Mostrando entradas con la etiqueta imagen y medios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta imagen y medios. Mostrar todas las entradas

martes, enero 06, 2015

El fin de la televisión de masas

Ignacio Ramonet

Cubadebate La televisión sigue cambiando rápidamente. Esencialmente por las nuevas prácticas de acceso a los contenidos audiovisuales que observamos sobre todo entre las jóvenes generaciones. Todos los estudios realizados sobre las nuevas prácticas de uso de la televisión en Estados Unidos y en Europa indican un cambio acelerado. Los jóvenes televidentes pasan del consumo "lineal" de TV hacia un consumo en "diferido" y "a la carta" en una "segunda pantalla" (ordenador, tablet, smartphone). De receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, "productores-difusores", o productores-consumidores (prosumers).

En los primeros años de la televisión, el comportamiento tradicional del telespectador era mirar los programas directamente en la pantalla de su televisor de salón, manteniéndose a menudo fiel a una misma (y casi única) cadena. Con el tiempo todo eso cambió. Y llegó la era digital. En la televisión analógica ya no cabían más cadenas y no existía posibilidad física para añadir nuevos canales, porque un bloque de frecuencia de seis megahercios equivale a una sola señal, un solo canal. Pero con la digitalización, el espectro radioeléctrico se fracciona y se optimiza. Por cada frecuencia de 6 MHz, en vez de una sola cadena, se pueden ahora transmitir hasta seis u ocho señales, y se multiplica de ese modo la cantidad de canales. Donde antes, en una zona había siete, ocho o diez canales, ahora hay cincuenta, sesenta, setenta o centenares de canales digitales…

Esa explosión del número de cadenas disponibles, particularmente por cable y satélite, dejó obsoleta la fidelidad del telespectador a un canal de preferencia y suprimió la linealidad. Como en el restaurante, se abandonó la fórmula del menú único para consumir platos a la carta, simplemente zapeando con el mando a distancia entre la nueva multitud de canales.

La invención de la Web –hace 25 años– favoreció el desarrollo de Internet y el surgimiento de lo que llamamos la "sociedad conectada" mediante toda clase de links y enlaces, desde el correo electrónico hasta las diferentes redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) y mensajerías de texto y de imagen (WhatsApp, Instagram, etc.). La multiplicación de las nuevas pantallas, ahora nómadas (ordenadores portátiles, tablets, smartphones), ha cambiado totalmente las reglas del juego.

La televisión está dejando de ser progresivamente una herramienta de masas para convertirse en un medio de comunicación consumido individualmente, a través de diversas plataformas, de forma diferida y personalizada.

Esta forma diferida se alimenta en particular en los sitios de replay de los propios canales de televisión, que permiten, vía Internet, un acceso no lineal a los programas. Estamos presenciando el surgimiento de un público que conoce los programas y las emisiones pero no conoce forzosamente la parrilla, ni siquiera el canal de difusión al que pertenecen esos programas originalmente.

A esta oferta, ya muy abundante, se le suman ahora los canales online de la Galaxia Internet. Por ejemplo, las decenas de cadenas que YouTube difunde, o los sitios de vídeo alquilados a la carta. Hasta el punto de que ya no sabemos siquiera lo que la palabra televisión significa. Reed Hastings, director de Netflix, el gigante estadounidense del vídeo en línea (con más de 50 millones de suscriptores), declaró recientemente que "la televisión lineal habrá desaparecido en veinte años porque todos los programas estarán disponibles en Internet". Es posible, pero no es seguro.

También están desapareciendo los propios televisores. En los aviones de la compañía aérea American Airlines, por ejemplo, los pasajeros de clase ejecutiva ya no disponen de pantallas de televisión, ni individuales, ni colectivas. Ahora, a cada viajero se le entrega una tablet para que él mismo se haga su propio programa y se instale con el dispositivo como mejor le convenga (acostado, por ejemplo). En Norvegian Air Shuttle van más lejos, no hay pantallas de televisión en el avión, ni tampoco entregan tablets, pero el avión posee wi-fi y la empresa parte del principio de que cada viajero lleva una pantalla (un ordenador portátil, o tablet, o smartphone) y que basta pues con que se conecte, en vuelo, al sitio web de la Norvegian para ver películas, o series, o emisiones de televisión, o leer los periódicos (que ya no se reparten…).

Jeffrey Cole, un profesor estadounidense de la Universidad UCLA, experto en medios en Internet y redes sociales, confirma que la televisión se verá cada vez más por la Red. Nos dice: "En la sociedad conectada la television sobrevivirá, pero disminuirá su protagonismo social; mientras que las industrias cinematográfica y musical podrían desvanecerse".

Sin embargo Jeffrey Cole es mucho más optimista que el patrón de Netflix, ya que afirma que, en los próximos años, el promedio de tiempo consagrado a la televisión pasará de entre 16 a 48 horas a la semana actualmente, hasta 60 horas, dado que la televisión, dice Cole, "va saliendo de la casa" y se podrá ver "en todo momento", gracias a cualquier dispositivo-con-pantalla, con sólo conectarse a Internet o mediante la nueva telefonía 5G.

También hay que contar con la competencia de las redes sociales. Según el último informe de Facebook, casi el 30% de los adultos de EE UU se informa a través de Facebook y el 20% del tráfico de las noticias proviene de esa red social. Mark Zuckerberg afirmó hace unos días, que el futuro de Facebook será en vídeo: "Hace cinco años, la mayor parte del contenido de Facebook era texto, ahora evoluciona hacia el vídeo porque cada vez es más sencillo grabar y compartir".

Por su parte, tambien Twitter está cambiando de estrategia: y está pasando del texto al vídeo. En un reciente encuentro con los analistas bursátiles de Wall Street, Dick Costolo, el consejero delegado de Twitter, reveló los planes del futuro próximo de esa red social: "2015 –dijo– será el año del vídeo en Twitter". Para los usuarios más antiguos, eso tiene sabor a traición. Pero según Costolo, el texto, su esencia, los célebres 140 caracteres iniciales, está perdiendo relevancia. Y Twitter quiere ser el ganador en la batalla del vídeo en los teléfonos móviles.

Según los planes de la dirección de Twitter, se pueden subir vídeos desde el móvil a la red social a partir de ahora, a comienzos de 2015. Se pasará de los escasos seis segundos actuales (que permite la aplicación Vine), a añadir un vídeo, tan largo como sea, directamente en el mensaje.

Google también quiere ahora difundir contenidos visuales destinados a su gigantesca clientela de más de mil trescientos millones de usuarios que consumen unos seis mil millones de horas de vídeo cada mes… Por eso Google compró YouTube. Con más de 130 millones de visitantes únicos al mes, en Estados Unidos, YouTube tiene una audiencia superior a la de Yahoo! En Estados Unidos, los 25 principales canales online de YouTube tienen más de un millon de visitantes únicos a la semana. YouTube ya capta más jóvenes de entre 18 y 34 años que cualquier otro canal estadounidense de televisión por cable.

La apuesta de Google es que el vídeo en Internet va a terminar poco a poco con la televisión. John Farrell, director de YouTube en América del Sur, prevé que el 75% de los contenidos audiovisuales serán consumidos vía Internet en 2020.

En Canadá, por ejemplo, el vídeo en Internet ya está a punto de sustituir a la televisión como medio de consumo masivo. Según un estudio de la empresa de sondeos Ipsos Reid and M Consulting "el 80% de los canadienses reconocen que cada vez ven más vídeos en línea en la Red", lo que significa que, con semejante masa crítica (¡80%!), se acerca el momento en que los canadienses verán más vídeos y programas en línea que en la televisión.

Todos estos cambios se perciben claramente no sólo en los países ricos y desarrollados. También se ven en América Latina. Por ejemplo, los resultados de un estudio, realizado por la investigadora mexicana Ana Cristina Covarrubias (directora de la empresa Pulso Mercadológico) confirman que la Red y el ciberespacio están cambiando aceleradamente los modelos de uso de los medios de comunicación, y en particular de la televisión, en México.

La encuesta se refiere exclusivamente a los habitantes del Distrito Federal de México y concierne a dos grupos precisos de población: 1) jóvenes de 15 a 19 años; 2) la generación anterior, padres de familia de entre 35 y 55 años de edad con hijos de 15 a 19 años. Los resultados revelan las siguientes tendencias:

1) tanto en el grupo de los jóvenes como en la generación anterior, las nuevas tecnologías han penetrado ya en elevada proporción: el 77% posee teléfono móvil, el 74% ordenador, el 21% tablet, y el 80% tiene acceso a Internet.

2) El uso de la televisión abierta y gratuita está bajando y se sitúa apenas en el 69%, mientras que el de la televisión de pago está subiendo y ya alcanza casi el 50%.

3) Por otra parte, aproximadamente la mitad de los que ven la televisión (29%), usan el televisor como pantalla para ver películas que no son de la programación televisiva, ven DVD/Blu-ray o Internet/Netflix.

4) El tiempo de uso diario del teléfono móvil es el más alto de todos los aparatos digitales de comunicación. El móvil registra 3 horas 45 minutos. El ordenador tiene un tiempo de uso diario de dos horas y 16 minutos, la tablet de una hora y 25 minutos; y la televisión de apenas dos horas y 17 minutos.

5) El tiempo de visita a redes sociales, es de 138 minutos diarios para Facebook, 137 para WhatsApp; en cambio para la televisión es de sólo 133 minutos. Si se suman todos los tiempos de visitas a las redes sociales, el tiempo de exposición diaria a las redes es de 480 minutos, equivalentes a 8 horas diarias, mientras el de la televisión es de sólo 133 minutos, equivalentes a 2 horas y 13 minutos.

La tendencia indica claramente que el tiempo dedicado a la televisión ha sido rebasado, ampliamente, por el tiempo dedicado a las redes sociales.

La era digital y la sociedad conectada son ya pues realidades para varios grupos sociales en la Ciudad de México. Y una de sus principales consecuencias es el declive de la atracción por la televisión, especialmente la que emite en abierto, como resultado del acceso a los nuevos formatos de comunicación y a los contenidos que ofrecen los medios digitales.

El gran monopolio del entretenimiento que era la televisión en abierto está dejando de serlo para ceder espacio a los medios digitales. Cuando antes un cantante popular, por ejemplo, en una emisión estelar de sábado por la noche, podía ser visto por varios millones de telespectadores (unos 20 millones en España), ahora ese mismo cantante tiene que pasar por 20 canales diferentes para ser visto a lo sumo por 1 millón de televidentes.

De ahora en adelante, el televisor estará cada vez más conectado a Internet (es ya el caso en Francia para el 47% de los jóvenes de entre 15 y 24 años). El televisor se reduce a una mera pantalla grande de confort, simple extensión de la Web que busca los programas en el ciberespacio y en Cloud ("Nube"). Los únicos momentos masivos de audiencia en vivo, de "sincronización social" que siguen reuniendo a millones de telespectadores, serán entonces los noticiarios en caso de actualidad nacional o internacional espectacular (elecciones, catástrofes, atentados, etc.), los grandes eventos deportivos o las finales de juegos de emisiones de tipo reality show.

Todo esto no es únicamente un cambio tecnológico. No es sólo una técnica, la digital, que sustituye a otra, la analógica, o Internet que sustituye a la televisión. Esto tiene implicaciones de muchos órdenes. Algunas positivas: las redes sociales, por ejemplo, favorecen el intercambio rápido de información, ayudan a la organización de los movimientos sociales, permiten la verificación de la información, como es el caso de WikiLeaks… No cabe duda de que los aspectos positivos son numerosos e importantes.

Pero también hay que considerar que el hecho de que Internet esté tomando el poder en las comunicaciones de masas significa que las grandes empresas de la Galaxia Internet –o sea, Google, Facebook, YouTube, Twitter, Yahoo!, Apple, Amazon, etc.– todas ellas estadounidenses (lo cual en sí mismo ya constituye un problema…) están dominando la información planetaria. Marshall McLuhan decía que "el medio es el mensaje", y la cuestión que se plantea ahora es: ¿cuál es el medio? Cuando veo un programa de televisión en la web, ¿cuál es el medio? ¿la televisión o Internet? Y en función de eso, ¿cuál es el mensaje?

Sobre todo, como reveló Edward Snowden y como afirma Julian Assange en su nuevo libro Cuando Google encontró a WikiLeaks (1), todas esas mega-empresas acumulan información sobre cada uno de nosotros cada vez que utilizamos la Red. Información que comercializan vendiéndola a otras empresas. O también cediéndola a las agencias de inteligencia de Estados Unidos, en particular a la Agencia Nacional de Seguridad, la temible NSA. No nos olvidemos de que una sociedad conectada es una sociedad espiada, y una sociedad espiada es una sociedad controlada.

Tomado de Le Monde Diplomatique / Cubadebate

martes, enero 25, 2011

La representación positiva de la imagen de las mujeres en los medios

Por Núria García y Luisa Martínez /Redalyc -Webislam -CD
Las producciones periodísticas y audiovisuales presentan, diseñan y elaboran contenidos que son difíciles de valorar desde la perspectiva de las audiencias, de las personas que leen, escuchan, ven y, en definitiva, las consumen. Tenemos al alcance datos que nos permiten acercarnos a las cifras reales de los sujetos que leen un determinado diario, podemos saber el número de individuos que hacen uso del mando a distancia para elegir una cadena u otra y hasta conocemos la cantidad de personas que suelen ir al cine. Por el contrario, sabemos poco de la opinión, la aceptación, y la valoración de las personas consumidoras respecto a los contenidos mediáticos. En este sentido, la presente reflexión destaca la importancia de los estudios de los estereotipos femeninos difundidos por los medios de comunicación. Este conocimiento social es imprescindible, no sólo para acercarnos al contexto cotidiano, sino para establecer relaciones entre las formas de vivir y sentir de las personas y las representaciones que hacen de ellas en los medios.

Deducimos que una vez que se hayan identificado los elementos del imaginario social de género, principalmente los que generan déficit en la imagen de las mujeres, como pueden ser los estereotipos sexistas, el siguiente paso será establecer las pautas para una reeducación de la mirada que permita valorar a la mujer desde otros escenarios y significaciones que sean acordes al contexto social imperante.

La discusión en este texto se plantea desde la valoración de algunos contenidos mediáticos realizada por la ciudadanía de Cataluña a través del servicio de quejas y prácticas positivas del Instituto Catalán de las Mujeres (ICD) en el periodo 2005/071. El ICD acoge las manifestaciones de las personas consumidoras so bre productos mediáticos que contienen representaciones sexistas y sobre mensajes que no presentan discriminaciones de género. Son estas últimas valoraciones, a las que hemos denominado «prácticas positvas» sobre las que se focaliza esta reflexión. Nuestro objetivo primordial es comprender la valoración de la ciudadanía sobre determinados contenidos mediáticos respecto a la categoría de género, específicamente del femenino, y describir los elementos que identifican como prácticas positivas con el objetivo de orientar algunas pautas pedagógicas que puedan incidir en una propuesta para la reformulación de la representación de las mujeres en los medios de comunicación y en la sociedad.



1. Dominio del estudio de la producción frente a la recepción

La mayoría de las investigaciones, tanto si nos referimos a los estudios de género realizados desde las teorías teorías feministas (Woodward, 1997), desde algunos prag máticos (Kovacs, 1972) o desde los análisis críticos (Courney & Whipple, 1983), concluyen en la reiterada presencia de categorías sexistas en los contenidos me diáticos. Entre los estudios de género realizados en los setenta destaca el trabajo de Friedan (1975), que reflexiona sobre las representaciones femeninas en la pu blicidad y realiza un análisis crítico de los contenidos de las revistas femeninas. Ruble y Ruble (1982), destacan que tan solo en la década de los años setenta, en el ámbito de la psicología, se habían publicado 150 estudios sobre los roles sexuales en la revista americana «Psychological Abstracts».

Uno de los primeros estudios que relaciona la categoría de género y comunicación se concentra en el discurso publicitario y es realizado por las investigadoras Courtney y Lockeretz (1971). Su objeto de estudio son los anuncios de las revistas de información general y en ellos observaron que existen roles femeninos relacionados con las tareas del hogar. El análisis de contenido fue la herramienta utilizada en el estudio mencionado anteriormente, pero muy pronto se convertiría en un recurso metodológico común en otras investigaciones interesadas en el estudio de la representación de género en la publicidad difundida en los medios de comunicación. Así lo confirman los estudios realizados a finales de los años setenta y ochenta por Pingree y otros (1976) y Belkaoui y Belkaoui (1980), entre otros.

Los estudios de las representaciones femeninas en los contenidos mediáticos se enfocan básicamente en la radiografía de lo que se consideran los estereotipos de género. En algunos de ellos se destaca la importancia de estos estudios para coadyuvar a una sociedad más igualitaria (McArthur & Resko, 1975).

La semiótica y la sociología sirvieron a Goffman (1976) para realizar un trabajo interdisciplinar sobre la escenificación de la imagen de la mujer en la publicidad. Mediante el análisis de 500 anuncios de periódicos y revistas Goffman diseñó una amplia categorización sobre los rituales relacionados con el gesto y el espacio, que lo llevaron a concluir que existe una representación asimétrica entre hombres y mujeres. Los organismos internacionales se unen a la preocupación sobre la imagen de la mujer y los medios de comunicación y concretamente la UNESCO promueve la obra «Imagen, papel y condición de la mujer en los medios de comunicación social» (Celeulamans & Facuconnier, 1980) que es un repaso al estado de la investigación en América Latina, Europa Occidental y Norteamérica.

Los estereotipos de género presentes en la publicidad difundida en la prensa han sido objeto de estudio de la academia española desde los años ochenta, entre las que destacan las de Garrido (1983), Fagoaga y Scanella (1987), Gallego (1990) y Royo y otros (2005). El medio radiofónico es sin duda uno de los medios menos explorados en los estudios de género, sin em bargo, están presentes en algunos trabajos de Lowy y otros (1986) o en los de Franquet y otros (1992).

Durante la década de los noventa, las investigaciones revelan ciertas transformaciones en los estereotipos de género y apuntan un tímido descenso en la representación de las mujeres como elemento decorativo y una diversificación de sus ocupaciones (Ferguson, Kreshel & Tinkham, 1990; Klasse, Jasper & Schwartz, 1993).

La consolidación de los estudios sobre estereotipos de género y medios de comunicación en España se consolida a partir de los noventa con aportaciones como las de Altés (2000), Fagoaga (1993), Sánchez-Aranda (2002), López (2002), Bermejo (1994), Ga llego (2002), Berganza y del Hoyo (2006).

Los estudios que hemos citado tienen como preocupación fundamental el análisis del producto mediático; son estudios pensados desde la producción de las industrias culturales. Sin embargo, creemos que el estudio de la recepción de los estereotipos de género presentes en los contenidos mediáticos es una de las piezas clave para su comprensión, es una forma de completar el proceso de análisis de una realidad comunicativa. Conocer las reacciones de desde la recepción es una forma de entender «cómo el mundo está socialmente construido y representado para nosotros y por nosotros mediante la significación» (Baker 2003: 37).

Las aportaciones de las investigaciones sobre la recepción de los discursos publicitarios en relación a la imagen de las mujeres no son las más abundantes (Lund strom & Sciglimpaglia, 1977; Lull & otros, 1977). El consumo femenino de la imagen de las mujeres en los medios no es uno de los temas más emergentes en las investigaciones sobre género y medios. Muchos de los estudios y encuestas de opinión han revelado la valoración negativa de la representación de las mujeres según las personas consumidoras (Tabriz & Jayaratve, 1972). Desde el ámbito más académico algunos autores han estudiado la recepción de un público más liberal o feminista (Sciglimpaglia y otros, 1980, Barry y otros, 1985), y las actitudes de compra ante los productos anunciados (Bartos, 1982).

2. Aportaciones sobre las prácticas positivas de la representación de las mujeres

La cartografía de los estudios de la representación de las mujeres en los contenidos mediáticos, principalmente las que están presentes en la publicidad, pone de manifiesto la creciente producción de investigaciones que tienen como objetivo identificar y analizar los diversos estereotipos sexistas construidos alrededor de la imagen del género femenino. Sin embargo, existen escasas aportaciones desde el contexto científico, sobre la arquitectura de contenidos mediáticos que generen, a partir de prácticas positivas, una dinámica sociocognitiva que refleje el papel actual de las mujeres en la sociedad. Es por ello que nuestra reflexión se centra básicamente en los contenidos que, según la valoración de la ciudadanía, ofrecen prácticas positivas. De ellas, de las prácticas positivas, describimos los elementos que algunas personas destacan como constructivos en relación a la representación de género. De esta manera, es la misma audiencia la que construye y valora determinados patrones pedagógicos sobre la imagen de la mujer en los medios de comunicación. De tal forma, los contenidos valorados como positivos en el periodo 2005-2007 en el ICD, representan aproximadamente el 10% del total de las manifestaciones realizadas; ésta tímida representación cuantitativa no resta importancia a su valor cualitativo.

Los estudios de las representaciones femeninas en los contenidos mediáticos se enfocan básicamente en la radiografía de lo que se consideran los estereotipos de género

El análisis de contenido es la herramienta que utilizamos para realizar nuestra investigación y éste se sustenta en una base de datos organizada en dos partes: la primera contempla la descripción del producto y su soporte, y la segunda, desarrolla el análisis de los contenidos. Los datos descriptivos de la práctica positiva que codificamos son: fecha de emisión, horario, medio o soporte, empresa, marca, sector y sinopsis, entre otros. En el análisis de contenido identificamos las características de las personas (edad, sexo, cuerpo, vestimenta) que aparecen en el producto. Describimos el rol en la narración (protagonistas audiovisual, protagonista visual, protagonista sonoro y secundarios), los espacios representados (privado/público, interior/exterior, hogar, trabajo, ocio, ficción, otros) entre otras cosas. Dicha categorización, expresada anteriormente, se fundamenta en las aportaciones de McArthur y Resko (1975) y Furnham y otros (2000) específicamente sobre la descripción de los espacios escenificados.

Las prácticas positivas, analizadas en nuestro período de observación, se manifiestan, principalmente, en el ámbito publicitario, y este representa un 79,3 % del total de las valoraciones emitidas. La televisión, con un 44,8%, es el soporte de significación que recibe el mayor número de valoraciones constructivas.

La idea que vertebra las valoraciones positivas emitidas por la audiencia se condensa en las representaciones de las mujeres alejadas de arquetipos tradicionales de género (entendiendo como arquetipos tradicionales las imágenes de mujeres como responsables de las tareas del hogar, el tratamiento de las mismas como objetos y/o únicas encargadas del cuidado de otras personas, por mencionar algunos) presentes en los discursos mediáticos. En este sentido, las mujeres son protagonistas del 44.8% del total de contenidos analizados y en ellos realizan el papel principal en la narración. Sin embargo, es significativo que el protagonismo compartido entre hombres y mujeres en los discursos mediáticos sea una característica a valorar positivamente por la ciudadanía.

Entre los resultados de nuestra investigación destacan cuatro aspectos principales que sugieren cambios profundos, en la representación femenina, en los siguientes ámbitos: los contextos y escenarios donde se encuentran representadas las personas, las relaciones interpersonales que acompañan al género en los discursos mediáticos, la representación de los cuerpos y elementos que intervienen en las rutinas productivas de los medios. Los espacios profesionales-laborales y de ocio específico, como es el caso del deporte desarrollado como práctica deportiva, y la cultura como factor de desarrollo personal son escenarios que según las audiencias deberían ser reconstruidos en los medios de comunicación en detrimento del uso de arquetipos convencionales. El desarrollo de las actividades de las mujeres representadas debe responder explícitamente a la realización personal-profesional-social de las mujeres, según el discurso de las personas consumidoras. Otro de los parámetros definidos por la audiencia para evitar la discriminación en los medios responde a la representación plural de las mujeres.

En relación al primer ámbito, la representación de escenarios socio-profesionales, las prácticas valoradas como positivas se refieren a dos aspectos diversos: la imagen de los hombres liderando o compartiendo las tareas domésticas y familiares propias de la vida cotidiana, y la representación de la mujeres realizando actividades profesionales, que incluyen la ciencia, la gestión profesionalizada, la economía y el deporte competitivo, entre otras. Las dos temáticas, explicadas anteriormente, guardan relación con los estereotipos tradicionales que sugieren la invisibilidad femenina y masculina en determinados espacios y la asignación de tareas siguiendo determinados roles sexuales.

En cualquier caso, la imagen de las mujeres en contextos diferentes a los propuestos desde arquetipos tradicionales (aquéllos que relacionan a la mujer exclusivamente con un espacio de acción privado como el hogar) se considera una buena práctica de los contenidos audiovisuales y de las otras industrias culturales, ya que cuestionan los estereotipos convencionales y transmiten una visión plural de la realidad social.

La inclusión de las mujeres en diferentes ámbitos profesionales (espacios públicos) no sólo se percibe como el reflejo de la realidad actual sino que además estimula un imaginario en el cual participan activamente mujeres y hombres en sus entornos cotidianos. En este sentido, la audiencia hace hincapié en la convivencia cotidiana de las mujeres respecto a los hombres y a la sociedad en general. Las personas receptoras argumentan que las prácticas positivas de los discursos mediáticos, donde prevalece la convivencia entre géneros, en un escenario familiar, son aquellas que representan el trabajo compartido entre hombres y mujeres, así como la equidad en las responsabilidades domésticas y familiares. Citan casos concretos como la difusión de la imagen de los hombres haciendo la compra, hombres velando a sus hijos durante la noche y/o encargándose de actividades domésticas, etc. Se produce por tanto un rechazo hacia roles tradicionalmente categorizados por criterios de género.

En un sentido más amplio, la audiencia incluye co mo pauta de las prácticas positivas el reconocimiento por parte de la sociedad en general al éxito profesional, científico y técnico de las mujeres como elemento dinamizador de las representaciones no sexistas. Es decir, la imagen de mujeres realizando labores profesionales ante un público variado, o la difusión de otras actividades (de portivas, científicas, artísticas, etc.) o logros (premios, homenajes, etc.) protagonizados por mujeres es un elemento que, según la audiencia, genera plusvalía y está más cercana al ámbito cotidiano. Otro de los contextos que reúne una propuesta de cambio, en la reeducación social de la mirada, corresponde a las relaciones interpersonales representadas en relación a las mujeres. Concretamente, la audiencia propone la creación de contenidos que muestren el éxito profesional o personal para la propia realización de la persona y no para el beneficio o al servicio de otras (hijos, pareja, amigos, etc.).

El hábito de presentar a la mujer como acompañante del hombre, como objeto decorativo y/o sexual, o como persona que obtiene una satisfacción exclusiva por ser observada es interpretado por la audiencia como un estereotipo que perpetua la discriminación por motivos de género. Precisamente, para evitar esta conceptualización, se propone un cambio en las relaciones interpersonales expresadas en los contenidos hacia la configuración de representaciones de mujeres con capacidad de agencia en su entorno personal y profesional. El género femenino con identidad propia.

Las representaciones de mujeres y hombres alejadas de los estereotipos de belleza acordes a un canon específico son percibidas como propuestas positivas. Las personas consumidoras manifiestan que este hecho permite que tanto los hombres como las mujeres puedan identificarse con realidades más cercanas. La posibilidad de difundir mensajes que incluyan cuerpos de mujeres y hombres diversos (talla, peso, estaturas, color de piel, etc.) se aprecia como un instrumento pedagógico eficaz para evitar aquellos contenidos, sobre todo los presentes en el discurso publicitario, que puedan ejercer presión sobre la anatomía de un cuerpo determinado.

Algunos factores que inciden en la información periodística y que acaban caracterizando las rutinas productivas tienen un cierto protagonismo en el consumo de los contenidos de los medios. Concreta mente, se proponen alternativas respecto al lenguaje sexista y el tratamiento sensacionalista en las noticias relacionadas con la violencia de género. El uso de genéricos masculinos en la información se percibe como un obstáculo que invisibiliza la presencia de las mujeres en diversos ámbitos y situaciones. La incorporación de términos femeninos y masculinos, sobre todo en el campo profesional (enfermeras, enfermeros, etc.) se convierte por tanto en una pauta pedagógica a incluirse en el proceso productivo de la información.

Otro de los elementos que inciden en las rutinas periodísticas es la importante presencia, desde el punto de vista cuantitativo y también cualitativo, de las mujeres como víctimas. Este hecho potenciado además por el tratamiento de las noticias específicas sobre violencia machista, favorece el sensacionalismo en relación a las informaciones protagonizadas por mujeres. Este factor incide directamente en la revisión de los criterios de noticiabilidad de la información periodística que operan en el proceso productivo. En este sentido, las representaciones femeninas presentes en los medios de comunicación deberían ser tan diversas como lo son las mujeres en la sociedad.

El análisis de las prácticas positivas valoradas por la audiencia demuestra que los contenidos que no usan los arquetipos tradicionales de género en los discursos de los medios son elementos cognitivos que generan plusvalía en la representación de las mujeres. La audiencia de los medios de comunicación valora e identifica las representaciones, contextos y discursos que construyen un imaginario social en el que las mujeres tienen capacidad de gestión y acción en diversos ámbitos. La postura crítica de la audiencia respecto a contenidos mediáticos sexistas alienta el trabajo realizado desde las aulas hasta las dinámicas de sensibilización orquestadas por organizaciones no gubernamentales hacia la construcción de un escenario sociocognitivo donde las mujeres y los hombres tienen diversas capacidades de participación en diferentes ámbitos.

En definitiva, hablamos del papel fundamental que tienen los medios de comunicación al animar procesos educativos en cuestiones de género que se adapten a la realidad social actual.

Dra. Núria García y Dra. Luisa Martínez son profesoras del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Facultad de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (luisa.martinez@uab.cat) (nuria.garcia@uab.cat).


Por Núria García y Luisa Martínez
Fuente: Redalyc/Webislam

Notas

1 El tema es el eje central de una investigación más amplia, desarrollada desde el 2005 por las autoras del artículo, financiada por el Institut Català de les Dones de la Generalitat de Catalunya y desarrollada en el GRISS (Grup de Recerca en Imatge, Só i Síntesi) del departamento de Comunicació Audiovisual i Publicitat de la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona).
Referencias
ALTÉS, E. (2000). Imágenes de las mujeres en los medios de comunicación. Líneas actuales de investigación. Madrid: Instituto de la Mujer.
BELKAOUI, A. & BELKAOUI, J. (1980). A Comparative Analysis of the Roles Portrayed by Women in Print Advertisements: 1958, 1970, 1972. Journal of Marketing Research, 13; 168-172.
BERGANZA, M.R. & ROYO, M. (2006). La mujer y el hombre en lapu0blicidad televisiva: imágenes y estereotipos. Zer, 21; 161 175.
BAKER, C. (2003). Television, globalización e identidades culturales.Barcelona: Paidós.
BARRY, T.; GILLY, M. & DORAN, L. (1985). Advertising to Women with Different Career Orientations. Journal of Advertising Re - search, 25, 2; 26-34.
BARTOS, R. (1982). The Moving target: What Every Marketer Should Know about Women. Nueva York: Free Press.
BERMEJO, A. & OTROS (1994). El imaginario social y simbólico de la mujer en los medios de comunicación de masas: el caso concreto de la publicidad. Madrid: Comunidad Autónoma de Madrid.
CEULEMANS, M. & FAUCONNIER, G. (1980). Imagen, papel y condición de la mujer en los medios de comunicación social. Paris:
UNESCO/Études et documents d’information.
COURTNEY, A.E. & LOCKERERTZ, S. (1971). A Woman’s Place: An Analysis of the Roles Portrayed by Women in Magazine Advertisements. Journal of Marketing Research, 13; 168-172.
FAGOAGA, C. & SECANELLA, P. (1984). Umbral de presencia de las mujeres en la prensa española. Madrid: Instituto de la Mujer, Ministerio de Cultura.
FERGUSON, J.; KRESHEL, P. & TINKHAM, S. (1990). In the pages of Ms: sex role portrayals of women in advertising. Journal of Advertising, 19, 1; 40-51.
FRANQUET, R. (1992). Mujeres y rutinas de producción en radio y televisión, en La investigación en la comunicación. Madrid: III Simposio de la Asociación de Investigadores en Comunicación.
FRIEDAN, B. (1975). La mística de la feminitat. Barcelona: Edicions 62.
GALLEGO, J. (1990). Mujeres de papel: de ¡Hola! a Vogue, la prensa femenina en la actualidad. Barcelona: Icària.
GALLEGO, J. & OTROS (2002). La prensa por dentro. Producción in -formativa y transmisión de estereotipos de género. Barcelona: Librosde la Frontera.
GARRIDO, E. (1997). Historia de las mujeres en España. Madrid: Síntesis.
GOFFMAN, E. (1976). Gender Advertisements. Londres: McMillan Press.
KOVACS, M. (1972). Women Simply Don’t Recognize Themselves in Many Ads Today. Advertising Age, 12, 6; 50.
LOWY, A. & OTROS (1986). La imagen de la mujer en la radio. Madrid: Instituto de la Mujer.
LULL, J. & OTROS (1977). Recognition of Female Stereotypes in TV Commercials. Journalism Quarterly, 54, 1; 153-157.
LUNDSTROM, W. & SCIGLIMPAGLIA, D. (1977). Sex role portrayals in advertising. Journal of Marketing, 41; 72-78.
MCARTHUR, L. & RESKO, B. (1975). The Portrayal of Men and Women in American TV Commercials. Journal of Social Psychology, 97; 209-220.
PINGREE, S. & OTROS (1976). A scale of sexism. Journal of Communication, 23, 4; 193 200.
ROYO VELA, M. (2005). Roles de género y sexismo en la publicidad de las revistas españolas: un análisis de las tres últimas décadas del siglo XX. Comunicación y sociedad, 23.
RUBLE, D.N. & RUBLE, T.L. (1982). Sex Stereotypes, en MILLER (Ed.). In the eye of the Beholder. Contemporary issues in Stereo typing. Nueva York: Praeger; 188-252.
SÁNCHEZ ARANDA, J.J. (2002). La publicidad y el enfoque de la imagen femenina. Comunicación y Sociedad, vol. 16, 2; 67-92.
SCIGLIMPAGLIA, D. & OTROS (1980). Psychographic segmentation by feminine role orientation, en LEIGH, J. & MARTIN, C. (Eds.). Current Issues in Advertising Research. Michigan: University of Michigan.
TAVRIS, C. & JAYARATUE, T. (1972). How do you Feel about Being a woman: The Results of a Redbook Questionnaire. Nueva York: McCall Publishing.
VAN ZOONEN, L. (1995). Gender Representation and the Media, en DOWNING & OTROs (Eds). Questioning the Media. Londres: Sage.
WOOD, J. (1994). Gendered lives: Communication, Gender and Culture. California: Wadsworth.
WOODWARD, K. (1997). Identity and Difference. Londres: Sage.

sábado, abril 17, 2010

Mujeres y Medios...

SARA LOVERA
Probablemente en esta época, cuando las mujeres abarcamos todos los espacios públicos, no es ninguna sorpresa ser consideradas y participar. Los medios de comunicación de todas las facturas no tienen otro remedio que hablar de nosotras.

No tienen otro remedio que incluirnos, a veces, en los tremendos informes sobre las muertes evitables, como las que han caído entre fuegos. Además, es imposible ocultar por más tiempo a todas las buenas funcionarias de todos los niveles en la administración pública, y tampoco se pueden negar sus demandas ni dejar de hablar por las que están en la cárcel por sus ideas y por sus decisiones, como las que han interrumpido legalmente su embarazo.

A pesar de la factura patriarcal de los medios, las mujeres están en ellos en muy diversas responsabilidades, abriendo brecha y espacios. Como la humedad, nos hemos metido con nuestras voces, cada vez más y más. Hay un cambio imperceptible y duradero del que no nos hemos dado cuenta a cabalidad quienes damos a diario la batalla.



Jamás hubiera tenido el impacto que tuvo el caso de Ernestina Ascencio sin la voz de Carmen Aristegui, ni el sufrimiento y la sinrazón que pone en crisis a la maternidad tradicional sin el reportaje de Sanjuana Martínez, y probablemente no tuviéramos la investigación sobre los negocios de Pemex sin Ana Lilia Pérez, tampoco sabríamos de otros desvíos presupuestales sin la investigación de Sonia del Valle. Todas ellas, mujeres, ampliando las miradas y haciendo buen periodismo, compitiendo en "las grandes ligas" para hacer opinión pública.

Pudiera mencionar a muchas de mis contemporáneas expandiendo nuevos modos de hacer, con perspectiva distinta, incluyente, como lo hace Soledad Jarquín en Oaxaca, cuyo oficio, el periodístico, hoy la ha colocado como historiadora de las mujeres de aquella entidad.

Están también Dora Villalobos, que hace un programa de televisión y ahonda en la cuestión judicial, y la directora de Nosotras en Nuevo León, Juana María Nava, sin quitar el dedo del renglón. De los dolores inmensos, sacada de los surcos de la injusticia, está Ni más ni menos Mujeres, iniciativa multimedia de Candelaria Rodríguez y Susana Solís en Chiapas.

Tal vez por estas razones, Beatriz Pagés, una de las poquísimas directoras de un medio, con el que yo me eduqué políticamente, para premiar la equidad de género incluyó ahora la igualdad, tema de política pública tejido por las feministas de todos los tiempos.

La directora de la Revista Siempre!, de larga trayectoria, instituyó la Fundación José Pagés Llergo, que otorga el Premio Nacional de Periodismo con el nombre de su padre, reconoce este cambio en la sociedad y le pone un espacio que ojalá dure en el tiempo.

En las páginas de Siempre! José Pagés Llergo! --en tiempos en que no se evaluaba con profundidad la pluralidad periodística-- colocó las reflexiones de importantes pensadores y yo pude leer inmensas crónicas de la vida en el país, allá en los años 60.

Miguel Ángel Granados Chapa, un periodista sin tacha, maestro del buen periodismo, fue leído ahí por mí desde entonces. Hoy es presidente del Jurado premiador que me ha distinguido junto con periodistas cabales como Carmen Aristegui, Sanjuana Martínez y Ana Lilia Pérez, perseguidas por sus investigaciones periodísticas de gran calado.

Me siento halagada --en la plenitud de la vida, como nos dicen a quienes vivimos la tercera edad-- por esta distinción, sólo por haber insistido en que las mujeres, esas que estamos en todos los espacios públicos, merecemos un lugar en los medios de comunicación. Una tarea añeja y pertinaz sostenida en mi convicción de que este mundo no es posible si no estamos todas y todos, con nuestras ideas, nuestras hazañas y nuestras palabras.

Hoy sé, tras reportear, que en esa lucha librada durante varias décadas, tenemos aliadas y aliados para continuar en una nueva situación, donde ya es posible que se nos mire, con mayor o menor intención, simplemente porque es imposible no tomarnos en cuenta.

saralovera@yahoo.com.mx

miércoles, marzo 17, 2010

Violencia, Mujeres y Medios: Otras Miradas para otro Periodismo...

Por Sara Más / Mujeres - Semlac
Una alerta noticiosa en algún buscador de Internet, con la palabra “mujer”, devuelve en segundos un amplio listado de informaciones de todo tipo, y una buena parte de ellas aluden a rostros, fotos y titulares de mujeres asesinadas.

El silencio se ha roto: los medios hablan de violencia contra la mujer, cada vez aparecen más casos. La búsqueda, a golpe de vista, deja una realidad que existe, indudablemente, pero también una que se construye a diario desde los medios, las imágenes, los textos, cierta intención y los titulares reiterativos; que se ayuda a fabricar y naturalizar en noticias armadas bajo las premuras de las entregas y urgencias de las redacciones, bajo las pautas en uso y las concesiones que se deslizan en las rutinas productivas.

Esas mujeres que mueren en portadas de revistas y espacios --breves o amplios--, de diversos medios, casi siempre lo hacen a manos de sus esposos o ex compañeros y no pocas veces son mostradas como culpables, en cierto modo, de sus propias muertes. Los celos, los motivos y dramas pasionales, los bajos instintos, el crimen por amor, las armas que se utilizan, la presentación misma de los hechos parecieran que nos muestran lo que está pasando, en todo su dramatismo, cuando en verdad se olvida, o no se nos dice directamente algo aparentemente claro: esa mujer no debió morir.

La periodista mexicana Sara Lovera, fundadora de varios medios de comunicación y activa profesora, acaba de dictar un módulo titulado “¿Cómo estar en los medios sin perdernos?”, que hizo parte de un curso on line de la alinaza entre SEMlac, Isis Internacional y Radio Internacional Feminista para enfrentar los temas de violencia en los medios.



Lovera advierte que en notas y reportajes se sigue observando escasa reflexión, no se contrastan fuentes, versiones, ni se exponen testimonios, como tampoco se investigan causas y circunstancias. En ese camino se pierden matices y claridad “acerca de que no todos los casos son iguales y que lo que se conoce como violencia de género es la consecuencia final y no el punto de partida”.

La comunicadora agrega que tampoco se evaden los lugares comunes, algo muy visible en los titulares informativos que, con frecuencia, caen en frivolidades y justifican la violencia, unas veces debido a las prácticas y rutinas productivas; otras, en el afán de conquistar las audiencias, para “llamar la atención sobre los aspectos más dramáticos”, lo que “puede aumentar la falta de respeto hacia las víctimas”.

La periodista, de larga experiencia en el periodismo y el feminismo, hace varias sugerencias, como insistir en el aspecto estructural de la violencia. “Los violadores no son ‘locos’ ni actúan movidos por celos o pasiones amorosas. Quien maltrata, e incluso llega a matar a una mujer, es un presunto asesino u homicida”, asegura. “Su accionar no es una patología aislada, sino expresión del ejercicio del poder”, dice Lovera y recomienda no calificar a maltratadores o violadores, a quienes, al no poder responder por sus actos, se les tiende a restar culpabilidad.

Alerta, además, sobre la importancia de no considerar los hechos aisladamente y sí enmarcarlos en un dilema más amplio: “la violencia hacia las mujeres o violencia de género viola los derechos humanos de estas; es fruto de relaciones asimétricas, atraviesa concepción y estructuras, inhibe el desarrollo de un país, es un problema público aunque se manifiesta en el ámbito privado, tiene grados de invisibilidad y tolerancia, es un problema de legislación, de salud y debe erradicarse”.

Finalmente, aconseja, en cada caso, profundizar en las circunstancias que rodean los hechos, los antecedentes policiales o judiciales, el cumplimiento o no de las medidas adoptadas y alertar sobre los posibles riesgos a que están expuestas las mujeres.

Este tema de cómo los medios perpetúan y naturalizan, desde la práctica cotidiana, todas las manifestaciones de la violencia, particularmente contra la mujer, sigue estando en las agendas de los encuentros de periodistas y comunicadoras que, con una perspectiva de género, trabajan por cambiar la mirada y la imagen que los medios nos devuelven.

Esta vez ha vuelto a ser de interés especial durante el III Encuentro Internacional de la Red de Periodistas con Visión de Género, que tuvo lugar en Bogotá, del 27 al 29 de noviembre último.

Aunque se han sistematizado instrumentos diversos y de gran utilidad, todavía el tratamiento de estos temas en los medios deja mucho que desear, coincidieron ponentes y participantes. De ahí que la socialización de estas herramientas y la capacitación de periodistas y profesionales de la comunicación se reitere como necesidad imperiosa. En la lista podrían mencionarse varios cursos o manuales útiles, recursos disponibles entre los cuales pueden consultarse el Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra la mujer, de la red PAR de Argentina, o uno tan amplio y actual como “Noticias que salvan vidas”, el manual periodístico para el tratamiento de la violencia de género de Amnistía Internacional, disponibles junto a otros en la sección Herramientas de cobertura, en la página web de la red (http://periodistasdegenero.org/).



Participantes en el panel sobre estrategias de comunicación para la prevención e información sobre feminicidio, en la cita de Bogotá, partimos de reconocer que, desde nuestros espacios en los medios, jugamos un papel fundamental como aliadas/os de las mujeres y las organizaciones, frente al feminicidio, que es la muerte de las mujeres por el solo hecho de serlo, y también el conjunto de acciones violentas contra las mujeres, aunque no terminen en la muerte.

Una de las ponentes de la mesa, la jurista colombiana Elizabeth Castillo, autora de la investigación Feminicidio: mujeres que mueren por violencia intrafamiliar en Colombia, reconoce en su investigación que, fuera de los ámbitos donde el tema es más conocido y discutido, “hablar de una categoría de identificación especial para las muertes de mujeres puede causar el mismo escozor que genera la solicitud del lenguaje incluyente”. Y explica algo que es importante tener en cuenta: “El concepto de homicidio no basta para definir las muertes de mujeres en circunstancias específicas o, mejor, las circunstancias específicas que enfrentan muchas mujeres antes de morir o al momento de sus muertes”.

Y ese es un primer desafío: ver el tema de la violencia no solo en función de los fallecimientos, sino denunciar esos hechos y lo que hay detrás: la relación de dominio que los sustentan, las verdaderas causas que los provocan. Al posicionar el tema en las agendas de comunicación y de los medios, como espacio clave de denuncia, hay que volverlo a explicar: no se trata de asesinatos pasionales ni debido a los celos o la lujuria. Es la expresión extrema de la fuerza patriarcal, por el abuso de poder. El último peldaño de una agresión continuada.



Asistentes al encuentro de Bogotá, la gran mayoría mujeres, partieron de un rápido diagnóstico según el cual en los medios non están las voces de esas mujeres que día a día son víctimas de la violencia y el abuso sexual, pero tampoco aparece los responsables de esos actos, por lo que el tema termina siendo tratado como una sumatoria de casos aislados y no como un problema social, cuya magnitud se acrecienta. También faltan las fuentes expertas, como académicas, investigadoras e instituciones que trabajan el tema, que podrían aportarle profundidad y claridad al análisis.

Los medios son una vía para ayudar a determinar quiénes son los aliados y quiénes los responsables, insistieron las participantes en el encuentro recién concluido en Bogotá, como también para recomendar y orientar dónde encontrar ayuda. Son un espacio para narrar y denunciar los hechos y, a la vez, visibilizar quién y cómo debe garantizar los derechos de las mujeres. Son clave para exigir y lograr justicia de los procuradores y administradores de justicia, ante la presencia de un sistema fallido.

Así, tienen el deber de documentar los asesinatos de mujeres más allá del número acumulativo y la reiteración de los hechos, para indagar en los motivos, profundizar en las circunstancias en que estos hechos ocurren, desnaturalizar la violencia. En una frase: cambiar la nota coyuntural por el reportaje a profundidad y reflexivo.

En ese camino, se impone involucrar a los actores que están al margen o rezagados y que pueden contribuir al cambio; sacar a la luz las condiciones de inequidad que subyacen detrás de la violencia; denunciar la permisibilidad del Estado, por acción u omisión, así como su incapacidad para garantizar la seguridad de las mujeres. Todos temas que quedan silenciados en las notas informativas y las crónicas que más abundan.

Las recomendaciones fueron muchas: desde sacar a luz la información documentada para hacer frente al discurso político, hasta mantener el tema como permanente y también impulsar campañas en días clave y momentos coyunturales.

También volver la mirada hacia los agresores, que muchas veces quedan fuera del foco de las cámaras y los análisis de los reportes, y también del alcance de la justicia y las penas que merecen. Informar sobre su estatus legal, darle seguimiento a los hechos, se convierte entonces una nueva forma de abordar estos hechos.



Los medios pueden contribuir positivamente a cambiar imaginarios, a entender la violencia como un asunto de derechos humanos y también como un obstáculo para el desarrollo; hacer visible la línea continua de violencias que anteceden y acompañan al feminicidio como epílogo de una larga y dolorosa historia de maltratos, subestimación y subordinación; sacar a la luz los casos en proceso judicial, en prisión, así como las historias de vida que revelen qué es lo que pasa con las mujeres.

Ir más allá. Investigar otros factores invisibles relacionados con la violencia, como el suicidio o los nexos con el crimen organizado y la narco actividad. Seguir rompiendo el silencio a favor de las mujeres. Ofrecer, frente a la banalización, la versión real y verdadera.


Fuente: SEMlac

domingo, diciembre 06, 2009

Imagen femenina en discurso mediático marcó debate de género

Amelia Roque | prensa latina PL
Los medios establecen a través de sus discursos un eje de matrices culturales que reproducen juicios, sistemas normativos, mitos y estereotipos, afirmó hoy aquí Isabel Moya Richard.

Moya, presidenta de la cátedra "Mirta Aguirre" del Instituto Internacional de Periodismo "José Martí" y directora de la Editorial de la Mujer, hizo esta afirmación en una conferencia magistral durante el segundo día de sesiones del taller regional para elevar la conciencia de género a través de los medios de comunicación.

Al abordar el tema sobre elementos del discurso mediático en la representación de la imagen femenina, la profesora aludió a la concentración cada vez mayor de grandes megaconglomerados de la información, el ocio y el entretenimiento, en los que tienen gran peso las compañías trasnacionales.

Unas pocas dominan el mercado mundial, en un proceso del cual los grupos mediáticos latinoamericanos no escapan, señaló.

Estos medios regionales explicitan el poder hegemónico, y constituye uno de los mecanismos de reproducción del patriarcado en el plano de la subjetividad, planteó Moya ante periodistas de 15 países latinoamericanos, reunidos en este Taller.

Entre las características de la violencia simbólica, la experta -autora de libros y artículos con enfoque de género-, destacó la banalización, cómo se justifica la agresión física a la mujer con argumentos como la pasión o el amor, o se trata el tema con una nota roja.

Al intervenir el doctor Julio César González Pagés, coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, destacó los vínculos con la cátedra "Mirta Aguirre", con la cual se han efectuado foros, cursos y presentaciones de títulos.

Pagés resaltó que esta Red se pronuncia contra la violencia de género y por una cultura de paz, y tiene entre sus objetivos el debate de las principales problemáticas al respecto y la propuesta de alternativas de cambio para los hombres.

Con un foro virtual para intercambiar opiniones y poner en común experiencias con vistas a construir un periodismo no sexista y participativo, concluyó la jornada de hoy de este encuentro que aboga por un periodismo comprometido con el ser humano y la justicia social.

Auspician el Taller la cátedra "Mirta Aguirre", la Oficina de la UNESCO en La Habana y el Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación, y se extenderá hasta el viernes próximo.

sábado, marzo 21, 2009

Mujeres y OSC deben aliarse para revertir campañas sexistas

Por Miriam González
Ante el abuso que hacen los medios de comunicación masivos sobre el cuerpo de las mujeres, es necesario trasgredir las formas en que los medios muestran nuestra realidad, donde se vuelve necesario rescatar nuestra radicalidad para difundir la situación en la que vivimos más de la mitad de la población.

Así lo dijeron mujeres de Nicaragua, El Salvador, Brasil, Nicaragua, Puerto Rico y México durante el “Taller vivencial de comunicación y derechos”, en el marco del XI Encuentro Feminista Latinoamérica y del Caribe que se lleva a cabo, por segunda ocasión, en la Ciudad de México del 16 al 20 de marzo con la presencia de más de mil 600 mujeres.

El uso de las nuevas tecnologías como una herramienta para hacer visible la condición social de las mujeres se ha convertido en un puente de comunicación y de enlace entre los movimientos de mujeres, las organizaciones civiles y los colectivos en toda la región Latinoamericana.


“Hoy no es imposible pensar la difusión de nuestros mensajes, sin la utilización de herramientas como la Web 2.0, Facebook, blogs, Wikis, RSS y mensajes vía celular”, señaló la feminista salvadoreña, Lorena Barridas.

Sin embargo no hay que dejar de lado que no todas las mujeres tienen acceso a estas tecnologías por lo que el trabajo con los medios de comunicación masivos sigue siendo una prioridad.

En este sentido, la pluriculturalidad de voces coincidieron en la necesidad de trabajar con las y los periodistas, jefes de edición, redacción, dueños de medios, de agencias publicitarias, para cambiar el mensaje que día a día aparece en radio, prensa y televisión donde refuerzan los estereotipos de género y colocarlos desde el respeto de los derechos humanos y un lenguaje no sexista.

SOMOS NOTICIA… ROJA

“En Nicaragua las mujeres somos noticia cuando somos asesinadas por nuestras parejas, cuando nos practicamos un aborto, pero siempre desde la victimización y la elaboración de juicios, donde las imágenes y las cabezas de los diarios son las que más violentan nuestros derechos” señaló Ariadna de Nicaragua de la Asesoria Legal de Víctimas de Violencia Intrafamiliar.

Es necesario, refirió Mariana de El Salvador, aliarnos entre las organizaciones civiles y los movimientos de mujeres para poder ejercer presión ante los grandes consorcios y revertir las campañas publicitarias que atentan contra la imagen de las mujeres.

En El Salvador hubo una campaña de una zapatería en el que sacaban a las mujeres muertas en camilla haciendo alusión a que las mujeres moríamos por los zapatos, donde todas las mujeres nos unimos logrando sacar esa publicidad y que la empresa diera una disculpa pública.

Otro tema importante es que las voces de las mujeres no están presentes en los medios de comunicación. No importa el país del que provengas, el 90 por ciento de los espacios están ocupados por hombres, y las mujeres aparecemos como objetos sexuales donde nuestro cuerpo vende.

No estamos presentes entre los rostros y las voces de quienes emiten una opinión, no somos noticia como figuras de autoridad, sin embargo, como lo señala el Proyecto Global de Monitoreo de Medios 2005, el “espejo del mundo” es proporcionado por una sola voz, la masculina, donde la realidad se distorsiona dando importancia a algunos grupos y empujando a otros a la marginalidad.

Finalmente las ahí presentes coincidieron en que hoy los medios de comunicación masivos siguen siendo un marco de referencia para la vida política, económica y social de cualquier país donde van construyendo la opinión pública.