Mostrando entradas con la etiqueta las mujeres y el islam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta las mujeres y el islam. Mostrar todas las entradas

miércoles, septiembre 07, 2016

Algunas aclaraciones sobre el Burkini

Nazanín Armanian

Público ¿Cómo se bañaban las musulmanas hasta el invento del burkini en 2003?

Para empezar, es preciso hacer algunas aclaraciones:

.Los musulmanes pueden ser practicantes en diferentes grados, laicos o ateos. El dios del dinero y el individualismo del capitalismo han ganado terreno a la espiritualidad, la tolerancia y la solidaridad.

.El islam comparte posición con el judaísmo y el cristianismo sobre el lugar de la creación para que sirvan a la “quietud del hombre” (Corán, 30:21), o para que “Adán no esté solo” (Génesis II: 18 y 22).

.El islamismo es un movimiento político de la extrema derecha sunita y chiita del islam, -como lo son el nacionalcatolicismo y el sionismo-, y utiliza los conceptos de familia, mujer y comunidad para llevar adelante una agenda política al servicio de las clases privilegiadas.

.El velo –prenda que cubre el pelo, la cabeza y el cuello de la mujer-, es la bandera política de dicha fuerza, independiente de la conciencia de sus portadoras.

.La prenda que llevan sobre su cabeza millones de mujeres, como las kurdas, tayikas, paquistaníes o senegalesas, complementan su indumentaria: son un signo de identidad étnica (como el sari o el tul de las ghashghaei) o una señal exterior de la subordinación de la mujer al hombre (Biblia-Corintios 11:1-10).

.El Corán (24, 59), desvincula el velo de la fe y reza: “Las mujeres que han llegado a la menopausia no cometen falta al no ponerse sus velos siendo ya adultas…”

.Poner el velo a las niñas a partir de los siete u ocho años significa que ya pueden contraer matrimonio, puesto que ya son mujeres. En cuanto a las obligaciones, que no los derechos: por naturaleza, ‘padecen’ enfermedades mentales incurables y, aunque sean doctoras en física nuclear, son tratadas por ley como menores de por vida, necesitan la tutela y el permiso de un varón para trabajar, estudiar, viajar, ingresar en un hospital, casarse, etc. Incluso, no tienen derecho a ser tutoras de sus propios hijos. Eso sí, los códigos penales religiosos les aplican la ley como personas adultas. La niña con el velo, tendrá que dejar de jugar, saltar, escalar, bailar o soltar una carcajada en público. Para los fundamentalistas, si una chica se quita el tul, se convierte en una cualquiera, en una mujer pública.

.¿Sería Sadiq Khan alcalde de Londres si los musulmanes estuvieran obligados a llevar el velo?

.Una vez que los integristas destruyeron las conquistas feministas allá donde gobernaron, las mujeres reaccionaron e introdujeron cambios en el velo integral para no perder el espacio público. Por ejemplo, le añadieron mangas para poder trabajar, conducir, estudiar, etc. El burkini es una innovación en el marco de la segregación que rompe la prohibición de bañarse enseñando la carne. Esta prensa está más cerca del bikini que del burka, pues las mujeres y los hombres recatados deben llevar ropa ancha para disimular sus curvas.

.El hecho de que la mujer con burkini de la playa de Niza, tras ser acosada por la policía, decidiera quitarse la prenda y mostrar sus brazos “desnudos” a cambio de permanecer en la playa, manifiesta la paranoia de las autoridades del país. Desconocen, además, el significado de los hechos religiosos y sociales de este grupo de ciudadanos. ¿Se hubiera atrevido la policía a arrancar el thobe al jeque qatarí Hamad Al Thani, dueño de Al Jazeera (el canal portavoz de Bin Laden y ahora del Estado Islámico), y de varias instituciones deportivas y bancos?

.El burkini sigue vinculando el atuendo con la sexualización del cuerpo de la mujer. La fuerza del alineamiento que reflejan las palabras de su inventora, Aheda Zanetti, así lo muestran: “Me gusta caminar e ir detrás de mi marido, porque yo soy el motor y he elegido serlo. Quiero que él se lleve todos los méritos porque yo soy una triunfadora silenciosa.” Estas son las las palabras de una libanesa que vive en Australia.

.El hábito de las monjas es el uniforme de una peculiar tropa espiritual -que no de todas las mujeres cristianas- del imperio religioso dirigido por el Papa. Millones de niñas y mujeres musulmanas están forzadas por las autoridades del Estado o de la familia a llevar el velo como muestra de su obediencia a las normas en cuya redacción nunca les han dejado participar.

El abrazo de oso de las fuerzas progresistas

.El principal y el error más grave del veterano movimiento feminista iraní en 1979 fue justamente pensar que el tema de la imposición del velo carecía de importancia, mientras que la batalla tendría que centrarse en defender la patria de una agresión militar de EEUU. Los defensores españoles del velo (que no se visten como sus abuelas y abuelos) deberían leer la historia del feminismo de Oriente Próximo y dejar de hablar de la inexistente mujer musulmana desubicada en el espacio y en el tiempo. ¿Saben que Irán, un país musulmán, contaba en 1923 con un ministro comunista y activas organizaciones feministas? ¿Saben que en 1968 la doctora Farrojru Parsa dirigía la cartera de Enseñanza y Educación? O, quizás, ¿saben que en 1974 hubo un Ministerio para los Asuntos de la Mujer, décadas antes que en España?

.El ‘fuerte abrazo del oso’ de los islamólogos-laicos-progresistas-europeos a las musulmanas que, desde su esquizofrenia ideológica, el desconocimiento o el afán de mantener sus puestos de expertos en los centros de poder, identifican a cientos de millones de ciudadanos de los países musulmanes con ésta temible minoría de derecha extrema fanática y oscurantista.

.La libertad de elección no tiene en cuenta los complejos mecanismos de dominio y coacción, reflejados en el libro Mi marido me pega, lo normal. Las mujeres que no pueden casarse sin la firma de su tutor varón, ¿qué libertad de elección pueden tener? Algunas feministas defienden el burka, prenda obscena, peligrosa y humillante que convierte a la mujer en un bulto sin identidad, además de provocarle numerosas enfermedades capilares y de visión, ya que la prenda “disimula las actividades prohibidas de las activistas”.

.“La talla 34 asfixia como el velo” afirman, queriendo denunciar la tiranía de la moda, como si en los países musulmanes no existiera la moda, o lo que es peor, la cirugía estética plástica. En ninguna parte del planeta se ha flagelado, multado o encarcelado a ninguna mujer por no llevar la talla 34, pero sí a aquella que se ha negado a cubrirse con el velo. La sudanesa Lubna fue condenada a 40 latigazos, no por ponerse bikini, sino por llevar pantalones.

.Dicen: “Obligar a las mujeres a quitarse el velo viene a ser lo mismo que obligarlas a llevarlo”. En ningún país del mundo sucede lo primero.

.Se despolitiza la ausencia de muchos derechos de las mujeres musulmanas, vinculándolas con estériles debates sobre su cultura y religión.

.Los estados intervienen en el modo de vestir de los ciudadanos. En Barcelona se multa a los hombres que andan con el dorso desnudo y en Alemania a quienes se ponen determinados uniformes.

.A quienes repudian las prohibiciones: paralelo a otras medidas económicas, sociales y educativas, sí que habría que prohibir actos como la pedofilia, que incluye casar y violar a niñas-esposas de diez u once años; el maltrato a las personas y animales; o que unos padres puedan dejar morir a un hijo porque “la transfusión de sangre es un pecado”.

.El velo debería estar prohibido en los colegios primarios y autorizado en los institutos siempre que vaya acompañado por debates abiertos dirigidos por el personal instruido.

En esta tremenda guerra sobre el cuerpo de la mujer, no hay oportunismo que valga.

sábado, agosto 27, 2016

"La izquierda postlaica tiene miedo de que la tachen de islamófoba"

ctxt.es Maryam Namazie entrevistó va para dos años a la feminista socialista y reconocida luchadora laicista argelina Marieme-Hélie Lucas, de quien publicamos [en www.sinpermiso.info] la semana pasada una enjundiosa denuncia del silencio negacionista de ciertas izquierdas postlaicas europeas ante los ataques machistas fundamentalistas registrados simultáneamente en la Nochevieja de 2015 en al menos 10 ciudades europeas --señaladamente en Colonia-- de 5 países distintos.

Aprovechando el amplio eco que tuvo ese texto, reproducimos ahora una larga entrevista en profundidad concedida por Marieme-Hélie (en otoño de 2013) a la periodista Maryam Namazie sobre el significado profundo del laicismo republicano, sobre la estupefaciente degeneración de ciertas izquierdas postlaicas europeas y sobre la incapacidad de las mismas para enfrentarse políticamente a la extrema derecha fundamentalista musulmana en auge, y así, también, trágicamente, a la extrema derecha xenófoba tradicional. Tal vez valga la pena recordar el contexto en que se realizó la entrevista con Marieme-Hélie: no mucho después de que el pos-trotskismo francés presentara electoralmente a una candidata vistosamente ataviada con "velo islámico", o cuando sus homólogos catalanes, rizando aún más si cabe el rizo, se declaraban ardientes seguidores postlaicos de una mediática monja posmoderna y antivacunas.

Maryam Namazie: Las limitaciones al uso del velo en las escuelas y la prohibición general del burka y del nikab se ven a menudo como medidas autoritarias. ¿Qué piensa usted al respecto?

Marieme-Hélie Lucas: Resulta útil, por lo pronto, no mezclar las dos cosas: la de las niñas con velo en las escuelas y la de la prohibición de cubrirse el rostro. Las contestaré como dos cuestiones separadas.

Cuando hablamos de velos en las escuelas, estamos hablando automáticamente de velos impuestos a niñas, no de velos de mujeres. La cuestión, entonces, es: ¿quién decide sobre esos velos, las mismas niñas o los adultos a cargo de ellas? ¿Y qué adultos? Yo sólo conozco un libro que trate este tema. Es un panfleto titulado ¡Abajo los velos! (escrito por Chahdortt Djavann y publicado por Gallimard, París, 2003). La autora es una mujer iraní exilada en París en la época en que la Comisión Stasi francesa estaba reuniendo testimonios de mujeres (y de varones) afectadas antes de adoptar la nueva ley sobre símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas. La autora sostiene que el daño psicológico infligido a las niñas que van con velo es inmenso, al hacerlas responsables desde muy temprana edad de la excitación masculina. Este asunto requiere consideración especial, habida cuenta de la nueva tendencia a poner velo a niñas de hasta 5 años, según se ve en las numerosas campañas en curso en toda Norteamérica. La autora explica que el cuerpo de la niña pasa a convertirse de esta guisa en objeto de fitnah (seducción o fuente de desorden), lo que significa que no pueden mirarlo o pensar en él de manera positiva. Esa práctica construye así niñas que temen, desconfían y sienten disgusto y aun angustia en relación con sus propios cuerpos. A edad tan temprana, las niñas no tienen forma de resistir por sí mismas a ese troquelamiento; quedan totalmente a merced de hombres anti-mujeres. Las mujeres que han crecido con este daño psicológico necesitarán probablemente mucha ayuda hasta ser capaces de reconsiderarse a sí mismas y a sus cuerpos de manera más positiva, de reconstruir la imagen de sí propias, de conquistar su autonomía corporal, de abandonar los sentimientos de culpa y de miedo y devolver a los varones la responsabilidad de los actos sexuales por ellos cometidos. Yo creo que sería muy útil que las mujeres que investigan estas cosas se interesaran por el daño psicológico infligido a las niñas a las que se obliga a ir con velo desde edad muy temprana.

Bien; ahora está la cuestión de quién es el “adulto” a cargo de la protección de los derechos de las niñas. El Estado juega ya este papel en numerosas ocasiones: cuando, por ejemplo, impide que las familias procedan a la ablación de clítoris de las niñas, o cuando prohíbe los matrimonios forzados. ¿Por qué no debería asumir también su responsabilidad y prevenir ese daño psicológico profundo causado por llevar velo antes de llegar a la edad adulta? ¿Por qué debería verse como una intromisión autoritaria del Estado la prohibición del uso del velo en la infancia, y no la prohibición de la ablación de clítoris?

Es interesante recordar que grupos de izquierdistas y (¡ay!) feministas llegaron a defender en Europa y Norteamérica “el derecho a la ablación de clítoris” en los 70 como un “derecho cultural”, denunciando los intentos del “imperialismo occidental” de erradicar esa práctica en Europa. Jamás se molestaron en hacer la menor mención a las luchas de las mujeres directamente comprometidas con su erradicación en aquellas (muy limitadas) partes de África en que la practicaban, a la par, animistas, cristianos y musulmanes.

Ahora vemos el mismo patrón aplicado al “derecho al velo”, a pesar de que muchos intérpretes progresistas de El Corán han dejado dicho por activa y por pasiva que ni siquiera se trata de un mandamiento islámico.

Lo que a mí me deja estupefacta es el desbalance en el tratamiento del “autoritarismo” por parte de grupos izquierdistas y de la comunidad de derechos humanos en Europa y Norteamérica. Millones de mujeres en enclaves predominantemente musulmanes han sido asesinadas por defender su derecho a NO llevar velo. Precisamente estos días una valiente mujer sudanesa ha comparecido ante un tribunal de justicia con esta declaración: “Soy sudanesa. Soy musulmana. Y no estoy dispuesta a cubrirme la cabeza”. Arriesga prisión y latigazos. Hasta ahora, no se asesina a las mujeres en Europa ni en Norteamérica por llevar velo, aunque es verdad que de vez en cuando son atacadas verbalmente por individuos racistas de extrema derecha, los cuales, a su vez --merece destacarse el hecho--, son normalmente puestos a disposición de la justicia y condenados, como debe ser.

A mí me gustaría que la vociferante defensa de la “elección” de las mujeres con velo y del “derecho al velo” por parte de “gentes progresistas” anduviera a la par con su defensa de las mujeres masacradas por no llevar velo. Pero lo que, en cambio, vemos esconderse tras la defensa unilateral de los derechos humanos de las mujeres con velo por parte de la izquierda postlaica y de la comunidad de derechos humanos en Europa y en Norteamérica es, de hecho, una posición claramente política. Los pretendidos “progresistas” han optado por defender a los fundamentalistas como víctimas del imperialismo estadounidense antes que a las víctimas de esos fundamentalistas, es decir, entre otras, a los millones de mujeres sin velo que han resistido a las imposiciones de sus victimarios, así como a los millones de laicos, agnósticos, ateos, etc., a quienes se ha abandonado a su suerte como a “occidentalizados”, o aun como “aliados del imperialismo”! La historia juzgará esa miope opción política de modo no menos inmisericorde a como ha juzgado la cobardía de los países europeos en el arranque del nazismo en Alemania.

En lo que hace a su pregunta, yo sólo puedo hablar desde mi perspectiva de mujer argelina que vivió en Francia en la época del debate sobre las dos leyes francesas a las que se ha reprochado en todo el mundo un supuesto sesgo anti-islámico: la ley sobre velos en las escuelas y la ley que prohibía cubrirse el rostro. Se trata, como he dicho antes, de dos asuntos distintos, y en Francia se trataron distinta y separadamente.

La prohibición de los símbolos religiosos en las escuelas públicas laicas se hace en nombre del laicismo, mientras que la prohibición de cubrirse el rostro se hace en nombre de la seguridad. Se ha añadido el burka a otras formas de ocultación del rostro, como las máscaras (fuera de carnavales) o los cascos integrales de motos (cuando no se conduce), puesto que todos esos adminículos suelen usarse para proteger la identidad de alborotadores o “terroristas”. (Como argelina lo suficientemente vieja para haber vivido la Batalla de Argel durante la lucha de liberación contra el colonialismo francés, sé de cierto que los velos se usaban --tanto hombres como mujeres-- para llevar armas y bombas de un sitio para otro; de modo que no me sorprende que los velos que cubren completamente el rostro se añadan a la lista de indumentarias prohibidas.)

En lo tocante a los velos en las escuelas, la situación en Francia es completamente distinta a la de Gran Bretaña. Francia es un país laico desde que la Revolución Francesa sustrajo el nuevo Estado laico a la influencia política de la Iglesia. Las leyes laicas que instituyeron esa separación datan de 1905 y 1906, mucho antes de la oleada migratoria procedente de países mayoritariamente musulmanes. El artículo 1 de la Ley de 1906 garantiza la libertad de fe y de culto. El artículo 2 de la misma ley declara que, más allá de esa garantía de derechos individuales fundamentales, el Estado laico no tendrá nada que ver con la religión ni con sus representantes. El Estado laico no reconocerá a las iglesias, ni las financiará. En palabras de un analista contemporáneo del laicismo, Henri Peña Ruiz, el Estado se declara a sí mismo “incompetente en materia religiosa”. Las creencias se convierten en un asunto privado, y las religiones establecidas (en la época, sobre todo, la Iglesia Católica) pierden todo poder sobre el Estado. El Estado laico simplemente las ignorará como entidades políticas. Los ciudadanos son los únicos socios reconocidos por el Estado a través de los procesos de las elecciones democráticas.

Una consecuencia de esta definición del laicismo como separación de Estado y religión es que, desde 1906, la exhibición de “cualquier símbolo” de afiliación religiosa o política queda prohibida exclusivamente en dos situaciones específicas: para profesores y alumnos de las escuelas públicas primarias y secundarias del Estado laico (es decir, para niños y adolescentes, lo que no incluye a las universidades, en donde los estudiantes son adultos y pueden llevar un velo), así como para funcionarios en contacto con el público.

La justificación de eso es que los niños van a las escuelas de la República Laica (en la que la educación es totalmente gratuita) para ser educados como ciudadanos franceses libres e iguales, y no como representantes de alguna comunidad específica. La educación como ciudadanos iguales es un poderoso instrumento contra el comunitarismo y las específicas particularidades divisorias que conducen a derechos legales desiguales en un país dado, como ocurre en Gran Bretaña, por ejemplo, con los llamados “tribunales de sharía”, verdaderos sistemas legales paralelos en asuntos de familia.

Análogamente, los funcionarios que están en contacto con el público tienen que desarrollar sus obligaciones en tanto que representantes de todos los ciudadanos, cualquiera que sea su ascendencia étnica o religiosa, razón por la cual se les exige no exhibir símbolo alguno de afiliación en el horario en que ejercen como representantes de la República Laica.

Algo totalmente distinto de lo que ocurre, pongamos por caso, en las comisarías de policía británicas, en donde uno puede exigir ser atendido por un policía de su propio culto o de su propio grupo étnico, como si no pudiera formarse a funcionarios libres de sesgos y éstos se debieran ineluctable y necesariamente a su “comunidad”, antes que a sus conciudadanos.

Así pues, en resolución, es en nombre del laicismo que el velo fue puesto fuera de la ley en las escuelas públicas laicas y entre funcionarios públicos en Francia desde hace más de un siglo, al igual que las cruces y las kipás. Resulta interesante observar el énfasis que los medios de comunicación ponen en el velo, y no en las cruces o en las kipás. ¿Por qué? ¿Y quién se halla detrás de esa jerarquía? Lo que enmarañó este asunto fue que el derechista presidente Sarkozy hizo aprobar la nueva ley en 2004 buscando congraciar con su candidatura a la extrema derecha xenófoba. No había la menor necesidad de esta nueva ley; bastaba con aplicar la de 1906.

Las fuerzas de derecha y de extrema derecha en Francia jamás han dejado de atacar en el último siglo las leyes laicas de 1905-1906. Ahora han encontrado socios activos y poderosos en la extrema derecha fundamentalista musulmana, que también desea desmantelar el laicismo y regresar a la época en que las religiones tenían poder político y representación oficial. La cosa es clara: aunque luego llegarán a competir entre sí las distintas religiones, resultan ahora aliadas útiles en el propósito de erradicar el laicismo en Francia. ¡Basta observar cómo apoyan la Iglesia Católica y las autoridades religiosas judías prácticamente todas las exigencias de los fundamentalistas musulmanes!

El asunto del velo en las escuelas primarias y secundarias francesas no es sino una de las muchas exigencias que sin desmayo plantean para desafiar en lo fundamental las leyes de la República Laica. ¿No es irónico que leyes aprobadas hace un siglo, en un tiempo en el que prácticamente no se registraba inmigración procedente de los países mayoritariamente musulmanes, pasen ahora en el mundo entero por leyes hostiles al Islam? Un buen indicio de la pericia de los fundamentalistas musulmanes como comunicadores mediáticos.

Volviendo al asunto del velo y el burka en el Reino Unido, déjeme decirle que Gran Bretaña NO es un Estado laico. La Reina es la cabeza de la Iglesia Anglicana, así que la prohibición del burka o del nikab o, incluso, del pañuelo en la cabeza no puede buscarse en leyes laicas centenarias, ni considerarse indicio de su compromiso con una educación no confesional igualitaria y de calidad para todos los niños, como en el caso de Francia. (...)

Maryam Namazie: ¿Qué pasa con el derecho de una mujer a elegir su forma de vestir? Algunos dirían que obligar a las mujeres a quitarse el velo viene a ser lo mismo que obligarlas a llevarlo.

Marieme-Hélie Lucas: El debate está formulado en términos “occidentales”. Hasta donde yo sé, no se obliga a las mujeres en el contexto musulmán a NO llevar velo, y estamos hablando de la inmensa mayoría de las musulmanas en el mundo. En cambio, en la inmensa mayoría de los casos se ven obligadas a cubrirse de un modo u otro, a menudo por ley: y todavía no se ha oído una protesta a escala mundial contra esa situación.

En vivo contraste con eso, oímos cada día un montón de voces sobre esas pobres mujeres “obligadas a quitarse el velo” en contextos no-musulmanes --señaladamente en Europa y en Norteamérica--, pero yo todavía no he visto ningún sitio en donde eso ocurra. Que yo sepa, en ningún sitio. Ya me refería antes a limitaciones impuestas al uso del velo en Francia, bajo particulares condiciones.

Por lo demás, hasta donde yo sé, cuando mujeres con velo son atacadas verbal o físicamente, hay tribunales para defenderlas contra cualquier forma de agresión.

En lo que hace a hechos reales, el debate se reduce al derecho al velo en Europa y en Norteamérica, sin ninguna consideración por la resistencia al velo por doquier en el mundo entero, ni por las duras circunstancias que rodean a esa resistencia. Esa reducción me resulta manifiestamente inaceptable.

Por un lado, hay millones de mujeres en todo el mundo obligadas a llevar velo que arriesgan su libertad y su vida cuando transgreden la orden. Quedan abandonadas a su suerte en nombre de pretendidos derechos “religiosos” y “culturales”, sin que que medie el menor análisis de las fuerzas políticas de extrema derecha que manipulan y secuestran cultura y religión en beneficio político propio bajo el pretexto “políticamente correcto” de que el imperialismo estadounidense abusó de la defensa de los derechos humanos de las mujeres para camuflar sus razones económicas e invadir Afganistán y de que los “blancos” son racistas.

Por otro lado, hay mujeres de la diáspora en Europa y en Norteamérica, cuyo “derecho al velo” es defendido por una coalición políticamente correcta de la izquierda y las organizaciones de derechos humanos, una coalición que muestra escaso interés por el sinnúmero de casos de muchachas que tratan de escapar a la obligación de llevar velo. ¿No hay una perturbadora asimetría en esa elección política manifiestamente discriminatoria de los derechos que merecen defensa y los que no? ¿No podrían estos campeones de nuestros derechos aclararnos públicamente las razones que justifican su jerarquía de derechos?

La cosa está clara: la cuestión aquí se reduce exclusivamente a defender el “derecho a elegir” de las mujeres que desean llevar velo en Europa y en Norteamérica, no el derecho a elegir de las mujeres que viven en África y en Asia. Y esta es una forma muy limitada y parcial de enfrentarse al problema, por decirlo suavemente. Porque implica hacer desaparecer a la inmensa mayoría de las mujeres afectadas.

Sobre “elección” en general mucho han escrito ya feministas interesadas en el problema del grado de libertad que puede esperarse en situaciones en las que las mujeres carecen de toda voz, legal, cultural, religiosa o de otros tipos. Hace poco, un potente artículo académico escrito por Anissa Helie y Mary Ashe, Multiculturalist Liberalism and Harms to Women: Looking Through the Issue of the Veil, concluía que :

“Quienes defienden el velo a menudo insisten en un `derecho individual de la mujer a elegir´ (el velo)... Potenciadas por los teóricos del Islam radical (que usurpan el mantra de los partidarios del derecho de las mujeres al aborto), esas consignas pueden confundir a una izquierda occidental que, temerosa de ser considerada racista, cae en la trampa del relativismo cultural.”

El número de mujeres asesinadas por los propios familiares y por grupos fundamentalistas armados, o encarceladas, o flageladas públicamente por los Estados fundamentalistas en nuestros distintos países en todos los continentes por la simple razón de no querer allanarse a la imposición del velo, debería, al final, contar más a los ojos de los defensores de los derechos humanos que las “quejas de las mujeres con velo” que de vez en cuando tienen que aguantar comentarios racistas en “Occidente”.

¿Cómo puede alguien atreverse siquiera a comparar, por ejemplo, las 200.000 víctimas de la “década oscura” (los años 90 del siglo pasado) en Argelia, la inmensa mayoría de las cuales fueron mujeres asesinadas por grupos armados fundamentalistas, con un puñado de mujeres con velo verbalmente molestadas en París o en Londres? Sí, ¿¡cómo se puede!?

Esa desigualdad de trato aceptada sólo muestra que para las organizaciones de derechos humanos y para las izquierdas europeas y norteamericanas, Occidente sigue siendo el centro del mundo y lo que allí ocurra, por menor y marginal que sea, tiene primacía sobre cualquier acúmulo de crímenes cometidos en otra parte.

Me gustaría señalar un interesante punto ciego detectable en el análisis corriente entre las izquierdas y las organizaciones de derechos humanos, un punto ciego que permite o facilita esa operación de reducción del asunto a un problema de “elección individual”. Fíjese bien: el número de mujeres con velo en las calles de las capitales europeas ha crecido sólo en las últimas dos décadas de una manera constante y apreciable. Ese crecimiento no es proporcional a un significativo incremento de las poblaciones migrantes. Esas mujeres no visten ropas o trajes nacionales (incluyan o no cubrirse la cabeza), sino el velo saudita, que jamás había existido en ningún otro país. Hay un número creciente de mujeres que adoptan la forma más radical: no sólo cubrirse el pelo, sino todo el rostro.

En vista de lo cual, ¿cómo puede verse este tipo de velo como un asunto cultural cuando, de hecho, lo que hace es erradicar todas las formas tradicionales de cubrirse la cabeza y todas las ropas y vestidos nacionales y regionales? ¿Cómo puede verse esa forma de velo como un asunto religioso, cuando todos los teólogos y académicos progresistas del Islam en todos los continentes han demostrado que el velo de las mujeres no es una prescripción religiosa, sino una práctica cultural circunscrita al Oriente Próximo y valedera también para los varones por su buena adaptación al clima y, por lo mismo, común a todos los grupos religiosos, como prueba abundantemente la iconografía cristiana que representa a la Virgen María y a todas las mujeres de la historia sagrada que compartieron la vida de Cristo, así como a todas las mujeres judías de su época, con velo?

¿Por qué no se levantan en defensa de todas las culturas ahora amenazadas por la difusión a escala mundial de esta nueva cepa de código indumentario? ¿Es que no pueden ver el vínculo entre la propagación del velo saudita y la financiación saudita del grueso de las mezquitas y organizaciones religiosas que han venido proliferando en las principales ciudades de Europa? ¿Cómo es posible que no vean en esa forma de velo una bandera del fundamentalismo político? ¿Cómo no asocian su propagación a otras actividades políticas del imperialismo de Arabia Saudita (y de Qatar)? ¿Cómo es posible tamaña incapacidad para proceder a un análisis político de esta súbita explosión del número de mujeres con velo en la diáspora? ¿Cómo pueden reducir eso a una “opción individual elegida” por mujeres individuales, a la vista de un fenómeno tan repentino e inopinado como masivo?

Si, pongamos por caso, se diera una súbita propagación de hábitos y tocas de monja simultáneamente en Italia, Francia, España, Filipinas y América Latina, y si las mujeres católicas en números apreciables afirmaran agresivamente su derecho a vestirse como “verdaderas católicas” (una invención moderna que sería cuestionada por respetados teólogos cristianos, lo mismo que el velo es cuestionado por muchos teólogos musulmanes progresistas y académicos del Islam, a los que, dicho sea de paso, jamás citan ni la izquierda postlaica ni los defensores occidentales de los derechos humanos para defender a las mujeres sin velo frente a los movimientos políticos de extrema derecha que andan por detrás de este revival supuestamente religioso); si eso sucediera, digo, ¿no señalaría al punto la izquierda a los movimientos políticos de extrema derecha agazapados detrás de ese revival supuestamente religioso? ¿No lo analizaría esa izquierda en términos políticos, no religiosos, y no lo denunciaría?

Si hubiera rumores o ejemplos de mujeres católicas “impropiamente” vestidas forzadas a llevar tocas de monja, o azotadas o recluidas a la fuerza o asesinadas, ¿no empezarían las organizaciones de derechos humanos a preocuparse por ese asunto? ¿No defenderían a las víctimas? ¿No denunciarían todo eso como violaciones flagrantes de los derechos humanos? ¿O seguirían acaso todas estas fuerzas supuestamente progresistas haciendo la vista gorda a esas violaciones de los derechos humanos y prestando oídos sordos a los gritos de socorro de las víctimas? ¿Se centrarían en el “derecho al velo” de las mujeres católicas?

Para mí está meridianamente claro que, al respaldar las exigencias de los fundamentalistas sobre las mujeres, sin molestarse siquiera en contrastar sus mentiras más manifiestas, la izquierda postlaica y las organizaciones occidentales de derechos humanos no hacen sino revelar el pánico que sienten a ser tachados de “islamófobos”.

Maryam Namazie: Aunque nosotros podríamos considerar el laicismo como una condición previa a los derechos de las mujeres, los islamistas consideran la ley de la sharía como una condición previa a los derechos de las mujeres, tal como ellos los entienden. ¿Y quién puede decir quién tiene razón? Ellos dicen que el laicismo es un concepto occidental y una forma de colonialismo cultural...

Marieme-Hélie Lucas: Yo me niego a servirme del término “ley de la sharía”. Presupone que hay escrito en algún lugar un cuerpo legislativo usado por todos los musulmanes. Basta una simple ojeada a las leyes de los países de mayoría musulmana para percatarse de que no hay tal cosa. La enorme variedad de leyes en contextos predominantemente musulmanes muestra que las leyes tienen diferentes fuentes: desde ofrecer legitimidad a prácticas culturales locales (como la de la ablación del clítoris, que pasa por islámica en algunas regiones de África) hasta distintas interpretaciones religiosas (por ejemplo, Argelia legalizó la poligamia, mientras que Túnez la prohibió sirviéndose exactamente del mismo verso del Corán, pero con otra lectura), pasando por leyes de los antiguos colonizadores (como la prohibición de la contracepción y el aborto en Argelia, que se sirvió de la ley natalista francesa de 1920). Sería un fenomenal error pensar que todas las leyes de los países mayoritariamente musulmanes traen necesariamente su origen en la religión.

Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la propagación de los puntos de vista fundamentalistas al servirse de términos exóticos. Sharía es un término acuñado por los fundamentalistas a fin de hacer creer que existe un cuerpo así de leyes, mientras que hasta los musulmanes conservadores --atentos a toda posible divergencia-- hablaban hasta hace poco sólo de “jurisprudencia”. Servirse del término sirve precisamente para dar a entender a cada vez más gente que ese cuerpo existe realmente. Y eso ocurrió exactamente en el mismo momento en que los medios de comunicación comenzaron a usar también otros términos acuñados por los fundamentalistas, como la yihad (que originariamente significa la lucha espiritual con uno mismo para acercarse a Dios, y no una “guerra” librada con armas, como interpretan los fundamentalistas), o como el “velo islámico” (cuando lo que hacen es propagar el velo saudita), o como la “islamofobia”. ¡No uses el lenguaje del enemigo! Concedes crédito a sus mentiras...

Como ya he dicho antes, hay una miríada de lugares en el mundo en donde el velo es obligatorio, mientras que en ningún lugar que yo conozca se fuerza a nadie a quitarse el velo; ni siquiera en las escuelas francesas de primaria y secundaria, porque las familias ultraortodoxas tienen siempre la opción de inscribir a sus hijas en escuelas de su elección. La única obligación de las familias es enviar a sus hijas a la escuela, pero la elección de la escuela no entra en el mandato del Estado laico. Y en parte alguna se ven las mujeres forzadas a no llevar velo en el espacio público francés; sólo se les exige no cubrirse totalmente el rostro.

Así pues, el laicismo ni pone ni quita velos a las mujeres. Pero resulta indudable que la interpretación fundamentalista de unas órdenes pretendidamente emanadas de Dios busca forzar a las mujeres a llevar velo. El laicismo no es una opinión, ni una creencia; es única y exclusivamente una definición y una regulación del Estado frente a la religión. O el Estado interfiere en la religión, o no interfiere. El laicismo, cuando menos en su definición original, instituye formalmente la no interferencia del Estado en la religión. Y no deberíamos aceptar otra definición del laicismo.

En lo que hace a la acusación del laicismo como “concepto occidental”, ¿acaso no hemos oído cosas semejantes sobre el feminismo durante décadas? Pero si echamos un vistazo a la historia, particularmente a la historia de las mujeres en contextos musulmanes, nos encontramos con muchas mujeres que, durante siglos, lucharon por lo que ahora se consideran ideas feministas, por los derechos de las mujeres. Mujeres que se dedicaron a la literatura, a la poesía, a la educación de las mujeres, a la política, a los derechos legalmente exigibles de las mujeres: como ocurre ahora mismo. Y nos encontramos también con mujeres y hombres ilustrados, tanto creyentes como ateos, que las apoyaron. Exactamente como ocurre ahora también. Quienes estén interesados en explorar esas historias del pasado, deberían leer el libro de Fareeda Shaheed Grandes ancestros (publicado por la organización Women Living Under Muslim Laws).

Análogamente, encontramos a muchos combatientes por el laicismo en contextos musulmanes en los pasados siglos. Lo mismo que hoy. Ateos, agnósticos y creyentes que pensaban y siguen pensando que las religiones se benefician de la no interferencia del poder en las creencias personales o en la espiritualidad de las gentes; y que la política se beneficia asimismo de la no interferencia de la religión. Actualmente, el Gran Mufti de Marsella, Soheib Bencheikh, es un resuelto partidario del laicismo en Francia, como muchos Imams progresistas que aparecen cada domingo en programas televisivos en el Channel 2 [público] francés para mostrar su apoyo al laicismo de la República francesa, que garantiza libertad de fe y de culto.

De modo, pues, que la cuestión real para mí es más bien ésta: ¿por qué no oímos hablar más de estos partidarios musulmanes del laicismo y por qué los medios de comunicación no conceden menos espacio público a la expresión del odio fundamentalista al laicismo? Es una nueva distorsión del fundamentalismo el presentar los hechos a la luz de una ley laica pretendidamente hostil a la ley divina...

Encuestas recientes muestran que cerca del 25% de la población francesa se declara atea, y ese porcentaje es el mismo entre supuestos cristianos y supuestos musulmanes. Pero el porcentaje de quienes se declaran partidarios del laicismo crece hasta un 75%, y también es idéntico entre presuntos musulmanes y presuntos cristianos.

Hay movimientos laicistas muy robustos en todos los países llamados musulmanes, en Pakistán no menos que en Argelia o Mali. Los ciudadanos se comprometen públicamente con el laicismo arriesgando sus vidas en lugares en los que los fundamentalistas se encuadran en grupos armados que atacan a sus oponentes. ¿Por qué las fotografías de sus actos públicos y de sus manifestaciones laicistas no se ven nunca fuera de sus medios de comunicación nacionales?

Maryam Namazie: Algunos dirán que esto suscita la cuestión de hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que el Estado intervenga en asuntos privados como, por ejemplo, el modo de vestirnos. ¿Qué diría usted a eso?

Marieme-Hélie Lucas: Si coincidimos en que este súbito auge a escala mundial de determinado tipo de velos que se hacen pasar por EL velo “islámico” no es de naturaleza cultural ni religiosa, sino una bandera política de que se sirven los fundamentalistas para aumentar su visibilidad política a expensas de las mujeres; si coincidimos en eso, entonces tenemos que admitir que llevar ese tipo de velo –ahora— en Europa y en Norteamérica tiene un objetivo político. Sépanlo o no, las mujeres que lo llevan son portadoras del estandarte de un partido político de extrema derecha.

Así pues, difícilmente podría yo aceptar la fórmula de “una mujer que elige cómo vestirse”. Ese velo no puede, definitivamente no puede, equipararse con la opción de llevar tacones o zapato plano, minifalda o falda larga. No es una moda; es un marcador político. Si uno decide que va a ponerse un broche con una esvástica, no puede ignorar su significado político; no puede pretender que se desentiende del hecho de que fue la “bandera” de la Alemania nazi. No puede alegar que sólo le gusta su forma. Es una afirmación política.

Las mujeres de ascendencia migratoria procedente de Asia y de África que se cubren el rostro o llevan un burka hoy, ya sea en Europa, en Norteamérica o en sus propios países de origen, llevan un tipo de velo que jamás habían visto antes, salvo si crecieron en una específica y limitadísima parte del Oriente Próximo. No pueden pretender que vuelven a sus raíces y visten la misma indumentaria que sus antepasadas de siglos atrás; ni pueden pretender que la llevan por razones religiosas. Las musulmanes fueron musulmanas durante siglos sin necesidad de semejante indumentaria: en el Sur de Asia vestían saris, en África occidental boubous... Hoy, las mujeres pertrechadas con burkas llevan una indumentaria que ni se había visto ni se había jamás hablado de ella hasta hace unas pocas décadas, cuando grupos políticos fundamentalistas inventaron el burka como su bandera política.

De manera que si el Estado se propusiera regular el burka o el nikab, no estaría regulando “el modo en que vestimos, ni estaría interfiriendo en un gusto personal o en una moda, sino en la exhibición pública de un signo político de un movimiento de extrema derecha".

Hacer eso podría perfectamente caber en el papel del Estado laico. Puede debatirse al respecto. Pero lo que no es debatirle es que las mujeres que llevan burka hoy están bajo las garras de un movimiento transnacional de extrema derecha. Y resulta irrelevante que las mujeres con burka sean conscientes del significado político actual de su velo o, al contrario, estén alienadas por el discurso político-religioso fundamentalista.

Maryam Namazie: En la práctica, ¿cómo podría procederse a restricciones (atendiendo también al caso francés) sin inflamar más el racismo y el fanatismo contra musulmanes e inmigrantes y cuál es la conexión entre ambos? Le pregunto esto, porque algunos dirán que criticar el velo y el nikab es racista.

Marieme-Hélie Lucas: En tal caso, ¿la resistencia al nikab/burka/pañuelo y cualquier forma de velo en nuestros países habría que calificarla también como “racismo”? Las mujeres que eligieron morir antes que llevar velo en la Argelia de los 90 actuaron racistamente contra su propio pueblo? ¿Hay que considerarlas hostiles a su propia fe, a pesar de ser muchas de ellas creyentes en el Islam?

¿No podemos dejar de pensar que “Occidente” es el centro del mundo? ¿Qué pasa con las mujeres sudanesas que ahora mismo en Jhartum se arriesgan a ser azotadas y encarceladas por rechazar el velo? ¿Qué pasa con el sinnúmero de mujeres iraníes que llevan décadas encarceladas por no vestir “islámicamente”?

El racismo, la xenofobia, la marginalización y los ataques a los inmigrantes (o a gentes de ascendencia migratoria) siempre han estado aquí. A comienzos del siglo XX hubo en el sur de Francia pogroms contra inmigrantes italianos (dicho sea de paso: católicos y blancos) que “venían a robar el pan de los trabajadores franceses”. ¿Suena familiar, no? Hubo muchos muertos y heridos. ¿Por qué no se habla aquí de “católicofobia” o de “cristianofobia”, si a demostraciones de xenofobia harto menos dramáticas se las llama ahora “islamofobia” cuando apuntan a objetivos presuntamente “musulmanes”? Ahora bien; si nos fijamos en ciudadanos franceses de nuestros días cuyos apellidos son de origen italiano, lo que se ve es que están plenamente integrados y nadie discute su pertenencia a la nación francesa. Lo mismo ocurre con españoles, portugueses, griegos o polacos y rusos que vinieron a instalarse a Francia en el pasado reciente, llegaron a ser ciudadanos franceses y se han “mezclado” ahora con la población general (el expresidente francés Sarkozy constituye un excelente ejemplo reciente de integración exitosa).

Francia cuenta hoy con un 25% de ciudadanos de origen extranjero. Hay un número creciente de gente bien conocida con apellidos árabes (y por lo mismo, erróneamente considerados musulmanes). Se trata de profesores, abogados, expertos en computación, empresarios... Esto es un indicador de su incorporación a la nación, lo mismo que italianos, españoles, etc. hace menos de un siglo.

Una hermosa pieza titulada Barbes-Cafe se representó el año pasado en distintas ciudades francesas. Era toda ella obra de gentes de ascendencia argelina, muchos de los cuales habían huido de amenazas de muerte fundamentalistas y de ataques directos en los 90. Esa pieza es un himno a la emigración: sirviéndose de canciones en árabe de todo el siglo XX, de comienzo a fin, traza la historia de la emigración desde el Norte de África, de las cuitas y las nostalgias de los emigrantes, así como de sus condiciones de trabajo. Pero también celebra las leyes que permitieron a las familias reunirse con los trabajadores, la educación libre y laica recibida por sus hijos, la solidaridad entre trabajadores nativos e inmigrantes en los sindicatos y partidos de izquierda, etc. Termina con imágenes de aquellos inmigrantes de ascendencia norteafricana que “lo lograron” y abrieron la puerta para las generaciones venideras. Es un manifiesto de esperanza que, sin embargo, no trata de esconder la dureza de las condiciones a que tuvieron que enfrentarse muchos trabajadores para que sus hijos y nietos llegaran a ser parte de Francia.

El 27 de octubre fue el aniversario de la Marcha por la Igualdad y Contra el Racismo que cuatro chicas y chicos, ciudadanos franceses de origen norteafricano, iniciaron en 1983. Salieron de Marsella y caminaron durante dos meses por Francia, visitando ciudades y aldeas, hablando con sus conciudadanos rurales y urbanos, denunciando los crímenes y las discriminaciones racistas y abogando por la igualdad de todos los ciudadanos. También denunciaron el rótulo de “musulmán” que se les imponía por razones de origen geográfico. Por el camino, otros ciudadanos de todos los orígenes se les fueron uniendo y comenzaron a marchar con ellos gentes que se habían reunido inicialmente para darles la bienvenida y apoyar sus objetivos.

No está escrito en ningún lugar que las gentes oprimidas o víctimas de la discriminación tengan que terminar en movimientos de extrema derecha. En esas circunstancias, las gentes pueden elegir entre hacerse revolucionarios o convertirse en fascistas. La respuesta fundamentalista al racismo es una respuesta fascista. No deberíamos bajo ningún pretexto regalarles legitimidad ninguna. Lo que debemos hacer es apoyar a los movimientos populares en favor de la igualdad y la plena ciudadanía.

Los fundamentalistas están arteramente interesados en asegurarse los beneficios de los incidentes racistas; lo mismo que los movimientos de extrema derecha tradicional (xenófoba), necesitan radicalizar a su tropa y reclutar a más gente para su causa. Ambas fuerzas aparentemente antagónicas de extrema derecha comparten el mismo objetivo: les gustan los baños de sangre. De aquí que estén preparadas para provocar incidentes racistas. En los últimos años, los habitantes fundamentalistas de un vecindario parisino empezaron a rezar por las calles y a bloquear el tránsito durante horas los viernes. El pretexto era que su mezquita local no era suficientemente grande. Pero desde luego lo era la Gran Mezquita de París que, a unas pocas estaciones de metro de donde se hallaban, estaba y sigue estando permanentemente casi vacía.

La policía vigilaba sin intervenir, y la cosa duró más de siete años. La única respuesta vino, ni que decir tiene, de un grupo de extrema derecha que invitó públicamente a compartir un aperitivo de “vino y cerdo” en esas mismas calles los domingos.

La acobardada izquierda debería haber tomado este asunto en las propias manos exigiendo el desalojo del espacio público tanto los viernes como los domingos, si no había autorización policial para ocuparlo como es legalmente preceptivo. La acobardada izquierda está preparada para ignorar las provocaciones de los musulmanes fundamentalistas, porque no desea verse tildada de “islamofóbica”. Uno siente que, en cierto modo, esa izquierda no es capaz de distinguir entre los creyentes en el Islam y el movimiento de extrema derecha supuestamente religioso que finge representar a todos los musulmanes.

Fue esperando evitar una confrontación con Franco que los gobiernos europeos, incluyendo el gobierno socialista francés, se negaron a ayudar y a proteger al gobierno legítimo de la República española. Fue con la esperanza de evitar una confrontación con el muy cortés señor Hitler que los gobiernos europeos fueron a Múnich y permitieron la invasión de Polonia por las tropas nazis.

La historia enseña que la cobardía en política no lleva a parte ninguna y que todos, a su debido tiempo, terminan pagando el precio de la infidelidad a los principios y a los derechos.

--------------------------------

Marieme Hélie-Lucas es una reconocida activista feminista argelina. Socióloga de prestigio internacional, ha sido la fundadora de la Red de Mujeres bajo la Ley Musulmana, así como coordinadora internacional de Secularism Is A Women’s Issue (El laicismo es cosa de mujeres).

El burkini y el derrumbe de Europa

Santiago Alba Rico

ctxt.es Veo una imagen estremecedora: cuatro hombretones de pie y con pistolas obligan a una mujer desvalida a quitarse la ropa en un lugar público. No es una violación. Es el laicismo en armas liberando a una musulmana de sus cadenas en una playa de Niza ante la mirada indiferente de algunas virtuosas republicanas en bikini. Ahora la policía francesa vigila las playas, como la saudí las plazas, para hacer respetar la hisba, el precepto religioso que obliga a “rechazar el mal e imponer el bien”. La Francia republicana se ha coranizado, se guía por su propia sharia o ley religiosa y persigue de manera implacable cualquier atisbo de “islamización”, especialmente en las mujeres, a las que siempre es más fácil y placentero quitar y poner la ropa.

Hemos perdido todo el verano en un falso debate abstracto sobre la relación entre la libertad de las mujeres y el número de prendas que deben cubrir o descubrir su cuerpo. No es que no sea importante desde un punto de vista político y filosófico averiguar cuándo y en qué condiciones hay verdadera voluntad; cuándo y en qué condiciones una mujer se quita o se pone la ropa porque quiere y no cediendo a presiones más o menos explícitas de pautas conductuales dictadas por o en favor de los hombres. El mercado “libera” y la religión reprime y, si no puede desdeñarse la diferencia, tampoco puede negarse que tanto el mercado como la religión son parasitados por el patriarcado, victorioso en ambos casos. Así las cosas, y en un contexto en el que el colonialismo externo e interno siguen cruzándose con otras relaciones de poder (y proyectos de liberación), lo más fácil, y lo más estéril y hasta peligroso, es encerrarse en la defensa o en la condena de una forma concreta de patriarcado (el mercado versus la religión), como si fueran opuestos y además reflejaran, cada uno de ellos frente al otro, una mayor voluntad o libertad individual.

La cuestión es netamente política y democrática; y creo que también desde el feminismo conviene tratarla así. La cuestión es, en definitiva, que en una democracia se da por supuesta la libertad individual de las decisiones públicas. Durante siglos -de Kant a la república española- la izquierda cuestionó, por ejemplo, el derecho femenino al voto con la muy fundada justificación de que, en una relación de dependencia, la opción política de las mujeres había de coincidir sin duda con la de sus maridos. En un país como España, en el que la mayoría vota libremente a un partido imputado por corrupción que ha rebañado hasta el hueso, además, los derechos económicos y sociales, aceptamos en cualquier caso la validez de todos los votos: son las servidumbres de esa convención que llamamos Estado democrático y de Derecho, cuya funcionalidad y realidad misma se asocian a --valga la expresión-- “un velo de ignorancia” que no siempre favorece a la izquierda. Otro tanto es aplicable a la indumentaria. Desde un punto de vista institucional, en una democracia no debe importarnos --y debemos imponernos esta indiferencia-- por qué una mujer se pone o se quita la ropa; tanto si detrás está el mercado y su “libertinaje” patriarcal como si quien empuja es la religión y su patriarcado represivo, allí donde no hay violencia explícita debemos aceptar el velo y el desvelo (por citar a Jamil Azahawi, un poeta ilustrado iraquí, muerto en los años treinta, que escribió un poema con ese título) como expresiones igualmente libres de la voluntad individual. En una dictadura teocrática como Arabia Saudí, habrá que apoyar a cualquier mujer que quiera quitarse el velo; en una dictadura laica, como lo era la de Ben Alí en Túnez, había que apoyar más bien a cualquier mujer que quisiera ponérselo. En una democracia en Estado de Derecho, como se supone que es Francia, el principio laico, en cambio, es transparente: nadie --y menos la policía-- puede obligar a una mujer a ponerse o quitarse la ropa. Tanto el bikini como el burkini son expresiones inalienables de la libertad republicana.

Poco podemos hacer para liberar a las mujeres de Arabia Saudí, salvo cuestionar una y otra vez los lazos ignominiosos de nuestros gobiernos con sus dictaduras “amigas”. Pero sí podemos defender el principio de la laicidad republicana en nuestros países europeos, donde está siendo amenazada por la religión. No me refiero al islam sino a la islamofobia, una ideología que, en el caso de Francia, se ha apoderado de las instituciones, los partidos políticos, la clase intelectual y los medios de comunicación. Lo he explicado otras veces, citando además al padre del liberalismo galo, Benjamin Constant, quien dejó muy claro en 1815 que “el que prohíbe en nombre de la razón la religión es tan tiránico y merece tanto desprecio como el que prohíbe en nombre de Dios la razón”: lo que es “religioso”, dice, es la persecución misma. El laicismo es un principio jurídico, no antropológico o doctrinal, y consiste muy sencillamente en que el Estado, si quiere ser de verdad democrático y republicano, debe garantizar al mismo tiempo estas dos libertades: debe garantizar la libertad de culto de todos sus ciudadanos y debe garantizar que ningún credo o comunidad (religiosa o lobbista) se apodere de las instituciones. Cuando el laicismo se convierte en el instrumento de persecución, represión y criminalización de una minoría nacional, y ello hasta el punto de justificar la suspensión de derechos ciudadanos elementales, el laicismo deviene una religión más, en este caso la religión del poder, como lo es el islam wahabita en Arabia Saudí, y por lo tanto, como sostiene Constant, se transforma en la matriz de una nueva tiranía. Las víctimas de esa tiranía son hoy los musulmanes y sobre todo las mujeres. A esa derecha que sólo se vuelve feminista frente al “islam” o a esa izquierda islamofóbica y oligosémica incapaz de imaginarse al otro semejante a uno mismo, hay que recordarles que, según el European Network Against Racism, el 90% de las agresiones islamofóbicas en Holanda, el 81% en Francia y el 54% en Inglaterra tienen como víctimas a mujeres musulmanas. En España, según el informe del European Islamophobia Report, en 2015 se multiplicaron por cuatro las agresiones islamofóbicas (de 49 a 278) y el 21% fueron acciones contra el uso del velo. Una tiranía es una tiranía. Se empieza con la minoría musulmana y con las mujeres veladas. Pero allí donde se ha renunciado al laicismo republicano y al Estado de Derecho en favor de una ideología religiosa, aunque se pretenda anti-religiosa --o porque se pretende anti-religiosa--, todos los ciudadanos estamos en peligro.

El “libertinaje” mercantil y la democracia republicana tienen, al parecer, un límite: el burkini, un invento australiano que, según Aheda Zanetti, propietaria de la marca, es una pingüe fuente de beneficios comerciales. Ojalá nuestros Estados fueran realmente laicos y republicanos y reprimieran otros lobbies y otros negocios: el TTIP, por ejemplo, o la venta de armas a Arabia Saudí o las puertas giratorias. La prohibición del burkini no es sólo un atentado contra el libre mercado en sus expresiones más inocentes: es un atentado ideológico contra las instituciones laicas republicanas que garantizan el derecho común de las sociedades democráticas. Sin duda la izquierda y el feminismo tendrán que discutir mucho sobre la relación entre voluntad, libertad y sociedad, así como sobre la transversalidad del patriarcado, parásito o esqueleto de todas las relaciones de poder, en un imaginario global cortado por relaciones neocoloniales (tanto externas e imperialistas como internas y de clase). Pero entre tanto quedémonos con la fotografía de Niza y sus amenazas. Cuatro hombretones con pistolas obligan a desnudarse en público a una mujer sentada y desarmada. No es una violación. Sí es una violación. No se trata de la república en armas de la Marsellesa sino de la inquisición religiosa, en versión oficial y uniformada, en el país de la Revolución francesa; y del patriarcado armado, aceptado o aplaudido, en el país de Simone de Beauvoir. Francia, como Arabia Saudí, como el Estado Islámico, impone normas indumentarias a sus mujeres. Los gobiernos europeos se están radicalizando muy deprisa, y ello al precio de perseguir, criminalizar y “judaízar” a sus minorías nacionales, de alimentar al mismo tiempo el terrorismo y la islamofobia dentro y fuera de Europa, de erosionar sus instituciones laicas y republicanas y de renunciar a sus sedicentes valores fundacionales. La prohibición del burkini es apenas un síntoma del derrumbe de Europa. El burkini no amenaza a la democracia; su prohibición sí. Es por eso que todos deberíamos tomarnos muy en serio la fotografía de la playa de Niza. “La mer, la mer toujours recommencée”, escribía el poeta Paul Valery. El laicismo está muriendo y el fascismo, como el mar, recomenzando. No bastará con quitarse o ponerse el velo. Si no defendemos la democracia, nadie estará a salvo.

martes, noviembre 25, 2014

Crimen contra las mujeres en Nigeria

PILAR ESTÉBANEZ

Público Boko Haram es un grupo terrorista islamista nigeriano que secuestró 230 niñas el pasado 16 de abril, provocando una de las mayores campañas mediáticas a favor de la liberación de las secuestradas a la que se sumó incluso la esposa del presidente de Estados Unidos, Michelle Obama. Sin embargo, meses después la suerte de esas mujeres ha caído en el olvido. En 2010 el grupo fue clasificado por Washington como organización terrorista. Estados Unidos temía que Boko Haram se estuviera vinculando con otras agrupaciones terroristas, como Al Qaeda en el Magreb Islámico, para lanzar una yihad global. La escalada en la violencia condujo a que el gobierno nigeriano declarara en 2013 un estado de emergencia en tres estados del norte del país donde Boko Haram era más activo: Borno, Yobe y Adamawa.

Bokko Haram, cuya traducción significa "la educación occidental es pecado", tiene como objetivo implantación de la sharia, es decir, la ley islámica, en todo el país. Este objetivo está basado en un versículo del Corán que dice: "Cualquiera que no esté gobernado según las enseñanzas de Alá se encuentra entre los transgresores". Boko Haram defiende una versión del Islam que prohíbe a los musulmanes ("haram" significa prohibido) participar en cualquier actividad política o social que tenga vínculos con lo occidental. Esto incluye votar en las elecciones, vestir camisas y pantalones o recibir una educación secular. Por supuesto, educar a las niñas se considera como una actividad contraria al Islam. Boko Haram, además, considera que el país está gobernado por no creyentes, y por tanto, enemigos de su religión.

El grupo fue fundado en 2002, en la localidad de Maiduguri, en el Estado de Borno, por Ustaz Mohammed Yusuf, militante y líder del mismo hasta julio de 2009. En 2004 la sede fue trasladada a Kanamma, en el estado de Yobe, donde se constituyó una central operativa denominada "Afghanistan", la cual sirvió para atacar y realizar atentados contra las fuerzas policiales nigerianas. El líder actual es Abubakar Shekau. Este grupo se creó, además de con el objetivo de implantar la sharia, como respuesta a un gobierno al que consideran corrupto y al que acusan de estar robando los recursos naturales del país, principalmente petróleo. Sin embargo, cualquier argumento que justificara esa supuesta lucha contra la corrupción institucionalizada del gobierno nigeriano queda invalidada por el ataque sistemático a lo que más réditos informativos les está dando, y es el ataque a la educación, y especialmente a la educación de las mujeres, de las niñas.

Dado que sólo los territorios del norte de Nigeria tienen una mayoría de población musulmana, mientras que en el sur los nigerianos son mayoritariamente cristianos, Boko Haram desarrolla actividades terroristas para implantar la ley islámica en el sur. Uno de sus objetivos es, como está explicitado en su nombre, el sistema educativo. A lo largo de los últimos años este grupo terrorista ha tenido como objetivo escuelas, especialmente aquellas en las que se educan a las niñas, puesto que creen que éstas no deben recibir educación. Según su versión de la sharia, las mujeres deben estar en casa criando a los niños y cuidando a sus maridos, no en la escuela aprendiendo a leer y escribir.

Esta estrategia de amedrentación de la población del sur comenzó en mayo de 2013, cuando el líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, anunció a través de un video que en respuesta a la detención de sus mujeres e hijos por parte de las fuerzas de seguridad nigerianas, emprenderían una estrategia de ataques a escuelas y secuestros de niñas. En aquel video anunciaron que los secuestrados serían utilizados como "sirvientes" y, como muchos expertos apuntan, como esclavos sexuales.

Algunos de los ataques a escuelas se han saldado con el asesinato de los niños, hasta el punto de que se han contabilizado centenares de niños y niñas muertos por disparos y bombardeos de las escuelas. El pasado mes de febrero un ataque a un colegio en Buni Yadi, en la región de Yobe, supuso la muerte de al menos 29 estudiantes. En julio del año anterior un ataque a un colegio de esa misma región se saldó con la muerte a tiros de 20 estudiantes y un profesor. Hace apenas unos días -el pasado 10 de noviembre- un estudiante se inmoló en una escuela haciendo explotar las bombas que llevaba bajo su uniforme y provocando la muerte de más de 48 alumnos. Dos días más tarde una mujer hizo lo mismo hiriendo a varios estudiantes. Ambas acciones demuestran un salto cualitativo en la violencia que desempeña esta organización y parece mostrar una estrategia terrorífica: la utilización de niños y mujeres secuestradas como bombas humanas.

Corrupción y pobreza

Los islamistas consideran que la gente más poderosa de la zona es corrupta y los acusa de desviar los abundantes recursos naturales y bienes de Nigeria. El Banco Mundial señala que a pesar de sus extensas reservas de petróleo y gas natural, se puede considerar que cerca del 54% de la población de Nigeria es "extremadamente pobre".

A pesar de los esfuerzos del Gobierno de Nigeria, cuyo Ejército goza de una cierta reputación por su participación en diversas misiones de paz en África, bajo el paraguas de la OEA, lo cierto es que no están teniendo mucho éxito en la lucha contra este grupo terrorista. Una de las razones, según diversos observadores internacionales, es la desconfianza que aún despiertan en amplios sectores de la sociedad nigeriana, por su pasado. Muchas zonas olvidadas del país aún recuerdan épocas en las que el Ejército nigeriano no era garantía de seguridad, sino más bien de todo lo contrario.

Según los analistas, la amenaza tanto de éste, como de otros grupos islamistas que han surgido en la región, sólo podrá desaparecer cuando logre reducir la pobreza crónica del norte del país y establezca un sistema de educación que incluya a todos los habitantes".
Violencia contra las mujeres

La concepción que tienen los miembros de este grupo armado sobre el papel de las mujeres en su sociedad, o en la sociedad que quieren construir, constituye una clara violación de los derechos humanos y el más execrable ejemplo del ejercicio de la violencia contra las mujeres. No se trata sólo de que no las dejen acudir a las escuelas y que las prohíban la educación, es que los testimonios de algunas de las pocas niñas y jóvenes que han logrado escapar son un auténtico catálogo de todo tipo de violaciones y atropellos cometidos contra ellas: apenas niñas, son obligadas a casarse con combatientes que las utilizan sexualmente y las mantienen esclavizadas. Utilizan la violencia contra ellas y se desconoce cuántas de ellas han muerto desde que fueron secuestradas.

Además de ante la violencia física y sexual que se está ejerciendo contra estas niñas, que podrían considerarse como "violación como arma de guerra", tal y como sucedió durante la guerra de la ex Yugoslavia, la Comunidad Internacional debe reaccionar ante la pretensión que hay detrás de dicha violencia, y es que las mujeres queden apartadas de todo tipo de educación y reducidas a simples objetos al servicio de sus "dueños", como pretenden que sea su modelo de sociedad por el que combaten.

Nigeria es, ahora, el máximo exponente de la violación de los derechos humanos por cuanto esta violación se ejerce contra la mitad de su población. En estas fechas en las que se conmemora la lucha contra la Violencia de Género, es urgente e impostergable que se actúe ya. No podemos permitir que esta situación, que nos avergüenza y abruma, continúe un solo día más ante la indiferencia de los países occidentales. Hace apenas un mes el líder de esa organización echó por tierra la esperanza de que las niñas fueran liberadas cuando emitió un video en el que se burlaba de la Comunidad Internacional y aseguraba que las niñas nunca serían liberadas porque "formaban parte de su comunidad", al haber sido entregadas en matrimonio a miembros de la organización.

En este sentido, la iniciativa encabezada por Baltasar Garzón en nombre de la fundación internacional FIGBAR, con la presentación de una denuncia contra Boko Haram y su líder, Abubakar Shekau por la comisión de delitos de terrorismo, genocidio y/o lesa humanidad en aplicación de la ley que regula los supuestos de jurisdicción internacional, podría abrir una nueva vía de presión contra esa organización, especialmente si otros países y organizaciones deciden seguir esa misma vía. De momento la Fiscalía estudia si la Audiencia Nacional es competente para emprender esas investigaciones, de las que podría resultar una orden internacional de detención de los líderes del grupo, considerado próximo a Al-Quaeda.

Por el momento decenas niñas y jóvenes están siendo violadas cada día. Naciones Unidas debería actuar ya de forma contundente ante este silencio e inacción. Las dificultades políticas-militares por las que pasa Nigeria para enfrentarse a Boko Haram no pueden servir de excusa para no actuar ante lo que es claramente un acto de secuestro, rapto y violencia sexual continuada ante el cual la comunidad internacional debería sentirse avergonzada.

lunes, septiembre 02, 2013

Indonesia pretende someter a una prueba de virginidad a las universitarias

RT La Agencia de Educación de la localidad de Prabumulih, Indonesia, planea someter a las alumnas a una prueba de virginidad como parte de los exámenes de admisión a la universidad, informa el diario 'The Jakarta Globe

El director de la agencia, Muhammad Rasyid, ha explicado que la iniciativa fue propuesta con el fin de reducir los niveles de prostitución entre las jóvenes estudiantes y para acabar con las relaciones sexuales prematrimoniales, que han crecido significativamente durante los últimos años.

"Hemos propuesto llevar a cabo una prueba de virginidad para las estudiantes de bachillerato [que vayan a acceder a la universidad] dentro del presupuesto regional de 2014", declara Rasyid.

Sin embargo, la 'innovación' planteada por las autoridades indonesias ha generado un fuerte rechazo en varios sectores del país, incluyendo a algunas fuerzas parlamentarias. Por ejemplo, una parlamentaria que forma parte de la Comisión de Educación de Indonesia, Dedi Gumilar, critica la iniciativa y cuestiona su legalidad.

"¿Acaso tenemos una ley que establezca que los estudiantes deben de ser santos? Según nuestra Constitución, todos los ciudadanos tienen derecho a la educación", afirma la legisladora.

Otra activista política indonesia, la vicepresidenta de la Comisión Nacional contra la Violencia Machista, Masruchah, condenó el plan de la Agencia de Educación de Prabumulih, señalando, que "los cuerpos de estas jóvenes no pertenecen a los políticos" y que "la moralidad de un estudiante no la deben determinar sus genitales".

Pese a todas las críticas e indignación que ha despertado el proyecto, la Agencia de Educación tiene la autoridad de implantar este tipo de políticas y decidirá si finalmente lleva a cabo el plan o no

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/103546-prueba-virginidad-admision-universidad-indonesia

jueves, marzo 31, 2011

Violencia machista en Libia

Koldo Campos Sagaseta
Rebelión Días atrás, en Trípoli, una mujer irrumpía en medio de una rueda de prensa a la que asistían numerosos corresponsales extranjeros y denunciaba haber sido violada por una docena de soldados libios. Minutos más tarde la noticia, imágenes incluidas, estaba en todos los canales de televisión y primeras páginas del mundo como palpable demostración de la infamia del régimen libio.

No ha habido invasión imperialista en la que, a modo de cobertura moral, no se esgrima algún caso de violencia machista por parte del país intervenido que justifique la guerra. Siempre los medios de comunicación encuentran a mano un dramático caso que demuestre la discriminación que padece la mujer en el país invadido y a partir del cual deba colegirse que no hay mejor manera de evitarla que apelar a las bombas como argumento y a la guerra como razón.

Iraq tuvo su caso como Mayada tuvo su libro cuando la estadounidense Jean Sasson, en solidaridad con la prisión y los vejámenes que sufriera la iraquí, publicó el best-seller “Mayada, hija de Iraq”. En los días previos a la guerra, una joven o niña iraquí, creo recordar, llegó a declarar en el propio hemiciclo de Naciones Unidas las atrocidades de que había sido objeto por el régimen de Sadam.

También tuvo su caso Afganistán. La brutal agresión sufrida por la joven afgana Aisha, a la que su marido cortó la nariz y las orejas por huir de casa sirvió, por ejemplo, para que le restituyera recientemente el rostro la generosidad del gobierno estadounidense, país en el que reside desde que fuera rescatada por sus soldados; para que la sudafricana Jodi Bieber ganara el premio de fotografía World Press Photo el pasado año; y además, para que la revista “Time”, en su portada, junto a la desfigurada imagen de la joven afgana, argumentara en titulares: “Lo que pasa si nos retiramos de Afganistán”.

El mismo caso se ha dado en Irán… a la espera de ser ocupada. Sakineh Ashtiani, acusada de dar muerte a su marido con la complicidad de su amante y, según los medios, condenada a ser lapidada, salvó la vida gracias a la presión internacional que puso de manifiesto la barbarie del régimen iraní.

En Irán, a diferencia de otras irreprochables democracias árabes, la pena de muerte por lapidación, vigente en tiempos del inolvidable Sha de Persia, fue derogada, precisamente, por los ayatolas, pero este sólo es un apunte más de la grosera manipulación de los medios.

Libia no podía ser menos. El mismo día, curiosamente, en que un sicario asesinaba en Colombia a la jueza Gloria Constanza Gaona, que había denunciado presiones en el juicio que seguía a los tenientes coroneles del ejército colombiano James E.Pineda y Germán Belarcázar, así como a otros siete oficiales, por la violación y asesinato de tres niños de 6, 9 y 14 años, sin que los grandes medios de comunicación se enterasen del hecho, daba la vuelta al mundo la violación de una mujer libia.

La puesta en escena de este caso, así como su casual “oportunidad”, me invita a la legítima sospecha. Tampoco sería la primera vez que el fehaciente testimonio de hoy, pasado un prudencial tiempo, descubre la falsedad de su enunciado. Hace poco más de un mes reconocía el ingeniero iraquí Rafid Ahmed Alwan al Janabi, cuyas confesiones sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq sirvieron de coartada para la guerra, que todo lo que había declarado era mentira.

Aclaro a los malpensados que, al margen de las dudas que me crea la veracidad del testimonio de la mujer libia, en absoluto estoy negando la discriminación y la violencia que padece la mujer en todo el mundo y, especialmente, en muchos países árabes. Para no salir del mundo árabe, otra irreprochable democracia como Arabia Saudita, apenas ayer, decidía seguir negando el derecho al voto a las mujeres so pretexto de que “no están preparadas”. En esa inmensa balsa de petróleo que algunos tienen por país y que, no por casualidad, es el principal aliado y socio de Occidente, tampoco votar es lo único para lo que las mujeres no están preparadas. Igualmente, las mujeres saudíes no tienen derecho a estudiar, a conducir automóviles o a salir solas a la calle, sin la compañía de un varón delante, entre otras carencias.

Lo que sí pretendo es que no se tome en vano el nombre de la mujer, que no se pretenda instrumentalizar su discriminación para fines igualmente repugnantes, que no se permita la burda manipulación que se hace de la violencia machista desde los medios de comunicación y al dictado de las necesidades que la guerra demande, para justificar ante la opinión pública, no sólo el genocidio sino la misma proliferación de esa violencia que, supuestamente, exigía la intervención. Hasta Naciones Unidas ha reconocido que, al igual que el cultivo del opio aumentó en Afganistán desde que el país fuera invadido, también la violencia machista ha crecido en los países ocupados.

De hecho, si algunas soldadescas ostentan el deleznable liderato de violaciones, en general impunes, éstas son las que comandan las propias Naciones Unidas y Estados Unidos en sus misiones de paz y humanitarias guerras, a pesar de la dura competencia que les hacen otros aliados o la innombrable Colombia.

Estados Unidos y Europa, que invadieron Afganistán o Iraq y hoy bombardean Libia antes de terminar por ocuparla, buscan hacerse con sus bienes, garantizarse espacios de influencia, alimentar la codicia de sus empresas, permitir el trasiego de sus recursos, instalar sus bases… A eso fue que llegaron y por eso es que están allí. A ello es que se debe la guerra. Y para hacerlo posible no han tenido empacho en aniquilar cientos de miles de vidas humanas de la manera más artera y cruel. Sus soldados, así representen a sus estados o a las Naciones Unidas, además de sembrar la destrucción, también se han destacado en el ejercicio de las más asquerosas lacras humanas que pueda imaginarse. Entre ellas, violaciones y torturas de mujeres, de niñas, en cualquiera de los países que con distintos pretextos ocupan.

La ginecóloga suiza Mónica Hauser dedicada a prestar asistencia a mujeres que han sufrido la violencia de la guerra, la violencia de ver destruidos sus hogares, la violencia de ver asesinados sus hijos, la violencia de la miseria, de ser ultrajadas, declaraba en referencia a la República Democrática del Congo, que los cascos azules de la ONU y el personal masculino humanitario no sólo no contribuían a la paz y el orden sino que eran parte del problema, y que las familias ya no mandaban a sus hijas a la escuela sino a la puerta de los cuarteles. Son incontables los casos de violaciones, de asesinatos, que han tenido como protagonistas, además de las niñas y las mujeres que la padecen, a tropas de paz en Haití, a soldados de la OTAN en los Balcanes, a los cascos azules en Africa y a soldados europeos y estadounidenses donde quiera que llegan.

Los miles de soldados imperiales desplegados en Iraq, Afganistán o Libia no han llegado a proteger a las mujeres de esos países de la violencia de una cultura machista que tampoco es desgracia exclusiva de esas naciones y culturas. Tampoco fueron a impartir talleres educativos en relación a la violencia machista o a implementar sistemas de formación escolar que hagan posible superar esas violentas conductas. Si así fuera no tendrían que haber ido tan lejos. Si lo que pretendían era prevenir o castigar la violencia machista podrían haber invadido sus propios países, haber intervenido, por ejemplo, el Estado español o cualquiera de las democracias europeas o los Estados Unidos, donde los crímenes machistas siguen estando a la hora del día. Si enfrentar la violencia machista fuera realmente una válida razón para no salir de Iraq, de Afganistán o Libia y, en consecuencia, la razón de haber llegado, no eran soldados los más indicados para tal cometido.
Debieran haber enviado contingentes de educadores, de asistentes sociales, de maestras y pensadores, de psicólogos, de personas cualificadas y capaces de ayudar a esas sociedades a reconducir la visión y el papel de la mujer por espacios de justicia, equidad y respeto.

Si enfrentar la violencia machista fuera, en verdad, la razón que justifica invadir y ocupar, ahora Libia, antes Iraq y Afganistán, no eran bombas, ni tanques, ni armas, los instrumentos capaces de contribuir con esa cultura a superar esa sexista violencia, sino libros, material didáctico, recursos económicos y, sobre todo, ejemplo.

La única manera en que podremos influir para que vayan superándose cualquiera de las tradiciones o costumbres en otras culturas que, a nuestros ojos, resultan repugnantes, es el ejemplo que les brindemos desde modelos de convivencia más abiertos y tolerantes, desde sociedades más participativas y justas, desde intercambios más igualitarios y respetuosos.

Y de más está decir lo lejos que estamos de servir de ejemplo. No sólo no hemos sido capaces de ofrecer conductas alternativas que les sirvan de modelo, sino que nos hemos convertido en paradigma de todas las vilezas que, supuestamente, rechazamos; en verdaderos maestros de todos los horrores que aseguramos aborrecer y en los principales sostenedores de su miseria.

miércoles, octubre 27, 2010

El Burka, leyes y derechos de las mujeres en Francia

Marlen Borges
PL.- El destino de las mujeres portadoras del velo islámico integral en Francia quedó un poco en suspenso tras la aprobación de la ley que prohíbe el uso de esta prenda en los espacios públicos.

Tal proscripción, apoyada por la mayoría de las organizaciones feministas que consideran este atuendo un símbolo de discriminación, pudiera significar la total reclusión de esas féminas.

La legislación aprobada finalmente por el Senado galo el 14 de septiembre pasado propone multar con 150 euros a quienes usen el velo integral en los lugares públicos, una sanción ligera "porque por lo regular la víctima es la mujer", dicen sus defensores.

En otro artículo de la ley aprobada se establece que el acto de imponer el disimulo del rostro a través de la violencia, la amenaza, el abuso de poder o de autoridad se castigará con un año de prisión y 15 mil euros de multa.

Se prevé un período de "prácticas o pedagogía" de seis meses para comenzar la aplicación de la ordenanza en la primavera de 2011.

Antecedentes

"El burka no es bienvenido en Francia", dijo en junio de 2009 el presidente de la República, Nicolás Sarkozy, para marcar el inicio del ocaso de una prenda usada en la nación gala por un reducido grupo de mujeres de confesión musulmana.

Nunca una frase del mandatario galo disfrutó de tanto consenso sin distinción de partidos, pues lo mismo de la derecha que de la izquierda, asociaciones religiosas o de defensa de los derechos y la población conformaron una voluntad casi unánime por extinguir el velo islámico integral.

La directora general de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Irina Bokova, manifestó su rechazo al uso de la burka en las mujeres.

En un comunicado señaló que se declara "personalmente contra la burka" porque no enaltece la figura de la mujer.

Bokova eludió pronunciarse respecto a si es correcta la proyección de Francia de prohibir el empleo del velo integral en sectores públicos, y en cambio recalcó la relevancia de actuar para favorecer al sector femenino en el mundo.

Después de meses de diálogos, debates y contradicciones, quedó sancionado el proyecto de ley por la Asamblea Nacional y el Senado. La legislación, proyectada en nombre de los valores republicanos y en defensa de la dignidad de la mujer, terminó aprobándose como una ordenanza contra cualquier forma de ocultación del rostro por seguridad y sospecha de terrorismo.

Los partidarios de izquierda desconfiaban de una inobservancia a la Carta Magna y preferían acudir a otros métodos sin llegar a legislar al respecto.

No obstante, el pasado 7 de octubre el Consejo Constitucional validó la ley que veta la burka portada por algunas mujeres que les cubre el cuerpo totalmente con una rejilla en los ojos y en el caso del niqab quedan visibles los mismos, sólo con la reserva de poder autorizarse en los lugares públicos de culto.

Lejos de la unanimidad

Sin embargo, el asunto está lejos de lograr la unanimidad, y como uno de los ejemplos está el caso de Anne.

Francesa, hija de franceses y casada con un francés de confesión musulmana, ella pertenece al grupo ínfimo de mujeres que porta la burka en este país y será sancionada por la ley si sale a la calle totalmente cubierta.

Anne se niega a aceptar lo que califica de imposición absurda y se rebelará, según anticipó.

Como francesa nacida en el país que siempre da lecciones al mundo sobre derechos humanos, no entiendo por qué no puedo vestirme como deseo y siento que mis derechos fundamentales son violados, expresó.

¿Alguien nos preguntó qué pensamos? No somos numerosas, no atacamos la integridad física ni moral de ninguna persona y nos conciben tan importantes como para crear una ley, se quejó Anne, quien aseguró portar el velo por gusto propio, sin imposiciones.

Algunos críticos de la ley piensan que se trata una vez más de desviar la atención para ocultar problemas mayores, de índole política, económica o social.

En junio pasado, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa votó a favor de una resolución opuesta a la prohibición del velo islámico integral.

El órgano consideró que se le negaría el derecho a cubrir su rostro a las mujeres según su deseo y propiciaría el encierro de estas féminas, limitándoles el contacto social.

La Asamblea valoró que la proscripción de la prenda sólo podría justificarse por razones de seguridad o cuando las funciones públicas o profesionales de quien lo porte le impongan la demostración de neutralidad religiosa o mostrar el rostro.

martes, julio 27, 2010

India: Informe de un taller sobre género, justicia e islam en Mumbai

Por Rehana Khan /Nurain
Mucho se ha escrito en los últimos años, particularmente por una nueva generación de escritoras musulmanas, sobre la justicia en términos de género desde el interior del marco islámico. Mas esto ya no es mero ejercicio académico. Por todo el mundo, y ahora también en India, los grupos activistas están tratando de propagar el mensaje mediante el compromiso en la práctica con las mujeres musulmanas “de base”.

Hace poco tuve oportunidad de asistir a uno de dichos talleres —en Mumbai— organizado por el Centro para el Estudio de la Sociedad y el Laicismo (Centre for the Study of Society and Secularism). El centro está encabezado por el renombrado académico islámico Asghar Ali Engineer, quien ha cumplido una función clave en el desarrollo del llamado “Feminismo islámico” o lo que llaman, quienes tienen problemas con la palabra “feminismo”, la comprensión o interpretación del islam teniendo en cuenta las cuestiones de género. El taller intensivo de tres días reunió a casi cincuenta activistas sociales, mayormente musulmanas, y a algunos periodistas y académicos de toda India.

Las primeras sesiones del taller estuvieron dirigidas por Zeenat Shaukat Ali, quien enseña Estudios islámicos en el Colegio San Xavier de Mumbai. Autora de dos libros importantes que detallan una comprensión de la equidad de género del islam, a saber, Marriage and Divorce in Islam [Matrimonio y divorcio en el islam] y Empowerment of Women in Islam [Empoderamiento de las mujeres en el islam], la Dra. Ali es una prolífica escritora cuyos artículos figuran regularmente en varios periódicos y revistas especializadas.


La primera sesión de la Dra. Ali estableció el marco básico para un enfoque del islam que es favorable al género y recalcó la necesidad de que las musulmanas estudiaran por su cuenta el Corán y los informes auténticos de Hadith para, a partir de allí, crecer tanto en la comprensión justa que tiene su fe del género como en la crítica a las interpretaciones patriarcales dominantes, a las que ella no considera auténticas. Para respaldar su caso argumentó que el Corán considera ontológicamente iguales a hombres y mujeres en cuanto revela que Dios creó a los seres humanos a partir de una sola célula. Afirmó que el Corán refleja la visión de hombres y mujeres en mutua dependencia y complementándose en igualdad, como pone en evidencia el verso coránico según el cual Dios creó a todos los seres en parejas. El concepto de Dios como figura masculina patriarcal, según arguye la Dra. Ali, no tiene fundamento alguno en el Corán, pues la palabra “Alá” carece de género. Como prueba de la centralidad de las mujeres en la tradición islámica señaló que cuando la gente va en peregrinaje a la Meca caminando entre los dos cerros de Safa y Marwah, está siguiendo una práctica establecida por una mujer: Hazrat Hajra (o Hagar), la primera en hacerlo. Anotó que el Profeta Mahoma no dudaba en ayudar a sus esposas en algunas actividades domésticas, desafiando así la noción de que sólo es trabajo de mujeres. Dijo que una muestra del honor que el islam confería a las mujeres era el derecho dado a las casadas para mantener su apellido, para gastar sus ingresos y su dote (mehr) según su criterio y para poner cualquier condición a sus contratos de matrimonio, siempre que no violara las enseñanzas islámicas. En cuanto a la poligamia, la Dra. Ali replicó que el Corán la incluye como ordenanza restrictiva y no así permisiva como la entienden muchos musulmanes. Únicamente un verso del Corán, apuntó, se refiere al permiso de tomar más de una mujer y también esto estaba en el contexto de la niñez en orfandad y de la necesidad de cuidar sus derechos. También recalcó el hecho de que el Corán repetidamente impone justicia (adl) sobre la gente creyente, y la justicia, agregó, también significa, naturalmente, justicia de género.

Resumiendo su argumento de justicia de género en el islam, la Dra. Ali criticó la tendencia de numerosos académicos a interpretar algunos versos clave del Corán relativos a las mujeres fuera de su contexto textual e histórico. Indicó que esto ha dado lugar a que la imagen de la mujer aparezca como objeto sexual, imagen que ella considera totalmente contraria al Corán. Observó que esta tendencia es parte de una larga tradición histórica que evolucionó en la era posprofética, cuando la sociedad musulmana, relativamente igualitaria, fue transformada en un vasto imperio que se apoyaba en normas monárquicas despóticas y en un patriarcado profundamente arraigado que, subrayó, no se correspondía con el esquema coránico de las cosas.

La segunda sesión de la Dra. Ali trató de las diversas reglas fiqh[1] relativas a las mujeres. Los juristas patriarcas afirman, según expresó, que el testimonio de una mujer vale la mitad del de un hombre, lo cual argumenta implícitamente que las mujeres tienen menos valor o son menos inteligentes. Insistió en que esto es un argumento polémico. Explicó que el verso coránico que ordena el testimonio de una segunda mujer (2:282) sólo lidia con transacciones comerciales, algo sobre los que las mujeres de dicha época sabían poco. Por ende, hay que considerarlo en su contexto histórico. Por otro lado, mencionó que otros muchos versos en el Corán que mencionan a testigos no especifican una segunda testigo mujer. Asimismo, la Dra. Ali rebatió la controvertida práctica del talaq dicho tres veces seguidas —el triple talaq— haciendo hincapié en que no es en modo alguno el método coránico. Insistió en que era imperioso reformar—de hecho, codificar— la Ley Personal musulmana según se la practica hoy en día, particularmente para evitar que los musulmanes se divorcien arbitrariamente de sus esposas, prohibiendo la práctica del triple talaq y remplazándola con el método prescrito por el Corán; sin embargo, sentía que el Gobierno de India seguiría siendo reacio a hacerlo por temor a la oposición del patriarcal ulema que se apresuraría a calificar la medida (incorrectamente) de una violación de la shariah. La Dra. Ali arguyó que la Ley Personal musulmana, tal como se la observa actualmente en India, no concuerda del todo con las enseñanzas coránicas, que fue desarrollada por colonialistas británicos y que se nutre en gran medida de normas fiqh tradicionales antes que directamente del Corán, lo cual explica algunas de las disposiciones patriarcales que sostiene.

La segunda persona clave del taller, experta en recursos, fue un maulvi[2] de Mumbai, Maulana Shoeb Kothi, licenciado de Dar ul-Ulum en Deoband. Como la Dra. Ali, argumentó que el Corán percibe a hombres y mujeres como seres humanos iguales, qua, y merecedores de las mismas recompensas y los mismos castigos de Dios por los mismos actos. Dijo que en el Corán estaba claro que, a los ojos de Dios, el estatus de una persona no depende de su género (o de otras identidades atribuibles), sino simplemente del grado del taqwa o conciencia de Dios o buenas acciones. Contrastó esta visión igualitaria con la de la Biblia, en donde a Eva se la culpa de tentadora y de ser la causa de la expulsión de Adán del Jardín del Edén, una tesis que no está en el Corán. Sin embargo, pese a la insistencia coránica en la igualdad de género, apuntó que el perjuicio patriarcal de la fase posprofética comenzó a teñir las interpretaciones dominantes del Corán y del Hadith autenticado, a lo cual se agregó la influencia gravemente dañina de algunas tradiciones judías y cristianas y las creencias de que las mujeres son seres innatamente inferiores. Para ilustrar su punto, el Maulana citó la instancia del verso coránico que dice, “Vuestras mujeres son vuestro campo de cultivo; id, pues, a vuestro campo de cultivo cuando y como queráis” (2:223). Según la interpretación de algunos académicos patriarcales, este verso pide a las mujeres que se sometan a los deseos sexuales y al control de sus maridos, aún en contra de su voluntad. El Maulana disputó esto como una absoluta malinterpretación. Lo que el verso de hecho significa, rebatió, es que la mujer debe ser tratada como algo precioso, con la misma consideración que el agricultor da a su tilth o tierra cultivable, con amor y cuidados y haciendo todo lo posible para protegerlo de daño.

El Maulana también habló de la forma en que varios informes comenzaron a ser preparados y erróneamente propagados como narrativas Hadith, simplemente para justificar la subordinación de las mujeres. Dijo que aún hoy se suele exhibir estos falsos informes para negar los derechos que el Corán da a las musulmanas. Al respecto mencionó que todos los informes descritos como Hadith deben reunir dos criterios básicos para que su validez sea aceptada: deben estar en conformidad con el Corán y con los hechos conocidos de la naturaleza y la ciencia. Si fallan estas pruebas, afirmó, deben ser rechazados.

Un término clave usado en el Corán para las relaciones entre esposo y esposa es qawwam, que, como señaló el Maulana, ha sido empleado por muchos académicos musulmanes para sugerir dominación masculina y subordinación femenina. Arguyó que esto representaba una burda malinterpretación de un término que, para él, de hecho significa “apoyo”. En otras palabras, continuó, significa que el esposo debe ayudar o apoyar a su esposa y aligerarle la carga. También indica el deber o la responsabilidad del hombre hacia su esposa, antes que la supremacía masculina que muchos académicos musulmanes (y otros) presumen que sugiere. En el verso que habla de que los hombres son el qawwam de las mujeres (4:34), el Corán menciona “…la preferencia que Alá ha dado a unos sobre otros…”, lo que no alude de modo alguno a la supremacía masculina, conforme argumenta el Maulana. Más bien, como revela un verso que aparece antes en la misma surah coránica, “los hombres disfrutan de ciertas cualidades y las mujeres disfrutan de ciertas cualidades.” Aclaró que, en otras palabras, Dios puede haber favorecido a las mujeres con algunas cualidades que los hombres no poseen e, igualmente, a los ojos de Dios algunas mujeres están ciertamente más favorecidas que muchos hombres.

Aunque él mismo es un académico formado en una madrasa[3], el Maulana propuso a las musulmanas que no era necesario dedicarse en taqlid u obediencia ciega a seguir a los maulvis tradicionalistas, porque no todo lo que dicen, inclusive sobre los temas de las mujeres, es necesariamente válido ni concuerda totalmente con la visión coránica. En lugar de taqlid, dijo, era necesario ejercitar aql (la razón), pues así lo repite con insistencia el propio Corán.

También es necesario, aconsejó el Maulana, que las mujeres musulmanas estudien el Corán por su cuenta y se impongan como académicas por derecho propio. Aseveró que esta innovación no era indebida y adujo el ejemplo de una mujer que, en una ocasión en que el Califa Umar hablaba en contra de las cuantiosas herencias que se les dejaban a las viudas, se levantó para replicar que él no podía prohibir lo que el Corán había permitido, y el Califa reconoció su error de inmediato. Obviamente, esta mujer, dijo el Maulana, estaba bien versada en el islam, por lo que podía defender los derechos que el Corán otorga a las mujeres. Aclaró que este incidente tuvo lugar en una mezquita y frente a una congregación, lo que claramente sugería que en aquella época aún se permitía que las mujeres entrasen a los ambientes de una mezquita y rindiesen culto. La regulación posterior, que va en contra de que las mujeres recen en mezquitas y que se observa en varias escuelas islámicas de jurisprudencia, simplemente era una medida administrativa, afirma el Maulana, no una orden basada en la shariah; por ende, podría ser revocada si fuese necesario. De manera similar, el hecho de que esta mujer hablara durante una reunión congregacional en la mezquita también indica manifiestamente que es cuestionable lo que afirman algunos clérigos, a saber, que la voz de una mujer es awrah o algo que debe ser disimulado y “ocultado” ante hombres con los que ella no está relacionada. Recalcando aún más la función clave de las mujeres en la erudición islámica de los primeros años, el Maulana se refirió a un libro recientemente publicado, Al-Muhadithat, de Akram Nadwi, un escritor indio que actualmente trabaja en Oxford, que enumera a varios miles de mujeres musulmanas en los primeros siglos después de la desaparición del Profeta que eran renombradas académicas islámicas. Dijo que la colección más auténtica del corpus de Hadith de Imam Bukhari fue escrito por una mujer, Karima Bint Ahmad, cuya versión sigue siendo válida. El ejemplar del Corán que se consideraba auténtica y que fue utilizada como prototipo por los musulmanes también fue preservada por una mujer, Hazrat Hafsa. Todas estas instancias, señaló, claramente muestran que el hecho de que las mujeres musulmanas emergieran como académicas religiosas o alimas por derecho propio no es de modo alguno una innovación indebida. Lo que se requiere es que las mujeres musulmanas recuperen su derecho coránico a hablar por sí mismas, enfatizó el Maulana, y reforzó este punto sirviéndose de un ejemplo: cuando una mujer, Khamsa Bint Hizam, fue entregada a un hombre como esposa por su padre, se acercó al Profeta para decirle que no quería estar con su esposo, pues la habían casado a la fuerza y sin su consentimiento, con lo cual el Profeta declaró nulo el matrimonio. El Maulana comparó esto con la falta de libertad de muchas musulmanas (y de otras religiones) en la India para escoger a sus esposos, algo que aún hoy constriñe sus vidas.

A fin de reforzar su argumento a favor de la participación más activa de las musulmanas en asuntos comunitarios, el Maulana citó el caso de la primera esposa del Profeta, Hazrat Khadjiah, quien lo consoló cuando él recibió su primera revelación y le ofreció apoyo y alivio. Otra de sus esposas, Hazrat Umm Salamah, sugirió una salida, que él aceptó, cuando muchos de los compañeros varones del Profeta en Hudaibiyah no prestaron atención a su consejo de volver a Medina. Cuando los musulmanes, guiados por el Profeta, conquistaron la Meca, Umm Hani bint Abi Talib, hermana del Imán Ali, obtuvo una promesa de protección de dos idólatras que habían luchado contra las fuerzas musulmanas. Al informárselo al Profeta éste le respondió: “Otorgamos nuestra promesa de protección a cualquiera que hayas prometido proteger, Umm Hani”. En su exposición señaló que este ejemplo indica claramente que las primeras musulmanas tuvieron una participación activa, incluso en las instancias más altas de los asuntos públicos. Del mismo modo, afirmó el Maulana, el Corán relata que una hija aconsejó a su padre que emplease a Moisés. Todas estas mujeres, señaló, desempeñaron un papel fundamental para la misión de los Profetas, por lo que no hay razón para que las musulmanas se mantengan ajenas a ese tipo de función en la actualidad, tanto en lo académico como en el activismo social. En ese sentido, y al igual que la Dra. Ali, el Maulana expresó su apoyo total a las medidas para reservar escaños para las mujeres en puestos electos y criticó las protestas de quienes califican esta y cualquier otra iniciativa que fomente la participación pública de las mujeres como algo que “no es islámico”.

Shazia Shaikh Shazia Shaikh, académica e investigadora del Centro para el Estudio de la Sociedad y el Laicismo, estuvo a cargo de la tercera sesión del taller, en la que se abordó el tema de las fatwas relacionadas con las mujeres. Enfatizando la gran cantidad de fatwas emitidas por maulvis de varias madrasas a lo largo de los años, fatwas dirigidas claramente a minar los derechos de las mujeres, aclaró que, contrariamente a la presunción popular, una fatwa no constituye en absoluto un edicto o reglamento, sino una opinión que puede cuestionarse con opiniones contrarias, fundamentadas en lecturas de los textos islámicos. Habló también de la urgente necesidad de que solo los muftis[4] adecuadamente capacitados emitieran fatwas y de que los muftis comprendiesen profundamente las necesidades y condiciones sociales contemporáneas a fin de que sus fatwas sean pertinentes y reflejen sensibilidad con el contexto. Es fundamental que sigan un criterio razonable en lugar de seguir ciegamente las prescripciones de los libros medievales fiqh, productos de un contexto social e histórico radicalmente distinto. Subrayó, además, la necesidad de ijtihad o razonamiento creativo en cuestiones de fiqh, en particular las reglas fiqh relacionadas con las mujeres, y afirmó que, contrariamente a la creencia de muchos maulvis tradicionalistas, hay una gran diferencia entre la shariah o Camino Divino, que es inmutable, y las reglas fiqh, que son un producto humano y, por ende, sujeto a cambios y reformas. Las fatwas, enfatizó, deben medirse con el Corán y a la luz del mandato coránico de justicia e igualdad. Si no superan esa prueba, tendrán que ser rechazadas.

La cuarta ponencia magistral del taller fue presentada por Niloufer Akhtar, presidenta de la Asociación de Profesionales del Derecho Familiar de Mumbai. Con años de experiencia laboral en los tribunales, aventura que más del 60% de los casos remitidos a los Tribunales de Familia en Mumbai son presentados por mujeres e implican denuncias de crueldad a manos de sus maridos. Muchas de ellas son musulmanas. Comentó también que pocas conocen sus derechos legales, incluido el derecho a solicitar a los tribunales la disolución del matrimonio. Habló del apremiante asunto relacionado con la gran cantidad de musulmanas arbitrariamente divorciadas por iniciativa unilateral de los esposos a través del método del triple talaq, ajeno al Corán. Lamentó el hecho de que no se siga el procedimiento coránico de divorcio que exige arbitraje previo a fin de evitar el divorcio; es más, la norma coránica ni siquiera aparece en el Compendio de Leyes Islámicas elaborado hace algunos años por el Consejo Indio para la Ley Personal musulmana. Dijo haber señalado este hecho en varias reuniones del Consejo, pero por desgracia ese órgano legislativo no había tomado medida alguna al respecto. Lamentó que el Consejo no fuera lo suficientemente sensible a los problemas prácticos de las musulmanas divorciadas.

La quinta oradora del taller fue Flavia Agnes, la renombrada académica feminista de Mumbai. En su ponencia criticó la difundida idea de que las musulmanas viven privadas de sus derechos y de que a las hindúes se les garantiza los mismos derechos legales que a los hombres, derechos que, se asume, disfrutan. Esta idea, señaló, es insostenible en los hechos y ha llevado a erróneos estereotipos negativos acerca del islam y de los musulmanes. Si bien apoya la demanda de reforma de la Ley Personal Musulmana a fin de hacerla confluir con la igualdad coránica en lo que respecta a los derechos de las mujeres, advirtió que las feministas que exigen un Código Civil Común estarían, sin darse cuenta, haciéndole el juego al cabildeo de Hindutva[5] que defiende tal código, aunque por otras razones… a saber, para minar la identidad comunitaria musulmana. En el clima actual de creciente islamofobia, comentó, resulta cada vez más difícil plantear los problemas a que se enfrentan las musulmanas por miedo a que incluso los esfuerzos mejor intencionados acaben por reforzar la imagen negativa del islam y de los pueblos musulmanes. Habló además de la insensibilidad de muchos grupos “seglares” de mujeres indias (grupos que, por otra parte, se quejan constantemente de lo que denominan la difícil situación de las musulmanas que padecen a los musulmanes patriarcales, clérigos incluidos) ante las musulmanas asesinadas, violadas o mutiladas por turbas Hindutva, por lo general en contubernio con el Estado. Se refirió también a los habituales reportajes sensacionalistas sobre musulmanas en medios que pretenden difundir generalizaciones absurdas e insostenibles (según las cuales todas las musulmanas viven reprimidas por los hombres de su religión) a partir de casos concretos, al tiempo que ignoran por completo las historias positivas de musulmanas que amplían su acceso a la educación o a empleos remunerados, o las noticias sobre juicios positivos derivados de la Ley (de Protección de los Derechos al Divorcio) de las Mujeres Musulmanas, aprobada en 1986 por el Parlamento indio gracias a la insistencia de los grupos musulmanes.

El taller se llevó a cabo en una modalidad dinámica e interactiva que favorecía la libre expresión de las perspectivas y experiencias de las participantes. Varias musulmanas (la mayoría de ellas pobres, algunas provenientes de zonas marginales y poblados lejanos) compartieron sus historias personales, hablaron de cómo fueron obligadas a casarse o de cómo sus padres les negaron la oportunidad de hacer estudios superiores, o bien de la manera en que fueron acosadas por rapaces parientes políticos que consideraban la dote como insuficiente o de la vida que llevan de miedo e inseguridad constantes ante la posibilidad de que sus esposos se divorcien de ellas de un día para otro y por ser constantemente golpeadas por ellos, del miedo a maridos borrachos que se niegan a disolver un matrimonio roto al tiempo que siguen maltratándolas, y de los maulvis, los jamaats[6] y los policías, que hacen caso omiso de sus problemas. Todo ello, insistían a partir de lo aprendido en los tres días del taller, constituye una flagrante violación de los principios del islam. Ése es el mensaje que prometieron difundir al volver a sus hogares.

Si desea más información sobre el Centro para el Estudio de la Sociedad y el Secularismo, consulte esta página (en inglés).

Notas de las traductoras

[1] El término fiqh alude a la metodología para convertir en legislación aplicable las normas del Corán y de la Sunna que, por sus características de revelación religiosa, no pueden regular directamente la vida de los hombres en la religión islámica.

[2] Título religioso honorífico del islam que se da a académicos.

[3] Escuela de Teología en el mundo islámico.

[4] Jurisconsulto islámico, capaz de interpretar la sharia o ley islámica y de emitir dictámenes legales o fatwas.

[5] Hindutva es una palabra traducible por el concepto hinduidad.

[6] Grupo de insurgentes radicales del islam.