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miércoles, mayo 21, 2014

La guerra no declarada contra las mujeres y las niñas

Nuria Varela

La Marea Hasta la semana pasada era obvio (y no por ello mayoritariamente reconocido) que vivíamos una guerra no declarada contra las mujeres y las niñas. Los datos, aún parciales y aproximados -cuando hablamos de violencia contra las mujeres nunca tenemos datos exactos-, lo demuestran: existen en todo el mundo entre 113 y 200 millones de mujeres demográficamente desaparecidas. Cada año, entre 1.5 y 3 millones de mujeres y niñas pierden la vida como consecuencia de la violencia o el abandono por razón de su sexo; 6.000 niñas al día sufren la ablación del clítoris, alrededor de 600.000 mujeres mueren cada año al dar a luz y según la Organización Mundial de la Salud (OMS), otras 47.000 fallecen todos los años como consecuencia de abortos inseguros y en malas condiciones de salubridad. Como publicó hace años The Economist, “cada periodo de dos a cuatro años, el mundo aparta la vista de un recuento de víctimas equiparable al Holocausto de Hitler”.

Las conclusiones del primer informe mundial sobre violencia realizado por la OMS, “estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra la mujer: prevalencia y efectos de la violencia conyugal y de la violencia sexual no conyugal en la salud”, califican la violencia de género como “epidemia” y señalan afecta a un tercio de las mujeres en el mundo. En Europa, el Informe sobre violencia contra las mujeres realizado por la Agencia de los derechos fundamentales de la Unión Europea cuantificó que en el último año, 13 millones de mujeres sufrieron violencia física en los 28 estados miembros, 3,7 millones fueron violadas y nueve millones de mujeres fueron víctimas de acoso. A lo largo de su vida, 62 millones de europeas, es decir, una de cada tres, ha sufrido violencia física o sexual -la encuesta recoge datos a partir de los 15 años, así que se queda fuera toda la violencia sufrida por las niñas-.

La semana pasada, Aboubakar Shekau, el líder de Boko Haram, el grupo que secuestró hace ya más de un mes a 234 niñas nigerianas, hizo explícita esta declaración de guerra delante de las cámaras. El video se ha visto en todo el mundo. El tipo se alía nada menos que con Alá para escenificar todos los ingredientes de esta guerra: las muchachas son suyas, puede hacer con ellas lo que quiera; el secuestro es un castigo -lo merecen- por estudiar, por pretender tener una vida propia lejos de los mandatos de sumisión, lo que no impide que sean violadas porque el “honor” y la “castidad” que se les exige a las niñas no tiene nada que ver con lo que Alá les exige a ellos. Son moneda de cambio en el conflicto político que vive Nigeria y valen tan poco que indistintamente se las puede vender, esclavizar, abusar, intercambiar o convertir a una fe que no profesan. Es decir, cualquiera se puede apoderar de la voluntad de las niñas porque a las únicas a las que no les pertenece es a ellas mismas.

Ante esta declaración pública, obscena y desafiante del líder de Boko Haram, ante la demostración de que son prisioneras de una guerra que va más allá del conflicto nigeriano, que es una guerra contra los derechos humanos de estas niñas a las que se les niega incluso el respeto a su cuerpo y el acceso a la educación, ha habido una tardía pero global reacción de la sociedad civil y un tibio y de momento ineficaz movimiento de los gobiernos, incluido el de Nigeria. Al presidente Goodluck Jonathan no parece que le importen mucho incluso ahora, presionado por la comunidad internacional, sólo le oímos excusas sobre la dificultad de la misión de rescatarlas. Sería la primera vez que un ejército o las fuerzas internacionales se movilizan para defender los derechos humanos de mujeres.

Podemos cerrar los ojos y seguir ignorando esta guerra que asesina, viola y destruye la vida de millones de mujeres en el mundo pero ya es hora de dejemos de creer los mitos y las ideologías dogmáticas que defienden que la desigualdad entre hombres y mujeres es natural, histórica y, en consecuencia, irremediable. Ya es hora de trabajar para construir un mundo habitable también para las mujeres, un mundo donde las niñas tengan el derecho a vivir sin violencia y a recibir educación y, también, ya es hora de trabajar para educar a los niños dándoles la oportunidad de hacerse hombres no violentos.

Fuente: http://www.lamarea.com/2014/05/15/la-guerra-declarada-contra-las-mujeres-y-las-ninas/

martes, septiembre 23, 2008

¿Qué es la trata de personas?



Organización Internacional sobre las Migraciones / LUCHA CONTRA LA TRATA DE PERSONAS

La trata de personas es una forma de esclavitud (sexual o laboral) que involucra el secuestro, el engaño o la violencia.


Las víctimas de trata suelen ser reclutadas mediante engaños (tales como falsas ofertas de trabajo u ofertas engañosas que no aclaran las condiciones en las que se va a realizar el trabajo ofrecido) y trasladadas hasta el lugar donde serán explotadas.

En los lugares de explotación, las víctimas son retenidas por sus captores mediante amenazas, deudas, mentiras, coacción, violencia, etcétera, y obligadas a prostituirse o trabajar en condiciones infrahumanas.

El Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños es el instrumento que contiene la definición de trata de personas acordada internacionalmente.

Los elementos principales de la definición son los siguientes:

- la captación (mediante secuestro o engaño);

- el traslado (al interior de un mismo país, o entre países);

- la finalidad de explotación –principalmente sexual o laboral- mediante amenazas, violencia, coacción, etcétera.

Es decir que la trata de personas es un proceso que incluye diversas acciones: el reclutamiento o secuestro, el traslado (ya sea dentro de un mismo país, o entre diferentes países), la recepción y alojamiento de la víctima en el lugar de destino, y su explotación en un contexto de amenazas, engaño, coacción y violencia.

Esta secuencia de acciones es llevada a cabo por redes o asociaciones criminales (redes de tratantes) cuyos diferentes miembros identifican y reclutan a las futuras víctimas; organizan, gestionan y financian su traslado; son dueños, administradores o regentes de los lugares donde las explotan, o alquilan las víctimas a terceros a cambio de una renta. Los tratantes se aseguran mediante amenazas, engaños, deudas y violencia que las víctimas no puedan -o crean que no pueden- salir de su situación de esclavitud.

En general, los tratantes retienen los documentos de las víctimas como una forma más de coacción. En el caso de extranjeros y extranjeras, les amenazan con la deportación o la cárcel.

A nivel mundial, se estima que más del 90% de las víctimas de trata son mujeres, niñas y adolescentes explotadas sexualmente. Respecto a la trata para explotación laboral, las víctimas –varones y mujeres por igual– se ven forzadas a trabajar en condiciones inhumanas en talleres textiles clandestinos, agricultura, pesqueras, ladrilleras, servicio doméstico, etc. Otras finalidades de explotación son los matrimonios serviles, la mendicidad y la extracción de órganos.

La trata de personas es un delito cometido por redes que reclutan, secuestran, trasladan, alojan y explotan las víctimas.

La persona que, mediante engaños, amenazas o violencia es obligada a hacer cosas contra su voluntad es víctima de un delito.


DENUNCIA LA TRATA Y TRÁFICO DE PERSONAS!