jueves, agosto 11, 2011

Ellas, Las Inventoras...

Por Roberto Pérez Betancourt / Revista Mujeres
Lavaplatos, limpiaparabrisas, pañales desechables, sustancias químicas de múltiples aplicaciones en la industria, todo esto y muchísimo más ha sido obra del anónimo ingenio femenino a través de la historia.

“Inventar” es verbo transitivo que puede referir acepciones profundas, y también pintorescas y hasta humorísticas, según el argot de diferentes pueblos.

Los diccionarios resumen el Inventar más o menos así: Hallar o descubrir a fuerza de ingenio y meditación, o por azar, una cosa nueva o no conocida. También: Crear su obra el poeta o el artista. Y más aún: Fingir hechos falsos.

Si a Inventar unimos el sustantivo mujer, el tema se complica cuando a escala popular indagamos sobre el conocimiento y las interpretaciones que los hombres dicen tener sobre las innovaciones de ellas.

Las respuestas suelen estar cargadas de humor vernáculo, matizado de clásico machismo. Uno de los opinantes simplemente acotó: "Inventos los de mi mujer cada vez que se va de fiesta. Pienso escribir un libro con sus aventuras. Lo titulare "Como desear creer en lo imposible".

A pesar de los agnósticos, en realidad se trata de asunto muy serio, pues alrededor del 20 por ciento de los inventos más populares han sido obra de mujeres en diversas partes del mundo, la mayoría de ellas todavía verdaderas desconocidas, según refieren estudiosos del tema.



Para que una iniciativa sea considerada invento debe poseer características esenciales, de acuerdo con definiciones clásicas de las oficinas de registro de patentes en todos los países.

Esas condiciones incluyen superar las soluciones conocidas para el tema que aborde el pretendido invento, y que ellas no se deriven del estado actual de la técnica.

La historia de múltiples aportes femeninos se pierde en la memoria no escrita de siglos atrás, hasta que en 1637 fue registrada la primera patente otorgada a una mujer, afirman expertos, y añaden que hasta el año 1914 hubo más de 500 mujeres conocidas como inventoras, inspiradas en simplificar tareas domésticas.

Entre los más citados inventos destacan el aparato mecánico para fregar vajillas, presentado por Josephine Cochran en el año 1886 en la Feria Universal de Chicago, EE.UU., del cual enseguida se sirvieron hoteles y restaurantes, y el pañal desechable, en 1951, creación de la desesperada madre Marion Donovan.

Estudiosos señalan que en algunos inventos se ha omitido la inclusión de iniciativas femeninas, como en el caso de Ada Lovelace, que tuvo destacada participación en el llamado Motor Analítico, en verdad una de las primitivas “computadoras” creadas por Charles Babbage en fecha tan temprana como 1842.

La escritora Déborah Jaffe sostiene en su libro sobre Mujeres Ingeniosas, que algunos de los inventos de las mujeres ayudaron a cambiar el mundo, entre los que cita el limpia parabrisas de Mary Anderson, que en el año 1903 obtuvo la patente para introducirlo en la producción de la firma Ford, y en 1916 fue adoptado por todos los fabricantes de autos en Estados Unidos.

En otro libro titulado Mujeres Inventoras, las escritoras españolas Raquel Barcos y Eulalia Pérez, incluyen a Patsy Sherman, quien casualmente dio con un impermeabilizante para telas, mientras realizaba ensayos químicos en busca de otra cosa, lo que demuestra el papel de la casualidad en algunos de los hallazgos famosos.

Allí también están Patricia Billings, autora de un material de construcción incombustible y de gran dureza, y Erna Schneider, autora de un sistema de conmutación telefónica, considerado por expertos como uno de los primeros programas computadorizados.

También una mujer fue la primera que posibilitó mirar el fondo de los océanos: Sarah Nather patentó un telescopio y una lámpara para uso submarino.

Entre las inventoras más recientes aparece Stephanie Kwolek, creadora en 1971 del Hevlar, material que se utiliza dentro de los chalecos antibalas y en la confección de piernas y manos artificiales, así como Bárbara Askins, quien desarrolló un método para revelar fotos del espacio.

En realidad, mujeres de todas las latitudes, científicas, técnicas o simples amas de casa, se entrenan cada día en múltiples y diversas actividades, en sus hogares o centros laborales, lo que las obliga a ejercitar la imaginación para hallar soluciones prácticas a asuntos cotidianos, y este es denominador bastante común en la inspiración de las autoras de invenciones.

Expertos auguran que la actual centuria será pródiga en los aportes femeninos en todas las esferas, a pesar de prejuicios que todavía lastran el reconocimiento que merece la inteligencia y la capacidad femeninas.

Fuente: TV Yumurí

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