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lunes, julio 21, 2014

Reunión de mujeres campesinas de Sudamérica: Mujeres en lucha!

Vía Campesina Con una mística que resaltaba la importancia de la unidad y la fuerza de las mujeres del movimiento campesino, se dio inicio a la Reunión de Articulación de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina Sudamérica donde participan cerca de 30 delegadas de Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Argentina, Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador que se realiza del 12 al 16 de Julio en Quito.

Esta reunión orgánica tiene como objetivos: hacer un balance y evaluación de la IV Asamblea de Mujeres de la CLOC, dinamizar de funcionamiento de la articulación de mujeres en los países y región, y construir un plan de acción y fortalecer la mística en la articulación.

En Abril de 2015 la articulación de Mujeres realizará su V Asamblea Continental de Mujeres del Campo en el marco del VI Congreso de la CLOC – Vía Campesina en Argentina. Para Itelvina Masiolli, de la coordinación, estos espacios han ayudado a recrear formas de luchas, con orientaciones claras por un proceso de liberación en contra del patriarcado y el capital.

Durante esta reunión también se plantea profundizar en el Feminismo Campesino y Popular, trayendo elementos del proceso de construcción en los países, recuperando el debate y puntuando desafíos en la práctica. “Del feminismo que hablamos es un feminismo que plantea un otro modo de relacionarse con la vida y la naturaleza, enmarcado en un proyecto político. No es posible construir Soberanía Alimentaria en un modelo capitalista, ser feministas para nosotras es ser agroecologas, cuidar y defender la tierra, las semillas. Defender la vida que está en extinción con el capital”, afirmó Rosangela participante de Brasil.

La reunión de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina Sudamérica cerrará el próximo 16 de julio con una actividad de Solidaridad e Internacionalismo en el Porvenir, comunidad emblemática, de la lucha por la tierra ubicada al sur de Quito.

Fuente: Vía Campesina

miércoles, mayo 21, 2014

República Dominicana: La Ley Nacional de semillas hará desaparecer la agricultura familiar campesina

Vía Campesina La producción de semillas es un proceso esencial de la agricultura. Gracias a éste, los campesinos y campesinas han domesticado las especies vegetales que hoy consumimos. Por eso es vital la protección del patrimonio genético del país, de todas y todos, de los campesinos y campesinas o de los que por opción deciden sembrar huertos en sus jardines en las urbes.

La Articulación Nacional Campesina (ANC) ve como grave para la agricultura la propuesta de Ley Nacional Semillas que fue aprobada por el Senado de la República, propuesta por el legislador Amílcar Romero. La agricultura campesina sólo saldrá perdiendo de aprobarse definitivamente esta nueva ley por parte de la Cámara de Diputados, afirmaron los/as dirigente de la ANC.

Con esta ley se estaría desconociendo los conocimientos y saberes ancestrales en la producción, conservación y cuidado de las semillas alimentarias y medicinales, producida principalmente por las mujeres y declarada por la Vía Campesina Internacional como patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad

Para la Articulación Nacional Campesina (ANC) como parte de la Cloc- Vía Campesina Dominicana y Organizaciones Aliadas, ve en el trasfondo y la terminología de esta nueva ley, tales como "semilla certificada" que sólo esconde detrás el fortalecimiento del agronegocio y la privatización del sector agropecuario; dejando a unos cuantos grupos empresariales el beneficio de lucro. Todo en el marco de la privatización que se pretende con las leyes de agua y de minería, expresaron.

Manifestaron que este proyecto de ley fue conocido de manera sigilosa por los senadores y que no contó con la consulta de los sectores campesinos. La ANC entiende que existen suficientes marcos legales para el uso y regulación de semillas en el país, solo es cosa de actualizarlos y hacer real su aplicación.

Plantearon que el esquema propuesto en la nueva ley va en camino de privatizar el uso de las semillas, y que es una seria amenaza a la producción que la dejaría dependiente del mercado, y no ya de las necesidades de consumo de la población.

Advirtieron también que la misma no se toma en cuenta la protección a las variedades locales de semillas. Ya que este proyecto no deja claro la protección ANCde la bioseguridad, y posibilita la entrada al país de materiales genéticamente modificados (OGM).

Las personas que trabajan la tierra deben tener el derecho de practicar la gestión sostenible de los bienes naturales y de preservar la diversidad biológica y los conocimientos tradicionales y ancestrales, libre de derecho de propiedad intelectual y basados en el respeto de la diversidad cultural.

La semilla y toda la biodiversidad terrestre y acuática constituyen el corazón de la Soberanía Alimentaria puesto que de ellas nace toda la producción de alimentos. Y es sobre en quien descansa la posibilidad de alimentarse de toda la humanidad.

Seguimos luchando por la libre circulación de las semillas y resistiremos todas las amenazas a las semillas, como su apropiación corporativa, su manipulación genética y su apropiación a través de los derechos de propiedad intelectual.

La Articulación Nacional Campesina (ANC) y La Cloc Vía Campesina hace un llamado a todas las organización del sector agropecuario a estar vigilantes frente a este nuevo intento privatizador y neoliberal. Por esto plantea que:

1) Realizará un encuentro nacional del sector campesino para evaluar la nueva propuesta de Ley Nacional de Semillas.

2) Proponer a la Cámara de Diputados que sean recogidos, revisados y actualizados en un solo textos todas las leyes y reglamentos sobre la regulación y uso de semillas en el país.

3) Que sean integrados todos los sectores involucrados en el sector agropecuarios en la discusión de esta nueva propuesta de ley.

4) Asumir una posición vigilante frente a la ola privatizadora que arropa al continente en materia de producción de alimentos que atenta contra la Soberanía Alimentaria.

5) Demandamos de la FAO en el año de la agricultura familiar y campesina instar a los gobiernos y en especial al gobierno dominicano a respetar las practicas ancestrales de las comunidades a controlar, reproducir, intercambiar, mejorar y criar variedades de semillas.

Fuente original: http://viacampesina.org/es/index.php/temas-principales-mainmenu-27/biodiversidad-y-recursos-gencos-mainmenu-37/2153-republica-dominicana-ley-nacional-de-semillas-hara-desaparecer-la-agricultura-familiar-campesina

miércoles, abril 02, 2014

Colombia: Reseña del IV Encuentro de Mujeres Campesinas y Luchadoras

José Antonio Gutiérrez D.

Rebelión Con una nutrida participación de la comunidad así como con delegaciones provenientes de otros rincones del departamento (Pradera, Florida, Ginebra, Guacarí, Buga, Sevilla, San Pedro y Tuluá), se realizó el IV Encuentro de Mujeres Campesinas y Luchadoras en la vereda El Cabuyal, zona alta de Palmira, en el departamento del Valle. Este encuentro, organizado por la Asociación de Trabajadores Campesinos del Valle del Cauca (ASTRACAVA) y por la Coordinación Campesina del Valle del Cauca (CCVC), es una manera de reconocer el rol que tienen las mujeres del campo en las luchas populares que sacuden a Colombia así como en la construcción de un proyecto nuevo de sociedad. En palabras de Cristina López, presidenta del Comité de Mujeres Manuelita Sáenz de El Cabuyal, “este es un acto donde podemos expresar de muchas maneras lo que podemos hacer como mujeres. Esta es la primera vez que hacemos algo así por acá, nunca habíamos tenido un grupo que nos representara. La CCVC nos ha apoyado muchísimo estos años, para que conozcamos nuestros derechos y se los inculquemos a nuestros hijos”.

Sigue siendo un desafío para el movimiento popular estimular una mayor participación de las mujeres en los proyectos emancipadores de campesinos y trabajadores. Como nos explica Patricia Uribe, secretaria de mujer de la subdirectiva de Pradera de ASTRACAVA, “la participación de las mujeres es restringida, porque a veces la mujer campesina es muy apegada a la tierra, al cultivo, conoce poco de lo político. De pronto es por todo lo que la mujer campesina ha vivido, sus quehaceres diarios, que tiene temor a mostrarse como es a la sociedad. La represión del Estado muchas veces ha asesinado los esposos, otras veces nos quitan los hijos para llevarlos al servicio militar obligatorio… también por aquellos hombres que no las dejan participar, todo hace que tenga temor a expresar realmente lo que siente y piensa”.

Según ella, la importancia de este acto radica en que “las mujeres vayan conociendo su importancia en lo social y lo cultural en las organizaciones campesinas y así irnos dando a conocer, porque en lo cultural la mujer conoce la cultura campesina. Que la mujer entienda su importancia en la lucha por la soberanía alimentaria, en el rescate de semillas, lograr ese auto-reconocimiento como mujeres que nos da la lucha, porque hay que quitarse ese temor”.

Al final del día, luego de escuchar intervenciones de las compañeras y compañeros del proceso campesino, así como de disfrutar de varios números artísticos, las delegaciones emprendieron el retorno en sus multicolores chivas habiendo dado un paso más en la reafirmación del rol de la mujer en el proceso de cambios que se viven hoy en Colombia. No está de más recordar que ese proceso de cambio requiere una participación masiva del pueblo y que más de la mitad de ese pueblo con mujeres, las cuales en las lucha y las organizaciones han demostrado su valor y su aporte específico al proceso emancipatorio de los pueblos de Colombia.


(*) José Antonio Gutiérrez D. es militante libertario residente en Irlanda, donde participa en los movimientos de solidaridad con América Latina y Colombia, colaborador de la revista CEPA (Colombia) y El Ciudadano (Chile), así como del sitio web internacional www.anarkismo.net. Autor de "Problemas e Possibilidades do Anarquismo" (en portugués, Faisca ed., 2011) y coordinador del libro "Orígenes Libertarios del Primero de Mayo en América
Latina" (Quimantú ed. 2010).


miércoles, febrero 05, 2014

Mujeres del MST crean nuevas relaciones de género dentro y fuera del movimiento

Kelli Maforto

Rebelión Desde la creación del MST, siempre estuvo presente el desafío de la participación y el envolvimiento de toda la familia en el proceso de lucha por la tierra: hombres, mujeres, jóvenes, adultos mayores y niños, son todas y todos protagonistas de su propia historia.

La participación de las mujeres posibilitó la organización de colectivos de auto–organización y discusión sobre su situación de opresión de clase y de género. El conjunto del Movimiento fue provocado a envolverse y eso creo las condiciones para el debate de cómo construir nuevas relaciones de género.

La construcción del Sector de Género y la participación de las Mujeres en el MST

En el I Congreso Nacional de MST, realizado en 1985, fueron aprobadas dentro las normas generales la organización de comisiones de mujeres dentro del MST para discutir problemas específicos, el estímulo la participación de las mujeres en todos los niveles de actuación, instancias de poder y representatividad, así como combatir forma de discriminación de las mujeres y la lucha contra el machismo.

Por medio de la organización de estas comisiones y colectivos de mujeres del MST, las lideranzas femeninas comenzaron a estudiar y debatir, el concepto de género a partir de mediados de la década de 1990.

La necesidad de involucrar a toda la organización en este debate culmina en la creación del Sector de Género en el Encuentro Nacional del MST en 2000. Este tendría la tarea de estimular el debate en las instancias y espacios de formación, para producir materiales, proponer actividades, acciones y luchas que contribuyen a la construcción de condiciones objetivas para la participación igualitaria de hombres y mujeres, el fortaleciendo el propio MST.

Varias líneas políticas se han elaborado a partir de esta definición, como por ejemplo la participación del 50% de las mujeres en todos los espacio del Movimiento, en las instancias, procesos de productivos, de formación y educación, en las movilizaciones, etc ; el debate de la guardería infantil, el debate de la inclusión del nombre de la mujer en los documentos tenencia y uso de la tierra en forma conjunta.

A pesar de que varios de estos objetivos siguen siendo un desafío permanente, la construcción del sector de género habilitado un nuevo significado de la lucha por la tierra, donde todas y todos se sienten sujetos participantes en un proceso de cambio.

Nuestra lucha es todos los días, somos mujeres, no mercancías!

Aparte de nuestra lucha cotidiana, tenemos dos veces en el año se organizan actividades de lucha contra el capital, la reforma agraria y contra todas las formas de violencia contra las mujeres: es el 8 de marzo - Día Internacional de la Mujer y 25 de noviembre - Día Mundial de Lucha contra la Violencia contra la Mujer.

Este año no será diferente. Es por eso que estamos cantando en nuestras asambleas y haciendo eco del grito de nuestro VI Congreso: Pueden tener copa y elecciones, las mujeres en lucha seguirán!

*Kelli Maforto – Coordinación Nacional del MST y del do Sector de Género del Movimiento.

martes, abril 10, 2012

Nepal: Campesinas indefensas ante la violencia doméstica

Naresh Newar
IPS Las mujeres de las aisladas áreas rurales de Nepal resistieron junto a sus hombres durante la guerra civil (1996-2006) que derrocó a una monarquía opresora, pero ahora muchas combaten la violencia doméstica en sus propios hogares.

Rachna Shahi tenía apenas 15 años cuando se integró al maoísta Ejército de Liberación Popular, en 2004. Actualmente ha sido expulsada por la familia de su esposo, que la presiona para que le conceda el divorcio, mientras que su propia familia se niega a aceptarla de regreso.

"Me uní a la guerra para luchar por la igualdad de las mujeres y por nuestros derechos, pero (…) ahora no sé cómo sobreviviré", dijo Shahi a IPS.

Dhanasara Majhi, quien también vive en el aislado distrito de Dailekh, ubicado 700 kilómetros al oeste de Katmandú, se habría suicidado de no ser porque no quiere dejar a sus cuatro hijos a merced de su padre abusivo.

Su marido, Keshab Majhi, la golpea con lo que sea que tenga a mano, como una vara de hierro o un martillo, e incluso ha amenazado con matarla con un hacha.

Él se pone particularmente violento luego de beber alcohol. "Habitualmente corremos hacia las colinas y nos escondemos en el bosque hasta que se le va la borrachera", dijo la esposa.

Su principal preocupación es su hijo mayor, Rosan, de 12 años, que exhibe los síntomas de una alteración mental.

Dhansara Majhi no recurre a la policía por temor a que esto enfurezca todavía más a su esposo, y porque sabe que no obtendrá ningún apoyo de la comunidad local. "A menudo mis vecinos me acusan de provocarlo. No sé a quién pedirle ayuda", relató.

Esta mujer y Shahi comparten los problemas de muchas nepalesas, especialmente en las áreas rurales, donde tienen poco o ningún acceso a protección legal y terminan viviendo con un miedo constante y en medio de los abusos cotidianos.

Pese a la alarmante proporción de los casos de violencia contra las mujeres, el gobierno ha hecho poco por protegerlas, según activistas por los derechos femeninos.

En 2011 se registraron casi 700 hechos de violencia, 40 por ciento de los cuales fueron en el hogar, según el no gubernamental Centro de Servicios del Sector Informal (Insec).

"Muchos incidentes nunca se reportan por temor a las represalias y por falta de acceso a asistencia legal", explicó Khadga Raj Joshi, coordinador regional del Insec en la región occidental.

El año pasado, 54 mujeres fueron asesinadas por sus familiares en Nepal por desobedecer a sus esposos o a parientes políticos, por motivos tan insignificantes como objetar que sus maridos bebieran alcohol. La mayoría de los perpetradores quedaron libres e impunes por falta de evidencias, según el Insec.

El Colegio de Abogados de Nepal brinda servicios legales "pro bono" (para el bien público, en latín), pero esta posibilidad resulta demasiado inaccesible para las mujeres que viven en áreas rurales aisladas, señaló Joshi.

Según la trabajadora social Deepa Bohara, "básicamente, las mujeres están solas y no tienen ninguna protección social, ni siquiera de parte de sus propias familias".

"Está socialmente aceptado que las mujeres sean abusadas por sus esposos, lo que es una actitud realmente perturbadora", dijo.

Un estudio de 2001 realizado en el marco de la encuesta demográfica y de salud de Nepal, concluyó que gran cantidad de nepalesas, tanto urbanas como rurales, pensaban que era permisible que un hombre golpeara a su esposa por no desempeñarse adecuadamente en la cocina, por salir sin permiso o por negarse a mantener relaciones sexuales.

Actitudes similares prevalecen en toda Asia meridional. Pakistán e India, los vecinos más grandes de Nepal, se ubican tercero y cuarto respectivamente en un estudio mundial de las percepciones sobre las amenazas a las mujeres, que van desde los abusos domésticos y la discriminación económica hasta el feticidio femenino.

Los resultados de la investigación, divulgados en junio de 2011 por TrustLaw, un servicio de noticias legales administrado por la Thomson Reuters Foundation, señalaron el hecho de "que un gobierno sea corrupto y que los derechos femeninos estén en puestos muy bajos en la agenda significa que se recurre poco o nada a la justicia".

En Nepal, las mujeres rurales encuentran cierto apoyo del gobierno en los servicios paralegales de los Comités de Desarrollo de las Aldeas, que son el peldaño más bajo del sistema administrativo rural.

Pero esos comités "tienen poca autoridad para tomar decisiones legales, y todo lo que pueden hacer es alentar un acuerdo dentro de la familia", dijo Bindu Khadka, abogada del Foro para las Mujeres, la Ley y el Desarrollo.

La única esperanza que les queda a las mujeres rurales es la policía local, adjunta a los 3.915 comités de desarrollo del país, pero a menudo no denuncian a los perpetradores en aras de una paz rápida.

"A menudo vemos que la policía (…) presiona a las víctimas para transigir a fin de mantener la paz y la armonía en la sociedad", explicó Joshi, del Insec.

"Estoy cansada de pedirle ayuda a la policía. Ellos no hacen nada y piden pruebas de la violencia (que padezco); mi palabra no les alcanza", dijo Hastana Raut, de 25 años, cuyo esposo la abandonó luego de tres años de matrimonio.

Tras el derrocamiento de la monarquía, Nepal experimentó muchas reformas legislativas dirigidas a la igualdad de género, que garantizan mayores derechos económicos, ciudadanos y políticos a las mujeres, salvaguardando sus derechos sexuales y reproductivos.

Poco después del fin de la guerra civil, en 2006, el país aprobó la Ley de Igualdad de Género, que confiere iguales derechos de herencia a las mujeres y penaliza la violencia doméstica y sexual.

Sin embargo, los activistas sostienen que estos derechos todavía no han llegado a todas las nepalesas.

"Siento que tendré que vivir así el resto de mi vida. ¿Quién me va a ayudar?", preguntó Pavitra Majhi, de 21 años, cuyo esposo desapareció hace tres años, dejándola a merced de los constantes abusos de su suegro y las golpizas de su suegra.

Fuente original: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=100513

lunes, febrero 27, 2012

Las trabajadoras del campo y la LOT

Rebeca E. Madriz Franco / Género con Clase
Según datos de la FAO, las mujeres producen entre el 60 y 80% de los alimentos en los países en desarrollo, y la mitad de la producción mundial total. Las trabajadoras del campo han estado vinculadas a la agricultura desde su propia invención, y aun hoy juegan un papel primordial en la soberanía alimentaria. Sin embargo esta realidad es infravalorada, producto de la función que cumple el patriarcado en la vida cotidiana, naturalizar la inferioridad y la precariedad femenina.

Por ello es la necesario la valoración de los conocimientos de nuestras campesinas, un saber que se debe rescatar porque está cargado de aportes a la sociedad que se les niegan a las mujeres, y que resultan esenciales, especialmente en lo que tiene que ver con los procesos de las semillas y sus diversas propiedades, pero sobretodo se trata de transformar las relaciones capitalistas de producción en el campo, des-mercantilizando los aportes que desde éste ámbito se realizan, relaciones que han ido en detrimento de nuestro planeta y ante las que se viene planteando una alternativa política: la agro-ecología como posibilidad sustentable de garantizar la soberanía alimentaria de nuestros pueblos, promoviendo una alimentación integral y la salud de la población. La propuesta feminista que plantean nuestras mujeres del campo es una alternativa clara al sistema capitalista–patriarcal que tienden a colonizar, patentar y privatizar los conocimientos.

Nuestras mujeres trabajadoras del campo juegan un papel fundamental en el futuro de la construcción socialista en nuestro país, pues sus aportes representan un paso definitivo en la soberanía alimentaria y por lo tanto en la soberanía de la patria, y desde sus propias experiencias deben trazarse las líneas que hagan sustentables la producción, distribución y el consumo de alimentos; lo cual debe ir acompañado de una serie de cambios que toquen las relaciones sociales entre mujeres y hombres y donde sean posibles prácticas sociales más igualitarias. Esta propuesta, como todas las que giran en torno al socialismo feminista son, fundamentalmente, una ética, una concepción del mundo basado en la solidaridad y la corresponsabilidad.

En tal sentido, la nueva Ley Orgánica del Trabajo debe permitir materializar el artículo 14 de la Ley de Tierras y ampliar el reconocimiento de las mujeres del campo como Trabajadoras garantizando plenamente sus derechos laborales.


martes, julio 12, 2011

Mujeres del Suroccidente colombiano: Por una perspectiva de género clasista y popular

Conap Suroccidente
Kaos en la Red
Del 7 al 11 de julio de 2011, se desarrolló en la ciudad de Popayán el Tercer Encuentro Regional de Mujeres Campesinas, Indígenas y Afrodescendientes del Suroccidente Colombiano. Luego de una ardua jornada de análisis y reflexión sobre temas como el conflicto social y armado, las mujeres, política agraria y democracia, y la construcción de movimiento popular, se pronuncia la siguiente declaración política:

Declaración política

Tercer Encuentro Regional del Suroccidente Colombiano Mujeres Luchadoras:
Campesinas, indígenas y afrodescendientes
“Voces populares: forjando la unidad”
Julio 7, 8, 9 y 10 de 2011

Las mujeres reunidas durante los días 7, 8, 9 y 10 de julio de 2011 en el Tercer Encuentro Regional del Suroccidente Colombiano “Mujeres Luchadoras: forjando la unidad” manifestamos nuestro firme propósito de continuar fortaleciendo la participación de la mujer desde una perspectiva de género clasista y popular para su incidencia en los espacios políticos del movimiento popular y los distintos escenarios de la política pública y de esta manera avanzar en la trasformación de las relaciones de opresión y explotación capitalista y patriarcal.

Convencidas de la necesidad de visibilizar el sentido político de las acciones de las mujeres para la transformación de las relaciones de opresión, así como lograr el reconocimiento de las mismas, reafirmamos el carácter de nuestra lucha feminista: clasista, anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal, distinguiendo nuestra perspectiva de lucha de otros discursos y prácticas de género que son funcionales a los propósitos del neoliberalismo y la explotación capitalista.

Nuestra fuerza organizativa como mujeres campesinas, indígenas y afrodescendientes contribuirá a la salida política del conflicto social armado que permita la transformación de las fuerzas y factores estructurales que han generado la guerra. Seguiremos fortaleciendo la lucha por la reforma agraria integral y democrática, fundada en principios de la soberanía alimentaria como ética de vida y la equidad de género en nuestras comunidades y organizaciones. Lucha que implica el reconocimiento de las economías parcelarias y de las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes como actores importantes en la economía nacional y aun más importante el reconocimiento del aporte de la mujer a la economía nacional y a la sociedad en general, colocando en igualdad de importancia el trabajo productivo como el de la reproducción social.

Estos propósitos sólo serán posibles si mujeres campesinas, indígenas, afrodescendientes y de otros sectores populares confluimos en la unidad del movimiento popular, por ello es importante el fortalecimiento de nuestras organizaciones de base, espacios de coordinación regional y nacional desde los aportes de las mujeres en la lucha popular.

Por una perspectiva de género clasista y popular
Viva la mujer luchadora
Viva el movimiento popular

jueves, abril 14, 2011

Las mujeres rurales en Europa

AmecoPress. Carmen Quintanilla, presidenta de la Confederación Nacional de Familias y Mujeres del Medio Rural (AFAMMER), presenta mañana ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa el informe ‘Las Mujeres Rurales en Europa’ que analiza la situación de las mujeres que viven en el entorno rural de los países mediterráneos así como de los países del norte, este y centro del continente europeo.

Según ha afirmado, el informe que será presentado en Estrasburgo demuestra que, aunque la evolución de la situación de las mujeres rurales varía de unas zonas a otras, “existen elementos en común en todos los casos, sobre todo en lo que se refiere a la discriminación que sufren las mujeres del mundo rural a la hora de acceder al mercado laboral y las dificultades que tienen para conciliar la vida familiar, laboral y personal así como en la necesidad de que los pueblos del medio rural tengan mayores dotaciones en infraestructuras y servicios sanitarios, educativos y de atención a la infancia y a los mayores”.

El informe incluye un proyecto de resolución en el que se recomienda a los Estados miembros del Consejo de Europa que elaboren medidas jurídicas y políticas dirigidas especialmente a las mujeres rurales y adopten un enfoque integrado de la igualdad de las mujeres y los hombres en la elaboración y la puesta en marcha de políticas que tengan incidencia en su situación.

Entre estas medidas, Quintanilla pide poner en marcha las necesarias para potenciar el acceso de las mujeres al empleo en el entorno rural y para acabar con la discriminación salarial; facilitar el acceso a la financiación y a los préstamos a las mujeres que deseen emprender un negocio; promover fondos especiales para animar el espíritu emprendedor y empresarial de las mujeres a través del autoempleo, el cooperativismo y el trabajo a domicilio en el medio rural; facilitar la formación y el acceso en todo lo que respecta a las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación y realizar un mayor esfuerzo inversor para dotar a los pueblos del medio rural europeo de las infraestructuras y servicios sanitarios, educativos y sociales que necesitan.

Otra de las recomendaciones a los Estados miembros del Consejo de Europa es la puesta a punto de un cuadro legislativo global que haga visible el trabajo de las mujeres colaboradoras en las explotaciones agrarias y ganaderas a través de la cotitularidad o titularidad compartida, como ya existe en Francia, Bélgica y ahora en España, donde se ha regulado a través de estatutos o leyes.

domingo, marzo 27, 2011

Bolivia: El papel de totora de Berta Soto

Helen Álvarez Virreira
(Especial de SEMlac).- El junco de totora (Scirpus californicus ssp. Tatora) es la materia prima para el trabajo de Berta Soto Cutili, una artesana aymara que, desde hace tres años, vive de la fabricación de papel ecológico. Cada hoja huele al lago Titicaca, que es donde crece esta planta acuática, pero casi nada dice de las personas que hacen posible su producción.

Soto es inventora del papel del totora y su creatividad está registrada en el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual de Bolivia con el número 9410. Descubrió el proceso de forma casual, hace unos 15 años, cuando sus hijos eran pequeños y ella era agricultora, y lo perfeccionó hace poco más de tres años, tras enviudar.

Ella nació y creció en Copacabana, población ribereña al lago Titicaca, donde se encuentra la imagen de la Virgen de Copacabana, una de las más veneradas en Bolivia por la comunidad católica. De adolescente emigró a la ciudad de La Paz, donde fue trabajadora del hogar durante siete años, pero volvió a su pueblo y formó una familia en la comunidad de su esposo, en la Isla del Sol.

El deseo de que sus hijos tengan una profesión la llevó a emigrar de nuevo a la ciudad de El Alto, donde comercializaba su producción agrícola. Al morir su esposo no pudo viajar más y tuvo que lavar ropa y vender refrescos de forma ambulante para generar ingresos, pero no le alcanzaba.

Entonces desempolvó lo que años atrás dejó a medias. Luego de contarle a su esposo que la totora que masticó y que botó sobre una piedra se convirtió en una especie de cartón, comenzaron a experimentar; lograron producir papel de totora, pero rústico y abandonaron la idea.

Ese pedacito de cartón, que todavía guarda, y la necesidad de trabajo la motivaron. Tocó muchas puertas, pero sólo se abrió una. María Galindo, del movimiento feminista Mujeres Creando, acogió con entusiasmo la idea y el producto comenzó a promocionarse desde ese espacio, a través de Radio Deseo.


Ahora Berta Soto vive de la producción del papel de totora.


SEMlac acompañó todo el proceso de fabricación que, esta vez, comenzó en Coacollo, una comunidad a orillas del lago Titicaca, a tres horas de la ciudad de La Paz. Hasta allí llegó Berta Soto buscando totora fresca, ya que debía esperar a que crezca de nuevo la de su comunidad.

Primer paso

En una de las casas dispersas que hay en Coacollo viven los esposos Julia y Gregorio Calle, que ahora le proveen la totora. A esa región todavía no llegó el turismo, típico de otros lugares del lago, y la gente vive sin la necesidad de cerraduras en sus casas. Hace menos de un mes llegó la energía eléctrica al lugar.

Con 68 años a cuestas, don Gregorio, como le dicen, sube a su bote y se adentra en el lago para segar el junco, uno por uno, desde la base, dejando intacta la raíz. En tres meses las plantas habrán alcanzado otra vez los tres o cuatro metros que suelen tener, de los cuales casi la mitad está bajo el agua.

En la orilla espera doña Julia, de 64, para ayudar a su esposo a sacar el plástico en el que, a manera de balsa, ha acumulado unos 400 juncos. Con la fuerza de las cinco personas que estábamos en el lugar, pudimos arrastrar a tierra la totora mojada y un burro llevó la carga a lo largo de unos 700 metros hasta el camino. Berta Soto necesitaba al menos el triple para que el viaje se justificara.

Mientras se acumulaba la totora, doña Julia nos pidió que la ayudáramos a sacar sus ovejas del corral y atarlas afuera para que puedan pastar. En tanto ella recogió los huevos, alimentó a las gallinas y chanchos, ordeñó a su vaca, preparó el queso que le compramos al final del día y cocinó. Era sábado y no se ocupó de la chacra.

La pareja tiene siete hijos, pero todos emigraron, así que ambos se hacen cargo de todo el trabajo agrícola con el que subsisten y proveen a la ciudad. Este es un fenómeno común en el área rural del altiplano, donde sólo se están quedando las personas de la tercera edad.

Segundo paso

Antes de cargar la totora al vehículo, para transportarla hasta la ciudad de El Alto, había que retirar los juncos ennegrecidos y cortar las partes delgadas que sirven para otro tipo de artesanías. Pero nada se desperdicia, porque una porción de las plantas desechadas sirve para reforzar los techos y el resto alimenta al ganado.

Berta Soto vive en Villa Ingavi, una zona fría y ventosa, adonde no llegan los carros basureros, a pesar de que les cargan el cobro en la factura de la energía eléctrica. Junto a su hermana corta la totora en trocitos y luego la hace cocer durante unas cinco horas.

En su casa tiene gas natural, pero necesita una conexión especial para que pueda funcionar su cocina industrial y eso le costaría 1.500 dólares que no tiene. Por ello tiene que estar pendiente del carro distribuidor de gas licuado, pues necesita unas seis garrafas al mes. La totora cocida es triturada, luego, en una licuadora industrial.

Tercer paso

La masa de totora tiene que quedar suave y suelta para poder moldear el papel, en una especie de bastidores hechos con madera y malla milimétrica. Una a una, Berta Soto coloca las hojas tamaño oficio en una lámina de venesta, para que sequen al sol durante un par de días. Lo hace en el patio, bien abrigada, con delantal, guantes de goma y botas de agua. Así nos recibió en su casa.

El viento que llega con basura y las frecuentes lloviznas la perjudican, por eso realiza este trabajo en los pocos días soleados que tiene al mes. Le hace falta un tinglado, pero aún no puede asumir esa inversión. Las travesuras de sus dos perros también la obligan muchas veces a rehacer las hojas; pero sus animales son importantes y los mantiene a su lado, no sólo por la inseguridad de la zona, sino porque son su única compañía en esta fase del proceso.

Cuarto paso

El papel de totora se ha abierto mercado en la ciudad de La Paz, en especial para la confección de invitaciones y tarjetas personales. Además, junto a sus hijos, de 20 y 22 años, fabrica también sobres y cuadernos adornados con trozos coloridos de aguayo, un tejido andino utilizado por las mujeres.

Hace poco le hicieron un pedido especial de máscaras y aceptó el reto; hay que tener la careta puesta por el olor que desprende: es como estar ante el lago, pues el material no tiene ni una pizca de químicos.

Soto sueña con exportar, pero lamenta que la burocracia estatal le ponga trabas en lugar de estimular la producción. Ella cree que su papel de totora podría sustituir al papel importado que utilizan las imprentas para diseñar, por ejemplo, tarjetas navideñas.

Pero nunca le hicieron un pedido, aunque ofreció sus productos en varias oficinas gubernamentales, municipales y también en compañías privadas. El principal problema es que le piden cumplir los mismos requisitos que cualquier empresa grande.

En todo caso, Soto es optimista e irradia confianza, y ahora se está dando tiempo no sólo para fabricar nuevos artículos con su papel de totora, sino también para experimentar con otras plantas.

domingo, marzo 13, 2011

Brasil: Las mujeres, el MST y los desafíos de la acción revolucionaria

CEPRID Herramienta
Si tuviéramos que estudiar todas las leyes no tendríamos tiempo para transgredirlas. Goethe.

1. Los hechos

El 8 de marzo de 2006, el telediario de mayor audiencia en Brasil sorprendía al país con imágenes, reproducidas hasta el cansancio, de mujeres en actos de “vandalismo” y “ensuciando” el día que convencionalmente exalta su inserción en la restringida esfera del derecho formal.[1] El tenor de la noticia era, obviamente, acusatorio contra las 2.000 mujeres, militantes de los diversos movimientos[2] de Via Campesina en Brasil, que ocuparan durante algunas horas la Huerta Florestal de la Aracruz Celulose, en Barra do Ribeiro, Rio Grande do Sul. El episodio era la culminación de una serie de luchas realizadas entre 2000 y 2005 que no sólo expresaban la denuncia de discriminaciones y malos tratos infringidos a las mujeres, sino que también osaban trascender la dimensión específica de su causa, dirigiéndola contra el gran capital.

El acto de enfrentar una transnacional tan poderosa, de violar sus dominios y dañar, dentro de su laboratorio una considerable cantidad de plantines transgénicos listos para ser plantados, fue el modo extremo que encontraron para protestar contra las graves consecuencias socioambientales provocadas por la categórica especialidad de la empresa escogida: el monocultivo de eucalipto para la producción de celulosa en gran escala, una actividad que, por sobre todo, desmonta y desertifica tierras potencialmente destinadas a la reforma agraria y a la producción de alimentos orgánicos. Por su osadía, la acción operó como una divisoria de aguas y transformó la fecha en una jornada internacional de lucha de las mujeres contra toda y cualquier forma de explotación. O sea: esa lucha constituye un vigoroso manifiesto contra el orden del capital, transgrediendo la legalidad burguesa que sólo puede garantizarles una igualdad formal, abstracta.[3]

En 2007 avanza el movimiento, a pesar de la fuerte represión policial, del rechazo de una significativa parte de la opinión pública, de la censura de la prensa mayoritariamente comprometida con el sistema y de los mismos obstáculos domésticos que muchas veces son obligadas a enfrentar para continuar en la lucha. Silenciosamente, las mujeres de Vía Campesina se prepararon para, una vez más en las calles, denunciar, claro y alto, los efectos nocivos en este caso del etanol, biocombustible que se expande peligrosamente en el país.[4] En 2008, la jornada de lucha de las mujeres de Via Campesina comenzó con la ocupación de la Hacienda Tarumã, propiedad ilegal de otra poderosa transnacional de la celulosa, la sueco-finlandesa Stora Enso, situada en la ciudad gaúcha de Rosário do Sul. Durante la acción, 900 mujeres y 250 chicos despejaron un amplio espacio en el Desierto Verde para plantar y devolver a la tierra miles de mudas de árboles nativos inescrupulosamente extirpadas por el capital.[5]

Para comprender verdaderamente la acción, es necesario aclarar que la Stora Enso se fija como “meta formar una base forestada de más de 100.000 hectáreas e instalar fábricas en la región”. A pesar de que la empresa es extranjera y, de acuerdo con la legislación brasileña (Ley 6634 de 1979, y el artículo 20, parágrafo 2, de la Constitución Federal), no puede adquirir tierras en una franja de 150 kilómetros desde la frontera de Brasil, mediante un expediente tramposo, creó la agropecuaria Azenglever, empresa pantalla propiedad de brasileños. Con su nombre, la transnacional posee cerca de 50 haciendas que totalizan más de 45.000 hectáreas, entre las cuales está la Tarumã. Por eso es que las mujeres exigen la anulación de las compras hechas ilegalmente en la faja fronteriza y la expropiación de esas áreas para la reforma agraria. Solamente las 45.000 hectáreas que están a nombre de Azenvegler bastarían para asentar 2250 familias, generando 6750 empleos directos. Actualmente 2500 familias están acampadas en Rio Grande do Sul, y el INCRA alega que no hay tierras para asentarlas.[6]

En 2009, las acciones se ampliaron alcanzando la Monsanto, empresa de agroquímicos en Santa Cruz das Palmeiras, estado de Sao Paulo, a la misma Aracruz, Bayer e incluso la Syngenta Seeds que, en Paraná, había asesinado un militante de Vía Campesina en 2007. En igual proporción, evidenciando la preocupación que causa en los agentes del capital, la reacción contra las mujeres y sus hijos fue especialmente brutal.

La represión policial y la criminalización incentivada por los medios se intensifican también contra los mismos movimientos sociales rurales y urbanos en diversos estados brasileños, especialmente Rio Grande do Sul, Sao Paulo, Río de Janeiro y Pará.[7] Pese a lo cual, las mujeres de Vía Campesina en este año 2010 no retrocedieron y masivamente salieron a las calles de todo el país. En RS, por ejemplo, la marcha denunció que la mujer, a través del amamantamiento, se convierte en vector directo de los daños causados por los transgénicos y agrotóxicos.[8] En SP se destacó la marcha de las mujeres hasta la sede de Cutrale, en Araraquara, gigantesca transnacional productora de jugo de naranja, responsable del apoderamiento de tierras, expropiación de miles de pequeños productores, desmonte, monocultivo y polución ambiental.

Además de eso, otras 3.000 mujeres organizaron una marcha desde Campinas a la capital con el gran desafío de evidenciar ante la sociedad cómo las mujeres aún viven en esa situación de opresión y explotación, especialmente por cumplir una doble jornada de trabajo: el reproductivo y doméstico, y el mismo trabajo productivo, relacionado con el mercado; con lo que se intensifica, en verdad, tanto la explotación como la opresión de las mujeres.[9]

Incluso frente a todas las adversidades, ellas parecen decididas a desafiar el sistema de producción vigente y desenmascarar la completa falta de respeto del capital por la mujer, sobre todo por la mujer trabajadora. Por sobre todo, parecen incansables en una lucha que continúa sorprendiendo por su praxis atrevida, consignas radicales y aguda conciencia del papel histórico que desempeñan para la emancipación en su más amplio sentido. Porque ese rol, así como tiene un fuerte impacto externo al movimiento, viene provocando una lenta, difícil, pero imperativa transformación en la sociabilidad interna, absolutamente necesaria para la constitución revolucionaria de los movimientos a los que pertenecen.

2. Una reflexión

Para comprender mejor el sentido histórico que las mujeres de los más diversos movimientos sociales de masas vienen imprimiendo a las luchas anticapitalistas que actualmente se registran en Brasil y también en América Latina, propongo al lector una necesaria reflexión teórica. En 1848, Marx advertía sobre la necesidad de “encontrar de nuevo el espíritu de la revolución” y de la emancipación universal que, manteniéndose como promesa histórica, debe ser condición esencial del proletariado, única clase social capaz de realizarla concreta y radicalmente.[10] En los 160 años que nos separan de aquellas palabras de Marx, fueron tantas las formas contingentes y las suposiciones teóricas sobre el modo de ser del “verdugo del capital” como las malogradas tentativas de realizar aquella su necesaria tarea histórica. De hecho, durante el largo período ascendente del capitalismo –que prevaleció hasta los años 1960– el proletariado logró, en el terreno de la lucha de clases, un significativo avance en su situación económica y en su poder de negociación sindical. Aunque ese avance se distribuyó tan desigualmente como desigual fue el ritmo de desarrollo de los países involucrados.

Agotada, al fin, la fase civilizatoria de crecimiento, el sistema sociometabólico del capital entra en una crisis gigantesca e irreversible, con lo cual sólo consigue reproducirse de modo esencialmente destructivo. No es sorprendente que las consecuencias más graves de la situación hayan caído sobre las condiciones de reproducción de la clase trabajadora, con lo que su poder de lucha sufre un acentuado reflujo en todo el mundo. De ahí que, a diferencia de lo que durante mucho tiempo se pensó, en el momento más complejo y pleno de la sociedad de clases controlada por el capital, predominan: la pérdida progresiva de los derechos arduamente conquistados por la clase trabajadora y el desempleo estructural que condena a una inmensa cantidad de hombres, mujeres y niños –nuevamente “libres como un pájaro”, como en la época de la acumulación primitiva– a una temible degradación de las condiciones de vida y de trabajo.

En este marco, la búsqueda de un proletariado ofensivo a partir de las “positividades” del desarrollo objetivado por el sistema de reproducción del capital resulta hoy totalmente anacrónica, y la insistencia en esta expectativa está condenada a una frustración peligrosamente desmovilizadora. Pues aquel proletario originario de las condiciones históricas del siglo XIX sufrió mudanzas tan drásticas que hoy sería difícil encontrar algo más que vestigios de lo que fuera en aquellos tiempos. O sea, la continuidad de ese proceso de desarrollo controlado por el capital ya no puede ser considerado, en modo alguno, como camino para la emancipación de la humanidad, sino de su cautiverio y destrucción.

Durante mucho tiempo, los tradicionales instrumentos de organización obrera ni siquiera consideraron la posibilidad de incluir en sus filas a la masa de individuos lanzados al desempleo por el capital en tiempo de crisis. Hasta entonces se presuponía que la interrupción de las crisis cíclicas y de la inestabilidad que amenazaba al mercado de trabajo generando desempleo masivo representaban un desequilibrio temporal y la lumpenización una excepción a la regla, que alcanzaba un campo social marginalmente despreciable a los efectos de una revolución socialista.

Sin embargo, la actualidad muestra una situación bastante distinta, no sólo porque el desempleo ya no puede ser considerado momentáneo, sino que tal condición no necesariamente convierte al desempleado en lumpen. El hecho también descubre el carácter defensivo y fragmentado de los mecanismos tradicionales de lucha del proletariado –los sindicatos y partidos políticos–, desmitificando la teleológica asociación politicista que muy frecuentemente se hizo entre la conciencia de clase y un supuesto desarrollo pleno del capitalismo con sus instituciones democrático-participativas. Por eso mismo es que, para Mészáros, el reencuentro con la perspectiva revolucionaria, requiere necesariamente ...ponerle fin a la separación trágicamente autodesarmadora del “brazo industrial” del trabajo (los sindicatos) y su “brazo político” (los partidos tradicionales), y lanzarse a la acción directa políticamente consciente, en contra también de la aceptación sumisa de las condiciones cada vez peores que las reglas pseudodemocráticas del juego parlamentario les imponen a los productores (...).[11]

El escenario es explosivamente problemático y plantea un enorme desafío al campo de la crítica marxista que no puede desconocer que esta forma societaria, fundada necesariamente en la insoluble desigualdad social, es el resultado de una concentración tendencialmente vertical y abrupta de la riqueza material producida. Esto quiere decir que la esencia contradictoria de esta sociedad alcanza su madurez de un modo tan bárbaro que su ideología orgánica necesita enterrar de una vez todo y cualquier contenido iluminista, civilizatorio, por más abstracta que haya sido su efectividad. Adopta, entonces, un concepto militarizado de “control democrático” con el fin de seguir garantizando la reproducción de su esencia más profunda, o sea, la subordinación estructural del trabajo al capital.[12]

Pero, como arriba dijimos, la degradación estructural de la clase trabajadora –algo que no causa sorpresa ni constituye novedad histórica en países como Brasil– no sólo no se superó con el desarrollo sino que, muy por el contrario, se viene generalizando y banalizando la utilización, de norte a sur del país, de una nueva modalidad de trabajo análogo al esclavo, en muchos y diversos aspectos más perverso que la esclavitud del período colonial, si eso fuese posible. La tragedia se completa con el recrudecimiento de la relación monopólica que actualmente se establece entre países dominantes y dominados que, por intermedio de los capitales transnacionales dedicados al agronegocio, diseñan un cuadro de sugestiva y generalizada colonialidad para estos últimos.

3. Los desafíos

El agravamiento de las condiciones sociales vigentes en América Latina es un fenómeno que se produce, paradójicamente, bajo el predominio de la ideología de que no hay alternativa al mundo del capital, que se desarrolló notablemente sobre todo después del fracaso de las principales experiencias de llamado socialismo realmente existente. Desafiando esa condena al presente, emerge en la región toda una nueva generación de movimientos sociales de masas, con centro en el trabajo, en función justamente de las agudas dificultades enfrentadas. Pensamos en los zapatistas, en México; piqueteros, en Argentina; indígenas cocaleros, en Bolivia, en Ecuador, en Perú; en las fábricas recuperadas, en Venezuela, Argentina y Brasil. Destaco aquí la actuación, que tiene ya 25 años, del Movimiento de los trabajadores rurales Sin Tierra, en Brasil, como una base fundamental para la comprensión de la praxis de estas significativas organizaciones alternativas constituidas en el espacio latinoamericano. Ante los duros golpes sufridos recientemente por la clase trabajadora y el estrechamiento de sus límites de acción en el terreno de la lucha de clases, esos movimientos sociales de masas surgen muchas veces como única vía para el restablecimiento de la dignidad humana para un número cada vez más significativo de familias trabajadoras arrojadas al desempleo.

Conformados al margen de la tutela del Estado –lo que puede ser muy positivo– y afincados a nivel de las mediaciones de segundo orden del capital [13] –lo que puede conducir a su fracaso–, la explosión del potencial revolucionario de esos movimientos sociales dependerá del curso del proceso histórico constituido y de sus posibilidades de ampliar el abanico de las decisiones necesarias.

Lo que está en juego son las dimensiones realmente anticapitalistas del MST no sólo en relación a la negación del orden, sino y fundamentalmente en relación a su capacidad de construir la positividad de una alternativa societaria.

Obviamente, no es para nada fácil responder a semejantes cuestiones, incluso porque se trata de un proceso que aún está por revelarse plenamente. Por ahora, es posible delinear puntos para el debate ya que el MST realiza una praxis con poder de confrontación potencialmente transformador de la realidad existente. Dicho de otra manera, el éxito del emprendimiento está condicionado a las formas más o menos autónomas en la toma de decisión en relación a los dilemas que enfrenta en su procesualidad y, sobre todo, al principio orientador y operativo de la autocrítica permanente. Semejante proceso obedece a la necesidad que tiene el movimiento social de masas de introducir, mediante su praxis cotidiana, cambios radicales en la división social del trabajo interno y construir, en un todo coherente, una nueva sociabilidad orientada hacia la igualdad sustantiva.

En este sentido, partimos de la premisa de que la cuestión femenina es básica incluso porque dadas las condiciones y dominación establecidas de jerarquía, la causa histórica de la emancipación de la mujer no puede ser alcanzada sin sostener el reclamo de la igualdad sustantiva en reto directo a la autoridad del capital, que prevalece no sólo en el omniabarcante “macrocosmos” de la sociedad sino igualmente en los “microcosmos” constitutivos de la familia nuclear.[14]

Para comprenderlo, acompañamos la organización interna de las mujeres que integran el MST, privilegiando las acciones que, desde 2006, realizaron los 8 de marzo, en conjunto con mujeres de otros movimientos de la Vía Campesina. Y, en todos esos momentos, nos parece que una cuestión especialmente problemática es que, pese a que la supresión de la opresión de las mujeres sea vital para la construcción de una alternativa societaria, semejante afirmación está muy lejos de ser unánime en el interior del MST.

Según todo indica, la actuación más efectiva de los hombres del movimiento tiende a volverse hacia la realización objetiva de las cuestiones económicas, enfriándose con la conquista de la tierra y la formación de los asentamientos. La positividad de esta conquista para el movimiento en su conjunto es obviamente indiscutible, y constituye la objetivación exitosa de su lucha por la reforma agraria. Sin embargo, esa misma conquista puede también convertirse en una regresión para todo el movimiento –si se observa el restablecimiento interno de amenazadoras relaciones jerárquicamente estructuradas–.

Son fundamentalmente las mujeres quienes acusan esa regresión, ya que, después de vivir, a veces durante años, bajo la lona preta de los acampes, desempeñando las mismas funciones que los hombres y siendo partícipes de una significativa ruptura de la división tradicional del trabajo familiar, experimentan en el proceso de asentamiento un regreso no deseado a la antigua dominación patriarcal. En ese momento, muchas de ellas, incluso después de asentadas, toman la decisión de no aceptar el retroceso,[15] manteniéndose en la lucha, ya sea por el reconocimiento de su papel fundamental en todos los momentos de afirmación del movimiento, o en la actuación solidaria que desempeñan junto a las familias que siguen acampadas.

Según las mujeres, la efervescencia revolucionaria del MST se encuentra, verdaderamente, en el proceso de acampe; el asentamiento no constituye un fin, sino una mediación rumbo al socialismo. Por eso mismo son ellas, principalmente, las que vienen imponiendo la mencionada autocrítica permanente al movimiento en su conjunto, tratando de impedir que se congele en torno a las mediaciones de segundo orden.

En este sentido, es importante destacar que las acciones del ocho de marzo constituyen enteramente una iniciativa de las mujeres. Duramente criticadas inicialmente por los liderazgos masculinos del movimiento, con el paso de los años, sus manifestaciones vienen logrando el reconocimiento y la solidaridad efectiva de sus compañeros. Y esto sólo ocurre porque la determinación femenina dentro del movimiento es más fuerte que las críticas que sufren.

Su lucha interna, por lo tanto, no es contra los hombres, sino contra las deformaciones patriarcales heredadas de una sociabilidad que es previa a la formación del movimiento y que todos, hombres y mujeres, cargan y reproducen en el mismo movimiento, lo que sólo puede beneficiar al capital. En conclusión: el cuadro describe una situación que está aún muy lejos de ser concluyente, pero la praxis de esas mujeres evidencia, desde el principio, el elevado grado de su conciencia de clase que, a partir de la dimensión de su propia lucha, potencia lo que en ella puede haber de específico. Pero que va mucho más allá, al poner bajo la luz las marcas irreversibles de las contradicciones que, en general, residen en la relación actual del capital con el mundo del trabajo. En estos términos, tal praxis es suficientemente amplia para poner en jaque las falacias del derecho formal burgués y exponer para que el mundo todo sea testigo la tragedia humana y ambiental que el actual patrón de acumulación impone al Brasil, como país meridional estructuralmente destinado a una situación de colonialidad y de periferia.

En esa medida, el movimiento de mujeres del MST no sólo confirma el radicalismo de la práctica de ocupación que viene caracterizando la lucha histórica del movimiento por la reforma agraria, sino que parece constituir una singularidad aún más estimulante. Se trata, entonces, de un movimiento muy articulado de mujeres trabajadoras, acampadas y asentadas, cuya perspectiva de clase potencia su poder de crítica y autocrítica, para desafiar los avances absolutamente destructivos del capital y para enfrentar con admirable coraje los inmensos desafíos internos y externos al movimiento.

Más aún, esas mujeres están reabriendo la historia y reencontrando el verdadero espíritu de la revolución del que hablaba Marx, al dar un salto ontológico en dirección a la emancipación, no sólo de las mujeres, sino de toda la humanidad.

Notas

[1] Según datos difundidos por la CEPAL vienen ocupando un espacio cada vez mayor en el mundo del trabajo latinoamericano. A nivel de los derechos, sin embargo, quedan limitadas por las tendencias del mercado de trabajo que muestran en la región una expansión gigantesca del empleo informal, caracterizado por la precariedad en términos de inestabilidad temporal y ausencia de cualquier reglamentación de los contratos de trabajo, las remuneraciones, la jornada, los beneficios sociales y las condiciones de higiene. Puesto que son principalmente las mujeres quienes ocupan los lugares disponibles del sector, puede concluirse que el aumento en la participación de ellas en la vida económica de América Latina se da fundamentalmente mediante su incorporación a los sectores más vulnerables de la estratificación ocupacional. Este fenómeno se considera una “feminización de la pobreza” en relación con la reorganización del modelo neoliberal de producción. Semejante conquista consiste, por lo tanto, en el reverso de la liberación de las mujeres. Ver sobre esto O estado da paz e a evoluçao da violencia, Campinas, Editora UNICAMP, 2002, pag. 170. También A feminizaçao do trabalho de Claudia Mazzei Nogueira, Campinas, Autores Associados, 2003.

[2] MST, Movimento de Trabalhadores Sem-Terra; MPA, Movimento de Produtores Agrícolas; MAB, Movimento de Atingidos por Barragens; MMC, Movimiento de Mulheres Camponesas; MTD, Movimento de Trabalhadores Desempregados.

[3] En función de este proceso de lucha, las mujeres del movimiento crearon la Artulaçao Deserto Verde. Ver por You Tube el video Rompendo o silencio 1 y 2.

[4] En un reportaje publicado en el diario Folha de Sao Paulo el 7 de enero de 2008, investigadores del Instituto Smithsonian de Panamá, advierten sobre el hecho de que de los 26 productos que proveen bio-combustibles o energía “limpias”, 12 de ellos son más dañinos para el ambiente que la gasolina, incluyendo entre estos al etanol proveniente de la caña de azúcar, pues este cultivo agrícola utiliza gran cantidad de agua contamina los ríos cercanos y, con la práctica de las quemas, contribuye al agravamiento del efecto estufa.

[5] Ver por You Tube el video Mulheres ocupam a Stora Enzo. http://www.lahaine.org/index.php?p=18140

[6] Ver el diario Brasil de Fato año 6 nº 262, marzo 2008. Conviene destacar también que el gobierno Lula promovió menos asentamientos que el de FHC. Fue electo con la promesa de asentar 400.000 familias, sin embargo, hasta 2006 solamente 80.000 habían recibido tierra. Además, el MST denuncia que entre los asentamientos contabilizados, mucho consiste en tener la regularización de tierras públicas ocupadas hace mucho tiempo por colonos. Por lo cual esas medidas, amén de no estar destinadas al MST, no afectan la estructura agraria.

[7] Según la edición 2009 de la publicación Conflitos no Campo Brasil de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), uno de los aspectos que provoca el enojo de los representantes del agronegocio es que uno de los puntos privilegiados hoy por el MST tiene como centro la lucha por la actualización del índice de productividad con fines de reforma agraria, previsto por la Constitución Federal. Ejemplo de estas reacciones es el hecho de que sólo después de la trampa montada por Cutrale y sus matones en el incidente de Iaras, estado de Sao Paulo, y, obviamente, del papel esencial de la prensa que explotó hasta el cansancio esas imágenes, la bancada ruralista en el ámbito del Congreso logró aprobar otra Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) criminalizado las acciones del MST .

[8] “Este proyecto de agricultura debe ser detenido. O el futuro de las próximas generaciones será la muerte. Y nosotras, mujeres, no queremos ser generadoras y amamantadoras de la muerte”. Declaración de Ana Hanauer, de la coordinación del MST y de Via Campesina. Diario Brasil de Fato 11 a 17 de marzo 2010.

[9] Declaración de Tatiana Berringuer, de Consulta Popular. Diario Brasil de Fato 11 a 17 de marzo 2010.

[10] Ver Carlos Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Buenos Aires, Editorial Polémica, 1972, pág. 17 y ss.

[11] István Mészáros, El desafío y la carga del tiempo histórico, Caracas-Valencia, Vadell Hermanos Editores, 2009, pág. 71.

[12] No casualmente vemos que aumenta la frecuencia de críticas más o menos anticapitalistas, fruto de las múltiples insatisfacciones con la actualidad. Desde allí surgen las utopías que se multiplican en la misma proporción matemática que los problemas que buscan combatir. Todas expresan la reacción posible de grupos que –en parte o totalmente- fueron privados de los privilegios proporcionados por este mundo. Aún siendo tributarios de causas justas, el problema es que, en el límite y con raras excepciones, este tipo de movimiento basados en causas específicas no consiguen ir más allá de reclamar el derecho de mejorar su posición en el ranking de la sociedad jerárquicamente constituida.

[13] Esto surge de uno de los más geniales análisis de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 realizado por Mészáros en A teoria da alienaçao em Marx (San Pablo, Boitempo, 2006, pág. 208), que formula los conceptos de mediación de primer orden -o “actividad productiva como tal, factor ontológico absoluto de la condición humana”- y mediación de segundo orden o ‘mediación de la mediación’ alienada derivada de la propiedad privada, del intercambio y de la división del trabajo”.

[14] István Mészáros, Más allá del capital, Caracas-Valencia, Vadell Hermanos Editores, 2001, pág. 218.

[15] Contradictoriamente, es común la separación de las parejas en esta fase del proceso de conquista de la tierra, por iniciativa de la mujer.

María Orlanda Pinassi,. Socióloga brasileña, es integrante del consejo de redacción de Margem Esquerda. Profesora de sociología de la UNESP, Araraquara, San Pablo, colaboradora de la Escuela Nacional Florestan Fernandes y autora del libro Da miséria ideologica à crise do capital – uma reconciliaçao histórica, San Pablo, Boitempo Editorial, 2009. Correo electrónico: mpinassi@uol.com.br.

Traducción para la Revista Herramienta (http://www.herramienta.com.ar/) al castellano de Aldo Casas.

Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1105

jueves, marzo 03, 2011

La igualdad en el mundo rural aumentaría hasta un cuatro por ciento la producción de alimentos en el planeta

AmecoPress. Una distribución más equitativa en términos de género de los activos, insumos y servicios agrícolas podría hacer crecer la producción de alimentos en el mundo entre un 2,5 y 4 por ciento. Este es uno de los mensajes principales de la edición 2010-2011 del informe de la FAO "Estado de la Agricultura y la Alimentación: Mujeres y Agricultura: disminuyendo la brecha de género para el desarrollo", que será lanzado en el marco de las celebraciones del Día Internacional de las Mujeres.

El documento será presentado en una conferencia de prensa que se realizará el 7 de marzo en Santiago de Chile. Participarán el Oficial a Cargo de la Representación Regional de la FAO, Alan Bojanic, la economista Ana Paula de la O Campos y el conomista Gustavo Anriquez, responsables de la autoría de la publicación.

Según el documento, aunque el contexto que enfrentan las mujeres varía de un país a otro, hay una condición común a todas las regiones: las mujeres enfrentan restricciones relacionadas con su género que reducen su productividad y le generan un costo real a la sociedad.

El informe entrega datos y un análisis exhaustivo que documenta los costos que genera la brecha de género en el acceso de las mujeres a los recursos de tierra, agua, ganadería, educación y servicios financieros, además de las dificultades que enfrentan en términos de empleo.

También presenta una estimación empírica de las mejoras en la producción y en la seguridad alimentaria que se podrían obtener sólo al reducir la brecha de género actual. Estos beneficios son sólo los primeros de una serie de ganancias económicas y sociales que pueden resultar de una mayor paridad de género en la agricultura y en el empleo rural.

martes, enero 25, 2011

Aumenta desigualdad contra mujeres en el ámbito rural

La Jornada
Un reporte de la ONU sobre género en el trabajo agrícola advirtió que las mujeres obtienen menor beneficio del trabajo rural que los hombres, y afrontan dificultades nuevas debido a la crisis económica y alimentaria.

El documento titulado "Dimensiones de género en el empleo agrícola y rural. Vías diferenciadas para salir de la pobreza" destacó que "pese a que la desigualdad de género varía de forma considerable entre las diferentes regiones y sectores, existe la evidencia de que, a nivel global, las mujeres obtienen un menor beneficio del empleo rural -ya sea en un trabajo asalariado o por cuenta propia- que los hombres".

También otros problemas vinculados con las desigualdades de género en el empleo rural, como "la reciente crisis económica y financiera, lentificaron el proceso hacia una mayor igualdad de género" y el trabajo digno para las mujeres en las zonas agrícolas y rurales en los últimos años.

"Con la pérdida de empleos y los recortes en el gasto en infraestructuras y servicios sociales, se agravó el peso de las mujeres para cuidar a otras personas y el trabajo no renumerado, con lo que su contribución financiera a la seguridad alimentaria familiar disminuirá", advirtió el informe.


La situación es "especialmente grave" en el caso de los hogares encabezados por mujeres, agregó el documento, obra de la agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El estudio reúne así las últimas ideas sobre la dimensión de género del trabajo agrícola y rural, y busca promover el debate sobre la importancia de las mujeres en el crecimiento de la economía rural y la disminución de la pobreza.

viernes, octubre 22, 2010

Comunicado de la Coordinadora Nacional de organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas de Paraguay

Kaos en la Red La Coordinadora Nacional de organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas, CONAMURI, en su 11° aniversario se dirige a la opinión pública para comunicar cuanto sigue:

Por largos tiempos han sido acalladas nuestras voces, pero hoy salimos organizadas a gritar las injusticias que sufrimos y a reclamar nuestros derechos.

Reconocemos que en el mundo y en América en particular se están dando cambios importantes hacia la construcción de sociedades más igualitarias, más justas y soberanas, entendemos que vivimos procesos de cambios nunca antes imaginados, y por sobre todo sabemos que esto es producto de las luchas del conjunto de los pueblos organizados.

Nuestro país no está ajeno a estos procesos de transformación, en la que las mujeres campesinas e indígenas también buscamos ser protagonistas activas porque sabemos que somos la mitad de la población y responsables de gran parte de la alimentación, primera garantía necesaria para la vida.

Rechazamos categóricamente la visión capitalista que se introduce en nuestros campos, mercantilizando todo, privatizando todo, agua, tierra, bienes naturales, destruyendo nuestro ambiente, generando desastres naturales sin precedentes, causándonos enfermedades desconocidas, amenazando nuestras vidas, imponiendo una lógica empresarial a todo y destruyendo nuestra forma de vida campesina e indígenas.



Rechazamos la transnacionalización de la producción alimentaria que sólo busca ganancias y más lucro a costa de nuestra salud, de nuestras vidas y de la naturaleza. Por eso mismo, rechazamos la apropiación yprivatización de las semillas, patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad por parte de empresas que mercan con la vida, robándonos futuro a nosotras y a nuestros hijos.

Rechazamos los monocultivos de granos, que se oponen a la biodiversidad. Este modelo de agricultura que exige grandes consumos de energía fósil y tecnología de punta es una de las responsables del calentamiento global que trae consigo cambios climáticos de cuyos efectos somos las primeras víctimas.
Las mujeres somos guardianas de las semillas, un rol que la humanidad nos ha encomendado históricamente, que asumimos conscientemente y comprendemos su importancia, por eso mismo renovamos compromiso con la Soberanía Alimentaria, por cuya causa no descansaremos, nos comprometemos a luchar por una convivencia armónica con la naturaleza, por la defensa de la agricultura campesina e indígena, por economías solidarias basadas en la reciprocidad.

Reclamamos al Estado políticas públicas específicas que atiendan nuestras demandas, acciones efectivas que nos ayuden en la lucha contra la pobreza, oportunidades de participación del diseño de las mismas. Ya no queremos ser objeto pasivo, puesto que somos sujetas activas queremos participar.

Reclamamos la aprobación de la ley de protección de variedades locales del maíz, y de todas las semillas nativas y criollas, que con nuestra creatividad y los saberes ancestrales que transmitimos de generación en generación hasta hoy la hemos conservado para beneficio de las futuras generaciones a quienes debemos un futuro que comienza hoy.

Reclamamos el reconocimiento de nuestra profesión de agricultoras, con los derechos laborales que corresponden como seguros sociales, jubilación, atención a nuestra salud, acceso efectivo a la justicia sin discriminaciones de ningún tipo, el cese de violencia contra nosotras, educación de calidad para nosotras y nuestros hijos e hijas, que reconozcan nuestra diversidad cultural y lingüistica, que nos permita reproducir nuestro modo de vivir sin expulsiones forzosas o intromisiones avasalladoras.

Reclamamos nuestro derecho a vivir en un ambiente sano, saludable, libre de contaminaciones de agrotóxicos.

Queremos un Paraguay libre de todo tipo de violencias, que nos permita seguir produciendo en libertad para alimentar al país., por eso rechazamos la criminalización de nuestras luchas y la de nuestros compañeros. Ser pobres no es ser criminal. No admitimos intromisiones políticas de extranjeras en nuestro país, ni la extranjerización de nuestras tierras y territorios,

Nosotras, mujeres campesinas e indígenas, nos mantendremos alertas por la soberanía alimentaria!

Mujeres campesinas e indígenas por la vida y la igualdad!

martes, septiembre 14, 2010

Mujeres de maíz

Esther Vivas
Rebelión En los países del Sur, las mujeres son las principales productoras de comida, las encargadas de trabajar la tierra, mantener las semillas, recolectar los frutos, conseguir agua...... Entre un 60 y un 80% de la producción de alimentos en estos países recae en las mujeres, un 50% a nivel mundial. Éstas son las principales productoras de cultivos básicos como el arroz, el trigo y el maíz, que alimentan a las poblaciones más empobrecidas del Sur global. Pero a pesar de su papel clave en la agricultura y en la alimentación, ellas son, junto a los niños y niñas, las más afectadas por el hambre.

Las mujeres campesinas se han responsabilizado, durante siglos, de las tareas domésticas, del cuidado de las personas, de la alimentación de sus familias, del cultivo para el auto-consumo y la comercialización de algunos excedentes de sus huertas, cargando con el trabajo reproductivo, productivo y comunitario, y ocupando una esfera privada e invisible. En cambio, las principales transacciones económicas agrícolas han estado, tradicionalmente, llevadas a cabo por los hombres, en las ferias, con la compra y venta de animales, la comercialización de grandes cantidades de cereales... ocupando la esfera pública campesina.

Esta división de roles asigna a las mujeres el cuidado de la casa, de la salud, de la educación y de sus familias y otorga a los hombres el manejo de la tierra y de la maquinaria, en definitiva de la “técnica”, y mantiene intactos los papeles asignados como masculinos y femeninos, y que durante siglos, y aún hoy, perduran en nuestras sociedades.

Sin embargo, en muchas regiones del Sur global, en América Latina, África subsahariana y sur de Asia, existe una notable “feminización” del trabajo agrícola asalariado. Entre 1994 y 2000, las mujeres ocuparon un 83% de los nuevos empleos en el sector de la exportación agrícola no tradicional. Pero esta dinámica va acompañada de una marcada división de género: en las plantaciones las mujeres realizan las tareas no cualificadas, como la recogida y el empaquetado, mientras que los hombres llevan a cabo la cosecha y la plantación.

Esta incorporación de la mujer al ámbito laboral remunerado implica una doble carga de trabajo para las mujeres, quienes siguen llevando a cabo el cuidado de sus familiares a la vez que trabajan para obtener ingresos, mayoritariamente, en empleos precarios. Éstas cuentan con unas condiciones laborales peores que las de sus compañeros recibiendo una remuneración económica inferior por las mismas tareas y teniendo que trabajar más tiempo para percibir los mismos ingresos

Otra dificultad es el acceso a la tierra. En varios países del Sur, las leyes les prohíben este derecho y en aquellos donde legalmente lo tienen las tradiciones y las prácticas les impiden disponer de ellas. Pero esta problemática no sólo se da en el Sur global. En Europa, muchas campesinas no tienen reconocidos sus derechos, ya que a pesar de trabajar en las explotaciones, igual que sus compañeros, la titularidad de la finca, el pago de la seguridad social, etc. lo tienen, habitualmente, los hombres. En consecuencia, las mujeres, llegada la hora de la jubilación, no cuentan con pensión alguna, no tienen derechos a ayudas, cuotas, etc.

El hundimiento del campo en los países del Sur y la intensificación de la migración hacia las ciudades ha provocado un proceso de “descampesinización”. Las mujeres son un componente esencial de estos flujos migratorios, nacionales e internacionales, que provocan la desarticulación y el abandono de las familias, de la tierra y de los procesos de producción, a la vez que aumentan la carga familiar y comunitaria de las mujeres que se quedan. En Europa, Estados Unidos, Canadá... las mujeres migrantes, acaban asumiendo trabajos que años atrás realizaban las mujeres autóctonas, reproduciendo una espiral de opresión, carga e invisibilización de los cuidados y externalizando sus costes sociales y económicos a las comunidades de origen de las mujeres migrantes.

La incapacidad para resolver la actual crisis de los cuidados en los países occidentales, fruto de la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, el envejecimiento de la población y la nula respuesta por parte del Estado a estas necesidades, conlleva la importación masiva de mano de obra femenina de los países del Sur global, destinada al trabajo doméstico y de cuidado remunerado.

Frente a este modelo agrícola neoliberal, intensivo e insostenible, que se ha demostrado totalmente incapaz de satisfacer las necesidades alimentarias de las personas y el respeto a la naturaleza, y que es especialmente virulento con las mujeres, se plantea el paradigma alternativo de la soberanía alimentaria. Se trata de recuperar nuestro derecho a decidir sobre qué, cómo y dónde se produce aquello que comemos; que la tierra, el agua, las semillas estén en manos de las y los campesinos; de combatir el monopolio a lo largo de la cadena agroalimentaria.

Y es necesario que esta soberanía alimentaria sea profundamente feminista e internacionalista, ya que su consecución sólo será posible a partir de la plena igualdad entre hombres y mujeres y el libre acceso a los medios de producción, distribución y consumo de alimentos, así como a partir de la solidaridad entre los pueblos, lejos de las proclamas chovinistas de “primero lo nuestro”.

Hay que reivindicar el papel de las campesinas en la producción agrícola y alimentaria y reconocer el papel de las “mujeres de maíz”, aquellas que trabajan la tierra. Hacer visible, lo invisible. Y promover alianzas entre mujeres rurales y urbanas, del Norte y del Sur. Globalizar las resistencias... en femenino.

jueves, abril 22, 2010

Lula olvida a las mujeres Sin Tierra...

Nazaret Castro / Público
Con Luiz Inácio Lula da Silva a pocos meses de concluir su segundo y último mandato, la reforma agraria sigue pendiente en Brasil.

Un sindicalista al frente de un Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) parecía la mejor de las noticias para el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) brasileño, la organización social más importante de este país de 190 millones de habitantes que sigue contando con una de las estructuras agrarias más latifundistas del planeta.

Pero la tibieza de Lula para afrontar el reto de la reforma agraria ha llevado a un cierto distanciamiento entre los dos aliados. En este contexto, las mujeres campesinas han tomado la iniciativa. Dicen que ellas son las más perjudicadas por el estancamiento de la reforma agraria, pues trabajan mayoritariamente en la agricultura familiar. De ahí su militancia cada vez más activa: el pasado marzo se produjeron simultáneamente en varios estados del país marchas protagonizadas por mujeres y ocupaciones de tierras, hasta llegar al Ministerio de Agricultura en Brasilia.



Las agricultoras creen que Lula se ha rendido a los latifundistas

Han puesto sobre la mesa que apenas un 13% de los beneficiarios por los tímidos avances de la reforma agraria en Brasil son mujeres.

Y que en el mundo, según la FAO (la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación), apenas un 1% de las propiedades de tierra está en manos femeninas.

"Lo que está en juego es una disputa entre dos modelos, el agronegocio y la pequeña agricultura, y el Gobierno de coalición de Lula ha optado por dar prioridad a los intereses del latifundio y las multinacionales", sostiene con contundencia Marina dos Santos, de la coordinación nacional del MST. Y ello implica, dice, subordinar el empleo de los recursos naturales del país al lucro de empresas como Bunge, Cargill y Monsanto, que copan el mercado mundial de las semillas y tienen importantes negocios en Brasil, el segundo país del mundo tras Argentina en área de cultivo de transgénicos. Frente a este modelo de desarrollo, el bastión femenino del MST pretende convencer a la sociedad de que existen alternativas viables, como la pequeña agricultura ecológica y cooperativista.
Agricultura familiar

La agricultura familiar es responsable en Brasil del 85% de la producción alimentaria total y emplea al 85% de los trabajadores rurales. "Con estos datos en la mano, ¿cómo se justifica que el agronegocio de latifundistas y transnacionales reciba el 43,6% de los recursos públicos para la producción?", se pregunta Marina, que cifra en cuatro millones las familias campesinas brasileñas que carecen de tierras. De ellas, unas 90.000 están acampando a la espera de que se les asigne un terreno. Su situación no ha mejorado tras dos legislaturas de izquierdas.

Miles de personas trabajan en Brasil en condiciones análogas a la esclavitud

Nadie dijo que fuera fácil: la reforma agraria y el mandato constitucional que consagra la función social de la tierra en Brasil se enfrenta a los intereses de latifundistas y multinacionales que tienen, además, una sólida representación parlamentaria: la llamada bancada ruralista.

Pero se esperaba mucho más de Lula.
La promesa de tierras expropiadas

El Gobierno asegura haber cumplido su promesa de asentar a 500.000 familias en tierras expropiadas, pero en el MST califican estas cifras de "fantasiosas". Y no parecen tener muchas esperanzas de que la cosa mejore si la candidata de Lula y actual jefa del Gabinete, Dilma Rousseff, gana las elecciones presidenciales de octubre. Por eso aseguran que no entrarán en campaña y subrayan que "el éxito de la reforma agraria dependerá más de la movilización de la sociedad que de los resultados electorales", en palabras de Marina dos Santos.

Ya han sido asesinados 1.500 campesinos, incluido el líder de los Sin Tierra en Pará

Para los Sin Tierra, la acción de Lula en materia de asentamientos no sólo ha sido tímida, sino también equivocada. Según las cifras oficiales, dos de cada tres familias asentadas han sido ubicadas en la llamada Amazonia legal, y no en el sur y el sureste del país, donde se concentran los intereses del agronegocio. "La política de asentamientos es asistencial: busca solventar conflictos aislados y no resolver el problema de la distribución de la tierra. Mientras, en el sur sigue aumentando la concentración del latifundio", explica Marina.
Expropiación de terrenos baldíos

No es la única crítica al Gobierno que han expuesto las campesinas. Han recordado que Lula no ha emprendido la actualización de los índices de productividad de la tierra, que permanecen inamovibles desde 1975 y que constituyen la herramienta legal para garantizar la función social de la tierra; esto es, la posibilidad de que sean expropiados los terrenos baldíos. En la práctica, es casi papel mojado.

Esa función social de la tierra está muy lejos de cumplirse en el caso de la producción de celulosa, por ejemplo. Según el MST, las multinacionales están expandiendo en Brasil el "desierto verde": el monocultivo de especies como pinos y eucaliptos que arrasa la biodiversidad. Y junto a las cuestiones medioambientales, están las sociales: hay miles de personas que trabajan en situaciones análogas a la esclavitud. El Ministerio de Trabajo rescató a más de 4.000 personas en esa situación en 2009. Un reciente informe del Departamento de Estado de EEUU denunciaba que en los cañaverales brasileños se emplea mano de obra esclava e infantil, y añadía una lista negra de 165 patronos que esclavizan a sus obreros.

Y luego está la violencia. Según el MST, en los últimos 25 años 1.500 agricultores han sido asesinados, casi siempre impunemente. La última de estas muertes fue la de Pedro Alcántara de Souza, líder de los Sin Tierra en el estado de Pará, tiroteado en abril de 2008.

viernes, marzo 12, 2010

Mujeres de la via Campesina en Honduras Lanzan Campaña “si a la Soberanía Alimentaria no mas Violencia contra las mujeres del Campo...

Fuente: La Ciudad de las Diosas
En el día internacional de la mujer y en el marco de la campaña mundial por el fin a la violencia hacia las mujeres del campo, organizaciones de la Via Campesina Hondureña en alianza con otras organizaciones de mujeres del país, lanzaron este 8 de Marzo en Tegucigalpa

LA CAMPAÑA POR EL FIN DE LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES DEL CAMPO.

El propósito es denunciar y hacer frente a todas las formas de violencia que se ejercen sobre las mujeres del campo y al mismo tiempo crear los mecanismos y formas de lucha para ponerle fin a la violencia contra las mujeres especialmente las del área rural.

Al acto asistieron compañeras y compañeros miembros de las organizaciones campesinas de diferentes departamentos del país.

Rafael Alegría coordinador de la Vía Campesina Centroamericana dio la bienvenida a las y los presentes y expresó sentirse satisfecho que en honduras exista una articulación de mujeres defendiendo sus propios derechos uno de esos derechos es el derecho a la tierra, a los recursos naturales y a la vida. Las mujeres especialmente las campesinas e indígenas son las más excluidas, discriminadas y explotadas eso debe terminar.



Por su parte Suyapa Martínez del Centro de Estudios de la Mujer y expositora del tema de violencia dijo” en Honduras después del golpe de Estado se incrementaron las muertes violentas de mujeres en el 2008 unas 312 mujeres fueron asesinadas, mientras que en el 2009 las victimas sumaron mas de 400, a nosotras no solo nos preocupa la violencia femicida, sino también todas aquellos delitos y violencia contra toda la población que se ha resistido al golpe de estado.

A las mujeres nos queda luchar arduamente en las calles articularnos con otras organizaciones sociales como el Frente Nacional de Resistencia Popular para que elevemos la vos en contra del femicidio ,ahora el panorama es otro hemos pasado a una estrategia de resistencia en la calles , de denuncia pública , de auditoria y vigilancia social”.

Leoncia Solórzano de la Comisión de las mujeres de la Via Campesina Centroamericana expresó “Hoy 8 de Marzo estamos haciendo el lanzamiento de la campaña “SI A LA SOBERANIA ALIMENTRIA NO A LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES DEL CAMPO” por que queremos que se nos reconozca a nivel nacional e internacional la lucha que hemos venido librando nosotras las mujeres , por que ya estamos cansadas de tantas violaciones a nuestros derechos es por ello que estamos creando estrategias y acciones para lograr nuestro objetivo que es parar la violencia contra las mujeres”.

Al final del evento las mujeres dieron lectura a la declaración por el fin a la violencia hacia las mujeres del campo acto que tuvo lugar en los bajos del Congreso Nacional de la República ,donde también se llevado a cabo en ese momento la celebración del día internacional de la mujer; pero de las mujeres que representan a la oligarquía , esto generó un poco de disturbio entre ambos grupos de mujeres , sin embargo las mujeres campesinas lograron imponerse y atrajeron a la prensa al acto que ellas estaban desarrollando mismo que culminó hasta en horas de la tarde.
Los Puntos importante de la declaración final de las mujeres campesinas hondureñas organizadas en el marco de la campaña mundial por el fin a la violencia hacia las mujeres del campo lanzada este 8 de Marzo son:

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Denunciaron la violencia institucional ejercida contra las mujeres durante y después del golpe de Estado.
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Denunciaron la violencia económica, social, cultural y la represión que sufren las mujeres del campo en la lucha por el acceso a la tierra y la Reforma Agraria Integral.
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Así como también la discriminación que atraviesan las mujeres del campo al ser violentados sus derechos fundamentales.
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El incremento a la represión hacia las mujeres y el alto índice de femicidios.


Por tanto las mujeres se comprometieron entre otras cosas a:

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Fortalecer la organización y continuar su lucha por lograr la igualdad de género y la participación de las mujeres en los espacios de poder.
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Crear mecanismos de control popular que eliminen la violencia en las organizaciones, comunidades y las familias.
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Luchar por la democratización en las organizaciones a fin de obtener un 50% de participación en las estructuras.
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movilizarse por la defensa de sus derechos y por la refundación del nuevo Estado a través de la instalación de la asamblea nacional constituyente que incluya los derechos de las mujeres.


CON LA MUJER EN LA CASA
LA REFORMA AGRARIA SE ATRAZA