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lunes, julio 11, 2011

Argentina: Cristina Kirchner prohíbe publicidad de oferta sexual en medios

Infolatam / Tomado de: Palabra de Mujer
La mandataria señaló que la medida es un paso “contra la doble moral y la hipocresía” de medios de comunicación.

La presidenta argentina, Cristina Fernández, anunció hoy la firma de un decreto que prohíbe a los medios hacer publicidad de oferta sexual, una medida que busca combatir las redes de trata de personas.

El decreto, dijo Fernández en un acto, es “un gigantesco paso en la lucha contra la trata de personas” “contra la discriminación”, pues la oferta sexual publicitada, fundamentalmente en los periódicos, “es un vehículo en la comisión del delito de trata de personas y una profunda discriminación hacia la condición de la mujer como tal”.

La mandataria señaló que la medida es un paso “contra la doble moral y la hipocresía” de medios de comunicación que informan sobre el flagelo de las redes de trata de personas y, al mismo tiempo, publican “la oferta sexual que le deja pingües ganancias a las empresas periodísticas que hacen este tipo de cosas”.



“No se puede en las primeras páginas de los periódicos exigir al Gobierno que luche contra la trata de personas y luego, en las páginas comerciales, poner los avisos donde se vehiculiza la más formidable y vergonzante humillación a la condición femenina”, sostuvo Fernández.

La gobernante destacó que desde la aprobación de la ley contra la trata de personas, en abril de 2008, se han rescatado 2.221 personas que estaban atrapadas en redes de ese tipo.

El decreto, además de prohibir la publicación de avisos de oferta sexual, crea una oficina de control bajo la órbita del Ministerio de Justicia.

“Esto no es para nada una condena a las mujeres que son objeto de ese comercio. Es una condena a los medios y a los que instrumentan este tipo de cosas, sea a través de la explotación directa o a través de la propagandización de esa explotación a través de los medios de comunicación social”, aclaró Fernández.

Este decreto, añadió, es “un testimonio más de esta voluntad que tenemos en la lucha contra la trata de personas porque hace a la condición humana, y lo vemos como un derecho humano, inalienable e imprescriptible”.

Fuente:

http://www.infolatam.com/2011/07/06/argentina-cristina-kirchner-prohibe-publicidad-de-oferta-sexual-en-medios/

domingo, marzo 28, 2010

Sexismo y lenguaje...

Silvia Senz, José Polo, Ana María Vigara / Rebelión
En castellano existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar, es atacante; el de salir, es saliente; el de cantar, es cantante; el de existir, existente.

¿Cuál es el participio activo del verbo ser? El participio activo del verbo ser, es "el ente". ¿Qué es el ente? Es algo que tiene entidad. Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega al final "-nte". Por lo tanto, a la persona que preside se le dice presidente (nunca presidenta), independientemente del sexo que esa persona tenga. Se dice capilla ardiente (no ardienta); se dice estudiante (no estudianta); se dice paciente, (no pacienta); se dice dirigente (no dirigenta) y así muchos más.

Nuestros políticos y muchos periodistas (casi todos muy progresistas) no sólo hacen un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua castellana. Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos con la esperanza de que el mismo llegue finalmente a todos esos ignorantes.

El que mandó esto frustró a un grupo de hombres que se había juntado en defensa del género. Ya habían firmado lo siguiente:
el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el turisto, el taxisto, el artisto, el poeto, el periodisto, el violinisto, el telefonisto, el taxisto, el trompestisto, el teclisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todos, ¡el machisto!

* * *

En principio, los fieras, que no somos expertos en materia de lenguaje, pero sí decididamente feministas, estamos de acuerdo con el espíritu que anima el texto, aunque, puede que no, con la intención que subyace al mismo. Nos parece oportuno que se ridiculicen ciertas actitudes derivadas, más del interés cateto de situarse in, como se decía en los años 70, que de la reflexión y de la ciencia. La reductio ad ridiculum es un arma que La Fiera inventó y ha utilizado con tanta largueza como eficacia. Sin embargo, nos parece que pueden resultar valiosas algunas consideraciones, teniendo en cuenta el sitz im leben. Unas consideraciones sobre las que queremos pedir su opinión a especialistas.

¿Por qué presidenta, entre otras, sí se ha aceptado siempre? ¿Por qué, de siempre también, sí han sido aceptadas por la comunidad hablante feminizaciones como jefa, maestra, directora, doctora, patrona, etc. A nuestra manera de ver, la discusión, en estos momentos, no debe reducirse a una aplicación estricta de la gramática, con los resultados que se producían antes de que se utilizara el lenguaje como un instrumento más en la lucha por las justas reivindicaciones femeninas. Creemos indispensable partir de una distinción: una cosa es el sexo de las personas y otra distinta el género de las palabras. No obstante, cuanto, desde este campo, se pueda hacer para eliminar la prepotencia del patriarcalismo y la preponderancia de lo patriarcalista, y conquistar la igualdad total creemos que debe ser bienvenido.

Preguntas y respuestas:

En resumen, y aunque puedes comentar todo lo que te apetezca del texto ajeno y de nuestro comentario, las preguntas concretas son:

-¿Por qué piensas que ha habido palabras, como presidenta, maestra, profesora, etc. que no han tenido nunca dificultad en ser aceptadas hasta por los más tercos machistas?

-¿No te parece que el problema de la feminización de unos vocablos (y consiguiente masculinización de otros) ha adquirido una distinta dimensión con motivo de las reivindicaciones feministas en todos los campos, entre ellos, el de la designación de oficios y profesiones a las que las mujeres han accedido, tras siglos o milenios de injusto veto?

-Pregunta, quizá, inútil: ¿cómo crees que puede incidir este tema en la realidad social, donde se palpa todavía una notable resistencia ante la equiparación de mujeres y hombres en todos los campos por parte de muchos cenutrios.

(Un paréntesis: créete, querida amiga, que a nosotros nos causa sonrojo que, a principios del siglo XXI haya que plantear estos problemas).

-¿Consideráis las mujeres la posibilidad de algunas excepciones por razones estéticas o de musicalidad? Porque, por ejemplo, algunos de nosotros enfermaríamos gravemente si nos viésemos obligados a escribir miembra, payasa, poeto o víctimo.

Respuestas de Silvia Senz Bueno, Licenciada en Filología, especializada en edición de obras de Lingüística

1) La tendencia general y natural en castellano --que no es la que recogen las gramáticas normativas o pseudonormativas o aquellas que restringen la descripción al dialecto culto y al registro escrito (muy influenciado por la norma)--, es a feminizar en -a aquellas palabras que indican oficios, independientemente de su etimología y de su terminación, a medida en que, en nuestra sociedad, la mujer se incorpora a ellos. El mismo caso se da a la inversa (pero en muchas menos ocasiones, claro): cuando el hombre se incorpora a un oficio tradicionalmente femenino, éste se acaba masculinizando: "modista" dio "modisto", y "azafata" dio "azafato".

2) Para saber cuál es la tendencia del idioma en lo relativo a las palabras donde hay una relación género gramatical-sexo biológico, conviene fijarse en lo que marca la desconocidísima (por los lingüistas) habla popular (despectivamente llamada "vulgar" por los gramáticos normativistas, los "curtos" y los académicos), que es la que señala el rumbo del idioma desde que el castellano derivó del latín vulgar. Si en un pueblo (al menos de España) hay una mujer médico o practicante, la llamarán sin duda "médica" o "practicanta", que es lo genuino y propio del castellano, lengua que mayoritariamente asocia en estos casos el masculino con la terminación -o y el femenino con la terminación -a. Y si hay una intelectual o una estudiante, la llamarán "inteletuala" o "intelet·tuala" (dicho sea de paso, siguiendo las leyes de evolución fonética del castellano que la norma culta no reconocerá nunca), y "estudianta".

3) Es absolutamente cierto que muchas expresiones y términos que aluden a personas reflejan la estructura social tradicional de nuestra cultura, que invisibiliza por completo a la mujer. La lengua no es un ente abstracto e independiente, que evolucione al margen de la conducta y la ideología de las sociedades que la hablan.

4) La feminización de una palabra en la que se da relación entre sexo y género y para la que no existe un femenino responde muy a menudo a un mecanismo de eficacia comunicativa muy presente en el lenguaje oral y aún más en el lenguaje escrito: la desambiguación.

5) En cuanto a tu última pregunta, yo creo que el mundo literario es un mundo libre, que crea y recrea sus propias reglas y no está sujeto a ninguna de las esclavitudes del lenguaje.

Hay un grupo de investigadoras especializadas en este tema: Esther Forgas, Eulàlia Lledó, Ana María Vigara y M.ª Ángeles Calero. Son todas ellas catedráticas de lengua española. No dicen una del revés. Si lo necesitáis, os contacto con ellas.

Os dejo uno de sus artículos:

"Ministras, arrieras y azabacheras.

De la feminización de tres lemas en el DRAE (2001)"

http://www.ucm.es/info/especulo/cajetin/lledo.html

Dra. Eulàlia Lledó Cunill

Hay también un buen libro de estilo de lenguaje no sexista donde se dan abundantísimos y atinados razonamientos sobre el tema:

www.nodo50.org/mujeresred/manual_lenguaje_admtvo_no_sexista.pdf

Un abrazo, Silvia

Nota: La Fiera publicará el artículo de la profesora Lledó en su próximo número.

Respuestas de José Polo, catedrático de Lingüística en la Universidad Autónoma de Madrid

1.- Todo el movimiento del “feminismo lingüístico” se basa en un disparate mayúsculo, producto, al mismo tiempo, de un grado insuperable de ignorancia y de demagogia.

2.- Cuando hablan de que debe evitarse la forma “masculina” los niños para la idea de “niños y niñas”, desconocen que lo de masculino/femenino es, en principio, una categoría semántica, no mecánicamente formal; como tales categorías semánticas, se dan en ella, como en cualesquiera otras, fenómenos como la polisemia (compárese, por ejemplo, la fecundidad semántica de la unidad léxica operación), homonimia, sinonimia, neutralización, sincretismo, etc. Por eso, cuando decimos los niños para meramente “infancia”, no estamos, de ninguna de las maneras, sirviéndonos de un masculino (= de un significado masculino), sino, dentro de la polisemia en este caso, de –os) de un significado “neutro/genérico/no simplista, pues se trata de realidades históricas: “dialécticas/no superficialmente mecánicas”. El sintagma los niños representa el esquema formal MASCULINO cuando el significado es, justamente, “los niños (no las niñas)”, pero con el otro significado no podemos hablar de “género masculino” las formas del lenguaje están al servicio de los significados, no al revés (el movimiento es de dentro hacia fuera: de lo onomasiológico a lo semasiológico…).

3.- Formas como presidenta, patrona, etc., deben interpretarse, dentro de la múltiple realidad de los “microsistemas lingüísticos”, en su propio entorno histórico (siempre ligado a hechos culturales en sentido amplio), pero no a manera de espécimen de una especie de regla de tres simple procesable mediante un programa informático.

4.- La igualdad (=de oportunidades, ante la justicia, etc.) de hombres y mujeres no se logrará confundiendo, por incultura, los conceptos de sexo y “géneros gramaticales” y destrozando los delicados –y, con relativa frecuencia, económicos- mecanismos logrados por los sistemas lingüísticos (por los hablantes) a través de siglos de lenta y sazonada evolución.

5.- Ante la degradación de los niveles de la enseñanza (primaria, media, universitaria), acentuada, con ritmo creciente, en los últimos veinticinco o treinta años, no es de extrañar que, junto a disparates inimaginables (no sólo ortográficos y ortotipográficos) por doquier, avasallen movimientos “idiomático-culturales”, tan nocivos para hombres y mujeres, que, en lo que atañe al asunto objeto de atención, suponen, en términos eufemísticos, una grave desconsideración para con nuestra lengua común (España, Hispanoamérica, otros lares).

Respuestas de Ana María Vigara , Catedrática de Lengua Española en la Universidad Complutense de Madrid
-¿Por qué piensas que ha habido palabras, como presidenta, maestra, profesora, etc. que no han tenido nunca dificultad en ser aceptadas hasta por los más tercos machistas?

Niego la mayor. Aunque maestra y profesora no han tenido muchos problemas, presidenta, como clienta, los sigue teniendo. A veces con el argumento lingüístico de que procede de un participio activo y, por lo tanto, debe ser invariable; y la mayor parte de las veces con la creencia de que la RAE no lo ha admitido o con el argumento puramente estético “me suena/parece horrible”,

-¿No te parece que el problema de la feminización de unos vocablos (y consiguiente masculinización de otros) ha adquirido una distinta dimensión con motivo de las reivindicaciones feministas en todos los campos, entre ellos, el de la designación de oficios y profesiones a las que las mujeres han accedido, tras siglos o milenios de injusto veto?

Sí me parece. Intentemos entenderlo.

Si tienes solo una oreja (de siempre, incluso desde que naciste) y sabes que con una simple crema, disponible en el mercado, te crecería la otra (que tú no tienes, ni quienes son como tú, pero los demás sí),

a) ¿reivindicarías tener una sola oreja? (¿quién se pondría a reivindicar tener algo que ya tiene?);

b) ¿aceptarías sin más que te prohibieran aplicarte esa crema con el argumento de que no necesitas otra oreja; de que oyes bien aunque no la tienes; de que nunca has necesitado esa segunda oreja; de que ya todo el mundo se ha acostumbrado a verte y quererte sin la otra oreja; de que se reirán de ti si te la pones; de que nadie debe aplicarse esa crema, que se venía usando para otra cosa, si no lo autoriza específicamente el Ministerio de Sanidad español; de que conviene no tener esa segunda oreja hasta que se generalice y todo el que no la tiene se la ponga (ya sé que este último parece contradictorio, y lo es, lo es); de que hay otras cremas que podrían hacer lo mismo, y no las has aplicado, y otras, perfectamente integradas en nuestro sistema sanitario, que hacen otras cosas y nunca les has hecho caso…?;

c) ¿aceptarías que se burlaran de ti y te estigmatizaran y te pusieran en evidencia porque quieres aplicarte esa crema o porque quieres tener o tienes dos orejas? ¿Interpretarías quizá que, puesto que no puede ser tan disparatado tener dos orejas o desear tenerlas, esa oposición, a veces radical, a tus deseos o pretensiones y a aplicar el remedio (simple y accesible) para conseguirlos tiene cierto aspecto de “saña”?

Te traslado todo esto al terreno del lenguaje y del uso lingüístico:

a) ¿Reivindicaríamos que tuvieran género masculino presidente, periodista, pediatra, jefe, médico o patrón, que ya lo tienen, y nadie lo discute?

Más aún: prácticamente todas estas palabras nacieron en nuestra lengua exclusivamente en masculino, y así pasaron a los diccionarios académicos, donde tardaron tiempo (unas más, otras menos: según las mujeres se iban incorporando a la vida social y pública) en aparecer con género común (periodista, pediatra, entre las nombradas) o masculino y femenino (jefe/a, presidente/a, médico/a, patrón/a).

Aunque no me he molestado en comprobarlas todas, te aseguro que esto ha ocurrido en prácticamente todos los femeninos que se mencionan en vuestro escrito (y en prácticamente todos los que suelen ponerse en entredicho). Y es muy fácil de comprobar: si entras en el NTLLE (Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española, en www.rae.es ), puedes hacerlo tú mismo.

Y no deja de ser curioso que en esto la Academia, tantas veces acusada de conservadora, anticuada y lenta, esté por delante de mucha gente que hoy discute los femeninos con pasíón casi agresiva.

Volviendo al argumento central, tres datos importantes:

1) Se plantea (y discute) la feminización de términos, y solo la femninización, porque el masculino ya existe y no tiene discusión. No suele plantearse, pues, el masculino, ni hay por qué. Plantear, por ejemplo, que periodista, que nació solo masculino (“masc. periodista”), debería cambiar ahora su masculino a periodisto porque también designa femenino y (en castigo, parece) porque masc. presidente se convierta en el uso en fem. presidenta o masc. juez en fem. jueza (por ejemplo) es, como se puede apreciar, bastante incoherente.

2) Efectivamente, una cosa es el sexo de las personas y otra el género de las palabras: eso es innegable. Solo que parece que para aludir a personas (sustantivos personales, los que nos interesan aquí), en español, tendemos a aplicar sistemáticamente el masculino a las personas de sexo masculino y, en justa correspondencia seguramente, el femenino a las personas de sexo femenino. Lo aplicamos en las concordancias y, a poco que se pueda, en los sustantivos personales también. La tendencia es muy antigua, y hasta los diccionarios lo reflejan. Pero aunque no lo reflejaran, nuestra vida cotidiana nos proporciona continuamente ejemplos.

Fíjate, sin ir más lejos, en vuestro texto: “En principio, los fieras, que no somos expertos en materia de lenguaje, pero sí decididamente feministas, estamos de acuerdo con el espíritu que anima el texto”. Seguro que si buscamos en el diccionario fiera, encontramos que es vocablo femenino (y solo femenino); como no alude inicialmente a personas, sino a animales, cuando lo utilizamos para personas suele ser para “calificar” (“Juan es una fiera”, “María es una fiera”); en vuestro texto, los fieras no está usado ni para animales ni como calificador, sino convertido en sustantivo común que designa a quienes participáis en la publicación: con el masculino “los” para varones o usado como genérico (para varones y mujeres que comparten esa misma adscripción) y concordado en masculino con “expertos”. ¿No podremos utilizar “los fieras”, tan apropiadamente, porque fiera sea sustantivo femenino? Sería absurdo no aprovechar todas las posibilidades, ¿no?

El proceso es muy similar para el femenino: cuando necesitamos o deseamos expresarlo, encontramos el modo: o lo creamos o utilizamos el artículo y las concordancias para hacerlo visible.

Algunos son gramaticalmente fáciles: sustantivo personal masculino que acaba en –o pasa a femenino en –a (como niño/a, médico/a, árbitro/a), y sustantivo personal masculino que acaba en consonante pasa a femenino añadiendo una –a (como profesor/a o patrón/a; la oposición a juez/a iría en contra de esta tendencia, curiosamente). Otros tienen una terminación que, aunque sean masculinos, permite fácilmente una interpretación específicamente femenina, y en estos casos nos basta con las concordancias (el/la periodista, el/a terapeuta, el/a poeta, el/la víctima). Y los casos más difíciles y cuyo comportamiento es menos sistemático son los acabados en –e (jefe, cliente, cantante), que a veces se convierten en femeninos (jefa, clienta) y muchas otras se utilizan en género común (el/la cantante).

b) Prácticamente todos los argumentos “presuntamente lingüísticos” que se utilizan son, sobre todo, ideológicos y en general bastante interesados. Y algunos muy fáciles de desmontar.

He intentado hacerlo con rigor (desmontarlos) en un artículo que te adjunto (“Nombrar en femenino: el caso emblemático de jueza”, que ha aparecido hace poco en el libro De igualdad y diferencias: diez estudios de género).

-Pregunta, quizá, inútil: ¿cómo crees que puede incidir este tema en la realidad social, donde se palpa todavía una notable resistencia ante la equiparación de mujeres y hombres en todos los campos por parte de muchos cenutrios?

Creo que vamos a seguir discutiéndolo mucho tiempo, y con argumentos parecidos a los de ahora, que tan ingeniosos e indiscutibles parecen. Si las cosas dependieran de mí, las dejaría correr en la medida de lo posible, y pronto sabríamos qué femeninos triunfan y cuáles no. Acabaremos sabiéndolo de todos modos, pero necesitaremos más tiempo.

-¿Consideráis las mujeres la posibilidad de algunas excepciones por razones estéticas o de musicalidad? Porque, por ejemplo, algunos de nosotros enfermaríamos gravemente si nos viésemos obligados a escribir miembra, payasa, poeto o víctimo .

¿Por qué las mujeres? ¿Por qué los grupos feministas o las feministas, como se lee continuamente? ¿Realmente está el mundo dividido en dos en esta cuestión: las mujeres vs. los hombres, las feministas vs. todos los demás? ¿No hemos quedado en que los fieras son “decididamente feministas” también?

Tan previsibles son las excepciones como la generalización (que parece, en cambio, mucho más difícil; y si no hay generalización, no habrá excepciones). Ocurrirán o no. En España no parece que miembra tenga muchos visos de triunfar por el momento, pero, creado sobre un masculino en –o, ya se usa en algunos países hispanoamericanos (para nosotros seguramente sería una excepción, sí); payasa se usa ya, es un femenino absolutamente normal desde el punto de vista morfológico y hay mujeres que se dedican al oficio de “payasear”: más de uno de vosotros, me temo, va a enfermar gravemente; poeto no ha lugar: es un masculino ficticio, como lo serían profesoro o periodisto, creados sobre masculinos terminados en –a (¿no hemos quedado en que una cosa es el género de las palabras y otra el sexo de las personas?), y tiene un femenino, poetisa, que gusta menos que el común poeta (para ambos sexos), cada vez más extendido; y los mismos argumentos, o casi, podríamos utilizar para víctimo (la víctima se comporta, para entendernos, como la fiera: tampoco víctima es nombre solo personal –paisajes, animales, cosas, personas… son víctimas de la maldad del ser humano): es muy poco probable que poeto o víctimo se desarrollen de momento (además, recordémoslo, de momento no es el masculino –que ya existe-- el que se cuestiona, sino el femenino, al que parece que no nos hemos acostumbrado aún).

lunes, octubre 19, 2009

Yo soy tu cachorrita: las mujeres vistas desde el reggaetón

Tomado de: Dianova / CiberFeminismo
Yo quiero reggaetón
Mónica Mancera
A cualquier hora del día, prendes la radio o la televisión, te montas en una camionetica o en un taxi y escucharás, en la mayoría de los casos, una música que cada vez más forma parte del día a día del venezolano y la venezolana: el reggaetón. Ritmo musical que en plena campaña electoral funge como eslogan presidencial y se convierte en un elemento constitutivo de las marchas y las manifestaciones que valoran o descalifican al gobierno actual. Este ritmo también forma parte de las ceremonias que instan al baile: desde las discotecas, lugar en que se escucha por un tiempo amplio, la llamada “hora loca” en las fiestas de cumpleaños o matrimonios hasta los espacios destinados al mejoramiento de la imagen corporal.

¿De dónde viene el reggaetón?
El reggaetón surge a principios de los noventas a partir de la fusión entre el reggae en Panamá y el hip-hop en Puerto Rico, ambos cantados en español. Las canciones de reggaetón constituyeron una denuncia social, hasta que en el año de 1993 fueron prohibidas por el gobierno puertorriqueño por su alto contenido de violencia. En ese instante, hay un giro en las letras de estas canciones que transitaron de la formulación de denuncias a la sociedad al estilo romántico.


A partir de principios del siglo XXI, el género cala con mayor fuerza a nivel mundial. Daddy Yankee, uno de los mayores intérpretes en la actualidad del género, indica que el reggaetón es “música de la calle que se ha colado en las discotecas y las radios sin que nadie se diera cuenta, a base de mucho trabajo, a pesar de censuras y prohibiciones”. Por su parte, el músico Willie Colón manifiesta que el género “llenó el vacío de la salsa”, germinó por la necesidad de que la calle sea escuchada.

Algunas características del reggaetón: música e intérpretes
La cadencia del reggaetón es repetitiva y la sincronización de la música da facilidad al baile. Además de que la denominación común a juicio de algunos cantantes del género musical a la hora de expresar la manifestación corpórea del género es: “hacer el amor con la ropa sobre una pista de baile”, lo que lleva a visualizar que la danza del reggaetón consiste en el vaivén del cuerpo representando el acto sexual en un espacio público.

Algunos intérpretes de este género, que en su mayoría son hombres, indican que el baile sirve para que haya acercamiento entre los sexos y “para demostrar respeto”. “Ahí una mujer se da cuenta si el hombre la respeta o no, si vale la pena o no” (Coby y dj Noise). No se sabe si el punto de vista de quienes componen y cantan este tipo de música será el que prevalecerá en aquellos y aquellas que han sido seducidos, pero lo que sí se observa en quienes escuchan el ritmo es el movimiento del cuerpo con la sensualidad y la violencia que todo lo relativo a la sexualidad evoca.

La vestimenta de los hombres que crearon el género reggaetón y sus seguidores son pantalones y franelas anchas, al estilo de los raperos estadounidenses, y el uso de prendas alusivas tales como pulseras, anillos y cadenas. Las mujeres se visten con tops, faldas cortas y ajustadas, y sandalias de tacones altos, esto a fin de mostrar su figura: requisito indispensable para bailar este género.



Las letras de las canciones del reggaetón

Según el criterio de María José Galucci y Kristel Guirado (2006) el reggaetón puede dividirse en categorías: “el cristiano, las competencias líricas (la llamada ‘tiraera’) y el romántico”. En esta primera aproximación al género musical reggaetón, se tomará por objeto de estudio al reggaetón de tipo romántico. Se analizará este género teniendo en consideración que la música es integración social, una forma de comunicarse con el otro más allá de la palabra escrita y hablada, a través de la conjunción de la melodía y la palabra llamada lírica. La música da forma a los valores, creencias e ideas de una sociedad mediante su contenido y la combinación de sonidos en un espacio de tiempo con la finalidad de obtener un artificio con belleza, estructura lógica y un mensaje en el que se adhiera quien lo oiga y lo dance.

Las letras de las canciones del reggaetón se perfilan como una narración presentada por una perspectiva exclusivamente masculina de los compositores.[1] Los exponentes del género manifiestan la importancia del sexo femenino en sus creaciones al decir que: “La mujer es la vivencia del reggaetón, de lo contrario no tendría ningún sentido”. “Yo creo que todo se vale, y la mujer jamás se va a enojar” (palabras de Coby y dj Noise en una entrevista). Daddy Yankee expresa que “la mujer (…) es nuestro motor, nuestras reinas adoradas, veneradas, respetadas, a ellas les cantamos y con ellas cantamos y por ellas vivimos”. Por su parte, Don Omar afirma que: “una dama no sigue a un artista que le falte el respeto. Hasta el sol de hoy no he hecho una canción donde se difame ni maltrate la imagen de la mujer”. Ahora bien, considerando la apreciación de algunos intérpretes del reggaetón con respecto al significado y a la razón de la presencia de la mujer en sus canciones: ¿cuál es realmente la imagen que se presenta de la mujer?, ¿qué papel cumple la mujer en esta manifestación musical?, ¿cuáles son las acciones que ejecutan las mujeres en las líricas? Estas interrogantes se responderán a lo largo de la presente investigación.

Para este estudio se han analizado siete canciones de cinco exponentes puertorriqueños y un grupo venezolano: “Rompe” de Daddy Yankee (C1)[2], “El conejito” de Héctor El Bambino (C2), “Mi cachorrita” de Calle Ciega (C4), “Atrévete” de Calle 13 (C5), “La quemona” de Master Boys (C7), “Mírala bien” (C6) y “Rakata” (C3), éstas últimas pertenecientes a Wisin y Yandel. El criterio de la selección está determinado por su transmisión en las discotecas caraqueñas, además de su popularidad en algunas emisoras radiales durante el período julio-agosto del año 2006.

Análisis de las letras de las canciones La canciones “Rompe” (C1), “El Conejito” (C2) y “Rakata” (C3) giran en torno a la breve descripción del instante que experimentarán los hombres que integran la narración de la canción y de lo que harán las mujeres a quienes evocan en la pista de baile. “Rompe” posee doble significación: es el instructivo que indica el movimiento que realizará la mujer, así como la declaración de triunfo del intérprete en la tiraera -guerra lírica que no se abordará en este trabajo-. Mientras que “El conejito” insta a la mujer a que realice una posición sexual que está vinculada con el nombre de la canción. Asimismo, “Rakata” presenta el deseo sexual que siente el hombre gracias a la seducción de la mujer.

Entretanto, las canciones “Mi cachorrita” (C4) y “Atrévete” (C5) son una invitación a que las mujeres se entreguen para formar el zandungueo, es decir, a reunirse para la entrega sexual. La segunda insta también a dejar de ser una persona seria y que pueda atreverse a salir del closet para prenderse en “fuego” a través de la danza. En contraposición con este llamado, se encuentra “Mírala bien” (C6), que representa a “la que rompe el suelo”, es decir, la mujer que hechiza y que hipnotiza con cada movimiento que realiza cuando está en la discoteca.

Finalmente, “La quemona” (C7) aborda el tema de la infidelidad. Ella desprecia al esposo porque no le da la vida que, al parecer, ella merece. Esto es motivo para que la mujer recurra a un amante quien cumple con todas las expectativas que ella anhela: una vida llena de sexo y de placeres.

El estudio de las letras de las canciones se ha hecho a través del análisis de los versos tomados de cada lírica. Estos fueron agrupados en campos semánticos, que según Calsamiglia y Tusón (1999), son “el factor de la situación que se refiere a la esfera de la actividad y temática tratada”. Los campos que se distinguieron para este trabajo fueron: cómo es nombrada la mujer y por consiguiente la calificación que se les otorga, y las acciones que ejecutan las mujeres en las canciones.

La mujer: sus nombres y sus calificativos

Los sustantivos que se emplean para denominar a la mujer son diversos: se encuentran nombres de animales como “cachorra” (C4), es decir, una perra con poco tiempo de nacida, y “gata” (C1). Además, la mujer se presenta como un producto comestible, tal es el caso de la “manzana” (C4), así como un “bizcocho” (C3). También las menciones de “mami”, “mamá”, “cielo” y “mujer” se hacen presentes con el fin de nombrar a quien es “la vivencia del reggaetón”.

En el contenido de las canciones se hace mención al cuerpo de la mujer. La descripción se realiza mediante la comparación entre las partes de su cuerpo y objetos que aluden a animales, que refieren a la desnudez de los indígenas y que reflejan lo fatal que puede ser con su figura, entre otros. Por ejemplo: “Te quiero ver bailando como el conejito” (C1), “Tu viniste como amazónica como Brasil/ tu viniste a matarla como Kill Bill” (C5). Asimismo, a la hora de mencionar el cuerpo femenino aparece lo siguiente: “mojan el arroz con un poco de aguate pa’ cosechar nalgas de 14 quilates” (C5).

La vestimenta esencial para estar en la discoteca es la combinación del “pantalón con la camisa/ uñas postiza, y el pelo se lo enriza” (C6). Además de que usan “pantallas en la barriga, tatuajes en la vejiga” (C3). Se menciona igualmente el cabello de la mujer pero sólo para ser jalado: “A esa tu le sueltas el pelo/ y se lo jalas también” (C6), “Le gusta que Wisin la agarre por el pelo, grítalo” (C3), esto con el fin de denotar el dominio de la situación sexual del hombre y, a su vez, el goce que obtiene ella con tal acción.

También destacan los calificativos que son los que apuntan a elaborar una “construcción subjetiva de la realidad” (cf. Escamilla Morales 2000: 29). Los adjetivos están conectados indisolublemente con los nombres, lo que muestra la materialización de las representaciones mentales de cada individuo. Del mismo modo, en el análisis se evidencia que la mujer, dependiendo de su temperatura, posee una valoración. Ella no puede ser “dura”, “ni ruda”, podría decirse que “la que rompe el suelo” es la que tendrá actitud: “Con más curvas más calientes que el ‘sun’/Raitrú, enséñame que tienes actitud mami (…)/ sube ese temperamento, dame movimiento” (C1). Por lo tanto, ser “tibia” no es conveniente para actuar en el baile. En fin, “la mujer que es quemona siempre andará al garete” (C7), o sea, aquella mujer que seduce con su andar, siempre estará a lo loco sin control.

Las acciones de ellas

Las mujeres se dibujan en las acciones, a partir de lo que “deben hacer”. Así pues ella tiene que trabajar su cuerpo para subir el temperamento y con ello perder el control, planteamiento que se observa en la canción “Rompe”. Cuerpo que tiene que sacudir (C1), que acelerar (C3), que bailotear, que coquetear, que sandunguear (C6). Ella debe probarse con el movimiento de su cuerpo, instrumento de poder. Marcela Lagarde (1996) expresa que “La mujer vive el mundo desde su cuerpo” porque no se le ha dado otro espacio que no sea a través de él para manifestarse. Ese espacio que la sociedad ha destinado para ella, lo ha sabido utilizar porque desarrolló, como lo señala esta autora: “un potencial de poder surgido de lo que da al opresor”, como se ve reflejado en “Mírala bien” (C6): “esa gata te hinotiza/ ella te hechiza cuando la disco pisa”. Esto apunta a que la oprimida pase a ser poderosa porque ha sacado provecho de lo que el opresor le ha dado.

Si la mujer llegase a incursionar en otro espacio, como el mundo de las ideas, lugar concebido inicialmente sólo para hombres, se le solicita nuevamente que vuelva a ese terreno al que ha sido ubicada, o por lo menos así lo apunta la canción “Atrévete”:

Atrévete te te salte del closet,

destápate quítate el esmalte,

deja de taparte que nadie va a retratarte

levántate ponte hiper

sacúdete el sudor como si fueras un wiper

tú eres callejera street fighter

cambia esa cara de seria/ esa cara de intelectual de enciclopedia

pa’ que des vuelta como machina de feria

señorita intelectual ya se que tienes el área abdominal que va a explotar como fiesta patronal que va a explotar como palestino

este reggaetón se te mete por los intestinos por debajo de la falda como un submarino

saca lo del indio taino/ ya tu sabes en taparrabo mamá

(…) Hello, deja el show súbete la mini falda hasta la espalda

Ella debe “atreverse” a “destaparse” porque es una “callejera”, porque nadie la va a “retratar”, no la tomarán en cuenta en su acercamiento a un plano al que no ha sido destinada. Esa “señorita intelectual” debe volver a su cuerpo que va a “explotar” bien sea como los participes de una “fiesta patronal” o como los “palestinos” en la guerra, con un ritmo que se meterá debajo de la falda como el falo necesario y complementario para la reproducción: la mujer es como indica Lagarde “definida a partir de su sexualidad son naturaleza”. Tiene que dejar la exhibición que significa su intelectualidad para subirse la falda y exponer su animalidad, sus órganos reproductores de vida.

Es interesante destacar que en la presentación de la acción que cumple la mujer en el género musical, el hombre se representa a partir de su cualidad, de lo que quiere y desea hacerles a ellas, lo que quieren dar y lo que desean recibir. Se define como “yo soy tu perro y voy a morderte”, “es porque yo tengo el melao” (C3). Lo que quiere dar: “si se me pega voy a darle, Rakata”. Lo que desea hacer: “esta noche quiero hacerle, Rakata” (C3). Si no es complacido con la petición de la posición sexual: “yo/ te voy a azotar/ te haré sudar”. Lo que está permitido hacer: “A esa tu le sueltas el pelo/ y se lo jalas también” (C6). Lo que está dispuesto a dar: “pues tenga lo suyo, sin orgullo/ yo tengo agua pa’ ese capullo”. Lo que quiere ingerir: “Yo sé que yo quiero consumir de tu perejil” (C5). El perro que muerde, el melao y el agua que contiene, los azotes- que consiste en los choques entre los genitales de la pareja que baila-, los deseos de dejar de hacer el amor con la ropa y consumir el perejil de la mujer pone en evidencia el deseo que mediante el devorar al otro “afirma el poder y el privilegio” (bell hocks, 1996), el placer y poder del cuerpo masculino sobre el femenino. Además, son elementos constitutivos de la sexualidad entre hombres y mujeres, pues “el desprecio, la interiorización y la violencia institucionalizada son elementos de la viril masculina” (M. Lagarde, 1990). Del mismo modo, estos son componentes que necesita la sexualidad opresiva de las mujeres.

En las canciones hay una relación de reciprocidad entre la visibilidad del espacio que ocupa el hombre y la mirada que requiere la mujer para dejar de ser invisible. Mediante la entrega de ese cuerpo al otro obtendrá la mirada necesaria para cumplir con su misión establecida: vivir en su cuerpo. En el corpus estudiado aparecen voces de mujeres que no se definen a sí mismas, sino que recalcan su función, ésta radica en la entrega; prevalecen los verbos dar y devorar: “Dale papi que yo soy tu cachorra” (C4), “papi dame lo que quiero” (C3), “Hágale papito, déle sin parar/ déle como perro que mi esposo va a llegar (…) y que me de tanto hasta que me deje privada” (C7), “Pa’ que usted a mi me devore papi como a una fiera (…)/y usted me de tan duro, como a un violín presta’o” (C7). Esta mujer, que habla en algunas de las canciones como “La quemona” manifiesta el deseo por ser tomada, por ser “cogida”, “tocada”, “jalada”, “chupada” porque fácil se dará:

porque esto es tuyo papi para que te lo disfrutes

( …)

Ay que rico mi amor,

(…)

Usted no se vaya a bajar

continúe papito porque esto si que es vida

déme como a rastra, déme como toro sin medida

No pares papito, porque esto es bendecido

(…)

¡Papi hurra!

Que rico, que bueno, y sabroso es que es eso

Esta es la vida que verdad yo me merezco.

A manera de conclusión

Las mujeres representadas en el reggaetón obran a través de la voz masculina que las ha creado, y que les ha dado movimiento a ese cuerpo, y las ha mostrado como “mami”, “manzana”, “callejera”, “hechicera”, “asesina” que solamente quiere saciar la sed que su cuerpo requiere; cuerpo que por lo demás no posee cara y, por ende, ni cabeza: la sede del logos. Para los autores de las canciones ellas son las damas que son exaltadas a través de una lírica en la que predomina las acciones en, desde y hacia su cuerpo. Ellas son las reinas adoradas que gozarán al exhibirse, además del goce que manifiestan con cada parte de su cuerpo, aunque los hombres están claros que ellas no serán quienes ocupen el sitio de la madre. Si algunas de ellas quieren probar otro ámbito que vaya más allá de su herramienta de poder, su cuerpo, recibirán reclamos para que dejen de perder el tiempo en otros espacios que no le pertenecen, que son terrenos circunscritos a los hombres.

Esto no ha sido un análisis de unas canciones de reggaetón en sentido estricto sino una lectura de un estereotipo y un modelo de vida que se repite de manera inminente. Algunos y algunas dirán que toda época tiene estilos musicales parecidos, tales como la Lambada, por lo que el reggaetón es un género que pasará al olvido en algún momento. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las canciones son mensajes que contribuyen a armar representaciones sociales que quedan y marcan la psique y el cuerpo de las generaciones actuales y las que están por venir.

Referencias bibliográficas
Calsamiglia y Tusón (1999). Las cosas del decir. Barcelona: Ariel.
Escamilla, J. y Morales, E. (2004). La canción vallenata como acto discursivo. ALED, 4 (2), 27, 29.
Gallucci, M. y Guirado, K. (2006). Presea, dale, presea: el reggaeton como acto discursivo. Presentado en la Celebración del Día del Idioma en el marco de los 60 años de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV, mayo. Caracas, Venezuela.
hooks, bell. (1996). Devorar al otro: deseo y resistencia. Debate feminista, 13, 18, 31-33.
Lagarde, Marcela. (1990). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. [En línea]. Disponible en http://sandraangeleri.com/angeleri_doc/La%20sexualidad.doc [Consulta: 30 de junio de 2006].

[1] En este trabajo de investigación se abordarán sólo canciones creadas e interpretadas por hombres.

[2] Entre paréntesis se encuentran la identificación de las canciones que se utilizará de ahora en adelante.

miércoles, abril 22, 2009

''Es inadmisible que los medios ignoren el género''

Margaret Gallagher es investigadora, escritora y consultora especializada en género y medios. Actualmente integra un grupo de investigación del empleo de mujeres y hombres en los medios de noticias que estudiará la situación de 66 países. Aquí la entrevista a quien afirma: ''A la igualdad de género en los medios todavía le falta recorrer un largo camino''.

Si todo va como hasta ahora, se podrá llegar a la paridad entre varones y mujeres que muestran los medios de comunicación dentro de 30 o 40 años. ''También necesitamos considerar medidas aún más detalladas como por ejemplo qué sujetos femeninos o masculinos son invitados a hablar de ese tema, cuánta importancia se le brinda a los puntos de vista y perspectiva de las mujeres, entre muchas cosas más. Si observamos los medios actualmente, creo que a la igualdad de género en los medios todavía le falta recorrer un largo camino'', dice Margaret Gallagher, investigadora, escritora y consultora especializada en género y medios reconocida en el ambiente, que ha trabajado en proyectos para distintos organismos internacionales.

Nacida en Irlanda, hoy vive en Reino Unido. Desde allí escribe un mail extenso y metódico en el que cuenta que hoy forma parte de un grupo de investigación del empleo de mujeres y hombres en los medios de noticias, que es patrocinado por la Fundación Internacional de las Mujeres en los Medios, y cubrirá 66 países alrededor del mundo. No existe hasta ese momento un estudio mundial sobre este tema, entonces la nueva investigación será muy importante. Además, trabaja para la Comisión Europea, principalmente evaluando el desarrollo de la estrategia de comunicación de la Comisión.

Su camino en el área comenzó a finales de los años '70, cuando la UNESCO le pidió que realizara una revisión de todas las investigaciones disponibles en ese momento sobre género y comunicación, así como las experiencias relacionadas con la mujer y los medios en el mundo, no dejó de trabajar sobre el tema. No se había llevado a cabo ninguna experiencia similar hasta ese momento. El resultado – un libro denominado: ''Unequal Opportunities: The Case of women and the Media'' (Oportunidades Desiguales: El caso de las mujeres y los medios), fue publicado por la UNESCO en el año 1981. El trabajar en ese proyecto le abrió los ojos, dice, le hizo tomar conciencia de cuánto la mujer es excluida del entorno y cómo se imponen estereotipos en los medios.

Sobre la discriminación de las mujeres tenía experiencia propia. ''En la escuela nos alentaban a pensar acerca de un rango muy restringido de carreras para estudiar que tendían a ser de un bajo nivel social y muy mal pago. Una mujer realmente tiene que luchar para quebrar la barrera mental creada por este tipo de condicionamiento. Como por ejemplo, cuando trabajé en una Universidad, la gente que llamaba a mi oficina (que compartía con un colega del sexo masculino) generalmente asumía que yo era la secretaria o la asistente. De hecho, yo ocupaba un puesto superior al de mi compañero. Y así sucesivamente... Una está constantemente luchando para ser tomada en serio en el rol de mujer profesional. Esto es algo con lo que la mayoría de los hombres no tienen que lidiar''.

- ¿Podría decirnos de qué manera los medios tratan el género y la igualdad?

- Quizás se podría decir que cuando el medio opera en un contexto en que los problemas de género e igualdad son tomados con seriedad en un debate político general o en el cual líderes políticos son abiertos y consistentes en su compromiso con la igualdad de género, hay más de una posibilidad en que esto se vea reflejado en el contenido de los medios. Cuando este tipo de debate no está presente en un discurso político general, como por ejemplo cuando la igualdad de género no es prioridad o simplemente se la trata por encima, las posibilidades son que estas problemáticas tiendan a ser ignoradas o trivializadas por los medios en general.

- ¿Qué países están comprometidos con estas problemáticas?

- Si limito mi respuesta a la región con la que estuve más en contacto y tengo más experiencia (Europa) será más fácil. Pero hay otro problema cuando hablamos de ''compromiso''. Por ejemplo, los 27 países dentro de la Unión Europea están obligados a respetar las distintas Directivas Europeas que prohíben la discriminación de género. En un principio, estas Directivas aplican a todos los campos de actividad incluyendo los medios. Pero cada país tiene su nivel específico de compromiso hacia estos principios. Países como Suecia, Finlandia, el Reino Unido tienen una historia más extensa con el compromiso con la legislación de la igualdad que países como Francia, Italia y aún Alemania. Y, en cierta medida, se puede ver esto reflejado en el contenido de los medios de los diferentes países.

- ¿Los medios en general tienen problemas en hablar de mujeres, de los derechos de ellas y de la igualdad de género? ¿Por qué?

- Sí, creo que muchos de ellos, particularmente los medios altamente comerciales, tienen dificultades para hablar sobre las mujeres y los derechos de ellas de manera seria. A veces está relacionado con puntos de vistas ideológicos muy específicos que posicionan a la mujer fuera de la esfera pública. Por ejemplo, si la ideología predominante en una sociedad es que la mujer debe quedarse en casa en vez de ser parte activa de la sociedad, es muy poco probable que los medios contradigan la ideología predominante al expresar problemáticas de los derechos de las mujeres. Algunas veces los medios hasta pueden llegar a ignorar u ocultar los avances realizados por las mujeres en la vida pública. Para citar un ejemplo contemporáneo, dos periódicos judíos extremadamente ortodoxos recientemente alteraron digitalmente una fotografía del gabinete del gobierno israelí electo en donde figuraban dos mujeres. Uno de ellos mostró la fotografía original donde aparecen las dos mujeres, el otro sustituyó a dichas mujeres por otros dos hombres. Estos cambios aparentemente estuvieron motivados por la creencia de que publicar imágenes femeninas es una ofensa a la modestia femenina.

- ¿Hay medios masivos que trabajan con perspectiva del género?


- Creo que los resultados del proyecto realizado en el 2005 de Monitoreo de Medios Mundial demostraron que la abrumadora mayoría del contenido de los medios no es producido teniendo en cuenta la perspectiva del género. La perspectiva masculina sigue predominando. Dicho tema está relacionado a ideas profundamente impuestas acerca de quién y qué es importante, qué puntos de vistas son relevantes y así sucesivamente.

- En los últimos años, ¿ha notado algún cambio positivo en la forma en que los medios tratan a las mujeres?


- Si, los resultados de los tres proyectos de monitoreo de los medios mundial hasta ahora han mostrado resultados positivos en la mayoría de los indicadores medidos por este estudio, aunque el panorama general sigue siendo bastante insatisfactorio. Pero el progreso está bastante fragmentado. Por ejemplo, en el Reino Unido se ha observado una notable mejoría en algunas cuestiones. Encontramos más consideración de las implicancias del género de los problemas como la pobreza, la salud, desempleo en los informes de los medios, al menos en algunos medios más serios. Por otro lado, hay un crecimiento perturbador en la cantidad de contenido de los medios que abiertamente dotan de sexo a las mujeres. Con frecuencia esta dotación de sexo es ''vendida'' como un signo del ''poder'' de la mujer. Las mujeres poderosas e independientes controlan su propia sexualidad y, por lo tanto, están completamente felices de desnudarse en televisión. Al mismo momento, la violencia sexual en contra de la mujer sigue aumentando. De hecho, estos problemas se han convertido recientemente en el centro de preocupación y debate dentro del gobierno. Por lo tanto, la situación es un poco paradójica.

- Algunas temáticas son más frecuentes que otras, ¿por qué?


- Sí, pienso que podemos decir con confianza que problemas como la violencia en contra de las mujeres, la violación como un arma de guerra, las dimensiones de género del virus HIV o del SIDA son tratados en los medios más frecuentemente que en años anteriores, digamos 15 o 20 años atrás. Si nos remontamos en la historia y observamos estos desarrollos, creo que encontraremos que inicialmente fueron las mujeres periodistas las que comenzaron a informar esas problemáticas que anteriormente habían sido ignoradas. En la actualidad, los periodistas varones también informan este tipo de problemática y ahora son parte de las noticias estándares de determinadas agendas. Por supuesto que nos tenemos que resguardar del sensacionalismo de estas cuestiones y, lamentablemente, esto sucede de manera frecuente. Pero en general, creo que deberíamos observar esta expansión de la agenda de noticias como un desarrollo positivo para las mujeres.

- ¿Los medios deberían tener la responsabilidad de comunicar teniendo en cuenta la perspectiva del género?


- Por supuesto. Si más del 50 por de la población está formada por mujeres es inadmisible que los medios (que deberían reflejar la realidad mundial) ignoren la perspectiva que proviene de tener en cuenta las relaciones entre el género y las mujeres. Sin una perspectiva de género los medios son de hecho discriminadores en la práctica.

- ¿Cuál es la responsabilidad de las naciones en relación al trato de los medios sobre las problemáticas del género?


- Primero y principal, las naciones deben hacerse cargo de las responsabilidades ya asumidas al ratificar la convención de las Naciones Unidas acerca de la eliminación de todas las formas de discriminación en contra de las mujeres. Esto significa que hay que asegurar que la legislación nacional se ajuste a la convención y que dicha legislación se implemente y monitoree. Si esto se cumpliese, y de manera seria, pronto sería visible que los medios (en términos de contratación y tratamiento de las mujeres en el contenido) deben ser incluidos en el proceso general de trabajar hacia la igualdad de género en la sociedad.

- ¿Cuál es el rol de las instituciones donde se capacitan los periodistas y sus organizaciones profesionales?


- Esto es crucialmente relevante. Es esencial que los estudiantes estén expuestos a estas ideas durante sus estudios y su entrenamiento profesional. Es verdaderamente impresionante cómo algunos planes de estudio continúan ignorando la investigación que ha sido realizada para documentar la exclusión de la mujer en los medios y los problemas que esta investigación conlleva, en relación a la ética periodística, principios periodísticos básicos del equilibrio, justicia, etc. De la misma manera, es esencial que las asociaciones profesionales tomen el mando en poner estos problemas en los asuntos de sus reuniones y conferencias, que escriban acerca de los mismos y así sucesivamente.

- ¿Cuál es su visión sobre el futuro, cuántos años más cree que faltará para que los medios incorporen el género en las noticias?

- Desearía saberlo. Analicemos una simple medición, el primer proyecto de monitoreo de los medios mundial de 1995 mostró que las mujeres representaban el 17 por ciento de las personas entrevistadas o presentadas en las noticias. Diez años más tarde esta cifra aumentó a 21 por ciento. A la altura de ese porcentaje, se podrá llegar a la paridad dentro de 30 o 40 años. Es otro tema distinto si eso incluye la igualdad de género en los medios. También necesitamos considerar medidas aún más detalladas como por ejemplo qué sujetos femeninos o masculinos son invitados a hablar de ese tema, cuánta importancia se le brinda a los puntos de vista y perspectiva de las mujeres, entre muchas cosas más. Si observamos los medios actualmente, creo que a la igualdad de género en los medios todavía le falta recorrer un largo camino.

- ¿Qué soluciones propone?

- La implementación de una legislación de igualdad, reclutamiento justo y transparente en los medios y procedimientos de ascenso, provisión de guarderías adecuadas y licencia por maternidad o paternidad para los empleados de los medios, educación igualitaria para ambos géneros y programas de entrenamiento para hombres y mujeres en los medios, monitoreo de los medios y análisis desde una perspectiva del género, programas para desarrollar habilidades críticas de los medios entre le público general.