Mostrando entradas con la etiqueta estudios de género en américa latina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estudios de género en américa latina. Mostrar todas las entradas

sábado, febrero 12, 2011

La emancipación tiene rostro de mujer

Rebelión Del 21 al 25 de febrero se celebrará en la Casa de las Américas el Coloquio Internacional Mujeres y Emancipación de la América Latina y el Caribe en los siglos XIX y XX, organizado como cada año por el Programa de Estudios de la Mujer

La poetisa y dramaturga camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda encontró inspiración suficiente en la Reina Isabel para crear una de sus odas. Las órdenes de La Católica de dar libertad a un preso político motivaron a Tula a escribir varios versos. Una reflexión en torno al poema “A su Majestad la Reina” conforma el programa del Coloquio Internacional Mujeres y Emancipación de la América Latina y el Caribe en los siglos XIX y XX, convocado por el Programa de Estudios de la Mujer, de la Casa, que dirige la Dra. Luisa Campuzano.

Escritores, pedagogos e investigadores de las más diversas regiones de América Latina, el Caribe y Europa, se darán cita en La Habana, del 21 al 25 de febrero, para evocar el quehacer literario de importantes autoras de los siglos XIX y XX como Avellaneda, Mercedes Matamoros, Gina Lagorio, Juana Borrero y Gabriela Mistral, entre otras.

La vida y obra de Alba de Céspedes, una de las descendientes de la reconocida familia camagüeyana, tendrán un sitio especial dentro de este coloquio a raíz del centenario de una de las voces más sobresalientes de la literatura europea del siglo XX.

La exhibición del documental Alba de Céspedes entre las palmas y el azul, de la realizadora cubana Maritza Deschapelles y las palabras a cargo de la intelectual Emilia Parassi sobre la amistad existente entre la nieta del Padre de la Patria y la escritora italiana Gina Logario, rendirán homenaje a una mujer que a pesar de haber nacido en Roma nunca renunció a su apellido original.

El cine, el teatro, la pintura y las crónicas publicadas en el periódico veracruzano La Vanguardia en 1915, también serán motivos de análisis a la hora de reconstruir la impronta de la subjetividad femenina en décadas pasadas.

El público asistente no solo podrá escuchar ponencias relacionadas con el activismo de la mujer en las luchas de independencia en América Latina y el Caribe, y su reflejo en el imaginario cinematográfico de la época, sino también apreciar cuarenta piezas de las policromáticas mamparas de la artista Amelia Peláez.

Mientras tanto, Nancy Morejón dará lectura a una serie de poemas incluidos en La Quinta de los Molinos, obra en la que las alusiones al reconocido lugar habanero permitirán a una de las profesoras de la Universidad de Calgary en Canadá, Tamara Schürch, analizar las expresiones poéticas de resistencia emanadas de un sitio geográfico en particular.

En esta ocasión el coloquio, celebrado año tras año en la Casa, resalta la irreverencia del pensamiento y accionar de la mujer del siglo XXI. La reflexión a propósito de libretos teatrales como Las crudas del Bicentenario, de la actriz y dramaturga mexicana Jesusa Rodríguez, en el cual se caricaturizan las manías y creencias espiritistas de Francisco I. Madero, uno de los primeros gobernantes de México, evidencia cómo el pasado constituye todavía un referente de creación para algunas artistas del Continente.

Al mismo tiempo, para algunos movimientos sociales en Latinoamérica mantener viva la memoria histórica de su pueblo encierra la esencia de su lucha. Un debate en torno a la activista social Lilia Ruiz Chávez, presidenta de la Asociación civil 22 de Abril, tendrá lugar en este encuentro a cargo del pedagogo Jorge Gómez Naredo.

El tema “Movimientos sociales y mujeres: el caso de Lilia Ruiz Chávez, damnificada, lesionada e insubordinada”, permite conocer la historia de una mujer que ha dedicado toda su vida a denunciar las explosiones ocurridas en el sector Reforma de Guadalajara a principio de los noventa. La misión de Lilia consiste en recordar a las autoridades mexicanas la larga lista de muertos y lesionados de los sucesos del mes de abril de 1992.

La exaltación de la libertad no solo como un recurso de expresión artística, sino también como un móvil para la praxis y el cambio social, constituye una de las aristas fundamentales del venidero coloquio internacional.

Fundado en 1994, el Programa de Estudios de la Mujer se caracteriza por convocar a distintas actividades, entre las cuales se encuentran el Coloquio y el espacio habitual Mujeres en Líne@, donde se abordan diversas temáticas siempre relacionadas con los estudios de género. La identidad racial, posicionamiento social de las mujeres, feminismo y masculinidad han sido algunos de los temas debatidos desde el espacio de diálogo que ha constituido el Coloquio desde su fundación.

Fuente: http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5984


miércoles, febrero 24, 2010

Los estudios de mujeres, ¿un despilfarro?

Carmen Magallón
Público/Rebelión La ignorancia siempre ha sido muy atrevida. Si además es una ignorancia que trata de descalificar aspectos de la política de igualdad relacionados con la construcción del conocimiento, el atrevimiento tiene rango de provocación. No hay espacio suficiente en el periódico para poder contestar al exabrupto que supone tildar de despilfarro el apoyo a los estudios que toman como sistema de referencia las vidas de las mujeres. Me refiero al comentario aparecido en un medio escrito en el que se afirma que “el Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído, a través del Instituto de la Mujer, continúa dilapidando cientos de miles de euros destinados a la ‘realización de investigaciones relacionadas con estudios feministas, de las mujeres y del género’”.

¿Acaso sin estos estudios hubiéramos llegado a saber, entre otros muchos ejemplos, que el infarto de miocardio no tiene los mismos síntomas en hombres y mujeres? Pues no hubiera sido fácil, habida cuenta de los abundantes precedentes en los que sucedió algo similar a lo acontecido con la teoría sobre el desarrollo moral del niño, de Kohlberg. Este psicólogo utilizó una muestra de 84 niños varones, a los que él y sus colaboradores siguieron durante 20 años. Las conclusiones se universalizaron. Al aplicar la escala a las niñas, se encontraba que estas obtenían puntuaciones más bajas, lo que llevaba a concluir que eran menos maduras en comparación con los niños de su edad. Carol Gilligan investigó con niñas y descubrió que las formas de razonamiento de ellas eran diferentes, lo que le llevó a cuestionar la universalidad de unos resultados ¡extraídos con una muestra sesgada!

En el siglo XXI ya no se puede ignorar que algunos grupos sociales fueron ignorados y/o maltratados por la tradición científica. Lo fueron los pertenecientes a culturas diferentes a la del hombre occidental y lo fueron las mujeres. Las preguntas a investigar, los métodos, las conclusiones, adolecieron de una mirada parcial y sesgada. Algunas ciencias, sobre todo la biología y las ciencias médicas, definieron la naturaleza de las mujeres de un modo cargado de prejuicios. Algo que todavía se arrastra hoy y que toca seguir corrigiendo.

Puesto que las concepciones y teorías científicas influyen en nuestra salud, en la forma de vivir, de ver el mundo, de relacionarnos… es importante preguntarse si son tan neutras como dicen ser, y si no es así darlo a conocer. Tras siglos de androcentrismo y sexismo, no es extraño que haya que mirar con sospecha cómo se estudian las enfermedades, cómo se interpreta la acción de las hormonas, qué se dice del cerebro de unos y otras, preguntarse por la validez de algunas afirmaciones de la ciencia, desvelar sus sesgos. No es extraño, sino necesario, preguntarse, en suma, qué y cómo se investiga.

Tomar las experiencias de las mujeres como fuente, nueva, de recursos teóricos y empíricos, ha ampliado el conocimiento, y lo ha mejorado. Y mientras esta corriente no se incorpore a la corriente principal como es debido, pese a todas las ignorancias y pese a todas las resistencias, habrá que seguir apoyándola.

* La autora es Doctora en Físicas y directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

viernes, diciembre 18, 2009

Las dificultades del género...

Por: Marta Lamas /"Letra S"
En castellano género no quiere decir lo mismo que gender en inglés. En español, género es un término más amplio: se refiere a la clase, especie o tipo a la que pertenecen las cosas, a un grupo taxonómico, a los artículos o mercancías que son objeto de comercio e incluso a las telas. En inglés, gender tiene una acepción restringida, que apunta directamente a los sexos. Decir en inglés “vamos a estudiar el gender” lleva implícito que se trata de algo relacionado con la diferencia sexual; decir lo mismo en castellano resulta confuso e impreciso para las personas no iniciadas; ¿qué género se trata de estudiar: un estilo literario, un musical, una tela? En nuestra lengua, la connotación de género como cuestión relativa a la construcción de lo masculino y lo femenino sólo se entiende en función del género gramatical, y únicamente quienes están en antecedentes del debate teórico en las ciencias sociales comprenden la categoría género como la simbolización o construcción cultural que alude a la diferencia sexual y la relación entre los sexos.

Además, el que en castellano los hombres y las mujeres sean nombrados como género masculino y género femenino provoca confusión cuando se habla de género. Encima de todo, como el feminismo puso de moda el concepto de género, es fácil caer en el error de que hablar de género o de perspectiva de género es referirse a las mujeres o a la perspectiva del sexo femenino. De hecho, en la actualidad gran cantidad de personas, al hablar de género se refieren nada menos que a las mujeres. En muchas ocasiones se sustituye mujeres por género. La utilización del término género aparece también como una forma de situarse en el debate teórico, de estar a la moda y de ostentar un discurso cultural moderno. Para algunas personas, hablar de género suena más neutral y objetivo que hablar de mujeres y menos incómodo que hablar de sexos. Al decir “cuestiones de género” para referirse erróneamente a cuestiones de mujeres, da la impresión de que se quiere imprimir seriedad al tema y quitarle la estridencia del reclamo feminista. Por todo esto, lo que tendría que ser solamente un concepto nuevo de las ciencias sociales acaba por usarse de manera errónea.


Este uso equívoco —que se halla muy extendido— ha reducido el concepto género a un término asociado con el estudio de aspectos relativos a las mujeres. Y quienes creen que el empleo del término género les da más seriedad académica, dejan de referirse a mujeres y hombres como los dos sexos y utilizan la expresión “los dos géneros”.

Una confusión conceptual

Es importante señalar que el género, en su acepción de simbolización de la diferencia sexual, afecta tanto a hombres como a mujeres y que la definición de feminidad se hace en contraste con la de masculinidad, por lo que género se refiere a aquellas áreas —tanto estructurales como ideológicas— que comprenden relaciones entre los sexos. género es, pues, un concepto relacional. Sabemos que el significado de las palabras no es inmutable, sino que se encuentra inevitablemente sujeto los procesos culturales e históricos que impactan su uso. Los conceptos establecen una relación entre ideas; cuando éstas se modifican ellos también lo hacen. Pero los cambios no son tajantes ni se producen por decreto de un día para otro, por lo que suelen persistir las anteriores acepciones. A raíz de ello, es común encontrar que distintos autores usan tanto la palabra como el concepto género de manera diferente, de acuerdo a sus tradiciones intelectuales, a su formación o especialización. Además, en muchos textos se utiliza género como traducción de gender, olvidando que la acepción clásica anglosajona de gender es sexo. ¡Qué confusión!

gender se traduce como sexo, pero también como género. Pero cuando se traduce gender por género ¿se alude a la clasificación gramatical por la cual se agrupan y se nombran a los seres vivos y las cosas inanimadas como masculinos, femeninos o neutros, o se refiere a la simbolización de la diferencia sexual?

Gender no es género

En inglés el género es “natural”, pues responde al sexo de los seres vivos, mientras que en otras lenguas, como el castellano, el género es gramatical, pues a los objetos sin sexo se les adjudican artículos femeninos o masculinos. En una gran variedad de investigaciones y programas se traduce gender como género y no como sexo. Cuando en inglés se plantea la necesidad de tener una gender perspective, con frecuencia se está hablando de que hay que manejar la información sobre hombres y mujeres, que hay que hacer evidente la pertenencia a un sexo de las personas que se estudia, y no que hay que comprender el entramado cultural de la simbolización. Cuando se dice que ciertos estudios no toman en cuenta el gender, ¿significa que no se discrimina la información por sexo o que no se comprende el impacto de la simbolización de la diferencia sexual?

Cuando el término gender es traducido al castellano hay que ver si el sentido original es el de sexo o el de la nueva acepción de género. Por ejemplo, la expresión gender gap, usada para hablar de la diferencia cuantitativa entre mujeres y hombres, se debería traducir como “brecha entre los sexos”. Solamente algunas personas en las ciencias sociales le dan a gender el sentido de construcción cultural y lo usan con el propósito de distinguir entre lo biológico y lo social. De ahí que la confusión en torno al término género sea sustantiva. Así, en la palabra género se mezclan, al menos, estas tres grandes formas de utilización:

La confusión que produce el malentendido del término gender, en su doble acepción de sexo y de construcción cultural, acaba remitiendo, por un lado, a la idea de una esencia y, por otro, alimentando la mistificación constructivista. Además, el voluntarismo inherente al constructivismo social ha tomado la categoría género como una de tantas diferencias entre los seres humanos: raza, clase, edad, etcétera, confundiendo otra vez en gender al sexo y sin considerar a la diferencia sexual como una diferencia fundante y estructurante.

* Extracto de la ponencia “Feminismo y americanización. La hegemonía académica de gender”, presentada en el coloquio La Americanización de la Modernidad. Descripciones, aproximaciones, en la Facultad de Ciencias de la UNAM, en agosto de 2007. Reproducido con autorización de la autora.

martes, marzo 31, 2009

Ana María Goetschel: El feminismo no solo es cosa de las mujeres

Ana María Goetschel: Su trayectoria, Coordinadora del Programa de Estudios de Género y Desarrollo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Ha investigado sobre feminismo.Su punto de vista. Cree que se debe incorporar el tema de género en la cultura, en la economía, en la salud y en la historia.

¿Por qué los hombres y hasta las mujeres reaccionan mal ante la palabra feminismo?
Creo que obedece a un estereotipo y, en cierta manera, a un prejuicio. Desde el sentido común se lo asocia con el feminismo radical que no toma en cuenta a los hombres. Pero si lo vemos históricamente, es todo pensamiento (y acción) que ve que la subordinación de las mujeres no es natural y que plantea objetivos y estrategias para cambiar eso.


Pero hay varias visiones del feminismo...

Existen feminismos diversos: de la igualdad, de la maternal, cívico, político, etc. No es un tema privativo de las mujeres. En Ecuador, a comienzos del siglo XX, se hablaba del feminismo como toda acción que llevaba a posicionar a las mujeres en el espacio público y a lograr su igualdad. Este discurso no era solo esgrimido por mujeres como Zoila Ugarte de Landívar, quien en 1905 planteó que no era una doctrina caprichosa, sino la voz de la oprimida, que pedía lo que hasta entonces se le negaba: educación y acceso al mundo del trabajo.

¿Quiénes más hablaban de eso?

Hombres ilustrados como Víctor Manuel Peñaherrera, uno de los autores de la Ley de Emancipación de la Mujer Casada, de l912, y otros que apelaban a la necesidad de la igualdad. La equidad de género, esto es entre hombres y mujeres, pero también la equidad con personas con identidad sexual diversa, es un tema que nos atañe a todos.

El presidente venezolano Hugo Chávez dijo junto a Rafael Correa, que un verdadero socialista tiene que ser feminista, sino algo le falla, el 29 de enero de 2009... ¿Las sociedades más equitativas son feministas?

También creo eso. Pero deberíamos preguntar al presidente Chávez qué entiende por feminismo. Si lo dice en el sentido de que debe existir equidad de género está muy bien.

En el país hay más de 1 500 organizaciones de mujeres registradas . ¿No es mejor luchar integrando a hombres y a mujeres?

No es mejor porque aún no se ha logrado la igualdad. Históricamente se observa que aún en los países socialistas, que apelaban a la equidad social, se reproducía la discriminación hacia las mujeres y también a grupos con identidad sexual diversa. Los dos tipos de reivindicaciones deben ir juntos.

¿Qué tanto han cambiado las relaciones entre hombres y mujeres?

Si comparamos la situación de las relaciones entre hombres y hombres, ahora con relación al pasado, pienso que han cambiado en positivo. Pero prevalecen situaciones de inequidad como la violencia, la discriminación en el trabajo y en la política.

En el campo político, ya se garantiza la paridad. Ahora la lucha es por la paridad en la representación. ¿No es más justo que los méritos determinen quién gana un cargo?

Un concepto moderno de ciudadanía debería tomar en cuenta los méritos de las personas que acceden a un cargo, pero sabemos que esto no se da. Para el caso de los hombres, sería oportuno preguntarse si la meritocracia se aplica. En este sentido, para aplicar los derechos existe el concepto de discriminación positiva, que se aplica para grupos vulnerables en general, y creo que es un mecanismo justo de aplicación de los derechos.

Algunas integrantes de organizaciones de mujeres, feministas, cuentan que aún la mayor batalla la libran en sus hogares...

Son importantes las transformaciones a nivel político y de las leyes, pero creo que estas no pueden provocar transformaciones si no se cambian las relaciones cotidianas. Por eso el movimiento feminista ha planteado que lo personal es político. Tal vez lo más importante es el respeto y la conciencia de los derechos, además del amor.

Usted publicó un libro titulado ‘Educación de las mujeres, maestras y esferas públicas’. ¿En el día a día, la gente olvida esa lucha?

A la historia de las mujeres no se le ha prestado suficiente atención. Se debe rescatar su presencia en la historia pues da un piso y permite avanzar. No debería tratárselas como íconos, sino conocer los procesos en los que se desenvolvieron como seres humanos de carne y hueso con luces y sombras.