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jueves, julio 28, 2011

SOMALIA: "No se trata de madres que abandonan a sus hijos"

Miriam Gathigah
(IPS) -
En el camino fronterizo entre Kenia y Somalia yacen los cadáveres de niñas y niños que sucumbieron al hambre y las penurias del viaje desde sus aldeas, arruinadas por la sequía, y el territorio keniata.

La historia de esos niños que murieron entre Dobley, el último centro poblado en el sur somalí antes de ingresar a Kenia, aún no se ha contado, afirman trabajadores humanitarios.

Ahmed Khalif trabaja para una organización no gubernamental de Kenia y cruza a menudo el límite entre los dos países para asistir a la población somalí. Él ha visto muchos pequeños cuerpos a la vera del camino.

"Cualquiera que siga esa ruta puede relatar terribles historias de cadáveres, la mayoría niños. Sus madres también se van muriendo. No se trata de madres desalmadas que abandonan a sus hijos, sino que intentan sobrevivir para honrar la vida", describe Khalif.

Él ha visto montones de personas, la mayoría mujeres y niños, intentando cruzar la frontera. Pero cuando los infantes ya están tan débiles que no pueden caminar, caen simplemente en la carretera, mientras sus madres y demás familiares medio muertos de hambre siguen caminando con la esperanza de conseguir ayuda.

"Es duro ver (a los niños) al borde de la muerte, la piel caída por la deshidratación extrema, los cuerpos demasiado pequeños para su altura, los labios resecos. No hablan, simplemente caen".

"Tienen los ojos hundidos en las órbitas, pero te siguen mirando. Es muy perturbador. Uno piensa que los demás no tienen sentimientos por haberlos abandonado, pero están en la misma condición. Sólo la voluntad de llegar al (campamento de) Dadaab los mantiene en pie", explica Khalif.

Los que mueren así no son enterrados. "¿Quién tiene energía para hacerlo? Apenas pueden seguir caminando hasta el campamento, donde encuentran sepultura, si mueren allí", agrega Khalif en referencia al improvisado cementerio de Dadaab.

Los menores somalíes que sobreviven y llegan al campo de refugiados soportaron penurias a un grado difícil de imaginar, caminando al menos 10 días bajo un calor intenso en una tierra de nadie, infestada de hienas.

El grupo extremista Al Shabaab, presente en buena parte del sur somalí, "sigue dificultando el acceso de la gente a Kenia y a Dadaab, evitando que los somalíes procedentes de zonas bajo su control lleguen a Dobley", describe Khalif.

Y esto ocurre pese a que Dobley está ahora en poder de fuerzas del gobierno de Somalia, que expulsaron del poblado a los rebeldes de Al Shabaab tres meses atrás.

Entonces, en lugar de recorrer los 15 kilómetros que median entre Dobley y Kenia, muchos deben dar un rodeo y caminar entre cuatro y nueve días más para cruzar la frontera.

Este trayecto no sólo es más largo, sino peligroso. Bandas de delincuentes roban las escasas pertenencias de los desplazados y violan a las mujeres.

Dadaab, una aldea semiárida situada en el este de Kenia, en la Provincia Nororiental, alberga más de 380.000 personas y acaba de convertirse en el mayor campamento de refugiados del mundo. La vida allí no es fácil, sobre todo para niñas y niños.

Cada día llegan unos 1.300 somalíes y mueren cuatro niños, según agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que aseguran se necesitan más de 300 millones de dólares cada seis meses para salvar a la población infantil afectada por la sequía.

"Los niños son muy pequeños y pesan muy poco para su edad. Su condición supera la desnutrición aguda. Esta sequía está liquidando avances en la lucha contra la mortalidad infantil", afirma Oliver Yambi, representante en Kenia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Las agencias de la ONU están encontrando proporciones de desnutrición aguda de hasta 35 por ciento de los niños, caracterizada por pérdida extrema de peso y por tallas muy pequeñas para la edad.

La Organización Mundial de la Salud estableció que cuando la desnutrición aguda sobrepasa el 15 por ciento de un colectivo humano, éste ha cruzado un umbral crítico o de emergencia. Porcentajes superiores exhiben un estado avanzado de desnutrición aguda del que difícilmente los niños salgan con vida, pues tienen una probabilidad 10 veces superior de morir antes de cumplir los cinco años.

Según Unicef, la cantidad de niños menores de cinco años con desnutrición aguda aumentó en Somalia de 476.000 en enero a 554.550 en julio.

Y sus madres no se encuentran mucho mejor.

"Los niños no son los únicos que mueren en Dadaab. La mortalidad materna es muy elevada. Estimamos que mueren al menos 298 madres por cada 100.000 nacidos vivos. Los números crecen por la anemia extrema así como por la relación entre cantidad de pacientes por enfermera", dijo una fuente de la organización humanitaria Oxfam.

"En promedio, hay un puesto sanitario por cada 1.700 refugiados, que siguen aumentando", agregó. Ochenta por ciento de los refugiados en el Cuerno de África son mujeres.

La ONU sostuvo en un comunicado el miércoles 27 que el hambre puede causar complicaciones del embarazo y del parto y elevar el riesgo de muertes maternas y enfermedades del recién nacido.

"Los especialistas advierten que eliminar la desnutrición de las madres puede reducir hasta en un tercio las discapacidades de sus hijos".

Las oficinas del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Somalia, Kenia, Etiopía y Djibouti están adoptando medidas de emergencia para distribuir suministros sanitarios y equipos médicos entre las poblaciones afectadas. Esto ayudará a prestar tratamientos para salvar vidas de madres e hijos, facilitando partos más seguros", dice el comunicado. (FIN/2011)

jueves, junio 24, 2010

Crisis económica. Una perspectiva feminista desde América Latina

Fuente: Ciudad de las Diosas
Este libro está escrito en una encrucijada de la historia,cuando una profunda crisis azota a todo el planeta poniendo en serio peligro las condiciones de vida de una parte importante de la población mundial; particularmente, la de los sectores sociales más vulnerables de los países del sur. El desempleo masivo, la caída de ingresos de los hogares y las reducciones de gasto público en protección social amenazan con un incremento de las situaciones de pobreza. Este drama humano caracterizado fundamentalmente como crisis financiera y económica ha originado un debate internacional donde se proponen políticas más o menos intervencionistas con fuerte apoyo financiero a bancos y empresas privadas.

Sin embargo, a pesar de la dureza de la crisis, pocas voces han denunciado que se trata de una situación que responde a la estructura profunda de un sistema económico basado en el beneficio individual donde las condiciones de vida de la población, lejos de ser un objetivo central, pasan a ser lo que en economía se denomina una externalidad. En cualquier caso, una mirada más atenta a la historia reciente, hubiera permitido observar cómo un conjunto de fuertes desajustes -crisis- venían desarrollándose con anterioridad y amenazaban el bienestar y la supervivencia de la población: la crisis ecológica, la alimentaria, la de los cuidados y la del modelo de desarrollo.


Desde que comenzó la presente crisis, mucho se ha escrito sobre sus causas, su caracterización, sus posibles soluciones. Pero, la gran mayoría de estos escritos han estado afectados por la misma ceguera histórica que tradicionalmente ha manifestado la disciplina económica: la exclusión del marco analítico del proceso de reproducción social de la población, lo cual conduce
a enfoques parciales y sesgados que pueden resultar en políticas inadecuadas.

Desde los primeros pensadores clásicos, las distintas escuelas de economía -aunque con importantes diferencias entre ellashan situado el objeto de estudio de la economía dentro de los
límites del mercado, dejando fuera de dichas fronteras todas las actividades que no presentan una dimensión mercantil, ya sean trabajos no remunerados o relaciones con la naturaleza. El problema de fondo no es tanto la exclusión de determinados ámbitos de la definición de economía -una disciplina puede fijar los márgenes de su estudio- sino que, los enfoques económicos, a pesar de que representan casi exclusivamente la economía de mercado, manifiestan pretensiones de ser reflejo de toda la actividad económica.

El resultado ha sido que dichos esquemas interpretativos ofrecen una visión desfigurada de la realidad, ya que esconden una parte importante de los procesos fundamentales para la reproducción social y humana y el mantenimiento de las condiciones de vida de la población -básicamente el trabajo que se realiza en los hogares- sin los cuales, el «mercado» ni siquiera podría subsistir.

En consecuencia, la disciplina ha funcionado con falsos límites de la vida económica, definiéndose como «autónoma», sin considerar que el sector mercantil descansa y se apoya en otros sectores
o actividades que no tienen lugar en el mercado o en el mundo público.

En todo caso -y para hacer justicia a los pensadores clásicos hay que reconocer que dichos economistas señalaban la importancia del trabajo realizado por las mujeres en los hogares para mejorar las condiciones de vida de los niños y niñas, cuestión que se manifiesta en su consideración del salario como coste de reproducción.

Situación muy distinta es la de la posterior escuela neoclásica, que se aleja de las preocupaciones clásicas para centrarse en el mercado. Sus modelos serán ahistóricos y con ausencia de relaciones sociales. Se pierde la visión holística social de los pensadores clásicos para pasar a analizar individuos que persiguen su propio interés interactuando en mercados competitivos. El resultado será la invisibilidad total de cualquier actividad que no se desarrolle bajo normas mercantiles.

Ahora bien, los enfoques críticos a la economía dominante -a excepción de la economía ecológica que plantea una economía abierta a la naturaleza- tampoco han modificado las fronteras del campo de estudio económico. Las críticas se han mantenido dentro del mismo terreno mercantil -se discute sobre salario, ocupación, tiempos de trabajo, relaciones laborales, tipos de contrato, etc.-, o, en otro terreno, sobre los problemas de la economía financiera; sin mencionar la exclusión que hace la economía de los procesos de vida de las personas y de una parte importante del trabajo de las mujeres.

En consecuencia, al restringir las perspectivas analíticas y políticas, la economía se ha mantenido desligada de lo social, como si fuese algo independiente, eludiendo, de esta manera, toda responsabilidad sobre las condiciones de vida de las personas; que continúa siendo una cuestión embarazosa para la teoría económica.

Ahora bien, en las últimas décadas -aunque con antecedentes más tempranos- los estudios de mujeres, de género y feministas han desvelado y denunciado esta situación, ofreciendo un marco más amplio de análisis que incorpora aspectos fundamentales para el funcionamiento económico, no mediatizados por las leyes de mercado. Estos nuevos enfoques no son un intento de ampliar los métodos y teorías existentes para incluir a las mujeres. Se trata de algo mucho más profundo. Se pretende deconstruir los conceptos, los modelos y paradigmas utilizados tradicionalmente por la economía y elaborar nuevas categorías y marcos teóricos que tiendan hacia un paradigma alternativo. El objetivo es transformar la propia disciplina y construir una economía que integre y analice la realidad de mujeres y hombres, teniendo como principio básico la satisfacción de las necesidades humanas.

Se pretende el análisis de la realidad rompiendo con los binarismos impuestos y las fronteras forzadas: dicotomías como la división entre lo público y lo privado, el trabajo familiar doméstico y el asalariado, la sostenibilidad del planeta y de las personas, los países del norte y del sur, y un largo etc. que impiden un análisis global no sesgado de la realidad.
En estos nuevos marcos analíticos se inscribe el presente libro. Un grupo de mujeres, cientistas sociales, de distintos países de América Latina -con una mirada lúcida y un análisis rigurosonos ofrece una visión de la crisis no sólo desde sus aspectos económicos y financieros -que también- sino de las repercusiones más amplias que puede tener la situación actual en las distintas dimensiones de la vida de las personas, particularmente, en la vida de las mujeres. En un clima de debate neoliberal de salidas a la crisis, no es fácil incorporar aspectos que vayan más allá de la lógica del mercado o recuperar las actividades y ámbitos que han permanecido ocultos y sin reconocimiento social. De aquí, el enorme valor de estos textos que se sitúan en la crítica del capitalismo patriarcal.

Los distintos capítulos presentan una amplitud de ideas variadas que invitan a la reflexión y a la discusión. En un recorrido crítico, a lo largo de sus páginas se van desvelando las relaciones entre la llamada crisis financiera y económica y sus repercusiones específicas en las condiciones de vida de la población. Además del enorme impacto que la crisis está teniendo sobre el empleo, se analizan y visibilizan efectos específicos sobre las mujeres derivados -de forma directa o indirecta- de su participación activa en la economía del cuidado: repercusiones en los sistemas de pensiones; en migraciones femeninas; en reducciones del gasto social que incrementa el trabajo de las mujeres en distintas áreas, como el cuidado en la salud, en la educación, etc.; aumento de los niveles de pobreza y disminución de la calidad de vida, particularmente, de mujeres que encabezan una tipología de hogares que ha estado en continuo aumento, los hogares unipersonales o monoparentales femeninos. Pero también se evidencian efectos que se escapan a las miradas o mediciones habituales, aunque presentan un fuerte impacto en las condiciones de vida de mujeres y niñas: incremento de la violencia contra las mujeres, reducción de su tiempo libre, aumento de miedos, ansiedades, inseguridades, etc.

Las aportaciones de estas autoras no se detienen en la caracterización de la crisis y sus consecuencias analizadas desde una mirada amplia e integradora; sino que van más allá, identificando aspectos fundamentales a considerar en cualquier alternativa transformadora.

Se reconoce la importancia de las aportaciones del feminismo en los debates sobre futuras sociedades, situando el cuidado de las personas y las condiciones de vida de la población como objetivo social central y como eje de la sostenibilidad entendida en sus múltiples dimensiones, la cual sólo se concibe en relaciones de equidad.

En definitiva, tenemos en nuestras manos un libro serio, bien construido y absolutamente necesario de conocer por todas las personas -mujeres y hombres- que consideran que el capitalismo patriarcal actual es un sistema nefasto como forma de organizar social, humana y económicamente la vida de las personas.


*
PRIMERA PARTE: CARACTERIZACIÓN DE LA CRISIS
Alicia Girón
*
CIRCUITOS DE LA CRISIS: RESQUEBRAJAMIENTO DEL MODELO
ECONÓMICO Y PERSPECTIVA FEMINISTA
Alba Carosio
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FRENTE A LA CRISIS ECONÓMICA Y CIVILIZATORIA: UN NUEVO
CONTRATO SOCIALISTA Y FEMINISTA
Magdalena Valdivieso
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MUJERES, DESARROLLO Y CRISIS
Eugenia Correa
*
CRISIS DE LA PRIVATIZACIÓN DE LOS FONDOS DE PENSION:
ESPECULACIÓN FINANCIERA Y DESAMPARO SOCIAL SEGUNDA PARTE: AMÉRICA LATINA, INEQUIDAD DE GÉNERO Y VIOLENCIA
Silvia Berger
*
AMÉRICA LATINA, LA CRISIS Y EL FEMINISMO. PENSANDO JUNTO CON NANCY FRASER
Patricia Rodríguez
*
REFORMAS FINANCIERAS, PRIVATIZACIÓN DE LOS SISTEMAS DE PENSIONES Y LA INEQUIDAD DE GÉNERO EN AMÉRICA LATINA
Blanca Pedroza
*
DISCRIMINACIÓN Y VIOLENCIA DE GÉNERO Y CRISIS ECONÓMICA EN AMÉRICA LATINA
Alejandra Arroyo
*
EMPODERAMIENTO: ALTERNATIVA PARA LOGRAR DESARROLLO CON EQUIDAD TERCERA PARTE: COLOMBIA, MÉXICO Y BRASIL
Consuelo Ahumada
*
POLÍTICAS PÚBLICAS Y GÉNERO EN COLOMBIA: ENTRE EL AJUSTE FISCAL Y EL CONFLICTO ARMADO
María Luisa González Marín
*
CRISIS FINANCIERA Y MIGRACIÓN FEMENINA DE MÉXICO
Maria Cristina Cacciamali


*
CRISIS ECONÓMICA EN BRASIL Y DISCRIMINACIÓN FEMENINA EN ELMERCADO DE TRABAJO: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/grupos/giron.f.pdf


Prólogo Cristina Carrasco*


* Profesora de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona y miembro del Instituto Interuniversitario de Estudios de Género de Cataluña. Sus temas de investigación son fundamentalmente los trabajos de las mujeres (remunerado y no remunerado) y los indicadores y estadísticas no androcéntricas.

Fuente: CLACSO

jueves, mayo 07, 2009

África: Crisis agravará la violencia

Fuente: IPS
Kudzai Makombe entrevista a MWILA CHIGAGA, de la OIT
La violencia contra las mujeres africanas aumentará a consecuencia de la crisis financiera mundial, alertó Mwila Chigaga, experta en género de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su sede de la capital de Etiopía.

En el mundo industrializado hay informes de primera mano sobre pérdidas de trabajos, ejecuciones judiciales y ciudadanos viviendo con su tarjeta de crédito en rojo.

De África se sabe que hay amenazas de cierres y reducción de personal en las minas de cobre de Zambia y en las de diamantes de Botswana. Pero las desigualdades de género impiden que se documente lo que ocurre con las mujeres en ese continente.

IPS dialogó con Chigaga sobre cómo prevé la OIT que afectará la crisis al sector obrero de África y a las mujeres en particular.


IPS: ¿En qué se diferencia el impacto de la crisis en África y en el Norte industrializado?

MWILA CHIGAGA: El panorama no se ha revelado plenamente porque la crisis está cobrando vida propia. Para analizar lo que sucede en África tenemos que remontarnos a la situación que existía antes de la crisis. En África ya tuvimos una profunda crisis económica y estamos lidiando con cuestiones de crecimiento económico, pobreza, VIH/sida (síndrome de inmunodeficiencia humana), desigualdad de género y discriminación. Así que todo esto tiene un impacto en cómo se desarrolla la crisis.

En África, el sector formal es muy, muy pequeño, y el informal es enorme. La geografía de la desigualdad de género en África no es uniforme. Tenemos a África septentrional, donde hay muy pocas mujeres participando en el mercado laboral, ya sea formal o informal, desde antes de la crisis. Luego tenemos a África occidental, donde hay una enorme cantidad de mujeres en el sector informal. Pero esa región del continente, las cantidades de hombres que están en el sector informal también son mucho mayores que las de hombres en este sector en África austral. Todo esto influye en cómo se ve el impacto de la crisis financiera.

IPS: ¿Cuáles son algunas de las respuestas políticas que los gobiernos africanos deberían estar dando para amortiguar el efecto de la crisis tanto en hombres como en mujeres?

MC: El más grande desafío es que la mayoría de los gobiernos africanos no tienen fisco. Simplemente no tenemos esa clase de reservas o recursos para invertir en la clase de paquetes de estímulos en que están invirtiendo, por ejemplo, los países industrializados. Pero si dividimos estas respuestas políticas en las de corto y largo plazo, podemos llegar a alguna parte.

En el corto plazo necesitamos abordar el impacto de la crisis financiera en los hogares y en el plano individual. Si la gente no tiene un trabajo, necesita que los gobiernos consideren algún tipo de protección social, alguna forma de transferencia de dinero, que no necesariamente tiene que ser en efectivo.

Por ejemplo, sabemos que la mayoría de las mujeres están en el sector agrícola. Por lo tanto, los gobiernos podrían considerar la implementación de alguna clase de programa de acción afirmativa, a fin de que las mujeres tengan acceso a insumos agrícolas subsidiados, como semillas y fertilizantes.

Así tendríamos continuidad en términos de producción alimentaria, porque en África, una vez que esta crisis económica esté aparejada con la crisis alimentaria, el impacto será devastador.

IPS: Dado que, como usted mencionó, África ya estaba atravesando una crisis económica, ¿cómo se puede definir si el impacto que está experimentando ahora es resultado de esa crisis o de la actual?


MC: Muchas personas dicen que, como África está menos integrada en los mercados financieros mundiales, deberíamos tener más amortiguación. Pero si uno mira la economía política de África, ve que tenemos pocas inversiones extranjeras directas --pero que están mejorando--, que dependemos de la asistencia oficial al desarrollo y que somos economías exportadoras de materias primas.

Así, la interacción entre estos factores significa que naturalmente seremos afectados. Pero al mismo tiempo no tenemos una protección social institucionalizada. No tenemos beneficios por desempleo ni seguros de salud. Así que cuando el jefe de hogar pierde un ingreso no hay otro recurso, porque es el último recurso.

IPS: Si en África no se toma medidas, ¿cuáles serán los efectos inmediatos y a largo plazo?

MC: Todos hablan sobre el logro de los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio. Obviamente veremos dificultades en su implementación. Mi preocupación es que, históricamente, en África no hemos integrado las cuestiones de género en las políticas. No hemos priorizado las cuestiones de igualdad de género y no hemos tomado en cuenta el triple rol de las mujeres: productivo, reproductivo y brindador de cuidados.

Uno de los impactos de la crisis será en el plano del individuo y la familia. Hay muchas mujeres fuera de la red. El gobierno no puede captarlas. Esto tendrá un efecto contundente en los hogares, en términos de malnutrición infantil y niños que desertarán de las escuelas, y éstas serán las peores manifestaciones de la crisis en África.

IPS: Usted planteó que debería haber políticas de acción afirmativa para las mujeres en el sector agrícola como respuesta clave a la crisis. ¿Por qué la agricultura y por qué las mujeres?

MC: Necesitamos fijarnos en dónde podemos lograr triunfos rápidos, dónde podemos crear trabajos en África. Y la agricultura es el sector donde podemos crear trabajos. Hasta ahora, si sacamos a las economías industrializadas, alrededor de 70-80 por ciento de las mujeres están en el sector agrícola. Si queremos preservar los puestos laborales existentes y crear otros en el corto plazo, tenemos que ir hacia donde están las mujeres, y trabajar con ellas en su "zona de confort", donde ya están trabajando.

IPS: ¿Por qué es probable que la crisis financiera mundial aumente la incidencia de la violencia de género?

MC: Cuando un hombre que es jefe de hogar pierde su trabajo, es devastador. Hay sentimientos de desesperanza, y nuestro sistema patriarcal dice que un hombre tiene que ser quien gane el pan. La tendencia es volcar la frustración en su pareja.

Las mujeres son muy adaptables. Hallarán maneras de ganar dinero. En tiempos de desesperación, las mujeres tenemos un mecanismo que nos permite hacer frente a las situaciones debido a nuestro rol de brindadoras de cuidados, así que estamos equipadas para eso. Los hombres no tienen ese mecanismo, así que empezaremos a ver que esa frustración sale y se manifiesta en términos de violencia en el hogar.