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lunes, julio 11, 2011

La pornografía y la industria del sexo

Jaskiran Chohan
Aporrea.org
En sus raíces la pornografía aparece como una rebelión contra el puritanismo promovido por la derecha y la fe cristiana. Sin embargo, este legado no es nada más que historia, dado que ahora mismo refuerza la opresión sexual femenina en vez de jugar un papel de disensión. La pornografía es parte de la industria del sexo, pero este término también incluye la prostitución, los clubes de striptease y el baile erótico. Las ultimas dos manifestaciones presentan la cara respetable de un mundo basado en la cosificación del cuerpo de la mujer, pero también muestran el vinculo más destacado entre el sexo y el mercado.

Es bien conocido que la prostitución existía durante la época grecorromana y también en la antigua Mesopotamia. Pero en muchos aspectos estas mujeres estaban más liberadas sexualmente porque no sufrían la estigmatización social por tener hijos con varios hombres, e igualmente podían buscar una pareja, como por ejemplo las mujeres aztecas. Lo que inició el cambio fue la introducción de la propiedad privada y la introducción de la idea de la familia nuclear como definió muy bien el marxista Friedrich Engels. Engels explicó que nuestras relaciones con el mercado definen las relaciones personales y sexuales. Así la familia nuclear y la necesidad de hijos legítimos estaba motivada por la acumulación de la riqueza y la competencia que dominaba el mercado. Esto no sólo confinaba a la mujer dentro de los límites del hogar, sino que también le suministraba unos roles como el de ama de casa o el de cuidadora, haciendo el trabajo reproductivo. De esta forma el placer sexual se negaba entre la pareja y hacia hincapié en la función reproductiva del sexo. Esto reforzó en gran medida la idea de gozar del sexo fuera del hogar, habitualmente con prostitutas.

Alienación de las emociones

Este proceso histórico tiene mucho que ver con el boom actual de la industria del sexo. De nuevo, los cambios económicos han creado una industria que provee un acceso fácil a la satisfacción sexual. El desarrollo de la tecnología y el ritmo de vida que llevamos nos ha convertido en maquinas, completamente alienados de nuestras propias emociones, y la industria del sexo ha respondido a esto. Ha convertido el sexo y los deseos humanos en productos vendibles y reclamos económicos. No debemos olvidar que una característica fundamental de los mercados es la de transformar las relaciones sociales. Se estima que los ingresos anuales de la pornografía son más altos que los de la industria del fútbol, béisbol y baloncesto juntas. Es tan rentable que cada año tiene unos beneficios que llegan a los 7.000 millones de dólares, una cifra que ni si quiera incluye a la prostitución.

La industria del sexo no existe en su propia burbuja sino en la red del capitalismo global. En el Estado español sólo dos trabajadoras del sexo de cada 100 son autóctonas, lo que muestra claramente la influencia de las reestructuraciones económicas encabezadas por el FMI, las cuales han empeorado la polarización y la pobreza mundial. Para muchas de las inmigrantes que están atrapadas en la industria del sexo debido a la falta de trabajo y la falta de papeles, simplemente no les queda otra opción. En ese aspecto son claves sindicatos y organizaciones que defiendan los derechos de las trabajadoras del sexo para evitar condiciones de trabajo aún más precarias.

Al contrario de lo que dicen las post-feministas la industria del sexo no es un ejemplo de la libertad sexual de la mujer, ya que fortalece la superioridad masculina como parte del sistema capitalista que intenta dividir a la clase trabajadora bajo falsos preceptos como el de las “razas” o el género. El ejemplo que muestra esto más claramente es el hecho de que los clubes de baile erótico y striptease están utilizados mayoritariamente por banqueros y hombres de negocios del sector financiero. No debe extrañarnos que este sector siga siendo uno de los más sexistas, donde las mujeres todavía deben enfrentarse a mucha presión a nivel sexual.

No se trata de entrar en el debate sobre la libertad femenina de poder eligir si entrar o no en esta industria, ya que las propias fuerzas del mercado y la manera en que se forma la cultura, ponen estas ideas de supuesta libertad en duda. La mayoría de las mujeres sienten una presión diaria de tener una imagen cosificada que domina nuestra cultura y que está apoyada por el mercado capitalista. La única manera de combatir esta opresión es a través, no sólo de una lucha feminista, sino a su vez, de una lucha anticapitalista. El sexismo no puede ser erradicado mientras el sistema que lo produce siga en pie.

*Jaskiran Chohan es militante de En lucha.

Artículo publicado en el Periódico En lucha

http://enlucha.org/site/?q=node/16128

miércoles, junio 30, 2010

Asamblea Nacional propone que Código Penal incorpore tráfico de personas, prostitución y pornografía

Agencia Venezolana de Noticias.- La Comisión Permanente de Familia, Mujer y Juventud de la Asamblea Nacional (AN) propuso este martes incorporar a la reforma del Código Penal artículos referidos a la trata de personas, prostitución, y pornografía.

Asimismo, evalúo la propuesta del Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia (MIJ) de realizar una proyecto de ley que permita atacar este flagelo.

Este martes la instancia legislativa realizó la mesa de trabajo sobre trata y tráfico de personas, prostitución y pornografía.

El evento reunió a representantes del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), así como del Ministerio para la Mujer e Igualdad de Género; Defensoría del Pueblo, Ministerio Público; así como personal de Unicef en Venezuela.

La representación del MIJ denunció a la página web quelacreo.com por el contenido pornográfico y morboso que publica, y le expresó a la comisión la necesidad de regular este tipo de contenidos en las redes sociales de Internet.

Por su parte, Nadia Vásquez de Unicef expresó la necesidad de sumar esfuerzos y trabajar mancomunadamente a nivel nacional e internacional para poder enfrentar a las grandes mafias que promueven la prostitución y la pornografía.



Los especialistas coincidieron en que la prostitución está íntimamente ligada a la trata de personas, sustentan esta idea en el informe de Naciones Unidas que reconoce que la prostitución es la máxima responsable de la expansión del negocio del sexo en el mundo.

La presidenta de la Comisión de Familia, Mujer y Juventud, diputada Diluvina Cabello, dijo que esta mesa de trabajo busca crear mecanismos que permitan proteger a los niños, niñas, adolescentes y a mujeres en indefensión.

Por su parte, la segunda vicepresidenta del parlamento, diputada Marelis Pérez, propuso trabajar sobre cuatro pilares principales: sensibilización, prevención, persecución de los delincuentes y asistencia a las víctimas.

Adelantó, entre otras medidas legislativas y administrativas, la puesta en marcha de campañas de sensibilización dirigidas a la población en general al igual en la necesidad de desarrollar programas educativos desde la escuela acerca del tráfico trata y tráfico de personas, prostitución y pornografía.

martes, junio 08, 2010

¡¡¡ No celebres con Playboy !!!

(Anuncio Publicado en los Diarios Puertorriqueños invitando a la fiesta Playboy)
Por: Iris Rodríguez Acevedo / Género con Clase
En Puerto Rico, como en todos nuestros países hispanos, abundan las mujeres jóvenes, inteligentes, hermosas, cuya autoimagen y autoestima han sido tan lesionadas por la publicidad capitalista y mercantilista, que ya son incapaces de juzgarse a sí mismas por otros criterios que no sean la belleza externa, la forma del cuerpo, el color de la piel, la forma de caminar, o el tamaño de sus pechos. Los responsables de todo este disparate social, en los últimos 50 años, que mide el valor del ser humano por el grosor de sus labios o la forma graciosa de la nariz, son los mercaderes del sexo, que fundaron la compañía Playboy . Por supuesto, estos individuos no inventaron el abuso sexual, ni la degradación del ser humano, pero han llenado los espacios dolorosos y nauseabundos de estas actividades morbosas con el brillo de la elegancia y el espejismo de la diversión que compra el dinero.

Desde entonces, hemos observado la segmentación y la deshumanización de mujeres que se convierten en lujosas acompañantes complacientes, deslumbrantes modelos sensuales, bellos objetos decorativos para el placer de los que puedan pagar el precio requerido y, sobre todo, generadoras de fortunas millonarias para los tratantes de cuerpos femeninos.

Un festivo anuncio publicado en la prensa boricua recientemente, invita al público a conocer a una famosa “playmate” de Méjico y Venezuela, en una fiesta al estilo de la Mansión Playboy. Por supuesto, esto no es más que una descarada oferta para entusiasmar a hombres y mujeres a incursionar en un mundo que antes sólo nos llegaba a través de películas, revistas e internet. “Las damas entran gratis”, proclama la propaganda, como si se tratara de un regalo, una cortesía para quien merece un trato especial. Lo que no se dice es que precisamente ésa es la carnada en el anzuelo, para que muchas muchachas que no pueden, posiblemente, pagar la entrada, se presenten con la idea de ser las invitadas de honor a lo que no es otra cosa que la pesca en masa de hermosas y prometedoras candidatas a conejitas que pagarán su asistencia con sus propios cuerpos. Cada una de ellas será tasada y medida con disimulo malicioso, para ver a quién se le puede hacer la oferta mágica que la convertirá en la figura cotizada y sexy que siempre soñó. Posiblemente, estos codiciosos pescadores saldrán de las aguas caribeñas con las redes llenas de sirenas, que usarán y desecharán cuanto y cuando les plazca, tras haber ampliado su mercado, llevándoles a los paladares de sus clientes chicas que no parezcan hechas en serie, aunque luego todas terminen luciendo como Barbie.



No es una casualidad que Playboy seleccione a Puerto Rico para promoverse con su glamorosa imagen de la empresa que más conoce de belleza femenina y de los apetitos sexuales masculinos, en un momento en que muchas transnacionales norteamericanas, que llevaban años en nuestro país, han cerrado sus operaciones y que, además, el mismo gobierno colonial boricua ha despedido a miles de trabajadores de todo tipo. Con la celebración de su cincuentenario, Playboy contribuye a crear un ambiente enajenante y, de paso, les abre sus puertas a muchas jovencitas que terminaron la escuela superior o la universidad y necesitan trabajo, ingresos y experiencia laboral para salir adelante.

“Música/Modas/Playmates y Bunnies” son las ofertas que el “Playboy Club” publica a toda página en el periódico, ilustrado con la imagen, casi discreta (para lo que no muesran) de una muchacha en ropa interior. Promesas de “sana” diversión, en un país agobiado por el desempleo, el crimen, la corrupción y la ausencia de un programa educativo que prepare a nuestros ciudadanos y ciudadanas de todas las edades y clases sociales para discernir acerca de toda esta barbarie que conduce a nuestr@s jóvenes a ser víctimas del capitalismo, del consumismo y del patriarcado criminal. Hay que alertar al pueblo, a todos los pueblos por donde se pasean impunemente estos mercaderes de la carne, para que le digan ¡NO A PLAYBOY! , con todo y sus conejitas, porque ellas ya no son jovencitas con sueños: ellas han traspasado el umbral de la amargura, la segmentación y el lavado de cerebro con el que el patriarcado las transformó en muñecas de lujo que, a los 25 años, ya serán demasiado viejas para jugar…

Si queremos a nuestras hijas, hermanas, vecinas, compatriotas y compañeras, ¡¡¡DIGAMOS NO A PLAYBOY!!!! ¡¡¡ Todos y todas al piquete!!! Participación gratis. Recordemos lo siguiente: ¡Indignarse es un derecho y expresarlo, un deber patriótico!

lunes, junio 07, 2010

Puerto Rico: Comunicado anti-Playboy...

Por:María del Mar Vázquez Rodríguez / Género con Clase
Puerto Rico.-
Compañeras y Compañeros:
La compañía Playboy ha hecho su fortuna a expensas de la comercialización del cuerpo de las mujeres y de su sexualidad, en una sociedad donde se combinan, el sistema patriarcal y el modelo económico capitalista y cuyo nefasto resultado es que la imagen de la mujer sea una de las fuentes de mayor lucro mercantil para las grandes empresas y transnacionales. Es importante que hagamos sentir nuestro descontento ante esta recurrente explotación y trato deshumanizante hacia las mujeres.

Las actividades y productos de Playboy son símbolos de la cruda comercialización capitalista de la imagen femenina. Esta marca cumple 50 años de ejercer su violencia sexista, a través de la repetición de imágenes y modelos de conducta misóginos, los cuales se han popularizado alarmantemente, al punto de que miles de jóvenes en edad escolar, lucen "orgullosamente" entre sus accesorios, todo tipo de parafernalia con el símbolo del famoso conejo, ícono de la compañía.

La triste consecuencia de esto, es que legitima la violencia contra la dignidad de las mujeres y convierte el esquema de "mujer objeto" en algo "normal" para las generaciones que se forman ahora. Lamentablemente, esto contribuye a perpetuar en las jovencitas un autoconcepto de minusvalía, ya que se impulsa la idea de que su principal función en la vida es "complacer", "agradar" y ser "sexualmente atractivas" en beneficio de los hombres y en detrimento de ellas mismas.



Así, se perciben a sí mismas en una posición social secundaria a la de los varones, en general, a quienes no se los presiona para proyectarse como seres serviles, ni ansiosos de la aprobación ajena. A través del refuerzo de imágenes, publicidad y actitudes sociales, las jóvenes aprenden a sentir que su mayor "valor" es su apariencia y que su cuerpo es la vía para alcanzar cualquier objetivo, en contraposición con los varones, que según el mensaje que proyectan dichos medios, ellos poseen "otros méritos" que no dependen de su apariencia y por lo tanto tienen diversas alternativas para alcanzar el "éxito", que no necesariamente giran en torno a su atractivo sexual. Con la insistencia y prevalecencia histórica de modelos de conducta como el que presenta la revista y los productos Playboy, tenemos como resultado la desmoralización de las jovencitas, quienes tienen el potencial para ser personas de gran provecho social, pero a menudo se encuentran tan inmersas y orilladas por la publicidad sexista y mercantil y por las expectativas sociales, que dan por sentado que esa conducta es "lo que se espera de ellas" y terminan como cómplices de su propia opresión.

Playboy es una empresa norteamericana y capitalista cuyo objetivo es importar e imponer un "sueño americano" basado en la degradación de los valores humanos básicos, que todas las mujeres merecen: el respeto, la dignidad, el trato equitativo y la no violencia.

Ante todo esto, debemos decir NO.
-No permitamos que nuestras jovencitas y jovencitos se lleven la impresión de que la violencia contra la mujer es motivo de celebración y "diversión" .

-No apoyemos que las adolescentes de hoy, mujeres del futuro, contemplen compañías como Playboy, como una "opción laboral deseable" para satisfacer sus necesidades económicas.
-No contribuyamos a perpetuar la imagen de la mujer como un "ser domesticado", al servicio ajeno y sin necesidades propias de crecimiento social e intelectual.

-No aceptemos que se envíe el mensaje equivocado a las jovencitas de que la explotación de su sexualidad es "glamorosa y deseable".

-Recordemos que todo esto contribuye a que la mujer sea contemplada como una "herramienta" de satisfacción masculina y por ende una extensión de los "bienes, privilegios y posesiones materiales" del hombre.

-No permitamos que nuestros hijos y nuestras hijas vean tal atropello sexista, como algo legítimo y aceptable.

Por todo lo antes expuesto, nos unimos a la actividad con un PIQUETE por parte de todas y todos aquellos a quienes nos interesa rescatar la dignidad de las mujeres de ahora y proteger el sentimiento de autovalía y la autoestima de nuestras hijas, las niñas y jóvenes de hoy, y mujeres del futuro.


Muchas Gracias.

María del Mar Vázquez Rodríguez
San Juan, Puerto Rico


lunes, septiembre 14, 2009

Andrea Dworkin y la guerra contra la pornografía...

Por: Amalia Rivera
La muerte de Andrea Dworkin, escritora, activista, feminista de vanguardia, luchadora de toda la vida para acabar contra la violencia hacia las mujeres, se dio a conocer en todo el mundo el pasado 9 de abril, sin restar méritos a la reputación que se ganó desde que empezó a luchar contra la pornografía y la prostitución.

Admirada por unos y otras, y criticada por la mayoría, la obra teórica y el trabajo de Andrea siempre estuvieron rodeados de controversia. “Me creen una loca extremista, pero luchar contra la pornografía más allá del plano teórico no ha sido fácil”, decía y añadía con sarcasmo: “creen que lo hago porque me gusta y me excita… Pero si quieren seguir creyendo que no es más que un tema de debate sobre la libertad de expresión, en vez de una situación de emergencia y de acción, quiero decirles que muchas mujeres morirán en el curso del debate porque para las mujeres la libertad de expresión comienza por la defensa de la integridad de su cuerpo”.

Sin ambages expuso el objetivo de su lucha: “destruir el poder patriarcal en su fuente, la familia, y en su forma más horrorosa: el Estado nacional” como régimen que perpetúa la supremacía masculina para, a través de la violencia sexual, lograr la invasión, la colonización y la destrucción de los cuerpos y los espíritus de las mujeres.

Sus obras Pornography: Men Possessing Women, Pornography and Civil Rights, Mercy, Ice and Fire, Letters from a War Zone, Women Hating, Intercourse, entre las más destacadas, enfrentaron grandes obstáculos para ser publicadas, no obstante que se produjeron en Estados Unidos, “el país de mentiras y perogrulladas que nos dice que podemos hablar de lo que queramos”, ironizaba Dworkin.


Muchas de sus ideas fueron manipuladas y malinterpretadas. Se decía, por ejemplo, que “sus libros reflejaban un antisexualismo”, lo cual es falso según testimonian sus primeras novelas de ficción referidas lo mismo al amor lésbico que al heterosexual (A simple story of a lesbian girlhood y First Love). Se aseguraba también que proclamaba que “las mujeres son superiores a los hombres” y que “toda cópula es una violación”, falsedades que se derivan de una mala lectura de su libro Intercourse (1997), cuyo prefacio rescribió a fin de aclarar su postura. Una y mil veces, aun ahora con motivo de su muerte, se le tachó de practicar un “feminismo radical” que odia a los hombres, lo cual negó siempre, pero aclarando: “lo que odio es la subyugación de las mujeres”.

Sentencias suyas como “el matrimonio es una licencia legal para violar” fueron descontextualizadas, ya que describía manifestaciones reales de la violencia intrafamiliar, que hoy han sido plenamente asimiladas. Inclusive se hizo de enemigas dentro del mismo feminismo que la acusaron de “antiabortista”, cuando no hizo sino alertar sobre los términos y condiciones en que se debía plantear el aborto para evitar que en la legislación patriarcal y en la vida cotidiana se revirtiera contra las mismas mujeres. Se llegó al extremo de hurgar en su vida privada para exhibirla como atracción circense y acusarla de “antilesbiana porque vivía con un hombre”, el escritor John Stoltenberg, homosexual con quien compartió su vida desde 1974.

Pero sin duda su presencia en un terreno minado como es el de la pornografía, le ganó las más grandes animadversiones, al extremo de recibir amenazas de muerte: de un lado estaban los productores de pornografía, a quienes, según dijo, “elegantemente se les llama ‘editores’, pero no son más que unos padrotes porque venden la imagen de una mujer una y otra vez y para siempre, a pesar de que ya hay cientos y cientos de imágenes”; de otro lado estaban los defensores de la “regla de oro” en EU: la libertad de expresión; y por otro, furiosas feministas que integraron la Feminist Anti-Censorship Taskforce (FACT), encabezada nada menos que por Adrienne Rich y Betty Friedan, a fin de oponerse a la legislación antipornográfica Dworkin-Mackinnon.

Las opositoras argumentaban que restringir la libertad de expresión afectaría en forma desproporcionada a las mujeres, además de que hacía el caldo gordo a Reagan, quien en 1986 buscaba a través de la Comisión Meese legislar la pornografía para, escudado en que “es un estímulo para la violencia sexual y la violación” contra las mujeres, imponer sus retrógados “valores familiares”, atacando de paso la libertad sexual y desatando la homofobia. A la artillería pesada de las feministas se sumaron “mujeres pornografistas”, como Camille Paglia, quien desde las páginas de Playboy pidió: “¡Acabemos ya con el feminismo enfermante, con su corte de enfermas del estómago, anoréxicas, bulímicas, depresivas, víctimas de violación y sobrevivientes de incestos!”, petición que completó con una apología de la pornografía porque “permite que el cuerpo viva el absolutismo lujurioso de la carne en forma desordenada”.

No era de extrañar, pues, que en cada presentación Andrea comenzara su discurso convencida de que podía ser el último. Su cruzada contra la pornografía hizo historia porque empezó a transformar la discusión sobre un tema que moralinamente había manejado el ala conservadora y se empezó a entender que “la pornografía no es un campo de entretenimiento libre de víctimas”.

Dworkin recorrió el país de costa a costa, exponiendo de manera fundamentada y rigurosa sus investigaciones históricas en torno al fenómeno de la pornografía, la que concebía como un material de análisis fundamental a la hora de presentar una teoría sexual de la desigualdad genérica.

“La pornografía –expuso– nació en los años 60, paradójicamente como un producto de la contracultura , como un vehículo de liberación que iba en contra de la ley y los adultos represivos, pero hoy es una industria rentable, misógina y orientada a la producción y la exportación (… ) En la pornografía las mujeres son penetradas por perros, caballos, anguilas, objetos fálicos con púas, cuchillos, pistolas y vidrios, y la piel de las mujeres negras es concebida como un genital femenino más que puede herirse. El mensaje central es que no importa lo que hagan a una mujer y de cuántas maneras la lastimen, a ella le va a gustar. No existe atrocidad histórica, como los campos de concentración, Vietnam o el esclavismo, que no haya sido usada por esos padrotes para crear sus guiones de violación, mutilación y humillación, como si las víctimas sintieran placer sexual (…) ‘Es que es la industria de la fantasía’, me argumentan, y yo digo: una asiática colgada de un árbol es una mujer asiática real colgada de un árbol real. ¡Es un insulto a la conciencia humana que esos actos de gente real se sigan concibiendo como si sólo existieran en la mente de un hombre consumidor, como si esto fuera más importante que la vida de ella!”

Garganta profunda en la cruzada antipornografía

“Me siento honrada cuando las mujeres se acercan para decirme que han comprendido que no fueron hechas para eso”, afirmaba Andrea, cuya fuerza argumentativa terminó por sumar a su causa a actrices porno y prostitutas que valientemente enriquecieron las presentaciones con sus testimonios:
“Participé en la pornografía toda mi vida hasta 1987. Me violaron tumultuariamente y luego me embaracé… La carrera de mi hija fue bastante corta: la mató a golpes su padrote… siempre la golpeaban. A veces me pregunto si el daño físico que le hacían era quizá porque el cuerpo de una niña no está hecho para ser usado de esa manera. Quizás los bebés no deben ser penetrados analmente con objetos, con serpientes o botellas o con los penes, pero no lo sé porque toda mi vida fue así. Tengo cintas pornográficas desde que era un bebé… He querido destruirlas tantas veces… pero quizá esperaba que llegara alguien como Andrea”.

Linda Boreman también esperó a alguien como Andrea para ofrecer un testimonio valiosísimo en esta cruzada, pues se trataba nada menos que de la actriz que protagonizó a Linda Lovelance en Garganta profunda, el clásico del cine porno. Su marido la introdujo en el mundo de la pornografía “a punta de pistola”. A partir de entonces sufrió violencia, secuestros, prostitución y nunca cobró ni un centavo por la película que recaudó 600 millones de dólares, según narra en su autobiografía Ordeal (1980).

Fue tan grande la influencia de Dworkin, que Linda se sumó a la cruzada y rindió testimonio ante el congreso en 1983, cuando Andrea y Catherine Mackinnon presentaron en Minneapolis el proyecto de ley que consideraba a la pornografía “un atentado a los derechos civiles de las mujeres” porque “existe coerción en la producción de pornografía, aplicación forzada de material pornográfico sobre los demás, ataques directos originados por cierta pornografía específica y tráfico pornográfico”.

Esta ley habría permitido a las víctimas ejercer acción civil y recibir una compensación en efectivo para obtener ayuda siquiátrica o legal. En ese año hubo audiencias públicas en las que el público habló a favor y en contra de la pornografía; sin embargo, aunque fue aprobada por unanimidad, terminó vetada, ya que la introdujo un republicano. Una ordenanza similar se dio en Indianápolis; finalmente la Suprema Corte la declaró inconstitucional.

No obstante, Andrea Dworkin continuó firme en su tarea: “destruir toda la pornografía” porque, según argumentaba en su iniciativa: “las mujeres disfrutan la degradación y la violencia si así les place a los hombres, dado que la sexualidad está definida por ellos y para ambos sexos (… ) Bajo el patriarcado, la subordinación de las mujeres es erotizada y la violencia se ha hecho sexualmente atractiva”.

La estigmatización que rodeó a Andrea Dworkin toda su vida como representante de un “feminismo trasnochado, radical y extremista” continuará más allá de su muerte. Y es que, como bien decía: “la sociedad se traga todo lo que le den y ha llegado a creer que nada de esto es malo, por eso la gente no se escandaliza. No les importa”, se lamentaba, aunque nunca al extremo de bajar la guardia, convencida de que “hace tiempo que comenzamos a ver, a identificar, a articular el dolor de la brutalidad sistematizada. Es tiempo de reconocer que gran parte de ese dolor es el resultado de un sistema diseñado para asegurar nuestros placeres”.

La trascendencia y fuerza de su obra, que aún aguarda ser traducida del inglés, sin duda enriqueció al movimiento de mujeres, porque, como expuso Gloria Steinem en su funeral: “en cada siglo hay una serie de escritores que ayudan a la especie a evolucionar: Andrea forma parte de ellos”.

Fuentes:

“Pornografía: ¿fantasía del abuso sexual?, Amalia Rivera, DobleJornada, 5/8/96.
“Discurso, pornografía y caza”, María Comminou, Liberación.
“La sexualidad de los hombres heterosexuales. Coerción y sometimiento”, Michael Flood.
“Andrea Dworkin contra la pornografía”. Documental transmitido por Canal 22.
The Andrea Dworkin Online Library (http://www.nostatusquo.com/ACLU/dworkin/LieDetect.html)
Andrea Dworkin web site: http://www.nostatusquo.com/ACLU/dworkin/index.html

Un nuevo Jerusalem para las mujeres
Andrea Dworkin

Los cambios que deseo ver son simples y obvios

• Deseo que todas las mujeres sean letradas, con vivienda y alimentos, independientes del hombre, con un sentido de la integridad de su cuerpo femenino, una nueva clase de soberanía que hace primaria la voluntad de la mujer.

• Deseo ver sistemas legislativos dominados por mujeres en todos los países: y deseo que las mujeres escriban las historias y la historia, que sean filósofas y teólogas; deseo la primacía de la mujer en cada cultura y en cada área de la cultura.

• Deseo tener un sentido del honor en relación con otras mujeres – y con los hijos.

• Deseo que las mujeres conquisten el miedo al castigo masculino; si para ello se tiene que utilizar la violencia estratégica, que así lo sea.

• Deseo ver a mujeres liberando a otras mujeres de las cárceles, de la esclavitud sexual, de la promiscuidad y de la tortura doméstica de la vejación y la violación maritales.

• El patriarcado está muriendo lentamente, muy lentamente; el poder del patriarcado aún tiraniza a la mujer en las casas y en los burdeles.

• Espero ver una resistencia masiva y más profunda de la mujer en el siguiente siglo; especialmente en el Tercer Mundo.