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lunes, diciembre 19, 2011

Egipto: “Sin conocimiento y sin autonomía no puedes elegir libremente”

Gloria López
AmecoPress. La autonomía económica y el conocimiento son los pilares necesarios para que se produzca una verdadera revolución en Egipto y las mujeres participen activamente en la vida política y se incorporen a todos los niveles del proceso de adopción de decisiones. Esa es la llave que Amany Asfour, presidenta de la Asociación de Empresarias Egipcias se empeña en entregar a la gente para abrir el cofre, aun cerrado, de la democracia y la igualdad.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan las mujeres en Egipto?

Los retos son, tanto para mujeres como para hombres, acabar con la ignorancia y la pobreza. No habrá capacidad de elección mientras no se cambie esto. Si tú vas a un restaurante y te dan una carta extensa de platos ricos, pero no comprendes lo que dice la carta porque no puedes leerla y no tienes dinero para pagar los precios que marca, no puedes elegir. Eso es lo que está sucediendo en Egipto.

¿Y cuáles son los pilares para abordar estos retos?

Nosotras trabajamos con mujeres y jóvenes, de acuerdo a tres ejes: personalidad –conformación de valores, roles y conductas -, legislación y procedimientos para su implementación y el tipo de producto que podemos ofrecer a la sociedad. Pero todo esto ha de trabajarse de un modo integral, en donde la educación y, de manera especial, la familia tienen un papel fundamental. Para producir estos cambios es necesario trabajar con los Gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y los medios de comunicación, y de este modo, construir un circuito que vaya inclinando la balanza hacia la igualdad, la justicia social y la libertad

Las egipcias estuvieron en la primera línea de la revolución en enero y febrero y lucharon codo con codo con sus compañeros en pro de un Egipto más libre y democrático. Sus esfuerzos, sin embargo, no se han traducido en las listas electorales de los partidos egipcios, laicos e islamistas, que en su mayoría han ignorado a las potenciales candidatas o las han relegado a los puestos más bajos en las papeletas. No se está facilitando la participación de las mujeres en esta transición.

¿Cómo se vive esa experiencia?

En el momento de la revolución todos estábamos de acuerdo, queríamos un cambio; salimos a las calles, nos identificamos con esa causa. Pero después nos volvemos a encontrar con la manipulación y con los prejuicios de una sociedad conservadora, que carece de conocimiento y formación. A veces cuesta entenderlo, pero se debe a lo que hemos hablado anteriormente: la ignorancia y la pobreza, desde ahí se controla a las poblaciones y se impide el ejercicio de la democracia. Nosotras, por ejemplo, damos y estudiamos junto a las mujeres y jóvenes un Manual sobre la Democracia, porque realmente, no se sabe lo que significa.

¿Crees que lo que sucedió en Egipto, la llamada primavera árabe, tiene relación con lo que luego pasó en las plazas de muchos países de todo el mundo? ¿Piensas que la gente de todo el planeta está buscando un cambio?

Sin duda, es una revolución de todo el mundo. La gente no está feliz en este mundo, muy pocos cuentan con la mayoría de los recursos, mientras la mayoría vive mal. Por eso la imagen de la famosa plaza Tahrir, llena de gente, se convirtió en un símbolo de poder y de cambio. Egipto fue una chispa que se extendió porque la gente quiere otra cosa.

martes, abril 05, 2011

El nuevo feminismo en la revolución egipcia

Por Margot Badran /Web Islam
Una joven egipcia dispuesta a arriesgar su vida a través de Facebook para hacer una llamada al alzamiento de sus compatriotas. El 25 de enero salieron a las calles por miles. Durante los siguientes días, llegaron a ser millones. La revolución de 2011 había comenzado. El 11 de febrero, decimoctavo día de la revolución, el presidente Hosni Mubarak estaba fuera y comenzaba entonces la reconstrucción de un nuevo Egipto.

La revolución de 2011, liderada por los jóvenes que claman por libertad y justicia, está escribiendo el nuevo feminismo con un léxico y una sintaxis renovadores. El nuevo feminismo –que no tiene tanto que ver con el propio término feminismo, sino más bien con su espíritu– redefine las palabras libertad, liberación, justicia, dignidad, democracia, igualdad y derecho. Crea su propia sintaxis o “acuerdo entre palabras que muestra su conexión y relación”, según define el diccionario. Anuncia en sí mismo, desde lo más profundo de la propia revolución, que su meta es resucitar principios y derechos fundamentales de los ciudadanos, que han sido pisoteados en silencio. El nuevo feminismo clama libertad, igualdad y justicia para todos. Se afirma en hechos, franqueza y valentía.

Midan Tahrir, o Plaza de la Liberación, en el centro de El Cairo, y epicentro de la revolución de 2011, se convirtió en un caleidoscopio de un torbellino de imágenes de libertad, igualdad y justicia bajo la mirada de todo el mundo. El sábado 12 de febrero, el primer día en el que Egipto despertó sin el violento e intransigente dictador de los últimos 30 años, y sin el timón de un régimen represivo, se convirtió en el primer día de la nueva vida de este antiguo país. Los jóvenes, hombres y mujeres, que salieron para erradicar las tiranías, desigualdades e injusticias, barrían las calles.

Con botes de detergente y cepillos limpiaron las paredes de la plaza; incluso limpiaron el pedestal de los leones del puente de Kasr al-Nil Bridge, donde estalló la batalla el primer viernes de la revolución y donde la policía lanzó gases lacrimógenos a los pacíficos manifestantes que recorrían el camino a la Plaza Tahrir para poner en práctica la democracia a su manera, con los pies en la tierra, sin la presencia de tropas aliadas, mientras el resto de avenidas estaban bloqueadas.
Feminismo incrustado

En la revolución egipcia de 2011, a los jóvenes se les unieron ciudadanos de todas las edades, trabajadores, estudiantes, profesionales, hombres, mujeres, musulmanes y cristianos. Un movimiento populista movilizado en el ciberespacio y en las redes locales, y exteriorizado en suelo nacional.

El nuevo feminismo es un feminismo incrustado en la revolución. Está tan bañado en ella que el uso del término “feminismo” resulta redundante o superfluo, incluso anacrónico y, como hemo visto, los propios revolucionarios no lo usan. Sin embargo el feminismo posee un poder conceptual y explicativo y por eso lo utilizamos desde un punto de vista analítico. En el corazón del feminismo hay una llamada a la igualdad y la justicia para las mujeres que, históricamente, como grupo, han sufrido unas desigualdades e injusticias sistémicas.

Las mujeres de distintas partes del mundo –las egipcias entre ellas– se han organizado históricamente para adquirir derechos que les eran negados, y lo han hecho tanto desde sus propios movimientos feministas como desde dentro de movimientos sociales más amplios. En 1923, las mujeres egipcias formaron la Unión Feminista Egipcia para luchar por sus derechos mientras, simultáneamente, trabajaban dentro del movimiento nacional de liberación. Así es como establecieron los patrones del actual activismo a varios niveles. Las feministas egipcias comprendieron desde el principio que la igualdad y la justicia que solicitaban para las mujeres eran parte de la igualdad y la justicia para todos.

Durante años, los activistas en Egipto luchaban por los derechos humanos, incluyendo en su lucha los derechos de las mujeres y la justicia social, lucharon enérgicamente por la reforma. Intentaron usar métodos clásicos: el voto, la prensa, la televisión y la radio, además de las manifestaciones públicas. Pero las votaciones estaban amañadas; los medios, controlados; y las manifestaciones públicas se volvían violentas, significando para las mujeres acoso sexual, vejaciones y violaciones. Los movimientos reformistas habitualmente llevaban a cabo campañas sobre causas particulares, incluyendo las específicas para las mujeres.

En Egipto, cuando se ha intentado la reforma desde dentro del sistema político existente, ha sido repetidamente reprimida por el Estado, e incluso la ha bloqueado brutalmente; la revolución se convirtió en la única forma y la revolución pedía una renovación a fondo del orden político y social, una erradicación del viejo sistema.

Revolución y justicia de género

En el siglo XXI, las herramientas para la revolución han cambiado drásticamente, mientras los métodos de represión del Estado –tal y como hemos visto reciente y vívidamente en Egipto– siguen siendo arcaicos y rudimentarios. Estos se basaban en la arrogante creencia de que el todopoderoso régimen autocrático, con su amplio poder y sus violentos medios de represión, era intocable. Los autócratas dan por hecho que las constituciones pueden ser reescritas a demanda para extender el poder del Estado e imponer sus propias reglas de sucesión, que las elecciones simuladas pueden dar lugar a parlamentos complacientes y que los militares, policía y servicios de inteligencia y seguridad poseen un poder sin límites para amordazar a los ciudadanos.

Es la juventud de Egipto la que ha manejado las herramientas del siglo XXI –la información y las tecnologías de las telecomunicaciones– y la que ha encontrado su lugar en el ciberespacio, un “país” donde son libres mientras están encadenados en su propia tierra. Ésta es la juventud, con visión y una impaciencia saludable, que cree en los ideales. Navegando por el ciberespacio, y con la cuidadosa coordinación sobre el terreno, sin dejarse intimidar, han organizado un asalto pacífico a los convencionalistas, sofocando el poder de la tiranía y la opresión, asalto que no ha dejado intacto ningún estrato de la sociedad.
Coreografía del feminismo incrustado

A la Plaza Tahrir se la ha definido como el epicentro de la revolución de 2011, cuya topografía se extiende a Alejandría, Suez y ciudades y poblaciones de todo el país, e incluso el oasis de Kharga, en el desierto occidental del Egipto meridional. La coreografía de jóvenes, hombres y mujeres gritando, gesticulando, bailando, acompañados de gente de todas las edades, fue captada en directo y transmitida instantáneamente a todo el mundo. Fue capturada en películas y vídeos, y grabada en teléfonos móviles y cámaras digitales por los manifestantes y reporteros. Este álbum audiovisual muestra a hombres y mujeres, codo con codo; mujeres con mujeres junto a mares de hombres y familias con niños pequeños. Los manifestantes y los que los apoyaban, todos ansiaban lo mismo: el fin de la tiranía del dictador y de su régimen corrupto, una sociedad libre con igualdad de oportunidades para todos. Llamaban al fin de las desigualdades de género, de clase o a las conexiones que formaron la insidiosa y opresiva red de jerarquía patriarcal.

Caída del autoritarismo y construcción de un nuevo orden igualitario y justo
Con el desmantelamiento, después de 30 años, de la dictadura de Mubarak, continuación de otra dictadura, la jerarquía de desigualdad que engendró las espirales de injusticia en los derechos básicos de las personas está secuestrada. Egipto, liderado por sus jóvenes, se ha hecho con la oportunidad de reconstruirse.

Los constructores del nuevo Egipto no aceptarán menos que la igualdad ante la ley, la justicia y dignidad para todos. Lograr esto requerirá un minucioso trabajo.

Las leyes que atenten contra la igualdad, justicia y dignidad de los ciudadanos de Egipto deben desaparecer. Se ha creado un comité especial para redactar un borrador de una nueva Constitución (para sustituir a la anterior, arbitrariamente reformada por Mubarak). Sin embargo, en este comité no participa ninguna mujer, lo que ha despertado protestas por parte de mujeres y de aquellos egipcios que apoyan los ideales revolucionarios.

El Estatuto Personal Musulmán (conocido como derecho de familia), el documento que atenta de forma más tenaz contra la igualdad, justicia y dignidad de los ciudadanos, estructura un modelo de familia que se remonta a principios del siglo pasado, basado en la interpretación patriarcal de la jurisprudencia islámica (fiqh). Esta ley, en la que se oficializa la autoridad y el poder del hombre, mantiene un sistema de desigualdad de género. El marido se erige en cabeza de familia, con derechos, privilegios y prerrogativas así como con obligaciones de protección y sustento, mientras que la mujer, como subordinada, debe obediencia a su marido y debe prestarle ciertos servicios en compensación a esa protección y sustento, quiera o no.

Las feministas, como el resto de reformistas, han intentado, desde principios del siglo XX, reformar el Estatuto Personal Musulmán. Con los años solo han conseguido mínimos ajustes en la ley que no perturbaran el modelo de familia patriarcal. Una excusa comúnmente usada para el fracaso de la reforma es que se trata de una ley religiosa, parte de la Sharia y, por tanto, sacrosanta e inmutable. Esto ha permitido que la confusión entre el fiqh –dictado por los hombres– y la Sharia –el camino hacia una vida virtuosa tal y como aparece en el Corán–, haya funcionado como un potente elemento disuasorio contra el cambio. En todo caso, es posible promulgar una ley de familia igualitaria basada en la jurisprudencia islámica, como hizo Marruecos en 2004 con la revisión de la Mudawana, que reconocía tanto al marido como a la mujer como cabezas de familia en igualdad. Es también teóricamente posible, aunque políticamente complicado, promulgar por la ley un modelo secular de familia que refleje el espíritu de la religión y sus ideas de igualdad, justicia y dignidad. Algunos ulemas, eruditos religiosos de Turquía, hablan de una ley secular familiar.

Con el derrocamiento del Estado autoritario en Egipto y el desmantelamiento de su poder y del de sus seguidores, y con la reforma legal correctamente encaminada, la igualdad y la justicia ante la ley y en la práctica tienen una nueva oportunidad. Aunque la exclusión de las mujeres del comité constitucional manda señales peligrosas, es de esperar que las protestas de las mujeres sean tenidas en cuenta en el proceso de contrucción del nuevo Egipto, justo e igualitario. Las rigurosas desigualdades que el autoritarismo ha mantenido para que todos vieran su crudeza, las prácticas más extremas del régimen tiránico, han sido desmanteladas por los jóvenes de ambos sexos. ¿Estará preparada la juventud para aceptar el autoritarismo en la familia sostenido por el antiguo derecho de familia, una ley tan disonante con la realidad social y con sus propias vidas? Es difícil creer que podrían dejar así las cosas. La libertad, igualdad y justicia no pueden ser solo patrimonio de algunos. Para la juventud, mujeres y hombres, que han iniciado esta revolución, la libertad y la igualdad y la justicia son, seguramente, innegociables y la dignidad está a la orden del día. Ésta es la esencia del nuevo feminismo, llamémoslo como queramos, o no le pongamos nombre.

Margot Badran es historiadora y especialista en estudios de género en Oriente Próximo y sociedades islámicas Nº29 - Primavera 2011


martes, marzo 29, 2011

EGIPTO: "Exámenes de virginidad", la última arma del ejército

Cam McGrath / IPS
Salwa El-Hosseiny se había unido a los manifestantes en la Plaza Tahrir de la capital de Egipto cuando un oficial de seguridad vestido de civil la tomó por la fuerza y la entregó a miembros del ejército que se encontraban frente a un museo cercano.

Esta joven de 20 años fue golpeada, torturada con choques eléctricos y acosada verbalmente. Luego fue enviada con otras 20 mujeres detenidas a una prisión militar en las afueras de El Cairo.

Fue allí que el ejército, que gobierna Egipto desde la renuncia del presidente Hosni Mubarak el 11 de febrero, develó su última arma para reprimir el disenso: la humillación sexual.

"Fui llevada a una prisión militar junto a otras jóvenes, y se nos ubicó en una habitación con dos puertas y una ventana", contó El-Hosseiny durante una conferencia de prensa la semana pasada.

"Le rogamos a la guardia mujer que cerrara las puertas (para no ser vistas), pero se negó. Se nos ordenó sacarnos toda la ropa y nos inspeccionaron mientras nos filmaban con cámaras para fabricar evidencia con el fin de acusarnos de prostitución", dijo.
El-Hosseiny y otras mujeres detenidas en la misma prisión testificaron que un hombre que se decía ser médico les realizó "exámenes de virginidad" a las que no estaban casadas, amenazando con acusarlas de prostitución si se resistían.


"La guardia de la prisión nos desnudó y nos golpeaba con mangueras", dijo una de las detenidas, una trabajadora social de 29 años, soltera. "Fui examinada por un hombre que usaba una túnica blanca y por una guardia mujer de la prisión", contó.

Grupos de derechos humanos exigieron una investigación de los abusos, que habrían ocurrido el 9 de este mes cuando soldados intentaban desalojar a los manifestantes que acampaban en la Plaza Tahrir.

Más de 170 manifestantes, incluyendo 18 mujeres, fueron arrestados en una violenta represión y llevados a un anexo del Museo Egipcio.

Los manifestantes afirman haber sido golpeados y torturados por oficiales del ejército en el museo antes de ser liberados o transferidos a una prisión militar, donde fueron víctimas de más torturas y humillaciones..

Una declaración conjunta de 17 organizaciones egipcias de derechos humanos condenó el abuso físico y psicológico perpetrado contra los detenidos. Los grupos también señalaron que la participación de médicos en esos actos suponía una flagrante violación al juramento hipocrático..

"La tortura en sí ya es una de las peores violaciones a los derechos humanos y a la santidad del cuerpo humano, pero los incidentes reportados son además una clara violación de las convenciones nacionales e internacionales que regulan la profesión médica, así como un rompimiento de la ética médica", señala la declaración.

Amal Abdel Hadi, jefa de la Nueva Fundación de Mujeres, dijo que la policía y las fuerzas de seguridad egipcias tenían una larga historia de maltrato físico e intimidación a detenidos.

"Es la primera vez que oímos de exámenes forzados de virginidad, pero humillar a las mujeres violentando su cuerpo es una vieja práctica", dijo a IPS.
"No es inusual que la policía o los oficiales de seguridad detengan a una mujer y la obliguen a desnudarse porque su esposo ha sido atrapado robando o es sospechoso de terrorismo", añadió.

Explicó que la humillación sexual era una forma perturbadora y efectiva de tortura psicológica. Fue empleada por el personal de la infame prisión militar estadounidense en Abu Ghraib, Iraq, dejando profundas huellas en las víctimas y en la opinión pública mundial.

Las manifestantes mujeres detenidas el 9 de este mes dijeron que los soldados les ataron las manos y les vendaron los ojos para golpearlas y herirlas con choques eléctricos.

Al menos seis fueron obligadas a someterse al examen, en el que un médico del ejército les inspeccionaba la vagina para constatar que estuviera intacto su himen.

"Obligar a las mujeres a desnudarse y someterlas a exámenes de virginidad es muy insultante, y el impacto de esta acción puede ser profundo", señaló la psicóloga Mona Hamed, del Centro El-Nadim para la Rehabilitación de Víctimas de la Violencia.

En la conservadora sociedad egipcia, se espera que las jóvenes mantengan su virginidad hasta el matrimonio. El estigma social que sufren aquellas que se desnudan en público o tienen sexo prematrimonial muchas veces las lleva al suicidio, o es motivo suficiente para ser víctimas de un "asesinato de honor" por parte de su propia familia.

Hamed, quien entrevistó a varios manifestantes detenidos el 9 de este mes, dijo que las mujeres con las que habló le contaron que los médicos del ejército permitieron que soldados las observaran y les sacaran fotografías mientras eran examinadas. Temen que su reputación sea destruida si las fotos son difundidas.

La mayoría de las mujeres detenidas fueron juzgadas en un tribunal militar el 11 de este mes y liberadas dos días después.

Algunas recibieron sentencias de un año de prisión por mala conducta, destrucción de propiedad pública, obstrucción del tráfico y portación de armas.

La tortura y la humillación que sufrieron estas mujeres fueron un "fuerte mensaje" a la comunidad de que el disenso no sería tolerado, concluyó Hamed.

"Un padre puede aceptar que su hija asista a una protesta, incluso bajo riesgo de resultar herida, pero nunca aceptaría que fuera si hay riesgo de que sea acosada sexualmente, violada o humillada", explicó. (FIN/2011)

jueves, febrero 17, 2011

Las mujeres egipcias reivindican su lugar en la revolución

F. Javier Aguayo/ Diagonal
Una ola de optimismo se extiende entre las organizaciones feministas egipcias, tras la participación masiva de mujeres en la revolución popular. La experiencia de libertad vivida en la plaza de Tahrir y la posibilidad de involucrarse desde un principio en las movilizaciones, a través de una plataforma segura como es internet, son algunas de las causas que se esconden detrás de esta nueva situación.

“La gente oprimida siempre busca a alguien de quien poder abusar y oprimir. Ahora, por primera vez en 40 años, esa misma gente ha probado el sabor de la libertad. Los hombres no van a volver a tocar a una mujer”, con estas palabras explica Azza Kamel, militante feminista y escritora, lo que para ella han supuesto 20 días de revolución en la mentalidad de los egipcios. Algo que alcanzó su máxima expresión en el campamento de la plaza de Tahrir, donde “la mujer se sentía libre. Cada vez que un hombre tocaba involuntariamente a una mujer, éste se disculpaba. Lo nunca visto…”. Algo que puede parecer extraño, y que no lo es tanto en un país en el que, según un estudio del año 2008 del Centro egipcio para los derechos de la mujeres, cuatro de cada cinco mujeres han sido asaltadas sexualmente alguna vez en su vida.

Lo cierto es que internet está repleto de imágenes de cientos de mujeres acampadas en la plaza de Tahrir, enfrentándose a la policía o encabezando manifestaciones. Según diversos colectivos feministas, “lo que habitualemente suponía una participación de la mujer de un 10%, en esta ocasión se sitúa entre un 40 o 50% de los manifestantes en los días previos a la marcha de Mubarak”. Todo un cambio en un país donde en el año 2010 hubo más de 300 huelgas de carácter laboral.


Un cambio evidente

“Evidentemente, Egipto sigue siendo una sociedad pratiarcal, y ciertos valores siguen estando lo suficientemente enraizados como para permanecer tras una protesta tan innovadora como la del 25 de enero”, reconoce Amal Abdel Hady, de la Fundación Nueva Mujer, tratando de mantener los pies en el suelo ante ese presunto cambio en la mentalidad de la sociedad egipcia. No obstante, durante estos días se han visto cosas impensables hasta ahora, “mujeres que lideran grandes protestas en confraternización con los hombres, rezos conjuntos, sin que ellas tengan que ponerse detrás, o gente de ambos sexos durmiendo bajo la misma tienda, sin que siquiera se conozcan”, continua Abdel Hady.

Al mismo tiempo, tanto hombres como mujeres fueron de la mano en la preparación de las movilizaciones. El hecho de que internet fuera el medio por el que se extendió la idea de una gran movilización, “ofrecía una plataforma segura para las mujeres, donde no sentían ningún tipo de miedo a las consecuencias que, hasta entonces, solían tener las grandes concentraciones de personas”, afirma Mozn Hassan, directora del Centro de estudios feministas Nasra. Según esta veterana activista, una vez las manifestaciones estaban lanzadas “la transición a la participación física en las manifestaciones fue mucho más fácil”.

Nuevo escenario

Una vez la gente ha abandonado la calle, a la espera de ver cómo transcurren los acontecimientos en torno al nuevo poder militar, se abre una etapa clave en la participación política y social de la mujer. Para la Fundación Nueva Mujer, la mayor preocupación es que “el hecho de que las mujeres no estuvieran organizadas durante las protestas, con unas exigencias de derechos específicos en mente, puede suponer que se las vuelva a ignorar en esta etapa post-Mubarak”, como históricamente ha sucedido en Egipto.

Con objeto de dar luz pública al papel de la mujer en todo el proceso de revolución, desde dicha fundación se han propuesto recoger testimonios de mujeres que han participado en los 18 días de movilización. Con ello, pretenden “mantener a esas mujeres en la lucha por el cambio”, en tanto que para muchas de ellas esta era la primera ocasión en la que hacían activismo político. No obstante, “hasta el momento ningún grupo, ni siquiera aquellos liderados por jóvenes, han luchado activamente por que se escuche la voz de la mujer”, concluyen desde la Fundación Nueva Mujer.

Nuevo comunicado de los Jóvenes del 25 de enero

El movimiento Jóvenes del 25 de enero, el cual agrupa a todas las organizaciones que convocaron las primeras movilizaciones en Egipto, hizo público ayer un nuevo comunicado. En el mismo vuelven a recordarle al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que la mayor parte de las reivindicaciones de la revolución siguen sin cumplirse. Según dicho documento, los comunicados hechos públicos hasta el momento por la nueva autoridad militar “quedan muy lejos del nivel de las aspiraciones de las masas revolucionarias”, y exigen el cumplimiento inmediato de varias reivindicaciones que consideran urgentes: “la suspensión de la ley de emergencia y la inmediata liberación de los presos políticos; la disolución del aparato de seguridad del Estado; la destitución del Gobierno de Ahmad Shafiq, designado por el presidente derrocado, y la formación de un gobierno de tecnócratas (administrativo) para ocuparse de la gestión de los asuntos corrientes; la disolución del Partido Nacional y el procesamiento a todos los símbolos de la corrupción y a todos los que dispararon contra los manifestantes”.

Por otro la lado, dicho comunicado rechaza “el contenido del Comunicado del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en cuanto al cumplimiento de todos los tratados internacionales y regionales”, en tanto que que los manifestantes “no teníamos ningún problema contra la persona del presidente derrocado, nuestra principal diferencia ha sido con el régimen corrupto, aliado de Estados Unidos y de Israel”.

Finalmente, el comunicado llama a los ciudadanos egipcios a “participar en la manifestación multitudinaria del viernes 18 de febrero 2011”, para acabar con una frase que trata de resumir el espíritu de las movilizaciones: “La legitimidad a la revolución... Y toda la autoridad al pueblo”.