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martes, agosto 20, 2013
lunes, diciembre 26, 2011
Madres japonesas luchan por el fin de la energía nuclear
Suvendrini KakuchiIPS El movimiento contrario a la energía nuclear de Japón crece al impulso de mujeres, sobre todo madres de familia, indignadas con las autoridades por ocultar la gravedad de la radiación que emitió la planta de Fukushima Daiichi, dañada por el tsunami del 11 de marzo.
"Hay madres al frente de varios movimientos ciudadanos que trabajan para que cesen las operaciones de todas las centrales nucleares de Japón en 2012", señaló Aileen Miyoko Smith, directora de Green Action, una organización no gubernamental ambientalista que promueve las energías renovables.
Más de 100 activistas contra esta tecnología, la mayoría mujeres, se reunieron con funcionarios de la Comisión de Seguridad Nuclear esta semana y les entregaron una declaración que reclama una investigación transparente sobre el accidente y el cierre definitivo de todas las centrales atómicas.
Seis de las 56 plantas nucleares de Japón están clausuradas en la actualidad, algunas para pruebas de estrés, debido a que el accidente de Fukushima reveló graves incumplimientos en materia de seguridad en el sector.
Más de 150.000 personas no han podido regresar a sus casas por los altos niveles de radiación en los alrededores de Fukushima. Ahora hay pruebas de que la contaminación se propagó a las verduras y al arroz cultivados en los campos vecinos, y que de alguna forma llegó a alimentos para bebés vendidos en los supermercados.
Las autoridades japonesas anunciaron la semana pasada que el complejo Fukushima Daiichi había alcanzado la situación de "parada en frío", con lo que termina una etapa para superar la crisis.
"Hay madres al frente de varios movimientos ciudadanos que trabajan para que cesen las operaciones de todas las centrales nucleares de Japón en 2012", señaló Aileen Miyoko Smith, directora de Green Action, una organización no gubernamental ambientalista que promueve las energías renovables.
Más de 100 activistas contra esta tecnología, la mayoría mujeres, se reunieron con funcionarios de la Comisión de Seguridad Nuclear esta semana y les entregaron una declaración que reclama una investigación transparente sobre el accidente y el cierre definitivo de todas las centrales atómicas.
Seis de las 56 plantas nucleares de Japón están clausuradas en la actualidad, algunas para pruebas de estrés, debido a que el accidente de Fukushima reveló graves incumplimientos en materia de seguridad en el sector.
Más de 150.000 personas no han podido regresar a sus casas por los altos niveles de radiación en los alrededores de Fukushima. Ahora hay pruebas de que la contaminación se propagó a las verduras y al arroz cultivados en los campos vecinos, y que de alguna forma llegó a alimentos para bebés vendidos en los supermercados.
Las autoridades japonesas anunciaron la semana pasada que el complejo Fukushima Daiichi había alcanzado la situación de "parada en frío", con lo que termina una etapa para superar la crisis.
"La primera fase de control culminó. El gobierno seguirá una hoja de ruta para que en 30 o 40 años, Fukushima vuelva a ser segura", explicó Goshi Hosono, ministro de Administración y Política de Energía Nuclear.
En declaraciones a la prensa, el funcionario explicó que ahora no hay actividad nuclear en los reactores que emita radiación.
Las distintas compañías de energía y el gobierno prometieron hacer cumplir las normas de seguridad y garantizar la transparencia.
Para Smith, los últimos anuncios son una señal de alerta. "Reforzamos la movilización para asegurarnos de que el gobierno y el sector energético, deseosos de instalar la idea de seguridad, no vuelvan a poner en marcha las plantas nucleares", señaló la activista.
Numerosas mujeres, haciendo frente al frío invierno, montaron tiendas de campaña la semana pasada frente al Ministerio de Asuntos Económicos en el marco de una nueva iniciativa de protesta.
Ya anunciaron que mantendrán la movilización durante 10 meses y 10 días, el tiempo que tradicionalmente en Japón se adjudica al embarazo.
"Nuestras protestas apuntan a lograr el renacimiento de la sociedad japonesa", señaló Chieko Shina, una de las participantes y abuela de Fukushima. "Es necesario cambiar la forma en que las autoridades llevan adelante el país priorizando el crecimiento a la protección de la vida de la gente", añadió.
Numerosos especialistas consideran que las actuales protestas son un hito para los movimientos sociales de este país, relegados durante mucho tiempo al margen de una sociedad próspera y muy trabajadora que ha valorado el logro y el éxito por encima de todo.
"Las manifestaciones actuales simbolizan la determinación de la gente de a pie que no quiere energía nuclear porque es peligrosa. Hay otro mensaje más importante y es que la gente no confía más en el gobierno", indicó Takanobu Kobayashi, al frente de la red de movimientos civiles Matsudo.
La desconfianza obedece a que la fusión de los reactores de Fukushima no se hizo pública de inmediato, lo que puso en grave riesgo la salud de la población local por la filtración de radiación.
Los sitios de Internet muestran cientos de miles de comentarios de personas que desconfían de las garantías ofrecidas por las autoridades o la empresa Tokyo Electric Power Company (Tepco), operadora de la central de Fukushima, en materia de seguridad radiactiva.
El accidente nuclear también destruyó el mito de la seguridad de esa fuente de energía, alimentado durante décadas por las autoridades para lograr el apoyo de la población para que el país se embarcara en masivos programas con tecnología atómica.
Frente al enorme malestar de la población, el gobierno y Tepco reconocieron la mala gestión y prometieron realizar grandes reformas.
El sociólogo Hideo Nakazawa, profesor de la Universidad Chuo, señaló que las actuales protestas son una demostración del resentimiento de la ciudadanía hacia las autoridades y la energía nuclear.
"Las manifestaciones llegaron a las ciudades y pusieron el asunto de la energía nuclear en el centro de interés de los movimientos civiles de Japón", dijo a IPS. La falta de participación de los partidos políticos en este asunto contrasta con antiguos patrones de fuerte tendencia izquierdista, añadió.
La posición de liderazgo de las mujeres tampoco tiene precedentes. Las madres estuvieron al frente de las protestas, muchas de ellas en ese papel por primera vez, para lograr el apoyo para su campaña para evitar la exposición de niños y niñas a los peligros de la radiación.
"El movimiento civil japonés languideció al margen por la indiferencia social de que fue objeto. Pero esas barreras ahora se están rompiendo", explicó Nakazawa.
La parlamentaria Mizuho Fukushima, una de las principales dirigentes mujeres y activa participante del movimiento antinuclear, dijo a IPS que las protestas contra la energía atómica no disminuirán.
"Es muy factible forzar cambios para terminar con la energía nuclear en Japón", señaló Fukushima, presidenta del Partido Socialdemócrata desde 2003.
Fuente: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99848
lunes, septiembre 26, 2011
Ecofeminismo para otro mundo posible
Montserrat BoixMujeres en Red Por fin un libro que ofrece al feminismo claves ecológicas imprescindibles y al movimiento ecologista claves feministas ineludibles para construir otro mundo posible. Alicia Puleo ha sido pionera en el ecofeminismo. Implicada desde hace una década en su investigación, ofrece en su nuevo libro Ecofeminismo para otro mundo posible una visión sólida, madura y práctica de los retos a los que nos enfrentamos en nuestro día a día para construir una sociedad más ética y sostenible.
Cuando coordiné un curso sobre ecofeminismo en la Universidad Complutense de Madrid a finales de los años 90 me dio la impresión de que nos faltaba en la cultura ibérica y latinoamericana referentes de elaboración propia que tuvieran que ver con la línea de feminismo que yo seguía – dice Puleo- y empecé a profundizar en ciertos aspectos de la teoría y de la acción.
Cuenta que quería un libro artesanal y sin duda lo ha conseguido. Ha sido como un sueño, noches enteras leyendo, investigando, siguiendo el hilo de la curiosidad. El libro es el resultado de cinco años de trabajo y mucha reflexión.
Ecofeminismo para otro mundo posible conecta el feminismo con los movimientos sociales del siglo XXI y presenta un ecofeminismo que recoge el legado igualitario.
Imposible pensar en otro mundo posible sin tener muy presente la desigualdad del reparto de la tierra -apenas el 1 por ciento de la propiedad de la tierra está en manos de las mujeres-
Alicia Puleo plantea en su libro una crítica contundente al neoliberalismo y su responsabilidad en la destrucción del planeta. Denuncia la desigualdad brutal en el reparto de la tierra, la feminización de la pobreza.
Los problemas del planeta nos unen por definición a todas las personas del mundo pero de manera especial para las mujeres. Las mujeres unidas, las del norte y las del sur, las de los países desarrollados y las de los países en desarrollo, tenemos mucho que decir y somos decisivas para dar un giro global al futuro.
¿ES POSIBLE UN ECOLOGISMO SIN PERSPECTIVA DE GÉNERO?
Existe. No hay más que ver la gran cantidad de materiales destinados a la formación en ecología y protección medioambiental en los que las mujeres permanecen invisibles. También ha habido alguna declaración infortunada de líderes ecologistas anglosajones que llamaban a las mujeres a volver al hogar porque era más ecológico. O, para seguir con el tema del multiculturalismo, se ha mitificado la relación de pareja de sociedades etnológicas en las que las mujeres se encuentran totalmente sometidas. Pero también hay que decir que una parte importante del movimiento ecologista está integrando la perspectiva de género y se interesa por el ecofeminismo. Esta tendencia es inteligente y tiene futuro.
APORTACIONES A LA LITERATURA FEMINISTA Y A LA LITERATURA ECOLOGISTA
En primer lugar, el libro aporta un acercamiento filosófico entre feminismo y ecología para el siglo XXI, una proximidad amistosa que contribuya a la riqueza del pensamiento y de la praxis de ambos, sin subordinaciones. Señala las conexiones y las dificultades de esta relación. Aspira a ofrecer al feminismo algunas claves ecológicas actuales relevantes para las mujeres; y al ecologismo, las claves feministas que necesita para profundizar en ciertos aspectos de su teoría y de su acción.
¿Qué interés tiene para las feministas?
En primer lugar, ofrecer un ecofeminismo no esencialista, una teoría que no presente a las mujeres como “seres más naturales” que los hombres. He buscado plantear un ecofeminismo que no reniegue de las conquistas del feminismo ni apele al misticismo y sea, por lo tanto, accesible a feministas que no se sienten atraídas por prácticas de corte espiritualista. Desde mis propias coordenadas históricas y personales, he forjado una propuesta basada en el legado de crítica al prejuicio y en la demanda de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Por eso he dedicado dos capítulos al tema de la sexualidad. He querido también llamar la atención sobre aspectos de nuestras sociedades que generalmente pasan desapercibidos y que, sin embargo, afectan al colectivo femenino de manera especial. Pensemos, por ejemplo, en los agrotóxicos y otros productos químicos promovidos por quienes no atienden al bienestar de la gente, sino a los intereses del mercado. Esas sustancias tienen consecuencias negativas para el organismo por su estructura molecular similar a los estrógenos. Voces médicas calificadas han señalado su incidencia en los cánceres ginecológicos y también en el síndrome de hipersensibilidad química múltiple que afecta sobre todo a las mujeres.
Desde el lado positivo, también se trata de visibilizar el protagonismo de las mujeres en una gran variedad de acciones inspiradas por el pensamiento y el sentimiento de una continuidad entre lo humano y lo que llamamos Naturaleza. Hay mucha energía puesta por las mujeres en el Movimiento de Soberanía Alimentaria, en la defensa compasiva de los animales, en el cuidado de la Naturaleza…
Por otro lado, creo que el feminismo tiene que pensar la futura sociedad sostenible para hacer lo que he llamado “una negociación preventiva” con respecto al momento en que tengamos, por la fuerza de las cosas, que salir de esta sociedad de consumo del “usar y tirar”. Hay que plantear las reivindicaciones feministas con respecto al modelo ecológico del futuro. Nadie lo hará si no lo hacemos nosotras.
¿Y cuál es el interés que tiene para la gente que no necesariamente se define como feminista?
Muchas veces el no definirse como feminista se debe a un desconocimiento del verdadero significado del término “feminismo”. Se cree que es algo similar a “machismo” pero al revés, es decir, que sería una ideología de la superioridad y la prepotencia femeninas. El feminismo no es eso, por el contrario. Es la demanda de igualdad y respeto entre los sexos. Supongo que habrá alguna gente ecologista que no se defina como feminista pero quizás le eche un vistazo al libro para ver en qué sentido el feminismo puede aportar adeptas a su causa. Espero que sea la ocasión para ese tipo de ecologistas de comprender qué es el feminismo y por qué todas y todos deberíamos asumirlo si queremos un mundo más justo.
INTERCULTURALIDAD
Tenemos mucho que aprender en Occidente de otras culturas, en especial de los pueblos originarios de América, que no han pensado la relación con la Naturaleza en términos de dominio y explotación sino en clave de cooperación. Su voz y su acción contra la devastación ambiental son hoy en día fundamentales para el futuro de la humanidad y del planeta. Yo planteo en el libro una interculturalidad y no un multiculturalismo indiscriminado. Esto significa que debemos evitar la idealización de sociedades que opriman a las mujeres. Todas las culturas tienen aspectos positivos y negativos, incluida la nuestra, y todas pueden aprender de las demás. El criterio para comparar y mejorar ha de ser el grado de violencia, justicia, igualdad y sostenibilidad que presenten.
EDUCACIÓN EN VALORES
Educar en valores es uno de sus objetivos de Ecofeminismo para otro mundo posible. Participa de la búsqueda de una cultura con nuevos valores de no violencia que integre las experiencias de las mujeres, tan a menudo silenciadas. Además de ese sentido general, dedico una parte a la educación ambiental con perspectiva de género. Creo que una de las asignaturas pendientes que tenemos es la puesta en práctica de una educación emocional ecológica. La razón necesita de la pasión para cambiar el mundo.
Enlaces que pueden interesar:
El libro: Ecofeminismo para otro mundo posible. Índice y más referencias.
El Blog de Alicia Puleo
Entrevista (2004) Alicia Puleo: “Existe un ecofeminismo para la igualdad en el futuro modelo de desarrollo”. Por Juan Carlos Ruiz
Video Ecofeminismo, ecología y movimiento feminista. Conferencia realizada por Alicia Puleo.
Textos de Alicia Puleo
Fuente: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1921
sábado, septiembre 10, 2011
Madres contra el modelo sojero
Martín Cúneo y Emma GascóEcologista Gracias a las exportaciones de soja, Argentina experimentó ocho años consecutivos de crecimiento económico. Un colectivo de madres del barrio de la ciudad de Córdoba consiguió mostrar al país las nefastas consecuencias para la salud que traía aparejado ese modelo.
Sofía Gática comenzó a darse cuenta de que algo iba mal en Ituzaingó Anexo, un barrio obrero de la ciudad de Córdoba, rodeado de plantaciones de soja y fábricas contaminantes. Pañuelos blancos en la cabeza de las mujeres, niños con mascarillas, bebés con malformaciones... Algo les estaba enfermando. Su propia hija había muerto al nacer por una rara malformación en el riñón.
Como ninguna autoridad iba a hacerlo, Sofía comenzó en 2001 a investigar el origen del problema. “Empece a llamar casa por casa y las madres me contaban su situación. Nos conocimos así, llamando puerta por puerta. Poco a poco se fueron sumando”. No necesitaban ser médicas para saber lo que estaba pasando. “Era el saber común”, dice Corina Barbosa. “Yo empecé por defender a mi hijo, que estuvo internado. Ahora todavía tiene cuatro agroquímicos en la sangre”. Pero entonces no sabían qué estaba provocando esa epidemia.
Sofía Gática comenzó a darse cuenta de que algo iba mal en Ituzaingó Anexo, un barrio obrero de la ciudad de Córdoba, rodeado de plantaciones de soja y fábricas contaminantes. Pañuelos blancos en la cabeza de las mujeres, niños con mascarillas, bebés con malformaciones... Algo les estaba enfermando. Su propia hija había muerto al nacer por una rara malformación en el riñón.
Como ninguna autoridad iba a hacerlo, Sofía comenzó en 2001 a investigar el origen del problema. “Empece a llamar casa por casa y las madres me contaban su situación. Nos conocimos así, llamando puerta por puerta. Poco a poco se fueron sumando”. No necesitaban ser médicas para saber lo que estaba pasando. “Era el saber común”, dice Corina Barbosa. “Yo empecé por defender a mi hijo, que estuvo internado. Ahora todavía tiene cuatro agroquímicos en la sangre”. Pero entonces no sabían qué estaba provocando esa epidemia.
La encuesta reveló 60 casos de cáncer, bebés con malformaciones de riñón, de intestinos, sin maxilares, 14 casos de leucemias, enfermedades respiratorias y dermatológicas, entre una larga lista de afecciones, cuenta Sofía. Tiempo después, cuando se elaboró una cartografía completa del barrio, los casos de cáncer entre una población de 5.000 habitantes ascendían a 200.
A principios de 2002, con un mapa del barrio donde se detallaban los nombres y las enfermedades de cada vecino, las Madres de Ituzaingó, llamadas así en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, consiguieron que el municipio realizara una serie de análisis ambientales para encontrar el origen de la contaminación. Los resultados revelaron la causa: los agroquímicos que los productores sojeros fumigaban por tierra y aire a escasos metros del barrio.
“Nosotros vivimos enfrente del campo”, cuenta Corina Barbosa, “pasaban las avionetas y bañaban con agroquímicos a nuestros chicos”. El enemigo al que se enfrentaban no podía ser más poderoso: un modelo económico basado en la producción de soja transgénica.
Pioneras
En 1996 el Gobierno aprobó la introducción de la soja transgénica, diseñada para resistir la acción de herbicidas como el glifosato o plaguicidas como el endosulfán. Desde entonces, se ha convertido en el principal cultivo del país. Según un informe del Grupo de Reflexión Rural (GRR), 22 millones de héctareas están sembradas con soja, el 50% de las tierras cultivadas. En la provincia de Córdoba, la principal productora de Argentina, estos cultivos transgénicos destinados a la exportación ocupan entre el 80% y el 85% de la superficie agrícola.
Cuando las Madres empezaron a denunciar los efectos secundarios de las fumigaciones, no existían en Argentina estudios médicos ni ningún tipo de desarrollo jurídico ni control sobre agrotóxicos. Eran pioneras en terreno desconocido. “Al principio nos llamaban las locas”, recuerda Sofía Gática. Actualmente cada vez son más los informes de científicos, médicos y genetistas, tanto en Argentina como en el resto del mundo, que confirman la relación entre agroquímicos, cánceres, leucemias, enfermedades respiratorias, malformaciones y daños en el material genético. En agosto de 2010 se produjo el Primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados, con representación de todas las provincias afectadas. Multitud de profesionales de la salud confirmaron sobre el terreno y con análisis médicos el “saber común” de las Madres. “El Gobierno sabe lo que está pasando, pero no le interesa, únicamente se preocupa por sus negocios”, denuncia María Godoy.
A mediados de 2002, entre cortes de ruta, marchas al centro de la ciudad y plantes frente a las máquinas mosquito que fumigaban cerca de las viviendas, la lucha de las Madres comenzó a dar sus primeros frutos. “Éramos pocas, pero hacíamos mucho ruido. Llamaba la atención que mujeres comunes salieran a la calle a hacer tanto barullo”, recuerda Corina Barbosa. Hasta la CNN retrasmitió alguna de sus marchas.
Después de que se encontrara en el agua restos de endosulfán, las Madres lograron que Ituzaingó Anexo fuera conectado con la red de agua corriente. Poco después las autoridades declaraban el barrio en emergencia sanitaria ante la “altísima tasa de casos de leucemia” y prohibían con una ordenanza la fumigación aérea a una distancia de 2.500 metros de Ituzaingó Anexo mientras durara la emergencia. Otra ordenanza establecía la prohibición de fumigar en toda el área urbana de la ciudad de Córdoba.
Y los frutos seguían cayendo. Entre querellas, cortes y petitorios, las Madres consiguieron que en la provincia de Córdoba se debatiera y aprobara a mediados de 2004 la Ley de Agroquímicos, que establece la frontera de las fumigaciones en 500 metros para las terrestres y 1.500 para las aéras. Unas distancias, sin embargo, muy inferiores a las solicitadas por las Madres.
Pero las fumigaciones continuaban. Y los vecinos seguían enfermando. Ese mismo año las Madres comenzaron un interminable recorrido por las instituciones del Gobierno nacional, sin obtener respuesta. “Pareciera que los derechos humanos son sólo los de la dictadura militar”, denuncia María Godoy.
La lucha de las Madres visibilizó un conflicto silenciado que afectaba a miles de localidades de la Argentina sojera. “Diez años después podemos hablar de múltiples focos de resistencia y de colectivos de pueblos fumigados”, señala Berger. Como coordinadoras en Córdoba de la campaña Paren de Fumigar, las Madres comenzaron a recorrer en 2006 los pueblos fumigados de la provincia. Al igual que Ituzaingó Anexo, ante la falta de controles de la administración, multitud de pueblos fumigados y movimientos campesinos comenzaban a realizar sus propios “relevamientos”, sus propias encuestas epidemiológicas. Decenas de pueblos conseguían después de prolongados conflictos declarar sus municipios libres de agrotóxicos o adherirse a la ley de agrotóxicos de 2004 ante la oposición de los alcaldes. “Muchos intendentes son productores sojeros o trabajan directamente para los productores sojeros”, afirma Berger. La lucha de los pueblos fumigados no se limitó a Córdoba, sino que se propagó a otras provincias sojeras como Santa Fe, Buenos Aires o Entre Ríos, y a provincias con gran presencia de cultivos transgénicos de arroz, como el Chaco.
Sojeros en el banquillo
En febrero de 2008, la ley de agroquímicos de la provincia de Córdoba volvió a dar de qué hablar. Tras ser avistado un avión fumigando sobre las viviendas de Ituzaingó Anexo, la Secretaría de Salud de la municipalidad de Córdoba denunció por envenenamiento a dos productores de soja y a un fumigador. Los tres acusados fueron detenidos y procesados. En marzo de 2011 deben comparecer en un juicio oral y público, el primero en Argentina por fumigaciones ilegales.
“Lo importante es que esto sea el principio”, dice Corina Barbosa, “que al menos uno sea juzgado y condenado por evenenar a la gente”. Para María Godoy las responsabilidades no se limitan a los sojeros. “Los que tendrían que ir también presos son los funcionarios que permitieron que esto pase y los que implementaron la soja en el país”, denuncia.
“Ahora todos dicen lo bueno que era Kirchner y resulta que nos dejó Argentina llena de soja y un montón de gente peleando y defendiéndose como puede”, dice Sofía Gática. Las Madres de Ituzaingó, al igual que las Madres de Plaza de Mayo, hablan de genocidio, de un “genocidio silencioso”. Ellas no han conseguido frenarlo, pero han sido las primeras en darle un nombre, el primer paso para lograrlo.
martes, septiembre 07, 2010
Integrar perspectiva de género en políticas de cambio climático
Carolina Velázquez (CIMAC).- Garantizar la participación de las mujeres en la toma de decisiones sobre agricultura y biodiversidad, es una de las prioridades de la costarricense Lorena Aguilar Revelo, primera mujer al frente de la Consejería Mundial de Género de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), oficina reconocida por su labor en la promoción de la igualdad de género.
Para esta experta en cambio climático y género, quien visitó México en agosto pasado, es una realidad que pese a que las mujeres aportan el 90 por ciento de los alimentos que consume la población pobre de las zonas rurales, y producen el 80 por ciento de los comestibles en la mayoría de los llamados países en desarrollo, no se les ha considerado protagonistas en materia de conservación y han quedado fuera de las reuniones sobre biodiversidad.
De ahí su esfuerzo, en mayo de este año, para que en Nairobi se tomara un acuerdo, y con él los países garantizaran la participación de las mujeres en la toma de decisiones.
“Dejar fuera al 50 por ciento de la población, cuando estamos en una crisis de biodiversidad, no ha sido muy inteligente”, declaró entonces a la prensa internacional.
En los últimos días de mayo de 2010, en la capital de Kenia se llevó a cabo la tercera reunión del Grupo de Trabajo Especial de Composición Abierta sobre la Revisión de la implementación del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica.
Allí se debatió el Plan estratégico de ese Convenio, con el propósito de definir los objetivos para un nuevo acuerdo internacional sobre cómo frenar la pérdida de especies, un plan que podría condicionar explícitamente el financiamiento a la participación de las mujeres, según información difundida por agencias internacionales.
Parte del esfuerzo reciente de la IUCN, que preside Lorena Aguilar, es la creación y consolidación de la Alianza Global de Género y Cambio Climático (GGCA, por sus siglas en inglés), en la 13 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC) de 2007, conocida como COP13.
Para esta experta en cambio climático y género, quien visitó México en agosto pasado, es una realidad que pese a que las mujeres aportan el 90 por ciento de los alimentos que consume la población pobre de las zonas rurales, y producen el 80 por ciento de los comestibles en la mayoría de los llamados países en desarrollo, no se les ha considerado protagonistas en materia de conservación y han quedado fuera de las reuniones sobre biodiversidad.
De ahí su esfuerzo, en mayo de este año, para que en Nairobi se tomara un acuerdo, y con él los países garantizaran la participación de las mujeres en la toma de decisiones.
“Dejar fuera al 50 por ciento de la población, cuando estamos en una crisis de biodiversidad, no ha sido muy inteligente”, declaró entonces a la prensa internacional.
En los últimos días de mayo de 2010, en la capital de Kenia se llevó a cabo la tercera reunión del Grupo de Trabajo Especial de Composición Abierta sobre la Revisión de la implementación del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica.
Allí se debatió el Plan estratégico de ese Convenio, con el propósito de definir los objetivos para un nuevo acuerdo internacional sobre cómo frenar la pérdida de especies, un plan que podría condicionar explícitamente el financiamiento a la participación de las mujeres, según información difundida por agencias internacionales.
Parte del esfuerzo reciente de la IUCN, que preside Lorena Aguilar, es la creación y consolidación de la Alianza Global de Género y Cambio Climático (GGCA, por sus siglas en inglés), en la 13 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC) de 2007, conocida como COP13.
A lo anterior se agrega la capacitación de delegados de la CMNUCC de todo el mundo y el apoyo a la incorporación de género en estrategias nacionales de cambio climático.
Como experta en negociaciones internacionales y adaptación, en los últimos años Lorena Aguilar ha llevado a cabo una serie de iniciativas para garantizar que la perspectiva de género se integre plenamente en los esfuerzos y políticas de cambio climático.
Con el objetivo de comprender los vínculos entre género y cambio climático y conocer el estado de las negociaciones a la incorporación del enfoque de igualdad de género, en agosto pasado se realizó en la ciudad de México la sesión de Orientación “Vinculando género y cambio climático”.
En el evento, donde participó Lorena Aguilar, se dieron a conocer los mandatos, convenciones y el marco legal internacional, y sus implicaciones para la promoción del tema de género en los debates de cambio climático.
La Sesión fue convocada por la Secretaría de Medio Ambiente y recursos Naturales (Semarnat), la Fundación Henrich Böll (FHB), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), como parte de la Alianza Mundial de Género y Cambio Climático (GGCA).
También participaron junto Liane Schalatek, directora asociada de la Fundación Henrich Böll, y Rachel Harris, coordinadora de incidencia y difusión /GEAR Lead Organización de Mujeres en medio Ambiente y Desarrollo.
Como lo informó la agencia Cimacnoticias, en su participación Liane Schalatek mencionó que los impactos del cambio climático no son neutros en relación al género y afectan de manera diferente a mujeres y hombres (27 de agosto, 2010).
Con más de dos décadas de experiencia práctica en proyectos e iniciativas que suponen el desarrollo de políticas públicas y el diseño e incorporación de temas sociales y género --en el uso y conservación de los recursos naturales— Lorena Aguilar ha dado asistencia técnica a organizaciones internacionales, gobiernos y universidades en temas como agua, salud ambiental, género y participación comunitaria.
Gracias a sus esfuerzos y firme determinación con respecto al desarrollo de habilidades técnicas, en los últimos 10 años más de 10 mil personas se capacitaron mediante las metodologías desarrolladas por su equipo e importantes instituciones ambientales internacionales han desarrollado planes de acciones en género, como el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Convención sobre la Diversidad Biológica.
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jueves, marzo 11, 2010
Mujeres, ciudad y ecología...
Por: Hortensia Fernández Medrano /ecodes (Tomado de Rebelión)Desde tiempos inmemoriales, se nos ha encomendado a las mujeres el papel de cuidadoras por razones pretendidamente naturales (lo que se ha llamado el destino biológico de las mujeres). El feminismo socialista y racionalista de la igualdad desmontó hace tiempo este mecanismo perverso y rechazó una mayor proximidad de las mujeres con la naturaleza como una maniobra del pensamiento patriarcal para mantenernos dentro del ámbito doméstico y alejadas de lo público y de la cultura.
Sin embargo, también han sido el feminismo posterior de la diferencia y el ecofeminismo los que nos han hecho valorar las actividades tradicionalmente realizadas por las mujeres, eso que hemos llamado la sostenibilidad de la vida humana haciendo alusión a la dimensión ecológica del término ya que sin ella la vida humana no es posible.
Valoración y análisis del cuidado de la vida
Cuidar la vida significa hacer que la vida continúe, pero también es imprescindible para la conservación de la especie humana. Cuidar la vida incluye tareas rutinarias y repetitivas como cocinar, limpiar, cargar, recoger, tareas que exigen mirar y esperar cómo permanecer disponible pero también incluye relaciones afectivas y sociales que posibilitan crear comunidad y proteger a las personas de la posible hostilidad que las puede afectar, sobre todo a las más pobres y desvalidas. Estas atenciones son las que permiten que los niños y niñas se hagan adultos y lleguen a ser obreros, campesinos, jueces o maestros satisfaciendo sus necesidades en la época profesionalmente activa pero también acogiéndolos en la vejez.
Por otro lado es el lugar en el que en el día a día se buscan soluciones para proteger a los más débiles cuando fallan las instituciones como es el caso de una sociedad atenazada por el paro y la explotación, pero también donde se buscan soluciones para proteger la vida en situaciones límite como son las catástrofes o las guerras, y el lugar donde comienza la reconstrucción gestionando la escasez y la esperanza. Así pues tanto en la vida diaria como en la adversidad y la catástrofe, las tareas de las mujeres constituyen una tarea civilizadora, como dicen las feministas italianas de la Librería de Milán, ya que sin ellas no habría civilización humana. (1)
Desde el pensamiento feminista no solo valoramos estas actividades sino que las queremos colocar en el centro de la organización social como las funciones humanas más importantes ya que de ellas depende la vida humana. Valoramos la vida humana y a quienes se han ocupado de su mantenimiento, esto es a las mujeres que realizan y han realizado a lo largo del tiempo y del planeta la función de cuidar la especie humana como amas de casa, madres ,esposas, hijas o hermanas ,siempre ligadas a lo imprescindible y a lo necesario, allí donde está la base de la auténtica economía, es decir ,la gestión de la casa o ámbito doméstico, como su nombre derivado del griego oikos,que quiere decir casa, lo demuestra.
Para analizar este tipo de actividad o tarea realizada por la mayoría de las mujeres hemos recuperado el concepto de labor de la pensadora del siglo XX, Hanna ARENDT (2) cuando reflexiona sobre las características de la vida humana activa. Según ella, podemos distinguir entre el trabajo propiamente dicho que tendría que ver con la producción de algo (bienes o servicios) no relacionado con lo biológico y la labor, que consiste en atender las necesidades vitales producidas en el proceso biológico del cuerpo humano (crecimiento, metabolismo y decadencia). Ambos conceptos labor y trabajo pueden relacionarse con las respectivas tareas que hombres y mujeres vienen haciendo desde los inicios de la humanidad: el trabajo doméstico y de cuidado realizado fundamentalmente por las mujeres y que consiste en dar y cuidar de la vida en todas sus etapas y el trabajo remunerado para la fabricación y distribución de productos que podría relacionarse con lo que ella llama trabajo y que habría sido realizado fundamentalmente por los hombres. Nos interesa particularmente la noción de labor que consistiría en atender las necesidades biológicas producidas en el proceso biológico del cuerpo humano con la que define el tipo de trabajo necesario para el mantenimiento de la vida humana, trabajo ignorado o infravalorado y que tradicionalmente ha sido hecho por las mujeres. Es un tipo de actividad no productiva y muchas veces repetitiva como limpiar, lavar, buscar agua y leña, recolectar, cocinar… pero también cuidar y criar niños, mayores o enfermos y absolutamente necesaria para la supervivencia de la especie humana.
La relación entre humanidad y naturaleza
Pero además cuando hablamos de la sostenibilidad de la vida humana, queremos poner en evidencia el nexo existente entre humanidad y naturaleza relación ignorada en nuestro sistema patriarcal que ha vivido siempre de espaldas al reconocimiento de la existencia de un cuerpo y de sus necesidades, ya que el pensamiento occidental ha estado dominado por el rechazo de la labor que ha sido vista como una esclavitud de la necesidad, rechazo que nos ha sido legado desde la Antigüedad hasta el punto de no considerarse humanas aquellas actividades relacionadas con las necesidades del cuerpo y que pueden ser compartidas con otros animales.
Es decir, no se ha tenido en cuenta como trabajo mas que el trabajo mercantil ya que estamos en una sociedad patriarcal donde solo se valoran la cultura y los valores masculinos que al ser dominantes aparecen como universales y se ignora todo lo demás como son las actividades realizadas tradicionalmente por las mujeres a lo largo de la historia y del mundo, y que el pensamiento feminista hace visible al dar valor al trabajo humano más ligado a las necesidades humanas como es el cuidado de la vida.
El pensamiento feminista, al ocuparse del cuidado de la vida humana se ocupa del aspecto más natural del trabajo humano es decir se reconoce el “sucio secreto de la corporeidad” que diría Ynestra King (3) según el cual la humanidad surge de la naturaleza no humana.
El pensamiento occidental está muy influenciado por una construcción racionalista y dualista de la relación entre naturaleza y humanidad en la cual lo que es auténticamente humano se define contra lo que se toma por natural y el mantenimiento de esta dicotomía y su polarización se realiza por el rechazo y negación de lo que une a los humanos con lo animal y natural como son por ejemplo el cuerpo, la sexualidad, la reproducción y los sentimientos, que son identificados como femeninos, mientras que los rasgos que se toman como característicos del género humano y donde radican sus virtudes especiales son aquellos tales como racionalidad, libertad, etc. y que son tradicionalmente entendidos como masculinos. Por lo tanto la humanidad se define tanto en oposición a la naturaleza como a lo femenino.
Como consecuencia, reconocer el aspecto natural del trabajo humano a través del reconocimiento del trabajo de cuidado de la vida realizado fundamentalmente por las mujeres es desvelar el aspecto natural de la humanidad y por lo tanto romper la estructura dicotómica y jerárquica de la dualidad.
No se trata pues, de tomar partido por una u otra categoría de la relación sino de reconceptualizar cada una de ellas. No comprender la naturaleza de esta relación nos llevaría a pensar que las mujeres tenemos afinidades específicas con todo lo natural y caer en el esencialismo de la mística reaccionaria del cuidado o todo lo contrario, a pensar que hemos de rechazar todo sentimiento para liberarnos de nuestro destino, lo que nos lleva a la descorporeización y deshumanización de las personas.
Reconocer y valorar el trabajo de cuidado de la vida realizado fundamentalmente por las mujeres nos lleva por lo tanto a considerar a las mujeres como mediadoras entre humanidad y naturaleza lo cual nos proporciona puntos de partida nuevos para el pensamiento desde los cuales las relaciones de los seres humanos con la naturaleza pueden hacerse visibles y a partir de cuyo reconocimiento podemos iniciar otro tipo de pensamiento más liberador e integrado en la naturaleza de la que nos hemos apartado, al considerarnos fuera de ella.
El análisis y caracterización de este tipo de trabajo de cuidado nos devuelve el aspecto natural de la humanidad permitiéndonos unir el discurso ecologista con el discurso feminista.
Podemos decir que el sistema patriarcal en su afán de superar el reino de la necesidad para alcanzar el reino de la libertad ha despreciado el trabajo de las mujeres por estar continuamente sometido a su construcción y destrucción del mismo modo que los ciclos biogeoquímicos de los elementos de la naturaleza en que esta es continuamente transformada. El trabajo de alimentar y cuidar la vida, parir, cuidar niños, enfermos y ancianos pero también cocinar, limpiar, etc. forma ciclos repetitivos y monótonos como los ciclos naturales y este es el punto clave de encuentro entre el discurso ecologista y el discurso feminista en el que presentamos a las mujeres como el puente entre naturaleza y humanidad gracias a la realización de un trabajo ejercido durante siglos, ignorado, desvalorizado y objeto de apropiación gratuita lo mismo que la naturaleza por el sistema patriarcal.
La ciudad y los desplazamientos
Como pudimos analizar en un taller dedicado a la Movilidad dentro de las Jornadas Feministas del 2006, el esquema androcéntrico está presente en toda la sociedad y en sus instituciones. Las encuestas sobre Movilidad realizadas desde el Área de Movilidad del Ayuntamiento de Barcelona en el año 2004 (4) en las que se analizaba separadamente el comportamiento de hombres y mujeres a la hora de desplazarse por la ciudad de Barcelona son una prueba de ello.
En ellas, cuando se habla de movilidad obligada solo se tienen en cuenta los desplazamientos debidos al trabajo remunerado o estudio y de los cuales un 29% correspondería a los hombres y un 20,4% a las mujeres mientras que según las mismas encuestas, las mujeres realizarían un 36% de la movilidad no obligada frente a un 27,1% correspondiente a los hombres. Con ello se enmascara la realidad y se invisibiliza una vez más a las mujeres y a las tareas realizadas por estas para atender las necesidades del núcleo familiar la mayoría obligatorias ya que se trata de hacer compras y gestiones, acompañar niños o mayores, hacer visitas a familiares o amigos actividades que son ocultadas en las encuestas y por lo tanto no existen. Vemos pues que la propia sociedad y sus instituciones obedecen a esquemas patriarcales al no tener en cuenta todo aquello que no tiene que ver con el trabajo de mercado y al ignorar todo lo necesario para atender las necesidades de las personas o trabajo de sostenimiento de la vida.
Se trata pues de una encuesta realizada desde una mirada masculina según la cual solo se considera trabajo al trabajo remunerado y se ignora todo lo demás.
Por otro lado, cuando se analizan los resultados del uso del transporte público y privado por hombres y mujeres, observamos que son las mujeres las principales usuarias de los transportes públicos (un 43,9% de las mujeres frente a un 31,6% de los hombres en el caso de Barcelona mientras que sólo un 16,9% de las mujeres utiliza el transporte privado frente al 36% de los hombres). Los desplazamientos a pie también dan una ventaja a las mujeres: un 39,2% frente 32,3% de los hombres.
Es decir que cuando las mujeres valoramos con nuestra conducta el transporte público defendemos también las necesidades de accesibilidad de la mayoría de las personas y no sólo el de la mayoría de las mujeres, y cuando cuestionamos con nuestra actitud el uso del transporte privado, también estamos denunciando un modelo urbanístico difuso basado en la movilidad creciente que separa funciones y crea distancias en vez de aproximarlas. Es decir un modelo insostenible, desde el punto de vista ecológico y antidemocrático y excluyente desde el punto de vista social porque margina a las personas sin coche privado y carnet de conducir como son los mayores, los discapacitados, los niños y la mayoría de las mujeres.
Pero además este modelo es androcéntrico porque solo tiene en cuenta los desplazamientos de un varón en edad laboral ni muy joven ni muy viejo que se desplaza en automóvil privado para llegar al trabajo-empleo, que no tiene necesidades materiales ni afectivas, que no tiene que comprar para satisfacer las necesidades suyas propias o del núcleo familiar al que pertenece y que no tiene que ocuparse en general de todas aquellas actividades necesarias para que la vida continúe.
Vemos que los modelos imitativos del modelo masculino no resuelven el problema de la opresión de las mujeres porque se nos asimila al Homo economicus de una manera subordinada cuando se pretende hacernos iguales a los hombres mediante nuestra incorporación al trabajo mercantil o al analizarnos según pautas masculinas de movilidad, pero no se resuelve el problema del cuidado de la vida. Este, lejos de resolverse, se hace recaer sobre las mujeres en penosas e interminables dobles jornadas o bien se transfiere a otras mujeres inmigrantes que abandonan el cuidado de sus familiares más próximos para venir a atender nuestras necesidades dando lugar a una globalización del trabajo de cuidado que produce desatención y abandono de niños y mayores en los países de origen y explotación, cansancio y enfermedad en las mujeres en general.
El sistema económico capitalista exige personas limpias, aseadas, educadas y bien alimentadas que se desplazan al trabajo todos los días, pero no valora ni remunera a quienes realizan esta actividad de limpieza, aseo, alimentación y educación en el ámbito privado y que corresponde a la actividad realizada por miles de mujeres anónimas que permanecen en la sombra limpiando, comprando, lavando, planchando o cocinando y en general cuidando la fuerza de trabajo necesaria para la supervivencia del capitalismo.
Nos podemos preguntar qué sería de este sistema sin la aportación gratuita de miles de mujeres cuando se ocupan de mantener a las personas que constituyen el ámbito doméstico en condiciones de reproducir la fuerza de trabajo: quién se ocuparía de alimentar limpiar, lavar, cocinar, llevar al colegio o cuidar cuando están enfermos los miembros de la unidad doméstica y de cuidar cuando ya no son útiles para el sistema las personas mayores o enfermas.
El pensamiento feminista pone en cuestión el modelo económico vigente basado en el crecimiento ilimitado de los recursos naturales al valorar nuestra actividad de cuidadoras, gigantesca obra de civilización sin la cual el sistema económico no se sostiene. Los diferentes sistemas económicos invisibilizan esta tarea aunque se aprovechan y cuentan con ella al externalizar los costes sobre la salud de las mujeres. En este sentido, nuestra crítica del sistema económico actual es demoledora al poner en cuestión las bases mismas del sistema.
Para concluir, las mujeres nos relacionamos con la ciudad y en general con la sociedad de una manera diferenciada y por eso más que de ciudadanía queremos hablar de “cuidadanía” para poner el acento en la situación de dependencia y necesidad de cuidados que tenemos todas las personas en las diferentes etapas de nuestra vida y el derecho a ser cuidadas y la obligación de cuidar que tenemos todos los humanos hombres y mujeres. Tenemos un cuerpo al que atender y el destino de la humanidad esta indisolublemente unido al destino de la naturaleza ya que nuestro destino está interconectado con el de la biosfera como nos enseña la teoría Gaia, (5) según la cual formamos parte de un sistema autorregulado en el que todos los seres vivos y la base material de nuestro planeta dependemos los unos de los otros.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
(1) Bosch A., Amoroso M.I.,Fernández H.: Arraigadas en la Tierra (Malabaristas de la vida), Icaria. Barcelona, 2003.
(2) Arendt H.: La condición humana. Paidós, Estado y Sociedad .Barcelona (e.o.1958).
(3) EMEF y Ajuntament de Barcelona : Mobilitat i genere. 2004.
(4) King Y.: Curando las heridas: feminismo, ecología y el dualismo naturaleza-cultura. Ecorama. 1997.
(5) Lovelock J.: Las edades de Gaia. Tusquets, Col. Metatemas. Barcelona, 2000.
Intervención presentada con ocasión del Forum vecinal sobre Ciudad y Ecología celebrado en Barcelona el 7 de noviembre del 2008
Fuente: http://archivo.ecodes.org/pages/especial/ecofeminismo/H_Fernandez_Medrano.asp
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domingo, febrero 21, 2010
La mujer, el medio ambiente y el desarrollo sostenible
(CIMAC).- Hasta 1995, año en que se celebró la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en Beijing, se comprendió la estrecha relación de la vivencia cotidiana de las mujeres con el medio ambiente, debido a que el Plan de Acción que emanó de la cumbre incorporó el tema de género y políticas ambientales.De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) el tema fue incorporado porque se reconoció que la mujer tiene una función fundamental que desempeñar en la preservación de los recursos ambientales y naturales, y en la promoción del desarrollo sostenible.
La mujer tiene la principal responsabilidad en relación con la atención de las necesidades de la familia, su papel es de suma importancia en la determinación de las tendencias del consumo de los bienes comunes y en ese sentido, también incide en la producción y consumo sostenible.
La Plataforma de Acción identificó la necesidad de lograr la participación activa de la mujer en la adopción de decisiones relativas al medio ambiente en todos los niveles y de incorporar una perspectiva de género en todas las estrategias orientadas al desarrollo sostenible.
En los objetivos estratégicos planteados en la sección K del capítulo IV “La mujer y el medio ambiente” de la Plataforma de Acción se señalan medidas que deben adoptar los gobiernos, en todos los niveles, incluidas las autoridades municipales. Las medidas eran referentes al trabajo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), organizaciones no gubernamentales y gobiernos nacionales.
Entre dichas medidas la ONU se comprometía a promover la participación de la mujer e incluir una perspectiva de género en la elaboración, la aprobación y la ejecución de proyectos financiados y a cargo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y otras organizaciones dependientes de las Naciones Unidas.
Ello con el objetivo de alentar el diseño de proyectos administrados por mujeres, establecer estrategias y mecanismos para aumentar la proporción de mujeres que participan como dirigentes, planificadoras, administradoras, científicas y asesoras técnicas en el diseño, desarrollo y ejecución de políticas y programas para la ordenación de recursos naturales y la protección y conservación del medio ambiente.
También se diseñaron las medidas que deberían de implementar los gobiernos, entre ellas integrar las perspectivas y conocimientos de las mujeres en la adopción de decisiones en materia de ordenación sostenible de los recursos, y en la formulación de políticas y programas de desarrollo sostenible, particularmente los destinados a atender y prevenir la degradación ambiental.
Asimismo, están obligados a evaluar las políticas y programas desde el punto de vista de su repercusión sobre el medio ambiente y de la igualdad de acceso y de utilización por la mujer de los recursos naturales. De ser necesario elaborar una estrategia de cambio para eliminar todos los obstáculos que impiden la participación plena y equitativa de las mujeres.
Finalmente, las organizaciones internacionales, no gubernamentales y las instituciones del sector privado debían lograr la participación de la mujer en las industrias de la comunicación, a fin de aumentar los conocimientos sobre los temas ambientales, en particular sobre las repercusiones de los productos, tecnologías y procesos industriales sobre el medio ambiente y la salud.
También es obligación de los medios apoyar las iniciativas de las mujeres consumidoras mediante la promoción de la comercialización de alimentos orgánicos y servicios de reciclado, además de información sobre productos relacionados.
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jueves, abril 02, 2009
Empleos verdes: ¡Mejoremos el clima para la igualdad de género también!
Casi el 75% de los ciudadanos más pobres del mundo — los que viven con menos de dos dólares de los Estados Unidos por día — dependen significativamente del medio ambiente para su subsistencia diaria. La falta de respuesta a los retos que plantea el cambio climático podría tener serias repercusiones en los medios de vida de estas personas. Por otra parte, el cambio climático está haciendo peligrar la concreción de los Objetivos de Desarrollo del Milenio acordados internacionalmente. La crisis económica y financiera que sacude al mundo también plantea dificultades, entre otras, la creciente preocupación de que los compromisos previamente asumidos de poner un tope a las emisiones de gases de efecto invernadero, o de eliminar gradualmente las fábricas contaminantes, sean reemplazados por el tipo de estímulos económicos que un líder político ha denominado “baratos y facilistas”.El cambio climático, que afecta por igual a los países desarrollados y a aquellos en desarrollo, es una de las mayores dificultades que el siglo XXI plantea a la comunidad global. Pese a que los países en desarrollo han sido los que menos han contribuido a las causas del cambio climático, son los más expuestos a sus consecuencias negativas, debido a su vulnerabilidad frente a los sucesos ambientales extremos. Quienes tienen más probabilidades de verse perjudicados son las mujeres y los hombres de los sectores con mayor dependencia del clima, tales como los de agricultura y turismo. A esto se suma el hecho de que el cambio climático no afecta a hombres y mujeres por igual. Cada vez se considera a las mujeres más vulnerables que los hombres ante los efectos negativos del cambio climático, pues constituyen la mayoría de las personas pobres del mundo y, en proporción, dependen más de los recursos naturales amenazados. Además, cumplen un papel más importante que los hombres en la gestión de los recursos naturales —en actividades agrícolas, en la plantación, protección y cuidado de almácigos y plántulas —, y en la alimentación y atención de su familia. Sin embargo, tarde o temprano, tanto mujeres como hombres, ricos como pobres, pierden la inmunidad ante las dificultades y los peligros que el cambio climático acarrea.
El Programa de Trabajo Decente de la OIT impulsa el crecimiento “verde” a través de la promoción de empresas y empleos verdes; de políticas activas para el mercado laboral, que combinan planes de seguridad social para los trabajadores desplazados con el desarrollo de competencias, para ayudar a las empresas y a los trabajadores a adaptarse a las oportunidades y a aprovecharlas; de trabajo higiénico y seguro para los trabajadores y el medio ambiente; y de respeto por los derechos de los trabajadores a la libertad, por ejemplo, de participar en el diálogo social, esencial para dar forma a respuestas efectivas. Los empleos verdes decentes establecen un vínculo efectivo de mutuo sostén entre el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (erradicar la pobreza extrema y el hambre) y el séptimo (garantizar la sostenibilidad del medio ambiente).
Recursos principales disponibles en la página de la OIT:
Informe - Empleos verdes: ¡Mejoremos el clima para la igualdad de género también! - [pdf 553 KB]
Cartel - Empleos verdes: ¡Mejoremos el clima para la igualdad de género también! - [pdf 185 KB]
Postal - Empleos verdes: ¡Mejoremos el clima para la igualdad de género también! - [pdf 295 KB]
Selección de publicaciones de la OIT sobre empleos verdes y la igualdad de género
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