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martes, septiembre 23, 2008

Ángela Davis: un compromiso de clase



Ser mujer, comunista y negra no le resultó nada fácil a Davis durante los 70 en EEUU.Pero tampoco les resulta nada fácil a quiénes lo son en la actualidad.

Ángela Davis soportó la explotación y la represión en uno de los estados capitalistas que cuenta con las persecuciones más duras en contra del movimiento comunista.


De la misma manera, hoy en día, mujeres negras y trabajadoras de todo el mundo siguen explotadas por un sistema capitalista que utiliza el racismo y el sexismo para segregar a la clase trabajadora, atomizarla y hacerla insignificante.

Angela Davis fue encarcelada y acusada de dar armas a Jonathan Jackson, quien había participado en un secuestro con el fin de liberar a otros activistas del movimiento de liberación negro. Su juicio fue uno de los momentos más emblemáticos que se recuerda de aquella época ya que creó redes de solidaridad masivas que apoyaron a Davis. Después de varios intentos por acabar con ella, los poderosos nunca pudieron callarla.

Racismo y capitalismo

Davis participó en el movimiento contra la guerra de Vietnam, pero fue como miembro de los Black Panther donde Davis comenzó a desarrollar su pensamiento político. El movimiento pacífico que se creó para acabar con la segregación racial en el Sur de EEUU, liderado por Martin Luther King, sufrió una gran represión y parte de ese movimiento vio necesario tomar las armas para defenderse. Los Black Panther tomaron una posición radical de autodefensa que estuvo estrechamente relacionada con el avance de su teoría política. Mientras que otros grupos hablaban del fin del racismo en abstracto, los Black Panther relacionaban la explotación capitalista con la racista.

Davis declaró en una ocasión que "el único camino verdadero para la liberación de la gente negra es el que trabaja hacia la total desaparición de la clase capitalista en este país". Esta luchadora llevó la perspectiva de clase al centro de cualquier debate sobre explotación. Lo que diferencia a Davis de otras activistas feministas es que ella supo discernir con magnífica clarividencia que la explotación racista y sexista son intrínsecas al sistema capitalista.

Sexismo y clase

En su libro "Mujeres, raza y clase", Ángela Davis traza la historia de las mujeres negras trabajadoras y su relación con las activistas feministas blancas de clase burguesa. Davis explica que el movimiento sufragista, que se inicia en EEUU a principios del s. XIX, se desarrolló completamente alejado de las mujeres negras trabajadoras del campo. Para éstas últimas, las reivindicaciones políticas y el uso de la papeleta en las urnas no le suponían un cambio en la situación de explotación económica que tenían que soportar día a día. Así, en su libro, explica: "los poderes cegadores de la ideología le hacían ser incapaz [a feministas burguesas] de comprender que las trabajadoras al igual que las mujeres negras, estaban esencialmente unidas a los hombres con quiénes compartían la explotación de clase y la opresión racista ya que ninguna discrimina entre los sexos". Afirmar que la liberación de la mujer pasa por el derrocamiento del sistema capitalista lleva consigo riesgos que Davis decidió asumir como feminista. Pero no solo fue ella. Lucy Parsons, Anita Whitney, Claudia Jones, etc.
son ejemplos de mujeres trabajadoras que fueron conscientes de la fuerza de la lucha de clases para la consecución de la liberación real de la mujer de todos sus yugos: del capital, de la raza, del sexo… Conscientes de la necesidad de unión con nuestros compañeros para la consecución de un mundo sin clases y sin diferencias que nos segreguen y nos atomicen.

Un recuerdo a la partida de Celia Hart Santamaría



Víctimas de un lamentable accidente de tránsito, fallecieron en la tarde del domingo 7 de septiembre, Celia y Abel Hart Santamaría.

Celia; física con estudios en Alemania. Comunista cubana, internacionalista y defensora de la revolución bolivariana; hija de la heroína Haydee Santamaría y del dirigente y ex ministro Armando Hart.


A su partida, desde Género con Clase extendemos nuestro pesar, por la significativa pérdida que para la causa revolucionaria latinoamericana y caribeña representa este suceso.

De igual manera, valoramos en Celia a una Mujer revolucionaria, identificada con la causa de las y los oprimidos y explotados, por lo que no nos hacemos eco de diferencias que excusan que se valore su aporte; valioso, considerable y concreto.

Para Celia la Revolución Bolivariana juega un papel estelar en el escenario internacional de allí que señalaba,

“lo primero es volcarse completamente en defensa y por el triunfo del proceso revolucionario en Venezuela. Eso no quiere decir, alguna gente me ha podido malinterpretar, que hay que hacer todo lo que diga el comandante Chávez. Creo que todos los trabajadores de Venezuela tienen un deber que les trasciende como nación y es que por primera vez en mucho tiempo, quizás el antecedente pudiera ser la II República española y la frustrada revolución española, Chávez haya o no leído de marxismo ha identificado con claridad al imperialismo y a la oligarquía como el enemigo de clase. Esto significa que la única manera de conseguir la liberación de Venezuela como nación de la opresión del imperialismo es de la mano de la revolución social. Aunque Chávez diga que esto no es una revolución socialista, los hechos hay que interpretarlos no por lo que dice la gente sino por lo que son. Ahí esta el enemigo de clase, y es inevitable que la revolución social se de vinculada a todas las reivindicaciones del pueblo oprimido. Internacionalmente todos los que luchamos por la causa de los trabajadores y creemos que la solución de los problemas de este planeta está en la revolución socialista tenemos que comprometernos con esta revolución hasta los tuétanos.”

Celia señaló ante la partida de la también revolucionaria cubana Vilma Espín, hace poco más de un año:

“Si algo no era la hermosa Vilma...era ser pequeña. Era grande en todo, y sobre todo en su confianza en el futuro .Hay que avanzar para ser como ella pero, hasta que no entiendan los resortes últimos, qué moviliza al corazón y al pensamiento, seguiremos esta ruta peligrosa de no sabernos identificar frente al Capital, estos los que no tenemos nada que perder.”

Para Celia, el Che hoy nos anda por dentro, nos está fermentando:

"El Che está aquí reclamando que hagamos en América los muchos Vietnam, que no nos paremos, que la revolución es la única manera de ser feliz".

Sus palabras para recordar la partida del Comandante Che, son ahora válidas para su propia partida.

“les pido que no estemos tristes, es un día de combate, es el momento de la izquierda, nunca más a la derecha, no le permitamos a nuestros gobernantes que se apropien de la idea de revolución ".


En un mensaje de esperanza y unidad latinoamericana refirió este mensaje que debe valorarse como un legado para elevar la mística revolucionaria de nuestros pueblos en el camino de la emancipación:

"hay un puente por debajo del mar entre Cuba y Argentina (que atraviesa NUESTRA AMÉRICA), y es el Che, entre ustedes y nosotros vamos a defender esta bandera, es lo que está en las playeras de los jóvenes: hasta el fin, hasta que se apoye el sol, está el Che vivo. Hasta la victoria siempre".

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE CAMARADA…

Aborto, ciencia y vida



Por: Narciso Isa Conde / Aporrea

La actual campaña conservadora contra el aborto terapéutico se apoya en una supuesta defensa de la vida de los seres humanos. Y esto nos remite tanto a la definición y existencia de esos seres vivientes como a la preeminencia de la cultura de la muerte desde la actual dominación capitalista, neoliberal, patriarcal y ecocida asumida indolentemente por no pocos de sus mentores.


El espermatozoide es un ente con vida, más no un ser humano vivo. Igual el óvulo y tambien el embrión que resulta de su unión fecundada.

El embrión de un ser humano- esto ha sido probado científicamente- no equivale al ser humano, no es un niño o una niña. Es algo que podría convertirse en vida humana, pero no lo es. El embrión aún no piensa, no tiene sentimientos, no es un ser conformado, ni siquiera en su mínima expresión.

El embrión –ya existen métodos de laboratorio para determinarlo- puede tener una evolución normal o anormal. En dependencia de esa evolución, la vida humana que podría resultar de ella, bien puede ser biológicamente normal o por el contrario devenir en tragedia individual, familiar y social.

La evolución del embrión, además, puede o no poner en riesgo la vida o la salud (mental y física) de la mujer que lo concibe y aloja en su útero, con o sin su voluntad y deseo.

El aborto, la extracción del embrión, puede producirse sin que medie la inducción, la acción consciente para provocarlo. Esa pérdida nadie ha sido capaz de equipararla a la muerte de un(a) niño(a). Ni siquiera la interrupción del embarazo en el período fetal (algo que podría ser necesario por dramáticas razones de salud) son hechos igualables.

El aborto puede ser provocado en condiciones científicamente reguladas o sin esas condiciones. Se trata del aborto inducido.

La muerte de los espermatozoides y de los óvulos antes de fecundar- aunque cada uno representa potencialmente la mitad de un embrión y del producto de su evolución- no equivale a la muerte de un(o de medio) ser humano. Sus muertes inducidas tampoco pueden ser calificadas de crímenes.

Si fuera así habría que calificar la masturbación o el orgasmo en pareja, sin fines de reproducción – fenómenos tan naturales como la vida misma, y tan placenteros e inofensivos como otros actos sublimes de la existencia humana- como genocidio.

El embarazo puede ser o no deseado. El embrión puede ser normal o anormal. Su conversión en feto y su evolución posterior podría ser normal o anormal, generar felicidad o infelicidad, vida humana o muerte humana.

Por eso la defensa dogmática del embrión no siempre equivale a la defensa de la vida y de la salud. Ni para el ser en gestación, ni para la madre que lo acoge en su vientre.

Imaginemos un embarazo cuya evolución ponen en riesgo la vida de una madre. ¿Quién atenta contra la vida, quien propicia la interrupción terapéutica de ese embarazo o quien impone su desarrollo hasta provocar la muerte de la madre?

Imaginemos un embrión tan afectado como para producir un ser humano que por sus niveles de dependencia es incapaz de vivir feliz y que más bien es generador de infelicidad. ¿Es un acto de defensa de la vida obligar a su evolución y nacimiento?

Imaginemos una niña de 12, 13, 14, 15 años, violada y embarazada. Un embarazo en un ser sin capacidad aún para ser madre en su sentido pleno, abandonada además por el hombre que la embarazó. Imaginemos las circunstancias que rodean a un embarazo no deseado por la madre ¿Qué le espera a esa criatura y a esa jovencita?

¿Por qué castigar, por qué penalizar la suspensión voluntaria del embarazo en circunstancias generadoras de muerte e infelicidad? ¿Por qué negarla a la mujer embarazada y/o a la pareja el derecho a decidirse por el aborto terapéutico?

¿Acaso esa interrupción salvadora es condenable? ¿Acaso es algo virtuoso y humano aceptar pasivamente la infelicidad y la muerte que puede generar el permitir su evolución y desenlace fatal?

Precisamente la defensa de una vida física y mentalmente saludable, la prevención de la muerte física y espiritual, o de trastornos y sufrimientos mayores es lo que aconseja el aborto terapéutico. Y más aun la despenalización de toda interrupción de los embarazos no deseados o clínicamente necesarios, decididos por la madre o por la pareja y ejecutado en armonía con las exigencias médicas.

Penalizarlo es precisamente parte de la cultura de la muerte por doble vía: por lo que implica su no interrupción en término de muerte física y espiritual y por la consecuencia de la proliferación del aborto ilegal en condiciones de alto riesgo para la madre. Demostrado está que la prohibición del aborto conduce al desarrollo de la práctica del mismo en condiciones de insalubridad, especulación y extorsión comercial.

Oponerse a la despenalización del aborto equivale a la negación de un derecho humano fundamental y muy especialmente conduce a la violación de la soberanía de la mujer sobre su propio cuerpo y al atropello de su propia vida.

Aquí, ahora solo se discute lo relativo al aborto terapéutico. La pretensión de mantenerlo penalizado está siendo sostenida con argumentos religiosos- fundamentalistas, a los que se subordinan temerosos empresarios, políticos y funcionarios corrompidos; responsables, por demás, de todas las formas de atentado contra la vida (patriarcado, capitalismo, neoliberalismo, empobrecimiento, corrupción, desigualdades, saqueo, depredación, gansterización del Estado y la política…).

Visto desde la ciencia y desde el más elemental sentido de humanidad se trata de un nuevo intento, en pleno siglo XXI, de perpetuación de un crimen larga data, institucionalizado por las fuerzas del oscurantismo y el espíritu inquisidor.

Así, en nombre de la defensa de la vida, se promueve la muerte. El “mundo al revés” como diría Eduardo Galeano.