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miércoles, julio 09, 2014

EEUU y los yihadistas militarizan la prostitución en Irak

Nazanín Armanian

Público Las mujeres musulmanas, cristianas, judías, izadíes y ateas de Irak nunca habían oído el término Yihad Al-Nikah: lo que se conoce como Guerra Santa del sexo, el llamamiento del Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL) para que las chicas solteras de las ciudades conquistadas se ofrezcan de forma voluntaria a los rebeldes para convertirse en sus esclavas sexuales bajo la denominación Sigué o el matrimonio “mota’a”, de placer: sexo para un tiempo determinado a cambio de algo material, un eufemismo de la prostitución, prohibida en el Islam. Como ellos se juegan la vida por el avance de un Estado Islámico, los padres de niñas solteras y aquellos hombres musulmanes que poseen varias esposas deben entregarles a algunas de ellas, como forma de recompensárselo, si no tanto ellos como ellas serán duramente castigados. La ONU ya ha denunciado el suicidio de cuatro muchachas agredidas sexualmente en estos falsos y forzosos matrimonios.

La vida del pueblo iraquí, y en especial de sus mujeres, se deteriora por instantes: tres décadas de guerras, pasando de una dictadura semilaica (ver: 7 motivos (reales) por los que EEUU derrocó a Saddam Husein) a una teocracia sectaria y totalitaria instalada por EEUU, que ha establecido un apartheid sexual contra la mujer y la ha colocado junto con los menores e incapacitados psíquicos, como persona necesitada de un tutor varón de por vida y sin considerar su nivel de inteligencia, además de legalizar la pederastia de niñas pequeñas, bajando la edad nupcial de 18 a nueve años, entre otras medidas misóginas.

Y aún sin poder asimilar esta pesadilla, ellas se enfrentan a la invasión de una banda armada despiadada compuesta por miles de delincuentes y mercenarios afganos, iraquíes, sirios, libios, chechenos o europeos, que exhibe la barbarie con el fin de difundir el terror (Ver: Irak, 23 observaciones sobre la nueva guerra líquida de EEUU). Y, cómo no, las mujeres son sus primeras víctimas: un matrimonio de Mosul ha sido flagelado porque ella en vez de niqab llevaba un pañuelo. La amenaza de castigos medievales a los desobedientes, incluida la lapidación y crucifixión, ha creado un clima de terror entre la población. Aún las heridas físicas y emocionales de masivas violaciones de soldados estadounidenses no se habían curado (¿se curarán alguna vez?). ¿Podrán los agotados hombres y mujeres iraquíes sobrevivir a este nuevo mazazo?

La punta del iceberg

“Mientras estábamos jugando a los naipes y bebiendo un whisky, surgió la idea de ir a una casa iraquí, violar a una mujer y matar a su familia”, confesó uno de los tres agentes especiales del ejército de EEUU, quienes encerraron a un matrimonio y a su hija de seis años en una habitación de su casa, y empezaron a violar a la hija mayor de 14 años, Abir Kasim Hamza al Yanabi, varias veces. Luego mataron a los padres y a la pequeña, y volvieron a violar el cuerpo destrozado de Abir, para después dispararla. Echaron queroseno de una lámpara sobre el cuerpo de Abir, le prendieron fuego a ella y a la casa y después fueron a comer un pollo asado. Los agresores, entre 19 y 23 años, portadores de libertad y democracia a Irak, fueron cubiertos por sus superiores, que redactaron un informe falso sobre los hechos hasta que la verdad salió a la luz e Irak se estremeció. La película Redacted, del director Brian De Palma, refleja parte de esta matanza. Barack Obama ha conseguido inmunidad para estos soldados sirviéndose de los gobiernos títeres de Irak y de Afganistán, países donde mantendrán a decenas de miles de efectivos.

Doble dirección del contrabando de mujeres

En Irak, las empresas contratistas privadas vinculadas con el Pentágono –que trafican con mano de obra barata masculina para las bases militares-, utilizan sus canales para hacer contrabando de mujeres, y lo hacen mediante su importación y exportación: reclutan mujeres chinas, rusas, etíopes, filipinas, surcoreanas y tailandesas, entre otras “no musulmanas”, -ya que al contrario de Vietnam, en Irak no pueden convertir en esclavas sexuales a las musulmanas de forma pública y masiva-, y las envían a las tropas de EEUU en Irak, mientras mandan a las mujeres iraquíes a los militares instalados en los países árabes del Golfo Pérsico.

En Dubai se reclutan a cientos de adolescentes vírgenes iraquíes y afganas para evitar el contagio de enfermedades, sin documentación y permiso de residencia, donde, además de recibir terribles abusos de obsesos sexuales, viven un estado de persecución continua por las fuerzas de seguridad, quienes lejos de proteger, añaden una vía al cautiverio.

El despliegue militar de EEUU en la región ha disparado la demanda de las esclavas sexuales y el comercio de mujeres en la región. A las mujeres importadas de otros países se las engañan con falsas ofertas de trabajo –de cocinera, telefonista, limpiadora, etc.-, la promesa de sueldos de hasta 3000 dólares y un destino como las petromonarquías de la zona. Una vez que las llevan a Irak, el ruido de las bombas y el estar atrapadas entre varios militares violadores las despierta del sueño hecho pesadilla. No podrán ir a ninguna parte ni habrá nadie que atienda su dolor y sus quejas. Si el 30% de las propias mujeres militares son violadas durante su servicio, el 71% asaltadas sexualmente y el 90% objeto de acoso sexual, se puede imaginar la vulnerabilidad de una trabajadora filipina.

Las imágenes publicadas de las atrocidades en la prisión de Abu Ghraib -entre las que hay fotos de violaciones colectivas a mujeres iraquíes-, muestran la coincidencia entre el perfil de los violadores y los clientes de la trata de mujeres y la industria del sexo.

Prostitución en una sociedad árabe-musulmana

En junio del 2007, el diario británico independent revelaba la escalofriante cifra de 50.000 niñas y adolescentes huérfanas y mujeres viudas o con cargos familiares iraquíes refugiadas en Siria, que se habían visto forzadas a prostituirse en aquel país aún en paz. Otras miles alquilaban su cuerpo en Jordania, Yemen y Emiratos Árabes Unidos, entre otros países. Años antes, en 1999, Saddam había mandado decapitar a decenas de mujeres forzadas a prostituirse por las duras sanciones económicas impuestas por EEUU y la ONU. Claro que nadie tocó a sus clientes.

Una vez, en la Siria de antes del 2011, las discotecas y los burdeles de Damasco se llenaron de mujeres y también de niñas de 11 ó 13 años, que pedían unas 1.500 libras sirias (22 euros) por hora. Adolescentes que se habían escapado de la violencia doméstica o del matrimonio forzado habían caído en las redes que acechan en las estaciones de autocares (ver: Así montaron la prostitución).

En su propia patria, estas mujeres temen más ser juzgadas por los vecinos y familiares que por Alá que es consciente de su drama. Si bien es cierto que los honorables hombres de la familia, mientras reciben dinero de ellas, no les preguntan de dónde vienen hasta que el secreto se hace público y su maldito honor, de repente, se ve manchado. Luego nadie querrá tener a las hermanas de ellas como nueras ni tenerlas como compañeras de trabajo o empleadas.

Los conflictos armados, las hambrunas, las crisis económicas y demás calamidades benefician a las empresas dedicadas a la prostitución. Tal es así que el 95% de las personas prostituidas en el mundo constituyen este ejército de la carne. Lo que contribuye a que las empresas del crimen organizado coticen en Bolsa y en los países capitalistas “con rostro humano” como Dinamarca y los Países Bajos, donde la industria del sexo constituye entre el 3% y 5% de su PIB.

Los crímenes de honor se disparan

“Sólo la sangre lava la vergüenza”. Así lo creían las sociedades tribales árabes que distinguían entre Sharaf, «dignidad» de la familia, el clan que se conservaba mediante un comportamiento modélico de sus miembros; e ‘ird, «la pureza y el honor de la mujer», que disminuye cuando ella cruza –con o sin la propia voluntad- las líneas rojas de la moral establecida (al ser violada, prostituida, cometer adulterio y otros delitos sexuales). De modo que, eliminando a la mujer se salvaba el Sharaf del hombre y del grupo. En una sociedad tan desestructurada como Irak, donde la muerte está en cada rincón, el instinto de supervivencia rompe las líneas de todos los colores, sin importancia de las consecuencias.

Los crímenes de honor, que sólo en Pakistán arrancan la vida de al menos unas 5000 mujeres al año, se diferencian de otras formas de violencia ordinaria de género por las siguientes características:

· Se cometen sólo contra la mujer, y si es contra algún hombre será por su comportamiento “afeminado”.

· Los motivos suelen ser sexuales-morales: transgredir las normas establecidas, coquetear con alguien, ser manoseada/violada, rechazar la autoridad masculina o un matrimonio arreglado, amar a un hombre no deseado por la familia.

· Estos crímenes de honor son planificados y ejecutados por varios hombres; el padre y los hermanos en el caso de las niñas solteras, y el marido si se trata de mujeres casadas.

· Tiene carácter público: se debe dar a conocer.

· El asesino, lejos de ser estigmatizado o sentir remordimiento, es considerado héroe: ha sido capaz de poner por encima del afecto hacia su familia, los valores y los deberes religiosos.

· Tiene un componente de la “Pedagogía del terror”: el asesinato o la mutilación de la mujer es aleccionador para otras mujeres de la comunidad.

Son mayoritariamente asesinatos de musulmanas por musulmanes (se practica en menor medida entre los no musulmanes de India) y algunos fanáticos lo justifican con aquel versículo del Corán que legitima la violencia del esposo (4:34) contra la cónyuge rebelde.

En Irak, en la misma medida en que se rompe el milenario tabú de la santidad del cuerpo de la mujer, aumenta la violencia de hombres que se niegan a aceptar la nueva realidad.

Guerra sin violación es posible

Si preguntamos qué clase de ideología empuja a un hombre a violar y matar a hijas, hermanas o madres de otros hombres o de las suyas propias en medio de un conflicto armado, se suelen ofrecer los siguientes argumentos:

- Que la mujer es el botín de guerra junto con los bienes materiales. En lugares como los desiertos de Oriente Próximo, donde ha habido escasez de mujeres, sus religiones legitimaban este tipo de agresión como un incentivo para los combatientes.

- Que dejando a las mujeres embarazadas se destruye la identidad de la comunidad enemiga.

- Que violarlas derrota psicológicamente a los hombres enemigos que resisten.

- Que la guerra en sí es violar otro territorio; y violar a las mujeres derrotadas forma parte del ritual del festejo de la conquista. Aunque por la cultura patriarcal se denuncie menos, los hombres también son agredidos sexualmente mucho más de lo que se publica. Los últimos casos, el del coronel Gadafi, líder libio, y el de Christopher Stevens, el embajador de EEUU en Bengazi, asesinados por los mismos rebeldes armados por la OTAN que ahora están destruyendo Siria e Irak.

- Que simplemente es un “efecto colateral” de la guerra. Este enfoque, despolitiza el abuso sexual en los conflictos, y lo presenta como un acto físico natural de unos individuos descontrolados hacia las mujeres “que estaban allí”.

Sin embargo, la manera de actuar de los ejércitos de los Tigres de Liberación de Tamil, del Frente Farabundo Martí o el PKK kurdo, y el hecho de que no hayan utilizado esta herramienta contra el enemigo señalan hasta qué punto la violación es una cuestión ideológica. Dichas formaciones, cuyos programas políticos anuncian el deseo de fundar una sociedad basada en la justicia social, la igualdad y el respeto mutuo, muestran que es posible matarse el uno al otro, manteniendo la dignidad de la víctima.

En una sociedad como la iraquí, donde la violada es la culpable y no existe el concepto de “violación en el matrimonio” –al revés, exige a la esposa una disposición sexual absoluta para el marido si quiere recibir la manutención-, ¿qué se puede esperar? (Ver: Si ahorcasen a todos los violadores).

El trauma emocional, graves lesiones físicas, ser señalada por una sociedad hipócrita, embarazos traumáticos, enfermedades, suicidios, muerte a mano de los familiares que te tenían que proteger, así como miles de bebés abandonados son parte de este acto vil contra la mujer.

La violación en las guerras no es sólo una acción privada de violencia, sino un acto de tortura cuyo responsable es el Estado al que pertenece, de forma que las guerras son un gran chollo para los mercaderes de la carne humana (Ver: Infinitas razones para no legalizar la prostitución).

Fuente original: http://blogs.publico.es/puntoyseguido/1740/eeuu-y-los-yihadistas-militarizan-la-prostitucion-en-irak/

viernes, mayo 14, 2010

Crímenes de guerra contra mujeres: un infierno privado...

Por: Laura Carlsen -Adital
El término "justicia de género" resulta extraño para la mayoría de las personas. Muchas asumen que es una forma meramente femenina (y por ende, diminuta) de justicia, creada agregando un adjetivo desmañado a un ideal abstracto.

Empero gracias a años de documentación de crímenes basados en el género, presión de movimientos femeninos, testimonio de las víctimas y argumentos jurídicos, hoy existe un cuerpo de jurisprudencia y una historia de movimientos que define la justicia o equidad de género y la promueve a nivel internacional. Durante una asamblea histórica en abril, organizada por Women’s Initiatives for Gender Justice (WIGJ, Iniciativas de Mujeres para la Justicia de Género) y la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel (Nobel Women’s Initiative), cincuenta mujeres se reunieron en una ciudad costera mexicana para evaluar el progreso de la justicia de género y establecer un programa de trabajo de tres años.
Tuve la gran fortuna y la tremenda responsabilidad de contarme entre las luchadoras a cargo de iniciar esta tarea. Las participantes nos comprometimos colectivamente a colaborar con las organizaciones de nuestros países y con la Corte Penal Internacional y otros organismos para erradicar los crímenes de género en conflictos armados, y obtener justicia.

Casi nada. En un sitio tan favorable a la orientación como la orilla del Océano Pacífico, muchas veces me sentí desorientada por la enormidad de la misión. Era parte de un mundo unido por valores comunes, pero fragmentado por cientos de guerras aparentemente sin sentido… cada una de una complejidad política e intransigencia histórica que desafía las soluciones. La sala se llenó de historias de cómo mujeres de culturas diversas, ricas en resistencia mas plagadas de discriminación y tradiciones de violencia de género, buscan la paz y la justicia de maneras igualmente diversas.



Algunas están inmersas en situaciones de conflicto internacionalmente reconocidas, otras en procesos hacia la paz, y aun otras en la reconstrucción de sociedades a la terminación de un conflicto. La ley proporciona algún marco de referencia -insuficiente- para presentar sus demandas de castigo y reparaciones por crímenes basados en el género; ellas están aprendiendo a usar estos instrumentos legales.

Pero muchas latinoamericanas venimos de países en donde las situaciones de conflicto no están internacionalmente reconocidas. Se nos dice que en Honduras y en Colombia se ha restaurado la paz, al mismo tiempo que asesinatos, desplazamientos y crímenes contra las mujeres siguen ocurriendo todos los días. En México, la creciente violencia contra las mujeres en el contexto de la "guerra antidrogas" y de la impunidad, forma el desperdicio que rutinariamente se barre debajo de la alfombra política. Nos enzarzamos con cuestiones de qué lugar ocupamos dentro del sistema jurídico internacional, cómo podríamos construir movimientos para detener los delitos de género en conflictos locales de baja intensidad, cómo una perspectiva de género más sólida podría ayudar a mantener a raya el militarismo creciente que marca nuestras vidas.

Algunas mujeres hablaban la lengua de los tribunales y explicaron los instrumentos internacionales que se han desarrollado para documentar y castigar los crímenes de guerra basados en el género. Otras mujeres hablaron de tácticas para organizar comunidades de base y cómo estructurar movimientos por la paz que tomen en cuenta las demandas y realidades de las mujeres. La combinación de sus experiencias nos produjo una gama extensa y compleja de estrategias. Reflexionaron en lo que Brigid Inder, de WIGJ, llamó "la tensión entre el modelo punitivo de la justicia formal y la agenda más comprensiva y compleja para lograr lo que denominamos justicia transformativa, en donde el veredicto de culpa o inocencia va emparejada con esfuerzos para transformar las relaciones tanto comunitarias como de género."

Pronto emergieron temas comunes. Testimonios de mujeres valerosas revelaron que dentro del infierno de la Guerra yace un infierno privado: el infierno de la violencia sexual, un círculo interior oculto al escrutinio por la vergüenza, socialmente impuesta, de sus víctimas y la ignorancia intencional que de ella tienen los sistemas legales y políticos.

Nuestra perspectiva latinoamericana nos exigió interpretar a partir de un marco de referencia de conflicto reconocido, con un cuerpo aplicable de leyes internacionales, a un continente de amenazas emergentes que incluyen la guerra antinarco y batallas locales por los recursos naturales. El hilo que unió nuestras experiencias fue el papel de las mujeres como dirigentes de movimientos de justicia social y víctimas de los conflictos.

Durante la conferencia las arenas se movían bajo nuestros pies. No al subir la marea cuando paseábamos de mañana por la playa -aunque esos momentos también fueron parte importante de la forja de un compromiso común-, sino cuando escuchamos las historias de las sobrevivientes, y estadísticas como éstas, presentadas por Joan Chittister:

-Al inicio del siglo XX, 5% de las bajas de guerras eran civiles.
-En la Primera Guerra Mundial, 15% eran civiles.
-En la Segunda Guerra Mundial la cifra saltó a un 65% de mortandad de civiles, al ser bombardeadas ciudades enteras.
-Hacia mediados de los noventas, 75% de las bajas de guerra eran civiles.
-Actualmente el 90% por ciento de las bajas humanas en tiempo de Guerra lo forman civiles, en su mayoría mujeres y niños.

Noventa por ciento.

Olvídense los lamentos de "daño colateral". Hoy, cuando los dirigentes militares alardean de que la tecnología moderna ha producido las armas más precisas en toda la historia, durante bombardeos en lugares como Irak o Afganistán, mueren mujeres y niños.

Ellos no son daños colaterales. Ellos son el objetivo.

Cuando, finalmente, a través de los esfuerzos de mujeres como las presentes durante el Diálogo, organismos internacionales emiten algunas estadísticas sobre el estupro y otras formas de violencia sexual en situaciones de conflicto, las cifras son tan abrumadoras, las historias son tan horriblemente brutales, que todos los intentos de descartar el fenómeno explicándolo como actos de unos cuantos soldados rebeldes o parte del pillaje de la guerra, se desintegran. La violación es un arma de guerra calculada para usarse como tal: diezma comunidades, destruye familias, propaga enfermedades y deja profundas cicatrices físicas y psicológicas. Ése es su propósito.

Ninguna región geográfica tiene la exclusiva en cuestión de barbarie cuando se trata de crímenes de género. Hay reportes de mujeres de crímenes y violencia sexuales cometidos por elementos militares y paramilitares contra poblaciones desplazadas en Burma, Colombia y Sudán.

Muchas de las ponentes señalaron que el uso de cuerpos de mujeres simultáneamente como despojos y como campos de batalla parece ir en aumento. En algunos casos, organizadoras por la paz con justicia han progresado, como en la lucha contra las minas terrestres y por la paz en Irlanda del Norte, pero desafíos nuevos y terribles han surgido en puntos inesperados del planeta, como es Honduras. La oportunidad de comparar notas, aprender lo que funciona y lo que no funciona, quiénes son los aliados y quiénes los enemigos proveyó conocimiento en común y un compromiso renovado a las organizadoras por la paz, quienes se aprestaron a volver a casa a las propias batallas locales.

La Corte Penal Internacional como instrumento para la justicia de género

El momento en que se celebró el Diálogo respondió a un reto inmediato: a principios de junio la Asamblea de Estados Miembros de la Corte Penal Internacional (CPI) realizará una Conferencia para la Revisión de 10 años de actuación de la misma. Además, este año se cumple el decimoquinto aniversario de la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín, el décimo aniversario de la resolución 1325 sobre la Mujer, la Paz y la Seguridad del Consejo de Seguridad de la ONU, y el comienzo de una nueva "arquitectura de género" dentro de la ONU para la promoción de los derechos de las mujeres. Como explicaron las organizadoras, "Éste es un momento oportuno para reflexionar sobre el progreso y el trabajo de la CPI, las posibilidades contenidas en el Estatuto de Roma para la rendición de cuentas respecto de crímenes vinculados a conflictos, y las responsabilidades de la ONU en cuanto a la evitación y resolución de conflictos armados, la ciudadanía mundial de las mujeres y la justicia internacional inclusiva para ambos géneros."

La CPI juzga actualmente casos de cuatro conflictos armados: Uganda, República Democrática del Congo, República Centroafricana y Sudán, y todos incluyen cargos de crímenes de género. Ha proporcionado un foro para buscar justicia y crear una conciencia pública sobre estos crímenes, y ha lanzado proyectos innovadores, entre ellos el Fideicomiso de la CPI para las Víctimas. A las mujeres que prestarán testimonio -mujeres y niñas que viven con las cicatrices de violaciones y mutilaciones durante la guerra- el trabajo de la Corte puede antojárseles lejano, pero el concepto de justicia que busca suministrar es el centro de su vida diaria.

La CPI toma un caso cuando los sistemas de justicia nacionales no funcionan o se resisten a hacerlo. Puede ser un golpe contra la impunidad. Es fácil considerar la impunidad como un pecado de omisión; la mano que no se alza en protesta parece decorosa junto a la mano tinta en la sangre de la víctima; y sin embargo aprendimos de los testimonios de las mujeres en los frentes de batalla por la justicia de género que la impunidad no sólo perpetra crímenes contra las mujeres, sino que enseña a generación tras generación a perpetuarlos.

Los miembros del Diálogo señalaron que el sistema internacional presenta por igual oportunidades y limitaciones. Joanne Sandler, de UNIFEM, advirtió que las Resoluciones no siempre son demostrativas de decisión. Desde que el Consejo de Seguridad tomó la Resolución 1325, ha habido 24 procesos formales de paz, en los cuales las mujeres han sido sólo el 10% de los negociadores y el 2% de los signatarios. Peor aún, dijo, no parece haber progreso. Se requieren más mecanismos formales para asegurar el cumplimiento de las políticas de género. Sin una presión permanente de las organizadoras y expertas, los avances legales podrían quedar en el nivel de letra muerta.

De los tribunales a las calles y viceversa.

Los crímenes de género exigen respuesta en tres áreas: Prevención, protección y reparación. Las especialistas que laboran en el sistema legal internacional apuntaron que a la más importante de todas, la prevención, se le otorgan menos recursos, porque no tiene hitos mensurables. ¿Cómo se mide el número de víctimas no casi destruidas por horrores que apenas se alcanzan a imaginar? Las participantes convinieron en que aunque los burócratas aún tienen que dar con una fórmula, la prevención debe ser nuestra meta fundamental.

Prevenir los crímenes de género exige nada menos que una revolución en las normas culturales, políticas y sociales. Este grupo ha demostrado su voluntad de estar a la altura de la tarea. La Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel fue fundada por seis mujeres ganadoras del Premio que se negaron a dormirse en sus laureles. También está Yanar Mohammed de Irak, quien salió a una calle de Bagdad con un chaleco antibalas a hablar el Día Internacional de la Mujer, luego de numerosas amenazas de muerte, y procedió a denunciar la violación de mujeres en centros de detención y el tráfico sexual, y a crear un vibrante movimiento cultural para la juventud.

O Gilda Rivera, secuestrada y golpeada durante las guerras sucias de los ochentas en Honduras, y que vio regresar la pesadilla cuando un golpe de estado militar se apoderó de su país en junio de 2009: Bastaría para llevar a cualquiera al exilio o a la reclusión; a Gilda la llevó a las calles de Tegucigalpa. Cada mañana marchó contra el golpe y cada tarde se organizó con las Feministas en Resistencia para proteger a las mujeres y documentar los delitos contra ellas.

Es raro que el grito se escuche. La fiscal adjunta Fatou Bensouda, en un mensaje grabado, llamó a la violación "el crimen silencioso contra las comunidades", y de inmediato cuestionó esta terminología, preguntando "¿realmente es silencioso el estupro? Las mujeres gritan, pero casi nunca alguien las oye. El solo compartir historias fue una suerte de catarsis para las mujeres que ven tanto, excesivo sufrimiento en su trabajo y en sus vidas. El Diálogo proporcionó el foro para gritar a una asamblea que no solamente escuchará, sino que actuará.

¿Cómo actuar de cara a un desafío tan avasallador?

La pregunta estaba sobre la mesa, y ya que ésta era una asamblea orientada a la acción, no había escapatoria. El Diálogo Internacional sobre la Justicia para las Mujeres esbozó ideas para los próximos años en tres áreas: pláticas para la paz y puesta en práctica; justicia y jurisprudencia, y comunicaciones. Los miembros del Diálogo produjeron listas de tácticas, indicios, claves, estrategias y retos para los años venideros, desde los mensajes creativos de la Premio Nobel Jody Williams en la exitosa campaña para la prohibición de minas terrestres, hasta asesoría de juristas sobre cómo utilizar el tribunal.

Pero el mensaje clave fue sólo uno: No darse por vencidas. Jamás.

Cuando esto escribo, acabamos de recibir la noticia de que la defensora de derechos humanos Bety Cariño fue asesinada por fuerzas paramilitares en el estado mexicano de Oaxaca. Participaba en una caravana de ayuda humanitaria y es la tercera mujer asesinada recientemente en el conflicto en esta región. No se escogió necesariamente a Bety por ser mujer, pero tampoco fue coincidencia que fuera una. Las mismas inquietudes y cualidades que hacen imperativo que las mujeres sean negociadoras para la paz y líderes en la reconstrucción social y procedimientos de obtención de justicia son las mismas que hicieron que Bety se volviera defensora de los movimientos populares, y que Bety se encontrara llevando asistencia a una comunidad indígena autónoma cuando un tiro la mató.

El asesinato de Bety, el reclutamiento de niñas soldados en la República Democrática del Congo, las violaciones en Sudán, todos son temas de justicia de género. Jody Williams señala que esto no quiere decir que sean "problemas de mujeres".

La justicia de género no es una subcategoría de la justicia social; es un constituyente esencial de ella.

Para mayor información:

Madres de Mayo
http://es.cipamericas.org/archives/2239

Las leyes de México sobre el aborto: Un paso atrás para los derechos de las mujeres
http://es.cipamericas.org/archives/1929

Género y trabajo
http://es.cipamericas.org/archives/1928

Texto traducido por Marisol Soledad Cervantes Ramírez.
* La autora es Directora del Programa de las Américas para el Center for International Policy (Centro para Políticas Internacionales)

Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1〈=ES&cod=47701

domingo, octubre 18, 2009

Mujeres, niñas y niños, los más vulnerables en la franja de Gaza

La niñez es obligada a trabajar en túneles de contrabando palestinos
Por: Laura Viadas/ CIMAC
Cerca de nueve meses después del cese de hostilidades en la franja de Gaza, en Palestina, cerca de 20 mil mujeres y hombres siguen desplazados y las viviendas, la infraestructura básica y las 280 escuelas dañadas en los combates todavía no han sido reparadas a causa del bloqueo ordenado por Israel. Sólo entre diciembre de 2008 y enero de 2009 murieron ahí más de mil 400 personas, entre ellas 350 niñas y niños, debido a una ofensiva militar israelí.

“Las mujeres, las niñas y los niños son los mas vulnerables; los que antes, en medio y después de cualquier conflicto llevan la peor parte”, dijo la actriz Mia Farrow en su visita a la franja de Gaza como embajadora de buena voluntad del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés).

"Las niñas y los niños están traumatizados. Miran al cielo y lloran cuando oyen un ruido fuerte”, añadió.


Con el objeto de llamar la atención sobre el sufrimiento de la niñez en este territorio palestino, Mia visitó una escuela en el norte de la franja y un hospital en la capital de Gaza, Xai Xai, donde conversó con profesores y médicos sobre el efecto del cerco israelí sobre servicios básicos como educación y sanidad.

También habló con las y los menores que han sido obligados a trabajar en los túneles de contrabando de la región de Rafah, en la frontera con Egipto, a través de los cuales se introducen armas y bienes de primera necesidad al territorio palestino desde que Israel impuso el bloqueo hace más de tres años.

La actriz continuó su recorrido hacia la localidad israelí de Sderot, que ha sido en los últimos años blanco de los cohetes de fabricación casera lanzados desde la franja por milicias palestinas.

jueves, abril 23, 2009

Mujeres del Ejército de EEUU cuentan en un libro las violaciones de las que fueron víctimas por sus propios camaradas de armas

Christine Kearney - Editado en español por Patricia Avila/ Reuters
Las mujeres soldado del Ejército de Estados Unidos en Irak y Afganistán no sólo deben preocuparse por las bombas y las emboscadas del enemigo. También corren el riesgo de ser violadas o acosadas sexualmente por sus propios compañeros.

"The Lonely Soldier: The Private War of Women Serving in Iraq" (El Soldado Solitario: La Guerra Privada de las Mujeres Sirviendo en Irak), un libro basado en 40 extensas entrevistas, trae las historias de mujeres que se desempeñaron como soldado en zonas de combate y cuentan sobre violaciones, abusos y acoso sexual por sus compañeros varones.

Uno de cada 10 soldados de Estados Unidos en Irak y Afganistán es mujer, y más mujeres han luchado y muerto en la guerra de Irak que en cualquier otro conflicto desde la Segunda Guerra Mundial, según estadísticas del Departamento de Defensa citadas en el libro.


A algunas, sus oficiales les advirtieron de no ir solas a las letrinas. Una de ellas comenzó a llevar un cuchillo consigo en caso de que fuera atacada por sus compañeros. Otras dicen que se sintieron desalentadas a denunciar los abusos.

"Lo peor de todo es que es su propio bando el que hace eso", dijo la autora del libro, Helen Benedict, una profesora de periodismo en la Universidad de Columbia, Nueva York.

El libro fue publicado el miércoles.

Uno de cada 10 soldados de Estados Unidos en Irak y Afganistán es mujer, y más mujeres han luchado y muerto en la guerra de Irak que en cualquier otro conflicto desde la Segunda Guerra Mundial, según estadísticas del Departamento de Defensa citadas en el libro.

Benedict dijo que el título del libro nació del aislamiento que las mujeres soldado experimentan al tener que manejar el trauma de sus deberes en combate y el acoso sexual.

"Es una situación particularmente trágica porque se supone que todos los soldados deben poder confiar unos en otros para cuidarse mutuamente", comentó Benedict.

"¿Y cómo se puede sentir eso cuando los propios compañeros son los que realizan el acoso, o intentan una violación o ya lo están haciendo?", agregó.

Una de esas soldado, Marti Ribeiro, era sargento de la Fuerza Aérea, la tercera generación en su familia, que sirvió en Afganistán en 2006 como corresponsal de combate con la Décima División de Montaña, integrada en su totalidad por hombres.

Su historia incluye una versión de un ataque y violación que sufrió a manos de un soldado en uniforme mientras vigilaba un puesto.

Tras completar su guardia y no bañarse para preservar la evidencia del ataque, lo denunció a las autoridades, sólo para que le dijeran que si presentaba la queja sería acusada de negligencia en el cumplimiento del deber por dejar su arma sin vigilar.

Ribeiro dejó las Fuerzas Armadas.

"Soñaba con convertirme en oficial algún día, como mi padre y mi abuelo", comenta en el libro. "Desafortunadamente, porque soy mujer, esos sueños no se harán realidad", agrega.

SONDEOS RECALCAN PROBLEMA

El número de denuncias de ataques sexuales en el Ejército estadounidense creció un 8 por ciento en 2008 desde el año anterior y un 25 por ciento en Irak y Afganistán, según un informe divulgado en marzo por el Pentágono.

Se registraron 2.908 reportes de ataques sexuales por miembros militares, que incluyen violación, abusos deshonestos e intento de violación, según el informe.

De las 40 mujeres que Benedict entrevistó, que sirvieron entre 2003 y 2006, diez dijeron haber sido violadas, cinco sufrieron abusos sexuales incluido intento de violación y 13 reportaron acoso sexual.

Una nueva obra basada en el libro de Benedict fue llevada al teatro en Nueva York y podría organizarse una gira por el país. Tras una reciente muestra, mujeres soldados abrazaron a las actrices que las interpretaban, algunas de ellas llorando.

Autoridades estadounidenses dijeron que el incremento en el registro de ataques se debía a los esfuerzos por facilitar su reporte.

Cynthia Smith, una portavoz del Departamento de Defensa, dijo que el departamento estaba comprometido en eliminar los abusos sexuales de las Fuerzas Armadas a través de la prevención y políticas de reacción y eliminando los obstáculos para reportar los ataques.

"El objetivo del Departamento de Defensa es establecer un clima de confianza que aliente a las víctimas a reportar el abuso sexual y obtener la ayuda que necesitan", dijo en un correo electrónico.

Benedict y algunos investigadores dicen que las cifras del Gobierno de Estados Unidos son mucho más bajas que las suyas porque Washington sólo tomo en cuentas a aquellas valientes que denuncian los abusos.

El problema no es algo nuevo que haya aparecido en las guerras de Afganistán e Irak.

Un sondeo en el 2003 de más de 550 veteranas militares que sirvieron en las guerras desde Vietnam a la primera del Golfo, mostró que un 30 por ciento dijo haber sido violada o sufrido un intento de violación, mientras que un 79 por ciento reportó acoso sexual, según la publicación American Journal of Industrial Medicine.