lunes, septiembre 13, 2010

El cambio climático también es una cuestión de género

IPS · Megan Iacobini de Fazio
Dos semanas antes de la cumbre para revisar la marcha hacia los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, crece la preocupación de que la igualdad de género está divorciada de los esfuerzos contra el cambio climático. Las mujeres son por lo general las más afectadas por el fenómeno, y desempeñan un papel clave para enfrentarlo.

Rebecca Pearl, consejera sobre cambio climático para Oxfam America, dijo a IPS que los Objetivos del Milenio “habitualmente son vistos en forma aislada y hay poca coincidencia en las vías de implementación para asegurar que las iniciativas ambientales incluyan un enfoque de género”. Muchas organizaciones y organismos científicos que trabajan contra el recalentamiento planetario todavía carecen de un enfoque de género en sus investigaciones e ignoran las diferentes formas en que hombres y mujeres pueden ser afectados por desastres naturales, añadió.

“Es importante seguir creando conciencia de que las respuestas deben atender las diversas responsabilidades y necesidades de hombres y mujeres”, sostuvo Pearl. “Un enfoque sensible al género es un requisito para el éxito de cualquier intervención en el clima, y muchos esfuerzos fracasan porque las mujeres quedan a un lado”. Aunque las mujeres son las más afectadas por los desastres naturales, debido a su dependencia del ambiente y a que están en una posición de desventaja en muchas sociedades, han mostrado más disposición a movilizar a las comunidades para responder a los desastres o adaptarse al recalentamiento planetario.


Sin embargo, varias organizaciones no gubernamentales (ONG) sí trabajan con este enfoque, y muchas colaboran con la Alianza Global sobre Género y Clima (GGCA, por sus siglas en inglés), lanzada durante la XIII Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en la isla indonesia de Bali en diciembre de 2007. La GGCA ahora incluye a 25 instituciones, tanto ONG como agencias de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

Pearl dijo a IPS que la alianza se fijó varias metas cuando fue creada. Una era establecer una política mundial sobre género y recalentamiento planetario a través de la Convención Marco de las Naciones sobre Cambio Climático (CMNUCC). “La CMNUCC es uno de los tres grandes acuerdos ambientales multilaterales que carecen de un fuerte enfoque de género”, indicó Pearl.

Los otros pactos multilaterales con poca o ninguna referencia a las cuestiones de género son la Convención sobre Diversidad Biológica y la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación. La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, legalmente vinculante, junto a varias resoluciones del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (Ecosoc) podría influenciar a la CMNUCC para tomar acciones, dijo Pearl a IPS.

Sin embargo, la CMNUCC ha ignorado hasta ahora esos mandatos, y prefiere utilizar el lenguaje mundialmente aceptado del Marco Hyogo para la Acción, referido a la reducción de riesgos de desastres. Un grupo de apoyo liderado por la Organización de Mujeres por el Ambiente y el Desarrollo y ENERGIA, red internacional sobre género y energía sostenible, ha trabajado para influir en la agenda del cambio climático.

Las dos organizaciones lograron hacer que los gobiernos incluyeran más de 30 referencias sobre género en el texto de la CMNUCC en 2009. La red “espera lograr una toma de conciencia sobre las dimensiones de género que tiene el cambio climático”. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), en colaboración con otras ONG y agencias de la ONU, por ejemplo, creó el primer manual de capacitación sobre el tema.

El compendio contiene una gran cantidad de información para la sociedad civil, la CMNUCC y las agencias de la ONU sobre cómo realizar tareas de capacitación a nivel regional y mundial. Lorena Aguilar, consejera de la IUCN, dijo a IPS que esa institución se ha manejado sobre la base “de las principales convenciones ambientales durante años, pero decidió adoptar una estrategia más estructurada”.

El manual describe varios casos de estudio sobre proyectos a pequeña escala que buscan promover la sostenibilidad ambiental y a la vez potenciar a las mujeres. Uno de los ejemplos es el del Grupo Mama Watoto, que lleva adelante desde 1994 un programa de reforestación en la occidental región keniana de Kakamenga. El proyecto, del que participan 28 mujeres y sus familias, comenzó cuando, frente a la erosión y la infertilidad de los suelos, las mujeres de la zona se vieron obligadas a recolectar leña ilegalmente del Bosque Nacional. De esa manera, se expusieron a multas y dañaron el área, contribuyendo a la degradación de la tierra.

Inicialmente, la meta del proyecto era reducir la sobreexplotación de los recursos forestales y encontrar una fuente de ingresos alternativa para las comunidades. Pero también se logró potenciar el papel de las mujeres, poniéndolas a cargo del programa y permitiéndole plantar árboles en sus propias tierras.

Si tienen alternativas de sustento, las mujeres también corren menos riesgos de ser las más afectadas por futuras amenazas del cambio climático, como inundaciones, sequías y aludes. Este es un ejemplo de cómo, educando a mujeres en asuntos ambientales, se puede alcanzar considerables beneficios para mejorar su vida y estatus social, así como mitigar las consecuencias del recalentamiento planetario.

“Los programas son muy bien recibidos y aplaudidos a nivel comunitario, tanto por mujeres como por hombres”, dijo Aguilar a IPS. “La mayor oposición procede de instituciones y de los que toman las decisiones, expertos en ambiente que sin embargo no entienden la dimensión social del cambio climático”.

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