó Scheepers.

Las inusuales bajas temperaturas invernales hicieron que las heladas quemaran la cosecha de papas. "Nunca había pasado esto. No en los últimos 50 años", añadió.

Los campesinos de Wuppertal atraviesan una situación difícil porque están a 75 kilómetros de la tienda de comestibles más cercana. Siempre dependieron de sus cultivos para alimentarse. Pero ahora tienen que comprar hasta para los animales, lo que supone un gasto adicional.

Para la mayoría de los miembros de la cooperativa, quienes rentan un terreno a la iglesia local por una módica suma, la drástica disminución de las precipitaciones implica que deben conseguir trabajos en haciendas comerciales. Ese tipo de empleo suele ser mal pago, no es seguro y no les da ningún beneficio.

Zimri y Scheepers participaron en la mesa redonda "Mujeres y adaptación al cambio climático: énfasis en la seguridad alimentaria", organizada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Cabo Occidental el 18 de este mes.

Allí se informaron sobre estrategias de adaptación al cambio climático y se interiorizaron de la legislación vinculada al fenómeno.

"Los temas de cambio climático, pobreza, ambiente y género están inextricablemente vinculados", explicó Louise Naudé, de WWF Sudáfrica.

"El cambio climático afecta especialmente a las mujeres, así como la falta de alimentos y los desastres naturales. Hay que equilibrar las diferencias de género y disminuir la vulnerabilidad de ellas en el sector", explicó.

Numerosas investigaciones muestran que las mujeres más pobres suelen sufrir más los efectos del cambio climático porque tienen menos acceso a los recursos. Les cuesta más recolectar agua y conseguir leña para el fuego. Las niñas y adolescentes suelen tener que abandonar la escuela para ayudar en las labores domésticas.

Donde rige la tenencia tradicional de la tierra, las mujeres deben dejar de plantar cultivos de consumo doméstico para dejar lugar a las especies comerciales.

El gobierno, a través del Departamento de Asuntos Ambientales, crea una política nacional para atender los efectos del cambio climático, para lo cual consultó en mayo a varios especialistas y organizaciones de la sociedad civil.

El contenido del borrador es confidencial, pero según los especialistas consultados que recibieron una copia, no contiene las palabras "mujer" ni "género", pese que ellas constituyen la mayoría de los pequeños agricultores y son las más vulnerables a las consecuencias del cambio climático.

"Una política efectiva debe comenzar y terminar con la gente, pero el documento la ignora", señaló Dorah Lebelo, coordinadora de la organización Gender CC – Women for Climate Justice.

"Hay que urgir al gobierno a que elabore una política justa y sostenible. El Departamento de Asuntos Ambientales debe introducir una perspectiva de género en el documento", insistió.

"Muy pocos actores sociales fueron consultados en mayo, lo que no puede reemplazar entrevistas con las mujeres directamente concernidas por la situación", añadió Lebelo.

La especialista también cuestionó que la consulta fuera hecha por correo electrónico.

"El Departamento asume que todos saben leer y escribir. Así excluyó a 24 por ciento de los adultos sudafricanos perjudicados por el cambio climático, en especial las mujeres", remarcó.

La mayoría de las pequeñas productoras, que no tienen ni computadoras ni Internet, quedaron fuera del proceso.

Al parecer, el gobierno impulsará soluciones de adaptación al cambio climático de gran escala y concentradas en el mercado, como energía nuclear y transgénicos. Nada que beneficie a las mujeres.

"La prioridad parece estar en cambios tecnológicos, no en la vida cotidiana de las personas de a pie", indicó Lebelo.

"Hay que presionar al gobierno para que fomente la participación comunitaria, en especial de las mujeres, en los procesos de decisión, de planificación y en la gobernanza de asuntos vinculados al cambio climático", añadió.

"Necesitamos soluciones centradas en las personas en contextos específicos, que sean participativas y se basen sobre conocimientos locales", remarcó. "Por último, queremos crear circunstancias ambientales controladas por las mujeres para que no estén en situación de dependencia", añadió Lebelo.


Fuente: IPS

lunes, septiembre 13, 2010

El cambio climático también es una cuestión de género

IPS · Megan Iacobini de Fazio
Dos semanas antes de la cumbre para revisar la marcha hacia los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, crece la preocupación de que la igualdad de género está divorciada de los esfuerzos contra el cambio climático. Las mujeres son por lo general las más afectadas por el fenómeno, y desempeñan un papel clave para enfrentarlo.

Rebecca Pearl, consejera sobre cambio climático para Oxfam America, dijo a IPS que los Objetivos del Milenio “habitualmente son vistos en forma aislada y hay poca coincidencia en las vías de implementación para asegurar que las iniciativas ambientales incluyan un enfoque de género”. Muchas organizaciones y organismos científicos que trabajan contra el recalentamiento planetario todavía carecen de un enfoque de género en sus investigaciones e ignoran las diferentes formas en que hombres y mujeres pueden ser afectados por desastres naturales, añadió.

“Es importante seguir creando conciencia de que las respuestas deben atender las diversas responsabilidades y necesidades de hombres y mujeres”, sostuvo Pearl. “Un enfoque sensible al género es un requisito para el éxito de cualquier intervención en el clima, y muchos esfuerzos fracasan porque las mujeres quedan a un lado”. Aunque las mujeres son las más afectadas por los desastres naturales, debido a su dependencia del ambiente y a que están en una posición de desventaja en muchas sociedades, han mostrado más disposición a movilizar a las comunidades para responder a los desastres o adaptarse al recalentamiento planetario.


Sin embargo, varias organizaciones no gubernamentales (ONG) sí trabajan con este enfoque, y muchas colaboran con la Alianza Global sobre Género y Clima (GGCA, por sus siglas en inglés), lanzada durante la XIII Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en la isla indonesia de Bali en diciembre de 2007. La GGCA ahora incluye a 25 instituciones, tanto ONG como agencias de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

Pearl dijo a IPS que la alianza se fijó varias metas cuando fue creada. Una era establecer una política mundial sobre género y recalentamiento planetario a través de la Convención Marco de las Naciones sobre Cambio Climático (CMNUCC). “La CMNUCC es uno de los tres grandes acuerdos ambientales multilaterales que carecen de un fuerte enfoque de género”, indicó Pearl.

Los otros pactos multilaterales con poca o ninguna referencia a las cuestiones de género son la Convención sobre Diversidad Biológica y la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación. La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, legalmente vinculante, junto a varias resoluciones del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (Ecosoc) podría influenciar a la CMNUCC para tomar acciones, dijo Pearl a IPS.

Sin embargo, la CMNUCC ha ignorado hasta ahora esos mandatos, y prefiere utilizar el lenguaje mundialmente aceptado del Marco Hyogo para la Acción, referido a la reducción de riesgos de desastres. Un grupo de apoyo liderado por la Organización de Mujeres por el Ambiente y el Desarrollo y ENERGIA, red internacional sobre género y energía sostenible, ha trabajado para influir en la agenda del cambio climático.

Las dos organizaciones lograron hacer que los gobiernos incluyeran más de 30 referencias sobre género en el texto de la CMNUCC en 2009. La red “espera lograr una toma de conciencia sobre las dimensiones de género que tiene el cambio climático”. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), en colaboración con otras ONG y agencias de la ONU, por ejemplo, creó el primer manual de capacitación sobre el tema.

El compendio contiene una gran cantidad de información para la sociedad civil, la CMNUCC y las agencias de la ONU sobre cómo realizar tareas de capacitación a nivel regional y mundial. Lorena Aguilar, consejera de la IUCN, dijo a IPS que esa institución se ha manejado sobre la base “de las principales convenciones ambientales durante años, pero decidió adoptar una estrategia más estructurada”.

El manual describe varios casos de estudio sobre proyectos a pequeña escala que buscan promover la sostenibilidad ambiental y a la vez potenciar a las mujeres. Uno de los ejemplos es el del Grupo Mama Watoto, que lleva adelante desde 1994 un programa de reforestación en la occidental región keniana de Kakamenga. El proyecto, del que participan 28 mujeres y sus familias, comenzó cuando, frente a la erosión y la infertilidad de los suelos, las mujeres de la zona se vieron obligadas a recolectar leña ilegalmente del Bosque Nacional. De esa manera, se expusieron a multas y dañaron el área, contribuyendo a la degradación de la tierra.

Inicialmente, la meta del proyecto era reducir la sobreexplotación de los recursos forestales y encontrar una fuente de ingresos alternativa para las comunidades. Pero también se logró potenciar el papel de las mujeres, poniéndolas a cargo del programa y permitiéndole plantar árboles en sus propias tierras.

Si tienen alternativas de sustento, las mujeres también corren menos riesgos de ser las más afectadas por futuras amenazas del cambio climático, como inundaciones, sequías y aludes. Este es un ejemplo de cómo, educando a mujeres en asuntos ambientales, se puede alcanzar considerables beneficios para mejorar su vida y estatus social, así como mitigar las consecuencias del recalentamiento planetario.

“Los programas son muy bien recibidos y aplaudidos a nivel comunitario, tanto por mujeres como por hombres”, dijo Aguilar a IPS. “La mayor oposición procede de instituciones y de los que toman las decisiones, expertos en ambiente que sin embargo no entienden la dimensión social del cambio climático”.

viernes, mayo 14, 2010

Género, Militarismo y Cambio Climático...

Por Betsy Hartmann /Revista Mujeres (Género con Clase)
A medida que las pruebas del cambio climático se vuelven más acuciantes, la batalla sobre quién consiga delimitar sus causas, efectos y soluciones se irá intensificando. En foros tanto populares como políticos va a constituir un hito político clave de nuestro tiempo quién pueda hacerse escuchar y quién no. Actualmente, a nivel de política internacional, la ausencia del género en los debates acerca del cambio climático resulta manifiesta. De hecho, los términos de "mujeres" y "género" faltan en los dos principales acuerdos internacionales sobre el calentamiento global: la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto. Estudios y campañas feministas recientes desafían esta invisibilidad del género, señalando en especial la importancia de diferencias por géneros en el análisis de la vulnerabilidad y la adaptación al calentamiento global.

Los trabajos feministas sobre la vulnerabilidad se basan en investigaciones previas en relación con lo que hace que ciertas poblaciones corran mayores riesgos frente a desastres naturales tales como inundaciones y sequías, acontecimientos meteorológicos extremos que podrían adquirir mayor prevalencia como resultado del calentamiento global. Por ejemplo, en los lugares en los que las mujeres tienen menos acceso a la comida y a la sanidad que los varones, parten de una posición desventajosa frente a los desastres naturales y al estrés medioambiental. Dado que con frecuencia son las primeras cuidadoras de niños y ancianos, seguramente tendrán también menor movilidad. Las restricciones de carácter cultural a la movilidad de las mujeres pueden formar parte del problema. Durante el ciclón que se produjo en Bangladesh en 1991 murieron muchas más mujeres que hombres debido a que las primeras alertas se difundieron en espacios públicos a los que las mujeres tienen prohibido el acceso y porque demoraron el abandono de sus hogares por miedo a mostrar una conducta impropia.



En vez de fiarse de generalizaciones amplias, las estudiosas y activistas feministas han desarrollado mapas de riesgo sensibles al género, en los que las mujeres cartografían sus propias vulnerabilidades en términos de qué cereales cultivar, qué recursos controlan y cuáles no, en su acceso a los sistemas de irrigación, mercados, información, etc. En este sentido, el análisis de género es una herramienta para explorar diversos contextos y poder aportar soluciones locales eficaces, antes que una comprensión de la vulnerabilidad que no tenga en cuenta los casos particulares.

Hasta la fecha, gran parte de la bibliografía sobre género y vulnerabilidad al cambio climático ha estado enfocado sobre las mujeres de entornos rurales del Sur, si bien dentro de unas décadas la mayoría de la población mundial vivirá en ciudades. Como ilustró el huracán Katrina, el Norte tampoco es inmune a los acontecimientos meteorológicos extremos, y el grado de vulnerabilidad de la gente en Nueva Orleáns estuvo muy correlacionado con el género, la pobreza, la raza, la edad y la clase, y las intersecciones entre éstos. Dada la probabilidad de que los riesgos asociados al cambio climático aumenten en los próximos años, una cartografía del riesgo y una recogida de datos sensibles al género constituirían herramientas útiles para las comunidades en todo el mundo, tanto urbanas como rurales.

Queda mucho por hacer para que los sistemas de primeras alertas sean más atentos a las cuestiones de género. De acuerdo con Maureen Fordham, de la Red de Género y Desastres, este campo está dominado principalmente por expertos varones, siendo el énfasis tradicional sobre los enfoques científicos ("duros") y técnicos para la identificación de los peligros y la solución a los problemas, en tanto que se presta poca atención al papel de las redes de mujeres y otros grupos de ciudadanos para el desarrollo de sistemas de alarma de carácter informal. Análogamente, el sector de la gestión de desastres está dominado por varones, y con frecuencia se suelen descuidar las necesidades de información y de servicios de las mujeres en el diseño de respuestas al desastre.

Dada la amplia negligencia de las cuestiones de género en los acuerdos internacionales sobre el cambio climático, no sorprende que se haya prestado poca atención a cómo dichos acuerdos han generado consecuencias. En una crítica al acercamiento del Protocolo de Kyoto al comercio del carbono, Larry Lohmann de la organización británica Corner House señala cómo los sistemas de contabilización del carbono marginalizan las aportaciones no-empresariales, no-estatales y de no-expertos a la estabilidad climática, creando nuevas formas excluyentes de derechos de propiedad. Favorecen los proyectos de secuestro de carbono a gran escala en el Sur, que pueden tener consecuencias negativas, tanto sociales como medioambientales. Por ejemplo, en Minas Gerais, Brasil, la empresa Plantar S.A. ha solicitado ya financiación con carbono para expandir sus monocultivos de eucaliptos. Estas plantaciones no sólo ocupan terrenos públicos que por ley están destinados a los campesinos pobres, sino que disminuyen los recursos hídricos y reducen la biodiversidad a gran escala.

Tales proyectos de plantaciones probablemente tendrán una serie de efectos a nivel de género. Por ejemplo, las mujeres no tendrán acceso a ellos para recoger leña para el hogar, y los pocos empleos que generen para guardas forestales, etc. irán a parar mayormente a varones. Dado que las mujeres en muchos lugares dependen de las plantas silvestres tanto como fuente de alimentación como para semillas para cultivos domésticos, la pérdida de biodiversidad podría reducir sus posibilidades de supervivencia adaptativa. Tampoco parece probable que tales plantaciones vayan a contribuir a solucionar las necesidades energéticas a más largo plazo para las mujeres. Según Margaret Skutsch, de la Red de Género y Cambio Climático, el mecanismo de desarrollo limpio del Protocolo de Kyoto ha cerrado eficazmente las puertas a las soluciones a pequeña escala, no empresarial, tales como los sistemas para estimular el control local de los bosques existentes y mejoras en su potencial para secuestrar el carbono y producir leña de forma sostenible.

En general, se han destinado pocos esfuerzos a analizar cómo las relaciones de género afectan a los mecanismos del cambio climático. Por ejemplo, en el Norte, cuya responsabilidad en el calentamiento global es desproporcionadamente grande, el sector transporte es una de las fuentes primarias de los gases de invernadero. Quizá, a excepción de los EE.UU., las mujeres en el Norte suelen poseer menos coches y utilizar más el transporte público. Más aún, en Europa los coches conducidos por mujeres suelen ser menores y con un mayor rendimiento en el consumo de combustible porque no se ven como símbolos de prestigio. Este último punto subraya la necesidad de mirar las dimensiones de los deseos de los consumidores en cuando afectan al uso de la energía en función del género. La publicidad tiene un fuerte componente de género -el típico conductor de un todoterreno o furgoneta retratado en los anuncios estadounidenses, por ejemplo, es un varón, bien solo o con sus compañeros, presto a conquistar la naturaleza salvaje. Si se ven mujeres en el anuncio, generalmente son bellas y delgadas, añadiendo un elemento de atracción sexual. De este modo, las nociones de masculinidad y feminidad son desplegadas estratégicamente para crear y sostener una cultura despilfarradora y gran consumidora de gasolina, desde la promoción de todoterrenos como "juguetes para chicos" al todoterreno marca Hummer, mezcla entre vehículo militar y civil, como potente símbolo de virilidad americana.

Estudiar el cambio climático en función del género requiere igualmente mirar muy de cerca la delgada línea entre las preocupaciones justificadas con respecto a las amenazas que plantea el calentamiento global y el despliegue estratégico de discursos alarmistas para construir plataformas de apoyo al protocolo de Kyoto así como para servir a otros objetivos más problemáticos. Aquí se hace necesario un seguimiento muy estrecho de los discursos implícitos y explícitos, atendiendo al género, que puedan reforzar las visiones negativas de las mujeres y de la gente pobre.

Un ejemplo de esto es el considerar a las mujeres en términos de amenaza demográfica. Las predicciones apocalípticas sobre que el crecimiento demográfico superará la capacidad de carga del planeta, gozan desde hace tiempo de gran popularidad en los círculos ecologistas del Norte especialmente en EE.UU., donde existe una relación entre el lobby a favor del control demográfico y los principales movimientos ecologistas que viene de hace tiempo. Los que intentan trasladar la responsabilidad del calentamiento global desde el consumo y los patrones de producción del Norte a la gente pobre del Sur a menudo hacen uso de argumentos demográficos alarmistas. Por ejemplo, el catedrático Chris Rapley, director de la Agencia de Investigación Británica del Antártico, recientemente proporcionó titulares a la prensa británica argumentando que sin una reducción significativa de la población, existía poca esperanza para poder hacer frente con eficacia al cambio climático. El mensaje implícito es que ha de controlarse la fertilidad de las mujeres. En el pasado, tales razonamientos han contribuido a la implantación de políticas demográficas draconianas, que lesionaban profundamente los derechos y la salud de las mujeres.

El alarmismo demográfico también aparece en las imágenes de grandes oleadas de refugiados huyendo del cambio climático muriendo en nuestras costas, como se describía en un supuesto de cambio climático abrupto encargado por el Pentágono en 2003, en el cual las reducciones de la capacidad de carga en áreas sobrepobladas era causa de un aumento de las guerras, epidemias, hambrunas y finalmente emigraciones hacia el Norte. Este tipo de discurso incorpora a las mujeres en un retrato totalmente amenazador de los pobres del Tercer Mundo y refuerza la autoridad de las instituciones de seguridad nacional por encima de las iniciativas de la población civil para enfrentarse al cambio climático.

Una forma de desafiar tales maniobras militares es enfocar el significativo papel que los propios militares desempeñan en el calentamiento global, que se suele pasar por alto. El Departamento de Defensa es el mayor consumidor individual de combustible en los EE.UU., siendo responsable del 1,8% del total de combustible utilizado para el transporte nacional. Ciertamente esto no es una escasa contribución al calentamiento global, dado que los EE.UU. son el mayor emisor de gases de invernadero. En otras partes los militares también consumen recursos energéticos desproporcionadamente; según una estimación, los militares de todo el mundo usan, globalmente, la misma cantidad de productos derivados del petróleo como Japón, una de las mayores economías del mundo. En el caso de los EE.UU., la ironía consiste en que los militares están usando actualmente enormes cantidades de petróleo para alimentar una guerra en Iraq, cuyo objetivo radica, al menos en parte, en garantizar el futuro control americano del suministro de petróleo.

Cuando echamos una mirada en función del género tanto sobre el militarismo como sobre el cambio climático surge toda una serie de cuestiones interrelacionadas. ¿Cuáles son las políticas en función del género para determinar las prioridades estratégicas y presupuestarias? ¿Cómo perfilan las ideologías de lo masculino y las redes de varones poderosos las políticas de defensa, eximen a los militares de la necesidad de reducir el uso de combustibles fósiles y las emisiones de los gases de invernadero, y establecen que los gastos en la defensa convencional tienen una prioridad mucho mayor que la inversión en fuentes y tecnologías energéticas limpias?

¿Cómo impacta la cultura militar masculina en las elecciones de los consumidores a través de productos como el Hummer, manteniendo estilos de vida despilfarradores y de elevado consumo energético?

¿Cómo el estado de guerra va minando las libertades democráticas, saca a las mujeres a empellones de la vida pública y reduce el espacio para debates abiertos sobre cómo enfrentarse al calentamiento global?

¿Cómo multiplica e intensifica el militarismo la vulnerabilidad de las mujeres frente al cambio climático? En el supuesto de desastres naturales inducidos por el calentamiento global, por ejemplo, ¿aumentará el riesgo de violencia sexual si los gobiernos se apoyan en instituciones militares para mantener el orden y atender emergencias?

Viéndolo de una forma más positiva: ¿cómo pueden contribuir los movimientos femeninos por la paz y en defensa del medio ambiente a una visión más amplia de la justicia climática y a soluciones más practicables que reduzcan las emisiones al tiempo que aumenten las rentas de hombres y mujeres pobres?

Estas son sólo algunas cuestiones que necesitamos preguntar para construir un frente efectivo desde los frentes feministas y de justicia social que desafíe al mundo tradicional de los negocios en un entorno definido por el cambio climático.

Betsy Hartmann es Directora del Programa de Población y Desarrollo en el Hampshire College de Amherst, MA. Recientemente ha escrito junto con Joni Seager, de "Mainstreaming Gender in Environmental Assessment and Early Warning" (UNEP 2005) y editado junto con Banu Subramaniam y Charles Zerner "Making Threats: Biofears and Environmental Anxieties" (Rowman and Littlefield, 2005)


Fuente: Cubadebate

viernes, abril 30, 2010

La crisis climática afecta más a las mujeres...

Harold Santos/REMTE /minga informativa de los movimientos sociales
Durante las cada vez más frecuentes catástrofes naturales como: sequías, terremotos, inundaciones, las mujeres son las más afectadas por la crisis climática, ellas tienen que seguir sosteniendo los hogares en sus tareas de cuidado: alimentando, buscando agua, produciendo, reproduciendo la vida, las cuales tienen que cumplirse en condiciones mucho más difíciles y severas.

“El cambio climático afecta de manera directa a las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres, particularmente por su proximidad a los elementos de vida, su cercanía a la agricultura, su contacto con el agua y para poder cumplir con los ciclos de cuidado de la vida que se les ha transferido como responsabilidad prioritaria”, dijo Magdalena León, Coordinadora de la Red de Mujeres Transformando la Economía de Ecuador, al concluir el panel “Economía para la Vida” que se desarrolló en el contexto de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra que se realiza en Cochabamba.

“Nuestro rol en la alimentación es fundamental, es uno de los ámbitos más afectados; y en todo el ciclo de siembra, de cosecha, de procesamiento de alimentos y a nivel urbano en la provisión de alimentos del día a día, se generan situaciones de escasez y de carestía, todo ello complejiza la situación del trabajo de las mujeres”, aseguró León.



Frente a esta realidad, el desafío más importante es sostener los reclamos, la justicia climática, ecológica, a nivel internacional; los responsables tienen que asumir los daños causados cambiando sus propias modalidades de producción industrialista contaminante, sus niveles y tipos de consumo contaminantes y depredadores que son los que están causando este impacto. “Tiene que haber un flujo de recursos de compensación aunque tardío y parcial, para reparar y restaurar el daño ocasionado y generar condiciones para que podamos impulsar propios proyectos del vivir bien”, enfatizó la Coordinadora de la REMTE – Ecuador.

La historia del protocolo de Kyoto, que entró en vigor en febrero de 1995 y fue ratificado por 190 países, con excepción de Estados Unidos y China, las potencias contaminantes, volvió a repetirse en la cumbre climática de Copenhague en diciembre de 2009, que resultó un fracaso.

Frente a este panorama, Magdalena León, considera que estamos en un momento donde el poder geopolítico de los países desarrollados se ve fracturado por la propia magnitud de la situación planetaria y los niveles de catástrofes que va generando conciencia en la humanidad.

La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra tiene el horizonte de generar el poder geopolítico que pueden adquirir los pueblos frente al poder geopolítico de las potencias. “La convocatoria que hizo el presidente Evo Morales es una convocatoria a los pueblos, es actuar como pueblos, hacer justicia como pueblos frente a unas instituciones (países desarrollados) que están corruptas que son incapaces de encontrar soluciones para el mundo, frente a una potencia que depreda la vida, ahora la voz de los pueblos tiene que alcanzar el nivel de toma decisiones que hasta ahora no ha logrado”, finalizó León.

Reconocer el trabajo de mujeres productoras y reproductoras

“La construcción de un nuevo modelo de desarrollo social que combata al capitalismo, deberá reconocer a las mujeres como productoras, su trabajo reproductivo y el reconocimiento de su liderazgo social, sin discriminación para la conducción de una sociedad”, expresó Rosa Guillen, coordinadora de la Red de Mujeres Transformando la Economía de Perú.

Guillen asegura que: “tenemos que entender que el capitalismo afectó mas a las mujeres porque ha negado el trabajo cotidiano de cuidar la vida de cuidar la salud de familias, de cuidar la alimentación, pero además ha invisibilizado el trabajo y quiere controlar el trabajo a favor de la creación de riquezas”.

El modelo capitalista genera una inequidad de las mujeres frente a los hombres en el trabajo, “se nos otorga a la mujeres salarios bajos, no se valora el trabajo el aporte de las mujeres”, dijo.

Uno de los grandes desafíos de las luchas de las mujeres es lograr que la sociedad reconozcan que las mujeres tienen aportes en las luchas comunes, y de respetar los liderazgos. “Juntos hombres y mujeres debemos construir un cambio que genere equidad, posibilidades de desarrollo sostenible, el Vivir Bien para hombres y mujeres como familias y como sociedad.”

Las mujeres indígenas monolingües son las más vulnerables del planeta

La vulnerabilidad afecta de manera diferente a las mujeres que a los hombres en los riesgos de desastres naturales, por las inequidades existentes en educación, falta de información, alimentación, manifestó Rosa Ribero de la Marcha Mundial de Mujeres de Perú.

Mientras que los hombres pueden llegar a un nivel de educación secundaria, las mujeres son analfabetas; mientras que ellos tienen acceso a la información, ellas tienen menos; mientras que los hombres comen y se alimentan mejor, las mujeres siempre se quedan con el resto de la olla, y sobre todo “en tiempos de sequía, cuando hay muy poca comida, las mujeres comen muy poco”, indicó Ribero.

Para que una población sea afectada por un evento “hidroclimático”, esa población tiene que encontrarse en un nivel de vulnerabilidad, sin poder responder ni recuperarse frente a un determinado evento. Por ejemplo, el vivir al costado de un río, la hace vulnerable a inundaciones.

Las mujeres más vulnerables son las indígenas monolingües y al no tener ningún nivel de participación en sus organizaciones mixtas y en los espacios de desarrollo local, las expone más a los riesgos de desastres. “Cuando viene una epidemia, esta enfermedad afecta a las mujeres, a los niños y niñas, esa es la vulnerabilidad de nosotras”, enfatizó.

Ribero argumentó que cuando ocurren los desastres los que migran primero son los hombres y las mujeres se quedan en el control de las actividades productivas y el cuidado de los hijos e hijas. Asimismo no cuentan con un papel que demuestre que son dueñas de sus viviendas; cuando llega la ayuda humanitaria los organismos de ayuda exigen títulos de propiedad, lo cual es difícil demostrar por parte de las mujeres. Mucho más aun cuando ellas no tienen cédula de identidad y no hablan el castellano, frente a estas adversidades no pueden reconstruir sus viviendas.

El evento mas catastrófico para las mujeres es la sequía por que no deja “nada”, las obliga a unas estrategias de afronte que tiene que ver con la trata y la prostitución para conseguir unos ingresos y el alimento diario.

Por lo general, según Ribero, la sociedad invisibiliza estos problemas por el tema de la complejidad. Un desafío de las mujeres es hacer respetar los derechos de la Madre Tierra visibilizando los problemas que afectan a la vida de las mujeres, así se dará un paso importante para el VIVIR BIEN.

viernes, diciembre 18, 2009

¿Es el Cambio Climático un asunto de Género?

Por: Janice Duddy / Mujeres.Cubaweb
Muchas personas han argumentado que el calentamiento global es el más grande problema ambiental al que nos enfrentamos en el siglo XXI. La comunidad científica ha llegado al firme consenso de que nuestro planeta sin duda alguna se está calentando. El calentamiento global es en gran medida un resultado de la emisión de dióxido de carbono y otros gases invernadero hacia la atmósfera. Estos gases están siendo emitidos por procesos industriales, quema de combustibles de origen fósil y cambios en el uso de los suelos tales como la deforestación. Las actuales proyecciones sugieren que si las emisiones continúan al presente ritmo, habrá un incremento global aproximado de 1ºC a 5ºC para el año 2100.

Este calentamiento tendrá consecuencias reales, entre ellas un aumento en el nivel del mar, cambios en los patrones de la precipitación pluvial, mayor riesgo de sequías e inundaciones, amenazas a la biodiversidad y potenciales desafíos para la salud pública.

Los gobiernos acordaron combatir el cambio climático por primera vez en la celebrada en Río de Janeiro en 1992. Durante esta reunión, los líderes crearon la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés), la cual estableció una meta no vinculante de estabilizar las emisiones, para el año 2000, a los niveles en que se encontraban en 1990. Esta meta no fue cumplida de manera general. El fue el seguimiento a esta primera iniciativa y es el primer acuerdo global legalmente vinculante para reducir los gases invernadero.


El Protocolo de Kyoto, que ha sido ratificado por 120 países, compromete a las naciones industrializadas a reducir las emisiones de gases invernadero, principalmente de dióxido de carbono, en aproximadamente 5.2 por ciento por debajo de sus niveles de 1990 para el año 2007.

Sin embargo, las mujeres no están representadas en la UNFCCC ni en el Protocolo de Kyoto. señala: “No se requiere más que de una simple búsqueda de palabras en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto, los dos tratados más importantes acerca de los esfuerzos globales orientados a combatir el cambio climático, para descubrir que las palabras ‘género’ y ‘mujeres’ no son mencionadas en ninguno de ellos”.

¿Impacta el cambio climático a hombres y mujeres en las mismas formas, o han quedado las mujeres y sus intereses específicos fuera del panorama?

El sitio web (Género y Cambio Climático) plantea que es muy importante considerar el género cuando se analizan los asuntos del cambio climático. Afirma: “El cambio climático no es un proceso neutral; en primer lugar, las mujeres en general son más vulnerables a los efectos del cambio climático, siendo una razón de esto que ellas conforman la mayoría de las personas pobres del mundo y dependen más que proporcionalmente de los recursos naturales que son amenazados. Los cambios tecnológicos y los instrumentos que están siendo propuestos para mitigar las emisiones de carbono, y que se presentan como neutrales al género, de hecho tienen un sesgo de género y podrían afectar negativamente a las mujeres o pasarlas por alto”.

Existen otras formas en que el cambio climático impacta a las mujeres.
Jyoti Parikh sugiere que aquél podría significar cargas adicionales para las actividades agrícolas que a menudo son realizadas por mujeres. También podría verse afectada la pesca, una actividad en la cual ellas a menudo se involucran. Debido a los crecientes niveles del mar y a la intrusión de agua salina en los sistemas de agua fresca a causa del calentamiento global, la pesca se hará cada vez más difícil. Es importante considerar, además, que la tarea de suministrar agua y combustible para la familia es típicamente una responsabilidad de las mujeres. Esta tarea se dificultará aún más conforme el acceso al suministro de agua limpia se convierta en un mayor desafío. En lo que se refiere a condiciones climáticas extremas, eventos tales como tormentas, inundaciones y ciclones colocan sobre las mujeres, quienes deben mantener unida a la familia, la carga de lidiar con la devastación y destrucción. En tiempos de catástrofes, la responsabilidad de nutrir a la familia, sobre todo a niñas y niños pequeños, así como de proveer los elementos cotidianos esenciales, es a menudo sobrellevada en gran medida por las mujeres.

Numerosas defensoras del género argumentan que a fin de tener éxito en la creación de programas y la reducción del impacto del cambio climático, las mujeres deben ser tomadas en cuenta. Las formas en que las mujeres utilizan su ambiente en comparación con los hombres y cómo ellas se ven afectadas por los cambios en éste constituyen factores significativos en un programa exitoso de cambio climático. Asimismo, es importante incorporar la perspectiva de género en las instituciones que trabajan en estos asuntos. Señala que “el género está ausente institucionalmente, en la toma de decisiones, en la semántica y en los términos financieros”. Ella enfatiza que “el cambio climático planteará un desafío a las mujeres en lo que se refiere a la degradación de los suelos, las sequías, la pérdida de la biodiversidad, etc. De ahí que la vulnerabilidad, adaptación y mitigación sean asuntos de gran importancia”.

Fuente: Choike.Org

martes, octubre 27, 2009

El cambio climático afecta principalmente a mujeres pobres

Por: Anayeli García Martínez / Cimac
Los efectos negativos del cambio climático son más intensos en las comunidades con mayor pobreza, donde la mayor parte de la carga social recae en las mujeres; por ello, la equidad de género y la justicia deben ser parte de los principios para combatir este fenómeno.

Así lo afirma el Manual de Capacitación en Género y Cambio Climático elaborado por diversas organizaciones, entre las que destacan el Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD), la Alianza Global por el Género y el Clima (Global Gender and Climate Alliance, GGCA por sus siglas en inglés) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

De acuerdo con el documento, las desigualdades de género disminuyen la capacidad de las mujeres para hacerle frente a este fenómeno, a pesar de que ellas son gestoras importantes de cambio y poseedoras de conocimiento y destrezas relacionadas con la mitigación, la adaptación y la reducción de riesgos ante los desastres naturales, lo cual las convierte en actoras cruciales en esta área.


El cambio climático se entiende como las transformaciones ambientales atribuidas, de forma directa o indirecta, a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera mundial; entre sus consecuencias destacan el efecto invernadero, la degradación ambiental, la deforestación y, por consiguiente, los riesgos de hambrunas, enfermedades, inundaciones y sequías.

Según el análisis del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, los fenómenos naturales golpearán con mayor fuerza a las regiones y a las personas más pobres; de estas últimas, 70 por ciento son mujeres.

Esto significa que las mujeres pobres serán las más afectadas por el cambio climático, ya que son ellas las encargadas de administrar los alimentos, el combustible y, en algunas regiones, el forraje y agua.

Sin embargo, pueden convertirse en poderosos agentes de cambio. El empoderamiento de las mujeres en la planificación y la toma de decisiones, así como su participación en las medidas para detener el cambio climático, harán que el esfuerzo común resulte más efectivo, especialmente en ámbitos locales.

Por esta razón, se requiere que mujeres y hombres entiendan el proceso de cambio climático y tomen medidas para contrarrestar sus impactos negativos. Por tanto, es importante que ellas tengan acceso equitativo al conocimiento, los recursos y la tecnología necesarios para llevar a cabo esta tarea; asimismo, es crucial que las mujeres puedan participar de forma más activa en las negociaciones sobre este tema.

De acuerdo con el manual, el cambio climático es la amenaza más grave para la vida en nuestro planeta; por ello, el combate a este fenómeno está directamente vinculado con el desarrollo sostenible. No se trata, pues, de un tema meramente científico o técnico: existe la necesidad apremiante de adoptar un enfoque sensible al género en la formulación de políticas y programas sobre cambio climático para vincularlo con el desarrollo humano.

LA CUMBRE DEL CLIMA DE COPENHAGUE

Ante este contexto, y tomando en cuenta las desventajas históricas de las mujeres, su limitado acceso a recursos, las restricciones a sus derechos y el callamiento de sus voces, resulta importante que se les tome en cuenta a la hora de tomar decisiones para mitigar los problemas generados por el cambio climático.

Cabe destacar que la Cumbre del Clima de Copenhague, que se celebrará del 7 al 18 de este año, tiene el objetivo de concluir un nuevo acuerdo mundial de lucha contra el calentamiento climático global que prosiga e intensifique los esfuerzos del Protocolo de Kyoto, el cual expira en 2012.

Los países firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 1992 firmaron el Protocolo de Kyoto en 1997, aunque el acuerdo entró en vigor a principios de 2005. Los 165 países miembro celebran reuniones periódicamente con el fin de negociar acuerdos más precisos en relación con el medio ambiente.

Sólo dos de los países más industrializados, Estados Unidos y Australia, no lo ratificaron; las demás naciones se comprometieron, de 2008 a 1012, a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (también conocido como GEI), en una media anual de 5.2 por ciento.

Ante la urgencia de una estrategia mundial para abatir el calentamiento global, hoy los países firmantes del acuerdo negocian la segunda fase, que cubrirá el periodo de 2013 a 2017.

Así, la reunión de Copenhague pretende ser una oportunidad para evitar los impactos del cambio climático y, de paso, busca trazar la ruta para alcanzar de nuevo niveles bajos de emisiones contaminantes.

A la par de esta cumbre se celebrará la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, donde los gobiernos establecerán compromisos de reducción de GEI; particularmente los países industrializados, los cuales se espera que paguen sus permisos de emisión para generar un fondo financiero de por lo menos 140 mil millones de dólares.

Asimismo, se intentará implementar acciones de mitigación para países en desarrollo financiadas por los países desarrollados; esto implica establecer un mecanismo de financiamiento para detener la deforestación y las emisiones de GEI en las naciones económicamente desfavorecidas; lograr una tasa cero de deforestación para el 2015 en la Amazonia y otras regiones, y alcanzar el mismo objetivo en México para el año 2020.

viernes, abril 24, 2009

Cambio Climático: Mujeres las grandes olvidadas...

Por: Zoraida Portillo
Las mujeres son las grandes ausentes de los estudios sobre los efectos del cambio climático, a pesar de que serán ellas uno de los segmentos de la población que más sentirán los impactos.

El pasado 17 de febrero se presentó en esta ciudad un importante estudio del Banco Mundial, titulado "Desarrollo con menos carbono: respuestas latinoamericanas al desafío del cambio climático", en el que se hacen importantes predicciones sobre lo que podría ocurrir en la región en las próximas décadas, de persistir las malas prácticas medioambientales.

Y aunque se habla de las poblaciones vulnerables y se hacen agudas precisiones acerca de lo que la población debería hacer para mitigar los efectos sobre su vida diaria, no hay una mención explícita a las mujeres.

Esto no es una novedad. Otros estudios presentados en los últimos tiempos sobre el tema, provenientes de organismos internacionales, regionales o nacionales, tampoco se han preocupado de revelar cuál será el impacto de estos apocalípticos cambios que se vaticinan sobre la vida cotidiana de las mujeres.

Walter Vergara, especialista en cambio climático del Banco Mundial, intenta una explicación sobre el por qué de esta omisión. "El impacto (del cambio climático) sobre las poblaciones vulnerables (de América Latina y el Caribe) es tan grande que hasta ahora no se ha hecho una distinción", declaró a SEMlac.

Pero si el impacto va a ser tan grande como se dice, la omisión es mucho más grande porque, obviamente, dentro de las poblaciones vulnerables están las mujeres y las niñas y niños.

En un continente como el nuestro, donde la pobreza, la inequidad y el analfabetismo tienen rostro de mujer, resulta indispensable conocer qué ocurrirá con este sector de la población de cumplirse alguno de los vaticinios de los especialistas y de qué manera las mujeres podrán ser capaces de revertir los impactos.

Algunas de las predicciones del estudio del Banco Mundial son: derretimiento de los nevados andinos; mayor incidencia de enfermedades tropicales, como el dengue y la malaria, en diversas regiones; muerte de los arrecifes corales en el Mar Caribe; reducción de los bosques amazónicos; desaparición de los pantanos del Golfo de México; colapso de la producción agropecuaria si no se hacen modificaciones tecnológicas. En suma, el Apocalipsis para la región.

No hace falta ser especialista para darse cuenta de que serán las poblaciones más pobres, y dentro de ellas las mujeres, las que se enfrentarán a las peores situaciones.

"La tendencia de los impactos del cambio climático es que refuerza el empobrecimiento de las mujeres", señaló recientemente en una entrevista Susan McDade, residente en Cuba del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Esa es una de las pocas referencias al tema de género y cambio climático que se encuentran en la prensa internacional.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha advertido que las mujeres "suelen depender de los recursos naturales más que los hombres, de forma que, cuando los recursos se ven directamente afectados por el cambio climático, los medios de vida de las mujeres también resultan perjudicados.

Aquellas estrategias de adaptación que no tengan en cuenta las diferencias de recursos y vulnerabilidad entre hombres y mujeres tienen pocas posibilidades de éxito".

Según el estudio del Banco Mundial, los glaciares de la Cordillera de los Andes desaparecerán en 20 años. Ello tendrá un terrible impacto negativo sobre la población andina, precisamente una de las más pobres y desamparadas de la región.

El mayor impacto de la desglaciación será sobre el suministro de agua. Ya hoy, por efecto del derretimiento de importantes glaciares de los Andes peruanos, por ejemplo, ha habido una disminución de 12 por ciento en el suministro de agua para la costa. Se han perdido, ni más ni menos, 7.000 millones de metros cúbicos. ¿De qué manera ha impactado esta pérdida en la vida de las mujeres? No hay estudios que lo revelen.

Otro dato importante del informe del Banco Mundial tiene que ver con el costo de los desastres naturales: 325 millones de dólares entre 2000 y 2004.

Todo indica que la ocurrencia de estos desastres aumentará progresivamente, pues desde los años noventa han pasado de uno cada cuatro años a uno cada tres años actualmente. ¿Cuántos de estos desastres han impactado directamente sobre la vida de las mujeres?, ¿cuál ha sido el costo económico?

En estos días, el Perú se enfrenta a los deslizamientos y avalanchas en diversas partes del país. Los expertos señalan que son indicios de lo que se viene a causa del cambio climático, aunque estos desastres naturales ocurran año tras año desde hace más de cinco décadas, casi siempre en los mismos lugares, pese a lo cual las poblaciones continúan construyendo sus precarias viviendas en las mismas áreas. ¿Son ellos los culpables o las autoridades que se hacen de la vista gorda, a pesar de tratarse de una tragedia anunciada?

En ese contexto, no es causal que la primera víctima mortal de las avalanchas de piedra y lodo este año en el Perú haya sido una jovencita de apenas 15 años, y la segunda, un bebé. Una macabra comprobación de la vulnerabilidad de estos sectores de la población.

Para los expertos, las dos palabras claves frente al cambio climático y los desastres naturales son "adaptación" y "mitigación". Ambas requieren de decisiones políticas. En ambas, las mujeres tienen mucho qué decir, "pero no se nos incluye", señaló Ana María Galdós, dirigente barrial de un asentamiento humano, mientras escuchaba atentamente la relación de desastres que se avecinan.

"La interrogante, sin embargo, no debe ser cómo prevenir que las mujeres seamos víctimas del medio ambiente, sino cómo podemos ganar una voz y un voto sobre nuestro propio entorno. El cambio se dará sólo si las mujeres somos incluidas en la planificación y gestión ambientales", dice Catalina Hintchey, coordinadora del Programa Mujer y Hábitat del Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos.

Ricardo Giesecke, coordinador Regional de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), uno de los oradores de la reunión convocada por el Banco Mundial, exhortó a "elaborar una estrategia nacional con políticas de adaptación y mitigación sin remordimientos".

Fue muy explícito en señalar la necesidad de implantar políticas nacionales de ahorro de energía, por ejemplo, "en todos los sectores de consumo, incluidos el doméstico y residencial". Y, ciertamente, dijo a SEMlac, las mujeres tienen mucho que aportar porque la mejora de la eficiencia en una casa no se puede medir, pero sí en tres millones de casas que ahorren energía. "Los ciudadanos y principalmente las mujeres tienen un rol importante que cumplir", añadió.

Por su parte, Vergara también reconoció que se requieren programas dirigidos especialmente a las mujeres, para incluirlas en los planes de ahorro de energía y agua, principalmente. Todo un reto porque, a diferencia de otros proyectos, tendrá que estar dirigido a aquella de ingresos altos, para instarlas a no malgastar estos recursos.

No cabe duda de que el cambio climático constituye un nuevo reto para la equidad de género: las políticas que se adopten para hacer frente a sus impactos deben incluir a la población femenina, pero no victimizándola, sino como una fuerza emergente, capaz de brindar soluciones a la mitigación de los mismos.

RECUADRO


· Las estadísticas demuestran que mueren más mujeres que hombres como consecuencia de los desastres naturales.

· El 90 por ciento de las 140.000 víctimas del ciclón que azotó Bangladesh en 1991 fueron mujeres.

· El tsunami de 2006 mató a tres mujeres por cada hombre.

· Está demostrado que el trabajo doméstico aumenta sustancialmente después de un desastre natural, resultado de lo cual muchas jóvenes abandonan sus estudios para ayudar con las tareas domésticas.

· Son las mujeres las encargadas de buscar y transportar agua en los medios rurales y urbano-marginales. A medida que el líquido se vuelve más escaso, la carga de trabajo para ellas se incrementa, con lo cual la asistencia a la escuela de niñas y jóvenes disminuye en proporción directa al aumento de la distancia para buscar agua.

· Las mujeres de América Latina tienen menos acceso a la tierra que los hombres y cuando acceden a ella, por lo general son terrenos de mala calidad.

· En las poblaciones ribereñas se enseña a nadar a los niños, pero no a las niñas, en consecuencia, cuando hay un tsunami o un desborde, mueren ahogadas más mujeres que hombres.
Fuente: SEMlac