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viernes, febrero 10, 2012

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos avisa: la homofobia no está amparada por la libertad de expresión

Kaos en la Red Sentencia histórica para los derechos LGTB en Europa la que se ha conocido este jueves. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que obliga a los países miembros del Consejo de Europa, ha fallado que condenar la homofobia no viola la libertad de expresión.

Los demandantes Tor Fredrik Vejdeland, Harlin Mattias, Björn Tang y Niklas Lundström son ciudadanos suecos. En diciembre de 2004 fueron a una escuela secundaria y distribuyeron un centenar de panfletos de una organización llamada “Juventud Nacional” en los que se afirmaba que la homosexualidad era una tendencia sexual anormal, tenía un efecto moralmente destructivo en la sociedad, era responsable de la transmisión del VIH y el sida y promovía la pederastia. En julio de 2006 el Tribunal Supremo de Suecia les condenó por promover el odio contra un grupo nacional o étnico, con multas de entre 200 y 2.000 euros.

Los demandantes, envalentonados, alegaron que la sentencia conculcaba su “derecho a la libertad de expresión”, argumentando que el objetivo de su acción era empezar un debate acerca de la falta de objetividad en el sistema escolar sueco. Por ello reclamaron ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, que ahora ha fallado en su contra. El tribunal considera que la posible interferencia con el ejercicio de los demandantes de su derecho a la libertad de expresión fue razonablemente tratada por las autoridades suecas, debido a la necesidad en una sociedad democrática de proteger la reputación y los derechos de todas las personas. Considera además especialmente relevante que los panfletos se dirigieran a adolescentes. El tribunal admite que aunque no se llamaba directamente a la acción contra las personas homosexuales, los términos de las octavillas eran insultantes.

viernes, enero 13, 2012

Diversidad sexual y derechos humanos: cinco desafíos de nuestro tiempo

Antoni Jesús Aguiló
Rebelión El 10 de diciembre de 1948, después del trauma de la II Guerra Mundial, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un acuerdo entre países de todo el mundo para garantizar los derechos fundamentales de toda persona. No obstante, sesenta y tres años de vigencia no han sido suficientes para proteger y asegurar los derechos humanos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB).

Aunque no es nueva, la incorporación de los derechos sexuales en la agenda y el discurso de los derechos humanos es una realidad tímida y reciente. Hasta la Conferencia de Viena (1993), la ONU prácticamente no había abordado en sus documentos cuestiones relativas a la sexualidad. En este caso lo hizo refiriéndose sólo a la “violencia y todas las formas de acoso y explotación sexuales” (art. 18) ejercidas contra las personas, de manera particular contra mujeres y niñas. La Conferencia Internacional de El Cairo (1994) significó un paso adelante al considerar la salud sexual y reproductiva un derecho humano a proteger. Esta incipiente línea de acción se vio respaldada por la Conferencia de Beijing (1995), que en su párrafo 96 establece que: “Los derechos humanos de la mujer incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y decidir libremente respecto de esas cuestiones, sin verse sujeta a la coerción, la discriminación y la violencia”.

A pesar de estos importantes avances, en las declaraciones e informes de la ONU todavía prevalece un enfoque parcial, limitado e insuficiente de los derechos sexuales. Según la red internacional HERA [1], además del derecho de toda persona a la salud sexual y reproductiva, los derechos sexuales comprenden todo un amplio catálogo de potestades cuyo reconocimiento formal y efectivo se relaciona directamente con la defensa de la “dignidad humana” y los “igualdad de derechos” que el Preámbulo de la Declaración de 1948 menciona. Así, los derechos sexuales incluyen, entre otros, la libre expresión de la propia sexualidad sin ser víctima de discriminación, violencia o coerción por motivo de orientación sexual o identidad de género; el derecho de cada uno a explorar su sexualidad y su cuerpo, sin sufrir la inculcación de miedo, culpa, prejuicios, vergüenza o falsas creencias; el derecho a disfrutar del placer y la sexualidad independientemente de la reproducción y el estado civil; el derecho a tener o no, dentro de un marco de consentimiento y respeto muto, relaciones afectivas y/o sexuales con la persona que se quiera. De este modo, los derechos sexuales pueden definirse, en pocas palabras, como aquel conjunto inalienable de derechos que permiten a las personas tomar decisiones libre y autónomamente sobre la sexualidad de cada quien en cualquiera de sus aspectos (emocionales, corporales, sociales, culturales, etc.).

La batalla por dotar de fuerza y sentido a los derechos sexuales debe enmarcarse en el campo de las luchas pacíficas y emancipadoras por la dignidad, la democracia y los derechos humanos en el siglo XXI. Luchar por el reconocimiento de los derechos sexuales es luchar para que la diversidad sexual y afectiva no se traduzca en desigualdad social. Es luchar para evidenciar y erradicar la violencia y discriminación que en el mundo sufren las personas LGTB, una violencia que no sólo es sangrienta, sino también simbólica, verbal, psicológica e institucional.

El heterosexismo, el sistema de códigos, valores y creencias que rechaza, inferioriza y estigmatiza toda forma de comportamiento o relación no heterosexual, impregna la realidad cotidiana. Alrededor del mundo predomina un modelo de sociedad patriarcal, androcéntrica y heterosexista cuyas expresiones más violentas son el sexismo y la lgtbfobia. El heterosexismo está institucionalizado, entre otros ámbitos de la vida individual y colectiva, en el trabajo, la educación, la política, el derecho, el lenguaje, el deporte, la cultura y la religión. Este clima general heterosexista propicia los discursos condenatorios, refuerza las actitudes represivas y legitima los comportamientos discriminatorios (individuales e institucionales) que invisibilizan, prohíben, subordinan, excluyen o degradan a las personas LGTB, revelando la situación de desigualdad estructural en que se encuentran.

Al igual que racismo y el machismo, la lgtbfobia constituye una violación de los derechos humanos que debe ser prevenida y combatida con firmeza.

Considero que, a tal efecto, la inclusión de los derechos sexuales en la agenda de los derechos humanos nos plantea una serie de retos que hay que afrontar. Está claro que los desafíos pueden variar según el país y el contexto de referencia, pero hablo aquí de desafíos generales que sirven para definir los grandes temas y problemas a los que hoy se enfrentan los derechos sexuales en clave LGTB.

El primero es la lucha por la despenalización mundial de la diversidad sexual y afectiva. Según datos de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA), de los más de 190 países que actualmente reconoce la ONU, en al menos 80 de ellos los comportamientos no heterosexuales están perseguidos y castigados. La homosexualidad, por ejemplo, es tratada como un acto delictivo punible con torturas físicas, penas de prisión e incluso, en una decena de estos países (Arabia Saudí, Sudán, Pakistán, Mauritania, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, Irán y algunas zonas de Somalia y Nigeria), con la pena de muerte.

En este contexto de violaciones sistemáticas amparadas por legislaciones atroces o regresivas, es urgente que los organismos internacionales (organizaciones supraestatales, conferencias internacionales y organizaciones no gubernamentales) que trabajan en la protección internacional de los derechos humanos) adopten y exijan adoptar medidas de promoción y antidiscriminación.

El segundo reto, no menos imperioso, es la lucha por la despatologización de la transexualidad para facilitar a este sector de la población el ejercicio de sus derechos sexuales y ciudadanos. Es necesario acabar con la tendencia, alentada por la medicina decimonónica, que equipara diversidad sexual con enfermedad, anormalidad y antinaturalidad y desacreditar, en consecuencia, los modelos “terapéuticos” que afirman curar los desórdenes que padecen las sexualidades desviadas de la norma imperante. Por lo general, los discursos patologizantes se apoyan más en el prejuicio que en la realidad y suelen tomar como criterios “científicos” la moralidad dominante. En el caso de la transexualidad, la idea que subyace a su patologización es el presupuesto esencialista de que el género está determinado por el sexo biológico.

El reto de la despatologización pasa, como están haciendo colectivos de todo el mundo, por exigir la retirada inmediata de la transexualidad del CIE-10, la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la incluye en el capítulo relativo a los “trastornos mentales y del comportamiento”, concretamente en el apartado dedicado a los “trastornos de la identidad de género”.

El tercer desafío consiste en potenciar una epistemología emancipadora del cuerpo que reivindique su valor como fuente de (auto)conocimiento, placer y comunicación. Uno de los principales rasgos que marca la historia del pensamiento sexual occidental es el predominio de la epistemología represora y culpabilizadora legada por la tradición platónico-cristiana. En ella, el alma es concebida como la esencia inmortal del ser humano, mientras que el cuerpo, “cárcel del alma” (Platón), es repudiado porque se lo relaciona con la mortalidad, la temporalidad, la instintividad, la emotividad y, en definitiva, con todas las imperfecciones de lo sensible. Esta epistemología lleva aparejada una moral sexual puritana y represiva que desprecia aspectos íntimamente humanos, como los deseos, los sentimientos o las pasiones, entre otras disposiciones afectivas.

En contraste, la epistemología emancipadora aprovecha su potencial liberador para cuestionar y desnaturalizar las normas, conductas, estereotipos y creencias incrustadas en nuestro sentido común por la ideología sexual dominante, que castiga el ser y el amar de otro modo que no sea el heterosexual.

Entre sus principales enseñanzas, y recogiendo muchas de las reivindicaciones contenidas en los derechos sexuales LGTB, se encuentran:

Frente a la sexofobia y la repugnancia del cuerpo, el reconocimiento positivo del ser humano como un ser sexual y corporal.

Frente a la ubicación de lo sexual en el ámbito de lo patológico, lo prohibido, lo diabólico o lo pecaminoso, el disfrute de la sexualidad como una experiencia gratificante, siempre que se realice en un contexto libre de coerciones y opresiones.

Frente a la culpa y la represión, la desculpabilización y dignificación del placer corporal y sexual. Con relación al cuerpo, la epistemología emancipadora se aleja del cuerpo-cárcel y se acerca a la idea del cuerpo “eléctrico” soñado por Whitman [2], donde cuerpo y alma están armónicamente unidos y cada parte del cuerpo, sin excepción, merece ser objeto de cuidado y cariño: “El seno, los pechos, los pezones, la leche del pezón, las lágrimas, la risa, el llanto, las miradas de amor, la amorosa inquietud, las erecciones. […] Afirmo que estas cosas no sólo son los poemas del cuerpo, sino también del alma”. Respecto al placer, un poco más tarde, a principios del siglo XX, Freud, que dio énfasis al estudio de la sexualidad en la psicología, nos enseñó la importancia que tiene la satisfacción de los impulsos sexuales y recordó las consecuencias de reprimirlos (conflictos psicológicos, ansiedad, neurosis…)

Frente a la valoración de la sexualidad exclusivamente en su vertiente reproductora, su reconocimiento como vía de maduración, goce y conocimiento interpersonal.

Frente a la exclusividad heterosexual, el reconocimiento y respeto por las diversas maneras de vivir y expresar la sexualidad. No hay sexualidades ilegítimas, prohibidas o heréticas obligadas a recluirse en la soledad y oscuridad del armario, porque el armario es una imposición del heterosexismo, no una elección.

El cuarto reto, estrechamente vinculado al anterior, es la construcción de nuevas masculinidades, puesto que tampoco hay una única y legítima forma de experimentar la masculinidad y la feminidad. Ello implica demoler el canon de la masculinidad hegemónica, que en términos generales refuerza la heterosexualidad masculina y sus privilegios, relacionándola con el espacio público, el poder político y económico, la fuerza física, la racionalidad calculadora, la competitividad y la neutralidad emocional, entre otras características. La reproducción social de la masculinidad tradicional es un caldo de cultivo para conductas contrarias a la igualdad, como el machismo, la misoginia, la violencia de género y la lgtbfobia. La construcción de masculinidades alternativas pasa necesariamente por generar y adoptar estrategias reflexivas, políticas y educativas de apoyo a la antidiscriminación y a los derechos sexuales LGTB.

El quinto y último desafío es la promoción de nuevas alianzas entre las redes, plataformas y movimientos que luchan por la emancipación sexual femenina y LGTB, pero también entre los diferentes movimientos que comparten luchas emancipadoras. Vivimos en la época de la globalización neoliberal, que mercantiliza la vida y globaliza el poder patriarcal-heterosexista, un hecho que exige pasar de una política de movimientos a una de intermovimientos.

La idea de los derechos sexuales es lo suficientemente potente como para reforzar las conexiones entre grupos (feministas, por los derechos las personas LGTB, varones defensores de la igualdad, grupos por la salud sexual, entre otros) y evitar que trabajen de manera fragmentada. Además, las nuestras son identidades múltiples y entrecruzadas (mujer trabajadora, madre y lesbiana, por ejemplo), de manera que las coaliciones de movimientos sociales que colaboren y dialoguen entre sí son fundamentales. Ya nos lo enseñó La bola de cristal, el emblemático programa televisivo: “Solo no puedes, con amigos sí”.

Queda un largo camino por recorrer para alcanzar la transformación mental y social sin la cual la igualdad efectiva de las personas LGTB seguirá siendo una utopía. Sin embargo, muchos de estos retos ya están en marcha. Pensemos en los logros que en los últimos años se han producido en distintos países del mundo en materia de legislación pública sobre diversidad afectiva y sexual. Ahora se trata de no recular y seguir avanzando, lo que abre espacio para imaginar y trabajar por futuros alternativos en los que, como dice Boaventura de Sousa Santos, la diversidad no signifique desigualdad.

Notas

[1] Siglas de Health, Empowerment , Rights and Accountability.

[2] “Yo canto al cuerpo eléctrico”, en Hojas de hierba.


Artículo original del 9 de enero de 2012.

Fuente:http://ateneuperemascaro.org/documentacio/informes/papers-de-l-ateneu-numero-1.html


Antoni Jesús Aguiló es investigador del Núcleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadanía y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coimbra (Portugal).

viernes, diciembre 09, 2011

Declaración frente a noticias lesbofóbicas relacionadas con el asesinato de un niño

Red LGBTI
Declaración de la Red LGBTI de Venezuela frente a noticias infamantes relacionadas con el abuso y muerte de un niño de cinco años que pretenden relacionar la presunta orientación sexual lésbica de dos de las y los implicados con dicho crimen.

Las y los abajo firmantes, como voceras y voceros de la Red LGBTI de Venezuela, acompañadas y acompañados por las y los firmantes adherentes (quedando este documento abierto a nuevas adhesiones a través del correo redlgbtidevenezuela@gmail.com ), condenamos el terrible abuso y asesinato de un niño de cinco años en la ciudad de Guanare. Consideramos que se trata de un hecho particularmente repudiable que debe ser investigado y castigado adecuadamente.

Condenamos también, sin embargo, los titulares y noticias que incitan al odio de dos de las presuntas participantes haciendo tendenciosa referencia a su pretendida o alegada orientación sexual como vinculada al hecho. Es el caso en particular de la cobertura realizada por el Diario de la ciudad de Barinas “La Noticia” que, en su edición del 7 de diciembre de 2011 usa el siguiente titular: “Lesbianismo, prostitución y maltrato entre madre, cuidadoras y enfermero”, cuyo amarillismo incita al odio respecto de una población específica, contraviniendo así la Constitución y las leyes.

Al pretender relacionar así un crimen particularmente odioso con la presunta orientación sexual de alguna o algunas de las mujeres implicadas, busca crear en la mente del lector una relación entre dicha orientación y el crimen, relación que sólo puede existir en una mente delirante o en el más profundo odio; además que la desinencia “ismo” pretende patologizar esta preferencia afectiva, no siendo el caso.

Cabe destacar que la pedofilia, entendida como atracción sexual de un adulto de cualquier sexo hacia un niño de cualquier sexo, y el abuso de menores, nada tienen que ver con la orientación sexual de las personas. Es más, todos los estudios demuestran que este tipo de comportamiento se atribuye mayoritariamente a hombres heterosexuales con niños y niñas que generalmente son sus familiares o allegados. Además, aún si dos de los cinco implicados fuesen efectivamente mujeres lesbianas, quedaría entonces que tres serían heterosexuales.
Tomando en cuenta estas consideraciones, nos preguntamos si ante un caso de los numerosos que ocurren en los que los involucrados son exclusivamente hombres, o como en el caso que nos ocupa, ya que la mayoría de los presuntos involucrados serían heterosexuales, se hubiese utilizado el mismo titular diciendo: “Heterosexualidad, prostitución y maltrato entre madre, cuidadoras y enfermero”

Para notar la gravedad de dicho titular debemos dar ejemplos, y así nos preguntamos si uno o algunos de los presuntos responsables hubiese sido judío, qué tal hubiese sonado uno del tenor siguiente: “Judaísmo, prostitución y maltrato entre madre, cuidadoras y enfermero” O todavía si alguno o algunos hubiesen sido afrodescendientes: “Negritud, prostitución y maltrato entre madre, cuidadoras y enfermero”

Podríamos multiplicar los ejemplos en los que la referencia a un grupo vulnerable pretende crear o afianzar el odio, desprecio o rechazo en su contra, vinculándolo con crímenes, delitos o acciones. De este tipo de “vinculaciones voluntariamente veladas” está llena la historia, y todas ellas han llevado a generar o agravar las persecuciones raciales, religiosas o sociales.

Cabe destacar que la libertad de orientación sexual está constitucionalmente protegida y nadie tiene el derecho a señalar esa condición legítima para vincularla o relacionarla implícitamente como agravante de un delito, como tampoco podría hacerlo por el hecho de ser afrodescendiente, indígena, judío o católico. Igualmente protestamos enfáticamente por el relacionamiento del trabajo sexual con el maltrato infantil, que pretende agravar la situación de vulnerabilidad y exclusión de estas personas.

Esta tragedia que conmueve a todo el país sin excepciones, no puede usarse como excusa de discursos de odio, que se empeñan en usar como chivos expiatorios a sectores excluidos con la finalidad de profundizar esa exclusión y el injusto estigma social que tratan de superar por medios legítimos. No es momento de generalizaciones retorcidas y aviesas. Es tiempo más bien de reflexionar acerca de las causas reales de este tipo de hechos, que no son aislados, sino que demuestran problemas más profundos y estructurales.

En virtud de lo anterior, exigimos una rectificación inmediata a dicho medio así como el cese en todos los medios del uso de referencias infamantes y distorsionadas a la presunta o alegada orientación sexual de dos de las participantes como si ella pudiere influenciar o determinar el reprensible hecho.

Tamara Adrián
Diverlex Diversidad e Igualdad a Través de la Ley
José Ramón Merentes
Unión Afirmativa de Venezuela
Abierto a adhesiones a través del correo redlgbtidevenezuela@gmail.com:
Diana Cordero, periodista Insurrectasypunto

A continuación, referimos el marco legal que consideramos violado por este tipo de cobertura de prensa:

Sentencia 190 Sala Constitucional:

La CRBV prohíbe toda discriminación contra los individuos por su orientación sexual
Art.57 CRBV:

Prohibe los mensajes discriminatorios y el lenguaje de odio entre las personas.
Ley de Ejercicio del Periodismo:

Artículo 9°.- Toda tergiversación o ausencia de veracidad en la información debe ser ratificada oportuna y eficientemente. El periodista estará obligado a rectificar y la empresa deberá dar cabida a tal rectificación o a la aclaratoria que formule el afectado.
Art.34, 1(a):

Artículo 34.- Son deberes de los miembros del CNP:

1. Ajustar su actuación a los principios de la ética profesional, al respeto y a la defensa de los derechos humanos, de la paz entre los pueblos, de la libertad de expresión al servicio de la verdad y la pluralidad de las informaciones.
Se consideran violaciones de la ética profesional del periodista, que pueden ser conocidas y sancionadas por los Tribunales Disciplinarios correspondientes, las siguientes:

a) Incurrir voluntariamente en error o falsedad de hechos en sus informaciones.
Código de Ética del Periodista Venezolano

Artículo 5. El periodista está obligado respetar y defender la verdad. la libertad
de expresión y el desarrollo autónomo e independiente de nuestro pueblo. El periodista sólo podrá informar de la vida privada, aquello que sea de importancia para los intereses de la colectividad; está obligado a darle el tratamiento ajustado a la dignidad, la discreción y la veracidad que se merece la vida privada de cualquier ciudadano venezolano.

Código Penal:

Artículo 286°
El que públicamente, excitare a la desobediencia de las Leyes o al odio de unos habitantes contra otros o hiciere la apología de un hecho que la ley prevé como delito, de modo que se ponga en peligro la tranquilidad pública, será castigado con prisión de cuarenta y cinco días a seis meses.
En consideración a todo lo anterior, exigimos una aclaratoria pública del vínculo que pudiera existir entre la publicación de la orientación sexual de dos de las personas señaladas como autoras del delito y la cabal comprensión de los hechos relatados en la nota.

lunes, septiembre 20, 2010

Sociedades diversas, cuestión de humanidad en el Siglo XXI

Por Irene León*
Referirse al movimiento feminista y en general al tema de la diversidad sexual, de las políticas de reconocimiento e igualdad es un asunto complejo, sobre todo porque asistimos a una época de reconfiguraciones, de reconceptualizaciones, de reorientación de muchas teorías, especialmente desde Latinoamérica. Se trata de un continente plural —aunque este rasgo no es nuevo—, donde los actores principales son los elementos constitutivos de la sociedad en conjunto

La restitución en estos momentos de los cinco tipos de sociedad, tal como están siendo planteadas, no es más que el símbolo de la “apertura de ojos” que se está dando en el continente. Dicha apertura en América Latina y el Caribe, principalmente, acumula ya una trayectoria: la situación actual refiere a un proceso histórico de hace al menos cinco siglos, en la mayoría de nuestras sociedades y de nuestros colectivos.

Reconocer lo que sucedió en el siglo XX resulta crucial para entender lo que en temas de género y diversidad en sentido general se está debatiendo en estos momentos. Hacia finales del siglo XX, el mundo asistió a uno de los más significativos cambios en materia de comprensión de las relaciones humanas y sociales: la conceptualización de las relaciones de género, y el ulterior desarrollo de políticas, instrumentos legales, y mecanismos nacionales e internacionales orientados a reducir las disparidades. Ligado a esto se despejó también la existencia de relaciones de poder en la sexualidad, su naturaleza política, su repercusión social, y su trascendencia de lo individual.


En ese proceso, además de las mujeres, se nombraron e identificaron grupos sociales enteros que, por su disociación de la heterosexualidad obligatoria, enfrentaban varias formas de segregación. Los colectivos gays y lésbicos, por ejemplo, que por primera vez se visualizaron como grupo social y no como individualidades asiladas.

El reconocimiento de las dimensiones sociopolíticas del cuerpo y las sexualidades, pasó desde entonces a ser parte de aquellos avances que la humanidad ha ido afirmando progresivamente, teniendo en mira justamente la humanización de la vida y de las distintas formas de expresión inherentes a ella. Es en ese marco que las feministas acuñaron el concepto de derechos sexuales, que refiere principalmente a la autonomía personal y la libre toma de decisiones sobre la vida sexual, pero que también coloca a la sexualidad en el ámbito de los derechos, poniendo en evidencia su lugar en las relaciones sociales, políticas, económicas y de géneros.

Los movimientos sociales que postularon estos cambios —principalmente el feminista y luego el LGBT— imprimieron de esta perspectiva múltiples escenarios: el político y social, el académico, el institucional local e internacional. Pero si la agenda de cambios en las relaciones entre los géneros consiguió plasmarse en la formulación de legislación y políticas internacionales: principalmente en la ONU y otros mecanismos regionales, aquella sobre orientación sexual registró avances mucho más focalizados pero también importantes. Los más trascendentes en el Sur: la inclusión de la no discriminación por orientación sexual en la Constitución Sudafricana (1996) y en aquella del Ecuador (1998). En este último caso, se reconoció también el derecho de las personas a tomar decisiones libres sobre su cuerpo y sexualidad; además, los derechos sexuales y otros.

Cambios en lo cultural, socioeconómico y político

Los cambios que sucedieron en este período fueron múltiples, y abrieron las puertas para que el siglo XXI naciera con varias propuestas de reconceptualizaciones: la relativa a la pluralidad de las relaciones intergéneros en las distintas sociedades, contextos y culturas —y hasta la existencia de distintas categorías intragenéricas, en Asia central por ejemplo—; las referentes a las nuevas categorías sociológicas que resultan de las intersecciones entre distintas formas de discriminación; y también las inherentes a la pluralidad de las identidades de género —expuestas principalmente por el transgenerismo.

Por otro lado, las nuevas expresiones de la imbricación entre el patriarcado y el capitalismo, transparentadas por las regresiones operadas en el período neoliberal, que agudizó las desigualdades estructurales a tal punto que en algunos casos neutralizó los derechos obtenidos a finales del siglo XX, se revirtió en el surgimiento de un nuevo discurso feminista, que desborda lo considerado específico, para incursionar en lo considerado como general —La Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad, producida por la Marcha Mundial de las Mujeres, es un ejemplo—, como lo es en el campo LGBT aquel del Diálogo Sur/Sur LGBT, que se plantea como un espacio de resistencia a la globalización capitalista.

Es decir, el siglo XX abrió posibilidades de ascenso en la relación entre los géneros y las dinámicas de poder, un buen posicionamiento de las mujeres en las sociedades capitalistas y, claro, transformaciones de carácter diferente en la sociedad cubana, que desde su historia de 50 años de socialismo ha ido construyendo una propuesta y una política de las más consistentes en esta materia.

En este contexto, también se evidenció que vinculado a estas relaciones de poder estaban las articuladas, en aquel momento, a la llamada "sexualidad". La sexualidad y los discursos sobre sexo y relaciones abiertas relativas al cuerpo, tomaron otra dimensión en esos momentos: adquirieron una naturaleza política que no tenían, se evidenció la repercusión social de ellas e, incluso, además de colocar la mira en el terreno de lo individual, se llegó a sobrepasar ese nivel. Es decir, tuvo una trascendencia: ya no era algo estrictamente personal o que ocultar en algunos casos, sino que tenía connotaciones políticas y sociales medulares.

Así, para decirlo rápidamente, nos encontró el siglo XXI, es decir, con dimensiones de cambio a nivel cultural, socioeconómico y político, también inherentes al tema de las mujeres y la diversidad sexual.

El siglo XXI nos encontró con el reconocimiento de las dimensiones sociopolíticas del cuerpo y de la sexualidad. La humanidad ha pasado a reconocerlos como parte de sus avances colectivos, y ahí hablamos de "humanidad", independientemente del modelo de cada sociedad.

Empezamos el siglo XXI con demandas de humanización de estos temas, con demandas de derechos y otros conceptos visionarios, y obviamente, con transformaciones. En menos de medio siglo, hemos dado un giro de 180 grados con estos cambios, aunque aún falta mucho.

Latinoamérica: novedosos enfoques de género

¿Qué sucedió en América Latina con todo esto?: pues sucedió todo esto y mucho más. Surgieron muchas experiencias feministas, el LGBT, de articulación contra las distintas formas de discriminación y segregación discursiva, espacios para realizar iniciativas, sueños, propuestas en torno a estas cosas. Tanto así que hoy somos la única región en el mundo en la que varios países han logrado trascender políticamente y propositivamente, y consignar esto en políticas, en institucionalidad, en propuestas de transformación orientadas no solo a las realidades locales sino, en muchos casos, a transformaciones mundiales.

Como ya decía, Cuba ha sido uno de los países que ha mantenido una línea consistente en eso y de hecho inicia el siglo XXI con una propuesta en la Asamblea Nacional sobre el reconocimiento de la identidad de género por opciones. Digamos que en el discurso relacionado con estas diversidades, es el primer país que llega a su asamblea con un debate de esta magnitud.

El siglo XXI nació con nuevos movimientos sociales, con nuevas visiones y nuevos cuestionamientos al orden sexual capitalista; al heterosexismo patriarcal; a los límites sociopolíticos que resultan del enfoque binario del concepto género, visibilizando la existencia del plural para este último. Según la filósofa Beatriz Preciado: “No hay diferencia sexual, sino una multitud de diferencias, una transversalidad de las relaciones de poder, una diversidad de las potencias de vida”, lo que interpela a enfocar la existencia de una multiplicidad de relaciones de dominación, de sujetos de la discriminación, y de las numerosas interrelaciones entre distintas formas de discriminación por varios motivos.

En América Latina y el Caribe, el proceso reivindicativo y la movilización política relativos a las sexualidades, centrados principalmente en torno a la afirmación de derechos y ciudadanía, y la formulación de políticas para la erradicación del sexismo, la discriminación por orientación sexual y la identidad de género, ha obtenido resultados institucionales concluyentes en casi todos los países. En el caso de América del Sur, donde casi todos los países están inmersos en procesos de cambio de modelo o por lo menos de ruptura con el neoliberalismo, las propuestas de creación de alternativas al modelo que están en el orden del día incluyen estos tópicos.

Todas las nuevas Constituciones latinoamericanas del siglo XXI, registran novedosos enfoques de género, algunas lo colocan como eje transversal, y todas sitúan la igualdad como prioridad. Esta última es mencionada también en las propuestas de integración regional, pieza clave para el afianzamiento de los mencionados cambios.

Participar en la construcción de nuestro futuro

Un importante aspecto de los recientes desarrollos del movimiento de alternativas a la globalización es la pluralidad, la interacción entre los mundos político, académico, militante y popular, en el proceso creativo de imaginar otro mundo posible. Uno de los resultados de esto es la visualización de un universo diverso, con prácticas y pensamientos múltiples, que procura desarrollar tanto convergencias discursivas, como acciones concretas. En otras palabras, los cambios en la política sexual y de género en el siglo XXI están relacionados con las propuestas de cambio de modelo, con medidas concretas para viabilizar la igualdad, y sustentar la autodeterminación social, política, económica de los cuerpos, de las identidades, etcétera.

Sin embargo, los debates en torno a este tema no excluyen los desafíos: La mercantilización del cuerpo, especialmente el de las mujeres; el negocio del sexo, que constituye una de las más rentables empresas de la globalización; la comercialización y banalización de la diversidad, conceptuándola como un catálogo comercial; y otras manifestaciones del capitalismo patriarcal, constituyen la antítesis de las propuestas de subversión de las relaciones de poder en la sexualidad, levantadas por los movimientos que actúan en este campo, y que convocan más bien a reivindicar las sexualidades desde la autonomía, la diversidad y la creatividad humana.

Latinoamérica, en este momento de transformaciones, está ante un reto y también lo estamos desde el discurso feminista y desde las propuestas de diversidades. El contexto ha cambiado, estamos frente a una nueva situación y ante nuevas posibilidades. Si en el siglo XX tuvimos la posibilidad de conquistar desde lo reivindicativo lo que antes resumí, ahora estamos frente a la posibilidad y el desafío de colocar estas propuestas en el centro de los cambios de la sociedad, y de articular desde ahí no solamente discursos, sino institucionalidad, prácticas, y sobre todo desde nuestra posición, de generar nuevas relaciones sociales
Hablamos de estos cambios de sentido y redefiniciones en las que está inmersa Latinoamérica y es muy importante; pero esa buena parte de redefiniciones se dan en las relaciones sociales, es decir, son nuevas realidades que se tejen en la sociedad. Cierto es que tenemos aportes nuevos gracias a las nuevas constituciones, sobre todo en los países que estamos en revolución —como la Revolución Boliviana, la Revolución Bolivariana, la Revolución Ciudadana en Ecuador—.

En este contexto en el que ya no estamos en la condición de víctimas del siglo XIX, sino que estamos frente a la posibilidad de ser actores políticos, tenemos el reto de colocar estas posibilidades y estas propuestas en el diseño no solo de un nuevo modelo sino en una nueva visión de la sociedad.

Claro, podemos quedarnos en acciones tan válidas como pueden ser una pancarta en el balcón de mi casa, que está muy bien, manifestaciones en las calles, espacios de debate… que siguen siendo válidos; sin embargo, el momento ofrece posibilidades mayores: el de participar, el de apropiarnos de ejes como es este de los Paradigmas Emancipatorios y de estar presentes en la construcción de nuestro futuro.

Nuestro reto es el de construir sociedades diversas, generando propuestas antisistémicas, alternativas al capitalismo y al patriarcado, a la mercantilización del cuerpo, la banalización del concepto de diversidad como trampa del mercado. Estas propuestas de los movimientos sociales están llevando estos temas a un nivel de participación y de comprensión de conceptos que van más allá de las demandas del feminismo, como puede ser la soberanía alimentaria, por ejemplo. Con todo esto, estamos en un momento en el cual los movimientos sociales, no solo los feministas, debemos lograr la interacción de nuestras propuestas como lo están nuestras realidades y nuestras geografías.

*Irene León es socióloga ecuatoriana, Directora de FEDAEPS y vicepresidenta del Consejo Directivo de ALAI.

Fuente: http://alainet.org/active/38192

Publicado en América Latina en Movimiento, No. 449: http://alainet.org/publica/449.phtml