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sábado, julio 17, 2010

El violeta, el color del feminismo...

El feminismo tiene un color, el violeta. Aunque no se sabe con exactitud cuál es su origen de esta elección, hay una teoría bastante extendida que a continuación os explicamos:

La historia comienza en Nueva York en 1908 cuando unas trabajadoras de la Cotton New York deciden ponerse en huelga por las pésimas condiciones en las que soportaban las jornadas laborales. El dueño de la fábrica textil decidió acabar con la huelga de la forma más cruel, prendiendo fuego al edificio con las mujeres encerradas. A causa del incendio murieron 129 trabajadoras. Aquí es cuando comienza la hipótesis, se dice que se tomó el violeta como símbolo del feminismo porque era el color de las telas que estaban tratando en ese momento. También se dice que era la tonalidad del humo que desprendía el incendio.

Algunas fuentes apuntan que el día del incendio fue 8 de marzo de 1908, fecha que actualmente es el Día de la Mujer. Otra fecha en la que se celebró el día de la Mujer era el 28 de febrero en Estados Unidos, aunque esta solo fue del año 1909 al 1913. El éxito de estas primeras celebraciones fue tal que otros países se unieron a ella, como Rusia en 1913, de forma que su carácter se hizo internacional y finalmente se celebra mundialmente.

El violeta también se asocia a la idea de ponerse las gafas de color violeta, es decir, cambiar nuestro punto de vista para verlo desde el feminismo y ver los abusos y discriminaciones que sufren las mujeres. Con estas gafas imaginarias no sólo se deben visualizar las discriminaciones mundiales, también en los pequeños actos cotidianos que están asimilados como normales.


fuente: pOLÍTICA Y SOCIEDAD http://politicasociedad.blogspot.com/2010/07/el-violeta-el-color-del-feminismo.html

miércoles, abril 07, 2010

Olga Benario...

Por: Integración universitaria
“...Desde que me enteré, querida, como es la fuerza de voluntad, sobre todo si emana de fuentes como la nuestra, es inmensa. Lucho y luché, por lo justo, por lo bueno y lo mejor del mundo. Te prometo que ahora, para decir adiós, hasta el último minuto no tendrás nada de que avergonzarte de mí. Queridos, quiero que me entiendan bien: que me prepare para la muerte no significa que me estoy rindiendo, pero sabré cómo luchar contra ella cuando llegue. Pero, sin embargo, todavía pueden pasar tantas cosas...Hasta el último momento me mantendré fuerte y sintiéndome como la vida…”
Fragmento de la carta que Olga Benario, manda a su hija y esposo; antes de ser asesinada.

Olga Gutmann Benario, Revolucionaria militante del Socialismo Internacionalista, ejemplo de las mujeres y hombres que sueñan con salvar a la humanidad de la canalla capitalista.

Nació en Alemania el 12 de Febrero de 1908, en plena avanzada nazi. Sensibilizada por la labor caritativa de su Padre Leo Benario y contrariada por la estéril vida pequeño burguesa que lleva su madre, Eugenie Benario, crece en tiempos de guerra, hambre y represión, como mujer y revolucionaria.

Como típica familia de clase media intentan vivir “tranquilamente” en medio del fuerte clima político que vivía Alemania, producto de la caída de la monarquía y de la instauración de un régimen formalmente republicano conocido como la República de Weimar. Renuente a esto: “…el nacionalismo alemán jamás aceptó este régimen al que consideraba un producto de la traición surgida después del vergonzoso Tratado de Versalles, tampoco aceptó esto la extrema izquierda, que pulverizada políticamente después del Levantamiento Espartaquista de 1919 y la muerte de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, deseaba fervientemente una alianza política entre una Alemania Comunista y la Unión Soviética.”


Olga atraída por el movimiento comunista, en pugna con los pactos y el proyecto fascista, inicia su militancia desde muy joven en la Liga Juvenil Comunista con apenas 15 años de Edad. Valiente y atrevida va ganando espacios en la apasionada batalla de Ideas y en la determinante praxis revolucionaria. En medio de fuertes luchas callejeras originadas por las confrontaciones entre los piquetes de soldados nazis y los revolucionarios comunistas, en el barrio de Kreuzberg, Olga es hecha presa junto a su compañero Otto Braun, quienes lideraban para el momento al movimiento juvenil revolucionario, siendo acusados de alta traición a la Patria.

La convulsión que causa el hecho de que la joven hija del abogado Benario esté presa, hace que con rapidez se tramite su libertad. Sin embargo Otto continúa recluido, razón por la cual el partido Comunista adelanta un plan para tomar la cárcel y rescatarlo. Olga lleva la dirección del operativo y junto a otros compañeros de militancia, irrumpe a punta de pistola en la cárcel de Moabit, un céntrico distrito berlinés, rescatando de la “justicia burguesa” a su novio y camarada. Esta acción impecable finalizó con la fuga espectacular de ambos a la Unión Soviética.

Con su llegada a la URSS, icono de la Revolución mundial, Olga se adapta con facilidad, logrando escalar rápidamente en la dirección de la Internacional Comunista demostrando sus habilidades militares, ideológicas y políticas, trabajando como instructora de la sección juvenil del Komintern. Su condición de destacada dirigente, incluso como oficial del Ejército Rojo, determina su separación con Braun, luego en 1931 estuvo casada por breve tiempo con el oficial ruso B. P. Nikitin.

En el mapa internacional crece el movimiento comunista liderado por la Unión Soviética consolidándose en la formación del partido en distintos lugares del mundo, incluso en el Sur de América.

En este contexto Olga viaja a Brasil en 1934, por determinación de la Internacional Comunista, para apoyar al Partido Comunista de Brasil en la preparación de una Revolución. Fue enviada desde Leningrado, junto con Luís Carlos Prestes.


“...En esa época, Moscú creó en Montevideo, Uruguay, el Secretariado Latinoamericano que operaba clandestinamente y quería aproximar a todas las organizaciones comunistas de América Latina con Moscú. Olga y Prestes eran apoyados financieramente y logísticamente a través de esta organización...”

“...Prestes había asombrado al mundo recorriendo de 1924 a 1926, con su columna de 1500 hombres, más de 25 000 kilómetros de la vasta geografía del Brasil. En ese gigantesco país […] el caballero andante brasileño consiguió poner en jaque al gobierno de Artur da Silva Bernardes durante más de dos años, hasta que la realidad del desgaste militar le aconsejó detener las andanzas de su aguerrida columna. Ordenó entonces el repliegue y cruzó con sus hombres la frontera con Bolivia.

Después del exilio boliviano, pasó unos años en Argentina, donde se acercó a las ideas comunistas, aprovechando la lectura para desarrollar sus criterios y unirse luego al Komintern, con sede regional en Buenos Aires.

Dispuesto a conocer por si mismo la meca del proletariado mundial, viaja con su madre y hermana siendo recibido como el líder legendario de la Brasil pujante y revolucionaria que seria liberada por fin de las elites burguesas y del hambre causada por éstas.

El brasilero Luis Carlos Prestes, que desde 1931 estaba ya instalado en la Unión Soviética es finalmente incorporado en 1934 entre los cuadros del Partido Comunista Brasilero (PCB), por recomendación del Partido Comunista de la Unión Soviética. Fue elegido miembro de la comisión ejecutiva de la Internacional Comunista y vuelve a Brasil, vía Nueva York, como clandestino, en diciembre del mismo año acompañado por Olga Benario, quien como líder destacada militar y políticamente es responsabilizada de su seguridad. Ambos inician el viaje haciéndose pasar por marido y mujer siendo su objetivo el de liderar una revolución armada con apoyo de Moscú.

“...Prestes y Olga llegan a Brasil con documentos falsos en abril de 1935. Prestes se encuentra con la recién creada Alianza Nacional Libertadora, un frente político comunista de carácter antifascista. Este movimiento se contraponía contra el integrismo de Plínio Salgado, que representaba al fascismo brasilero.

Es de destacar que el Partido Comunista Brasilero había exagerado considerablemente sobre la influencia y la capacidad revolucionaria que tenía en el país en ese momento y le pasó una perspectiva completamente errada a Moscú para el posible levantamiento comunista victorioso que compensase, de alguna forma, la reciente derrota frente la Alemania de Hitler.

Olga y Prestes sin embargo, liderando el levantamiento, inician todos los preparativos mientras simulan su vida normal. Olga establece los términos de la seguridad, organiza las estrategias de la rebelión, mientras Prestes y el resto del equipo internacional trabajan en la agitación de la masa popular brasilera.

“…El levantamiento armado comienza en la ciudad de Río Grande do Sul. Prestes ordenó que la insurrección fuese extendida al resto del país…”

En este contexto toda la masa afecta a la Alianza Nacional Libertadora fue movilizada, Olga revisa todos los detalles y el equipo de Prestes dirige el levantamiento cívico-militar. Sin embargo los organismos de seguridad de Vargas logran moverse con agilidad y comienzan una brutal represión que sofoca el levantamiento. El bastión de resistencia más sólido estuvo en la guarnición de Natal (Río Grande del Norte) pero sin embargo, al no expandirse el levantamiento militar en otras guarniciones, como fue preparado por los revolucionarios, fue finalmente aplacado luego de una feroz contienda.

Mientras permanecen algunos pequeños focos civiles, continúa la persecución de los líderes y afectos comunistas. Uno a uno son detenidos y reprimidos por la inteligencia de Vargas. Las cárceles están repletas y sin embargo los líderes rebeldes no son alcanzados. Getulio aupado por el jefe de la policía Filinto Müller (quién formó parte de la columna Prestes, condenado por Robo y corrupción y siendo expulsado) ordena aumento de la intensidad en la represión hasta que den con el paradero de Prestes.

Olga se encarga de resguardar a Prestes como líder del levantamiento y como su compañero, permaneciendo en la clandestinidad y moviéndose de lugar según obtienen noticias de los acercamientos de la inteligencia brasilera.

A pesar de toda la seguridad establecida por Olga y los compañeros que quedan, logran ser detenidos y encarcelados, situados por sus compañeros quienes en plena tortura develaban los detalles de la organización y el paradero de Prestes. En su papel como agente de una potencia extranjera y cerebro co-organizador de la intentona comunista de 1934, es separada de Prestes y enviada a la cárcel en marzo de 1936, siendo recluida la Casa de Detención, colocada en una celda junto con otras diez mujeres quienes la reciben como la indudable líder y heroína en la que se convertía.

Durante el periodo en la cárcel de Brasil, Olga descubre junto a sus compañeras que esta embarazada. Esto sirvió para sensibilizar a la población y a la opinión pública a favor de Prestes y ella. Sin embargo Vargas no logra conmoverse, buscando todas las formas legales o no de tomar represalias contra la mujer de su enemigo político, Luis Carlos Prestes.

“…El juicio a Olga Benario fue hecho según los términos formales de la orden constitucional definida por la Constitución Federal, atendiendo a un pedido de extradición del Tercer Reich. Recordemos que Olga era buscada por la justicia alemana por un crimen cometido años antes de la llegada del nacionalsocialismo al gobierno alemán. En los términos de la constitución en vigor en ese momento, el juicio era totalmente legal. El Supremo Tribunal Federal aprobó el pedido de extradición…”

Olga entonces se convirtió en víctima de la brutalidad antisemita y anticomunista al ser deportada a su país de origen…”

Transportada para Alemania en el carguero alemán "La Coruña". Llegando el 18 de octubre de 1936. Olga fue recluida inmediatamente en Barnimstrasse, una prisión para mujeres, donde tuvo a su hija que llamó Anita Leocadia Prestes. El gobierno del Tercer Reich obedeciendo las leyes internacionales permitió que el bebé siguiese en poder de la madre hasta el final del período de amamantación y posteriormente la entregaron a su abuela, madre de Prestes, quien encabezó una fuerte campaña de sensibilización para lograr la recuperación de ambas, logrando solo que le entregaran a su nieta.

“…Olga fue transferida para el campo de trabajo de Lichtenburg durante los primeros días de marzo de 1938 y en febrero de 1942, un poco antes de completar 34 años, fue finalmente enviada al campo de exterminio de Bernburg, en donde fue muerta en una cámara de gas…”

Es de recalcar que en este terrible proceso Olga no perdió la esperanza, mantuvo una determinante posición a la hora de enfrentar las más crueles torturas y situaciones, organizando a la Mujeres presas en torno a el mantenimiento de la salud y la higiene en medio de las escalofriantes condiciones a las que eran sometidas, logra además encontrar las mas creativas formas de mantener la moral de sus compañeras logrando estudiar, informarse y educarse junto a ellas en la situación geopolítica, histórica y social del mundo y de su Brasil añorado.

La vida de Olga Benario es un elevado ejemplo de la ética y de la fuerza de los revolucionarios y las revolucionarias y de la obra necesaria de todos y todas quienes consagramos nuestra vida por la redención de la humanidad en tiempos de convulsión y en virtud de la consolidación del Socialismo.

domingo, marzo 08, 2009

El marxismo y las mujeres

Por: Marcela Lagarde
El feminismo, expresión particular a fin de cuentas del comunismo, es la lucha por romper la primera contradicción histórica, la contradicción entre mujer y hombre.

Hoy vengo a hablar para nosotras.

Las mujeres, en particular las feministas, nos la pasamos hablando para los otros. A ellos les enseñamos el mundo con nuestros cantos de cuna, entre rezos y plegarias les traemos a los dioses y a los ángeles para que los protejan, les decimos cómo son y nuestra imagen empequeñecida por la historia les devuelve como espejo cóncavo la suya, a cual más bella y poderosa. En pocas ocasiones, todavía, hablamos no sólo con nosotras sino para nosotras.


Salimos de las alcobas y de las cocinas con nuestra sabiduría de crianza, de tizanas y de ungüentos, para mirar afuera, para mirar a los otros y querer estar en el convivio. No fue sencillo, no había lugar para nosotras. Entonces, nos decidimos a cambiar la vida.

Hace años empezamos a decir no y nuestra voz ha sonado muy alto y seguirá sonando y cada una habrá de recorrer su propio camino y aprenderá a decir no. En palabras de Franca Bassaglia, ese no a la sujeción es el primer sí hacia nosotras. De ese no y de ese sí quiero hablarles.

En ocasiones como ésta, al hablar para nosotras hablamos para los otros. Lo hemos hecho cuando empezamos a ponerle nombre a las cosas cotidianas que se llamaban amor, dulzura, cuidados, casa, entrega, inferior, obediencia; usamos el lenguaje de los libros ideado para nombrar otras realidades, y nos fue útil. Nuestra realidad podía llamarse con las mismas palabras que definían a otros con los que teníamos un mundo de diferencias pero también tantas cosas en común. Entonces dijimos: opresión —no cualquiera, sino la que deviene de la condición genérica—; lucha ¦—y nos incorporamos con la nuestra en la de los otros—; solidaridad —como principio ante la contradicción milenaria—; socialismo —como perspectiva actual de la democracia—; liberación —de la mujer como pre condición y requisito de la de todos, como supuesto de la construcción histórica de la unidad del género humano—.

Pero al nombrarlo todo, aún cuando fuera con una lengua prestada y casi por asalto, hablamos para los otros. Les decimos basta, o tratamos de explicarles; el feminismo es convencimiento. ¿Pero es que no hablamos bien esa lengua prestada, que nos miran y se asombran y nos señalan como locas?.

Millones de locas en el mundo como las Locas de la Plaza de Mayo, o las locas chilenas, que fueron reprimidas por conmemorar el 8 de marzo en el corazón de Chile, de frente al sátrapa y a la dictadura. Hoy millones de locas en el mundo entonan un canto que tiene el ritmo del arrullo, el embelezo de los cantos de los sirenas y el hechizo de los conjuros.

Obstinadas, hoy recuperamos nuestra memoria, bordamos sobre una urdimbre de olvidos, de visiones nebulosas sobre lo que hemos sido. Rescribimos la historia, no sólo la nuestra sino la de todos. Descubrimos la otra parte del mar, del mundo, de la vida, tocando orillas de la sociedad, inexplicables sin la presencia de las mujeres. Existimos, pero queremos cambiar. Por eso el feminismo, como pedagogía para desaprender, como cemento que une, como la energía que nos dispone a buscar y a modificar, como la inventiva creadora que colorea a las mujeres y las va conformando como sujetos. ¿Acaso como nuevos sujetos?

Hoy las mujeres, concebidas como uno de los nuevos sujetos, y el feminismo, somos incorporadas de manera parcial en las más diversas instituciones tanto estatales como civiles en todo el mundo (al respecto habría que decir cuando menos que es en instituciones de la sociedad civil en las que participamos de manera más directa y personal). El hecho de incluir en un encuentro sobre marxismo y cultura el tema de las mujeres desde una perspectiva que se afilia al feminismo, o que en esta universidad exista un Taller de Antropología de la Mujer, o muchos otros ejemplos, hacen constar tanto la presencia y la tolerancia, que no la aceptación del feminismo, como la transformación de viejos y estrechos sitios en nuevos espacios de las mujeres (por ejemplo esta universidad y este coloquio).

Y digo nueva concepción, aunque tenga más de un siglo. Durante este tiempo, el feminismo no ha tenido las instituciones para aplicar sus normas o sus concepciones morales y éticas; tampoco ha sido palabra divina ni ha estado escrita en libros sagrados; no ha tenido las ventajas de ser ley ni dogma. Esos espacios culturales del poder han sido ocupados por la Ley del Padre, cuyos orígenes se remontan en la historia a las sociedades preclasistas. En cambio, las concepciones feministas del mundo y de la vida han sido dichas a veces como susurro que cuenta un secreto, como grito que quiere "romper las cadenas de opresión milenaria" (rúbrica de La causa de las mujeres), ha sido escrita todavía en pocos libros que leen muy pocas mujeres. El feminismo es sabiduría de las simples mujeres.

Por más tolerancia, e incluso por más solidaridad que se nos otorgue, la burla y la descalificación acompañan nuestra presencia, nuestras luchas, nuestra concepción del mundo, entre otras muestras de hostigamiento político. Entonces se hace necesario responder la siguiente pregunta: ¿por qué hoy no es posible para la izquierda, en particular para los diversos marxismos pensar el mundo contemporáneo y los problemas de la sociedad y de la cultura en nuestro país, si no se incluye el tema de las mujeres? Más aún: ¿por qué es necesaria la intervención de las mujeres en los hechos, en la vida misma, cuando se trata por diversos medios de arribar al socialismo? ¿Cuáles son los espacios vitales sociales y culturales en los que pueden desenvolverse la sabiduría, los procederes y los hechos de las mujeres?

El feminismo es teoría y es práctica de vida; es saber y hacer. Por ello es un espacio y una fuente de poder. Como una de las representaciones del mundo, como weltanschauniig, contribuye a la conformación de una visión mucho más compleja y rica, más cercana a la realidad, que se propone incorporar de manera plural las más diversas concepciones desarrolladas por el conjunto de los sujetos sociales. Desde esta perspectiva, la importancia del feminismo radica en que es la visión del mundo propia de una de las categorías sociales fundamentales, la mujer, y es elaborada principalmente por las mujeres a partir de su diferencia, de sus experiencias distintas, desde otro lugar en la sociedad y en la historia: desde la condición de la mujer (Lagarde).

El feminismo siempre ha marchado al lado del marxismo, al grado de que algunas de sus corrientes han formado parte de éste; pero lo más importante es que el feminismo todo, desde la pluralidad de las corrientes que lo conforman, ha significado un enriquecimiento en la aproximación teórica a la realidad y en concreto del marxismo. Desde el punto de vista político, significa un cambio cualitativamente superior en el conjunto de luchas de clases, ecologistas, antinucleares, antirracistas, por la libertad religiosa o nacional. Su incidencia ocurre de manera independiente de la voluntad y de la conciencia de otros grupos y categorías sociales. La lucha contra la opresión y por la construcción de una nueva cultura se traduce en la democratización de la historia.

Ahora quiero referirme a la radicalidad del feminismo socialista. Se debe, entre otros hechos, a que conjuga en una síntesis ideológica de la concepción marxista de la historia —utilizada como método para analizar la realidad, para explicar la existencia misma de la opresión, y también la de las mujeres a quienes concibe como creaciones históricas—, así como el planteamiento de la transformación socialista de la sociedad, con las tesis y la practica del feminismo sobre la necesaria transformación de lo privado y lo público y las relaciones de poder, las relaciones de la reproducción y producción, la sexualidad, el erotismo. Su enfoque plantea la relación individuo-sociedad de manera dialéctica; sin subordinar un polo a otro, incorpora también contribuciones del psicoanálisis en cuanto a la necesidad de aceptar al inconsciente como fuerza actuante en la realidad. Pero su radicalidad está en que —a diferencia de otras partes constituyentes del marxismo—, plantea una revolución total de la sociedad y de la cultura, y al mismo tiempo de los individuos (con la transformación de las relaciones sociales, de las normas, de los valores, de las instituciones, así como también de todos y cada uno de los componentes de la vida cotidiana).

El feminismo socialista se propone la revolución de la sociedad, de las costumbres y de las conciencias. Desde ahora (afirmando para después negar), perfila una sociedad en la cual no haya más categorías sociales definidas por el sexo; esto es, que nadie pueda ser incorporado o excluido, que nadie sea sometido a sistema alguno de clasificación vital por su sexo, que éste no sea más impedimento o privilegio, que nadie esté obligado a pensar, a sentir, a hacer o a dejar de hacer, en una palabra a vivir, de forma estereotipada por ser mujer o por ser hombre.

El feminismo socialista no concibe la transformación de la sociedad por las clases o los grupos de manera aislada, unilateral y fragmentaria, sino que se perfila por la construcción de una nueva hegemonía.

Pero el feminismo es un proceso cultural que se constituye de las más diversas fuentes tanto sociales como ideológicas. La diversidad de los enfoques y de las fuentes del conocimiento que organiza (las distintas disciplinas sociales y las biológicas, el arte, el psicoanálisis —como parte de la teoría de la constitución del sujeto—, las experiencias directas personales, entre otras), se origina en la des articulación del conocimiento, y de otra parte, en la unidad real concreta de los fenómenos analizados. De esta manera, el feminismo contribuye a la unidad del conocimiento.

El feminismo ha sido parte de la llamada crisis del marxismo, la. cual me parece está constituida entre otros elementos por la reelaboración de los paradigmas clásicos y el surgimiento de nuevos. El feminismo cuestionó con su sola existencia la teoría del sujeto de la revolución y la concepción misma de la revolución como catástrofe, así como los conocimientos concretos de la constitución histórica de la sociedad, tanto por su concepción positiva de progreso, como porque desconocían o no habían observado fenómenos de la sociedad y de la cultura derivados de la división sexual de la vida (la cual, por cierto, fue conceptualizada por los clásicos como del trabajo, y fue llamada por ellos división natural).

Pero el feminismo tuvo ocasión de participar en esta conmoción ideológica y política del marxismo porque su relación era dialéctica. El marxismo clásico planteó el problema y desarrolló concepciones teóricas sobre la mujer, desde Bebel a partir de Flora Tristán, aunque habría que recordar las reflexiones marxianas desarrolladas por Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y él Estado, realizadas a partir del análisis de Morgan sobre el tema, o la síntesis teórica de feminismo y marxismo encarnada por Alejandra Kolontay. El marxismo fue la teoría que puso nombre a la cuestión de la mujer y la concibió a partir de su teoría sobre la opresión social, en este caso específico sobre la opresión sexual; señaló el carácter histórico de estos hechos, e inició la elaboración de esa historia, y planteó el lugar de la problemática central de las mujeres en la revolución y en el socialismo.

Sin embargo, este aporte del feminismo al marxismo no se convirtió en sentido común de los propios marxistas, y se desarrolló como corriente minoritaria en e] mundo y en los grandes centros de producción ideológica; dejó durante mucho tiempo para la ideología dominante todo ese campo de la vida social y de la cultura. Las corrientes más conservadoras calificaron ideológicamente y combatieron políticamente al feminismo como tendencia pequeño burguesa (éste era el peor insulto durante una época).

Los grandes movimientos tanto teóricos como políticos ocurridos desde los sesentas contribuyeron a replantear con mayor fuerza la vigencia y la necesidad del feminismo para el marxismo: producto de este estremecimiento social y cultural es el florecimiento del neofeminismo y de su tendencia socialista, que se inscribe en la lamada postmodernidad: este feminismo se pregunta qué tipo de socialismo queremos, y al hacerlo se constituye en crítica del socialismo real, al cual considera también bajo la Ley del Padre; hace la crítica de los partidos políticos desde dentro y desde fuera de ellos; en algunos casos se suma a nuevas formas de organización, como los verdes (ecologistas, antinucleares) que aglutinan a otros nuevos y viejos sujetos; conforman hoy millones en el mundo que han rebasado ideológicamente pero también en su vida cotidiana a las instituciones de la era del Estado (los partidos, las fronteras, los bloques).

En palabras de Dora Kanoussi, el feminismo socialista "converge con el movimiento obrero contemporáneo lógica e históricamente... por el fin último que define y determina a ambos: la superación de cualquier tipo de opresión, la desaparición de la división entre dirigentes y dirigidos, explotadores y explotados, gobernantes y gobernados. El fin último a alcanzar que define la existencia del movimiento de las mujeres y del movimiento obrero es el mismo: la conversión de mujeres y hombres en seres genéricos, o sea la creación de una sociedad donde el libre desarrollo de cada quien sea condición del libre desarrollo de los demás.

El feminismo, expresión particular a fin de cuentas del comunismo, es la lucha por romper la primera contradicción histórica, la contradicción entre mujer y hombre, y es la lucha por el restablecimiento de la primera relación auténtica del hombre consigo mismo, que es la relación mujer-hombre.

La pregunta inicial acerca de si somos nuevos sujetos surge porque nuestra existencia es siempre anterior; nosotras arrullamos a todos los otros, a los que tienen ganada la legitimidad revolucionaria, la pertenencia a la historia: a los obreros, a la Clase con mayúscula, al proletariado, al Sujeto también con mayúscula, a quienes ya desde Lenin eran reconocidos, y a todos los que surjan como minorías que contemplan la historia desde su propio sitio y se proponen intervenir en ella con una dosis de protagonismo, en primera persona, no como aliados, no como actores de contradicciones secundarias", ni como quienes se disponen a la revolución para que cambie todo menos su propia condición. A pesar de existir antes, no hemos sido sujetos: hemos estado sujetas.

A quienes nunca acunamos las mujeres para que se convirtieran en sujetos, fue a nosotras mismas: como formadoras, como funcionarías del Estado en el hogar, como intelectuales maternales plenas de prejuicios y de fe (Agnes Heller), contribuimos a hacernos objeto, aprendimos el arte de la mutilación y nos herimos a nombre de la naturaleza hecha cultura. Pero la palabra ha sido el exorcismo: ha articulado la conciencia, la nueva conciencia, y nos permite concebir, representar y simbolizar el mundo de otras maneras.

Hoy uno de los nuevos sujetos se encuentra en una reflexión profunda desde el fondo del cuerpo, en un esfuerzo intelectual por reescibir la historia, por develar los recovecos de la cultura, por enfrentar el poder emanado de la Ley del Padre. El primer espacia de enfrentamiento fue la batalla y lo sigue siendo allá, fuera de nosotras y dentro del monstruo; en la calle, en los tribunales, en los sindicatos, en los partidos políticos. El segundo espacio está dentro de nosotras; la Ley del Padre no nos es ajena; no es sólo algo que nos sucede únicamente en la relación con los demás; la hemos mamado y la hemos parido, es parte de nosotras mismas. La forma de enfrentarla inventada por el feminismo es el caleidoscopio: a la vez arma que transforma, trastoca y subvierte, y signo de identidad (de nuevo sujeto; de nueva mujer, lo dudo, sólo es signo de mujer).

Al mirar en el caleidoscopio, las mujeres hemos podido descubrir que el mundo es otro y tú eres otra y yo soy otra si nos miramos a los ojos y en esa mirada podemos ver en la otra, cualquiera que ésta sea, nuestra propia imagen. Y las mujeres usamos el caleidoscopio para vernos, y nos miramos en las abuelas de Plaza de Mayo, en Winnie Mándela y en el grupo de las 343 que dijeron por todas yo he abortado, en cada una de las dolorosas batallas domésticas por no servir al otro, por no amarlo de esa manera, y en las huelgas de las costureras revividas del mundo de la muerte, en la Sal de la tierra, en la monja Alcoforado y en nuestras contemporáneas pioneras, quienes han reivindicado por el mundo que lo personal es político.

Pero el caleidoscopio nos ha mostrado además, con sus múltiples reflejos, la experiencia por acabar con la enemistad que nos ha signado, que nos ha mantenido distintas, agazapadas, dudando; siempre temerosas, con recelo de nosotras mismas. Las mujeres no podíamos constituirnos como sujeto por el extrañamiento prevaleciente entre nosotras. La identificación de unas con las otras se ha plasmado en una nueva identidad subjetiva, que ha sido diseñada a partir de llamar de la misma manera a las cosas que antes tenían otros nombres, a partir de querer lo mismo, en la misma dirección, pero sobre todo porque podemos reconocernos en las otras. Lo que no tolera la sociedad patriarcal es la reunión de las mujeres. Ante nuestra reunión, ante nuestra amistad, se comporta con desprecio porque en el fondo desprecia a las mujeres, lo que somos y lo que hacemos, pero también porque nos teme, nos imagina conspirando, haciendo maleficios.

Quiero decirles que no se equivoca. El encuentro feminista de las mujeres es una conspiración y una transgresión en acto; es un acto amoroso, es un canto a nosotras mismas, a las que somos verdaderamente, a las mujeres reales; no a las siempre idealizadas y siempre minimizadas. Nos encontramos para descubrirnos:

Hoy amiga, hermana, ya no eres la otra. Hoy somos cómplices y nos alegramos por cambiar la vida.

Digamos como lo dice María Sabina:

Soy mujer que hecho parir
soy mujer que ha ganado
Soy mujer de asuntos de autoridad
Soy mujer de pensamiento
Soy mujer que examina, dice
Soy mujer que llora, dice
Soy mujer que chifla, dice
Soy mujer que truena, dice
Soy mujer que es arrancada, dice
Soy mujer que es arrancada, dice
Soy mujer sabia en medicina, dice
Soy mujer sabia en hierbas, dice
Soy mujer sabia en lenguaje, dice
Soy mujer de sabiduría, dice
Soy mujer de pensamiento...
Tú eres mujer luna
Tú eres Luna
Tú eres mujer estrella grande, mujer estrella cruz
Mujer estrella Dios


Puebla, Puebla, abril de 1987