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domingo, abril 23, 2017

Las niñas de Guatemala

Cristina Burneo Salazar

Rebelion Guatemala también le duele al mundo. Cientos de ciudadanos piden justicia por la muerte de más de 40 niñas y adolescentes de un hogar estatal del municipio San José Pinula. Los abusos sexuales y físicos a los que eran sometidas les llevó a provocar un incendio como protesta. ¿Qué le dice esta tragedia al mundo?

Estaban hacinados. Eran 807 niños y jóvenes en noviembre. Vivían en San José Pinula, en las afuera de ciudad de Guatemala. El Hogar Seguro Virgen de la Asunción es una combinación de prisión, orfanato y albergue, y solo caben 400 personas. No es un centro de acogida como se esperaría, y su funcionamiento se asemeja a las correccionales del siglo XIX que, al no considerar a los niños como seres humanos plenos, reducían sus cuidados a lo mínimo y se concentraban en el castigo.

Las pequeñas, desprotegidas y abandonadas. En la historia de la pobreza y la indigencia, en donde los niños son maltratados por los Estados, las niñas viven en un estado particular de indefensión que las expone a la muerte, o a una vida más aterradora que la muerte. Tras un incendio en este albergue, hasta la madrugada del domingo 12, cuando escribo esto, han fallecido 42 niñas calcinadas o quemadas. Nómada, medio digital de Guatemala, describió así a la población del hogar en este texto: “Algunos fueron reclutados por las pandillas para el robo, la extorsión o el asesinato. Otros cometieron la insolencia de pertenecer a una familia que los abandonó a la calle, a un padre que les pegaba hasta que un vecino llamó a la policía.

A una red que las prostituía siendo niñas. A unos padres que no supieron qué hacer cuando vieron que su hijo tenía capacidades especiales. Otros nacieron allí, hijos de adolescentes violadas por sus compañeros o sus maestros o los trabajadores de la Secretaría de Bienestar Social del Gobierno de la República de Guatemala”. Un lugar para los olvidados, nacidos bajo el signo terrible de la violencia.

La misma violencia que los devolvía al albergue como un maldito búmeran. Karen Ramos trabaja en este caso. Me explica: “Extrañamente, la noche del 7 de marzo los monitores abren las puertas del hogar para que salgan los niños. Se ‘escapan’ entre 50 y 60. En las condiciones en que viven estos niños, por supuesto se desatará una revuelta. Al recapturarlos los separan en grupos de hombres y mujeres, y 50 chicos son encerrados sin permiso de ir al baño. Tienen que orinar en el mismo cuarto donde pasan toda la noche. Los jóvenes dicen que vieron cuando se llevaron a sus compañeras para que fueran violadas. También tenemos la versión de que la policía tenía las llaves de los cuartos.

Eso es un delito. Ellas estaban en un cuarto muy pequeño cerrado con llave que fue incendiado”. Coincido con Karen en que la narrativa construida para este caso es una narrativa de reclusos, no de niños en estado de indefensión. “Se escaparon, los recapturaron”. “Si están en un centro de reclusión no se pueden escapar, pero se habla como si se tratara de cárceles. Sara Oviedo, relatora de niñez de ONU, visitó este centro y lo comparó con las cárceles del Holocausto. Había que cerrarlo. Ahora estamos esperando el informe del Congreso, pero hay muchos indicios de que el incendio fue provocado”.

Las niñas eran violadas, obligadas a abortar o forzadas a tener a los bebés de sus violadores. Habían sido encarceladas en un hogar en que supuestamente las protegían. Hablo también con Alba Marina Escalón, artista y traductora guatemalteca que ha construido un altar para las niñas. Alba ha acudido a la protesta del sábado 11 en la Plaza de la Constitución. Entre defensores de DDHH, ciudadanía, testigos, hay varias hipótesis, pero todas ellas desembocan en una certeza: las 42 niñas que han fallecido hasta hoy fueron asesinadas, no murieron en un accidente.

Se trata de 42 femicidios simultáneos. Los bomberos fueron notificados media hora después de desatado el incendio. Una eternidad. Una vez en la puerta, no los dejaban entrar, y un cuarto ardía en llamas con decenas de niñas dentro. Era el 8 de Marzo. Es posible que las niñas hubieran sido encerradas en un lugar en donde había gasolina, como un taller. Hay rastros de combustible en los cuerpos, dicen, como si hubieran sido rociadas. El incendio se dio por las denuncias de las niñas, y quizás también porque dentro del hogar podría existir una red de trata: podrían haber sido prostituidas.

Entre las sobrevivientes, hay nueve niñas embarazadas. Nueve. ¿Seguimos pensando que la posición provida defiende algo cuando son justamente estas vidas en estado de indefensión las que hay que proteger? ¿Qué responderán los gobiernos de nuestros países ante esto? “Han iniciado los funerales y los entierros. No se sabe si las niñas que murieron también estaban embarazadas. Yo siento que es un aborto masivo forzado provocado por el Estado, asesinaron a esas niñas para deshacerse de esos bebés frutos de la violación”, dice Alba. Su interpretación me estremece: es un exterminio. También es una contradicción sin nombre.

Unas semanas antes había llegado a aguas internacionales frente a la costa guatemalteca el barco de Women on Waves para asistir con abortos seguros a mujeres criminalizadas por abortar. El barco tuvo que irse porque estaban en riesgo: tanto el Congreso como el Ejército de Guatemala rechazaron su presencia. La posición provida de las instituciones del Estado en Guatemala deja morir a sus mujeres, como lo explica Gabriela Miranda, pero prohíbe que se les dé asistencia médica. Hay niñas que terminan en albergues donde son violadas, y cuando son embarazadas se les provocan abortos inhumanos o se les obliga, de manera igualmente inhumana, a mantener sus embarazos.

Cuando llega asistencia internacional, se les prohíbe recibir atención digna. Una muchacha muy joven decide dar su testimonio para la televisión: “Nos hicieron mucho daño. Nos pegaban, nos violaban, a mí me hicieron abortar a los 13 años: a mi nena la tiraron en el barranco. A mi otro niño no lo conozco, tiene 3 años. Nos ponían inyecciones de vaca para que dejáramos de hacer bochinche. Queríamos ver a nuestras mamás y no nos dejaban, nos violaban”. A esta muchacha la obligaron a abortar de manera brutal, pero jamás le permitirán abortar gratuitamente y a salvo. Tendremos que recordar estos testimonios y darles todo el valor que tienen: en Guatemala hubo un campo de tortura para niños y el Estado lo sabía.

Este testimonio coincide con otro que registra Alba cerca del parque central. Así me lo cuenta: “Llegó una chavita con su tío, empezaron a hablarnos. Ella había estado en el hogar por 3 meses y conocía a todas las niñas asesinadas. Nos contó de los maltratos: los mantienen drogados para dormirlos, para que no se rebelen. Cuando le preguntamos si las violaban, se queda callada y baja la cabeza”. La muchacha dice también que en el sitio había siete sectores. El 1, pandilleros, 2, migrantes, 3, prostitutas, 4, violaciones…

Había un sector especial para muchachas que habían sufrido abuso sexual, pero allí dentro iban a seguirlas violando. Por eso denunciamos, porque esta violencia es pavorosa, porque los Estados, las instituciones y el poder se ensañan cada vez más contra las niñas y las mujeres, y en esa desigualdad de fuerzas siempre estará, al fondo, la muerte. Por eso mismo tuvo lugar la revuelta de las niñas, como dice el comunicado de la red Tzk’at de sanadoras ancestrales y feministas comunitarias de Iximulex: “Las ninÞas se agruparon porque denunciaban malos tratos, falta de amor, falta de comida, enfermedades, violencia sexual, intentos de suicidio, olvido de la sociedad. Se agruparon porque queriìan vivir, porque todaviìa teniìan suenÞos como otras ninÞas en el mundo que disfrutan en libertad y alegriìa”. Queda el resto de niñas que sobrevivieron el incendio. Esta misma red ha demandado su resguardo.

Estas niñas, que todavía podrían soñar, volverán un día a una sociedad que les hizo saber que no las quería, que las había olvidado y que las prefiere muertas. Cuando hablamos de despenalización del aborto, de protección a la niñez, estamos hablando de salvar estas vidas de la violencia de gobiernos provida y misóginos como ha demostrado serlo en esta tragedia el del derechista Jimmy Morales, cuyo secretario de Bienestar Social llegó a decir que las niñas de rebelaron “porque no les gustaba la comida”. Este poder siniestro es ahora una sombra que se cierne sobre todos nuestros países. Se afirmó también que, en la fecha histórica del 8 de Marzo, las niñas se rebelaron conociendo sus derechos. No fue así, dice Karen Ramos.

En efecto, se idealizó la narrativa de estos asesinatos por la fecha del incendio, pero por supuesto no deja de tener un valor sombríamente simbólico. En el incendio de las niñas se reproduce un hecho macabro: el asesinato de las 123 obreras textileras en Nueva York en 1911. Ellas también murieron quemadas al verse encerradas en la fábrica donde trabajaban. Despierta también el incendio en donde murió la escritora Zelda Fitzgerald en Asheville: ingresada en un hospital psiquiátrico, ella y otras ocho mujeres murieron quemadas. Algunas estaban atadas a sus camas y otras, tan sedadas que no lograron escapar. Sedadas como los niños del hogar Asunción. La historia de las mujeres quemadas en hogueras, cacerías de brujas, fábricas, psiquiátricos, no es folclor.

Hoy volvemos a confirmarlo de la manera más dolorosa. La muerte de estas niñas se considera en muchos sectores de la vejada sociedad guatemalteca como una ejecución extrajudicial que va a sacudir la Historia de Guatemala y de todos nuestros países. Pensamos que ya no nos quemarían. Pensamos que podíamos cantar “Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar”, o las nietas de las obreras, de las locas, de las descartadas. Lo cantábamos hace unos días en más de 60 países. A estas niñas sí las pudieron quemar, ellas no tendrán nietas que canten lo mismo que nosotras cantamos ahora.

Esa historia en donde nos pensábamos sobrevivientes la vemos hoy, a través de las niñas de Guatemala, del otro lado, siniestro. En esa fuerza internacional que formó el 8 de Marzo debemos inscribir también este duelo. Así como fue internacional y se regó como pólvora nuestra fuerza, así también este duelo debe regarse como cenizas de memoria por las niñas de Guatemala. De la pólvora a las cenizas para resurgir una vez más, en memoria de ellas.

Seguir vivas es nuestra revuelta.

Últimas noticias: Al mediodía del domingo 12 de marzo, Karen Ramos desde Guatemala según información recabada por la Comisión Nacional Contra el Maltrato y Abuso Sexual Infantil (CONACMI): “El número de víctimas es de 58. Hasta hoy en la madrugada habían fallecido 42: 19 en el hogar y 23 en hospitales. De ellas han sido reconocidas 30. El resto aparece como XX y se requerirá un examen de ADN. De entre las sobrevivientes, hay 11 en hospitales, 4 han sido trasladadas a Estados Unidos y 3 están por ser trasladas allá. Ellas, junto con las 4 niñas que ya viajaron, se encuentran estables pero tienen el rostro desfigurado. Hay dos casos de adolescentes que no van a ser reclamadas por familiares y son de la región de Baja Verapaz. Se presume que habrá más casos así. Un total de 30 niñas han sido entregadas.”

miércoles, noviembre 27, 2013

Guatemala: La naturalización de la violencia permite los feminicidios

Alba Trejo

SEMlac.- Cortar el pelo a una mujer, hincarla sobre piedrín y arrastrarla por la comunidad es un castigo natural para la población maya. Introducir a las mujeres en una pileta con agua con excrementos, pintarles el pelo, romperles la ropa y obligarlas a correr por la universidad, autocalificándose de prostitutas, es visto como un bautizo normal. Son dos formas de violencia de género que la sociedad permite y acepta como parte de una.

Agregar racumin (veneno para ratas) al azúcar para que su pareja muera lentamente, sellar el pozo donde lanzó a su compañera para desaparecer su cuerpo o estrangular a su víctima, bañarla y después simular un suicidio colgando su cuerpo en una viga, son feminicidios que ya no escandalizan a la sociedad guatemalteca.

"La sociedad ya no se horroriza por nada", dice Norma Cruz, de la Fundación Sobrevivientes. Según la activista, los niveles de insensibilidad y tolerancia han rebasado todo y por eso las muertes de mujeres van en aumento.

Esa pasividad ha permitido que 625 mujeres murieran de forma violenta este año en Guatemala. El recuento indica que, de ellas, 21 estaban en estado de gestación, 99 apenas iniciaban su vida de adolescente, 122 estaban casadas y 12 concluían sus estudios universitarios.

Eran guatemaltecas amas de casa, maestras, comerciantes, estilistas, policías, cocineras y empacadoras, entre otras actividades laborales. En ellas, la permisibilidad de la violencia concluyó en feminicidio.

Eran mujeres que se ocupaban en realizar un trabajo de acuerdo con sus capacidades y conocimientos y que, sin embargo, muchas de ellas encontraron en su compañero de vida sentimental a su verdugo.

Los datos de 10 meses obtenidos en el Instituto Nacional de Ciencias Forenses dan cuenta de que, entre las guatemaltecas asesinadas, un centenar son menores de edad, pero destaca que en las adolescentes se concentra el mayor número de crímenes.

"Eso tiene su explicación -dice Teresa Benítez, jefa de la Oficina de Atención a la Víctima de la Policía Nacional Civil- porque las niñas inician relación sentimental con jóvenes involucrados en el crimen organizado o pandillas, o son víctimas de pandilleros que eran sus amigos desde pequeños".

Arma de fuego, asfixia por estrangulamiento o arma blanca, en ese orden, son las formas que los victimarios utilizan para terminar con la vida de su pareja.

Karla Campos, del Grupo de Apoyo Mutuo, afirma que, de cada 10 feminicidios, ocho son cometidos por el compañero de vida de la víctima. Lo sustenta al decir que, cuando una mujer desaparece de su casa, la persona con la que vivía no denuncia su ausencia.

Con ese criterio coincide Claudia Hernández, directora de la Fundación Sobrevivientes, quien añade que no es una casualidad que cuando una mujer desaparece de su entorno, el hombre cambia de vivienda y se lleva a los niños, pero cuando el cuerpo de la víctima aparece sin vida y el hombre es entrevistado por las autoridades, nunca sabe qué pasó.

La experiencia ha demostrado en Guatemala que ya no se puede omitir en el proceso de investigación a la pareja como principal sospechoso, destaca Sonia Atabal, de la Red de la no violencia contra las mujeres.

El caso de Cristina Siekavizza puso de nuevo sobre la agenda el tema de las mujeres que desaparecen en este país después de que su esposo dijera que había sido secuestrada y huyera del país con sus dos hijos y una falsa identidad.

Después de dos años, el Ministerio Público lo señala a él como sospechoso de la desaparición de Siekavizza y posible asesinato, aunque el cuerpo de la mujer no ha sido hallado.

El Instituto Nacional de Ciencias Forenses advierte que, en el transcurso de este año, 87 cuerpos de mujeres no han sido identificados y la gran mayoría apareció en un barranco, una calle o entre matorrales.

Mientras, por cada 10 mujeres, nueve denuncian que son víctimas de sus parejas o exparejas y en las denuncias sobresalen la violencia sicológica y la intrafamiliar, reporta el Instituto Nacional de Estadística.

De esa cuenta, 18.693 guatemaltecas acudieron de enero a junio de 2013 ante las autoridades de seguridad para ser protegidas de la violencia de género.

Que tal acusación recaiga sobre los hombres no es fortuito. La Fiscalía de la Mujer recibe, en su gran mayoría, denuncias que inculpan a los maridos, quienes en ocasiones sacan a sus esposas a la calle para darles muerte y aparentar un acto de delincuencia.

En el Organismo Judicial, la magistrada Thelma Aldana muestra preocupación al conocer que los principales denunciados por las víctimas son sus compañeros de vida; o en la muerte violenta, las sentencias se dictan fundamentalmente contra alguien ligado sentimentalmente a ellas.

De ahí la preocupación de Aldana de ampliar los juzgados y tribunales especializados en género denominados "Justicia especializada para mi".

Guatemala ha creado ya siete Tribunales con un enfoque de género, seis de ellos en el interior del país y uno en la capital.

José Mendizábal Olazábal, de la Fuerza de Tarea contra el Feminicidio, comenta que se ha comenzado a tener como principal sospechoso al marido, novio o compañero de vida de la víctima. En ocho de 10 casos analizados, resulta que fueron ellos.

La violencia de género en este país centroamericano está enraizada por patrones culturales, más aun en la población maya, que conforma 60 por ciento de los 14 millones de habitantes.

De acuerdo con el derecho consuetudinario, el castigo a una mujer que tiene relaciones con un hombre casado o comete una acción considerada delito es acompañado de latigazos.

Los hombres emiten comentarios como "las mujeres cometen los mismos delitos que los hombres, por eso las matan" o que las "mujeres extorsionan a los hombres con la pensión alimenticia". Ello hace que el machismo se empodere aún más y permita niveles de violencia que llevan al feminicidio.

Guatemala es el país de Latinoamérica donde más mujeres son asesinadas brutalmente, incluso donde son desmembradas y decapitadas.

La Oficina de Naciones Unidas para las Mujeres (ONU-MUJERES) señaló que 14 de los 25 países con mayor tasa de feminicidios incluyen a Guatemala, Honduras y Belice, Colombia, Bolivia, Venezuela, Brasil, Ecuador y Guayana.

Las autoridades reconocen como avances la existencia de una ley contra el feminicidio y otras formas de violencia contra la mujer, aprobada en 2008; los tribunales especializados y las fiscalías contra el feminicidio. Pero la naturalización de la violencia de género en todas sus formas provoca que las muertes violentas de mujeres vayan en aumento.

miércoles, enero 16, 2013

La voz de las mujeres de Guatemala

Borja González Andrés

GEA Photowords El lunes se cumplió un año de la victoria electoral en Guatemala del general retirado Otto Pérez Molina, acusado de genocidio y otros crímenes de lesa humanidad, quien consiguió hacerse con la jefatura del Estado gracias a una campaña electoral plagada de promesas de seguridad en uno de los países más violentos del mundo, donde el 98% de los delitos no se investiga. Para analizar este año de polémico mandato entrevistamos a Mercedes Hernández, Secretaria General del Lobbie Europeo de Mujeres Migrantes (LOBBIEMM) y Presidenta de la Asociacion de Mujeres de Guatemala AMG. También es investigadora del feminicidio y de la violencia contra las mujeres en los conflictos armados de diferentes niveles de formalizacion. Nacida en El Quiche, Guatemala, es una superviviente del conflicto armado interno que devasto su pais y su provincia natal.

¿Ha mejorado en algo, en este primer año de gobierno de Otto Pérez Molina, la situación de violencia que sufren las mujeres en Guatemala?

En términos generales, la tasa de homicidios ha bajado en algunos meses. Ahora bien, las promesas de su campaña electoral, centrada básicamente en temas de seguridad, eran reducir las muertes violentas en un 20 por ciento. Se han logrado reducir en apenas un 2 por ciento y no todos los meses: por ejemplo, en Febrero y Agosto hubo más homicidios que durante los mismos meses de la legislatura de [el ex presidente Álvaro] Colom. Y respecto al tema concreto de las mujeres, Pérez Molina comenzó su mandato colocando al frente de la Secretaría Presidencial de la Mujer a una persona designada por él mismo, cuando siempre esa designación se había hecho por consenso de la sociedad civil organizada.

Una manera polémica de empezar…

Sin duda. Luego es verdad que de las llamadas Fuerzas de Tarea que se crearon, cinco en total, una se dedica a combatir el feminicidio. Pero yo soy muy crítica con el concepto mismo de “fuerza de tarea”, pues implica una manera de nombrar una acción de índole y herencia completamente militar. En el tema de seguridad lo que hay es una hipermilitarización de toda la sociedad guatemalteca. De hecho, se han instaurado destacamentos militares en zonas donde ya no los había o donde nunca los ha habido. Es muy característico ver cómo esos destacamentos se han instalado en los departamentos de Guatemala con menor índice de criminalidad ciudadana, que son aquellos con mayoría de población indígena. Todo el mundo sabe, y en Guatemala tenemos una herencia muy reciente, que cuando la militarización se instala, la violencia se incrementa. Y además, éstas son las zonas donde están las grandes hidroeléctricas y donde se hace la explotación minera a cielo abierto.

¿Hasta qué punto está el país “hipermilitarizado”?

Material y simbólicamente se refuerza la idea de la militarización y de una sociedad que necesita, entre comillas, estar militarizada. Desde su entorno han hecho muchos esfuerzos por lavar la imagen de Otto Pérez Molina, quien está sindicado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de gravísimas violaciones de Derechos Humanos mientras estuvo al frente de estas operaciones militares. [Días después de la entrevista, el gobierno guatemalteco anunciaba que no reconocería fallos de la Corte sobre casos posteriores a 1987 y, a pesar de que ha intentado lavar su imagen convirtiéndose en el General de la Paz, eso no le ha impedido colocar al mando de importantes ministerios a ex kaibiles (militares de élite del ejército guatemalteco) como él. Entonces, ¿qué se puede esperar de una persona que fue agente activo del conflicto armado y que, pese a estar acusado ante la CIDH, logra llegar a la presidencia a través de un sistema electoral completamente diseñado para que los representantes de la oligarquía más rancia y tradicional sigan instalados en el poder?

Con la reposición y el perdón –expresado a través de los votos- a militares como Pérez Molina, ¿se podría decir que el pueblo de Guatemala, de alguna manera, está perdiendo su Memoria Histórica más reciente?

La sociedad guatemalteca tiene muy presente lo que pasó durante el conflicto armado interno pero el miedo, que la gente aún siente, ha contribuido a colocar otra vez en el poder a una persona cuya promesa de campaña fue “mano dura”. Pero creo que, como te decía, todo se corresponde básicamente con ese sistema electoral que está diseñado exclusivamente para que el bien avenido matrimonio entre los militares y los oligarcas se mantenga. Un sistema que no permite que las poblaciones que no han olvidado las masacres de las que fueron víctimas, puedan votar en contra o a otro tipo de partidos. De todas maneras, la oligarquía en Guatemala ha empleado mucho dinero para desprestigiar a líderes que se alzaron en movimientos de oposición. Y luego, fruto de la impunidad del conflicto armado interno con la que hasta hace muy poco tiempo el 100 por 100 de los perpetradores de las violaciones de los DDHH no habían sido llevados ante ningún tribunal, se creó una imagen de un Estado crónicamente débil, con lo que el discurso de la mano dura se hace todavía más potente.

¿Por qué sigue triunfando ese discurso de la “mano dura”?

Nuestras sociedades comparten un imaginario en el que se tienden a resolver los conflictos siempre por la vía violenta. Entonces, no solamente en Guatemala, sino también en Honduras, El Salvador, etc., el discurso hegemónico de la mano dura contra la inseguridad, de la mano dura contra la pobreza inclusive, se asienta perfectamente. Las personas, la sociedad en general, es permeable a este tipo de discurso porque, en su imaginario está la debilidad crónica del Estado por un lado y, por el otro, unas raíces muy profundas de que la violencia es una forma de solucionar el conflicto.

¿Cuánto hay de herencia del conflicto armado y cuánto de violencia estructural, intrínseca a la propia sociedad guatemalteca?

Es verdad que existe una impunidad que es herencia de ese conflicto armado. También es verdad que más de 100.000 mujeres fueron violadas según la comisión de la verdad. Y cuando no se hace justicia a esas más de 100.000 mujeres, pues evidentemente se perpetúa el imaginario de que se puede hacer con los cuerpos de las mujeres lo que a cada perpetrador le dé la gana, porque no va a tener que rendir cuentas. Ahora bien, no es cierto que los feminicidios sean un producto simplemente del estallido de un conflicto armado que alcanzó el rango de genocidio. El machismo es la causa real de la violencia feminicida. Esto está intrínsecamente ligado a que, en acciones genocidas, es absolutamente necesario acabar no solo con las bases materiales de una comunidad sino también con su capacidad de reproducirse.

Y podemos irnos muchos siglos atrás, durante la colonización española, porque ninguna colonización de ningún territorio en el mundo puede cursar si no es por el cuerpo de las mujeres. Durante el conflicto armado de Guatemala hubo oportunidad para que se cruzasen todas esas lógicas: la lógica patriarcal, la lógica de la colonización y la propia razón de ser del conflicto. En definitiva, es verdad que esa impunidad es heredera del conflicto armado, pero no es cierto que sea el conflicto armado el productor de la violencia feminicida que tenemos a día de hoy.

¿Cómo se consigue que las mujeres, pese a todo, mantengan esa identidad colectiva?

Los delitos contra las mujeres, en la actualidad, son una violencia reactiva a la participación social, cada vez más fuerte, de las mujeres. Por ejemplo, es de una carga simbólica muy grande que los cuerpos de las mujeres aparezcan en las calles. Eso quiere decir que las mujeres ocupamos cada vez más el espacio público y las fuerzas patriarcales se resisten a ello e intentan devolver a las mujeres a la domesticidad del espacio privado. En la resolución 1325 de Naciones Unidas se deja muy claro que hay una atentado contra el honor comunitario y contra el honor familiar del cual las mujeres somos el receptáculo. Somos las mujeres las portadoras de las señas de identidad de todos los pueblos, y por eso las violaciones son tan efectivas como arma de guerra.

¿Por qué un país como Guatemala no ocupa un lugar más destacado en la información internacional, en este caso desde el punto de vista de España?

La cuestión es que el genocidio en Guatemala dejó cifras de más de 200.000 personas entre asesinadas y desaparecidas, y sin embargo lo que ocurrió en otros países como Chile o en Argentina es bastante más conocido. Creo que en el fondo, para hacernos eco de una noticia, hay algo muchísimo más importante y es con quién o con quiénes nos identificamos. Resulta que la mayoría de los asesinados durante el genocidio guatemalteco eran indígenas. Es la construcción de la alteridad, del otro, lo que nos permite identificarnos con una noticia y convertirla en duelo social: es decir, traducir la concepción del dolor ajeno en un acto de repudio a esas violencias. Esa es la labor de los medios de comunicación. Y de hecho, de ello hablaremos en unas jornadas próximamente en la Casa Encendida de Madrid: de cómo los medios se conforman como sujetos activos dentro de la estructura bélica-feminicida y cómo conforman la representación de las víctimas.
Borja González Andrés es estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido redactor en la Cadena SER y actualmente trabaja para la agencia Reuters.

Fuente: http://geaphotowords.com/blog/?p=18517

miércoles, febrero 09, 2011

Sobrevivir al genocidio machista en Guatemala

Por Danilo Valladares (IPS)
“Todo el tiempo me golpeaba la cabeza, me jalaba el pelo, me daba manotazos y patadas. Y me hacía vestir de manga larga para ocultar los golpes; incluso el día de mi boda llevaba un moretón en el brazo”, dijo a IPS Heidi Velásquez en Guatemala.

“Así se le pasan a uno los días, las semanas, los meses, los años hasta comprender el círculo de la violencia que empieza con insultos, luego los golpes, después la luna de miel, más tarde el silencio y se reactiva”, relató al describir los 12 años de convivencia con su esposo-verdugo.

Pese a todo, Velásquez, de 32 años y madre de dos niños, tuvo suerte: encontró fuerzas para buscar ayuda y poner fin a su matrimonio y dejar atrás una historia familiar donde la violencia era la cotidianidad.

En Guatemala, de 14 millones de habitantes, poco más de la mitad mujeres, la violencia machista tiene un saldo escalofriante. El año pasado 46.000 denuncias por estos abusos llegaron al Organismo Judicial, máximo órganodel Poder Judicial en el país.

Pero miles de estas víctimas no han logrado sobrevivir a la barbarie. En el decenio 2000-2010 más de 5.200 mujeres fueron asesinadas como parte de la violencia de género, la mayoría acribilladas a balazos, según la policía.


La cifra rebasa a las víctimas de Ciudad Juárez, la urbe mexicana fronteriza con Estados Unidos y conocida mundialmente por la cadena de feminicidios, los asesinatos por causas sexistas que comenzaron en 1993, y que en 2010 treparon a 306, según las cifras oficiales.

Velásquez ha sobrevivido a la tragedia pero no ha sido fácil. Debe encargarse sola de sus pequeños, de cinco y nueve años; acudir a terapia psicológica y afrontar una disputa legal con su ex pareja, acusada de misoginia, maltrato infantil y otros delitos.

“No me arrepiento de haber tomado esta decisión. Nuestra situación económica es distinta pero no dejamos de comer y tenemos amor de hogar. Ahora respiramos otro ambiente sin sentirnos temerosos o denigrados”, expresó.

Estas luchas pueden conllevar grandes riesgos, como le ocurrió a Mindy Rodas, cuyo rostro fue salvajemente desfigurado a cuchilladas por su esposo, Eswin López, en julio de 2009.

Milagrosamente la joven de 23 años y madre de un niño de cinco sobrevivió al ataque y comenzó de inmediato una batalla legal en busca de justicia. Así, mientras se recuperaba en el hospital, logró que la policía detuviera a su agresor.

Pero la esperanza de justicia le duró poco. Solo días después López fue liberado por el juez. Un escrito falsificado con el desistimiento del caso le bastó para recuperar su libertad.

Rodas no se rindió y buscó apoyo con organizaciones no gubernamentales y autoridades para esclarecer su caso, mientras a través de los medios de comunicación nacionales e internacionales llamaba a la lucha contra la violencia hacia la mujer. Para ello desnudaba su martirizado rostro de la mascarilla con que solía cubrirlo.

Incluso en febrero de 2010 viajó a México para iniciar un tratamiento de reconstrucción facial, aunque después cayó en depresión y regresó a Guatemala.

El 18 de diciembre, Rodas apareció ahorcada y torturada en una zona de la capital, junto al cuerpo de otra joven.

Las dos integraron la cifra de los 680 feminicidios ocurridos en el país ese año. El juicio del caso comenzará el 16 de junio pero Mindy, como ya es conocida por todos en Guatemala, no podrá dar su testimonio. Antes de la justicia, le llegó la muerte. Noventa y ocho por ciento de los crímenes quedan sin castigo, según la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala.

“Me quedé impactada cuando me dijeron que Mindy estaba muerta. Qué triste que aquí no se puedan aplicar las leyes como se debe aún cuando se tienen las pruebas y las agresiones físicas están a la vista”, recordó Velásquez sin resistir el llanto.

Norma Cruz, directora de la no gubernamental Fundación Sobrevivientes, dijo a IPS que “las mujeres deben denunciar cualquier agresión para que sea investigada”.

“Mientras el agresor permanezca en casa, las posibilidades de que las mujeres sean asesinadas aumentan”, señaló esta activista, cuya fundación apoya a la familia de Rodas y a Velásquez.

El costo de denunciar al agresor es alto dado que “muchas deben abandonar su casa, amigos y familiares para evitar ser encontradas por sus parejas y, además, deben afrontar el daño psicológico post traumático”, reconoció Cruz.

Aprietos económicos, atención psicológica y disputas legales son parte de los desafíos que deben afrontar las víctimas, aunque “reciben el apoyo de familiares y amigos”, agregó.

Pero no toda la violencia es igual ni suele enfrentarse de la misma manera.

“Mi violencia no fue física sino psicológica. Fue algo muy sutil pero una piensa que es normal y lo hace todo por los hijos y por no querer cambiar”, dijo a IPS Telma Sarceño, de 52 años. “Se normaliza el hecho que una mujer esté bajo el mando de alguien, de que tenés que hacer esto porque sos mujer, la que nació mujer así tiene que ser y tenemos que cambiar esos paradigmas”, dijo.

Con ese propósito Sarceño y otras siete mujeres víctimas de la violencia de género montaron en 2010 la obra teatral “Las Poderosas”, en la cual reviven sus historias para denunciar este problema.

“Al principio sentí miedo por mostrar al público lo que yo había pasado. Pero conforme va pasando el tiempo es todo más gratificante. Sobre todo por el mensaje que llega para cambiar vidas”, dijo Sarceño, consciente de que su caso no es el más atroz.

Fabiola Ortiz, directora de la gubernamental Coordinadora Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar y Contra las Mujeres, dijo a IPS que “hace 10 años ni siquiera se creía que la violencia contra la mujer era un problema”.

Aunque se trata de algo “muy complejo relacionado con las relaciones desiguales de poder entre el hombre y la mujer”, la funcionaria cree que ha habido avances.

“Hoy hay credibilidad de la existencia del problema, contamos con una ley Contra el Femicidio, las instituciones están creando mecanismos para enfrentar el tema y las mujeres están denunciándolo más”, detalló.

Ortiz explicó que su trabajo va más allá de coordinar políticas públicas para atender a las víctimas. Su institución promueve cambios en el imaginario social a través de campañas de información y educación.

Pero reconoce que es una tarea cuyos resultados toman tiempo. Mientras, los medios de comunicación reportan un primer mes de 2011 donde los feminicidios siguen su inclemente ritmo, se ha registrado una violación diaria en algunos distritos y las víctimas y sus familiares se suman a la lista de quienes no encuentran justicia.(FIN/2011)

Genocidio con saña

Susana Chiarotti, abogada argentina que integra el Comité de Expertas de Seguimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, ha denunciado a IPS que en América Latina “estamos prácticamente ante un genocidio, y además oculto”.

“Si se matase a la misma cantidad de personas por ser de una etnia o grupo especial, por ser negros, judíos o indígenas, la gente reaccionaría de otra manera. Pero son mujeres y la sensibilidad desgraciadamente decae”, alegó.

Gladys Acosta, jefa para América Latina del Fondo de Naciones Unidas para la Mujer, planteó a IPS que la comunidad internacional “debe movilizarse ante el carácter de epidemia de los asesinatos en razón de género en Guatemala”, que además, como ejemplifica el caso de Mindy Rojas, están marcados por el ensañamiento.

“Muertas con decenas de cuchilladas, víctimas con cuerpos desmembrados, es una saña atroz contra las mujeres”, remarcó la especialista peruana.

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=97489

martes, diciembre 21, 2010

Demandan justicia por el asesinato de la antropóloga Emilia Margarita Quan

José Luis Gómez
Cerigua.- Sectores sociales, especialmente asociaciones de mujeres de Huehuetenango, participaron en una marcha para demandar justicia por la muerte de la antropóloga Emilia Margarita Quan, investigadora del Centro de Estudios y Documentación de la Frontera Occidental de Guatemala (Cedfog).

En el marco de la actividad, que tuvo lugar este jueves, en la que se unieron distintos sectores de la población, se exigió a las autoridades gubernamentales, específicamente a la Fiscalía del Ministerio Público (MP) el esclarecimiento del secuestro y posterior asesinato de la socióloga, ocurrido la semana anterior en una carretera hacia el norte del departamento.

Álvaro Gómez, de Cedfog, dijo que es una petición concreta y que el crimen no puede quedar únicamente como un dato estadístico más, por el contrario, debe sentar un precedente para demostrar que en el país hay institucionalidad; el clamor de justicia es de toda la población por los constantes hechos criminales y de violencia.

Según Gómez, la misma población debe aportar en la reducción de la criminalidad, debido a la debilidad física y material de los sistemas gubernamentales; en estos espacios es donde la sociedad debe accionar.

Las entidades académicas y de derechos humanos del país, así como el Sistema de Naciones Unidas, condenaron enérgicamente la muerte de Quan, secuestrada el 7 de diciembre pasado, cuando se dirigía en un vehículo de la institución a Todos Santos Cuchumatán, un día después su cadáver fue encontrado en los límites de ese municipio.

Quan era investigadora del Cefog, una organización de Acción Ciudadana, denunció irregularidades en la construcción del Centro de Atención Integral para Mujeres de Huehuetenango (Caimujer), fue becaria de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

sábado, marzo 13, 2010

Guatemala: "El femicidio es agenda diaria". Entrevista con Otilia Lux de Cotì, diputada al Congreso de la República y vicepresidenta de la Comisión de

Alba Trejo
(Especial de SEMlac).- Es una de las diputadas al Congreso de la Republica con más experiencia en el tema de género. Gestora y promotora de la Ley contra el Femicidio y otras formas de violencia contra la mujer, Otilia Lux de Cotì es una mujer maya que ha ocupado el puesto de vicepresidenta de la Comisión de la Mujer en dos ocasiones, representante permanente de Guatemala en el Consejo Ejecutivo de la Unesco y ex ministra de Cultura.

Lux de Cotì dice luchar duro en este país donde nació y donde las cifras de violencia contra la mujer se escriben en números rojos; tanto así que, en un período de nueve años, los índices ascendieron de 322 asesinatos reportados anualmente, a 720 muertes por arma de fuego, estrangulamientos y cuerpos cercenados cada año.

Mientras, la violencia intrafamiliar golpea no solo el cuerpo, sino la mente de al menos 54.000 mujeres que se atrevieron a denunciar el año pasado, en el organismo judicial, ese delito.

Su visión de la situación de la mujer en Guatemala es que la violencia está enraizada, lo que la lleva a afirmar que no existen etnias ni edades cuando se trata de agredir por machismo a una mujer.

Considera que el Estado debe invertir más para terminar con este flagelo y asegura que la violencia contra la mujer indígena se da, aunque no en tan alta escala como en la mestiza.

¿Quien sufre más violencia en Guatemala, la mujer indígena o la mujer mestiza?

En términos generales, todas las mujeres. Pero puede haber diferenciaciones porque, en este país, la mujer mestiza sufre violencia categorizada en lo económico, político y social; sin embargo, las indígenas tienen un ingrediente más: la opresión ideológica, por un lado, y la opresión desde la perspectiva racial. Hay agresión eminentemente expresada por el racismo; hemos encontrado violencia en mujeres recolectoras de café y en la zafra, por parte de quien las contrata: muchas veces las golpean. Pero la agresión más profunda se da cuando están en calidad de trabajadoras domésticas, pues se les esclaviza.

¿A qué le atribuye que la violencia contra la mujer indígena no se visibilice como se hace con la mestiza?

Porque cuando se atiende a una mujer violentada, no se hace una disgregación de etnia, no existen los mecanismos para hacerlo.

¿Ocurren los femicidios dentro de las comunidades indígenas?

Se dan, aunque quizás no en el mismo número que con las mestizas; sin embargo, si nos vamos al pasado, no hay que olvidar que durante la guerra quien sufrió más fue la mujer maya porque hubo violaciones sexuales, asesinatos, torturas.

¿Qué significa para usted legislar y luchar por los derechos de la mujer en un país donde, desde hace nueve años, el número de asesinatos anuales contra mujeres ha crecido de 400 a 700 por período?

Nos preocupa grandemente. Para mí, el femicidio que ocurre en el país no es más que la muerte violenta que se le provoca a las guatemaltecas, ese odio que está enquistado en la sociedad machista. Es una actitud como de querer acabar con las mujeres.

¿Es realmente para la mujer guatemalteca motivo de celebración el día internacional de la mujer?

Claro que no, es más bien una oportunidad de alzar nuestra voz para que se implemente la ley contra el femicidio y otras formas de violencia contra la mujer. No podemos pasar un 8 de marzo si no alzamos la voz contra el Estado para que se comprometa a parar la violencia contra las mujeres.

La Secretaria de Estado de Estados Unidos estará en Guatemala dos días antes de celebrar el día internacional de la mujer, y usted estará reunida con ella, ¿qué le dirá de la situación que enfrentan las guatemaltecas?

Que estamos en un país violento, en donde el femicidio es una agenda diaria, y que nos coloque más fondos para que nos ayude a eliminar este flagelo que, en lugar de reducirse, se está extendiendo.

¿Violencia es lo mismo que desigualdad en Guatemala?

Son conceptos distintos: violencia es prácticamente eliminar a una mujer, como ocurre en Guatemala, mientras la desigualdad es el comportamiento de marginarlas, pero no por eso deja de ser un mecanismo que potencia la violencia. No es sinónimo, sino un comportamiento humano que no se ha erradicado, porque si así fuera, tendríamos mejores programas, presupuestos, políticas para la mujer y su seguridad en este país.

¿Existe el estigma de que la mujer indígena es golpeada o asesinada por situaciones culturales?

Realmente es una equivocación lamentable, es una idea falsa. Eso no quiere decir que una mujer indígena no puede ser golpeada y maltratada como una mestiza. Insisto, para la mujer guatemalteca la violencia es generalizada, a todo nivel.

jueves, enero 14, 2010

Se incrementa el número de muertes violentas contra guatemaltecas

Fuente: Cimac Noticias
Pese a los avances en materia de coordinación interinstitucional y la creación de políticas y planes específicos para disminuir las expresiones de violencia contra las mujeres, las muertes violentas y el femicidio en Guatemala, no han podido ser reducidas por las autoridades; las elevadas cifras persisten, en tanto el número de víctimas del narcotráfico y de los grupos del crimen organizado aumentan.

Según datos elaborados por el Ministerio de Gobernación, en el 2009 se registraron 708 muertes violentas de mujeres a nivel nacional, pero sólo el 48 por ciento de los casos cuenta con información suficiente para determinar si efectivamente las causas fueron asociadas al género.

Durante el año pasado aumentó el número de hechos en los que las víctimas sufrieron desmembramientos, así como tortura y violación, al registrarse 10 casos, principalmente en zonas tomadas por grupos del crimen organizado, el narcomenudeo y las pandillas, destaca la Investigación en Prensa Escrita sobre Violencia contra las Mujeres, elaborada por Cerigua.


Las declaraciones de las y los residentes de dichas áreas revelan que las mujeres, mayoritariamente adolescentes y jóvenes, son reclutadas para distribuir estupefacientes o para cobrar extorsiones; cuando se niegan son asesinadas brutalmente, enfatiza el análisis.

Las mujeres usualmente mueren durante ataques armados a buses del transporte público, asaltos a sus negocios o en la vía pública y a manos de sus parejas; el 97 por ciento de las investigaciones permanecen en la impunidad, concluye el estudio.

miércoles, diciembre 09, 2009

Justicia de Guatemala se niega a tipificar el femicidio como delito

Fuente: Cimac Noticias
La casi nula aplicación de la Ley contra el Femicidio y otras formas de violencia contra las Mujeres, pone en evidencia la profunda crisis del sistema de justicia guatemalteco, país centroamericano en donde las autoridades no procesan este flagelo como delito.


Las cifras ilustran la situación. Hasta el momento, se reportan cinco sentencias por femicidio contra las mujeres, pero el aparato de justicia prefiere utiliza la Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Intrafamiliar, una ley que no es de carácter punitivo, pero que con algunas enmiendas puede contribuir a brindar protección a la población femenina, según un reporte del diario El Periódico.

La Comisión de la Mujer del Congreso de la República ingresó recientemente a la Comisión de Puntos Constitucionales, una propuesta de reformas a algunos artículos de la citada normativa, para asegurar que el agresor abandone el hogar y pague de inmediato la pensión alimenticia para su pareja e hijos.


Pero la debilidad de la Ley para Prevenir y Sancionar la Violencia Intrafamiliar es que no prevé sanciones y desde su promulgación 13 años atrás, las y los jueces se han negado a ver la violencia contra las mujeres como un delito, enfatizó Hilda Morales, titular de la Comisión para Prevenir la Violencia contra las Mujeres (Conaprevi).

Las reformas son innecesarias, se alcanzarían mejores resultados si el sistema de justicia aplicara correctamente la Ley contra el Femicidio; también sería determinante que la Escuela de Estudios Jurídicos incluyera la temática en su pensum de estudios y erradicar añejos prejuicios donde se culpa a las mujeres de la violencia que padecen desde tiempos ancestrales, concluyó Morales.

jueves, noviembre 26, 2009

Guatemala: Zapatos por víctimas del femicidio y música por No a la violencia...

Por: Alba Trejo
Zapatos de adultas y niñas representarán a cada una de las que han fallecido de forma violenta en este país centroamericano, en una muestra pública que ha sido pensada en memoria de las guatemaltecas asesinadas y en la cual se hará silencio, por tres horas, este lunes 23 de noviembre.

Con un antecedente en Chile, años atrás, esta iniciativa se distinguirá porque no habrá protestas, gritos, ni exigencias, más bien será una forma de honrar a las madres, hijas, hermanas, abuelas y tías fallecidas como consecuencia de la violencia. Los zapatos serán el símbolo para recordar y dignificar la memoria de las 3.000 víctimas que, desde 2000 a la fecha, murieron asesinadas.

Esta fue la primera acción que se realiza en el contexto del lanzamiento de la campaña del secretario de las Naciones Unidas Ban Ki-moon, el 25 de noviembre, para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas, y que tendrá una duración de cinco años.


Guatemala fue elegida sede de ese lanzamiento, el 25 de noviembre, por sus índices de violencia contra las mujeres, que alcanzan las 40.000 denuncias por violencia intrafamiliar en menos de un año, y 632 asesinatos hasta la fecha, según fuentes del Organismo Judicial y del Ministerio de Seguridad.

Igualmente, se han valorado los esfuerzos para ayudar a ponerle fin a ese flagelo, entre ellos la aprobación de tres leyes: una contra el femicidio, otra contra la violencia intrafamiliar y una tercera contra la violencia sexual y trata de personas.

El lanzamiento para Latinoamérica tendrá diversos escenarios e invitados internacionales. El cantante colombiano Juan Fernando Fonseca es uno de los que se han unido para promover esta importante causa y cuyo rostro ya aparece en vallas y anuncios de prensa.

El autor del tema "Te mando flores" dará un concierto en la Plaza Central el 25 de noviembre y lo acompañará el grupo guatemalteco Viento en Contra.

Mientras, la acción de los zapatos será un acto silencioso que durará tres horas y al cual se espera acudan mujeres de todos los sectores de la sociedad.

También participará la sociedad civil, representada por los grupos de derechos de la mujer, así como las entidades de aplicación de justicia del Estado como el Ministerio Público, el Organismo Judicial, el ministerio de Seguridad y el Instituto de Ciencias Forenses, entre otros.

En este país centroamericano el femicidio se comete principalmente con arma de fuego, le sigue el arma blanca y los estrangulamientos.

Los principales autores de estas muertes son las pandillas que reclutan a las adolescentes: por lo menos 80 niñas fueron ultimadas en 2009. Estos grupos, conformados al menos por 10.000 miembros, las seducen, las utilizan para cobrar extorsiones y después las asesinan. Los cónyuges, ex cónyuges y compañeros de vida también están en la lista.

Al menos 455 muertes violentas de mujeres fueron notificadas hasta agosto de 2009 por el ministerio de Gobernación. De ellas, 119 fueron víctimas de violencia intrafamiliar.

El crimen organizado también se ha apoderado de la vida de las guatemaltecas; las involucra en secuestros y narcotráfico y después las aniquila.

Esta es la primera vez que el Estado y la sociedad civil se unen para recordar a las víctimas del femicidio.

El objetivo principal de la campaña de las Naciones Unidas es hacer un llamado a las nuevas generaciones de la región para poner fin a la violencia contra las mujeres, a unirse en torno a un cambio generacional que luche por el respeto a la población femenina y elimine cualquier forma de agresión o violencia contra ella.

Los zapatos, que fueron entregados por distintas mujeres, serán donados a entidades como los albergues para sobrevivientes de la violencia, seis de los cuales son manejados por el gobierno. También a las mujeres privadas de libertad y trabajo social del Hospital Público San Juan de Dios.

En la actividad, la Fundación Sobrevivientes, que forma parte de la Comisión Multisectorial, buscará sensibilizar a la población mediante una exposición de vestidos de mujeres víctimas, por las cuales ha buscado justicia, lo que forma parte de la campaña de las Naciones Unidas.

Nadine Gasman, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas para Guatemala, dijo que la violencia contra las mujeres es "una violación a los derechos humanos y necesita ser tratada con un enfoque integral", pues es "inaceptable, inexcusable e intolerable", expuso.

El representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Adriano González-Regueral, refirió que, en 2008, murieron de manera violenta en el país 722 mujeres, 18 por ciento niñas y adolescentes.

Lo necesario, explicó, es acabar con la tolerancia social hacia la violencia contra las mujeres y niñas. "Hay que luchar contra el silencio, debe haber tolerancia cero e impunidad cero, y entonces podremos detener la violencia", manifestó en la presentación de la campaña, hace una semana. Otra de las actividades programadas es un seminario de intercambio de experiencias.

jueves, mayo 07, 2009

Alarmante número de feminicidios en Guatemala

Mujeres guatemaltecas y españolas se reúnen en ciudad de Guatemala para elevar la voz por las más de 4.300 mujeres asesinadas en Guatemala durante los ocho últimos años y el alarmante aumento de los asesinatos (en un 457%) durante el período 2002-08.

Destacaron que las formas de violencia contra la mujeres se diversifican, entre las que se incluyen vejaciones como violaciones, torturas en genitales, descuartización que, según dicen, son "mensajes de intimidación". "Hay crueldad, saña y odio", destacaron.

Pese a todo, aseguran que en el país centroamericano "el sistema de justicia no lleva a juicio ni castiga a los perpetradores". "La impunidad en los asesinatos de mujeres es casi absoluta, ya que en el 98 por ciento de los casos no se obtiene justicia penal", agregan en un informe.


Según explica la relatora de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG), Susana Villarán, uno de los elementos que favorece la impunidad "es la debilidad imperante en las instituciones públicas encargadas de llevar a cabo la investigación y la culpabilización de las víctimas”. "Uno de los hechos más preocupantes -continuó- es el cierre por parte del Ministerio de Gobernación de la unidad de investigación y seguimiento de feminicidios y temas relacionados con los Derechos Humanos".

Con todo, concluyeron que para el Gobierno guatemalteco la seguridad ciudadana de las mujeres "no es prioritaria".

Al final del encuentro, y tras un breve coloquio en el que mujeres guatemaltecas y españolas intercambiaron impresiones sobre la violencia de género, un grupo de artistas españolas volvieron a denunciar la violencia contra la mujer a través de la música y la interpretación.

Según recoge la prensa local, la segunda reunión fue en el Legislativo, donde pidieron a Roberto Alejo, presidente del organismo, prioridad a las leyes en favor de las mujeres. Además de pedir que se tipifique el delito de violencia intrafamiliar, sugirieron reformar la Ley Electoral en materia de igualdad de género y cambios en el Código de Trabajo para reglamentar las labores domésticas.