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miércoles, diciembre 26, 2012

Mujeres de Mali, digamos "NO!" a la guerra impuesta por otros

Sinpermiso.info

Introducción

De la situación dramática de Mali se desprende una realidad terrible que se verifica en otros países en conflicto: la instrumentalización de la violencia sobre las mujeres para justificar la ingerencia y las guerras causadas por la codicia de las riquezas de su país. Las mujeres africanas deben saberlo y hacerlo saber.

De la misma forma que la amputación de dos tercios del territorio de Mali y la imposición de la charia a las poblaciones de las regiones ocupadas son humanamente inaceptables, la instrumentalización de esta situación, por ejemplo por la suerte reservada a las mujeres, es moralmente indefendible y políticamente intolerable.

En consecuencia, nosotras, las mujeres de Mali, tenemos que jugar un rol histórico , aquí y ahora, en la defensa de nuestros derechos humanos / Sugerencia, Reemplazar humanos por fundamentales/ contra tres formas de fundamentalismo: el religioso a través del islam radical; el económico a través del todo mercado; el político a través de la democracia formal, corrupta y corruptora.

Invitamos a toda/os aquella/os que, en nuestro país, en África y en otras partes, se sientan concernidos por nuestra liberación de estos fundamentalismos, a juntar sus voces a las nuestras para decir “No” a la guerra por procuración que se perfila en el horizonte. Los argumentos siguientes justifican este rechazo:

1 La negación de democracia

La demanda del despliegue de tropas africanas en el norte de Mali, transmitida por la Comunidad de Estados de África del Oeste (CEDEAO) y la Unión Africana (UA) a las a Naciones Unidas, se basa en un diagnóstico deliberadamente sesgado e ilegítimo. No se basa en ninguna concertación nacional digna de este nombre, ni en la cúspide ni en la base. Este diagnóstico excluye, por otra parte, la fuerte responsabilidad moral y política de las naciones que han violado la resolución 1973 del Consejo de Seguridad transformando la protección de la ciudad libia de Ben Ghazi en un mandato de derrocar el régimen de Mouammar Kadhafi y de matarlo. La coalición de los separatistas del movimiento nacional de liberación del Azawad (MLNA), de Al Kaeda al Maghreb Islámico (AQMI) y de sus aliados que ha vencido a un ejército maliano desmotivado y desorganizado debe igualmente esta victoria militar a los arsenales salidos del conflicto libio.

El mismo Consejo de Seguridad ¿va a aprobar en los próximos días el plan de intervención militar que los Jefes de Estado africanos han aprobado, pretendiendo así corregir las consecuencias de una guerra injusta con una guerra igualmente injusta?

Marginalizada y humillada en la gestión de la crisis “libia” ¿puede o debe la Unión Africana lanzarse a esta aventura en Mali sin meditar las enseñanzas de la caída del régimen de Mouammar Kadhafi ?

¿Donde está la coherencia de los dirigentes africanos en la gestión de los asuntos del continente si la mayoría de ellos se opuso en vano a la intervención de la OTAN en Libia y ahora se ponen de acuerdo sobre la necesidad de un despliegue de fuerzas militares en Mali, de consecuencias incalculables?


2 La extrema vulnerabilidad de las mujeres en las zonas en conflicto.

El Grupo de Crisis internacional advierte, con razón, que “En el contexto actual, una ofensiva del ejército maliano apoyado por fuerzas de la CEDAEO y/o de otras fuerzas tiene todas las probabilidades de provocar aún mas víctimas civiles en el Norte, de agravar la inseguridad y las condiciones económicas y sociales en el conjunto del país, de radicalizar a las comunidades étnicas, de favorecer la expresión violenta de todos los grupos extremistas y, en fin, de arrastrar al conjunto de la región a un conflicto multiforme sin línea de frente en el Sahara”. (« Le Mali : Evitar la escalada » International Crisis Group - http://www.crisisgroup.org/fr- 18 julio 2012).

Estas consecuencias revisten una gravedad especial para las mujeres. Su vulnerabilidad, que está en todas las bocas, debería estar presente en todos los espíritus cuando se toman las decisiones y ser disuasiva cuando la guerra puede evitarse. Se puede. Debe evitarse en Mali.

Recordemos que los casos de violación que deploramos en las zonas ocupadas del Norte pueden multiplicarse con el despliegue de varios miles de soldados. A este riesgo hay que añadir el de una prostitución más o menos disimulada que se desarrolla generalmente en las zonas de gran precariedad y en consecuencia los riesgos de propagación del VIH/SIDA. El plan de intervención militar que va a examinar el Consejo de Seguridad ¿prevé los medios para proteger realmente a las mujeres y niñas de Mali de este tipo de situación desastrosa?

Recordemos también que en el conjunto del territorio las sanciones económicas impuestas por la comunidad internacional al pueblo maliano en nombre del retorno a un orden constitucional desacreditado afectan considerablemente a los grupos vulnerables. Debido a la división sexual de las tareas, las mujeres se enfrentan a nivel doméstico a la enorme dificultad de proporcionar agua, alimentos, energía doméstica, medicamentos a las familias. Esta lucha cotidiana e interminable para la supervivencia es ya en sí misma una guerra. En estas circunstancias de precariedad y de vulnerabilidad de las poblaciones, y de las mujeres en especial, la opción militar en preparación es un remedio que tiene todas las probabilidades de ser peor que la enfermedad, mientras que una alternativa pacífica que emanara de la sociedad maliana, civil, política y militar, sería constructiva.


3 Incoherencias de la comunidad internacional

Todos los poderosos representantes de la « comunidad internacional » así como la CEDEAO y la UA se han pronunciado a propósito de nuestros malditos males de mujeres en situación de conflicto. A tal señor tal honor, el Presidente francés François Hollande, que juega el papel de jefe de filas en la defensa de la opción militar, ha subrayado el sufrimiento de las mujeres « primeras víctimas de las violencias de las guerras » (Kinshasa – 14ª cumbre de la Organización Internacional de la Francofonía). Sin embargo, el 26 de Septiembre 2012 declaró en New York, en ocasión de la reunión especial sobre el Sahel, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, « Sé que puede haber una tentación de llevar a cabo negociaciones. ¿Negociar con grupos terroristas ? En absoluto. Cualquier pérdida de tiempo, cualquier proceso que se eternizara no haría más que hacer el juego a los terroristas ». « Hay que saber terminar una guerra », parece que dicen los Presidentes americanos y francés. «La guerra de Afganistán se ha prolongado más allá de la misión inicial. Induce a la rebelión al mismo tiempo que permite combatirla. Ya es hora de poner fin ordenadamente a esta intervención y me comprometo aquí a hacerlo» declaró el candidato François Hollande en su discurso de investidura a la elección presidencial.

La Secretaria de Estado norteamericana de asuntos exteriores, Hillary Clinton, cuya escala del 29de octubre 2012 en Argelia, tenía en parte como objeto convencer al Presidente Abdelaziz Bouteflika de retomar el bando de la guerra, se dirigió a los Jefes de Estado africanos reunidos en Addis –Abeba en estos términos: “En la República Democrática del Congo, el ejercicio de actos de violencia contra las mujeres y las jóvenes y las actividades de los grupos armados en la región oriental del país, son para nosotros una fuente constante de preocupación. La Unión Africana y las Naciones Unidas no deben ahorrar esfuerzos a fin de ayudar a la RDC a reaccionar a estas crisis de seguridad incesantes.”

La iniciativa del Secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, titulada “Unidos para acabar con la violencia contra las mujeres”, lanzada el 25 de Enero 2008, presta una atención particular a las mujeres del Africa del Oeste. Esto era antes de las guerras en Costa de Marfil y en Libia, que han perjudicado mucho la realización de los objetivos asignados a estas iniciativa. Comprendemos su reserva respecto al despliegue militar y esperamos que no apoyará el plan de intervención de los Jefes de Estados de la CEDEAO. La guerra, recordémoslo, es una violencia extrema contra las poblaciones civiles, entre ellas las mujeres. No puede más que alejarnos de los objetivos de esta iniciativa.

¿Por qué los poderosos de este mundo, que tanto se preocupan de la suerte de las mujeres africanas, no nos dicen la verdad acerca de lo que está en juego en cuanto a minería, petróleo y geoestrategia de las guerras?

Por su parte, la Presidenta de la comisión de la UA, Nkosazana Dlamini-Zuma, subraya que “Es crucial que las mujeres contribuyan y se impliquen activamente en la búsqueda de una solución al conflicto. Sus voces deben ser oídas en los esfuerzos para promover y consolidar la democracia en sus países. Para ello podéis contar sin duda alguna con el apoyo de la UA así como con mi compromiso personal”. (Reunión del grupo de apoyo y de seguimiento de la situación de Mali – 19 Noviembre 2012).

El nombramiento por vez primera de una mujer para este puesto podría ser un verdadero factor de emancipación política para las mujeres y por la tanto de liberación del Continente si Nkosazana Dlamini- Zuma acepta ampliar la base del debate sobre las mujeres africanas integrando en él los temas globales que se nos ocultan.


4 Nuestro triste estatuto de rehenes

Mali es un país a la vez agredido, humillado y tomado como rehén por actores políticos e institucionales que no tienen que rendirnos cuentas para nada, empezando por la CEDEAO. Una de las consecuencias de esta realidad es la enorme presión ejercida sobre lo que queda del Estado maliano. El Presidente interino, Dioncounda Traoré, es el primero de los rehenes malianos. Si ha creído necesario recordar, el 19 de Octubre 2012, con ocasión de la reunión de un grupo de apoyo y seguimiento de la situación de nuestro país, que no es un Presidente rehén, es precisamente porque lo es. Si no, no habría repetido tres veces, el 21 de Septiembre 2012, la víspera del aniversario de la independencia de nuestro país, que privilegiaba el diálogo y la concertación, para pedir a las Naciones Unidas, tres días más tarde, una intervención militar internacional inmediata. “Tengo conciencia de ser el Presidente de un país en guerra pero la prioridad es el diálogo y la negociación. La segunda prioridad es el diálogo y la negociación y” insiste, “la tercera prioridad continúa siendo el diálogo y la negociación. Haremos la guerra si no nos queda otra alternativa…” declaró en su discurso a la nación antes de cambiar de opinión.

Más allá del Presidente interino, todos somos rehenes prisioneros de un sistema económico y político no igualitario e injusto que sobresale en el arte de romper las resistencias a golpe de chantaje a la financiación. La supresión de la ayuda exterior se traduce este año 2012 en una falta de ganancias de 429 miles de millones de francos CFA. La casi totalidad de las inversiones públicas se han suspendido. El cierre de numerosas empresas ha ocasionado despidos y paro técnico a decenas de miles de trabajadores mientras que los precios de los alimentos continúan subiendo. Las pérdidas más importantes se registran en los sectores de la construcción y de las obras públicas. El turismo, el artesanado, la hotelería y la restauración, que sufrían desde 2008 los efectos de la inclusión de Mali en la lista de países con riesgo, se encuentran gravemente afectados, a pesar de que constituían fuentes de ingresos sustanciales para las regiones actualmente ocupadas, especialmente la de Tombouctou.

Se hace referencia al status de rehén no para desdramatizar la experiencia insoportable de los rehenes europeos y de sus familias sino para recordar la situación igualmente grave de todos los seres humanos atrapados en sistemas de los que no son personalmente responsables. La cuestión es sin embargo saber actuar de tal manera que nuestro país reencuentre la integridad territorial y la paz y que los seis franceses detenidos por AQMI vuelvan a sus familias sanos y salvos, sin que estas liberaciones abran la vía a una intervención militar que pondría en peligro la vida de centenares de miles de habitantes del Norte de Mali que son igualmente rehenes.


5 La guerra interpuesta

El juego de la guerra se alimenta de un conocimiento insuficiente de lo que está en juego. Jacques Attali proporciona a quienes quieran utilizarla, una clave de lectura que demuestra, si ellos es necesario, que la intervención militar prevista es una guerra por procuración. Según él, Francia debe actuar « …porque esta región (el Sahel) puede convertirse en una base en la retaguardia de formación de terroristas y de kamikazes que atacarán los intereses occidentales en la región ; e incluso, a través de múltiples medios de paso, en Europa. Por ahora no son más que algunos centenares ; si no se hace nada pronto serán varios millares, venidos de Pakistán, de Indonesia y de América Latina. Y los yacimientos de uranio del Níger, esenciales para Francia, no están lejos ». (Blog Attali. 28 mayo 2012.)

La distribución de papeles entre Francia, la CEDEAO, la UA, Europa y la ONU está clara. La CEDEAO, de la que numerosos malianos y africanos no comprendían hasta ahora su juego turbio, ejerce una misión en Mali. Según Jacques Attali, la organización subregional debía actuar “ para devolver a las autoridades civiles los medios de decidir, sin miedo, de restablecer la seguridad, de reestructurar el aparato militar y de volver a empezar la actividad económica; en el Norte, para acabar con esta secesión hará falta un acción militar sobre el terreno, con un apoyo logístico a distancia, medios de observación, drones y capacidad de encuadramiento estratégico.

¿Quién puede hacer todo esto? Evidentemente, no el gobierno maliano en solitario, que no tiene ni armas ni autoridad. Tampoco la CEDEAO que no tiene medios militares suficientes para garantizar el conjunto de la acción necesaria y que ni siquiera puede esperar recibir esta petición del gobierno maliano que está bajo la influencia de fuerzas inciertas. Tampoco la UA, y menos en solitario. Entonces ¿quién? ¿la ONU? ¿ la NATO? La cuestión va a salir pronto. Actualmente ya ha salido. Una vez más Europa debería evidentemente estar unida y en situación de decidir y actuar. Pero no lo está. Ahora bien, si las mediaciones actuales fracasan, pronto será necesario pensar en como establecer una coalición del tipo de la que ha funcionado en Afganistán. Antes de que lo imponga un equivalente del 11 de Septiembre 2001”” (El Blog de Jacques Attali : 28 Mayo 2012).

Por lo tanto todo está claro. La guerra prevista en Mali entraría en el contexto de una prolongación de la de Afganistán, de donde Francia y Estados Unidos se retiran progresivamente después de once años de combates y de fuertes pérdidas en hombres, en material y en finanzas. Puesto que el Sahel es la zona de influencia de Francia, ésta toma la dirección de los asuntos que conciernen a Mali y subcontrata la violencia militar a la CEDEAO. Esta transferencia aparece correcta políticamente para no ser acusada de colonialismo y e imperialismo, pero también para reducir el coste de la guerra y no registrar otras pérdidas en vidas humanas. Las opiniones públicas occidentales toleran cada vez menos que sus ciudadanos mueran en defensa de “nuestras” causas. Así, las tropas africanas son llamadas, al mismo título que los tiradores senegaleses, a apoyar con la fuerza a Francia.


6 La mundialización de los males y de las redes

En este contexto el radicalismo religioso no tiene necesidad del norte de Mali para expandirse en África del Oeste y en el mundo. La economía mundializada sobre la base de la injusticia y de las desigualdades es una máquina trituradora de las economías locales, las sociedades y las culturas que le ofrecen el terreno necesario.

Del Mar Rojo al Atlántico, de Afganistán a Nigeria, de Toulouse, donde Mohamed Merah ha actuado y ha sido abatido, a Tombouctou, los asuntos en juego son a la vez ideológicos, civilizacionales, identitarios, pero también económicos, políticos y geoestratégicos. Los actores y las fuerzas presentes son más o menos los mismos, con variantes locales para manipular como la rebelión tuareg en Mali.

Por otra parte, ni afghanos, ni pakistaneses, ni argelinos ni otros predicadores, son recién llegados en Mali. Hicieron su aparición en las mezquitas a partir de la década de los 90, en el momento en que las dramáticas consecuencias sociales y humanas de los Programas de Ajuste Estructural (PAS) sobre el empleo, la renta y los vínculos sociales empezaban a hacerse sentir.


7 La perspectiva “badenya” como alternativa a la guerra.

Algunas mujeres malianas, bien impregnadas de los riesgos y de la maquinaria mortífera de la mundialización neoliberal incluyen entre ellos las guerras. A los valores guerreros y depredadores del orden económico dominante oponemos los valores pacifistas, que nos reconcilian los unos con los otros, así como con el resto del mundo. Badenya, (hijos de la madre) es uno de los valores que nosotras, las mujeres de Mali, debemos cultivar más y contraponer al valor masculino fadenya (hijos del padre) que en su versión ultraliberal autoriza la carrera desenfrenada y fratricida al beneficio, hasta el punto de malvender empresas públicas rentables, de ceder tierras agrícolas a los dominadores y de aceptar la partición del territorio nacional.

Profundamente enraizado en la perspectiva badenya, nuestro rechazo de la guerra hunde sus raíces en una concepción de la procreación según la cual poner un niño en el mundo es ya una forma de montar al frente (musokele). Y demasiadas de nosotras mueren dando a luz. Día tras día luchamos contra el hambre, la pobreza, la enfermedad, para que todos los niños crezcan, trabajen, cuiden de sí mismos y asuman su parte de responsabilidad.

Del mismo modo, cada una de nosotras reconoce en cada soldado, así como en cada rebelde y en cada nuevo converso al djihadismo, que van a enfrentarse en caso de guerra, a un hermano, un hijo, un sobrino, un primo. Antes buscaban un estatus social a través del empleo, los ingresos o incluso una visa. Con frecuencia fue en vano…Ahora tienen armas de guerra entre sus manos temblorosas.

Nuestras armas deberán ser la lucidez y la madurez política en este mundo sin fe ni ley. No hay ninguna razón para que Mali se comprometa en un terreno en el que tanto Francia como Estados Unidos se retiran, a pesar de la potencia armamentística de la OTAN.

A la economía de la guerra, nosotras, las mujeres de Mali, oponemos la economía de la vida aprovechando la transición en curso como una ocasión histórica de hacer frente al triple desafío del saber, de la ciudadanía y del diálogo. Las evoluciones en curso sobre el terreno, entre ellas la voluntad de negociación de Anar Dine y del MNLA, la modificación constante de las relaciones de fuerza, así como las estrategias y las interacciones entre los distintos grupos presentes, deben ser examinados con la atención necesaria a fin de no solamente evitar una guerra potencialmente trágica sino también de sortear los escollos de los acuerdos pasados.

Las concertaciones nacionales previstas desde hace meses deben celebrarse de una vez para permitir a la sociedad maliana en su conjunto de reencontrarse y de definir por sí misma las bases y condiciones de una solución concertada (y no impuesta) al conflicto actual. Nosotras, mujeres malianas, contribuiremos a ello plenamente, así como mañana contribuiremos a la refundación de la democracia en nuestro país de acuerdo con los valores sociales y culturales que nos son familiares.

Se trata, en resumen, de dar credibilidad, de reforzar la capacidad de análisis, de anticipación y de proposición de la sociedad maliana, civil, política y militar.

Pedimos a toda/os aquella/os que comparten nuestro planteamiento que interpelen inmediatamente a los principales actores de la comunidad internacional, por escrito o bajo cualquier otra forma de expresión, apelando a que el Consejo de Seguridad no adopte una resolución que autorice el despliegue de millares de soldados en Mali.


Firmantes: Aminata D. TRAORE ; SISSOKO Safi SY ; SANOGO Sylvie KONE ; IMBO Mama SY ; Kadiatou TOURE ; TRAORE Sélikèné SIDIBE(Vieux) ; DICKO Rokia SACKO ; Ténin DIAKITE ; DOUMBIA Fanta DIALLO ; KONE Mamou TOURE ; TRAORE Sarata SANOGO ; TRAORE Penda DIALLO ; DIABATE Kadiatou KOUYATE ; Aminata BOCOUM ; Oumou KODIO ; Assatou KAREMBE ; Awa KOÏTA ; Aminata DOUMBIA ; Fatoumata COULIBALY ; Badji BOIRE ; Awa TOURE ; Bintou KONE ; Fatoumata MARIKO ; Mariam KONE ; Minata DIARRA ; Oumou KEITA ; Kadiatou DIALLO ; Kankou KONE ; Rokia NIARE ; Kadia DJIRE ; Ada NANTOUMA ; Awa COULIBALY ; Soungoura DOUMBIA ; Fanta KANTE ; Safiatou COULIBALY ; Djaba TANGARA ; KONE Mama DIARRA ; Ismael DIABATE ; Karamoko BAMBA ; Doumbi FAKOLY ; Coumba SOUKO ; Clariste SOH-MOUBE ; Nathalie M’Dela-Mounier.

Fuente: http://www.michelcollon.info/Femmes-du-Mali-disons-NON-a-la.html

Nuestra fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5526

jueves, agosto 11, 2011

Las despreciadas Hijas de África...

Por Carlos Maldonado / Alainet
Pareciera que la fortuna cerrara sus puertas a África. Mas sabemos perfectamente que no es cuestión de providencias sino de mezquindades humanas.

El otrora mal llamado continente negro, no por el color de una parte de sus habitantes sino por su equiparación por el blanco a las “fuerzas de las tinieblas”, se ha vestido de nuevo de dolor. Sus heridas esclavas no han cerrado aún. Muchas en carne viva permanecen, supurando sus ruinas por las llagas que los “civilizados” sajaron con saña a fuerza de grilletes y látigo.

Siguen bombardeando Libia contra toda lógica y humanidad. Destruyen hospitales y escuelas; casas de gente común y comercios. Su argumento, que tras fachadas de pacientes y equipo, de maestros, alumnos y cuadernos se esconden comandos de control y armas. Que bajo cuadros de familia y muebles de cocina; latas de conserva, leche y verduras, centros de exterminio y ataque.

El cinismo no podría ser mayor. Han perdido toda cordura y ahora no les queda más que arremeter descaradamente lo que antes, tras el eufemismo de la defensa de la libertad y la democracia, arrasaban. Hoy no les importa exponer su real ambición. La democracia patrañas; su libertad, la de ir y venir acumulando y asesinando impunemente.


Apañan grupúsculos de mercenarios imberbes que por su aventurerismo no saben manejar las armas que les han colocado. Fantoches y payasos que desmantelan la mentira por la cual dijeron, en sufrimiento continuo, atacaban a la rebelde Libia.

Pero más al sur-oriente, donde las nubes de arena y polvo cubren las caravanas viajeras y de bandoleros, el hambre ataca con más efectividad a los herederos de aquellos que una vez fueron desgajados de su tierra. Aquellos que hoy sufren las consecuencias del trato que una vez les dieron los abuelos de aquellos que hoy hacen llover bombas sobre la indómita del Mediterráneo.

Así, miles y miles cruzan fronteras ficticias huyendo de la penuria de la tierra. Esa que se arruga bajo el beso del sol, cuyo ósculo marchita todo lo viviente y acuoso.

La ayuda no llega y la poca que llega es a cuentagotas. Somalia es a África lo que Haití es a América. No perdonan que los esclavos se hayan revelado y conquistado el derecho a vivir. Su castigo, arrastre y desolación.

Bloqueados por todas partes les ven languidecer mientras en los lujosos podios de los organismos internacionales hablan de cómo ayudan a sus “hermanos” negros. De cómo el papeleo para que salgan los aviones se ha apresurado y hoy solo falta el sello real de la oficina real que autoriza el vuelo real que llevará la ayuda real. Empero, a esa hora, otros niños somalíes han muerto de desnutrición, otros esperan a la muerte que es lo único que pueden hacer y ésta, cual ángel letal, pasea plena por los campos de refugiados y los senderos polvorientos de esa gran nación, otrora parte de glorioso imperio.

Pero así es el capital; no da para más. Ha dejado de alentar falsas expectativas y quitándose la careta humana ha mostrado los dientes sanguinolentos.

Arrebata vidas en la misma Europa donde sus hijos eran considerados humanos, no digamos donde viven razas míseras como negros e indios... Si arranca lo conseguido a fuerza de sangre y dolor a los considerados iguales como no lo hará a los que considera inferiores.

Y, tras las sonrisas de los bien equipados y bien vestidos representantes de los donantes que acicalan la melena para la lente del Times, el Post, NatGeo, The Guardian, el Washington o la CNN se advierte los argumentos de Smuts o Grant: “El negro es un niño, y con los niños no se puede hacer nada sin autoridad”… “El africano es un tipo humano con algunas características maravillosas. En buena medida ha seguido siendo un tipo infantil, con una psicología y un aspecto infantiles. Un ser humano tipo infantil no puede ser una mala persona porque ¿no nos mostramos dispuestos en los asuntos espirituales a ser como niños? Tal vez como resultado directo de este temperamento el africano es el único ser humano feliz con el que me he topado” [1]. O, en el peor de los casos: “La indolencia y pereza del negro lo inhabilitaban históricamente para cualquier desarrollo civilizatorio. Siempre que la iniciativa para imitar a la raza dominante desaparece, el negro, o lo que para esta cuestión es lo mismo, el indio, revierten rápidamente a su grado ancestral de cultura. En otras palabras, es el individuo y no la raza la que es afectada por la religión, la educación y el ejemplo. Los negros han demostrado a través del tiempo que son una especie estacionaria, y que no poseen desde dentro la potencialidad de progreso o iniciativa. El progreso derivado de un impulso propio no debe ser confundido con la mímica o con el progreso impuesto desde afuera por la presión social, o por el látigo de los esclavistas” [2].

He aquí pues dos escenarios en el mismo continente donde se ponen de manifiesto dos formas de actuar de los “civilizados”. En el primero, bombardeando a quienes dicen defender. En el segundo, con respingos humanistas, la ayuda vital alimenticia que necesitan miles de desvalidos hambrientos del cuerno de África llega en tortugas cargas a pesar de la urgencia que requiere la operación dentro de lo que figura la corrupta burocracia de las Naciones Unidas al igual que como se comportó en Haití. Eso sin contar la carga racista de quienes en los más encumbrados tronos aún piensan que “solo son negros los que mueren”.

Libia y Somalia, hijas de un mismo continente repudiadas por los rubios señores que manejan los hilos de la vida y la muerte. Manos que guían las cuadrigas de la guerra y el hambre bajo cuyas ruedas vaporosas son aplastados miles de cuerpos lacerados y famélicos. A su lado Anders Breivik es una blanca paloma.


[1] El boer Jan Smuts, gran amigo de Gandhi, en una conferencia en Oxford en 1929. Tomado de MAMDANI, Mahmood: Ciudadano y súbdito, África contemporánea y el legado del colonialismo tardío. Siglo XXI, México, 1998. Citado por Luis César Bou en África y la Historia.

[2] GRANT, Madison: The Passing of the Great Race. Scribner’s Sons, Nueva York, 1916. Citado por Luis César Bou en África y la Historia.

- Carlos Maldonado es Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Colectivo “La Gotera”

Fuente: http://alainet.org/active/48324


jueves, julio 28, 2011

Kenia: Un presupuesto más sensible al género

Miriam Gathigah
(IPS) - Por primera vez en la historia, el ministro de Finanzas de Kenia asignó casi cuatro millones de dólares del actual presupuesto nacional a suministrar toallas higiénicas a la población escolar femenina.

La medida sobreviene tras la persistente presión ejercida por parlamentarias que abordaron el problema del austentismo de las alumnas de las escuelas debido a la falta de estos implementos sanitarios.

La campaña dejó sin palabras a sus pares del sexo masculino, dado que esos temas raramente se hablan en público, y mucho menos en el parlamento de la conservadora sociedad keniata.

Las legisladoras pusieron en primer plano un problema que, de no resolverse, aún continuaría dificultando la educación de las adolescentes.

Dorothy Akinyi tiene 13 años y es una típica estudiante del séptimo grado procedente de Kibera, el tugurio más grande de África. Cada vez que menstrúa se queda en su casa.

"Sin compresas higiénicas, la vida en la escuela es difícil. Vivimos situaciones muy embarazosas y humillantes, especialmente por parte de los varones. Nos delata el hecho de atarnos un pulóver a la cintura para ocultar una mancha en el uniforme si se produce una filtración en la toalla. Entonces elegimos quedarnos en casa", explicó Akinyi.

Ahora, su situación y la de otras muchachas como ella está a punto de cambiar. Pero eso solamente ocurrirá si el dinero asignado a las toallas higiénicas se gasta de modo eficiente.

"Esto es elaborar un presupuesto sensible al género: responder a las diferentes necesidades de hombres y mujeres al asignar y gastar los fondos públicos", enfatizó Jacinta Nyachae, directora ejecutiva del Kenya Aids Law Project (proyecto de ley sobre sida en Kenia) y defensora de los derechos humanos.

Sus declaraciones se produjeron justo antes de que Ruanda sea anfitriona, desde este martes 26 y hasta el jueves, de una reunión mundial de alto nivel sobre una mayor responsabilidad y efectividad mediante presupuestos que incluyan la perspectiva de género.

El encuentro, que tendrá lugar en Kigali, es organizado por el gobierno de Ruanda, la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres) y la Unión Europea. Pero las niñas no son las únicas que se benefician de una estrategia sensible al género.

En una medida que ha permitido a las mujeres romper barreras económicas y sociopolíticas, la planificación y elaboración del presupuesto para crear el Ministerio de Género e Infancia es la mayor muestra del compromiso del gobierno por abordar la desigualdad de género.

"Pero al planificación y presupuestación de género no es suficiente. La corrupción rampante en varios ministerios del gobierno es una clara señal de que se necesita realizar un seguimiento y controlar cómo se usan estos fondos", explicó una fuente de la alianza G-10, una coalición de organizaciones que luchan por los derechos de las mujeres.

"El Women Enterprise Fund (fondo de empresas de mujeres) fue objeto de denuncias en cuanto a que las mujeres necesitadas no podían acceder al fondo. Lo mismo puede decirse de las becas educativas y del dinero canalizado a través del Constituency Development Fund (CDF, dondo de desarrollo distrital). Varias auditorías del CDF revelaron una corrupción generalizada", agregó.

Actualmente hay 31 activistas de la sociedad civil en prisión preventiva en Nairobi, tras ser arrestados el 18 de este mes durante uan manifestación en reclamo de la renuncia del ministro de Educación por denuncias de corrupción masiva.

Aunque todavía falta que la transparencia y la responsabilidad sean parte integral del proceso de inclusión de temas de género en las políticas nacionales, varios intentos por mejorar la situación de las mujeres han tenido parcial éxito.

Si bien el Women Enterprise Fund fue acusado de no llegar a todas las mujeres necesitadas, también ha marcado una diferencia en las vidas de muchas.

Su creación, "para permitir a las mujeres acceder a microfinanzas, hizo que las mujeres del sector informal adquirieran poder económico", explicó Wilfred Subbo, conferencista universitario sobre género y desarrollo en Nairobi.

"Esto es importante porque la pobreza está feminizada. Hombres y mujeres la experimentan de maneras muy diferentes. Algunas investigaciones mostraron que hay más mujeres que hombres viviendo en la pobreza, porque hay más mujeres analfabetas, lo que limita sus posibilidades de explotar oportunidades de empleo que les pueden brindar una vida decente", añadió.

Según él, se necesitan estructuras para auditar el dinero a medida que se gasta, y no después, a fin de abordar inmediatamente toda inconsistencia financiera.

"¿Cómo nos aseguramos de que los cuatro millones de dólares asignados al Women Enterprise Fund llegarán a las mujeres económicamente marginadas a las que se dirige?", preguntó.

El presupuesto nacional es una oportunidad para que el gobierno muestre su compromiso en la recaudación y el gasto de recursos.

"La respuesta de un presupuesto sensible al género no significa que el Tesoro desarrolle dos presupuestos, uno para las mujeres y otro para los hombres. Significa que el gobierno muestra que es consciente de que algunos problemas son (particulares) de los hombres y otros de las mujeres", explicó Nyachae.

"Las mujeres enfrentan serios problemas de salud reproductiva que pueden incapacitarlas. El presupuesto debería reflejar estos desafíos como lo hizo asignando algunos fondos al abordaje de estos desafíos", opinó.

Nyachae se refirió así a la actual asignación de dos millones de dólares a la mejora de los análisis y el tratamiento del cáncer cervical y de mama. También fue la primera vez que el Ministerio de Finanzas tomó una medida de estas características.

"El cáncer cervical sigue siendo una de las principales causas de muerte aunque es la forma más prevenible y tratable del cáncer. Estadísticas del Hospital Kenyatta muestran que cada año se diagnostican por lo menos 2.000 nuevos casos de cáncer, mientras una cantidad similar muere anualmente a raíz de esa enfermedad", explicó la ginecóloga y conferencista Brigid Monda.

La elaboración de un presupuesto sensible al género es reflejo de una planificación que toma en cuenta las necesidades femeninas, y también de soluciones prácticas para garantizar el abordaje de las desigualdades de género en todos los ámbitos de la sociedad.

"La integración de todo esto en el proceso dominante del desarrollo es en sí misma el logro del objetivo del desarrollo sustentable. También significa superar la brecha de desarrollo entre hombres y mujeres, y puede crear transparencia y responsabilidad porque las mujeres implementan los fondos públicos de modo eficiente y efectivo", dijo Subbo.

SOMALIA: "No se trata de madres que abandonan a sus hijos"

Miriam Gathigah
(IPS) -
En el camino fronterizo entre Kenia y Somalia yacen los cadáveres de niñas y niños que sucumbieron al hambre y las penurias del viaje desde sus aldeas, arruinadas por la sequía, y el territorio keniata.

La historia de esos niños que murieron entre Dobley, el último centro poblado en el sur somalí antes de ingresar a Kenia, aún no se ha contado, afirman trabajadores humanitarios.

Ahmed Khalif trabaja para una organización no gubernamental de Kenia y cruza a menudo el límite entre los dos países para asistir a la población somalí. Él ha visto muchos pequeños cuerpos a la vera del camino.

"Cualquiera que siga esa ruta puede relatar terribles historias de cadáveres, la mayoría niños. Sus madres también se van muriendo. No se trata de madres desalmadas que abandonan a sus hijos, sino que intentan sobrevivir para honrar la vida", describe Khalif.

Él ha visto montones de personas, la mayoría mujeres y niños, intentando cruzar la frontera. Pero cuando los infantes ya están tan débiles que no pueden caminar, caen simplemente en la carretera, mientras sus madres y demás familiares medio muertos de hambre siguen caminando con la esperanza de conseguir ayuda.

"Es duro ver (a los niños) al borde de la muerte, la piel caída por la deshidratación extrema, los cuerpos demasiado pequeños para su altura, los labios resecos. No hablan, simplemente caen".

"Tienen los ojos hundidos en las órbitas, pero te siguen mirando. Es muy perturbador. Uno piensa que los demás no tienen sentimientos por haberlos abandonado, pero están en la misma condición. Sólo la voluntad de llegar al (campamento de) Dadaab los mantiene en pie", explica Khalif.

Los que mueren así no son enterrados. "¿Quién tiene energía para hacerlo? Apenas pueden seguir caminando hasta el campamento, donde encuentran sepultura, si mueren allí", agrega Khalif en referencia al improvisado cementerio de Dadaab.

Los menores somalíes que sobreviven y llegan al campo de refugiados soportaron penurias a un grado difícil de imaginar, caminando al menos 10 días bajo un calor intenso en una tierra de nadie, infestada de hienas.

El grupo extremista Al Shabaab, presente en buena parte del sur somalí, "sigue dificultando el acceso de la gente a Kenia y a Dadaab, evitando que los somalíes procedentes de zonas bajo su control lleguen a Dobley", describe Khalif.

Y esto ocurre pese a que Dobley está ahora en poder de fuerzas del gobierno de Somalia, que expulsaron del poblado a los rebeldes de Al Shabaab tres meses atrás.

Entonces, en lugar de recorrer los 15 kilómetros que median entre Dobley y Kenia, muchos deben dar un rodeo y caminar entre cuatro y nueve días más para cruzar la frontera.

Este trayecto no sólo es más largo, sino peligroso. Bandas de delincuentes roban las escasas pertenencias de los desplazados y violan a las mujeres.

Dadaab, una aldea semiárida situada en el este de Kenia, en la Provincia Nororiental, alberga más de 380.000 personas y acaba de convertirse en el mayor campamento de refugiados del mundo. La vida allí no es fácil, sobre todo para niñas y niños.

Cada día llegan unos 1.300 somalíes y mueren cuatro niños, según agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que aseguran se necesitan más de 300 millones de dólares cada seis meses para salvar a la población infantil afectada por la sequía.

"Los niños son muy pequeños y pesan muy poco para su edad. Su condición supera la desnutrición aguda. Esta sequía está liquidando avances en la lucha contra la mortalidad infantil", afirma Oliver Yambi, representante en Kenia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Las agencias de la ONU están encontrando proporciones de desnutrición aguda de hasta 35 por ciento de los niños, caracterizada por pérdida extrema de peso y por tallas muy pequeñas para la edad.

La Organización Mundial de la Salud estableció que cuando la desnutrición aguda sobrepasa el 15 por ciento de un colectivo humano, éste ha cruzado un umbral crítico o de emergencia. Porcentajes superiores exhiben un estado avanzado de desnutrición aguda del que difícilmente los niños salgan con vida, pues tienen una probabilidad 10 veces superior de morir antes de cumplir los cinco años.

Según Unicef, la cantidad de niños menores de cinco años con desnutrición aguda aumentó en Somalia de 476.000 en enero a 554.550 en julio.

Y sus madres no se encuentran mucho mejor.

"Los niños no son los únicos que mueren en Dadaab. La mortalidad materna es muy elevada. Estimamos que mueren al menos 298 madres por cada 100.000 nacidos vivos. Los números crecen por la anemia extrema así como por la relación entre cantidad de pacientes por enfermera", dijo una fuente de la organización humanitaria Oxfam.

"En promedio, hay un puesto sanitario por cada 1.700 refugiados, que siguen aumentando", agregó. Ochenta por ciento de los refugiados en el Cuerno de África son mujeres.

La ONU sostuvo en un comunicado el miércoles 27 que el hambre puede causar complicaciones del embarazo y del parto y elevar el riesgo de muertes maternas y enfermedades del recién nacido.

"Los especialistas advierten que eliminar la desnutrición de las madres puede reducir hasta en un tercio las discapacidades de sus hijos".

Las oficinas del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Somalia, Kenia, Etiopía y Djibouti están adoptando medidas de emergencia para distribuir suministros sanitarios y equipos médicos entre las poblaciones afectadas. Esto ayudará a prestar tratamientos para salvar vidas de madres e hijos, facilitando partos más seguros", dice el comunicado. (FIN/2011)

lunes, mayo 30, 2011

La década de la Mujer Africana: Oportunidades estratégicas...

Por Monica Ighorodje* / Revista Mujeres
La Década 2010-2020 de la Mujer Africana (DMA) es un gran acontecimiento para las mujeres africanas y supone un elogio a la Unión Africana por el reconocimiento de las necesidades, preocupaciones y de la agencia de la mujer en África. El objetivo de la DMA es garantizar una mayor atención a la aplicación de todos los compromisos relativos a la igualdad de género y al acceso al poder de la mujer en África. [1] Con la declaración de 2010-2020 como Década de la Mujer Africana, las organizaciones de los derechos humanos de las mujeres tienen la clave en las estrategias para el cumplimiento de los compromisos relacionados con la igualdad de género y el acceso al poder de la mujer. La existencia de la Década de la Mujer Africana es un claro signo de que las cuestiones de la mujer están a la orden del día en todo el mundo y que hemos empezado a cosechar los beneficios de nuestras luchas de liberación. A continuación, creemos oportuno diseccionar el contexto global de los derechos humanos de las mujeres a partir del contexto de la DMA para determinar las oportunidades de las mujeres africanas.

Contexto de la Década de la Mujer Africana en relación a los derechos humanos de la mujer
El concepto de la década de la mujer nació en 1975 en la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer de la Ciudad de México dentro de Naciones Unidas. [2] A partir de entonces, las mujeres se han involucrado y han participado en las consultas sobre los derechos de la mujer y la igualdad de género. [3] A nivel mundial, los derechos humanos de las mujeres tienen su origen en la Carta Internacional de Derechos sobre los cuales se articula la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, o Convención de la Mujer). Aparte de la existencia de la Convención de la Mujer, en los albores de un nuevo milenio Naciones Unidas elaboró un plan estratégico de quince años de lucha contra la pobreza, centrado en ocho objetivos, para los Estados miembros y conocidos como Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). En estos objetivos se incluyen las preocupaciones para el acceso al poder de la mujer y la igualdad de género.



Dentro de la Unión Africana, la aprobación y posterior entrada en vigor en 2005 del Protocolo de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos sobre los Derechos de la Mujer en África fue un paso decidido en la dirección de los derechos de las africanas. Es interesante observar que tanto la Convención de la Mujer como el protocolo de las africanas constituyen el marco jurídico de los derechos humanos de las mujeres a nivel mundial. La aparición de la Década de la Mujer Africana sólo consolida y sostiene el reconocimiento dado a la demanda para la inclusión y la rendición de cuentas de los dirigentes africanos.



Oportunidades para la participación en la Plataforma de la Década de la Mujer Africana

Un examen crítico de la DMA en el contexto de las áreas temáticas [4] indica que las organizaciones de derechos de las mujeres en el continente ya están trabajando en estos problemas. La repercusión de los temas indica la necesidad de reforzar nuestros esfuerzos colectivos para impulsar la voluntad política por parte de los dirigentes africanos y garantizar que estas preocupaciones sean atendidas. A la luz de estos acontecimientos, ¿qué oportunidades existen para las mujeres africanas de participar y enriquecer la DMA de manera efectiva?



Contexto normativo internacional y regional actual sobre los derechos y el desarrollo de las mujeres

El instrumento internacional de los derechos humanos proporcionó en su totalidad una plataforma adecuada para la promoción y protección de los derechos humanos de las mujeres. Desde la Carta Internacional de los Derechos a la “Convención de la Mujer”, la Plataforma de Acción de Beijing, la Declaración de Dakar y las Estrategias progresistas de Nairobi, las mujeres han participado continuamente en estas plataformas por la demanda de igualdad de género y el derecho a no sufrir discriminación ni violencia. Junto a estos instrumentos están la Solemne Declaración de la UA sobre la Igualdad de Género en África (SDGEA), mientras que el artículo 4 (l) de la Ley Constitutiva recalca la “promoción de la igualdad de género como uno de los principios rectores de la UA”. [5] Los susodichos instrumentos proporcionaron el marco normativo de las mujeres para exigir a sus líderes compromisos como la ratificación, la adaptación y la puesta en práctica, sobre todo a la luz de los objetivos del DMA.



La emergencia de las Naciones Unidas de la Mujer

En julio de 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó ONU-Mujeres (http://www.unwomen.org/es/), la entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el acceso al poder de la Mujer. [6] Este es otro logro para el movimiento de las mujeres hacia la igualdad de género y el acceso al poder de la mujer. Sorprendentemente, tanto de la DMA como de las Naciones Unidas de la Mujer refuerzan las oportunidades que pueden ser capitalizadas en África. Además, la presencia de diez africanas constituyendo parte de la junta ejecutiva de 41 miembros [7] proporciona una plataforma para la participación de las mujeres africanas en los planos internacional y regional; de ahí la necesidad de una estrategia de refuerzo, desde el nivel global hasta el local, y viceversa.



Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU

Un examen crítico de los objetivos de la DMA depende de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de Naciones Unidas, en particular el ODM 3 sobre la igualdad de género y el acceso al poder de la mujer. Este es el concepto general que describe el trabajo constituido por la organización de las mujeres, y por tanto las cuestiones sociales, económicas, políticas y culturales se convierten en áreas temáticas de interés de la DMA. Los ODM han cumplido su 10º aniversario y sólo tienen de plazo hasta 2015 para alcanzar su visión global. Teniendo en cuenta que la DMA gira en torno a los ODM y que el primer examen de la DMA se producirá simultáneamente en 2015 con la primera revisión de los logros de la década, las mujeres deben llevar a la práctica los ODM. La consecución de uno equivale a que la visión global se está haciendo realidad.



El aumento de la participación de la mujer en la política y el liderazgo

En todo el mundo, los electores de los diferentes países están comenzando a reconocer el posible papel de la mujer en la política y, como resultado, 2010 marca otro notable incremento en el número de presidentas en el mundo. Con la aparición de la primera mujer presidente de Brasil [8], las mujeres en África deben reconocer el cambio de paradigma gradual y proseguir en la defensa y el apoyo del aumento del papel político de las mujeres en la política y la toma de decisiones. La existencia de la primera mujer presidente de África en Liberia y el predominio de las mujeres en la esfera política de Ruanda es un trampolín para las mujeres.



Perspectiva de género de la Unión Africana

A diferencia de la antigua OUA (Organización de la Unidad Africana), la composición de la UA es un reflejo notable del compromiso del continente con la paridad de género y el respeto de los derechos de la mujer. En la actualidad, cinco de los diez comisarios de la UA son mujeres, incluyendo siete de los quince directores de la Comisión de la UA. Ninguna otra organización regional o internacional ha alcanzado este nivel de equidad de género en los niveles más altos de liderazgo. [9]



El año de la paz de África

La Unión Africana (UA) declaró el 2010 “Año de la paz en África”, reiterando su compromiso para impulsar aún más los procesos de paz en un continente donde millones de personas son asesinadas y desplazadas debido a los conflictos. [10] Las mujeres se llevan la peor parte en los disturbios civiles y son objeto de violencia de género, especialmente mediante el uso de la violación como arma de guerra en la mayoría de las regiones de África desgarradas por la crisis. Basándose en el compromiso de la UA y en la apelación a todas las partes interesadas a intensificar sus esfuerzos en el ámbito de la paz y la seguridad, las mujeres deben aprovechar el año de la paz y la seguridad. Las mujeres seguirán organizando y promoviendo una mayor participación de las mujeres en la reconstrucción post-conflicto y los procesos de paz con el fin de reconstruir la nación.



El movimiento feminista africano

La aparición del movimiento feminista africano es otro punto estratégico de compromiso. Las feministas africanas también son parte de un movimiento feminista global contra la opresión patriarcal en todas sus manifestaciones. Las experiencias feministas africanas están vinculadas a las mujeres de todo el continente africano y han compartido la solidaridad y apoyo a lo largo de los años. En el curso de la construcción de movimientos en los últimos años, y el intento de institucionalizar el movimiento, las feministas han sido capaces de construir redes y alianzas estratégicas en todo el continente. Además, la labor del movimiento feminista hacia el cierre de brechas entre generaciones y la tutoría de feministas jóvenes para consolidar y sostener la lucha es encomiable. La plataforma ya existente para las jóvenes sirve como medio para un fin y da cobertura a la preocupación de las temáticas de la DMA sobre la construcción de movimientos de mujeres jóvenes.



EL PAPEL DE LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL Y LA COALICIÓN DE LA SOLIDARIDAD DE DERECHOS DE LA MUJER AFRICANA EN ÁFRICA (SODMA)



La presente década proporciona una oportunidad para las organizaciones de la sociedad civil y la Coalición SODMA para poner a prueba los asuntos del acceso al poder de la mujer y la igualdad de género. Hasta dónde lograremos llegar está determinado por nuestra dirección estratégica y posicionamiento como socios y partes interesadas.



EL PAPEL DE LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL



-Divulgar y desmitificar la DMA

Las organizaciones de la sociedad civil bien informadas sobre la DMA tienen la responsabilidad de sensibilizar al continente de la importancia de la década y de su significación en la causa de un cambio de paradigma en la percepción social de las mujeres. Más importante aún es que se simplifiquen las diez áreas temáticas en un formato abreviado para la participación popular.



-La alineación de nuestros programas a la visión de la DMA

En la actualidad, el enfoque temático de la DMA gira en torno a las preocupaciones de las mujeres y, en consecuencia, la sociedad civil debe alinear sus programas, proyectos y organización para reflejar cualquiera de los diez temas de la DMA basados en sus ámbitos de competencia y en la solidaridad para la celebración de la década.



-Presionar sobre la voluntad política de los dirigentes africanos

Debe continuar la promoción de un compromiso renovado de todos los derechos humanos de las mujeres y las leyes de políticas de género. Los líderes africanos se apresuran a firmar los instrumentos internacionales y a adoptar las políticas de género para el progreso del continente. Sin embargo, los obstáculos culturales influyen en la ratificación o la domesticación de estos instrumentos internacionales o regionales. La domesticación es clave para la elaboración de estrategias y para asegurar la aplicación del compromiso de los gobiernos con los derechos humanos de las mujeres. Nosotras no podemos apoyar un gobierno responsable en ausencia de una ley nacional contra la discriminación de la mujer y la opresión. La puesta en marcha de la DMA se construirá sobre la nada si no existe un marco jurídico para el proceso de aplicación.



El papel de la Coalición SODMA



a). Coordinación de la red de DMA en la sociedad civil



La coalición debería organizar y coordinar un frente común de todos los miembros de las redes africanas -tanto individuos como organizaciones- interesados en la DMA para establecer enlaces con la UA y otras partes interesadas, como los sistemas pertinentes de la ONU y las comisiones de trabajo a nivel regional, nacional y local. Esto proporcionará una plataforma en la que la voz de otras organizaciones de mujeres no-visibles o activistas interesadas se incorporarán al proceso.



b). Documentar y compartir las mejores prácticas en África



La coalición puede actuar como una base de recursos para la documentación de las estrategias exitosas en toda África, que se puede difundir a través de las redes de la DMA. Esto proporcionará un repositorio de estrategias para la repercusión o ampliación en diferentes áreas temáticas para el compromiso.



c). Mecanismo de evaluación de la DMA



La coalición se compromete a organizar, cada dos años, un mecanismo de evaluación para controlar el progreso de la UA a nivel continental. Este mecanismo llenará los vacíos causados por la ausencia de una comisión sobre el estatuto de las mujeres y elaborará un informe periódico sobre los derechos de la mujer en África.



CONCLUSIÓN



En este artículo se ha examinado brevemente la importancia de la Década 2010-2020 de la Mujer Africana. El análisis de la década proporciona una plataforma para un compromiso más crítico, tanto a nivel mundial como a nivel nacional. Como resultado de ello está la oportunidad vital de las mujeres para hablar con una sola voz y estar unidas en sus luchas. Las estrategias identificadas sólo proporcionan el camino para que los mejores colectivos de mujeres puedan participar y obtener un resultado notable y un impacto en la década. Por último, está claramente establecida una matriz con la conexión internacional de los derechos humanos, los esfuerzos por el desarrollo y el intento de África para integrar las preocupaciones de las mujeres en la política de África. Por consiguiente, no será de interés continental separar las peticiones de las africanas de la perspectiva mundial debido a la interrelación de los intereses de las mujeres y los organismos.





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*Monica Ighorodje es dirigente de BAOBAB por los Derechos de la Mujer una organización no gubernamental nigeriana sin ánimo de lucro en defensa de los derechos humanos de las mujeres. Está centrada en los derechos legales de la mujer en virtud de los tres sistemas de derecho -tradicionales, constitucionales y religiosos- en Nigeria. BAOBAB trabaja y aboga por promover los derechos humanos de las mujeres, principalmente a través de la mejora del conocimiento y el desarrollo de los derechos.Traducción de Africaneando.



Este artículo ha sido publicado en Africaneando, nº 4, primer trimestre de 2011.



Notas

[1] http://bit.ly/fI53TK, visitado por última vez el 10 de noviembre de 2010.



[2] http://tinyurl.com/2waoh59, visitado por última vez el 10 de noviembre de 2010.



[3] Nota al margen de la reunión de planificación sobre la Década de la Mujer Africana (DMA) en la 54ª Sesión de la CSW, 2010, AU Oficina de Nueva York, EE.UU.



[4] Los 10 temas del DMA incluyen: Combatir la pobreza y el acceso al poder económico de las mujeres y el espíritu empresarial; Agricultura y Seguridad alimentaria; Salud, VIH/SIDA y mortalidad materna; Educación, Ciencia y Tecnología; Medio ambiente y Desarrollo sostenible; Paz y Seguridad; Gobierno y Protección jurídica; Finanzas y Presupuestos de Género; Mujeres en posiciones de toma de decisiones y Estimulación del movimiento africano de la mujer y la orientación del movimiento de mujeres jóvenes.



[5] http://tinyurl.com/346elzy, Las políticas de igualdad de género en la UA por Melinda Adams, visitado por última vez el 10 de noviembre 2010.



[6] http://tinyurl.com/32fwbay visitado por última visita fue el 10 de noviembre de 2010.



[7] http://tinyurl.com/23lb2z9 – Elección del Consejo Ejecutivo de la NU sobre la Mujer: El 10 de noviembre de 2010, los Estados miembros dieron un paso adelante para posibilitar la agencia de ONU-Mujeres, la Entidad de las Naciones Unidas sobre la Igualdad de Género y el Acceso al poder de la Mujer, para iniciar el trabajo de elección de los países miembros de su Consejo Ejecutivo. Las 41 miembros del consejo fueron seleccionados de la siguiente manera: 10 de África, 10 de Asia, 4 de Europa del Este, 6 de América Latina y el Caribe, 5 de Europa occidental.



[8] “La Presidenta-Electa de Brasil Dilma Rousseff promete igualdad de género”, publicado en el periódico Daily Trust, el martes 2 de noviembre de 2010.



[9] http://tinyurl.com/346elzy, Las políticas de igualdad de género en la UA, por Adams, Melinda, visitado por última vez el 10 de noviembre de 2010.



[10] http://tinyurl.com/36lbkmg



Fuente http://www.revistapueblos.org/spip.php?article2135

lunes, diciembre 06, 2010

Reconoce Sudáfrica que debe cerrar brechas de desigualdad

Anayeli García Martínez
(CIMAC).- Sudáfrica es uno de los países más desiguales del mundo, con serios problemas de pobreza, empleo, educación y de VIH/Sida, que reconoce la importancia de cerrar las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres, afirmó Agnes Babugura, directora de la escuela de Geografía y Ciencia Ambiental de la Universidad de Monash en Sudáfrica.

En entrevista con Cimacnoticias, la doctora Babugura explicó que antes de relacionar la visión de género en el cambio climático, la sociedad sudafricana debe enfrentar varios retos, ya que se trata de un país de contrastes radicales.

Por un lado, dijo, es la economía más grande del continente Africano, y por el otro, aún resiente las secuelas de la opresión racial del Apartheid. Además de que en este país convergen ciudades poco conocidas como Freetown o metrópolis como Johannesburgo.

Aunado a este contexto, Sudáfrica también ha experimentado los efectos del cambio climático: inviernos largos, fríos extremos, vientos fuertes, lluvias constantes, inundaciones y olas de calor, lo que repercute en las finanzas de los hogares y en la salud de las personas.

Debido a este contexto, la especialista en ciencias ambientales realizó una serie de estudios con el objetivo de recopilar evidencia para ver si era cierto que el cambio climático tenía un impacto diferente entre mujeres y hombres.

“Fue importante entender que sí existían estas diferencias pero también buscar una forma de que los resultados generados por esta investigación pudieran influir en las políticas públicas referentes al cambio climático”, sostuvo.

La investigación de la doctora Babugura, demostró que debido a que las personas participan de forma diferenciada en los procesos de siembra, el acarreo del agua, la producción de leña, la provisión de alimentos o del forraje para el ganado, las consecuencias también eran distintas.

“En Sudáfrica ya se han aceptado estas diferencias”, asegura. Por ello considera que este hecho pone a este país en una buena posición ya que las instituciones ahora deben generar el vínculo entre las desigualdades de género y el combate al cambio climático.

Aunque la doctora Babugura tiene la firme esperanza de es posible hacer frente a las consecuencias del calentamiento global, provocado por el aumento de la temperatura, está consciente de que los desafíos son mayores.

“Actualmente hay muchos problemas o asuntos sociales que debemos combatir para erradicar la desigualdad”, aseguró.

Pero éste no es su único reto, también dijo que contar con políticas públicas no garantiza que éstas se implementen eficazmente, por lo cual, hacen falta “métodos o sistemas de evaluación y monitoreo para ver cuáles son los resultados, y estudiar de qué forma se pueden resarcir las desigualdades”.

Recordó que en la África subsahariana, que es y será una de las regiones más afectadas por la producción de alimentos y suministro de agua, también debe combatir problemas sociales como el VIH/Sida y la pobreza, los cuales tienen “muchas implicaciones para las desigualdades de género”.

Así consideró que el desafío es considerar este escenario al dirigirse a temas de cambio climático, “tenemos que tomar en cuenta estos factores, son importantes y hay que considerarlos para poder lidiar con ellos y con los efectos del cambio climático que la gente esta atravesando actualmente”.

Agnes Babugura prefirió no hablar sobre sus expectativas en torno a la 16 Conferencia Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-16) que se lleva a cabo en Cancún, México, pero confió en que el gobierno de Sudáfrica haga un esfuerzo por encontrar compromisos reales en esta reunión internacional.

Sin duda alguna para Sudáfrica, este puede ser un buen escenario que sirva para las negociaciones del próximo año, las cuales se celebrarán en este país africano y que además serán un paso decisivo para la ratificación del Protocolo de Kyoto, que expira en 2012.

En 2011 y después de nueve años, Sudáfrica volverá a ser anfitrión de un encuentro de esta naturaleza, ya que en agosto de 2002, Johannesburgo fue sede la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable, la cual tuvo como principal objetivo promover la ecología y la justicia social.

Al respecto, la investigadora precisó que rumbo a la COP-17 es probable que el gobierno sudafricano trabaje para desarrollar e implementar estrategias contra los efectos del cambio climático; “no puedo hablar por ellos pero esperaría que logren resolver o tratar algunos de los problemas que hoy en día tienen las personas”, finalizó.

lunes, enero 25, 2010

Ruanda: las mujeres protagonistas de la reconstrucción

Eunice Wanjiru
Amecopress/IPSCincuenta y seis por ciento de los integrantes del Parlamento de Ruanda son mujeres, una clara manifestación del papel que éstas han adquirido en la reconstrucción nacional desde el genocidio en 1994.

Odette Nyiramilimo, ministra de Estado para Asuntos Sociales entre 2000 y 2003, y senadora entre 2003 y 2008, atribuyó la fuerte presencia de mujeres en el gobierno a un creciente ambiente de acción afirmativa.

Además, destacó la importante influencia en Ruanda de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, así como la convicción del presidente Paul Kagame de que el desarrollo y el respeto a los derechos humanos no pueden concretarse dejando a un lado a 52 por ciento de la población.

Muchos países tienen declaraciones, leyes y cuotas diseñadas para incrementar la participación de las mujeres en el gobierno, pero fallan cuando se trata de implementarlas. ¿Qué ha motivado los esfuerzos sostenidos de Ruanda para lograr paridad de género en la legislatura?

- Yo diría que fue la sed por el desarrollo. Si más de la mitad de la población sigue rezagada, puedes estar seguro del fracaso. Otra razón es que, luego del genocidio, las mujeres jugaron un gran papel en la reconstrucción del país. Trabajaron duro, se encargaron de los orfanatos, integraron las comunidades… así que, cualquiera podía ver que las mujeres eran fundamentales. Después de eso, la realidad nos golpeó: todas las voces de las mujeres debían ser oídas.


¿Cuáles son algunos de los principales desafíos que han afrontado en el camino, y cómo lo han superado?

- Para tener mujeres participando plenamente en posiciones políticas, el mayor desafío son las propias mujeres. No estaban capacitadas para ser políticas. No estaban siquiera entrenadas para ser líderes en cualquier esfera, lo cual fue muy claro durante los periodos electorales. No veíamos antes a una sola mujer compitiendo por un puesto. Pero hoy las mujeres se han dado cuenta de que también deben ser parte del proceso de desarrollo.

El otro desafío son los hombres. No entendían cómo una mujer podía ser líder. Pensaban que debían estar en casa cuidando a las familias o haciendo algún trabajo social como enfermeras, instructoras… Pero hoy sí entienden, porque han visto lo que son capaces de hacer. Han experimentado el liderazgo de las mujeres.

El otro desafío son las barreras culturales, donde las mujeres sienten que deben dejar que lideren los hombres. Una mujer que es el corazón de su hogar tiene poco tiempo para estar en una oficina, buscar información leyendo los periódicos o escuchando las noticias. Tienen la responsabilidad también de atender a sus hijos y a su esposo.

Pero ahora hay un cambio en los hombres, que entienden que ellos también deben ser activos en la atención de sus familias, en comparación con unos años atrás.

Yo diría que el desafío que afrontan hoy las mujeres de equilibrar la carrera con la familia debe comenzar en casa. No podemos escapar de nuestros deberes como madres y esposas, y por tanto necesitamos aprender el delicado arte del equilibrio.

Es tiempo de que los hombres dejen de ver a las mujeres como competidoras y las vean como socias. Todavía sufrimos hostilidades por parte de algunos de nuestros colegas masculinos. Algunos comenzaron a sentirse amenazados por el alto número de mujeres en el Parlamento y promovieron un cambio en la ley, diciendo que no debíamos recibir un trato especial en las próximas elecciones.

Pero estamos peleando por la misma causa: el desarrollo de nuestro país. Eso es lo que deben entender.

Estos fueron los principales desafíos. Reconocemos que todavía no hemos llegado y que se necesita mucho para lograr igualdad para todos. Nuestro fin es tener 30 por ciento de mujeres en cada sector: comercio, educación, salud y así.


¿Cómo se hace para lograr esto? ¿Cómo se es capaz de estimular a las mujeres y convencer a los hombres de que ellas también pueden liderar?


- Primero redactando leyes que le den más derechos a las mujeres. En 1999, aprobamos una ley de herencia y por primera vez las mujeres pudieron heredar tierra de sus familias. Después de eso, varias otras normas fueron aprobadas para asegurar que pudiéramos tener voz.

En 2003, la nueva Constitución destinó 30 por ciento de los puestos de decisión a las mujeres, que terminaron ocupando 48 por ciento de los bancos en el Parlamento, un esfuerzo que estimuló su participación en la política y su paso de los gobiernos locales al más alto nivel.

Las asociaciones femeninas, como Club Unidad, la Asamblea de Mujeres Líderes de Ruanda y el Foro de Mujeres Parlamentarias de Ruanda, también jugaron un papel importante. Fuimos a escuelas, hablamos con asociaciones, en reuniones públicas, con líderes de opinión, y así. Es un proceso que todavía continúa.

Un buen ejemplo es una iniciativa de la primera dama, llamada Fundación Imbuto, que premia a niñas y adolescentes de la educación primaria y secundaria que se destacan en sus clases. Las mujeres en posiciones de liderazgo son invitadas por esta organización a estimular que las niñas no sólo se desempeñen bien en la clase, sino afuera, y eso ha tenido enormes beneficios para cambiar la mentalidad.

Usted y otras mujeres han estado en una posición de poder durante un tiempo significativo. ¿Qué cambios han propuesto en el Parlamento y en el gobierno, y cómo esos cambios se tradujeron en la mejora de la situación de las ruandesas?

- Primero y antes que nada, el cambio en la mentalidad. La cultura ruandesa, y toda la cultura africana, generalmente le daba a la mujer una segunda posición.

Ahora eso ha cambiado. Las mujeres tienen confianza en que pueden ser políticas, empresarias y científicas. Un significativo número de ellas están haciendo un importante trabajo en influenciar al resto de la población.

Hoy es más fácil para las mujeres acceder a préstamos bancarios, una demanda ignorada años atrás. Es mi propia experiencia personal: ¡no podía obtener un préstamo simplemente porque era mujer!

El número de adolescentes y mujeres en instituciones superiores de aprendizaje ha aumentado, especialmente las que estudian ciencias y tecnologías.

¿En qué nivel diría que ustedes han sido capaces de influir más al gobierno?


- Yo diría que en el nivel nacional, porque es el que tiene potencial para resultados más tangibles. Un buen ejemplo es la aprobación de leyes clave: la de herencia, una contra la violencia de género y una para destacar los temas de género en el presupuesto, para mencionar algunas.

Las mujeres líderes creen que una continuada defensa de la igualdad de género se necesita en todos los niveles, particularmente en la base, así como educar a nuestros pares masculinos sobre la importancia de lograr la igualdad para un mayor crecimiento de nuestra nación.

sábado, diciembre 26, 2009

Protocolo sobre los Derechos de las Mujeres Africanas

Escuela Abierta de Feminismo

El Protocolo sobre los Derechos de las Mujeres Africanas, primer texto de ámbito continental que prohíbe explícitamente prácticas como la mutilación genital femenina, entró en vigor el 25 de noviembre de 2005, viernes.

El documento, que se aplicará a los quince países que lo han ratificado hasta ahora, es uno de los protocolos que desarrollan la Convención Africana sobre los Derechos de las Personas y los Pueblos, y aborda específicamente la realidad que viven las mujeres africanas.

Su artículo 5, por ejemplo, establece que los Estados Parte prohibirán y sancionarán "toda forma de mutilación genital femenina" y "protegerán a las mujeres que corran el riesgo de ser sometidas a ésta".

Es la primera vez que la ablación se aborda de forma explícita en un texto legal cuyo ámbito es el continente africano, donde dicha práctica sigue llevándose a cabo en más de 28 países.

También por primera vez se reafirma el derecho de las mujeres a que su salud reproductiva sea respetada, lo que incluye, según el artículo 14, "el derecho a controlar su fertilidad, elegir métodos anticonceptivos y protegerse frente al sida".

El mismo artículo indica que "los Estados tomarán medidas para proteger los derechos reproductivos de las mujeres autorizando el aborto médico en caso de asalto sexual, violación, incesto y cuando el embarazo ponga en peligro la salud física o mental de la madre o la vida de la madre y el feto".

En un continente donde los matrimonios pactados son habituales y a las niñas se les casa a muy corta edad, el Protocolo establece que los Estados se asegurarán de que "ningún matrimonio ocurra sin el consentimiento de las dos partes" y determina en 18 años la edad mínima para casarse.

También se reconocen los derechos de las viudas, una inclusión importante si se tiene en cuenta que en muchos países africanos la tradición priva a las mujeres del derecho a la propiedad y éstas son despojadas de todas sus pertenencias si fallece su marido o son ellas mismas "heredadas" por un familiar de éste.

"Una viuda tendrá derecho a una porción equitativa de la herencia de la propiedad de su esposo", señala el artículo 21, y el mismo principio se aplica si se produce separación o divorcio.

Otros apartados se refieren a la participación de la mujer en la política, su derecho a la educación o a ser amparada por las leyes, y su protección en caso de conflicto armado.

Las organizaciones de mujeres han calificado de "hito" la entrada en vigor del Protocolo.

"Lo fundamental es que es africano, son nuestros jefes de Estado quienes lo han adoptado y da a las mujeres una poderosa herramienta para retar a quienes mantienen que los derechos de las mujeres son un concepto "importado" de Occidente", dijo a EFE la directora de la Red de comunicación y desarrollo de las mujeres africanas (FEMNET), Muthoni Wanyeki.

"Estamos muy orgullosas de haber llegado hasta aquí, pero la gran batalla está por delante, en lograr que sea respetado", añadió Faiza Mohammed, de la organización Equality Now, que ha coordinado a 19 asociaciones africanas para presionar a los Gobiernos a que ratificaran el texto.

El Protocolo fue adoptado en la segunda Asamblea General de la Unión Africana (UA) celebrada en Maputo (Mozambique) en julio del 2003, pero para entrar en vigor debía ser ratificado por quince países miembros.

Togo se convirtió el pasado 26 de octubre en la decimoquinta nación en ratificarlo, activando automáticamente el periodo de 30 días previo a su entrada en vigor.

Los otros países que lo han ratificado son Cabo Verde, Comoros, Yibuti, Gambia, Lesoto, Libia, Malawi, Mali, Namibia, Nigeria, Ruanda, Senegal, Sudáfrica y Benin. Hay 38 miembros de la UA que aún no lo han aprobado.

domingo, noviembre 29, 2009

"Llegamos a donde estamos gracias a las mujeres que fueron parte de la lucha por la liberación nacional y la igualdad de género"

Entrevista a Thenjiwe Mtintso, embajadora de Sudáfrica en Italia
Por: Miren Gutiérrez / IPS
Nació en un campamento de ocupantes y fue criada por una madre viuda. Trabajó en una fábrica mientras terminaba la secundaria por correspondencia. Fue arrestada y proscripta por el gobierno del apartheid. La embajadora de Sudáfrica en Italia es un ejemplo del largo camino que ha recorrido su país.

En el contexto de una conferencia internacional sobre violencia de género y el rol de los medios organizada este jueves en la capital italiana por IPS y apoyada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia y el Municipio de Roma, Mtintso habló sobre lo que ocurre detrás de la lucha por la igualdad de género en Sudáfrica.

IPS: Sudáfrica se ubica en la sexta mejor posición del último Índice de Brecha Global de Género elaborado por el Foro Económico Mundial. "Los últimos datos revelan que Sudáfrica logró mejoras significativas en la participación femenina en la fuerza laboral, además de triunfos para las mujeres en puestos parlamentarios y ministeriales del nuevo gobierno. Sudáfrica es el punto más alto de la región en materia de empoderamiento político". ¿Se siente reivindicada?

THENJIWE MTINTSO: Sí, hay un sentido de reivindicación. Y también de conciencia. Cuando yo era periodista en los años 70, a veces se consideraba fuera de lugar (el tema de la discriminación contra las mujeres, dentro de la lucha contra el apartheid), a tal punto que algunas se preguntaban: "¿Estamos diciendo tonterías?". Las personas que asumían la lucha social contra el régimen del apartheid (de segregación racialo contra la mayoría negra) creían que, como las mujeres eran parte de la nación, no era necesario marcar una diferencia.


Yo considero que esta historia de éxito es un efecto directo de la lucha por la igualdad de las mujeres (de ese periodo). Llegamos a donde estamos gracias a las mujeres que fueron parte de la lucha por la liberación nacional y la igualdad de género, a las mujeres que formaron el movimiento y lograron una unidad más allá de las razas.

Fue en ese entorno político particular en el que las mujeres sentían las presiones de diferentes frentes, que fue posible que mujeres blancas y negras se unieran. Las blancas eran las esposas y las negras eran las trabajadoras domésticas. En realidad, los hombres tenían dos esposas.

Así que las mujeres se acercaron entre sí en el entorno previo a las primeras elecciones (1994). Se unieron y decidieron que no dejarían que los hombres hablaran en su nombre.

IPS: Usted subrayó el hecho de que Sudáfrica está en una mejor posición que Italia, que se ubica en el puesto 72 del Índice de Brecha Global de Género...

TM: Hay una diferencia histórica. Hemos pasado por una crisis enorme. Las luchas que atravesamos crearon una dinámica diferente que posibilitó esto.

IPS: Sin embargo, estamos hablando de un país que ocupa el primer puesto en materia de violaciones por persona (1,19 por cada 1.000 personas), según el Séptimo Estudio de las Naciones Unidas sobre Tendencias Delictivas y Funcionamiento de los Sistemas de Justicia Penal Correpondiente al Periodo 1998-2000. Más de 25 por ciento de los hombres sudafricanos consultados admitieron haber violado a alguien, según un estudio reciente realizado por el Consejo de Investigaciones Médicas. ¿Cuáles son las principales áreas en las que la discriminación todavía es dominante?

TM: Este problema es muy serio. Con las mejoras, hubo reveses. Lo que ocurrió es que cuanto más rápido íbamos (en términos de igualdad de género), más desafíos enfrentaban los hombres. Y algunos de ellos no estaban listos para ser liderados por mujeres, para que sus mujeres ganaran más dinero, para transferir roles de liderazgo a las mujeres.

Desafortunadamente, la violencia fue una respuesta. Tenemos hombres jóvenes golpeando a mujeres jóvenes. Las presiones económicas están empeorando las cosas. Se supone que los hombres deben mantener a sus familias (mientras que la crisis está afectando su capacidad de hacerlo). Las frustraciones de los hombres conspiran contra las mujeres.

Pero aunque las estadísticas sean correctas, ahora se reportan más (casos de violencia contra mujeres). Esto también se revela en las estadísticas.

IPS: Otro país africano, Lesotho, avanzó seis puestos, pasando del 16 al 10, ingresando a la lista de los 10 países con menores brechas de género de todo el mundo. Entre los 10 mejor posicionados figuran seis europeos, dos africanos y dos de Asia-Pacífico.

Liberia tiene a la primera mujer jefa de Estado de todo el continente, Ellen Johnson-Sirleaf (las mujeres ocupan altos puestos en otros varios países como presidentas de parlamentos, primeras ministras y vicepresidentas). Y el parlamento de Ruanda tiene la mayor proporción de mujeres del mundo: 56 por ciento. ¿Acaso estos hechos dicen algo sobre África en general?

TM: Éste es nuestro tiempo. Sudáfrica y África en general pueden evitar repetir los errores que cometieron otros países, porque podemos aprender de las experiencias de otros. Nos liberamos recién en los años 90, así que estamos caminando juntas hacia la democracia y la igualdad.

Tanzania está implementando un sistema de cuotas femeninas. Sudáfrica tiene cuotas en su partido gobernante. Otros implementan mecanismos para lograr la igualdad. Y todo esto ha tenido un impacto en las cantidades. Y sin cantidad, la calidad no es posible.

IPS: Usted mencionó la crisis económica. El Índice de Brecha Global de Género sugiere que hay un vínculo directo entre la pequeña brecha de género y el alto desempeño económico. Un ejemplo en esta región es Chad (ubicado en el puesto 133 del índice, apenas por encima de Yemen). Al otro lado del espectro, Sudáfrica tiene un desempeño bastante bueno, en el lugar 45 de 133 países...

TM: Hay una lección que aprender. El entorno económico y político es fundamental para el avance de la igualdad de género. Usted tiene una mayor igualdad de género cuando el desarrollo permite avances, aunque tenga excepciones como Ruanda (con una escasa brecha de género y bajo desarrollo).

Pero esto también funciona a la inversa. Cuando se libera el potencial de las mujeres, que está cercado por limitaciones y discriminación, se crece más rápidamente.

Y también se crece de modo diferente. Las mujeres pueden aportar maneras innovadoras de estimular el espíritu empresarial. Las que participan en pequeñas empresas tienen diferentes experiencias que pueden ser valiosas para el desarrollo. Es probable que involucrar más a las mujeres tenga un impacto positivo en el progreso económico y social.

Miren Gutiérrez es editora jefa de IPS.

Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=94058

miércoles, octubre 21, 2009

África: Mutilación genital es tema clave en elecciones

Por: Wambi Michael /IPS
Hace tres décadas, Gertrude Chebet, de 14 años, su hermana y otras adolescentes se dirigieron al río Amana para una ceremonia que les cambiaría la vida para siempre. Desde que era niña le hablaban del día en que se convertiría en mujer. La convencieron de que sería un gran cambio y de que debía esperar aquel momento con alegría.

Cuando llegó aquella fría mañana, ella y su hermana atravesaron la selva desde su aldea, en el este de Uganda, hasta donde se realizaría la ceremonia de iniciación. Para Chebet, resultó ser el día más terrible: iba a ser sometida a una mutilación genital.

“Una de las ancianas que supervisaba la circuncisión nos tomó una muestra de saliva, de orina y un vello público y enterró todo. Luego nos ordenó que nos acostáramos en el piso. Tras el primer corte, me desmayé y no recuerdo nada de lo que ocurrió después”, relató.

Al igual que a las otras adolescentes, no le permitieron recurrir a medicamentos. La obligaron a usar orina de vaca para limpiar la herida, como indica la costumbre.
Chebet hoy es maestra y preside la Iniciativa de Mujeres en Paz de Kapchorwa/Bukwo, que aboga por una legislación contra la también llamada circuncisión femenina.


Es una larga y dura lucha cambiar una antigua tradición que se practica en diferentes regiones del mundo y que en Uganda implica cercenar el clítoris y mutilar otras partes del órgano sexual femenino.

Las autoridades ugandesas no han logrado detener esa práctica ritual, condenada a principios de este año por el propio presidente Yoweri Museveni. Su gobierno, por falta de votos en el parlamento, no ha podido promover una ley que la prohíba.

En las comunidades donde la circuncisión femenina es algo común, es difícil que elijan a candidatas a cargos de poder que no se la hayan realizado. Incluso algunas mujeres han perdido elecciones por hacer campaña contra la práctica.

Jane Frances Kuka, ex ministra de Género y ex legisladora por el distrito de Kapchorwa, donde la mutilación genital está prohibida, perdió su asiento parlamentario por hacer campaña contra esa práctica tradicional, observada por las etnias sabiny, sebei y pokot.

“Es común que las niñas se desangren después de la circuncisión. Algunas tienen infecciones o se mueren de tétano. Muchas otras sufren problemas que luego las afectan durante el parto”, explicó Chebet.

Los consejos de los distritos de Kapchorwa y Bukwo aprobaron en 2007 una serie de ordenanzas municipales que prohíben la ablación genital, pero no suelen ser respetadas. En diciembre del año siguiente, unas 40 adolescentes de la primera localidad y más de 100 de la segunda fueron sometidas al ritual de iniciación.

Se necesita una ley nacional, indicó Chebet, pero reconoció que hay una gran resistencia a abolir la práctica, en especial de quienes tienen aspiraciones políticas..

Uganda es signataria del Protocolo de Maputo, adoptado por la Unión Africana, que garantiza los derechos de las mujeres y se opone a la mutilación genital, pero no ha aprobado aún ninguna ley para prohibirla.

El gobierno de Museveni ha sido aclamado en conferencias internacionales de mujeres por promover la emancipación femenina, pero se ha demorado en prohibir del todo la ablación genital.

Musevini obtuvo amplio respaldo en los distritos de Kapchorwa y Bukwo, en parte porque no interfirió con las tradiciones culturales, como la práctica de la circuncisión.

En abril de 2007, la organización Derecho y Defensa de las Mujeres en Uganda presentó una petición ante el Tribunal Constitucional para prohibir la práctica. Las activistas arguyeron que se trataba de una violación de sus derechos fundamentales y una forma de tortura y un trato inhumano y cruel.

Las Cámaras de la Fiscalía General, presididas por el fiscal general y el Ministerio de Justicia, pidieron al tribunal que rechazara el petitorio, pero éste aún no ha comunicado su fallo.

La ministra de Cultura, Roukia Nakadama, dijo que el gobierno ahora estaba resuelto a trabajar con las comunidades donde se practican ablaciones, y que apoyará un proyecto de ley presentado en el parlamento para prohibirlas.

El legislador y médico Chris Baryomunsi es el autor de la iniciativa. El parlamentario dijo a IPS que se sentía obligado a hacer algo por las mujeres ugandesas que sufren de las circuncisiones.

“Siento dolor y tristeza de que esto continúe en Uganda. Esas mujeres, voluntaria o involuntariamente, son sometidas a métodos crueles para cortarles partes de sus cuerpos sin ningún beneficio médico. Tuve que dar un paso para pelear contra esta injusticia”, afirmó.

Baryomunsi es respaldado por algunas activistas y por la vicepresidenta del parlamento, Rebecca Kadaga.

El proyecto propone duras penas para curanderos tradicionales y padres que promuevan la mutilación genital, de hasta 15 años de prisión. También establece que el consentimiento de la joven o mujer no es una defensa válida, dado que la práctica supone serios riesgos para la salud.

La Organización Mundial de la Salud presentó en 2006 un primer estudio sobre los efectos nocivos de la mutilación genital, indicando que las mujeres que han sido víctimas de la práctica tenían más probabilidades de padecer dificultades durante el parto, y sus hijos tenían más probabilidades de morir.

Incluso a los candidatos hombres el tema de la mutilación femenina les ha planteado problemas entre los ancianos de las comunidades, celosos de sus tradiciones.

“Algunas personas han perdido (las elecciones) por el lenguaje que usan contra la mutilación genital femenina. Yo personalmente he hablado en contra, subrayando sus aspectos negativos”, señaló el parlamentario John Yeko, del condado de Kween.

La situación no es diferente en la vecina Kenia. La parlamentaria Linah Jebbi dijo que el tema siempre aparece durante las elecciones, y reconoce que ella misma pudo haber perdido los últimos comicios por su postura contra las ablaciones si no hubiera apoyado a la vez otras campañas por los intereses de las comunidades locales, como una por la paz entre las tribus pastorales.

A sus 46 años, muchos ancianos la siguen considerando una “niña” a la que no se le puede confiar una responsabilidad de liderazgo.

“Hoy acepto que soy una niña según sus ideas, pero les digo que para ser un líder, para integrar el parlamento, hay que ser un servidor. ¿Y a quién envían para servir? No envían a un adulto, envían a un niño”, afirmó Jebbi.

En muchas culturas africanas tradicionales, es costumbre enviar a niños y niñas para hacer recados.

Por su parte, Kukas dijo a IPS que la mayoría de los políticos hombres utilizan la mutilación genital y la cultura patriarcal como argumentos para socavar a las mujeres que hacen campaña. Si una política no ha sido sometida a una ablación, será un tema que usarán en su contra.

domingo, octubre 18, 2009

La liberación de la mujer: una exigencia del futuro...

22 aniversario del asesinato de Thomas Sankara
Thomas Sankara Website / Tomado de Rebelión.org
Discurso de Thomas Sankara el 8 de marzo de 1987. Traducido por Juan Vivanco.
No es corriente que un hombre se dirija a tantas mujeres a la vez. Tampoco lo es que un hombre sugiera a tantas mujeres a la vez las batallas que hay que lidiar.

La primera timidez del hombre surge cuando se percata de que está mirando a una mujer. Comprenderéis, compañeras militantes, que a pesar de la alegría y el placer que siento al dirigirme a vosotras, sigo siendo un hombre que ve en cada una de vosotras a la madre, la hermana o la esposa. También me gustaría que nuestras hermanas aquí presentes, que han venido de Kadiogo y no entienden la lengua francesa extranjera en la que voy a pronunciar mi discurso, sean tan comprensivas como de costumbre, ellas que, como nuestras madres, aceptaron llevarnos durante nueve meses sin quejarse. (Intervención en lengua nacional mooré para asegurar a las mujeres que habrá una traducción para ellas.)

Compañeras, la noche del 4 de agosto alumbró la obra más saludable para el pueblo burkinabé. Le dio a nuestro pueblo un nombre y a nuestro país un horizonte.

Irradiados por la savia vivificante de la libertad, los hombres burkinabé, humillados y proscritos de ayer, fueron marcados con el signo de lo que más se aprecia en la vida: la dignidad y el honor. A partir de entonces la felicidad ha estado a nuestro alcance y todos los días marchamos hacia ella, exaltados por las luchas, pioneras de los grandes pasos que ya hemos dado. Pero la felicidad egoísta no es más que una ilusión, y tenemos a una gran ausente: la mujer. Ha quedado excluida de esta procesión feliz.

Si unos hombres han llegado ya a la linde del gran jardín de la revolución, las mujeres todavía están confinadas en su oscuridad ninguneante, desde donde comentan animada o discretamente las vicisitudes que han agitado Burkina Faso y para ellas, de momento, sólo son clamores.

Las promesas de la revolución ya son realidades para los hombres. En cambio para las mujeres no son más que rumores. A pesar de que la verdad y el futuro de nuestra revolución depende de ellas: asuntos vitales, asuntos esenciales, porque en nuestro país no podrá hacerse nada completo, decisivo y duradero mientras esta importante parte de nosotros mismos se mantenga en ese estado de sumisión impuesto durante siglos por distintos sistemas de explotación. Los hombres y las mujeres de Burkina Faso, a partir de ahora, deben cambiar profundamente la imagen que tienen de sí mismos en el seno de una sociedad que, además de determinar nuevas relaciones sociales, provoca una profunda transformación cultural al replantear las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres y obligarles a replantearse su propia naturaleza. Es una tarea temible pero necesaria, pues se trata de que nuestra revolución dé todo lo que pueda de sí, libere todas sus posibilidades y revele su auténtico significado en estas relaciones inmediatas, naturales, necesarias, entre el hombre y la mujer, que son las relaciones más naturales entre unos seres humanos y otros.

Vemos hasta qué punto el comportamiento natural del hombre se ha vuelto humano y su naturaleza humana se ha vuelto su naturaleza.

Este ser humano, vasto y complejo conglomerado de dolores y alegrías, de soledad en el abandono y, no obstante, cuna y creador de la inmensa humanidad, este ser de sufrimiento y humillación y, no obstante, fuente inagotable de felicidad para cada uno de nosotros; lugar incomparable de todos los afectos, acicate de los actos de valor más inesperados; este ser débil pero increíble fuerza inspiradora de los caminos que llevan al honor; este ser, verdad carnal y certeza espiritual, ¡este ser, mujeres, sois vosotras! Vosotras, arrulladoras y compañeras de nuestra vida, camaradas de nuestra lucha, y que por eso mismo, con toda justicia, debéis imponeros en pie de igualdad como comensales en los festines de las victorias revolucionarias.

Es esta la mentalidad con que todos, hombres y mujeres, debemos definir y afianzar el papel y el lugar de la mujer en la sociedad.

Se trata, pues, de devolverle al hombre su verdadera imagen haciendo que triunfe el reino de la libertad más allá de las diferencias naturales, gracias a la liquidación de todos los sistemas de hipocresía que consolidan la explotación cínica de la mujer.

En otras palabras, plantear la cuestión de la mujer en la sociedad burkinabé de hoy es esforzarse por abolir el sistema de esclavitud en el que se la ha mantenido durante milenios. Es, de entrada, esforzarse por comprender el funcionamiento de este sistema, conocer su verdadera naturaleza y todas sus sutilezas, para desatar las fuerzas capaces de lograr la emancipación total de la mujer.

Dicho de otro modo, para ganar una pelea que es común al hombre y la mujer, es preciso conocer todos los aspectos de la cuestión femenina, tanto a escala nacional como universal, y comprender en qué modo la lucha de la mujer burkinabé se suma hoy a la lucha universal de todas las mujeres, y más allá, a la lucha por la rehabilitación total de nuestro continente.

La condición de la mujer es, por consiguiente, el meollo de toda la cuestión humana, aquí, allá, en todas partes. Tiene un carácter universal.

La lucha de clases y la cuestión de la mujer

El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. Es también el que define la sociedad humana no ya como un hecho natural inmutable, sino como algo antinatural.

La humanidad no padece pasivamente el poder de la naturaleza. Sabe aprovecharlo. Este aprovechamiento no es una operación interior y subjetiva. Se efectúa objetivamente en la práctica, si se deja de considerar a la mujer como un simple organismo sexuado para tomar conciencia, más allá de los hechos biológicos, de su valor en la acción.

Además, la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida exclusivamente por su sexualidad. Refleja una situación que depende de la estructura económica de la sociedad, resultado de la evolución técnica y de las relaciones entre clases a las que ha llegado la humanidad.

La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. Por muy lejos que nos remontemos en la historia humana, el dominio del hombre sobre la naturaleza nunca se ha realizado directamente, con su cuerpo desnudo. La mano, con su pulgar prensil, ya se tiende hacia el instrumento que multiplica su poder. De modo que no son las condiciones físicas, la musculatura, el parto, por ejemplo, lo que consagró la desigualdad social entre el hombre y la mujer. Tampoco la confirmó la evolución técnica como tal. En algunos casos, y en algunos lugares, la mujer pudo anular la diferencia física que la separa del hombre.

El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad. Una desigualdad creada por la mente y por nuestra inteligencia para hacer posible la dominación y la explotación concretadas, representadas y experimentadas por las funciones y las atribuciones a las que hemos relegado a la mujer.

La maternidad, la obligación social de ajustarse a los cánones de lo que los hombres desean como elegancia, impiden que la mujer que lo desee se dote de una musculatura considerada masculina.

Según los paleontólogos, durante milenios, del paleolítico a la Edad del Bronce, las relaciones entre los sexos se caracterizaron por una complementariedad positiva. Estas relaciones permanecieron durante ocho milenios bajo el signo de la colaboración y la interferencia, y no de la exclusión propia del patriarcado absoluto, más o menos generalizado en la época histórica.

Engels tuvo en cuenta la evolución de las técnicas, pero también la esclavización histórica de la mujer, que nació con la propiedad privada, con el paso de un modo de producción a otro, de una organización social a otra.

Con el intenso trabajo necesario para roturar los bosques, cultivar la tierra y sacar el máximo provecho a la naturaleza, se produce una especialización de tareas. El egoísmo, la pereza, la comodidad, el esfuerzo mínimo para obtener un beneficio máximo surgen de las profundidades del hombre y se erigen en principios. La ternura protectora de la mujer hacia su familia y su clan son una trampa que la somete al dominio del macho. La inocencia y la generosidad son víctimas del disimulo y los cálculos egoístas. Se hace burla del amor, se mancilla la dignidad. Todos los sentimientos verdaderos se convierten en mercancía. A partir de entonces el sentido de la hospitalidad y de compartir que tienen las mujeres sucumbe a la artimañas de los astutos.

Aunque es consciente de las artimañas que están detrás del reparto desigual de tareas, ella, la mujer, sigue al hombre para cuidar de todo lo que ama. Él, el hombre, se aprovecha de esa entrega. Más adelante el germen de la explotación culpable establece unas reglas atroces que van más allá de las concesiones conscientes de la mujer, históricamente traicionada.

Con la propiedad privada la humanidad instaura la esclavitud. El hombre amo de sus esclavos y de la tierra pasa a ser propietario también de la mujer. Esta es la gran derrota histórica del sexo femenino. Se explica por los cambios profundos creados por la división del trabajo, debido a los nuevos modos de producción y a una revolución en los medios de producción.

Entonces el derecho paterno sustituye al derecho materno; la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no ya de la mujer a su clan. Es la aparición de la familia patriarcal, basada en la propiedad personal y única del padre, convertido en cabeza de familia. En esta familia la mujer está oprimida. El hombre, amo y señor, da rienda suelta a sus caprichos sexuales, se aparea con las esclavas o las hetairas. Las mujeres son su botín y sus conquistas de mercado. Se aprovecha de su fuerza de trabajo y disfruta de la diversidad del placer que le deparan.

La mujer, por su parte, cuando los amos hacen que la reciprocidad sea posible, se venga con la infidelidad. Es así como el matrimonio conduce de forma natural al adulterio. Es la única defensa de la mujer contra su esclavitud doméstica. La opresión social es la expresión de la opresión económica.

En este ciclo de violencia, la desigualdad sólo acabará con el advenimiento de una sociedad nueva, es decir, cuando los hombres y las mujeres disfruten de los mismos derechos sociales, producto de cambios profundos en los medios de producción y en las relaciones sociales. La suerte de la mujer sólo va a mejorar con la liquidación del sistema que la explota.

En todas las épocas, allí donde el patriarcado triunfaba, hubo un estrecho paralelismo entre la explotación de clase y el sometimiento de las mujeres. Con algunos momentos de mejoría, cuando algunas mujeres, sacerdotisas o guerreras, lograron sacudirse el yugo opresor. Pero la tendencia principal, tanto en la práctica cotidiana como en el plano intelectual, sobrevivió y se consolidó. Destronada de la propiedad privada, expulsada de sí misma, relegada a la categoría de nodriza y criada, desestimada por filósofos como Aristóteles, Pitágoras y otros, y por las religiones más extendidas, desvalorizada por los mitos, la mujer compartía la suerte del esclavo, que en la sociedad esclavista no era más que una bestia de carga con rostro humano.

No es de extrañar, entonces, que en su fase expansiva, el capitalismo, para el que los seres humanos son meras cifras, fuera el sistema económico que explotó a la mujer con más cinismo y refinamiento. Como esos fabricantes de la época que sólo empleaban a mujeres en sus telares mecánicos. Preferían a las mujeres casadas y entre ellas a las que tenían en casa varias bocas que alimentar, porque eran mucho más cuidadosas y dóciles que las solteras. Trabajaban hasta el agotamiento para dar a los suyos los medios de subsistencia indispensables.

Es así como las cualidades propias de la mujer se adulteran en su detrimento, y todos los elementos morales y delicados de su naturaleza se utilizan para esclavizarla. Su ternura, el amor a su familia, su la meticulosidad en el trabajo se utilizan contra ella, mientras que no se perdonan sus defectos.

A través de los tiempos y los tipos de sociedades, la mujer siempre ha tenido una triste suerte: la desigualdad, siempre ratificada, frente al hombre. Las manifestaciones de esta desigualdad han podido ser muy diversas, pero siempre ha existido.

En la sociedad esclavista, el hombre esclavo estaba considerado como un animal, un medio de producción de bienes y servicios. La mujer, cualquiera que fuera su rango, estaba oprimida dentro de su propia clase y fuera de ella, incluso las que pertenecían a las clases explotadoras.

En la sociedad feudal, basándose en la supuesta debilidad física o psíquica de las mujeres, los hombres las sometieron a una dependencia absoluta del hombre. A la mujer la mantenían, con pocas excepciones, apartada de los lugares de culto, por considerarla impura o principal agente de indiscreción.

En la sociedad capitalista, la mujer, que ya sufría una persecución en el orden moral y social, también está sometida económicamente. Mantenida por el hombre cuando no trabaja, sigue estándolo cuando se mata a trabajar. Nunca se insistirá bastante en la miseria de las mujeres, nunca se hará suficiente hincapié en su semejanza con la miseria de los proletarios.

Sobre la especificidad del hecho femenino
Porque la explotación asemeja a la mujer con el hombre.


Pero esta semejanza en la explotación social de los hombres y las mujeres, que vincula la suerte de ambos en la Historia, no debe hacernos perder de vista el hecho específico de la condición femenina. La condición de la mujer rebasa las entidades económicas y confiere un carácter singular a la opresión que sufre. Esta singularidad impide establecer equivalencias que nos llevarían a simplificaciones fáciles e infantiles. En la explotación, la mujer y el obrero están reducidos al silencio. Pero en el sistema capitalista, la mujer del obrero debe guardar silencio ante su marido obrero. En otras palabras, a la explotación de clase que tienen ambos en común viene a sumarse, para las mujeres, una relación singular con el hombre, una relación de enfrentamiento y agresión que se escuda en las diferencias físicas para imponerse.

Debemos admitir que la asimetría entre los sexos es lo que caracteriza a la sociedad humana, y que esta asimetría define una relación que nos impiden ver a la mujer, aun en el ámbito de la producción económica, como una simple trabajadora. Una relación preferente y peligrosa, merced a la cual la cuestión de la mujer siempre se plantea como un problema.

El hombre, por tanto, se escuda en la complejidad de esta relación para sembrar la confusión entre las mujeres y sacar partido de todas las artimañas de la explotación de clase para mantener su dominio sobre las mujeres. De un modo similar, en otras ocasiones, unos hombres dominaron a otros porque consiguieron imponer la idea de que en virtud de la estirpe, la cuna, el «derecho divino», unos hombres eran superiores a otros. Es el dominio feudal. Del mismo modo, en otras ocasiones, otros hombres consiguieron someter pueblos enteros porque el origen y la explicación del color de su piel les dieron una justificación supuestamente «científica» para dominar a quienes tenían la desgracia de ser de otro color. Es el dominio colonial. Es el apartheid.

No podemos pasar por alto esta situación de las mujeres, porque es la que lleva a las mejores de ellas a hablar de guerra de sexos, cuando se trata de una guerra de clanes y de clases en la que debemos pelear juntos y complementarnos. Pero hay que admitir que es la actitud de los hombres lo que propicia la alteración de los significados y con ello fomenta todos los excesos semánticos del feminismo, algunos de los cuales no han sido inútiles en el combate de hombres y mujeres contra la opresión. Un combate que podemos ganar, que vamos a ganar si recuperamos la complementariedad, si sabemos que somos necesarios y complementarios, si sabemos, en definitiva, que estamos condenados a la complementariedad.

Por ahora, hemos de reconocer que el comportamiento masculino, tan cargado de vanidad, irresponsabilidad, arrogancia y violencia de todo tipo para con la mujer, es incompatible con una acción coordinada contra la opresión de esta. Y qué decir de esas actitudes que denotan estupidez, pues no son más que desahogos de machos oprimidos que, con el trato brutal a su mujer, pretenden recuperar por su cuenta una humanidad que el sistema de explotación les niega.

La estupidez masculina se llama sexismo o machismo, formas de indigencia intelectual y moral, incluso de impotencia física más o menos declarada, que muchas veces hace que las mujeres políticamente conscientes consideren necesario luchar en dos frentes.

Para luchar y vencer, las mujeres deben identificarse con las clases sociales oprimidas: los obreros, los campesinos…

Un hombre, por oprimido que esté, siempre encuentra a alguien a quien oprimir: su mujer. Esa es la terrible realidad. Cuando hablamos del infame sistema del apartheid nuestro pensamiento y nuestra emoción se dirigen a los negros explotados y oprimidos. Pero nos olvidamos, lamentablemente, de la mujer negra que soporta a su hombre, ese hombre que, provisto de su passbook (salvoconducto), se permite unas correrías culpables antes de volver con la compañera que le espera dignamente, con su sufrimiento y su pobreza.

Pensemos también en la mujer blanca de África del Sur, aristócrata, seguramente rodeada de bienes materiales, pero por desgracia máquina de placer de esos hombres blancos lúbricos que para olvidar sus fechorías contra los negros se entregan a un desenfreno desordenado y perverso de relaciones sexuales bestiales.

Tampoco faltan ejemplos de hombres progresistas que viven alegremente en adulterio, pero serían capaces de matar a su mujer por una simple sospecha de infidelidad. ¡Entre nosotros abundan esta clase de hombres, que van a buscar un supuesto consuelo en brazos de prostitutas y cortesanas de todo tipo! Por no hablar de los maridos irresponsables, cuyos sueldos sirven para mantener queridas y engrosar sus deudas en el bar. Y qué decir de esos hombrecillos, también progresistas, que se congregan en un ambiente lascivo para hablar de mujeres de las que han abusado. Creen que así se miden con sus semejantes o que les humillan cuando andan detrás de las mujeres casadas.

En realidad solo son unos jovenzuelos lamentables de los que no valdría la pena hablar si no fuera porque su comportamiento delincuente pone en cuestión la virtud y la moral de mujeres de gran valor que habrían sido sumamente útiles a nuestra revolución.

Luego están todos esos militantes más o menos revolucionarios, mucho menos revolucionarios que más, que no permiten que sus mujeres militen o sólo se lo permiten de día, pero golpean a sus mujeres porque han salido a reuniones o manifestaciones nocturnas. ¡Ay de los desconfiados y celosos! ¡Qué pobreza de espíritu, qué compromiso tan limitado, tan condicionado! Porque vamos a ver: ¿una mujer despechada y decidida sólo puede engañar a su marido por la noche? ¿Y qué clase de compromiso es ese, que pretende que la militancia se suspenda al caer la noche y no recupere su valor y sus exigencias hasta que no sale el sol?

¿Y qué pensar, por último, de esas palabras sobre las mujeres oídas de labios de los militantes más revolucionarios? Palabras como «materialistas, aprovechadas, teatreras, mentirosas, chismosas, intrigantes, celosas, etc., etc…». Cosas que pueden ser verdad, ¡pero aplicadas a las mujeres y también a los hombres! ¿Qué puede esperarse de nuestra sociedad, si agobia metódicamente a las mujeres, las aparta de todo lo que se considera serio, determinante, de todo lo que esté por encima de las relaciones subalternas y mezquinas?

Cuando alguien está condenado, como las mujeres, a esperar a su amo y marido para darle de comer, y recibir de él autorización para hablar y vivir, sólo le quedan, para entretenerse y crearse una ilusión de utilidad o importancia, los chismes, el cotilleo, las discusiones, las trifulcas, las miradas de soslayo y envidiosas seguidas de maledicencias sobre la coquetería de las otras y su vida privada. Los varones que están en las mismas condiciones adoptan las mismas actitudes.

También decimos que las mujeres, ay, son negligentes. Por no decir cabezas de chorlito. Pero tengamos en cuenta que la mujer, agobiada o incluso atormentada por un esposo ligero, un marido infiel e irresponsable, un niño y sus problemas, abrumada por la administración de toda la familia, en estas condiciones tendrá una mirada extraviada, reflejo de la ausencia y la distracción de la mente. Para ella el olvido es un antídoto de la fatiga, una atenuación de los rigores de la existencia, una protección vital.

Pero también hay hombres negligentes, y mucho; unos por el alcohol y los estupefacientes, otros por varias formas de perversidad a las que se entregan a lo largo de su vida. Pero nadie dice que estos hombres sean negligentes. ¡Cuánta vanidad, cuántas vulgaridades!

Vulgaridades con que se complacen para justificar las imperfecciones del mundo masculino. Porque el mundo masculino, en una sociedad de explotación, necesita mujeres prostitutas. Estas mujeres, a las que se deshonra y sacrifica después de usarlas en el altar de la prosperidad de un sistema de mentiras y robos, son chivos expiatorios.

La prostitución es la quintaesencia de una sociedad donde la explotación es la norma. Simboliza el desprecio del hombre hacia la mujer. Hacia una mujer que no es otra que la figura dolorosa de la madre, la hermana o la esposa de otros hombres, y por tanto de cada uno de nosotros. Es, en definitiva, el desprecio inconsciente hacia nosotros mismos. Sólo hay prostitutas donde hay «prostituyentes» y proxenetas.

¿Quiénes van con las prostitutas?

Ante todo, los maridos que obligan a su mujer a ser casta y descargan en la prostituta su lascivia y sus instintos de violación. Así pueden tratar con respeto aparente a sus esposas y dar rienda suelta a su verdadera naturaleza cuando están con la chica llamada de vida alegre. Así, en el plano moral, la prostitución es simétrica del matrimonio. Los ritos, las costumbres, las religiones y las morales se adaptan a ella. Ya lo decían los padres de la Iglesia: «Para mantener la salubridad de los palacios hacen falta cloacas».

Luego están los clientes impenitentes e intemperantes que tienen miedo de asumir la responsabilidad de un hogar con todos sus problemas y huyen de las cargas morales y materiales de la paternidad. Entonces explotan la dirección discreta de una casa de tolerancia como el precioso filón de una relación sin consecuencias.

También está la cohorte de quienes censuran a las mujeres, al menos públicamente y en los lugares decentes. Ya sea por un despecho que no tienen el valor de confesar y les ha hecho perder la confianza en todas las mujeres y considerarlas un instrumentum diabolicum, ya sea por hipocresía, por haber proclamado de forma repetida y tajante un desprecio por el sexo femenino que procuran asumir ante una sociedad de la que han adoptado el respeto a la falsa virtud. Todos ellos frecuentan a escondidas los lupanares hasta que, a veces, se descubre su doblez.

Luego está esa debilidad del hombre que consiste en la búsqueda de situaciones poliándricas. Lejos de nosotros hacer juicios de valor sobre la poliandria, una forma de relación entre el hombre y la mujer que han preferido algunas civilizaciones. Pero en los casos que denunciamos, estamos pensando en los gigolós codiciosos y holgazanes mantenidos generosamente por señoras ricas.

En este mismo sistema, la prostitución, en el aspecto económico, puede igualar a la prostituta con la mujer casada «materialista». Entre la que vende su cuerpo prostituyéndolo y la que se vende en el matrimonio, la única diferencia consiste en el precio y la duración del contrato.

Al tolerar la existencia de la prostitución, rebajamos a todas nuestras mujeres al mismo rango: prostitutas o casadas. La única diferencia es que la mujer legítima, aunque está oprimida, disfruta como esposa de la honorabilidad que confiere el matrimonio. En cuanto a la prostituta, sólo le queda la valoración monetaria de su cuerpo, una valoración que fluctúa con los valores de las bolsas falocráticas.

¿Acaso no es un artículo que se valoriza o desvaloriza según el grado de marchitamiento de sus encantos? ¿No se rige por la ley de la oferta y la demanda? La prostitución es un compendio trágico y doloroso de todas las formas de esclavitud femenina. Por lo tanto, en cada prostituta debemos ver una mirada acusadora dirigida a toda la sociedad. Cada proxeneta, cada cliente de prostituta escarba en la herida purulenta y abierta que afea el mundo de los hombres y lo lleva a la perdición. Si combatimos la prostitución, si tendemos una mano amiga a la prostituta, salvamos a nuestras madres, hermanas y mujeres de esta lepra social. Nos salvamos a nosotros mismos. Salvamos al mundo.

La condición de la mujer en Burkina


Si a juicio de la sociedad un niño que nace es un «don de Dios», el nacimiento de una niña se recibe, si no como una fatalidad, en el mejor de los casos como un regalo que servirá para producir alimentos y reproducir el género humano.

Al hombrecito se le enseña a querer y conseguir, a decir y ser servido, a desear y tomar, a decidir y mandar. A la futura mujer, la sociedad, como un solo hombre y nunca mejor dicho, le impone, le inculca unas normas inapelables. Unos corsés psíquicos llamados virtudes crean en ella un espíritu de enajenación personal, desarrollan en esa niña el afán de protección y la predisposición a las alianzas tutelares y a los tratos matrimoniales. ¡Qué fraude mental tan monstruoso!

Así, niña sin infancia, desde los tres años de edad tendrá que responder a su razón de ser: servir, ser útil. Mientras su hermano de cuatro, cinco o seis años juega hasta el cansancio o el aburrimiento, ella se incorpora, sin contemplaciones, al proceso de producción. Ya tiene un oficio: ayudante doméstica. Una ocupación, por supuesto, sin remuneración, pues ¿acaso no se dice que la mujer, en su casa, «no hace nada»? ¿No se escribe «labores domésticas» en sus documentos de identidad para indicar que no tienen empleo? ¿Que «no trabajan»?

Con la ayuda de los ritos y las obligaciones de sumisión, nuestras hermanas van creciendo, cada vez más dependientes, cada vez más dominadas, cada vez más explotadas y con menos tiempo libre.

Mientras que el hombre joven encuentra en su camino las ocasiones para desarrollarse y forjar su personalidad, la camisa de fuerza social aprieta aún más a la muchacha en cada etapa de su vida. Por haber nacido niña pagará un fuerte tributo durante toda su vida, hasta que el peso del trabajo y los efectos del abandono físico y mental la lleven al día del Gran Descanso. Factor de producción al lado de su madre, más patrona que mamá, nunca la veremos sentada sin hacer nada, nunca libre, olvidada con sus juguetes, como él, su hermano.

Adondequiera que miremos, de la Meseta Central al Nordeste, donde predominan las sociedades con un poder muy centralizado, al Oeste, donde viven las comunidades aldeanas con un poder sin centralizar, o al Suroeste, territorio de las colectividades llamadas segmentarias, la organización social tradicional tiene al menos una cosa en común: la subordinación de las mujeres. En este ámbito nuestros 8.000 pueblos, nuestras 600.000 concesiones y nuestro millón y pico de hogares tienen comportamientos idénticos o parecidos. En todas partes la condición de la cohesión social definida por los hombres es la sumisión de las mujeres y la subordinación de los segundones.

Nuestra sociedad, todavía demasiado primitivamente agraria, patriarcal y polígama, explota a la mujer por su fuerza de trabajo y de consumo, y por su función de reproducción biológica.

¿Cómo experimenta la mujer esta curiosa identidad doble: la de ser el nudo vital que ata a todos los miembros de la familia, que garantiza con su presencia y sus desvelos la unidad fundamental, y la de estar marginada, relegada? Es una condición híbrida donde las haya, en la que el ostracismo impuesto sólo tiene parangón con el estoicismo de la mujer. Para vivir en armonía con la sociedad de los hombres, para someterse a la imposición de los hombres, la mujer encierra en una ataraxia degradante, negativa, entregándose por completo.

Mujer fuente de vida, pero también mujer objeto. Madre pero criada servil. Mujer nodriza pero mujer excusa. Trabajadora en el campo y en casa, pero figura sin rostro y sin voz. Mujer bisagra, mujer confluencia, pero mujer encadenada, mujer sombra a la sombra del hombre.

Pilar del bienestar familiar, es partera, lavandera, barrendera, cocinera, recadera, matrona, cultivadora, curandera, hortelana, molendera, vendedora, obrera. Es una fuerza de trabajo con herramienta en desuso, que acumula cientos de miles de horas con rendimientos desesperantes.

En los cuatro frentes de combate contra la enfermedad, el hambre, la indigencia y la degeneración, nuestras hermanas soportan cada día la presión de unos cambios en los que no pueden influir. Cuando cada uno de nuestros 800.000 emigrantes varones se va, una mujer se carga con más trabajo. Los dos millones de burkinabés que viven fuera del territorio nacional han contribuido así a agravar el desequilibrio de la proporción de sexos, de modo que hoy en día las mujeres constituyen el 51,7% de la población total. De la población residente potencialmente activa, son el 52,1%.

La mujer, demasiado ocupada para atender como es debido a sus hijos, demasiado agotada para pensar por sí misma, sigue trajinando: rueda de fortuna, rueda de fricción, rueda motriz, rueda de repuesto, noria.

Las mujeres, nuestras mujeres y esposas, apaleadas y vejadas, pagan por haber dado la vida. Relegadas socialmente al tercer rango, después del hombre y el niño, pagan por mantener la vida. Aquí también se ha creado arbitrariamente un Tercer Mundo para dominar, para explotar.

Dominada y transferida de una tutela protectora explotadora a una tutela dominadora y más explotadora aún, primera en la tarea y última en el descanso, al lado de la lumbre pero última en apagar su sed, autorizada a comer sólo cuando queda algo; y, detrás del hombre, sostén de la familia que carga sobre sus hombros, en sus manos y con su vientre a esta familia y a la sociedad, la mujer recibe en pago una ideología natalista opresiva, tabúes y prohibiciones alimentarias, más trabajo, malnutrición, embarazos peligrosos, despersonalización y muchos otros males, por lo que la mortalidad maternal es una de las taras más intolerables, más inconfesables, más vergonzosas de nuestra sociedad.

Sobre este substrato alienante, la irrupción de unos seres rapaces llegados de lejos agrió aún más la soledad de las mujeres e hizo aún más precaria su condición.

La euforia de la independencia olvidó a las mujeres en el lecho de las esperanzas rotas. Segregada en las deliberaciones, ausente de las decisiones, vulnerable y por tanto víctima previsible, siguió soportando a la familia y la sociedad. El capital y la burocracia se pusieron de acuerdo para mantener a la mujer sometida. El imperialismo hizo lo demás.

Las mujeres, escolarizadas dos veces menos que los hombres, analfabetas en un 99%, con escasa formación profesional, discriminadas en el empleo, relegadas a funciones subalternas, las primeras en ser acosadas y despedidas, abrumadas por el peso de cien tradiciones y mil excusas, siguieron haciendo frente a los desafíos que se presentaban. Tenían que permanecer activas, a cualquier precio, por los hijos, por la familia y por la sociedad. A través de mil noches sin auroras.

El capitalismo necesitaba algodón, karité y ajonjolí para sus industrias, y fue la mujer, fueron nuestras madres quienes, además de lo que ya estaban haciendo, tuvieron que hacerse cargo de la recolección. En las ciudades, donde se suponía que estaba la civilización emancipadora de la mujer, ella se vio obligada a decorar los salones de los burgueses, a vender su cuerpo para vivir o a servir de señuelo comercial en las producciones publicitarias.

Sin duda las mujeres de la pequeña burguesía de las ciudades viven mejor que las mujeres de nuestros campos en el orden material. Pero ¿son más libres, más respetadas, están más emancipadas, tienen más responsabilidades? Más que una pregunta, se impone una afirmación. Sigue habiendo muchos problemas, ya sea en el empleo o en el acceso a la educación, en la consideración de la mujer en los textos legislativos o en la vida diaria. La mujer burkinabé sigue siendo la que llega detrás del hombre, y no a la vez que él.

Los regímenes políticos neocoloniales que se han sucedido en Burkina Faso han abordado el asunto de la emancipación de la mujer con el planteamiento burgués, que no es más que ilusión de libertad y dignidad. La política de moda sobre la «condición femenina», o más bien el feminismo primario que reclama para la mujer el derecho a ser masculina, sólo tuvo repercusión en las escasas mujeres de la pequeña burguesía urbana. La creación del ministerio de la Condición Femenina, dirigido por una mujer, se proclamó como una victoria.

Pero ¿existía una conciencia real de esa condición femenina? ¿Se tenía conciencia de que la condición femenina es la condición del 52% de la población burkinabé? ¿Se sabía que esta condición estaba determinada por estructuras sociales, políticas y económicas, y por las ideas retrógradas dominantes, y que por consiguiente la transformación de esta condición no era labor de un solo ministerio, aunque tuviera a una mujer al frente?

Tan es así que las mujeres de Burkina, después de varios años de existencia de este ministerio, comprobaron que su condición no había cambiado en absoluto. Y no podía ser de otro modo, porque el planteamiento de la emancipación de las mujeres que había desembocado en la creación de ese ministerio-coartada no quería ver ni poner en evidencia las verdaderas causas de la dominación y la explotación de la mujer. No es de extrañar, entonces, que pese a la existencia de ese ministerio, la prostitución aumentara, el acceso de las mujeres a la educación y el empleo no mejorara, los derechos civiles y políticos de las mujeres siguieran en el limbo y las condiciones de vida de las mujeres, tanto en la ciudad como en el campo, no hubieran mejorado.

¡Mujer florero, mujer coartada política en el gobierno, mujer sirena clientelista en las elecciones, mujer robot en la cocina, mujer frustrada por la resignación y las inhibiciones impuestas a pesar de su apertura mental! Sea cual sea su sitio en el espectro del dolor, sea cual sea su forma urbana o rural de sufrir, ella sigue sufriendo.

Pero bastó una noche para situar a la mujer en el centro del progreso familiar y de la solidaridad nacional.

La aurora siguiente del 4 de agosto de 1983, portadora de libertad, alumbró el camino para que todos juntos, iguales, solidarios y complementarios, marcháramos codo con codo, en un solo pueblo.

La revolución de agosto encontró a la mujer burkinabé en una situación de sumisión y explotación por una sociedad neocolonial muy influida por la ideología de las fuerzas retrógradas. Tenía que romper con la política reaccionaria, preconizada y aplicada hasta entonces también en el ámbito de la emancipación de la mujer, y definir claramente una política nueva, justa y revolucionaria.

Nuestra revolución y la emancipación de la mujer

El 2 de octubre de 1983 el Consejo Nacional de la Revolución expuso claramente en el Discurso de Orientación Política cuál era el eje principal del combate por la liberación de la mujer. Se comprometió a trabajar por la movilización, la organización y la unión de todas las fuerzas vivas de la nación y de la mujer en particular. El Discurso de Orientación Política precisaba, acerca de la mujer: «Se incorporará a todos los combates que entablemos contra los obstáculos de la sociedad neocolonial y por la construcción de una sociedad nueva. Se incorporará en todos los noveles de planificación, decisión y ejecución para la organización de la vida de toda la nación».

Esta empresa grandiosa se propone construir una sociedad libre y próspera donde la mujer sea igual al hombre en todos los ámbitos. No puede haber una forma más clara de concebir y enunciar la cuestión de la mujer y la lucha emancipadora que nos espera.

«La verdadera emancipación de la mujer es la que responsabiliza a la mujer, la incorpora a las actividades productivas, a las luchas del pueblo. La verdadera emancipación de la mujer es la que propicia la consideración y el respeto del hombre.»

Esto indica claramente, compañeras militantes, que la lucha por la liberación de la mujer es ante todo vuestra lucha por el fortalecimiento de la revolución democrática y popular. Una revolución que os da la palabra y el poder de decir y obrar para la edificación de una sociedad de justicia e igualdad, donde la mujer y el hombre tengan los mismos derechos y deberes. La revolución democrática y popular ha creado las condiciones para este combate libertador. Os corresponde a vosotras obrar con responsabilidad para, por un lado, romper las cadenas y trabas que esclavizan a la mujer en sociedades atrasadas como la nuestra, y por otro, asumir la parte de responsabilidad que os corresponde en la política de edificación de la sociedad nueva, en beneficio de África y de toda la humanidad.

En las primeras horas de la revolución democrática y popular ya lo decíamos: «la emancipación, como la libertad, no se concede, se conquista. Corresponde a las propias mujeres plantear sus demandas y movilizarse para hacerlas realidad». Nuestra revolución no sólo ha marcado una meta en la lucha por la emancipación de la mujer, sino que ha señalado el camino a seguir, los medios necesarios y los principales actores de este combate. Pronto hará cuatro años que trabajamos juntos, hombres y mujeres, para cosechar victorias y avanzar hacia el objetivo final.

Debemos ser conscientes de las batallas reñidas, los éxitos alcanzados, los fracasos sufridos y las dificultades encontradas para preparar y dirigir los combates futuros. ¿Qué es lo que ha hecho la revolución democrática y popular por la emancipación de la mujer?

¿Cuáles son los logros y los obstáculos?

Uno de los mayores aciertos de nuestra revolución en la lucha por la emancipación de la mujer ha sido, sin duda, la creación de la Unión de las Mujeres de Burkina (UFB por sus siglas en francés). La creación de esta organización es un gran acierto porque ha dado a las mujeres de nuestro país un marco y unos medios seguros para entablar el combate victoriosamente. La creación de la UFB es uan gran victoria, porque une a todas las mujeres militantes con objetivos concretos, justos, para el combate libertador dirigido por el Consejo Nacional de la Revolución. La UFB es la organización de las mujeres militantes y responsables, dispuestas a trabajar para transformar la realidad, a luchar para vencer, a caer y volver a levantarse cada vez para avanzar sin retroceder.

Ha surgido una conciencia nueva entre las mujeres de Borkina, y todos debemos estar orgullosos de ello. Compañeras militantes, la Unión de las Mujeres de Burkina es vuestra organización de combate. Tendréis que afilarla bien para que sus tajos sean más cortantes y os deparen cada vez más victorias. Las iniciativas que el gobierno ha tenido desde hace algo más de tres años para lograr la emancipación de la mujer son sin duda insuficientes, pero han permitido cubrir una etapa del camino, y nuestro país puede presentarse hoy en la vanguardia del combate libertador de la mujer. Nuestras mujeres participan cada vez más en las tomas de decisión, en el ejercicio efectivo del poder popular.

Las mujeres de Burkina están allí donde se construye el país, están en las obras: el Sourou (valle irrigado), la reforestación, la vacunación, las operaciones «Ciudades limpias», la batalla del tren, etc. Poco a poco, las mujeres de Burkina ocupan espacios y se imponen, haciendo retroceder las ideas falocráticas y retrógradas de los hombres. Y seguirán así hasta que la mujer de Burkina esté presente en todo el tejido social y profesional. Nuestra revolución, durante estos tres años y medio, ha trabajado por la eliminación progresiva de las prácticas que desvalorizan a la mujer, como la prostitución y otras lacras, como el vagabundeo y la delincuencia de las jóvenes, el matrimonio forzoso, la ablación y las condiciones de vida especialmente difíciles de la mujer.

La revolución procura resolver en todas partes el problema del agua, instala molinos en los pueblos, mejora las viviendas, crea guarderías populares, vacuna a diario, promueve una alimentación sana, abundante y variada, y con ello contribuye a mejorar las condiciones de vida de la mujer burkinabé.

Esta debe comprometerse más a aplicar las consignas antiimperialistas, a producir y consumir burkinabé, imponiéndose como un agente económico de primer orden, tanto productor como consumidor de productos locales.

La revolución de agosto, sin duda, ha avanzado mucho por la senda de la emancipación de la mujer, pero lo hecho hasta ahora es insuficiente. Nos queda mucho por hacer.

Para llevarlo a cabo debemos ser conscientes de las dificultades con que tropezamos. Los obstáculos y las dificultades son muchos. Ante todo el analfabetismo y el bajo nivel de conciencia política, agravados por la poderosa influencia de las fuerzas retrógradas en nuestras sociedades atrasadas.

Debemos trabajar con perseverancia para superar estos dos obstáculos principales. Porque mientras las mujeres no tengan conciencia clara de la justeza de nuestra lucha política y de los medios necesarios, corremos el riesgo de tropezar e incluso de retroceder.

Por eso la Unión de las Mujeres de Burkina tiene que cumplir plenamente su función. Las mujeres de la UFB tienen que trabajar para superar sus insuficiencias, para romper con las prácticas y el comportamiento que siempre se han considerado propios de mujeres y lamentablemente se sigue dando a diario en los comportamientos y los razonamientos de muchas mujeres. Son todas esas mezquindades como la envidia, el exhibicionismo, las críticas incesantes y gratuitas, negativas y sin fundamento, la difamación mutua, el subjetivismo a flor de piel, las rivalidades, etc. Una mujer revolucionaria debe vencer estos comportamientos, especialmente acentuados en la pequeña burguesía. Porque son perjudiciales para el trabajo en grupo, dado que el combate por la liberación de la mujer es un trabajo organizado que necesita la contribución del conjunto de las mujeres.

Juntos debemos trabajar por incorporar a la mujer al trabajo. A un trabajo emancipador y liberador que garantice a la mujer su independencia económica, un peso social mayor y un conocimiento más justo y completo del mundo.

Nuestra noción del poder económico de la mujer debe apartarse de la codicia vulgar y de la avidez materialista que convierten a algunas mujeres en bolsas de valores especuladoras, en cajas fuertes ambulantes. Son mujeres que pierden la dignidad, el control y los principios en cuanto oyen el tintineo de las joyas o el crujido de los billetes. Algunas de estas mujeres, lamentablemente, hacen que los hombres caigan en los excesos del endeudamiento o incluso de la corrupción. Estas mujeres son peligrosas arenas movedizas, fétidas, que apagan la llama revolucionaria de sus esposos o compañeros militantes. Se han dado tristes casos de ardores revolucionarios que se han apagado y el compromiso del marido se ha apartado de la causa del pueblo por tener una mujer egoísta y arisca, celosa y envidiosa.

La educación y la emancipación económica mal entendidas y enfocadas pueden ser motivo de desdicha para las mujeres y por tanto para la sociedad. Solicitadas como amantes, son abandonadas cuando llegan las dificultades. La opinión común sobre ellas es implacable: la intelectual está «fuera de lugar», y la que es muy rica resulta sospechosa. Todas están condenadas a un celibato que no sería grave si no fuera la expresión misma de un ostracismo generalizado de toda una sociedad contra unas personas, víctimas inocentes porque desconocen por completo cuál es su delito y su defecto, frustradas porque día a día su afectividad se transforma en hipocondría. A muchas mujeres el saber sólo les ha dado desengaños, y la fortuna ha producido muchos infortunios.

La solución de estas paradojas aparentes consiste en que las desdichadas cultas o ricas pongan al servicio de su pueblo su gran instrucción, sus grandes riquezas. Así se granjearán el aprecio y hasta la adulación de todas las personas a las que darán un poco de alegría. En estas condiciones ya no podrán sentirse solas. La plenitud sentimental se alcanza cuando se consigue que el amor a uno mismo y de uno mismo se convierta en el amor al otro y el amor de los otros.

Nuestras mujeres no deben retroceder ante las luchas multiformes que les permitirán asumirse plenamente, con valentía, y experimentar así la felicidad de ser ellas mismas, y no la domesticación de ellas por ellos.

Todavía hoy, para muchas de nuestras mujeres, la protección de un hombre es la mejor garantía contra el qué dirán opresor. Se casan sin amor y sin alegría de vivir con un patán, un insulso alejado de la vida y las luchas del pueblo. Es frecuente que las mujeres exijan una gran independencia y reclamen al mismo tiempo la protección, peor aún, estar bajo el protectorado colonial de un varón. Creen que no pueden vivir de otro modo.

¡No! Tenemos que decirles a nuestras hermanas que el matrimonio, si no aporta nada a la sociedad y no las hace felices, no es indispensable, e incluso se debe evitar. Al contrario, mostrémosles cada día el ejemplo de unas pioneras osadas e intrépidas que en su celibato, con o sin hijos, están de un humor excelente y prodigan riquezas y disponibilidad a los demás. Incluso despiertan la envidia de las casadas desdichadas, por las simpatías que se granjean, la felicidad que les depara su libertad, su dignidad y su disponibilidad.

Las mujeres han dado sobradas muestras de capacidad para mantener s su familia, criar a los niños, en una palabra, ser responsables sin necesidad de estar sometidas a la tutela de un hombre. La sociedad ha evolucionado lo suficiente para que se acabe la marginación injusta de la mujer sin marido. Revolucionarios, debemos lograr que el matrimonio sea una opción enriquecedora, y no esa lotería de la que se sabe lo que se gasta al principio, pero no lo que se va a ganar. Los sentimientos son demasiado nobles para jugar con ellos.

Otra dificultad, sin duda, es la actitud feudal, reaccionaria y pasiva de muchos hombres, que tienen un comportamiento retrógrado. No quieren que se cuestione el dominio absoluto sobre la mujer en el hogar o en la sociedad en general. En el combate por la edificación de la sociedad nueva, que es un combate revolucionario, estos hombres, con sus prácticas, se sitúan en el lado de la reacción y la contrarrevolución. Porque la revolución no puede tener éxito sin la emancipación verdadera de las mujeres.

Por eso, compañeras militantes, tenemos que ser muy conscientes de todas estas dificultades para afrontar los combates futuros.

La mujer, lo mismo que el hombre, tiene cualidades pero también defectos, lo que demuestra que la mujer es igual al hombre. Si destacamos deliberadamente las cualidades de la mujer, no es porque tengamos de ella una visión idealizada. Simplemente queremos poner de relieve sus cualidades y habilidades, que el hombre y la sociedad siempre han ocultado para justificar la explotación y el sometimiento de la mujer.

¿Cómo podemos organizarnos para acelerar la marcha hacia la emancipación?

Nuestros medios son irrisorios, pero nuestra ambición es grande. Nuestra voluntad y nuestra firme convicción de avanzar no bastan para alcanzar la meta. Debemos sumar fuerzas, todas nuestras fuerzas, coordinarlas para que la lucha tenga éxito. Desde hace más de dos décadas se habla mucho de emancipación en nuestro país, hay mucho debate al respecto. Hoy se trata de abordar el asunto de la emancipación de forma global, evitando las irresponsabilidades que impidieron reunir todas las fuerzas en la lucha y quitaron importancia a esta cuestión crucial, y evitando también las huidas hacia delante que dejarían atrás a aquellos y sobre todo aquellas que deben estar en primera línea.

(...)

Por eso, compañeras, os necesitamos para una verdadera liberación de todos nosotros. Sé que siempre hallaréis la fuerza y el tiempo necesarios para ayudarnos a salvar nuestra sociedad.

Compañeras, no habrá revolución social verdadera hasta que la mujer se libere. Que mis ojos no tengan que ver nunca una sociedad donde se mantiene en silencio a la mitad del pueblo. Oigo el estruendo de este silencio de las mujeres, presiento el fragor de su borrasca, siento la furia de su rebelión. Tengo esperanza en la irrupción fecunda de la revolución, a la que ellas aportarán la fuerza y la rigurosa justicia salidas de sus entrañas de oprimidas.

Compañeras, adelante por la conquista del futuro. El futuro es revolucionario. El futuro pertenece a los que luchan.

¡Patria o muerte, venceremos!

Fuente: http://www.thomassankara.net/spip.php?article40{=fr&artpage=1-3