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viernes, junio 03, 2011

Venezuela: La afrodescendencia se hizo sentir con poesía y arte

VERÓNICA ABREU/CIUDAD CCS
La joven poeta y artista plástica Solange Urbina recitó sus versos y presentó la exposición plástica Frutos de mi otra tierra, durante la mañana de ayer, en la tienda Red de Arte ubicada en la Galería de Arte Nacional.

La actividad la abrió el también poeta y pintor Fran Soteldo, quien con su Poemía deleitó a los asistentes. La Poemía es una recitación creada por Soteldo en 1986 y definida por él como “totalmente libre, que no necesita rima, para un asunto personal y para consumo propio”.

El contenido erótico, urbano y cotidiano caracteriza el trabajo de Soteldo, quien confiesa que su arte nace en la calle, en cantinas, bares y conversaciones que escucha en la calle, y de las tertulias diarias que son su escuela.

La jornada cultural continuó con la lectura de los poemas de Solange Urbina, dedicados a la afrodescendencia.



María Isabel Pacheco Urbina, madre de Solange, inició la lectura de los versos Me reconozco, El conuco y El origen que por primera vez Solange presentó al público, después de más de 10 años de haber empezado a escribir y a profundizar en el tema afrodescendiente.

Luego se reveló la voz de la joven poetisa Solange al recitar sus obras Raíces, Libertad, Cacao y Tierra bella.

Sus versos y rimas suenan a tradición, en ellos se exalta al barloventeño, su trabajo, su forma de vida, el labrado y siembra de la tierra, su olor a costa y su sincera y cordial personalidad.

“Mi trabajo es una recopilación de emociones, sentires, vivencias, recuerdos de mi tierra mirandina, su tradición y herencia”, expresó Urbina.

OBRA PLÁSTICA

Frutos de mi otra tierra, trabajo plástico de Urbina inspirado en la afrodescendencia, es una obra conceptual realizada con materiales naturales como granos, palmas y hojas secas, que en su forma y colores evocan a la naturaleza y le rinde homenaje a la Madre Tierra. Estará expuesto hasta el domingo 5.

lunes, mayo 30, 2011

De Nancy Morejón: Mujer Negra....

Fuente: Mujeres.cubaweb
Uno de los poemas más antologados y difundidos de la escritora Nancy Morejón, Premio nacional de Literatura, es Mujer Negra. Poema que surgió, explica la autora, como un grito de su conciencia lastimada.

Ella cuenta cómo una noche, a principio de los años 70s, en un momento de duermevela tuvo una visión a través de los barrotes de su dormitorio. Era una mujer afro, una esclava, que le fue contando y mostrando su vida en imágenes. Al día siguiente, al levantarse, escribió el poema; texto que llegó al público cuando el doctor Roberto Fernández Retamar, en aquel entonces director de la revista Casa de las Américas, lo publicó (1975) con motivo de la celebración del Año de la Mujer por la UNESCO.

Mujeres lo hace suyo en estos momentos.

MUJER NEGRA
Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron atravesar.
La noche, no puedo recordarla.
Ni el mismo océano podría recordarla.
Pero no olvido el primer alcatraz que divisé.
Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales.
Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua ancestral.
Me dejaron aquí y aquí he vivido.
Y porque trabajé como una bestia,
aquí volví a nacer.
A cuánta epopeya mandinga intenté recurrir

Me rebelé


Su Merced me compró en una plaza.
Bordé la casaca de Su Merced y un hijo macho le parí.
Mi hijo no tuvo nombre.
Y Su Merced, murió a manos de un impecable lord inglés.

Anduve.

Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes.
Bogué a lo largo de todos sus ríos.
Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí.
Por casa tuve un barracón.
Yo misma traje piedras para edificarlo,
pero canté al natural compás de los pájaros nacionales.

Me sublevé.

En esta misma tierra toqué la sangre húmeda
y los huesos podridos de muchos otros,
traídos a ella, o no, igual que yo.
Ya nunca más imaginé el camino a Guinea.
¿Era a Guinea? ¿A Benin? ¿Era a Madagascar? ¿O a Cabo Verde?

Trabajé mucho más.

Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza.
Aquí construí mi mundo.

Me fui al monte.

Mi real independencia fue el palenque
y cabalgué entre las tropas de Maceo.
Solo un siglo más tarde,
junto a mis descendientes,
desde una azul montaña,

bajé de la Sierra

para acabar con capitales y usureros
con generales y burgueses.
Ahora soy: Solo hoy tenemos y creamos.
Nada nos es ajeno.
Nuestra la tierra.
Nuestros el mar y el cielo.
Nuestras la magia y la quimera.
Iguales míos, aquí los veo bailar
alrededor del árbol que plantamos para el comunismo.
Su pródiga madera ya resuena


Datos tomados del libro Soltando amarras y memorias: mundo y poesía de Nancy Morejón, de Juana María Cordones- Cook

martes, enero 11, 2011

Feminismo con Clase...

Por: Alizia Stürtze / Roja Roja La Compañera
"2011 - Año Internacional de las y de los Afrodescendientes"
La afroamericana Angela Davis, gran activista por la igualdad racial, sexual y económica; y especializada en el estudio de los mecanismos visibles y latentes del racismo, critica en sus libros "Women, Race and Class" y "Women, Culture and Politics" (en referencia sobre todo a la sociedad estadounidense, cuna del feminismo occidental) el dominio que sobre el movimiento feminista ejercen las privilegiadas mujeres blancas y las consecuencias que ésto tiene: la lucha por la igualdad es deficiente, hay un racismo latente, las preocupaciones u objetivos giran en torno a preocupaciones que responden a sus intereses de clase y no tanto a los de sus hermanas negras, latinas o asiáticas; así, las mujeres blancas de clase media pueden conseguir sus objetivos particulares sin por ello asegurar ningún progreso ostensible para las mujeres del Tercer Mundo o las racialmente oprimidas.

Es el viejo debate sobre si el feminismo debe ser o no un "feminismo de clase", que parece haber quedado totalmente aparcado desde que las clases dejaron milagrosamente de existir tras la caída de la URSS. En todo caso creo que un feminismo de clase, tendente a una jerarquización y a una valoración diferentes de los problemas, habría priorizado (por encima de la condena al sistema patriarcal dominante en gran parte del Tercer Mundo) la condena sistemática del ajuste estructural impuesto por el Banco Mundial y por el Fondo Monetario Internacional causante de una creciente pobreza y de la reducción de los servicios públicos y, como consecuencia, de la acentuación de una tragedia que, según parece, no capta lo más mínimo la atención del movimiento feminista occidental actual a quien aparentemente no interesa la mujer en su función reproductora.



Con lo anterior me estoy refiriendo al hecho de que se calcula que en el Tercer Mundo anualmente mueren unas 600.000 mujeres jóvenes (unas 1.600 al día) durante el embarazo y el parto, y mientras por cada una que muere aproximadamente otras 30 sufren infecciones, lesiones e incapacidades por la misma causa; lo que significa que por lo menos 12 millones de mujeres al año sufren durante el embarazo y el parto una serie de daños que tendrán un profundo efecto en sus vidas, y constituye sin duda "la mayor y más oculta tragedia de nuestros tiempos . . ., tragedia que podría aligerarse introduciendo métodos aceptables para todos los países y para todas las culturas". Sólo que esto requeriría de un trabajo mucho más oscuro y menos lucido que el que subyace a ciertas campañas sensacionalistas.

El mencionado "Women, Culture and Politics" recoge un artículo titulado "Women in Egypt" basado en la participación de Angela Davis en diversas conferencias y debates en torno al tema "Mujeres y Sexo" celebrados en El Cairo en 1985 y en el que se discutieron los temas tan del gusto occidental de la circuncisión femenina y del velo. Voy a recoger con entrecomillado, algunas de las opiniones emitidas por mujeres progresistas árabes y africanas sobre "esas salvadoras blancas, de clase media . . . que sólo defienden sus intereses y no los de las mujeres pobres (defienden el derecho al aborto pero se callan ante la práctica de la esterilizacion involuntaria a mujeres del Tercer Mundo) . . . y que siempre están prestas a caer en la actitud racista de creer que sólo con su ayuda conseguirán sus pobres hermanas negras salir de la opresión."

La Asociación de Mujeres Africanas para la Investigación y el Desarrollo, por ejemplo, señala: "Esta nueva cruzada occidental (la antiablacionista) se basa en los prejuicios morales y culturales de la sociología judeo-cristiana occidental . . . en un intento de impactar en su público, han caído en el sensacionalismo y se han vuelto insensibles a la dignidad de esas mujeres que quieren 'salvar'. No tienen conciencia alguna del racismo latente que semejantes campañas evocan en países donde el prejuicio etnocéntrico está tan arraigado. Y en su convicción de que se trata de una 'causa justa', olvidan que estas mujeres de una diferente raza y una diferente cultura son también seres humanos, y que la solidaridad sólo puede existir desde el respeto mutuo y desde la autoafirmación."

En opinión de la Doctora Elbaz, de la Asociación para la Solidaridad de las Mujeres Arabes, "la campaña occidental contra la circuncisión femenina crea la impresión de que ésta constituye el eje de la opresión de la mujer musulmana y de hecho distrae la atención de los verdaderos problemas de la desigualdad de las mujeres que no han hecho sino aumentar desde que Egipto estableció estrechos vínculos con EEUU e Israel. Esta actitud 'protectora' de las mujeres occidentales, además de mostrar una gran miopía por su parte, está relacionada con interiorizados mecanismos coloniales y con su sentido de superioridad. Ellas deciden cuáles son nuestros problemas, cómo debemos enfrentarnos a ellos, sin ni tan siquiera molestarse en adquirir las herramientas para conocer nuestras preocupaciones, sin conocer nuestra cultura, nuestro nivel de desarrollo. Nos oponemos a su modo de relacionarse con nuestros problemas."

Para la Dra. Zayat, respetada líder de causas progresistas, "es una ofensa que se insista en considerar el velo y la circuncisión femenina como las características más marcadas de la opresión de la mujer en Africa. Es lo único que se conoce de nosotras. Se nos define en términos de una sexualidad que nos es ajena. Todo ello refleja la internacional división del trabajo impuesta al Tercer Mundo por las países capitalistas occidentales . . . Queremos emanciparnos, queremos liberarnos, pero desde un punto de vista económico (es decir, añade A. Davis, enfrentándonos aisladamente a la desigualdad sexual no resolveremos los problemas asociados con el estado de dependencia económica de la mujer ni su exclusión del poder político)."

Según la Dra. Sadawi, pionera feminista, "la mutilación genital está condicionada por los elementos socioeconómicos. Su abolición universal sólo será posible en la medida en que se dé un proceso de integración de la mujer al trabajo (sólo un 10% lo tiene), se combata el analfabetismo (el 70% de la población femenina es analfabeta) y mejore su estatuto social. Y eso sólo lo podemos hacer desde dentro, desde una lucha que refleje las interconexiones complejas entre opresión económica, sexual y cultural a la que no es en absoluto ajeno Occidente."

Parece claro que para estas mujeres la opresión sexista no es una forma aislada de opresión que, una vez solucionada, trae consigo la liberación de la mujer, sino una de las formas que la explotación adopta, entre las que también hay que incluir el racismo, la xenofobia, la pobreza, la enfermedad, el hambre y, desde luego, el dominio cultural. El imperialismo (aunque se disfrace de humanitarismo) y su acompañante ideológico que es el eurocentrismo, tienen un papel de primer orden y las mujeres occidentales les hacemos flaco favor apoyando sensacionalistas campañas contra el velo o la mutilación genital que sirven para distorsionar la condición real de las mujeres árabes y africanas y, a la postre, para aceptar o justificar la flagrante injerencia occidental económica, política y cultural en el Tercer Mundo, al creer (aunque sea inconscientemente y sin mala intención) en la superioridad de nuestros valores y, consecuentemente, en nuestra misión civilizadora o salvadora frente al salvajismo y la barbarie.

Está claro que las citas anteriormente expuestas por mujeres no sitúan en el mismo plano, ni muchísimo menos, tándems del tipo imperialismo/velo-circuncisión femenina o pobreza/derecho a participar en el alarde o al orgasmo clitoridiano. Nos acusan de olvidar que con nuestra ética y nuestra moralidad, con nuestros vacíos eslóganes de humanitarismo, paz, civilización, democracia, estamos ocultando la "real politik" practicada por el imperialismo occidental, que no está causando sino más frustración y más miseria a las mujeres del Tercer Mundo. Se quejan de que no respetamos su cultura que, con sus prohibiciones y sus prescripciones, les ha servido para relacionarse socialmente, con la naturaleza y el conjunto del cosmos y que no puede ser sustituída de prisa y corriendo por la ideología occidental extranjera sin causar un gran desequilibrio (la introducción publicitaria del modelo de mujer occidental "liberada" les está causando, dicen, graves trastornos). Protestan por nuestra ocultación de la responsabilidad de la Iglesia que controla gran parte de los centros de salud de muchos de esos países y que ha prohibido los medios contraceptivos, contribuyendo a hipotecar su porvenir e incluso a propagar el SIDA.

Se podrá argŸir que del 85 aquí han pasado muchas cosas y que lo que se dice en este artículo y en los dos libros de Davis en general está ya "pasado". Opino justo lo contrario. El papel central que en ellos se atribuye a la penetración del neoliberalismo occidental en el empeoramiento de la situación de la mujer en esos países, expresado en términos socio-económicos y, por tanto, de género, no ha hecho sino aumentar, en cuanto que en estos 10 últimos años, las exigencias de privatización de lo público y de recorte de los gastos sociales por parte del boss occidental (lo que se llama 'ajuste estructural') han derivado en una aún mayor destrucción de las estructuras tradicionales económicas y sociales y consecuentemente en un empeoramiento del estatuto de la mujer, que ve desaparecer su función productora dentro de la estructura familiar clásica.

En todo caso, espero haber explicado la razón básica de otro artículo mio, anterior a este, en el que no pretendía otra cosa que introducir más elementos de juicio a la hora de debatir sobre la condición de la mujer en el Tercer Mundo, aprender a valorar mejor el sentido sensacionalista de ciertas campañas mediáticas y comprender que no podemos participar en ellas en el modo que quiere el poder, es decir, permitiendo que se utilicen para justificar moralmente cualquier intervención occidental.

Desde mi perspectiva, la mejor ayuda que podemos prestar a las mujeres del Tercer Mundo es condenar por principio y desde una posición abiertamente antiimperialista, todas las "intervenciones humanitarias" internacionales que no sirven más que a los intereses de las grandes potencias y que, encima, "maquillan" la creciente presión del BM y del FMI. Y apoyar sólo a aquellas organizaciones que defiendan proyectos reales de reconstrucción, solidarizarnos más con los movimientos de liberación, luchar contra esta reconstrucción de la autoridad "ética" del imperialismo y, desde luego, colaborar en la solución de las necesidades más reales y urgentes de esas mujeres como la reducción de la mortalidad y de los traumas por maternidad y otras enfermedades de la pobreza (la malaria, por ej.), bastante más prioritarias a mi entender que las campañas antiablacionistas, aunque no tan del gusto del sensacionalismo mediático y del gran público occidentales, metidos en plena cruzada anti-islámica. Tampoco nos vendría mal, de paso, atemperar algo nuestro etnocentrismo (la creencia de que nuestra representación del mundo es la más justa) y ese superior sentido misionero con que a los hombres y mujeres occidentales parece nos ha marcado la civilización judeo-cristiana.

lunes, enero 10, 2011

2011 - Año Internacional de las y de los Afrodescendientes

Se reivindica la adopción de mecanismos que reparen las desigualdades históricamente vinculadas a la población afrodescendiente, en particular a las mujeres negras
Maria Pereira / AmecoPress.-
En cumplimiento a la Declaración y al Plan de Acción de Durban, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció 2011 como el Año Internacional de los Pueblos Afrodescendientes. La iniciativa invita a los gobiernos a que elaboren medidas a nivel nacional, regional e internacional que refuercen el compromiso con la lucha contra el racismo y valoración de la afrodescendencia y la defensa de los derechos humanos de la población negra, informa Unifem.

En vísperas del 2011, destacamos la necesidad de que ese marco vaya más allá de la celebración. Este es el momento para que los Estados – Miembros y la sociedad civil acepten el desafío y adopten mecanismos de reparación para las desigualdades históricamente vinculadas a la población afrodescendiente en particular a las mujeres negras.

En este sentido, el Programa Regional Género, Raza, Etnia y Pobreza de UNIFEM- ONU Mujeres Brasil y Cono Sur (Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer- parte de la ONU Mujeres) intensifica sus estrategias de acción para la promoción del empoderamiento político y económico de las mujeres negras e indígenas de América Latina y Caribe. Pone más énfasis en la inserción de las perspectivas de género, raza y etnia en las políticas públicas de garantía de derechos, a fin de tener incidencia en la lucha contra las disparidades provocadas por el racismo y por el sexismo.


Dando continuidad a la misión de retratar la realidad de las mujeres negras e indígenas de la región, la edición del Boletín Género, Raza y Etnia trae informaciones sobre las acciones para la capacitación y el fortalecimiento de la incidencia política de las mujeres indígenas, campesinas y originarias bolivianas con relación a la Ley de Marco de Autonomías.

El informativo también propone el debate sobre el desarrollo de políticas públicas de atención a las comunidades afrorrurales de la región con vista al empoderamiento económico femenino. Lea también la entrevista con la quilombola Sandra da Silva, que muestra una nueva perspectiva sobre la situación de las mujeres negras que viven en comunidades remanecientes de quilombos en Brasil.

viernes, septiembre 24, 2010

Mujeres: Ángela Davis no es una leyenda, sigue siendo una activista

Ángela Castellanos A.
(Especial de SEMlac).- "Las mujeres han luchado contra la violencia doméstica y sexual, han logrado leyes a nivel nacional importantes, pero pese a ello estas violencias no han disminuido, son una pandemia en el mundo entero", afirmó a SEMlac, en conferencia de prensa, Ángela Davis, la veterana luchadora estadounidense de los derechos de los afroamericanos, quien visitó Bogotá del 13 al 17 de septiembre.

Ya no luce su peinado "afro", que la hizo tan reconocible, pero sí mantiene su ensortijada melena, que se bambolea a su paso decidido, o cuando acentúa con su cabeza sus afirmaciones contra el sistema carcelario, el racismo o el machismo.

Su sonrisa y facilidad de palabra siguen acompañado sus conferencias, tanto en la Universidad de California, donde es profesora de filosofía, como en las charlas que brinda en el exterior, como las que ofreció en la Universidad Nacional de Colombia, por invitación de la Escuela de Estudios de Género de esta institución.

La líder de los años sesenta en la lucha contra el racismo en Estados Unidos, alumna del filósofo Herbert Marcuse, miembro del Partido Comunista, de las Panteras Negras y perseguida por el FBI en aquellos años, hoy sigue activa lo mismo en la cátedra que en las luchas civiles.


Mujeres y feminismos

El feminismo se ha percibido como un movimiento de las mujeres blancas. Pero Davis, en su libro Women, race and class (Mujeres, raza y clase, 1981) sostiene que éste tiene sus raíces en las luchas de las mujeres de la clase trabajadora y afro-americana, y no sólo en las de la clase media y blancas.

"En los procesos de llevar la industrialización del Norte al Sur, las mujeres son las trabajadoras de la línea de ensamble global. Así que no podemos visualizar un futuro de igualdad de género o de razas, sin una lucha contra el capitalismo", aseguró Davis a sus 66 años de edad.

Ella prefiere hablar más del contexto feminista, que del movimiento feminista. De hecho, se refiere a éste como una aproximación estratégica.

"Independientemente de que una mujer o un hombre se reconozcan como feministas, lo importante es que actúen desde una perspectiva feminista; es decir, que generen estrategias para abocar diferentes luchas y reúnan mucha gente", explicó Davis.

"Una contribución del 'Black Feminism' fue pensar conjuntamente sobre temas que antes se pensaban separados. Hay que juntar luchas. Por ejemplo, las de los indígenas con las de los afro-descendientes. Eso es una estrategia feminista", acotó la activista y docente.

El racismo está vigente

Según el punto de vista de Davis, el racismo se ha transformado, pero no ha desaparecido, pese a que la presidencia de Estados Unidos esté en manos de un afroamericano.

"Es que pensamos que ya hicimos la tarea de llevar a (Barack) Obama a la presidencia y nos volcamos a la vida cotidiana, cuando ahora es el momento en que más debemos actuar para hacer presión por cosas como el retiro total de las tropas estadounidenses en Afganistán", afirmó categórica la activista.

Para Davis, el racismo está profundamente arraigado en las diferentes esferas sociales. Un ejemplo de ello, dice, es que la mayoría de la población estudiantil es blanca, mientras que la mayor parte de la carcelaria es negra.

"El racismo primero se manifiesta en las actitudes de las personas, pero más profundamente está inserto en las estructuras económicas, sociales y políticas. Por eso necesitamos un movimiento fuerte que luche por salud y educación gratuita para todos, áreas donde el racismo es fuerte", propuso Davis.

Por la abolición de las cárceles

Iniciando la década de los setenta, Davis se interesó en el mejoramiento de las condiciones de los prisioneros, lo que la llevó a ser involucrada en el asesinato de Los Hermanos de La Soledad.

Como se recordará, en 1973, Nolen, un afroamericano miembro de las Panteras Negras, y otros dos prisioneros fueron asesinados por un guardia de la cárcel La Soledad, en Estados Unidos.

Posteriormente, George Jackson, amigo y copartidario de Nolen, fue muerto por un carcelero en la prisión San Quintín. Según la versión oficial, Jackson intentaba fugarse y tenía una pistola. Davis fue acusada de introducir dicha arma al centro de reclusión, fue puesta en la lista "de los más buscados" del FBI, luego arrestada y más tarde exonerada de cargos.

Estos hechos despertaron en ella el cuestionamiento del sistema carcelario, que desde hace una década buscaba eliminar mediante el movimiento abolicionista. "Le apuntamos a pensar no en cómo castigar la violencia, sino en cómo terminar con el sistema que produce violencia", puntualizó Davis.

Su participación en los movimientos sociales y su defensa de los derechos civiles fue reconocida en 2006, cuando recibió el premio Thomas Merton, un galardón otorgado a las personas que contribuyen con la paz.

miércoles, agosto 04, 2010

Feminismo Negro, Feminismo Afrodescendiente...

Socióloga Esther Pineda /Nuestro Quilombo
Cuando hablamos de feminismo en su forma abstracta y generalizadora, es habitual asociarlo a la defensa de los derechos de la mujer blanca, heterosexual, clase media; olvidamos los diversos matices que ha de tomar lo femenino, la pluralidad de mujeres, de sus historias, de sus culturas, de sus experiencias, y las posibles maneras en que habrá de expresar su sexualidad.
No existe solo un modelo de mujer, coexisten una infinidad de modos de ser mujer, de ejercer la feminidad y por tanto diversas formas de feminismo.

El feminismo no ha ni habrá de ser solo uno, su comprensión y manifestación en estos términos expresaría así un carácter reductivo, castrante, excluyente y arbitrariamente designado.

El feminismo tradicional se constituye como un feminismo invisibilizador de la mujer afro-descendiente, un feminismo que parece exaltar el proceso de sujeción y coerción a la que ha sido sometida la mujer blanca en nuestras sociedades, pero que a su vez habrá de obviar la explotación, relegación, esclavitud y sub valoración a la cual ha sido expuesta y sometida la mujer afro-descendiente en occidente.

En un continente donde “lo negro” ha sido asociado al mutismo, la invisibilidad, la ignorancia, a la noche y en consecuencia a la oscuridad como lugar por naturaleza inhóspito, desolado y lleno de vicios; se naturalizará la sumisión que le ha sido atribuida a la mujer afro-descendiente, y se le configurará como objeto cosificado de placer para y del hombre blanco, en el contexto de una estructura societal que históricamente la ha marginalizado mediante un constante proceso de exclusión, relegándola a un apartado y reducido espacio de la vida social.



La historia de la mujer afro-descendiente se ha definido de acuerdo a la triada de la opresión: capitalismo, patriarcado y racismo, todos en recíproco apoyo de su mantenimiento y legitimación, en correspondencia a los criterios de explotación, exclusión y apropiación de acuerdo a los que el sistema pre-configuró a la mujer como inferior a lo masculino, y a “lo negro” más aún por debajo de la condición de ser mujer.

Es por ello que la mujer afro-descendiente en nuestras sociedades será triplemente explotada, reducida y subordinada; no solo en relación al hombre, al hombre blanco, sino también a la mujer blanca.

Estará subordinada a la mujer blanca como consecuencia de que la mujer negra ha sido definida y se le exige autodefinirse a partir, y en relación al prototipo socialmente establecido de la mujer blanca, no encuentra una referente en si misma, pues todos los agentes socializadores a los que ha sido y es reiteradamente expuesta operan como socializadores del racismo.

Es por ello que sus posibilidades de ascenso social, familiar y personal estarán dispuestas por la efectiva adecuación de la mujer afro-descendiente a los rasgos físicos, gestuales, actitudinales y comportamentales de la mujer blanca.

Siendo entonces necesario descentralizar los modos en que estudiamos y cuestionamos el sexismo, dando espacio a su comprensión en relación a su presencia histórica y cultural; como así mismo, redefiniendo la feminidad desde lo femenino, pero también una feminidad desde “lo negro” mismo.


estherpinedag@gmail.com

Cuerpos violentados y mitos sexuales: Sobre dignificar la corporeidad de las mujeres afrovenezolanas

Por: Blanca Escalona Rojas
RESUMEN
Aún cuando hay una mayor apertura al tema de la discriminación étnica-racial en Venezuela, no se ha comprendido como problema neurálgico la vinculación estructural entre la pertenencia étnica y la condición de género que hace más vulnerables a las mujeres afrodescendientes a las situaciones de exclusión y pobreza, y en especial a la discriminación como una forma de violencia. Se hace necesario desmontar las imágenes deformes que alimentan los estereotipos sexuales sostenidos por siglos de dominación para dignificar la corporeidad de las mujeres afrovenezolanas.

El racismo y el machismo beben en las mismas fuentes y escupen palabras parecidas. Patas arriba: la escuela del mudo al revés
Eduardo Galeano.

Para abordar el contexto de violencia hacia la mujeres afrovenezolana debemos partir necesariamente de la fuerte correlación entre pobreza, etnia y género como consecuencia de los grandes sistemas históricos hegemónicos como el patriarcado, el colonialismo y el capitalismo. Para las mujeres afrodescendientes el género obtiene sentido en la experiencia de la diáspora afroamericana, por ello la lucha contra la discriminación de género es inseparable de la lucha contra la discriminación étnica-racial. Si el sexo biológico justificó un sistema de desigualdad en desventaja para las mujeres, el fenotipo de los diversos grupos étnicos africanos que construyó una raza social (Mosquera Rosero-Labbé, Claudia, 2006: 232), sustentó la discriminación para justificar la dominación, por más de 300 años, de los y las africanas y sus descendientes a través de ideologías racistas. Ello ha sido la médula de las diferencias dentro y con las principales teorías y corrientes feministas, en tanto plantea que no se puede seguir haciendo énfasis en el género como la categoría primordial, y más determinante, en la construcción de la identidad sin articularla con la condición de etnia y estatus social, que definen las dinámicas de poder y los contextos de inequidad y exclusión que derivan en diferentes formas de violencia hacia las afrodescendientes.

El cuerpo de las mujeres afrovenezolanas siempre ha sido un territorio histórico de conquista. En la colonia el contacto con la mujer indígena y africana, que se hizo “necesario” por la ausencia de mujeres del viejo continente, fue abusivo y en total desventaja para ellas.



Los españoles seguidores de una religión de doble moral, se consiguieron con unas culturas y códigos sociales totalmente distintos que creó toda una serie de mitos sexuales, en especial alrededor de las afrodescendientes. Además de las vejaciones que supuso vivir esclavizadas bajo el sometimiento sexual de los amos, las mujeres africanas y afrodescendientes eran obligadas a convertirse en fábricas de esclavos para alimentar el lucrativo negocio de carne. Ello, al parecer de los esclavistas, era el destino natural de lo que las mujeres en todas latitudes del sistema patriarcal imperante en el mundo occidental venían a hacer al mundo: producir los hijos que serían las fuerzas de trabajo sustentadoras del sistema económico; los que pelearían sus guerras y heredarían sus fortunas. La posibilidad de dar vida fue manipulada infamemente por largo tiempo para asegurar la futura mano de obra esclava y mantener el dominio sobre nuestros cuerpos. En el caso de las mujeres afrodescendientes, el contexto de la opresión colonial redujo esta tarea a la reproducción de esclavos y esclavas, además de brindar placer sexual a sus amos.

Las y los descendientes nacidos de estos cruces forzosos e ilegítimos nunca heredaron fortunas; vivieron tres siglos de opresión subyugadas y obligadas a mantener la naciente estructura económica que es hoy día el sistema capitalista, tan voraz y violento que no pudo nacer de otro modo. Desafortunadamente casi nada se menciona en nuestro país sobre la cantidad de cuerpos y almas que fueron violentadas en aquellos tiempos para llegar a la situación de exclusión social actual. Afortunadamente, los descendientes de aquellos africanos y africanas si pelearon guerras que dignificarían a sus madres y a toda una población sometida.

En los tiempos coloniales se fueron creando numerosas imágenes falsas alrededor de los hombres y mujeres afrodescendientes con el fin de anular toda identidad y justificar el sometimiento. A un extremo se le ven como “serviciales”, “sumisos”, y pesar de su situación, “alegres”; lo que responde a una forma de hacerle el juego a una dominación que en cualquier momento podía terminar con la vida o separar para siempre a familias. Al otro extremo se les consideran “mandingas” (nombre de una etnia originaria de Malí –oeste de África– sumamente rebelde), “lascivos” y “caníbales”, para demostrar que era necesaria su cristianización y civilización bajo patrones coloniales europeos.

En lo que respecta a las mujeres, se mantiene una imagen distorsionada sustentada por un gigantesco cúmulo de estereotipos y mitos sexuales que implanta, por un lado, la imagen de las atentas y serviciales nanas relacionada a la crianza de los insignes personajes venezolanos; la que hoy se sigue perpetuando, por ejemplo, con la imagen de la Misión Negra Hipólita. Por otro lado, se instaura una de las representaciones que más ha perjudicado la imagen y subjetividad de las mujeres afrodecendientes: la representación de la negra como tentadora sexual desenfrenada, que sigue alimentando tanto la industria turística como a la mentalidad del común de la población, ignorando las gestas de las mujeres africanas y afrovenezolanas que cimarronearon contra la opresión esclavista. Es la misma lógica que hoy día sigue criminalizando a las mujeres víctimas de abuso sexual. Una visión simplista ha sostenido que tal imagen nace en la febril imaginación del hombre español y del criollo, donde se funde la comida y el erotismo, asociadas a la diversidad de nuevos sabores que la gastronomía afro aporta, así como el andar y los hábitos corporales de las mujeres africanas y sus descendientes. En el fondo se trata de la reproducción en continente americano del modelo patriarcal y racista que justifica la dominación sobre los cuerpos, para mantener la maquinaria que sustenta el poderío económico de las metrópolis colonizadoras.

Evidentemente las mujeres afro tienen características que las diferencia de otras culturas, desde el modo de expresarse hasta su filosofía de vida. Pero desafortunadamente todos estos rasgos distintivos han sido deformados, y al referirse a la gracia del carácter femenino de las mujeres afrodescendientes, surgen en lo inmediato imágenes asociadas a los placeres sexuales y no a lo que es natural en una cultura entendida desde otros códigos. No comprender la gravedad de este asunto significa no reconocer las múltiples situaciones que muchas mujeres afrovenezolanas viven en la actualidad: desde los estragos que produce el turismo sexual de los pueblos costeros afrodescendientes hasta los cuadros de violencia intrafamiliar que desestructuran familias y generaciones enteras. Es por ello que nuestro cuerpo, nuestro más íntimo territorio, debe convertirse en un espacio para la redefinición de nuestra identidad, para superar prejuicios, reclamar derechos y fortalecer nuestra autoestima y autorreconocimiento como afrovenezolanas.

La violencia en todas sus modalidades, pero en especial la de género, con el largo antecedente histórico para las afrovenezolanas, completan la situación de exclusión que les impide desarrollar todo su potencial como personas y colectivos sociales. Si bien toda mujer es propensa a ser víctima de la violencia de género, para las mujeres afrovenezolanas se convierte en una forma más de discriminación y agresión a su integridad como ser humano. Ya de por sí las relaciones estructurales entre pertenencia étnica y pobreza sitúan en una situación de gran vulnerabilidad a la población femenina afrodescendiente1. Las mujeres que viven frecuentes episodios de violencia tienen poca probabilidad de identificarse como seres portadoras de derechos individuales y colectivos, es decir, como actoras sociales y ciudadanas (Huggins, Magally, 2005:92). Como ejemplo tomemos las violaciones masivas de las hermanas de diferentes países africanos en conflicto, como la República Democrática del Congo, Ruanda, Liberia y Sudán, donde han sido utilizadas como armas psicológicas y físicas de guerra. De este modo la violación sexual se convierte en un arma bélica y llega a representar un símbolo del mismo conflicto.

Por su parte, las consecuencias que el turismo depredador en los pueblos costeros acarrea a las jóvenes afrovenezolanas son alarmantes. Los estereotipos ya mencionados que exotizan sus cuerpos sostienen la rentable industria del turismo para crear una imagen que produce inmensas ganancias y que las lleva a prostituir sus cuerpos. Las mismas celebraciones y fiestas tradicionales costeñas deformadas por las tabacaleras, cerveceras y hasta las mismas instituciones turísticas, se convierten en los espacios de más vulnerabilidad para la población femenina afrodescendiente. Las promociones turísticas de los entes privados, y hasta del mismo Estado, siguen perpetuando la imagen distorsionada de las personas que “aguardan” la visita de los turistas, pues además de un trato servicial, se espera, sin necesidad de anuncio publicado, las más sensuales morenas para satisfacer las necesidades sexuales de los visitantes. Recordemos cuando la gobernación del estado Carabobo colocó en el año 2007 una valla en la redoma de Guaparo, en la que se exhibe a un grupo de mujeres en bikini y dice textualmente: “la incitación al sexo provoca violación”.2 Es culpa de ellas: la víctima sexual es responsable de la violencia infligida a su cuerpo, restándole responsabilidad a los agresores y re-victimizando a las mujeres violadas.

Hacia las propuestas

Para todos y todas hay posibilidades y las propuestas son múltiples. Debemos comenzar con la implementación en las comunidades afrovenezolanas de un proceso formativo con un enfoque de etnia, género y derechos humanos en el que participen hombres y mujeres. Si ellos son parte del problema, lo son también de la solución. Los victimarios no están concientes que ellos son, a su vez, víctimas de una historia y sistema violento, y que la violencia que ocasionan se vuelve al instante contra ellos mismos. Así se llenan las cárceles. Por tal razón la propuesta debe impulsar y fortalecer la autoestima y el autorreconocimiento étnico, primordial para reconstruir nuestra identidad sexual y superar las percepciones esteriotipadas que tanto daño han hecho a las mujeres afrovenezolanas. Ello les llevaría a protagonizar su lucha para evitar ser maltratadas física, sicológica y emocionalmente. En el mismo se debe hacer énfasis en la violencia histórica que vivieron las comunidades afrovenezolanas, en la que se no ha reconocido el impacto de un proceso no superado y asimilado, que indirectamente ve sus secuelas en las formas de relacionarnos y vernos actualmente entre hombres y mujeres.

La equidad y desarrollo humano van de la mano. Cualquier proceso político de transformación social deber tener como prioridad la erradicación de la discriminación étnica-racial y la discriminación de género como formas específicas de exclusión de las mujeres afrovenezolanas, en especial de la discriminación estructural. A más 500 años de haberse instaurado la institución de la esclavitud y a apenas 154 años de abolida, ciertamente resulta complejo definir las formas en que se puede materializar la necesaria reparación histórica. No obstante, el Estado debe hacer un gigantesco esfuerzo para impulsar políticas públicas y programas que aborden de forma integral la problemática con una perspectiva reparativa. Se debe asumir una agenda política e institucional de inclusión con perspectiva reparativa (y con presupuesto): se debe hacer énfasis en la dimensión comunicacional en el que se regule y sancione la persistencia de representaciones prejuiciadas y estereotipadas de las afrovenezolanas en los diversos medios de comunicación como en la lucha contra la discriminación racial. Se debe trabajar duro en implementar políticas preventivas y de atención en el área de la salud, tanto física como mental y sicológica, en las poblaciones afectadas. Venezuela ha hecho avances importantes en la creación de marcos legales hacia el reconocimiento de la diversidad cultural e inclusión social de población indígena, no así para los afrodescendientes.

Por último, necesitamos cifras y datos estadísticos para hacer un diagnóstico más certero de la situación que enfrentamos, tarea que se empieza a materializar desde el Subcomité de estadísticas para la población afrodescendiente, creado en 2007 para la inclusión de los y las afrovenezolanas en el censo 2010. Así mismo, planificar y activar políticas y programas preventivos que regulen, tanto las actividades de las empresas privadas como las actuales políticas de promoción turística de algunas gobernaciones (como las de Miranda, Carabobo y Vargas), que desfiguran las celebraciones tradicionales de las costas afrovenezolanas y las convierten en espacios de alto riesgo para los y las jóvenes.

Por su parte, el Cumbe de Mujeres Afrovenezolanas y el Proyecto Diáspora Hoy, como organizaciones sociales, llevan a cabo el proyecto Violencia de género y autorreconocimiento étnico a través de la creación literaria y fotográfica en dos comunidades pilotos con el apoyo institucional de Fundayacucho y Banmujer. Éste comprende la generación de un proceso de formación integral desde la perspectiva del autorreconocimiento étnico y la exigibilidad de los derechos humanos, abordando la situación de violencia de género de las mujeres afrovenezolanas a través de la escritura creativa como terapia y de la fotografía como medio de autorreconocimiento a través de la imagen, apuntando a su vez, hacia la conformación de observatorios locales de violencia y grupos de apoyo. Se espera no sólo promover la visión instrumental de la salud sexual y reproductiva, sino el derecho y la posibilidad de una vida sin violencia y sin discriminación de género y étnica-racial desde los espacios más íntimos, donde se recupere la dignidad de nuestros cuerpos.

Notas:

1 Esta información la manejan las organizaciones sociales internacionales y nacionales, como la Red de Organizaciones Afrovenezolanas y el Cumbe de Mujeres Afrovenezolanas en su discurso y propuesta de acción. Consultar informe del Instituto Nacional de Estadísticas Exclusión social y diversidad racial y étnica en Venezuela: temas claves y acciones prioritarias por una sociedad visiblemente más justa (2004) realizado por María Magdalena Colmenares. Es el único estudio técnico elaborado desde el INE sobre la exclusión social que toma en cuenta la etnicidad.

2 Ver Diario Últimas Noticias del 12-08-2007, página 4.

Referencias bibliográficas

1. Castañeda, Magally Huggins. (2005). Género, políticas públicas promoción de la calidad de vida. Caracas, Instituto Latinoamericano de investigaciones sociales (ILDIS).

2. Colmenares, María Magdalena. (2004). Exclusión social y diversidad racial y étnica en Venezuela: temas claves y acciones prioritarias por una sociedad visiblemente más justa. Caracas, INE.

3. Mosquera Rosero-Labbé, Claudia y Barceló, Luiz Claudio. (2006) Reparaciones para negros, afrocolombianos y raizales como rescatados de la Trata Negrera Trasatlántica y desterrados. En Afroreparaciones: Memorias de la esclavitud y justicia reparativa para negros, afrocolombianos y raizales. 213- 276. Editado por Claudia Mosquera Rosero-Labbé y Luiz Claudio Barcelos, 467-486. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Las afrodescendientes en Venezuela...

Nirva Camacho / EnContrArte
La exclusión política, social y económica en la que permanecen las y los afrodescendientes en Venezuela, tiene énfasis en la mujer, a quien le toca duplicar esfuerzos para exigir el respeto de sus derechos como ciudadana, e impulsar la disminución de el indivisible efecto género-etnia, como factor estructural del racismo presente en la sociedad Venezolana y toda América Latina. En nuestro país las mujeres en general, han sostenido una activa participación en la construcción de la dinámica sociopolítica, ocupando diversos roles en diferentes períodos históricos, sin embargo se le ha subestimado como: Inferior, débil, frágil etc, cuando lo cierto es la tendencia a condiciones de desigualdad impuesta durante siglos, con la negación de derechos civiles y políticos.

Esta sistemática exclusión ha impulsado desde el movimiento de mujeres, el planteamiento de la igualdad de oportunidades, entendida como: “Igualdad real para la convivencia, la participación, la competencia y el respeto a las diferencias”. En este sentido en Venezuela han surgido innumerables movimientos de mujeres, instituciones, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales en defensa y lucha por nuestros derechos como ciudadanas, donde se han alcanzado logros de gran trascendencia como son: La reforma de la ley electoral para contemplar el derecho al voto, la reforma del código civil y de la ley del trabajo, la promulgación de algunas leyes como, la de igualdad de oportunidades y la Ley sobre la violencia contra la mujer y la familia, así como el protagónico rol ejercido en la discusión y construcción de la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual contempla la visión de género como eje transversal, sin embargo las mujeres afrodescendientes quedan una vez más invisibilizadas, porque reconoce explícitamente derechos a la población indígena más no a la afrovenezolana.



Considerando los efectos perversos de la triple discriminación (género, etnia y clase), confrontada por las afrovenezolanas, se hace impostergable comprender que la estrecha vinculación de estos factores son causas esenciales de la situación de exclusión que enfrentamos en el país, de allí nuestro norte se ha trazado para trascender más allá de la lucha de las mujeres en general, las condiciones de desigualdad nos exigen mantenernos vigilantes de la situaciones que coloquen a las mujeres afrodescendientes en condición de vulnerabilidad por razones étnicas, aún en el propio escenario de lucha de las mujeres.

Está planteado salir de la invisibilización, exigiendo y ejerciendo nuestro derecho a la participación en los diversos escenarios: Laboral, educativo, cultural, político, económico, etc. Se hace necesario convertirnos en sujetas plenas de derechos, es la única manera de hablar de equidad real y efectiva, por esta razón desde la Red de Organizaciones Afrovenezolanas las mujeres hemos definido algunas líneas de acción que permitan avanzar desde lo personal hasta lo comunitario.

Se han realizado dos encuentros de mujeres afrovenezolanas desde el escenario de la Red. El primero permitió abordar temas como: La capacidad organizativa, el racismo y endorracismo, el desarrollo económico y los efectos de la violencia intrafamiliar como obstáculo para el desarrollo de la mujer. Un segundo encuentro facilitó realizar un diagnóstico de las condiciones de las mujeres en las comunidades asistentes al mismo detectando datos importantes como: El nivel educativo, ocupación, seguridad social, necesidad de formación y desempleo.

El problema de mayor impacto resultó ser el bajo nivel educativo en alto porcentaje de la población en la mayoría de las comunidades, de allí que el sector mujer contempló dentro de su línea de acción, “Aumentar el nivel de formación e información de las mujeres de comunidades afrovenezolanas”, lo cual se inició con la facilitación de el taller de autorreconocimiento como política de la Red, considerando como proceso fundamental vencer las barreras endorracistas presente en las/os afrovenezolanos, para favorecer la participación en la lucha por la reivindicación de las/os afrodescendientes de manera efectiva.

Un acuerdo importante del segundo encuentro fue, la realización del Tercer Encuentro en el lapso de un año, con la finalidad de evaluar los aciertos y desaciertos en relación a los compromisos adquiridos, el cual se llevará a cabo en agosto del presente año, sin embargo existen algunos avances como los descritos a continuación.

Acciones positivas de las afrovenezolanas

1. Luego del segundo encuentro un grupo de mujeres (Estado Aragua) , deciden emprender acciones para la consecución de una unidad educativa de educación media, logrando su creación con la incorporación de cultores de la comunidad en varias escuelas de la zona.
2. En reciente experiencia de talleres de autorreconocimiento donde participaron noventa y un personas incluyendo coordinadores/as de la Red, el 62,% fueron mujeres.
3. La dirección de centro cultural Andresote (Estado Yaracuy), la ejercen en su mayoría las mujeres.
4. Participación de una representante en el Consejo Local de Planificación (Estado Falcón), como instancia gubernamental con participación de las comunidades or

viernes, julio 30, 2010

Celebrado el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente en Venezuela...

Mujeres de diversas comunidades del país celebraron este viernes el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente con actividad cultural y de reflexión acerca de las luchas históricas por la emancipación de los pueblos descendientes del continente africano.

Durante la actividad que se celebró en la sede del Instituto Nacional de la Mujer (Inamujer), la viceministra para la Afrodescendencia y Etnicidad del ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género (Minmujer), Norma Romero, recordó que durante la reunión de la Red de Mujeres Afrolatinas y Afrocaribeñas de la Diáspora, que se realizó en 1992, en República Dominicana, se acordó celebrar el 25 de julio de cada año el día internacional de las mujeres afrodecendientes.

Indicó que para la red de Mujeres Afrodescendientes esta celebración es propicia “para recordar, participar, para continuar con nuestras luchas y visibilizar nuestros aportes dentro de los países a los cuales pertenecemos”.

Anunció que la Red de Mujeres Afrolatinas y Afrocaribeñas proyecta realizar en Venezuela, el encuentro anual de esta organización.


Asimismo, refirió que la Red de Mujeres Afrolatinas y Afrocaribeñas, acordó los estatutos de esta organización, durante el encuentro que se realizó el año pasado en Panamá, en el cual participaron 170 representantes de diversos países del continente Americano.

Romero destacó que el gobierno revolucionario bolivariano desarrolla política públicas y mecanismos para reconocer y a los y las afrodescendientes y hacer frente a la discriminación étnico-racial como la creación de diferentes instancias, entre ellas la Comisión para la eliminación de la discriminación étnico racial en el sistema educativo venezolano, el viceministerio para África, dirección general de la Educación Intercultural, el subcomité de Estadísticas de la población Afrodescendiente, la subcomisión de participación de los Derechos de los Afrodescendientes, el viceministerio de Afrodescendencia y Etnicidad del Minmujer y la Universidad Técnica Territorial Argelia Laya de Barlovento, estado Miranda, entre otras instancias.

Del mismo modo, la representante de la comisión para la Eliminación de la Discriminación Étnico Racial del ministerio del Poder Popular para la Educación, Nirva Camacho, recordó la presencia y aportes de las afrovenezolanas en la construcción de una sociedad más justa y equitativa, entre ellas la reina Guiomar, quien acompaño a su esposo en las primeras rebeliones de esclavos, María Dolores, esposa de José Leonardo Chirinos, María Valentina, Marta Sojo, quienes lucharon por la liberación de la esclavitud,
la Negra Hipólita y la Negra Matea, Artgelia Laya e Irene Ugueto, entre otras.
Fuente: AVN

miércoles, mayo 12, 2010

Celebrado en la AN “Día de la Afrovenezonalidad”

(Prensa: Minmujer).- La plenaria de la Asamblea Nacional celebró el “Día de Afrovenezonalidad” mediante un derecho de palabra de la viceministra para la Igualdad y Equidad de Género del Minmujer, Norma Romero.

La viceministra Romero indicó que de acuerdo a la resolución emanada de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela en el año 2005, el día 10 de mayo fue establecido como: “Día de la Afrovenezolanidad y conmemoración del levantamiento heroico de José Leonardo Chirinos”.

Asimismo indicó que el hijo de Cándida Rosa y Juan Cruz, José Leonardo Chirinos fue un esclavo de origen africano que se revela junto con otros 200 africanos, afrodescendientes y hombres libres, con la firme determinación de acabar con el sistema esclavista de los españoles en Coro, en el año 1795, dirigiendo una significativa movilización contra las autoridades coloniales que fue posteriormente sofocada.

Aquel 10 de mayo de 1795 luego de un baile en la hacienda Macanilla, el movimiento de mulatos, negros esclavos y libres, liderado por José Leonardo Chirinos, tomó la hacienda El Socorro, y proclamó una República de Igualdad. Sin embargo, mucho antes también el Negro Miguel, Andresote, Guillermo Rivas, Guacamayo, entre otros más, se sublevaron.

Luego de 215 años de la rebelión de Chirinos, se celebra en el país, desde 2005, el “Día de la Afrovenezolanidad”, además durante todo el mes se desarrollan actividades conmemorativas, no obstante, la fiesta busca ir más allá de la valentía de este zambo que encabezó la rebeldía de la hacienda El Socorro, en Falcón, para reconocer a otros invisibilizados.

En los tiempos actuales, el “Día de la Afrovenezolanidad” fue establecido como una forma de tributo a los venezolanos de origen africano y sus raíces étnicas, cuyo legado está reconocido en la Constitución Nacional y una forma de lucha contra el racismo en nuestro país.

La historia está poblada de insurrecciones como la del Negro Miguel, en las minas de oro de Buría, cerca de Nirgua, estado Yaracuy, que se extendió desde 1553 a 1556; la de los negros perleros, 1603; incursiones en los hatos, 1726; la de Andrés López Rosario, Andresote, en los Valles de Yaracuy, en 1732; la de Guillermo Ribas, 1771; la de Miguel Jerónimo, alias Guacamayo, 1794, cumbes, cimarroneras y más cimarroneras.

El 10 de Mayo, cuando se conmemoraron los ciento cincuenta años del decreto de la abolición de la esclavitud en Venezuela (1854-2004), uno de los pocos movimiento sociales en nuestro país con soberanía intelectual, conocida como la Red de Organizaciones Afrovenezolanas, lanzó su manifiesto de la deuda moral, política, económica, tecnológica, jurídica y social que ha tenido y sigue teniendo el Estado venezolano con respecto a este extraordinario segmento de la población venezolana.

Dentro de los planteamientos de la Red de Organizaciones Afrovenezolanas, partiendo del preámbulo de nuestra Constitución Bolivariana referido a la necesidad de “Refundar” la República, este movimiento ha hecho mucho énfasis en revisar críticamente nuestra historia oficial plagada de racismo, ausencias y discriminaciones bajo la dictadura conceptual eurocéntrica que solo resalta los hechos de los vencedores y sus ideologías dominantes y al mismo tiempo desprecia, anula y castra la otra historia de la gente supuestamente sin historia, es decir, a las y los afrovenezolanos e indígenas.

sábado, agosto 01, 2009

De esclavas a domésticas. Mujeres afrodescendientes en Uruguay

Silvina Santillán / REBELIÓN.ORG
El 25 de julio fue el Día de la Mujer Afrolatinoamericana y Afrocaribeña. Históricamente marginada, en Uruguay la población negra experimentó tímidos avances con el gobierno de izquierda del Frente Amplio.

Durante el carnaval, cuando la negritud es moda y el tambor resuena cada vez más al toque del blanco, emerge una comunidad donde la autoestima es casi una rara avis y las mujeres olvidan por unas horas sus trajinados días como jefas de familia y motor de organización social.

Esta es la crónica de una danza que las mujeres afrodescendientes ya no quieren bailar.


Era comienzos de los años 90, cuando Uruguay aún salía de los pesares de su dictadura. “En la escuela hubo una alarma, creo que por amenaza de bomba. La maestra nos pidió entonces a todos los chicos que saliéramos del aula tomados de la mano pero parece que a mí nadie me la quiso agarrar, entonces yo solita me puse las manos atrás y me las dí a mí misma”. Con los condimentos suficientes para convertirse en trauma para una niña de pocos años, el recuerdo, resucita casi 20 años después en boca de Mael Ortiz, hoy de 28 años. De figura redondeada, cutis chocolate como sus ojos que ahora ríen, aún con cierto regusto amargo, Mael desgrana la anécdota que reconstruyó años después desde la remembranza de su madre, guardiana de la memoria de su pequeña, creciendo en esos años trabajosos que se mantienen con sutiles matices en la actual sociedad del pequeño país sudamericano, alguna vez bautizado por sus supuestas equidades de progreso la “Suiza de América“.

Con algo más de 3 millones de habitantes en todo su territorio, la población afrodescendiente en Uruguay –cuyos orígenes se remontan al arribo forzado en el siglo XVII de esclavos africanos- bordea según cifras oficiales las 300 mil personas, poco más de la mitad mujeres, las más postergadas, hermanadas a sus congéneres blancas en el ranking de la desigualdad de oportunidades respecto de los varones. La colectividad negra suma casi el 10 por ciento de una sociedad predominantemente blanca, que no termina de reconocerse en el espejo de su primera minoría. Esta se concentra en barrios históricos como Palermo y Sur ó periféricos de Montevideo y en departamentos fronterizos con Brasil, como Artigas y Rivera.

“El principal problema de las mujeres negras y jóvenes es que no se tiene estudios”, sostiene Mael, quien tiene clarísimo que en la escuela primaria fue donde más sufrió su color. Sin pareja ni hijos de momento -dato infrecuente en las mujeres negras cuya fecundidad es más alta que la de las blancas, a la vez que acumulan una mayor paridez en los segmentos más jóvenes (15-24 años) según estadísticas del ministerio de Desarrollo Social- Mael no terminó la secundaria y se dedica a cuidar niños; tarea que, junto al servicio doméstico, es donde más fácilmente se ocupan las afrodescendientes en Uruguay. Bajó la persiana a los años de infancia en la escuela, en un ambiente tan distinto al de su barrio natal, Palermo, uno de los “bastiones” de los afro uruguayos, donde siempre se sintió una más. El colegio fue el que “marcó la diferencia”.

“Nos decían ‘negra cachumbambé…”

Al grito guerrero de ¡tía!, ¡tía!, con el brío de sus tres años Mateo interrumpe la entrevista y aterriza en el deshilván de Mael que, apremiada por los berridos, pide disculpas, conduce y deposita al pequeñín en los brazos amorosos de su hermana y madre del “gurí“. Con ella comparte un antiguo departamento de coloridos vitrales en pleno centro de Montevideo, no muy lejos de su Palermo natal.

-Tuve una infancia linda, yo vivía en ese barrio que está lleno de afrodescendientes, no percibí mi realidad de ser negra hasta que comenzó la escuela. Veía que a mis compañeros los invitaban a cumpleaños y yo a algunos no iba, había bailes que se hacían a los que no estaba invitada -cuenta y recuerda el clásico insulto de esos años-. Nos decían negra cachumbambé, una se sentía horrible. Había también un programa en la televisión con un personaje negro que se llamaba ‘Yankee Zulú’ o algo así y una música como bum-bum-bum-bum que pasaban durante la serie. Cuando entrábamos al aula algunos nos cantaban ese bum-bum-bum-bum, haciendo ruido como de lanzas, y yo odiaba a ‘Yankee Zulú’”.

En 1830 la República Oriental proclamó la libertad de Vientres que otorgó libertad a los infantes nacidos de esclavas, y doce años más tarde, en 1842, el estado uruguayo introdujo por la vía legal la abolición de la esclavitud tras un gradual proceso común en el Río de la Plata en los actuales territorios de Argentina y Uruguay. Pero transcurrió mucha historia en la joven nación, incluido el pasaje de una dictadura militar (1973-85) que arrinconó a la población negra con el ánimo de “invisibilizarla”, hasta 1996 cuando, en democracia, la Estadística Nacional de Hogares relevó por primera vez las diferencias étnicas y cuantificó algo más de 165 mil afrodescendientes. Diez años después, en una nueva medición oficial, la cifra trepó a 280 mil. Un crecimiento explicable, en gran parte y según expertos, por la reformulación, más precisa, en la pregunta que se utilizó para relevar la pertenencia racial y a un cambio en el reconocimiento étnico de las personas censadas, muchas de las cuales no se habían admitido negras una década atrás.

Para Beatriz Ramírez, titular de la Secretaría de la Mujer Afrodescendiente, el suyo es un país con características particulares: “primero, se autoidentifica como muy integrador, muy igualitario, pero si comenzás a rascar un poco comienza a mostrar que no ha sido tan así su historia. Inclusive cuando se hacen estudios o encuestas, claramente te muestran datos concretos de cómo la población se resiste a la convivencia con la población afrodescendiente”. La Secretaría que maneja Ramírez es una conquista del gobierno de izquierda del Frente Amplio, primero socialista en la historia del país que encabeza el presidente Tabaré Vázquez desde marzo de 2005. Ella, de 52 años, ha tenido otras conquistas: es una de las fundadoras de Mundo Afro, una emblemática organización no gubernamental nacida hace 20 años.

Motor de la concreción de algunas de las muchas reivindicaciones de un colectivo que a veces parece acostumbrado, con fatalismo a su postergación, Mundo Afro realizó también en 1996 el primer Diagnóstico sobre la Condición de la Mujer Negra. “A 152 años de la abolición de la esclavitud, el 50 por ciento de las mujeres ocupadas incluidas en este estudio trabaja en el servicio doméstico (…) la misma actividad que desempeñaban mayoritariamente las mujeres negras en la época de la esclavitud”. Las conclusiones del documento siguen hoy vigentes. Las mujeres negras en su mayoría se dedican a “trabajos menos calificados y por lo tanto con menos ingresos y menos posibilidad de movilidad ocupacional, lo que determina el ciclo de pobreza y exclusión que la población afro descendiente vive, con una jefatura femenina en promedio alta”, explica Ramírez.

Contrario al resto de la sociedad uruguaya, la población negra se recuesta en los tramos más jóvenes y tiene una natalidad más alta. En cuanto a la permanencia y acceso a la educación, los jóvenes desertan el doble que el resto, fundamentalmente las mujeres que tempranamente ingresan al mercado laboral y asumen responsabilidades de manutención de sus familias.

También el aumento de mujeres negras encarceladas por delitos vinculados al narcotráfico y la rapiña, es un fenómeno de los últimos años debido al empuje de la crisis de 2002. Como efecto dominó de la hecatombe financiero-institucional que atravesó en 2001 la Argentina, país vecino y del cual Uruguay tradicionalmente ha dependido en materia económica, los orientales cayeron en picada con un desempleo que llegó al 25 por ciento.

Tambores negros

Y es que la ecuación mujer más negra suma problema y resolverlo es “el primer desafío así como velar por nuestras oportunidades”, sostiene Claudia de los Santos, de 40 años, coordinadora nacional de Mundo Afro, donde las mujeres también “nos juntamos para seguir desarrollándonos y no ser siempre empleadas domésticas. Queremos algo más”.

Aunque este año concretará posiblemente su traslado hacia otra zona capitalina, de momento Mundo Afro desenvuelve su actividad en un amplio y reciclado a pulmón predio municipal montevideano, contiguo al bar Fun-Fun donde en 1933, cuenta la leyenda, cantó Carlos Gardel, la voz mayor del tango del Río de la Plata. Lágrima Ríos (Lidia Melba Benavídez Tabárez) la “Perla Negra” del tango rioplatense y voz privilegiada del candombe, fallecida en 2006 a los 82 años, fue la emblemática presidenta de esta organización que hoy enarbola su figura como bandera; igual que la de otras dos mujeres potentes: Rosa Luna (1939-1993) y Martha Gularte (1919-2002), dos de las más rutilantes hembras que alumbró el carnaval uruguayo, una de las expresiones culturales más importantes del país y seguramente la única donde, durante un mes, la negritud es rey, alma y motor.

Pero no siempre fue así. A fines de los años 70, la dictadura acrecentó las distancias raciales en la expresión más literal del término cuando, disfrazada de razones edilicias, expulsó a parte de la población afro de sus barriadas capitalinas más populosas, Sur, Palermo y Cordón, hacia áreas más periféricas.

El eco de los tambores resuena omnipresente en las calles Isla de Flores y Cuareim, próximas a lo que fue el Conventillo “Medio Mundo” en el barrio Sur. Construido en 1885 en la actual calle Zelmar Michelini, con el tiempo el lugar que inicialmente albergó a la inmigración europea se transformó en uno de los centros más importantes de producción cultural afrouruguaya, junto con los conventillos de Ansina y Gaboto, todos ya demolidos.

Allí, en la pieza 38, un 2 de julio de 1953, nació Carmen Pereyra. “Vivíamos unas 300 personas… Se vivía en condiciones humildes, no precarias. Todos ahí eran trabajadores”. Brazos cruzados sobre el pecho, recostada en un sillón que conoció épocas mejores, Carmen mira pasar la tarde acompañada de su nieta y de otros vecinos que toman el aire y charlan a pocas cuadras de lo que fue el Medio Mundo, hoy un edificio de 44 apartamentos no totalmente terminado.

A unos metros de la rambla capitalina, uno de sus paseos más atractivos, basurales, suciedad y muchachotes casi tirados en las veredas campean al atardecer en esta barriada, tan diferente a las zonas acomodadas de Pocitos, Carrasco o Punta Gorda.

Butacones apilados aquí y allá esperan ser guardados hasta el próximo desfile de Llamadas, cuenta Mauricio, mientras pliega las desvencijadas sillas de madera verde y gris y apura un trago de cerveza Patricia. Carmen se queja y está enojada con lo del carnaval y las “Llamadas”, que se convirtió en algo para turistas en el que ahora nosotros “no vemos nada porque hasta nos cierran las calles”; antes uno “traía las sillas y veía, ahora es todo reja y policía”.

En recuerdo al día en que el negro era autorizado por sus patrones a descansar y divertirse, también disfrazándose con ropa de los amos, la “llamada” es la convocatoria de una comparsa al sonar de los tamboriles con la intención de sumar gente para el festejo que, originalmente y hasta hoy, se desarrolla en los barrios Sur y Palermo. Punto culminante del carnaval uruguayo, muchos opinan que estos desfiles que reviven los pesares de los esclavos y donde el tambor truena con un magnetismo hechizero se están “blanqueando” de la mano de quienes “vieron el negocio”. El calendario uruguayo incluye desde hace tres años en sus efemérides el “Día Nacional del Candombe, la Cultura Afrouruguaya y la Equidad Racial” el 3 de diciembre, la fecha en que los militares desalojaron el Conventillo Medio Mundo.

“El candombe es de los negros pero gozan los demás…”

“El candombe es la expresión más fidedigna de resistencia cultural y política de este país de los afrodescendientes, fue ahí donde la población nuestra expresaba sus dolores, esperanzas”, sostiene Ramírez. Ahora todo el mundo baila candombe y “casi es moda, pero cuando era chica, mi mejor amiga María, que era blanca, todas las veces que salía conmigo a los tambores tenía que mentir, ella a los tambores no podía ir porque frente a la sociedad los que iban a ahí eran los negros y borrachos”, evoca Mael. Activa integrante de la comparsa “Isla de Flores”, enfundada en una malla blanca y naranja combinada con un pollerón (falda) también blanco y con estrellas anaranjadas, Mael danza estas noches carnavaleras con el clásico movimiento que incluye balanceo, sacudida de caderas y alzada de hombros con una sensualidad y gracia rescatada de los rituales africanos.

En Uruguay, distinto del brillo de lentejuelas y de las coloridas plumas que predominan en el impactante carnaval de Brasil, el festejo tiene otro aditamento que le aporta el candombe pero también las murgas, una de las principales atracciones en los días del reinado de Momo. Mientras el candombe es el grito mitad festivo mitad guerrero de los esclavos contra sus amos, la Murga puede considerarse la protesta criolla (como se llamó en la colonia al nacido en América que descendía de padres españoles o de origen español) y los cantos de cada banda -diecisiete hombres disfrazados y con las caras pintadas- , verdaderas crónicas de denuncia social en clave satírica y humorística al ritmo de bombo, platillos y redoblante.

“Ahora sí/ hasta la vista/ viejo Quijote oriental/ que no hay cuerpo que resista/, pero hay alma de murguista palpitando el carnaval/ Ya se marcha el Gran Tuleque, murga capricho y pasión/ Sólo busca una coartada/ Que comente la barriada/ Aquí cantó un corazón”, se oye cantar al “Gran Tuleque”, una de las murgas con más tradición en Uruguay.

Considerado el más largo del mundo, el carnaval uruguayo tradicionalmente da su puntapié inicial a fines de enero con un colorido desfile por la avenida 18 de Julio, principal de la capital. El festejo se extiende hasta inicios de marzo con actividades –comparsas y en especial murguistas, parodistas y humoristas que recrean temas de la realidad del país y el mundo desde escenarios (“tablados)- en distintos barrios fundamentalmente de Montevideo pero también en localidades del interior. En la capital es la Intendencia la que coordina el espectáculo que vende más entradas en el país, ganándole incluso al fútbol. Los destinos de la recaudación son los que a veces generan suspicacias.

Nacida en Melo, en la frontera con Brasil, hace 58 años, cuando Mirta Silva llegó a Montevideo no era muy conciente del color de su piel pero tenía claro que con su piel marrón claro era la “blanca de mierda” de su familia negra. “A poco de llegar, me metí en un coro de negros, una etapa de mucho aprendizaje porque entonces el coro era una herramienta para nuclear mujeres y sensibilizar a la población. Las canciones tenían que ver con la africanidad, eran en español pero había frases en yoruba o en otras lenguas africanas”, dice Mirta mientras intenta contener el temblor de un Parkinson que la complica pero increíblemente no la frena en sus labores de costurera y artesana.

Instalada en una carpa presidida por un retrato de Lágrima Ríos y que exhibe artesanías afrouruguayas en el Teatro de Verano, una de las “catedrales” del carnaval capitalino, Mirta es jefa de su hogar desde casi siempre. Cuenta con dos hijos, uno de ellos muerto prematuramente a los 19 años, 2 nietas y una gran fortaleza, la misma que activó para aprender computación cuando la mayor se le fue a España y tuvo que vérselas con los misterios del Chat.

“Y esta es Ariadna, tiene 3 años”, dice orgullosa mientras, veloz como un rayo, pulsa el celular y muestra la foto de una sonriente morenita de dientes blanquísimos y con el cabello partido al medio en dos colitas. “Con el papá de mis hijos estamos divorciados. Se fue a vivir a Maldonado. Tenemos una buena relación pero nunca se hizo cargo. Mi historia es muy común en nuestra comunidad. No es que no tengamos marido ni compañero pero hay una parte económica que nos obliga a ser jefas de familia porque la mujer consigue más trabajo que el hombre. La mujer negra tiene más oportunidades pero aparte asume, asume porque hay que dar de comer a los hijos”, cuenta con naturalidad, mientras las primeras canciones del carnaval indican que la función comenzó.

En “las comparsas hay cada vez mas gente blanca, los blancos se apropian. Hay una canción que dice ‘el candombe es de los negros pero gozan los demás’ y eso es así. Hay una apropiación y hay también una mezcolanza y se pierde la esencia, esto se está convirtiendo en algo comercial, muy bueno para la intendencia, muy bueno para los que viven del carnaval pero no tan bueno para nosotros”, opina Mirta, y sus compañeros varones de carpa asienten, en silencio.

Sexismo a la uruguaya

Sacudiendo con coquetería sus largos y renegridos rizos rastas, Claudia de los Santos enumera las diferencias: antes, y quizás no mucho “antes”, se veía a la mujer negra como un “símbolo sexual” por sus pechos, por sus formas, por su cola, dice –enfundada en un jean que realza sus caderas rotundas- y agrega con sarcasmo: “muchas chicas blancas se quieren hacer rasta, pero sólo para el verano. ‘Qué divino’ dicen, pero yo ando todo el año con rasta”. Ella aún se pelea a sus 40 años cuando en la calle, y casi siempre varones, le dicen ‘che, negra’, con tono despectivo “porque a veces en lugar de decirle un piropo a una mujer negra bien vestida a algunos hombres les sale un insulto”, reflexiona.

Lo últimos años los casos de agresiones hacia las mujeres, por parte de varones, se incrementaron en Uruguay: donde el año pasado murió una mujer cada 13 días por violencia doméstica según datos del ministerio del Interior. En el caso de las mujeres negras asumen también una forma de discriminación, que puede ir desde un ataque verbal unido a la condición de género y raza a casos extremos de agresión física.

El uruguayo tiene una sutileza muy especifica para discriminarte, dice Mirta alargando la “u” del “muy”. “Vos te sentás en el ómnibus y están todos los asientos ocupados y el de al lado tuyo vacío y todos siguen de largo… En mi trabajo éramos cinco compañeros: el coordinador bien ‘motudo’ (por el cabello ensortijado, apretado, muy común en la gente afro) y otra compañera grandota, gorda y azul de negra. Cuando salíamos por los corredores todos juntos, la gente se abría. Era hasta gracioso entrar al ascensor y ver la gente mirarnos como diciendo ‘qué me van a hacer’, te dan ganas de ‘decir señora no se asuste, no mordemos, no hacemos nada’”.

En el diagnóstico sobre la mujer afrouruguaya realizado por Mundo Afro ya citado, el 35 por ciento de las encuestadas dijeron que alguna vez se sintieron discriminadas por ser negras, percepción que aumentó en los tramos más jóvenes (41 por ciento de las mujeres de entre 15 y 30 años) mientras más de un 40 por ciento mencionó haber sido hostilizada “de palabra o insulto” y en un 10 por ciento admitieron haber sido víctimas de “agresiones físicas y golpes”.

“Había una encargada que siempre tenía problemas conmigo, pero no me decía que yo era una mala costurera, no, lo que me decía es que era una ‘negra de mierda’”, recuerda Mirta, que tampoco le deja pasar una a “su” gente. “Aquí -dice y su mirada abarca la carpa-, estamos aquí desde que comenzó el carnaval, exhibiendo artesanías afrouruguayas. Bueno, los negros casi no entran, mayormente son personas blancas. ¿No les da curiosidad?”. “En otras temporadas hice camisetitas que pinté con tambores o alguna escena con una mujer negra. Una chiquilina se acercó un día con su mamá, quería comprarse el bucito con un dibujo de una joven negra con trenzas con caracolitos, me había quedado divino. La madre le dice ‘sos loca cómo te vas a poner eso’. Se la llevó a otro local y al rato salió con otro bucito con unos dibujos chinos. A veces los negros discriminan a los negros”, resume.

Varones que no ayudan tanto

Mael dice que adora a sus amigos varones negros pero que como pareja son “desastrosos, completamente infieles, despreciativos de sus mujeres” y “contados con los dedos de las manos” aquellos que las respetan. “Es un tema de educación, la mujer siempre tenía que ser ama de casa y más las negras. Muchas mujeres negras soportan lo insoportable por tener su compañero pero ese no es mi caso. Yo no pretendo que alguien me mantenga pero tampoco voy a mantener a nadie, los jóvenes negros son desastrosos”, insiste.

En el marco de las grandes transformaciones que a nivel mundial experimentó la familia, desde fines de los 80 en Uruguay la formación de la pareja también se fue desplazando en el tiempo, rezago que difiere de acuerdo al sector cultural del que se proceda. Al parecer, el patrón se repite en la comparación de las mujeres blancas y las afrodescendientes. Estudios del ministerio de Desarrollo Social señalan que la proporción de mujeres que están en unión a los 20-24 años es 10 puntos porcentuales mayor entre las de origen afro que entre las blancas, situación que se equipara en la franja 25-29 años. En la treintena aparecen las separaciones y divorcios. A partir de los 40 años en cambio la cantidad de mujeres afrodescendientes en pareja es sistemáticamente menor respecto de las blancas en esas edades y desde los 55 años es perceptible una “desproporcionada magnitud” de mujeres negras que no conviven con su pareja. La nuestra, sintetiza Beatriz Ramírez, es una realidad compleja que fortalece el planteo que venimos reivindicando y que es la necesidad imperiosa de impulsar políticas de acción focalizadas.

“Hay gente a la que le gusta decir que en Uruguay hay un racismo sutil, yo creo que es estructural y muy claro, donde en las relaciones raciales hay una suerte de armonía y convivencia siempre y cuando uno no transgreda los espacios asignados”, subraya.

Arropado por el tam tam de los tamboriles que van apoderándose de la noche, el graffiti amarillo fosforescente parece un grito. “Lágrima” se lee en un paredón verde de la calle Carlos Gardel. En los barrios Palermo y Sur nadie olvida a Lidia Melba Benavides Tabárez, motivo de orgullo de los suyos y que bien supo de húmedas lágrimas de gozo y dolor, compañeros de ruta del impulso integrador que late en su comunidad.
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Este texto forma parte del libro '¡Sin nosotras se les acaba la fiesta! América Latina en perspectiva de género', que es producto de un trabajo conjunto entre el Centro de Competencia en Comunicación para América Latina, la Fundación Friedrich Ebert Stiftung y la Asociación Civil Artemisa Comunicación

martes, junio 23, 2009

Seminario Internacional sobre Etnicidad, Género y Política

Del 7 al 9 dejulio próximos se realzará en Lima el III Seminario Internacional Etnicidad, Género y Política. Escenarios y perspectivas de las mujeres afrodescendientes en el Perú, América Latina y El Caribe", el mismo que busca poner de manifiesto las características particulares que han configurado la situación actual de la mujer afrodescendiente y cómo esta realidad justifica y se manifiesta en acciones de afirmación e incidencia específicas

Durante el Seminario Internacional se discutirán los factores, las respuestas y estrategias de visibilización de las mujeres afrodescendientes en la agenda política, académica y desde las mismas organizaciones afroperuanas.

Como se sabe, hay pocos estudios sostenidos que permitan ver las múltiples facetas que las mujeres afrodescendientes han configurado en sus relaciones de poder y los imaginarios / estereotipos que la sociedad proyecta sobre ellas, ni cómo estos procesos determinan sus condiciones de vida, de igual manera las prácticas políticas en nuestro país apenas nos consideran dentro de sus reflexiones o propuestas nacionales.



Una condición indispensable para crear un cambio efectivo y positivo es la discusión sobre los procesos que han configurado la realidad y situación de los grupos que demandamos estos cambios como las afrodescendientes. El proceso de incidencia ciudadana en la configuración de las políticas públicas es un fenómeno reciente en nuestro país y no exento de problemas y dificultades pero necesario en la construcción de una sociedad democrática e inclusiva, sin racismo ni discriminación.

Entre los objetivos que se plantea el Seminario, se encuentran los siguientes:

1.- Presentar experiencias de incidencia de mujeres afrodescendientes de otros países que permitan contrastar con el caso peruano.

2.- Discutir sobre las prácticas académicas y políticas que, pese a tener como objeto a la mujer en general, no desarrollan “conocimiento” sobre las afrodescendientes y cómo se desarrolla una práctica alterna.

3.- Examinar nuevas visiones / propuestas en torno a la configuración de estereotipos contra las afrodescendientes.

4.- Mostrar y discutir las diferentes alternativas de incidencia en políticas públicas desarrolladas por las afrodescendientes.

El equipo responsable de la organización está a cargo de Lilia Mayorga, Maribel Arrelucea, Milagros Carazas, Fátima Valdivia y Newton Mori. El programa del evento es el siguiente:

07 de Julio
3.00 pm Inauguración del evento


1ra Mesa: 3:30pm
Los imaginarios culturales y la representación de la mujer afrodescendiente en la literatura.

- Lucía Charún (Escritora) “Malambo, olvido oficial, memoria colectiva”

- Mónica Carrillo (LUNDU) "Representaciones de mujeres afroperuanas: entre la interseccionalidad y el esencialismo”

- Milagros Carazas (UNMSM) “Si las negras yban asi al cielo". Misticismo del s.XVII y discurso (auto)biográfico de Úrsula de Jesús”.

- M’Bare N’Gom (Universidad de Morgan EE. UU.): “Transafricanía y género. Mujer, voz y discurso nacional en América Latina”


6.00 pm. Intermedio

2da. Mesa: 6.30pm
Miradas alternas en torno al pasado (Las afroperuanas en la historia)

- Newton Mori (CEDET) “Estereotipos étnicos en el año de la Abolición”

- Jesús Cosamalón (PUCP) “Afroperuanas, género y estereotipos después de la abolición. Lima, 1860”.

- Maribel Arrelucea (UNFV-USIL) “Esclavas: un difícil camino en la historiografía peruana”.

- Evelyne Laurent-Parraut (Universidad de NEW YORK.) “Cimarronas, rebeldes y guerreras. De la invisibilidad a la primera plana. Retos y desafíos de un nuevo enfoque de la historiografía latinoamericana”.


08 de Julio: 3.00 pm.
El feminismo: dogma y apertura / El feminismo y los feminismos


1era mesa 3.00pm:

- Miluska Elguera (UNMSM) “Mi Negritud: Reconstrucción desde los estereotipos”

- Milagros Wong (U. Pedro Ruiz Gallo) “Análisis semiótico de los spots publicitarios de productos NEGRITA”.

- Fátima Valdivia (UNMSM-PEG) El cuerpo sensual y libertino. Mujeres afroperuanas, cuerpo y feminismo".

- Raquel Pérez Andrade (Colectivo las Mestizas) “El feminismo no es blanco, ni de clase media. Una mirada desde la Antropología feminista”


6.00 pm. Intermedio

2da, Mesa: 6.30. pm

- Victoria Villanueva (Manuela Ramos) “Nosotras y las otras y cómo el pensamiento feminista nos permite encontrar nuevas verdades”

- Mariella Sala (Comunicadora) “En busca de la libertad perdida: más allá del feminismo de la igualdad y de la diferencia”

- Rocío Muñoz (LUNDU) “Racismo y su impacto en la identidad de las mujeres afroperuanas. Organización y movimiento en el Perú”.
Margarita Ramírez (CEDET) “Mujer afrodescendiente: dinamismo, permanencia, estética”.

Comentarios finales a cargo de Rocío Silva-Santisteban (PUCP)


9 de Julio: 3.30 pm.
Afroperuanas, escenarios y acción política


1era. Mesa: 3.00pm

- Julia Barrera (Educadora) “¿Qué hacemos las mujeres negras para participar en política?”

- Cecilia Ramírez (CEDEMUNEP) “Mujeres afroperuanas retos y alianzas”.

- Maruja Muñoz (Orgullo Afro) “El reto de las mujeres afrodescendientes: Saltar del espacio privado a la escena publica”

- Susana Matute (CEDET) “Influencia de los procesos organizativos de la mujer afrodescendiente en las políticas públicas de las últimas décadas”.

- Alexandra Ocles (Ex Parlamentaria de Ecuador) “La inclusión de las mujeres afrodescendientes en la participación política”.

Clausura del evento

Lugar:
Centro Cultural de España
Av. Natalio Sánchez 181 Santa Beatriz

Informes e Inscripciones para certificados: CEDET (Av. Bolivia 569 Breña)
Teléfonos: 330.2653 , 332.4524
Correos: lilia_mayorga_balcazar@hotmail.com
lalasante@hotmail.com


sábado, marzo 28, 2009

Feminismo debe luchar contra racismo hacia afrodescendientes

Las mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe padecen, además de la discriminación por su condición de género, la discriminación racial, una problemática que la agenda feminista debe asumir como parte de una lucha más de las mujeres de la región.

Así lo exigieron hoy las afrodescendientes, entre ellas Isabel Spencer, de República Dominicana, durante el cierre del XI Encuentro Feminista Latinoamericano, que se celebró del 16 al 20 de marzo, en la Ciudad de México y que contó con la participación de mil 600 mujeres feministas.


Spencer, integrante del colectivo lésbico feminista y de la Red de Mujeres Afrodescendientes de América Latina y el Caribe indicó a Cimacnoticias que la afectación que padecen las mujeres afrodescendientes por su condición de género sumada a la discriminación racial es crítica, pues aún en países donde la mayoría "son negras y negros", ellas "la pasan peor".

"En una sociedad que se maneja bajo un patriarcado, es un problema doble porque yo como mujer, negra, lesbiana y artista, tengo cinco elementos para ser una indigente en mi país. Las mujeres afrodescendientes tenemos un problema doble: sufrimos discriminación por ser mujeres, negras y en mi caso lesbiana, son elementos para joderte", aseveró Isabel Spencer.

Y explicó que "hay un racismo integrado, que es diferente hacia las mujeres negras, porque los hombres negros tienen privilegios de los que no gozamos las mujeres negras, como laboral, profesional, les validan sus derechos más que a nosotras".

Por ello, la feminista latinoamericana lamentó que esta problemática no se haya tomado en cuenta durante el Encuentro feminista, sin embargo, celebró que al finalizar logró hacer alianzas con mujeres afrodescendientes y de otras razas para que en el próximo Encuentro que se realizará en Colombia se trabaje el tema.

"Yo vine a este Encuentro con la idea de encontrar aliadas, en todas las problemáticas que conciernen a las mujeres y yo como mujer negra no sentí ese espacio para mí, ya se tocaron los temas de la diversidad sexual, y no sé hasta que
punto las mujeres en general entienden nuestra problemática", se cuestionó.

Y reiteró que el racismo hacia las mujeres afrodescendientes debe plantearse en la agenda feminista como se plantean otros temas, "no se puede obviar esa parte, somos mujeres negras caribeñas, debe tratarse, como se habla de aborto, diversidad sexual, también queremos que se hable del problema racial".

No obstante, "me voy con aliadas y me siento contenta porque pude comunicarme con otras hermanas afrodescendientes y compartimos propuestas para el próximo Encuentro, comenzamos a mover cosas y eso me hace sentir mejor, porque las alianzas entre mujeres siempre fortalecen en lo personal y como movimiento", manifestó la feminista dominicana.

Y añadió que "en medida que nos apoyemos más, independientemente de que yo sea negra, es un tema de mujeres a mí no sólo me deben apoyar las afrodescendientes; deben ser todas, porque el punto es que somos mujeres y vivimos en un patriarcado, que nos lastima a todas".

FEMINISMO DIARIO

Para Isabel Spencer, el feminismo "lo vivo tratando de levantarme todos los días por la mañana y de poner en práctica todo en lo que yo creo, vivirlo en la cotidianidad haciendo el trabajo en el colectivo de mujeres, ese es mi aporte con el que puedo trabajar y mejorar algunas cosas".

"Tiene que ser una reflexión personal, desde la que defiendo mis derechos como mujer, afrodescendiente, lesbiana, enfrentando la realidad de manera frontal y clara a través de mi diario vivir hagamos lo que se puede mejorar", expresó.

Independientemente de cómo funcionen los gobiernos, dijo, "nosotras debemos defender nuestros derechos. Tengo esperanza, creo en el feminismo como una práctica de vida, como una deconstrucción de un sistema que está jodido. Y encuentros como este son esperanzadores y necesarios porque siempre una sale fortalecida, vamos trabajando", afirmó.

De acuerdo con Isabel Spencer, el movimiento feminista en América Latina y el Caribe está en un momento importante en el que "no podemos perder el tiempo, debemos cuidar las negociaciones a nivel gubernamental, es un buen tiempo donde surgen nuevas propuestas enfocadas hacia la lucha, la claridad y la expansión".

A este movimiento, concluyó que "estamos caminando y de esta forma hacemos camino para construir sobre lo que otras han hecho y ya vendrán más a continuar lo que estamos haciendo porque estamos avanzando".