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viernes, noviembre 18, 2011

María Jesús Alvarado Rivera: Una feminista a ultranza

Carla Jiménez* / Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán
El 28 de octubre se cumplen 100 años de la lectura de “Feminismo” por María Jesús Alvarado, en la Sociedad Geográfica de Lima. Una fecha importante para el movimiento feminista peruano actual, que se alimenta y se inspira en mujeres que como Mercedes Cabello, Clorinda Matto, Zoila Aurora Cáceres, María Jesús Alvarado, Elvira García y García, Magda Portal, entre otras, lucharon por los derechos de las mujeres.

María Jesús Alvarado nació el 27 de mayo de 1878 en la Hacienda Chacrabajo, Chincha Baja, Ica, Perú. El siguiente año se desataría la Guerra del Pacífico, que va a durar cinco años. Fue la décima hermana de trece. Su madre Jesús Rivera Martínez y su padre, Cayetano Alvarado Arciniega, eran dueños de esta hacienda. Padre y madre mantuvieron un matrimonio arreglado, que era común en el siglo XIX. Esa situación motivó a María Jesús Alvarado a cuestionar la institución del matrimonio, bajo esta modalidad, y a ponerla en debate a través de sus artículos y escritos.

La guerra del Pacífico hizo que la familia se trasladara a Lima, debido a que Chincha Baja fue tomada como cuartel de Chile, viéndose los esposos obligados a vender la hacienda.

Los primeros años de su niñez, María Jesús estuvo bajo la tutela de su madre, quien era una mujer ilustrada y siempre viajaba a Lima para sus veladas literarias. En 1893 y con 15 años inicia sus estudios en el "Colegio de la señora Aragón viuda de Rodó e Hijas", estudia tres años de primaria (1893-1895), las mujeres en ese entonces sólo podían estudiar a este ese grado, situación que inspiró uno de los ejes fundamentales de su lucha: el derecho de las mujeres a la educación. Fue una alumna aplicada, en las clausuras de todos los años se encargó de los discursos de clausura del periodo escolar.

A partir de los 20 años trabajó como pedagoga vanguardista, en 1908 empezó a escribir como columnista en los diarios “El Diario”, “El Comercio”, posteriormente lo haría en “La prensa”.

En 1910 colabora en el Primer Congreso Femenino Internacional enviando un trabajo sobre la problemática de la mujer.



En 1911 en la Sociedad Geográfica de Lima, en una conferencia titulada "El Feminismo" plantea la necesidad de otorgar igualdad de derechos civiles y políticos a las mujeres, esta conferencia marca un hito en la historia del feminismo en Perú.

En 1913 forma parte del Comité Directivo de la Asociación Pro Indígena y escribió mucho por la defensa de sus derechos. También apoyó la lucha de los obreros por la jornada de 8 horas.

En 1914 funda “El movimiento evolución femenina” junto a Adela Montesinos (Arequipa), considerada como una de las primeras organizaciones feministas del Perú. Ambas socialistas y feministas deciden nuclearse para luchar por el derecho al voto universal sin restricciones. La finalidad del movimiento era luchar por la cultura y los derechos de las mujeres, es así que por su gestión se aprueba en la Cámara de Diputados el ingreso de las mujeres a las Sociedades de Beneficencia, posteriormente en 1922 se aprueba en la Cámara de Senadores. Para ese entonces tanto Zoila Aurora Cáceres y Elvira García y García disputaban por la educación general y el derecho al voto.

En 1915 crea la Escuela Taller Moral y Trabajo. Funcionaba en su casa y estaba dirigido para mujeres obreras, se les enseñaba diversos oficios y manualidades sin costo alguno.

En 1923 durante la visita de Mrs. Carrie Chapman Catt, presidenta de la Alianza Internacional de las Mujeres por el Sufragio, organiza y funda el Consejo Nacional de Mujeres del Perú, institución que luchó por el voto femenino en el país.

En ese mismo año solicitó por segunda vez, ante la Comisión de Reforma del Código Civil de 1851, el reconocimiento de los derechos civiles femeninos. Proyecto que fue aprobado y promulgado, finalmente, en el Código Civil de 1936.

María Jesús estaba muy comprometida con la población, por ello participó en la fundación de la Liga Nacional de Higiene y Profilaxia Social. Logra gestionar en el Ministerio de Educación Pública el dictado del Curso de Puericultura, capacitando a las maestras en el tema.

Luego escribe un libro autobiográfico titulado: Nuevas cumbres en el género de novela, y a través de su protagonista, Luz Acme, revela algunos acontecimientos que al parecer fueron vividos por María Jesús Alvarado. Nuevas cumbres presenta una sociedad equitativa, en la que la protagonista es una mujer libre con valores éticos-sociales que se auto-educa, se hace preceptora y modifica la tradición de las relaciones humanas jerárquicas y la mentalidad de la mujer casada.

En 1924, en la imprenta de la escuela decide imprimir un memorial de un grupo de obreros despedidos que tenía dificultades de hacerlo en otros diarios y apoya la protesta por la Ley de Conscripción Vial y de los Humos de la Fundición de La Oroya. Para ese entonces su novela ya había sido una provocación y el último comunicado terminó siendo la gota que rebasó el vaso. Leguía inició un proceso de persecución a María Jesús de manera directa, incluso ordenando su captura y su taller de tipografía fue allanado. Fiel a sus principios, María Jesús no delató a ningún integrante del sindicato, fue detenida y trasladada al penal Santo Tomás por tres meses. A pesar de que fue liberada, continuó siendo víctima de hostigamiento. Recibía mensajes como “podía sucederle incidentes más graves”, “cuando las damas se meten en cosas de hombres… se exponen a tener que someterse a las consecuencias viriles”, como comentó un editorial de La Crónica (1925). María Jesús termina siendo deportada y parte, en 1924, al exilio a Argentina, donde permanecería doce años, hasta 1936. En este país trabajó como maestra y gestionó la representación de los dramas que había escrito, de gran contenido social y moral.

Cuando retornó al Perú retomó la lucha por el voto e incentivó el teatro radiofónico didáctico y el cine nacional. Escribe "La Perricholi" que fue transmitida en 30 jornadas por Radio Nacional. A partir de esta experiencia se forma el primer elenco de radio teatro.

Con su propio peculio funda la Academia de Arte Dramático "Ollantay". Produjo el programa radial "Ante la vida" y presentó al Ministerio de Educación un proyecto para la creación de la Dirección de Extensión Cultural y Artística que se concreta en poco tiempo.

En 1938 solicitó que se dicte un Código de los Derechos del Niño. Al año siguiente apoyó la Primera Jornada de Eugenesia y la Semana Anti Alcohólica. En 1940 organiza la Primera Jornada Anti Venérea.

En ese mismo año, por encargo del Ministerio de Educación, da charlas sobre alimentación técnica popular en centros obreros. En 1943 participó en la Segunda Jornada de Eugenesia. En 1945 el gobierno aprobó su proyecto de creación de un teatro nacional.

Fue nombrada Concejala de la Municipalidad de Lima.

En 1955, a través de Evolución Femenina, solicitó al Congreso la aprobación del proyecto de ley que otorgaba el voto a las mujeres.

Su desinterés por figurar dio pie a que muchas iniciativas de ella y logros concretos permanezcan en el anonimato e incluso sin reconocimiento. Desengañada por la ingratitud de muchas personas, se recluyó en su casa y en medio de grandes presiones económicas continuó escribiendo dramas como "Amor y gloria" (1952).

Falleció el 6 de mayo de 1971, a los 92 años de edad.

Notas:

• La historiadora y feminista norteamericana Elsa Chaney, tuvo la oportunidad de entrevistar en 1967 a María Jesús Alvarado. En 1987-88 CENDOC-MUJER realizó el ordenamiento e inventario de su colección de manuscritos y obras, y la puso en valor a través de una exposición en la Biblioteca Nacional (marzo 1988).

• En 1994, la familia Alvarado Rivera entregó CENDOC-MUJER, en calidad de custodia, la colección completa de las obras y objetos personales de la primera feminista peruana, María Jesús Alvarado.
• En la actualidad el legado de María Jesús Alvarado se encuentra en la Biblioteca del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.

*Integrante del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán

Bibliografía:


Elsa M. Chaney (1988) “Significado de la obra de María Jesús Alvarado”. Cendoc – Mujer: Lima.
Lady Rojas (2009) “María Jesús Alvarado, primera feminista peruana” Destiempos.com: Distrito Federal.
María Jesús Alvarado (1912) “El Feminismo” Imprenta de la Escuela de Ingenieros: Lima.
-------------------------------------“amor, matrimonio i divorcio” Lima.
--------------------------------artículos recortados de María Jesús Alvarado.
Diana Miloslavich (2006) “Historia del voto femenino” Lima.
Links:
http://www.trazegnies.arrakis.es/bioalvarado.html Fuente: Centro de Documentación sobre la Mujer - (CENDOC-Mujer) Miraflores, Lima-Perú.
http://ellashistoria.blogspot.com/2009/03/maria-jesus-alvarado-feminista-peruana.html
http://www.cendoc-mujer.org.pe/areahist.html




jueves, agosto 11, 2011

Ellas, Las Inventoras...

Por Roberto Pérez Betancourt / Revista Mujeres
Lavaplatos, limpiaparabrisas, pañales desechables, sustancias químicas de múltiples aplicaciones en la industria, todo esto y muchísimo más ha sido obra del anónimo ingenio femenino a través de la historia.

“Inventar” es verbo transitivo que puede referir acepciones profundas, y también pintorescas y hasta humorísticas, según el argot de diferentes pueblos.

Los diccionarios resumen el Inventar más o menos así: Hallar o descubrir a fuerza de ingenio y meditación, o por azar, una cosa nueva o no conocida. También: Crear su obra el poeta o el artista. Y más aún: Fingir hechos falsos.

Si a Inventar unimos el sustantivo mujer, el tema se complica cuando a escala popular indagamos sobre el conocimiento y las interpretaciones que los hombres dicen tener sobre las innovaciones de ellas.

Las respuestas suelen estar cargadas de humor vernáculo, matizado de clásico machismo. Uno de los opinantes simplemente acotó: "Inventos los de mi mujer cada vez que se va de fiesta. Pienso escribir un libro con sus aventuras. Lo titulare "Como desear creer en lo imposible".

A pesar de los agnósticos, en realidad se trata de asunto muy serio, pues alrededor del 20 por ciento de los inventos más populares han sido obra de mujeres en diversas partes del mundo, la mayoría de ellas todavía verdaderas desconocidas, según refieren estudiosos del tema.



Para que una iniciativa sea considerada invento debe poseer características esenciales, de acuerdo con definiciones clásicas de las oficinas de registro de patentes en todos los países.

Esas condiciones incluyen superar las soluciones conocidas para el tema que aborde el pretendido invento, y que ellas no se deriven del estado actual de la técnica.

La historia de múltiples aportes femeninos se pierde en la memoria no escrita de siglos atrás, hasta que en 1637 fue registrada la primera patente otorgada a una mujer, afirman expertos, y añaden que hasta el año 1914 hubo más de 500 mujeres conocidas como inventoras, inspiradas en simplificar tareas domésticas.

Entre los más citados inventos destacan el aparato mecánico para fregar vajillas, presentado por Josephine Cochran en el año 1886 en la Feria Universal de Chicago, EE.UU., del cual enseguida se sirvieron hoteles y restaurantes, y el pañal desechable, en 1951, creación de la desesperada madre Marion Donovan.

Estudiosos señalan que en algunos inventos se ha omitido la inclusión de iniciativas femeninas, como en el caso de Ada Lovelace, que tuvo destacada participación en el llamado Motor Analítico, en verdad una de las primitivas “computadoras” creadas por Charles Babbage en fecha tan temprana como 1842.

La escritora Déborah Jaffe sostiene en su libro sobre Mujeres Ingeniosas, que algunos de los inventos de las mujeres ayudaron a cambiar el mundo, entre los que cita el limpia parabrisas de Mary Anderson, que en el año 1903 obtuvo la patente para introducirlo en la producción de la firma Ford, y en 1916 fue adoptado por todos los fabricantes de autos en Estados Unidos.

En otro libro titulado Mujeres Inventoras, las escritoras españolas Raquel Barcos y Eulalia Pérez, incluyen a Patsy Sherman, quien casualmente dio con un impermeabilizante para telas, mientras realizaba ensayos químicos en busca de otra cosa, lo que demuestra el papel de la casualidad en algunos de los hallazgos famosos.

Allí también están Patricia Billings, autora de un material de construcción incombustible y de gran dureza, y Erna Schneider, autora de un sistema de conmutación telefónica, considerado por expertos como uno de los primeros programas computadorizados.

También una mujer fue la primera que posibilitó mirar el fondo de los océanos: Sarah Nather patentó un telescopio y una lámpara para uso submarino.

Entre las inventoras más recientes aparece Stephanie Kwolek, creadora en 1971 del Hevlar, material que se utiliza dentro de los chalecos antibalas y en la confección de piernas y manos artificiales, así como Bárbara Askins, quien desarrolló un método para revelar fotos del espacio.

En realidad, mujeres de todas las latitudes, científicas, técnicas o simples amas de casa, se entrenan cada día en múltiples y diversas actividades, en sus hogares o centros laborales, lo que las obliga a ejercitar la imaginación para hallar soluciones prácticas a asuntos cotidianos, y este es denominador bastante común en la inspiración de las autoras de invenciones.

Expertos auguran que la actual centuria será pródiga en los aportes femeninos en todas las esferas, a pesar de prejuicios que todavía lastran el reconocimiento que merece la inteligencia y la capacidad femeninas.

Fuente: TV Yumurí

lunes, mayo 23, 2011

Redención femenina, Prudencia Ayala (1885-1936)

Fuente: Mujeres en la Historia
Una mujer sola, sin estudios y de origen indígena, se alzó a principios del siglo XX en su tierra natal, El Salvador, en defensa de los derechos de la mujer. Prudencia Ayala escribió libros, columnas de opinión, fundó su propio diario y llegó a escandalizar a todos con su intento de llegar a la presidencia de un país en el que le estaba vetado el voto a las mujeres.

Escritora autodidacta
De origen indígena y humilde, Prudencia Ayala nació en Sonzacate el 28 de abril de 1885. A pesar de que sus padres, Aurelia Ayala y Vicente Chief, quisieron para ella una buena educación, la falta de recursos económicos impidieron que Prudencia pudiera estudiar más allá del segundo grado.

La salida de la escuela no frenó sin embargo las inquietudes intelectuales de la niña. Mientras ayudaba a la economía familiar trabajando de costurera, siguió estudiando por su cuenta.

Su formación autodidacta la llevó a publicar artículos de opinión en el Diario de Occidente desde 1913. Prudencia también escribió y publicó varios libros demostrando un gran talento para la literatura.


Además de escribir para varios diarios de El Salvador, Prudencia fundó “Redención femenina”, un periódico en el que plasmó todas sus ideas feministas.

La Sibila santaneca
Además de su fama como articulista, Prudencia fue conocida por sus extrañas visiones y predicciones de futuro. Aunque muchos la tacharon de loca, lo cierto es que llegó a predecir algunos hechos históricos como la caida del káiser alemán o la entrada de Estados Unidos en la Gran Guerra. Fueran verdad o no, sus visiones se publicaron en los periódicos de Santa Ana por lo que fue conocida popularmente como la Sibilina santaneca.

Primeras voces en favor de la mujer
Más allá de esta anécdota, el papel de Prudencia Ayala como defensora de los derechos de la mujer, fue mucho más importante. De hecho, sus escritos en los periódicos y sus publicaciones la llevaron incluso a la cárcel en varias ocasiones.

Aspirante a presidenta
Pero Prudencia no se acobardó y continuó con su labor hasta llegar a la máxima provocación. En un país en el que no existía el sufragio femenino, Prudencia se presentó en 1930 como candidata a la presidencia de El Salvador por el Partido Unionista. Por supuesto que las estructuras cerradas de aquellos tiempos le impidieron llegar lejos en su aspiración a presidenta, pero Prudencia abrió un importantísimo camino para las futuras mujeres que trabajaron por los derechos de su sexo. Tendrían que pasar aún 20 años para que las mujeres consiguieran el derecho pleno para votar.

Prudencia Ayala murió seis años después, en 1936, pero su nombre es recordado no sólo con una calle de la capital salvadoreña que lleva su nombre sino por ser una de las primeras activistas que en Latinoamérica lucharon por los derechos humanos de las mujeres.

domingo, mayo 03, 2009

La lucha de las mujeres contra la opresión

Por: Berta Serrano
En el transcurso de la historia la obra de importantes mujeres ha encontrado múltiples obstáculos para sobresalir en un ambiente predominantemente machista.


*La revolución francesa*

Aunque mucho antes, algunas mujeres en lo individual plantearon reivindicaciones por la igualdad femenina, hubo que esperar a la Revolución Francesa para que las mujeres empezaran a expresarse de manera colectiva. Tras el triunfo de la revolución en 1789 pronto surgió una contradicción evidente: una revolución que basaba su justificación en la idea universal de la igualdad natural y política de los seres humanos ("Liberté, Egalité, Fraternité"), negaba el acceso de las mujeres, la mitad de la población, a los derechos políticos, lo que en realidad significaba negar su libertad y su igualdad respecto al resto de los individuos.

La autora teatral y activista revolucionaria Olimpia de Gouges fue en este proceso la voz de la mujer. En 1791 publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana que era el equivalente, desde el punto de vista femenino, de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional en agosto de 1789.

En ella decía:
"Las madres, las hijas y las hermanas, representantes de la nación, piden ser constituidas en Asamblea Nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, por ello han resuelto exponer en una solemne declaración los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer."

Parafraseando el documento programático de la revolución, Olimpia de Gouges denunciaba que la revolución había olvidado a las mujeres en su proyecto igualitario y liberador. Afirmaba que la "mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos". El programa de Olimpia exigía libertad, igualdad y derechos políticos, especialmente derecho al voto para las mujeres. Sin embargo, el planteamiento feminista no era compartido por los hombres que dirigían la revolución, incluso por los más radicales. La encarcelación y ejecución de Olimpia de Gouges significó el fracaso de las reclamaciones feministas durante este proceso revolucionario.

Posteriormente el Código Civil napoleónico (1804), en el que se recogieron los principales avances sociales de la revolución, impuso leyes discriminatorias, según las cuales el hogar era el ámbito exclusivo de la mujer.

*Los orígenes del feminismo*

Los cambios políticos, económicos y sociales que vinieron con la Revolución Industrial, en la década de 1770, provocaron una aceleración del movimiento feminista.

En Inglaterra, en 1850 se observaba que el número de mujeres solteras mayores de 45 años había crecido entre las clases medias. El "sueño del matrimonio" registraba un cierto retroceso para muchas mujeres, no sólo como proyecto de vida, sino también como opción económica. Así, a principios del siglo XX el 70.8% de las mujeres solteras, entre 20 y 45 años, tenía un trabajo remunerado.

Otro elemento lo constituyó la incorporación masiva de la mujer al trabajo durante la Primera Guerra Mundial para sustituir a los hombres que habían marchado al frente. La consciencia de su valor social y económico alentó la demanda del derecho de sufragio.
Los objetivos del movimiento feminista en esta primera etapa fueron: el derecho al voto, mejor educación, capacitación profesional, apertura de espacios laborales y la equiparación de sexos en la familia como medio de evitar la subordinación de la mujer.

La lucha por el derecho al voto integraría a mujeres de clase alta y media, las que, a pesar de sus distintas ideologías y objetivos, coincidieron en reclamar el derecho a la participación política para reformar la legislación y en consecuencia la sociedad. El sufragismo surgió principalmente en los países capitalistas con una clase media poderosa e ideales democráticos asentados en sus instituciones políticas.

Una evolución diferente se presentó en países como Austria-Hungría y Alemania, Turquía y Rusia. El desmoronamiento de los primeros tras la Primera Guerra Mundial trajo reformas muy progresistas, el voto femenino entre ellas, sin necesidad de un fuerte movimiento sufragista. En Rusia fue posible después de la revolución de octubre de 1917. En el caso de los estados surgidos del Imperio turco: Yugoslavia, Grecia y Bulgaria, el peso de la tradición era todavía muy fuerte y no hubo sufragismo ni reformas que beneficiaran a la mujer.

En los países occidentales cabría diferenciar entre los protestantes, como Inglaterra y Holanda: más modernos y prósperos económicamente, y los católicos: Italia, España, Portugal: atrasados, tradicionales y conservadores. En los primeros hubo un movimiento sufragista fuerte, y gracias a éste consiguieron las reformas y el voto. En los segundos, con un débil movimiento sufragista y sólo tras una fuerte lucha y muy tarde, caso de Italia, o por el reformismo de sus gobernantes, caso de España, se obtuvieron estas conquistas.

Aunque la movilización a favor del voto haya sido uno de sus ejes más importantes en este primer período, no debe equipararse sufragismo y feminismo. Este último tiene una base reivindicativa muy amplia que contempla demandas sociales como la eliminación de la discriminación, acceso a la educación, trabajo igual con salario igual, con relación a los salarios de los trabajadores hombres, etcétera.

*El feminismo en Norteamérica*
(*Elizabeth Candy Staton, signataria de la Declaración de Seneca Falls)


El primer documento colectivo del feminismo norteamericano lo constituye la Declaración de Seneca Falls, aprobado en 1848 en esa localidad del estado de Nueva York.

"La historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre con respecto a la mujer, y cuyo objetivo directo es el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella. El hombre nunca le ha permitido que ella disfrute del derecho inalienable del voto. La ha obligado a someterse a unas leyes en cuya elaboración no tiene voz. Si está casada la ha dejado civilmente muerta ante la ley. La ha despojado de todo derecho de propiedad, incluso sobre el jornal que ella misma gana", dice este texto.

Tras la guerra de Secesión (1861-1865) el movimiento feminista, que se había ligado al abolicionismo, sufre una gran desilusión. Pese al triunfo de los partidarios de la supresión de la esclavitud, la XIV enmienda de la Constitución, que otorgaba el derecho de voto a los esclavos negros liberados, le negó a la mujer ese derecho.

*Feminismo y movimiento obrero* (1857-1933)

A pesar de que los plan-teamientos feministas eran interclasistas, sus ideas no lograron penetrar ampliamente en las obreras. Ni sufragistas ni feministas consiguieron movi-lizar ampliamente a las mujeres trabajadoras. Los propios ideólogos del movimiento obrero, en la primera mitad del siglo XIX, mantuvieron posturas encontradas respecto a la igualdad de derechos de la mujer.

Flora Tristán, pionera del feminismo socialista, decía en 1843: "A vosotros, obreros que sois las víctimas de la desigualdad y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo (...) y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como a vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras".

Esta posición contrasta claramente con la misoginia de algunos ideólogos del movimiento obrero como Pierre-Joseph Proudhon. Este afirmaba que una mujer igual al hombre significaría "el fin de la institución del matrimonio, la muerte del amor y la ruina de la raza humana". Para Proudhon, "no hay otra alternativa para las mujeres que la de ser amas de casa o prostitutas".

Fueron Marx, Engels y August Bebel los que establecieron las bases del pensamiento socialista sobre la situación de las mujeres. Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado equiparaba la dominación de clase con la dominación de la mujer por el hombre. Para él como para Marx, la emancipación de la mujer sólo se haría realidad tras una revolución socialista que liquidara el capitalismo, en consecuencia, la lucha de las mujeres debía ir unida a la lucha de clases, ya que no había diferencia alguna de objetivos.

Para Marx y Engels, la igualdad política entre los sexos era una condición necesaria para la plena emancipación de la sociedad. Además, los fundadores del socialismo científico entendían que la base fundamental de la emancipación femenina era su independencia económica frente al hombre.

"La mujer es un ser libre e inteligente, y como tal, responsable de sus actos, lo mismo que el hombre; si esto es así, lo necesario es ponerla en condiciones de libertad para que se desenvuelva según sus facultades. Ahora bien, si relegamos exclusivamente a la mujer a las funciones domésticas, es someterla, como hasta ahora, a la dependencia del hombre, y, por lo tanto, quitarle su libertad".

Por su parte, Bebel, dirigente socialista alemán, escribe en La mujer y el socialismo: "La mujer de la nueva sociedad será plenamente independiente en lo social y lo económico, no estará sometida lo más mínimo a ninguna dominación ni explotación, se enfrentará al hombre como persona libre, igual y dueña de su destino".

Por último, hay que destacar, dentro de la socialdemocracia alemana, la figura de Clara Zetkin (1857-1933). Fue la gran propulsora del feminismo en la Segunda Internacional o Internacional Socialista. En 1907, se celebró, bajo sus asupicios, la I Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Y en 1910, propuso a esta organización la creación del Día Internacional de la Mujer celebrado por primera vez en marzo del año siguiente. Más de un millón de mujeres participaron públicamente en él.

En ese mismo mes de 1917 más de cien obreras en huelga de la compañía Triangle Shirtwaist fueron asesinadas en un incendió de la fábrica provocado por su patrón.

*La Revolución Rusa*

El 8 de marzo se consolidó como el Día Internacional de la Mujer tras el motín de mujeres de San Petersburgo el 8 de marzo de 1917, el cual dió origen a la revolución rusa.
En el libro La revolución traicionada, de León Trotsky, se exponen las grandes conquistas que trajo para las mujeres rusas la toma del poder en octubre de 1917. Rusia fue el primer país que aprobó el aborto legal y gratuito y se dieron pasos importantes hacia la socialización del trabajo doméstico, paso ineludible para romper las cadenas que atan a las mujeres, sobre todo a las obreras. La burocratización posterior de la URSS implicó un grave retroceso en la transición al socialismo, lo se evidenció cuando Stalin promulga en 1930 una ley de familia que echaba atrás la socialización del trabajo doméstico. En 1936, se prohíbe el aborto argumentando que en el socialismo las mujeres ya podían disfrutar de la maternidad sin penuria económica.

*Avance del movimiento feminista*

La independencia económica adquirida por las mujeres y la elevación de su educación coadyuvaron a la ampliación del movimiento en pro de la igualdad de sus derechos. Este movimiento cristaliza en los años sesenta y representa un cambio cualitativo respecto del discurso, el eco y apoyo social de los movimientos sufragistas.

En estos años el movimiento feminista lucha en un doble frente: promueve la demanda de la igualdad entre los sexos mediante modificaciones en el orden jurídico y político, y a través de campañas en favor del divorcio, del derecho de aborto, de la igualdad de salarios y la no-discriminación. Por otro lado, desarrolla una crítica global a la sociedad patriarcal que va de la reivindicación de la autonomía e independencia de las mujeres, a la defensa de nuevos valores para plantear cambios sustantivos en las formas de organización y relación social.

En 1960 se inicia en los Estados Unidos la comercialización de la píldora anticonceptiva, instrumento básico en el control de su sexualidad. En diciembre de 1966 tuvo lugar la primera manifestación masiva en favor del divorcio en Italia. En 1967 se legalizó el aborto en Gran Bretaña. En diciembre de 1970 el Parlamento italiano aprueba la ley de divorcio. En marzo de 1971 tuvo lugar la primera de las grandes manifestaciones del movimiento feminista británico en Londres, bajo los lemas: a igual trabajo igual salario; igualdad de oportunidades en la enseñanza y el mundo laboral; libre circulación de los métodos anticonceptivos y liberalización del aborto; guarderías gratuitas y públicas. En 1974 se aprobó por el Parlamento francés la nueva ley del aborto. En diciembre de 1975 se celebró en Roma una manifestación que congregó a decenas de miles de personas convocadas por las organizaciones feministas en favor de la legalización del aborto.
Ese mismo mes de diciembre de 1975 entraron en vigor en Gran Bretaña la Sex Discrimination Act y la Equal Pay Act que reconocen la igualdad absoluta de ambos sexos. En 1975 tuvo lugar en Islandia la primera huelga general de mujeres, que logra paralizar al país. En 1981 se aprobó en España la ley de divorcio y en febrero de 1983 la ley de despenalización del aborto.

miércoles, abril 29, 2009

La viuda mexicana de los Mártires de Chicago

Por: Raúl Lescas Jiménez
Capítulo IX, la viuda mexicana de los Mártires de Chicago
Del libro: Historia del 1° de Mayo (en prensa)

Somos las esclavas de los esclavos.
Nos explotan más despiadadamente que a los hombres.
(Lucy González de Parsons, 27 de junio de 1905).


¿Lucy González de Parsons?, ¡ah!.. sí... es: “... una mulata que no llora”, subrayó en el papel, José Martí, el grande de Nuestra América, quien se encontraba en Nueva York el 2 de septiembre de 1886, y se enteró de los sucesos de Haymarket Square (La Plaza del Heno); tomó su pluma y la describió en una carta al diario La Nación de Buenos Aires, Argentina.

Después, quizá sin saber que esa “mulata” era de madre mexicana, se detuvo para ver porqué de los ojos de Lucy no escurrían lágrimas, cuando el Gran Jurado estadunidense, condenó a morir en la horca a su fiel compañero, Alberto Richard Parsons, uno de los ocho Mártires de Chicago.

Cuando en la sala se escuchó el veredicto de: “¡Culpables!”... ¡Morirán en la horca el próximo 11 de noviembre de 1887!, la mexicana sintió como un nudo le ahorcaba su débil garganta, pero sin hacer gestos en su cara, tragó saliva y se contuvo para no derramar lágrimas que mojaran sus pequeños ojos ante los verdugos... solo apretó el rostro contra su puño cerrado.

Tomó los cordones de una cortina, los amarró como un nudo de la ahorca y los arrojó por la ventana, para que los obreros concentrados en la plaza que cercaba al tribunal, entendieran el castigo que los capitanes de la industria le imponían a los que lucharon por reducir la jornada laboral a 8 horas.

Alberto Parsons la miró fijo y, se acordó aquel lejano día cuando la conoció en los campos algodoneros de Austin, Texas. Entonces, Lucy quizá era esclava de los racistas hacendados tejanos, quienes habían incitado a la Unión Americana a declararle la guerra a México, con tal de adueñarse de la frontera norte del México recién independizado de la Corona española.

Estados Unidos de América como se autonombraron, se expandía a caballo de la industrialización, el exterminio de las tribus nativas, entre ellos, el padre de Lucy, quien al parecer fue un indio Creek y, el arrebato de la mitad del territorio mexicano, una de cuyas víctimas fue la madre de Lucy.

La mente mulata de Lucy se cimbró con el recuerdo, que como un rayo, le trajo las imágenes del 1° de Mayo de 1886, cuando su corazón saltaba dentro del pecho al ver a los miles y miles de huelguistas que se aprestaban a movilizarse y llevó a sus pequeños hijos al desfile del Primero de Mayo; tomada de la mano de su querido Alberto, gritaba: “no queremos trabajar más de 8 horas”.

Su pequeña hija, Lulú, de escasos 8 años y, Albertito de 7, cantaban y gritaban consignas que se expandían como rocío por el pasto verde que acompaña el borde del gran lago de la ciudad industrial de Chicago, ese tocinero de mundo, aquel estibador de trigo y ¡el faquín de la Nación!, como diría el poeta Carl Sanburg.

Los Parsons nunca se imaginaron que año tras año, como los peces en la pecera, los obreros del mundo harían el mismo recorrido de Lucy, Alberto, Lulú y Albertito, ya no por el Lago Font, sino por las calles del mundo.

Muchos años antes, la familia Parsons habían emigrado desde el sur acosados por la segregación racial tejana y, se habían cobijado en la frontera norte, por el rumbo de Canadá, en la ciudad de Chicago, donde el Movimiento Obrero se organizaba tenazmente para declarar una huelga general en pro de la jornada laboral de 8 horas.

Fue el 1° de Mayo de 1886, cuando los obreros de Norteamérica decidieron tomar en sus manos sus destinos y rescribir la Historia que había arrancado cuando la inglesa Revolución industrial había atracado en el puerto de Nueva York.

Pero aquel día, 2 de septiembre, José Martí no apartaba la vista de la ventana neoyorquina, ni le temblaba la mano, cuando describió la sentencia del “Honorable” Juez:

“Allí la mulata de Parsons –refiriéndose a la mexicana Lucy González–, implacable e inteligente como él (Alberto R. Parsons), que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera. Los noticieros de los diarios se le acercan, más para tener qué decir que para consolarla. Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado.

“No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente; se pone en pie de súbito, aparta con un ademán a los que la rodean, y va a hablar de la apelación con su cuñado.”.

La escena no pudo ser más dramática, mientras soplaba el viento helado en la plaza de Chicago.

Pero Martí, impide que se le interrumpa y sigue relatando:

“La viejita ha caído en tierra (la madre de Augusto Spies). A la novia infeliz se la llevan en brazos (Nina Van Zandt). (Lucy) Parsons se entretenía mientras leían el veredicto en imitar con los cordones de una cortina que tenían el nudo de la horca, y en echarlo por fuera de la ventana, para que lo viese la muchedumbre de la plaza.

“La plaza, llena desde el alba de tantos policías como concurrentes, hubo gran conmoción cuando se vio salir del tribunal, como si fuera montado en un relámpago, el cronista de un diario, –el primero de todos. Volaba. Pedía por merced que no lo detuviesen. Saltó al carruaje que lo estaba esperando.

“–‘¿Cuál es, cuál es el veredicto?’ –voceaban por todas partes.– ‘¡Culpables!’ – dijo ya en marcha. Un hurra, ¡triste hurra!, llenó la plaza. Y cuando salió el juez, lo saludaron.”

Los sindicalistas de Chicago, entonces, desfilaron a la horca el 11 de noviembre de 1887 y se convirtieron en los Mártires de Chicago y, Lucy González de Parsons, en su viuda mexicana.

Lucía Eldine González nació en 1853 en Johnson County, Texas, es decir, a los pocos años en que este Estado pasó a formar parte de la Unión Americana, tras declarar su “Independencia” de México y la posterior Guerra de Intervención estadunidense en 1847, así como la firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848 (mediante el cual México cedió a los invasores más de la mitad de su territorio).

Y no eran pocos los mexicanos que vivían en Texas en la transición a su asimilación a los Estados Unidos. Los investigadores calcularon, con base a datos oficiales, que en 1860, sumaban las 19 mil 293 personas, aunque alertaron que era muy difícil saber con exactitud el número de mexicanos por la forma en que los gringos los contaban (“Los nativos de México, de padres mexicanos, no eran enlistados por separado. Por tanto, este sector de mexicanos es desconocido.”).

Pero Lucy Parsons, como se le conocía en el movimiento sindical, se consideraba “mexicana” y sus adversarios y enemigos se referían a ella como una “mujer de color”.

De Lucy se conoce poco de sus años mozos, pero sus biógrafos recuerdan que ella solía decir que era hija de una mexicana (probablemente María del Carmen) y de un indio Creek (quizá de nombre Jhon Waller) y, que a los tres años de edad quedó huérfana, por lo que un tío maternal la crió en un rancho de Texas. Joe Lowndes dice que una reciente investigación arrojó el dato de que probablemente Lucy estuvo esclavizada en ese rancho tejano.

El historiador James D. Cockcroft la definió como “una mujer hispano hablante de mezcla India-Africana-Mexicana, es conocido mundialmente que fue una activista obrera toda su vida.”



Homenaje a Lucy González de Parsons

La viuda mexicana de los Mártires de Chicago

Por Raúl Lescas Jiménez
Capítulo IX. Lucy González de Parsons, la viuda mexicana de los Mártires de Chicago
Del libro: Historia del 1° de Mayo (en prensa).
Escuela Nacional para Trabajadores, plantel Morelia, México, 8 de marzo de 2004



Somos las esclavas de los esclavos.
Nos explotan más despiadadamente que a los hombres.
(Lucy González de Parsons, 27 de junio de 1905).

Lucy González de Parsons, una mexicana en Chicago

¿Lucy González de Parsons?, ¡ah!.. sí... es: “... una mulata que no llora”, subrayó en el papel, José Martí, el grande de Nuestra América, quien se encontraba en Nueva York el 2 de septiembre de 1886, y se enteró de los sucesos de Haymarket Square (La Plaza del Heno); tomó su pluma y la describió en una carta al diario La Nación de Buenos Aires, Argentina.[1]

Después, quizá sin saber que esa “mulata” era de madre mexicana, se detuvo para ver porqué de los ojos de Lucy no escurrían lágrimas, cuando el Gran Jurado estadunidense, condenó a morir en la horca a su fiel compañero, Alberto Richard Parsons, uno de los ocho Mártires de Chicago.

Cuando en la sala se escuchó el veredicto de: “¡Culpables!”... ¡Morirán en la horca el próximo 11 de noviembre de 1887!, la mexicana sintió como un nudo le ahorcaba su débil garganta, pero sin hacer gestos en su cara, tragó saliva y se contuvo para no derramar lágrimas que mojaran sus pequeños ojos ante los verdugos... solo apretó el rostro contra su puño cerrado.

Tomó los cordones de una cortina, los amarró como un nudo de la ahorca y los arrojó por la ventana, para que los obreros concentrados en la plaza que cercaba al tribunal, entendieran el castigo que los capitanes de la industria le imponían a los que lucharon por reducir la jornada laboral a 8 horas.

Alberto Parsons la miró fijo y, se acordó aquel lejano día cuando la conoció en los campos algodoneros de Austin, Texas. Entonces, Lucy quizá era esclava de los racistas hacendados tejanos, quienes habían incitado a la Unión Americana a declararle la guerra a México, con tal de adueñarse de la frontera norte del México recién independizado de la Corona española.

Estados Unidos de América como se autonombraron, se expandía a caballo de la industrialización, el exterminio de las tribus nativas, entre ellos, el padre de Lucy, quien al parecer fue un indio Creek y, el arrebato de la mitad del territorio mexicano, una de cuyas víctimas fue la madre de Lucy.

La mente mulata de Lucy se cimbró con el recuerdo, que como un rayo, le trajo las imágenes del 1° de Mayo de 1886, cuando su corazón saltaba dentro del pecho al ver a los miles y miles de huelguistas que se aprestaban a movilizarse y llevó a sus pequeños hijos al desfile del Primero de Mayo; tomada de la mano de su querido Alberto, gritaba: “no queremos trabajar más de 8 horas”.

Su pequeña hija, Lulú, de escasos 8 años y, Albertito de 7, cantaban y gritaban consignas que se expandían como rocío por el pasto verde que acompaña el borde del gran lago de la ciudad industrial de Chicago, ese tocinero de mundo, aquel estibador de trigo y ¡el faquín de la Nación!, como diría el poeta Carl Sanburg.

Los Parsons nunca se imaginaron que año tras año, como los peces en la pecera, los obreros del mundo harían el mismo recorrido de Lucy, Alberto, Lulú y Albertito, ya no por el Lago Font, sino por las calles del mundo.

Muchos años antes, la familia Parsons habían emigrado desde el sur acosados por la segregación racial tejana y, se habían cobijado en la frontera norte, por el rumbo de Canadá, en la ciudad de Chicago, donde el Movimiento Obrero se organizaba tenazmente para declarar una huelga general en pro de la jornada laboral de 8 horas.

Fue el 1° de Mayo de 1886, cuando los obreros de Norteamérica decidieron tomar en sus manos sus destinos y rescribir la Historia que había arrancado cuando la inglesa Revolución industrial había atracado en el puerto de Nueva York.

Pero aquel día, 2 de septiembre, José Martí no apartaba la vista de la ventana neoyorquina, ni le temblaba la mano, cuando describió la sentencia del “Honorable” Juez:

“Allí la mulata de Parsons –refiriéndose a la mexicana Lucy González–, implacable e inteligente como él (Alberto R. Parsons), que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera. Los noticieros de los diarios se le acercan, más para tener qué decir que para consolarla. Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado.

“No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente; se pone en pie de súbito, aparta con un ademán a los que la rodean, y va a hablar de la apelación con su cuñado.”.

La escena no pudo ser más dramática, mientras soplaba el viento helado en la plaza de Chicago.

Pero Martí, impide que se le interrumpa y sigue relatando:

“La viejita ha caído en tierra (la madre de Augusto Spies). A la novia infeliz se la llevan en brazos (Nina Van Zandt). (Lucy) Parsons se entretenía mientras leían el veredicto en imitar con los cordones de una cortina que tenían el nudo de la horca, y en echarlo por fuera de la ventana, para que lo viese la muchedumbre de la plaza.[2]

“La plaza, llena desde el alba de tantos policías como concurrentes, hubo gran conmoción cuando se vio salir del tribunal, como si fuera montado en un relámpago, el cronista de un diario, –el primero de todos. Volaba. Pedía por merced que no lo detuviesen. Saltó al carruaje que lo estaba esperando.

“–‘¿Cuál es, cuál es el veredicto?’ –voceaban por todas partes.– ‘¡Culpables!’ – dijo ya en marcha. Un hurra, ¡triste hurra!, llenó la plaza. Y cuando salió el juez, lo saludaron.”.[3]

Los sindicalistas de Chicago, entonces, desfilaron a la horca el 11 de noviembre de 1887 y se convirtieron en los Mártires de Chicago y, Lucy González de Parsons, en su viuda mexicana.

Lucía Eldine González nació en 1853 en Johnson County, Texas, es decir, a los pocos años en que este Estado pasó a formar parte de la Unión Americana, tras declarar su “Independencia” de México y la posterior Guerra de Intervención estadunidense en 1847, así como la firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848 (mediante el cual México cedió a los invasores más de la mitad de su territorio).

Y no eran pocos los mexicanos que vivían en Texas en la transición a su asimilación a los Estados Unidos. Los investigadores calcularon, con base a datos oficiales, que en 1860, sumaban las 19 mil 293 personas, aunque alertaron que era muy difícil saber con exactitud el número de mexicanos por la forma en que los gringos los contaban (“Los nativos de México, de padres mexicanos, no eran enlistados por separado. Por tanto, este sector de mexicanos es desconocido.”).[4]

Pero Lucy Parsons, como se le conocía en el movimiento sindical, se consideraba “mexicana” y sus adversarios y enemigos se referían a ella como una “mujer de color”.[5]

De Lucy se conoce poco de sus años mozos, pero sus biógrafos recuerdan que ella solía decir que era hija de una mexicana (probablemente María del Carmen) y de un indio Creek[6] (quizá de nombre Jhon Waller) y, que a los tres años de edad quedó huérfana, por lo que un tío maternal la crió en un rancho de Texas. Joe Lowndes dice que una reciente investigación arrojó el dato de que probablemente Lucy estuvo esclavizada en ese rancho tejano.[7]

El historiador James D. Cockcroft la definió como “una mujer hispano hablante de mezcla India-Africana-Mexicana, es conocido mundialmente que fue una activista obrera toda su vida.”.[8]

Según una investigadora del movimiento feministas chicano, “En 1848, año en que se presenta en Seneca Falls la ‘Declaración de Sentimientos’ por las sufragistas Elizabeth Cady Stanton y Lucrecia Mott, las México-americanas comenzaban a incorporarse al territorio anexado a Estados Unidos luego de la colonización, y este período es uno de liberación de los chicanos por su tierra.” Lucy se habría integrado años después a este movimiento de las mujeres trabajadoras, ya que “mantuvo contacto con el sufragismo al igual que Emma Goldman, atraídas por las líderes Jane Addams y Florence Kelley, quienes estaban resueltas a encontrar mejores condiciones para las trabajadoras inmigrantes (Cotera, 1980, p. 224)

Los historiadores del Movimiento Obrero Chicago, la miraron de la siguiente manera: “Ejemplo de una oposición al capitalismo más ideológicamente orientada fue el de la mexicana Lucy González Parsons, que comenzó como anarquista para convertirse en socialista y comunista. Lucy Parsons, mexicano-tejana, alcanzó fama nacional debido a sus esfuerzos por salvar la vida de su marido y de los mártires anarquistas de Haymarket en 1886. Todavía en el siglo XX, siguió siendo una figura clave de los Obreros Industriales del Mundo (IWW) y de los partidos socialistas y comunistas de Estados Unidos.”.

A fines del siglo XIX, el cordón algodonero de San Antonio y Austin (Texas) rivalizaban con el Valle del Río Grande a “lo largo de la frontera, por lo que toca a número de mexicanos residentes. Fue ahí, en Austin, donde Lucy conoció a Alberto Richard Parsons, con el cual se casó en 1871 o 1872 y, años después, procreó dos hijos (Lulú y Alberto Jr.).

Como Parsons era un republicano radical, y su recién fundada familia una mezcla de razas, los tejanos lo obligaron a emigrar.

Con las escasas pertenencias y las maletas en la mano, la familia Parsons se trasladó a la ciudad industrial de Chicago en 1873; ahí Lucy abrió una pequeña tienda de ropa quizá por su afición a los campos de algodón y el trabajo de las costureras, para ayudar a la economía del hogar, mientras que Alberto laboraba en un taller de impresión, una vocación que llevaba a flor de piel.

Lucy no sólo tenía cualidades de organizadora y buena ama de casa, le tomó gusto a la lectura y empezó a redactar artículos sobre temas diversos en 1878 (sobre los sin techo, los desocupados, los vagabundos, sobre los veteranos de la Guerra Civil y, referentes al papel de las mujeres en la construcción del socialista).

Más adelante, ayudó a fundar la Unión de Mujeres Trabajadoras de Chicago, que en 1882, Los Caballeros del Trabajo la reconocieron y la sumaron a sus filas (en esos años no se permitía la militancia de las mujeres en las organizaciones). Asimismo, participó de la fundación de la Internacional Working People’s Asociation (IWPA), una organización de ideas anarquistas que promovían la “Acción Directa” contra los capitalistas.

En 1885, en plena efervescencia por la jornada de 8 horas, Lucy fue una mujer muy activa en la organización de las costureras de la industria maquiladora (sweat-shops).

Colaboraba con artículos para el periódico La Alarma, que editaba su compañero Alberto R. Parsons.

Desde esa tribuna, hizo hincapié en la defensa de los negros. En un artículo publicado el 3 de abril de 1886, denunció que los negros eran victimas sólo porque eran pobres, y planteó que el racismo desaparecería inevitable con la destrucción del capitalismo.

Durante las movilizaciones de mayo de 1886, acompañó al movimiento obrero desde el primer día. El 1° de Mayo, tomada de la mano de Alberto y sus hijos, desfiló altiva y orgullosa de pertenecer a la clase obrera industrial.

Durante los sucesos de Haymarket del 4 de mayo, junto a sus pequeños Lulú y Albertito, y su esposo, estuvo en el Salón Zept’s, por lo que nada tuvieron que ver ni ella ni su esposo, en el lanzamiento de la bomba que mató al policía Degan, razón por la cual se inculpó a los Mártires de Chicago a morir en la ahorca o purgar largas cadenas en la cárcel.

Al presentar su propia defensa, el inculpado Oscar W. Neebe, narró cómo ocurrían las cosas tras los sucesos de Haymarket: “En la mañana del 5 de mayo (1886) supe que habían sido detenidos Spies y Schwab y entonces fue también cuando tuve la primera noticia de la celebración del mitin de Haymarket durante la tarde anterior. Después que terminé mis faenas fui a las oficinas de El periódico de los obreros (Arbeiter Zeitung), en donde encontré a la esposa de Parsons y la señorita Holmes. Cuando iba a hablar con la primera de dichas señoras, entró de pronto una manada de bandidos, llamados policías, en cuyos rostros se retrataba la ignorancia y la embriaguez, gentes de peor calaña que los peores rufianes de las calles de Chicago.

“El mayor Harrison iba con estos piratas y dijo: ‘¿Quién es el director de este periódico?’ Los chicos de la imprenta no sabían hablar inglés, y como conocí a Harrison me dirigí a él y le dije: ‘¿Qué pasa, señor Harrison? Necesito –me contestó– revisar el periódico por si contiene algún artículo violento’. Yo le prometí revisarlo y lo hice en compañía del señor Hand, a quien Harrison fue a buscar. Harrison volvió a los pocos minutos y vi bajar la escalera a todos los tipógrafos; otra pandilla de rufianes policíacos entró a tiempo que la esposa de Parsons y la señorita Holmes se hallaban escribiendo. Uno que yo tenía por un caballero oficial dijo: ‘¿Qué hacéis aquí?’ Y la señorita Holmes, respondió: ‘Estoy escribiendo a mi hermano, que es editor de un periódico obrero.’

“Al oír esto aquel oficial, la agarró fuertemente por un brazo, y ante las protestas de aquella señorita gritó: ‘¡Concluye, zorra, o te arrojo al suelo!’ Repito aquí estas palabras para que conozcáis el lenguaje de un noble oficial de Chicago. Es uno de los vuestros. Insultáis a las mujeres porque no tenéis valor para insultar a los hombres. Lucy Parsons obtuvo igual tratamiento, a la vez que le aseguraban que no se publicaría más el periódico y que arrojarían por la ventana todo el material de la imprenta. Cuando oí esto, cuando vi que se pretendía destruir lo que era propiedad de los obreros de Chicago, exclamé: ‘Mientras pueda haré que el periódico se publique.’ Y volví a publicar el periódico; cuando se nos echaron encima los policíacos bandidos y todas las imprentas se negaron a imprimirlo, reunimos fondos y adquirimos imprenta propia, mejor dicho, dos imprentas; se multiplicaron los suscriptores, y en fin, los trabajadores de Chicago cuentan actualmente con todo lo necesario para la propaganda. ¡He ahí mi delito!’

Por otro relato que nos legó Alberto Parsons (véase su discurso), podemos entender que primero discutió con su esposa Lucy, su posible entrega a la policía y correr la misma suerte que sus compañeros detenidos y juzgados. Todo indica que la tenacidad, entrega y decisión de Lucy fue muy importante para acompañar a su esposo en la lucha sindical histórica de los Estados Unidos.

Tras la detención y el juicio a los inculpados por los sucesos de Haymarket, Lucy recorrió el país (cargando a sus pequeños hijos), generando un gran movimiento en defensa de los inculpados. Un historiador escribió: “La protesta solitaria de Lucy creció hasta alcanzar a millones”

Tras el ahorcamiento de su esposo, Lucy siguió recorriendo el país, organizando a las trabajadoras y escribiendo para los periódicos sindicalistas.

Contribuyó a la fundación de la organización denominada Defensa Internacional del Trabajo (ILO, por sus siglas en inglés). Participó en las movilizaciones de 1890, cuando se conmemoró por primera vez el 1° de Mayo, en Estados Unidos.

Lucy no podía faltar a la constitución de los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW, por sus siglas en ingles), conocidos con el sobrenombre de Wobblies. Apenas contaba con 52 años de edad y, dos vientos del cambio soplaban para el mundo del trabajo: el nacimiento de una nueva central sindical combativa en los Estados Unidos y, aunque parecía muy lejano, el soplido de la primera Revolución Rusa de 1905.

El congreso fundacional de la IWW, arrancó en la ciudad de Chicago el 27 de junio de 1905, tras emitirse un famosos Manifiesto, cuya ideología estaba salpicada por el anarcosindicalismo: “debe establecerse como organización económica de la clase trabajadora, sin afiliarse a ningún partido político. Todo el poder debe descansar en una afiliación colectiva.”.

Lucy no firmó ese Manifiesto, solamente, entre las sindicalistas, la famosa Mamá Jones, rodeada de puros varones que formaban parte del Comité Organizador.

Sin embargo, nos cuenta el prestigiado historiador del Movimiento Obrero Estadunidense, Philip S. Foner, en su monumental Historia de Las Mujeres y el Movimiento Laboral Americano: “a la Convención llegaron 12 delegadas, incluyendo a Mamá Jones, Lucy (González) Parsons (la viuda de uno de los Mártires de Haymarket), Emma F. Langdon de la Unión Tipográfica No. 49 de Denver, y Huella Twinning, delegada de la Unión Federal No. 252 del Sindicato Americano No. 3 y, un movimiento sindical industrial activo, principalmente en el oeste y precursor inmediato del IWW. En el nombramiento de Mamá Jones, Langdon fue designada la Secretaria Auxiliar de la Conferencia, y Twining sirvió como Maestra de Ceremonias al cierre de los discursos”.

Lucy Parsons, fue la única de las doce delegadas que se dirigió a la Convención por unos minutos.

En aquella histórica sesión del 29 de junio de 1905, con voz pausada, la viuda de los Mártires de Chicago, dijo al auditorio:

“He tomado la palabra porque ninguna otra mujer ha respondido, y siento que no estoy fuera de lugar para decir a mi manera algunas pocas palabras sobre este movimiento.

“Nosotras, las mujeres de este país, no tenemos ningún voto, ni aunque deseáramos utilizarlo, y la única manera que podemos estar representadas es tomar a un hombre para representarnos. Ustedes los hombres han hecho de él tal lío en la representación de nosotras que no tenemos mucha confianza en preguntarles; y yo me sentiría rara al pedirle a un hombre que me represente. No tenemos ningún voto, sólo nuestro trabajo... Somos las esclavas de los esclavos. Nos explotan más despiadadamente que a los hombres. Dondequiera que los salarios deban ser reducidos, los capitalistas utilizan a las mujeres para reducirlos, y si hay cualquier cosa que ustedes los hombres deben hacer en el futuro, es organizar a las mujeres.”

Y, como Lucy no era partidaria de la lucha electoral, dejó muy en claro sus verdaderas ideas:

“Creo que si cada hombre y cada mujer que trabaja, o quienes laboran en las minas, molinos, talleres, campos, fábricas y las granjas en nuestra amplia América, deben decidir lo que por derecho les pertenece, entonces ningún ocioso vivirá en su trabajo, y cuando su nueva organización, su organización económica, declarará al hombre como hombre y a la mujer como mujer, como hermanos y hermanas, ustedes determinarán que cosas poseen, pues no hay ningún ejército por grande que sea para superarlos, porque vosotros constituyen un ejército."

En ese lejano año de 1905, había estallado la primera Revolución Rusa, por lo que Lucy, volvió a tomar la palabra para decirles a los delegados Wobblies: “deben imbuirse del espíritu que ahora se despliega en la lejana Rusia y Siberia, dónde nosotros pensábamos que la chispa de la hermandad se había apagado. Tomemos su ejemplo".

En el XX Aniversario del ahorcamiento de los Mártires de Chicago (11 de noviembre), Lucy, recordó en 1907 que las manifestaciones llevadas a cabo en Chicago, “son un gran éxito desde muchos puntos de vista”, ya que notablemente habían participado “un número creciente de gente joven”. Por lo cual, haciendo referencia a las palabras de Alberto Parsons, escribió: “La voz del pueblo todavía será escuchada”.

El 15 de diciembre de 1911, escribió un balance sobre los efectos que produjo la publicación de Los famosos discursos de los Mártires de Haymarket, donde señaló: “A 18 meses de que los publiqué (...) En este tiempo he viajado de Los Ángeles a Vancouver, de California a la ciudad de Nueva York, dos veces. He dedicado mis energías enteras a los Locales (sindicales)... El resultado es que he vendido 10.000 copias...” y anunció “la sexta edición, con 12.000” ejemplares más.

Lucy afirmó contundentemente: “Miro estos discursos como el pedazo más grande de la literatura de la propaganda (revolucionaria)...”

El 1° de Mayo de 1912, Lucy recordó, en un artículo, la tragedia de La Plaza del Heno: “El mitin de Haymarket es referido históricamente como ‘el alboroto de los anarquistas de Haymarket’. No había alboroto en Haymarket a menos que la policía se desenfrene. El Alcalde Harrison asistió al mitin (...). La gran huelga de mayo de 1886 fue un acontecimiento histórico de gran importancia, ya que era la primera vez que los trabajadores mismos habían procurado conseguir un día laborable más corto por la acción unida, simultánea.... Esta huelga fue la primera Acción Directa a gran escala”.

Lucy, adelantándose a su tiempo sentenció: “Por supuesto, la jornada de ocho horas es tan anticuada como las uniones (sindicatos) mismas. Debemos agitar hoy por una jornada laborable de cinco horas.”.

En 1913, a los 60 años de edad, fue arrestada por la policía en Los Ángeles, CA., pero recibió una gran solidaridad, especialmente, de los trabajadores de San Francisco, quienes se movilizaron en su defensa.

En 1926, Lucy escribió: “Parsons, Spies, Lingg, Fischer y Engel: ustedes no están muertos. Ustedes están empezando a vivir en los corazones de todos los verdaderos amantes de la libertad. Ahora, después de cuarenta años que ustedes se han ido, miles que entonces eran nonatos, están ávidos por aprender de sus vidas y martirio heroico, y cuando los años se alargan, el más brillante lustrará sus nombres, y ustedes llegarán a ser apreciados y amados.”

Por el contrario Lucy, sentenció sobre los verdugos de Chicago: “Aquéllos que tan suciamente los asesinaron, bajo los formulismos de ley en una Corte de supuesta justicia, serán olvidados.”

Terminó su escrito con las siguientes palabras: “Descansen, camaradas, descansen. ¡Todos los mañanas son suyos!”.

En 1927, formó parte del Comité Nacional de Defensa del Trabajo Internacional, que defendió a los activistas sindicales y afro-americanos como Angelo Herndon.

Muchos años después, en noviembre de 1937, Lucy recordó la mañana en que llevó a sus dos hijitos a darle el último adiós a su querido Alberto Parsons: “En esa mañana melancólica del 11 de noviembre de 1887, llevé a nuestros dos pequeños niños a la cárcel para darle mi adiós a mi amado. Encontré la cárcel sellada por fuera con cables pesados. Los policías con sus pistolas caminaban por el recinto.

“Yo les pedí que nos permitieran ir con nuestro amado antes de que lo asesinaran. No dijeron nada. Entonces les dije: ‘dejen a estos niños dar a su padre el adiós; déjenlos recibir su bendición. No pueden hacer ningún daño’.

En pocos minutos una patrulla nos detuvo y nos encerraron en la comisaría de la policía, mientras el hecho infernal se consumaba. Oh, miseria, he bebido la taza del dolor a sus heces, pero sigo siendo una rebelde”.

A los 89 años, Lucy seguía activa, cuando la muerte la sorprendió en Chicago, al incendiarse su hogar en el año de 1942.

Tras 62 años de activismo político-sindical, su vida se esfumó, pero la policía de Chicago, la seguía considerando una amenaza, por lo que sus documentos personales fueron sustraídos de aquel hogar destruido.

En México no se le ha recordado, desde que en 1892, se organizó la primera conmemoración del 1° de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores y de los Mártires de Chicago.

El 1 de julio de 1992, en Boston, se fundó el Centro de Lucy Parsons, a partir del Almacén Rojo del Libro, constituido en 1969. Dicho Centro funciona como una librería, además de ser una organización no lucrativa y sostenida por sus simpatizantes, según lo informan en su página Web.

En el local del Frente Auténtico del Trabajo (FAT), de la ciudad de México, se encuentra un mural donde está dibujada Lucy. El Mural fue pintado en colaboración con la Union Electric (UE) de EUA. Hasta donde sabemos, es el único lugar de México dónde se le recuerda de ésta manera.

Lucy González Parsons debe figurar entre las grandes sindicalistas que hicieron posible la conquista de la jornada laboral de 8 horas para los trabajadores del mundo, por ello, su nombre debe estar también escrito, a la par que los Mártires de Chicago.

Lucy no fue la única mujer, ni la única trabajadora o sindicalista que puso su grano de arena en pro de los derechos femeninos en la Unión Americana, a fines del siglo XIX y principios del XX; pero para los mexicanos debe ser una figura representativa de su época, precisamente por tratarse de una paisana nuestra; una de las últimas mujeres nacida de madre mexicana cuando Texas nos pertenecía.

Junto a su nombre, también figuran grandes mujeres estadunidenses de origen irlandés, como Mamá Jones; o las nativas representadas por Emma F. Langdon (de la Unión Tipográfica de Denver, Colorado) y Huella Twinning (miembro de la Unión Federal del Sindicato Americano No. 3) entre muchas otros nombres femeninos que a base de mucha lucha, sacrificio y tenacidad, fueron conquistando los derechos humanos, laborales y políticos para las trabajadoras en el país que en ese entonces empezaba a despuntar como el “gendarme del mundo”.