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martes, junio 08, 2010

¡¡¡ No celebres con Playboy !!!

(Anuncio Publicado en los Diarios Puertorriqueños invitando a la fiesta Playboy)
Por: Iris Rodríguez Acevedo / Género con Clase
En Puerto Rico, como en todos nuestros países hispanos, abundan las mujeres jóvenes, inteligentes, hermosas, cuya autoimagen y autoestima han sido tan lesionadas por la publicidad capitalista y mercantilista, que ya son incapaces de juzgarse a sí mismas por otros criterios que no sean la belleza externa, la forma del cuerpo, el color de la piel, la forma de caminar, o el tamaño de sus pechos. Los responsables de todo este disparate social, en los últimos 50 años, que mide el valor del ser humano por el grosor de sus labios o la forma graciosa de la nariz, son los mercaderes del sexo, que fundaron la compañía Playboy . Por supuesto, estos individuos no inventaron el abuso sexual, ni la degradación del ser humano, pero han llenado los espacios dolorosos y nauseabundos de estas actividades morbosas con el brillo de la elegancia y el espejismo de la diversión que compra el dinero.

Desde entonces, hemos observado la segmentación y la deshumanización de mujeres que se convierten en lujosas acompañantes complacientes, deslumbrantes modelos sensuales, bellos objetos decorativos para el placer de los que puedan pagar el precio requerido y, sobre todo, generadoras de fortunas millonarias para los tratantes de cuerpos femeninos.

Un festivo anuncio publicado en la prensa boricua recientemente, invita al público a conocer a una famosa “playmate” de Méjico y Venezuela, en una fiesta al estilo de la Mansión Playboy. Por supuesto, esto no es más que una descarada oferta para entusiasmar a hombres y mujeres a incursionar en un mundo que antes sólo nos llegaba a través de películas, revistas e internet. “Las damas entran gratis”, proclama la propaganda, como si se tratara de un regalo, una cortesía para quien merece un trato especial. Lo que no se dice es que precisamente ésa es la carnada en el anzuelo, para que muchas muchachas que no pueden, posiblemente, pagar la entrada, se presenten con la idea de ser las invitadas de honor a lo que no es otra cosa que la pesca en masa de hermosas y prometedoras candidatas a conejitas que pagarán su asistencia con sus propios cuerpos. Cada una de ellas será tasada y medida con disimulo malicioso, para ver a quién se le puede hacer la oferta mágica que la convertirá en la figura cotizada y sexy que siempre soñó. Posiblemente, estos codiciosos pescadores saldrán de las aguas caribeñas con las redes llenas de sirenas, que usarán y desecharán cuanto y cuando les plazca, tras haber ampliado su mercado, llevándoles a los paladares de sus clientes chicas que no parezcan hechas en serie, aunque luego todas terminen luciendo como Barbie.



No es una casualidad que Playboy seleccione a Puerto Rico para promoverse con su glamorosa imagen de la empresa que más conoce de belleza femenina y de los apetitos sexuales masculinos, en un momento en que muchas transnacionales norteamericanas, que llevaban años en nuestro país, han cerrado sus operaciones y que, además, el mismo gobierno colonial boricua ha despedido a miles de trabajadores de todo tipo. Con la celebración de su cincuentenario, Playboy contribuye a crear un ambiente enajenante y, de paso, les abre sus puertas a muchas jovencitas que terminaron la escuela superior o la universidad y necesitan trabajo, ingresos y experiencia laboral para salir adelante.

“Música/Modas/Playmates y Bunnies” son las ofertas que el “Playboy Club” publica a toda página en el periódico, ilustrado con la imagen, casi discreta (para lo que no muesran) de una muchacha en ropa interior. Promesas de “sana” diversión, en un país agobiado por el desempleo, el crimen, la corrupción y la ausencia de un programa educativo que prepare a nuestros ciudadanos y ciudadanas de todas las edades y clases sociales para discernir acerca de toda esta barbarie que conduce a nuestr@s jóvenes a ser víctimas del capitalismo, del consumismo y del patriarcado criminal. Hay que alertar al pueblo, a todos los pueblos por donde se pasean impunemente estos mercaderes de la carne, para que le digan ¡NO A PLAYBOY! , con todo y sus conejitas, porque ellas ya no son jovencitas con sueños: ellas han traspasado el umbral de la amargura, la segmentación y el lavado de cerebro con el que el patriarcado las transformó en muñecas de lujo que, a los 25 años, ya serán demasiado viejas para jugar…

Si queremos a nuestras hijas, hermanas, vecinas, compatriotas y compañeras, ¡¡¡DIGAMOS NO A PLAYBOY!!!! ¡¡¡ Todos y todas al piquete!!! Participación gratis. Recordemos lo siguiente: ¡Indignarse es un derecho y expresarlo, un deber patriótico!

lunes, junio 07, 2010

Puerto Rico: Comunicado anti-Playboy...

Por:María del Mar Vázquez Rodríguez / Género con Clase
Puerto Rico.-
Compañeras y Compañeros:
La compañía Playboy ha hecho su fortuna a expensas de la comercialización del cuerpo de las mujeres y de su sexualidad, en una sociedad donde se combinan, el sistema patriarcal y el modelo económico capitalista y cuyo nefasto resultado es que la imagen de la mujer sea una de las fuentes de mayor lucro mercantil para las grandes empresas y transnacionales. Es importante que hagamos sentir nuestro descontento ante esta recurrente explotación y trato deshumanizante hacia las mujeres.

Las actividades y productos de Playboy son símbolos de la cruda comercialización capitalista de la imagen femenina. Esta marca cumple 50 años de ejercer su violencia sexista, a través de la repetición de imágenes y modelos de conducta misóginos, los cuales se han popularizado alarmantemente, al punto de que miles de jóvenes en edad escolar, lucen "orgullosamente" entre sus accesorios, todo tipo de parafernalia con el símbolo del famoso conejo, ícono de la compañía.

La triste consecuencia de esto, es que legitima la violencia contra la dignidad de las mujeres y convierte el esquema de "mujer objeto" en algo "normal" para las generaciones que se forman ahora. Lamentablemente, esto contribuye a perpetuar en las jovencitas un autoconcepto de minusvalía, ya que se impulsa la idea de que su principal función en la vida es "complacer", "agradar" y ser "sexualmente atractivas" en beneficio de los hombres y en detrimento de ellas mismas.



Así, se perciben a sí mismas en una posición social secundaria a la de los varones, en general, a quienes no se los presiona para proyectarse como seres serviles, ni ansiosos de la aprobación ajena. A través del refuerzo de imágenes, publicidad y actitudes sociales, las jóvenes aprenden a sentir que su mayor "valor" es su apariencia y que su cuerpo es la vía para alcanzar cualquier objetivo, en contraposición con los varones, que según el mensaje que proyectan dichos medios, ellos poseen "otros méritos" que no dependen de su apariencia y por lo tanto tienen diversas alternativas para alcanzar el "éxito", que no necesariamente giran en torno a su atractivo sexual. Con la insistencia y prevalecencia histórica de modelos de conducta como el que presenta la revista y los productos Playboy, tenemos como resultado la desmoralización de las jovencitas, quienes tienen el potencial para ser personas de gran provecho social, pero a menudo se encuentran tan inmersas y orilladas por la publicidad sexista y mercantil y por las expectativas sociales, que dan por sentado que esa conducta es "lo que se espera de ellas" y terminan como cómplices de su propia opresión.

Playboy es una empresa norteamericana y capitalista cuyo objetivo es importar e imponer un "sueño americano" basado en la degradación de los valores humanos básicos, que todas las mujeres merecen: el respeto, la dignidad, el trato equitativo y la no violencia.

Ante todo esto, debemos decir NO.
-No permitamos que nuestras jovencitas y jovencitos se lleven la impresión de que la violencia contra la mujer es motivo de celebración y "diversión" .

-No apoyemos que las adolescentes de hoy, mujeres del futuro, contemplen compañías como Playboy, como una "opción laboral deseable" para satisfacer sus necesidades económicas.
-No contribuyamos a perpetuar la imagen de la mujer como un "ser domesticado", al servicio ajeno y sin necesidades propias de crecimiento social e intelectual.

-No aceptemos que se envíe el mensaje equivocado a las jovencitas de que la explotación de su sexualidad es "glamorosa y deseable".

-Recordemos que todo esto contribuye a que la mujer sea contemplada como una "herramienta" de satisfacción masculina y por ende una extensión de los "bienes, privilegios y posesiones materiales" del hombre.

-No permitamos que nuestros hijos y nuestras hijas vean tal atropello sexista, como algo legítimo y aceptable.

Por todo lo antes expuesto, nos unimos a la actividad con un PIQUETE por parte de todas y todos aquellos a quienes nos interesa rescatar la dignidad de las mujeres de ahora y proteger el sentimiento de autovalía y la autoestima de nuestras hijas, las niñas y jóvenes de hoy, y mujeres del futuro.


Muchas Gracias.

María del Mar Vázquez Rodríguez
San Juan, Puerto Rico


martes, febrero 09, 2010

Breve introducción a la imagen pornográfica… “Sé lo que es cuando lo veo”...

Por: Álvaro García / Fuente: Hernan Montecinos
Tal es la puritana, ingenua y notable observación hecha hace muchos años por un famoso abogado estadounidense acerca de la dificultad de realizar una adecuada definición de pornografía1. Pero si nos detenemos podríamos comprender que implicado en esta definición se encuentra el reconocimiento de que la pornografía consiste en una representación explícita de la sexualidad. Vale decir, se obtiene el conocimiento de una acción (sexual) en el momento de ser descubierta por la mirada. Conocimiento y mirada serán por lo tanto dos ejes por los que transite la representación pornográfica. Conocimiento de un saber sobre la sexualidad y mirada a un objeto-cuerpo al momento de su actividad sexual.

I – El fenómeno del video Wena Nati es un buen ejemplo del saber otorgado por la pornografía: en vez de ser tan solo un video subido a internet con la descripción visual de dos adolescentes practicando sexo oral, la imagen permite una evaluación social colocándose por encima de la evaluación de un objeto particular, en este caso la acción de los jóvenes participantes en el video. La evaluación social se refiere a acciones en cuanto parte del sistema en que se estructura la sociedad y no en actos o ideas individuales y subjetivas. La imagen socializada y mediatizada en Wena Nati habla de lo que nuestra comunidad debate como intimidad, obscenidad, límite entre acto público y privado, entre qué debe ser expuesto y qué no. Así la pornografía es uno de los ejemplos de cómo el utilitarismo de las estructuras sociales apuntan a manifestar el valor diferencial de las acciones de los individuos, al mismo tiempo que asigna diferentes valores de poder a sus participantes. En el caso del video los involucrados son la pareja adolescente, sus familias, internet, los medios, las instituciones sociales, incluso el gobierno. Para algunos la obscenidad de tal acto o representación es significativamente “aberrante”, mientras que para otros no necesariamente lo es.

La pornografía participa en el desarrollo de la objetivación del sexo. El cuerpo social, por tanto, es jerarquizado, evaluado y ranqueado, al mismo tiempo que produce identidad entre sus componentes, los individuos. Además de sus productores el espectáculo pornográfico necesita de un receptor. Ya sea un pornófilo insaciable o un censor reprimido, son ellos quienes definen, cada uno a su manera, en qué momento comienza la pornografía más allá del erotismo. También se podría invocar al poder institucucional, estatal o religioso, como para poder definir qué es lo pornográfico. De esta forma podemos entender una separación entre políticas del deseo y el sexo y asignarles una evaluación cultural: erotismo y pornografía respectivamente. Dentro de estos últimos podemos distinguir más relaciones de poder evaluativas y, por ejemplo, diferenciar entre amo y siervo en el sadomasoquismo, censor y censurado en los regímenes totalitarios y democráticos, horarios restrictivos de acuerdo a un parámetro etario en la programación televisiva, etc.


El nacimiento, o al menos parte de la raíz de la pornografía actual es paralelo a las estructuras sociales utilitarias que surgen en el siglo XVIII. Foucault, en su faceta de historiador, describe el sistema panóptico de Bentham en Vigilar y Castigar, pero podemos imaginar que si hubiese sido crítico literario se habría interesado bastante más por el contemporáneo Marqués de Sade. Tomar la pornografía como una institución disciplinaria, comparable a los establecimientos educativos, la industria o la prisión significa relocalizarla tanto dentro del poder del contexto como dentro del contexto del poder. De la misma forma, muchas de las películas porno hacen suya la ambientación en esos mismos lugares, mientras que los personajes mediante acciones lascivas “pervierten” los mecanismos de producción institucionales 2. Aquí no se trata de una metaforización de la pornografía, si no que hay que tomarla por lo que literalmente es: una representación social del sexo. Pero antes mejor es retroceder e ir en busca de una definición del objeto pornográfico.

II- En sus estudios sobre la pornografía, Linda Williams3 reconoce la obscenidad como lo que queda fuera de escena, fuera de la mirada pública. Por otra parte introduce el neologismo on/escenidad (on/scenity) como “el gesto por el cual una cultura lleva a la escena pública aquellos mismos órganos, actos, cuerpos y placeres que hasta entonces se habían considerados ob/senos y mantenidos literalmente “fuera de escena.” Esta regularización social conlleva una paradoja. Señalar lo que no puede ser visto en el terreno público (prohibición) para luego ser llevado del espacio privado de la intimidad (el acto sexual) a la comparecencia del espacio social (su exhibición). Para salvar esta problemática y paradójica tensión la imagen pornográfica tiene que recontextualizarse. De ahí que para su comercialización se acuda al cumplimiento de clichés otorgados culturalmente, por mimesis de lugares comunes de conducta social y género, por personajes carentes de psicología y por el reconocimiento de parte del receptor de los géneros cinematográficos. De esta forma el cine porno invierte “la vida real o la normalidad” y la entrega ficcionalizada, aunque los coitos y eyaculaciones en pantalla sean reales.

Otro rasgo de la pornografía y su producción de lo privado como algo publico tiene algo parecido con la prostitución: es tolerado ambiguamente. Se lo reconoce en cuanto producto obsceno que se tolera debido a la práctica de su utilización. Además debe recordarse que en la explosión de la sociedad de masas se condenó a la pornografía como algo bajo, perversión popular, siendo esto un enmascaramiento de la doble moral puritana aristocrática y también burguesa que practicaba el mismo juego pero en un ámbito mas cerrado, es decir, ajeno a la comparecencia pública de la sociedad del espectáculo. Aunque también debe reconocerse que actualmente la presencia explicita de la pornografía abandonó el barrio rojo y regresa al hogar y la privacidad gracias a las nuevas tecnologías, como el video e internet, y al debilitamiento de la censura pública, formal o no, que conlleva su consumo. La industria pornográfica podrá estar marginada del centro de poder, el que a veces se autofigura limpio y casto, pero también imita los rasgos de cualquier otra industria y espectáculo libres de sospecha. Los productores, más allá de sus intenciones comerciales y liberales, se autodefinen muchas veces como pornógrafos y a su mercancía como tal, pero como todo producto comercial para ganarse su espacio necesita vestirse con atributos que no son suyos, por lo que le es intrínsicamente inevitable invadir nuevos terrenos, explotarlos, agotarlos y continuar con otros.

III – El contenido explícito de la sexualidad hecho acto público con el fin de provocar excitación en el receptor-observador pasa por lo que puede ser el límite de la representación. Se vuelve pornográfico un objeto al que se le quita lo que le pertenece necesariamente, es decir, consiste en la representación del sexo en sí mismo, sin excedentes. En el caso del cine la imagen estrictamente pornográfica se ve reducida a una representación biológica y documental. Sin embargo se dice que el acto sexual es irrepresentable en una película: la proposición de la pornografía cinematográfica es mostrarlo todo, el sexo como exceso representacional, al mismo tiempo que junto a la escena sexual hay una relación de complementariedad con la narración fílmica. Pensemos en el clásico Garganta profunda (1972) 4. En el cine porno ocurre la reducción máxima del contexto, los cuerpos copulando en pantalla pierden referencia narrativa (en cuanto ficciones) e histórica (en cuanto imágenes reales). La acción narrativa daría pie a la descripción erótica, tal como en los musicales las canciones y números musicales interrumpen la narración. En las películas porno las transiciones de narrativa a descripción son ridículas y propiciatorias, es decir, son un nexo débil entre escenas sexuales. Las relaciones de causa-efecto siempre conducen a lo mismo. Además las performances no se miden por el grado de profesionalismo actoral, sino por profesionalismo sexual (el orgasmo no utiliza “método” actoral).

El momento sexual de la película porno podría definirse como una micro narrativa, donde el final, el orgasmo, del hombre por lo menos 5, es conocido de antemano. Pero eso sería llevar el plano de la cópula demasiado lejos. Lo que sí hay es una idealización de la sexualidad, ya sea por aporte de la narrativa que rápidamente se centra en el acto sexual, por el endiosamiento del falo6, por la negación del proceso de puesta en escena, por el ocultamiento del desgaste físico y personal que conlleva la práctica sexual continua, o simplemente por no mostrar a personas comunes “haciéndolo”, aunque esto último ha cambiado con el paso de los años.

El objetivo de la pornografía es mostrar la sexualidad en todos sus detalles y variaciones. Esto, sin embargo, concluye en una desexualización de lo sexual. Así como cualquier cosa (como por ejemplo en los absurdos del humor sexual) puede adquirir un doble sentido y sexualizarse debido a un contexto o referente al cual se alude implícitamente, el sexo en sí mismo al ser representado pierde la condición metafórica del doble sentido y pasa de ser un significado a ser un mero significante. Esta reducción se condice con su estado verificable. Una mala película porno sería aquella donde se finge la cópula, la que al menos sería calificada de soft, mientras que lo importante es ver penes reales eyaculando, mujeres sodomizadas realmente, etc. La actualidad y la autopresentación de la imagen pornográfica tiene un grado de semejanza con la afamada búsqueda de autenticidad “en bruto” de los reality.

La imagen pornográfica reproduce los estereotipos más banales y reconocibles, esta economía del uso de construcciones culturales en el contexto porno respalda tanto la idea del exceso como del acceso rápido y fácil. En el fondo el porno quiere reafirmar desesperadamente que el sexo sí existe, y que existe gracias a un otro: la mujer, el homosexual, el niño, o los freaks que se ponen frente al objetivo de la cámara mientras el espectador los ve sin participar de su goce o sometimiento, pero gozando de su poder de visión evaluativo e identificatorio.

La pornografía promete la autenticidad, su control de calidad consiste en su grado de verificabilidad. El espectador la vería con la fruición de vencer el pudor para alcanzar lo autentico, lo real. El conocimiento que otorgaría el porno sería poder ver hasta el límite donde ya no hay nada que esconder. Todas las posiciones, todos los ángulos, todas las perversiones están expuestas. Su ir más allá de las apariencias para erigirse en espectáculo del exceso sexual. Entonces se crea una nueva paradoja: la hiperrealidad del porno ofrece lo imposible. La maxificación de coitos, falos y orgías, desconectadas de la experiencia de lo real, sin sentimientos, sin deseo. Para Jean Baudrillard el voyerismo del porno no es sexual sino representacional. La materialización, ampliación y fragmentación de lo pornográfico evacuaría toda potencialidad simbólica del signo o la imagen representada obscenamente. Baudrillard compara la pornografía con el goce técnico del sonido estereo que acaba en un empobrecimiento sensorial. “La perfección técnica, la “alta fidelidad”, tan obsesiva y puritana como la otra, la conyugal, pero esta vez no se sabe hacia qué objeto es fiel, pues nadie sabe dónde empieza y dónde acaba lo real, ni el vértigo de perfección que se obstina en producirlo” 7. El exceso mecánico del porno aburre porque vuelve el exceso un absurdo, algo banal, debido a su propia fragmentación del cuerpo y a la multiplicidad de detalles que ofrece la imagen. El porno vendría a ser el simulacro del sexo. El cuerpo pornográfico sería un cuerpo sin rostro, irreconocible en su producción y acumulación de trozos y tamaños. La desnudez es más que total, pensemos en los cuerpos musculares y acrobáticos y en la alopecia de los videos porno que han despersonalizado a los sujetos hasta convertirlos en materia simulacral de imagen tecnológica.

IV – El grado cero de la pornografía tiene relación con el argumento ya esbozado anteriormente: su irrepresentabilidad descansa en la colisión de una narrativa que con el tiempo se ha ido desvaneciendo contrapuesta al intento de exteriorizar la experiencia del placer 8. Pero la proliferación de imágenes sexuales junto con derrumbar limites de obscenidad y on/senidad ha permitido codificar esa experiencia. Para Slavoj Zizek la mirada es crucial. En la escena pornográfica se cruzan tres miradas: el espectador avergonzado/onanista, los profesionales del sexo y la cámara. La ilusión que mostraría la imagen pornográfica enmascararía no solo las dificultades de registro, disponer los cuerpos en posiciones apropiadas para la cámara y su empeño en mantener absoluta visibilidad, sino que también se sostendría en la mirada detentada ya no por los actores sino por los genitales actuando. Tomando este exhibicionismo la cámara habilitaría una ruptura, un corte a la Buñuel, una mirada por la cerradura que se entromete. “La mirada no está así donde uno esperaría encontrarla (en los ojos que nos miran desde la imagen), si no en el objeto-agujero traumático que captura nuestra mirada y nos atañe más intensamente -los ojos de la modelo mirándonos aquí sirven más bien para recordarnos “ya lo ves, te estoy viendo observando mi mirada…”” 9. Esta fórmula es la que debería definir al cine pornográfico: la iconografía del deseo sexual determinado no por su cumplimiento experiencial, el orgasmo, sino por la organización de la mirada en el acto mismo de ver lo irrepresentable. En este sentido el género pornográfico sería un drama/comedia ocular de miradas cruzadas. En la distancia de la mirada del espectador, al que la mirada indicativa de la cámara le dicta que hay un objeto de goce y que lo hace reconocerse como sujeto observado mirando se basa la escoptofilia y en el anhelo de control de un conocimiento que no se satisface. La pornografía entonces deviene como experiencia de poder y no como mera contemplación del sexo: el goce de poder abrir un agujero en la intimidad, de vencer el pudor, de exhibir lo obsceno. En otras palabras, comercio entre la inmovilidad del receptor y falsa movilidad del objeto en la imagen. La mirada es el límite y el reino donde se establece la pornografía. Se mira pero no se toca, o más bien, si se toca, pero con la mirada.

Ahora bien, la saturación, transparencia y fragmentación de la pornografía (y de todo el espectro visual según los postmodernistas)10, que permitiría al espectador una legibilidad absoluta, acabaría en un arrebato de obscenidad que impidiría un distanciamiento crítico de su parte. El objetivo de gratificación y excitación no concluiría con la satisfacción del deseo, se obtendría un grado de placer, sí, pero la postergación de su cumplimiento (a diferencia del que supuestamente si es conseguido y representado en la imagen) permitiría la perpetuación del deseo. De esta forma el placer sexual se vuelve banal y la única satisfacción garantizada es la invasión de la intimidad mediante el poder ocular donde la cámara reemplaza al ojo y habilita no solo la mirada sino también lo que es visto. Extrae el exhibicionismo de los cuerpos y lo funde con el voyerismo del mirón.

V- La banalidad del cine porno recae en la repetición de un grupo de convenciones (anti)narrativas, descriptivas e iconográficas 11, de manera que constituyen un imaginario representacional donde la excitación y el placer sin ninguna mediación están siempre garantizados, tal es la Porno(u)topía ofrecida al espectador. Según Linda Williams la pornografía es el género del espectáculo sexual, y por lo tanto el impulso y el goce se encuentra en ver y poseer mediante la mirada a alguien disfrutando de manera vicarial por el espectador. El placer de este lo obtiene gracias al hiperreal placer del otro en pantalla. La acción pasiva de mirar a otros teniendo sexo para uno y por uno abre una brecha: ¿Los personajes/actores del porno están teniendo sexo para el espectador o en el lugar del espectador? La identificación tendría dos aristas: una, la identificación con otro, el cuerpo en pantalla, y la otra, la identificación somática que afecta al cuerpo del espectador.

Para Bill Nichols12 la pornografía tendría un objeto de deseo tal como la etnografía tiene un objeto de conocimiento y ambas mantendrían una participación observante que busca develar a un Otro, esencial para la afirmar la identidad del sujeto observador. Este sujeto, definido en primera instancia por los practicantes de estudios culturales, es masculino, heterosexual, e ideológicamente hegemónico. Afortunadamente y gracias al ampliamiento del espectro teórico que ha venido pisándole los talones a las prácticas de producción y consumo pornográficos hoy aparecen variantes de “la otredad pornográfica”: gay, lésbico, interracial y la realización de home videos por parte de autores amateurs. El deseo por y desde los cuerpos e identidades de estos otros delataría por un lado el grado fetichista de la pornografía como instrumento de reproducción estereotípica, como por otro el paradójico cumplimiento, enfrentamiento y finalmente absorción de un tabú o prohibición cultural, esto debido a que la pornografía siempre ha existido como forma opuesta a los dictámenes de la alta cultura.

En cuanto a la identificación somática, es decir, la excitación verificable en el espectador tiene relación con el arrobamiento y la apropiación, en un sentido cognitivo, de la figura en la imagen. Sabemos que la excitación pasa por la estimulación de los genitales, pero al ver una imagen pornográfica y excitarse, el estímulo del espectador es provocado en su mirada. Mirada que está alienada en su fantasía de goce, entre percepción y cognición. Para Linda Williams, el deseo fantasmático del espectador masculino es percibir el momento en que el deseo femenino se delata, es decir, que el frenesí del orgasmo femenino surga como una evidencia real y no consista en una simulación. El temor a la simulación femenina, opuesta a la prueba discernible de la eyaculación y su potencial reafirmador del rol masculino dominante se condice con la totalizadora visibilidad del acto sexual según Baudrillard. En otras palabras, la excitación provocada por la hiperrealidad pornográfica está separada de la práctica erótica real.

El consumo de la pornografía se ha normalizado, es aceptado como un entretenimiento hogareño y parte de la tecnología doméstica. La inversión de grandes corporaciones en los Medias que incluyen en su entramado productos pornos está justificado en el mito ideológico del individuo autorregulado que se permite elegir entre las distintas ofertas de consumo. La disponibilidad actual en el ámbito doméstico ha permitido que con el tiempo aparezcan distintos tipos de consumidores: las minorías, siendo en las mujeres el aumento más notorio. Al mismo tiempo la diversificación de la pornografía para todos los gustos y targets ha demostrado una estandarización del modelo patriarcal, es decir, la representación heterosexual, por lo tanto las muestras minoritarias y diversas de porno, aunque hayan encontrado, generado y aumentado audiencias, todavía no son parte de una oficialidad industrial pornográfica, esta última tiene como ejemplo más simplón el canal por cable Playboy.

A contracorriente de la regularización, y dejando de lado los vericuetos de oscuras “mafias” que manejarían la facturación de la pornografía más escandalosa y grave en términos legales, la pedofília, el terreno del avant-garde se ha vuelto un nicho para la exploración del imaginario pornógrafo. El Cinema of Transgresión 13 es uno de los movimientos abanderados por la irrenunciable tendencia a hacer del porno arte. El arte se ha desublimado para encontrar una nueva forma de encarar lo estético, ya sea mediante el camp o seudomanifiestos reivindicatorios de apropiamientos de las nuevas tecnologías. En esta forma desafía el aspecto normativo y el conocimiento “ya sabido y estipulado” que estaría adquiriendo la pornografía para devolverle cierto sentido revulsivo y, por lo tanto, afiliándose con prácticas vanguardistas y semióticas como fueron el Surrealismo, el cine underground de New York y ciertas experiencias de Pasolini, Oshima y otros.

Por último, y regresando a Wena Naty ¿con qué valor de juicio se puede declarar que ese video es pornográfico? ¿Por qué este texto partió dictaminando que Wena Naty pertenece al ámbito de la pornografía? La discusión sobre qué es pornográfico pasa no solo por la división entre representación explícita y no explícita, sino también entre lo considerado normal y lo perverso. Si nos basamos en Foucault y concedemos que la historia de la sexualidad es una historia no de represión, sino de conocimiento, entonces el rol de la pornografía es establecer un nexo de transferencia entre la práctica sexual y el conocimiento que el poder quiere establecer. De esta manera la imagen sexual, y más específicamente el cine y video porno, sería un medio para transferir conocimiento y para nada una experiencia estética. Conocimiento de lo que se ha querido mantener fuera de escena, una estrategia escénica y representacional utilitaria. El carácter fisiologico y documental de la pornografía y su descontextualización de todo eroticismo, que está más ligado al placer y por lo tanto factible de ser representado estéticamente, puede ser entendido como la última frontera de un proceso social donde la obscenidad y la abyección reconvierten a lo visual en la mercancia definitiva, y por lo tanto, presa de la utilidad de un criterio uniformador para la sexualidad.
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Notas

1El abogado y miembro de la corte suprema estadounidense, Potter Stewart, durante un jucio, en 1964.

2Pensemos en películas ambientadas en cárceles o establecimientos educativos, en “biografías” de Sade, en el lechero que deja de cumplir su labor una vez que ingresa al hogar de una dueña de casa ninfomaniaca, etc.

3Linda Williams (ed) Porn Studies, 2004.

4La historia del cine pornográfico ha sido dividido grosso modo en tres etapas. La primera que va desde los comienzos del cine en su época muda hasta los años sesenta. El corpus consiste principalmente en Stags films, Nudies o series sin continuidad que solo presentaban actos sexuales y desnudos, principalmente femeninos. Su exhibición era clandestina. La segunda o “época dorada”, derivada del impulso que iba desarrollando la industria pornográfica tiene su hito en la aparición de Garganta Profunda y la liberación del código penal para esta clase de cinematografía en USA y Europa. Va de principios de las setenta hasta mediados de los ochenta. De ahí empieza un tercer período vinculado a la producción y difusión por medio del video y, más recientemente, a los soportes digitales como internet.

5Significativamente para garantizar que el orgasmo masculino apareciera en la imagen se utilizaban insertos de penes eyaculando, o bien el actor eyaculaba fuera del cuerpo de la mujer. A estos planos se los llama Come shot o Money shot, transposición comercial del signo sexo por el signo capitalista.

6Bill Nichols dice sardónicamente que una película pornográfica es en muchos casos la historia de un falo.

7Jean Baudrillard. De la seducción, 2000.

8La época dorada de la pornografía en el cine consistió en una serie de películas que mantenían una trama o interés narrativo (Garganta profunda, Behind the green door, The devil in Miss Jones, etc) que fue derivando hasta el insulso soft porn, mientras que con la introducción del video en los ochenta el foco fue cada vez más el acto sexual en sí, llegando a existir verdaderos catrastos y variables de coitos.

9Slavoj Zizek. El acoso de las fantasías, 2005.

10“Lo visual es esencialmente pornográfico” Fredric Jameson. Signatures of the visible, 1992.

11Robert H. Rimmer en The X-rated videotipe guide, 1984 (citado por Roman Gubern en La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, 2005) propone un catastro restrictivo o un paradigma de estilemas que utilizarían los filmes pornográficos.

12Bill Nichols. La representación de la realidad, 1991.

13Movimiento de cine underground estadounidense surgido a mediado de los años ochenta, con el realizador Nick Zeed como mentor. El manifiesto del movimiento es de su autoría.

sábado, mayo 09, 2009

El papel de la mujer frente a la pornografía


El público objetivo de la industria pornográfica es básicamente masculino.
El desarrollo de la sexualidad siempre se dio de un modo casi personal e íntimo hasta bien entrado el siglo XX. Poco a poco la sociedad moderna fue introduciendo el tema del sexo pero siempre dentro de una connotación adulta.

Poco a poco, el tema fue ingresando en las escuelas y ya se hablaba de una educación sexual. Ciertamente, esta educación resultaba de alguna manera mustia, en comparación con el tremendo tabú que la rodeó durante décadas.

Una de las mayores víctimas en este proceso "evolutivo" reciente y no tan reciente, es la mujer.


En efecto, la mujer siempre estuvo reprimida en cuanto a sus conversaciones y actitudes hacia el sexo. Incluso, en un momento de la historia, la mayor parte de la superficie de su anatomía anda cubierta con largos vestidos y hasta velos en el rostro.

Era la máscara de lo prohibido, de la invitación al sexo. Esto marchó en paralelo con el avance de la educación y tratamientos sexuales en la escena pública hasta cierto punto. Pronto surgieron en tiempos más modernos los movimientos feministas que aprovecharon el pánico para liberar a la mujer de este estigma de opresión sexual masculina.

Sin embargo, otro elemento empezaba a emerger lentamente. Este elemento haría una segunda conspiración en contra de la mujer y aún la hace en el tiempo actual.

Me refiero al mercado de la pornografía En efecto, basta ver unas cuantas producciones del cine de este género para darse cuenta que la mujer juega el papel de objeto sexual dentro de estas “temáticas”.

En la pornografía, lejos de mostrarse escenas en que se podría apreciar la ternura de algunas parejas realizando sexo, se puede ver escenas en que la mujer es prácticamente sometida y conducida por el libreto del hombre en la cama.

Los besos y caricias típicas de un encuentro sexual normal, son reemplazados por palabras subidas de tono o por poco refinados tocamientos. Las poses son otro tema dentro de estas producciones y la mayoría de ellas están destinadas al placer sexual del hombre, ni qué decir de la culminación del encuentro sexual de cualquiera de estas producciones.

Estas películas nunca terminan con un orgasmo femenino sino con la eyaculación del hombre, sin que esto supongo que la mujer haya tenido o no algún orgasmo en el ínterin.

No sólo esto, sino que la humillación también está presente en estas producciones pornográficas y la mujer es tirada de los pelos, obligada a arrodillarse y a recibir la descarga de semen de la eyaculación en una zona muy alejada de lo que la naturaleza planeó en algún momento.

De más está decir que los participantes probablemente ni se conocen, son simples actores que han sido reunidos para este momento y cuyo trabajo es recrear un acto sexual.

La industria porno, casi siempre obliga a los actores masculinos a utilizar la masturbación como un método de cabecera antes de iniciar el rodaje. En efecto, con este recurso, logran que el coito que se va a filmar sea de mayor duración.

En el caso de la mujer, los directores constantemente les están dictando los movimientos que deben de tener, las posturas y por supuesto cómo deben sobre actuar para recrear su excitación.

Lo curioso es que en la mayoría de los casos. Las voces no corresponden a los actores sino que son hechas por el equipo de producción -generalmente una sola persona- que imita las expresiones tanto del hombre como de la mujer.

La pornografía puede acarrear algunos problemas entre los consumidores como eyaculación precoz e incluso anorgasmia. Se idealiza el coito y el observador puede sentirse inconscientemente presionado para realizar una performance similar o superior a la recreada en escena.

Connotaciones sociales también se pueden analizar como la distinción que se promueve entre las mujeres que salen en este tipo de films y su comportamiento y las mujeres tradicionales que deben comportarse de modo poco sensual o erótico según este modelo.

Evidentemente una cosa no implicaría otra pero la mente realiza esa asociación inconscientemente, sobre todo la mente masculina.

Por otra parte, la mujer puede o no hacer caso de estos prejuicios aunque según los estudios actuales, ellas no suelen tomar estos partidos o puntos de vista pero son conscientes de que la mayoría de estas producciones son hechas para el público objetivo masculino.

Se ha visto que ellas también consumen pornografía aunque es algo que por sí mismo no les llama la atención.

Muchas de ellas confiesan hacerlo porque llegaron hasta esta industria de modo indirecto o que la ven esporádicamente.

Sin embargo, el mayor sector de ellas, dicen que consumen pornografía porque a su pareja le gusta.