Mostrando entradas con la etiqueta misoginia y patriarcado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misoginia y patriarcado. Mostrar todas las entradas

miércoles, noviembre 03, 2010

Ataques misóginos a la presidenta argentina, tras la muerte de Kirchner

Norma Loto
AmecoPress/SEMlac.- A pocas horas del deceso inesperado de Néstor Kirchner, las expresiones de consternación colmaron a la sociedad mientras que las voces de misoginia hacia la presidenta Cristina Fernández no se hicieron esperar.

¿Podrá ella presidir un país sin las órdenes de Néstor, su marido? Fue la incógnita instalada en un sector de la sociedad y reforzada por muchos medios de comunicación.

El diario La Nación, a horas de conocerse la muerte del ex gobernante, decía desde una columna de opinión: "Sin Kirchner, Cristina puede asumir el poder". En el artículo se manifestaba que "hasta el último momento él se encargó de hacer evidente que era quien ejercía realmente el poder y no su esposa, la presidenta Cristina Kirchner. Ella nunca lo rechazó, nunca buscó generar un espacio propio de poder ni en lo simbólico".

"Ella -sigue el texto de La Nación- ocupa ahora el centro de la escena y tiene la oportunidad de ejercer el poder por sí misma, un año antes de las elecciones y a 13 meses de que termine su mandato".

Mientras que Clarín señalaba: "Lo que fue hasta hace pocos días un poder bicéfalo dejará de serlo. Y Cristina tendrá la obligación y la necesidad de asumir dos papeles simultáneos, que no vino cumpliendo en estos años. Sí cumplió la de gestora y ejecutora administrativa del Gobierno, pero no cumplía -porque esa función la cumplía Néstor Kirchner- la de ingeniera de ese poder imprescindible que debe apuntalar las decisiones de un gobierno. La pregunta que se instala, inevitablemente, es si Cristina estará en condiciones de hacer todo lo que su marido hacía".

Estas muestras de menosprecio y discriminación a la presidenta Cristina Fernández quizás encierren un ánimo desestabilizador, orquestado por sectores no afectos a este gobierno y que intentan desmerecer, en líneas generales, la gestión presidencial y, en el plano particular, a la mujer presidenta. O quizás, sea a la inversa.

Estos ánimos interesados intentan desconocer que Fernández llegó al poder por el voto popular, que experiencia política no le falta, que se trata de una persona con la ventaja de conocer los movimientos del poder por haber estado siempre en las esferas del poder. Cristina Fernández es la presidenta, es un hecho indiscutible, y lo será hasta 2011.

Cristina no fue la marioneta de su marido Néstor Kirchner, sino que la pareja conformó un tandem que se propuso levantar un país en crisis política, económica e institucional, como había quedado Argentina después del cimbronazo del 2001, y que con aciertos y desaciertos llevaron adelante la tarea. Y la presidenta seguirá trabajando en este sentido.

Sucede que, como dicen algunas feministas, cuando una mujer llega al poder no tiene la completa investidura, y a cada instante deberá legitimarse en el cargo, sea con sus palabras, acciones o vestimenta. Si es dócil, deberá ser transgresora, y cuando es osada, tendrá que neutralizarse con algo de obediencia. La mujer en el poder a muchos les despierta escozor, pues se supone que este es un campo exclusivo del varón.

Los medios y la sociedad se preguntan qué pasará con Cristina sin Néstor, pero también sería certero preguntarse qué hubiese pasado con Néstor sin Cristina. Acaso, alguien se animará a negar que cuando Néstor Kirchner llegó a la Presidencia, en 2003, su imagen se veía opacada por la fortaleza omnipresente de Cristina Fernández, su mujer.

Sin la completa investidura se convierte en misoginia en los medios que antes de la muerte de Néstor Kirchner mostraban a una presidenta de demasiado carácter y hoy intentan trasladar a la sociedad la imagen de una marioneta de su marido.

Sin la completa investidura, así gobiernan las mujeres: siempre deberán rendir, mostrar, explicar más de lo establecido (para el varón), sin la completa investidura, que termina en la condenable misoginia.

jueves, octubre 28, 2010

Misoginia y poder...

Por Mariana Carbajal / Página 12
La cultura patriarcal y la misoginia no respetan duelo ni dolor ajeno. Se filtran por los poros sin disimulo. Peor aún, sin pudor ni freno. Ayer, varios editorialistas políticos hicieron gala de esa marca en sus columnas al empezar a introducir la idea de que la gobernabilidad está en riesgo, porque la presidenta Cristina Fernández no podrá conducir el país por su condición de mujer dependiente de las decisiones de su esposo, Néstor, ahora muerto.

Desde que llegó a la presidencia, Cristina Fernández fue blanco de críticas por su condición de mujer. Distintas voces y plumas buscaron descalificarla poniendo el foco en sus gustos por la buena pilcha y en su cuidado por la estética facial y corporal, aunque fueran rasgos que la caracterizan desde su juventud. La tildaron de grito na y mandona, dos adjetivos que refuerzan los estereotipos femeninos. Su incuestionable inteligencia y su brillante oratoria siempre quedaron, para algunos editorialistas, en segundo o tercer plano. O directamente invisibilizados.

“No se hizo esperar la misoginia rapaz, empezó a manifestarse como quien se relame frente al dolor ajeno. Rosendo Fraga ya pretende cambiar la agenda del gobierno de Cristina Fernández, desconociendo la capacidad política de la máxima autoridad de Argentina”, escribió ayer por la tarde, en su portal Urbanas en Red, la periodista pampeana Mónica Molina. Se refería a la columna del analista político, publicada poco después del mediodía en el diario La Nación, donde trató la figura de CFK como la de una esposa sumisa, sin poder de decisión, haciendo gala de machismo explícito.

En el mismo diario, Carlos Pagni la trató casi de incapaz, de dependiente emocional y títere político de su marido. “Ella fue hasta ahora un inusual primer ministro, capaz de dotar de discurso, imágenes y hasta de algún control de calidad a una construcción política y económica que siempre estuvo en manos de su marido. La pregunta que está abierta es de dónde extraerá ella ahora ese insumo esencial que le era entregado llave en mano”, fue la pintura que hizo Pagni.

En un portal de noticias mendocino el editorial político, sin firma, replicó la misma idea: “Se ha muerto el hombre fuerte del Gobierno. El que le decía a Cristina y los ministros qué hacer... Cristina es la presidenta desde hace tres años aunque no ejercita todo poder por sí misma”.

Varios comentarios escuchados a lo largo de la jornada de ayer retomaron el concepto: “¿Podrá Cristina realmente gobernar?”, “¿sabrá manejarse sin él, teniendo en cuenta al PJ y a la oposición?”, “¿qué puede pasar en el país?”,”esta situación me recuerda a Isabelita Perón...”.

La descalificación, sin dudas, apunta a obturar su posible reelección, a acicatearle el poder, a reflotar el criterio misógino de que ganó las elecciones por ser esposa “de” y que apenas era una figura decorativa con buena labia.

“La misoginia fue el primero y más antiguo de todos los racismos”, escribió el jurista internacional Ney Bensadón. Ayer, quedó en primer plano. Se podrá compartir, acompañar o rechazar la gestión de CFK. Pero no se puede permitir que se golpee la investidura presidencial por machismo y misoginia.

miércoles, febrero 24, 2010

Lo que esconde la Burka...

Por: Delia Añón Suárez
PortalBA-. A mi modesto entender, sólo esconde rostros de mujeres…todas diferentes. Algunas, supongo, la llevarán con gusto, otras no tanto.

La Unión Europea –con Francia a la cabeza- insiste en debatir si debe o no admitirse su uso por parte de las mujeres islámicas que viven allí. Las líneas argumentativas se cruzan de derecha a izquierda causando enorme asombro por parte de los periodistas que abordan la cuestión. Son incapaces de ver que el respeto reverencial por el patriarcado es el elemento de unión más fuerte que existe entre las diferentes ideologías.

El indudable tufillo xenófobo que el debate adquiere, y la eterna visión occidental y cristiana que considera que el único modo de vida posible son sus “repúblicas libres”, y que los únicos íconos respetables son los que ella impone quedan burdamente expuestos cuando los funcionarios encargados de llevar la medida adelante declaran a viva voz que el hecho de usar burka debe constituir un impedimento para la obtención de ciudadanía de aquellas mujeres que la tramitan, ya que su uso representa– según estos verdaderos fundamentalistas -un claro repudio a los ideales republicanos que los países miembro de la Unión Europea creen tener el honor de cristalizar mejor que cualquier otro país del mundo.

Pero no quiero detenerme en el tema de la jerarquización de pautas culturales, sino en el tema mujeres. En cómo quedamos las mujeres paradas en este debate. En el efecto propagandístico que tiene para con nosotras las occidentales.


En el rastreo nada pretencioso de tener valor estadístico que realicé acerca de las tomas de posición respecto al tema, me encontré con un predominio de voces de varones analizando la cuestión. Pero lo peor del caso, es que las pocas voces de mujeres también sonaban masculinas en esto de atribuirse “la postura” correcta y la representatividad de todas las mujeres que da lugar a que en nuestros tiempos se hable de “la mujer” como extracto concentrado único, con una esencia compartida por todas nosotras que hace posible que se nos aluda en singular. En este caso, “la mujer” de la que se habla es “la islámica”, también como si existiera una sola manera posible de ser mujer que practica ese culto.

El efecto disciplinador que tiene este debate para las mujeres occidentales no puede dejarse de lado: aparecen por Europa feministas que se oponen fervientemente a que se oculte el rostro de sus congéneres, esgrimiendo su postura con una especie de superioridad. Como si sobre nuestros cuerpos y nuestras caras no se impusieran mandatos tan terribles para nuestras subjetividades como los que se les imponen “a las otras”, las que “no son nosotras”.

Es de algún modo querer convencernos de que –después de todo- a nosotras no nos va tan mal…. Jamás nos encontramos con estadísticas acerca de cantidad de mujeres violadas en los países islámicos, ni con cifras que nos muestren la cantidad de femicidios anuales de cada uno de ellos. Si se nos envían cadenas por mail y alguna vez vemos por televisión o publicado en algún medio gráfico que alguna mujer islámica está por ser “apedreada por adúltera” como si ello constituyera en esos países una práctica habitual por un lado. Como si en nuestros países las mujeres sospechadas de adulterio no fueran ejecutadas también por sus parejas bajo el manto de una cultura que lo tolera por otro.

En toda esta discusión, ¿dónde se menciona que las mujeres somos seres pensantes, capaces de tener opinión propia y decidir sobre nuestros cuerpos y el modo de vestirlos?.

Dónde queda –para estos países adalides de la democracia – el respeto por la voluntad y libre elección de todo aquello que constituye “lo otro”, “lo diferente”.

Indudablemente, el modo en que han asumido a través de los siglos su “misión” en el mundo indica que son los encargados de liberarlo de cualquier clase de tutela que no sea la tutela ejercida por ellos mismos: un claro intento por lograr que las mujeres pasen de cumplir los mandatos del Islam a cumplir con los de occidente.

Dejando siempre muy en claro, eso sí, que las mujeres somos incapaces de ejercer nuestra voluntad. O de hacer escuchar nuestras voces.

Constituimos algo así como la infancia de la humanidad. No por nada ante una catástrofe gritan “las mujeres y los niños primero”: somos el objeto incapaz de cuidarse por sí solo o de tomar decisiones.

En lo personal, ya no me cuiden más…

Prof. Delia Añón Suárez-.

martes, febrero 23, 2010

Sociedad patriarcal y toque de queda para las mujeres...

Por: María del Mar Vázquez Rodríguez / Para Género con Clase
A lo largo de nuestras vidas, tod@s hemos escuchado diversas versiones de una reacción frecuente en nuestra sociedad, ante la noticia de alguna mujer que haya sufrido algún tipo de agresión en un lugar público. Por ejemplo: "¿En qué estaba pensando esa mujer al presentarse sola a ese lugar?" o "Una mujer nunca debe andar sola en la noche", son respuestas con las que tod@s estamos familiarizad@s en esta cultura. El primer ejemplo, es una pregunta cuya carga acusatoria establece un juicio negativo acerca del criterio de la mujer. La segunda, es una afirmación que legitima la violencia de género ya que descarga toda la responsabilidad del evento en el acto de "caminar sola de noche". Lo que se dice entre líneas es que la culpa es de la mujer por negarse a percibirse como víctima y desafiar la norma. Las expresiones comunes tienden a censurar a la perjudicada más que reflexionar sobre el acto de violencia cometido contra ésta. Son frases con un lenguaje represivo hacia las mujeres y con tendencia a eximir a quien comete la agresión.

La connotación en dicho discurso es que la mujer es quien carga con el peso de la culpa ante cualquier acto que se cometa en detrimento de su integridad y que el ataque es la consecuencia de su "falta de juicio". En raras ocasiones se menciona que la fuente real del problema es un aprendizaje de roles que fomenta la misoginia y la violencia como acercamiento social, creando un falso sentido de derecho al dominio por parte de los hombres hacia las mujeres.


De éste modo, hay lugares y circunstancias que se etiquetan bajo el concepto de "terrenos que les están vedados a las mujeres", so pena de ser violentadas tanto física como moralmente si éstas deciden no atenerse a esta pauta. Dicho atropello, no sólo se acepta por la cultura patriarcal, sino que se perpetúa la restricción a las mujeres a través de una actitud punitiva y condenatoria hacia éstas. El patriarcado cuestiona la reputación de las mujeres si éstas deciden saltarse las normas de los lugares, actividades u horarios que han sido diseñados para definir su lugar social. Si oponemos resistencia, la sentencia es "atenernos a las consecuencias" por retar el esquema de opciones que la sociedad determina bajo el estigma del género. Dichas consecuencias se pueden traducir en una amplia gama de vejaciones, que van desde el hostigamiento verbal hasta la agresión física, que con frecuencia desemboca en feminicidio. Estos alarmantes resultados encuentran sus raíces en la tradicional división sexista que adjudica a los hombres el dominio del plano público y confina a las mujeres al ámbito privado y doméstico.

La sociedad patriarcal, refuerza éstos conceptos desde muy temprano en la experiencia humana. A través de la crianza y las actitudes, se fomenta que la interacción entre niños y niñas se desarrolle desde el patrón de la inequidad. A los niños se les inculca la búsqueda del dominio, mientras que a las niñas se las sigue enseñando a percibirse y ser percibidas como subordinadas a los intereses de éstos. Partiendo de esa premisa paternalista, se pretende ejercer absoluto control sobre nuestras incursiones sociales. Así, las niñas van interiorizando desde muy temprano, un sentido de indefensión, fragilidad e inferioridad física. A su vez, en el varón se estimula un carácter de autosuficiencia, fortaleza y se va acuñando en su imaginario la noción de "superioridad" sobre la mujer. El patriarcado se desarrolla en torno a una dicotomía que pretende convencer a hombres y mujeres de que son opuestos por "naturaleza" y que por lo tanto, cada uno tiene un lugar establecido. Las construcciones sociales y subjetivas, se nos imponen como "realidad".

La globalizada cultura androcéntrica respalda el énfasis en el liderazgo hacia los hombres, desde un enfoque que los apremia a ser conquistadores de las esferas de poder. Esto les da un sentido de pertenencia que los hace conceptuarse a sí mismos como "dueños" del espacio público. El hombre machista, siente que la mujer asertiva está "invadiendo" un espacio que, según el esquema mental de éste, no le corresponde a ella. Por ello, se siente con "derecho" a dominarla y a no reconocerle la libertad de decidir su propio destino. Esto no necesariamente se limita a las mujeres con las que sostiene alguna relación cercana, sino que se puede extender a toda aquella que difiera de su concepto de lo que es "aceptable" para una mujer. De este modo, el hombre agresivo se siente justificado en acecharla, por "atreverse" a caminar sola, a ser independiente y a desafiar lo que está "destinado" a ella.

Cuando se afirma que andar sola es "peligroso para las mujeres", se refuerza como una realidad estática e inevitable. De alguna manera se está implicando con esa aseveración, que las mujeres están siendo muy "presuntuosas" al decidir por sí mismas. La "advertencia" de peligro basada únicamente en el criterio de género, es un intento por devolver a las mujeres a la prisión de la tradición, al discurso del miedo, al fantasma de la dependencia. Es un intento de detener nuestro inevitable progreso, disfrazando de "preocupación por nuestra seguridad", lo que en realidad es un sabotaje social. Es una manera de limitar a quienes se resisten a que el patriarcado las penalize y las confine a un horario y a unas fronteras, sólo por haber nacido mujeres.

Bajo la "sugerencia" de tener cuidado "porque somos mujeres", se esconde la semilla de la doble-victimización. Lo que realmente se insinúa es que la mujer es el agente provocador del conflicto y que el agresor sólo "reacciona" y no es responsable de sus actos. Con ello sigue recayendo la carga del control y la responsabilidad del orden, sobre los hombros de las mujeres, en lugar de convertirse en compromiso de tod@s el hacer de nuestras calles un lugar seguro para la comunidad en general. En tanto continuemos, como individuos y como colectivo, cimentando un aparato social que fomente y perpetúe estas actitudes, continuaremos también apoyando la violencia contra nosotr@s mism@s, contra los seres que amamos y contra futuras generaciones.

Desigualdad de Género: La MISOGINIA como problema de Salud Pública...

Por: Ana Schwarz/ Violetas Anahuac
Primera parte
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998. En este ensayo, que se puede aplicar a cualquier rincón del planeta, detecta problemas específicos derivados del trato desigual que padecen las mujeres en el Subcontinente Indio.

I.Hace más de un siglo, en 1870, la reina Victoria se quejaba en una carta a Sir Theodore Martin de "esa enloquecida y perversa tontería que llaman 'derechos de la mujer'". No cabe duda de que la imponente emperatriz de la India no necesitaba para sí la protección que hubiera podido ofrecerle el reconocimiento de esos derechos.A los ochenta años, en 1899, podía escribir a Arthur James Balfour: "No estamos interesadas en la posibilidad de la derrota: no existe." La manera como se desarrollan las vidas de la mayor parte de la gente, frecuentemente mermadas o destruidas por la adversidad, no es precisamente ésta.

Y dentro de cada comunidad, cada nacionalidad y cada clase social, el peso más arduo casi siempre recae, de una manera desproporcionada, sobre las mujeres.El mundo en que vivimos, agobiado por el sufrimiento, se caracteriza por una distribución profundamente desigual del peso de las adversidades entre los hombres y las mujeres. La inequidad de género existe en casi todos los rincones del planeta, del Japón a Marruecos, de Estados Unidos a Uzbekistán. Sin embargo, esta desigualdad entre los hombres y las mujeres no es la misma en todas partes; puede adoptar formas muy diversas.

La falta de equidad de género no es un fenómeno homogéneo, sino un conjunto de problemas distintos e interrelacionados. Voy a concentrarme aquí sólo en algunas de sus formas.

Desigualdad en la mortalidad.
En algunas regiones del mundo la desigualdad entre mujeres y hombres tiene que ver directamente con asuntos de vida o muerte, y se manifiesta de manera brutal en un índice desproporcionadamente alto de mortalidad para las mujeres, con el consecuente predominio de los varones en la población total.
La preponderancia numérica de las mujeres es, por el contrario, común en las sociedades en donde los prejuicios de género casi no interfieren en la nutrición ni en el acceso a los servicios de salud. Lo desigual de la mortalidad se ha observado y documentado ampliamente en el norte de África y en Asia, incluidas China y las naciones del sur de Asia.


Desigualdad en la natalidad. Dada la preferencia que se tiene por los niños varones en las sociedades dominadas por los hombres, la inequidad de género puede manifestarse en la inclinación de los padres a tener un hijo en lugar de una hija. Hubo un tiempo en que esta inclinación no pasaba de ser un deseo —un sueño o una pesadilla, dependiendo del ángulo desde el que se mirara. Pero con el acceso a las técnicas modernas para determinar el género de un feto, el aborto sexoselectivo se ha vuelto común en muchos países. Es una práctica generalizada en el Asia oriental, sobre todo, y en China y Corea del Sur en particular; pero también se advierte en Singapur y Taiwán, y comienza a surgir como un fenómeno estadísticamente significativo en la India y en otras partes del sur de Asia. Se trata de un sexismo de alta tecnología.

Desigualdad de oportunidades básicas. Los prejuicios antifemeninos bien pueden no manifestarse o manifestarse muy poco en las características demográficas, pero aún quedan muchas maneras de dejar a las mujeres en desventaja.Afganistán es quizás el único país en el mundo cuyo gobierno decidió impedir activamente el acceso de las niñas a la escuela (el régimen talibán combinaba ésta con otras formas masivas de desigualdad de género), pero hay muchos países en Asia y África, e incluso en Latinoamérica, donde las niñas tienen una oportunidad mucho menor de asistir a la escuela que la que tienen los niños.

Otras deficiencias relacionadas con las oportunidades básicas que se ofrecen a las mujeres van desde la falta de estímulos para desarrollar talentos personales, hasta la participación no equitativa en las funciones sociales de la comunidad.

Desigualdad de oportunidades especiales. Aun donde hay relativamente poca diferencia entre los hombres y las mujeres en cuanto a oportunidades básicas —incluida la escuela—, las oportunidades para la educación superior pueden llegar a ser mucho menores para ellas que para ellos. De hecho, el prejuicio de género en la educación superior y en el acceso a una preparación profesional es también perceptible en los países más ricos del mundo, en Norteamérica y en Europa.

A veces este tipo de asimetría se ha fundamentado en la idea aparentemente inocua de que los "terrenos" de las mujeres y de los hombres son simplemente distintos. Esta tesis se ha defendido de diferentes maneras a través de los siglos, y siempre ha gozado de un fuerte apoyo, tanto implícito como explícito.

Desigualdad profesional. Tanto en el acceso al empleo, como en la posibilidad de ascender a puestos mejores, las mujeres enfrentan con frecuencia obstáculos mayores que los hombres. Un país como el Japón puede ser bastante igualitario en cuestiones de demografía o de oportunidades básicas, e incluso, sustancialmente, en educación superior, y sin embargo el ascenso a puestos elevados parece ser mucho más problemático para las mujeres que para los hombres.

Desigualdad en las posesiones. En muchas sociedades, la distribución de la propiedad puede ser también muy desigual. Aun las propiedades básicas, como las casas y la tierra, suelen estar repartidas de una manera muy asimétrica. La falta de reclamaciones sobre la propiedad puede debilitar la voz de las mujeres, pero también puede hacerles más difícil la participación y el desarrollo en actividades comerciales, económicas e incluso sociales.

Desigualdad en el hogar.
Las desigualdades fundamentales son frecuentes en las relaciones de género dentro de la familia y en el hogar, y pueden adoptar muy distintas formas. Es bastante común en muchas sociedades que se dé por sentado que los hombres naturalmente trabajarán fuera de casa, mientras que las mujeres sólo podrán hacerlo si tienen la posibilidad, y sólo en tal caso, de combinar ese trabajo con las diversas obligaciones domésticas, ineludibles y desigualmente repartidas. A esto se le llama en ocasiones "división del trabajo", al tiempo que se adopta una actitud indulgente con las mujeres que lo perciben como una "sobrecarga de trabajo". El alcance de esta falta de equidad incluye no sólo relaciones desiguales dentro de la familia, sino desigualdades derivadas de ellas y que tienen que ver con el trabajo y el reconocimiento en el mundo exterior.

Por otro lado, la establecida persistencia de este tipo de "división" del trabajo, o sobrecarga, puede tener también efectos de largo alcance en la manera de entender y valorar los distintos tipos de trabajo en los círculos profesionales. En los años setenta, cuando empezaba yo a investigar sobre la desigualdad entre los géneros, recuerdo la fuerte impresión que me causó el hecho de que el Manual de requerimientos nutricionales de la Organización Mundial de la Salud, al presentar los "requerimientos calóricos" para distintos grupos de personas, decidiera clasificar el trabajo doméstico como una "actividad sedentaria" que requiere un mínimo gasto de energía. Me fue imposible determinar exactamente cómo se obtuvo ese dato tan notable.

viernes, diciembre 11, 2009

Entrevista a Mercedes Belbel, una de las organizadoras de las Jornadas Feministas Estatales "La jerarquía católica es misógina y homófoba"

Olivia Carballar/ Rebelión
Mercedes Belbel, psicóloga, es una de las organizadoras de las Jornadas Feministas en Granada (España) que conmemoran el congreso histórico de 1979
Ha estado más de 20 años trabajando con víctimas de la violencia de género, participó en la lucha antifranquista y fue una de las mujeres que se dejó la piel por lograr derechos como el divorcio. Mercedes Belbel (Granada, 1955) es una de las organizadoras de las Jornadas Feministas Estatales que comenzaron ayer en Granada, el encuentro nacional más importante que conmemora el congreso histórico de las mujeres en esa misma ciudad hace 30 años. Ella también estuvo ahí en 1979 y, aunque admite mayores cuotas de igualdad, lamenta que siga sin haber una ley de interrupción del embarazo que permita abortar a las mujeres que lo necesiten en las mejores condiciones posibles. "Por señalar sólo un aspecto de la cuestión", matiza.

¿Qué ha cambiado y qué sigue sin mejorar?
Los derechos políticos han ido por delante de los derechos sociales y las costumbres, porque el imaginario social es mucho más difícil de transformar.

¿Cuáles son los problemas de la mujer de hoy?
La mayoría de las mujeres mayores tienen un poder adquisitivo muy bajo. Tenemos que trabajar mucho más porque el trabajo no remunerado en relación a los cuidados sigue dependiendo de nosotras. Las jóvenes encuentran trabajos precarios y mal remunerados. Las inmigrantes tienen muy restringidas las ofertas laborales. Las trabajadoras del sexo no tienen derechos...


¿Cómo se repara el daño que la dictadura hizo a la mujer?
Es irreparable y las consecuencias aún las estamos viviendo. Una Guerra Civil, una feroz represión y 40 años de dictadura pesan mucho. Falta cultura democrática en general. Las asociaciones de Memoria Histórica están llevando a cabo un trabajo muy valioso. Están apareciendo numerosas obras escritas por mujeres que señalan lo importante que fue la participación femenina en la República, en la resistencia al franquismo y en la Transición. Una participación que suele quedar oscurecida en los relatos oficiales y en la historiografía de izquierdas de sesgo masculinista, que es la mayoría.

Se acusa al islam de machista. ¿Y la Iglesia?
La jerarquía católica es misógina y homófoba. Saben que se les tiene miedo pues se muestran implacables cuando se tocan sus muchos privilegios. Parece imposible pensar que sigue habiendo gente en contra del divorcio, amenazando con excomulgar a los diputados que voten a favor de la Ley del Aborto, condenando el matrimonio homosexual, escondiendo la pedofilia de un sector del clero, impidiendo que las mujeres puedan formar parte de su jerarquía, interfiriendo tanto en la vida de un Estado democrático. Aunque, para ser justas, hay que destacar que, en la Iglesia católica, hay un sector de teólogas y teólogos feministas.

¿Habrá igualdad mientras haya monarquía?
No parece que los regímenes republicanos hayan alcanzado una mayor cuota de igualdad para las mujeres sólo por ese hecho, ni que Berlusconi respete más a las mujeres que la reina Isabel II de Inglaterra. No debemos caer en simplismos. Y no soy monárquica ni juancarlista. Sería interesante hacer un trabajo sobre el género y la Casa Real.

¿Debe considerarse a la mujer como una víctima?
No. Y creo que se hace un flaco favor a las mujeres cuando se las considera como tal; en el fondo es considerarlas débiles y vulnerables por naturaleza. Las mujeres, al igual que los hombres, son víctimas cuando son sometidas a algún hecho delictivo sobre su persona.

¿Es la escuela tan machista como hace 30 años?
Sin duda, no. Aunque no podemos hablar de que exista realmente coeducación, no es tan machista. Arrastramos un déficit de educación histórico. Y cuando algunos gobiernos han promovido leyes de mayor calado social, no las han financiado de manera adecuada, aparte de la incapacidad para frenar el poder de la Iglesia católica en la enseñanza.

¿Ayudan más los hombres, están más concienciados?
Creo que no se trata de ayudar sino de compartir, de corresponsabilizarse.

¿Cómo se puede conseguir la conciliación laboral y familiar?
Se resolverá si los gobiernos invierten más en educación y servicios sociales, con la corresponsabilidad familiar, con la colaboración de cada miembro de la familia y con la introducción de medidas en las empresas que faciliten la vida de sus trabajadoras y de sus trabajadores.

¿Qué le pediría al Gobierno?
No soy mucho de pedir. Creo más en la acción, la reivindicación, la lucha y el trabajo.

sábado, octubre 24, 2009

Mafalda critica el machismo de Berlusconi ...

Mafalda, la hija pródiga del dibujante argentino Quino, volvió de su exilio para defender a las mujeres de Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia. La niña bonaerense repite lo que le replicaron ayer: "No soy una mujer a su disposición".

El diario italiano La Reppublica publicó el cartón de Quino en toda su extensión.Esta respuesta se suma a un reclamo que ya se volvió internacional.Ya unas 100 mil mujeres se han manifestado contra de una frase ofensiva de Berlusconi, contra una política italiana. Entre las diversas reacciones se sabe que en Facebook por ejemplo, ya quieren desaparecer al primer ministro, quien tiene un grupo en contra llamado "matemos a Berlusconi".

'NO SOY UNA MUJER A SU DISPOSICIÓN'.


La polémica empezó cuando "El payaso Berlusconi" estaba en un debate con Rosa Bindi, y Berlusconi le dijo: "Usted es más bella que inteligente. No me interesa lo que diga". La respuesta de la mujer, a la que hoy se unió Mafalda fue: "No soy una mujer a su disposición".

domingo, abril 26, 2009

Del matriarcado a los maltratos desde una visión antropológica

Cuando se habla de matriarcados, para el doctor en Antropología social, Joan Manuel Cabezas, es importante incidir en el falso mito de su oposición al patriarcado (como opresión del hombre), así como el paulatino paso de a sociedades en que las mujeres, aunque oprimidas mantenían un cierto ‘status’ en sus comunidades, hasta la generalización del patriarcado puro y duro, con la imposición del papel subalterno de la mujer en la familia burguesa en el siglo XIX, que ha justificado una misoginia, base del actual y continuado maltrato de muchas mujeres.

Según Cabezas, el primer patriarcado ya se había impuesto mucho antes en gran parte de la tierra. Europa fue invadida en el año 4000 antes de Cristo por los pueblos de las hachas guerreras, kurgos, escitas, sármatas, hunos, árabes, mongoles y turcos. Cada uno se dedicó a pelear, conquistar, saquear y transformar Europa hacia un carácter cada vez más patriarcal. Las primeras víctimas de maltratos, violaciones y asesinatos siempre han sido las mujeres, consideradas como trofeos de guerra, pero cuando se imponía la paz, eran ellas las bases del desarrollo de sus comunidades y podían mantener ciertos privilegios.

Fue en el siglo XIX, con el auge del capitalismo, cuando el patriarcado generalizó y justifico la opresión de las mujeres. “Si queremos entender – explicó Cabezas – la situación de maltrato sistemático que sufren muchas mujeres por parte de los hombres en la actualidad, hay que remontarse a los inicios de la revolución industrial y al papel que adjudicó a las mujeres la burguesía triunfante”. Un papel de madre y esposa, sostén del grupo familiar. Sólo se podía ser una mujer honrada o una prostituta (o monja, al servicio de Dios). Socialmente dependían del hombre y eran las responsables de la reproducción social de estos esquemas puros y duros del patriarcado “burgués” dominante.


La familia burguesa impone sus reglas

“Hay que tener en cuenta que la imposición de la revolución industrial tampoco fue un campo de rosas para los hombres que se veían obligados a desarrollar jornadas de trabajo mas de 16 horas diarias, pero para ellas aún fue peor, porque también trabajaban fuera de casa y tenían que cuidar a sus familias a base de horas y horas de dedicación. Tenían que ser el reposo del guerrero y aguantar, sin quejarse, su frustración y su violencia diaria”, subrayó Cabezas. Convertirse en “dueñas” de su hogar se defendía como el fin de un amplio camino de opresión, ya que hasta entonces a las mujeres se las había considerado más bien como animales de trabajo, y como fuentes de placer que se podían coger y dejar en cualquier momento. Además, excepto unas pocas privilegiadas, el colectivo femenino no había existido para la ciencia, la cultura, la música o las artes.

Basándose en las investigaciones de los antropólogos Morgan y Bachofen -el primero, fundador de la etnología; y el segundo, de la investigación sobre matriarcados y defensor de un patriarcado civilizador- Cabezas inició la charla hablando del matriarcado, que ha tenido una existencia real, y cómo el evolucionismo social lo ha arrinconado al igual que todo tipo de sociedades consideradas “primitivas”. Según él, “es necesario investigar el tipo de relaciones que mantenían con su entorno” y comprobar si los parámetros con que juzgamos otras formas de vida social, así como la clasificación de sexos y géneros que hacemos desde nuestro punto de vista occidental, nos ayudan, o no, a reflexionar sobre la violencia de género actual.

Para Cabezas, el matriarcado nunca ha sido una forma de organización social opuesta al patriarcado, ya las mujeres no mandaban ni oprimían a los hombres, sino una forma de organización social basada en la igualdad. A principio del siglo XIX, lo exótico era el matrimonio monógamo y la organización familiar cerrada, que empezó a imponerse en el mundo burgués y se trasladó a toda la sociedad. “La monogamia, con las división en dos sexos y dos géneros, resultaba ‘exótica’ en comparación con el gran número de culturas diferentes con las que coexistía”.

Volviendo a la situación actual, “para acabar con la violencia contra las mujeres, que es una lacra peor que la del terrorismo, se tendría que acabar con el capitalismo, que es un sistema que se basa en la explotación del otro, en este caso, de la otra”, afirmó Cabezas, y se preguntó qué habría pasado “si las 20 mujeres que han muerto en lo que va de año a manos de sus compañeros o maridos hubieran sido víctimas de ETA. Evidentemente hubieran desestabilizado el gobierno”, respondió. A su juicio, “si no se consideran como ‘terrorismo’ estas muertes, es porque nuestra sociedad se basa en la subordinación de la mujer y en el mantenimiento de la familia patriarcal”.

Para ilustrar que todavía persisten formas de organización social totalmente diferentes a la nuestra, Cabezas puso ejemplos prácticos de sociedades con formas de relaciones distintas a la monogamia occidental (poliginia o poliandria ) como los Kawahib (Brasil), etnias del Tibet, Nayar (de la India), Nuer (África), BaHima (África) o Tchambulí (mares del sur, donde el sexo bello es el hombre) y Massai (África). También explicó que la necesidad de los hombres de “reconocer” su descendencia y dar su apellido a sus hijos, es una concepción patrilineal que no es la misma en todos los países. Por ejemplo, en Portugal las mujeres pueden dar su apellido, y en los países nórdicos, por el contrario, cuando las mujeres se casan adoptan el apellido del marido. “Y sin embrago – matiza Cabezas – eso no quiere decir que unas estén más oprimidas que las otras”.

Despreciar e inferiorizar a las mujeres y a los “primitivos” ha sido una de las características de nuestra modernidad. “Un pensamiento ilustrado y una misoginia imperante que ha justificado todo tipo de atropellos y discriminaciones”. Por otra parte, para Cabezas, el propio cuerpo de la mujer ha sido su propio corsé, incluso cuando la moda ha querido liberarla. La apariencia, la forma de vestir, de estar y expresarse sigue siendo una imposición, vista como natural, para las mujeres. Siempre son juzgadas primero por su cuerpo y por su sexualidad, como fuente de pecado y de trasgresión que es necesario controlar. Como ejemplo, apuntó que en un caso de violación siempre hay 3 supuestos para inculpar a la víctima: lugar, horario e indumentaria. “Aquí la mujer no lleva burka, pero a según que horas no puede ir (sola) por según que sitios, y menos con según que ropa”.

Esa concepción de la feminidad que impusieron en su día la ilustración y la revolución burguesa, sigue dominando a pesar de los cambios sociales producidos y de los nuevos roles que han asumido las mujeres. La objetualización de la persona como ente reproductor y sexual ha conducido directamente a la violencia y a la agresión por parte de los hombres, que se sienten amenazados en su papel personal e íntimo de dueños de la vida de otra persona, un poder que en su día se legitimó socialmente y ha quedado grabado en su inconciente.