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lunes, febrero 25, 2013

El feminicidio debe ser considerado como un crimen contra la humanidad

Natalia Ramos
Kaos en la Red Ésta es una de las reivindicaciones que Mercedes Hernández, presidenta de la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG), planteó en la última jornada del taller sobre feminicidio y el papel de los medios de comunicación, que tuvo lugar esta semana en la Casa Encendida de Madrid.

“Si logramos que se declare como delito de lesa humanidad a determinados tipos de feminicidio les dotaríamos de la condición de imprescriptibilidad, inindultabilidad e inamniestable. Y podrían ser perseguidos por el principio de jurisdicción internacional, sin tener en cuenta la nacionalidad de las víctimas o los perpetradores”.

En esta dirección hay que avanzar, anunció la defensora de los Derechos Humanos guatemalteca, que junto a las periodistas Sandra Rodríguez (México), Lauren Wolfe (EE.UU.) y la escritora y jurista Isabel Agatón (Colombia) abordaron el papel de los medios de comunicación, la escandalosa impunidad que rodea este “fenómeno” y la importancia de narrar lo que hasta ahora era “inenarrable”, desde una visión transformadora.

En primer lugar, hablar de feminicidio significa no sólo tratar las agresiones contra las mujeres en el ámbito de la pareja, sino que incluye todo un abanico de violencia extrema contra la mujer “por el hecho de ser mujer". Esto tiene su máxima y desgraciada expresión en el denominado “triángulo norte” o “corredor de la muerte” ubicado en Centroamérica, que atraviesa el Salvador, Guatemala y Honduras, tres países donde las cifras de asesinatos de mujeres ocupan los primeros puestos.

“Es la región más violenta del mundo en tiempos de paz, por la que transitan todo tipo de activos criminales, no sólo vinculados al narcotráfico, sino a personas convertidas en activos ilegales, sobre todo mujeres y niñas”, indica Mercedes basándose en el informe International Crisis Group. La criminalidad se atribuye a la delincuencia común, el crimen organizado, los grandes cárteres, etc. Entre otras razones por el “poderoso” papel que desempeñan los medios de comunicación y los gobiernos en la construcción de las figuras míticas de las maras y las pandillas delictivas.

La oficina federal de investigación de EE.UU. define a las maras como “una empresa delictiva que tiene una estructura organizativa, que actúa con una continúa conspiración delictiva, que emplea la violencia y cualquier otra actividad delictiva para conservar su empresa”. En su opinión, se ha magnificado la capacidad de estos grupos teniendo en cuenta que están formados por menores de edad que carecen de capacidades técnicas: “Hemos asumido que son los responsables de todos los homicidios, sabiendo que no tienen esa capacidad, e invisibilizando así la responsabilidad real que tiene el Estado, por no haber cumplido con su papel de garante y perseguidor del delito”

El término feminicidio fue definido como “asesinato por el hecho de ser mujer” y reconocido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por primera vez en noviembre de 2009 a raíz del caso del “Campo algodonero”, en Ciudad Juárez. En esta región de México, con uno de los mayores índices de feminicidio, la sentencia en este caso declara que el Estado es responsable por tolerancia estatal e impunidad en el asesinato de tres mujeres, Esmeralda, Laura y Claudia (dos de ellas menores de edad). El Estado se percata de la existencia de prejuicios en torno a las víctimas, que impide realizar las investigaciones oportunas por parte de las autoridades y operadores, y no hace nada al respecto, por lo que es responsable por omisión.

“Aquí empezamos a arar un campo que antes no había”, explica Julia Agatón. Constituye uno de los precedentes fundamentales para situar en el escenario público las formas de violencia que se ejercen contra las mujeres, que antes no eran identificadas como tales. En este sentido, la escritora es tajante: “El feminicidio es evitable, se debe y se puede prevenir”. Considera que para lograr este objetivo es esencial el hecho de narrar y hacerlo como un hecho político, histórico y transformador. “Las feministas hemos construido un relato transformador” al nombrar lo innombrable. En el caso de Latinoamérica ha consistido en “sacar las palabras del sepulcro del olvido”.

Paralelamente resalta la importancia de transformar la narrativa jurídica. Es significativo, resalta la activista colombiana, el caso de la profesora María da Penha Peña Fernández contra el Estado de Brasil. Después de sufrir durante 15 años múltiples formas de violencia física, psíquica y sexual por parte de su marido y denunciarlo ante las correspondientes instancias públicas, en lugar de obtener la debida protección, su pareja intenta asesinarla disparándole en la columna vertebral, lo que le provoca una paraplejía.

Desde entonces “recorre el mundo en su silla de ruedas narrando su historia”, logrando que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos reconozca la responsabilidad del Estado por omisión y llevar a cabo un “patrón de tolerancia estatal a la violencia de género” como tentativa de homicidio. Por tanto, se distingue entre la responsabilidad penal del agresor y la del Estado por no prevenir ni intervenir con la debida diligencia. A raíz de este litigio, unido al apoyo y la lucha del conjunto de mujeres feministas, en Brasil la Ley contra la violencia de género, aprobada en agosto de 2006, lleva el nombre de Maria da Penha.

Pese a estos avances, la impunidad sigue siendo uno de los mayores obstáculos que se ciernen sobre el feminicidio. Coautora del libro “La guerra por Juárez”, la periodista de investigación Sandra Rodríguez apunta que, según el resultado de su análisis, la impunidad asciende al 97% de los casos durante el proceso penal, llegando al 99% cuando termina: “El delito en Ciudad Juárez no se castiga y los indicadores son casi similares a toda la República mexicana”.

Su investigación sobre la impunidad comienza a partir de la entrevista que hace a un chico de Ciudad Juárez, Vicente León, que asesinó a su hermana y a sus padres en el año 2004. Pero además el joven convenció a dos amigos para que le ayudaran a culminar el homicidio, diciéndoles que iba a resultar muy fácil. La respuesta de uno de ellos consiste en que sí le ayudará pero sólo si es antes de las once de la noche porque a esa hora ha quedado con su novia.

Aún más impactada resulta la periodista mexicana cuando le pregunta a Vicente “¿Por qué te parece tan fácil asesinar a tu familia?. “Porque nosotros nacemos con la idea de que esto es Ciudad Juárez, México es corrupción, la policía está de adorno. Cuántas mujeres han muerto y nadie ha hecho nada”. Su respuesta la lleva a un trabajo incansable de averiguaciones, delito por delito, año tras año, preguntándose “por qué hay una percepción generalizada de que en estos territorios asesinar no tiene consecuencias y el homicidio es legal de facto”.

Como factores determinantes señala la cultura patriarcal, el modelo económico empobrecedor y, en el caso de los homicidios, es esencial la falta de investigación. De 100 homicidios que se registran en Chihuahua sólo se investigan 3. Ciudad Juárez ha permanecido en el ojo de la atención internacional durante al menos 20 años por crímenes de mujeres no resueltos.

“Si no sabemos el móvil y quiénes cometen los crímenes no se podrá buscar soluciones y, por el contrario, se continuará enviando un mensaje constante de impunidad”, afirma la investigadora. Ella misma ha podido experimentar esta realidad cuando se ha visto en peligro por su trabajo: “¿qué se puede hacer?. No me sirve de nada si me ponen unos guardias detrás o cualquier otro mecanismo de protección, lo que necesitamos es que se agarren a los asesinos de los periodistas, el mensaje de que el homicidio y el asesinato no está tolerado en la comunidad”.

En este contexto Sandra añade un elemento adicional: la guerra del narcotráfico. En el año 2007-8 se inicia en Ciudad Juárez una disputa por el territorio “que ha dejado toda una estela de muerte”. Mientras el discurso oficial ofrece sus cifras de asesinatos e insiste en que es el resultado de una guerra entre narcos, “reforzando la idea de que quien muere a balazos en México en algo andaba”, la periodista confronta los datos y señala que del total de homicidios apenas se registran personas con antecedentes penales. Y agrega otro dato: de 3.000 homicidios sólo en 50 de los casos las víctimas tenían un arma, el resto estaban desarmados.

¿Se investigan estos crímenes?, ¿dónde están las pruebas que indican que mueren porque estaban en un conflicto?, ¿dónde están los responsables de los homicidios?, se pregunta. “Y volvemos a la impunidad que en este caso permite al gobierno justificar esta barbarie y el problema es que no hay investigación en absoluto, y así no hay justicia ni se hace un camino hacia la paz”. Sobre las familias de los asesinados recae una especie de estigma y para la periodista “es terrible observar que lo primero que dicen las madres es que su hijo estaba limpio, me parte el alma ver cómo en medio del dolor por la pérdida tienen que limpiar el nombre de la víctima”.

En Guatemala las referencias sobre feminicidio reflejan uno de los índices más altos de violencia contra las mujeres, que es constante durante los casi 40 años del conflicto armado y que tiene por objeto simbólico “humillar a la comunidad”. Según los informes de la Comisión de la Verdad sobre esta contienda que, para la presidenta de la AMG, “es el genocidio más grande de América Latina y también el más desconocido” hay: 626 masacres de aldeas, más de un millón y medio de desplazadas y 200 mil personas entre asesinadas y desaparecidas. Los datos recientes “en tiempos de paz” revelan que como promedio 2 mujeres son asesinadas cada día y por cada 100 mil habitantes hay un 80 % de homicidios en la ciudad.

Y la pregunta que plantean las ponentes frente a todo esto es ¿qué podemos hacer?. Las cuatro coinciden en que es necesario una mayor implicación y voluntad política para investigar, crear narrativas de cambio, y que la justicia nacional, extraterritorial, internacional empiece a mirar hacia este tipo de crímenes. Por esta razón creen que es conveniente la creación de una Convención contra el Feminicidio, considerando que este fenómeno es reflejo de una crisis global. “Es necesario que se conviertan en homicidios de derecho internacional y que se equiparen determinados tipos de feminicidio como crímenes de lesa humanidad”, concluye Mercedes.

Insisten las cuatro activistas en que el feminicidio es evitable. Lauren Walfe matiza que para evitarlo “se tiene que incluir dentro del ámbito de los Derechos Humanos y no sólo como algo que afecta sólo a las mujeres”.

sábado, marzo 06, 2010

América Central: Crece la barbarie...

Por Danilo Valladares
(IPS) - Los femicidios, la trata y la impunidad aumentan en América Central, dentro de una espiral de violencia contra las mujeres que adquiere tintes de barbarie, según investigaciones realizadas en el área.

En el Día Internacional de la Mujer, este lunes 8, una jornada nacida para reivindicar la lucha femenina por conquistar la paridad de derechos y oportunidades, las centroamericanas tienen razones para sentir que, lejos de avanzar, retroceden en temas como la violencia de género.

"Entre 2003 y 2009 en la región prácticamente se duplican los homicidios de mujeres, casi todos en manos de hombres, y aumenta el grado de crueldad con el que se cometen", dijo a IPS Ana Carcedo, autora de una investigación sobre el femicidio en el istmo centroamericano, recién divulgada.

Entre 2003 y 2006 la tasa de mujeres asesinadas en Honduras pasó de tres a seis por cada 100.000.

Sin embargo, los países centroamericanos con mayor número de asesinatos de mujeres son Guatemala y El Salvador, que sobrepasan los 10 homicidios por 100.000 mujeres. En Guatemala fueron asesinadas 5.027 mujeres entre 2000 y 2009.

Son grados de "epidemia", subraya el estudio sobre las mujeres asesinadas en esos dos países la última década.


Es además un auge de homicidios muy superior al de los hombres, "lo que denota un factor asociado a la condición de género detrás de esas muertes", explicó Carcedo, directora ejecutiva del Centro Feminista de Información y Acción, con sede en Costa Rica.

Justamente el femicidio define en las nuevas leyes contra la violencia sexista el asesinato de una mujer por razón de género.

En el periodo 2000-2006, los homicidios contra víctimas masculinas aumentaron 40 por ciento y contra víctimas femeninas 111 por ciento. En tanto, en Guatemala entre 1990 y 2004 la proporción de hombres asesinados aumentó en 100 por ciento y la de mujeres en 183 por ciento.

Esta barbarie tiene variadas explicaciones, pero la impunidad y la falta de persecución penal son particularidades persistentes en América Central, considera Carcedo.

"Los femicidios tienen su origen en la posición de subordinación de las mujeres en la sociedad frente a los hombres", dijo.

"Pero su aumento en la región solo se puede explicar por la confluencia de las tensiones económicas, que colocan a las mujeres del lado de los perdedores y las atrapa en escenarios de alto riesgo para sus vidas", planteó la experta.

También es alimentado "por la complicidad de los sectores políticos, económicos y sociales más poderosos", acotó.

Con ese contexto, Carcedo considera que sin la impunidad esta escalada no hubiera sido posible, y su estudio refleja ese elemento.

En 37 por ciento de los asesinatos de mujeres en 2003 falta información sobre cómo ocurrieron, quién los cometió o en qué contexto. Esto "es particularmente grave en el caso de Guatemala donde la proporción asciende a 70 por ciento", señala el informe.

"La impunidad envía un mensaje de tolerancia a los femicidas y a la sociedad en general, el mensaje de que se puede matar mujeres porque sale gratis. Es como colgar el cartel de que se levanta la veda en el coto de caza del sexismo", afirmó Carcedo.

En respuesta, Costa Rica, en 2007, y Guatemala, en 2008, aprobaron leyes específicas para castigar el femicidio, si bien aplicar la legislación adecuadamente y obtener resultados palpables es aún solo una meta. En El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá también hay leyes contra la violencia sexista, pero menos actuales.

Otra amenaza de las que tienen que enfrentar las más de 21 millones de centroamericanas, prácticamente la mitad de la población total del istmo, es la trata de personas.

Ana Hidalgo, coordinadora de la Unidad de Trata de Personas para Centroamérica y México dentro de la Organización Internacional para las Migraciones, realizó el estudio a partir de 46 testimonios, principalmente de mujeres adultas que sobrevivieron a la experiencia.

"Se trata de un problema en expansión en todos los países del área, cuyos fines no se limitan a la explotación sexual, sino también a la laboral", concluyó el informe realizado en el bienio 2007-2008.

El estudio fue realizado dentro del Plan Regional contra la Trata de Mujeres 2007-2009 a pedido del Consejo de Ministras de la Mujer Centroamericana, al igual que el del femicidio y otro sobre el trabajo doméstico remunerado. Todos fueron presentados en febrero en Madrid, en la sede de la Agencia Española para la Cooperación Internacional, que ha apoyado el proyecto.

La investigación sobre la trata reveló que existe una "trata interna" y con un "mercado regional", que se concentra en especial en México, Guatemala y Costa Rica.

A la expansión del delito contribuye, nuevamente, la impunidad, junto con la complicidad policial, la no existencia de protocolos o prácticas de repatriación, la exclusión social y la violencia contra la mujer.

Ana Suyapa Rivera, psicóloga del Programa de Prevención y Atención a la Violencia contra las Mujeres del hondureño Centro de Derechos de Mujeres, dijo a IPS que los femicidios y la trata de personas son temas preocupantes para las mujeres de su país.

La situación de la mujer en Honduras se tornó aún más delicada tras el golpe de Estado del 28 de junio contra el entonces presidente Manuel Zelaya, a raíz del cual se conformó el movimiento de Feministas en Resistencia y una Plataforma de Derechos Humanos.

Rivera precisó que entre el 28 de junio y el 30 de octubre se recogieron y sistematizaron 217 testimonios de mujeres que sufrieron violaciones a sus derechos, dentro de la represión del gobierno golpista de Roberto Micheletti, que el 27 de enero cedió el poder a Porfirio Lobo, elegido dos meses antes.

En su vecina Guatemala, la situación no es menos preocupante. Nora Soto, dirigente la organización feminista Tierra Viva, dijo a IPS que el aumento de los femicidios continúa.

Entre enero y septiembre de 2009 los tribunales recibieron 15.860 casos de violencia, en que las mujeres eran las víctimas de 3.857. Solo 178 de estos últimos pasaron a la justicia penal, denunciaron organizaciones de mujeres.

Soto sumó a los problemas de la mujer, los rezagos en la atención de sus necesidades en salud, educación y combate a la pobreza, donde ella "es la última en la fila".

Luisa María De León, del Grupo Guatemalteco de Mujeres, dio a IPS una visión más optimista. A su juicio, la violencia contra la mujer no ha crecido en realidad, lo que sí lo han hecho son las denuncias, porque ahora las mujeres cuentan con herramientas e instancias para hacerlo.

"Hace cinco años no había una ley que posibilitara que ellas denunciaran", señaló en referencia a la Ley contra el Femicidio, vigente desde hace dos años

domingo, febrero 28, 2010

Panamá: Manifiesto contra el feminicidio...

Jornadas contra el femicidio todos los 25 de cada mes, frente a la procuradoria de la nación queremos respuestas no falsas promesas ni complicidades disimuladas
Espacio de Encuentro de Mujeres /Kaos en la Red
Panamá, un país con tres millones trescientos mil habitantes y una extensión territorial de 77,092 Km2, costas alnorte y al sur de su territorio, una posición geográfica privilegiada que, mediante la construcción del canal, permite acortar miles de kilómetrosdistancia y servirle al mundo en el tránsito de navegación y además somos el sexto país que posee la mayor cantidad de agua en el mundo.

Aunque contamos con los recursos para vivir dignamente los gobernantes han venido aplicando planes y políticas económicas neoliberales que nos han llevado a lo siguiente:

a.Según el Informe de Indice de Desarrollo Humano, Panamá está entre los países que tienen la peor distribución de la riqueza. El 10% de la población más rica recibe el 41% de la riqueza, mientras que el 10% más pobre le toca el 0.8%

b.El sistema capitalista imperante tiene, mantiene y crea todas las condiciones de desigualdad hacia la mujer; estimula la supremacía del hombre y con ello fortalece las conductas machistas en la sociedad.


c.El 42% de la población económicamente activa realiza labores en la economía informal, de ellos el 45% son mujeres

d.El aumento de actos delictivos y el asesinato de mujeres se ha incrementando en nuestro país

En febrero de 2010 han sido asesinadas seis mujeres, tres de las cuales a manos de su pareja o ex pareja sentimental, agregando estas a las o­nce que fueron asesinadas en enero

El Espacio de Encuentro de Mujeres, integrada por la Secretaria de Género de la Central General de Trabajadores de Panamá, el colectivo de Mujeres del MDP, jóvenes estudiantes de la Unidad Estudiantil Revolucionaria –UER- el Equipo de la Mujer de la Arquidiócesis, la Asociación de Educadores Democráticos, estudiantes, profesionales,indígenas y campesinas , hace un ferviente llamado a las mujeres ya los familiares de las mujeres asesinadas, a denunciar los actos de violencia que se den contra las mujeres y a participar todos los 25 de cada mes a partir de las 4:30 p.m. en el Parque Porras frente a la Procuradoria de la Nación por:

1.Hacer responsable de cada asesinato al Gobierno Nacional por “incapacidad e ineptitud” ante los actos de violencia y el asesinato de mujeres

2.Demandamos campañas a través de los medios de comunicación que orienten a la equidad, el respeto hacia las mujeres

3.Demandamos los recursos necesarios para los juzgados para la tención de manera eficiente de estos casos

4.Demandamos políticas con enfoque de género al gobierno nacional

5.Demandamos que cada institución cuente conla oficina de género y con los recursos para implementar en la misma las políticas de género.

Espacio de Encuentro de Mujeres

Panamá, 25 de febrero de 2010

jueves, diciembre 03, 2009

América Latina: Crece feminicidio en cuatro países de la región

Por Ángela Castellanos Aranguren / Semlac
El asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres, conocido como feminicidio, está en ascenso en México, Guatemala, El Salvador y República Dominicana, según revelaron representantes de estas naciones en el Encuentro Internacional de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe sobre el Feminicidio, realizado en esta ciudad los días 23 y 24 de noviembre.

El evento fue convocado por el Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina, Óscar Arnulfo Romero (SICSAL), y contó con la participación de delegadas de 12 países de esta red ecuménica, pertenecientes a las iglesias menonita, luterana, anglicana, presbiteriana, bautista, evangélica libre, católica y de la Hermandad de Cristo.

En México, además de los asesinatos de Ciudad Juárez, que dieron a conocer la práctica del feminicidio sistemático a nivel internacional, se registra un incremento de estas muertes en el centro de este país.

"La muerte de mujeres por razón de género es una práctica del sistema de dominio, recordemos que estamos de vuelta a un Estado totalitario en México que se traduce en eso: mucha violencia hacia los sectores vulnerables de la sociedad", afirmó a SEMlac Mariana Gómez, católica mexicana y participante de SICSAL.


"Las conquistas de las mujeres, como la interrupción voluntaria del embarazo en Ciudad de México y su participación en espacios públicos, producen una reacción muy conservadora", agregó.

Gómez comentó también que las mujeres de Ciudad Juárez sostienen una hipótesis sobre las causas del feminicidio allí, según la cual se trataría de un rito de iniciación de las redes del narcotráfico: para ser aceptado dentro de un cártel se debe asesinar a una mujer.

"El cuerpo de las mujeres es un territorio que hay que conquistar, que hay que presentarlo como un trofeo de caza", explicó a SEMlac la también católica mexicana Mari Carmen Montes.

"Ciudad Juárez es un lugar donde se cruzan muchos poderes, entonces en esa lucha de poderes, el símbolo que representa el control de la sociedad es el cuerpo de la mujer", puntualizó Gómez.

Las instancias internacionales de protección de los derechos humanos han promulgado 73 recomendaciones, pero los feminicidios continúan y la justicia no llega. "Es tal el nivel de impunidad que tienen los asesinatos de Ciudad Juárez que, como lo dice la investigadora Rita Laura Segato, es un crimen de segundo Estado, pues hay un alto nivel de colusión entre las mafias y el Estado", acotó Gómez.

Según Montes y Gómez, los medios de comunicación han bajado "un telón como si ya se hubiera solucionado", mientras que el gobierno no quiere que se hable más del feminicidio "pues desprestigia al país".


Igual en otros países

La situación tampoco mejora en Guatemala. Según Mónica Leonardo, de la Fundación Myrna Mack, el 98 por ciento de los asesinatos de mujeres en ese país están en la impunidad y los índices de su ocurrencia van en ascenso. El año pasado Guatemala terminó con 689 de estos crímenes.

Para conocer a fondo la situación de los procesos penales por muerte violenta de mujeres, dicha fundación realizó el estudio "Impunidad, estigma y género", el cual concluyó que hay un tratamiento deficiente de dichos procesos, en cuanto a la investigación criminal, al debate y la sentencia, que impide que se haga justicia.

"Estamos divulgándolo y vamos a hacer capacitación a fin de que los operadores de justicia trabajen en esas deficiencias y las puedan solventar", comentó Leonardo a SEMlac.

De acuerdo con la activista, "no hay mecanismos de respuesta para la conflictividad en el país y eso se traduce en el ascenso de la violencia".

Entre tanto, en El Salvador la situación también se está agravando. Según María Elena Sanabria, delegada de SICSAL, la muerte de mujeres por motivo de género se está incrementando, y en lo que va de año se han reportado 413 feminicidios.

En este país centroamericano se está impulsando una ley contra las violencias de género, así como la ratificación del protocolo facultativo de la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra las Mujeres.

La tendencia al aumento de feminicidios también se verifica en República Dominicana. De acuerdo con informes de SICSAL, en el año 2000 se reportaron 96 asesinatos y en el 2006 ascendieron a 182.

El Colombia, si bien no se han podido cuantificar estas muertes, una revisión de la prensa evidencia el aumento de asesinatos de colombianas a manos de sus exparejas y, en más de una ocasión, precedidos del secuestro de ésta como mecanismo para forzar que le concedan la custodia de un menor.

Este es el caso de Johana Esperanza, de 21 años y madre de una niña y un niño. Después de ser víctima de violencia por parte de su esposo, en varias ocasiones, , ella se separó legalmente y luego este la estranguló en 2007 delante del pequeño.

"Una se siente muy desolada. Yo estoy a cargo de mis nietos, pero nadie puede reemplazar a su mamá", afirmó Deisi Janeth Beltrán, madre de la joven asesinada, quien encontró ayuda legal en la Casa de Igualdad de Oportunidades de Bogotá para que el crimen de su hija no quede en la impunidad.

Pese a que el homicida aceptó el delito, el juzgado resolvió acusarlo como homicidio simple en lugar de homicidio agravado, lo cual representa una rebaja de 20 años de cárcel. La abogada de Deisi Janeth Beltrán pidió nulidad y en la actualidad el proceso está pendiente de juicio.

La apuesta de la letrada de la víctima es probar que la mujer fue asesinada por razón de género, circunstancia que agrava la pena, según la reciente ley de violencias contra la mujer, aprobada en 2008. Mientras que el argumento del defensor del homicida es que la joven divorciada mantenía un romance con otro hombre.

Sin embargo, como dijo a SEMlac Elizabeth Castillo, autora del libro Mujeres que mueren por Violencia Intrafamiliar en Colombia, "las normas solas no bastan si tenemos un operador de justicia que sigue viendo que hubo algo que justifica el asesinato de una mujer".

domingo, abril 26, 2009

Feminicidios: genocidio contra mujeres en Latinoamérica

Por: Isabel Soto Mayedo/ Prensa Latina
Por decenas de miles se cuentan los asesinatos de mujeres en el último decenio en Latinoamérica. Estos afectan a féminas de todas las edades, etnias y estratos sociales, pero parten de una matriz común: las relaciones desiguales de género. Tal estado de hecho genera una situación de mayor vulnerabilidad y de limitación para ellas en el disfrute del derecho a la vida, a la integridad personal y al debido proceso frente a esos crímenes, concuerdan los seguidores del tema.

Esta modalidad de violencia contra el sector -identificada de manera indistinta como femicidio o feminicidio- cobró rango sistemático en algunos territorios de la región y apenas logró visualizarse a partir del trabajo de familiares de las víctimas, de organizaciones feministas y de derechos humanos.

Investigadoras atribuyen el término femicidio a Jane Caputo y Diana E. H. Russell, quienes empelaron el apelativo en 1990, en un artículo de la revista Ms "Femicide: Speaking the unspeakable".Para estas autoras, "el asesinato de mujeres es la forma más extrema del terrorismo sexista" y por ello defendieron su distinción desde el lenguaje. Con posterioridad, la antropóloga mexicana Marcela Lagarde se refirió al fenómeno como feminicidio por entender que se trata de un "genocidio contra mujeres".



Tiene lugar "cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeresâ�� Todos tienen en común la idea de que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y desechables", defiende la diputada y presidenta de la Comisión para la cuestión en el parlamento de México.

Lagarde afirma que estas acciones coinciden en "su infinita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres".

La violencia contra la mujer se expresa no sólo en las miles de muertes registradas, sino en los daños o sufrimientos físicos, sexuales o psicológicos a estas, tanto en el ámbito público como en el privado.

La dimensión del fenómeno, unido a la desidia de las autoridades, incide en la falta de un sistema oficial de compilación de datos y estadísticas sobre estos hechos, los cuales pudieran permitir el conocimiento, de manera exacta, de la magnitud del problema y encontrar las respuestas adecuadas.

En casi todos los países de América Latina, cuando hay cifras oficiales, están por debajo de las enunciadas por las organizaciones no gubernamentales, lo que muestra una tendencia de los gobiernos a minimizar el problema.

Los sistemas de información no desagregan tampoco los datos según sexo, edad o etnia, ni permiten establecer el tipo de relación entre víctima y victimario. Con ello se complica la realización de estudios comparados en la región y en el interior de los países.

El seguimiento a las noticias aparecidas en los periódicos permitió a algunas redes feministas contabilizar algunos casos, pero muchos quedaron por registrar. Los diarios no siempre dedican espacio a los asesinatos violentos contra las mujeres, ni siguen de cerca los procedimientos en cada hecho.

No obstante, estos inventarios son los más recurridos por los investigadores cuando tratan de alcanzar la magnitud de la problemática en cada nación.

La divulgación internacional de las continuas violaciones y asesinatos contra mujeres en Ciudad Juárez, México, a partir de 1993, es considerada por muchos como el preludio de una serie de denuncias de estos hechos.

Pero pese a lo reiterado de las demandas de esa naturaleza desde entonces, los Estados incumplen con la obligación de prevenir, atender, investigar, procesar, sancionar y reparar esos crímenes, opinaron integrantes de agrupaciones feministas del área.

En un documento presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en marzo de 2006, decenas de representantes de estos grupos exigieron una audiencia a ese ente zonal para analizar la expansión y desatención estatal al feminicidio en América Latina.

"La violencia contra las mujeres es una situación común en nuestra región, que muchas veces culmina con muertes violentas e incluso llega a presentar signos de tortura, mutilaciones, saña y/o violencia sexual por razones asociadas al género", denunciaron los autores del texto.

Igual, estos resaltaron algunas de las particularidades similares de tales crímenes, en cuyas víctimas quedan estampados el odio, el desprecio y el menor valor que se da a la vida de las mujeres.

Como si no bastase con la realidad, los medios de comunicación procuran despertar el morbo de sus públicos y divulgan imágenes de las más diversas expresiones de terror contra las féminas.

Fotos de cadáveres desnudos y mutilados se difunden por doquier, en tanto siguen en déficit las investigaciones eficaces, las acciones preventivas y las sanciones por parte de las autoridades.

La tolerancia casi siempre deriva en impunidad: los enterramientos se suceden, mientras los culpables terminan exculpados en base a una lógica machista prevaleciente.

De poco sirve la firma y ratificación de instrumentos legales destinados a proteger al sector. Si algo despierta la rabia es el irrespeto de los Estados a postulados básicos implícitos en estos.

Pocos tratados son violados con tanta frecuencia como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Declaración y el Programa de Acción de Viena de 1993, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, entre otros.

Desde los años de 1990, Guatemala registró más de tres mil feminicidios; El Salvador, casi dos mil; Honduras, mil 18; Costa Rica, unos 310; Chile, más de 300; y Argentina, más de mil 500.

Estos asesinatos acaban con un promedio de cuatro mexicanas cada día, con una paraguaya cada 10 días, y con dos colombianas cada semana, víctimas de sus esposos, parejas separadas, amantes o novios. Tales cifras bastan para incitar a la reiteración de la denuncia.

martes, marzo 31, 2009

"Hay feminicidios en muchos países de América Latina"

ENTREVISTA: NORMA ENRÍQUEZ Coordinadora Regional del Cladem
Tras años de lucha, las mujeres latinoamericanas han logrado la igualdad ante la ley respecto a los varones. Sin embargo, los Gobiernos de la región deben desarrollar políticas que ayuden a transformar la sociedad para que "la igualdad ante la ley se convierta en igualdad ante la vida", señala la colombiana Norma Enríquez (Pasto, 1947), socióloga y coordinadora regional del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem). Esta organización recibirá este martes en Alcalá de Henares (Madrid) el Premio de Derechos Humanos Rey de España, otorgado por la Universidad de Alcalá y el Defensor del Pueblo, por su labor en favor de la exigibilidad del principio de la igualdad de género y la erradicación de la violencia contra la mujer en la región.


Las mujeres de América Latina también han logrado "que se construyera una convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Es la única región del mundo que tiene una ley de este tipo", destaca Enríquez. Ahora, los países de la zona tienen que ajustar su legislación a esta convención.

El ejemplo más escandaloso es el de los asesinatos y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez, urbe mexicana fronteriza con Estados Unidos. En este caso, "lo terrible es que la sociedad en alguna medida justifica eso: ¿qué tipo de mujeres son?, ¿son prostitutas?, ¿son mujeres que transportan droga?, generando dudas sobre la víctima, en lugar de sobre el victimario". Se ha convertido en un problema "muy complejo, que está cruzado por el narcotráfico, las bandas, el crimen organizado, pero también tiene cobertura de algunas autoridades, por lo cual ha sido muy difícil abordarlo, pese a que se viene denunciando desde hace muchos años. Ni siquiera se sabe cuántas mujeres han sido asesinadas en realidad", afirma Enríquez. Esta lacra también ha cobrado importancia en toda Centroamérica, Colombia y Perú, pero "es evidente que el feminicidio se está dando en muchísimos países de Latinoamérica", como constató el Cladem tras elaborar un estudio sobre la violencia contra las mujeres en 17 países de América Latina y el Caribe.

Se trata de un problema "del que no sabemos si solamente se está haciendo visible ahora o si es que se está incrementando el número de mujeres asesinadas por violencia mafiosa o por animadversión en las comunidades, así como las parejas o ex parejas que matan a sus mujeres, que también es feminicidio, con otras características", explica la coordinadora del Cladem.

Enríquez cree que "las feministas han hecho un esfuerzo muy grande desde la década de los ochenta, cuando situaron en el debate público la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos: social, familiar y la violencia de pareja, la violencia que se ejerce contra nosotras. Ese visibilizarla sirvió para que se construyeran leyes contra la violencia contra las mujeres, para que una cuestión que se veía apenas normal se empezase a condenar. Empezó a darse una sanción jurídica, pero también una sanción social".

Según explica la coordinadora regional del Cladem, el lema de esta organización es "mujeres que utilizamos el derecho como instrumento de cambio", pero "ahora también enfatizamos que adicionalmente hay que cambiar el derecho, hay que introducirle nuestra mirada, nuestra perspectiva".

Enríquez defiende la necesidad de las cuotas para que lleguen más mujeres a los espacios de poder, gracias a las cuales hay más mujeres en los Parlamentos y en los Gobiernos latinoamericanos y "tenemos a Michelle Bachelet en la presidencia de Chile y a Cristina Kirchner en Argentina".

Sin embargo, las leyes de cuotas son tachadas de injustas. La socióloga apunta como ejemplo la decisión del ex alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, que nombró a 20 mujeres al frente de las 20 alcaldías locales de la capital colombiana. "Todo el mundo le criticó, pero cuando había 20 alcaldes varones, o cuando todas las personas que ocupaban puestos de decisión eran varones, nadie sentía que estaba afectada la igualdad".

La situación económica mundial también puede afectar a la situación de las mujeres, que son "las más pobres entre los pobres". "De cara a esta crisis, todos avizoramos una situación muy difícil para las mujeres, porque la mayoría de los Gobiernos van a privilegiar una serie de políticas que no dan cuenta de lo social. Sobre las mujeres sigue recayendo el cuidado de los niños, los ancianos, los enfermos y en la mayoría de los países hay problemas muy serios en la prestación de servicios de salud y seguridad social".

A pesar de todo, ha habido grandes avances en la situación de las mujeres en América Latina. "Cuando comparamos la situación que las mujeres jóvenes tienen ahora con la que nosotras enfrentamos y comparamos la nuestra con la de nuestras madres, los avances sí son grandes, sí son reales. Pero todavía falta mucho".