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sábado, septiembre 10, 2016

Entrevista con Angela Davis: “Raza, género y clase son elementos entrelazados”

Maria Colera Intxausti

Diagonal Angela Davis, filósofa, profesora de Historia de la Conciencia en la Universidad de California, histórica dirigente del Partido Comunista de EE.UU., ex miembro de las Panteras Negras e investigadora especializada en feminismo, marxismo, abolicionismo del sistema penitenciario, teoría crítica y estudios afroamericanos.

En el ensayo '¿Están las prisiones obsoletas?' (Democracia de la abolición. Prisiones, racismo y violencia. Editorial Trotta 2016), hablas del encarcelamiento masivo de los pobres y de los migrantes ilegales. El capitalismo considera a estas personas como seres prescindibles pero los utiliza como mano de obra esclavizada barata al mismo tiempo que los convierte en consumidores cautivos del excedente de producción, excedente que se sitúa en el origen mismo de una crisis económica que, la vez, genera pobreza y migración, en un bucle perfecto. ¿Observas algún paralelismo entre estas políticas de encarcelamiento y el proceso desarrollado durante la transición del feudalismo al capitalismo, en el que millones de personas fueron expulsadas de las tierras que hasta entonces habían sido su medio de reproducción y fueron forzadas a la esclavitud del salario?

Ciertamente, existen paralelismos entre ambas épocas, pero lo que quizá es más importante es constatar que también hay diferencias considerables entre los dos períodos. En la transición del capitalismo al feudalismo, tal como Marx la describió, los cercamientos y otros procesos de desposesión privaron a la gente de las tierras que constituían su fuente de subsistencia y, de manera simultánea, generaron una clase de personas a quienes no les quedó nada más que su fuerza de trabajo. Así, pues, se convirtieron en la mano de obra necesaria para que el capitalismo naciente pudiera incrementar su riqueza. Aquellas personas fueron liberadas de los constreñimientos del feudalismo, pero se vieron forzadas a cambiar una forma de opresión por otra.

Si bien es cierto que suele resultar inútil hacer un ranking de las diferentes formas de opresión, se puede afirmar que, a pesar de que el capitalismo depende total y absolutamente de la explotación, el hecho de dejar atrás la esclavitud y el feudalismo supuso cierto grado de progreso. Algunos trabajadores al menos encontraron su camino hacia el empleo, por degradante que fuera y siga siendo el trabajo.

Por otra parte, el complejo penitenciario industrial global es ciertamente rentable, pero su rentabilidad reside en las tecnologías destinadas a relegar ingentes cantidades de personas a unas vidas marginales, improductivas y cargadas de violencia. El encarcelamiento masivo de personas negras, de color e inmigrantes en EE UU, Australia y partes de Europa, junto con la persistencia de un racismo y una xenofobia estructurales, son prueba del fracaso absoluto del capitalismo global a la hora de responder a las necesidades de personas reales en todo el mundo.

Se podría argumentar, igualmente, que ello también es la prueba más convincente de la necesidad de concebir un sistema socioeconómico más allá del capitalismo. Así, pues, el movimiento abolicionista contemporáneo, en su llamamiento a desmantelar el complejo penitenciario industrial, se presenta como un movimiento anticapitalista que exige igualdad racial, puestos de trabajo con salarios vivibles, vivienda asequible, sanidad y educación gratuitas y justicia medioambiental para todos los seres vivos.

Abogas por la justicia restaurativa, en lugar de la punitiva. ¿Cómo se restauran la desigualdad y la injusticia causadas por el proceso de acumulación primitiva que conforman la base del capitalismo? En otras palabras, ¿qué forma tendría una justicia restauradora destinada a reparar el 'pecado original' de explotación y acumulación que se encuentra en el origen de las desigualdades de redistribución de nuestras sociedades?

Efectivamente, a menudo he utilizado el término 'justicia restauradora', junto con otros, como 'justicia reparadora' y 'justicia transformadora', como alternativas a la justicia punitiva o retributiva. De hecho, prefiero el término 'justicia transformadora', ya que no presupone la existencia de un estado ideal que sea necesario restaurar.

Respondiendo a tu pregunta, me gustaría destacar la importancia de la memoria histórica, especialmente en cuanto a la necesidad que hay hoy en día de un análisis explícitamente anticapitalista. "La llamada acumulación originaria" es uno de los capítulos más importantes de El capital, precisamente porque desenmascara la expropiación, injusticia y violencia que marcaron el inicio del capitalismo y que, aunque pudiera parecer que ya no es así, siguen en el centro del proceso capitalista. A finales del siglo XX, el complejo penitenciario industrial comienza a mostrar el grado en que las sociedades capitalistas continúan basándose en ideologías racistas y coloniales a la hora de fabricar tecnologías de violencia, reflejo, a su vez, de la violencia histórica ligada a la esclavitud y a la colonización.

Has hablado de nuestra problemática reacción automatizada con que a menudo respondemos al crimen y al delito, recurriendo a las instituciones jurídico-policiales, en vez de diseñar soluciones desde dentro de la comunidad. En el caso concreto de la violencia sexual, abogas por la autodefensa, lo cual nos lleva al tema de las mujeres y la violencia. En '¿Están las prisiones obsoletas?' haces referencia a la «necesidad de cuestionar las premisas imperantes según las cuales la única relación posible entre las mujeres y la violencia implica que las mujeres sean víctimas». ¿Qué opinas del uso disuasorio y disciplinandor de la violencia feminista como mecanismo dirigido a defendernos a nosotras mismas? ¿Qué es la autodefensa feminista para ti?

Siempre he tenido un cuidado especial en la manera en que utilizo el término 'violencia'. Como estudiosa de la teoría crítica, siempre me recuerdo a mí misma que las herramientas conceptuales que decido utilizar podrían estar haciendo un trabajo que, en realidad, contraviene lo que pretendo expresar. Así, pues, trato de no equiparar 'autodefensa' y 'violencia contra el agresor'. Y mi apuesta por la formación en autodefensa se inserta en un contexto más amplio, basado en un análisis que vincula la violencia misógina con los sistemas de dominación de raza, género y clase, dentro de una estrategia que pretende purgar nuestras sociedades de toda forma de explotación y violencia.

En 'Mujeres, raza y clase' (Akal, 2004) desmontas el mito del violador negro y explicas que «fue una invención claramente política», propaganda construida con el fin de consolidar y justificar los linchamientos, como método de 'contrainsurgencia' destinado a evitar que los negros alcanzaran sus derechos. El pasado fin de año asistimos al despliegue de este mismo mito en Colonia, en este caso en los cuerpos de hombres "de apariencia árabe o norteafricana", en un nuevo ejemplo de 'purple washing' o utilización de una supuesta defensa de las mujeres para criminalizar a los solicitantes de asilo y a los residentes ilegales, de una manera que parece estar lanzando el mensaje de que "a nuestras mujeres sólo las podemos violar nosotros". ¿Cómo interpretas esta utilización de los derechos de las mujeres (velo, violador negro, opresión de las mujeres afganas ...) para otras cruzadas?

En su libro 'Arrested Justice: Black Women, Violence, and America's Prison Nation' [La justicia bajo arresto: mujeres negras, violencia y la nación prisión de América], Beth Richie expone los peligros de confiar en tecnologías de criminalización como supuestas soluciones a los problemas de la violencia de género. Su argumento es que el movimiento antiviolencia predominante en EE UU dio un giro peligrosamente equivocado cuando comenzó a apoyar la represión policial y el encarcelamiento como principales estrategias destinadas a proteger a las «mujeres» de la violencia masculina. Era fácilmente previsible que quienes más estarían el punto de mira de estas iniciativas destinadas a garantizar la seguridad de las «mujeres» serían los hombres de comunidades ya sometidas a una hipervigilancia de la policía y que ya contribuían de manera desproporcionada al incremento de la población penitenciaria.

Resulta, sin embargo, que el uso generalizado de la categoría 'mujer' escondía una racialización clandestina operativa dentro de esta categoría, según la cual 'mujeres' en realidad significaba 'mujeres blancas' o, aún más concretamente, 'mujeres blancas acomodadas'.

El caso de Colonia y el discurso sobre el violador árabe, que pretende consolidar aún más las representaciones colonialistas de los hombres árabes como agresores sexuales, nos recuerdan la importancia de las teorías y prácticas feministas que cuestionan la instrumentalización racista de los 'derechos de las mujeres' y enfatizan la interseccionalidad de las luchas por la justicia social.

En las últimas décadas, hemos experimentado lo que Nancy Fraser define como "desacoplamiento de las llamadas 'políticas identitarias' de las políticas de clase", en lo que se ha convertido en una lucha por el reconocimiento, en lugar de por la redistribución, con un desplazamiento del sujeto colectivo hacia uno individual(ista). Tú, en cambio, siempre has defendido las 'comunidades de lucha', al considerar que "las comunidades son siempre proyectos políticos". ¿Qué opinas sobre las políticas identitarias y cuáles son, en tu opinión, las luchas y los proyectos políticos que deberían situarse en el centro, en la actual era de hegemonía neoliberal?

Lo que encuentro más problemático de las políticas identitarias es la manera en que las identidades muy a menudo se naturalizan y no son consideradas como un producto de la lucha política, de modo que no se sitúan en relación con las luchas de clase y antirracistas.

Recientemente, el movimiento trans, por ejemplo, se ha convertido en un importante territorio donde luchar por la justicia. Con todo, hay una diferencia fundamental entre las representaciones dominantes de las cuestiones trans, que habitualmente hacen hincapié en la identidad individual, y los movimientos trans interseccionales, que consideran que tanto la raza como la clase son elementos fundamentales en las luchas de las personas trans. En vez de centrarse en el derecho de la persona a 'ser' él mismo, ella misma, o ell@ mism@, estos movimientos trans afrontan la violencia estructural (en manos de la policía, la prisión, el sistema sanitario, el sistema de la vivienda, el ámbito laboral, etc.) que las mujeres trans de color tienen más probabilidades de experimentar que ningún otro grupo de la sociedad. En otras palabras, luchan por unas transformaciones radicales de nuestras sociedades en contraposición a la asimilación en un estado de cosas determinado e inamovible.

Continuando con el tema de la identidad, por lo que dices sobre la interseccionalidad, entiendo que apuestas por una confluencia de luchas (Ferguson, Palestina), más que por una conjunción de identidades diferentes, diversas y múltiples, en un momento en que gran parte de las defensoras de las políticas interseccionales afirman y naturalizan las identidades, en vez de cuestionarlas, ignorando a menudo el contexto material e histórico que rodea estas identidades. ¿Cómo entiendes la interseccionalidad y en qué términos resulta productiva hoy en día?

El concepto de interseccionalidad, tal como yo la entiendo, tiene una genealogía muy interesante, que se remonta al menos al período de finales de los años 1960 y principios de los 1970. Como ahora no puedo entrar en gran detalle, me limitaré a mencionar alguno de los elementos fundamentales que me gustaría destacar: la creación de la organización Alianza de Mujeres Negras, como respuesta a la voluntad de plantear un debate sobre cuestiones de género dentro del Comité de Coordinación Estudiantil No Violento (SNCC), principal organización juvenil del Movimiento por la Libertad del Sur.

La Alianza planteaba que no era posible entender el racismo en toda su complejidad sin incorporar un análisis del sexismo y, para sustentar esta tesis, en 1970 Fran Beale escribió un artículo que tuvo gran difusión, titulado "Double Jeopardy: To Be Black and Female" [Riesgo doble: ser negra y mujer]. Poco después de la publicación del artículo, de resultas del hecho de tener conocimiento de luchas como las de las mujeres puertorriqueñas contra la esterilización forzosa, la Alianza de Mujeres Negras se convirtió en Alianza de Mujeres del Tercer Mundo y publicó un periódico titulado Triple Jeopardy, en referencia al racismo, el sexismo y el imperialismo. Aquello implicaba una militancia sobre el terreno que abordaba de manera simultánea el racismo, la misoginia y la guerra imperialista.

Es con el espíritu de aquellos esfuerzos intelectuales orgánicos de comprender las categorías de raza, género y clase como elementos conectados, entrelazados y entrecruzados que entiendo actualmente los conceptos feministas de interseccionalidad.

En un ciclo de conferencias recientemente celebrado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, con el título "La frontera como centro. Zonas de ser y de no ser [migra y colonialidad]", la representante del partido Indigènes de la République Houria Bouteldja afirmó lo siguiente: "No sé quién es blanco, pero la policía francesa lo sabe perfectamente. Nunca se equivoca a la hora de decidir a quién discriminar y a quien apalear". Igualmente, la feminista vasca Itziar Ziga, en una entrevista en Argia, decía que "Soy una mujer porque es así como he sido violentada física, afectiva, económica y simbólicamente... Proclamo que soy mujer, pero no por lo que tengo entre las piernas". En estos dos casos, el sujeto se define políticamente para/desde el locus de opresión y, por tanto, de lucha. En este sentido, ¿qué es para ti ser mujer y qué ser negra?

Ambas categorías se han ensanchado y expandido más allá de cualquier límite que hubiera podido imaginar en anteriores fases de mi vida. De modo que, si pretendiera aferrarme a modos de ser históricos, continuaría sintiéndome obligada a basarme en definiciones políticas del género y la raza en ambos casos, tal y como planteas en tu pregunta, tanto desde el punto de vista de las estructuras de dominación y sus ideologías asociadas como desde el punto de vista de los movimientos colectivos que buscan desmantelar estas estructuras y hacer frente a estas ideologías.

Al mismo tiempo, siempre he insistido en la prioridad de la práctica radical por encima de la identidad pura y simple. Importa más qué haces para facilitar la transformación radical que cómo te imaginas que eres. Y, claro, como ya he indicado, las categorías de género y raza, al igual que la sexualidad y la clase, sólo son significativas dentro de unas interrelaciones más complejas.

En relación con el panorama político estadounidense, has destacado "el reto de complicar el discurso", en vista de que "la simplificación de la retórica política facilita la adopción de posturas extremistas". En los últimos años, en Europa, hemos sido testigos de la aparición de la autodenominada 'nueva política', que se opone a 'los de arriba', con miras a provocar una 'revolución democrática' por la vía de la 'revolución de las sonrisas'. ¿Qué significa para ti la democracia en esta era del populismo despolitizador y de los significantes vacíos?

Está claro que los que nos situamos a la izquierda en Estados Unidos, y no sólo a la izquierda, sino también en algunos círculos conservadores, asistimos totalmente estupefactos a la creciente influencia de Donald Trump, el cual se está aprovechando la atracción que importantes sectores de las comunidades de clase trabajadora blanca sienten por este tipo de retórica política simplista, extremista y de tendencia fascista. Esto también ocurre con la peligrosa atracción hacia personajes y partidos de extrema derecha que está habiendo en Austria, Francia, Polonia y otros lugares de Europa, crisis masiva de los refugiados —la cual pone de manifiesto el impacto que la historia de esclavitud y colonialismo de Europa sigue teniendo—, ha hecho prosperar el populismo de extrema derecha, alrededor del racismo antinegros y antiinmigrantes, y ha reactivado la islamofobia, con espectáculos que traen a la memoria racismos del pasado.

No será posible hacer frente al populismo de extrema derecha y generar un diálogo sobre futuros democráticos –enfoques sustantivos y transformadores que desplacen el foco político de la representación neoliberal del individuo hacia las necesidades y aspiraciones de las comunidades–, si no somos capaces de construir movimientos potentes contra el racismo y la xenofobia en el mundo.

Preguntada por tu posición ante las elecciones presidenciales de EE.UU., recientemente has destacado la necesidad de un partido nuevo. ¿Por qué motivo? ¿Qué tipo de partido tienes en mente? Como ex candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista de EE UU, ¿qué similitudes y qué diferencias con el PC debería tener este partido nuevo? En cuanto a su programa, ¿consideras que sigue vigente el Programa de 10 puntos del Partido de las Panteras Negras? ¿Y cuál sería la base electoral de este nuevo partido?

La política electoral norteamericana lleva muchos años siendo rehén del sistema bipartidista. Tanto el Partido Demócrata como el Republicano están absolutamente encadenados al capitalismo. Necesitamos una estructura política alternativa que no capitule ante las estructuras empresariales, sino que represente, en primer lugar, las necesidades de los trabajadores, de la gente pobre y de las personas de color. Esto es evidente desde hace muchos ciclos electorales, y cuando hace muchos años participé de manera directa en la política electoral, como candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista, fue precisamente para visibilizar esta necesidad de declarar la independencia respecto al sistema bipartidista.

Dada la respuesta que ha obtenido Bernie Sanders, ha quedado claro que hay un número considerable de personas que quieren una alternativa al capitalismo. Cada vez más gente está reflexionando seriamente sobre la necesidad de un partido que represente la clase trabajadora, los movimientos antirracistas, las cuestiones feministas y LGBTQ, las reivindicaciones contra la guerra y la justicia medioambiental.

En cuanto al Partido de las Panteras Negras, está claro que el Programa de 10 puntos está profundamente arraigado en las condiciones históricas de mediados del siglo pasado, pero, al mismo tiempo, todos y cada uno de sus puntos tienen un profundo vínculo con luchas radicales contemporáneas.

Continuando con las Panteras Negras, fueron pioneras en su política de womanism, que puso la lucha por los derechos de las mujeres al mismo nivel que la lucha de clases y racial, apoyó el derecho al aborto, organizó cuidados de niñas y niños durante sus reuniones, fomentó el modelo tradicional africano de familia extensa en contraposición a la familia nuclear burguesa, el diario del partido estuvo dirigido por mujeres, y hasta un 70% de su militancia era femenina. ¿Cómo se logró todo ello, más allá de que los hombres estaban siendo asesinados o encarcelados? ¿Qué lecciones pueden sacar los movimientos de liberación, y especialmente las feministas de estos movimientos, de la experiencia del Partido de las Panteras Negras?

En realidad, no debería sorprendernos excesivamente saber que la mayoría de militantes de las Panteras Negras eran mujeres, de la misma manera que no deberíamos sorprendernos por el papel fundamental que las mujeres jugaron dentro del Movimiento por la Libertad del Sur. Lo que sí resulta sorprendente es que medio siglo más tarde sigamos cautivos de visiones históricamente obsoletas sobre el liderazgo carismático masculino.

Históricamente, los paradigmas asociados al liderazgo de las mujeres –desde Ella Baker hasta Ericka Huggins– han tendido a enfatizar el liderazgo colectivo por encima del individualista. Los jóvenes de los actuales movimientos radicales están priorizando el liderazgo de las mujeres, el liderazgo queer y el liderazgo de las colectividades.

Como fuiste alumna de Marcuse, me gustaría hacerte una pregunta que él ya planteó en su Un ensayo sobre la liberación: "¿Cómo puede [el individuo] satisfacer sus necesidades sin [ ...] reproducir, a través de sus aspiraciones y satisfacciones, su dependencia de un aparato explotador que, al satisfacer sus necesidades, perpetúa su servidumbre?". En otras palabras, ¿cómo podemos liberarnos de la mercantilización de nuestros sentimientos?

A estas alturas, no estoy segura de si es posible eludir completamente las consecuencias del deseo mercantilizado, ya que es esa la naturaleza del deseo contemporáneo; el capitalismo ha invadido hasta tal punto nuestras vidas interiores que nos resulta extremadamente difícil separar capitalismo y deseo. Sin embargo, creo que sigo la tradición filosófica de Marcuse cuando afirmo que deberíamos tratar de desarrollar una conciencia crítica sobre las maneras en que, en parte, estamos implicados en la propia reproducción del capitalismo, a través de la mercantilización de nuestros sentimientos. Es a través de este tipo de reflexiones negativas que podemos empezar a vislumbrar posibilidades de liberación.

Durante tu visita al País Vasco estuvimos hablando sobre la importancia del arte y la literatura como esferas donde expandir los límites de lo inteligible, desmontar los paradigmas del sentido común hegemónico, confrontar la camisa de fuerza de la verosimilitud, derribar el monopolio de la realidad y traducir, dar forma y ensayar nuestras nociones políticas. ¿Cómo se concreta todo esto?

Especialmente ahora que la posibilidad de liberación parece ser descartada por las mismas luchas políticas que pretenden mostrarnos vías hacia futuros mejores, podemos aprovechar lo que Marcuse llama 'dimensión estética' y Robin Kelley, 'sueños de libertad' o 'imaginación radical'. Lo que el reino del capitalismo ha sofocado completamente es nuestra capacidad colectiva de imaginar una vida que no esté repleta de mercancías. Es por esta razón que necesitamos el arte, la literatura, la música y otras prácticas culturales, para educar nuestra imaginación de manera que consiga liberarse de las restricciones impuestas por la privatización.

Durante aquella visita, te organizaron un concierto de homenaje en Bilbao, donde hiciste mención de una canción preciosa de Nina Simone titulada 'I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free' [Ojalá supiera qué se siente al ser libre ], y que dice así: "I wish I could break all the chains holdin' me, I wish I could say all the things that I should say, say 'em loud, say 'em clear for the whole 'round world to hear" [Ojalá pudiera romper todas las cadenas que me retienen, ojalá pudiera decir todo lo que debería decir, decirlo todo bien alto, decirlo para todo el mundo lo oiga] .¿Qué significa ser libre para ti, y cuáles son las cadenas que tenemos que romper?

Recordé esa canción de Nina Simone no tanto porque quisiera dar a entender que medio siglo o más después yo tenga una respuesta definitiva a la cuestión subyacente a su anhelo de saber qué es sentirse libre, sino más bien porque seguimos rigiéndonos por este deseo de poner nombre y experimentar la libertad. En los EE.UU., este objetivo nos resulta mucho más complicado hoy en día que a mediados del siglo XX. De hecho, parece que, cuanto más nos acercamos a lo que originariamente habíamos imaginado como 'libertad', más nos damos cuenta de que se trata de algo mucho más complicado, de algo con un alcance mucho mayor...

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/libertades/31326-raza-genero-y-clase-son-elementos-entrelazados.html

lunes, septiembre 29, 2014

Entrevista a Angela Davis: Lucha progresista contra el pernicioso individualismo capitalista

Frank Barat


Jadaliyya.com En esta entrevista, Angela Davis, activista, profesora, escritora e icono del movimiento Black Power, habla de los vínculos existentes entre las luchas globales. Retomando los temas del feminismo negro, de la importancia de lo colectivo, de Palestina, del complejo industrial de prisiones, la Profesora Davis expone el papel que los pueblos pueden y deben jugar.

-Frank Barat (FB): A menudo hablas del poder de lo colectivo y haces hincapié en la importancia de los movimientos populares. ¿Cómo podemos conseguir ese poder en una sociedad que fomenta el egoísmo y el individualismo?

-Angela Davis (AD): Desde el ascenso del capitalismo global y las ideologías relacionadas con el neoliberalismo, es cada vez más importante identificar los peligros del individualismo. Las luchas progresistas –centradas sólo en el racismo, la represión, la pobreza u otras cuestiones- están destinadas al fracaso si al mismo tiempo no intentan desarrollar la conciencia acerca de la insidiosa promoción del individualismo capitalista. Aunque Nelson Mandela insistía siempre en que sus logros eran logros colectivos conseguidos por hombres y mujeres, sus camaradas, los medios trataron de santificarle como individuo heroico. Un proceso parecido se llevó a cabo para disociar al Dr. Martin Luther King, Jr, del inmenso número de mujeres y hombres que constituyeron el corazón mismo del movimiento estadounidense por la libertad de mediados del siglo XX. Es esencial resistirse a describir la historia como la obra de individuos heroicos para que la gente reconozca hoy su potencial como parte de una comunidad de lucha cada vez más amplia.

-FB: ¿Qué queda hoy del movimiento del Black Power?

-AD: Pienso en el movimiento del Black Power –o a lo que nos referíamos en su momento como movimiento de liberación de los negros- como un momento especial en el desarrollo de la búsqueda de la libertad de los negros. Fue, en muchos sentidos, una respuesta a lo que se percibía como límites del movimiento por los derechos civiles: no sólo necesitábamos proclamar derechos legales dentro de la sociedad existente, sino también exigir derechos sustantivos –puestos de trabajo, vivienda, atención sanitaria, educación, etc.- y desafiar la estructura misma de la sociedad. Esas demandas –también contra los encarcelamientos racistas, la violencia de la policía y la explotación capitalista- se sumaron al programa de diez puntos del Partido de las Panteras Negras (PPN).

Aunque las personas negras han entrado en las jerarquías económicas, sociales y políticas (el ejemplo más espectacular fue la elección de Barack Obama en 2008), hay un abrumador número de ellas sometidas al racismo económico, educativo y carcelario a un nivel mucho mayor que durante la era anterior a los derechos civiles. En muchos aspectos, las demandas del programa de diez puntos del PPN son ahora tan importantes –o quizá incluso más importantes- como durante la década de los sesenta, que fue cuando se formularon por vez primera.

-FB: La elección de Barack Obama fue celebrada por muchos como una victoria contra el racismo. ¿Crees que fue una falacia? ¿Piensas que realmente ha estado paralizando durante mucho tiempo a la izquierda, así como a los afroamericanos implicados en la lucha por un mundo más justo?

-AD: Muchos de los supuestos respecto a la importancia de la elección de Obama están totalmente equivocados, especialmente los que describen que un hombre negro en la presidencia de EEUU simboliza la desaparición de la última barrera del racismo. Pero creo que la elección en sí fue importante, sobre todo porque la mayor parte de la gente –incluyendo la mayoría de la gente negra- no creía al principio que fuera posible elegir a una persona negra para la presidencia. Efectivamente, los jóvenes crearon un movimiento –aunque debería calificarse diciendo que era un cibermovimiento- que consiguió lo que parecía ser imposible.

El problema es que la gente que se asociaba a sí misma con ese movimiento no prosiguió ejerciendo ese poder colectivo como presión, lo que hubiera podido obligar a Obama a moverse en direcciones más progresistas (por ejemplo, contra un incremento militar en Afganistán, por un rápido desmantelamiento de Guantánamo, por un plan más completo de atención sanitaria). Creo que es importante destacar, incluso cuando nos mostramos críticos con Obama, que no habríamos estado mejor con Romney en la Casa Blanca. De lo que hemos carecido en estos últimos cinco años no es del presidente adecuado, sino más bien de movimientos de masas bien organizados.

-FB: ¿Cómo definirías el “feminismo negro”? ¿Y qué papel podría jugar en las sociedades actuales?

-AD: El feminismo negro surgió como un esfuerzo teórico y práctico para demostrar que la raza, el género y la clase son inseparables en los mundos sociales que habitamos. En el momento de su aparición, a las mujeres negras se les pedía con frecuencia que eligieran qué era lo más importante para ellas, el movimiento negro o el movimiento de las mujeres. La respuesta era que esa era una pregunta equivocada. La pregunta más apropiada era cómo entender las intersecciones e interconexiones entre los dos movimientos. Todavía estamos enfrentándonos al desafío de entender las complejas vías por las que se entrelazan la raza, la clase, el género, la sexualidad, la nación y las capacidades, pero también al reto de cómo avanzar más allá de estas categorías para entender las interrelaciones de ideas y los procesos que parecen estar separados y sin vínculos entre ellos. Insistir en las conexiones entre las luchas y el racismo en EEUU y las luchas contra la represión israelí de los palestinos es, en ese sentido, un proceso feminista.

-FB: ¿Piensas que ha llegado ya el momento de que la gente se desenganche de los principales partidos políticos y de ese concepto que nuestros “dirigentes” denominan democracia representativa? El hecho de involucrarnos en un sistema tan corrupto y podrido, gobernado sólo por el dinero y la avaricia, le da legitimidad, ¿no es verdad? ¿Cómo detener esta charada, dejar de votar y empezar a crear algo nuevo y orgánico de arriba abajo?

-AD: Ciertamente, no creo que los partidos políticos existentes puedan constituir nuestros ámbitos fundamentales de lucha, pero el ámbito electoral puede utilizarse como terreno sobre el que organizarse. En EEUU, hemos necesitado durante mucho tiempo de un partido político independiente, un partido de los trabajadores antirracista y feminista. Creo también que tienes toda la razón al identificar el activismo de base como el ingrediente más importante para la construcción de movimientos radicales.

-FB: El mundo árabe ha pasado por cambios tremendos en los últimos años, con revoluciones en curso en muchos países. ¿Qué importancia tiene que en Occidente la gente comprenda la complicidad de nuestros propios gobiernos en el mantenimiento de las dictaduras árabes?

-AD: Creo que es completamente pertinente que los pueblos del mundo árabe exijan que nosotros, en Occidente, impidamos que nuestros gobiernos apoyen a regímenes dictatoriales, y especialmente a Israel. La llamada “guerra contra el terror” ha hecho un daño inestimable al mundo, incluyendo la intensificación del racismo antimusulmán en EEUU, Europa y Australia. Como progresistas del Norte global, no hemos reconocido realmente nuestras importantes responsabilidades en la prosecución de los ataques ideológicos y militares contra los pueblos del mundo árabe.

-FB: Hace poco diste en Londres una charla sobre Palestina, el G4S (Grupo 4 de Seguridad), que es el grupo de seguridad privada mayor del mundo, y el complejo industrial de prisiones. ¿Puedes explicarnos como están vinculados?

-AD: Con el pretexto de la seguridad y el Estado de seguridad, el G4S se ha introducido en las vidas de la gente por todo el mundo, especialmente en Gran Bretaña, EEUU y Palestina. Esta compañía es la tercera corporación más grande del mundo después de Walmart y Foxcomm, y es el mayor empleador privado en el continente de África. Han aprendido a aprovechar el racismo, las prácticas antiinmigratorias y las tecnologías de castigo en Israel y en todo el mundo. El G4S es directamente responsable de las experiencias de reclusión política de los palestinos, así como de todo lo relativo al muro del apartheid levantado allí, del encarcelamiento en Sudáfrica, de las escuelas-prisión en EEUU y del muro a lo largo de la frontera entre México y EEUU. Sorprendentemente, durante la reunión de Londres nos enteramos que el personal del G4S es responsable de ataques sexuales contra las mujeres en determinados centros de detención en Gran Bretaña.

-FB: ¿Cómo es de rentable el complejo industrial de prisiones? Has dicho a menudo que es el equivalente a la “esclavitud moderna”.

-AD: El complejo industrial global de prisiones está continuamente expandiéndose, como se puede ver en el ejemplo del G4S. Por tanto, una puede asumir que su rentabilidad está en alza. Ha llegado a abarcar no sólo prisiones públicas y privadas (y las prisiones públicas están más privatizadas de lo que uno podría pensar y cada vez más sujetas a las demandas del beneficio) pero también las instalaciones para jóvenes, las prisiones militares y los centros de interrogatorio. Además, el sector más lucrativo del negocio de las prisiones privadas es el de los centros de detención de inmigrantes. Puede por tanto entenderse por qué la legislación antiinmigrante más represiva en los EEUU fue redactada por las compañías de las prisiones privadas en un intento manifiesto de maximizar sus beneficios.

-FB: Una sociedad libre de cárceles-prisiones ¿es, en tu opinión, posible o es una utopía? ¿Cómo podría funcionar?

-AD: Pienso que una sociedad sin prisiones es una posibilidad realista en el futuro, pero en una sociedad transformada, una sociedad en la que las necesidades de la gente, y no el lucro, constituya la fuerza motriz. Al mismo tiempo, la abolición de las prisiones parece una idea utópica precisamente porque la prisión y las ideologías que la refuerzan están muy profundamente enraizadas en nuestro mundo contemporáneo. Hay cifras enormes de gente tras las rejas en EEUU –alrededor de dos millones y medio- y cada vez se utiliza más el encarcelamiento como estrategia de desviación de los problemas sociales subyacentes: racismo, pobreza, desempleo, falta de educación, etc. Estas cuestiones no se abordan nunca de forma seria. Sólo es una cuestión de tiempo que la gente empiece a darse cuenta de que la prisión es una solución falsa. La defensa del abolicionismo puede y debería producirse en relación con las demandas de una educación de calidad, de estrategias laborales antirracistas, de atención sanitaria gratuita y todo ello dentro de otros movimientos progresistas. Puede ayudar a promover una crítica anticapitalista y movimientos por el socialismo.

-FB: ¿Qué es lo que el boom del complejo industrial de prisiones está indicando sobre nuestra sociedad?

-AD: Las elevadas cifras de gente tras las rejas por todo el mundo y la creciente rentabilidad de los medios para mantenerlos cautivos son uno de los ejemplos más impresionantes del capitalismo global. Pero los obscenos beneficios que se obtienen del encarcelamiento masivo están vinculados a los beneficios de la industria sanitaria y de la educación y otros servicios humanos comercializados que deberían realmente estar a libre disposición de todos.

-FB: Hay una escena en “The Black Power mixtape”, un documental sobre el movimiento de las Panteras Negras/Poder Negro que apareció hace un par de años, donde el periodista te pregunta si apruebas la violencia. Tu respuesta fue: “¡Qué pregunta, ¿que si apruebo la violencia?! No tiene sentido”. ¿Podrías elaborarla?

-AD: Intentaba señalar que las preguntas acerca de la validez de la violencia deberían dirigirse a esas instituciones que mantienen y continúan manteniendo el monopolio de la violencia: la policía, las prisiones, el ejército. Expliqué que crecí en el sur de EEUU en un momento en el que los gobiernos permitían que el Ku Klux Klan perpetrara ataques terroristas contra las comunidades negras. En aquella época me metieron en la cárcel, tras acusarme falsamente de asesinato, secuestro y conspiración y me convirtieron en un objetivo de la violencia institucional, y van y me preguntan si estoy de acuerdo con la violencia. Fue grotesco. También estaba tratando de señalar que la defensa de la transformación revolucionaria no se basa fundamentalmente en la violencia, sino que tiene que ver con cuestiones sustantivas como mejores condiciones de vida para la gente pobre y la gente de color.

-FB: Mucha gente piensa actualmente que formaste parte de las Panteras Negras, y algunos incluso piensan que fuiste uno de los miembros fundadores. ¿Puedes explicar cuál fue tu papel exactamente, tus afiliaciones en aquel momento?

-AD: No fui miembro fundador del Partido de las Panteras Negras. En 1966, el año en el que se fundó el PPN, me encontraba estudiando en Europa. Después, en 1968, me uní al Partido Comunista y también me convertí en miembro del PPN y trabajé con una rama de la organización en Los Ángeles, donde me encargaba de la educación política. Sin embargo, en un determinado momento, el liderazgo decidió que los miembros del PPN no podían afiliarse a otros partidos, por lo que decidí conservar mi afiliación con el Partido Comunista. Sin embargo, seguí apoyando y trabajando con el PPN. Cuando me metieron en la cárcel, el PPN fue la principal fuerza que defendió mi libertad.

-FB: Volviendo a tu respuesta sobre la violencia, cuando escuché lo que decías en el documental, pensé en Palestina. La comunidad internacional y los medios occidentales están pidiendo siempre, como condición previa, que los palestinos renuncien a la violencia. ¿Cómo puedes explicar la popularidad de esta narrativa de que los oprimidos tengan que garantizar la seguridad de los opresores?

-AD: El hecho de poner la cuestión de la violencia en primer plano sirve casi inevitablemente para tapar los problemas que están en el centro de las luchas por la justicia. Así sucedió en Sudáfrica durante la lucha contra el Apartheid. Fíjate que a Nelson Mandela –al que han santificado como el defensor más importante de la paz de nuestro tiempo- le mantuvieron en la lista estadounidense de terroristas hasta 2008. Los aspectos más importantes de la lucha palestina por la libertad y autodeterminación se minimizan y se vuelven invisibles ante quienes intentan equiparar la resistencia palestina ante el apartheid israelí con el terrorismo.

-FB: ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en Palestina? ¿Qué impresión dejó en ti esa visita?

-AD: Viajé a Palestina en junio de 2011 con una delegación de activistas/académicas feministas indígenas y de color. La delegación incluía mujeres que habían crecido bajo el Apartheid sudafricano, bajo las leyes Jim Crow del Sur y en las reservas indias. Aunque todas habíamos estado anteriormente implicadas en el activismo solidario palestino, todas nosotras nos quedamos terriblemente impactados por lo que vimos y decidimos animar a nuestros distritos a que se unieran al Movimiento del BDS (siglas en inglés de Boicot, Desinversión y Sanciones) y ayudar a intensificar la campaña por la libertad de Palestina. Más recientemente, alguna de nosotras nos implicamos en conseguir que se aprobara una resolución que instaba a participar en el Boicot Académico y Cultural de la American Studies Association. Las componentes de la delegación se involucraron en la aprobación de una resolución de la Modern Language Association censurando a Israel por rechazar la entrada de académicos estadounidenses en Cisjordania que iban a enseñar e investigar en las universidades palestinas.

-FB: Hay varios medios de resistencia de los que pueden disponer los pueblos oprimidos por regímenes racistas o coloniales o por ocupaciones extranjeras (i.e., Protocolo Adicional I del Convenio de Ginebra), incluyendo el uso de de la fuerza armada. En la actualidad, el movimiento de solidaridad palestino se ha comprometido con la vía de la resistencia no violenta. ¿Piensas que con sólo esto se pondrá fin al apartheid israelí?

-AD: Desde luego, los movimientos de solidaridad son por su propia naturaleza no violentos. En Sudáfrica, incluso cuando se estaba organizando un movimiento de solidaridad internacional, el CNA (Congreso Nacional Africano) y el PCSA (el Partido Comunista de Sudáfrica) llegaron a la conclusión de que su movimiento necesitaba de un ala armada: Umkonto We Siswe. Tenían todo el derecho a tomar esa decisión. Del mismo modo, le corresponde al pueblo palestino utilizar los métodos que estime más convenientes para tener éxito en su lucha. Al mismo tiempo, está claro que si Israel está aislado política y económicamente, como la campaña del BDS intenta, no podrá seguir adelante con sus prácticas de apartheid. Si, por ejemplo, nosotros, en EEUU, obligamos a la administración Obama a interrumpir sus ocho millones de dólares al día de apoyo a Israel, se iniciaría un largo camino de presiones a Israel para que pusiera fin a la ocupación.

-FB: Formas parte de un comité para la liberación del preso político palestino Marwan Barghouti y de todos los presos políticos. ¿Qué importancia tiene, para que prevalezca la justicia, que todos ellos sean liberados?

-AD: Es fundamental que se libere a Marwan Barghouti y a todos los prisioneros políticos que se hallan en las cárceles israelíes. Barghouti lleva dos décadas tras las rejas. Su terrible situación refleja el hecho de que la mayor parte de las familias palestinas han tenido o tienen al menos a un miembro encarcelado por las autoridades israelíes. Actualmente hay alrededor de 5.000 presos palestinos y sabemos que desde 1967, Israel ha enviado a prisión a 800.000 palestinos (el 40% de la población masculina). La demanda de liberar a todos los presos políticos palestinos es un ingrediente fundamental de la exigencia de acabar con la ocupación.

-FB: Durante una charla en la Universidad Birbeck de Londres, dijiste que la cuestión palestina tiene que convertirse en una cuestión global, una cuestión social que debería llevar en su programa o agenda todo movimiento que luche por la justicia. ¿Qué quisiste decir con esto?

-AD: Que al igual que la lucha contra el apartheid sudafricano fue una causa abrazada por los pueblos de todo el mundo e incorporada a muchas agendas de justicia social, las organizaciones y movimientos involucrados en causas progresistas por todo el planeta deben involucrarse de igual modo en la solidaridad con Palestina. Se ha tendido a considerar a Palestina como una cuestión aparte –y, lamentablemente, demasiado a menudo, marginal-. Este es precisamente el momento de animar a todos los que creen en la igualdad y en la justicia para que se unan al llamamiento por una Palestina libre.


-FB: La lucha es interminable, ¿verdad?


-AD: Yo diría que nuestras luchas maduran, producen nuevas ideas, nuevos planteamientos y nuevos terrenos con los que comprometernos en la búsqueda de la libertad. Como Nelson Mandela, debemos estar dispuestos a abrazar el largo camino hacia la libertad.


Frank Barat es un activista por los derechos humanos, vive en Londres. Es asimismo coordinador del Tribunal Russell sobre Palestina. Ha editado dos libros: “ Gaza in Crisis: Reflections on Israel’s War Against the Palestinians”, con Noam Chomsky e Ilan Pappe, y “ Corporate Complicity in Israel's Occupation” , con Asa Winstanley. Ha participado también en el libro “ Is There a Court for Gaza?” , con Daniel Machover .

miércoles, mayo 21, 2014

Angela Davis: qué significa ser radical en el siglo XXI

Patt Morrison

La Haine Angela Davis (1944), legendaria activista afroamericana de los años 60 vinculada al movimiento de derechos civiles, los Panteras Negras y el Partido Comunista norteamericano, por el que fue candidata a la vicepresidencia en los años 80, fue discípula de Herbert Marcuse. Su trabajo teórico se ha centrado, entre otros temas, en el análisis de lo que denomina el “complejo penitenciario industrial” en los Estados Unidos.

45 años después de que sus primeros bolos académicos atrajesen la ira del gobernador [de California] Ronald Reagan, Angela Y. Davis vuelve al campus este semestre como profesora del departamento de estudios de género de la Universidad de California en Los Ángeles. Su discurso del jueves pasado en el Royce Hall sobre feminismo y supresión de las cárceles resume parte de su trabajo, pero no todo, una larga carrera académica con su activismo radical en paralelo. El presidente Nixon la llamó "peligrosa terrorista" cuando fue acusada de asesinato y conspiración tras un tiroteo mortal en un juzgado en 1970. Fue absuelta y, desde entonces, esta mujer nacida en el campo de minas de la segregación racial de Birmingham, en el estado de Alabama, ha escrito, enseñado y dado clase por todo el mundo. Su emblemático pelo “afro” se ha transformado desde su silueta de 1970; su intensidad, no.

El Congreso está trabajando en la reforma de de las penas de cárcel. Muchos estados han prohibido la pena capital. ¿No resulta esto alentador?

Me he vinculado al movimiento de supresión de las prisiones; eso no significa que me niegue a respaldar reformas. Hay una campaña muy importante contra las celdas de aislamiento, una reforma que es absolutamente necesaria. La diferencia reside en si las reformas contribuyen a hacer la vida más habitable para la gente que está en la cárcel o si apuntalan el complejo penitenciario-industrial. De modo que no es una situación de blanco o negro.

¿Qué sería un sistema penal justo para usted?

Es complicado. La mayoría de quienes estamos en el movimiento abolicionista del siglo XXI nos fijamos en la crítica que hizo W.E.B. Du Bois respecto a la supresión de la esclavitud: que no se trataba simplemente de arrojar las cadenas. La verdadera meta consistía en volver a crear una sociedad democrática que permitiera la incorporación de los antiguos esclavos. La supresión de las cárceles tendría que ver con la construcción de una nueva democracia: derechos substanciales, a la subsistencia económica, a la salud; un énfasis mayor en la educación que en el encarcelamiento; crear nuevas instituciones que tenderían a hacer obsoletas las cárceles.

¿Cree que llegará un día en que las cárceles ya no sean necesarias?

Es posible, pero aunque no suceda esto, podemos pasar a un tipo muy diferente de justicia que no requiera un impulso retributivo cuando alguien hace algo terrible.

¿Ha visto la tragicomedia 'Orange Is the New Black' [serie televisiva], de tema carcelario?

No sólo he visto la serie sino que he leído las memorias [de Piper Kerman], que es un análisis mucho más profundo que el que se ve en la serie, pero como persona que ha analizado el papel de las cárceles de mujeres en la cultura visual, sobre todo en el cine, creo que [la serie] no está mal. Hay tantos aspectos que con frecuencia no aparecen en las representaciones de la gente en estas circunstancias opresivas. Por ejemplo, en Doce años de esclavitud, uno de las cosas que eché de menos era cierto sentido de alegría, cierto sentido de placer, cierto sentido de humanidad.

Este semestre vuelve usted a la UCLA [Universidad de California en Los Ángeles], el campus del que el gobernador Ronald Reagan hizo que le expulsaran.

Era una oferta que no podía rechazar. Los estudiantes son muy diferentes de los estudiantes de 1969, 1970. Son mucho más sofisticados en el sentido de que tienen preguntas más complicadas.

Cuando considera hoy el feminismo, ¿cree que las mujeres han retrocedido, salvo, si acaso, cuando se trata de la sala de juntas?

Se puede hablar de multiples feminismos; no se trata de un fenómeno unitario. Hay quienes asumen que el feminismo significa ascender dentro de la jerarquía en puestos de poder, y eso está bien, pero no es lo que mejor sabe hacer el feminismo. Si las mujeres que están en la base se mueven hacia arriba, el conjunto de la estructura se mueve hacia arriba.

La clase de feminismo con el que me identifico es un método de investigación, pero también de activismo.

Stokely Carmichael solía bromear diciendo que la posición de las mujeres en el Student Nonviolent Coordinating Committee del movimiento de derechos civiles era "boca abajo". ¿Son las mujeres participantes plenas de la política de hoy?

Tal vez no del todo, pero hemos hecho muchos progresos. Respecto a cómo pensamos sobre los movimientos del pasado, animo a la gente a mirar más allá de las heroicas figuras masculinas. Si bien Martin Luther King es alguien a quien reverencio, no me gusta dejar que lo que representa borre las aportaciones de la gente corriente. El boicot de los autobuses de Montgomery en 1955 tuvo éxito porque hubo mujeres negras, trabajadoras domésticas, que se negaron a tomar el autobús. ¿Dónde estaríamos hoy si no hubieran actuado así?

¿Apoya usted el libre control de la natalidad y el aborto, que se denuncia entre ciertos sectores como genocidio?

A veces en lo que podrían parecer afirmaciones estrafalarias, descubrimos que puede haber un grano de verdad. Aunque nunca sostendría que el control de la natalidad o el derecho al aborto constituyen genocidio, he de tomar en consideración de qué modo se ha impuesto la esterilización a la gente pobre, sobre todo a la gente de color, y que alguien como Margaret Sanger [precursora de la planificación familiar en los años 20] sostenía que [el control de natalidad] era un privilegio para las mujeres acomodadas, pero un deber en el caso de las mujeres más pobres.

¿Qué piensa del primer presidente negro del país?

Hay momentos de enormes posibilidades, y su elección fue uno de esos momentos. En todo el mundo la gente tenía la impresión de que nos movíamos hacia un mundo nuevo. Por breve que fuera esa sensación de euforia, se trata de algo que no olvidaremos. Eso nos permite comprender qué posibilidades podría reservarnos el futuro. [Pero] mucha gente ha tendido a depositar tantas aspiraciones en individuos singulares que no han conseguido — no hemos conseguido — realizar esa labor de sacarle más partido a ese momento. La gente fue a las urnas y dijo "Ya hemos hecho nuestro parte" y le dejó el resto a Obama.

¿Es la democracia un buen chasis sobre el que erigir un sistema politico?

Creo profundamente en las posibilidades de la democracia, pero la democracia necesita emanciparse del capitalismo. Mientras vivamos en una democracia capitalista, se nos seguirá escapando un futuro de igualdad racial, de igualdad de género, de igualdad económica.

En 1980 y 1984 se presentó como candidata del Partido Comunista a la vicepresidencia; ¿significaba eso que tenía fe en el proceso democrático?

Se trataba de sugerir que hay alternativas. Nadie creía que fuera posible ganar, pero en los años 80 se produjo el ascenso de la globalización del capital, del complejo penitenciario-industrial, y era importante proporcionar algunos análisis politicos alternativos.

¿Qué piensa ahora del comunismo?

Todavía mantengo un vínculo, [pero] ya no soy militante. Abandoné el partido porque tenía la impresión de que no estaba abierto al tipo de democratización que nos hacía falta. Creo que el capitalismo sigue siendo el género de futuro más peligroso que podamos imaginar.

¿Por qué falló el comunismo en lo que falló?

Eso exigiría una larga conversación. Puede que haya habido democracia económica, que es lo que nos falta en Occidente, pero sin democracia política y social, lo cierto es que no funciona. No creo que tengamos que tirar el bebé con el agua del niño, sería important ver qué es lo que verdaderamente funcionaba y lo que no.

¿Como que no hubiera libertad de expresión?

Sí.

En 2016 se cumplirá el 50 aniversario del partido de las Panteras Negras; fue usted miembro del mismo durante algún tiempo.

El movimiento de derechos civiles tendía a centrarse en la integración, pero había quienes decían: "No queremos asimilarnos en un barco que se hunde, de modo que cambiemos totalmente el barco". El surgimiento del Partido de las Panteras Negras marcó un momento de ruptura y todavía estamos en ese momento.

El partido tenía dos tipos distintos de activismo: el activismo de base que contribuyó a crear instituciones que todavía hoy funcionan, por ejemplo, el Departamento de Agricultura dispone ahora de programas de desayunos gratuitos. Por otro lado, está la posición de defense propia y de control de la policía.

Si se le echa un vistazo al programa de 10 puntos del partido, cada uno de sus puntos resulta tanto o más pertinente 50 años más tarde. El punto décimo incluye el control comunitario de la tecnología. Eso fue muy profético. Se trata de usar la tecnología en vez de que permitir que nos use a nosotros.

Alguna gente todavía debe ver en usted a la joven que apoyaba la violencia contra la policía, la violencia de los movimientos políticos.

Es importante comprender las diferencias entre esa época y ésta. Nuestra relación con las armas era muy diferente y se centraba en buena medida en la defensa propia. Hoy en día, cuando hay del orden de 300 millones de armas en el país y hemos experimentado estos horrendos tiroteos, no podemos adoptar la misma postura. Estoy completamente a favor del control de armas, de eliminar las armas no sólo de los civiles sino también de la policía.

Se utilizaron pistolas de su propiedad en el secuestro y el tiroteo del Marin County Civic Center en 1970. Fue absuelta de todas las acusaciones. He leído que había comprador las pistolas para su propia defensa.

Sí, y comenté la circunstancia de que mi padre tenía armas cuando yo era pequeña; nuestras familias tenían que protegerse del Ku Klux Klan. [Hoy en día] tenemos leyes contra el odio, hacia las que tengo una actitud ambivalente, porque a veces acaban usándose contra la gente que era inicialmente víctima. La legislación contra linchamientos se dirige más hacia los niños negros y las llamadas pandillas. A veces las herramientas contra el racismo se ponen al servicio de una especie de racismo estructural.

El documental Free Angela and All Political Prisoners destaca mucho su relación con George Jackson, el activista de las cárceles muerto en la prisión de Soledad. ¿Demasiado?

Yo habría puesto el énfasis en otra parte. Si hablas con la directora, Shola Lynch, comprobarás que estaba trabajando dentro de géneros convencionales; ve la película como un drama político, un thriller criminal y una historia de amor. Aun así, la investigación que llevó a cabo fue realmente asombrosa. Entrevistó a uno de los agentes del FBI que me detuvieron y gracias a esa entrevista descubrí cómo me atraparon. Me impresiona cómo ha afectado la película a la gente joven. Puede ayudar a conversaciones entre generaciones de las que aprenda yo algo y aprenda algo la gente más joven.

¿Qué pasó con la forma de escribir radical, personal, de enfrentamiento de la década de los 60 y 70?

Es una pregunta interesante. En muchas cosas dependíamos de nosotros mismos. Esos experimentos son importantes, porque sin movernos a terrenos de los que uno no sabe nada, nunca habrá ningún cambio.

Supongo que hay gente que le dice: "Si no le gusta Norteamérica, ¿por qué se queda?"

He vivido en otros países, pero este es mi hogar, y me siento comprometida con la transformación de este país. Así lo he sentido desde que era niña. Mi madre era una activista que creía en las posibilidades de transformar el mundo. Y eso es algo a lo que todavía no he renunciado.

Los Angeles Times. Traducción para sinpermiso.info: Lucas Antón

lunes, febrero 25, 2013

Angela Davis: El rol de la mujer negra en la lucha por la equidad de género

La Haine Attilio Bernasconi: Doctora, durante su estadía en Colombia se reunió con varias mujeres afrocolombianas. ¿Qué ha aprendido de ellas, y qué pueden aprender ellas de las experiencias de su vida?

Angela Davis: Bueno, hace un año y medio el Instituto de Estudios de la Mujer y de Género de la Universidad Nacional de Bogotá me invitó a visitar Colombia. Amara Vivieras nos invitó a mi colega Gina Dent y a mí a participar en un seminario sobre feminismo Negro – feminismo Negro en los Estados Unidos y feminismo Negro en Colombia. En el curso de la preparación de este viaje, me acordé de un encuentro muy emotivo que tuve anteriormente con Francia Márquez, quien me habló entonces acerca de la lucha de los habitantes de La Toma. Una vez más fuimos invitadas a visitar la comunidad de La Toma y manifestar solidaridad con la lucha que en ese momento era una lucha contra Héctor Sarria en su esfuerzo por desalojar a la gente de la tierra en la que ha vivido durante más de 500 años.

Ese fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida, lo he relacionado con las luchas de los pueblos negros en los EE.UU. y fue absolutamente increíble ver gente que ha vivido en la misma tierra durante cinco siglos y que ha conservado su cultura, tuvimos un encuentro maravilloso con la gente de la comunidad y conocimos gran parte de la música, el baile y los niños, fue algo absolutamente inspirador. Especialmente inspirador fue el papel que tuvieron las mujeres en el liderazgo de esa lucha. Francia Márquez es un líder increíble, una joven que ha ayudado a conducir a su comunidad hacia el camino de la victoria. También vimos mujeres mineras, tuvimos la oportunidad de visitar una de las minas, y las mujeres nos contaron que se dedican a la minería al igual que los hombres, de hecho, algunas de ellas han aprendido a trabajar en la mina desde niñas. Nunca voy a olvidar a la mujer que dijo: "La minería está en mi sangre, he sabido ser minera desde que estaba en el vientre de mi madre", fue algo que nos hizo pensar en el trabajo y la minería de manera diferente. Me quedé totalmente impresionada por la pasión con la que las mujeres expresan su amor por ese trabajo, de regreso en los EE.UU. y cuando hablo con la gente en las ciudades de todo el país, siempre traigo a colación el tema de la lucha del pueblo de La Toma por su tierra y por sus derechos.

AB: Usted ha mencionado el trabajo en la mina y el papel de las mujeres allí. En la comunidad de La Toma, las mujeres trabajan en las minas de oro hombro a hombro con los hombres. Participan igualmente al duro trabajo, compartiendo los mismos esfuerzos y los mismos beneficios. En las últimas décadas, los flujos de capital que llegan a la región, las pequeñas y medianas empresas, así como las grandes corporaciones transnacionales, han hecho irrupción en la región y han comenzado a imponer nuevos modos de producción. Con el uso de las nuevas formas de maquinaria, los hombres siguen siendo empleados, pero las mujeres han empezado a perder su role, y se ven obligadas cada vez más a buscar otros empleos, a menudo en la ciudad, en el servicio doméstico u otras tareas mal pagadas. ¿Cuál es su lectura de este fenómeno? ¿Cómo reaccionan las mujeres ante esto? Teniendo en cuenta la disminución de la necesidad de mano de obra en general, cómo éste fenómeno se ha convertido en una cuestión de género?

AD: Bueno, por supuesto el capitalismo explotará cada ser humano con el fin de producir tanto beneficio como sea posible y lo que se ve en La Toma – quiero decir en primer lugar, que quede muy impresionada por la belleza de la tierra, nos condujeron por un camino destapado, alrededor de la montaña durante una hora y media más o menos, y una vez que llegamos a la cima la vista era increíblemente hermosa. Cuando fuimos a visitar la mina, era difícil imaginar que había una mina allí, ya que el modo de minería que el pueblo, las mujeres y los hombres, aplican es sumamente respetuoso de la tierra, no destruye la tierra, ni destruye la belleza del paisaje. Uno nunca se habría imaginado que había una mina en el interior de esa pequeña abertura, ahora, los nuevos modos de producción capitalistas suscitan la destrucción de la tierra, la destrucción del paisaje y, al mismo tiempo, es un asalto a las mujeres que se han comprometido con el antiguo modo de producción, uno más respetuoso y más sostenible ambientalmente. Por lo tanto, se podría afirmar que la lucha por la igualdad de género es también una lucha por salvar el medio ambiente y creo que es importante que podamos ver cómo estas luchas se cruzan. Si somos capaces de triunfar en la defensa del derecho de la mujer al trabajo y en el mantenimiento del modo de producción de estas mujeres, hombres y niños, también estaríamos salvando la tierra para las generaciones futuras y haciendo respetar la belleza de la tierra.

AB: Por medio de qué estrategias puede uno lograr la igualdad de género, incluso en los nuevos modos de producción? Tomando el ejemplo de La Toma, las máquinas son probablemente la razón por la cual los hombres siguen siendo contratados, aunque el manejo de estas nuevas maquinarias no sea más difícil que el trabajo en la mina. Qué estrategias podrían emplear las mujeres para lograr mantener su trabajo, incluso con la nueva maquinaria?

AD: Bueno, yo creo que se trata de una lucha que requiere de múltiples estrategias. Por un lado, el trabajo de equidad -y ciertamente se sabe que las mujeres son capaces de manejar las máquinas de la misma manera que los hombres. Es muy interesante, podemos volver atrás y encontrar un ejemplo muchas, muchas décadas atrás, durante la Segunda Guerra Mundial, aún antes de la guerra actual, cuando a las mujeres se les prohibió empleos en la manufactura, en especial con automóviles. Tan pronto como estalló la guerra, y los hombres fueron al frente, hubo una gran campaña para convencer a las mujeres de construir aviones, ¿verdad? [Risas] me refiero a la manera en que los capitalistas manipulan las ideologías con el fin de producir más beneficios. Pero creo que en el siglo 21 tenemos que tener en cuenta que el feminismo nos ha animado a pensar las cosas de otra manera y desarrollar un análisis intersectorial. No hay que centrarse simplemente en un problema, no sólo centrarse en el derecho de las mujeres a trabajar con la ayuda de estas máquinas enormes, sino también denunciar lo que las máquinas le están haciendo a la tierra, desafiar la minería a cielo abierto, y señalar que el progreso no siempre reside en modos de producción más avanzados tecnológicamente. Sobre todo cuando se utilizan con el propósito de generar más ganancias para el capitalista, dejan a la gente de esa comunidad aún más en la miseria, y además ponen a las mujeres en una situación en la que se ven obligadas a trabajar en el servicio doméstico. Una de las cosas que realmente nos impresionó cuando estuvimos en esa zona fue que vimos la pobreza en Cali, fuimos a visitar el, um, no puedo recordar el nombre de la comunidad...

AB: Agua Blanca

AD: ¡Sí! Agua Blanca, fuimos a visitar Agua Blanca y pudimos ver la pobreza extrema, era claro que se trataba de personas que fueron expulsadas de sus tierras, personas que habrían sido capaces de mantenerse a sí mismas de no haber sido expulsadas ??de sus tierras por los grandes agro-negocios capitalistas. Y vimos, por supuesto, lo que la gente conoce como el desierto verde, las millas y millas de caña de azúcar cultivada para que la gente en Occidente se sienta como si estuviera haciendo un buen trabajo, mediante el uso de biocombustibles y, por supuesto, esto obstruye la capacidad de mantenerse de la gente. Lo sorprendente de La Toma es que existe una especie de integridad y a pesar de la pobreza la gente siente una conexión con su comunidad, con su tierra, con su historia y su cultura, así como con sus formas de subsistencia.

Capitalismo, neoliberalismo y racismo ambiental

AB:
Sí, esto es cierto sin duda, en especial la dignidad que las personas sienten hacia su comunidad. Continuando en esta dirección, a través del capitalismo de mercado, territorios no- capitalistas se ven obligados no sólo a abrirse al comercio (que podría ser útil), sino también a permitir que el capital se invierta en empresas rentables que utilizan fuerza de trabajo barata, materias primas, etc. Según lo que ha visto y oído en La Toma, ¿cómo estas dinámicas afectan a la gente, su cultura y su identidad?

AD: Bueno, yo creo que es un terrible asalto a la cultura y al derecho de las personas a mantenerse en formas que no dependan de las ganancias. Y por supuesto, cuando uno mira la historia de los EE.UU., existe la suposición de que los mercados capitalistas se han librado de la pobreza y sin embargo si nos fijamos en las comunidades nativas americanas, las comunidades indígenas están experimentando algunos de los mismos problemas que las comunidades afrodescendientes y comunidades indígenas en Colombia. Sobre todo en torno a temas de minería, la manera en que los pueblos indígenas han cuestionado la minería del uranio, por ejemplo, es comparable a las formas en que las personas, los pueblos indígenas en Colombia y los afrodescendientes en Colombia han luchado por sus derechos hacia los minerales que se encuentran bajo el suelo. Y por supuesto, el capitalismo encuentra modos de engañar a la gente y es capaz de decir: "Bueno, puede que usted sea propietario del terreno, pero usted no es dueño de lo que está debajo de la tierra" y eso es absolutamente ridículo. Y creo que es importante que la gente en los EE.UU. entienda esto, especialmente dada la aparición de Occupy y la lucha contra Wall Street y los organismos financieros. Es importante que la gente aquí reconozca que la desterritorialización está sumamente conectada con el gigante mundial del capitalismo y la privatización, que en el fondo está también vinculado al hecho de que la gente aquí en los EE.UU. haya perdido sus casas y haya perdido sus empleos. Por lo tanto creo que es muy importante para nosotros lograr hacer las conexiones entre estas luchas que son de naturaleza global.

AB: Absolutamente, yo no sé si usted lo notó, pero sobre todo en la región de La Toma, la gente realmente ha mantenido su cultura. Esta proviene directamente de la esclavitud, y en La Toma las personas tienen todavía los nombres que reciben a través de la esclavitud como Lucumí, Carabalí,... y los nombres provenientes de las regiones de Angola y regiones de África occidental. Mediante qué estrategias las personas podrían mantener esta cultura viva?

AD: En primer lugar, creo que la gente en La Toma tiene una gran determinación, no dejará su cultura sin una lucha muy, muy importante. Y en segundo lugar, creo que es importante que la gente de otros lugares, no sólo de toda sur América, sino de todo el hemisferio y de todo el mundo se una con el pueblo de la Toma. Sé que he hablado en muchas ocasiones del impacto que causa descubrir un pueblo que ha logrado conservar su sentido de identidad y su cultura durante muchos, muchos siglos. Eso es comparable con lo que le pasó a la gente en los EE.UU. en la década de 1970 y la de finales de 1960, tuvimos que luchar para poder llamarnos Negro, porque Negro era un término que ni siquiera los negros querían aceptar por ser tan negativo, y peor aun africanos. Por lo tanto, hicieron falta décadas y décadas para que las personas de descendencia africana en los EE.UU. aceptaran el hecho de tener ancestros africanos. Y, a pesar de que algunas partes de la cultura se han mantenido, el genocidio cultural que acompañó la esclavitud, eliminó el lenguaje, la música y muchas otras tradiciones culturales. Observando a la gente de La Toma vemos lo que hemos perdido en los últimos 500 años. Creo que es importante mantener esa conexión, y especialmente en el contexto de la lucha. W.B. Dubois hace muchos años, cuando se le preguntó sobre el panafricanismo, dijo, " el pan-africanismo puede ser una fuerza poderosa, no es simplemente el reconocimiento de nuestro ancestro común en África, al reconocer ese ancestro común también tenemos que aceptar participar en la lucha, tiene que ser un pan-africanismo anti-imperialista". Creo que el pueblo de la Toma nos enseña hoy por qué es tan importante participar en estas luchas, en gran parte porque está siendo atacado por las empresas capitalistas y el gigante de la privatización que ha causado tanto daño al planeta.

AB: Exactamente, este proceso continuo de acumulación (de capital) por desposesión -como David Harvey lo definiría- sigue teniendo lugar en las zonas habitadas por poblaciones ancestrales, como los afro-colombianos, los pueblos indígenas, los indios americanos en los EE.UU, etc. Por lo tanto, ¿cómo se vincula el racismo a este fenómeno (o se construye a través de él)?

AD: Hay quienes dirían que hemos evolucionado más allá del racismo y, por supuesto, muchas personas argumentan que ahora que hay un presidente afroamericano en los Estados Unidos, vivimos en lo que ellos llaman una sociedad post racial. Pero, como ya he mencionado muchas veces, citando a un prisionero que dijo, "un hombre Negro en la Casa Blanca no quiere decir que no haya un millón de hombres negros en la casa grande", y con "casa grande" se refiere a las cárceles. Creo que para entender la manera en que el racismo sigue definiendo nuestras sociedades, es importante tener en cuenta el racismo estructural, y no sólo el racismo actitudinal. Por supuesto, hay un montón de personas que tienen actitudes racistas, pero eso no es lo más importante. El hecho es que el racismo está muy arraigado en las estructuras sociales y económicas. En la estructura educativa, el racismo determina quién va a ir a la universidad y, por otro lado, quién va a ir a la cárcel. Mientras yo estaba en Colombia me ha impresionado y entristecido el hecho de que los EE.UU. tienen un papel importante en la producción de las cárceles colombianas. Hemos visitado una cárcel de Bogotá, que fue financiada por el US-AID. También nos informaron de los planes de construir la cárcel más grande de América del Sur en el área de las afueras de Cali.

Se ve la conexión con la desterritorialización, pateando gente fuera de sus tierras, impidiendo que la gente use los medios de sostenerse a sí mismos y a su comunidad, medios que también protegen la tierra, que también protegen la biodiversidad de la tierra. Por un lado se encuentran los que quieren robar el oro mediante la destrucción de la tierra y por otro lado, los que quieren obtener beneficios a partir de la caña de azúcar para producir el biocombustible. Todo esto implica desterritorialización, lo que implica obligar a las personas a abandonar sus tierras, personas que históricamente han protegido estas tierras. Al ser expulsadas de sus tierras, si no hay trabajo -y no hay ninguno-, la solución ofrecida, sobre todo por los EE.UU., son estas grandes nuevas y brillantes cárceles. La cárcel sirve de espacio para almacenar a aquellos que han llegado a ser superfluos en una sociedad capitalista. Creo que es muy importante asociar todos estos temas y desarrollar campañas mundiales en contra de la desterritorialización, en contra de ciertos modos de extracción de la minería, y de modos de producción agrícola que destruyen por completo el suelo y que usan pesticidas, [la lista] sigue y sigue y sigue.

AB: Sí, ese es exactamente el problema que vemos en Colombia con las plantaciones de aceite de palma, que están ahora en todas partes. Usted mencionó que durante su estadía, tuvo la posibilidad de visitar las comunidades afrocolombianas en las zonas rurales (como la de La Toma), así como en las zonas urbanas. ¿Cuáles son las diferencias que ha observado? ¿Cuál es su opinión acerca de la forma en que estas comunidades tienen que organizarse? Cómo el proceso urbano-rural se divide/entrelaza en general?

AD: La brecha entre lo urbano y lo rural es una división histórica. En Colombia, como fue el caso en los Estados Unidos -y todavía tenemos esta división urbano / rural, los modos de vida rurales son lo que se encuentran más bajo el asalto de las corporaciones capitalistas. A medida que las sociedades imponen economías de efectivo (cash-economies), lo que ocurre en toda la región del sur, las personas ya no son capaces de sobrevivir simplemente cultivando sus alimentos y viviendo de la tierra. Éstas tienen que tener dinero, y para tener dinero necesitan empleos. Muchas veces no hay empleos disponibles, o si los hay, son empleos que permiten a las corporaciones capitalistas de cosechar la mayor cantidad de beneficios. Por lo tanto estos empleos consisten más en la explotación de la gente que en darles los medios con los cuales vivir vidas decentes.

De hecho, actualmente en el sur de África, algunos de los principales problemas que enfrentan los sudafricanos tienen que ver con esa división urbano / rural. Y, por supuesto, a raíz del desmantelamiento del apartheid, las personas que vivían en las zonas rurales creyeron en un “nuevo día”, muchas de ellas abandonaron el país y se fueron a la ciudad, y en la ciudad no había trabajo, y no había viviendas, y no había escuelas. Y así, lo que ocurre es que la gente a menudo cae en la delincuencia, porque esa es la única manera de sobrevivir. Recurren a la delincuencia y luego son criminalizados y encarcelados, y aparece este círculo vicioso de criminalización y encarcelamiento. Este es uno de los principales retos de la era actual, en Colombia y en toda América del Sur, pero también en los EE.UU. Cuando la gente trata de encontrar empleos que ya no están disponibles y termina participando en economías subterráneas como la droga o el robo, puede que termine pasando el resto de su vida tras las rejas. Por ello, la lucha contra el Complejo Industrial de Prisiones es tan fundamental, no sólo en los EE.UU., sino en todo el mundo.

AB: Precisamente, en Colombia tenemos el problema de la producción de cocaína, que se vende a los EE.UU. básicamente, y un montón de gente joven acaba en el tráfico de ésta...

AD: Exactamente, no tienen otras alternativas...

Movimientos sociales Afro, represión y políticas carcelarias

AB: Pensando en estos jóvenes en las ciudades, la mayoría de ellos se mantiene alejado de estos movimientos y de cualquier compromiso político. A partir de su experiencia con el Partido Panteras Negras y otras organizaciones, con qué estrategias se puede ganar el interés de los jóvenes?

AD: Esa es la cuestión! [risas] esa es la cuestión... A veces se trata del momento, de lo que despierta la imaginación y la creatividad de los jóvenes. El otoño pasado con la irrupción del movimiento Occupy, un gran número de jóvenes se movilizó. Sin embargo, la organización es la clave. Mi impresión siempre ha sido que hay que organizarse como si fuera posible construir un vasto y radical movimiento revolucionario. Si esto no ocurre hoy, entonces el trabajo quizás politice a la gente y tal vez procure las bases para la próxima generación. Pero tenemos que actuar como si fuera posible cambiar radicalmente el mundo. Creo que los jóvenes tienen la inspiración, la imaginación y la creatividad para hacer ese trabajo. No todos los jóvenes se sentirán atraídos por el movimiento, pero ese es siempre el caso. Siempre y cuando se alcance un número importante de personas y éstas continúen la lucha, creo que habremos hecho nuestro trabajo.

AB: Antes hemos hablado de las prisiones, su construcción, etc. Usted ha pasado dieciocho meses en la cárcel, Mumia Abu-Jamal está tras las rejas desde hace treinta años, y en Colombia, el líder del PCN (Proceso de Comunidades Negras) Félix Manuel Banguero fue encarcelado la semana pasada por cargos de estar vinculado a la insurgencia. ¿Cómo se puede reforzar la seguridad de los líderes afro?

AD: Una de las cosas que podemos hacer es participar en la clase de organización que no “demoniza” a las personas que están en prisión. Si uno mira una gran cantidad de luchas históricas, los movimientos se han organizado tras las rejas. En la lucha palestina por ejemplo, casi cada familia palestina tiene a alguien que ha pasado tiempo tras las rejas. Pero al mismo tiempo, creo que es importante crear un tipo de seguridad del pueblo, para que las personas que se dedican a la lucha no estén sujetas a un tipo de represión terrible. Esto sucede al ampliar el movimiento, desarrollando más y más apoyo, creo que eso es lo único que podemos hacer.

Cuando estaba en la cárcel hace varias décadas, de hecho, el pasado 04 de junio celebré el 40 aniversario de mi absolución, esa lucha fue ganada porque muchas personas de todo el mundo se sentían unidas a esta campaña en contra de la represión política y el racismo en los EE.UU. Creo que es importante para nosotros desarrollar campañas contemporáneas, planetarias. Mumia Abu Jamal. Es ridículo que haya estado en prisión por tanto tiempo, sin importar si la gente cree en su inocencia o no, y estoy convencida de que es inocente de los cargos, pero ya pasó más de treinta años en la cárcel por lo que independientemente, debería ser liberado. Es alguien que ha tenido un role sumamente importante en la campaña contra la pena de muerte, contra el Complejo Industrial de Prisiones, y tantos otros temas. Sabe, hubo un tiempo en el que tuvimos una especie de internacionalismo que nos permitió propagar la voz muy rápidamente acerca de las personas que habían sido encarceladas y las personas que necesitaban la solidaridad mundial. Espero que podamos desarrollar un internacionalismo del siglo 21 que nos permitirá reaccionar cuando personas como el líder del PCN son arrestadas y puestas tras las rejas.

AB: Sí, yo estaba leyendo el mes pasado un libro de Mumia Abu Jamal donde explicó cómo los Panteras Negras, a través de la influencia de los escritos de Franz Fanon, se convirtió en un movimiento internacional y logró la solidaridad internacional... Retomando el tema de la prisión, ¿cómo esto de "poner personas tras las rejas" está vinculado al racismo? En Colombia, la mayoría de los prisioneros son afro-colombianos, aquí en los EE.UU. la mayoría son también afroamericanos... ¿cómo se vincula el racismo a este fenómeno (o se construye a través de él)?

AD: Por supuesto, es muy interesante, casi en cualquier lugar al que vaya en el mundo, sin importar en qué país se encuentre, usted encontrará personas afro-descendientes tras las rejas, personas procedentes de América Latina, siempre personas a las cuales nos referimos en este país como "gente de color". Si usted está en Francia, o incluso en Escandinavia, incluso en los países considerados países blancos, si usted va a la cárcel verá que las personas que están tras las rejas son personas de color, negros, afrodescendientes. Lo que también es importante destacar, es que el surgimiento del Complejo Industrial de Prisiones ha hecho rentable el encarcelamiento. Por lo tanto, muchas de estas cárceles son cárceles privadas, incluso si no son cárceles privadas, que subcontratan sus servicios para que las empresas privadas terminen cosechando enormes ganancias a partir de la enorme cantidad de negros que están detrás de las rejas. El racismo ha sido siempre una fuente de beneficios, desde la época de la esclavitud, de hecho, si se tiene en cuenta el surgimiento del capitalismo en el mundo, la esclavitud de los africanos desempeñó un papel importante en la producción de lo que Marx llamó la "acumulación primitiva". El capitalismo tal como lo conocemos no hubiera sido concebible si no hubiera estado basado en la esclavización de los africanos y el absoluto robo de los recursos del continente africano. Creo que a medida que nos involucramos en las luchas contra la cárcel hoy Complejo Industrial, tenemos que llamar la atención sobre la manera en que el racismo está profundamente arraigado en el funcionamiento de estas instituciones, especialmente en los EE.UU., pero no sólo en los EE.UU., en todo el mundo.

De hecho, cuando uno va a las cárceles, sobre todo en el sur, pero también en otras partes de los EE.UU., puede ver el impacto de la esclavitud, es como si estas cárceles hubieran conservado las tecnologías de la esclavitud, y la sensación de la esclavitud, y el olor de la esclavitud. He estado en las cárceles de Alabama y yo hubiera jurado que había sido de alguna manera transportada en el tiempo. En Mississippi,... en Luisiana, de hecho, cuando el huracán Katrina ocurrió en 2005 muchas personas se sorprendieron por la pobreza que había allí y también se enteraron de que había un gran número de negros tras las rejas en unas de las peores prisiones del mundo entero. Por lo tanto, creo que lo que realmente es importante es enfocar la lucha en contra del Complejo Industrial de Prisiones, colocar el Complejo Industrial de Prisiones mundial en el centro de nuestras campañas contra el capitalismo, al igual que los derechos de los pueblos a sus tierras, al empleo y a la educación en todo el mundo.

AB: Decíamos antes que, por ejemplo las cárceles de Colombia están fuertemente apoyadas por los Estados Unidos... incluso con Obama como presidente, para la política exterior de EE.UU., por desgracia, el Caribe continúa siendo visto como el lago de los EE.UU. y América Latina como su finca. Por otra parte, ha mencionado antes Palestina, pero en América Latina solíamos decir que Colombia es el "Israel de América Latina", debido a su relación (subordinación) con el vecino del Norte rico. Entonces, ¿cómo pueden las personas en Colombia enfrentar este increíble poder hegemónico, que es los EE.UU.? Porque, por ejemplo, el gobierno actual de Colombia abrió la puerta para la despenalización de las drogas, pero en la última Cumbre de las Américas, el presidente Obama se limitó a decir que esto estaba fuera de discusión. Así que, pensando en la cárcel, las drogas, ¿cómo puede la gente en Colombia siquiera imaginar enfrentar semejante poder?

AD: Sí, y considerando el hecho de que la campaña -la llamada "guerra contra las drogas" en los EE.UU., ha sido siempre una guerra racista. Ha sido una guerra contra los negros y los latinos. De hecho, el número creciente de personas tras las rejas está directamente relacionado con la denominada "guerra contra las drogas". Es cuestión de cambiar la conciencia del público, creo... cambiar la conciencia para que entendamos que se trata del interés de las corporaciones capitalistas, y especialmente de las empresas farmacéuticas, ya que hay una gran conexión entre la llamada "guerra contra las drogas" y las enormes ganancias que las corporaciones farmacéuticas podrían cosechar con la producción de la misma clase de drogas, ¿verdad?

AB: [Risas] Sí, las empresas suizas.

AD: ¡Exactamente! Exactamente... Entonces, creo que se requiere un tipo de lucha y campaña ideológica para que la gente pueda pensar de manera crítica y sea consciente de los intereses que el gobierno y las corporaciones tienen en la llamada "guerra contra las drogas". No es realmente cuestión de drogas en absoluto, se trata de empleos y de beneficios, y se trata de encontrar formas de crear lo que se ha denominado "pánico moral", porque si la gente tiene miedo de los efectos de las drogas, o si tienen una cierta idea acerca de quiénes son los que usan las drogas y quiénes son los vendedores de drogas, entonces se puede organizar una especie de ataque racista contra las comunidades -comunidades Negras y comunidades latinas. En los EE.UU., es interesante que los jóvenes blancos se drogan y venden drogas tanto o incluso más que los jóvenes Negros o latinos, pero si nos fijamos en quien está en la cárcel, quien está detenido y quien carga con el peso de esa "guerra contra las drogas ", es racista, se trata de negros y latinos.

AB: Yo he estado los últimos meses en Nueva York, y por ejemplo, me di cuenta de cómo probablemente la mayoría de la cocaína colombiana vendida al mercado de los EE.UU. se consume en el centro de Manhattan...

AD: Sí, sí, sí! Y muchas veces por gente blanca muy rica, pero no son ellos los que van a la cárcel, no son quienes son satanizados y criminalizados. Por lo tanto, es por eso que creo que es tan importante desarrollar una conciencia en torno a la raza y al racismo y la gente no quiere hablar de racismo en la actualidad. Ellos piensan que si se habla de él, de alguna manera u otra usted lo evoca, ¿verdad? [Risas], pero si no se habla de ello, no habrá forma de erradicar el racismo de nuestra sociedad. Y, por supuesto, éste tiene el mismo impacto en todo el mundo, sabe, no sólo en los EE.UU.

AB: Michel Foucault solía decir que "La justicia está al servicio de la policía". De hecho, las instituciones de los Estados están poniendo en práctica el control sobre los ciudadanos, las migraciones -como las leyes anti-inmigración en Alabama y Arizona y la libertad de movimiento. Imaginando el avance hacia la abolición de las cárceles- ¿no le parece que estamos presenciando la creación de un Panópticon al aire libre, y el establecimiento de una nueva forma legal de segregación?

AD: Sí, y creo que el estudio de Foucault sobre la prisión sigue siendo muy importante porque no sólo observa la forma en que el surgimiento de la prisión estuvo muy liado con el surgimiento del capitalismo y todas las tecnologías vinculadas al capitalismo, pero señala que no es sólo cuestión de la prisión en sí - no sólo acerca de esa institución, es cuestión de la encarcelación general de la sociedad. En Palestina, por ejemplo, los usos de las tecnologías de la prisión y tecnologías carcelarias en la comunidad en general son muy evidentes, con paredes y puestos de vigilancia. Uno ve las imágenes de la Palestina ocupada y cree que está dentro de una cárcel: las paredes, los puestos de control, las torres, las rejas, y el alambre de púas. Por desgracia, lo que está sucediendo en Palestina de una manera tan obvia está sucediendo en todo el mundo de maneras menos obvias. Cuanto más se permite el desarrollo de la prisión, más se permite una especie de panoptismo de la vida cotidiana. La lucha por los derechos de los inmigrantes en este país, como usted lo señalaba, es absolutamente esencial. Es la gente de México y de América Central, que, de nuevo, ha sido totalmente satanizada.

La raza y el racismo desempeñan un papel aquí porque un gran número de inmigrantes indocumentados vienen de Europa, pero nunca nadie detiene a personas de tipo Europeo para pedirles sus documentos, y ciertamente no en el estado de Arizona, donde la Corte Suprema afirmó recientemente con la provisión SB1070 que la policía puede pedirle a la gente sus papeles de inmigración. Crecí en Alabama, y ??la ley draconiana de inmigración que fue aprobada en Alabama, realmente me recuerda a la era de Jim Crow, de la era de la segregación en la que crecí, cuando a los negros no se les permitía entrar en aquel museo o entrar en aquella biblioteca y se vieron obligados a vivir en comunidades segregadas, fuimos a escuelas segregadas, ni siquiera podíamos beber el agua que bebían los blancos. Veo mucho de este racismo regresar bajo el pretexto de proteger las fronteras y creo que es realmente importante vincularse a la lucha por los derechos de los inmigrantes y de los inmigrantes indocumentados, especialmente aquellos que vienen a los EE.UU. en busca de una vida mejor. Muchos de ellos provienen de zonas donde las empresas con sede en EE.UU. han destruido las comunidades y destruido la posibilidad de mantenerse a sí mismos, no tienen otra opción, tienen que venir a los EE.UU., y luego vienen a los EE.UU. y son tratados como si fueran demonios.

Creo que es importante vincularse a la lucha por los derechos de inmigrantes en los EE.UU. y la lucha contra la desterritorialización en lugares como Colombia. Uno empieza a ver que la ciudadanía no se trata de papeles, la ciudadanía debería tratarse realmente de un compromiso por crear un mundo mejor. Si nos fijamos en el pueblo de La Toma, si nos fijamos en los pueblos indígenas en Colombia que están luchando por su futuro, y nos fijamos en las personas que acaban de cruzar la frontera de los EE.UU. porque no tienen otra alternativa, que cruzan la frontera para crear una vida mejor para ellos y sus familias, son también algunos de los mejores ciudadanos, en comparación con, ya sabes, los que tienen papeles, porque están luchando por un futuro, están luchando por un futuro democrático. Ellos son los mejores representantes de la lucha por la democracia en este país, así como las gentes de La Toma son los mejores representantes en Colombia. Entre ilusiones y realidades

AB: Unas ultimas preguntas. En Colombia y en América Latina en general, la gente suele idealizar a los Estados Unidos, sus estrellas y su libertad. Todo el mundo quiere dejar su país e ir a los EE.UU., a realizar sus sueños de volverse rico... sin embargo, por un lado muy pocas personas logran su sueño, y es también en los EE.UU., donde muchas personas negras enfrentan el racismo por primera vez. Colombia es el país de habla hispana con mayor número de afro-descendientes, las personas son negras entre gente negra y la segregación está más ligada a la clase social que al color de la piel. Sin embargo en los EE.UU. se dan cuenta de lo que significa "ser negro". Entonces, ¿qué puede aprender el movimiento afrocolombiano de los movimientos americanos? Y sobre todo, ¿qué pueden aprender los movimientos afroamericanos -pero también Occupy como usted ha mencionado- del movimiento colombiano?

AD: Yo creo que es muy importante establecer vínculos entre nuestros movimientos. Dada la globalización del capital, la única posibilidad de crear un mundo mejor, crear un mundo socialista, es juntando los movimientos y crear solidaridades globales propias. Creo que las personas en los EE.UU. tienen mucho más que aprender de la gente que está luchando en lugares como Colombia que viceversa. Por supuesto, es lamentable que muchas personas alrededor del mundo todavía crean que los EE.UU. es un país donde las calles están pavimentadas con oro, la tierra de leche y miel... [risas] todas esas viejas representaciones estereotipadas. Por supuesto, Obama participa en la creación de estas imágenes de los EE.UU. como la democracia más importante del mundo. Creo que es importante que la gente reconozca que tenemos un largo camino por recorrer y lo que se ha logrado hasta ahora en los Estados Unidos de América es gracias a las luchas de las comunidades oprimidas... gracias a la lucha contra el genocidio que los pueblos indígenas han llevado por muchos, muchos, muchos siglos... gracias a la lucha contra el racismo, y la lucha por la igualdad de clases... el movimiento obrero que ha sido muy atacado, especialmente desde los años 80, el movimiento ecologista, el movimiento contra la homofobia, sabe, todas estas son luchas muy importantes. Si podemos pensar en la posibilidad de un futuro democrático en los EE.UU., es gracias a las personas que han decidido que su destino individual está ligado a la suerte de comunidades más grandes.

Esto es lo que creo que podemos aprender, también, del pueblo de La Toma, por ejemplo. Que fueron capaces de defenderse, por lo menos temporalmente, de los intentos de desalojo por parte del gobierno colombiano, que se aferran a su tierra y a su cultura y que dan esperanza a modos de vida diferentes -formas de vida más respetuosas con el medio ambiente y que no estén tan preocupadas por la generación de beneficios, ahora que hemos renunciado a cualquier posibilidad de un futuro sostenible. Y creo que todo el movimiento ambientalista debe mirar lo que está sucediendo en Colombia en este momento, porque son los que sugieren que compremos coches que utilizan biocombustible, sin reconocer que estamos participando en la peor clase de opresión de las personas que habitaban la tierra donde los materiales para el biocombustible están siendo cultivados. Por lo tanto, creo que éstas conexiones, enlaces, intersecciones, se tienen que entender en el futuro y creo que todos los movimientos políticos -el movimiento Occupy, el movimiento ecologista, el movimiento gay, el movimiento contra el racismo, el movimiento por el derecho de las personas con discapacidades, todos estos movimientos pueden ser inspirados por lo que está sucediendo hoy en Colombia.

AB: Bueno, al mismo tiempo, hay muchas cosas positivas que salen de los EE.UU. Por ejemplo la gente de mi generación creció leyendo acerca de los Panteras Negras, su lucha, y cómo lograron proporcionar seguridad para las comunidades negras en Oakland, y después se convirtieron en un movimiento internacional. Ahora, pensando de nuevo en Francia Márquez y todas estas mujeres en la lucha en Colombia, ¿cuáles serian los pensamientos que compartiría con ellas para concluir?

AD: No hay duda en mi mente que Francia Márquez, que es una de las jóvenes más increíbles que he conocido en mi vida, y las mujeres de La Toma, que conocimos durante nuestra visita, nos inspiran en muy profundas maneras. Y creo que si uno mira hacia atrás en la historia de los EE.UU. en la época del surgimiento del Partido Pantera Negro y el hecho de que las mujeres jugaron un papel importante, entonces, las mujeres a menudo son borradas de la historia, todo el movimiento negro en este país, es un movimiento que fue liderado e inspirado por mujeres cuyos nombres han sido olvidados en gran parte. Por lo tanto, creo que es importante que nos dediquemos a recordar el papel que las mujeres desempeñaron históricamente, señalando que Francia (Márquez) está inspirando a una nueva generación de niñas y mujeres jóvenes... y ella ha inspirado a muchas personas en todo el mundo, incluyendo personas aquí en los EE.UU. Por lo tanto nos comprometemos a mantener la solidaridad, cualquier necesidad que tenga la gente de La Toma, haremos nuestro mejor esfuerzo por expresar nuestra solidaridad y por ayudarles.