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miércoles, agosto 03, 2011

Rostros de Mujer...

Fuente: Rostros de Mujer
Rostros de Mujer es un sitio web que contiene una ludoteca dinámica y especializada, donde tienes la oportunidad de divertirte con juegos interactivos, y a la vez podrás conocer y analizar los estereotipos de mujer en los medios de comunicación. Esta página pretende fomentar la igualdad de género a través de actividades y juegos de forma amena e interactiva. Hemos seleccionado anuncios, videos, fragmentos de series, etc., para que fueran analizados de forma detallada por personal experto en la materia. Aquí podrás encontrar gran cantidad de recursos que combinan la información, la formación y el entretenimiento sobre el papel de la mujer en los medios de comunicación.

La página web «Rostros de Mujer» concreta la elaboración de un proyecto que pretende materializar la sensibilización y la formación en el análisis de estereotipos de género en los medios de comunicación de masas, aprovechando la creciente implantación de redes virtuales y la generalización en el uso de Internet.

sábado, julio 03, 2010

Cuba: Se modifican estereotipos y prejuicios sexistas

Las mujeres son el 46,7 por ciento de la fuerza laboral del sector estatal civil en Cuba, el 65,7 por ciento de los profesionales y técnicos, y ocupan el segundo lugar en el mundo en cuanto a cantidad en escaños parlamentarios
Dora Pérez Sáez / Juventud Rebelde
Los estereotipos, prejuicios y juicios de valor sexistas, arraigados en la cultura patriarcal cubana, se modifican en un proceso complejo en el que inciden la voluntad política, la ley, los medios de difusión, la escuela, la familia, la subjetividad de cada persona y la sociedad en su conjunto.

Así lo afirmó Yamila González, secretaria de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia de la Unión Nacional de Juristas, en el III Encuentro Internacional Mujer, Género y Derecho, que durante tres días sesionó en la capital.

La funcionaria señaló que las condiciones para que las mujeres ocupen el lugar que merecen en la sociedad no se dieron inmediatamente.

«Hoy, sin embargo, podemos exhibir logros. Somos el 46,7 por ciento de la fuerza laboral del sector estatal civil, el 65,7 por ciento de los profesionales y técnicos del país, y ocupamos el segundo lugar en el mundo en cuanto a cantidad de mujeres en escaños parlamentarios, con un 43,32 por ciento de representatividad», subrayó.



La historia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización que el próximo 23 de agosto llega a su aniversario 50 de fundada, fue recordada en el evento por Magalys Arocha, miembro de su Secretariado Nacional.

Magalys expresó que desde 1959 las políticas generales trazadas para el bienestar del pueblo fueron acompañadas de programas especiales para las féminas, dirigidos en ese momento a aquellas que sufrían más fuertemente la exclusión, por proceder de áreas geográficas o económicas más vulnerables.

«Aunque el 23 de agosto de 1960 es la fundación oficial de la FMC —explicó—, Vilma recordaba siempre que sus bases surgieron antes, cuando se constituyeron los Comités de Auspicio para participar en el Congreso Latinoamericano de Mujeres, que se celebró en noviembre de 1959, en Santiago de Chile».

El III Encuentro Internacional Mujer, Género y Derecho fue dedicado al impacto de la actual crisis económica global en los derechos de las mujeres, y contó con la presencia de alrededor de cien delegados de 17 países.

miércoles, marzo 03, 2010

Deconstruir y superar a Barbie: Un paso hacia la equidad de género...

Por: María del Mar Vázquez Rodríguez / Colaboración editorial: Iris Rodríguez A. Para: Género con Clase
Sabemos que hoy en día hay una amplia gama de juguetes, pensados para las niñas, que reproducen y perpetúan los esquemas patriarcales tradicionales. Con el paso de las generaciones, las versiones varían, pero la intención sigue siendo la misma: moldear a la niña para su futuro "rol de mujer". Lo preocupante es que, si bien es cierto que actualmente las discusiones sobre estereotipos de género y las luchas por la equidad han impulsado cambios significativos en nuestras realidades sociales, dichos cambios no parecen reflejarse de manera contundente en los instrumentos de juego y modelos de socialización que el comercio continúa etiquetando como "juguetes para niñas".

Lo que se pretende como cambio, no son más que versiones más sexualizadas del tradicional prototipo de Barbie, pero en esencia, resulta evidente que acarrea los mismos conceptos de lo que se considera tradicionalmente "femenino". En este escrito me refiero específicamente a la muñeca Barbie, por varias razones.

En primer lugar, porque la mía fue una de varias generaciones de niñas, que crecieron con ella, como referencia de la "mujer ideal". En segundo lugar, por el hecho de que, luego de medio siglo de su lanzamiento al mercado, aún se sigue emulando su "ejemplo". Así, resulta evidente que no hemos superado su influencia. Gran parte de la clientela para la industria de cirugías estéticas, ha nacido de esa población infantil de generaciones enteras a las que convencieron de que Barbie es el resultado de lo que se espera de una mujer. Esto lo fomentan quienes se lucran del patriarcado capitalista y conocen cómo explotarlo.

Analicemos a Barbie: Siempre joven, nunca llega a los 30, a pesar de que cronológicamente, ella tendría hoy sobre 50 años de edad. Por lo tanto, es una figura que cumple a cabalidad con el mito de la mujer que no crece. Si fuéramos a hacer una reconstrucción realista de cómo luciría en la actualidad, respetando las leyes del paso del tiempo, ciertamente ésta no se vería igual. Barbie representa no sólo a la mujer que nunca madura, y que no sufre los embates de la vida de un ser real, sino que además, ella escenifica las posibilidades disponibles sólo para las mujeres cuyo poder adquisitivo es alto y que no tienen que esforzarse para obtener lo que desean.


A pesar de que en alguna ocasión Barbie ha sido representada como médica, veterinaria o practicante de alguna otra profesión activa, sabemos que no se la proyecta como a una mujer que necesite ejercerlas para ganarse la vida. Más bien se da a entender que es algo que ella experimenta por placer y por ocupar su exceso de tiempo libre. Los papeles laborales de Barbie se presentan como una distracción en lugar de una aportación social. Por cada muñeca disfrazada de profesional , existen otra abrumadora variedad de refuerzos que hacen pensar a la niña que la belleza física es una elección prioritaria ante cualquier otra ocupación en la vida (sin mencionar lo oneroso de los tacones, el cabello de salón y la ropa de diseñador que requiere el estilo "profesional" con que se la presenta).
Barbie es un personaje que siempre aparece como un ser que gira en torno a lo glamoroso y la belleza externa, como valores imperantes. Sabemos que todos y cada uno de sus lujos requieren de la constante disposición de unos fondos económicos prácticamente infinitos. ¿Qué probabilidades reales existen de que la mayoría de las niñas que juegan con Barbie lleguen alguna vez, en toda su vida adulta, a igualar el estilo de vida que sugiere esta muñeca? Sabemos que una muy pequeña minoría gozará de este privilegio, como suele ocurrir en las sociedades capitalistas, donde el poder económico y adquisitivo reside en el monopolio de un@s poc@s.
Sin embargo, Barbie es un producto cuyo mercado es masivo e internacional, lo que equivale a que niñas de todas las estratas sociales la están internalizando como a un ser ideal. Con ello, el capitalismo patriarcal promueve en nuestras niñas la total enajenación de las realidades sociales y económicas de su entorno.

Analicemos otro aspecto importante de Barbie, como uno de los modelos infantiles más influyentes del siglo 20. ¿Qué características físicas tiene Barbie? Para empezar, es blanca y tiene todos los rasgos considerados tradicionalmente como bellos en la cultura anglosajona. Su cabello es liso, rubio y sus ojos azules. Esto, en sí mismo es un dato, en apariencia inofensivo, pues después de todo, existen mujeres con estas características. Pero, ¿es casual esta proyección? Se diría que, si Barbie "nació" en Estados Unidos, sería de esperarse que estos rasgos fueran predominantes, pero esto es sólo la visión que la publicidad ha hecho imperar en el proceso de globalización. En realidad, sabemos que Estados Unidos es un país de inmigrantes y esto se traduce en la existencia de un gran abanico de culturas y etnias que interactúan y se enriquecen entre sí. Ese intercambio, hace de ese país uno de gran pluralidad, lo cual quiere decir que un porcentaje enorme de las niñas que reciban esta muñeca, no podrán indentificar en Barbie una representación de su fenotipo racial y étnico.

¿Qué consecuencias tiene esto en el autoconcepto de las jóvenes? El inconsciente de la niña, desde temprana edad, comienza a compararse con Barbie y al no encontrarse en ella, aprende a disociarse de sí misma y a tratar de adoptar modelos que a menudo resultan inalcanzables. En un intento por acaparar a las llamadas "minorías" en el mercado, la compañía creadora de este personaje, en algún momento decidió lanzar muñecas "amigas" de Barbie que representaran diversas razas y etnias. Sin embargo, al respecto hay varias observaciones que considero importante destacar. Primero; las compañeras de Barbie aparecían como personajes secundarios y en en su publicidad, el ideal más exaltado era el fenotipo de la Barbie original. Además, al poner atención a las características y facciones de las muñecas que representaban a mujeres afroamericanas, latinas o asiáticas, éstas no proyectaban la apariencia real, común a la mayoría de las mujeres de esos grupos étnicos. Los rasgos de estas muñecas eran un calco del rostro de la Barbie blanca, sólo variando el color de la piel y, en algunos casos, los ojos y el cabello. Esto nos dice mucho del solapado, pero constante racismo del discurso, detrás del producto. Además, la publicidad siempre se encargó de que las niñas que jugaban con Barbie y sus amigas, se convencieran de que la figura ganadora, central y exitosa es Barbie.

La imposición de Barbie como máximo modelo estético, promueve el desarrollo de una gran población de futuras mujeres presionadas a perseguir una definición ilusoria de perfección.

Tampoco es casualidad que el fenotipo ideal, sea el de las minorías adineradas en el poder. Ya identificamos en Barbie un modelo dirigido a cumplir múltiples funciones que distorsionan la realidad femenina, en un solo producto. Entre ellas, están la idealización de la belleza y la juventud como sinónimos de "virtud femenina", la imposición del consumismo capitalista y el estilo de vida de derroche como fuentes de "eterna felicidad y satistafacción", el culto a la raza blanca como sinónimo de notoriedad , implicando que otras razas y etnias pertenecen a planos secundarios.

Como producto, Barbie proyecta la opinión de los comerciantes y publicistas acerca de lo que debería ser el "sueño americano" para las mujeres. La imposición de ese sueño significa adoptar las obsesiones, las distorsiones y las enfermedades artificiales de una sociedad que pretende sentar las pautas de conducta a países cuyas realidades sociales, económicas y étnicas son completamente ajenas al estilo de vida norteamericano. Lo cierto es que la realidad de las mujeres en su mayoría no guarda ninguna semejanza con el fantástico mundo de Barbie.

La asimilación de su mensaje, sirve para satisfacer la codicia deshumanizante de los mercaderes de la industria cosmética. Con la exhaustiva búsqueda de las masas, que desean emularla, la muñeca sirve de aliada internacional a las industrias de tintes para el cabello, lentes de contacto y ropa de alto costo. También les facilita el negocio a los fabricantes de tacones de aguja, productos alisadores para el cabello, fajas y otros artefactos cuya función es ejercer control sobre las mujeres y presionarlas para modificar sus cuerpos, guiadas por la fantasía que éstos prometen.


Barbie es la carnada para que sus seguidoras caigan en la trampa de la industria de cirugías estéticas, liposucciones, aumentos de busto, los llamados "liftings" y otros procesos quirúrgicos tan dolorosos e invasivos, como arriesgados y costosos.
Mientras Barbie sonríe al vacío con su mirada lánguida, hay cientos de niñas y mujeres que literalmente mueren en el intento de imitarla. Algunas perecen en el quirófano, o por complicaciones posteriores, por inyecciones de hormonas, consumir pastillas para bajar de peso o simplemente pierden la batalla ante enfermedades como la anorexia o el trastorno dismórfico, típicas afecciones de una sociedad donde el culto desmesurado a la belleza incita a muchas mujeres a escoger entre su vida y el ideal de perfección.

Podemos figurarnos quiénes ganan y quiénes perdemos en este macabro juego comercial. El imperio de Barbie no ha dado señales de debilitarse en el transcurso de varias generaciones. Hay muchos intereses económicos lucrándose de las cuantiosas ganancias que devengan de los productos fabricados con el exclusivo propósito de vender la ilusión de obtener la belleza irreal de una muñeca plástica. Las estrategias publicitarias de sus fabricantes, continúan a través de los años, forjándose como cárceles,cuyos barrotes son soldaduras en el imaginario femenino. Esto se establece desde muy temprana edad, cuando las niñas apenas empiezan a desarrollar su identidad social.

Debemos procurar que , tanto las mujeres como las niñas conserven la perspectiva de que Barbie puede cumplir con las expectativas de perfección, simplemente porque ella está hecha de plástico y no es una persona. Este detalle, a simple vista parece demasiado obvio, sin embargo, por no tomarlo en cuenta, muchas mujeres pierden la noción sobre la diferencia entre lo real y lo engañoso.
La muñeca Barbie es una estrategia audaz para desvincular a las mujeres de su naturaleza humana y equipararlas a maniquís de vitrina meramente decorativos.

Su imposición como ideal de belleza, equivale a condenar a la invisibilidad y castigar con el látigo de la indiferencia social, a todas aquellas niñas o mujeres que no cumplan con los parámetros de opulencia y los criterios de belleza que ella ostenta. Es relegar a toda mujer que presente signos de humanidad y que no se limite a parecer una muñeca artificial. No se debe perder de perspectiva que Barbie no se crea ella misma, a ella la crean, a ella la inventan. Significa que otros dictan su indumentaria, su peinado o su manera de "ser". Emular dichas características significa transformarse en un ser incapaz de sostener ideas propias, gustos originales y sobre todo, forjarse su propio destino. ¿Es eso lo que deseamos para nuestras hijas? Conscientemente, suponemos que no. Sin embargo, puesto que nuestra sociedad no nos crea conciencia de ello, tendemos a obsequiar a las niñas con objetos que contribuyen a la formación de estereotipos de género. Así, se condiciona el imaginario infantil y se reproducen conductas que favorecen el status quo y que sostienen el capitalismo patriarcal.

Debemos encaminar a nuestras niñas a cambiar la sonrisa de conformidad de Barbie, por una conciencia que les refuerce que la inconformidad no es sólo saludable, sino necesaria para hacerle frente a las inequidades sociales en un sistema que intenta sabotear el desarrollo intelectual y la conciencia de las mujeres.

Dicho esto, mi exhortación sería que antes de regalar a una niña, un símbolo de la opresión femenina y promotor del mito de la belleza, pensemos en las serias implicaciones de este juguete. Y a quien la fabrica, le propondría añadir una advertencia en un lugar visible de la caja de la famosa Barbie, donde se lea: "PRECAUCIÓN: El uso constante de este producto y su absorción social y sicológica en menores de edad, podría causar severos daños a la autoestima a corto y a largo plazo, con graves efectos secundarios como por ejemplo: distorsión de la realidad, consumismo pernicioso, desarrollo de cánones irreales de belleza y en casos extremos, la muerte. Por favor, Manéjese con educación".



viernes, febrero 19, 2010

El idioma materno, un asunto con género...

Por Marcela Valente / IPS
Para muchas estudiosas de la lengua, el llamado a preservar el idioma materno y la institución de un día dedicado a ello no solo implican defender la diversidad cultural, sino que también favorecen la equidad de género.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) instituyó el 21 de febrero como el Día Internacional del Idioma Materno, como una forma de defender la pluralidad lingüística y evitar la desaparición de las también llamadas lenguas nativas.

"La lengua no se legitima en un espacio privado --que es el de la transmisión de la lengua materna-- sino en un ámbito público, y ese espacio de reconocimiento es históricamente de varones", planteó a IPS la doctora en filosofía María Luisa Femenías, del Instituto de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Para esta especialista, lo que la madre transmite "no es creado por ella". "Ella es mediadora, intérprete" de la lengua que transfiere a hijos e hijas. Y si esa transmisión se produce en un entorno donde hay otra lengua dominante, el idioma materno "se empobrece, se reduce al ámbito de lo doméstico y cristaliza".

"La lengua se recorta, queda subvalorada, y se reconoce como útil sólo para las cuestiones cotidianas, pero pierde capacidad de abstracción", alertó Femenías. "Esto se ve muy bien en parejas de padres provenientes de culturas --y con lenguas nativas-- diferentes", ejemplificó.


Un niño criado por una madre de habla hispana y padre anglohablante que viven en Estados Unidos o Canadá, utilizará el idioma materno hasta cierto punto. Pero, a medida que avance en su educación, la lengua en la que podrá instruirse y obtener buenas calificaciones para una mayor inserción laboral será el inglés o el francés.

Lo mismo ocurre si una madre transmite a su hija o hijo el guaraní, el catalán, el sueco u otras lenguas no hegemónicas, comentó. A medida que el niño o niña crezcan y necesiten acceder a un conocimiento más complejo, deberán avanzar en el dominio de la segunda lengua, que es la dominante en su contexto.

"Al sur de Estados Unidos hay poblaciones rurales que aún hablan francés, pero es un francés del siglo XVII, que no está aggiornado (actualizado)", mencionó, y por lo tanto, no les alcanzaría a sus hablantes para interpretar el mundo actual en toda su complejidad, que cada vez más exige el manejo de una lengua franca o vehicular.

Según un estudio realizado por diversos lingüistas para el "Atlas de las lenguas en peligro en el mundo" de la Unesco, casi la mitad de las cerca de 6.700 lenguas que existen corren peligro de desaparecer en mayor o menor plazo con la amenaza que eso conlleva para la diversidad del patrimonio cultural mundial.

Por eso, la Unesco estableció el Día Internacional desde 1999, a fin de llamar la atención sobre esta cuestión y promover políticas públicas que frenen la extinción de más lenguas.

El Atlas señala que hay lenguas extintas en las últimas décadas, otras que solo son habladas por ancianos. Hay cientos de lenguas "en peligro" o "en serio peligro" según los casos, y están las "vulnerables", relacionadas con las migraciones internacionales, que son las que hablan los niños sólo en el ámbito familiar.

Julia Rapaport es argentina, tiene nueve años y desde hace seis vive en la ciudad de Vancouver, en Canadá. Sus padres, argentinos, emigraron con ella y otros dos hijos mayores en 2003, y comentaron a IPS que, aun en su casa, donde todos hablan español, la pequeña apela al inglés cuando no encuentra la palabra adecuada en lengua materna.

La niña piensa en inglés y traduce, cuenta su padre, Gustavo Rapaport. "Cuando atiende el teléfono dice ‘Es yo, Julita’, en lugar de ‘Soy yo, Julita’, porque en inglés se usa ‘it’s me". "Pero eso pasa aquí todo el tiempo con los latinos. Los mexicanos ‘parquean la traca’ (por ‘parking the truck’, estacionar el camión)", ironizó.

Rapaport también mencionó que el sistema operativo de los ordenadores y las aplicaciones y el teclado, están en inglés, donde las vocales acentuadas no existen. "En los chicos se va degradando mucho también la ortografía en español. Lo hablan bien, pero lo escriben con muchos errores", detectó.

Para algunas expertas, no es del todo claro que este fenómeno implique un retroceso para la mujer-madre, que es la que transmite la lengua.

"Puede ser que la lengua materna, en algunos contextos, no sirva para conseguir un mejor trabajo, pero hay una dimensión vital, simbólica, que se transmite con la lengua, y que no se empobrece", opinó la filósofa Marta Herrera, otra estudiosa del lenguaje en la UBA.

Herrera es una especialista en la obra de la filósofa feminista italiana Luisa Muraro, autora de "El orden simbólico de la madre". En ese libro se plantea que la madre --o quien cumpla esa función-- da la vida y la palabra, y que el orden que da certeza y refugio, el que regla el comportamiento, lo transmite la madre.

"De la madre recibimos la vida y la palabra, juntas, y el orden simbólico no lo hace el poder ni la ley, sino la lengua", remarcó.

Sus teorías cuestionan la filosofía tradicional y el psicoanálisis, que se apoyan en la idea de que la madre y el recién nacido mantienen una relación natural basada en el deseo, pero que es el padre, la ley o la cultura los que ponen racionalidad en ese vínculo, resumió a IPS Elsa Drucaroff, profesora de letras de la misma UBA.

"Muraro sostiene que la madre tiende puentes entre las palabras y las cosas, y por lo tanto, con la lengua transmite certeza. Esa transmisión no se pierde, más allá de que ella pierda autoridad, porque hasta el más escéptico de los filósofos confía en que tiene sentido pensar, y esa confianza le viene de la madre", destacó.

Lo que ocurre, explica Drucaroff, es que "aun cuando la tarea de enseñar o transmitir el idioma estuvo siempre destinada a las mujeres, la filosofía, y luego el psicoanálisis en forma más sofisticada, tienden a plantear que la madre es apenas la tierra en la que el hombre cultiva".

"Parece como si la madre creara sin pensar, pero la madre piensa, no es puro deseo. Muraro cuestiona la idea de que para pensar necesitemos de la fuerza masculina, porque no hay, en verdad, ningún modo de pensar si no es a través de la lengua que ella nos transmite", añadió.

Para Drucaroff, esta cuestión es independiente de que las madres transmitan una visión patriarcal del mundo. Lo que rescata es que en la teoría de Muraro, la madre no se limita a parir, sino que transmite símbolos, un lenguaje, y eso es mucho más que un vínculo de la naturaleza.

Desde la medicina, llegan también descubrimientos que afianzan el papel materno en el aprendizaje de la lengua.

Un estudio realizado en Alemania, difundido en octubre, concluyó que los fetos escuchan de cerca el idioma de sus madres, en el último trimestre de gestación, por lo que al nacer lloran con patrones que reproducen la entonación materna. La base para el aprendizaje del idioma llega incluso antes de nacer, dijeron los investigadores.

Como resultado, los bebes lloran con entonación del francés, alemán, español, inglés o cualquier otro idioma materno, lo que confirma que la voz materna es el mayor estimulo para el feto y el recién nacido, analizó Janet DiPietro, decana asociada en investigación de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos.

Lo más espectacular del hallazgo es que neonatos humanos captan elementos de lo que será su idioma materno antes de nacer y que prefieren las pautas sonoras de la madre a cualquier otra, explicó una de las autoras del estudio, Kathleen Wermke, de la universidad alemana de Würzburg.

Esa preferencia es porque "perciben el contenido emocional de los mensajes que les envía (la madre) con la entonación" y los bebes están "muy motivados" a imitarla para atraerla. Es de hecho el único aspecto del lenguaje que logran imitar a los tres días de nacer, concluyó el estudio.

sábado, enero 16, 2010

¡Quemen los corpiños!

Firmes, erguidas, lozanas, sensibles, cubiertas pero no tanto, grandes pero sin exagerar; las tetas cargan con un deber ser hecho a imagen y semejanza de un deseo masculino díscolo –los mismos que incrustan los ojos sobre un escote dibujado por el bisturí después dicen que las prefieren “al natural”– que suele traducirse en dolor: tanto el que causan las cirugías como el que genera no alcanzar nunca el objetivo. Las tetas son tetas y son sexo mientras no se hable de cáncer –entonces serán mamas– o de amamantar. Y cuidado con quitarse el corpiño en la playa o la pileta para disfrutar del sol, porque, aunque todos quieran verlas mostrarlas libremente todavía está mal visto. Sobre todo si no son firmes, erguidas y lozanas.

Por: Milagros Belgrano Rawson / Fuente: Página 12

“Al escatimar los senos de nuestra vista, nos merman a nosotros un derecho. Más ya vemos que nuestras mujercitas son sensatas y así durante el verano hemos podido examinar los amados relieves de nuestras reales pertenencias... El seno, queridas lectoras, es el alto delicioso donde el amor toma fuerzas para el viaje... Es así de blanco, de suave y con el rosado pico, la oca, la verdadera oca... Lucid los senos, ricas.” Así se despachaba el editorialista de la revista Chic en el tórrido verano madrileño de 1932. Corrían los años de la república, y en un clima de escasez generalizada el periodismo jugaba con metáforas que reenviaban a delicias caras y exóticas como la oca, o los melocotones, observa Lola Gavarrón en su historia de la ropa interior. Poco ha cambiado desde la publicación de esta pintoresca nota de verano, cuyo autor reivindicaba el derecho masculino por sobre los pechos femeninos, a los que con los primeros calores invitaba a exhibir para exclusivo disfrute de los caballeros. Como entonces, con el verano, las revistas femeninas siguen haciéndose eco de esta obsesión mayoritariamente masculina y publican un sinfín de “especiales” de belleza y fitness para conseguir algo casi imposible (al menos sin someterse al bisturí): tetas ni muy grandes ni muy pequeñas, paraditas y firmes, de color bronceado y sin estrías, y que hayan pasado la vieja prueba del lápiz, por sobre la cual la revista Playboy se adjudica la autoría (se pone un lápiz bajo el pecho, si éste no queda atrapado y cae, se trata de una lola turgente). Una batería de tratamientos y ejercicios –algunos tan ineficaces como sumergir los senos en agua helada– para conseguir lo que el marketing veraniego instruye: un buen escote, poca ropa, sol, playa, cócteles, días largos y noches aún más largas que prometen sexo, libertad y desinhibición. Pero el tiempo apremia: ya estamos en enero, y en la mayoría de los casos una se ve confrontada con una cruel verdad: las tetas son pura glándula y tejido adiposo, sin músculo, y sólo el quirófano puede desafiar la fuerza de gravedad. Claro que aquellas que hayan previsto y afrontado este caro y doloroso vía crucis se verán recompensadas, aunque no está muy claro de qué forma, ni si realmente serán ellas las beneficiadas.

Aparentemente, los sacrificios por obtener una delantera firme y erguida redundarán en mayor comodidad (chau, corpiño, aseguran algunas operadas), autoestima y sexappeal y, en consecuencia, en una mejor performance con el sexo opuesto. Pero los medios masivos han hecho de la exhibición de tetas un culto que tiene sus reglas. Hay que mostrarlas, pero siempre y cuando una se pliegue a los cánones de belleza imperantes, y en situaciones que coincidan con la obsesión masculina por los escotes. Quedan excluidas de esta categoría las mamas maternas, paradójicamente consideradas por muchos y muchas como obscenas: para muestra vale el ejemplo de Kelli Roman, una mamá estadounidense, que en el 2008 colgó en su perfil de Facebook una foto suya amamantando a su bebé. Enseguida, la red social eliminó la imagen y la advirtió contra la difusión de material “obsceno”. La anécdota termina de forma simpática, con la creación del grupo “Hey Facebook, Breastfeeding is not obscene” (“Facebook, Amamantar no es obsceno”), cuyos miembros ya suman 247.995, pero no deja de ser un llamado de atención sobre el tabú que pesa sobre las tetas en general y su entronización como objetos sexuales. En un utópico mundo con igualdad de género, nadie se sentiría shockeado por ver a una mujer tomando sol en topless, asegura el sitio 007b.com, que además de exhibir una “galería de tetas normales” (las hay en todas sus gamas, imperfectas, chicas, voluminosas, caídas y asimétricas) reivindica el carácter no sexual de los pechos femeninos y su función de proporcionar alimento a los bebés. Para la antropóloga norteamericana Catherine Dettwyler, especializada en lactancia y temas de género, la idea de que los pechos femeninos son objetos sexuales “por naturaleza” es una construcción cultural que deja en segundo plano su función biológica primaria, la lactancia. Que no se la malinterprete, pide Dettwyler: no está en contra de que la mujer reciba o dé placer a través de sus pechos, sino de que se reconozca que este mandato sexual es un comportamiento aprendido y socialmente diseminado. Prueba de ello es que, como observa la feminista Germaine Greer, entre las razas cuyo desarrollo mamario es escaso, como en China o Japón, muy raramente los pechos femeninos llegan a convertirse en objetos del imaginario erótico. Pedirle a Occidente que privilegie la función sexual de los pechos en detrimento de su función de lactancia es tan equivocado como pedirle a la sociedad china que prefiera el rol erótico de los pies deformes y empequeñecidos a la función de caminar, sostiene Dettwyler.

Mientras en los últimos años decenas de científicos se debaten sobre si el “punto G” es puro mito o algo real –hace unas semanas un grupo de investigadores de Londres anunció que esta zona erógena es en realidad “algo subjetivo”– los estudios serios que indaguen sobre el apego de las mujeres (sobre todo en casos de cáncer de mama) a sus pechos brillan por su ausencia. Tampoco se investiga por qué se los considera la característica que las define como mujeres y como seres sexuales ni sus posibilidades como zona erógena. Sin embargo, médicos como la noruega Elisabeth Helsing han probado que la lactancia proporciona placer sexual a muchas madres que, sin embargo, en muchos casos se sienten culpables y avergonzadas ante estas sensaciones. “No se acepta que es la forma que tiene la naturaleza de hacer que el amamantamiento sea algo placentero al tiempo que ayuda a la supervivencia de las especies”, indica Helsing en uno de sus libros sobre lactancia.

Desde pequeñas a las mujeres occidentales se nos enseña a cubrirnos el pecho por considerarlo indecente. Mientras algunos sociólogos se ufanan de la liberalización de las costumbres y la sexualidad en las últimas décadas, hoy en día el uso del topless sigue siendo muy minoritario, circunscripto a ciertas playas europeas o resorts caribeños para extranjeros (las playas nudistas, aún menos extendidas, son harina de otro costal). Por otro lado, sólo en Estados Unidos la industria pornográfica heterosexual mueve 10 mil millones de dólares al año, lo que da una idea del valor que tienen en este gremio los pechos femeninos, en la mayoría de los casos creados por industrias subsidiarias igualmente productivas como la cirugía cosmética (la estética de mamas es la más solicitada por las mujeres de todo el mundo). Mientras, desprovista de la carga sexual que tienen sus pares femeninas, la delantera de los hombres es libre de circular desnuda en playas y piletas sin que ningún guardián de las buenas costumbres interfiera en su elección de vestuario. Y es justamente este desequilibrio entre los sexos lo que molesta a algunas europeas. El año pasado, una docena de militantes del grupo feminista Les Tumultueuses (“Las turbulentas”) se quitó la parte superior de su bikini en una piscina pública de París. Durante 15 minutos, hasta que la policía vino a escoltarlas hasta los vestuarios, estas mujeres se bañaron con los pechos al aire ante la mirada atónica del resto de los bañistas. “Es una acción para denunciar la diferencia de tratamiento entre hombres y mujeres. El cuerpo femenino es sistemáticamente considerado como más sexual que el de los hombres, y sometido a normas de belleza que no se exigen a los varones”, explicó una de las militantes a los bañistas. “Nadie se ofusca cuando en los kioscos se exhiben fotos degradantes de mujeres con los senos desnudos, pero cuando se muestran al natural, todo el mundo se enoja y hasta se pide a la policía que intervenga”, indicó el grupo en un comunicado.

La iniciativa francesa había sido en realidad inspirada por una acción de feministas suecas, que en el 2007 se metieron en topless en una pileta pública en Upsala. Por supuesto, en seguida fueron invitadas a retirarse en nombre de los “buenos modales”, pero la acción fue luego repetida por otras mujeres en otra ciudad del interior de Suecia. Enseguida, se creó la red Bara Bröst (en sueco, tetas desnudas). “Queremos que nuestros pechos sean tan “normales” y “desexualizados” como el de los hombres, y así poder sacarnos también la remera en los partidos de fútbol”, indicó la vocera de la asociación, Astrid Hellroth. Lo que buscan es simple: que la exhibición de los senos deje de ser algo transgresor, vinculado a cánones de belleza imposibles de alcanzar y a una obsesión mayoritariamente masculina. Y que su uso y disfrute vuelva a sus verdaderas dueñas, las mujeres.

jueves, noviembre 05, 2009

Colombia: Las muñecas de la mafia, ¿reflejo o modelo de mujer?

Por: Ángela Castellanos Aranguren / Semlac Noticias
Las mujeres son las protagonistas de la nueva serie de televisión colombiana Las muñecas de la mafia que, con menos de un mes en pantalla, ya abrió el debate sobre el papel de los medios en los patrones de femineidad vigentes.

Aunque el tema del narcotráfico no es nuevo en la pantalla chica, esta vez es enfocado desde el ángulo de las mujeres de los narcotraficantes. El director de esta serie, Luis Alberto Restrepo, ya había dirigido los dramatizados El Capo, sobre Pablo Escobar, y Sin tetas no hay paraíso, basada en la novela del escritor Gustavo Bolívar y que trata de las adolescentes que, para ayudar económicamente a sus familias, se venden a los mafiosos.

En esta oportunidad, Restrepo vuelve con una serie por capítulos diarios que trata de las relaciones de seis mujeres con hombres involucrados en diverso grado con el tráfico de droga.

Una es "presa" de su novio "narco", otra no quiere divorciarse de un capo para no perder poder y riqueza, una tercera es la esposa del contador del capo, y otras escalan amoríos en la jerarquía de la mafia, mientras que la protagonista acepta el dinero "sucio", al tiempo que dice no querer involucrarse en el negocio.


En fin, se trata de mujeres sin escrúpulos que buscan riqueza, protección y poder, convirtiéndose en amantes de un narcotraficante o "traqueto", como los llaman coloquialmente en Colombia.

Adicionalmente, no hay mujeres gorditas, ni morenas, ni de pechos pequeños. Tampoco las hay de clase baja, a excepción de la protagonista, que se supone que es de bajos ingresos, pero que ni el maquillaje, ni el vestuario, ni la actuación lo reflejan.

Física y socialmente, los personajes no representan a la generalidad de las colombianas, sino a una minoría de ellas, después de haber pasado por varias cirugías estéticas. Para complementar, el marco escenográfico es de opulencia, derroche y placer, incluso para aquella de bajos ingresos.

La publicidad de la serie anuncia, manifiestamente, que se trata de ilustrar a las mujeres que buscan acceder a bienes materiales mediante sus relaciones con varones de la droga. Su título expresa que ellas son objeto de diversión para ellos.

Surge, pues, la interrogante sobre si estas historias están reforzando un modelo de mujer en la sociedad colombiana, o si simplemente la televisión lo está reflejando.

Para el crítico de televisión y director del posgrado en periodismo de la Universidad de los Andes, Omar Rincón, el estereotipo de mujer que presenta esta serie, tristemente, sí responde a la realidad de las involucradas en el narcotráfico, y la televisión no lo crea, sino que lo confirma.

"Basta salir a la calle, en cualquier ciudad colombiana, para verlo. Habitamos la narco estética, el narco cuerpo, la narco mujer. Y todo esto es exitoso, en la vida real y en la ficción", aseveró Rincón a SEMlac.

¿Será que, en la realidad, la vida de estas mujeres es tan buena como la pintan en Las muñecas de la mafia?, preguntó SEMlac a Florence Thomas, feminista y estudiosa de la representación femenina en los medios. "Cuando las jóvenes no tienen un proyecto de vida, el narcotráfico es una opción que les puede cambiar la existencia (económicamente), pero no sin esfuerzo: se vuelven mujeres objeto de consumo".

En diálogo con Radio Nederland, la directora y productora de televisión Susana Silva comentó el estereotipo de mujer de esta dramatización. "El lado positivo puede ser que, al cumplir la televisión un papel de espejo, nos vemos reflejados en el (momento) inmediato. Antes se veían series sobre sucesos del pasado, pero estas son un espejo del presente y para quien las ve reflexivamente, pueden suscitar miradas críticas interesantes".

"El lado negativo -agregó Silva- es que están generando patrones de identificación en los que lo único que cuenta es el objetivo del dinero a cualquier precio. No importa si hay que traicionar al papá, a los amigos o romper cualquier regla. Sólo cuenta el dinero y la fama plástica que, a su vez, alimenta el estereotipo de la mujer boba (tonta), poco reflexiva, ambiciosa, con el que estoy segura no nos identificamos el 95 por ciento de la colombianas".

Según expresó a SEMlac Nancy Prada, directora del programa radial de la Escuela de Género de la Universidad Nacional, "si bien los medios de comunicación cumplen una función de poder, privilegiando ciertos discursos y poniéndolos a circular, no podemos entender el modelo comunicativo como unidireccional y pensar que quienes reciben los mensajes son actores pasivos", señaló.

"Los y las espectadoras hacen cosas con ese estereotipo que reproduce la serie, lo reelaboran a partir de su propia experiencia y sus propios saberes", abundó.

Desde el ángulo masculino, el retrato del varón del narcotráfico muestra el machismo y el uso de la violencia como formas de subyugación de la mujer. Sobre los dos personajes que encarnan al celoso violento y al infiel y también violento, el canal que transmite la serie abrió un foro en su sitio Web. La mayoría de las respuestas, firmadas en lo fundamental por mujeres, repudia a los dos personajes y califica a ambos comportamientos de machistas.

Estas opiniones demuestran que puede haber una visión reflexiva en los adultos. No obstante, la serie se transmite en horario familiar, es decir, al alcance de niños, niñas y adolescentes.

En Colombia, un país donde hay más televisores que estufas para cocinar -según reciente encuesta-, el contenido de la programación no es un tema menor. Para vigilarlo, existe la Comisión Nacional de Televisión, pero no hay antecedente de que esta haya solicitado cambio de horario de los dramatizados de los canales privados.

El horario familiar es, indudablemente, el que más rentabilidad aporta, a través de la publicidad, mientras las transmisiones después de las 10 de la noche captan muy poca audiencia y, por tanto, tienen menos anunciantes.

Probablemente, la productora y el canal apuestan a obtener el mismo éxito que tuvo Sin tetas no hay paraíso, y para ello se han asegurado de que las actrices cautiven a los hombres, quienes son los que manejan el control del televisor.

viernes, octubre 16, 2009

Los estereotipos femeninos, un ejemplo de misoginia funcional ...

Arremete el mundo de la moda contra las mujeres con curvas
Fuente: Cimac Noticias
De nuevo, el mundo de la moda da de qué hablar. Ahora, el diseñador alemán Karl Lagerfeld se encuentra en el vórtice del huracán por haber declarado que está en contra de que mujeres “reales” desfilen por las pasarelas y por haber dicho “no” a las curvas.
Lagerfeld (en la Imagen) declaró hace tiempo que él no diseña para mujeres con sobrepeso.
“Nadie quiere ver a una mujer redonda”, aseveró en declaraciones que, según diversas agencias internacionales, reprodujo el sitio telegraph.co.uk.

Al creador, de 71 años de edad, no parece importarle que los estereotipos femeninos y los estándares de belleza internacionales estén socavando la autoestima y la salud de la mitad de la población mundial, ni que sus palabras constituyan ejemplos de discriminación y violencia extrema contra las mujeres que no responden al “ideal” implantado por el sector en que trabaja.

Desde su perspectiva, “en la moda hay mucho de sueños e ilusiones, por ello no es adecuado ver mujeres con curvas”. Y con esas palabras atenta contra las ilusiones y los sueños de todas las mujeres del mundo que, sin pertenecer al mundo de las pasarelas, aspiran a ser aceptadas tal como son.


LAS CIFRAS

Los estragos de los estándares femeninos de belleza en la salud de las mujeres con cada vez más evidentes: sólo en México, bulimia y anorexia afectan a más de dos millones de personas. Según el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, 0.5 de menores de 15 años presenta algún síntoma de trastorno alimentario; de cada diez pacientes, nueve son mujeres de entre 15 y 26 años.

Asimismo, anualmente se registran en el país aproximadamente 20 mil casos de anorexia, de los cuales 90 por ciento corresponden a mujeres; la mitad de ellas desarrolla también bulimia, de acuerdo con datos de la organización Eating Disorders México y el Sistema para el Desarrollo Integral de la Famila (DIF).

En cuanto al resto del mundo, anorexia y bulimia afectan a siete millones de mujeres y a un millón de hombre; el país líder en ambos padecimientos es Japón, seguido por Argentina, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

VIOLENCIA SIMBÓLICA, MISOGINIA FUNCIONAL

Ante estas cifras, se torna evidente la necesitad de una visión crítica de la cultura de la delgadez, la cual, según investigaciones de la Fundación Ellen West, es una estrategia de control contra las mujeres, pues son ellas las más juzgadas por su apariencia física, lo que constituye, a todas luces, un ejercicio de violencia simbólica por parte de una cultura machista.

Asimismo, de acuerdo Rodrigo León Hernández, encargado del área de investigación de esa fundación, “los hombres miran a las mujeres y ellas observan cómo son miradas; al experimentar su propio cuerpo como si fueran los observadores masculinos de sí mismas, se transforman en un objeto visual que vive bajo un esquema de misoginia funcional”.

Vale preguntarse entonces qué es más importante: ¿mantener “el reino de las ilusiones” del mundo de la moda, o detener el embate de los trastornos alimentarios que afectan a las mujeres jóvenes de México y el mundo.

En el universo de las pasarelas, la respuesta es obvia.

LA RESISTENCIA

No obstante, no todo es degradante en el amplio cosmos de la belleza mundial: aunque la empresa Ralph Lauren despidió a la modelo Filippa Hamilton, cuya silueta retocó digitalmente de manera excesiva, la firma, ante la presión internacional, se vio obligada a disculparse.

Por otra parte, en Francia ha comenzado a discutirse la reglamentación del uso de photoshop en anuncios relacionados con la moda, para evitar que se llegue al uso de estereotipos de delgadez extrema en la publicidad.

Finalmente, durante la pasada Semana de la Moda de Milán, mujeres con curvas, mujeres “reales”, desfilaron por las pasarelas y rompieron el tabú que de para modelar es necesaria una delgadez excesiva.

Ellas, como lo hacen a diario miles de mujeres en todo el mundo, demostraron que la verdadera belleza es cuestión de actitud.

jueves, mayo 07, 2009

Las Mujeres en la TV. El zapping de la violencia

Por: Andrea D’Atri/ Fuente: Insurrectas y Punto
Primer click
Volvió Marcelo. Y arrasó con más de 40 puntos de rating, que es algo así como 4 millones de televidentes. No vamos a hacer una crítica sobre su propuesta de entretenimiento, sólo llamar la atención sobre algo que pretende hacer reír (supongo que, exclusivamente, a la platea masculina) y, sin embargo, en algunas mujeres –como quien suscribe- provoca angustia e indignación.
La “jodita para Tinelli” vuelve a ser un falso programa con invitados, en el que todos son cómplices, menos una joven modelo boliviana. Los demás, al principio, resultan pesados, tontos... pero la broma termina cuando uno de los falsos invitados se desnuda íntegramente delante de la chica, obligándola a ver sus genitales que, luego, son discretamente pixelados en la versión editada para la teleaudiencia.

Según la Ley 25.087 debe pagar una multa “el que ejecutare o hiciese ejecutar por otros actos de exhibiciones obscenas expuestas a ser vistas involuntariamente por terceros.” Esta ley incluso, prevé penas mayores si el tercero o la tercera involuntaria es menor de edad. Pero probablemente, Tinelli pague la multa correspondiente... El punto es que si causa angustia e indignación es, quizás, porque casi no hay mujer que, en su infancia o adolescencia, no haya padecido esta situación involuntariamente, sin comprender muy bien de qué se trataba, pero sintiendo que se la vulneraba en algún lugar profundo de su intimidad.

La mayoría de las víctimas de los exhibicionistas son menores de edad y, por supuesto, del género femenino. Por eso no nos causa gracia ver que la escena se repita por TV, en clave de broma, aunque la víctima tenga un par de años más que los necesarios para que la ley la considere mayor de edad. Porque aun siendo mayor, de eso trata la “integridad sexual”, es decir, de la libertad de cada uno respecto de la esfera sexual en la que nadie puede introducirse sin su voluntad.

Segundo click

Cambio de canal, para respirar otro aire. La publicidad de autos señala que una mujer se convierte “verdaderamente” en tal, en el momento de parir. Pienso ¿qué soy yo, entonces, que he decidido no ser madre? ¿qué es mi amiga que decidió adoptar amorosamente porque no podía quedar embarazada? ¿Falsas mujeres?
Pero la publicidad continúa señalando de qué manera un hombre se convierte en “verdaderamente” hombre. Y entonces, nuevamente el delito aparece fortaleciendo la imagen de masculinidad. El tipo se hace
hombre cuando su padre lo lleva al prostíbulo a debutar sexualmente.

Es sólo algunos segundos de una imagen oscura. Basta una luz rojiza, una mujer con minifalda apoyada contra una puerta, la palmada del hombre mayor en la espalda del joven.
Los segundos cuestan millones en televisión y, entonces, no hay tiempo para decir que más de 600 jóvenes se encuentran desaparecidas en nuestro país, en los últimos años, secuestradas por redes de trata y prostitución. Que en esos prostíbulos de luz rojiza, son muchas las que se encuentran esclavizadas, luego de quitarles sus documentos, su dinero, luego de haber sido introducidas involuntariamente en el consumo de drogas y de haber sido violadas grupalmente para “ablandarlas” –como dicen los proxenetas en su jerga-. Los segundos cuestan millones, por eso, más vale usarlos para poner en primer plano la marca del auto que te convertirá en un “verdadero” hombre.

Tercer click

Cambio de canal, nuevamente. El noticiero presenta un informe sobre la violencia contra las mujeres. Una mujer es asesinada cada tres días en Argentina. En 2008, 105 mujeres fueron asesinadas por sus parejas y,
en lo que va de este año, los crímenes ascienden a 38. La mayoría son jóvenes: un tercio de estas mujeres que fueron asesinadas el año pasado tenían entre 15 y 24 años. El dato es periodístico, porque no hay cifras oficiales sobre la violencia contra las mujeres en nuestro país.

¿No te hace un click?

La violencia contra las mujeres se origina allí: en un sistema que se sostiene en el uso monopólico de la violencia institucional por parte de una clase dominante contra millones de explotadas y explotados. Más allá de las declamaciones de los gobiernos y las instituciones del Estado, es este mismo sistema –con su estado, sus fuerzas armadas, la Iglesia, la policía, etc.- el que no puede erradicar tanta violencia, porque al mismo tiempo la legitima, la reproduce, la sostiene, la justifica. Y la televisión, indudablemente, también hace su parte.

lunes, abril 13, 2009

Las Relaciones Sociales de Género

En los años setenta, el feminismo académico anglosajón impulsó el uso de la categoría gender (género) con la pretensión de diferenciar las construcciones sociales y culturales de la biología.

Esta categoría fue creada para explicar que los roles sociales asignados y ejercidos por las mujeres y los varones no son producto de diferencias biológicas “naturales” ni de sexo, sino el resultado de construcciones sociales y culturales asumidas históricamente.

Además del objetivo científico de comprender mejor la realidad social, estas académicas tenían un objetivo político: distinguir que las características humanas consideradas “femeninas” eran adquiridas por las mujeres mediante un complejo proceso individual y social, en vez de derivarse “naturalmente” de su sexo.

Suponían que con la distinción entre sexo y género se podía enfrentar mejor el determinismo biológico y se ampliaba la base teórica argumentativa a favor de la igualdad de las mujeres.

El género facilita un modo de decodificar el significado que las culturas otorgan a la diferencia de sexos y una manera de comprender las complejas conexiones entre varias formas de interacción humana.

Usar el concepto de género para designar las relaciones sociales entre los sexos, plantea una ventaja: mostrar que no hay un mundo de las mujeres aparte del mundo de los varones, que la información sobre las mujeres está relacionada con la información sobre los varones. Lo que define al género es la acción simbólica colectiva. Mediante el proceso de constitución del orden simbólico en una sociedad se fabrican las ideas de lo que “deben ser” los varones y las mujeres.

La cultura marca a los seres humanos con el género y el género marca la percepción de todo lo demás: lo social, lo político, lo religioso, lo cotidiano.

El concepto de género, entonces, “alude a las formas históricas y socioculturales en que varones y mujeres interactúan y dividen sus funciones. Estas formas varían de una cultura a otra y se transforman a través del tiempo. El género es una categoría que permite analizar papeles, responsabilidades, limitaciones y oportunidades diferentes de varones y mujeres en diversos ámbitos tales como una unidad familiar, una institución, una comunidad, un país, una cultura. De esta forma, el concepto de género no hace referencia a las características derivadas de las realidades biológicas o naturales, sino a aquellas que varían de una cultura a otra, según su manera de organizar la acción y la experiencia individual y colectiva. Distingue entre lo biológico y lo social, a partir del reconocimiento de que las diferencias entre varones y mujeres son tanto biológicas como sociales” (Aguirre, R., 1998).

La lógica del género es una lógica de poder, de dominación. Según Bourdieu, la forma paradigmática de violencia simbólica, definida como aquella violencia que se ejerce sobre un agente social con su complicidad o consentimiento.

Para este autor “existe gran dificultad para analizar la lógica del género ya que se trata de una institución que ha estado inscrita por milenios en la objetividad de las estructuras sociales y en la subjetividad de las estructuras mentales, por lo que el analista tiene toda la posibilidad de usar como instrumentos del conocimiento categorías de la percepción y del pensamiento que debería tratar como objetos del conocimiento” (Bourdieu, 1998).

La eficacia masculina, siempre según Bourdieu, radica en el hecho de que legitima una relación de dominación al inscribirla en lo biológico, que en sí mismo es una construcción social biologizada; en otras palabras, la vuelve “natural”.

Desde hace ya más de veinte años, y desde que se esclareció que el problema no son las mujeres sino las relaciones entre mujeres y varones, se acostumbra hablar del concepto de género.

Siguiendo el planteo de Montecino, el concepto de género introdujo la idea de variabilidad: ser mujer o varón es un constructo cultural, entonces sus definiciones variarán de cultura en cultura, sin poder por tanto universalizar y hablar de la mujer o el varón como categorías únicas (Montecino, 1996).

En segundo lugar, configura una idea relacional: el género, como construcción social de las diferencias sexuales alude a las distinciones entre femenino y masculino y por ende a las relaciones entre ellos. Los análisis de género proponen por tanto, que es preciso estudiar las relaciones entre mujeres y varones ya que en la mayoría de las sociedades sus diferencias producen desigualdad.

En tercer lugar, coloca en escena el principio de la multiplicidad de elementos que constituyen la identidad del sujeto, puesto que el género será experimentado y definido de modo particular de acuerdo a su pertenencia étnica, de clase, de edad, etc. De este modo, se propone comprender a los sujetos, varones y mujeres, no sólo desde uno de sus perfiles (el de género) sino desde las categorías que viven en él simultáneamente y que van a modelar y especificar su ser femenino y masculino.

En cuarto lugar, emerge la idea de posicionamiento: un análisis de género supondrá el estudio del contexto en el que se dan las relaciones de género de varones y mujeres, y de la diversidad de posiciones que ellos ocuparán, sobre todo en las sociedades complejas.

Un concepto de gran importancia para comprender las relaciones sociales de género es el de “sistema de género”, que permite poner la atención en los comportamientos y actitudes objetivables.

A pesar de que el papel de los géneros es diferente en cada cultura, el tema común que define éstos en todos los países es la segregación, ya que varones y mujeres no se encuentran en las mismas áreas de la sociedad. El tipo y nivel de segregación difiere en cada sociedad.

Una de las primeras rupturas introducidas por las investigadoras feministas consistió, por lo tanto, en definir las actividades no remuneradas –a las que las mujeres dedican gran parte de su tiempo en el marco “privado” de la esfera doméstica–, como una dimensión del “trabajo” necesaria para la reproducción de la sociedad.

El segundo nivel de ruptura con la sociología del trabajo clásica se sitúa en la línea de la primera, en la medida en que prosigue la reflexión sobre la categorización del sexo y la reconstrucción de un objeto de investigación “trabajo”.

En los estudios surgidos de dicho segundo nivel de ruptura, se subraya que es verdaderamente la afectación prioritaria de los grupos sexuados (los hombres para la producción y las mujeres para la reproducción) la que origina el reparto sexual del trabajo.

El tercer nivel de ruptura registrado frente a la construcción conceptual clásicade un objeto de investigación “trabajo” es la construcción social de género.

En efecto, admitir que las categorías sexuales no son meros modelos de clasificación, nos lleva a reconocer también que no existen “de por sí” y que se construyen dentro y por la relación social que los une y opone. Los une en la medida en la que remite al mismo sistema de división de la sociedad (según el sexo) y los opone en cuanto se trata de una relación objetivamente antagónica, Por lo tanto, cabe cuestionar la “evidencia” de la bicategorización sexuada de las sociedades contemporáneas y reflexionar sobre los mecanismos concretos de reparto de hombres y mujeres entre las distintas esferas de la actividad humana.