Mostrando entradas con la etiqueta feminismo islámico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta feminismo islámico. Mostrar todas las entradas

lunes, abril 04, 2011

El feminismo islámico decolonizado emerge con fuerza

Fuente: Med’in Marseille. Media Euroméditerranéen des diversités à Marseille.
Traducción para Webislam de Beatriz García Quesada

La Asociación de Musulmanes de Marsella (ASMMA) cuya presidenta no es otra que Fátima Tamtam, organizó el pasado sábado en el Teatro de Mazenod una conferencia/debate muy en línea con la actualidad. Bajo el título «Musulmanas de Francia: Retos y desafíos». Esta conferencia ha tenido el mérito de barrer los clichés colonialistas de los que son víctimas los musulmanes de Francia y de denunciar la instrumentalización política y mediática de la causa de las mujeres. Nadie quedó indiferente con las intervenciones de Asma Lamrabet, directora del Centro de Estudios femeninos sobre Islam en el seno de la Rabita Mohammadia de los ulemas de Marruecos, Houria Bouteldja, portavoz del Partido de los Indígenas de la República, e Ismahane Chouder, presidenta del Colectivo Feminista por la Igualdad.

La increíble cantidad de estereotipos y prejuicios que se han ido acumulando en torno a la temática «mujeres musulmanas» ha impulsado a jóvenes musulmanas de Marsella a crear la asociación ASMMA. El temor es que el próximo «debate sobre el Islam» (el 5 de abril de 2011) acentúa esta tendencia así como la instrumentalización política de esta cuestión. Según Asma Lamrabet, directora del Centro de Estudios femeninos sobre Islam de la Rabita Mohammadia de los ulemas de Marruecos, estamos incluso asistiendo a la construcción de un discurso predominante que instrumentaliza el miedo alimentando los clichés para reducir a la mujer musulmana y oponiendo al Islam todos los valores de la modernidad. Uno de los adagios más aprobados por las conciencias occidentales es que «la mujer musulmana está oprimida por el Islam». Los discursos sobre la musulmana con velo no son más que reproducciones de una visión colonialista, explica Asma Lamrabet. Ahora bien, los medios de comunicación y los políticos son los primeros vectores de estos clichés. Efectivamente, «el tema de la mujer está secuestrado por la visión conservadora», mantenido por «el circo mediático e islamófobo que nos impide ver la realidad de las cosas puesto que todo se presenta desde el punto de vista de lo afectivo y lo emocional», resume Asma Lamrabet, también coordinadora de un grupo de investigación y reflexión sobre la mujer musulmana y el diálogo intercultural. Las mujeres musulmanas son, según ella, las víctimas del etnocentrismo intelectual que absuelve a las mujeres no-musulmanas de toda discriminación. Ahora bien, «la discriminación contra las mujeres es universal. Por ejemplo, el patriarcado y el liberalismo acentúan la precariedad y las mujeres son las primeras víctimas. Por lo tanto, esto no tiene nada que ver con la religión o la cultura», afirma. A esto se añade la instrumentalización de esta temática por intereses geopolíticos. Esta obsesión de liberar la mujer musulmana a servido, por ejemplo, como pretexto para legitimar la guerra en Afganistán o para apoyar el régimen de Ben Ali debido a su modelo de emancipación de la mujer, «mientras que por detrás, este modelo oprimía a los hombres tunecinos, todo en nombre de la democracia».



De tales injerencias occidentales, motivadas por intereses diversos, se representa al Islam como una religión «totalitaria y machista» y se apoya la idea de que existen dos modelos. El de la mujer occidental liberada y el de la musulmana recluida y oprimida. «Un discurso que ha estado siempre al servicio de la coartada de las potencias imperialistas occidentales», insiste Asma.

Si bien afirma que «no es el Islam el que discrimina y desvaloriza a la mujer, sino más bien la exégesis que se ha hecho del Corán a través de siglos de lectura y de interpretaciones sexistas hacia la mujer. Estas interpretaciones rigoristas e inmutables han legitimado esta "cultura de la discriminación”». Aunque insiste sobre el hecho de que es necesario combatir la idea que asegura que el Corán es la primera fuente de discriminación contra la mujer. Es efectivamente importante «tener en cuenta el contexto histórico de la revelación coránica y diferenciar entre el hecho cultural y la esencia de la religión».
«Reducir el discurso islámico al velo es perjudicar esta ética coránica»
Añade también que la constatación de una cultura discriminatoria hacia las mujeres rara vez se permite en los países musulmanes quienes intentan entonces justificarse afirmando que «la religión musulmana concede derechos a la mujer». Sin embargo, según Asma Lamrabet es un discurso que hay que superar necesariamente ya que refuerza la idea de que las mujeres musulmanas tienen derechos y estatutos particulares. «Este discurso incluso ha marginado la universalidad del mensaje del Islam», comenta indignada. Opinión que también comparte Ismahane Chouder, miembro del Colectivo «Una escuela para todos-as» y del Colectivo de Feministas por la Igualdad. Para esta feminista musulmana, a los musulmanes de Francia les faltan «las herramientas que les permitirán defenderse. Desarrollamos un discurso en el reaccionar, del modo: "yo defiendo el Islam". Tenemos interés en mover el cursor», añade.

A esto se añade la forma en que los musulmanes evocan la cuestión del velo. «Hablamos del velo como si fuera uno de los principios del Islam.[...] Tenemos que revisar la forma que tenemos de vehicular nuestro mensaje islámico. Se lo ha reducido a una vestimenta de moda cuando lo que hay que privilegiar es la honestidad intelectual que la religión musulmana nos enseña para así evitar pasar por alto la universalidad del Islam», resume Asma Lamrabet. Igualmente, llama a recolocar la temática de las mujeres en el corazón del mensaje coránico, cuyos fundamentos son la razón, la justicia y la libertad. De hecho, «desde sus inicios, el mensaje islámico a permitido instaurar una verdadera dinámica de liberación de la mujer, aunque se difumina en pro de una lectura puramente jurídica vaciada de su ética espiritual», precisa. Es por esto que hoy día muchos intelectuales y universitarios musulmanes intentan recuperar su destino tratando de tomar la palabra en nombre de su compromiso espiritual. Y Asma Lamrabet forma parte de esos intelectuales. Presidenta de GIERFI (Grupo Internacional de estudios y de reflexión sobre mujeres e Islam), trabaja actualmente en la «relectura de las fuentes» en la visión igualitaria desde una perspectiva femenina, tal y como hacían las mujeres musulmanas tras la revelación. Ibn Hajjar, que es uno de los más grandes eruditos del Islam, ha identificado a 300 mujeres instructoras en ciencias islámicas en el s.III de la Hégira. «¿Dónde están los escritos de estas mujeres?», se pregunta. Akram Nadwi, investigador en Oxford, ha identificado por su parte a 8.000 mujeres eruditas especialistas en fatwas, crítica de hadices, exégesis, etc. El objetivo es «contradecir las lecturas religiosas literalistas masculinas que han sido especialmente responsables de la marginación de las mujeres».

Asma Lamrabet cree que esta nueva lectura del Islam, a partir de una lectura femenina, podrá reducir las discrepancias ideológicas con Occidente.Es cierto que el fantasma de la mujer sumisa es aún muy fuerte en Occidente. Sin embargo, «años de tentativas de emancipación de la mujer según un modelo occidental construido como modelo universal se han saldado con el fracaso». ¿Por qué? «El impacto de la colonización en el mundo musulmán explica en parte el rechazo de ciertos valores occidentales, especialmente de aquellos relacionados con la emancipación de la mujer, que se perciben como un proyecto colonialista».

Houria Bouteldja: «¿Feminismo islámico McDonald o feminismo islámico decolonizado?»
De acuerdo con la Presidenta de GIERFI, no podemos imponer a los musulmanes el acceso a la modernidad o fundirse en la sociedad a través de la sola puerta de la occidentalización. Del mismo modo, es lo que denuncia Houria Bouteldja, portavoz del Partido los Indígenas de la República (PIR), para quienes «hay que destacar esta resistencia cultural y religiosa en la perspectiva de construir un feminismo islámico decolonizado. Lo que quieren las mujeres musulmanas en términos de "respeto", en términos de "social" y sobre todo lo que piensan del discurso ideológico que estigmatiza a los hombres de su comunidad». Las mujeres musulmanas de Francia tienen que hacerse las preguntas adecuadas, ya que según Ismahane Chouder, otros se toman el trabajo y gastan su energía en definirnos como «víctimas».
Tan sólo hace una docena de años que asistimos a la organización de un movimiento que combina el compromiso militante con la reflexión teórica para presentar otra imagen de la mujer musulmana. La ley contra el velo en las escuelas (marzo de 2004) ha promovido la creación del «Colectivo una escuela para todos-as», en el que Ismahane Chouder se ha integrado rápidamente. «Hemos desarrollado un discurso feminista de la resistencia ciudadana y la organización política. Este tomar la palabra se nos ha facilitado en el marco de este espacio», explica Houria. Un marco esencial para «decolonizar las prácticas y discursos feministas» ya que hay también «una relación de dominación entre mujeres y este discurso matriarcal que tenemos que deconstruir», dice. El trabajo es enorme. De hecho y según Houria Bouteldja, estaríamos asistiendo al nacimiento de un «feminismo decolonizado». Esto es lo que se aprecia en un artículo de «ELLE, Revista de feminismo islámico integracionista» y bajo el título «Mujeres con velo pero [mujeres] Funky». Esta revista que ha hecho campaña contra el velo, abre hoy sus columnas a mujeres musulmanas que dicen: «nuestro velo no es más que un accesorio (...). Fundirse en la sociedad es a hacer concesiones en términos de fe y de dignidad», comenta la portavoz de PIR.

El próximo debate sobre el Islam no es para arreglar las cosas. Para Ismahane Chouder, hemos pasado de un análisis político a un análisis cultural que condujo a la creación de un enemigo cultural nuevo: el musulmán y la musulmana. Esto requiere la creación de leyes contra el velo y el burka, que para Houria Bouteldja es traicionar la Ley de 1905, puesto que «nadie puede ser laico más que las instituciones y los funcionarios». En definitiva, «buscamos la aplicación equitativa de la laicidad», prosigue Ismahane Chouder.

¿Organizarse políticamente?

A esto hay que añadir «esta voluntad política que consiste en encerrarnos en los debates periféricos en lugar de centrarse en debates económicos, ecológicos, etc. Hoy en día, nos vemos obligados a descontaminar el debate que se materializa en la visibilidad del Islam», comenta indignada la vice-presidenta del Colectivo de Feministas por la Igualdad. Para Houria Bouteldja, estamos asistiendo incluso ha el la elaboración por parte de las élites francesas de estrategias diversas que persiguen con firmeza neutralizar a los musulmanes. Según Houria, esto pasa por la creación de oficinas que controlen a los musulmanes a semejanza del Consejo Francés de Culto musulmán (CFCM) o por el desarrollo de una burguesía musulmana que ya no sería solidaria con la masa popular. «El objetivo es vaciar al Islam de su sustancia y neutralizar esta fuerza política que podrían representar los musulmanes de Francia. Si esta considerable fuerza demográfica (entre 6 y 10 millones de musulmanes en Francia) se organiza, podría hacer mucho daño», explica la portavoz de PIR. Ahora bien, hoy día parece que ya no se respeta a los musulmanes de Francia ni en su dignidad ni en sus creencias. Igual que esta falta de coraje político de Martine Aubry, primera secretaria del Partido Socialista, quien ha retirado su firma de la llamada para la anulación del debate-juicio sobre el Islam tras el enfrentamiento con Jean-Francois Copé (UMP), con el solo pretexto de que Tariq Ramadan era uno de los firmantes. «Teme más ofender al electorado de base que a los musulmanes, porque no existen políticamente», dice Houria Bouteldja indignada. Algo que no necesariamente comparte Ismahane Chouder para quien «hay requisitos previos antes de organizarse políticamente. En primer lugar tenemos que saber quiénes somos».

martes, marzo 22, 2011

La violencia de género es un tema tabú en la Comisión Islámica

Entrevista a Laure Rodríguez Quiroga
Fuente: webislam.com
Laure Rodríguez Quiroga, nacida en París hace 36 años, es una de las principales promotoras del feminismo islámico en España. Miembro del Consejo Ejecutivo del Instituto de Estudios Euromediterráneos de la Universidad Complutense de Madrid, sostiene que la violencia de género se ve como «un tabú» en la Comisión Islámica de España (CIE).

Pregunta: Hay quien sostiene que los términos feminismo e islámico son contradictorios
Laure Rodríguez Quiroga: El islam contiene un mensaje netamente feminista, en el sentido de que busca luchar contra las desigualdades sociales y de género. Hace 15 siglos, garantizó un estatus social, económico y legal de pleno derecho entre mujeres y hombres. Debemos deconstruir las interpretaciones erróneas que se hacen hoy en día del Corán. Yo soy musulmana y, en consecuencia, soy feminista. La esencia islámica es combatir cualquier tipo de discriminación contra la mujer.

¿Quiénes, dentro del mundo musulmán, están respaldando el feminismo islámico?
— En el caso de la Unión de Mujeres Musulmanas de España (UMME), la mayor parte de nuestros proyectos son autofinanciados. Son escasos los apoyos económicos por parte de la administración y no hemos querido recurrir a apoyos de fuera del territorio español, porque puede haber algún tipo de apropiación política y porque consideramos que ya es hora de legitimar el islam como parte integrante de España.

¿Qué opina de la Comisión Islámica de España?
— No todos los musulmanes se sienten identificados con los discursos ideológicos que se promueven desde la CIE, en la que la perspectiva de género tiene una nula prioridad. Que existan mujeres en las federaciones y plataformas, que no en la CIE, no es sinónimo de que se haga desde una posición feminista.



¿Actúa la CIE con tibieza en relación a la violencia de género?

— Por alguna extraña razón, parece ser un tema tabú del que no se habla, como si, al ocultarlo de la luz pública, no se pusiesen en cuestión las desigualdades de género que se viven dentro de las comunidades. Las mujeres somos las principales víctimas de este silencio.

¿Cuáles son las mezquitas donde no se deja acceder a mujeres?

— Suelen estar registradas como organizaciones sociales/culturales y son las conocidas como «mezquitas garaje», de reducido tamaño. La excusa es siempre la misma: la carencia de espacio amplio y ampararse en una interpretación de no considerar obligatoria la asistencia de las mujeres a la mezquita.

¿El uso del velo se está utilizando políticamente?

— Es evidente. Desgraciadamente, se circunscribe el discurso de la mujer musulmana a su manera de vestir, cuando ser mujer musulmana va más allá de un trozo de tela. Una mujer no tiene por qué hacer declaraciones públicas de por qué decide o no ponerse el velo porque forma parte de su intimidad: es como si tuviéramos que explicar cómo son nuestros orgasmos.

martes, octubre 26, 2010

En el IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico

Leila Nachawati
Periodismo Humano Incluso el domingo a las 10 de la mañana estaba llena la sala del hotel Meliá Avenida América, donde se celebraba el Congreso Internacional de Feminismo Islámico. Más de 500 personas asistieron entre el 21 y el 24 a estas conferencias que ya van por la cuarta edición y que pudieron seguirse en directo a través de su página web, donde pueden verse de nuevo todos los vídeos de las jornadas. Los participantes pudimos escuchar y dialogar con diversos puntos de vista, con posturas feministas que van desde el máximo cuestionamiento de los sistemas dominantes hasta el feminismo que trabaja mano a mano con los sectores conservadores de los países de mayoría islámica. Esta entrada se centra en las charlas del último día sobre Movimientos por la Igualdad.

Musawah es un movimiento global, basado en Malasia, de mujeres y hombres que defienden que la igualdad dentro de la familia es posible y necesaria. Rozana Isa presentó este movimiento, que tiene sus raíces en la ONG Sisters in Islam, grupo fundado por ocho mujeres que decidieron analizar en detalle los textos religiosos para contrastar por qué en su sociedad eran legales los abusos contra las mujeres. Sisters in Islam recibió el reconocimiento internacional por su reivindicación de que se aplicasen en las leyes la libertad y la dignidad que defiende el Corán.

Basado en los principios de SIS, Musawah se centra en la necesidad de cambios en el código de familia, el marco en el que más se ceban las leyes discriminatorias en los países islámicos. “El matrimonio es históricamente un concepto de dominación de la mujer por el hombre. Partiendo de esta injusticia que las leyes respaldan en nuestro país no puede haber justicia en ningún otro aspecto de nuestra sociedad”. Musawah lucha contra la politización del Islam, que se usa para controlar y someter:

El código de familia islámico se convierte en un punto de confrontación entre grupos políticos que quieren mostrar que son más “musulmanes” que el otro. La organización Sisters in Islam ha sido llevada a juicio por “antimusulmana”. Si no reaccionamos y participamos en el debate, la agenda política islámica ganará terreno y ajustará la religión a sus intereses, a sus parámetros de lo que está bien y lo que está mal.


Musawah busca también poner sobre la mesa cuestiones que hasta ahora se debatían en el ámbito privado. Entre sus proyectos para llegar a la población joven está “Matrimonio en la Generación Y”, en el que se plantean dudas sobre relaciones, matrimonio, las expectativas de ellos y ellas ante el futuro en pareja y busca que la mujer contribuya a negociar su futuro sobre el terreno.

Musawah no limita su trabajo a Malasia, sino que crea redes con movimientos y asociaciones de mujeres en otros países, como Egipto, Bahrain o Marruecos, que implementó hace unos años cambios en el código de familia que son para Musawah una inspiración. Rozana Isa hace énfasis en que trabajan con activistas y organizaciones independientes, no con gobiernos ni representantes políticos.

Lis Marcoes, activista indonesia por el empoderamiento de las mujeres y miembro de la Asia Foundation, presentó el trabajo local de las feministas en Aceh, provincia indonesia al norte de Sumatra. Marcoes también insistió en la necesidad de trabajar sobre las leyes relacionadas con la familia en los países islámicos:

Vivimos en sociedades patriarcales. Hemos trabajado con Ulemas y otras figuras religiosas islámicas pero nos hemos cansado de su falta de un apoyo firme e incondicional y nos volcamos en los jueces islámicos. El papel de los jueces es básico, sensibilizarlos sobre la necesidad de tomar conciencia de la discriminación legal contra las mujeres, empoderarlos para que exploren y apliquen nuevas leyes sobre casos reales es mi prioridad como feminista.

Después de las dos presentaciones surgieron más preguntas del público de las que daba tiempo a responder. El diálogo enriqueció la aportación de las ponentes y mostró algunas de las tensiones y contradicciones de un concepto como el “feminismo islámico” y sus implicaciones geopolíticas.

Ziba Mir Hosseini, investigadora iraní de asuntos de género y desarrollo, alabó el trabajo de Musawah y las feministas de Aceh y pidió que no se glorificasen los movimientos feministas, que son al fin y al cabo producto de un sistema que no siempre es democrático y respetuoso de las voces de los otros. Planteó la tensión que existe en el contexto de Oriente Medio y Norte de África entre las mujeres religiosas y las no religiosas y la falta de diálogo y de tolerancia mutua que se da en muchos contextos y que nace de su historia, su cultura y su experiencia colonial. Hosseini destacó que esta tensión no se da en Malasia, donde mujeres religiosas y no religiosas trabajan mano a mano.

Y como es común en los foros internacionales donde se encuentran en un mismo espacio miembros de países enfrentados o con conflictos de intereses, también en este congreso surgió la tensión geopolítica en el marco de la defensa de los derechos de las mujeres. Concretamente la tensión entre Marruecos y el Sahara, después de que el gobierno marroquí hiriese a unas 40 personas en un campamento de protesta en El-Aaiun el 23 de octubre. Un grupo de mujeres saharauis, entre ellas Soukeina Ndiaye, Delegada en Canarias de la Asociación de Mujeres Saharauis en España, agradecieron a las ponentes indonesias y malayas su reivindicación por los derechos de las mujeres y expresaron sus deseos de que en un futuro también las mujeres saharauis, y todo su pueblo, puedan disfrutar de la justicia y de los derechos que se les han negado.

En ese momento pidió la palabra Abdessamad Dialmy, investigador de la relación entre feminismo y sufismo en Marruecos, y pidió que el debate no se centrase en el Sahara. “Este foro está para hablar sobre el tema de la mujer, no del Sahara. Los incidentes del Sahara pertenecen a otro debate y deben tratarse en otros espacios, no en este”.

Indignación de las saharauis: “Si no podemos hablar ni aquí, ¿dónde vamos a hablar?”, y por lo bajo, entre ellas, “Es que no falla, siempre tiene que haber un vocero del gobierno”. El debate derivó por un momento del trabajo de las mujeres por la igualdad a lo adecuado o no de las reivindicaciones políticas o de autodeterminación en un foro centrado en el feminismo y los derechos de las mujeres. “Es lamentable que también aquí se intente silenciar a las mujeres”, dijo una participante, que recibió un gran aplauso del público. “Ayer hablamos sobre Palestina y nadie se quejó, ¿por qué iban a molestarnos hoy las reinvindicaciones saharauis?”, comentó otra.

Dado que el feminismo islámico es un concepto que responde a una contextualización del feminismo, ligado a la historia y experiencia de las mujeres en los países de mayoría islámica, aislarlo de su realidad y su contexto no parece realista. Otra de las respuestas del público a esta polémica apuntaba precisamente a un aspecto clave tanto de este foro como de cualquier foro en el que se traten reivindicaciones sociales y políticas. ¿Es posible aislar la lucha de las mujeres del marco global de defensa de los derechos humanos y del contexto político y social?

Fuente: http://alianzas.periodismohumano.com/2010/10/25/en-el-iv-congreso-internacional-de-feminismo-islamico/

miércoles, abril 07, 2010

Laure Rodríguez: "El Islam me da más derechos que el cristianismo"

Fuente: Web Islam
Laure Rodríguez, nacida como Católica y educada en colegios católicos, se convirtió al Islam
De acuerdo a la Agencia de Noticias de Ahlul Bait (P) - ABNA - "El cristianismo restringe los derechos de las mujeres", dice la conversa española, quien declara que "el Islam está dándole más poder a la mujer".
Laura Rodriguez, quien es la Presidenta de la Unión de Musulmanas en España, se concentra mayormente en los derechos de las mujeres inmigrantes en España.

Las mujeres tienen más derechos en el Islam que en el Catolicismo, declaró una mujer española conversa a un grupo de visitantes de periodistas turcos la semana pasada. como católica y educada en colegios católicos, Laura Rodriguez, se convirtió al Islam y ahora representa a las mujeres musulmanas españolas. Ella cree que el catolicismo restringe los derechos de la mujer.

"El Islam me dio los derechos que no me dio el catolicismo, como la libertad individual, derechos legales, el derecho a la educación, el derecho al empleo y el derecho a la sexualidad" dijo Rodriguez, Presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas en España.

"Las mujeres no se pueden comunicar directamente con Dios en la religión católica. No tienen derechos para la sexualidad. Su misión es dar a luz a los niños, y adhirió las mujeres (católicas) no tienen derecho a divorciarse. El control de la natalidad está también prohibido por el catolicismo." Hasta hace poco, las mujeres españolas necesitaban el consentimiento oficial de sus esposos para abrir una cuenta bancaria, resaltó Yusuf Fernandez Ordoñez, Secretario de la Federación Musulmana de España, o FEME, de la cual Rodriguez es una afiliada.


Cuando se le pregunta el porqué las mujeres son más educadas, son poseedoras de más poder y están más presentes en público y en la vida privada en países cristianos en comparación a los países musulmanes, Rodríguez dice que Europa no puede ser evaluada desde una perspectiva cristiana ya que cada ciudadano puede ser cristiano, pero la Iglesia ha perdido su poder para influenciar a la sociedad.

Fernandez Ordoñez añadió que las mujeres adquirieron sus derechos luego de que los países cristianos europeos se transformaran en seculares, siguiendo la revolución francesa.

"Pero en lo que respecta al Islam, la mayoría de los países no están reflejando el verdadero Islam. En Irán, por ejemplo, que puede ser tomado como modelo del verdadero Islam, en su sociedad actualmente existe un número superior de mujeres (65% app.) que hombres estudiando en las universidades. Éxito alcanzado gracias al triunfo de la Revolución Islámica en ese país."

Aunque dice que ella tiene más derechos como musulmana, Rodríguez afirma que aún queda trabajo por hacer para mejorar las condiciones de las mujeres musulmanas, especialmente las inmigrantes en España. Ella ha trabajado en asuntos de Inmigración hace ya diecisiete años y dice que las inmigrantes femeninas encaran más dificultades comparados a sus contrapartes masculinos.

Fernández Ordóñez dijo que él aprecia el acercamiento que el actual gobierno español liderado por José Luis Zapatero del Partido Socialista de los Trabajadores ha tomado con respecto a los musulmanes. "(Zapatero) es el Primer Ministro en recibir representantes de la comunidad musulmana, también es el primero en proveer apoyo financiero a los musulmanes."

Pero Rodríguez expresó menos optimismo cuando se trata de la posición de las mujeres musulmanas.

"El gobierno no ha hecho ningún progreso para mejorar los derechos de las mujeres musulmanas, las leyes de igualdad no incluyen los asuntos religiosos. No hay representantes femeninas en el Consejo Islámico quienes estén en diálogo con el Gobierno."

Rodríguez añadió que aún hay mezquitas en España que no permiten la entrada de las mujeres, un problema el cual dice que se ha estado ignorando por parte del Gobierno.

El Prejuicio en contra del Islam

En suma, Rodríguez dijo, los medios de comunicación españoles no solo hablan del Islam con connotaciones negativas, sino que también lo enmarca con una imagen de prejuicio hacia los musulmanes hombres y mujeres, mostrando a los hombres como violentos y dominantes y a las mujeres como sumisas y victimizadas.

"Nosotros organizamos una Feria Musulmana en España. La prensa ha mostrado poca atención. Si hubiesemos dicho que ibamos a lapidar una mujer en el medio de Madrid, todos los miembros de la prensa se hubiesen aparecido."

"En España, afirmó Rodriguez, el Islam es identificado no sólo de extremismo y terrorismo, sino que también con la Inmigración. Ella dice que el Islam debería ser visto como parte de la identidad Europea."

"Este es un problema de identidad. Nosotros nacimos europeos pero somos musulmanes. El Islam también es parte de la identidad europea."

De acuerdo a Fernández Ordóñez, los inmigrantes musulmanes en España son integrados de manera justa en la sociedad.

Ambos Fernández Ordoñez y Rodríguez enfatizan la dimensión social de los problemas encarados por los musulmanes en España, los cuales dicen que son agravados por el prejuicio. Rodríguez dijo "nosotros somos un grupo que es secular y no extremista, pero aún así si yo tratara de ingresar en algún partido político, sería rechazada debido a que uso velo."

martes, febrero 16, 2010

Hoy en día muchas estudiantes femeninas están dispuestas a una “vuelta a la sharia”

Entrevista a la académica tunecina Amel Grami, experta en religiones

Beat Stauffer
Qantara

¿Es todavía Túnez un modelo para los países árabes respecto a los derechos de las mujeres?

Amel Grami: Desafortunadamente, desde hace algunos años Túnez no es ya un modelo para el mundo árabe-islámico, se ha producido un claro retroceso. Desde mi contacto directo con estudiantes femeninas puedo observar cuánto de lo que conseguimos luchando, en un periodo de tiempo bastante largo, se está perdiendo actualmente.

Hoy en día muchas estudiantes femeninas están dispuestas a una “vuelta a la sharia”. Exigen la aplicación de la ley Sharia, incluso si es desfavorable para las mujeres. Creen, por ejemplo, que el mejor medio para solucionar el problema del desempleo femenino es volver a la cocina y muchas de ellas llevan el velo. Defienden la herencia islámica tradicional y están convencidas de que la pérdida de los valores se debe a la emancipación de la mujer. Ni siquiera la poligamia les molesta realmente, sino que la consideran legítima.

Las mujeres emancipadas no hemos trabajado lo suficiente para difundir nuestros ideales y virtudes. Si paseas por las calles de Túnez verás a abuelas y madres ir generalmente sin velo, mientras que la tercera generación lleva el hiyab. La vuelta al pensamiento religioso, el retorno a los valores islámicos es evidente. Hay mujeres doctoras e ingenieras que hacen proselitismo del Islam, algo que nadie hubiera considerado posible hasta hace poco tiempo.

¿Cómo explicas esta re-islamización?

Grami: Creo que los medios de comunicación árabes han jugado un papel muy importante. Hubo un tiempo en el que estábamos orgullosos de nuestra cultura tunecina, de nuestra apertura. Pero las cosas han cambiado mucho desde que nos encontramos bajo la influencia de los medios de comunicación árabes. Por otra parte, existe una profunda crisis de identidad que se ha reforzado con las guerras de Iraq y Líbano. En el momento actual existe una tremenda frustración en el mundo árabe, y la gente siente que han sido acorralados contra la pared. En esa situación, están buscando apoyo y protección en la religión.

El retorno a los rituales y a la estricta observancia de las normas religiosas me parece importante, pero también una especie de fetichismo. Durante años han estado intentando “seducir a las mujeres para que lleven velo”. En esto también las televisiones árabes han jugado un papel decisivo. Actualmente está de moda llevar hiyab en Túnez, algo que no habíamos visto antes.

¿No perciben las jóvenes tunecinas las ventajas que disfrutan con respecto a las mujeres de la mayoría de los países árabes, gracias a que en Túnez la situación de los derechos de la mujer es relativamente más progresista?

Grami: Para responder a tu pregunta tengo que explicar algo. En última instancia, todo esto tiene que ver con el fiasco de la educación religiosa en Túnez. La religión ha sido de lejos, y durante mucho tiempo, la asignatura menos popular en las escuelas tunecinas, donde los profesores no la han abordado seriamente. Toda una generación de jóvenes no ha aprendido nada verdaderamente importante sobre la religión.

A pesar de la reforma iniciada por el antiguo Ministro de Educación Mohamed Charfi, no han cambiado mucho las cosas. Él era partidario de una interpretación moderna del Qur’an, pero este proyecto fracasó, porque los profesores no estaban de acuerdo. Todos ellos tenían una comprensión muy conservadora de la religión y no sabían nada de sociología religiosa y otras cuestiones.

Toda una generación ha tenido solamente un conocimiento limitado de la religión, y los jóvenes no han aprendido tampoco mucho de sus familias. A su vez, si entran en contacto con la religión suele ser en círculos personales, y aquí los islamistas tienen un papel predominante.

Muchos programas religiosos que se emiten a través de satélites transmiten un punto de vista conservador o incluso fundamentalista. ¿No existen otras TV que intenten oponerse a estos contenidos conservadores con un punto de vista moderno, laico?

Grami: Esto es una cuestión importante. Nos encontramos en crisis porque, por una parte, muchos intelectuales se han mostrado indiferentes a esta cuestión y no quieren involucrarse más. En su opinión, su discurso, su visión del mundo tiene poca influencia comparada con la enorme influencia de los telepredicadores, por ejemplo.

Por otra parte, creo que a los islamistas se les está animando activamente a ocupar este campo. Esto ha llegado tan lejos que, actualmente, se ridiculiza a la gente que aparece en los programas de debate en TV si mantienen opiniones liberales, moderadas o laicas. Por esta razón, muchos intelectuales progresistas no quieren participar más en esos programas.

¿Por qué no realizan un esfuerzo los gobiernos del Magreb para combatir este conservadurismo religioso?

Grami: Tengo la impresión de que los círculos conservadores islámicos están siendo fomentados y apoyados por el Estado. Si vas a una feria de libros, verás una enorme cantidad de literatura religiosa. Por el contrario, los libros críticos están a menudo censurados.

¿Cuál es, en tu opinión, la principal razón para el creciente atractivo de los neoconservadores o incluso de una visión del mundo fundamentalista, en el mundo árabe? ¿Es fundamentalmente el sentimiento de estar constantemente humillados por Occidente?

Grami: Por Occidente, sí, pero también por sus propios gobiernos. Ese desarrollo no es sorprendente cuando no hay libertad de expresión, cuando es imposible debatir abiertamente los principales problemas de una sociedad, y cuando no se realiza ningún progreso en ciertas materias. Toda una generación de jóvenes no tienen sueños, ni ideales ni más esperanza. Simplemente sienten que hemos fracasado.

Tengo muchos alumnos que saben muy bien que una licenciatura en Literatura árabe actualmente no sirve para mucho. Estos jóvenes se sienten humillados en su propio país. Hasta hace pocos años, los jóvenes que se sentían marginados por su propia sociedad podían emigrar. Sin embargo, hoy en día las fronteras son más herméticas que nunca, y aquellos que todavía emigran a Europa sufren muchas dificultades allí como árabes y musulmanes. Por ello, esos jóvenes saben que actualmente no hay ninguna esperanza para ellos y por eso están buscando refugio en la religión.

Hablemos del papel de las mujeres en las instituciones religiosas. ¿Es este todavía en Túnez un dominio estrictamente masculino?

Grami: Por varias razones, durante los 80 y 90 del sigo pasado las feministas no se infiltraron en estas esferas. Muchos intelectuales hombres y mujeres de mi generación estudiaron filología árabe y literatura, así como humanidades. Como resultado de todo ello, se ha publicado un número importante de nuevas investigaciones sobre temas religiosos. Sin embargo, el “feminismo islámico” –un movimiento que asume postulados feministas pero los defiende con argumentos islámicos- no ha sido capaz de asentarse en Túnez.

Existía una división muy clara entre las mujeres: o bien eras feminista o religiosa. Las mujeres emancipadas no éramos conscientes de que necesitábamos un proyecto para combatir a los islamistas y poder así defender los valores modernos y laicos. Pero ahora esto ha cambiado.

¿Consideras que el fenómeno del “feminismo islámico” se está convirtiendo en un movimiento importante?

Grami: Sí, sí, mucho. Este movimiento ayudará a las mujeres jóvenes a desarrollar una nueva, diferente idea de la religión. Como he mencionado anteriormente, las interpretaciones moderadas y progresistas tienen poca influencia comparadas con las interpretaciones ortodoxas e islamistas. Las generaciones más jóvenes no tienen ni siquiera la oportunidad de descubrir que el conocimiento religioso ¡no es únicamente cosa de hombres! No existe ninguna recopilación de las investigaciones realizadas por mujeres expertas en temas religiosos, y muchas autoras femeninas han sido silenciadas.

Pero, ¿no es cierto que muchas “feministas islámicas” mantienen posiciones conservadoras o islamistas?

Grami: Ello varía de país en país. Las islamistas en Egipto gozan de autoridad religiosa, mientras que las feministas son capaces de abrir nuevos caminos a la investigación. Si ambos “campos” pudieran unir sus fuerzas en un proyecto, nacería una sinergia muy poderosa.

De esta manera, podrían superarse muchos obstáculos. Esto es también cierto para las feministas marroquíes, que creen que deben, al menos selectivamente, trabajar con las islamistas. Esto no es posible en Túnez, porque aquí los movimientos islamistas están prohibidos, y por lo tanto no hay islamistas declarados. Tienen que trabajar de forma clandestina y tienen miedo de ser reconocidos.

Fuente: http://www.qantara.de/webcom/show_article.php/_c-307/_nr-40/i.html

Traducido por Webislam

viernes, enero 22, 2010

Feminismo islámico, Islamismo feminista

Fuente: AlterGlobalización
El título de esta entrada puede parecer, a simple vista, como un chocante juego de palabras. Y es que la propaganda dominante que formatea nuestra «matriz de opinión occidental” establece que estamos ante términos incompatibles o antagónicos. Una mujer valiente, libre e intelectualmente bien formada llamada Fatema Mernissi se encargó, ya hace algunos años, de comenzar a desmontar este mito que no es más que uno de los muchos mensajes ideológicos que el pensamiento único cocina para ser convenientemente ingerido por nuestros domesticados cerebros. Mernissi estudió profundamente el Corán (no en vano es una de las mayores expertas de su país en la materia) para llegar a la conclusión de que en el libro sagrado de los musulmanes no hay nada contra las mujeres ni contra la democracia, sino que más bien sucede al contrario: Las enseñanzas del Profeta deben ser interpretadas principalmente en clave de igualitarismo entre sexos y entre clases sociales si queremos respetar el sentido primigenio de las mismas.

Su libro «El harén político” fue prohibido en Marruecos.
»–Sí, les puso furiosos -dice Mernissi-, no obstante ha sido publicado en muchos otros lugares, como en Siria, y a mucha gente musulmana le parece muy sensato que diga que el Profeta es feminista. La escuela nacionalista a la que yo fui de pequeña, la primera que hubo para mujeres en mi país, fue abierta por las autoridades religiosas. En los años cuarenta y cincuenta estas autoridades promovían la liberación de las mujeres ya que pensaban que la única manera de luchar contra el colonialismo era sacar del analfabetismo a la mitad femenina de la población”. Tenían razón: Nada como la formación intelectual para estimular en los seres humanos el anhelo de la Independencia, el anhelo de la Libertad.

Lo que sucedió después es que el propio «establishment occidental” alimentó y financió las interpretaciones más sesgadas, retrógradas y machistas sobre el Corán, así como a los grupos fundamentalistas que las promovían. Esta apuesta les salió bien a corto plazo: En una primera fase el islamismo radical de extrema derecha (perfectamente liderado y financiado por la fascista casa real Saudí) detuvo la expansión del comunismo en el mundo musulmán. En una segunda etapa, la actual, ese mismo extremismo wahabista sirve de excusa perfecta para desencadenar la islamofobia euro-norteamericana y la fabricación del «enemigo necesario” capaz de justificar los planes imperialistas de invasión, control y saqueo de numerosos territorios musulmanes (Afganistán, Palestina, Iraq, Pakistán, Somalia, Yemen, Irán…). El extremismo islámico es un fenómeno derechista y está alimentado con dinero occidental, convenientemente canalizado a través de los ríos de petrodólares que entran directamente a los regímenes feudales capitalistas del Magreb y el Golfo Pérsico. El gran interrogante en el momento actual son los efectos de este «diseño inteligente” en el medio y largo plazo.


Para saber más sobre las estrechas relaciones entre el regimen totalitario saudí y las élites dirigentes estadounidenses, la instrumentalización de la guerra o de la «lucha contra el terror” desde una perspectiva empresarial e ideológica, está disponible on-line (con publicidad) el documental, ya clásisco, de Michael Moore Fahrenheit 9/11.

El feminismo islámico es un movimineto pujante, aunque silenciado en Euro-América, con voces como Dolors Bramon, Zainah Anwar, Asra Nomani o Nadia Yassine

martes, octubre 06, 2009

Derechos femeninos, De la teoría a la práctica...

El islam vino a elevar la posición de las mujeres en una sociedad patriarcal
Por: M. Laure Rodríguez Quiroga / Fuente: Rebelión
Es cierto, que la visión que se ha creado sobre el islam, tiene una evidente carga negativa en la que subyacen una serie de estereotipos y prejuicios que alimentan el imaginario colectivo y donde especialmente las mujeres musulmanas somos clasificadas bajo la etiqueta de sumisas y carentes de derechos.

Siendo objetivos, y teniendo en cuenta las fuentes de las que se nutren la mayor parte de la sociedad, es lógico pensar así.

En reiteradas ocasiones sale en escena la realidad de mujeres lapidadas en Afganistan, quemadas en Pakistan, mutiladas en Ghana y un larguísimo etcétera de prácticas culturales que dejan en entredicho el concepto de justicia proclamado por el islam.

Sin la necesidad de traspasar las fronteras, los medios de comunicación se hacen eco de noticias, también reales, de situaciones cometidas en el territorio español, tales como la retirada de niñas del sistema educativo o los escandalosos matrimonios forzados de menores con hombres adultos en el país de origen, algo que, sin duda alguna, no hace sino corroborar esa imagen preestablecida.


Pero ¿es realmente el islam el causante de estas atrocidades? La opresión a la que se hace referencia, son el resultado de la aplicación de prácticas culturales ajenas al islam.

En este sentido, quisiera destacar una idea clave para comprender la diferencia entre la teoría y la práctica, entre el islam como religión, ideología y forma de vida; y la puesta en práctica y aplicación de esas directrices emanadas de las Fuentes Sagradas. Por lo tanto, el islam no es lo mismo que las personas musulmanas, porque no todo lo que hace un individuo musulmán es islámico y/o coránico.

Es cierto que el Coran pretende eliminar cualquier noción de inferioridad entre seres humanos, independientemente del sexo, cultura, origen o religión. Cualesquiera que sean sus atributos humanos, todas las personas son iguales, y especialmente en el caso de las mujeres, el islam vino a reconocer unos derechos que, por desgracia, parecen haberse aparcado en el baúl de los recuerdos.

Insistentemente, cualquier persona musulmana que pretenda defenderse de los ataques exteriores que acusan al islam como justificante de la inferioridad femenina, evocará a los tiempos del Profeta Muhammed (PyB) para demostrar que el islam vino a reconocer derechos y libertades para las mujeres. Pero ¿cómo hacer ver esa equidad cuando en la actualidad y en la práctica se han perdido muchos de esos derechos?.

Mencionaré algunos ejemplos:

Bajo el prisma del islam, la educación y la búsqueda del conocimiento, es considerado como un deber religioso, tanto para mujeres como para hombres. Quisiera insistir en el concepto de DEBER religioso y no de un mero derecho reconocido. Una persona que ha estudiado, que ha buscado el conocimiento, es libre y capaz de tomar las decisiones por sí mismo, sin necesidad de intermediarios y por lo tanto, capaz de discernir lo correcto de lo incorrecto.

El propio Sheikh nigeriano Othman dan Fodio, escribió en su libro Nur Al-Albab lo siguiente: “¡Cómo pueden dejar a sus mujeres, hijas y sirvientas en la oscuridad de la ignorancia y el error, mientras enseñan a sus estudiantes día y noche!. No persiguen más que fines egoístas; enseñan a sus estudiantes solo para exhibirse y por orgullo. Esto es un error”.

Si por lo tanto, la educación y la búsqueda de conocimiento es considerado como un deber religioso ¿cómo se justifica el elevado grado de analfabetismo que se encuentran en muchos de las sociedades de religión musulmana y cuyos gobiernos se autodenominan islámicos?¿Cómo se puede privar a las mujeres de cumplir con una orden divina?.

Sin duda alguna, el ejemplo más evidente de mujer erudita lo encontramos en Aisha, que además de destacar en su gran sabiduría sobre el Din, proclamaba Fatuas. Numerosos hombres, recibían consejos y educación de ella. Mi pregunta es clara: ¿cuántas mujeres, hoy en día, tienen la posibilidad de realizar un Fatua?

Tampoco es fácil encontrar a mujeres que destaquen por impartir conferencias púbicas en temas amplios y diversos de carácter religioso, como lo hacía Shuhba Bint Abi Nasr Ahmad Al-Ibari en diversas Mezquitas de Bagdag. En las escasas ocasiones que se cuenta con la presencia de una mujer sabia, ésta suele ser requerida para hablar de “cuestiones femeninas”, como si una mujer fuera incapaz de hablar de otros temas, también relevantes para la sociedad.

Otro punto a destacar, es el reconocimiento al derecho del trabajo fuera del ámbito doméstico. En la teoría, los conocimientos y fuerza de trabajo de las mujeres están claramente reconocidos, porque ella, es tan capaz como el hombre de llevar a cabo cualquier tipo de tarea.

Khadija, la primera persona en abrazar en el islam, destacó por ser una importante comerciante de la época, contratando a hombres para que trabajasen en su actividad comercial. Por lo tanto, aquí tenemos el primer ejemplo claro de una mujer musulmana capaz de generar riqueza, dirigir su propio negocio y contratar servicios masculinos que reciban órdenes de ella.

Curiosamente, éste es el ejemplo al que más haya tenido que recurrir para mediar en situaciones de conflicto dentro de empresas, cuando trabajadores de origen arabomusulman se han negado a recibir órdenes de una mujer, aludiendo a que “islámicamente una mujer no puede ser jefa de un hombre”.

La riqueza histórica de la época de Medina, proclamada como la primera ciudad islámica, se caracterizó por contar con mujeres que ocupaban cargos diversos, como fue el caso de Samra’ Bint Nuhayk al-Asadiyya, que destacó como Muhtasib (Inspector de mercado) o Ass-Shifa Bint ‘Abdullah, nombrada Waliah (Primera Funcionaria de la Administración Pública).

De la misma manera, a pesar de que la representatividad política de mujeres musulmanas en la actualidad es más elevada que en países occidentales, éstas suelen ocupar cargos relacionados a la mujer, familia y sociedad, rompiendo de esta forma con el concepto de reconocer al género femenino como un ser capaz de dirigir un Estado.

El primer ejemplo que se constata de una mujer gobernante, se encuentra en el propio Corán. Bilqlis, más conocida como la Reina de Saba, destaca por su gran capacidad y astucia. De igual forma, otras mujeres siguieron su ejemplo, como ocurrió con Shajar Ad-Durr, que tomó el mando de Egipto a la muerte de su marido, dirigiendo la resistencia a Luis IX. No menos espectacular fue el trabajo desempeñado por Arwa Bint Ahmad, que dirigió Yemen y cambió la dedicación del país de las armas a la agricultura.

Son infinitos los ejemplos de mujeres que destacaron en los inicios del islam, tanto en el ámbito público como privado. Éstos deberían de servirnos como plantilla imprescindible para ser trasladada al tiempo y sociedad actual. Si las Fuentes Sagradas y los ejemplos de la época en vida del Profeta Muhammad (PyB) son claros en reconocer una serie de derechos y capacidades ¿cómo permitir que hoy en día se escapen de nuestra realidad?

¿Cómo pretender que no se nos señale, que no se nos etiquete y no se prejuzgue al islam cuando hay evidencias prácticas y visibles a nivel mundial que se han prostituido ante el sentido real y evidente de equidad de género?

Y es a partir de esta lógica, desde donde se debe empezar a trabajar duramente para erradicar cualquier forma de percibir a la mujer como ser inferior y por consiguiente, luchar por suprimir cualquier práctica que vulnere y destruya unos derechos reconocidos en clave de equidad.

Esta labor compete, en primera instancia, a las personas musulmanas, que deberíamos ser capaces de realizar un análisis autocrítico para detectar aquellas situaciones que corrompen y anulan esos derechos que hace quince siglos garantizaron la construcción de una sociedad democrática, justa e igualitaria.
* M. Laure Rodríguez Quiroga es Presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas de España y Directora de Torre de Babel.

Fuente: http://www.webislam.com/?idt=13925

jueves, mayo 07, 2009

Realizarán III Congreso Internacional de Feminismo Islámico

Fuente: CIMAC Noticias
El III Congreso Internacional de Feminismo Islámico se llevará a cabo en Barcelona, España, del 24 al 27 de octubre, organizado por la Junta Islámica Catalana, con la participación de aproximadamente 20 ponentes de Marruecos, Siria, Omán, Arabia Saudita, Inglaterra, India, Senegal, Malasia, Irán y Pakistán, entre otros.

El tema principal que se abordará es la problemática que enfrentan las mujeres islámicas en un mundo globalizado. Señala la página oficial del Congreso www.feminismeislamic.org/cast/, que "ellas se encuentran enfrentadas a una doble opresión: la económica, producto del neoliberalismo, y la política, debido al fundamentalismo religioso".


También se hablará sobre la campaña contra la lapidación en Irán, de lucha por la participación política de las mujeres en la península arábiga y las estrategias para que sean respetados los derechos de las mujeres musulmanas en Marruecos, Senegal, Pakistán o Malasia, entre otros.

Asistirán la ministra Siria para los Refugiados y candidata al Premio Nobel de la Paz, Bouthaina Shaaban, y la Baronesa Uddin, primera mujer musulmana en entrar en la Cámara de los Lores en Gran Bretaña.

El Congreso se llevará a cabo en el Hotel Alimara, bajo el auspicio de la Generalitat de Catalunya, la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (AECID) y el British Council.

martes, abril 14, 2009

Un repaso al feminismo musulmán en Sudán

Balghis Badri / Rebelión
* Capítulo extraído del libro "La emergencia del feminismo islámico", publicado en oozebap, 2008.

Intentaré dar respuesta a tres cuestiones principales: ¿Cuáles son los derechos de las musulmanas según los intelectuales musulmanes masculinos de Sudán? ¿Cuáles son las posiciones sobre el feminismo y el islam de los grupos de musulmanas sudanesas? ¿Cuál es el camino a seguir para el feminismo islámico?

Resulta muy significativo que desde la propagación de las teorías de la modernidad, surge una tensión en el interior de las sociedades musulmanas entre cómo se conceptualiza el islam y la contemporaneidad en los asuntos de lo absoluto y la interpretación, el derecho a cambiar y la capacidad de lograrlo, y el poder de definir la realidad. La tensión también está presente entre la aceptación del islam en su totalidad, como religión, fuente legal, conducta moral, ideología, sistema de valores, significados de gobernabilidad, etcétera, o, por otro lado, la restricción del islam como espacio religioso.

Es, en definitiva, una tensión entre las libertades de pensamiento, juicio y acción opuestas a la acumulación de autoridad sobre los otros donde unas cuantas personas se otorgan el poder de reprimir al resto en nombre de Dios. Los que aseguran que su comprensión de la sharia es válida para todo el mundo y que debe ser el criterio y el principio divino con el que medir todos los asuntos, desde los privados a los públicos, afirman que este camino es el único correcto. Por consiguiente, creen que no se deben tolerar las desviaciones o alternativas. Algunos estados consideran el islam como fuente de todos los códigos legales (personales, criminales, económicos, morales, de gobernabilidad...), es decir, lo que clasificaríamos y denominaríamos como estados islamistas. En el otro extremo, existen otros que aceptan el islam únicamente como un asunto personal. No lo codifican en leyes estatales y son lo que podríamos llamar países musulmanes seculares. Entre ambos lados existe un abanico de estados que toman del islam lo que consideran más apropiado para algunas de sus leyes. Otros aspectos de la religión los dejan como principios éticos sin codificar.

En lo que se refiere a los asuntos de la mujer, encontramos a los que consideran la sharia como válida únicamente para elaborar las leyes familiares. Otros estados también la utilizan para las leyes criminales y para asuntos relacionados con la representación y el espacio de la mujer (posición política, códigos morales y de vestido, sistema de valores, etcétera). Del mismo modo, existen diferentes puntos de vista sobre las identidades femeninas, y los estados difieren en cómo emplear el islam para justificar la posición gubernamental hacia la mujer.

Por otro lado, la diversidad también existe entre los grupos de musulmanas que defienden sus derechos. En general, podemos distinguir entre tres grupos: las islamistas, que defienden un islam conservador y basado en las interpretaciones de los primeros expertos (hombres), aunque también existen diferencias entre ellas. Otro grupo sería el del feminismo islámico, donde se intentan elaborar nuevas interpretaciones o buscar referencias en las nuevas interpretaciones realizadas por hombres para, a partir de éstas, crear una perspectiva feminista en el seno del islam. Una tercera vía son las mujeres que reivindican un feminismo sin referirse al islam ni tenerlo como referencia básica para la emancipación. Son las que llamamos feministas de cultura musulmana, en el sentido de que su religión es el islam pero intentan tratar el feminismo desde una perspectiva secular.

Los principales discursos de los expertos islamistas de Sudán

En Sudán existen diferentes interpretaciones islámicas sobre la cuestión de la mujer, que podríamos identificar en cuatro posiciones principales. Tres de los más destacados expertos sudaneses han escrito explícitamente sobre la mujer en el islam: Hassan El Truabi, Elsadig Elmahdi y Mahmod Mohamed Taha. A continuación repasaremos su pensamiento:

1) Hassan El Truabi es el líder del Frente Islámico Nacional y uno de los fundadores de los Hermanos Musulmanes en Sudán. En el año 2000 publicó un libro sobre la posición de la mujer en el islam. Apelando al principio del iytihad, argumentaba que la esencia del islam es la igualdad entre hombres y mujeres, y recalcaba que la mujer es igual en dignidad, derechos y deberes. Según él, la mujer puede ocupar puestos de responsabilidad, incluso llegar a ser jefe de Estado o juez. En el libro, Truabi utiliza referencias a otras interpretaciones elaboradas por diferentes escuelas y pensadores para sustentar el principio de igualdad de género. Así pues, sus opiniones progresistas no se basan únicamente en sus propias interpretaciones, sino que las fundamenta en diversas fuentes con el objetivo de proporcionar justicia para la mujer. Su principal motivación es la de dirigirse a Occidente para ofrecer una imagen más positiva del islam como religión capaz de integrar la modernidad al mismo tiempo que protege a la sociedad de los males de la modernidad Occidental. Para Truabi, las diferencias entre una sociedad moderna islámica o no islámica residen en los ideales con los que el islam protege a la población de los excesos innecesarios que derivan de la libertad desmesurada, el libertinaje sexual y otros comportamientos inmorales. Por consiguiente, es necesario que la mujer se vista de un modo decente para que no tiente al hombre y lo provoque sexualmente. Asimismo, los hombres no deben pensar en las mujeres como objetos sexuales y deben reprimirse.

En su opinión, la reivindicación de las mujeres por la igualdad de derechos en los códigos familiares, como por ejemplo la lucha por la abolición de la poligamia y el derecho unilateral del marido por el divorcio, o que las madres consigan los mismos derechos de custodia de sus hijos, suponen reivindicaciones y luchas inútiles. Obtener estos derechos no son indicadores fidedignos de la posición de la mujer en la sociedad. Los asuntos cruciales que indican la liberación o la equidad son la igualdad ante la ley y ante Dios, la libertad de movimiento, el derecho a ocupar un cargo público, tener unos ingresos y propiedades independientes y una legitimidad de género señalada como principio. En el libro abundan las citas coránicas y los hadices, así como fragmentos de teología que sustentan sus argumentos. Como dirigente político ansioso por aumentar su popularidad, Hassan El Truabi no sólo no puede permitirse ofender a las mujeres, sino que debe apoyar sus peticiones. Muchas sudanesas han reaccionado positivamente a sus propuestas y consideran que, efectivamente, su emancipación puede conseguirse a través del islam.

2) El segundo libro está escrito por Elsadig Elmahdi, líder de la organización Ansar y del partido político Umma. Publicado en 1986, abarca la condición general de la musulmana, el derecho a la igualdad, la dignidad y los deberes de la mujer. Elmahdi argumenta que los principios de equidad de la convención sobre la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer (o CEDAW, sus siglas en inglés), pueden aplicarse a la musulmana y que, por lo tanto, los estados deben ratificarla.

En el libro recalca que una comprensión progresista del islam puede combinar la religión y la modernidad sin entrar en contradicciones. Los asuntos de libertad personal, entre éstos la libertad sexual, los considera occidentales y no islámicos. De todos modos, las garantías de igualdad en asuntos constitucionales y legales relacionados con la ciudadanía, los derechos políticos y las leyes laborales pueden ser islámicos y modernos al mismo tiempo. El libro también analiza la poligamia, la igualdad en el divorcio y en la herencia, la equidad en el valor de los testigos, la disciplina de la esposa, el velo y la protección de la mujer frente a la violencia. Se centra en analizar la desigualdad y en explicar cómo ésta puede superarse a través de medios civiles que vayan más allá de la tradición, por ejemplo, en la distribución desigual de los bienes, o cómo incluir estipulaciones en los contratos de matrimonio para restringir la poligamia o el derecho unilateral del marido en el divorcio.

Elmahdi defiende que la musulmana ocupe cargos de responsabilidad en los tribunales o en el Parlamento. Asimismo, sitúa el testimonio de la mujer al mismo nivel que el del hombre. Para él, la opinión de que la mujer sólo tiene la mitad de capacidad mental que el hombre (que todavía mantienen algunos expertos) no es sostenible. Además, considera que la mutilación genital femenina no es una práctica musulmana y que debe ser prohibida legalmente. En conclusión, Elsadig Elmahdi se muestra optimista afirmando que la igualdad es posible, y se apoya en diferentes fuentes y en el principio islámico de la igualdad entre seres humanos para corroborarlo.

3) El tercer intelectual es Mahmod Mohamed Taha, que elaboró una visión radical relativa a la interpretación del Corán. Considera que el islam contiene dos mensajes principales, uno válido para todos los musulmanes de todas las épocas (los versos revelados en la Meca) y otro específico para la gente de Medina, donde el profeta era un líder político y el jefe de Estado. Estos últimos versículos del Corán le habrían sido revelados para guiarlo en su posición de gobernante. Por consiguiente, se pueden extrapolar estos versículos de Medina a otra época, pero cambiando las normas según el contexto, ya que la época del profeta es única y no puede repetirse. Según este argumento, todos los versículos relacionados con las relaciones de género y los asuntos que afectan a la mujer en particular son del periodo medinense. En consecuencia, no están totalmente cerrados y se pueden realizar nuevas interpretaciones y leyes.

Los asuntos de controversia, como lo puestos de responsabilidad, las leyes discriminatorias de la herencia, la poligamia, el velo, la segregación, la obediencia al hombre, quama, etcétera, pueden considerarse, de este modo, como algo únicamente válido para la gente de Medina. Los versículos revelados en la Meca se centran en la creencia en Dios, en la profecía, en el juicio después de la muerte, la recompensa y la relación entre los seres humanos y Dios. Todos estos versículos se afanan en volver a las personas en creyentes íntegros. Para Mahmod Mohamed Taha ésta es la esencia del islam. A finales de la década de los setenta, reunió estos argumentos en su libro El segundo mensaje. Otro de sus libros trata de los derechos de la mujer, donde la igualdad debe aplicarse en todos los ámbitos, incuso en el matrimonio. La segregación y el velo los considera principios no islámicos, y la simplicidad en la vida es la esencia para salvaguardarse de la maldad.

Sus opiniones fueron seguidas por un grupo al que llamó los Republicanos, lo que indica la influencia del pensamiento de la revolución francesa y de la filosofía griega. Sus seguidores, tanto hombres como mujeres, eran principalmente de la élite, ya fueran estudiantes o profesionales. El gobierno lo acusó de herejía y lo ejecutó en 1984. Sus seguidores fueron perseguidos y encarcelados.

Si bien el impacto de sus escritos fue mínimo, es útil para las feministas, ya que proporciona los medios más fáciles y abarcables para la emancipación de la mujer en el islam. Las feministas musulmanas más radicales pueden formular leyes seculares que mantengan la igualdad de género, al mismo tiempo que conservan el principio islámico de la igualdad entre hombres y mujeres.

Para finalizar este repaso, hablaré de la versión más conservadora del discurso islámico en Sudán: la del grupo Ansar El Sunna Elmahamadia. Está influenciado por los grupos de Arabia Saudí que promueven el wahabismo, una versión purificada e idealista del islam que reivindica ser la única verdadera, capaz de llevar a los musulmanes a una sociedad justa. No apuestan por la conversión violenta o por la lucha para conseguir esta nación ideal. Creen que el no politizar el islam por la fuerza es la única estrategia viable para convertir a cuantos más grupos mejor al camino verdadero. Su principal discurso está basado en la pureza y su suscripción total a los mensajes de Dios y del profeta, sin ninguna posibilidad para la interpretación a manos de los reformistas. Se apoyan en las palabras del gran experto Ahmed Ibn Hanbel, que creó el Hanbli Madahab, conocido como la opción más estricta y sin cabida para la interpretación o el razonamiento.

Con relación a las sudanesas, su discurso defiende el velo completo que cubra todo el cuerpo, incluida la cara, los brazos y las piernas. Permiten el derecho a la educación y al empleo pero con preferencias por determinados campos y condicionados por la vigilancia masculina y la falta de libertad de movimiento fuera de la ciudad. Prefiere la exclusión de la mujer, que éstas no accedan a los derechos reproductivos como la planificación familiar, y consideran que no deberían trabajar si sus maridos pueden mantenerlas.

Este ideal, sin embargo, no lo siguen las sudanesas que integran esta tendencia, pues insisten en el derecho a la educación y al trabajo, si bien sí se adhieren al velo completo. Se trata de un movimiento urbano que influencia y alcanza en su gran parte a hombres y mujeres educados, aunque no necesariamente los del nivel más alto. Su cantidad no es muy grande pero su influencia política avanza entre los dirigentes del gobierno. No obstante, la imagen femenina que crean es muy ajena a Sudán en términos del velo que utilizan, parecido al de las saudíes. Por otro lado, no condenan la mutilación genital femenina. Tras haber resumido los principales discursos, acto seguido paso a contextualizar los diversos grupos de mujeres en Sudán.

El feminismo en Sudán

a) La conceptualización del feminismo

La diversidad de experiencias de las sudanesas, y de la sociedad civil en general, debemos analizarla conceptualizando el significado del feminismo y la pluralidad de percepciones de quienes lo reivindican. Las feministas musulmanas también son diversas, y en este amplio y heterogéneo espectro feminista podemos trazar cuatro categorías principales de movimientos feministas en Sudán, utilizando el criterio del tipo de acción que realizan. Otro modo de calificar el feminismo es en su relación con el islam y el secularismo.

- Clasificación a partir de la tipología de las acciones:

1) Feministas académicas que intentan, internacionalmente, originar disciplinas que visualicen a la mujer. Para ello, desarrollan nuevos marcos teóricos, conceptos para analizar el fenómeno de las relaciones de género a nivel histórico y actual, etcétera. Efectivamente, es imprescindible producir nuevos conocimientos y replantear los ya disponibles. Sin embargo, el propósito debe tener un objetivo. Como yo lo entiendo, este objetivo debe ser el de divulgar el feminismo más allá de la academia para contribuir, aportando información y herramientas, a la defensa de la igualdad de género. Igualmente, se debe influenciar de forma directa a los responsables políticos para que emprendan medidas institucionales que ayuden a cambiar leyes, el sistema educativo, los medios de comunicación, los programas de desarrollo, las estructuras organizativas, etcétera. Todo ello para lograr una mayor equidad de género y un fortalecimiento de las capacidades de la mujer. Del mismo modo, también es necesario generar un cambio en una misma y en los colegas universitarios (profesores pero también estudiantes) para que entiendan el feminismo y trabajen para conseguir estos objetivos.

En Sudán, el feminismo académico es interdisciplinar y reúne a feministas de diversas perspectivas para comprender las teorías y conceptos feministas. A su vez, es transdisciplinar, ya que traspasa las fronteras de la universidad y se implica con los responsables políticos y con el activismo civil en asuntos de la igualdad de género. Esto último es crucial y es el enfoque para encaminar el feminismo hacia futuros diálogos sobre cómo convertir el feminismo en un elemento relevante, tanto en la teoría universitaria como en la práctica.

2) En la sociedad civil, las feministas no son un grupo homogéneo, del mismo modo que no se espera que lo sean en la universidad. En ocasiones, representan el dinamismo de una sociedad civil con todas sus contradicciones y conflictos. En otras, representan la solidaridad, el trabajo en red y la complementariedad. Esto último es destacable en las acciones enfocadas a ayudar a las mujeres pobres que han sufrido directamente los conflictos armados para que puedan conseguir los Objetivos del Milenio.

3) La tercera cara del feminismo es el de la toma de decisiones a nivel formal, ya sea por parte gubernamental, de las Naciones Unidas o de las agencias internacionales. Las feministas que ocupan estas posiciones en ministerios, comités, el Parlamento, en el sector privado, en la ONU y en organizaciones internacionales, también juegan un papel activo en el cambio de perspectivas, especialmente de origen institucional. Su activismo prima a las jovenes desfavorecidas, a la mujer en general, y el fortalecimiento de la mujer en el ámbito público.

4) Una última categoría sería la que menos atención recibe. Se trata de muchas mujeres, y algunos hombres, a nivel personal que evalúan críticamente la situación de la mujer en las familias y en las relaciones de poder y deciden cambiarlo de un modo radical en favor de la igualdad y la autonomía, o también manipulando situaciones y contextos para abrir las limitaciones que coartan la emancipación femenina.

La interrelación entre las cuatro categorías es imprescindible, aunque no siempre sucede ni todo el tiempo ni a todos los niveles. Así pues, al margen de algunos cambios positivos en las leyes y en las estructuras institucionales, principalmente gracias a la acción de estos grupos, su impacto no se siente ni en la ideología estatal ni en el conjunto de la sociedad, o en su imaginario, que es lo más importante. Permanecen otras fuerzas resistentes al feminismo, en diferentes intensidades, como las estructuras de mercado, los medios de comunicación y el clero de las diferentes religiones.

Esta clasificación del feminismo en Sudán probablemente no muestra toda la imagen del país, donde ya ha empezado la polarización entre los islamistas y los grupos seculares. Por consiguiente, el análisis del feminismo sudanés debemos realizarlo en el marco continuo entre islamistas y seculares.

- Clasificación de las activistas sudanesas basada en sus puntos de vista religiosos:

1). Las islamistas, que no forman un grupo homogéneo y que podemos subdividir así:

1.1. Las que no consideran que discutir asuntos de discriminación de género explícitos en la ley de la familia sea crucial. Enfatizan otros asuntos por la igualdad y el fortalecimiento, básicamente en el espacio público. Así pues, no consideran que lo personal es político ni que sea la causa de la subordinación de la mujer. Mayormente son progubernamentales y no se implican en ningún proyecto que contradiga el discurso islamista masculino dominante de los teólogos progubernamentales.

1.2. Las apologéticas, sobre lo que se entiende como desigualdades en el islam. Las aceptan y las consideran como mandato divino, incluso si como humanos no podemos entender su valor. La mayoría de ellas están casadas con islamistas conservadores y su combate es oponerse a cualquier cosa que perciban originaria de "Occidente", como el feminismo internacional. Se implican en debates para apoyar el ideal de un islam conservador.

2). Las feministas islámicas se dividen en dos grupos:

2.1. Las que creen que existe una oportunidad de reinterpretar el islam para superar todas las desigualdades. Utilizan las revisiones del Corán elaboradas por teólogas feministas o por teólogos masculinos, junto a estudios comparativos e interpretaciones realizadas en otros países musulmanes. Ellas mismas no se implican en la reinterpretación, y sólo unas pocas replican lo que otros grupos islámicos están reinterpretando. Este colectivo es, mayormente, contrario al Gobierno.

2.2. Otra categoría considera la posibilidad de lograr la igualdad de género mediante las teorías anteriormente expuestas de Mahmod Taha. Esto facilita que la mujer reivindique la total igualdad en el islam refiriéndose al primer mensaje revelado en la Meca. Los escasos versículos que algunas feministas califican como discriminatorios provienen de Medina, y en consecuencia, son contextualizados y pueden reelaborarse mediante nuevas leyes afines a sus contextos socioculturales y políticos. En este sentido, los musulmanes pueden formular leyes basadas en la igualdad promulgada en el primer mensaje revelado y omitir algunos detalles del segundo, ya que el contexto ha cambiado.

Tanto las islamistas como las feministas islámicas no forman grupos homogéneos, aunque comparten una misma premisa: no es necesario salir del islam para hablar de igualdad y justicia. Sin embargo, no suelen contribuir por sí mismas a los debates teológicos ni a las propias interpretaciones del Corán.

Debemos señalar que cuando las feministas musulmanas sudanesas que no son partidarias del gobierno empezaron con la cuestión de la reinterpretación del islam, Sudán se encontraba bajo un régimen islamista. Así pues, estas mujeres reaccionaron contra un gobierno que pretendía anular algunos de sus derechos con una constitución y un sistema legal forjados en nombre del islam. Asimismo, perseguían una mejor interpretación para lograr más derechos, influenciadas por unos objetivos internacionales sobre los derechos de la mujer y también por los discursos progresistas de algunos intelectuales masculinos, especialmente Turabi, Sadiq el Mahadi y Mahmoud Taha, de los que anteriormente ya hemos expuesto sus argumentos. Este contexto me lleva a pensar que es improbable que prevalezca en Sudán un proyecto islamista retrógrado con la mujer, ya que las sudanesas, en general, no son conservadoras y no desean que sus derechos públicos retrocedan. De igual modo, el contexto internacional tiende a apoyar los proyectos menos conservadores o incluso los seculares.

3) Las seculares:

Las feministas seculares, a su vez, tampoco forman un grupo homogéneo, pues incluyen a musulmanas y cristianas. Lo que las une es que su discurso no se basa en la religión ni la consideran fuente de legislación. Creen que su lucha puede fundamentarse en situaciones comunes. Su principal objetivo es la emancipación y liberación de la mujer en el contexto internacional, representado por las convenciones de la ONU, las recomendaciones de las conferencias internacionales y los planes de acción. Normalmente están vinculadas a las ONG, a la universidad, a partidos políticos o a otros actores no gubernamentales, aunque también encontramos algunas mujeres en el Gobierno. De modo general, las podemos dividir entre las establecidas en el norte del país y las que residen en el sur. El primer grupo incluye una mayoría de mujeres musulmanas, mientras que en el sur la mayoría son cristianas.

3.1. Feministas seculares en el norte del país:

El grupo trabaja para la conservación de los derechos políticos y laborales amenazados por el gobierno o por la presión de los islamistas conservadores. Igualmente, lideran, junto a algunos hombres, el debate para implementar una fuente no religiosa para elaborar la legislación. No debemos olvidar que la primera constitución nacional de 1956 no menciona las fuentes de la legislación y por lo tanto no especifica ninguna religión. La mayoría de estas mujeres trabajan en la defensa de los derechos de la mujer, la reforma legal, la educación de las niñas, las estrategias para la resolución de conflictos y luchan contra la violencia y la práctica de la mutilación genital. Este activismo lo realizan tanto a nivel de base como colaborando con la comunidad internacional.

3.2. Feministas seculares en el sur: El surgimiento de un contundente feminismo en el sur desde los años noventa, tanto en el seno del Movimiento para la Liberación del Pueblo Sudanés como en otros grupos sureños y nubas tiene, por lo general, unos objetivos distintos al no ser mayoritariamente musulmanes. No obstante, también apuestan por la emancipación de la tradición africana hacia la ley secular basada en principios internacionales de los derechos humanos y los planes de acción de las cumbres de mujeres. Su debate es menos complejo, aunque su lucha no es fácil, ya que deben superar el sistema patriarcal tradicional.

Algunas conclusiones sobre este apartado

El movimiento feminista en Sudán, el secular y el islámico, deben enfrentarse no sólo con los teólogos islamistas, tanto hombres como mujeres, sino también con burócratas, jueces, dirigentes políticos y con el patriarcado arraigado en la sociedad. Para el futuro, tanto los grupos del norte como los del sur deben unirse para resultar más eficaces. Se necesitan líderes visionarias y estrategias para la nueva etapa de la lucha que termine con el patriarcado y logre aplicar la igualdad de género en todo el país. Existen numerosos asuntos que, al margen de los debates religiosos, podemos establecer para ayudar a esta unión: alfabetización, reducción de la mortalidad en el parto, mejora de la pobreza, etcétera. Asimismo, poder debatir el patriarcado tanto en la esfera pública como en la privada resulta crucial para que las mujeres consigamos más espacio y la aplicación de las diversas propuestas.

En Sudán, el discurso islámico sobre si el feminismo es coherente o contradictorio con el islam no abunda. Unas pocas mujeres, que con dificultad podríamos calificar de especialistas en asuntos religiosos, han empezado a predicar los deberes de las musulmanas, y son escasas las que reivindican también los derechos. El debate académico sólo se da en círculos pequeños, normalmente realizado por legalistas que se refieren a los derechos de la mujer en el código familiar.

Las razones para esta falta de debate sobre el feminismo y el islam entre las sudanesas, las podemos encontrar en varios elementos. En primer lugar, los derechos políticos de igualdad de la mujer y su representación pública se otorgaron desde la independencia, y nunca fue un asunto islámico controvertido que necesitara debatirse. El legado de la mayoría de musulmanes de Sudán es el sufismo, considerado menos exigente en lo que se refiere a la segregación y la exclusión de la mujer. El sufismo enfatiza el componente emocional del amor natural entre los seres humanos y Dios y el profeta Muhámmad (saws) por encima del castigo y la manera de comportarse. De la misma forma, el reconocimiento del sufismo a las mujeres como santas religiosas a las que acudir para su bendición (un estatus muy elevado en el legado musulmán que no encontramos en la ortodoxia) se añade al hecho de cómo los musulmanes sudaneses conciben la posición de la mujer en el islam.

Los intelectuales islámicos modernistas de mediados del siglo XX, y también posteriormente, defendieron lo que podemos definir como una posición liberal de la mujer en el islam que se oponía a la interpretación más conservadora. De igual modo, los jueces sudaneses se esforzaron en buscar diversas interpretaciones de diferentes fuentes como base para la jurisprudencia. El precedente se considera como parte de la ley y, por consiguiente, lleva a establecer legislaciones sobre la familia que favorecen, en gran parte, los derechos de la mujer. Además, desde 1900 a 1983 las leyes nacionales, excepto la familiar, no estaban basadas en la sharia, sino en la legislación británica o en una combinación de ésta con leyes indias y egipcias.

Todo este legado influencia los derechos legales de las sudanesas, así como los debates sobre sus derechos en el islam. El contexto relativamente relajado del islamismo, junto a las percepciones de un fuerte movimiento secular liderado principalmente por no musulmanes durante las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, han logrado que las mujeres adquieran derechos como la igualdad ante la ley, la ocupación de cargos públicos y de posiciones políticas, acceso al mercado laboral y a la educación, etcétera.

No obstante, ha permanecido en un segundo plano el debate sobre los derechos en la familia, y únicamente unas cuantas voces han empezado a referirse a esta nueva interpretación -principalmente elaborada desde feministas musulmanas del extranjero, que una minoría de feministas sudanesas utilizan-. El ámbito de esta reciente discusión está relacionado con la restricción por parte del hombre al derecho del divorcio, la poligamia y otras leyes sobre la pensión y la custodia. Estas últimas no tienen origen en la teología islámica ni se mencionan en el Corán, sino que se basan en tradiciones y, por consiguiente, pueden cambiarse sin dificultad.

Para concluir esta sección, resulta evidente que los diferentes grupos de sudanesas musulmanas mantienen diversas premisas, y que los eruditos musulmanes no han logrado dar respuestas satisfactorias a todos los problemas con los que se enfrenta la sociedad, especialmente en el ámbito de la dominación, la discriminación y el subdesarrollo. El conflicto entre globalización, especificidad o relativismo cultural, la modernidad y el islam, o el feminismo y la igualdad de género en la religión, son asuntos que todavía deben debatirse con detenimiento en Sudán, así como en la mayoría de los países musulmanes y del Tercer Mundo, para reducir el conflicto y eliminar la confrontación. En la próxima sección intentaré seguir una premisa feminista que podría resolver algunos de estos conflictos.

Feminismo islámico y el camino a seguir

Me gustaría introducir una nueva versión de uno de los principios del feminismo islámico que puede resolver la tensión entre el islam y la modernidad, o entre el islam y el feminismo. Va mucho más allá del alcance de este escrito poder dar una respuesta a todos los otros aspectos mencionados anteriormente, donde el conflicto se considera dominante entre éstos y el islam.

El feminismo islámico podría basar su teoría social en tres componentes intrínsecos: el amor, el razonamiento y la complementariedad.

El amor, como teoría social basada en las necesidades fundamentales del ser humano, debe lograr el equilibrio personal. La capacidad de uno mismo para dar y recibir amor debe ser la premisa de su moralidad y aspiración. Valores como la libertad, la justicia y la igualdad son inherentes en el amor. Lo opuesto aleja al ser humano del amor y le sitúa en contradicción consigo mismo. Este mismo amor, que los seres humanos dan y reciben entre ellos, caracteriza su relación con Dios. Se ama a Dios, y la relación con lo divino es un amor concebido como algo natural. Es el vínculo del amor el que hace que las personas obedezcamos y respetemos las instrucciones de Dios en una relación desinteresada, donde pasamos del "si yo obedezco, tú me recompensas", al "te amo, te obedezco".

El segundo componente de una teoría social es el del razonamiento. La comprensión del universo, que regula la relación humana y la vincula a Dios, es una cuestión guiada por la razón, es decir, que puede llegarse a comprender mediante el uso del razonamiento. El razonamiento es lo que puede ser comprendido como lógico, coherente, y que nos aporta el amor y la bondad a los que aspiramos y por los que hemos sido creados. Este razonamiento nos hace comprender las palabras de Dios como coherentes y lógicas. En consecuencia, los versículos coránicos que son interpretados fuera del contexto del buen razonamiento, o que no llevan al amor y a los principios que lo fundamentan -como la igualdad, la justicia, la libertad, etcétera-, deben reconsiderarse hasta que no contradigan nuestra primera comprensión.

Las musulmanas pueden obtener una mejora completa empleando el islam como fuente de inspiración, únicamente si se convierten en teólogas y productoras de un nuevo conocimiento sobre cómo entendemos el islam. Esto es crucial para superar la ideología patriarcal de los que interpretan el Corán. Mi justificación de esta interpretación sobre la cuestión de la mujer en el islam está relacionada con el asunto de la esclavitud y el islam. Aunque en el Corán se haga referencia con frecuencia a la esclavitud, los musulmanes (a nivel de Estado e individualmente) la abolieron no hace demasiado. La justificación para que esto ocurriera la encontraron en el principio del islam sobre la igualdad. Motivaron la abolición en el contexto moderno y su legitimación se convirtió ya en intolerante. El empleo de la razón y del amor nos lleva al rechazo de la esclavitud. Si utilizamos los mismos principios y razonamientos, entonces podemos contextualizar ciertos versículos y crear leyes que estén en boga con nuestra época y que no contradiga la base del islam sobre la igualdad del ser humano frente a Dios. Es la teología patriarcal la que no está dispuesta a hacerlo, así que el trabajo recae en una nueva teología feminista que logre la emancipación de la mujer a través de una reinterpretación del islam.

Del mismo modo, la desigualdad en las herencias o la obediencia al marido pueden considerarse como irrelevantes en la actualidad, como lo es la esclavitud. Si utilizamos el razonamiento y el amor, no lo aceptaremos. El defender la contextualización de estos versículos no nos hace menos musulmanes, todo lo contrario.

El tercer componente de estas premisas feministas islámicas es el de la complementariedad como base de las relaciones humanas, imprescindible para el logro de la justicia y el amor. Los que más poseen deben compartirlo con los desfavorecidos, y quienes tienen más capacidad deben completar al resto como principio religioso sin arrogancia ni dominación. Siguiendo estos principios islámicos del amor, la razón y la complementariedad, podemos defender coherentemente las relaciones humanas basadas en el amor e intolerantes con la injusticia, la opresión, la explotación y la violencia. Asimismo, el razonamiento nos indica que los principios de igualdad y justicia defendidos en el islam no pueden sustituirse por aspectos específicos que defienden todo lo contrario.

De igual modo, la complementariedad justifica el surgimiento de la interdependencia financiera, material, intelectual, espiritual y emocional entre los seres humanos. Las relaciones entre las naciones deben entenderse también de esta forma. Si estos principios están relacionados con los derechos humanos actuales, también encajan con el feminismo liberal y el marxismo. Los asuntos tratados por el feminismo radical, como por ejemplo la libertad de elección sexual, debemos contemplarlos también en estos tres principios. Algunos de las prácticas abordadas por las feministas, como la violencia contra la mujer, el matrimonio o las relaciones sexuales forzadas, la prostitución o la pornografía, están todas ellas condenadas en el islam ya que quedan al margen de la razón, del amor y de la complementariedad.

Mientras que algunas feministas consideran otros asuntos sobre la sexualidad como parte de los principios feministas -las relaciones extramatrimoniales, por ejemplo-, no se aceptan en el islam, porque son contrarias a estos tres principios. La infidelidad es contraria a la estabilidad matrimonial y perjudica el amor de la pareja.

Así pues, este puede resultar un aspecto del islam que contradice a los que defienden los derechos individuales por encima de ambos esposos. Es cierto que el discurso feminista no reivindica las relaciones extramatrimoniales en sí, sino que defiende la evaluación igualitaria de la conducta y los principios morales sin hipocresía. En este sentido, el islam se muestra igual de condenatorio con la doble moral, aunque difiere al no tolerar o aceptar según que acciones. Como musulmana feminista, éste es el único aspecto que considero que contradice al islam y que, por lo tanto, no puedo tolerar.

En conclusión, el feminismo, la modernidad y el islam no son contradictorios. La libertad individual vinculada a los derechos sexuales no debe considerarse como la única condición para ser musulmana, moderna o feminista. Es decir, no por estar en contra de la libertad sexual extramatrimonial una es menos moderna, feminista o defensora de los derechos humanos.

Asimismo, si te opones a la imposición del velo que cubra la cabeza, o a un vestido largo hasta los pies y las manos, no por eso dejarás de ser menos musulmana. Esta libertad personal tiene los límites en no generar problemas a la sociedad en su conjunto. Si existe algún castigo por practicarla, sólo Dios lo sabe. Las musulmanas podemos ser modernas y feministas sin entrar en contradicciones, del mismo modo que las feministas pueden ser buenas musulmanas siendo coherentes.

Una interpretación del islam donde prevalece la comprensión igualitaria y holística basada en el amor, la razón y la complementariedad, da como resultado una defensa de la dignidad, los derechos, las oportunidades, la posición social y el reconocimiento de la mujer. Es el deber de las mujeres liderar esta relectura del islam y codificar teológicamente sus principios.


Más información en http://www.oozebap.org/arroz/feminismo_islamico.htm