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lunes, julio 08, 2013

Se cumplen 156 años del nacimiento de Clara Zetkin

MinMujer Un 5 de julio de 1857 nació la alemana Clara Zetkin, quien con su acción y obra se convertiría en pionera en la defensa de los Derechos de la Mujer en un contexto social de entera violación a los derechos fundamentales de la clase obrera.

Propuso en 1910, durante el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas, la instauración de un día internacional en homenaje a las mujeres obreras, en su larga trayectoria de lucha política se desempeñó como diputada, de 1920 a 1933, del Partido Comunista de Alemania (KPD), militó en el movimiento obrero, Asociación Internacional de Trabajadores, llamada II Internacional, fundada en París en 1889, y fue electa presidenta del Movimiento Internacional de las Mujeres Socialistas.

Esta pionera incansable por la lucha de los sectores excluidos por el sistema capitalista, nació en Wiederau, Alemania, y su padre fue un maestro rural de Sajonia.

A los 19 años inicia estudios universitarios de Derecho en Leipzig, época en la que se contactó con los estudiantes y emigrantes rusos, entre quienes se encontraba Ossip Zetkin, socialdemócrata alemán, con quien contraería nupcias al cabo de algunos años.

En el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas que se celebró en 1910 en Copenhague (Dinamarca) en el que asistieron más de 100 delegadas Clara Zetkin y Kathy Duncker participaron en representación del Partido Socialista Alemán y presentaron la propuesta de conmemorar un "Día Internacional de la Mujer" o "Día de la Mujer Trabajadora" en un acto de solidaridad internacional con los delegados de Estados Unidos que habían honrado la huelga de las trabajadoras del textil en 1910 con un Día de las mujeres de EE.UU. que empezó a conmemorarse en marzo de 1911.

En el período de guerra de 1870-1871, Clara entró al movimiento obrero. Luego de la Comuna de París y su caída, vivió un periodo de gran represión y persecución de la cual fueron objeto los líderes de esta organización.

Entre 1889-1890 hay un auge que se refleja en la creación de partidos socialistas en distintos países y permite el resurgimiento de la Asociación Internacional de Trabajadores, llamada II Internacional, fundada en París en 1889, a cuyos trabajos preparatorios y fundacionistas Clara Zetkin contribuyó.

En 1920 fue elegida Presidenta del Movimiento Internacional de las Mujeres Socialistas. En ese mismo año visitó por vez primera a la Unión Soviética. En 1921 formó parte importante de la Dirección de la III Internacional.

En 1924 fue principal dirigente del Socorro Rojo Internacional. De 1920 a 1933 era diputada del Partido Comunista de Alemania (KPD) en el Reichstag (parlamento alemán).

Como presidenta de este congreso pronunció en 1932 un histórico discurso en que, meses antes de que Hitler asumió el poder, advirtió del peligro fascista y expresó su esperanza que a pesar de su afectada salud podría inaugurar el "primer congreso de los consejos de la Alemania Soviética".

El 20 de junio de 1933, a la edad de 76 años, murió en un sanatorio de Archangelskoje, cerca de Moscú. Su cuerpo fue sepultado en las murallas del Kremlin.

sábado, julio 16, 2011

El movimiento de mujeres comunistas (1921-26)

John Riddell
IPS
Reproducimos a continuación una nota de John Riddell publicada originalmente en su blog en inglés. Agradecemos al autor por la contribución y a Celeste Murillo que la tradujo para nuestro blog.

El siguiente trabajo fue presentado en la conferencia de Historical Materialism de Toronto del 16 de mayo de 2010. Cuando celebramos el Día Internacional de la Mujer, a menudo nos referimos a sus orígenes en las luchas obreras de Estados Unidos a principios del siglo XX. Se menciona con menos frecuencia, sin embargo, cómo fue relanzado y popularizado en la década de 1920 por el Movimiento de Mujeres Comunistas. Además, este movimiento casi ha sido olvidado, así como sus principales dirigentes.

Estructura y función

El Movimiento de Mujeres Comunistas se fundó en una reunión internacional de mujeres comunistas en 1921, que eligió una dirección, el Secretariado Internacional de la Mujer, que informaba al Ejecutivo de la Internacional Comunista o Comintern. También inició la formación de comisiones de mujeres en los partidos nacionales, que coordinaban el trabajo de los organismos de mujeres a nivel de rama, y convocaba conferencias internacionales de mujeres comunistas.

El Secretariado publicaba un periódico mensual y también había publicaciones de mujeres comunistas a nivel nacional y local. También presentaba resoluciones a los congresos internacionales de la Comintern.

Ese, al menos, era el proyecto. Pasar de las ideas a los hechos fue difícil. Por entonces, las mujeres recién emergían a la ciudadanía y la actividad política. En la Internacional Socialista pre-1914, de acuerdo con Clara Zetkin, las pocas mujeres activistas eran “tratadas como una forma de ayuda doméstica”[1].

Incluso en la Comintern, escribió Zetkin en 1921: “con demasiada frecuencia los dirigentes menosprecian la importancia” del movimiento de mujeres comunistas, porque “lo ven solo como un ‘tema de mujeres’”[2]. En cada uno de los congresos internacionales de la Comintern de de 1920, 1921 y 1922, las mujeres tuvieron problemas para poder presentar y discutir su informe[3].

Aun así, de conjunto, a pesar de lo que Zetkin llamó “oposición abierta o velada[4]”, las estructuras partidarias para el trabajo entre las mujeres se establecieron durante aquellos años en casi todos los países europeos donde los comunistas podían trabajar de forma legal. Las mujeres que encabezaban este trabajo fueron probablemente el equipo de dirección internacional más fuerte y capaz que haya producido la Comintern. Junto con Zetkin, la dirigente comunista no rusa más respetada, trabajaron Hertha Sturn y Bertha Braunthal de Alemania, Marthe Bigot y Lucie Colliard de Francia, Henriette Roland-Holst de Holanda, Dora Montefiore de Gran Bretaña, Hanna Malm y Aino Kuusinen de Finlandia, Edda Tennenboom de Polonia, Vaersenika Kasparova y Klavdiia Nikolaeva de Rusia, entre otras[5].
Su periódico, Internacional de las Mujeres Comunistas, era una herramienta educacional formidable, que publicó 1.300 páginas durante sus cinco años de existencia. La escritura es sagaz y a menudo poética, como en el siguiente retrato de los trabajadores en la Europa devastada por la guerra:

Quienes recogen la cosecha y hornean el pan tienen hambre.

Quienes tejen y cosen no pueden vestir sus cuerpos.

Quienes crean la base substancial de toda la cultura se consumen,

privados del conocimiento y la belleza[6].

Editado por Zetkin, el periódico expresaba el pensamiento de quienes defendían más conscientemente en la Internacional la política de frente único.

El trabajo de la Internacional de Mujeres se centró alrededor de dos campañas internacionales centrales: construir el Día Internacional de la Mujer y apoyar la campaña de Ayuda Obrera Internacional para la Rusia Soviética, con énfasis en la ayuda a las mujeres soviéticas. Durante el invierno y la primavera de 1922-1923, el secretariado de la mujer en Berlín también encabezó campañas sobre la inflación, el peligro de la guerra, la educación, las leyes anti-aborto y el fascismo, y trabajó directamente con las comisiones de mujeres de los partidos de la Comintern[7].

¿Movimiento o subcomité?

Sin embargo, es difícil de precisar la naturaleza de la Internacional de las Mujeres Comunistas. ¿Era un movimiento de mujeres? ¿O era una serie de comités partidarios que llevaban adelante tareas partidarias?

Clara Zetkin formuló su tarea central como la de ganar a las masas –específicamente, masas de mujeres– frente a una inminente confrontación con el capitalismo[8]. Anticipaba así la línea general adoptada pocos meses más tarde, después de un debate fraccional, en el congreso internacional de la Comintern.

Las dirigentes veían que esto no podía hacerse sin comisiones especiales para llevar adelante esta tarea. Como señaló Zetkin en otra ocasión, las condiciones sociales de las mujeres han creado una “psicología femenina especial”, de tal manera que las mujeres son “las más rápidas, más astutas y efectivas para reconocer las cuestiones clave de la vida de las mujeres trabajadoras”[9].

En otra ocasión, Zetkin escribió que las masas de mujeres tenían ahora “nuevos anhelos, deseos, impulsos, necesidades, que antes estaban escondidos”[10].

Los comunistas de este período no utilizaban el término “opresión de las mujeres”, sin embargo, este aparece concretamente en su pensamiento y acción.

No era suficiente construir coaliciones de acción amplias para influenciar a las masas, aunque era necesario. El objetivo era atraer a las mujeres hacia el partido y formarlas como cuadros y dirigentes. En la mayoría de los partidos, este era un proyecto nuevo, que se enfrentaba a las presiones chauvinistas que excluían a las mujeres del movimiento revolucionario.

En 1925, cuando la Internacional de mujeres era atacada por las fuerzas burocráticas de la Comintern, Zetkin restableció estos conceptos en la forma de un racconto de sus discusiones con Lenin cinco años antes. Ella cita a Lenin para expresar su conocido punto de vista: “Debemos construir por todos los medios un movimiento internacional de mujeres sobre bases teóricas claras”. Más adelante en la discusión, Lenin agregó: “¡No queremos organizaciones separadas de mujeres comunistas! La mujer que es comunista debe ser miembro del partido”, con “los mismos derechos y obligaciones”. Pero el partido necesita organismos especiales “con el propósito específico de despertar a las masas de mujeres”[11].

Las comisiones eran abiertas a todos los miembros del partido, y se alentaba a los varones a participar. De hecho, los varones no se acercaban. Pero ejercían presión sobre las prioridades. Lenin, por ejemplo, le dijo a Zetkin que en las reuniones con mujeres trabajadoras, los comunistas no debían dejar que “los problemas sobre sexo y matrimonio ocuparan el primer lugar”[12]. Zetkin se opuso fuertemente. Y podemos estar seguros de que, cualquiera fuera la agenda formal, las reuniones planteaban una oportunidad para lo que la generación que la siguió llamó “grupos de concienciación”.

Se reclutaban grandes cantidades de mujeres. La proporción de mujeres entre los miembros del partido iba desde un alto 20% en Checoslovaquia y Noruega hasta el bajo 2% en Francia e Italia. En Alemania y Rusia, aumentó gradualmente durante la década de 1920 hasta el 17% y 14% respectivamente[13]. Los números absolutos eran altos: más de 100.000 mujeres eran miembros de la Internacional Comunista.

Programa para la liberación

Estas mujeres adelantaron un programa que buscaba “asegurar derechos sociales totales e irrestrictos para todas las mujeres, para que… puedan desarrollar cada aspecto de su personalidad humana”[14].

El programa de la Comintern para la emancipación de las mujeres incluía “igualdad total de derechos en las leyes y en la práctica”, la integración de las mujeres a la vida política, el derecho a la educación libre y la salud, medidas sociales para aliviar el peso del trabajo doméstico y el cuidado de los niños, y medidas para “acabar con el doble estándar sexual para hombres y mujeres”[15].

Dada la profundidad del sometimiento de las mujeres en ese momento, esto puede parecer una utopía total. Las mujeres comunistas, sin embargo, apuntaban a los avances dramáticos en la Rusia soviética, donde las mujeres habían sido esclavas legales de maridos y padres antes de la revolución. Dejo pendiente para otra discusión un resumen de estas conquistas y sus límites.

“Nuestros cuerpos nos pertenecen”

El manifiesto de la Comintern para la emancipación de las mujeres no hace mención de los derechos reproductivos de las mujeres. Sin embargo, las comunistas hicieron campañas sobre estos temas con éxito.

Las comunistas de la época veían la crianza de los niños como una responsabilidad social, y buscaban ayudar a “las mujeres pobres que les gustaría experimentar la maternidad como la alegría más grande”. En un momento en el que el control de natalidad era defendido por muchos como un medio de control poblacional y eugenesia, las comunistas se opusieron a los intentos de intimidar a las mujeres por tener demasiado pocos o demasiados hijos. Veían el aborto como un símbolo de los males sociales relacionados con la pobreza y el sometimiento de las mujeres. Pero las leyes antiaborto, sostenían las comunistas, castigaban brutalmente a mujeres inocentes. Las comunistas denunciaban la escalofriante cifra de muertes por abortos ilegales y exigían la abolición de las leyes antiaborto”[16].

En Alemania, las comunistas dirigieron una gran campaña contra la ley antiaborto con la consigna “Tu cuerpo te pertenece”[17].

La violencia contra las mujeres raramente se menciona en la literatura de las mujeres comunistas. Sin embargo, señalaron las medidas de la Rusia soviética para garantizar la libertad de las mujeres de casarse y divorciarse según su voluntad y trabajar fuera del hogar como pasos para liberarlas de las relaciones violentas y opresivas. Sin embargo, se encuentra ausente de esta literatura cualquier discusión sobre violaciones o acoso sexual.

Las comunistas se oponían al castigo o el acoso hacia las prostitutas. Eran partidarias de eliminar las causas económicas del comercio sexual a través de hogares para mujeres desocupadas, formación vocacional y empleo[18].

Frente único

El movimiento de mujeres comunistas señaló que “las demandas del movimiento de mujeres burguesas” buscaban solamente “reformar el orden capitalista para beneficio de las esposas e hijas de las clases poseedoras”. Sin embargo, hacían hincapié en que la radicalización entre las mujeres llegaba a todas las capas sociales. “Las empleadas, especialmente las intelectuales… se están rebelando…cada vez más amas de casa, incluyendo amas de casa burguesas, se están levantando…Debemos utilizar este fermento”, dijo Zetkin en el IV Congreso de la Comintern[19].

Un año antes, Zetkin explicaba en el congreso anterior que “mientras reine el capitalismo, el sexo fuerte amenazará con privar al sexo débil del sustento y los medios para ganarse la vida”. Las mujeres burguesas, insistía, pueden apoyar la lucha –causando escaramuzas, mientras se rebelan y generan confusión en el campo burgués–[20].

En este sentido, al evaluar las reuniones de mujeres no proletarias destacaban los puntos de acuerdo que podían utilizarse como acción común.

En otro contexto, el periódico predice que mediante el frente único, muchas mujeres, tanto obreras como privilegiadas, que todavía evitaban las consignas de la dictadura del proletariado, “estarán presentes, con alegría y determinación, para afirmar sus derechos como madres al bienestar social, la salud y las vidas de sus hijos”[21].

Las comunistas desarrollaron un nuevo término para las víctimas del capitalismo, que hacía una mención sutil con respecto a las mujeres. Frecuentemente hablaban de “die Schaffenden”, una palabra en alemán que combina el significado de “productores” y “creadores”. Los Schaffenden, dice Zetkin, son todos “aquellos cuyo trabajo, sea manual o intelectual, aumenta la herencia material y cultural de la humanidad, sin explotar el trabajo de otros”[22]. Aunque Zetkin no dice esto explícitamente, el término de las comunistas incluye el trabajo doméstico e infantil, así como el trabajo del parto, atribuyéndole significancia productiva.

Disolución de la Internacional de las mujeres

Nacida en 1921, la Internacional de las Mujeres floreció durante dos años y medio y luego fue empujada a la decadencia por el ascenso del estalinismo.

En 1924, la Comintern dio un giro ultraizquierdista alejándose de las políticas de frente único, y las dirigentes comunistas perdieron influencia. A mediados de 1925, se canceló la publicación de su periódico, supuestamente debido a su alto costo. En 1926, la dirección de las mujeres comunistas se mudó de Berlín a Moscú, y fue degradada de secretariado autónomo a departamento del Comité Ejecutivo de la Comintern”[23].

El Zhenotdel soviético, la punta de lanza de los avances de las mujeres en las repúblicas soviéticas, fue clausurado en 1930. Las comisiones de mujeres duraron algunos años en otras partes. Para mediados de la década, sin embargo, el estalinismo impuso una vuelva los valores patriarcales tanto en la Unión Soviética como los partidos comunistas del exterior[24].

El legado de una generación revolucionaria

El logro más evidente de las mujeres comunistas fue extender las ideas y el ímpetu de la lucha por la emancipación de las mujeres en Rusia, y hacer conocidas sus conquistas alrededor del mundo, donde esta experiencia influenciaba movimientos más amplios de trabajadores y mujeres.

En la comprensión de la opresión de las mujeres y el camino a la liberación, las mujeres revolucionarias de esta generación marcaron un avance histórico. Eran hijas de su época, y sobre algunas cuestiones sus opiniones no fueron acertadas. Sobre otros temas, especialmente su comprensión de la interacción entre la liberación de las mujeres y la revolución, sus ideas y experiencia no han sido superadas.

El carácter de la Internacional de Mujeres Comunistas –movimiento autónomo o subcomité partidario– era ambiguo de principio a fin. Su sabiduría yacía en aceptar y manejar esa ambigüedad. Cuando las fuerzas burocráticas impusieron finalmente la consistencia lógica, eliminando la autonomía del movimiento, esto significó su destrucción.

Las mujeres comunistas apoyaron la búsqueda firme de la unidad militante del movimiento obrero. Buscaron unir a las mujeres de todos los sectores sociales que estuvieran preparadas para enfrentar de forma activa los males del capitalismo. Fueron impulsoras de la búsqueda hábil de un terreno común con las corrientes no comunistas entre las mujeres y en el movimiento obrero. Al hacerlo, jugaron un rol significativo en formar la dirección de la Internacional Comunista de conjunto.

Este es quizás el legado más importante que nos han dejado. La Internacional de Mujeres Comunistas prefigura el rol dirigente de las mujeres en los movimientos por el progreso social tanto hoy como en el futuro.

12 de junio de 2011

Fuente: http://johnriddell.wordpress.com/


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[1] Protokoll des III. Kongresses der Kommunistischen Internatinale (de aquí en adelante III Congreso), Hamburgo, Verlag der Kommunistischen Internationale, 1921, p. 910.
[2] Kommunistische Fraueninternationale (de aquí en adelante KFI), vol. 1, nº 2–3 (1921), p. 55.

[3] En el congreso de Baku, “una propuesta para elegir tres mujeres para la presidencia… causó fuertes objeciones de algunos delegados no partidarios, y le siguió un largo y pesado debate. Cuando las tres mujeres fueron elegidas por unanimidad para la presidencia en la quinta sesión, sin embargo, todo el congreso las saludó con una gran ovación”. John Riddell, ed., To See the Dawn: Baku 1920, First Congress of the Peoples of the East, New York, Pathfinder, 1993, p. 25.

[4]III Congreso, op. cit., p. 910.

[5] Bernhard H. Bayerlein, “Zwischen Internationale und Gulag” en International Newsletter of Communist Studies, vol. 12 (2006) nº 19, p. 27.

[6] KFI, vol. 2 (1922), op. cit., nº 5–6, p. 519.

[7] Bericht der Executive der Kommunistischen Internationale, 15. Dezember 1922–15 Mai 1923, Moscú, Verlag des EKKI, 1923, pp. 15-16; Bayerlein, p. 34.

[8] KFI, vol. 1, nº 2-3 (1921), op. cit., pp. 47-48.

[9] Protokoll des Vierten Kongresses der Kommunistischen Internationale (de aquí en adelante Cuarto Congreso), Hamburgo, Verlag der Kommunistischen Internationale, 1923, vol. 2, p. 727.

[10] KFI, vol. 1, nº 1 (1921), op. cit., p. 6.

[11] Los extractos citados en este trabajo son una traducción de la versión en inglés “Lenin on the Women’s Question”, en www.marxists.org/archive/zetkin/1925/lenin/zetkin2.htm.

[12] Ibíd.

[13] IV Congreso, vol. 2, op. cit., p. 738; Bayerlein p. 36; Akina Grossmann, “German Communism and New Wome”, in Helmut Gruber y Pamela Graves, ed., Women and Socialism: Socialism and Women, New York, Berghahn Books, 1998, p. 139.

[14] John Riddell, ed., Workers of the World and Oppressed Peoples, Unite! Proceedings and Documents of the Second Congress, 1920 (de aquí en adelante II Congreso), vol. 2, New York, Pathfinder Press, 1991, pp. 977–78.

[15] II Congreso, vol. 2, op. cit., pp. 990-92.

[16] Ver Ketty Guttman, “Zum internationalen Kampf gegen die Bestrafung der Abtreibung”, en KFI, vol. 3 (1923), op. cit., nº 5, pp. 959-68.

[17] Grossman, op. cit., pp. 142–4.

[18] KFI, “Massnahme zur Bekämpfung der Prostitution in Sowjetrussland”, en KFI, vol. 3 (1923), nº 2, op. cit., pp. 851–55.

[19] IV Congreso, vol. 2, op. cit., p. 734.

[20] III Congreso, op. cit., p. 911. La palabra en alemán puede significar “clase media” así como “burgués”.

[21] KFI, vol. 2 (1922), op. cit., nº 5-6, p. 528.

[22] De un discurso al Reichstag (parlamento) alemán, 7 de marzo de 1923, publicado ese año por el Partido Comunista Alemán y citado en Tânia Puschnerat, Clara Zetkin: Bürgerlichkeit und Marxismus, Essen, Klartext Verlag, 2003, p. 346.

[23] Bayerlein, pp. 34-40.

[24] Wendy Goldman, Woman, the State, and Revolution: Soviet Family Policy and Social Life, 1917-1936, Cambridge, UK, Cambridge University Press, 1993, pp. 338–41 [hay edición en castellano: La mujer, el Estado y la revolución, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2010]; León Trotsky, The Revolution Betrayed, New York, Pathfinder Press, 1972, pp. 144–59.

Fuente: http://www.ips.org.ar/?p=2817


martes, julio 05, 2011

A 154 años de su nacimiento: Clara Zetkin...

Por: Elena Ibarra
Compañeras y compañeros, antes de iniciar mi informe sobre las actividades de la International de la Mujer de la Secretaría y el desarrollo de la actividad comunista entre las mujeres, me permiten comentarios cortos. Son necesarios porque nuestro trabajo está siendo incomprendido no sólo por nuestros adversarios, sino incluso por nuestros propios compañeros. Esto es con algunos restos de un antiguo punto de vista, y con los demás que es el prejuicio deliberado, ya que no simpatizan con nuestra causa, e incluso en parte se oponen a ella. (1977:22)

Con estas palabras críticas y aleccionadoras, parte del discurso pronunciado por la camarada Clara Zetkin, como representante de Alemania ante el Comité Ejecutivo de la Secretaria Internacional, en el IV Congreso de la Internacional Comunista celebrado en noviembre de 1922; quiero comenzar este pequeño homenaje a quien tal día como hoy, un 5 de julio, por allá por 1857, abrió sus ojos al mundo, en la población de Wiederau (Sajonia); Clara Eissner, quien años más tarde tomaría el apellido de su primer esposo Ossip Zetkin, y sería conocida por el mundo como “Clara Zetkin”. A sus 154 años de su nacimiento.

Esta invalorable mujer, quien con apenas 17 años finaliza sus estudios para convertirse en profesora, es sin dudas una “adelantada a su época”, pues muchas de sus frases y luchas siguen teniendo vigencia, y ha sido y será por siempre un ejemplo a seguir, pues luchó de manera incansable por la igualdad social, los derechos de la mujer, entre ellos el derecho al voto, y la instauración del socialismo; ingresando años más tarde a las filas del Partido Socialdemócrata de Alemania hasta 1917, momento en que se inscribió en el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), concretamente en su ala más izquierdista, la Liga Espartaquista, quien evolucionaria hasta convertirse en el Partido Comunista de Alemania (KPD).


Con Apenas 21 años (1878), se refugió en Zúrich, luego en 1882 se exilia en París, donde juega un importante papel en la fundación de la II Internacional; más tarde en 1899 se casa por segunda vez con George Friedrich Zundel, con quien permanece hasta 1928, Clara es madre de dos hijos; pero ello no le impide seguir luchando, y en compañía de estos sigue la lucha por sus idearios, hasta convertirse en una de las figuras más prominentes del ala izquierdista de la Liga Espartaquista, acompañada también por la siempre amada Rosa Luxemburgo, “La Rosa Roja”, otra revolucionaria inolvidable, por su compromiso y práctica social con y por las y los más pobres.

Pero hablar Clara Zetkin, esta combativa luchadora no es nada fácil, pues su lucha además de infatigable fue consecuente, conjugando perfectamente la teoría con la práctica como marxista militante, de allí que a continuación sólo señalaré algunas:

o Tuvo una destacada participación en el Partido Socialdemócrata Alemán, donde entre otras cosas, organizó su sección femenina.
o Entre 1891 y 1917, dirigió la revista Die Gleichheit (La igualdad), importante órgano oficial de la Internacional de Mujeres Socialistas; instrumento fundamental para incentivar el trabajo y concientización de las Mujeres a través de una férrea línea ideológica.
o Abordó los problemas que más afectaban a las mujeres, con un tono, fuerte, franco, atractivo y convincente, lo cual le permitió convertirse en la guía, necesaria para la organización de las mujeres y su participación en la vida política.
o En la Revista “La Igualdad”, nunca faltó un artículo en el que se denunciase la escandalosa explotación de las mujeres y se incentivase a romper con el orden establecido.
o Durante el II Encuentro de Mujeres Socialistas, realizado en Copenhague en 1910, alza su voz para proponer que se instaure un día en homenaje a las mujeres obreras, quienes habían luchado por exigir mejores condiciones laborales.
o Junto con Rosa Luxemburgo y Alexandra Kollontai consiguen la instauración del 8 de Marzo como “Día Internacional de la mujer”.
o A partir de 1914, año en que Alemania entró en la I Guerra Mundial, Zetkin colaboró con su amiga Rosa Luxemburg en actividades para detener la guerra.
o Fue encarcelada en varias ocasiones.
o Tras largas luchas encabezadas por esta heroína, se consiguió el derecho al voto femenino en 1918.
o En 1918 se convirtió en miembro del primer Comité Central del Partido Comunista, y lo representó en el Reichstag desde 1920 hasta 1932, aprovechando su última intervención para hacer un llamamiento a la unidad contra el auge de los nacional socialistas (nazis).
o En 1920, esta mujer inquieta y batalladora resultó electa presidenta del Movimiento Internacional de Mujeres Socialistas.
o En 1921 fue elegida para la presidencia de la III Internacional
o En 1933. Tras alcanzar Hitler el poder, se exilia a la URSS



Pero lo más admirable, es la vigencia de su pensamiento, tal y como se evidencia en las palabras emitidas en la International de la Mujer de la Secretaría y el desarrollo de la actividad comunista entre las mujeres, reseñadas en la cita con la cual iniciamos, de donde resaltamos: “nuestro trabajo está siendo incomprendido no sólo por nuestros adversarios, sino incluso por nuestros propios compañeros”; frase lapidaria, pues, en verdad, nuestro trabajo ha sido y aún es incomprendido, incluso por quienes blanden las banderas de la igualdad; olvidando que no existe igualdad, si persiste la desigualdad entre hombres y mujeres; ya Carlos Mark, decía que “el progreso social puede ser medido por la posición social del sexo femenino”; de lo que se deduce que no se realizará el salto cualitativo hacia al socialismo, mientras exista esa desigualdad.

Pero ello, no vendrá de la nada, se hace obligante, estudiar prepararse, con los escritos de Rosa Luxemburgo, Carlos Marx, Lenin, y todos aquellos teóricos y teóricas versados en el tema, incluyendo los de la misma Clara Zetkin, -que aun cuando no abundantes, fueron agudos y claros- literatura donde además nos posesionemos de la claridad teórica necesaria para entender que no puede existir socialismo, si persisten las desigualdades, recordémosla cuando decia: “…como persona, como mujer y como esposa, la mujer no tiene la menor posibilidad de desarrollar su individualidad. Para su tarea de mujer y madre sólo le quedan las migajas que la producción capitalista deja caer al suelo”, por lo que producto de las sociedades patriarcales, hombres y mujeres, pero mayoritariamente las mujeres, vivimos en estado de opresión, del cual tal y como lo afirmaba Clara Zetkin, sólo podremos salir a través de la instauración de una sociedad de iguales.

Las sociedades capitalistas nos han demostrado que las mujeres sólo somos objetos de uso e intercambio y como todo objeto, tenemos períodos de caducidad, es decir somos útiles en determinadas edades, en aquellas edades productivas para ellos, una sociedad donde a partir de los 40 se les considera obsoletas e inútiles, y entre 15 y 39 atractivas como hembras, “mulas de carga”, u “objetos de venta”. Una Sociedad Capitalista donde lamentablemente no somos seres humanos, somos objetos, y con esta visión alienada, alienan a nuestros compañeros de lucha, a los hombres, generando rencillas entre ambos, cuando la lucha no es con ellos, es con el sistema capitalista, lo cual nos lleva organizarnos y lograr lo que con gran claridad señalaba Lenin: “Debemos por todos los medios crear un poderoso movimiento internacional de mujeres sobre una base teórica clara” (1920:1).

Han pasado 34 años desde aquel 1977, cuando Clara Zetkin pronunció aquellas palabras, parte de la cita con la cual iniciamos; y aún hoy la lucha por la defensa de nuestra posición en el mundo se hace cada día más vigente, pues seguimos palpando los vestigios de esa desigualdad e incomprensión por nuestra lucha, evidentemente producto de que no hemos alcanzado los objetivos, entendemos que algunas veces vivimos francos adelantes, otras veces grandes retrocesos, esa es la dialéctica, pero no podemos abandonar la lucha, ni la crítica y la autocrítica, no nos lo perdonaría la historia; tenemos el ejemplo de lucha incansable de mujeres como Clara Zetkin, para seguir adelante, forjando el camino de la justicia social y la equidad de género.

Dra.

Una Comunista



Fuentes

Zetkin, Clara, La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo, Barcelona, Anagrama, p. 104.

_________ (…) Lenin sobre la Cuestión de la Mujer. Recuperado el 01 de julio de 2011. en http://www.marxists.org/archive/zetkin/1925/lenin/zetkin2.htm.

Lenin, V. I. (1972) Obras Completas, 4 ª Edición Inglés, Vol. 13, pp. 82-93. Traducido del ruso por Bernard Isaacs. Editado por Clemens Dutt.

Allendorf, Marlis.(1977). “La Mujer en el Socialismo”. Selección y extractos del texto.

ibarraelena@gmail.com

martes, marzo 08, 2011

Punto de Partida...

Por Marilys Suárez Moreno / Revista Mujeres.cubaweb
Hace 100 años, el 8 de marzo de 1911, casi un millón de mujeres en Alemania, Dinamarca, Austria y Suiza, participaron en lo que fue la primera celebración del Día Internacional de la Mujer. Fue el colofón de múltiples vivencias de las trabajadoras, a lo largo de décadas de conflictos de clase; también de las experiencias de las sufragistas y de las batallas de los pueblos por la paz.

De esta forma quedó instituido el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Fue Clara Zetkin, insigne luchadora alemana, quien hizo la propuesta durante la II Conferencia de Mujeres Socialista, celebrada en Copenhague en 1910.

Lo que quizás muchos no previeron entonces, fue que los deseos de luchar de las mujeres iban en serio y que, a partir de aquel 8 de marzo de 1911, la fecha seria una realidad de cada año.

Hubo una génesis para esta conquista de las mujeres del mundo. Ocurrió en 1857. En Nueva York, las trabajadoras de una manufactura textil decidieron ocupar la instalación y demandar de sus empleadores aumentos de salarios, mejores condiciones laborales y otras reivindicaciones. Los patronos, comprendiendo que las textileras no cederían en sus peticiones, prendieron fuego a la fábrica, pereciendo en el incendio 129 mujeres.


Fue el inicio de una lucha que tuvo en Clara Zetkin su abanderada mayor. La feliz proposición, acogida con entusiasmo por el centenar de delegadas de 17 países que asistieron a la Conferencia de Mujeres Socialistas, ha ido ganando fuerza a través del tiempo.

Pero la Zetkin no se limitó a proponer un día anual para la mujer, sino que llamó a vincular la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer al combate por la paz y contra la guerra, reivindicando para ellas el derecho a votar y a ser elegidas, al trabajo y a una vida digna.

En los años subsiguientes, la fecha del 8 de marzo se celebró en más y más países, y hoy por hoy, constituye un día de lucha y recuento, pero también de fiesta y amistad para las mujeres del planeta que la han hecho suya.

La promotora del Día Internacional de la Mujer dedicó casi 40 años de su existencia a la lucha por la formación de un potente movimiento femenino internacional. Ella defendió apasionadamente el derecho de la mujer al trabajo y a la independencia económica y entrego sus energías a una lucha que la desgastaba físicamente, pero a la que se consagró con el recuerdo vivo de los hombres, las mujeres y los niños de las fábricas de medias de su natal Alemania, que trabajaban por salarios que apenas les alcanzaban para malvivir.

Persona de fina sensibilidad y una gran sed de conocimientos, la entusiasta dirigente obrera de los años veinte, la revolucionaria y ferviente internacionalista, la amiga de Lenin, la mujer que encauzó su camino hacia el magisterio y llevó su experiencia pedagógica mas allá de las aulas y de la batalla por la organización del movimiento femenino en Alemania, e internacionalmente, era probable que ignorara la irradiación y alcance que tendría al cabo de los años aquella propuesta suya de dedicar un día a la mujer.

Hoy, el 8 de Marzo ha devenido una de las tradiciones más significativas y, de año en año, aumenta su trascendencia, ora como jornada de combate, ora como fiesta de la amistad y la solidaridad.

sábado, junio 19, 2010

Clara Zetkin: Dirigente Comunista, Líder Feminista...

Por Alina Carriera Martínez /Mujeres
Porque es imposible separar la lucha de toda una vida por la equidad de género y los más nobles y justos ideales comunistas, pensamos hoy en Clara Zetkin.

Porque su militancia en el Partido Comunista Alemán no se limitó a ser la de un miembro de fila, sino que su voz se alzó de manera decisiva desde el ala más izquierdista contra la guerra, y trabajó incansablemente en una campaña antimilitarista y antimperialista, pensamos hoy en Clara Zetkin.

Porque para quien la creación de un primero de mayo femenino se convirtió en reivindicación necesaria, que devino Día Internacional de la Mujer, en memoria militante de las 129 mártires de la fábrica de algodón de Nueva York, quienes mientras hacían huelga fueron quemadas vivas por responsabilidad directa de su patrón; no es posible el olvido.

Porque para quien se interesó mucho en la política sobre la mujer, la lucha por la igualdad y el derecho al voto, impulsando el movimiento femenino en la socialdemocracia alemana y se convirtió en la líder que junto con otros activistas antibelicistas, organizó una conferencia internacional de mujeres socialistas contra la guerra, a la cual asistieron más de cien delegadas de 17 países bajo el lema: ¡Guerra a la guerra!”; no es posible el olvido.


Porque para de quien se dijo que “era un magnífico ejemplar de caudillo revolucionario; pero de caudillo auténtico, no de esos que se fabrican en el laboratorio de la burocracia” o que “El 'motor' de su militancia fue primordialmente su odio a las injusticias que había podido ver desde muy joven”; no es posible el olvido.

Y es que para esta mujer el socialismo no fue solamente una finalidad histórica, era ante todo, una exigencia inmediata. En su lucha al frente del feminismo socialista funda y dirige “La campana”, órgano para las mujeres socialdemócratas, que llegó a ser el periódico feminista de mayor tirada y de gran influencia. Además, trata de conseguir no sólo el derecho de voto de las mujeres sino también el de poder organizarse sindical y políticamente.

Una lucha que abarcó el derecho de la mujer al trabajo profesional, las cuestiones de desocupación, de igual salario a igual trabajo, de la jornada legal de ocho horas, de la legislación protectora de la mujer, del sindicato y de las organizaciones profesionales, de las previsiones sociales para la madre y el niño, de las instituciones sociales para ayudar al ama de casa y a la madre.

Una mujer cuyo hogar fue casa de puertas abiertas para obreras, jóvenes, políticos, artistas, médicos, profesores, amigos…, en un tiempo agitado en el que se trataba de forjar la unidad de acción de la clase obrera contra el peligro fascista.

Su presencia estuvo unida indisolublemente a todos los congresos nacionales e internacionales del socialismo, en los cuales su oratoria fue comparada con recursos pirotécnicos que electrizaban a la multitud. Como presidenta del Reichstag al ser la miembro de más edad, hizo el llamamiento de esta institución a la lucha contra el nazismo, y subrayó la importancia, que en este combate, tenían las mujeres

Sus restos, hoy enterrados junto a la muralla del Kremlin en Moscú, son estandarte del feminismo y el comunismo. Sobre ellos, se erigen las nuevas banderas de una ya prolongada lucha. Pero en momentos de recordación, vale rememorar sus propias palabras cuando dijo: “No lloraremos a nuestros muertos, hay que luchar”.

domingo, marzo 14, 2010

Clara Zetkin en su época...

Por: Teresa Sosa / Palabra de Mujer
Clara Eissner (después Zetkin) nació el 5 de julio de 1857 en Wiederau, Alemania. De los 17 a los 21 años cursa estudios de magisterio; ella provenía de un hogar cuyo padre era maestro rural. En su período de estudiante entra en contacto con jóvenes del Partido Socialdemócrata alemán y un grupo de emigrados rusos, entre los cuales se halla el revolucionario Ossip Zetkin, quien después sería su esposo.

La trayectoria y relevancia de Clara Zetkin ha resultado en lo documental fragmentaria y difícil de sintetizar en una sola valoración; las referencias sobre ella, están esparcidas y a menudo son poco indicativas; hecho agravante es la escasez de ediciones de sus escritos. Zetkin ha permanecido olvidada durante mucho tiempo; su actividad política, estrechamente vinculada con los grandes acontecimientos de los cuales fue una de sus protagonistas, queda soterrada en ellos, dado lo que ha quedado oculto de su historia.

El nombre de Clara Zetkin a lo largo de los años es noticia sólo el 8 de Marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer, por su vinculación con el origen de esta conmemoración; sin embargo, es oportuno señalar, que en 1910 en el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas, ella lo que propuso fue que se celebrara anualmente una jornada internacional de la mujer trabajadora; aquella mujer que desde finales del siglo XIX había comenzado a ser una obrera en la fábrica capitalista de Europa y Estados Unidos que requería de su fuerza de trabajo (pero que la emplea como obrera en condiciones de extrema explotación y discriminadas con respecto al hombre obrero). Las mujeres son traídas a las fábricas dado el incremento de la producción por las nuevas innovaciones científicas- tecnológicas, producto de lo que se ha llamado la Segunda Revolución Industrial, que tiene como ícono representativo a la Torre Eiffel, París, que abrió la puerta de la famosa ‘Exposición Internacional de París de 1889’.



Concatenado con lo antes mencionado, porque se hace necesario no descontextualizar al personaje histórico que es Clara Zetkin de la época en que se extiende su vida y el período en que ella actuó -por lo menos su período central que abarca desde 1880 hasta 1924-, está que Zetkin actúa en el ámbito público, en primer lugar, no sola, sino que ella forma parte del movimiento de mujeres de Alemania y de Europa, que en esa época ya era muy vigoroso luchando por el derecho al voto de las mujeres; y en segundo lugar, que tanto ella como sus compañeras de luchas, actúan bajo el impacto y formando parte de las fuerzas sociales de su época; en el contexto de las amplias y profundas alteraciones en la estructura del sistema capitalista de ese momento, en donde el capitalismo de libre concurrencia da paso al capitalismo monopólico, y comienza a cobrar fuerza el imperialismo, con sus agudizaciones y contradicciones, lo que provoca tensiones violentas entre la clase obrera (hombres y mujeres) y los capitalistas.

La activista de izquierda

En 1882 Clara Eissner se traslada a París, donde se casa con Ossip Zetkin, a partir de este momento ella adopta el apellido de su esposo. En París se vincula con dirigentes del ala marxista del movimiento obrero francés. La II Internacional Socialista se celebra en París en 1889, año de la Exposición Universal. Clara Zetkin contribuyó de forma notable a los trabajos preparatorios del Congreso de fundación con numerosos artículos como corresponsal del órgano de prensa de la socialdemocracia alemana, ‘El socialdemócrata’, y en calidad de delegada de las mujeres socialistas de Berlín.

El informe de Zetkin en el Congreso de 1889 representa su primera intervención importante en la escena internacional del movimiento obrero y el inicio de la actividad que desarrolla durante su vida, es decir, la organización internacional del movimiento de la mujer proletaria. Ese mismo año muere su esposo Ossip Zetkin, con quien había tenido dos hijos.

En 1891, Zetkin, se convierte en redactora del órgano de prensa de la Organización Femenina Socialdemócrata alemana, ‘Die Gleichheis’ (‘Igualdad’), publicación que deberá abandonar en 1917 por no seguir Zetkin la “línea política del partido”, pero a partir de noviembre de 1917 continúa con su trabajo de divulgación política a favor de la mujer, comienza a colaborar con el suplemento femenino “Leipziger Volkszeitung” de Leipzig. Los años de ‘Die Gleichheis’ son un importante testimonio del periodismo militante de Zetkin, especialmente por reflejar a través de su escritura los problemas que la galopante industrialización planteaba a la vida familiar de la mujer, a la educación de los hijos, a la escuela.

En 1893 Zetkin vuelve a Alemania. La tarea de organizar el movimiento de mujeres socialdemócrata, se convierte para ella en un trabajo arduo. La legislación que regía, no sólo no reconocía el derecho del voto de las mujeres sino que prohibía su participación en organizaciones y asambleas políticas.

En octubre de 1896, en el Congreso de Gotha, Zetkin desarrolla su primer trabajo importante sobre la cuestión femenina. Propone la adopción de un sistema de delegados del partido para la organización política de las mujeres en los distintos centros regionales.

En el Congreso de Stuttgart, celebrado en 1907, Zetkin ataca duramente al partido austríaco, en el seno de la comisión para el derecho de voto, acusándolo de haber interrumpido la propaganda por el derecho de voto de la mujer.

En el encuentro de Copenhague, 1910, Zetkin propone la celebración de una jornada internacional de la mujer trabajadora.

La cuestión femenina

Durante toda su vida Clara Zetkin se ocupó de la cuestión femenina; empieza cuando bajo la guía de Friedrich Engels había aprendido los principios de la lucha de clases. En este aspecto principal, la actividad específica de Zetkin no sólo los estudiosos de la historia en general le han prestado tan poca atención que la han liquidado en pocas palabras, sino que también el mismo movimiento feminista lo ha hecho, a pesar su contribución a las raíces históricas del movimiento feminista.

A partir de marzo de 1915 con la fundación del Partido Comunista alemán, Zetkin incluye la cuestión femenina dentro de la cuestión social; para ella la condición de la mujer coincide con la condición general del proletariado. Situándola en el seno de la cuestión social, ella postula que la emancipación de la mujer proletaria “es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas”. El objetivo es la conquista del poder político por parte del proletariado.

De ello, se deduce que los aspectos específicos de la opresión de la mujer en Zetkin, quedan al margen del activismo socialista, cuya tarea no puede ser la de apartar a la mujer proletaria de sus deberes de madre y de esposa, por el contrario, la lucha debe conseguir que las mujeres puedan desarrollar su misión mejor de lo que han podido hacerlo hasta ahora, y ello en interés de la emancipación del proletariado; en suma, una mujer que continúa siendo un ser de segunda clase, ya que su mejor condición en el seno de la familia sólo va dirigida a reforzar el proletariado y su entrega a la lucha revolucionaria.

Esta concepción de la mujer proletaria ya se observa en la Zetkin del primer período y en su actividad como dirigente de la organización femenina socialdemócrata y como redactora hasta 1917, como ya dijimos, del órgano de prensa socialdemocrata femenino “Die Gleichheis”.

Clara Zetkin al desplazarse de manera radical hacia la izquierda, olvida o no mira, hacia el problema específico de la condición femenina, en el medio de la cual está el dominio patriarcal de la sociedad y la desigualdad, signada por la cultura, de la mujer con respecto al hombre. En efecto, si se niega o si se incurre en la ceguera sectaria de no mirar que algo existe en común entre las mujeres de los distintos estratos sociales en cuanto a su pertenencia al género mujer, no puede haber una alianza entre ellas.

Pero en el planteamiento de Zetkin encontramos una observación de gran valor, ella había visto -y en ello consiste su importante contribución­- que la cuestión femenina presenta diferentes características según sea la situación de clase de los distintos grupos sociales. En ese sentido, fue una visionaria desde la praxis política.

Clara Zetkin se exilia en Rusia en 1933 cuando Hitler toma el poder. Mas tarde en ese país es nombrada presidenta de la Junta Internacional de Mujeres; poco después del hecho muere. Tenía 76 años de edad.

miércoles, marzo 10, 2010

Clara, la luz de este día

Anneris Ivette Leyva
Granma Hace ya un siglo, el edificio Ungdomhuset refulgió más allá de las fronteras de Copenhague, Dinamarca, cuando un centenar de mujeres de decena y media de países, iluminadas por Clara Zetkin, encendieron para la historia un momento de luz que cada año se repite con igual iridiscencia: el Día Internacional de la Mujer. Clara zetkin, inspiradora de este día.

Pocas habían intuido, como ella, la necesidad de organizar a las mujeres, aunar sus fuerzas y deseos, en un movimiento internacional de cimientos socialistas.

Aguda, y tan clara como su nombre, esta revolucionaria alemana mantuvo siempre una perspectiva política fraguada en las lecturas de los clásicos del marxismo-leninismo y en su amistad cercana con padres o hijos de estas doctrinas, como Federico Engels, Vladimir Ilich Lenin o Rosa Luxemburgo.

Ellos conocían, a raíz de lo develado por Marx en El Capital, August Bebel en La mujer y el socialismo y por el propio Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, que la posición de desventaja moral, social y económica de la mujer con respecto a la del hombre, se trenzaba en la misma cuerda áspera de las pugnas clasistas.

Para Clara, por tanto, resultaba evidente que nunca podría darse el triunfo de las aspiraciones feministas sino en sociedades ajenas a la explotación —ya fuera por razones raciales, de edad, origen o sexo. "El problema de la mujer —decía— es una cuestión de lucha de clases, no una lucha entre los sexos".

Durante el Congreso de Stuttgart, en 1907, llegó la hora idónea de concretar el nacimiento del movimiento internacional socialista de mujeres, conducido por Zetkin y su compañera de ideas, Rosa Luxemburgo.

Tres años después, al desarrollarse la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas y a partir de una iniciativa de las delegadas de Estados Unidos, Clara instituyó la celebración del Día Internacional de la Mujer, el cual representaría las acciones de las mujeres de todo el orbe por la conquista de sus derechos y la construcción, en general, de sociedades más justas.

Muchas mujeres todavía se sienten herederas de las luchas protagonizadas por Clara.
El octavo día del tercer mes del año fue elegido por coincidir con la fecha de la reunión y en homenaje a las víctimas de los lamentables sucesos de 1907, año en el cual más de 120 trabajadoras de la fábrica Cotton Textile Factory, de Nueva York, en su mayoría inmigrantes, quedaron atrapadas en un fuego no accidental, condenadas por exigir mejores condiciones de vida y trabajo, justamente un 8 de marzo.

La esencia de este incidente cristalizó en un lema, "Pan y Rosas", devenido símbolo de las luchas feministas y nombre de organizaciones de igual perfil.

Un día para recordar siglos

Desde siempre, la historia de la Humanidad la han escrito los vencedores —los ricos, los blancos, los occidentales..., los hombres—; es por ello que el papel de la mujer en esta se halla tan fragmentado. Para colmo, el lenguaje también dificulta cualquier indagación al respecto. Por ejemplo, cuando se habla de la rebelión de los esclavos en Esparta, el género del sustantivo da por segura la presencia de hombres en los hechos, pero ¿y la participación de las mujeres? El margen concedido a la imprecisión es amplio.

Resulta innegable la certeza, sin embargo, de que aun cuando se les asignara dominar mejor las herramientas de trabajo domésticas y no las de defensa, la mujer siempre cultivó el mismo espíritu inconforme del hombre, y sabía dar cauce a las rebeldías de su temperamento.

No inmerecidamente, uno de los símbolos emblemáticos de la República Francesa es la imagen de Mariana: busto de mujer con un gorro frigio, alegoría de la Libertad y la República.

Este ejemplo de legitimación del rol de la mujer en el desenvolvimiento del drama universal humano, constituye, lamentablemente, una excepción dentro de la regla.
A veces confundidas entre mitos y leyendas, todavía precisan de ser rescatadas historias como la de Micaela Bastidas, no menos valiente que su esposo, el inca Tupac Amaru, pero sí más desconocida. Sus dotes de estratega la convirtieron en líder de su pueblo en la lucha contra los colonialistas.

Igual sucede con Juana Azurduy, nacida un profético 8 de marzo. Mientras se recuerda el Bicentenario de las gestas emancipadoras de nuestra América, se omite el nombre de la mestiza que alcanzó altos grados militares en la guerra gaucha, librada en el Alto Perú contra los realistas españoles.

No deberían ser de aislado conocimiento hitos como los de Olimpia de Gouges, autora de La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana —considerado como el alegato más radical en favor de las reivindicaciones femeninas hasta entonces—, guillotinada dos años después de su publicación.

Son muchos los intentos por ganar fuerza y visibilidad, pero demasiados los años de discriminación —asentada en preceptos divinos y mortales— como para revertir todos sus efectos en una centuria.

Y no cabe duda: en el hoy de este mundo de miserias crecientes, atiborrado de culpas y tristezas feminizadas, una gran cantidad de mujeres se levantará antes que nadie, preparará el desayuno de la familia, y continuará la rutina doméstica ignorando —o quizás olvidando— que desde hace cien años este ha sido su día.

Otras saldrán a las calles para obsequiarles voz a los viejos reclamos nacidos, como de un parto gemelar, en el mismo instante en que la balanza de poderes entre géneros perdió el equilibrio (¿algún día lo tuvo?).

Unas pocas "afortunadas", abrirán los ojos temprano para acicalarse mejor, porque "lucir bonitas es una obligación social", y recibirán con agrado las felicitaciones por "ser mujer" —no por los espacios ganados, como debería ser.

A un siglo de haberse instituido la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo dista mucho de ser una fiesta de realizaciones. Es, por el contrario, una remembranza de lo que en materia de igualdad se anhelaba desde entonces, y aún yace sin hacer.

8 de marzo en Cuba

El Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez en nuestro país en 1931, en medio de grandes tensiones económicas y políticas, amplio descontento popular y fuerte sentimiento antimachadista. En él hicieron uso de la palabra la revolucionaria y luchadora Rosario Guillaume (Charito), y Panchita Batet, líder sindicalista, entre otras.

Muchas de las que participaron en aquel entonces, fundaron luego, en 1960, la Federación de Mujeres Cubanas, y darían cauce a un movimiento que, al decir de Fidel "constituye una revolución dentro de la Revolución". A partir de 1959, el 8 de marzo devino fecha de conmemoración nacional.

Fuente: http://www.granma.cubaweb.cu/2010/03/08/interna/artic06.html

sábado, marzo 06, 2010

Clara Zetkin y el 8 de marzo...

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red
Hace días que me llegó una misiva del antiguo colega Héctor Anabitarte, en la que me dice:
Hace 100 años en Copenhague (26 y 27/8/1910), en la Conferencia convocada por las Mujeres Socialistas de 17 países, se decidió que el 8 de marzo sea el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, conmemorando luchas de obreras por sus reivindicaciones y no pocas murieron en esos intentos de manera dramática. No han sido 100 años de soledad, poco a poco se fueron incorporando a esta lucha no sólo mujeres concienciadas, que se iban organizando, también hombres entendieron que los derechos de la mujer a ellos también los beneficiaba. De la sorpresa y la ignorancia se acostumbraron a que no sólo "eran sus mujeres", eran también sus compañeras y no menos combativas que ellos, que la delicadeza no es incompatible con la determinación, y no sólo ellas lloran.

Se trata de un proceso, aún inconcluso, la nave no ha llegado a puerto, que ha revolucionado no sólo la economía, ha cuestionado, y resquebrajado, las costumbres, los cimientos de la cultura, de la civilización misma. En la medida que las mujeres escapan de la inferioridad, de la desigualdad, todos/todas somos más libres. En perspectiva se comprobará que se trata de la "madre de las revoluciones", la más profunda, e inquietante.

Ya nadie escribe, o casi nadie, aquello que "la mató por amor" o que la mato porque "era mía". El maltrato, al fin, social y públicamente es un delito, no sólo legalmente. Empieza a asumirse lo que expresa el artículo 14 de la Constitución Española de 1978: "Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra condición o circunstancia personal o social".

La lucha por la igualdad es el comienzo de una nueva era, establece un antes y un después en la historia humana. Importante que la Delegación de la Mujer del Ayuntamiento de Aranjuez haya organizado talleres por la igualdad en los que participan mil niñas y niños. Desde los primeros pasos que se dan en la vida estamos sometidos a la siniestra ideología del machismo, que no se resigna, se disfraza, pero no se resigna. El machismo tiene mucho miedo a las mujeres, por algo será...”

Repaso otros papeles y me encuentro que, efectivamente, es el centenario de aquella gesta de las Mujeres socialista cuando esto esta palabra todavía no estaba vaciada de contenido, y en uno de ellos puedo leer: “Día Internacional de la Mujer Trabajadora: Se considera una jornada de lucha feminista en todo el mundo en conmemoración del día 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York llamada Cotton declararon una huelga en protestas por las condiciones insoportables de trabajo. El dueño no aceptó la huelga y las OBRERAS entonces ocuparon la fábrica. El dueño entonces cerró las puertas y prendió fuego muriendo abrasadas las 129 trabajadoras que había dentro”. Y me hago una segunda consideración: se “conmemora” un acto de barbarie empresarial. En eso no han cambiado tanto las cosas,

Sigo con otras líneas: “La decisión de convertir esta celebración en una festividad internacional corrió a cargo de Clara Zetkin (1857-1933), líder del movimiento alemán de mujeres socialistas. Pero la propuesta presentada por Clara Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague los días 26 y 27 de agosto de 1910, para organizar la celebración de un Día Internacional de la Mujer no era del todo original. Tenía un antecedente en el qué inspirarse, el Women's Day que las socialistas estadounidenses llevaban celebrando desde 1908, cuya finalidad era la reivindicación del derecho al voto para las mujeres.”

Clara Zetkin, en otro lugar (Wikipedia) encuentro que se refieren a “la comunista Clara Zetkin”, sin embargo por entonces nadie se llamaba así. Entonces recupero unas viejas notas en las que se dice de ella: “Organizadora del movimiento feminista socialista alemán e internacional, una de las cabezas en la lucha antirreformista, internacionalista durante la Primera Guerra Mundial, cofundadora y dirigente del Partido Comunista alemán, miembro destacado de la Internacional Comunista y amiga de Lenin (son famosos sus Recuerdos de Lenin, una obra en la que éste se muestra bastante conservador en asuntos como la sexualidad), diputada y propagandista, Clara Zetkin, aunque cuenta con todos los atributos biográficos para-figurar entre las grandes personalidades de la historia del movimiento obrero mundial suele aparecer como un personaje característico pero secundario en todas las historias generales del socialismo”.

Y sigo con el hilo …Aunque Clara no fue una militante muy versada en el terreno teórico, ni una innovadora, no por ello dejó de ser una notable divulgadora de diversos gigantes, como lo fueron Engels y de August Bebel de cara a la cuestión de la mujer; Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en la lucha política dentro de la socialdemocracia alemana y de la IIª Internacional, así como de Lenin y Trotsky en los primeros años del Komintern, del luxemburguista Paul Levi en los albores del comunismo alemán... El "motor" de su militancia fue primordialmente su odio a las injusticias que había podido ver desde muy joven. El socialismo no era para ella solamente una finalidad histórica, era ante todo una exigencia inmediata. Sus actividades políticas militantes se extienden desde los inicios de la socialdemocracia alemana hasta 1932, un año antes de su muerte.

Al parecer de Clara, durante este tiempo: "El desarrollo del imperialismo y el paso del capitalismo preferentemente concurrencial a capitalismo en el que prevalece el monopolio, con la creación de los monopolios nacionales y la agudización de las contradicciones imperialistas ( que) provocaron tensiones tan violentas en las relaciones ente el proletariado y la burguesía y en el mismo seno del proletariado y sus organizaciones tradicionales -creación de la Segunda Internacional (1889), la aparición del revisionismo y fundación de la Tercera Internacional (1919), revolución en Rusia y derrota de las revoluciones en Europa occidental- que la experiencia de la dirigente alemana se nos presenta muy compleja y fragmentaria, difícil de sintetizar en una sola valoración"
¿Pero quien era esta Clara Zetkin? Era una mujer luchadora nacida Clara Eissner, era hija de un maestro rural de Sajonia y nació el año 1857. Sabemos que entre los diecisiete y los veinte años estudió magisterio en un instituto privado de Leipzig, donde conoció a un grupo de estudiantes rusos exiliados y vinculados al populismo. Entre ellos se encontraba Ossip Zetkin que militaba en el incipiente socialismo marxista alemán hasta que fue expulsado por sus actividades políticas. Clara se trasladó entonces a Zurich para poder visitarlo en Francia. En esta ciudad alemana conoció a George Plejanov y también a Vera Zasùlich. Por entonces comienza su vida militante colaborando con Julius Mottelert que pasaba clandestinamente el órgano del partido socialista de Francia a Alemania. Sus primeras clases de marxismo las recibe de Eduard Bernstein, a la sazón el discípulo predilecto de Engels, sí Engels, el que escribió: “El primer enfrentamiento de clase que se produce en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio monógamo, y la primera opresión de clase coincide con la del sexo femenino por el masculino. Históricamente el matrimonio monógamo constituye un gran paso hacia adelante, pero, sin embargo, junto con la esclavitud y la propiedad privada, abre un periodo, que ha durado hasta nuestros días- que cada paso hacia delante es también, en términos relativos un paso hacia atrás, en el que la prosperidad y el desarrollo de unos se ha ganado a costa de la miseria y frustración de otros (el matrimonio monógamo) es la forma celular de la sociedad civilizada en la que puede verse ya la naturaleza de los enfrentamientos y contradicciones que actúan de lleno en dicha sociedad”.

En noviembre de 1882, Clara fue perseguida por la policía y en consecuencia huyó, se trasladó a París donde contraerá matrimonio con Ossip y permanecerá durante ocho años sin dejar de cooperar con su partido. Durante este tiempo, Clara conoce y hace amistad con algunas de las figuras más notables del socialismo de entonces: Eugene Pottier, autor de la letra de La Internacional; Louise Michel, las hijas de Marx, Jenny y Laura; los dirigentes marxistas franceses Paul Lafargue y Jules Guesde, etc. Al final de la década es nombrada delegada de las mujeres socialistas de Berlín y toma parte en los preparativos del Congreso Constituyente de la Internacional Socialista opuesta a la Internacional posibilista que también quiso crearse en París. Al año siguiente, en 1890, tras la derogación de la “leyes antisocialistas”, vuelve a Alemania para convertirse en uno de los cuadros más significados del socialismo alemán que sería hasta 1914 el espejo donde se miraría el socialismo internacional.

En 1891, Clara funda y dirige “Die Gleichheit” (La campana), órgano para las mujeres socialdemócratas y que llegará quizás a ser el periódico feminista de mayor tirada y de mayor influencia de todos los tiempos. El grupo femenino del SPD se crea sobre la base de una plataforma de reivindicaciones democráticas. Se trata de conseguir no sólo el derecho de voto de las mujeres sino también el más simple de poder organizarse sindical y políticamente, derechos que están explícitamente prohibidos aunque ellas saltaron por encima de la legalidad protegidas por la importante fuerza del partido. Sus concepciones teóricas sobre la cuestión femenina están fundamentadas en dos obras clásicas del socialismo: El origen de la propiedad privada, la familia y el Estado, y La mujer y el socialismo, de August Bebel, (de la que existe una bonita edición en Fontamara) y avanzan nuevas ideas sobre nuevos problemas en el orden organizativo y sindical aunque encuentran una dura oposición por parte de la burocracia sindical y de algunos notables del partido en proceso de instalación en el statu qua.

Stuttgart será el principal centro ciudadano de su intervención -que en períodos de campañas políticas se extienden por todo el Estado- que pase a ser uno de los "feudos" de la izquierda revolucionaria y la ciudad donde las mujeres socialistas gozan de una mayor implantación. En 1893 participa en el tercer Congreso del partido socialdemócrata que tiene lugar en Zurich y donde entabla amistad con Engels que morirá dos año más tarde. Desde este Congreso la presencia de Clara será indisociable de todos los Congresos nacionales e internacionales del socialismo, lo mismo que lo será de todas las conferencias de mujeres. En 1896 en el Congreso del SPD que se celebra en Gotha, Clara presenta el primer informe partidario importante sobre la cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia en donde se adelantan la exigencia al voto feminista, punto en el que muchos partidos socialitas no se mostrarán tan avanzados.

En 1899 Clara, que había quedado viuda, se casará por segunda vez, en esta ocasión con el pintor George Friedrich Zundel, del que se separará no mucho después; pocos años más tarde, quedando ella sola al cuidado de los dos hijos que había tenido con Ossip. Durante varios años su potente voz ("Los discursos de Clara, escribirá Nin, electrizan a la multitud. En su oratoria, por decirlo así, una oratoria pirotécnica, unos fuegos artificiales de imágenes brillantes y vigorosas, que deslumbran y enardecen. Los que hemos visto a Clara Zetkin en la tribuna, en el ocaso de su vida, nos imaginamos fácilmente lo que debía de ser en su juventud. ¡Qué entusiasmo, qué energía, qué pasión animaba a aquella mujer septuagenaria! ¡Cómo se transformaba, iluminada por el fuego interior que ardía en aquel cuerpo minado por los años y la enfermedad!»), será la de la izquierda revolucionaria y será en los debates, el martillo contra los oportunistas en el partido y en la Internacional.

En el curso del famoso Congreso de Stuttgart de 1907, en el que el trío Lenin-Rosa Luxemburgo-Martov, planteó una dura batalla sobre la cuestión de la guerra, Clara llevaría por su parte una violenta requisitoria en la comisión para tratar el derecho al voto de las mujeres contra los austromarxistas, a los que acusó de haber interrumpido la propaganda por este derecho. En otra ocasión, ella escribirá lo siguiente sobre este tema: “La Segunda Internacional toleró que las organizaciones inglesas afiliadas lucharan durante años contra la introducción de un derecho de voto femenino restringido... permitió también que el partido socialdemócrata belga y, más tarde, el austriaco, se negaban a incluir, en las grandes luchas por el derecho del voto, la reivindicación del sufragio universal femenino...que el partido de los socialistas unificados de Francia se contentasen con platónicas propuestas parlamentarias para la introducción del voto de la mujer".

Así llegamos al Congreso de Copenhague (1910), donde sería ella la que propuso la puesta en marcha de un "primero de mayo femenino», que tendría lugar cada ocho marzo en memoria militante de las mártires de la fábrica de algodón Cotton de Nueva York que mientras hacían huelga fueron quemadas vivas en un número de 129 mujeres por responsabilidad directa de su patrón que anteponía el beneficio a unas condiciones mínimas de seguridad. En los años que preceden al estallido de la Gran Guerra, Clara dedica su mayor esfuerzo a la lucha antimilitarista, así en el Congreso de Basilea (1912) presentó un extenso y apasionado informe sobre la amenaza de guerra y la necesidad consiguiente de que la Internacional respondiera con la huelga general y si era posible con la revolución.

Dentro de la larga y apasionante biografía de Clara Zetkin es la cuestión de la mujer trabajadora la que ocupa un lugar más intenso y prolongado. Es un tema que la acompaña desde que empezó su intervención en este terreno “bajo la guía de Friedrich Engels” del que aprendió “los principios de la lucha de clases y no sólo de la administración de importantes organizaciones”, hasta el final de su vida cuando en sus llamadas a la lucha contra el fascismo subrayaba la importancia que en este combate tenían las mujeres. Aunque no escribió ningún estudio destacado, Clara demostró con el ejemplo indiscutible de la práctica que se podían organizar a miles de mujeres trabajadoras que engrosarían los rangos proletarios dándole una amplitud extraordinaria. La organización femenina de los socialistas alemanes sirvió como ejemplo para el movimiento socialista internacional. Su horizonte no fue solamente europeísta, extendió también su mirada por el mundo colonial.

Esto le quedará claro siempre, y en uno de sus informes redactados por ella para el Komintern proclama: “Lo que merece una atención particular es el hecho de que en los países del Próximo y Extremo Oriente, las mujeres vinculadas a las tradiciones, a las costumbres ya la servidumbre religiosa milenarias se están moviendo. No me estoy refiriendo, ahora al pequeño estrato de mujeres orientales poseedoras, pioneras de su sexo, que han conquistado erudición, saber y cultura moderna en las universidades europeas y americanas. Pienso más bien en los muchos miles de campesinas pobres y: obreras de los campos de arroz y de las plantaciones de algodón, de los campos de petróleo, etc., que en Turquía, en Turquestán, en Corea, en Japón, Mongolia, en la India, etc, han comenzado a rebelarse contra el doble yugo del hombre y del capital".
Esta idea del “doble yugo” es un principio, con él plantea abiertamente el problema de una opresión específica de la mujer como tal por el hombre, planea sobre su pensamiento, pero no acaba de sacar de ella todas sus consecuencias. A veces la utilizaba partiendo de una frase de Engels según la cual en el matrimonio monógamo, el burgués era el hombre y la proletaria la mujer:.. Pero su conclusión práctica- es diferente, no ve contradicciones en la pareja obrera como la vio Flora Tristán, y cree que cuando el proletario dice: “Mi mujer", debe entender: "La compañera de mis ideales, de mis luchas, la educadora de mis hijos para la batalla del futuro"; dicho de otra manera, la cuestión de la mujer forma una parte indiferenciada de la lucha de clases, por lo tanto no de duce que no debe existir una organización autónoma de las mujeres, porque:

--a)...No hay más que un sólo movimiento, una sola organización de mujeres comunistas -antes socialistas- en el seno del partido comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas, y esto se extiende a los otros niveles organizativos tradicionales.

--b)…No hay tampoco unas reivindicaciones específicas en temas como la sexualidad y el matrimonio y aunque no dejaría a su manera de plantear algunas de sus dudas, afirma junto con Lenin: “La preocupación de las mujeres comunistas, en de las mujeres trabajadoras, debería centrarse entorno de la revolución proletaria que pondrá las bases, entre otras cosas, para la modificación de las relaciones materiales y sexuales".

--c) No existen posibilidades de atraer a las filas socialistas a las mujeres provenientes de las clases explotadoras ya que para ellas se trata de una cuestión «moral y espiritual... del desarrollo de la propia personalidad", mientras que para las trabajadoras. Se trata de algo más elemental, derivada "de la necesidad de explotación del capital", y le preocupa «su tarea de esposa, de madre» y el hecho de que “sólo le quedan las migajas que la producción capitalista deja de caer en el suelo".



Bajo este prisma “clásico”, claramente reduccionista, el objetivo primordial de Clara Zetkin era ampliar el movimiento obrero hacia su otra mitad más sometida que la masculina. Exigían para las mujeres trabajadoras reivindicaciones fundamentales que aunque pueden parecer moderadas eran sumamente radicales incluso para unos sindicalistas que temían la competencia laboral de la mujer y querían que sus esposas se quedaran en casa para zurcirles los calcetines. No dudaba tampoco en levantar la bandera sufragista ya que se trataba no sólo de un derecho natural, sino también de un derecho social”, y claro está le daba un contenido social a este derecho, pero se negó a reivindicaciones específicas como la de la protección maternal.

Cuando después de ser unas portavoces del internacionalismo contra la guerra, Clara tomó partido por la opción comunista arrastró tras de sí a un número importante de las mujeres socialistas, pero en la Internacional Comunista encontró un clima tan preocupado por la revolución inmediata que se rechazó la idea de reproducir desde esta opción una organización similar a la socialista. En una de sus intervenciones en el Komintern propone la adopción de «remedios concretos y de órganos especiales que se encarguen de la agitación, organización y adiestramiento de las mujeres... considerando la especificidad cultural y moral de las mujeres», así .como también, “la agitación programada y constante entre las mujeres todavía alejadas del partido, mediante asambleas públicas, debates y asambleas de fábricas, asambleas de amas de casa, conferencias de delegadas sin partido y apolíticas, agitaciones en las casas...".

Pero a pesar de contar con el apoyo de Lenin y Trotsky sus planteamientos quedan en minoría, incluso entre las propias mujeres delegadas.

Por otro lado, estas ideas que se inscriben perfectamente en el esquema de frente único desarrollado desde el tercer congreso de la Internacional, insisten también en la necesidad de un Congreso internacional de mujeres de todas las tendencias socialistas, sin pretensiones de hegemonía partidista y en el que la fracción comunista debía de luchar lealmente. Este Congreso: “...debería tratar en primer lugar el derecho de la mujer al trabajo profesional. En este punto se hubieran debido de incluir las cuestiones de desocupación, de igual salario a igual trabajo, de la jornada legal de ocho horas, de la legislación protectora de la mujer, del sindicato y de las organizaciones profesionales, de las previsiones sociales para la madre y el niño de las instituciones sociales para ayudar al ama de casa y a la madre, etc... El orden del día hubiera debido de incluir el siguiente tema: La situación de la mujer en el derecho matrimonial y familiar y en el derecho público político".

Este documento demuestra la maduración de Clara que deberá de abandonar el grueso de sus tareas en el terreno de la organización de la mujer para centrarse en las de la dirección del partido y de la Internacional Comunista. Luego, después de las sucesivas derrotas del proletariado europeo y alemán sobre todo, el ascenso del estalinismo y de las normas burocráticas, el tema de la organización de la mujer se iría perdiendo para reaparecer en el período del Frente Popular pero con un sentido muy distinto, por no decir opuesto, al que ella protagonizó.

Estas líneas quedarían pobres sino evocáramos su papel durante la “Gran Guerra”, cuando la socialdemocracia alemana e internacional claudica ante patrioterismo que llevará Europa al desastre militar. Entonces Clara Zetkin tiene ya 53 años, pero no le faltaron las fuerzas para alinearse desde el primer momento con la fracción llamada "espartaquista" en la defensa de los ideales internacionalistas y revolucionarios del socialismo. Un año más tarde encabeza la Conferencia Internacional de mujeres socialistas, uno de los actos antiguerra más importante del período bélico y en la que se exige el fin de las hostilidades así como una paz sin anexiones ni conquistas que reconociera a los pueblos el derecho a disponer de sí libremente. Pero gracias a su firmeza, Clara hizo escuchar su voz, argumentando que había que “conducir a los proletarios a liberarse del nacionalismo ya los partidos socialistas a recuperar su entera libertad para la lucha de clases. El fin de la guerra no puede ser alcanzado más que por la voluntad clara e inquebrantable de las masas populares de los países beligerantes. En favor de una acción, la Conferencia hace un llamamiento a las mujeres socialistas ya los partidos socialistas de todos los países: ¡Guerra a la guerra!”

Las consecuencias de este acto, las purgó Clara según Bujarin, “con una condena de cárcel. Pero no se ciñó la cabeza con una corona de espinas; vio en ello un episodio natural de la lucha, un cautiverio pasajero, al término del cual hay que empuñar nuevamente las armas y marchar otra vez al combate..." A pesar de la represión continua que las autoridades y sus antiguos compañeros ejercen sobre los "espartaquistas", Clara sigue al frente del bando internacionalista y dirigiendo el periódico de las mujeres socialistas hasta que en 1917 lo deberá abandonar por no seguir "la línea política del partido". La revolución de Octubre de 1917 la entusiasma de pies a cabeza, y así lo manifiesta al escribir: “La Rusia socialista y soviética, escribe, será para nosotros un símbolo, una esperanza y una garantía del advenimiento de los tiempos nuevos que surgirán del caos de la sociedad burguesa. El proletariado combatiente de la Alemania revolucionaria debe construir un puente a través del cual el fuego purificador de la revolución, destructor del capitalismo, se extenderá de Oriente a Occidente. ¡Preparémonos! ¡Pongamos en tensión nuestros músculos, el trabajo y en la lucha, a fin de que la obra se convierta en espíritu y el espíritu en obra! ¡Espartaco, levanta más alto la bandera! ¡Esclavos, adelante! ¡Todo por la revolución! ¡Todos por la revolución!”.

Durante este agitado período que se abre, Clara participará a pesar de su precario estado de salud, en los acontecimientos de noviembre de 1918 que se inician como un cambio constitucional pero que abren también las puertas a otra opción que ella establece de la siguiente manera: “Reforma burguesa o revolución proletaria, he aquí la cuestión. En otros términos: nueva forma de gobierno o régimen nuevo, desarrollo completo del reino de la burguesía por medio de la democracia burguesa y, por consiguiente, existencia ulterior de la sociedad capitalista, o dictadura de clase proletaria, realizable por el régimen soviético, e instauración del socialismo".

En noviembre de 1917 había fundado el suplemento femenino del periódico “espartaquista” Leipziger Volkezeitung, y en 1920 fue elegida presidenta del Movimiento internacional de mujeres socialistas, aunque lentamente una fracción mayoritaria se ha ido decantando hacia el viejo hogar de la socialdemocracia que ya no estaba ocupado por los mismos dirigentes ni se orientaba con la misma brújula política. Dirigente de primer plano en el recién creado Partido Comunista alemán, Clara toma parte en las jornadas revolucionarias de enero de 1919 que concluirán con el asesinato de sus mejores amigos, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches y el fallecimiento natural -pero adelantado por los hechos- del veterano historiador y militante revolucionario Frank Mehring. El temple de Clara se hace ostensible cuando responde a este drama diciendo: “No lloraremos a nuestros muertos, hay que luchar”.

Desde la fundación de la Internacional Comunista, Clara pasa a ocupar un cargo dirigente en ésta, combinando siempre sus actividades internacionales con las alemanas. Su militancia durante estos primeros años será particularmente intensa: escribe en varios periódicos, interviene en numerosas campañas de agitación, participa en los debates de los Congresos y Conferencias, habla en el parlamento... Entre sus numerosos viajes de entonces hay que destacar el que le llevó al Congreso de Tours en el que tenía que decidirse la actitud a tomar ante la Internacional Comunista. Su intervención en el Congreso fue, según todos los testimonios, decisiva para decantar la mayoría hacia el comunismo. Había llegado a Francia viajando clandestinamente y su dominio de la lengua y sobre todo de la historia y la situación francesa causó una honda impresión entre los congresistas.

En 1920 visitó por primera vez la Rusia soviética con motivo del II Congreso de la Internacional. Desde este entonces sus visitas se harán cada vez más continuadas. En marzo de 1921, el partido comunista alemán, dirigido por la fracción izquierdista -que partía del supuesto de que la hora de la revolución ya había llegado y que sólo era necesario que la vanguardia llevara adelante una ofensiva ejemplar que galvanizara a los obreros- protagoniza un puch que termina en el desastre. Clara Zetkin, que junto con Paul Levi se había opuesto a la aventura, formó con éste una fracción alternativa que planteaba ya algunos de los elementos -conquista de las masas, trabajo en el seno de los sindicatos, unidad y crítica con la socialdemocracia, etc., de lo que más tarde será la política de frente único. Las diferencias internas en el partido se saldarán con una grave crisis que concluirá con la expulsión de Paul Levi que, al contrario que ella, había planteado sus posiciones de una manera extrapartidaria.

La política de frente único abrirá un nuevo período de recuperación de fuerzas en el seno de los comunistas alemanes en cuyo frente se encuentra Heinrich Brandler apoyado por Clara Zetkin. Sin embargo, entre el esquema de frente único de Lenin, Trotsky y Radek y el de la dirección alemana existirá una diferencia que se hará notar durante los acontecimientos revolucionarios de 1923. Para los primeros la acumulación de fuerzas no puede desarrollarse sin un techo, en un momento dado hay que plantearse la cuestión de la insurrección; para los segundos, la hora de la insurrección queda muy lejana y cuando la revolución se pone al orden del día se ven sobrepasados por los acontecimientos. Este fracaso será decisivo, y cerrará toda una época -que podíamos llamar leninista-, el comunismo alemán e internacional, causando un repliegue que será determinante para la emergencia del estalinismo. La dirección "zinovievista" de la Internacional que había de hecho' dirigido la política del Partido Comunista alemán, hace de Heinrich Brandler el "chivo expiatorio" de la derrota. Este hecho lleva a Clara a simpatizar con la primera Oposición de izquierda dentro de un partido bolchevique cada vez más estatalizado.

En los años siguientes, Clara se convertirá en una figura decorativa en un partido que ha perdido por la muerte o la disidencia a sus más cualificados dirigentes y en una Internacional cuyo rumbo empieza a cambiar hasta dar un giro de ciento ochenta grados: la revolución mundial pasará a ser un señuelo propagandístico y lo realmente importante llegará a ser la construcción del «socialismo» (en versión estalinista) en un sólo país. En 1924 asume la presidencia del Socorro Rojo Internacional que llevará adelante algunas campañas célebres como la defensa de Saco y Vanzetti. Su última actuación que recordara sus mejores tiempos tiene lugar el 30 de agosto de 1932, cuando estaba enferma y medio ciega, el día de la apertura del Reichstag. Por su edad ella preside la sesión y en su intervención exige la creación de un frente proletario entre comunistas y socialdemócratas contra el nazi-fascismo.

Por esta idea de frente obrero antifascista su viejo amigo León Trotsky era considerado como el peor de los enemigos del comunismo ya que Stalin había impuesto una idea opuesta: el principal adversario de los comunistas alemanes eran los socialdemócratas. Clara Zetkin falleció el año siguiente en el sanatorio de Archangelskoje, en las proximidades de Moscú y sus restos mortales fueron depositados en las murallas del Kremlin con grandes honores.

Andreu Nin que la conoció en Moscú, escribió en su obituario: “Clara Zetkin era un magnífico ejemplar de caudillo revolucionario; pero de caudillo auténtico, no de esos que se fabrican en el laboratorio de la burocracia estalinista y atraviesan como una cometa el cielo del movimiento obrero y su divorcio con la masa, cuyos intereses y aspiraciones pretenden representar. El caudillaje de Clara Zetkin estaba cimentado por más de medio siglo de actividad militante, por el prestigio de una vida entera de abnegación y sacrificios consagrados a la causa proletaria. Los obreros alemanes que habían visto a esa magnífica combatiente se cuentan por millones; sería difícil, por no decir imposible encontrar a uno solo que no conociera su nombre, unido indisolublemente al movimiento obrero desde los primeros pasos del proletariado alemán en el camino de la reorganización política hasta los últimos tiempos."

jueves, julio 23, 2009

Clara Zetkin: Dirigente Comunista, Líder Feminista

Por: Alina Carriera Martínez
Porque es imposible separar la lucha de toda una vida por la equidad de género y los más nobles y justos ideales comunistas, pensamos hoy en Clara Zetkin.

Porque su militancia en el Partido Comunista Alemán no se limitó a ser la de un miembro de fila, sino que su voz se alzó de manera decisiva desde el ala más izquierdista contra la guerra, y trabajó incansablemente en una campaña antimilitarista y antimperialista, pensamos hoy en Clara Zetkin.

Porque para quien la creación de un primero de mayo femenino se convirtió en reivindicación necesaria, que devino Día Internacional de la Mujer, en memoria militante de las 129 mártires de la fábrica de algodón de Nueva York, quienes mientras hacían huelga fueron quemadas vivas por responsabilidad directa de su patrón; no es posible el olvido.


Porque para quien se interesó mucho en la política sobre la mujer, la lucha por la igualdad y el derecho al voto, impulsando el movimiento femenino en la socialdemocracia alemana y se convirtió en la líder que junto con otros activistas antibelicistas, organizó una conferencia internacional de mujeres socialistas contra la guerra, a la cual asistieron más de cien delegadas de 17 países bajo el lema: ¡Guerra a la guerra!”; no es posible el olvido.

Porque para de quien se dijo que “era un magnífico ejemplar de caudillo revolucionario; pero de caudillo auténtico, no de esos que se fabrican en el laboratorio de la burocracia” o que “El 'motor' de su militancia fue primordialmente su odio a las injusticias que había podido ver desde muy joven”; no es posible el olvido.

Y es que para esta mujer el socialismo no fue solamente una finalidad histórica, era ante todo, una exigencia inmediata. En su lucha al frente del feminismo socialista funda y dirige “La campana”, órgano para las mujeres socialdemócratas, que llegó a ser el periódico feminista de mayor tirada y de gran influencia. Además, trata de conseguir no sólo el derecho de voto de las mujeres sino también el de poder organizarse sindical y políticamente.

Una lucha que abarcó el derecho de la mujer al trabajo profesional, las cuestiones de desocupación, de igual salario a igual trabajo, de la jornada legal de ocho horas, de la legislación protectora de la mujer, del sindicato y de las organizaciones profesionales, de las previsiones sociales para la madre y el niño, de las instituciones sociales para ayudar al ama de casa y a la madre.

Una mujer cuyo hogar fue casa de puertas abiertas para obreras, jóvenes, políticos, artistas, médicos, profesores, amigos…, en un tiempo agitado en el que se trataba de forjar la unidad de acción de la clase obrera contra el peligro fascista.

Su presencia estuvo unida indisolublemente a todos los congresos nacionales e internacionales del socialismo, en los cuales su oratoria fue comparada con recursos pirotécnicos que electrizaban a la multitud. Como presidenta del Reichstag al ser la miembro de más edad, hizo el llamamiento de esta institución a la lucha contra el nazismo, y subrayó la importancia, que en este combate, tenían las mujeres

Sus restos, hoy enterrados junto a la muralla del Kremlin en Moscú, son estandarte del feminismo y el comunismo. Sobre ellos, se erigen las nuevas banderas de una ya prolongada lucha. Pero en momentos de recordación, vale rememorar sus propias palabras cuando dijo: “No lloraremos a nuestros muertos, hay que luchar”.