Mostrando entradas con la etiqueta ecofeminismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ecofeminismo. Mostrar todas las entradas
martes, agosto 20, 2013
viernes, julio 26, 2013
La economía de los cuidados: frente al martillo patriarcal y la quimera del crecimiento
Enric Llopis
Se quiera o no, hay una realidad que se impone: toda persona es dependiente en la vida; esta vulnerabilidad del ser humano le lleva, entre otras cuestiones, a la interdependencia y a vivir en comunidad. Según la economista, “aceptar que todos somos vulnerables y dependientes implica que necesitamos cuidados y, por tanto, que estos deberían ser una prioridad social y política”. Pero, para que cunda el mensaje hace falta aún mucha pedagogía. Se hizo en Italia, durante los grandes debates (con una gran participación de las mujeres comunistas) que acompañaron a la legislación sobre cuidados. Sin embargo, matiza Cristina Carrasco, en España se desaprovechó la oportunidad de la “Ley de Dependencia” para fomentar estas discusiones.
Reivindicar la economía los cuidados supone, además, rechazar algunos mitos. Por ejemplo, el del “homo economicus” (el arquetipo utilizado por las ciencias económicas), un individuo egoísta, aislado, totalmente independiente y que nunca enferma ni envejece. Por otra parte, subraya la economista chilena, “hemos de rebatir la mística religiosa de los cuidados que propugna el patriarcado; y que considera a las mujeres con una capacidad innata para el sacrificio y el trabajo en casa por amor”. Debe criticarse, en resumen, “que las tareas del cuidado estén divididas por sexo y raza, se hayan tradicionalmente desvalorizado y ligado a grupos sociales que la sociedad tiene por inferiores”.
La economía de mercado capitalista (comúnmente llamada “economía real”) ningunea el valor del los cuidados hasta el punto de no incluirlos en su medición “estrella”, el PIB. Pero, según Cristina Carrasco, “las cosas han de considerarse por su valor social y no necesariamente traducirse a valor monetario”. La econometría oficial conduce a paradojas como que la comida elaborada por un cocinero se contabiliza, dado que implica un intercambio económico, en el PIB, mientras que no ocurre lo mismo si ese plato lo elabora una mujer en la cocina de su casa. Es ésta economía capitalista de mercado la que todo lo abarca y de la que resulta muy difícil sustraerse, vivir sin dinero. “Sólo se busca maximizar el beneficio, subraya Cristina Carrasco, y –en consecuencia- los cuidados se valoran como meras “externalidades”.
Tampoco los obsesivos y quiméricos discursos sobre el “crecimiento” y su necesidad para salir de la crisis contribuyen al reconocimiento de los cuidados. Ni, por extensión, al uso respetuoso de los recursos naturales. En otro plano de análisis, la mayoría de estudios sobre felicidad señalan que hay un punto en que los índices de bienestar y felicidad se estancan, aunque en paralelo se dé un crecimiento de la economía y la variable del PIB. Se trata, por tanto, de subrayar el rol de los cuidados por su valor social, sin necesidad de traducirlos a valor mercantil ni económico. Y de luchar por una sociedad en la que estos puedan organizarse y gestionarse adecuadamente, por ejemplo, mediante un incremento del tiempo libre.
La crítica feminista desmonta muchos dogmas de la economía oficial y, en algunos aspectos, complementa las críticas de los economistas marxistas. Teóricamente, el salario ha de permitir al menos la reproducción de la fuerza de trabajo. Sin embargo, explica Cristina Carrasco, “cuando una criatura nace requiere grandes cuidados, educación, socialización en los primeros años de vida y, en definitiva, un gran esfuerzo de tiempo; todo esto no lo remunera el salario de la empresa; es decir, el valor real de la fuerza de trabajo debería incluir lo que realmente cuesta regenerarla y reproducirla; el lavado, el planchado, la limpieza del hogar y otras tantas tareas básicas tampoco se incluyen en el salario”. Así, la economía capitalista se reproduce mediante diferentes formas de explotación: de la mano de obra (la plusvalía marxista); de los cuidados y de la naturaleza.
El hecho de que las mujeres sean quienes absorban en su gran mayoría las tareas domésticas y del cuidado implica su empobrecimiento, por un hecho obvio: la mayor dificultad de acceso al mercado laboral (“Las necesidades de la economía del cuidado resultan muy difíciles de compatibilizar con la actividad laboral; es la contradicción entre capital y vida”). En esta cuestión, subraya Cristina Carrasco, “el efecto de las políticas de igualdad ha sido más bien simbólico”. Si se ahonda en el problema, lo que realmente se pide es “que la mujer se equipare al hombre en la esfera pública, pero en un mundo masculinizado; por eso se hacen constantes referencias a las mujeres que ocupan cargos políticos o ejercen como directivas de empresas”. En sentido contrario, no se conocen estadísticas que evalúen el porcentaje de hombres que cuidan a sus suegras o realicen el planchado de la ropa de las mujeres.
El análisis a fondo de los cuidados ofrece múltiples aristas. En países como España, con tasas de fecundidad muy bajas en 2000, estas repuntaron gracias a las mujeres migrantes. A ello se agregó el envejecimiento demográfico. Estas nuevas exigencias de cuidados vinieron a resolverlas mujeres migrantes y pobres, que cuidaban a los ancianos, a sus nietos y realizaban las tareas domésticas en los hogares nacionales. Se trata, por lo demás, de fenómenos en los que se silencia un hecho esencial: “el daño que se produce en los países de origen, que preparan y forman a personas que después emigran”, explica la economista.
Otra cuestión es la interiorización de las tareas del cuidado por determinados colectivos y la represión, más o menos internalizada, que ello implica. Pues, apunta Cristina Carrasco, “existe una obligación moral impuesta por el patriarcado por la que, se nos dice, corresponde a las mujeres encargarse de los cuidados; no hacerlo supone en muchos casos cargar con el sentimiento de culpa”. A la represión psicológica subyace un hecho: “Si no hubiera sido por el trabajo de las mujeres, hace muchos años que la humanidad habría desaparecido”. “¿Qué pasaría si desapareciera el mercado capitalista y el sistema financiero”, se pregunta Cristina Carrasco. “Sin duda, podríamos seguir existiendo, pero no podríamos hacerlo sin recursos naturales ni cuidados”, responde. Ocurre que la academia y el paradigma dominante sólo reconocen los estratos “superiores”: el mercado capitalista y los servicios públicos que presta el estado; suele ignorarse la “base”: la ecología, el bienestar y los cuidados. Es la economía “iceberg”.
Rebelión Uno de los grandes fines que debería satisfacer cualquier sistema económico es el de la reproducción de la vida. Garantizar y poner los medios para que se reproduzca su población, sus medios productivos y, sobre todo, que se respeten los ciclos de la naturaleza. Es en este punto donde adquieren suma relevancia la economía de los cuidados y el trabajo doméstico, que la ortodoxia económica y las ciencias sociales al uso desatienden en sus planteos.
Frente a la hegemonía del patriarcado y a la obsesión por el crecimiento, la economista chilena Cristina Carrasco ha defendido en la Universidad de Verano de Socialismo 21 celebrada en Valencia, la necesidad de reorganizar el sistema económico incorporando una mirada feminista y ecologista. Cristina Carrasco es profesora de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. Entre otras obras, ha publicado “El trabajo de cuidados. Historia, Teoría y Políticas”; “El cuidado como eje vertebrador de una nueva economía” y “No es una crisis, es el sistema”. Forma parte del Instituto Estudios de las Mujeres y el Género de las Universidades Catalanas y también participa en Ca la Dona, movimiento feminista de Barcelona.
El fondo de la cuestión, que ignora la sociedad capitalista y patriarcal. Todo ser humano nace de una madre, crece, adquiere una identidad, se desarrolla y capacita para la vida adulta; y llega después a la vejez. Estas etapas están directamente condicionadas por los cuidados que se prestan en los hogares. “La civilización humana sólo ha podido mantenerse generación tras generación por el trabajo doméstico; por la gran cantidad de tiempo y energía en las tareas de cuidado, diarias y silenciosas, que han llevado a cabo millones de mujeres y hoy, afortunadamente, también algunos hombres”, explica Cristina Carrasco. Sin embargo, ¿dónde reside la paradoja? “Las ciencias sociales y económicas no tienen esto en cuenta”, añade.
Se quiera o no, hay una realidad que se impone: toda persona es dependiente en la vida; esta vulnerabilidad del ser humano le lleva, entre otras cuestiones, a la interdependencia y a vivir en comunidad. Según la economista, “aceptar que todos somos vulnerables y dependientes implica que necesitamos cuidados y, por tanto, que estos deberían ser una prioridad social y política”. Pero, para que cunda el mensaje hace falta aún mucha pedagogía. Se hizo en Italia, durante los grandes debates (con una gran participación de las mujeres comunistas) que acompañaron a la legislación sobre cuidados. Sin embargo, matiza Cristina Carrasco, en España se desaprovechó la oportunidad de la “Ley de Dependencia” para fomentar estas discusiones.
Reivindicar la economía los cuidados supone, además, rechazar algunos mitos. Por ejemplo, el del “homo economicus” (el arquetipo utilizado por las ciencias económicas), un individuo egoísta, aislado, totalmente independiente y que nunca enferma ni envejece. Por otra parte, subraya la economista chilena, “hemos de rebatir la mística religiosa de los cuidados que propugna el patriarcado; y que considera a las mujeres con una capacidad innata para el sacrificio y el trabajo en casa por amor”. Debe criticarse, en resumen, “que las tareas del cuidado estén divididas por sexo y raza, se hayan tradicionalmente desvalorizado y ligado a grupos sociales que la sociedad tiene por inferiores”.
La economía de mercado capitalista (comúnmente llamada “economía real”) ningunea el valor del los cuidados hasta el punto de no incluirlos en su medición “estrella”, el PIB. Pero, según Cristina Carrasco, “las cosas han de considerarse por su valor social y no necesariamente traducirse a valor monetario”. La econometría oficial conduce a paradojas como que la comida elaborada por un cocinero se contabiliza, dado que implica un intercambio económico, en el PIB, mientras que no ocurre lo mismo si ese plato lo elabora una mujer en la cocina de su casa. Es ésta economía capitalista de mercado la que todo lo abarca y de la que resulta muy difícil sustraerse, vivir sin dinero. “Sólo se busca maximizar el beneficio, subraya Cristina Carrasco, y –en consecuencia- los cuidados se valoran como meras “externalidades”.
Tampoco los obsesivos y quiméricos discursos sobre el “crecimiento” y su necesidad para salir de la crisis contribuyen al reconocimiento de los cuidados. Ni, por extensión, al uso respetuoso de los recursos naturales. En otro plano de análisis, la mayoría de estudios sobre felicidad señalan que hay un punto en que los índices de bienestar y felicidad se estancan, aunque en paralelo se dé un crecimiento de la economía y la variable del PIB. Se trata, por tanto, de subrayar el rol de los cuidados por su valor social, sin necesidad de traducirlos a valor mercantil ni económico. Y de luchar por una sociedad en la que estos puedan organizarse y gestionarse adecuadamente, por ejemplo, mediante un incremento del tiempo libre.
La crítica feminista desmonta muchos dogmas de la economía oficial y, en algunos aspectos, complementa las críticas de los economistas marxistas. Teóricamente, el salario ha de permitir al menos la reproducción de la fuerza de trabajo. Sin embargo, explica Cristina Carrasco, “cuando una criatura nace requiere grandes cuidados, educación, socialización en los primeros años de vida y, en definitiva, un gran esfuerzo de tiempo; todo esto no lo remunera el salario de la empresa; es decir, el valor real de la fuerza de trabajo debería incluir lo que realmente cuesta regenerarla y reproducirla; el lavado, el planchado, la limpieza del hogar y otras tantas tareas básicas tampoco se incluyen en el salario”. Así, la economía capitalista se reproduce mediante diferentes formas de explotación: de la mano de obra (la plusvalía marxista); de los cuidados y de la naturaleza.
El hecho de que las mujeres sean quienes absorban en su gran mayoría las tareas domésticas y del cuidado implica su empobrecimiento, por un hecho obvio: la mayor dificultad de acceso al mercado laboral (“Las necesidades de la economía del cuidado resultan muy difíciles de compatibilizar con la actividad laboral; es la contradicción entre capital y vida”). En esta cuestión, subraya Cristina Carrasco, “el efecto de las políticas de igualdad ha sido más bien simbólico”. Si se ahonda en el problema, lo que realmente se pide es “que la mujer se equipare al hombre en la esfera pública, pero en un mundo masculinizado; por eso se hacen constantes referencias a las mujeres que ocupan cargos políticos o ejercen como directivas de empresas”. En sentido contrario, no se conocen estadísticas que evalúen el porcentaje de hombres que cuidan a sus suegras o realicen el planchado de la ropa de las mujeres.
El análisis a fondo de los cuidados ofrece múltiples aristas. En países como España, con tasas de fecundidad muy bajas en 2000, estas repuntaron gracias a las mujeres migrantes. A ello se agregó el envejecimiento demográfico. Estas nuevas exigencias de cuidados vinieron a resolverlas mujeres migrantes y pobres, que cuidaban a los ancianos, a sus nietos y realizaban las tareas domésticas en los hogares nacionales. Se trata, por lo demás, de fenómenos en los que se silencia un hecho esencial: “el daño que se produce en los países de origen, que preparan y forman a personas que después emigran”, explica la economista.
Otra cuestión es la interiorización de las tareas del cuidado por determinados colectivos y la represión, más o menos internalizada, que ello implica. Pues, apunta Cristina Carrasco, “existe una obligación moral impuesta por el patriarcado por la que, se nos dice, corresponde a las mujeres encargarse de los cuidados; no hacerlo supone en muchos casos cargar con el sentimiento de culpa”. A la represión psicológica subyace un hecho: “Si no hubiera sido por el trabajo de las mujeres, hace muchos años que la humanidad habría desaparecido”. “¿Qué pasaría si desapareciera el mercado capitalista y el sistema financiero”, se pregunta Cristina Carrasco. “Sin duda, podríamos seguir existiendo, pero no podríamos hacerlo sin recursos naturales ni cuidados”, responde. Ocurre que la academia y el paradigma dominante sólo reconocen los estratos “superiores”: el mercado capitalista y los servicios públicos que presta el estado; suele ignorarse la “base”: la ecología, el bienestar y los cuidados. Es la economía “iceberg”.
miércoles, julio 03, 2013
Entrevista a Yayo Herrero sobre ecofeminismo
EcoPolítica: Cuando se habla del ecofeminismo, muchas mujeres feministas rechazan dicho planteamiento que, en ciertas corrientes, vuelve a dar a la mujer el papel de cuidadoras de vida. ¿Cómo ves tú estas críticas? ¿Crees que el ecofeminismo podría ser una alternativa para el mundo feminista y englobar al resto de mujeres que no se definen como tal?
Yayo Herrero: El ecofeminismo, según nosotras lo entendemos, plantea que el cuidado de la vida humana y los trabajos que se encargan de la reproducción social son absolutamente imprescindibles y no se pueden dejar de hacer. Eso no quiere decir que los tengan que hacer las mujeres exclusivamente. La necesidad imperiosa es que los hombres, además del estado y los mercados, asuman corresponsablemente esas tareas, que muchas veces son penosas y duras.
Es muy normal que los diferentes feminismos alerten sobre el peligro de mistificar los cuidados o reivindicarlos sin cuestionar la actual división sexual del trabajo.
No se trata sólo de dar valor a los trabajos domésticos, que indudablemente lo tiene, sino de reclamar un reparto justo de estas tareas entre hombres y mujeres, así como de señalar la necesidad de que la sociedad en su conjunto y los estados se hagan responsables de ellos.
EP: Al lado de otras corrientes como el ecopacifismo, el medioambientalismo, el ecosocialismo, entre otros, ¿qué papel tendría que jugar el ecofeminismo dentro de la Ecología política?
YH: El ecofeminismo, y los diferentes feminismos tienen que jugar un papel muy importante dentro de los planteamientos de la ecología política. La economía feminista tiene una elaboración teórica y una serie de propuestas alrededor del modelo de trabajo o de la construcción de los espacios públicos y organización del tiempo, por ejemplo, absolutamente sinérgicas con las del ecologismo social. Desbancar a los mercados y sus beneficios como epicentro de la sociedad requiere cambiar el sistema de prioridades sociales y en ese tema el ecologismo necesita de las aportaciones que desde hace décadas vienen realizando los diferentes feminismos.
EP: Como activista social y ecofeminista, ¿qué te inspira la dinámica de Europe Ecologie en Francia y las propuestas de creación en el Estado español de una “cooperativa política” para dar un nuevo impulso a la galaxia ecologista y verde?
YH: En estos tiempos, las iniciativas de cooperación hay que observarlas con interés. Es necesario ver cuáles son las propuestas de transformación que impulsan estas iniciativas. Para mí, si se desenvuelven dentro de los marcos del capitalismo suave y verde, no plantean cambios estructurales profundos, no apuestan por mecanismos de reparto de la riqueza (renta, trabajo, tierra, etc.) que tengan en cuenta las relaciones centro-periferia y no plantean reducciones muy significativas de la extracción de materiales y generación de residuos… serán iniciativas poco creíbles más allá de las etiquetas con las que se presenten. Creo que ya llevamos demasiado tiempo equivocándonos y muchos de los principales problemas que afronta la humanidad (cambio climático, crisis energética, pico de diferentes materiales, pérdida de biodiversidad, etc.) en apenas unos pocos años van a ser irreversibles.
EP: La presencia e influencia de mujeres está todavía lejos de los niveles deseados en los movimientos alternativos, sociales, políticos, etc.. Desde tu punto de vista, ¿cuáles son los caminos para que las mujeres se incorporen y aporten teoría y práctica al movimiento alternativo en general y al movimiento verde en particular?
YH: Creo que precisamente el reparto de tareas de reproducción social y trabajo doméstico es esencial. En los movimientos sociales que yo conozco hay muchas mujeres jóvenes activas pero a partir de cierta edad la participación es mucho más masculina.
En los movimientos sociales y espacios de participación política se reproducen los mismos esquemas de reparto desigual de los diferentes tipos de trabajo, los mismos esquemas de relaciones de poder que en la sociedad.
Además en algunos colectivos permanecen formas de relación arcaicas que son agresivas y que valoran el debate áspero o las intervenciones inacabables como muestra de pensamiento crítico. La violencia gratuita en las reuniones o espacios de elaboración aplasta la participación de muchas personas y especialmente de las mujeres.
EP: En alguna charla y artículos has comentado la necesidad de enfocar nuestros esfuerzos como población a desarrollar la teoría del Decrecimiento y aplicarla a la vida diaria. En este sentido, ¿cuáles crees que son los retos y los aportes que se pueden hacer desde el mundo y la teoría feminista al decrecimiento?
YH: En primer lugar me parece esencial la visibilización de la ingente cantidad de trabajo oculto que se desarrolla en el espacio doméstico y que resulta imprescindible para la sociedad. En segundo lugar, es central la exigencia de que esos trabajos, muchos de los cuales son penosos y no los haría nadie si pudiese evitarlos, hay que repartirlos y que los hombres no se pueden escaquear de hacerlos.
La dedicación de los tiempos a la realización de trabajos necesarios socialmente y la merma de los tiempos dedicados a realizar trabajos destructivos del entorno y de la propia sociedad (una buena parte de los sectores actuales) puede ayudar a configurar un mundo articulado alrededor de la resolución de las necesidades de las personas y no de la obtención de beneficios.
La idea de vivir bien con menos se centra en la urgencia de frenar y reducir la extracción de materiales y generación de residuos, a la vez que mejoramos la calidad relacional y comunitaria de los lugares en los que vivimos.
Los feminismos aportan una crítica al modelo urbano y una serie de propuestas alrededor de la generación de servicios públicos que cubran parte de las necesidades de cuidados, así como una denuncia del componente de clase, además del sexual, que existe en la asignación de los trabajos domésticos.
Para mí no es viable una sociedad que pretenda decrecer en lo material y no sea anticapitalista y antipatriarcal.
Entrevista con Alicia Puleo: Es necesario un intercambio fructífero entre ecologismo y feminismo
VientoSur ¿Qué es el ecofeminismo para ti?
Por otro lado, como bien ha señalado Vandana Shiva, la situación de las mujeres rurales pobres en el llamado Tercer Mundo ha empeorado con el “mal desarrollo”. La Revolución Verde (no “verde” en el sentido ecológico, desde luego, sino ese nombre que se dio a la intensificación de la producción industrial de monocultivo) ha devastado el medio ambiente y terminado con la independencia de la producción familiar campesina. Con la globalización del capitalismo, se ha llevado a cabo una reconversión de grandes extensiones que eran silvestres. Una de las razones del ecofeminismo nacido en el Sur es justamente el gran deterioro de la calidad de vida de millones de mujeres que ahora tienen que caminar muchos kilómetros para encontrar agua o leña para el hogar en una tierra destinada ahora a producir para el mercado mundial. La megaminería en Latinoamérica o la destrucción de la tierra con el cultivo de la soja transgénica expulsan a los habitantes humanos y aniquilan a los no humanos. El envenenamiento del agua, la tierra y el aire es la nueva y última forma de colonización. La más monstruosa y completa que se haya visto. El ecofeminismo es resistencia contra este dominio total surgido de la codicia sin límites y de la fantasía de omnipotencia que hace del ser humano algo totalmente distinto y separado de la naturaleza.
¿Qué aporta el ecofeminismo al feminismo y a la ecología?
Al feminismo le aporta la sensibilidad ambiental y la comprensión de la grave crisis ecológica que estamos viviendo. También le abre las puertas de una crítica al antropocentrismo extremo que sólo concibe al ser humano como digno de consideración moral. Le ayuda a ver que existe una dimensión ecológica en ciertos graves problemas que soporta el colectivo femenino. También en sus soluciones. El feminismo siempre ha estado abierto a las nuevas teorías y temáticas. No es extraño que ahora se abra al ecologismo.
A su vez el ecologismo gana porque las claves analíticas del feminismo le son útiles y la incorporación de las reivindicaciones de igualdad lo hace más atractivo para las mujeres. Uno de los temores que suscitan los discursos ecologistas en las mujeres es verse retrotraídas hacia formas de vida en las que están o han estado más explotadas u oprimidas que en el presente. En esta cuestión, el ecologismo ha de ser claro y manifestar que toma en cuenta de manera efectiva los derechos de las mujeres y está resuelto a trabajar contra el sexismo y el androcentrismo.
Finalmente, quiero señalar que hay puntos en común entre lo que ha sido llamado “ciudadanía ecológica” como forma deseable de habitar en el mundo y la “ética del cuidado” estudiada por la teoría feminista en los últimos años. Ambas son modelos de cooperación, responsabilidad en el cuidado de lo vulnerable y abandono de la tiranía de la lógica egoísta y mercantil.
Tú reivindicas un ecofeminismo de la Ilustración. ¿Qué significa?
Yo he hablado de “ecofeminismo crítico” o “ilustrado” para denominar mi posición teórica. Implica una revisión crítica del legado de la Ilustración que distinga entre aquello que es necesario transformar y aquello que hay que conservar: los Derechos Humanos, la tríada de libertad, igualdad y fraternidad que está en el origen de movimientos emancipatorios como el socialismo, el anarquismo, el feminismo o la consideración de los animales no humanos en el mundo occidental. Se trata de aplicar el pensamiento crítico ilustrado a la misma Ilustración sin llegar a erosionarla de tal forma que hasta la posibilidad de la crítica se invalide. La Ilustración tiene un legado dual, como lo ha puesto de manifiesto el mismo feminismo al denunciar las formas de patriarcado fraternal que surgen con las revoluciones burguesas. Y con respecto a la Naturaleza, ha implicado un discurso y una práctica de dominación. Pero en ambos casos, también ha facilitado conocimientos científicos y paradigmas filosóficos útiles para desmantelar la dominación.
El ecofeminismo que tu defiendes y ese que defienden las mujeres en el Sur, ¿tienen puntos en común, o el ecofeminismo de la Ilustración solo habla a las mujeres del Norte?
Por supuesto que el ecofeminismo crítico que planteo tiene puntos en común. De hecho, el Manifeste des Femmes pour la Souveraineté Alimentaire (Nyéléni, Mali, 2007) me parece un texto totalmente acorde con sus ideas. Dice:
"Inscribiendo nuestra lucha en la lucha por la igualdad entre los sexos, no queremos sufrir ni la opresión de las sociedades tradicionales, ni la de las sociedades modernas, ni las del mercado. Queremos aprovechar esta oportunidad para dejar atrás todos los prejuicios sexistas y desarrollar una nueva visión del mundo construida sobre principios de respeto, igualdad, justicia, solidaridad, paz y libertad".
Reconocen dos tipos de opresión sobre las mujeres y expresan la necesidad de luchar contra ambas. No hay una mitificación del pasado ni una visión acrítica del “desarrollo” destructor. Las ecofeministas del Norte y del Sur han de estar unidas por la sororidad internacional y el proyecto común de otro mundo posible.
¿Por qué hay tantas reticencias en sectores feministas y movimientos sociales de apropiarse de este tema?
Creo que, en gran medida, se debe a un desconocimiento de las corrientes constructivistas más recientes. Se identifica al ecofeminismo con un esencialismo bipolarizador de los sexos sin advertir que hay otras opciones. Muchas feministas piensan que ecofeminismo es sinónimo de identificación de la mujer con la Naturaleza y la maternidad y lo rechazan. Hace varios años que me esfuerzo en combatir esa idea equivocada. Existe también el temor de que la sacralización de la Vida presente en algunas corrientes pueda interferir en los derechos sexuales y reproductivos, particularmente en el de la interrupción voluntaria del embarazo. Por eso, uno de los ejes del ecofeminismo crítico que planteo es el reconocimiento expreso de estos derechos, conseguidos con mucho esfuerzo por generaciones de mujeres que lucharon por ellos. No soy la única ecofeminista que plantea esto. Las mismas ecofeministas espiritualistas latinoamericanas de la red Con-Spirando forman parte de Católicas por el Derecho a Decidir.
¿Es que un hombre puede reivindicarse del écofeminismo?
Claro que sí. Puesto que el ecofeminismo, tal como lo planteo, no se basa en una antropología filosófica esencialista sino constructivista, mujeres y hombres somos individuos con identidades sociales que pueden cambiar, evolucionar, mejorar. Un punto crucial es la revalorización de las actitudes y prácticas del cuidado, ampliadas al mundo no humano, y su universalización. Hombres o mujeres, todos somos capaces de desarrollarlas. Por ello es necesaria una educación ecológica que luche contra los estereotipos viriles desconectados de los sentimientos de empatía y compasión, estereotipos destructivos del dominio que han sido hegemónicos a lo largo de la Historia. Hoy, muchos hombres son críticos hacia estos modelos y quieren cambiarlos.
¡El ecofeminismo puede ser su elección!
Entrevista realizada por Juan Tortosa, para el Comité pour l'Annulation de la Dette du Tiers Monde (CADTM) y la Comisión Tiers Monde de l’Eglise Catholique (COTMEC-Ginebra)
(*) Alicia Puleo García es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, Profesora Titular de Universidad del Área de Filosofía Moral y Miembro del Consejo de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid. Ha publicado recientemente, Ecofeminismo para otro mundo posible, Madrid, Cátedra, 2011.
Yo lo entiendo como el encuentro entre la conciencia feminista, ecologista, pacifista y animalista en un siglo XXI en el que se hace indispensable revisar nuestra comprensión del lugar de la humanidad en la tierra. El ecofeminismo no es sólo conservacionismo de especies amenazadas. Comparte la preocupación por la justicia hacia los humanos con la ecología social. Tengo que señalar, sin embargo, que atendiendo a la pregunta que me hacéis, estoy contestando en base a lo que es mi propuesta ecofeminista. Hay distintas formas de pensar el ecofeminismo y no todas, por ejemplo, abordan el tema del Otro animal. Lo que sí todas comparten es la preocupación por los temas ecológicos que afectan particularmente a las mujeres. Como consumidoras y como productoras, las mujeres somos particularmente vulnerables, por razones biológicas, hormonales, a los productos tóxicos que se utilizan actualmente. Pensemos por ejemplo, en los herbicidas y pesticidas a los que están expuestas las trabajadoras del campo, o incluso las que viven cerca de zonas de cultivo. Los agrotóxicos son xenoestrógenos, sustancias químicas que por ser similares a los estrógenos producen patologías especiales en las mujeres. Esto no significa que los hombres sean inmunes a tales agresiones químicas, por supuesto. Pero el síndrome de hipersensibilidad química múltiple afecta especialmente a las mujeres y un número creciente de investigaciones atribuyen el gran aumento del cáncer de mama en las dos últimas décadas con la exposición a los xenoestrógenos presentes en agrotóxicos, dioxinas liberadas al medio ambiente por las incineradoras, resinas sintéticas de barnices y pinturas y un largo etcétera.
Por otro lado, como bien ha señalado Vandana Shiva, la situación de las mujeres rurales pobres en el llamado Tercer Mundo ha empeorado con el “mal desarrollo”. La Revolución Verde (no “verde” en el sentido ecológico, desde luego, sino ese nombre que se dio a la intensificación de la producción industrial de monocultivo) ha devastado el medio ambiente y terminado con la independencia de la producción familiar campesina. Con la globalización del capitalismo, se ha llevado a cabo una reconversión de grandes extensiones que eran silvestres. Una de las razones del ecofeminismo nacido en el Sur es justamente el gran deterioro de la calidad de vida de millones de mujeres que ahora tienen que caminar muchos kilómetros para encontrar agua o leña para el hogar en una tierra destinada ahora a producir para el mercado mundial. La megaminería en Latinoamérica o la destrucción de la tierra con el cultivo de la soja transgénica expulsan a los habitantes humanos y aniquilan a los no humanos. El envenenamiento del agua, la tierra y el aire es la nueva y última forma de colonización. La más monstruosa y completa que se haya visto. El ecofeminismo es resistencia contra este dominio total surgido de la codicia sin límites y de la fantasía de omnipotencia que hace del ser humano algo totalmente distinto y separado de la naturaleza.
¿Qué aporta el ecofeminismo al feminismo y a la ecología?
Al feminismo le aporta la sensibilidad ambiental y la comprensión de la grave crisis ecológica que estamos viviendo. También le abre las puertas de una crítica al antropocentrismo extremo que sólo concibe al ser humano como digno de consideración moral. Le ayuda a ver que existe una dimensión ecológica en ciertos graves problemas que soporta el colectivo femenino. También en sus soluciones. El feminismo siempre ha estado abierto a las nuevas teorías y temáticas. No es extraño que ahora se abra al ecologismo.
A su vez el ecologismo gana porque las claves analíticas del feminismo le son útiles y la incorporación de las reivindicaciones de igualdad lo hace más atractivo para las mujeres. Uno de los temores que suscitan los discursos ecologistas en las mujeres es verse retrotraídas hacia formas de vida en las que están o han estado más explotadas u oprimidas que en el presente. En esta cuestión, el ecologismo ha de ser claro y manifestar que toma en cuenta de manera efectiva los derechos de las mujeres y está resuelto a trabajar contra el sexismo y el androcentrismo.
Finalmente, quiero señalar que hay puntos en común entre lo que ha sido llamado “ciudadanía ecológica” como forma deseable de habitar en el mundo y la “ética del cuidado” estudiada por la teoría feminista en los últimos años. Ambas son modelos de cooperación, responsabilidad en el cuidado de lo vulnerable y abandono de la tiranía de la lógica egoísta y mercantil.
Tú reivindicas un ecofeminismo de la Ilustración. ¿Qué significa?
Yo he hablado de “ecofeminismo crítico” o “ilustrado” para denominar mi posición teórica. Implica una revisión crítica del legado de la Ilustración que distinga entre aquello que es necesario transformar y aquello que hay que conservar: los Derechos Humanos, la tríada de libertad, igualdad y fraternidad que está en el origen de movimientos emancipatorios como el socialismo, el anarquismo, el feminismo o la consideración de los animales no humanos en el mundo occidental. Se trata de aplicar el pensamiento crítico ilustrado a la misma Ilustración sin llegar a erosionarla de tal forma que hasta la posibilidad de la crítica se invalide. La Ilustración tiene un legado dual, como lo ha puesto de manifiesto el mismo feminismo al denunciar las formas de patriarcado fraternal que surgen con las revoluciones burguesas. Y con respecto a la Naturaleza, ha implicado un discurso y una práctica de dominación. Pero en ambos casos, también ha facilitado conocimientos científicos y paradigmas filosóficos útiles para desmantelar la dominación.
El ecofeminismo que tu defiendes y ese que defienden las mujeres en el Sur, ¿tienen puntos en común, o el ecofeminismo de la Ilustración solo habla a las mujeres del Norte?
Por supuesto que el ecofeminismo crítico que planteo tiene puntos en común. De hecho, el Manifeste des Femmes pour la Souveraineté Alimentaire (Nyéléni, Mali, 2007) me parece un texto totalmente acorde con sus ideas. Dice:
"Inscribiendo nuestra lucha en la lucha por la igualdad entre los sexos, no queremos sufrir ni la opresión de las sociedades tradicionales, ni la de las sociedades modernas, ni las del mercado. Queremos aprovechar esta oportunidad para dejar atrás todos los prejuicios sexistas y desarrollar una nueva visión del mundo construida sobre principios de respeto, igualdad, justicia, solidaridad, paz y libertad".
Reconocen dos tipos de opresión sobre las mujeres y expresan la necesidad de luchar contra ambas. No hay una mitificación del pasado ni una visión acrítica del “desarrollo” destructor. Las ecofeministas del Norte y del Sur han de estar unidas por la sororidad internacional y el proyecto común de otro mundo posible.
¿Por qué hay tantas reticencias en sectores feministas y movimientos sociales de apropiarse de este tema?
Creo que, en gran medida, se debe a un desconocimiento de las corrientes constructivistas más recientes. Se identifica al ecofeminismo con un esencialismo bipolarizador de los sexos sin advertir que hay otras opciones. Muchas feministas piensan que ecofeminismo es sinónimo de identificación de la mujer con la Naturaleza y la maternidad y lo rechazan. Hace varios años que me esfuerzo en combatir esa idea equivocada. Existe también el temor de que la sacralización de la Vida presente en algunas corrientes pueda interferir en los derechos sexuales y reproductivos, particularmente en el de la interrupción voluntaria del embarazo. Por eso, uno de los ejes del ecofeminismo crítico que planteo es el reconocimiento expreso de estos derechos, conseguidos con mucho esfuerzo por generaciones de mujeres que lucharon por ellos. No soy la única ecofeminista que plantea esto. Las mismas ecofeministas espiritualistas latinoamericanas de la red Con-Spirando forman parte de Católicas por el Derecho a Decidir.
¿Es que un hombre puede reivindicarse del écofeminismo?
Claro que sí. Puesto que el ecofeminismo, tal como lo planteo, no se basa en una antropología filosófica esencialista sino constructivista, mujeres y hombres somos individuos con identidades sociales que pueden cambiar, evolucionar, mejorar. Un punto crucial es la revalorización de las actitudes y prácticas del cuidado, ampliadas al mundo no humano, y su universalización. Hombres o mujeres, todos somos capaces de desarrollarlas. Por ello es necesaria una educación ecológica que luche contra los estereotipos viriles desconectados de los sentimientos de empatía y compasión, estereotipos destructivos del dominio que han sido hegemónicos a lo largo de la Historia. Hoy, muchos hombres son críticos hacia estos modelos y quieren cambiarlos.
¡El ecofeminismo puede ser su elección!
Entrevista realizada por Juan Tortosa, para el Comité pour l'Annulation de la Dette du Tiers Monde (CADTM) y la Comisión Tiers Monde de l’Eglise Catholique (COTMEC-Ginebra)
(*) Alicia Puleo García es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, Profesora Titular de Universidad del Área de Filosofía Moral y Miembro del Consejo de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid. Ha publicado recientemente, Ecofeminismo para otro mundo posible, Madrid, Cátedra, 2011.
sábado, mayo 12, 2012
La naturaleza insumisa
¿Las mujeres abordan de modo diverso las cuestiones ambientales? ¿Cuál es el aporte de la teoría de género a los dilemas que plantea la destrucción de la naturaleza? Preguntas que dan sustento a la corriente teórica del ecofeminismo y que la filósofa Paula Núñez explora desde la publicación de su tesis doctoral, “Distancias entre la ecología y la praxis ambiental. Una lectura crítica desde el ecofeminismo”, donde se descubre que mujeres y naturaleza son las víctimas de una violencia inusitada.
Por Susana Yappert / Página 12
Un reconocido ambientalista dijo que la clave de la resistencia en Famatina estaba en la presencia de “ mujeres muy valientes”. “Buenas chicas”, agregó entonces el gobernador de La Rioja, Luis Beder Herrera, pero “algo trastornadas”. A este “trastornadas” siguió el mote de “brujas” con el que se intentó descalificar a las activistas que enfrentaban al gobierno y al poder de la empresa minera trasnacional Barrick Gold. Desde la Casa de Gobierno de La Rioja acusaron a Carina Díaz Moreno, Lucy Avila, Paula Dávila, Gabriela Romano y demás mujeres de la resistencia de prácticas brujeriles para ahuyentar a quienes quieren cambiar el paisaje para sacar oro de las entrañas de la tierra. Las activistas, activistas al fin, decidieron seguir molestando a las autoridades. Arrojaron muñequitos vudú al patio de la gobernación. Los muñecos, con la cara de Beder Herrera, tenían el cuerpo aguijoneado con alfileres. “Los policías no sabían cómo retirarlos del patio, porque creían que les iban a traer mala suerte”, cuenta una risueña militante.
Pero ¿en qué punto ligan las mujeres con la ecología, las mujeres con las brujas, las brujas con la ciencia y la ciencia con las mujeres? Para algunas científicas, estos conceptos ligan y mucho. Hay varias entradas posibles para pensar “naturaleza” y “sociedad”, realidades que el paradigma del “homo economicus” se empeña en divorciar.
El tema no es sencillo, ilumina problemas interconectados: “Las sociedades actuales tienen dos grandes deudas: el desgaste ambiental y la distribución inequitativa de la riqueza. María José Guerra Palmero liga la desigualdad económica y el medio ambiente al asegurar que la pobreza no puede pensarse en forma ajena al deterioro y la expropiación de los recursos naturales. La pregunta que queda en el aire es cómo pensar el vínculo entre estos temas pendientes. El límite de la ciencia es el supuesto que entiende la sociedad como escindida de la naturaleza. Los movimientos ambientales, aun con las reivindicaciones que proponen, suelen reproducir esa lógica dual. Sobre estas limitantes la teoría de género, y más precisamente el ecofeminismo, ofrece una perspectiva que muestra c
ómo un imaginario patriarcal sesga el mapa de comprensión del problema de la naturaleza”, afirma la doctora en Filosofía Paula Núñez.
Investigadora del Conicet, esta profesora de Matemáticas, licenciada en Historia y master en Filosofía e Historia de las Ciencias, con residencia en Bariloche y trabajo en la Universidad de Río Negro, indaga la relación entre ecología como disciplina científica y su articulación con movimientos ambientalistas, para encontrar el itinerario de esta virtual separación (naturaleza-sociedad). Para explorar la construcción de esas formas de dominio apela a “uno de los marcos teóricos más dinámicos en la revisión de la naturalización y ocultamiento de diferencias: la teoría de género”. En tiempos de construir hipótesis dio con esta teoría y con el ecofeminismo, pilares donde reposan sus formulaciones, que acaba de publicar en su libro Distancias entre la ecología y la praxis ambiental. Una lectura crítica desde el ecofeminismo (Editorial Edulp, 2011).
“Examino con especial interés la situación femenina y el peso fundante de la metáfora que liga a la mujer a la naturaleza, no sólo para dar cuenta de un problema sectorizado sino para profundizar en el análisis de la constitución de las formas de dominio y la búsqueda de alternativas. Las mujeres, como señala la filósofa australiana Val Plumwood, parecemos estar mejor colocadas para examinar y resolver ese antiguo dualismo: podemos hablar y razonar desde la posición de –y en solidaridad con– los que han sido considerados como ‘la naturaleza’. Ese es el objetivo central de mi libro.”
Paula habla rápido y sin tropiezos. Es apasionada y tiene sentido del humor. Es muy joven para todos los títulos que acumula y, sin dudas, se atrevió a ir más allá de los pilares epistemológicos en los que fue formada. Hoy se aproxima a una síntesis más que interesante. “Nací en Esquel y crecí en las represas hidroeléctricas de la Patagonia, un año en cada lugar. En mi adolescencia llegué a Bariloche, aquí estudié varias carreras. Hice mi doctorado en Filosofía en la Universidad de La Plata, dirigida por María Luisa Femenías, y una formación posdoctoral en Valladolid, con Alicia Puleo. Con una formación tan variada llegué a los estudios de género, por no encontrar caminos en ámbitos de reflexión más comunes.”
Piensa desde su lugar en el mundo, Bariloche. “Siempre me interesó esta ciudad, su desarrollo, el particular vínculo con su entorno, y esto se refleja en toda mi carrera. En mi maestría comencé a indagar el complejo vínculo entre la sociedad y la naturaleza a partir de analizar el conocimiento en ecología, pero cuando quise avanzar en esto más allá de los fenómenos de la investigación científica, me encontré con muchos problemas para ir desde la ciencia a la sociedad y no podía evitar preguntarme cómo era tan difícil rodeados de tanto paisaje tan espectacular. Estaba con estos problemas cuando la filósofa María Luisa Femenías me acercó textos de ecofeminismo, y las claves de interpretación que se encuentran a partir de pensar a la sociedad moderna y todos sus productos (como la ciencia) atravesados por una metáfora fundamental, la asimilación de la idea de la mujer a la de naturaleza. La mujer es emoción; el varón, razón. Las actividades de la mujer son naturales; las de los varones, aportes. Y de esta simple dicotomía fundamental fui avanzando primeramente en la revisión de supuestos, más adelante en la reflexión de la historia local y problematización de los proyectos de desarrollo que se proyectaron en la región, descubriendo en aquéllos estos ejercicios de diferencia.”
¿Qué es el ecofeminismo? Núñez lo define: “La vinculación entre feminismo y ecología fue reconocida por primera vez en los años en que la reivindicación ambiental empezó a cobrar fuerza, es una corriente teórica que problematiza la modernidad. La denominación de ecofeminismo fue introducida por Françoise d’Eaubonne en 1974, quien mostró cómo la lógica de dominio, que las feministas denunciaban desde hacía tantos años, no era ajena al dominio extremo que se proyectaba sobre la naturaleza. La relación entre `la mujer’ y `la naturaleza’ es de larga data. El modelo patriarcal las ha equiparado a ambas a través de formas similares de dominio. En contra del hombre-varón, asociado a la razón, la mujer se presentaba con una cercanía particular a los animales-no humanos y las plantas, vinculada a la reproducción y la subsistencia. En contra de la razón, la mujer se manejaba por instinto y sentimientos. Así, se justifica el dominio, porque el patriarcado, antes de presentarse como una actitud opresiva, se conforma como un modo paternal de cuidado. Los seres caracterizados como menos racionales –mujeres, hombres de culturas no occidentales, animales no humanos– son considerados con limitaciones para decidir en su propio beneficio. La naturaleza, presentada como el ámbito no-humano, irracional, caprichoso, contiene en su seno a ese conjunto de seres jerárquicamente prejuzgados como inferiores o débiles.
Pero no sólo se asocia a la mujer, sino que se extiende a todo aquello que es feminizado por la cultura.
–Sí, claro. El ecofeminismo, que observa críticamente la forma en que nos apropiamos de la naturaleza, detecta algo en común: que en la sociedad subyace una diferenciación peyorativa en los términos “varón”-”mujer”, pero no “mujer” como ser femenino o como mujer-humana, sino que hay un conjunto de seres y de espacios feminizados, obviamente allí está la mujer humana, pero también está la naturaleza. Y en esa diferenciación peyorativa entendemos que tanto mujer como naturaleza se puedan usar, que como son irracionales hay que racionalizarlas, hay que controlarlas, porque lo mejor que podemos hacer por ellas es dominarlas. Pero hay algo más: sería apropiado hablar de ecofeminismos, pues no se trata de una teoría homogénea. El variado marco de la filosofía de género se encuentra atravesado por profundas discusiones internas, en las que existe esta rama especialmente dedicada a reflexionar sobre la relación entre la sociedad y la naturaleza, que son los ecofeminismos, y desde ellos exploro el uso metafórico del lenguaje referido a la naturaleza, dado que legitimó situaciones de dominio en relación con vastos sectores de la humanidad, entre los que se cuentan las mujeres. En base a una cierta hegemonía de la lógica de dominio –en el sentido en que lo entendieron Horkheimer y Adorno– se naturalizó a las mujeres y se proyectó sobre ellas y sobre la naturaleza las mismas estrategias de control y sometimiento, asimilando la idea de mujer a la de naturaleza. En general, esos mecanismos se extendieron hacia cualquier forma considerada diferente (población femenina, cultura periférica, religión minoritaria, etcétera) en términos jerárquicamente inferiores.
¿Cómo operaría esta metáfora si pensamos en algún ejemplo local?
–Si una empieza a recorrer la metáfora, podríamos pensar en dos ejemplos de Bariloche. Hay un libro, digamos fundacional, El despertar de Bariloche, escrito por Exequiel Bustillo, que es en sí una de estas metáforas de género. La idea es la siguiente: Bariloche sería como una princesa a la cual despertó el príncipe, que es el Estado nacional. Lo que hay antes de la llegada de este príncipe-Estado, lo que hicieron los pioneros, los primeros pobladores que estaban allí antes de la llegada de Parques Nacionales, no tiene valor. Es una terrible construcción simbólica que va invisibilizando las autonomías y las va tornando dependientes de eso que se considera masculino. Otro ejemplo más actual, que estoy investigando, tiene que ver con un vínculo entre el bosque y la estepa, que encuentran desafíos en el momento de discutir la distribución de la tierra en latifundios y las explotaciones ovinas a gran escala. Aquí encuentro que nuevamente las grandes invisibles y violentadas son las mujeres. Estamos explorando este tema a partir del análisis de la organización de comunidades rurales y el reconocimiento de procesos de economía doméstica.
¿Hay similitud entre la violencia que se ejerce hacia la mujer y la violencia que se ejerce hacia la naturaleza y el rol del Estado en todo esto?
–Tanto el ecofeminismo como el feminismo son corrientes teóricas que tuvieron sus versiones muy esencialistas en los ‘60-’70 y hoy ya tienen unas versiones bastante más críticas, que tratan de alejarse de ese esencialismo de origen. Hoy por hoy plantean que no se trata de ver a la mujer, sino a aquello que es feminizado. Entonces, del feminismo se toma esta idea de que la violencia de género no es estrictamente violencia hacia la mujer, sino hacia aquellos cuerpos que son feminizados, tal como decía antes. Por ejemplo, los niños y niñas, la población homosexual, incluso la naturaleza, aquí es donde se agrega el ecofeminismo. Por ejemplo, en las intervenciones de minería. ¿Cómo es esto de intervenir absolutamente una tierra, devastarla, en función de intereses? o ¿qué hace que eso sea legítimo? Eso también es un espacio feminizado en ese sentido peyorativo de poder ser atravesado, penetrado, usado, explotado. Uno de los libros que más me llamó la atención es de una autora inglesa, Carolyn Merchant. Habla de la muerte de la naturaleza, analiza el nacimiento de la modernidad con Francis Bacon. Son fascinantes las metáforas de Bacon de cómo se conoce la naturaleza. Leés cómo una naturaleza que en el Medioevo se veía como algo vivo y, en relación, cómo pasa a ser analizada, penetrada, desarmada, desmembrada como una rana que está en una mesa, descuartizada y vista por quien busca analizarla. Una lee esas metáforas de Bacon y parece que estuviese leyendo una violación a una mujer.
¿Cómo abordaría esta mirada los conflictos de corte ecológico que irrumpieron en la agenda político-mediática de la Argentina?
–Hace un tiempo vino Tomás Abraham a dar una clase a Bariloche sobre las grandes líneas filosóficas del siglo XX. En su charla, el feminismo estuvo ausente. En la academia hay un claro ejercicio de silenciamiento de la teoría feminista, más allá de las teóricas feministas. En la Argentina hay investigadoras de reconocimiento internacional que en nuestras universidades no se conocen; la academia no reconoce la importancia de esta teoría. En realidad no la reconoce porque la silencia. Entonces, si pienso en cómo la abordaría, antes debería pensar en apropiarse de esta teoría para repensar todo otra vez. Creo que, como señala Val Plumwood, gran parte del problema, tanto para las mujeres como para la naturaleza, yace en concepciones racionalistas o derivadas del racionalismo acerca del yo y de qué es esencial y valorable en el carácter humano. Es en nombre de la razón que a esas otras cosas, lo femenino, lo emocional, lo meramente corporal o lo meramente animal –y el mundo natural mismo– se les ha negado su virtud y se les ha acordado una posición inferior y meramente instrumental. En este sentido repensar todo otra vez significa también un cambio de paradigma.
miércoles, febrero 22, 2012
“La economía no cuenta cifras clave como el número de niños que sufren desnutrición o los kilómetros que debe andar una mujer para conseguir agua”
Mercé Rivas Torres / Kaos en la RedFísica, filósofa, pacifista y feminista, es una de las pioneras del movimiento ecofeminista. En 1993 le concedieron el Premio Nobel Alternativo y es una de las voces más críticas contra la globalización y contra los alimentos manipulados genéticamente...
Vandana Shiva (India, 1952) es una mujer polifacética: física, filósofa, pacifista y feminista. Es una de las pioneras del movimiento ecofeminista y directora de la Fundación para la Investigación en Ciencia, Tecnología y Ecología (Research Foundation for Science, Technology and Ecology, en inglés) en Nueva Delhi. En 1993 le concedieron el Premio Nobel Alternativo. Es una de las voces más críticas contra la globalización y contra los alimentos manipulados genéticamente.
Para Vandana, “el ecofeminismo es poner la vida en el centro de la organización social, política y económica. Las mujeres ya lo hacen porque se les ha dejado la tarea del cuidado y del mantenimiento de la vida”.“El ecofeminismo, como su nombre indica, es la convergencia de la ecología y del feminismo”, explica didácticamente Vandana Shiva, la cual saltó a la fama en los años setenta al impedir la tala indiscriminada de bosques de su país abrazándose a los árboles al igual que miles de mujeres, creando el movimiento chipko.
Poseedora de una gran fuerza vital e intelectual, Vandana explica la importancia de la ecología y el feminismo para garantizar la supervivencia y la igualdad entre hombres y mujeres que forman parte de una misma especie. Esta optimista mujer fue capaz de movilizar a cinco millones de campesinos de India contra la Unión General de Tarifas de Comercio y de ponerse a la cabeza de la gran movilización contra la globalización en la cumbre celebrada por la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle a finales de 1999.
“Pienso que la acción y la reflexión deben ir unidas. No hay una ideología perfecta, es simplemente una política de responsabilidad. La diversidad no es el problema, es la solución para las crisis políticas de la intolerancia, las crisis ecológicas de la no sostenibilidad y las económicas de la exclusión y de la injusticia”, sigue afirmando con una gran convicción.
Vandana cree que el capitalismo ha sido presentado como un modo de crecimiento “pero es en realidad un modo de pobreza y de algún modo la globalización es el clímax final del capitalismo”, reflexiona Vandana en voz alta.
Gran comunicadora, siempre sonriente, afirma que ella viene de una región del norte de la India, a los pies del Himalaya en donde hay muchas cosas para las que no necesitan dinero, sólo amor mutuo. “Por lo tanto, las relaciones son la alternativa al capital. Crear relaciones es la alternativa a la pobreza que causa el capital”, concluye.
Autora de numerosos libros, es muy crítica con la consideración de su país como potencia emergente: “El modelo económico de la India es una catástrofe porque solo funciona para un puñado de personas mientras que son millones las que comen menos y tienen menos agua”. Y, frente a la admiración por el crecimiento de la economía india, que el año pasado fue de un 9%, denuncia: “Lo que muchos consideran un milagro económico es un desastre, sobre todo porque ha dado la espalda a la naturaleza, a sus procesos ecológicos y a los ecosistemas vitales”.
Detrás de un colorido sari al que dice que no piensa renunciar nunca, ya que para ella es un signo de identidad y “bastante más favorecedor que unos vaqueros”, Vandana Shiva es un huracán que sacude conciencias por donde pasa. Es capaz de plantarle cara a las grandes corporaciones internacionales, a las que acusa de criminalizar la agricultura, apropiarse de los recursos básicos y expoliar la tierra.
Mujer vital, valiente, incansable en sus denuncias, es una firme defensora de la agricultura orgánica como la verdadera solución al cambio climático y cree en la necesidad urgente de reforestar el planeta.
Se indigna al hablar de los millones de personas que comen menos y que tienen menos agua para beber, “muchas comunidades se ven obligadas a abandonar sus tierras para que otra fábrica pueda instalarse y miles de granjeros luchan a las afueras de Nueva Delhi contra los proyectos de convertir su tierra de cultivo en zonas urbanas”, matiza.
Vandana denuncia que la economía no tiene en cuenta las cifras clave, “como el número de niños que sufren desnutrición o los kilómetros que tiene que andar una mujer para conseguir agua”. Se siente muy identificada con el líder Mahatma Gandhi cuando afirmaba que los recursos naturales deben ser de dominio público, por lo que el agua no puede ser privatizada ni la tierra monopolizada.
Esta filósofa reconocida mundialmente opina que “la igualdad puede significar dos tipos de cosas, por un lado el parecerse, ser similares, o puede significar diversidad sin discriminación. Yo creo en esta última definición. Quiero tener la posibilidad de ser hindú, no quiero convertirme en una europea. Yo quiero ser y quiero espacio para ser hindú. Yo quiero ser mujer, no quiero convertirme en un hombre, no quiero poder ser violento, como mi segunda naturaleza, no quiero ser irresponsable, no quiero asumir que otra persona tenga que arreglar el desorden que dejo tras de mí, yo tengo que arreglar el desorden que creo”. Por lo tanto, resume con firmeza, “yo quiero la libertad para ser diferente, pero no quiero ser castigada por serlo. Eso es para mí la igualdad”.
Lúcida, revolucionaria, enérgica y carismática, es consciente de las críticas y rechazo que despiertan sus opiniones. Afirma que “el patriarcado capitalista dominante es una ideología basada en el miedo y la inseguridad. Miedo a todo lo que está vivo, ya que cualquier libertad autónoma es amenazante para ellos”. Por eso defiende a capa y espada su ecofeminismo, “que es la filosofía de la seguridad, de la paz, de la confianza”.
Pero quizás uno de sus posicionamientos más duros sea contra el Banco Mundial porque forzó al Gobierno de India a reducir los subsidios que hacían que funcionara la distribución de alimentos. “Ellos lo llamaban subsidios, pero en realidad eran apoyos. Hay que gastar dinero para mantener los derechos fundamentales de nuestra gente. Y el Banco Mundial dijo: ‘No se puede gastar este dinero para alimentar a la gente’. Y así empezó la crisis alimentaria”.
Como consecuencia de esa política, “la gente dejó de comprar comida y empezó a morir de hambre. 50 millones de personas están a punto de morir de hambre mientras 60 millones de toneladas de alimentos se pudren en los graneros. Pero esos 60 millones de toneladas no son excedentes, yo les llamo pseudoexcedentes y ahora están siendo exportados al mercado mundial anunciando que India tiene tanto alimento que lo puede exportar. Pero lo que no dicen es que nosotros tenemos tanto alimento porque la gente se está muriendo de hambre”, remata con indignación.
Asegura que los hindúes ven lo que está pasando y protestan mucho pero sigue soñando con una biodiversidad libre, que pertenezca a los campesinos, donde el agua sea accesible al igual que la comida. “El sistema es muy sencillo de crear”, opina optimista Vandana, “pero está siendo impedido por las políticas que nos gobiernan a nivel internacional y éste es el motivo por el que cada día de mi vida insisto en que tenemos que dejar de cooperar con esas políticas”.
Recuerda con rostro nostálgico a Gandhi cuando caminó hasta la playa para buscar sal mientras los británicos decían que ellos eran los únicos que podían hacer sal, “para así tener más dinero para financiar mayores ejércitos para dispararnos”, concluye con una sonrisa irónica.
Fuente: http://periodismohumano.com/mujer/vandana-shiva.html
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144836
jueves, diciembre 08, 2011
Soberania Alimentaria y Ecofeminismo
Pilar GalindoAporrea La desigualdad de las mujeres respecto a los hombres, anterior al capitalismo, le es funcional. El mercado global es capitalista y masculino. El progreso económico se sustenta en la explotación de l@s trabajador@s y el trabajo invisible de las mujeres. La alianza entre el capitalismo y el patriarcado afianza el dominio sobre trabajador@s, mujeres, pueblos y naturaleza. Por eso la lucha de las mujeres por la igualdad no puede obviar la lucha contra las crisis económicas, los desastres ecológicos, la desnutrición y las enfermedades alimentarias o inmunológicas originadas por la economía global.
La inseguridad alimentaria afecta a media humanidad: más de mil millones de personas con subnutrición crónica y casi dos mil millones enfermas de obesidad, diabetes, estreñimiento, cardiopatías, etc. [1] . Millones de muertos anuales por desnutrición y carencia de agua potable, pero también por una alimentación enfermante (exceso de grasas, proteínas de origen animal, productos químicos, sal y azúcar refinada). [2]
La capacidad de una población para disponer de alimentos nutritivos en cantidad y calidad suficiente (seguridad alimentaria), es un derecho humano de primer orden y la condición para el desarrollo integral de las persona [3]. La economía de mercado no persigue la seguridad alimentaria sino obtener beneficios en el mercado mundial [4]. El hambre y la comida basura tienen su origen en la mercantilización, industrialización y globalización de los alimentos. [5]
El trabajo de cuidados realizado por las mujeres es la primera víctima de la inseguridad alimentaria. Somos las primeras en sufrir los daños de la desnutrición, las enfermedades alimentarias y el deterioro del medio ambiente sobre niñ@s y enfermos. La desigual condición de hombres y mujeres se agudiza en los países empobrecidos, las clases trabajadoras y los colectivos marginados.
La capacidad de los pueblos para producir, distribuir y consumir sus propios alimentos (soberanía alimentaria) es la condición para la seguridad alimentaria. [6] La mercantilización e industrialización de la agricultura y la alimentación para el mercado global es el principal enemigo de la soberanía alimentaria. [7] No hay soberanía alimentaria sin la autodeterminación de los pueblos y las mujeres para conseguir este derecho.
El capitalismo no ha inventado la separación de la esfera pública (mercado) y la privada (hogar), pero se beneficia de ella y la lleva hasta sus últimas consecuencias. Esta separación implica una dualidad de tareas y funciones hombre/mujer y la subordinación de las mujeres a los hombres, independientemente de su posición social.
La desigualdad de las mujeres respecto a los hombres, anterior al capitalismo, le es funcional. Los cuidados en el espacio domestico contribuyen a la producción de mercancías con un coste económico oculto. La economía externaliza ese coste que es asumido por las mujeres. Ninguna mujer puede reclamar a la sociedad el trabajo realizado en el ámbito doméstico. Tampoco puede abandonar esas tareas sin que caiga sobre ella la culpa, aunque la mayoría de los hombres lo hacen y no pasa nada.
La economía de mercado considera improductivo el trabajo de cuidados. Pero no puede confundirse la conquista de la igualdad entre hombres y mujeres con la mera emergencia de los costes materiales de dicho trabajo.[8]
Si para liberar de estas tareas reproductivas a las mujeres se hace una estricta valoración económica (salarizar el trabajo doméstico), quedan fuera los aspectos inmateriales y no mercantilizables de esta actividad. Los cuidados implican experiencia, afectos, tiempos, no movilizados por un salario. La lucha de las mujeres para conquistar su independencia económica supone entrar en el mercado con la carga de los cuidados. Muchas mujeres entran en el mercado de trabajo global para cuidar a los hijos y mayores de otras mujeres, separándose de sus hijos. Mujeres asalariadas encadenan a sus madres para que cuiden a sus hij@s. La retribución del trabajo de cuidados no es nada sin el reparto del mismo entre hombres y mujeres. [9]
El mercado global es capitalista y masculino. El progreso económico se sustenta en la explotación de l@s trabajador@s y el trabajo invisible de las mujeres. La alianza entre el capitalismo y el patriarcado afianza el dominio sobre trabajador@s, mujeres, pueblos y naturaleza. Por eso la lucha de las mujeres por la igualdad no puede obviar la lucha contra las crisis económicas, los desastres ecológicos, la desnutrición y las enfermedades alimentarias o inmunológicas originadas por la economía global.
El “progreso” industrial disminuye el trabajo de cuidados mediante electrodomésticos que reducen el tiempo de cocinado y limpieza a costa de un gran consumo de materiales y energía. Supone un enorme negocio que daña nuestra salud por ondas electromagnéticas, químicos y emisiones de CO2, no generalizables a toda la población mundial. Los alimentos procesados y precocinados nos alimentan mal, nos enferman y son más caros. El ahorro de tiempo, lo pagamos en cuidados a l@s enferm@s.
Esta modernización se basa en el dominio del ser humano sobre la naturaleza y de los hombres sobre las mujeres. Ignorar la alianza entre capitalismo y machismo, supone una grave pérdida para la causa de las mujeres, reducida a un feminismo institucional y capitalista. Al igual que para el movimiento obrero supone perseguir un socialismo consumista, contaminante y machista.
La amenaza para la vida en el planeta nos interpela a las mujeres. La lucha por la supervivencia requiere enfrentarse a las multinacionales y sus políticos a sueldo. Pero también, impulsar acontecimientos económicos, asociativos y culturales en defensa de la vida, la naturaleza y la soberanía alimentaria.
Las mujeres de los países ricos, aunque subordinadas a los hombres, estamos del lado de los beneficiados por el capitalismo patriarcal. Con dobles jornadas, nuestras comodidades implican la explotación de la naturaleza y de otras mujeres. El capitalismo patriarcal y la civilización “moderna” desgarran la sociedad y manipulan la noción de bien común. No perseguimos una vida pacífica y segura para tod@s. Las personas beneficiadas lo son a expensas de las perjudicadas. El progreso depende de la subordinación de la naturaleza a la economía, de la mujer al hombre, del consumo básico al consumismo irracional, del trabajo al empleo y de la participación a la delegación.
El ecofeminismo plantea la necesidad de una nueva cosmología y una nueva antropología que nos coloque, como seres humanos, en el lugar que nos corresponde, dentro y no sobre la naturaleza y que potencie la cooperación, el cuidado mutuo, el amor, como formas de relación entre los hombres y mujeres, y entre los seres humanos y la naturaleza. [10] El ecofeminismo pone en cuestión la concepción ilustrada de que la libertad y felicidad del “Hombre” requieren de la emancipación de la naturaleza, mediante el dominio y control sobre ella para salir del reino de la necesidad en dirección al reino de la libertad. Esta concepción de emancipación implica el dominio sobre la naturaleza, incluida la naturaleza femenina. El ecologismo, con la denuncia de las catástrofes provocadas por la aplicación de esta concepción de “libertad humana”, ha cuestionado las aplicaciones científicas y tecnológicas asociadas a estas teorías. El ecofeminismo, para ser ecológico y feminista, debe enfrentarse con la perversa emancipación derivada del progreso económico y tecnológico, sin olvidar que cualquier paso en la buena dirección implica, aquí y ahora, el reparto de trabajos y cuidados con los hombres. Esto significa remover las condiciones de vida de l@s beneficiari@s de la globalización interpelando a las clases medias de los países ricos, incluidos los sectores agrarios “modernos”, el sindicalismo y algunas corrientes feministas cuando celebran, sin matices, la presencia de la tecnología en nuestra vida cotidiana y de las mujeres presidiendo multinacionales, ejércitos y estados agresores.
Debemos poner en primer plano las necesidades fundamentales: alimento, cuidados, afecto, salud, educación, vivienda, trabajo digno, cooperación, cultura y participación. Aprender de las mujeres campesinas una concepción de la supervivencia más austera en el consumo y más rica en las necesidades básicas económicas, sociales y afectivas. Atravesar la lucha feminista con la lucha por la seguridad y la soberanía alimentaria, la defensa de un consumo responsable agroecológico y el fin de la subordinación de las mujeres respecto a los hombres. Denunciar los abusos de las multinacionales y educarnos en una cultura alimentaria que nos defienda de la publicidad engañosa, mientras tomamos la seguridad alimentaria en nuestras propias manos. [11] www.ecoportal.net
2º Entrega de la Campaña contra la Presidencia española de la UE. ABRIL de 2010 - SOBERANÍA ALIMENTARIA Y ECOFEMINISMO.
Por Pilar Galindo, Colectivo Feminista Las Garbancitas. http://www.nodo50.org:80/lagarbancitaecologica
PARA ADHERIRSE A LA CAMPAÑA: ESCRIBIR UN MENSAJE A gaksmadrid@nodo50.org o lagarbancitaecologica@nodo50.org
lunes, septiembre 26, 2011
Ecofeminismo para otro mundo posible
Montserrat BoixMujeres en Red Por fin un libro que ofrece al feminismo claves ecológicas imprescindibles y al movimiento ecologista claves feministas ineludibles para construir otro mundo posible. Alicia Puleo ha sido pionera en el ecofeminismo. Implicada desde hace una década en su investigación, ofrece en su nuevo libro Ecofeminismo para otro mundo posible una visión sólida, madura y práctica de los retos a los que nos enfrentamos en nuestro día a día para construir una sociedad más ética y sostenible.
Cuando coordiné un curso sobre ecofeminismo en la Universidad Complutense de Madrid a finales de los años 90 me dio la impresión de que nos faltaba en la cultura ibérica y latinoamericana referentes de elaboración propia que tuvieran que ver con la línea de feminismo que yo seguía – dice Puleo- y empecé a profundizar en ciertos aspectos de la teoría y de la acción.
Cuenta que quería un libro artesanal y sin duda lo ha conseguido. Ha sido como un sueño, noches enteras leyendo, investigando, siguiendo el hilo de la curiosidad. El libro es el resultado de cinco años de trabajo y mucha reflexión.
Ecofeminismo para otro mundo posible conecta el feminismo con los movimientos sociales del siglo XXI y presenta un ecofeminismo que recoge el legado igualitario.
Imposible pensar en otro mundo posible sin tener muy presente la desigualdad del reparto de la tierra -apenas el 1 por ciento de la propiedad de la tierra está en manos de las mujeres-
Alicia Puleo plantea en su libro una crítica contundente al neoliberalismo y su responsabilidad en la destrucción del planeta. Denuncia la desigualdad brutal en el reparto de la tierra, la feminización de la pobreza.
Los problemas del planeta nos unen por definición a todas las personas del mundo pero de manera especial para las mujeres. Las mujeres unidas, las del norte y las del sur, las de los países desarrollados y las de los países en desarrollo, tenemos mucho que decir y somos decisivas para dar un giro global al futuro.
¿ES POSIBLE UN ECOLOGISMO SIN PERSPECTIVA DE GÉNERO?
Existe. No hay más que ver la gran cantidad de materiales destinados a la formación en ecología y protección medioambiental en los que las mujeres permanecen invisibles. También ha habido alguna declaración infortunada de líderes ecologistas anglosajones que llamaban a las mujeres a volver al hogar porque era más ecológico. O, para seguir con el tema del multiculturalismo, se ha mitificado la relación de pareja de sociedades etnológicas en las que las mujeres se encuentran totalmente sometidas. Pero también hay que decir que una parte importante del movimiento ecologista está integrando la perspectiva de género y se interesa por el ecofeminismo. Esta tendencia es inteligente y tiene futuro.
APORTACIONES A LA LITERATURA FEMINISTA Y A LA LITERATURA ECOLOGISTA
En primer lugar, el libro aporta un acercamiento filosófico entre feminismo y ecología para el siglo XXI, una proximidad amistosa que contribuya a la riqueza del pensamiento y de la praxis de ambos, sin subordinaciones. Señala las conexiones y las dificultades de esta relación. Aspira a ofrecer al feminismo algunas claves ecológicas actuales relevantes para las mujeres; y al ecologismo, las claves feministas que necesita para profundizar en ciertos aspectos de su teoría y de su acción.
¿Qué interés tiene para las feministas?
En primer lugar, ofrecer un ecofeminismo no esencialista, una teoría que no presente a las mujeres como “seres más naturales” que los hombres. He buscado plantear un ecofeminismo que no reniegue de las conquistas del feminismo ni apele al misticismo y sea, por lo tanto, accesible a feministas que no se sienten atraídas por prácticas de corte espiritualista. Desde mis propias coordenadas históricas y personales, he forjado una propuesta basada en el legado de crítica al prejuicio y en la demanda de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Por eso he dedicado dos capítulos al tema de la sexualidad. He querido también llamar la atención sobre aspectos de nuestras sociedades que generalmente pasan desapercibidos y que, sin embargo, afectan al colectivo femenino de manera especial. Pensemos, por ejemplo, en los agrotóxicos y otros productos químicos promovidos por quienes no atienden al bienestar de la gente, sino a los intereses del mercado. Esas sustancias tienen consecuencias negativas para el organismo por su estructura molecular similar a los estrógenos. Voces médicas calificadas han señalado su incidencia en los cánceres ginecológicos y también en el síndrome de hipersensibilidad química múltiple que afecta sobre todo a las mujeres.
Desde el lado positivo, también se trata de visibilizar el protagonismo de las mujeres en una gran variedad de acciones inspiradas por el pensamiento y el sentimiento de una continuidad entre lo humano y lo que llamamos Naturaleza. Hay mucha energía puesta por las mujeres en el Movimiento de Soberanía Alimentaria, en la defensa compasiva de los animales, en el cuidado de la Naturaleza…
Por otro lado, creo que el feminismo tiene que pensar la futura sociedad sostenible para hacer lo que he llamado “una negociación preventiva” con respecto al momento en que tengamos, por la fuerza de las cosas, que salir de esta sociedad de consumo del “usar y tirar”. Hay que plantear las reivindicaciones feministas con respecto al modelo ecológico del futuro. Nadie lo hará si no lo hacemos nosotras.
¿Y cuál es el interés que tiene para la gente que no necesariamente se define como feminista?
Muchas veces el no definirse como feminista se debe a un desconocimiento del verdadero significado del término “feminismo”. Se cree que es algo similar a “machismo” pero al revés, es decir, que sería una ideología de la superioridad y la prepotencia femeninas. El feminismo no es eso, por el contrario. Es la demanda de igualdad y respeto entre los sexos. Supongo que habrá alguna gente ecologista que no se defina como feminista pero quizás le eche un vistazo al libro para ver en qué sentido el feminismo puede aportar adeptas a su causa. Espero que sea la ocasión para ese tipo de ecologistas de comprender qué es el feminismo y por qué todas y todos deberíamos asumirlo si queremos un mundo más justo.
INTERCULTURALIDAD
Tenemos mucho que aprender en Occidente de otras culturas, en especial de los pueblos originarios de América, que no han pensado la relación con la Naturaleza en términos de dominio y explotación sino en clave de cooperación. Su voz y su acción contra la devastación ambiental son hoy en día fundamentales para el futuro de la humanidad y del planeta. Yo planteo en el libro una interculturalidad y no un multiculturalismo indiscriminado. Esto significa que debemos evitar la idealización de sociedades que opriman a las mujeres. Todas las culturas tienen aspectos positivos y negativos, incluida la nuestra, y todas pueden aprender de las demás. El criterio para comparar y mejorar ha de ser el grado de violencia, justicia, igualdad y sostenibilidad que presenten.
EDUCACIÓN EN VALORES
Educar en valores es uno de sus objetivos de Ecofeminismo para otro mundo posible. Participa de la búsqueda de una cultura con nuevos valores de no violencia que integre las experiencias de las mujeres, tan a menudo silenciadas. Además de ese sentido general, dedico una parte a la educación ambiental con perspectiva de género. Creo que una de las asignaturas pendientes que tenemos es la puesta en práctica de una educación emocional ecológica. La razón necesita de la pasión para cambiar el mundo.
Enlaces que pueden interesar:
El libro: Ecofeminismo para otro mundo posible. Índice y más referencias.
El Blog de Alicia Puleo
Entrevista (2004) Alicia Puleo: “Existe un ecofeminismo para la igualdad en el futuro modelo de desarrollo”. Por Juan Carlos Ruiz
Video Ecofeminismo, ecología y movimiento feminista. Conferencia realizada por Alicia Puleo.
Textos de Alicia Puleo
Fuente: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1921
viernes, septiembre 02, 2011
Hacia un feminismo con conciencia ecologista...
Alicia Puleo / RebeliónPuede decirse que, hoy por hoy, el ecofeminismo o feminismo ecológico es todavía una corriente minoritaria del feminismo mundial. Su profunda crítica al modelo de desarrollo hegemónico no encaja fácilmente en la agenda del feminismo mayoritario.
En el ámbito del Estado español, el porcentaje de presencia del ecofeminismo en el conjunto del feminismo, en tanto teoría y movimiento social, es aún mucho más escaso. Aunque en los ochenta se hablaba de la posibilidad de un diálogo con el ecologismo, en el siglo XXI estamos todavía en los inicios del contacto entre los dos pensamientos más revolucionarios de nuestra época.
El ecofeminismo no se reduce a una simple voluntad feminista de gestionar mejor los recursos naturales, sino que exige la revisión crítica de una serie de dualismos que subyacen a la persistencia de la desigualdad entre los sexos y a la actual crisis ecológica. Su análisis de las oposiciones naturaleza/cultura, mujer/varón, animal/humano, sentimiento/razón, materia/espíritu, cuerpo/alma ha mostrado el funcionamiento de una jerarquización que desvaloriza a las mujeres, a la Naturaleza, a los animales, a los sentimientos y a lo corporal, legitimando la dominación del varón, autoidentificado con la razón y la cultura. El dominio tecnológico del mundo sería el último avatar de este pensamiento antropocéntrico (que sólo otorga valor a lo humano) y androcéntrico (que tiene por paradigma de lo humano a lo masculino tal como se ha construido social e históricamente por exclusión de las mujeres). La negación y el desprecio de los valores del cuidado, relegados a la esfera feminizada de lo doméstico, ha conducido a la humanidad a una carrera suicida de enfrentamientos bélicos y de destrucción del planeta.
A estas alturas de la historia del feminismo, ya existen varias corrientes de teoría ecofeminista. Las más recientes, de carácter deconstructivo, suelen autodenominarse feminismo ecológico para distinguirse de las precedentes. Utilizo aquí los términos ecofeminismo y ecofeminista indistintamente para todas ellas. Por razones de espacio, no puedo referirme a sus diferencias conceptuales [1]. Me limitaré a señalar el origen de la sensibilidad ecofeminista para entender mejor su situación en el Estado español.
El desarrollo de una conciencia ecofeminista se dio en primer lugar en mujeres de sociedades hiperdesarrolladas preocupadas por su salud, por los riesgos alimentarios originados por pesticidas, fertilizantes, y por los efectos perversos de la excesiva medicalización del cuerpo femenino. Estas pioneras buscaron una ginecología alternativa y holística. De allí surgió ese extraordinario manual del Colectivo de Mujeres de Boston: Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas.
En el sur de Europa todavía no hemos llegado a un nivel tan alto de desconfianza con respecto a la tecnología y a sus expertos como para que el temor permita ese cuestionamiento de la sociedad química. Las campañas feministas que denuncian la vinculación entre el aumento de casos de cáncer de mama y los xenoestrógenos de pesticidas, dioxinas, productos de limpieza, plásticos, pinturas, etc., apenas han tenido eco. El fatalista y cómodo lema “de algo hay que morir” impide la reflexión crítica sobre estos temas a gran parte de un colectivo que, recordemos a modo de síntoma, todavía ve la adicción al tabaco como una conquista de igualdad (según las encuestas, entre los más jóvenes, 31% de fumadoras frente a un 23% de fumadores varones). Aún así, hay que señalar que la versión en castellano, actualizada en el año 2000, de la citada biblia de la salud femenina, estuvo a cargo de colaboradoras de la revista Mujeres y Salud (MYS) de Barcelona.
En el llamado Tercer Mundo, la miseria de las mujeres rurales, perjudicadas por el mal desarrollo basado en pesticidas y monocultivos, la marginación de pueblos indígenas con culturas más respetuosas de la Naturaleza y el activismo ambientalista de chabolistas de algunas megaciudades inspiran a la filósofa altermundialista Vandana Shiva y a la teóloga brasileña de la Liberación Ivone Gebara. Nuestro escenario local carece de estos tintes dramáticos. Se habla poco del infierno tóxico de los invernaderos, reservado a inmigrantes. Tampoco existen culturas ajenas a la tradición judeo-cristiana por lo que el ecofeminismo, en tanto justicia social y visión mística del mundo natural, no tiene una base tan cercana en la que apoyarse. No obstante, su discurso ha generado aquí importantes grados de solidaridad feminista internacionalista, así como reflexiones de teólogas feministas.
Algunas de las primeras formas del ecofeminismo dieron una explicación biologicista de la guerra y de la crisis ecológica y vieron en las mujeres a las salvadoras del planeta frente a la tecnología destructora masculina. Este esencialismo que no atendía más que a las diferencias entre los sexos, ignorando explicaciones históricas de clase, raza y economía y retornando a la antigua identificación patriarcal entre mujer y Naturaleza, generó un fuerte rechazo en el feminismo del Estado español, orientado mayoritariamente hacia la obtención de la igualdad en el marco de una comprensión feminista socialista de las relaciones entre mujeres y hombres. Identificado con su primera plasmación, el ecofeminismo fue desestimado. Sólo unas pocas nos interesamos por su evolución posterior. Para dar a conocer las nuevas corrientes, mucho más complejas e interesantes, organizamos el Simposio Internacional Feminismo y Ecología que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid en marzo de 2001 [2].
Ahora bien, aunque se comprenda que se ha superado la inicial identificación de mujer y Naturaleza, subsiste una objeción feminista a que las mujeres se preocupen por los problemas ambientales: ¿por qué agregar una tarea más a las oprimidas mientras los opresores destruyen alegremente? Ante esta cuestión, me parecen interesantes las acciones destinadas a integrar políticas de empoderamiento del colectivo femenino con otras orientadas al desarrollo sostenible [3]. Si la preocupación por la Naturaleza se canaliza hacia la generación de nuevos yacimientos de empleo, ya no se trataría de apelar al proverbial espíritu de sacrificio femenino.
En la medida en que aumente la conciencia ecológica general, se incrementará el número de ecofeministas. Y el ecologismo ganará espacio entre las mujeres si atiende a su sensibilidad, a sus intereses y a sus aspiraciones de igualdad en la realidad de la militancia actual y en el proyecto futuro de una sociedad que atienda a las necesidades de cuidado propias de los ciclos vitales humanos y no humanos. La meta ha de ser avanzar hacia un feminismo con conciencia ecológica y hacia un ecologismo profundamente igualitario y no androcéntrico. En ambos sentidos nos queda un largo camino por recorrer.
Notas
[1] Ver PULEO, A. “Feminismo y ecología”, El Ecologista, 31, verano 2002, pp.36-39; de manera más extensa en PULEO, A.,“Del ecofeminismo clásico al deconstructivo: principales corrientes de un pensamiento poco conocido”, en Amorós, Celia (ed.), Historia de la teoría feminista, en prensa.
[2] Las ponencias se recogen en CAVANA, M., PULEO, A., SEGURA, C., Mujeres, Ecología, Sociedad, ed. Almudayna, Madrid, 2004.
[3] Así, fruto de un acuerdo de la Consejería de Medio Ambiente y el Instituto de la Mujer de Andalucía, el proyecto Geoda se propone, con las posibilidades y limitaciones propias de lo institucional, investigar, asesorar, sensibilizar, impulsar movimientos ambientales liderados por mujeres, formar y apoyar iniciativas de empleo para las mujeres compatibles con el respeto al medio ambiente.
martes, noviembre 02, 2010
Encuentro de mujeres indígenas frente a la depredación del planeta
Pachakuti / Para kaos en la RedLas mujeres indígenas elevamos nuestra voz en estos tiempos en que el vientre de Abya Yala esta nuevamente con dolores de parto libertario, que engendrará el nuevo Pachakutik para el Buen Vivir del planeta.
Siendo las mujeres portadoras, trasmisoras de la identidad, generadoras y criadoras de la vida, ejes de las familias y la sociedad en complementariedad con los varones, unimos nuestros vientres al vientre de la madre tierra para parir los nuevos tiempos, en la que en diversos países de Latinoamérica millones de empobrecidos por el sistema Neoliberal levantan su voz para decir BASTA a la opresión, explotación y saqueo de nuestras riquezas, por lo que nos unimos a las luchas libertarias que han sido desplegadas a lo largo y ancho de nuestro continente.
Con el propósito de buscar alternativas para eliminar la injusticia, la discriminación y la violencia contra las mujeres, el machismo y volver a las formas de respeto mutuo y armónico en la vida planetaria, nos congregamos y unimos nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras manos y nuestros vientres.
Considerando que las mujeres somos parte de la naturaleza y el macrocosmos, estamos llamadas a cuidarla y defenderla puesto que de ella se desprende nuestra historia milenaria y nuestra cultura que nos hacen ser lo que somos pueblos originarios bajo la protección y la guía espiritual de nuestros padres y abuelos que engendraron a todos los seres que habitan en este maravilloso planeta, que unos pocos oligarcas e imperialistas pretenden plagarlo de muerte en nombre de su dios llamado codicia.
Desde nuestros corazones rebeldes convocamos, invitamos:
a
* Construir una agenda en la que refleje la defensa de los derechos colectivos y derechos humanos de las mujeres indígenas , para defender la Madre Tierra; fortalecer nuestras organizaciones, impulsar propuestas de Formación Política y generar espacios de intercambio de experiencias en distintos ámbitos, económico, político, social cultural entre otros.
* Exhortar a los Organismos Internacionales la reforma de los Instrumentos relacionados a Pueblos Indígenas, de manera que se incorpore los derechos de las mujeres.
* Rechazar enérgicamente la persecución de la protesta social y la represión oficial a las manifestaciones y acciones de defensa de los derechos de los territorios y de la vida de los pueblos indígenas.
* Exigir a los Estados nacionales una verdadera reforma agraria integral, que garantice la tierra para conservar la soberanía alimentaria.
* Instar a que los Estados creen instancias y políticas de atención y defensa de las y los migrantes, tomando en cuenta la diversidad cultural.
* Demandar a los estados a que se declare inembargables, inalienables e inajenables las tierras y territorios, exigiendo la titulación respectiva.
*Apoyar la instauración del Tribunal de Justicia Climática para exigir a los países desarrollados y a las empresas transnacionales para reparar y no dañar la biodiversidad de la Pachamama.
* Rechazar los agrocombustibles porque empobrecen la tierra y ponen en riesgo la soberanía alimentaria y toda la vida del ecosistema natural.
* Que cese el genocidio y el etnocidio, que afectan especialmente a los pueblos indígenas, perpetrados por militares, paramilitares y otros actores, que agreden, intimidan y violan los derechos . No queremos más viudas, más huérfanos. Luchamos por la paz, por la vida y por la dignidad del mundo.
* Detener la violencia implementada por parte de: militares y multinacionales, trasnacionales y algunas ongs, que generan divisiones al interior de las comunidades, especialmente en las mujeres. Esto trae consigo diferentes tipos de violencia; fisica, psicologica, sexual, politica, economica, simbolica, institucional , entre otras.
* Exigir la libertad de mujeres y hombres que se encuentran detenidos en cárceles militares y civiles por su luchan en defensa de la Madre Tierra y Territorios y defensa de los derechos colectivos de los pueblos indígenas, como en el caso de Juana Calfunao del Pueblo Mapuche, y de Leonard Peltier, condenado a cadena perpetua en cárceles de los Estados Unidos.
* Exigir el retiro inmediato de las empresas extranjeras multinacionales que se encuentran en los territorios y que están explotando a la madre tierra y deteriorando el ecosistema ambiental.
* Impulsar la movilización mundial en defensa de la Madre Tierra
“He andado por todos los lugares, pero jamás he negociado con la sangre de mi pueblo”
Transito Amaguaña
Mapuche: Beatriz Pichi Malen
Ecuador: Mónica Chuji
Honduras: Bertha Cáceres
México: Gloria Muñoz
Estado Español - Conadee: Aida Quinatoa
Nicaragua: Rose Cunningham
me apunto: soldepaz.pachakuti@nodo50.org
Etiquetas:
ecofeminismo,
feministas indígenas,
mujeres indígenas
martes, septiembre 14, 2010
El ecofeminismo renace para inventar un mundo mejor
AmecoPress (Palabra de Mujer). Poner la vida en el centro de la organización social, política y económica. Esta es la principal tesis del ecofeminismo, una corriente aparecida en 1974 que resurge con fuerza para tratar de “inventar un modelo nuevo”, mediante la convergencia de la ecología y el feminismo, y ante el fracaso del capitalismo, “incompatible con la vida”.El ecofeminismo es una filosofía donde la acción y la reflexión están unidas en una relación indivisible. Además, propone una mirada global y soluciones integrales para lo que, a su juicio, es una crisis de fondo.
“El capitalismo ha fracasado” afirma Marta Monasterio, miembro de la cooperativa Pandora Mirabilia. “El modelo actual de crecimiento ilimitado del PIB es insostenible, para empezar porque los recursos son limitados. Además, se basa en la injusticia social, en la falta de equidad y en la explotación de las mujeres”, explica, “pero sobre todo ha fracasado porque no hace a la gente feliz”.
Pluralidad y diversidad de corrientes
Históricamente, el ecofeminismo ha tenido un desarrollo muy hetereogéneo, con muchos matices. No se puede hablar de ecofeminismo sino de ecofeminismos en plural. Pero todas las corrientes parten de una denuncia: por un lado, ponen en evidencia la crisis ecológica a la que urge dar respuesta y por otro, señalan el maltrato y el uso que se ha hecho de la naturaleza y de las mujeres, que han sido tratadas como objetos. A partir de ahí, evoluciona.
En efecto, el ecofeminismo no es uno sino múltiple. Incluso se ha llegado a señalar que hay tantas posiciones como teóricas del ecofeminismo. Esquematizando mucho, se pueden diferenciar dos grandes líneas de pensamiento según su manera de entender la identidad femenina y la relación humana con la naturaleza: un ecofeminismo clásico de corte más esencialista y espiritualista que considera que las mujeres estarían biológica u ontológicamente más cerca de la naturaleza y otro constructivista que enfatiza las condiciones históricas y económicas.
Marta insiste en el enfoque de “aprendizaje y complementación” que prima entre las distintas corrientes y en la necesidad de valorar las diferentes aportaciones desde sus perspectivas específicas apoyadas en diversos contextos culturales y geográficos.
Esta diversidad fue objeto de estudio y reflexión durante varios años para Alicia Puleo, doctora en filosofía y directora de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid, hasta llegar a lo que denomina “ecofeminismo ilustrado”, una propuesta que “se orienta hacia la ecojusticia y la sostenibilidad sin renegar de las conquistas de igualdad y autonomía que el feminismo ilustrado ha obtenido o sigue demandando como asignatura pendiente de las democracias modernas”.
Crítica al capitalismo que se nutre del patriarcado
Tanto el feminismo como el ecologismo se plantean una mejora de la calidad de vida del conjunto de la sociedad, en el sentido de desarrollo de las capacidades de las personas. Ambos tienen una visión del mundo que implica profundos cambios en la vivencia de la cotidianeidad. Comparten también la crítica a un sistema capitalista que “se nutre del patriarcado”.
“El patriarcado es más antiguo y arraigado que el capitalismo, al cual nutre”, dice Monasteiro. “El capitalismo no podría funcionar si no hubiera mujeres en situación de desigualdad. Hay muchos trabajos, desarrollados por las mujeres, que sostienen la sociedad y que el capitalismo se esfuerza en invisibilizar y no valorar”
El ecofeminismo o los ecofeminismos, si así se prefiere, proponen cambiar el paradigma de desarrollo actual y establecer una nueva escala de prioridades. “El modelo actual se presenta como un modo de crecimiento pero es en realidad un modo de pobreza porque nos obliga a mercadear con los afectos y las necesidades básicas, la calidad de vida está basada en cosas materiales”, explica Marta.
Link para leer el artículo completo:
http://www.amecopress.net/
lunes, septiembre 13, 2010
El cambio climático también es una cuestión de género
IPS · Megan Iacobini de FazioDos semanas antes de la cumbre para revisar la marcha hacia los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, crece la preocupación de que la igualdad de género está divorciada de los esfuerzos contra el cambio climático. Las mujeres son por lo general las más afectadas por el fenómeno, y desempeñan un papel clave para enfrentarlo.
Rebecca Pearl, consejera sobre cambio climático para Oxfam America, dijo a IPS que los Objetivos del Milenio “habitualmente son vistos en forma aislada y hay poca coincidencia en las vías de implementación para asegurar que las iniciativas ambientales incluyan un enfoque de género”. Muchas organizaciones y organismos científicos que trabajan contra el recalentamiento planetario todavía carecen de un enfoque de género en sus investigaciones e ignoran las diferentes formas en que hombres y mujeres pueden ser afectados por desastres naturales, añadió.
“Es importante seguir creando conciencia de que las respuestas deben atender las diversas responsabilidades y necesidades de hombres y mujeres”, sostuvo Pearl. “Un enfoque sensible al género es un requisito para el éxito de cualquier intervención en el clima, y muchos esfuerzos fracasan porque las mujeres quedan a un lado”. Aunque las mujeres son las más afectadas por los desastres naturales, debido a su dependencia del ambiente y a que están en una posición de desventaja en muchas sociedades, han mostrado más disposición a movilizar a las comunidades para responder a los desastres o adaptarse al recalentamiento planetario.
Sin embargo, varias organizaciones no gubernamentales (ONG) sí trabajan con este enfoque, y muchas colaboran con la Alianza Global sobre Género y Clima (GGCA, por sus siglas en inglés), lanzada durante la XIII Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en la isla indonesia de Bali en diciembre de 2007. La GGCA ahora incluye a 25 instituciones, tanto ONG como agencias de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).
Pearl dijo a IPS que la alianza se fijó varias metas cuando fue creada. Una era establecer una política mundial sobre género y recalentamiento planetario a través de la Convención Marco de las Naciones sobre Cambio Climático (CMNUCC). “La CMNUCC es uno de los tres grandes acuerdos ambientales multilaterales que carecen de un fuerte enfoque de género”, indicó Pearl.
Los otros pactos multilaterales con poca o ninguna referencia a las cuestiones de género son la Convención sobre Diversidad Biológica y la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación. La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, legalmente vinculante, junto a varias resoluciones del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (Ecosoc) podría influenciar a la CMNUCC para tomar acciones, dijo Pearl a IPS.
Sin embargo, la CMNUCC ha ignorado hasta ahora esos mandatos, y prefiere utilizar el lenguaje mundialmente aceptado del Marco Hyogo para la Acción, referido a la reducción de riesgos de desastres. Un grupo de apoyo liderado por la Organización de Mujeres por el Ambiente y el Desarrollo y ENERGIA, red internacional sobre género y energía sostenible, ha trabajado para influir en la agenda del cambio climático.
Las dos organizaciones lograron hacer que los gobiernos incluyeran más de 30 referencias sobre género en el texto de la CMNUCC en 2009. La red “espera lograr una toma de conciencia sobre las dimensiones de género que tiene el cambio climático”. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), en colaboración con otras ONG y agencias de la ONU, por ejemplo, creó el primer manual de capacitación sobre el tema.
El compendio contiene una gran cantidad de información para la sociedad civil, la CMNUCC y las agencias de la ONU sobre cómo realizar tareas de capacitación a nivel regional y mundial. Lorena Aguilar, consejera de la IUCN, dijo a IPS que esa institución se ha manejado sobre la base “de las principales convenciones ambientales durante años, pero decidió adoptar una estrategia más estructurada”.
El manual describe varios casos de estudio sobre proyectos a pequeña escala que buscan promover la sostenibilidad ambiental y a la vez potenciar a las mujeres. Uno de los ejemplos es el del Grupo Mama Watoto, que lleva adelante desde 1994 un programa de reforestación en la occidental región keniana de Kakamenga. El proyecto, del que participan 28 mujeres y sus familias, comenzó cuando, frente a la erosión y la infertilidad de los suelos, las mujeres de la zona se vieron obligadas a recolectar leña ilegalmente del Bosque Nacional. De esa manera, se expusieron a multas y dañaron el área, contribuyendo a la degradación de la tierra.
Inicialmente, la meta del proyecto era reducir la sobreexplotación de los recursos forestales y encontrar una fuente de ingresos alternativa para las comunidades. Pero también se logró potenciar el papel de las mujeres, poniéndolas a cargo del programa y permitiéndole plantar árboles en sus propias tierras.
Si tienen alternativas de sustento, las mujeres también corren menos riesgos de ser las más afectadas por futuras amenazas del cambio climático, como inundaciones, sequías y aludes. Este es un ejemplo de cómo, educando a mujeres en asuntos ambientales, se puede alcanzar considerables beneficios para mejorar su vida y estatus social, así como mitigar las consecuencias del recalentamiento planetario.
“Los programas son muy bien recibidos y aplaudidos a nivel comunitario, tanto por mujeres como por hombres”, dijo Aguilar a IPS. “La mayor oposición procede de instituciones y de los que toman las decisiones, expertos en ambiente que sin embargo no entienden la dimensión social del cambio climático”.
Etiquetas:
ecofeminismo,
feminismo y ecologismo,
mujer y cambio climático
martes, agosto 10, 2010
"Incomprensible ausencia de las mujeres en política ambiental global"
(IPS) - En los diferentes textos que reglamentan actualmente la política global contra el cambio climático falta la mención explícita de las consecuencias que el recalentamiento planetario tiene para las mujeres y el papel que pueden cumplir para preservar el hábitat humano.
Ese déficit, al igual que el impacto sobre la salud, fueron puestos en evidencia por activistas de la sociedad civil durante la tercera ronda de negociaciones preparatorias para la Conferencia de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebra esta primera semana de agosto en esta ciudad de Alemania.
La conferencia tendrá lugar en la sudoccidental ciudad de Cancún, en México, entre el 29 de noviembre y el 10 de diciembre.
"Es incomprensible" la ausencia de referencias al rol que las mujeres pueden cumplir en la política global y local contra el cambio climático, cuando variados estudios subrayan que su papel debería ser resaltante, dijo a IPS en una entrevista Sandra Akpéne Freitas, una de las activistas que más ha subrayado la falta de perspectiva de género durante la ronda de Bonn.
Freitas es una de las dos delegadas a la reunión por la Organización de Mujeres para el Desarrollo y el Ambiente (Women's Environment and Development Organisation, WEDO), con sede en Nueva York.
Además de trabajar con la WEDO, Freitas forma parte de la Alianza Global de Género y Clima, integrada por más de 35 agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y organizaciones no gubernamentales. También es directora ejecutiva de Acciones a Favor de la Naturaleza y la Humanidad, en Togo, su país natal y donde tiene su base.
IPS: ¿Cómo explica que la mujer no sea mencionada en los textos de la ONU sobre el cambio climático?
SANDRA AKPÉNE FREITAS: Es incomprensible, dado que muchos otros textos apuntan a las consecuencias que el cambio climático y el subdesarrollo tienen sobre las mujeres, a la vez que el papel natural de las mujeres en las comunidades las colocan en una posición privilegiada para proteger el ambiente.
IPS: ¿A cuáles textos se refiere?
SAF: La resolución 10/4 del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre el cambio climático apunta que los efectos adversos provocados por el calentamiento global serán más sentidos por aquellos sectores de la población que ya sufren de una vulnerabilidad particular, como las mujeres. Igualmente, el Informe sobre el Desarrollo Humano de 2007 llama la atención sobre este contexto.
Además, los reportes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático también se refieren repetidas veces a la vulnerabilidad de las mujeres en particular.
Todos estos textos llaman la atención que en los países en desarrollo, el hecho de ser mujer significa ya ser pobre, y ser más vulnerable a los desastres provocados por el cambio climático. Esta vulnerabilidad particular de las mujeres supone una intensificación de las numerosas formas de injusticia que sufrimos en educación, salud, y en el marco social en general.
IPS: Aparte de esta vulnerabilidad, cuál es la razón para que considere que las mujeres de los países en desarrollo son esenciales en el mitigación y adaptación ante el problema?
SAF: Las mujeres ofrecemos ya un gran potencial como actoras de la política ambiental local. Nosotras somos quienes administramos el agua en las comunidades, quienes nos ocupamos de la generación y preservación de la energía, y también quienes explotamos y cuidamos la selva y la floresta.
Todos estos aspectos – agua, energía, manejo de los bosques – son simultáneamente amenazados por el cambio climático, y su preservación y administración son esenciales para combatirlo.
Al mismo tiempo, en casos de enfermedades provocadas o exacerbadas por el cambio climático, como diarreas o fiebres, nosotras, las mujeres, somos quienes nos ocupamos de los enfermos.
IPS: En este sentido, ¿la mujer también constituye un sujeto central de la política de desarrollo en general?
SAF: Claro. Prácticamente todos los Objetivos de Desarrollo par el Milenio se refieren de una manera u otra a cuestiones que afectan a las mujeres: educación, salud, maternidad, pobreza, mortalidad infantil.... Y en todos estos aspectos, las mujeres están presentes, sufriendo las consecuencias negativas, o aportando soluciones.
IPS: Si ya es así, ¿qué importancia efectiva tendría la valorización en los textos normativos del papel de la mujer en la política ambiental global?
SAF: Oficialmente, las organizaciones de mujeres no toman parte en los debates internacionales sobre el cambio climático. Con un reconocimiento formal, esta situación cambiaria.
Pero más importante es el hecho de que esta ausencia participativa de las mujeres actúa en detrimento de su capacidad para hacerlo. En cambio, el reconocimiento del papel de las mujeres apoyaría su capacitación formal, así como sus posibilidades de aportar soluciones a los problemas climáticos.
IPS: ¿Qué proponen WEDO y otras organizaciones de la sociedad civil en defensa de los derechos de las mujeres de manera específica?
SAF: Hemos formulado enmiendas a los textos, de manera que el rol de las mujeres sea mencionado explícitamente. Nosotras también hemos hecho muchas propuestas recogidas en diferentes resoluciones en reuniones y convenciones internacionales
Además, proponemos que las medidas específicas de capacitación de mujeres gocen de prioridad nacional e internacional en el marco de la política contra el cambio climático, para potenciar las capacidades que ya disponemos en el uso sostenible y la conservación de los recursos naturales como agua, fuentes de energía, y bosques
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




