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lunes, noviembre 18, 2013

Gobierno impuesto por la OTAN termina con los derechos de la mujer en Libia

Correo del Orinoco A dos años de los bombardeos de la OTAN y el asesinato del Coronel Muammar Al Gaddafi, Libia se encuentra a día de hoy sumida en el caos y la violencia ejercida por grupos de mercenarios armados que tratan de hacerse con el control de las zonas petrolíferas.

A esta grave situación de inestabilidad hay que añadir que el llamado “Gobierno provisional”, instaurado por las potencias imperialistas que financiaron y participaron en la muerte y derrocamiento del líder libio, anunció este jueves que revisará las leyes y reglamentos nacionales para ajustarlos a la ‘sharia’ o ley islámica, según un documento del ministerio de Justicia.

El texto anuncia la creación de un “comité encargado de revisar la legislación existente y proponer enmiendas para no contradecir las disposiciones y reglas fundamentales de la ley islámica”. Las leyes enmendadas serán presentadas ante el Congreso General libio.

Esto supone un importante retroceso en cuanto a los derechos de la mujer y el laicismo en la sociedad libia, una decisión del ministerio de Justicia que va destinada a satisfacer las reivindicaciones de los grupos salafistas.

Antes de la guerra imperialista de la OTAN, Libia era un lugar particular en África por el gran nivel de vida de sus habitantes y la libertad de las mujeres.

Estas podían ir libremente donde quisiesen, no se tenían que quedar obligatoriamente cerradas en casa o ir siempre acompañadas por alguien de su familia. No tenían tampoco por qué estar completamente cubiertas. El hecho de que en Libia hombres y mujeres se tapasen a veces la cara o el cuerpo, se debía a una mera y necesaria protección frente al clima y al sol ardiente.

Las mujeres, así mismo, podían ir a la universidad, tener el mismo sueldo que los hombres y, por supuesto, conducir vehículos. Esto no es lo normal en cualquier país árabe, tanto por no tener medios como, especialmente, por serles vetado por motivos religiosos. Esta libertad que existía les permitía decidir con quién querían casarse y con quién no.

Esto tampoco era, ni es, habitual en otros países árabes, donde los matrimonios pactados, normalmente entre personas mayores y niñas, son lo habitual. Jordania, Yemen, Arabia…, la lista es extensa.

Antes del asesinato de Gaddafi y de la instauración de un Gobierno títere afín a los intereses imperialistas, en Libia se defendían los derechos de las mujeres. Con la llegada al poder de extremistas islámicos con fuertes vínculos con Al Qaeda la situación es bastante diferente. Ya en septiembre de 2011 el líder del Consejo Nacional de Transición (organización financiada por Occidente y las monarquías árabes que agrupaba a la oposición libia), Mustafá Abdel Jalil, decía que: “Libia se convertirá en un Estado regido por la ley islámica”.

Estas reformas vienen a reafirmar las denuncias que venían realizando grupos de solidaridad internacionalista y antiimperialista alrededor del mundo, que advirtieron sobre las graves consecuencias que tendría la caída de Gaddafi, tanto en cuestiones relacionadas con la estabilidad en la región como en lo que a Derechos Humanos se refiere.

Estas podían ir libremente donde quisiesen, no se tenían que quedar obligatoriamente cerradas en casa o ir siempre acompañadas por alguien de su familia. No tenían tampoco por qué estar completamente cubiertas. El hecho de que en Libia hombres y mujeres se tapasen a veces la cara o el cuerpo, se debía a una mera y necesaria protección frente al clima y al sol ardiente.

Las mujeres, así mismo, podían ir a la universidad, tener el mismo sueldo que los hombres y, por supuesto, conducir vehículos. Esto no es lo normal en cualquier país árabe, tanto por no tener medios como, especialmente, por serles vetado por motivos religiosos. Esta libertad que existía les permitía decidir con quién querían casarse y con quién no.

Esto tampoco era, ni es, habitual en otros países árabes, donde los matrimonios pactados, normalmente entre personas mayores y niñas, son lo habitual. Jordania, Yemen, Arabia…, la lista es extensa.

Antes del asesinato de Gaddafi y de la instauración de un Gobierno títere afín a los intereses imperialistas, en Libia se defendían los derechos de las mujeres. Con la llegada al poder de extremistas islámicos con fuertes vínculos con Al Qaeda la situación es bastante diferente. Ya en septiembre de 2011 el líder del Consejo Nacional de Transición (organización financiada por Occidente y las monarquías árabes que agrupaba a la oposición libia), Mustafá Abdel Jalil, decía que: “Libia se convertirá en un Estado regido por la ley islámica”.

Estas reformas vienen a reafirmar las denuncias que venían realizando grupos de solidaridad internacionalista y antiimperialista alrededor del mundo, que advirtieron sobre las graves consecuencias que tendría la caída de Gaddafi, tanto en cuestiones relacionadas con la estabilidad en la región como en lo que a Derechos Humanos se refiere.

domingo, julio 21, 2013

España: Sobre la prohibición del burka: no en nombre nuestro

AmecoPress. Un sector de mujeres feministas está realizando una campaña llamada #burkamutila, a favor de la prohibición del uso del burka a los espacios públicos; el gobierno de la Generalitat se está planteando prohibir el burka bajo el argumento de la seguridad ciudadana. Pero la Federación de Organizaciones Feministas ha emitido un pronunciamiento en el que pide que la prohibición del uso de la prenda no se efectúe en su nombre ni en el de la libertad.

“Nos parece importante remarcar que desde los feminismos es difícil justificar una liberación obligatoria (concepto contradictorio en si mismo) de ninguna mujer. Mujeres a las que, además, dudamos que se les haya preguntado nada, dado que se las victimiza y no se los reconoce una voz propia”, explica la Federación acerca de un debate que ya se produjo en 2010, en el proceso de las elecciones del momento.

“Es cierto que las que escribimos esto no llevamos burka, ni tampoco tacones de aguja, ni mantellines para entrar a misa, ni pantalones que no nos dejan respirar bien -a veces si-“, aclaran las feministas. “Las que escribimos esto trabajamos para erradicar todo aquello que suponga una limitación en nuestra libertad, un control de nuestros movimientos, de nuestro cuerpo”.

Pero, aclaran, estas reivindicaciones se realizan siempre “desde el respecto a la voz, la decisión y el proceso personal de cada mujer, sin victimizarnos”. En todo caso, insisten, “estemos alerta por si alguna mujer, cualquier mujer, necesita del apoyo otras mujeres para salir de una situación de violencia, si es el caso. Y estemos alerta también para sentir las voluntades y los deseos de las mujeres que no son como una misma”.

Las feministas aclaran que “no quieren la prohibición del burka” y se plantan frente a “las imposiciones, vengan de donde vengan: del marido, de la izquierda, de la derecha, de los gobiernos, de las religiones, de las modas o de las amigas que nos quieren salvar”. Y sentencian: “Queremos derecho a decidir, autonomía sobre el propio cuerpo, relaciones libres e igualitarias, y una mayor mediación femenina en el mundo”.

Y si el argumento de la “seguridad” está realmente en el fondo de este debate (cosa que dudan), “qué decir de un Estado (catalán, español o de todo el mundo) que desconfía sistemáticamente de la ciudadanía?”, argumenta la Federación en el comunicado. “El hecho es que unos gobiernos cada vez menos democráticos nos tratan de forma cada vez más vigilante, restrictiva y autoritaria”.

La Federación concluye con una advertencia: “Estemos atentas porque este verano, además de la posible prohibición del burka, puede caer sobre todas nosotros como una gran losa la reforma del Código Penal”.

sábado, abril 21, 2012

Jordania: Ammán no apta para mujeres

Mya Guarnieri
(IPS) - Dos mujeres jóvenes con coloridos velos aguardan al borde de una autopista de la capital de Jordania por la que los automóviles circulan a toda velocidad. Observan el tránsito pesado a la espera de un momento de respiro. Entonces se dan la mano y corren al otro lado. Una escena rara en esta ciudad.

El parque automotor de Ammán crece de forma acelerada, en el orden de entre 10 y 15 por ciento al año. La ciudad no está preparada para los peatones, y tampoco es común ver mujeres caminando, cuanto menos corriendo, en una agitada autopista.

Por ello se elaboró el plan maestro "Ammán 2025", elogiado por la prensa occidental y ganador del Premio Liderazgo Mundial en Planificación Urbanística. Pero basta visitar la ciudad, donde viven unas tres millones de personas, para darse cuenta de que la realidad es muy distinta. La mala calidad del transporte urbano margina a las mujeres de la vida de la ciudad, y las familias de bajos ingresos dependen de tener un automóvil.

Una de las mujeres que cruzaba la carretera era Sandra Hiari, arquitecta, urbanista y fundadora de Tariq (calle, en árabe), un sitio de Internet dedicado a la urbanística de ciudades de Medio Oriente.

"Si quieres saber si un lugar es seguro o no, cuenta la cantidad de mujeres que andan en la calle", señaló. En Ammán se las ve solo "en algunas zonas como la calle Rainbow", añadió.

Ubicada en un barrio de clase media alta, la avenida está llena de elegantes cafeterías, bares y restaurantes que reúnen una gran cantidad de personas, lo que hace que las mujeres se sientan seguras, explicó Hiari.

Pero esa calle no es un reflejo de la planificación de la ciudad, sino una excepción. Las mujeres suelen ser acosadas y silbadas, y por eso evitan los espacios públicos, incluyendo los servicios de transporte, por lo que no tienen más alternativa que moverse en automóvil o recurrir al taxi.

Las mujeres se han visto obligadas a quedarse en los edificios "en vez de usar la calle como lugar seguro para trasladarse por la ciudad. Creo que estamos atrapadas en burbujas", reflexionó. "Vamos de una burbuja a otra", remarcó.

A pesar de que la brecha educativa se achica, con una mayor cantidad de mujeres en escuelas y universidades, respecto de los varones, todavía ellas representan una pequeña proporción de la población económica activa.

El economista de la compañía Engicon y especialista en sistemas de transporte Hazem Zureiqat señaló que la falta de opciones de transporte en Ammán, donde reside la mitad de la población del país, es responsable de la marginación de la mujer.

Zureiqat mencionó una encuesta en la que se les preguntó a las mujeres jordanas por qué no trabajaban. "Muchas de ellas adujeron problemas de movilidad y de transporte", indicó.

Por lo menos la mitad de los hogares de bajos ingresos tienen un automóvil en Jordania, pero suele usarlo el hombre, y la mujer queda varada en su casa, sin poder ir a trabajar.

Al ser consultado si sería una solución implementar líneas de autobuses exclusivas para ellas, Zureiqat fue contundente: "No, no estoy de acuerdo con resolver problemas sociales separando a los hombres de las mujeres".

Hay que mejorar el servicio en general, no solo para las mujeres, remarcó. La frecuencia de las pocas líneas de autobuses es mala y muy poco confiable. También mencionó el problema de la falta de refugios en las paradas.

El sistema de Tránsito Rápido de Autobuses fue un proyecto ambicioso que apuntó a corregir el problema mediante 32 kilómetros de carriles exclusivos para el transporte público. Cada uno de ellos hubiera permitido triplicar el traslado de personas, en comparación con una vía común.

El sistema no apuntó solo a mejorar el movimiento de las personas en la ciudad, también era una cuestión de "dignidad humana", apuntó Zureqat.

Pero toda la iniciativa quedó por el camino cuando los reclamos por reformas económicas y políticas, que comenzaron el año pasado en Jordania, llevaron a las nuevas autoridades a desecharla.

"Luchar contra la corrupción se volvió la expresión de moda aquí y se cuestionó todo", se lamentó Zureqat.

Omar Maani, exalcalde de Ammán, estuvo en el ojo de la tormenta, lo que desprestigió los proyectos elaborados durante su gestión (2006- 2011).

Entre las iniciativas desechadas están el sistema de Tránsito Rápido, el Instituto de Desarrollo Urbano de Ammán -un grupo de estudio y de acción con fondos del gobierno municipal que se propuso ayudar a evitar la fuga de cerebros, entre otros asuntos- y el plan maestro Ammán 2025.

El sistema de Tránsito Rápido fue objeto de una intensa revisión que estudió todos los aspectos del proyecto, incluida su financiación, pero igual fue desechado en septiembre de 2011.

Maani fue detenido en diciembre de 2011 por un caso de fraude, sin relación con lo anterior. Actualmente está libre bajo fianza.

El Instituto de Desarrollo Urbano de Ammán sufrió muchos problemas desde el principio, y la Primavera Árabe terminó por sepultarlo. La organización era ineficiente y fue criticada por pagar salarios exagerados.

Hiari, quien trabajó en el Instituto Ammán, señaló que el plan maestro está estigmatizado, al igual que los proyectos elaborados por la organización.

"Funcionarios del gobierno local temen suscribir todo lo que esté vinculado al Instituto Ammán y a su plan maestro", indicó Hiari, porque no quieren quedar "asociados a la corrupción".

Por ahora la ciudad sigue caótica y sin planificación.(FIN/2012)

martes, enero 03, 2012

"Es el momento ideal para el feminismo islámico"

Garazi Mugertza
Gara Asma Lamrabet nació en Rabat (Marruecos), donde actualmente reside y trabaja en el Hospital Universitario Ibn Sina. Médica hematóloga de profesión, es autora de diversos libros y artículos y una destacada representante del feminismo islámico. Es también presidenta de GIERFI (Grupo Internacional de Estudio y Reflexión sobre la Mujer en el Islam) y directora del Centro de Estudios Femeninos en Islam.

En plena revolución árabe, Asma Lamrabet ha visitado Euskal Herria de manos de Ipes, Askapena y Bilgune Feminista para hablar sobre feminismo islámico, una corriente cada vez más extendida entre las mujeres musulmanas. En la entrevista concedida a GARA, desmonta el discurso de Occidente sobre las mujeres y el islam.

¿En qué fundamentos se basa el feminismo islámico?

El feminismo islámico es el feminismo como lo conocemos en el resto del mundo, con principios universales, que reivindican libertad, emancipación y dignidad para la mujer. Es islámico porque se refiere a unos principios que están en nuestra cultura en lo referente al mensaje espiritual que encierra el islam. A este respecto, quisiera aclarar dos cosas. La gente cuando oye los términos feminismo e islam juntos, se queda como cortada y se pregunta el porqué de feminismo e islam, ya que el islam está visto como una religión discriminatoria hacia la mujer. Lo que quisiera aclarar es que cuando hablamos de religión, hablamos de sistema, de una ideología religiosa y de una institución religiosa, pero dentro de todas las religiones hay un mensaje espiritual. Lo que ha traído la discriminación de la mujer son las instituciones religiosas y el sistema religioso, no el mensaje. Nosotras queremos reivindicar los derechos a partir de este mensaje espiritual y luchar contra las instituciones religiosas, que son las que han hecho una lectura patriarcal del mensaje espiritual.

A la pregunta de por qué feminismo islámico y no simplemente feminismo, debo contestar que hay distintas corrientes feministas. No me van a decir que el feminismo occidental es un feminismo monolítico, que sólo hay uno y que ese uno es único, porque no es verdad. Dentro del feminismo hay modelos diferentes y también principios universales que todas compartimos. Hay que saber diferenciar entre modelos y principios. Los principios universales son la lucha por la emancipación de la mujer, por la dignidad y por la igualdad. Es por eso que, al igual que hay feminismo radical, feminismo de Estados Unidos o black feminism, existe el feminismo islámico. El islam y la mujer musulmana están tan estereotipados, que es difícil entender cómo una mujer musulmana reivindica sus derechos a partir de su, entre comillas, religión.

¿Cómo surge el feminismo islámico?

Como movimiento, es relativamente nuevo y plural, no hay un único feminismo islámico, ya que existen distintas corrientes. Así, por ejemplo, hay corrientes feministas islámicas que no quieren el título de «feminismo» porque tiene una connotación negativa occidental. Cuando estoy en Europa, digo que reivindico mi feminismo, porque sé que la gente lo entiende, pero cuando estoy en el mundo árabe lo digo de otra manera para que no choque ni traumatice. Es una cuestión de conceptos, no de principios y esto hay que respetarlo.

Este movimiento surgió en los años 90, pero no es un movimiento que nace en una sola parte del mundo. Nació en Egipto, pero también en Irán, en Marruecos, en Túnez, sin olvidarnos de los países más grandes del mundo musulmán; Indonesia y Malasia, donde hay un movimiento muy importante de feminismo islámico. También tomó cuerpo en comunidades islámicas de otros países, como, por ejemplo, dentro de Estados Unidos, donde las mujeres tienen estudios superiores.

Si bien comenzó en los 90, no lo hizo de la nada, es la continuación del feminismo nacionalista árabe, que cobró importancia entre los años 40 y 50 y en el que las mujeres lucharon codo con codo con los hombres por la descolonización. Pero después de la independencia, fueron marginadas y el feminismo nacionalista quedó muy ausente. En los 50, nació el feminismo laico que no quería tener nada que ver con la religión, porque era la época del marxismo y de la izquierda radical. El feminismo laico no dio sus frutos porque el pueblo árabe es un pueblo que está arraigado en el islam, que constituye una memoria, una historia, una experiencia milenaria que el pueblo no puede dejar. La generación joven, la que ha seguido y tenido acceso al estudio del islam, ha visto que todo lo que decían las feministas laicas no era del todo cierto, que la lectura que las instituciones han hecho de los textos sagrados, todas controladas por hombres, son las responsables de la marginación de la mujer.

¿Cuál es la situación actual?

Las mujeres han comenzado a releer los textos sagrados y se han dado cuenta de que lo que encierran es un mensaje espiritual, que, al contrario de lo que se dice, está liberando y ha liberado a las mujeres. Es liberador y emancipador. Es por eso que ahora las mujeres tenemos argumentos religiosos para luchar contra los ulemas e imanes que sostienen lo contrario.

¿Qué opinión tiene el movimiento feminista islamista sobre la sharia?

Cuando se habla de la sharia, la gente se asusta y piensa en un código penal de cortar manos y lapidar mujeres. Pero, la sharia no existe en el texto sagrado. El Corán habla de la sharia como norma, como una orientación. Literalmente, la palabra sharia significa «vía». El mensaje espiritual del Corán dice «te ofrezco una vía». La vía es un camino, una ética para seguir y no hay nada en todo el Corán que se llame sharia que se refiera a castigos corporales. Sólo el 3% del Corán habla exclusivamente de los castigos, pero se deben leer bien. En el Corán sólo aparecen cortar la mano al ladrón y flagelar al hombre o mujer adúltera, la lapidación no existe, es una tradición anterior al islam, una tradición judía. Pero, como he dicho, hay que leer bien, pues para cortar la mano al ladrón debemos estar en una sociedad ideal donde no hay pobres que necesiten robar. Es decir, más bien es una metáfora que un castigo de verdad. Además, debemos tener en cuenta que antes sólo existían los castigos corporales, no había cárceles ni nada así, y este versículo debe ser analizado teniendo en cuenta esa coyuntura. En definitiva, la finalidad de este versículo es que haya justicia, que no haya pobres que necesiten robar. En lo referente a la flagelación, lo importante es que para decir que debemos flagelar al hombre o a la mujer necesitamos cuatro testigos que hayan asistido al acto sexual. ¿Qué quiere decir esto? Pues que es imposible demostrar el adulterio. Esto, en el Corán, era una pedagogía para educar al pueblo árabe -que era un pueblo tribal y primario- a respetar la intimidad de los demás. Pero, se suele hacer una lectura patriarcal y las instituciones han decidido que todo el Corán sea ese 3%. Esto viene de la cultura wahhabi, que es una ideología de Arabia Saudí. Toda la ideología radical extremista religiosa viene de este país. Los imanes y los ulemas hablan del islam y el pueblo árabe musulmán, que, por lo general, es muy analfabeto, se cree lo que éstos dicen porque tienen los medios y el dinero para divulgar su mensaje, son como el Papa. Este es el gran problema. Por supuesto, ellos no reconocen el feminismo islámico y nos acusan de traidoras y de occidentalistas.

¿Cómo están afectando las revueltas árabes al movimiento?

Pienso que es el momento ideal para el feminismo islámico. Yo estoy muy contenta, porque hemos podido ver a mujeres que eran desconocidas, que llevaban años trabajando por la revolución, pues no ha sido cosa de un día a otro, que estaban en la sombra. El hecho de que el premio Nobel haya sido para una revolucionaria yemení, periodista, desconocida, pobre, madre de tres hijos... que ha salido a la calle hablando por un microfóno, llamando a hombres y mujeres a luchar.

Estoy muy contenta de que den premios a mujeres jóvenes como ella que lo necesitan. O como cuando vemos en Siria a una artista que está saliendo a la calle, que ha sido raptada dos veces, violada, pero que sigue saliendo y es líder de esta revolución. O en Egipto, cuando la primera mujer escribió en un blog llamando a mujeres y hombres a salir a la calle y lo siguió haciendo todos los días.

Estoy feliz de ver que estas mujeres ya están saliendo. Y hay millones de mujeres como ellas. Yo soy optimista con esta revolución árabe porque son hombres y mujeres jóvenes que han salido y que no tienen ninguna ideología. Son un movimiento espontáneo cuyo único objetivo es la libertad, el honor y la dignidad. Esos son los tres eslóganes que hemos visto en todos los países.

¿Y la tendencia islamista en las elecciones tras las revueltas?

El problema es que cuando los jóvenes han ganado, llegan las elecciones y la mayoría de los partidos que se presentan son creados por el Estado déspota. Los únicos que estaban allí, que tenían cierta virginidad política porque siempre han estado en la oposición u oprimidos, son los islamistas y así el pueblo no ha tenido elección, por no votar a los mismos de siempre ha votado a los islamistas. Esta es una de las razones, pero no es la única, pues no debemos olvidar que el islam sigue siendo un referente indispensable. La cuestión es cuál será el proyecto de estos partidos islamistas. Yo no creo que tengan un proyecto social concreto, creo que han hecho oposición por oposición, pero no tienen un discurso moralizador, no tienen un proyecto para reformar, para poner fundamentos verdaderos de la democracia. Puede ser que me equivoque, el futuro nos lo dirá.
«El velo es cosa entre Dios y yo»

Occidente tiende a mostrar el velo como ejemplo de opresión de la mujer en la religión islámica ¿Qué opinión le merece esta valoración?

El velo no es ni cultural, ni político, ni ideológico, ni significa una sumisión al hombre. Es una convicción personal que está relacionada con la fe. El velo aparece citado en el Corán una sola vez y de manera sutil, como una mera recomendación dentro del comportamiento ético de la decencia y hace referencia tanto a hombres como a mujeres. El problema es que un discurso islámico machista y patriarcal ha hecho de este único versículo el principio básico de lo que debe ser una musulmana. Yo como persona independiente, libre y musulmana, tengo derecho a decidir qué quiero ponerme y todas deben tener este derecho. El velo es algo entre Dios y yo. Pero Occidente vive muy mal esto y no ha sido capaz de asumir toda esta diversidad. La prohibición del velo va en contra del derecho de la mujer sobre su cuerpo. Yo critico de la misma manera a aquellos que utilizan el cuerpo desnudo de la mujer para hacer publicidad, como a los radicales musulmanes que quieren que la mujer vaya tapada de arriba abajo y dejarla invisible.

¿Cuáles son las prioridades de su lucha?

Nuestra lucha está enfocada hacia la obtención de la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida política, social y jurídica. Hay estatutos personales casi en todo el mundo árabe musulmán donde la mujer sigue siendo menor de edad a nivel jurídico con enormes contradicciones. Por ejemplo, en Arabia Saudí, la mujer puede ser directora de una empresa financiera, dispone de todos los medios que quiere, pero, sin embargo, no tiene permiso de viajar sin su marido, y si no hay marido, no puede viajar sin su hijo, aunque éste tenga 14 años. Tampoco tiene derecho de conducir. Por otro lado, las reformas llevadas a cabo en Túnez son muy positivas aunque no son suficientes si a su vez no se reforma la educación, pues el pueblo las interpreta como antislámicas. Hay que cambiar las mentalidades y para ello la educación.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20120102/312877/es/Es-momento-ideal-para-feminismo-islamico/

lunes, diciembre 19, 2011

Egipto: “Sin conocimiento y sin autonomía no puedes elegir libremente”

Gloria López
AmecoPress. La autonomía económica y el conocimiento son los pilares necesarios para que se produzca una verdadera revolución en Egipto y las mujeres participen activamente en la vida política y se incorporen a todos los niveles del proceso de adopción de decisiones. Esa es la llave que Amany Asfour, presidenta de la Asociación de Empresarias Egipcias se empeña en entregar a la gente para abrir el cofre, aun cerrado, de la democracia y la igualdad.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan las mujeres en Egipto?

Los retos son, tanto para mujeres como para hombres, acabar con la ignorancia y la pobreza. No habrá capacidad de elección mientras no se cambie esto. Si tú vas a un restaurante y te dan una carta extensa de platos ricos, pero no comprendes lo que dice la carta porque no puedes leerla y no tienes dinero para pagar los precios que marca, no puedes elegir. Eso es lo que está sucediendo en Egipto.

¿Y cuáles son los pilares para abordar estos retos?

Nosotras trabajamos con mujeres y jóvenes, de acuerdo a tres ejes: personalidad –conformación de valores, roles y conductas -, legislación y procedimientos para su implementación y el tipo de producto que podemos ofrecer a la sociedad. Pero todo esto ha de trabajarse de un modo integral, en donde la educación y, de manera especial, la familia tienen un papel fundamental. Para producir estos cambios es necesario trabajar con los Gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y los medios de comunicación, y de este modo, construir un circuito que vaya inclinando la balanza hacia la igualdad, la justicia social y la libertad

Las egipcias estuvieron en la primera línea de la revolución en enero y febrero y lucharon codo con codo con sus compañeros en pro de un Egipto más libre y democrático. Sus esfuerzos, sin embargo, no se han traducido en las listas electorales de los partidos egipcios, laicos e islamistas, que en su mayoría han ignorado a las potenciales candidatas o las han relegado a los puestos más bajos en las papeletas. No se está facilitando la participación de las mujeres en esta transición.

¿Cómo se vive esa experiencia?

En el momento de la revolución todos estábamos de acuerdo, queríamos un cambio; salimos a las calles, nos identificamos con esa causa. Pero después nos volvemos a encontrar con la manipulación y con los prejuicios de una sociedad conservadora, que carece de conocimiento y formación. A veces cuesta entenderlo, pero se debe a lo que hemos hablado anteriormente: la ignorancia y la pobreza, desde ahí se controla a las poblaciones y se impide el ejercicio de la democracia. Nosotras, por ejemplo, damos y estudiamos junto a las mujeres y jóvenes un Manual sobre la Democracia, porque realmente, no se sabe lo que significa.

¿Crees que lo que sucedió en Egipto, la llamada primavera árabe, tiene relación con lo que luego pasó en las plazas de muchos países de todo el mundo? ¿Piensas que la gente de todo el planeta está buscando un cambio?

Sin duda, es una revolución de todo el mundo. La gente no está feliz en este mundo, muy pocos cuentan con la mayoría de los recursos, mientras la mayoría vive mal. Por eso la imagen de la famosa plaza Tahrir, llena de gente, se convirtió en un símbolo de poder y de cambio. Egipto fue una chispa que se extendió porque la gente quiere otra cosa.

jueves, noviembre 10, 2011

Marruecos: El integrismo islámico amenaza la vida de las feministas

Guadalupe Cruz Jaimes
Cimac.- En Marruecos defender los Derechos Humanos de las mujeres coloca a las feministas en peligro de muerte, ya que es considerado una afrenta al Islam – la religión del Estado –, advierte Fatna Afid, coordinadora de la Marcha Mundial de las Mujeres.

Afid, también secretaria general del Sindicato de la Educación marroquí, menciona que “las militantes pueden perder la vida asesinadas por los islamistas por no estar de acuerdo con ellos”.

La activista refiere que en el país árabe, las feministas deben enfrentar cada día las condiciones impuestas por el Islam, que violentan los DH de las mujeres y pretenden que las marroquíes “se queden en su casa con la cabeza tapada sin decir nada, mientras su esposo tiene cuatro o cinco mujeres y ellas deben permanecer calladas”.

Para transformar esa realidad, el movimiento de mujeres intenta convencer a autoridades y a la sociedad marroquí en general de respetar los DH de las mujeres: “Es un combate permanente en las calles por el derecho al trabajo, a la riqueza, al agua potable, a la propiedad de la tierra, al alojamiento…”.

La demanda de alojamiento es una de sus prioridades, ya que hay mujeres pobres sin un lugar para vivir, adultas mayores en situación de calle, las víctimas de violencia física y sexual y para las madres solteras, ya que hasta ahora sólo los hombres gozan de ese derecho.

En el caso de las madres solteras, quienes son discriminadas “severamente por sus familias y la sociedad”, además de alojamiento, las activistas demandan que ellas sean respetadas.

Y es que actualmente las mujeres que quedan embarazadas antes de casarse están fuera de las leyes religiosas, lo que les implica la pérdida de derechos. En esa circunstancia, “cuando nace su hija o hijo ellas tienen que lanzarlo a la calle y huir”, lamenta.

Fatna narra que para ayudar a estas mujeres, Aisha Shena, presidenta de Asociación Solidaridad Femenina, preguntaba si había mujeres solteras que acabaran de tener a sus bebés. Cuando le decían de alguna, ella iba y les proponía no tirar a su hijo a la calle y les ofrecía alojamiento y un trabajo.

Algunas de ellas comenzaron a ocuparse en la venta de productos en kioscos en las inmediaciones de los hospitales, otras entraron a trabajar en fábricas en las cuales Shena había hablado con los patrones.

Además, la presidenta de la asociación realizaba en cada caso un “cuaderno de familia”, que era una exposición de motivos por los que la mujer no se había casado. El escrito era entregado a la familia para buscar una solución, pero en la mayoría de los casos, las familias se niegan a perdonar a las hijas y recibirlas nuevamente en sus casas.

Por ello, cuando no reciben ayuda para conseguir empleo y un lugar donde vivir “quedan expuestas a la prostitución y otros tipos de explotación, como la venta de drogas”, denuncia Afid, quien es integrante de la organización Solidaridad Femenina.

El trabajo que realizan, detalla, “es dar esperanza, una oportunidad, porque cualquiera puede equivocarse, no hay que torturarlas más, cuando se embarazan es el infierno”. La labor que Shena realiza y que ahora replican las integrantes de la asociación ha sido respetado por las autoridades y la sociedad civil.

La demanda de las mujeres organizadas logró que a través de la iniciativa para el desarrollo nacional, el Estado apoyara la construcción de tres centros en los que se da alojo a las madres solteras, los cuales resultan insuficientes porque también acoge a las víctimas de violencia, mujeres pobres, adultas mayores en situación de calle, y personas usuarias de drogas.

Derechos conquistados

Entre los resultados del trabajo que las organizaciones feministas y de mujeres han logrado después de 50 años de labor, está el cambio en el código de familia que permite a las madres solteras poner un nombre a sus hijas e hijos nacidos.

“Antes sólo les nombraban X; los marcaban socialmente, tenían problemas para su futuro, ahora tienen derecho a un nombre”, refirió Afid.

Otra ley modificada fue la de nacionalidad, la cual permite a las marroquíes dar la nacionalidad a sus hijas e hijos. También lograron la prohibición del casamiento entre hombres y niñas, promovido por el Islam.

Actualmente el Parlamento marroquí discute un proyecto de ley contra la violencia hacía las mujeres, otra de las causas del movimiento feminista de la nación norteafricana.

sábado, junio 04, 2011

Mujer en Arabia Saudita: mujer maldita

AmecoPress/PES. El pasado 31 de mayo Manal Al Sharif fue puesta en libertad tras haber sido encarcelada por conducir en tierras sauditas, acción ésta que no está permitida para las mujeres. Al Sharif, que se encuentra bajo libertad condicional, firmó una declaración donde asumía que no volvería a conducir.

Manal Al Sharif participaba en la campaña de Women 2 Drive (Mujeres al Volante) en la que se reivindicaba el derecho a conducir de las mujeres en Arabia Saudita. A pesar de los estereotipos, en Arabia Saudita existen hombres que animan a sus mujeres a conducir; sin embargo, esta no es la tónica general y, ni mucho menos, el gobierno saudita está a favor de que una mujer se ponga al volante.

Esta trasgresión de las leyes sauditas se ha repetido en otras ocasiones. Ahora, de nuevo, coge fuerza con la campaña Women 2 Drive, extendida ya a las redes sociales del Facebook o el Twitter. Muchos han sido ya los medios de comunicación que han hablado de esta campaña ayudando a difundir la lucha por los derechos de las mujeres, tan castigados en el Reino de Arabia Saudita.

En 1990 un grupo de mujeres quisieron protestar contra la prohibición de conducir que se imponía a las mujeres, para lo que organizaron un desfile de coches conducidos por ellas mismas en la capital saudita. Por entonces, esta práctica todavía no era ilegal pero la prohibición estaba establecida fuertemente en la sociedad como costumbre; sin embargo, después de los hechos, las autoridades terminaron imponiendo a las mujeres la prohibición de conducir a través de varias fatwas, como las fatwas tan controvertidas del sheikh Abdul Mohsen al-Obeikan.

No es el único sheykh que califica a las mujeres musulmanas que quieren conducir al estilo de sus congéneres occidentales como destructoras de la base de su religión que, en el caso de este país es, además, la fuente de derecho y gobierno. En el artículo 7 de su constitución (aprobada en 1992) recoge que el Gobierno de Arabia Saudita se deriva el poder del Santo Corán y la tradición del Profeta. Esto significa que para los sauditas, el mejor gobierno es aquel que hubo en tiempos del profeta Mohamed, tiempos en los que -según algunas interpretaciones- las mujeres no conducían.

Sheikh Khaled Yasem argumenta que las mujeres no deberían conducir por el simple motivo (es el ejemplo que él da) de que si una mujer conductora se viera con el coche averiado en medio de ninguna parte esta tendría que pedir ayuda a un hombre. El hombre tendría que pararse a ayudarla y esto -según el Sheikh Khaled Yasem- es pecaminoso; es absolutamente negativo para la reputación de una mujer que se deje ver en compañía de un hombre desconocido.

Manal fue entrevistada en 2007 por la mbc (el grupo panarabista mbc es el dueño del periódico Al Arabeya). En esta entrevista Manal habla de su trabajo como encargada de IT de una compañía petrolífera bastante importante. Es, además, según la bloguera de Saudiwoman’s Weblog, miembro de la tribu descendiente de la familia del profeta del Islam. Por lo que Manal no es una mujer saudita "cualquiera". ¿Qué habría pasado si una mujer saudí "normal" hubiera desafiado la ley? Seguramente la pena hubiera sido mucho peor.

jueves, mayo 19, 2011

Las mujeres asumen roles de liderazgo en los levantamientos de los países árabes

Simba Russeau
IPS –
Las mujeres árabes asumieron claros roles de liderazgo en los levantamientos populares de Bahrein, Egipto, Libia, Marruecos, Túnez y Yemen, contrariamente al viejo mito occidental de que se encuentran indefensas y esclavizadas.

“Es realmente injusto ignorar la historia e intentar malinterpretar la realidad”, dijo Fátima Outaleb, fundadora de la Unión para la Acción de las Mujeres en Marruecos.

“¿Quién puede negar a esa mujer que entona cánticos de protesta y lleva a hombres tras sí? Es una mujer con un velo, pero es también una líder”, señaló.


Según Outaleb, las mujeres –sean madres, trabajadoras del hogar, lleven velo o no, simpatizantes de partidos islámicos o sin filiación política– siempre han jugado un papel clave en el mundo árabe.

“Los medios occidentales se guían por ciertas agendas y ciertas prioridades que tienen en mente. Han ignorado la realidad de que las mujeres árabes fueron el corazón de las revoluciones en la región, sea liderando, elaborando estrategias, creando conciencia o movilizando a través de blogs o (la red social virtual) Facebook”, explicó Outaleb.

Las mujeres egipcias representaron casi 20 por ciento de los millones de activistas que acudieron a la Plaza Tahrir en El Cairo y a la norteña ciudad de Alejandría.

“No me gusta el hecho de que, durante nuestra revuelta de 18 días, la cobertura de los medios internacionales se concentró en las mujeres acosadas sexualmente. Hubo mujeres entre los mártires, enfrentando a las fuerzas de seguridad y durmiendo en la Plaza Tahrir”, dijo Doaa Abdelaal, de la organización Mujeres que Viven bajo Leyes Musulmanas.

“Las mujeres trabajaron mucho tiempo a nivel de base y en los movimientos de trabajadores para crear este momento”, indicó. Desde 2004, trabajadores egipcios han realizado casi 3.000 huelgas contra la privatización y las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Las mujeres han desempeñado importantes roles en esas acciones, exigiendo mejores condiciones económicas y oponiéndose al régimen del ahora derrocado presidente Hosni Mubarak.

En un país donde 95 por ciento de los 27 incidentes de violación que ocurren a diario no son reportados, donde 33 por ciento de las mujeres sufren violencia doméstica y donde hay desigualdades laborales y creciente violencia sexual, los grupos feministas se han destacado por dedicar tiempo y energía en los últimos 20 años para romper muchos tabúes.

La fundadora y jefa ejecutiva de la coalición árabe contra la violencia de género Karama, la somalí Hibaaq Osman, dijo que los medios occidentales estaban asombrados al ver a mujeres en las calles protestando de igual a igual con los hombres. “Tienes que entender la psicología de los medios occidentales. Quieren ver una mujer débil, sumisa y tapada”, dijo.

Osman sostuvo que Europa, que según ella se inclina cada vez más hacia la derecha política, debía comprender que sus comunidades musulmanas en realidad no reflejan el mundo árabe, ya que los inmigrantes están desconectados socialmente de sus tierras de origen y no han sido plenamente acogidos por los países donde viven.

“En Francia tardó un solo día aprobar una ley contra el velo, ¿pero cuánto tomará presentar una ley para apoyar, capacitar, dar empleo y fortalecer económicamente a los inmigrantes que viven en ese país?”, preguntó.

“Creo que es tiempo de que Occidente se mire bien a sí mismo, pues es fácil señalar con el dedo al mundo musulmán, y ver cómo las mujeres son tratadas cuando la Iglesia Católica aún tiene grandes problemas con los anticonceptivos y no puede decidir si una mujer tiene derecho a usar su propio cuerpo”, dijo Osman.

“No nos preocupa lo que los medios occidentales piensen sobre nosotras, porque sabemos que son tendenciosos”, dijo Outaleb. “¡Cómo pueden haber ignorado el rol de las mujeres! Ellas nunca han estado ausentes, sino que han sido parte de la sociedad”, subrayó.

lunes, abril 04, 2011

El feminismo islámico decolonizado emerge con fuerza

Fuente: Med’in Marseille. Media Euroméditerranéen des diversités à Marseille.
Traducción para Webislam de Beatriz García Quesada

La Asociación de Musulmanes de Marsella (ASMMA) cuya presidenta no es otra que Fátima Tamtam, organizó el pasado sábado en el Teatro de Mazenod una conferencia/debate muy en línea con la actualidad. Bajo el título «Musulmanas de Francia: Retos y desafíos». Esta conferencia ha tenido el mérito de barrer los clichés colonialistas de los que son víctimas los musulmanes de Francia y de denunciar la instrumentalización política y mediática de la causa de las mujeres. Nadie quedó indiferente con las intervenciones de Asma Lamrabet, directora del Centro de Estudios femeninos sobre Islam en el seno de la Rabita Mohammadia de los ulemas de Marruecos, Houria Bouteldja, portavoz del Partido de los Indígenas de la República, e Ismahane Chouder, presidenta del Colectivo Feminista por la Igualdad.

La increíble cantidad de estereotipos y prejuicios que se han ido acumulando en torno a la temática «mujeres musulmanas» ha impulsado a jóvenes musulmanas de Marsella a crear la asociación ASMMA. El temor es que el próximo «debate sobre el Islam» (el 5 de abril de 2011) acentúa esta tendencia así como la instrumentalización política de esta cuestión. Según Asma Lamrabet, directora del Centro de Estudios femeninos sobre Islam de la Rabita Mohammadia de los ulemas de Marruecos, estamos incluso asistiendo a la construcción de un discurso predominante que instrumentaliza el miedo alimentando los clichés para reducir a la mujer musulmana y oponiendo al Islam todos los valores de la modernidad. Uno de los adagios más aprobados por las conciencias occidentales es que «la mujer musulmana está oprimida por el Islam». Los discursos sobre la musulmana con velo no son más que reproducciones de una visión colonialista, explica Asma Lamrabet. Ahora bien, los medios de comunicación y los políticos son los primeros vectores de estos clichés. Efectivamente, «el tema de la mujer está secuestrado por la visión conservadora», mantenido por «el circo mediático e islamófobo que nos impide ver la realidad de las cosas puesto que todo se presenta desde el punto de vista de lo afectivo y lo emocional», resume Asma Lamrabet, también coordinadora de un grupo de investigación y reflexión sobre la mujer musulmana y el diálogo intercultural. Las mujeres musulmanas son, según ella, las víctimas del etnocentrismo intelectual que absuelve a las mujeres no-musulmanas de toda discriminación. Ahora bien, «la discriminación contra las mujeres es universal. Por ejemplo, el patriarcado y el liberalismo acentúan la precariedad y las mujeres son las primeras víctimas. Por lo tanto, esto no tiene nada que ver con la religión o la cultura», afirma. A esto se añade la instrumentalización de esta temática por intereses geopolíticos. Esta obsesión de liberar la mujer musulmana a servido, por ejemplo, como pretexto para legitimar la guerra en Afganistán o para apoyar el régimen de Ben Ali debido a su modelo de emancipación de la mujer, «mientras que por detrás, este modelo oprimía a los hombres tunecinos, todo en nombre de la democracia».



De tales injerencias occidentales, motivadas por intereses diversos, se representa al Islam como una religión «totalitaria y machista» y se apoya la idea de que existen dos modelos. El de la mujer occidental liberada y el de la musulmana recluida y oprimida. «Un discurso que ha estado siempre al servicio de la coartada de las potencias imperialistas occidentales», insiste Asma.

Si bien afirma que «no es el Islam el que discrimina y desvaloriza a la mujer, sino más bien la exégesis que se ha hecho del Corán a través de siglos de lectura y de interpretaciones sexistas hacia la mujer. Estas interpretaciones rigoristas e inmutables han legitimado esta "cultura de la discriminación”». Aunque insiste sobre el hecho de que es necesario combatir la idea que asegura que el Corán es la primera fuente de discriminación contra la mujer. Es efectivamente importante «tener en cuenta el contexto histórico de la revelación coránica y diferenciar entre el hecho cultural y la esencia de la religión».
«Reducir el discurso islámico al velo es perjudicar esta ética coránica»
Añade también que la constatación de una cultura discriminatoria hacia las mujeres rara vez se permite en los países musulmanes quienes intentan entonces justificarse afirmando que «la religión musulmana concede derechos a la mujer». Sin embargo, según Asma Lamrabet es un discurso que hay que superar necesariamente ya que refuerza la idea de que las mujeres musulmanas tienen derechos y estatutos particulares. «Este discurso incluso ha marginado la universalidad del mensaje del Islam», comenta indignada. Opinión que también comparte Ismahane Chouder, miembro del Colectivo «Una escuela para todos-as» y del Colectivo de Feministas por la Igualdad. Para esta feminista musulmana, a los musulmanes de Francia les faltan «las herramientas que les permitirán defenderse. Desarrollamos un discurso en el reaccionar, del modo: "yo defiendo el Islam". Tenemos interés en mover el cursor», añade.

A esto se añade la forma en que los musulmanes evocan la cuestión del velo. «Hablamos del velo como si fuera uno de los principios del Islam.[...] Tenemos que revisar la forma que tenemos de vehicular nuestro mensaje islámico. Se lo ha reducido a una vestimenta de moda cuando lo que hay que privilegiar es la honestidad intelectual que la religión musulmana nos enseña para así evitar pasar por alto la universalidad del Islam», resume Asma Lamrabet. Igualmente, llama a recolocar la temática de las mujeres en el corazón del mensaje coránico, cuyos fundamentos son la razón, la justicia y la libertad. De hecho, «desde sus inicios, el mensaje islámico a permitido instaurar una verdadera dinámica de liberación de la mujer, aunque se difumina en pro de una lectura puramente jurídica vaciada de su ética espiritual», precisa. Es por esto que hoy día muchos intelectuales y universitarios musulmanes intentan recuperar su destino tratando de tomar la palabra en nombre de su compromiso espiritual. Y Asma Lamrabet forma parte de esos intelectuales. Presidenta de GIERFI (Grupo Internacional de estudios y de reflexión sobre mujeres e Islam), trabaja actualmente en la «relectura de las fuentes» en la visión igualitaria desde una perspectiva femenina, tal y como hacían las mujeres musulmanas tras la revelación. Ibn Hajjar, que es uno de los más grandes eruditos del Islam, ha identificado a 300 mujeres instructoras en ciencias islámicas en el s.III de la Hégira. «¿Dónde están los escritos de estas mujeres?», se pregunta. Akram Nadwi, investigador en Oxford, ha identificado por su parte a 8.000 mujeres eruditas especialistas en fatwas, crítica de hadices, exégesis, etc. El objetivo es «contradecir las lecturas religiosas literalistas masculinas que han sido especialmente responsables de la marginación de las mujeres».

Asma Lamrabet cree que esta nueva lectura del Islam, a partir de una lectura femenina, podrá reducir las discrepancias ideológicas con Occidente.Es cierto que el fantasma de la mujer sumisa es aún muy fuerte en Occidente. Sin embargo, «años de tentativas de emancipación de la mujer según un modelo occidental construido como modelo universal se han saldado con el fracaso». ¿Por qué? «El impacto de la colonización en el mundo musulmán explica en parte el rechazo de ciertos valores occidentales, especialmente de aquellos relacionados con la emancipación de la mujer, que se perciben como un proyecto colonialista».

Houria Bouteldja: «¿Feminismo islámico McDonald o feminismo islámico decolonizado?»
De acuerdo con la Presidenta de GIERFI, no podemos imponer a los musulmanes el acceso a la modernidad o fundirse en la sociedad a través de la sola puerta de la occidentalización. Del mismo modo, es lo que denuncia Houria Bouteldja, portavoz del Partido los Indígenas de la República (PIR), para quienes «hay que destacar esta resistencia cultural y religiosa en la perspectiva de construir un feminismo islámico decolonizado. Lo que quieren las mujeres musulmanas en términos de "respeto", en términos de "social" y sobre todo lo que piensan del discurso ideológico que estigmatiza a los hombres de su comunidad». Las mujeres musulmanas de Francia tienen que hacerse las preguntas adecuadas, ya que según Ismahane Chouder, otros se toman el trabajo y gastan su energía en definirnos como «víctimas».
Tan sólo hace una docena de años que asistimos a la organización de un movimiento que combina el compromiso militante con la reflexión teórica para presentar otra imagen de la mujer musulmana. La ley contra el velo en las escuelas (marzo de 2004) ha promovido la creación del «Colectivo una escuela para todos-as», en el que Ismahane Chouder se ha integrado rápidamente. «Hemos desarrollado un discurso feminista de la resistencia ciudadana y la organización política. Este tomar la palabra se nos ha facilitado en el marco de este espacio», explica Houria. Un marco esencial para «decolonizar las prácticas y discursos feministas» ya que hay también «una relación de dominación entre mujeres y este discurso matriarcal que tenemos que deconstruir», dice. El trabajo es enorme. De hecho y según Houria Bouteldja, estaríamos asistiendo al nacimiento de un «feminismo decolonizado». Esto es lo que se aprecia en un artículo de «ELLE, Revista de feminismo islámico integracionista» y bajo el título «Mujeres con velo pero [mujeres] Funky». Esta revista que ha hecho campaña contra el velo, abre hoy sus columnas a mujeres musulmanas que dicen: «nuestro velo no es más que un accesorio (...). Fundirse en la sociedad es a hacer concesiones en términos de fe y de dignidad», comenta la portavoz de PIR.

El próximo debate sobre el Islam no es para arreglar las cosas. Para Ismahane Chouder, hemos pasado de un análisis político a un análisis cultural que condujo a la creación de un enemigo cultural nuevo: el musulmán y la musulmana. Esto requiere la creación de leyes contra el velo y el burka, que para Houria Bouteldja es traicionar la Ley de 1905, puesto que «nadie puede ser laico más que las instituciones y los funcionarios». En definitiva, «buscamos la aplicación equitativa de la laicidad», prosigue Ismahane Chouder.

¿Organizarse políticamente?

A esto hay que añadir «esta voluntad política que consiste en encerrarnos en los debates periféricos en lugar de centrarse en debates económicos, ecológicos, etc. Hoy en día, nos vemos obligados a descontaminar el debate que se materializa en la visibilidad del Islam», comenta indignada la vice-presidenta del Colectivo de Feministas por la Igualdad. Para Houria Bouteldja, estamos asistiendo incluso ha el la elaboración por parte de las élites francesas de estrategias diversas que persiguen con firmeza neutralizar a los musulmanes. Según Houria, esto pasa por la creación de oficinas que controlen a los musulmanes a semejanza del Consejo Francés de Culto musulmán (CFCM) o por el desarrollo de una burguesía musulmana que ya no sería solidaria con la masa popular. «El objetivo es vaciar al Islam de su sustancia y neutralizar esta fuerza política que podrían representar los musulmanes de Francia. Si esta considerable fuerza demográfica (entre 6 y 10 millones de musulmanes en Francia) se organiza, podría hacer mucho daño», explica la portavoz de PIR. Ahora bien, hoy día parece que ya no se respeta a los musulmanes de Francia ni en su dignidad ni en sus creencias. Igual que esta falta de coraje político de Martine Aubry, primera secretaria del Partido Socialista, quien ha retirado su firma de la llamada para la anulación del debate-juicio sobre el Islam tras el enfrentamiento con Jean-Francois Copé (UMP), con el solo pretexto de que Tariq Ramadan era uno de los firmantes. «Teme más ofender al electorado de base que a los musulmanes, porque no existen políticamente», dice Houria Bouteldja indignada. Algo que no necesariamente comparte Ismahane Chouder para quien «hay requisitos previos antes de organizarse políticamente. En primer lugar tenemos que saber quiénes somos».

domingo, marzo 13, 2011

La rebelión del velo

Tere Sáez
Rebelión Estupendo análisis el de Naomi Wolf, activista política y crítica social, desde el qué nos insiste en qué Occidente tenemos estereotipos sobre las mujeres musulmanas: Todas crédulas, cubiertas con velos, sumisas, exóticas y calladas, pobladoras entre tules de harenes imaginarios y encerradas en papeles de género muy rígidos. Al igual que ella, yo, me pregunto: ¿Dónde estaban esas mujeres en Túnez y en Egipto?

Estaban en primera línea y en el centro, en las imágenes de las noticias y en los foros de Facebook... e incluso asumiendo el liderazgo. Se dice que el marcado carácter pacífico de las protestas ha sido debido a ello.

Otro rasgo a destacar es la diversidad: Muchas llevaban pañuelos en la cabeza y otros signos de conservadurismo religioso, mientras que otras se deleitaban con la libertad de besar a un amigo o fumar un cigarrillo en público.

Las mujeres de Egipto no solo se suman a las protestas, sino que han sido una fuerza destacada de la evolución cultural que las volvió inevitables. Y esto se puede decir también, en mayor o menor medida, para todo el mundo árabe. Cuando las mujeres cambian, todo cambia; y las mujeres del mundo musulmán están cambiando radicalmente.

La transformación más importante es educativa. Se están formando para ejercer el poder de un modo que sus abuelas apenas podrían haber imaginado: Publicar periódicos; aspirando a puestos de liderazgo estudiantiles; recaudando fondos para organizaciones de estudiantes; o dirigiendo reuniones.

Como bien deberiamos saber por nuestra propia experiencia, cuando se educa a las mujeres, el cambio es inevitable.

La naturaleza de los medios de comunicación social también ha contribuido a convertir a las mujeres en líderes de la protesta. Es difícil conseguir que se pongan en pie y tomen la palabra en una estructura organizativa jerárquica y suelen evitar la figura de estandarte: casi siempre, la de un joven exaltado con un megáfono.

Facebook imita el modo en que muchas mujeres prefieren vivir la realidad social, donde las relaciones entre personas son exactamente igual de importantes que el predominio o el control individual, si no más. Y genera un contexto en el que la capacidad de las mujeres para forjar un «nosotras» poderoso e implicarse en el liderazgo al servicio de los demás pueda promover la causa de la libertad y la justicia en todo el mundo.

Una y otra vez, cuando las mujeres han librado las demás batallas de su tiempo por la libertad, han pasado a defender sus propios derechos. Por ello, los déspotas de Oriente Próximo se enfrentan a una situación en la que será casi imposible obligar a estas mujeres que han despertado a detener la lucha por la libertad: la suya propia y la de sus comunidades.

Y como sugiere ella, estas mujeres son exactamente el tipo de líderes que deberíamos estar fomentando y respaldando, y no ignorando por creer que no pueden existir en Oriente Medio. Haríamos mejor en averiguar sobre ellas no perdiendo el tiempo en debates superficiales sobre cómo ellas -y muchas otras que son igualmente competentes- deberían vestir.

domingo, noviembre 07, 2010

El derecho de ser mujer y musulmana

Alba Onrubia García
Revista Pueblos La imagen de la mujer árabe responde a dos fuerzas de construcción que la enmarcan en una serie de estereotipos desde Occidente, por un lado, y al interior de los Estados islámicos, por otro. El estereotipo de mujer sumisa, atada a una religión y unas costumbres que la oprimen, parece ser la visión más generalizada desde Occidente. Este estereotipo está reforzado por la instrumentalización de las identidades culturales que se articulan al interior de los proyectos políticos de los Estados árabes-musulmanes, construyendo desde el patriarcado una “cultura” del ser mujer. Esta unión entre mujer y la idea de estructuras culturales inmóviles en el tiempo sitúan al “ella” como resguardo del mantenimiento del status quo, así como de aquellas (mal) llamadas señas de identidad cultural. Pero, ¿dónde queda la voz de las mujeres árabes en este discurso?; ¿cuánto de verdad y cuanto de mito guarda la losa de lo “culturalmente establecido”?

Esta construcción de conceptos tiende a crear generalidades que, sobre todo desde el exterior, silencian las voces de las protagonistas de sus propias historias, las mujeres musulmanas. Esto sucede sin tener en cuenta que, al igual que ocurre con cualquier esfera del “mundo árabe”, la mujer no es un concepto uniforme y homogéneo, sino que por el contrario se define y rearticula en los diferentes contextos geográficos, políticos, sociales e históricos en los que aparece. Como analiza Fawzia Kamel, entender la situación de la mujer árabe requiere de un estudio y reevaluación constante de los términos: cultura, política, economía, ideología, además del colonialismo y la idea de Estado-Nación, y especialmente si lo que queremos es hablar de los movimientos feministas árabes. Estos tienen dos características comunes: la transnacionalidad y el carácter político, lo que remarca su heterogeneidad según la situación sociopolítica por la que pasa.

La mujer ha jugado un papel fundamental en las historias [1] de las naciones, si bien éste ha quedado supeditado a la voz narrativa de los hombres, que han invisibilizado su actividad, transformándolas en objetos pasivos con identidades simbólicas, portadoras de la cultura. Las mujeres musulmanas son claros ejemplos de ese papel otorgado como mujer reproductora de la sociedad, trasmisoras de identidad nacional. Una identidad nacional construida siempre desde el poder patriarcal, quien ha manejado a su antojo las estructuras que permiten el mantenimiento de los privilegios de dominación. Los modelos han ido cambiando en función de los intereses de los diferentes regímenes que se han ido articulando, y en el proceso, la mujer ha tenido que ir deshaciendo y rehaciendo la identidad que le era otorgada desde arriba.

Será en este contexto donde se articulen los movimientos feministas de la “otra agenda” del feminismo post-colonial, hasta entonces silenciada, abriendo el debate sobre nuevas formas de reflexión procedente de los países del Sur. [2] Contexto de multiculturalismo, en el que las mujeres de las sociedades de la periferia consiguen alzar la voz para reclamar un movimiento femenino más incluyente que, hasta ese entonces, la hegemonía de la agenda de las feministas occidentales había copado. Éstas habían marcando no sólo la agenda de las reivindicaciones, sino que acallando las voces discrepantes en un ejercicio de dominación y sentimiento de superioridad etnocéntrica, habían marcado lo que se debía entender como “mujer ideal”, sin tener en cuenta el discurso, la manera y la articulación de las feministas del Sur, para quienes la dimensión de mujer no era la única manera en que sentían la opresión del patriarcado, permeada por el racismo, el colonialismo, la islamofobia, la esclavitud, la clase social… y otras muchas formas de dominación que se daban desde arriba. Todas estas dimensiones las autodefinía dentro de un movimiento más amplio, compartido en muchos aspectos por sus compañeros, que, como ellas, habían vivido la experiencia de ser el oprimido. De manera que para estas mujeres la opresión del patriarcado es una más de las muchas luchas que tienen que lidiar desde diferentes frentes. Obviar esta realidad es arrebatarles su memoria y vivencia histórica como personas y como colectivos. Y eso es lo que con su discurso ejercía, consciente o inconscientemente, ese primer feminismo burgués estrecho y excluyente, incapaz de escuchar más allá de los prejuicios e imposiciones. [3]

Hasta la llegada de esta “nueva agenda del feminismo”, los estudios del siglo XX sobre las sociedades musulmanas habían estado profundamente marcados por una imagen de la mujer prácticamente inexistente como sujeto de movimiento, relegada al análisis de la tradición como sinónimo de su forma de vida. La mujer, así, queda estudiada como una parte más de la propia cultura y no como sujeto mismo de movilidad, cambio e historias de la misma.

Organización del movimiento feminista árabe

Los movimientos de las feministas árabes comenzaron a organizarse y tener voz al mismo tiempo que se producía el movimiento de reforma y la modernización del “mundo árabe”, donde las mujeres jugaron un importante papel como sujetos activos. Las mejoras en la situación de opresión de la mujer fueron reivindicadas no sólo por ellas mismas, sino que se sumaron a la causa algunos intelectuales (varones) que encabezaban el movimiento de reforma.

La mujer pasa a ser por primera vez sujeto del tema de debate, del que al mismo tiempo formaba parte, a través de diferentes medios de difusión, como revistas y periódicos en los que se reflejaban las distintas corrientes del pensamiento. [4]

Dentro del movimiento feminista árabe que se articula a partir de los años 90, encontramos una línea divisoria que deja a un lado a las feministas laicas (procedentes en su mayoría de la diáspora musulmana en Occidente) y al otro a las feministas islámicas. El punto clave de inflexión entre ambas será, por tanto, la cuestión religiosa, en un debate entre Estado laico y Estado confesional. Si bien ambas corrientes se fundamentan en la lucha contra las desigualdades de las mujeres árabes, la diferencia reside en la forma en que cada una de ellas entiende el término “igualdad”. [5]

El denominado dentro del movimiento feminista árabe como “feminismo islámico o musulmán” ha sido constantemente criticado tanto por la literatura del feminismo ortodoxo (donde se puede incluir el discurso del feminismo árabe laico) como por la rama más conservadora del Islam. Para las feministas occidentales, la forma en que las musulmanas articulan sus demandas y transforman o se adaptan a su religiosidad es totalmente opuesto a la liberación de la mujer; mientras que, para los musulmanes del poder, el cambio y toma de conciencia de las mujeres de sus sociedades se presenta como una ofensa a Alá, dentro de lo que podemos definir como el arraigo a unos privilegios mantenidos de dominación.

En medio de este juego la mujer musulmana es infantilizada y cosificada, como parte de una idea estereotipada de mujer sumisa y dócil a la que hay que reconducir y guiar por la senda de la verdad (tanto por unos como por otras). Como si de un “tira sogas” se tratase, se ven en medio de una lucha sobre lo que debería ser su experiencia como mujer, pero sin voz propia, sin posibilidad de toma de decisión. A pesar de ello, las estrategias y conciencia de estas mujeres para su avance e integración han sabido gestarse dentro de un modelo de protesta contra las formas tradicionales de opresión, sin renunciar a su identidad cultural o tomar el modelo hegemónico occidental. Feminismo éste, desde un reconocimiento de los valores espirituales desde donde iniciar los movimientos de liberalización, situado en una dinámica desde dentro. [6]

Para estas mujeres el Islam no es fuente de opresión hacia el género femenino, sino que ha sido siglos y siglos de interpretación hegemónica de los hombres que ostentaban el poder, promovidos por intereses político-económicos, lo que ha generado un sistema que mantiene el status quo y por ende sus privilegios como opresores, transformando el mensaje religioso en desigualdades y pérdida de derechos individuales y colectivos de los hombres, pero sobre todo de las mujeres de sus sociedades. [7] Desde la muerte de Mahoma, los múltiples estudios sobre los textos sagrados hablan de la tergiversación en la historia del Islam, tomando un rumbo muy diferente al que en su origen se pretendía implantar. Cada una de ellas ofrecía una visión interesada que beneficiaba únicamente los sucesivos califas. Todas las interpretaciones que se han hecho de los textos del Islam han estado dominadas por el sesgo patriarcal, si bien el objeto-sujeto a tratar era el comportamiento de las mujeres.

Así, las mujeres musulmanas comienzan su lucha feminista al intentar romper esa dinámica machista y reinterpretar los textos del Islam bajo una mirada que observa el Corán como “fuente de cambio en las relaciones de género y derechos de las mujeres musulmanas”. [8]

Esta conciencia estará íntimamente ligada a la reclamación de sus derechos, que comienza como reivindicación de acceso a la educación, como medio para ser libres. Varios discursos (unos desde el laicismo, otros desde lo confesional) entrarán en juego en la estrategia de resistencias, luchas y quiebros dentro del margen de actuación en el que las diferentes corrientes de movimientos feministas se podían situar: desde la corriente más “conservadora” del discurso donde se ve la necesidad de educación para la mujer como trasmisoras de conocimientos en su función de madres hacia sus hijos para el desarrollo de sus naciones; hasta un discurso más “transformador” de exigencia de la educación como dignificación de la mujer; serán los diferentes sustentos teórico por los que se proclaman las demandas de sus derechos como personas.

Por tanto, el movimiento de islamización en sus inicios, desde la perspectiva del movimiento de mujeres musulmanas, se entiende como instrumento de reforma integral y apoyo en la emancipación de la mujer. Este instrumento se materializó en las aleyas [9], donde se abre un primer debate sobre la igualdad, que finalmente terminó perdiéndose al haber mayores intereses y privilegios creados por las élites patriarcales que ostentaban el poder desde el periodo pre-islámico. [10]

Los estereotipos sobre la condición de la mujer en el Islam, como ya hemos visto, son principalmente el producto de la imagen que se crea desde el exterior. Pero también es necesario observar el modelo que ha tomado desde ese intento fallido (con la muerte de Mahoma) de reforma, en algunas partes del mundo donde se procesa esta religión. Las prácticas desarrolladas en nombre del Islam (y digo “en nombre del Islam” y no “según el Islam”) responden en muchos casos, a una forma profunda de discriminación y violaciones a los derechos humanos así como a la dignidad de las mujeres musulmanas. Los matrimonios forzados, la mutilación genital femenina, la obligación del empleo del burqa… o los obstáculos que se presenta para su participación política; así como la discriminación en estatuto jurídico de la mujer, las han avocado al aislamiento y el analfabetismo en muchos casos. Sin embargo, como señala Asma Lamrabet [11] estos actos son producto de siglos de interpretaciones sexistas y lecturas descontextualizadas del Corán, que no hacen de éste un instrumento de opresión sino que, como hemos visto, pretendían instalarse como un elemento de diferenciación y aperturismo al sistema pre-islámico. [12] Correspondería analizar las políticas opresoras hacia la mujer que se desarrollan en algunos países islámicos desde una perspectiva integral, donde entren en juego no sólo la lógica de las “tradiciones” sino los intereses políticos, económicos y sociales más amplios, sin quedar en el reduccionismo religioso.

Sin embargo, la imagen creada desde Occidente del “mundo árabe” asociada al terrorismo indiscriminado, desprovista de todo análisis de fondo y promotora del miedo xenófobo hacia los árabe-musulmanes (como si se tratase de un único sujeto llamado “mal absoluto”), está sustentada por ese otro icono-moral de la mujer objeto velada que sólo a través de nuestra “libertad neoliberal” será capaz de despojarse de las cadenas que la constriñen. Que sólo subiéndose al carro del occidentalismo salvador, a ese superman de los derechos humanos, será capaz de entender la libertad que supone estar atrapada en la moda de la imagen perfecta. Sólo así, eliminando el sujeto activo de la mujer musulmana que lucha por sus derechos, desde su propia forma de entender el mundo, podemos legitimar acciones bélicas como la de Irak, o leyes discriminatorias en nuestras propias escuelas contra el uso del hiyab, sin ni siquiera plantearnos que esas mismas mujeres a las que decimos querer liberar, tienen voz propia.

Alba Onrubia García es periodista y colaboradora de Paz con Dignidad y la revista Pueblos. En 2010 realizó el Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos (UAM).

Notas:

[1] Usaremos “historias” en vez de historia como idea de la visión múltiple que articula el mundo histórico, donde diferentes visiones, interpretaciones y panorámicas de los acontecimientos configuran una realidad desde mi punto de vista inabarcable en el ámbito del estudio. El objetivo es eliminar la idea de única Historia, como la interpretación hegemónica etnocéntrica y patriarcal que se estudia en las escuelas de Occidente.

[2] KAMEL, Fawzia (2003): El feminismo occidental y la mujer árabe. Del orientalismo tradicional al relativismo cultural, II Congreso Internacional "Pueblos y Culturas de la Cuenca del Mediterráneo. Mundo Egipcio", 16 a 18 de diciembre 2003.

[3] JABARDO Velasco, Mercedes (2008): Desde El Feminismo Negro, uma Mirada Al Gênero y La inmigración. En Suárez, Y.; Martín, E.; Hernández, A. (coords.) Feminismos en la antropología: nuevas propuestas críticas. XI Congreso de Antropología (Nº 6). Donostia/San Sebastián.

[4] SALGUERO Esteban, Laura (2002): Nueva Perspectiva sobre la Modernidad Árabe: El Debate Femenino. MEAH, Sección Árabe-Islam 51; 287-303.

[5] MOGHADAM, Valentine M. (2006): Desengaños y Expectativas del Feminismo Islámico. Conferencia “Primer Congreso Internacional de Feminismo Islámico”. www.feminismoislamico.org

[6] MOGHADAM, Valentine M. (2006); Asma (2007B): La Problemática de la Mujer Musulmana dentro del Diálogo de Culturas.

[7] MERNISSI, Fátima: Sobre la Autonomía del Feminismo Árabe.

[8] MARCOS, Sylvia (2002): Lecturas alternativas del Corán: hacia una hermenéutica feminista del Islam, en Islam y la Nueva Jihad, Revista Académica para el Estudio de las Religiones, Tomo IV, Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones, México 2002 – p.53.

[9] Subcapítulos dentro del Corán que tratan específicamente la cuestión de la mujer desde una perspectiva de igualdad con el hombre.

[10] SCHENEROCK, Angélica (2004) Más allá de velos y peinados: Las reelaboraciones étnicas y genéricas de las chamulas musulmanas sufrís en san Cristóbal de las casas. Liminar. Estudios Sociales y Humanísticos 2004, Vol. 2. Disponible en Internet: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=74511794007

[11] Feminista islámica, defensora de la libertad en el uso del hiyab.

[12] LAMRABET, Asma (2007): La Problemática de la Mujer Musulmana dentro del Diálogo de Culturas. Conferencia: “Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Palma de Gran Canarias.

Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article2001

sábado, mayo 01, 2010

Guerra sobre el cuerpo de la mujer

Nazanin Amirian
Público El atuendo que nació para desafiar el severo clima de los desiertos, pronto se llenó de matices, señalando el estatus social de los individuos y su pertenecía al grupo.

Mientras, se jerarquizó el cuerpo. La cabeza se identificó con el honor y el poder. Las “partes bajas” (los genitales), con los deseos, siempre destructivos, por lo que se decidió ocultarlas, e incluso regular aquello que en el inconsciente podría recordar “lo prohibido”: el vello que adorna la cabeza y las axilas. El maniqueísmo moral había nacido: a más exhibición de la melena, menos castidad. La cabellera de la mítica Lilith, la mujer insumisa y desnuda, y por ende, la ramera, era la seña de la sexualidad desinhibida. A las esclavas y las adúlteras, se les prohibía el velo y se les rapaba la cabeza, negándoles el pudor. El mundo de los inmaculados ya pertenecía a los vestidos.

Las religiones semitas —el judaísmo, el cristianismo y el Islam—, santificaron dichas creencias, y en su afán de controlar a sus fieles, redujeron su espacio de libertad de tal modo que regularon hasta el color de su ropa.

La prenda visibilizó los roles: ella, responsable de la sexualidad del hombre, con falda larga y el velo, destinada al hogar, para satisfacerle. Él, llevaría los pantalones, administrando el poder.

La Biblia (Cor.11) mandó que la mujer tenga una “señal de la autoridad del hombre” sobre su cabeza, y El Corán (24: 59), desvinculó el velo de la rectitud religiosa, para unirlo a la demanda sexual del varón, permitiendo a las “mujeres que han llegado a la menopausia”, a deponer sus velos, consolidando su estatus legal: siempre estará bajo la tutela del varón. A los ocho años, cubrirá su cabeza y será tratada, civil y penalmente, como una adulta. Hoy este modelo de mujer, súbdita de categoría inferior, es la imagen de la sociedad diseñada por la ultraderecha religiosa.

La prenda visibilizó los roles: ella, responsable de la incontinencia sexual del hombre, con falda larga y el velo. Se hacía cargo del hogar, procreando y complaciendo al esposo. Él, llevaría los pantalones, administrando el poder.

Irán fue el primer Estado musulmán que prohibió, en 1935, el uso del velo en público. a pesar de las protestas del clérigo, fue el inicio de la liberación de la mujer y su entrada en la universidad, la política y el mercado laboral. Cuatro décadas después, el régimen islámico impuso el velo, bajo durísimos castigos a las rebeldes, en el mismo paquete de leyes que le hacían necesitada, desde nacer hasta morir, de un tutor varón que gestione su vida a todos los niveles, como si de una menor se tratara. Cumplía así no sólo con los preceptos del Libro Sagrado, sino con la profecía que las conquistas sociales son reversibles.

Para la ultraderecha religiosa el velo es una estrategia política: un modelo de mujer, para una sociedad patriarcal de la vieja usanza.

Que una adolescente de familia musulmana en Europa, de repente, aparezca con el velo, suele deberse al temor de la familia a que ella se contagie del modo de vida “no decorosa” de sus compañeras; de las presiones de los imanes (que en una escala superior representa, además, el pulso entre la derecha cristiana y la islámica), y también a la búsqueda de una identidad supraterritorial de la propia joven, ya que no puede integrarse en ninguna tribu de su entorno.

Nadie sabrá de los traumas que sufrirá en silencio una adolescente con velo, al quedarse fuera de la competición por conquistar el corazón de algún muchacho del instituto. ¿Cómo podrá rivalizar con sus colegas coquetas y arregladas? Su vida sentimental se reduce en coincidir con un chaval musulmán —condición de cumplimiento imprescindible de su futuro esposo—, o en un matrimonio arreglado por sus padres.

El velo es mucho más que una prenda.

Fuente: http://www.nazaninamirian.es/?p=4133

sábado, abril 03, 2010

Quién es esa mujer...

El Consejo de Estado francés puso coto a la intención de Nicolas Sarkozy de prohibir y multar el uso del burka en espacios públicos. Pero más allá de las idas y vueltas, ¿quiénes son y qué piensan las mujeres, objeto del debate?
Por Flor Monfort / Página 12
Mujer musulmana: si vives en Francia, profesas tu fe con devoción y adoptaste la costumbre del burka en tu vida, el debate sobre tu indumentaria se agudiza. ¿Acaso podrás leer estas líneas? Mucho sabemos sobre la pregunta que divide las aguas de la opinión pública y la política del país europeo, muy poco sobre quiénes son las protagonistas, aquellas que deberían cambiar su vida si se prohibiera el velo integral, pagando multas de 750 euros cada vez que pisan la calle o recurriendo a amparos judiciales que las protegan. ¿Quiénes son y qué piensan las dos mil mujeres que usan el velo integral en suelo francés? ¿No es inédito un debate que tiene silenciadas a sus principales damnificadas?

Es que ahora, el órgano que debía estudiar la pertinencia sobre la puesta en marcha de una ley que prohíba el burka se pronunció. Para el máximo organismo de consulta del gobierno, integrado por opositores y oficialistas, la medida tiene una fragilidad legal intrínseca y no se articula con la política de protección de las libertades individuales. Si bien aceptarían prohibir el velo integral en algunos espacios, como los hospitales o los tribunales, no recomiendan legislar a favor de la censura y el castigo económico. Lo que sugieren, en cambio, es acercarse a esas dos mil mujeres y “convencerlas” de limitar su uso, imitando el velo de las religiosas moderadas (al estilo Benazir Bhutto) en una política de mediación social sin intenciones drásticas ni intrusivas. Tal vez de esa manera podríamos conocerlas, si es que alguna de ellas abre la puerta de su casa para discutir alguna de sus más radicales costumbres.



Esta resolución genera un choque de planetas con la inciativa de Sarkozy de legislar la prohibición en lugares públicos y multar a quienes no la acaten. El primer ministro François Fillon dijo que respetaba la decisión, pero que el gobierno seguiría el mismo rumbo que prometió Sarkozy, aún después del cachetazo que recibió en las últimas elecciones regionales. Dijo que pensaban ir “lo más lejos posible sobre la vía de la prohibición general teniendo en cuenta el respeto por los principios generales del derecho”, lo que es lo mismo que decir que hay que ajustar tan fuerte las clavijas de la letra legal para que sea imposible la apelación de los particulares.

¿Qué quiere Sarkozy? ¿Cuánto le importa la dignidad femenina? ¿Cuánto hay de seguridad de estado más que de derechos individuales en el asunto?

Mientras tanto, los diputados belgas comenzaron a evaluar un proyecto de ley que prohíba el uso del velo integral para su país, lo cual no hace más que ratificar una política europea antiislámica, que parece haberse propagado desde Estados Unidos, aun cuando Bush ya no está en el poder y Obama asegura que no le interesa decirle a la gente cómo debe vestirse.

Para la periodista de género Nicole Muchnik, el interrogante recae sobre las feministas, quienes deberían plantearse cómo ahondar en un tema que divide las aguas de la militancia: “Para una mujer occidental es muy difícil hablar del burka con frialdad, con la cabeza y no los sentimientos, por lo mucho que nos afecta esa ostentación de sumisión, de servidumbre de la mujer, esa negación extrema de la igualdad entre los sexos. Sin embargo, ya no se trata sólo de simpatizar con nuestras hermanas iraníes, saudíes o yemeníes, que sufren latigazos y lapidaciones, sino de saber qué corresponde pensar y hacer”, escribió en una editorial para el diario El País.

Por otro lado, lejos de concentrarse en una cuestión de “izquierda” y “derecha”, las posiciones se reparten con más liquidez. La abogada feminista Gisèle Halimi, por ejemplo, defiende el derecho de la mujer al velo, argumentando que es ella quien decide, mientras que la asociación feminista “Ni putas ni sumisas” celebró el Día de la Mujer con la consigna “Ni velo ni burka”, agitando las aguas para que la ley se promulgue sin demoras.

Por eso, compañera musulmana, intentamos ponerle voz a las preguntas que podrías hacerte: ¿Qué autoridad tienen los que debaten sobre mi indumentaria? ¿Sabrán qué se siente vivir cubierta de un blackout y que un buen día te obliguen a abandonarlo?

¿Y sabrás vos lo que se siente depilarse con cera? Porque duele mucho...

martes, marzo 09, 2010

Las mujeres musulmanas reivindican el mensaje igualitario de la cosmovisión islámica

Gloria López
AmecoPress. La Unión de Mujeres Musulmanas de España, se suma a la señalada fecha del 8 de marzo, como una forma de exigir que la universalidad de los derechos humanos, de denunciar las desigualdades y discriminaciones que sufren las mujeres y de pedir que se visibilicen públicamente a las mujeres musulmanas lideresas.

A pesar de que hace 15 siglos, el Islam otorgó a las mujeres un estatus económico, político, social y legal de pleno derecho entre ambos géneros, la realidad actual en determinadas sociedades implica una opresión injustificable que facilita que las mujeres pierdan su condición de ciudadana en igualdad de condiciones, tal y como fue reconocida en su origen. Así lo explica la Unión de Mujeres Musulmanas de España.

Las violaciones como arma de guerra, la mutilación genital femenina, la violencia machista o las leyes discriminatorias, son algunas de las pruebas que evidencian la magnitud de las perversas desigualdades que se producen en el marco de algunas comunidades musulmanas.


La Unión de Mujeres Musulmanas exige “la absoluta abolición de aquellas tradiciones nocivas para el pleno desarrollo de las mujeres y que son contrarias al mensaje igualitario de la cosmovisión islámica”.

”Las interpretaciones patriarcales del Corán están permitiendo que el género femenino pierda la fuerza que le fue otorgada, por lo que partimos de la profunda convicción de replantear una exégesis de los Textos Sagrados, debiéndose contextualizar al tiempo y al lugar actual”.

La organización afirma en un comunicado: “requerimos que el machismo sea erradicado por completo. Es preciso que las mujeres musulmanas accedan, también, a puestos de responsabilidad, como una exigencia imprescindible para avanzar hacia una sociedad más igualitaria y libre”.

”Cada vez con mayor fuerza, las mujeres musulmanas tomamos parte activa de nuestro propio devenir como mujeres, como musulmanas y como ciudadanas. Por lo tanto, reclamamos que se visibilicen públicamente a las mujeres musulmanas lideresas ya existentes y que se destinen los esfuerzos necesarios para potenciar y promover el liderazgo como herramienta de transformación social”.

miércoles, marzo 03, 2010

Feminista y... con velo...!!!

La incorporación de una joven musulmana con pañuelo en la lista electoral del Partido Anticapitalista siembra el desconcierto entre la sociedad francesa

Ahí está ella: sentada en la última fila, en una sala del Palacio de Justicia de Aviñón, con sus ropas claras y el pañuelo en la cabeza, mirando los mensajes del teléfono móvil, aburrida, como todos. Es Ilham Moussaïd, de 23 años, estudiante de gestión de empresas, una joven perfectamente desconocida en Francia hasta hace diez días y convertida ahora, de buenas a primeras, en una de las candidatas más polémicas a las próximas elecciones regionales, convocadas para marzo.

Sin buscarlo y sin quererlo del todo, y sobre todo sin esperarlo, Ilham se ha vuelto el blanco de todas las críticas, el objeto de todos los debates sobre el papel de los inmigrantes y de los candidatos electorales, transformada en la personificación de la polémica algo esquizofrénica sobre la identidad nacional, la religión y el laicismo que desde hace meses (y años) polariza la vida política de Francia. Allí está, en la última fila de la sala, en los asientos del público, escuchando a medias al fiscal, mirando los mensajes del móvil.

El asunto es simple: Ilham figura en la cuarta posición de la lista política del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) por el departamento de Vaucluse (sureste de Francia). No tiene posibilidades de salir elegida, pero esa no es tanto la cuestión como que este partido es heredero de la vieja Liga Comunista Revolucionaria, de corte trotskista, comandado por el brioso y popular Olivier Besancenot, de profesión cartero, líder de la extrema izquierda, abonado a toda manifestación o protesta que se desarrolle en la calle. Así, Ilham se confiesa feminista, anticapitalista e internacionalista. Hasta ahí, bien. Pero se confiesa todo eso, y más, con el pañuelo musulmán en la cabeza. Por eso el revuelo, las críticas, los elogios, la perplejidad, en suma, de la sociedad francesa ante una candidata extremista adepta a una prenda demonizada que, para muchos -incluidas, claro, muchas asociaciones feministas-, simboliza la sumisión de la mujer respecto del hombre.

¿Cómo se come esto?

¿Quién es Ilham Moussaïd?

Nació en 1988 en Ajdir (Marruecos). A los tres años emigró a Aviñón con su familia. Es la más pequeña de siete hermanos, y la única de las cuatro chicas de su casa que lleva el pañuelo. Su padre es albañil. Su madre, ama de casa. Habla bereber y francés. Estudia en la Universidad gestión de empresas y cuando termine trabajará de contable. A los 18 años, casi al mismo tiempo, decidió colocarse el pañuelo y comenzó a trabajar en una asociación social de su barrio, Saint Chamand. Se especializó en ayudar a los niños en el colegio, a echarles una mano en los deberes, a programar y organizar salidas educativas para los alumnos de primaria. En estos cuatro años se ha convertido en un personaje querido y respetado en la periferia de su ciudad debido a su activismo militante. Le gustan los reportajes sobre Egipto, la historia, la música rap y la de Charles Aznavour. Es aparentemente tímida, muy amable, sonriente y, a juzgar por sus amigos, decidida.

A principios de 2009 dio un paso más y se adhirió al NPA: "Mi fe, en el fondo, se une a los principios del partido: el anticapitalismo o el internacionalismo son valores que, para mí, están en los dos sitios. Mi partido y el islam, según yo lo veo, son complementarios, muy complementarios", explica durante un descanso del juicio.

¿Pero no es todo un poco contradictorio?

-No. Yo soy feminista, es decir, estoy en contra de todo tipo de violencia y de opresión contra la mujer, defiendo la igualdad entre el hombre y la mujer. Pero no hay una sola manera de ser feminista o de defender a las mujeres. Yo no estoy oprimida por llevar el pañuelo. Sé que hay mujeres que piensan que taparse la cabeza es un símbolo de opresión. Pero repito: yo no lo estoy. En los años setenta, tal vez podría ser así. Pero no ahora. Se trata de una elección personal. ¿Por qué lo repiten constantemente? ¿No se esconde aquí una profunda islamofobia?

Ilham decidió ingresar en el partido después de ver en televisión el bombardeo israelí sobre Gaza. Desde entonces cumple funciones de tesorera en su agrupación. En marzo de 2009 participó en una polémica manifestación en la estación ferroviaria de Aviñón, junto a un centenar de jóvenes, para protestar contra el "apartheid del pueblo palestino". El líder del grupo, acusado de enfrentarse a la policía y golpear de un rodillazo a un agente, Abdel Zahiri, de 31 años, se enfrentaba el miércoles de esta misma semana a una petición de pena de seis meses. Ése es el juicio al que asiste Ilham junto con sus compañeros.

Cuando termina la vista en la sede judicial, el líder Zahiri, de origen marroquí, con traje, camisa y gafitas de intelectual, sale a la calle e Ilham se encarga de llevarle en su coche al vestuario de un campo de fútbol que les sirve de sede de su asociación.

"Fue en noviembre cuando decidí presentarme como candidata", relata. "Un comité de 14 personas pensó que yo debía ir en la lista y acepté. Ya entonces hubo resistencia en el partido. Había gente que no estaba de acuerdo. Por el pañuelo, claro", añade.

Uno de los que no estaba de acuerdo era, precisamente, el cabecilla Abdel. Pero por otras razones: "Yo me imaginé que la presión iba a ser mucha, que iban a ir a por Ilham, pero sólo a nivel local. Jamás pensé que esto iba a llegar a lo que ha llegado".

Pero bastó con que el diario Le Figaro publicase que el NPA presentaba una candidata con velo para que todo se disparara. Hubo miembros del Gobierno de Nicolas Sarkozy que acusaron al NPA de simple provocador, de partido hipócrita, de formación desfasada con actitudes propias del siglo pasado, "como apoyar a Trotski". Hubo dirigentes socialistas que recomendaron a los miembros de esta formación de extrema izquierda releer a Marx. "Yo no sabía que llevar un pañuelo era signo de laicidad", ironizó el ex primer ministro socialista Laurent Fabius. Hubo políticos del centro que les pidieron que guardaran los signos religiosos en casa para no inflamar aún más la mecha de la identidad. Jean Marie Le Pen, presidente del ultraderechista Frente Nacional, eligió un chiste fácil y despreciativo para juzgar el hecho: "Me siento decepcionado con Besancenot. Un verdadero revolucionario habría presentado a una mujer con burka". Muchos politólogos se alzaban de hombros, incapaces de digerir el fenómeno.

La combativa Fadela Amara, secretaria de Estado para asuntos de los barrios periféricos, criticó sin ambages la candidatura. "Me extraña que un partido político que se dice laico y feminista lleve en sus listas a una mujer con un pañuelo. Ese pañuelo no es simplemente diez centímetros de tela sino el símbolo de un proyecto político de la opresión de las mujeres y de la confiscación de sus derechos. Esta estudiante forma parte de ese tipo de personas a las que he combatido siempre. Su manera de defender las libertades individuales simplemente me horripila". La asociación feminista Ni Putas Ni Sumisas, de la que Amara fue en su tiempo directora, fue más lejos: aseguró que denunciaría la candidatura por considerarla ilegal y contraria a los valores de la República Francesa.

El propio líder del Nuevo Partido Anticapitalista, Olivier Besancenot, que no conocía a Ilham y que ignoraba que en sus filas hubiera una mujer con el velo, se vio sorprendido por la magnitud de la polémica y, en un principio, desbordado por las propias críticas internas. La polémica le estalló a las seis de la mañana de un lunes, cuando un periodista le sorprendió preguntándole a bocajarro qué pensaba de una candidata del NPA que vestía "el burka". En el interior de su propia formación política se ha llegado a calificar al pañuelo de "instrumento de sumisión, incluso si Ilham no lo ve así, y no es la única que lo ve así".

Besancenot, que exige que nadie le dé lecciones de laicidad, ha respetado hasta ahora la elección del comité local de Aviñón: "Ni es un estandarte del NPA ni tenemos tampoco por qué ocultarla". Un periodista de radio con retranca le preguntó esta semana: "¿No era la religión el opio del pueblo?". Él se salió por la tangente: "Esos a los que he oído tanto estos días hablar de la laicidad han instrumentalizado a esta candidata para darse lustre en ese aspecto. En el caso de la UMP (el partido de Sarkozy) es insoportable".

Ilham lo dice a su manera, sonriendo, con su voz escasa pero terminante: "La religión es una cosa privada. Y la laicidad es la separación de la Iglesia y el Estado. Yo no represento ni a la mujer musulmana ni al islam. Yo represento en todo caso al Partido Anticapitalista y a las gentes de los barrios pobres de los que procedo". Recuerda que en otras épocas ha habido diputados en sotana y que jamás se les ha cuestionado.

En un principio, Ilham rehuyó a los periodistas. Pero después, tanto ella como Abdel consideraron que no debían esconderse, que su ejemplo puede servir a otros muchos. De hecho, en su comité hay cuatro chicas con pañuelo. De ahí que el rostro de Ilham, y su melena recogida en un moño y cubierta por su pañuelo blanco, comience a ser cada vez más conocido en Francia y en el extranjero. El miércoles concertó varias entrevistas con distintos periódicos británicos y con una cadena de televisión suiza.

No sólo ha encontrado oposición en la derecha y en la izquierda política. También en su propio barrio. "Hay jóvenes que me han acusado de ensuciar el islam", cuenta. Porque Ilham afirma, con la misma determinación con la que pide el transporte público gratuito y multas a las empresas que echan a trabajadores, que está a favor del aborto, de los derechos de los homosexuales y de las medidas contraceptivas. Junto con su inseparable Abdel, ha organizado reuniones pequeñas en pisos, en casas y en locales pequeños de su barrio, donde trata de hacerse conocer de cerca, cara a cara.

A la inevitable pregunta de si se siente francesa responde que sí, que no puede sentirse de otro modo. "Soy francesa porque hablo francés y vivo aquí. Pero también soy fiel a mis orígenes bereberes. Hay muchas maneras de entender la identidad". Abdel, su compañero de partido, aún es más claro: "Somos franceses porque ya no podemos ser otra cosa. Luchamos para que haya mejores escuelas, mejor servicio de correos, por un mundo mejor. Eso es ser francés".

El presidente del Consejo Francés para el Culto Musulmán, Mohamed Moussaoui, asegura que no es incompatible pertenecer a un partido de extrema izquierda y llevar el pañuelo musulmán. "Un ciudadano que se compromete con una opción política tiene derecho a tener convicciones religiosas. Tendrá que demostrar que representará a los ciudadanos de todas las confesiones. Por eso hay que elegirla por su competencia y no por llevar el pañuelo".

Besancenot recordó otra cosa en la famosa entrevista del opio del pueblo: "La apuesta del NPA es la de aglutinar a los obreros, a los trabajadores precarios y a los militantes de los barrios precarios, entre otros. Hay un cantante, Jamel Debbouze, que decía eso: 'El rostro de Francia está cambiando. Y extrañamente cada vez se parece más al mío".

Ilham también lo dice a su manera: "Se acusa al Nuevo Partido Anticapitalista de querer atraer a los jóvenes de los barrios. Es al revés. Los jóvenes de los barrios nos hemos ido a ese partido porque consideramos que es el que nos representa. Y los jóvenes de los barrios somos así".

Abdel refrenda: "Los viejos militantes de la Liga Comunista Revolucionaria son expertos en política, profesores de universidad de más de 50 años. Pero no saben lo que es un barrio de la periferia. Por eso no nos aceptan del todo, a nosotros, a los que vivimos ahí y hemos decidido movernos y luchar. Por eso se extrañan de cómo somos. Yo también soy creyente y musulmán. Pero activista. Y seremos más. Eso es lo que ha cambiado".

Ilham conduce en su coche a Abdel mientras concierta por teléfono una nueva entrevista para otra televisión extranjera. La chica anticapitalista del velo sigue acaparando el interés. Tal vez porque encarna un verdadero enigma: aún nadie sabe con certeza si simboliza lo más arcaico de una sociedad o algo nuevo y fuerte que es necesario asimilar.