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miércoles, abril 28, 2010

Laura Franco: Mujer, Juventud y Lucha...

Por: Género con Clase
Laura Franco es una Joven Mujer Luchadora con una activa participación en la vida política. En ella vemos reflejada la lucha de muchísimas Mujeres Venezolanas que día a día construyen la Revolución Bolivariana desde las bases, desde el verdadero Poder Popular. En entrevista desde Género con Clase, Laura Respondió:

Género con Clase: ¿Cuál es tu opinión frente a la eliminación de las cuotas de paridad política (50 y 50 de participación entre mujeres y hombres) en las venideras elecciones?
Laura: Sin duda es una medida que representa un atraso frente a lo que ya hemos venido logrando en estos últimos años las mujeres. Sin embargo, este hecho debe asumirse como un reto para las mujeres en cuanto a nuestra participación en los espacios políticos, ya que no es suficiente con ser mujer para garantizar que se tome en cuenta nuestra problemática, sino que es necesario que nosotras seamos parte en todos espacios para ser vigilantes de que se asuma la perspectiva de género, es decir, que en cada espacio de planificación y de construcción se tome en cuenta nuestra problemática como mujeres. Por ejemplo, desde espacios como los Consejos Comunales y las Comunas nosotras debemos exigir que se le de un tratamiento a las problemáticas que más nos afectan como la violencia intrafamiliar; asimismo en todos los ámbitos de organización, por eso no puede existir una construcción de Poder Popular que no tome en cuenta las limitaciones o trabas que tenemos las mujeres como cabezas de familia, como trabajadoras, madres, estudiantes, etc. Por lo tanto, no se nos puede relegar sólo a espacios secundarios, sino que debemos asumir y exigir participación en lo productivo, en lo político, en lo social, para garantizar nuestra inclusión.

Ese retroceso es producto de que no existe una conciencia plena de la importancia de la participación de la mujer, porque no se ha entendido que en la sociedad capitalista las mujeres estamos sometidas a mayores niveles de exclusión, explotación y discriminación.

Sólo en la medida que las mujeres participemos y levantemos las banderas del feminismo, que asumamos una conciencia como mujeres, podremos garantizar en el tiempo las conquistas que hemos logrado hasta ahora.

Como Mujer, como Joven, invito a todas a las mujeres a una mayor participación entendiendo que sólo es posible la construcción de un Socialismo Feminista en la medida que nosotras nos asumamos como parte indispensable de la Revolución.


GCC: Desde el punto de vista legislativo ¿Qué necesita una nueva Asamblea Nacional?

L.F.: Sin duda existen muchos elementos que la nueva Asamblea Nacional debe mejorar y garantizar, lo primero es la defensa del proceso revolucionario. Por otro lado, son necesarias legislaciones favorables para los trabajadores, reforma de la ley de universidades, guerra a la especulación, afianzar la política de seguridad alimentaria, consejos estudiantiles, de trabajadores y trabajadoras; y desde la perspectiva de género, urge especialmente la reforma de los distintos códigos, como el penal, y civil, los cuales no sólo están obsoletos y contienen en su articulado una serie de elementos discriminatorios, machistas y patriarcales, sino que colidan con los principios y derechos que nos garantiza la Constitución Bolivariana. Asimismo es necesaria una Asamblea Nacional a la altura del momento histórico que estamos viviendo, que garantice la progresividad de la ley como principio básico para legislar. En este sentido necesitamos una Asamblea Nacional diversa que incluya mujeres, jóvenes, trabajadoras y trabajadores, estudiantes, campesin@s, indígenas, personas con discapacidad, intelectuales, artistas, afrodescendientes, en fin, una Asamblea que sea verdadera expresión de nuestro pueblo.

GCC: Un mensaje Final…

L.F.: El camino hacia el Socialismo se construye con Poder Popular, es nuestra tarea construir el presente sin arrastrar los vicios del pasado... el futuro es nuestro!!!




viernes, abril 09, 2010

Laura Franco: Mujer, Juventud y Lucha Revolucionaria......

Las Mujeres Jóvenes, Feministas y Revolucionarias ahora también tenemos quien nos represente!!!!
Inició la campaña para las primarias del PSUV... convocamos a tod@s a impulsar y apoyar las propuestas que permitan radicalizar el proceso de transicion al socialismo.

Nuestra propuesta es Laura Franco Mujer, Joven Luchadora por el circuito 3 Naguanagua, San Diego, Valencia, (San Jose, Socorro, Candelaria, Catedral y San Blas). Pues los convocamos a impulsar esta propuesta con energia, coraje, y conciencia de socialismo... esa es la vía... No hay otra.

Camaradas esta propuesta es amplia que implica legislaciones favorables para los trabajadores, reforma de la ley de universidades, reforma a los distintos códigos, guerra a la especulacion y afianzar la politica de seguridad alimentaria, consejos estudiantiles, de trabajadores... son muchos los temas a debatir...

Mujeres Jóvenes Luchadores el futuro es nuestro... es nuestra tarea construir el presente sin arrastarar los vicios del pasado... La Juventud es Alegria, Bochinche, pasión pero también compromiso... dedicación... y vida!!!


¡VAYAMOS PUES A JUGARNOS LA VIDA... ACTIVATE... ACTITUD SOCIALISTA!

¡¡¡Viva la Mujer Revolucionaria!!!

POR UN SOCIALISMO FEMINISTA!!!

miércoles, junio 17, 2009

Iraida Vargas-Arenas: “Si hay socialismo tiene que ser un socialismo feminista, si no, no es socialismo”

Fuente: ENcontrARTE
Iraida, antes de abordar el tema del género, que es lo que nos interesa en esta ocasión, quisiéramos que nos hablaras un poco de ti.

Iraida Vargas: Estudié en Venezuela todos mis estudios de pre-grado y me gradué en la Universidad Central de Venezuela de Antropólogo, como decían entonces, fueses mujer u hombre.
Fue cuando la Escuela de Antropología aún no existía y estaba fusionada con la Escuela de Sociología, de manera que si bien tengo el título de Antropóloga soy de alguna manera también Socióloga.

"El agente dominador se encarga de forjar la ideología de la dominación, la cual una vez aceptada por el agente a ser dominado, viene reproducida y perpetuada por este último. Esto se pone claramente en evidencia cuando vemos las actuaciones de las personas de los estratos menos favorecidos que de repente hablan de una manera totalmente alienada, desde el discurso de la dominación, hacen razonamientos como si fueran unos capitalistas, dicen que no quieren a Chávez porque le van a quitar lo que tienen o que no le gusta porque es negro y ordinario, no obstante que ellos tienen un color de piel equivalente y cosas por el estilo. Esa es la ideología de la dominación, si bien es acuñada mediante distintos sistemas de socialización por el agente dominador, es reproducida por el agente dominado sin que siquiera se de cuenta. Y eso pasa también el caso de las mujeres, como seres dominados al fin, que reproducen el machismo de esta forma."



Cuando comencé la universidad me di cuenta inmediatamente que quería trabajar en el área de Historia, afortunadamente muy pronto se fundó la Escuela de Antropología y así tuve el privilegio de estar en ella muy temprano, justo a comienzo de su proceso de creación. La Escuela fue fundada con una fuerte influencia norteamericana, especialmente enmarcada en la política de penetración que tenían los estadounidenses dentro de todas las áreas del conocimiento, en las instituciones y universidades latinoamericanas. En la Escuela de Antropología pretendían formar los antropólogos que les eran necesarios a las trasnacionales como la Shell, la Creole etc. para conocer nuestras realidades y formar gente que les fuera favorable.

Por otro lado y a pesar de ese sesgo, también existía un conjunto de profesores que me marcaron profundamente, gente muy combativa como Federico Britto Figueroa, el maestro Miguel Acosta Saignes, Rodolfo Quintero y otros. Sobre todo ellos tres fueron muy importantes en mi formación. Estamos hablando de comienzos de los 60, me gradué en el 64. Fue una época cuando Venezuela era un desastre en términos políticos, había mucha represión, mucho enfrentamiento, los movimientos estudiantiles eran muy extendidos y combativos, los estudiantes manejábamos la consigna de “Estudiar y luchar”, nadie se dedicaba solamente a estudiar, casi todos estábamos comprometidos con las luchas políticas y sociales, en fin, fue una época muy significativa y eso tenía su correlato en el conjunto de profesores que, como dije, tuve el privilegio de tener.

Cuando terminé mis estudios de Antropología en la UCV, realicé mi post-grado en Europa. Primero en el Instituto de Altos Estudios de La Sorbona en París sobre técnicas auxiliares de la Arqueología y luego en Leiden, Holanda, donde terminé el post-grado en Arqueología. Sin embargo mi formación de post-grado incluye también estudios realizados en Estados Unidos, en el Instituto Smithsoniano de Washington, para los cuales me gané una beca. Finalmente me doctoré en Historia en la Universidad Complutense de Madrid.

En Venezuela me dediqué a la investigación y a la docencia. En la UCV fui profesora activa desde mediados de los 60 hasta 1991 cuando me jubilé; no obstante, sigo en contacto con la universidad: soy profesora Titular Jubilada, imparto cursos de post-grado en varias universidades nacionales, como la Universidad de Los Andes, ULA, sigo asesorando tesis de pre-grado y post-grado, doy conferencias, participo en seminarios y escribo mucho, no sólo acerca de las investigaciones realizadas en aquellos años, sino sobre investigaciones más recientes.
En los actuales momentos estoy involucrada en dos proyectos vinculados a dos instituciones nacionales: el Museo Arqueológico de la ULA y el Museo Arqueológico de Quíbor, en ambos casos ex estudiantes míos están haciendo una extraordinaria labor y yo, junto a mi esposo, el Prof. Mario Sanoja, continuamos trabajando con ellos, no sólo como asesores sino también participando en su formación de post-grado y en los mismos procesos de investigación. Por otra parte, estoy trabajando en la investigación de dos temas que están básicamente orientados hacia: el asunto del género en Venezuela, y el otro sobre la participación popular. Sobre estos dos temas he producido varias obras, además de dar conferencias, justamente mi más reciente publicación es el libro: “Resistencia y participación. La saga del pueblo venezolano” publicado por Monte Ávila el pasado mes de octubre.

EN: Ya que mencionas a tu esposo, el Prof. Mario Sanoja, una manera interesante para entrarle al tema del género es que nos comentes sobre tu experiencia de trabajar muy estrechamente con él ya que es notorio que juntos han publicado diversos libros y escrito innumerables artículos. ¿Cómo ha funcionado esta relación profesional e intelectual y cómo ha influido sobre la relación de pareja a lo largo de los años?

I.V.:
La experiencia de trabajar con mi esposo, si se me perdona la falta de modestia, diría que ha sido exitosa fundamentalmente porque ha estado basada en el respeto mutuo. En el pasado, siendo más joven, me enfurecía cuando la gente decía que era mi esposo quien trabajaba y que yo me lleva los méritos también por ayudarlo, era injusto, porque yo trabajaba y trabajo tanto como él. Sin embargo ahora si alguien piensa o dice eso le resto importancia porque al fin y al cabo entre nosotros sabemos como es la verdad.

En cualquier caso el éxito de nuestra relación ha estado basado en respetarnos como intelectuales y como personas. En algunos libros aparezco yo como primera autora porque a mí se me ocurrió la idea y he trabajado más que Mario, pero en otros casos es a la inversa. Afortunadamente hemos logrado una combinación muy balanceada, yo soy una persona mucho más apasionada que mi marido, soy muy combativa, él es mucho más sereno, más tranquilo, siempre lo ha sido y creo que eso ha creado un buen equilibrio.

Mucha gente nos pregunta cómo hacemos para escribir los libros, indudablemente no hay recetas, a veces cuando mi apasionamiento supera ese balance yo escribo por mi lado y él por el suyo y después lo juntamos. Otras veces cuando la serenidad de Mario pasa a transformarse en una cierta apatía, entonces los escribimos a cuatro manos, un párrafo él y uno yo, así un poco como para estimularlo.

Creo que trabajar juntos ha sido parte fundamental de nuestra vida como pareja, es parte de nuestro proyecto de vida y lo fue desde que nos unimos, de manera que no hubo desavenencias. Por supuesto que no ha sido fácil dentro de una sociedad tan sesgada por el androcentrismo, yo he sido golpeada en la relación pero no por culpa de Mario.
Para poner unos ejemplos, en una oportunidad al sacar la segunda edición de un libro que yo escribí con la ayuda de Mario, eliminaron por completo mi nombre como autora dejando únicamente el de mi esposo que era en realidad el coautor. Ante mis protestas la gente de la editorial me dijo: “Iraida. ¿Por qué haces de eso un problema?”, o cuando en algún evento en donde se hablaba de nuestros libros se oía a la gente decir “…. los libros de Mario.., …porque Mario hizo.., ….porque Mario dijo...” etc., como si yo no hubiese existido, claro que no escribo para que me estén alabando, pero tampoco me gusta que no se me reconozca el trabajo. Afortunadamente repito eso no ha afectado la vida de pareja porque todas las agresiones y las incomprensiones han venido de afuera y no entre nosotros.

EN: ¿Cómo ves el tema del género en Venezuela, hay patrones únicos o los problemas son los mismos o muy similares a los del resto de América Latina y del mundo?

I.V:
Yo diría que sí hay aspectos que nos singularizan, y obviamente existen otros que nos unen a los demás países latinoamericanos y del mundo.
Por lo que concierne Venezuela, las particularidades tienen sus orígenes en nuestro proceso histórico que, si bien nadie podría decir que haya sido radicalmente diferente al de otros países de América Latina, sin embargo tiene ciertos procesos particulares que dan cuenta de nuestras diferencias.

Si nos vamos atrás en la historia, remontando a la época anterior a la invasión europea, al período prehispánico, en el territorio que hoy corresponde a nuestro país las mujeres han tenido una participación pública más notoria que en otros países latinoamericanos. Debido a las características de nuestras sociedades prehispánicas en Venezuela, las mujeres tenían una actuación pública relevante en el ámbito de la vida tribal indígena que era comunitaria, por lo general se tiende a pensar y a creer - y sabemos las razones del porque - que la actuación pública de los hombres era la fundamental y que las mujeres no participaban de ella.

Las mujeres tuvieron un rol paritario inclusive en la guerra. Las guerras no eran actuaciones de hombres guerreros contra otros hombres guerreros, imagen que nos han metido en la cabeza; sino que también las mujeres participaban activamente en ellas, y no sólo preparando curas, lo cual también hacían, o los alimentos, o ayudando a los hombres, sino que iban también a combatir. Esta es una característica venezolana que, si nos vamos a Perú, a México, Guatemala, o a Bolivia, casi no existe. Las mujeres aquí podían dirigir incluso sus propios grupos de combate, eran expertas en el uso del arco, la flecha y las macanas, eran las que preparaban los venenos que iban en las puntas de las flechas y las jabalinas, es decir, tenían una participación activa. Nadie pensaba en aquel entonces que el problema de la guerra era sólo de los hombres y que solamente ellos salían a dirimir los conflictos. Ciertamente, había un grupo importante de mujeres que se quedaban en las comunidades porque era la garantía de la sobrevivencia, porque también hacían el trabajo que estaba relacionado con el cuidado de los niños, de los ancianos, de los enfermos, y de otras mujeres parturientas y embarazadas. Y aún cuando yo en particular no creo en los atavismos, porque las cosas no nos llegan hasta el presente sin ninguna modificación, sin embargo han sido rasgos particulares de nuestras poblaciones autóctonas.

Luego, cuando uno analiza, las fuentes escritas del período colonial se da cuenta que la imagen que uno tenía de las mujeres encerradas en sus casas atendiendo niñitos y enfermos pues no es tan cierta. Las mujeres de aquella época eran vendedoras ambulantes, trabajadoras y cumplían un gran número de roles productivos.

EN: Y también hubo importantes actuaciones durante la época independentista basta recordar a Josefa Camejo, Luisa Cáseres de Arismendi, Juana Ramírez, Cecilia Mujica etc…

I.V:
Sí, pero apartando las individualidades, siempre ha existido en nuestro país una participación por parte de los colectivos femeninos en la vida pública, sea para expresar opiniones, (no siempre o mejor dicho, casi nunca tomadas en cuenta) o sea para actuar en algunos ámbitos de la vida pública, aún sin tener mayor poder de decisión, pero aún así, ha sido algo poco común en otras partes de América Latina. De manera que no me sorprende que en el proceso político, histórico y social que estamos viviendo actualmente en Venezuela haya una fuerte presencia de las mujeres, tanto a favor del proceso bolivariano como en contra. Sea de derecha como de izquierda. Porque sí nos ponemos a ver con detalles el grupo mayoritariamente más combativo es el femenino.

Hace un par de años en evento donde participé y al cual asistía también el Presidente Chávez, una chica portuguesa le preguntó, cómo se sentía con tanto apoyo femenino, porque a ella le había llamado la atención este hecho característico de nuestro proceso revolucionario, él respondió que estaba conciente de esta realidad que además lo enorgullecía. De hecho hay una parte importante del discurso del presidente que va dirigida a las mujeres y en apoyo a la problemática femenina.

El sentimiento revolucionario y el apoyo femenino mayoritario a la Revolución Bolivariana es una realidad. Para ninguno de los que vivimos en este país es un secreto que fue gracias a la capacidad combativa de las mujeres que cuando el golpe de Carmona en el 2002, se lograra esa victoria tan importante, ya que las mujeres salieron masivamente a la calle a denunciar el golpe de estado. Seguidamente la capacidad de resistencia tan impresionante de las mujeres durante el la huelga insurreccional y el sabotaje petrolero, fue lo que permitió que durante tres meses se aguantara una situación tan difícil de escasez, y cuando digo “las mujeres” no es por capricho, no es una vacua exaltación al género, lo digo porque las investigaciones sociológicas y antropológicas sobre la conformación de las familias populares en Venezuela, ha demostrado que son eminentemente matricéntricas, las dirigidas, sostenidas y que crecen gracias a las mujeres.

En América Latina las familias matricéntricas han sido las que han venido creciendo numéricamente a partir del siglo XIX, sobretodo en los sectores más empobrecidos.
Esta situación es precisamente la que hace que la pobreza sea además un problema de género y un grave asunto social ya que las mujeres se encuentran solas para criar a sus hijos sin la ayuda de los hombres. En Venezuela el fenómeno es particularmente marcado.

EN: Esa situación ha llevado a que en Venezuela haya una gran cantidad de mujeres muy capacitadas en todas las clases sociales, mujeres que saben cómo proveer por sus hijos, pero eso nos conduce a otra reflexión: que si bien la sociedad venezolana es prominentemente matricéntrica también persiste en ella un marcado machismo. Entonces uno se pregunta ¿De quién es la culpa que este fenómeno tan dañino se siga reproduciendo?

I.V.:
En 2006 publiqué un libro que se llama “Historia. Mujer, Mujeres” publicado por el Ministerio para la Economía Popular que ahora está siendo reeditado por la Red de Bibliotecas de los Consejos Comunales, ahí analizo cómo se reproducen los valores del machismo y cuáles son los agentes encargados de su reproducción. En situaciones de dominación, el agente reproductor de la ideología de la dominación no es solamente el sujeto dominador sino también, y dirá que con más fuerza, el propio sujeto dominado.

El agente dominador se encarga de forjar la ideología de la dominación, la cual una vez aceptada por el agente a ser dominado, viene reproducida y perpetuada por este último. Esto se pone claramente en evidencia cuando vemos las actuaciones de las personas de los estratos menos favorecidos que de repente hablan de una manera totalmente alienada, desde el discurso de la dominación, hacen razonamientos como si fueran unos capitalistas, dicen que no quieren a Chávez porque le van a quitar lo que tienen o que no le gusta porque es negro y ordinario, no obstante que ellos tienen un color de piel equivalente y cosas por el estilo. Esa es la ideología de la dominación, si bien es acuñada mediante distintos sistemas de socialización por el agente dominador, es reproducida por el agente dominado sin que siquiera se de cuenta. Y eso pasa también el caso de las mujeres, como seres dominados al fin, que reproducen el machismo de esta forma.

EN: El machismo lo observamos también en los estratos sociales en los cuales hay mujeres con un nivel de instrucción elevado ¿Qué se podría hacer para comenzar a revertir ese fenómeno?

I.V.:
El problema radica en la crisis de valores en la cual estamos sumergidos y la solución pasa por cambiar estos valores negativos, eso se dice muy rápido, pero son creencias que nos han inoculado durante quinientos años de los cuales doscientos de capitalismo. Antivalores que atentan contra nuestra propia soberanía, contra nuestro propio ser como latinoamericanos y como mujeres. Los antivalores del capitalismo están metidos en nuestras mentes, y la única forma de eliminarlos es transformando a la sociedad de una manera integral, fundamentalmente su sistema educativo, porque no se puede haber una coexistencia pacífica de valores y antivalores. En mi opinión, no ha habido hasta ahora en Venezuela por parte del Estado una política orgánica, bien estructurada para que eso suceda. Hay mejoras, tendencias dirigidas a resolver esos problemas, por supuesto, pero no ha habido un verdadero proceso de revolución de los valores.

EN: ¿Qué opinas sobre la reciente creación del ministerio para tratar asuntos específicos de la mujer? Por cierto ya existió en la IV República, durante el gobierno de Luis Herrera Campins y después fue eliminado.

I.V:
En mi opinión el Estado venezolano actual, hasta ahora no ha tenido una política orgánica con respecto al tema del género. Se han creado algunas instituciones dirigidas a las mujeres, algunas muy eficientes, como el Banco de la Mujer, el Instituto Nacional de la Mujer que hacen una buena labor pero actúan descortinadamente. No ha existido hasta ahora un ente coordinador que genere una política de Estado con respecto al género y que además pueda tomar posición cabal con respecto a este problema puesto que este no es un asunto que se puede diluir en el problema de la dominación, de la exclusión general, pues tiene sus especificidades.

Siempre cuento una experiencia muy negativa que tuve en una oportunidad durante un evento de la Misión Madres del Barrio. Fui invitada a dar una charla a un grupo de más de mil mujeres, con ellas establecí una relación maravillosa porque lo que yo les estaba diciendo lo reconocían como parte de su proceso de dominación, tenía eco entre ellas y no necesitaba ningún tipo de traducción. Sin embargo pude observar cómo algunos funcionarios y funcionarias de un ente oficial, maltrataron a estas mujeres, cómo las menospreciaban, cómo a lo sumo tenían una actitud condescendiente hacia ellas, de cómo no había convicción en su manera de actuar, cómo proyectaban sus valores androcéntricos hacia ellas.

Así es muy difícil implementar cualquier programa, incluso si el Presidente Chávez tiene la mejor voluntad política, que la ha manifestado en distintas oportunidades, aún cuando tenga toda la intención de resolver el problema del género, eso no basta si las personas encargadas de llevar a cabo las órdenes y las ideas las sabotean voluntaria o involuntariamente, si estas no tienen conciencia de lo que están haciendo. Incluso, hablé con uno de estos funcionarios que se había dirigido a un grupo de mujeres de una manera muy desagradable, por decir lo menos, y le pregunté por qué había hecho eso y me él me contestó: “¿Por qué, qué hice?”, es decir, él no se había percatado de la forma como les había hablado...

EN: Sí, es un problema cultural que solo se podrá resolver a largo plazo...

I.V: Cultural y educativo. Por ejemplo, no debe haber ninguna Escuela Bolivariana, donde el problema del género no sea tratado. No debe haber un Pre-escolar, un Simoncito donde se le diga a los niños que los varones no lloran y que las niñas deben juegan con muñecas y cosas por el estilo, porque ahí es donde se forman los valores. Sino, no estamos haciendo nada creando ministerios o medidas paliativas al problema del género.

El problema del género es un problema que está enraizado en nuestras mentes, en nuestra cultura, que trasciende el problema de la clase. Por ejemplo, el asunto de la violencia doméstica no es un problema que se puede decir que se da solamente en los sectores populares porque son mujeres y hombres sin educación, no. He visto maltratos espantosos en las clases sociales más altas. Es un problema que tiene que ser abordado de una manera específica y tiene que ser resuelto por mujeres o en todo caso por mujeres y por hombres feministas, con conciencia...

EN: El problema de género afecta a toda la sociedad y no solamente a las mujeres que en todo caso representan al 50% de la población. Afecta también a los hombres.


I.V.:
Así es. Porque este problema contribuye a que el hombre sea dominado también. Siempre digo que los hombres más machistas son los hombres más débiles porque son inseguros, que no se sienten capaces de tener una relación de igual a igual y de tratar de igual a igual a una persona del género femenino. El problema del género es un asunto que tiene muchas especificidades que obedecen a razones históricas y étnicas, aun cundo en casi la totalidad del mundo tenemos la misma estructura de clase porque el capitalismo es el sistema imperante y todos vivimos, jerarquizados, estratificados, separados etc. pero como dije anteriormente, cada país tiene sus especificidades.

EN: Además en occidente vivimos bajo la fuerte influencia del modelo patriarcal judío-cristiano, que en nada ayuda...

I.V.:
Claro. En cualquier caso, la política que debería desarrollar un determinado Estado tiene que abordar el problema del género desde tres ejes fundamentales: desde la perspectiva de lo étnico, desde la composición de las clases sociales y desde el proceso histórico que dio origen a esa población específica y a partir de allí, poder trabajar las particularidades en el marco de estos ejes.

EN ¿Qué ocurre con los movimientos feministas en nuestro país?

I.V.: Los movimientos feministas en Venezuela son de muy reciente data y obviamente no se pueden desvincular de lo que sucede en otras partes de América Latina. Desde un punto de vista histórico diría que, si bien hubo feministas en el siglo XIX fue como individualidades y no como un movimiento orgánico. A partir de lo que he investigado, puedo decir que los movimientos feministas como tales comenzaron de manera incipiente durante los años de 30 del siglo pasado, cuando un grupo importante de mujeres, en términos de su figuración como individuos, todas ellas de clase media, o clase pudiente, se preocuparon porque las mujeres accedieran al derecho al voto, además se enfocaron sobretodo en mujer en su rol de madre, de que tuviera una buena alimentación, del cuidado de los hijos, de la higiene, etc. pero realmente no era un movimiento reivindicativo de la mujer en la sociedad, y no tuvo una proyección a nivel nacional que pudiésemos decir que fue significativa, de toda forma han sido pioneras, y ciertamente su actuación fue importante, no lo desmerezco pero ese grupo de mujeres no pasó de ahí.

Recientemente, en Venezuela hay una aparición muy grande de grupos y grupúsculos lo que disminuye las posibilidades de que estos movimientos se unan en un proyecto orgánico común. Estuve investigando para escribir un artículo para una revista extranjera, y pude registrar más de 50 grupos activos de mujeres feministas que están haciendo diferentes trabajos, pero no hay coordinación entre ellos también debido a la polarización que se vive en el país. Por lo general son grupos vinculados al mundo académico, lo cual no es malo en sí, pero con muy poca relación con las bases, con la gran mayoría de las mujeres que realmente están sufriendo los problemas de género.

EN: Uno tiende a creer que los movimientos feministas se identifican con la izquierda porque la derecha representa al conservadorismo. Es difícil pensar en una mujer progresista, que quiera avances en torno a los temas de la mujer, que se identifique con la derecha, obviamente cuando se habla de los problemas de género forzosamente uno se topa con temas tan álgidos como el aborto, las reivindicaciones laborales, la liberación sexual etc. asuntos sobre los cuales la derecha ha sido siempre muy retrógrada y reaccionaria.

I.V.: Si, si bien se pudiera decir que el feminismo pudiera ser un proyecto común suficientemente aglutinante, bajo mi punto de vista el problema feminista, no es solamente un problema de género, sino que está ligado a la liberación de los sectores oprimidos independientemente de que sean mujeres u hombres.

Entonces no hay una posibilidad de unión para personas que defiendan tesis tan diferentes, o por lo menos que no sientan que hay opresión a nivel general, o que argumenten, como muchos lo hacen, de que el problema de la liberación de los oprimidos es un problema de voluntad, de deseo de superación individual.

Si se leen algunas revistas especializadas sobre el tema, la mayoría de las mujeres que escriben en ellas son de derecha y abordan el tema de la liberación femenina como un problema teórico, académico sin vincularlo con la realidad. Comparto lo que expresó Antonio Gramsci, que si identificamos y analizamos un determinada realidad, un problema, es para producir una transformación, para hacer algo para cambiar las cosas, y en este proceso de transformación evidentemente van a aparecer fuerzas retrógradas que van a tratar de impedirlo, porque esa realidad obedece a los intereses de esas mismas fuerzas. Por eso en verdad no entiendo a este tipo de mujeres.

Siguiendo este razonamiento, sólo la derecha en el sentido más tradicional del concepto, puede estar en contra del proceso de cambio que se está dando en nuestro país. En cualquier caso, independientemente de que yo apoye una u otra posición, la cuestión es que esto afecta a la unión de los movimientos feministas nacionales.

Hace poco trabajando en un artículo que me pidieron sobre marxismo y feminismo, consulté una bibliografía muy extensa de marxistas-feministas alrededor de todo el planeta y todas insisten en señalar, desde las posiciones más radicales hasta las más moderadas, esto que hemos estado conversando: que si somos feministas es porque tenemos una línea para la acción y ofrecemos conocimientos que sirvan como guía para la sociedad.

EN: ¿Y si comparamos en este sentido a Venezuela con el resto del mundo?

I.V.: Existen diferencias con otros países de América Latina donde hay más cohesión entre lo que propone el mundo académico y los movimientos de base que utilizan este conocimiento para la acción.

Hay un movimiento que a mí particularmente me apasiona. Estuve en octubre pasado en un evento internacional a nivel mundial en República Dominicana, el V Encuentro de Sociedades Científicas, allí hubo una mesa dedicada a la cuestión del género y en una de las actividades que se desarrolló tuve el privilegio de participar en una videoconferencia con la Premio Nobel de Física, la hindú Vandana Shiva, quien es feminista. Pude conversar con ella a través de la videoconferencia y me parece que toca puntos importantes que deben ser tomados en cuenta. Ella defiende la tesis del ecofeminismo y tiene unas ideas extremadamente interesantes que creo serían sumamente beneficiosas para Venezuela.

Shiva y sus seguidores y seguidoras, plantean que la economía de mercado es patriarcal y destructiva que ha separado a la mujer del hombre y a su vez a la humanidad de la conservación del planeta y de la especie. Proponen una feminización del hombre y una humanización de la economía, en este sentido hablan de una economía de la mujer en sustitución de la economía de mercado y proponen una serie de medidas para humanizar.

Ella es una mujer combativa y accesible, a diferencia de lo que siempre se piensa de las científicas, que somos gente que estamos separadas de la realidad, participa en diversos movimientos contestatarios, al punto tal que logró que la trasnacional más grande del planeta, la McDonal’s, saliera de la India y de Pakistán. La otra posición que me parece interesante que es el socialismo feminista...

EN: Muy importante, no puede haber socialismo sin feminismo y viceversa.

I.V.:
¡Pero por supuesto! Si el socialismo es la negación de la exclusión y de la dominación, no puede estar sometido y excluido el 50 por ciento de la sociedad. Si hay socialismo tiene que ser un socialismo feminista, sino, no es socialismo.

EN: Hasta que llegue el día en que no tendremos que usar más la palabra “feminismo”, porque ya no hará falta.


I.V:
Al igual que no tendremos que usar más las palabras como: racismo, exclusión, pobreza y sobre todo capitalismo, esa vergonzosa palabra que por definición es dominadora, controladora, expoliadora y todos los “oras’” que se nos ocurran.

miércoles, marzo 18, 2009

La Comuna de París y las mujeres revolucionarias

Por: Silvio Costa
Al cumplirse un año más de la Comuna de Paris, es muy oportuno destacar la participación de las mujeres revolucionarias, denominadas peyorativamente por las fuerzas reaccionarias y aristocrático-burguesas, les pétroleuses, o sea, las incendiarias.

La presencia y la participación femenina en las luchas políticas y revolucionarias en Francia y en otros países es una constante, incluso, el símbolo de la República francesa está representado por una mujer.

Hasta hace algunas décadas la intervención femenina en las luchas políticas revolucionarias no era motivo de estudio, pese a su destacada participación en los principales acontecimientos de nuestra historia, principalmente a partir de la historia moderna. Ellas Estuvieron presentes, aunque relegadas y marginadas. Esta realidad está siendo cambiada en las últimas décadas por el esfuerzo destacado de las feministas, que osan investigar y comprobar que las mujeres, cerca de un 50% - posiblemente con pequeñas diferencias en uno u otro periodo - de la población en toda la historia de la humanidad, han estado participando de los hechos históricos. Esto atañe sobre todo a las mujeres trabajadoras, que desafiando las ideas preconcebidas y los límites culturales - incluso en contra de los hombres revolucionarios -, conquistaron sus derechos, no solamente como parte integrante de la parcela social mayoritaria, explotada y oprimida, sino también derechos específicos en cuanto mujeres, o como actualmente se definen, sus derechos de género.


En todas las revoluciones burguesas y proletarias de los siglos XVIII, XIX y XX, “las mujeres con estudios utilizaron las oportunidades que se les ofrecieron de plantear demandas sociales, económicas y políticas radicales, sobre todo aquellas destinadas a transformar el lugar que ocupan las mujeres en la familia y la economía, en concreto mediante la exigencia de derechos e igualdad legales. Sin embargo, las mujeres de la clase baja también participaron, sobre todo cuando los problemas económicos amenazaban su nivel de vida y el de sus familias. Con frecuencia estas mujeres conectaron estas cuestiones con las luchas por el poder y los cambios políticos radicales que tenían lugar e hicieron pleno uso de la oportunidad de presionar a favor de reformas legales y constitucionales. (...) Sin embargo, en líneas generales, los hombres revolucionarios no parece que hayan tenido muy en cuenta los derechos de la mujer. Además, las mujeres rara vez han ido mas allá de apoyar o actuar a través de sus hombres.

De hecho, muchos hombres temían al parecer que las mujeres participasen en actividades políticas. Como consecuencia, los políticos e historiadores varones han ignorado a las mujeres revolucionarias o las han pintado como amazonas y fieras, mientras que muchos hombres radicales se han mostrado a veces poco dispuestos a respaldar los derechos de la mujer, por si acaso parecían unos insensatos a los ojos de los demás hombres.”

LAS MUJERES EN LA REVOLUCIÓN DE 1789

Ya en el año de 1789 y posteriores, las mujeres participan de forma destacada en las luchas revolucionarias. Como uno de los sectores más sensibles a las consecuencias de las crisis, asumen un papel señalado en las movilizaciones contra la escasez, el hambre y la irregularidad en el abastecimiento, mas no se quedan solamente en este frente: empiezan a asumir la lucha y a hacer reivindicaciones políticas de forma cada vez más destacada.

Crean asociaciones destinadas a exigir la defensa de los derechos de las mujeres, como por ejemplo la Sociedad de Mujeres Republicanas Revolucionarias, fundada en febrero de 1793, por Claire Lacombe y Pauline Léon , responsable de diversas conquistas revolucionario-populares. Algunas feministas consiguen destacarse en la defensa de sus derechos y por colocar sus reivindicaciones como parte de las plataformas políticas. De entre éstas se destacan Marie-Jeanne Roland, conocida como “Manon” Roland , discípula de Rousseau y célebre como la philosophe republicana; la holandesa Etta Palm d’Aelders ; Olympe de Gouges , que redactó una Declaración de Derechos de la Mujer; Tréroigne de Méricourt , que se destacó en el grupo Amigos de la Constitución en 1790. Se debe apuntar que la participación de las mujeres en este momento es identificada, por su propio carácter y por el contenido de clases, con la perspectiva burguesa, no incluyendo en sus reivindicaciones el contenido social y igualitario, que sólo surgirá posteriormente.

LAS MUJERES EN LA PRIMAVERA DE LOS PUEBLOS EN 1848

En general, la participación femenina en las revoluciones de 1848, durante la primavera de los pueblos, manifiesta un contenido algo distinto de la fase anterior, ya que es destacada la presencia de las trabajadoras y la aparición de las ideas socialistas y comunistas, que defienden la igualdad para las mujeres y la asocian con la emancipación de clase, con la superación del orden existente.

Al igual que en otros momentos revolucionarios, en la Revolución de 1848, en Francia, París destaca como la localidad donde sucedieron el mayor número de manifestaciones proletarias y donde las mujeres participaron más activamente, incluso de forma independiente, tanto en la organización de huelgas y asociaciones gremiales, como reivindicando que el Plan Nacional de Talleres no fuera excluyente para las mujeres y restringido a aminorar sólo las consecuencias del paro masculino. Incluso consiguen que representantes de los gremios de mujeres formen parte de la Comisión Luxemburgo, responsable de analizar y presentar al gobierno provisional, sugerencias relativas a las condiciones de los trabajadores y a sus salarios.

Entre las organizaciones especificas fundadas en este periodo destaca las Vésuviennes, que, en su lucha por las reivindicaciones femeninas, organizaba grupos de mujeres para entrenamientos de contenido militar. El Club para la Emancipación de las Mujeres, la Unión de las Mujeres y la Asociación Fraternal de Demócratas de Ambos os Sexos reivindicaban la igualdad de derechos para las mujeres, el derecho al divorcio y al voto. Se sabe también que muchas mujeres asistieron a las reuniones de la Sociedad Republicana Central dirigida por Blanqui y que, en algunas ciudades de las provincias, surgieron clubes femeninos

“Los defensores de los derechos de la mujer también imprimieron miles de carteles, boletines y proclamas, además de fundar revistas y periódicos, el más importante de los cuales, La Voix des Femmes (La Voz de las Mujeres), abogaba por el divorcio y las guarderías infantiles para las mujeres trabajadoras. Fuera de París, sus esfuerzos tendían a limitarse a exhortar a sus maridos para que pasaran a la acción(...) sin embargo, a medida que el proceso de politización característico de las revoluciones de 1848 se extendía, la participación política de las mujeres tendía a aumentar. Algunas lucharon en las barricadas durante la revolución de febrero, pero fueron muchas más las que participaron en la enconada lucha callejera de junio de 1848. Las mujeres de París lucharon con tanta fiereza como los hombres y constituyeron un pequeño porcentaje del total de muertos, heridos o arrestados. Aunque algunas se limitaron a cargar y limpiar las armas, otras dirigieron grupos de combate integrados sólo por hombres. La actividad política de las mujeres se restringió después de que se reprimiera el levantamiento de los “días de junio”, pero muchas habían aumentado su conciencia social y política.”

Muchas de las activistas femeninas, o mejor, feministas, lucharon no sólo en los acontecimientos de la Revolución de 1848 en Francia, sino que tuvieron un papel político importante en las luchas feministas posteriores, de entre las cuales se destacan: Eugénie Niboyet, responsable de la publicación del periódico parisino Voz de las Mujeres, dedicado a la defensa de los derechos específicos de las mujeres; Jeanne Déroin , fundadora del Club para la Emancipación de las Mujeres; Joséphine Courbois, conocida como la reina de las barricadas, por su actuación destacada en las barricadas en Lyón, y posteriormente en 1871, continuando a su militancia, por su lucha en las barricadas de la Comuna de Paris; Amadine Lucile Aurore Dudevant, conocida como George Sand , intelectual y escritora conocida por sus ideas republicanas y revolucionarias.

En otros países de Europa, la presencia y participación femenina en las luchas revolucionarias de 1848 no alcanzaron el nivel y la intensidad que tuvieron en Francia.

En el Imperio Austro-Húngaro, en Viena y Praga, las mujeres, aunque no haya quedado constancia de que presentaran reivindicaciones especificas, se reunían para tratar de asuntos políticos y publicar periódicos. Hay constancia de que en Praga, en junio de 1848, participaron en las luchas, y en Viena, en octubre, colaboraron en la construcción de barricadas. En Hungría se llegaron a formar dos regimientos femeninos y algunas mujeres, disfrazadas de hombres, se alistaron en las tropas, dándose incluso el caso de dos que alcanzaron el puesto de capitán antes de ser descubiertas. La existencia de organizaciones femeninas se restringe prácticamente a Praga y Viena, dedicándose a apoyar los refugiados políticos e insurgentes encarcelados. El Club de las Mujeres Eslavas, organizado en Praga, se dedicaba a la educación de las mujeres en su lengua patria.

En los Estados Alemanes, en la ciudad textil de Elberfeld, las mujeres participaron en el 31 de marzo de 1848 en una manifestación de apoyo a los trabajadores y a favor de la unificación de Alemania, proponiendo que se usasen solamente ropas confeccionadas en el país. En otras localidades y eventos la participación se limitó a actividades de apoyo. Los hombres en sus clubes políticos, incluidos los burgueses radicales, con excepción de los socialistas y comunistas, no permitían la participación femenina. En Berlín, el pequeño Congreso de Trabajadores, que congregaba treinta y una (31) organizaciones, apoyaba la reivindicación de igualdad para las mujeres, e igualmente tenemos constancia de la existencia del Club Democrático de Mujeres. Entre las mujeres se destacan las feministas Matilde Franziska Anneke y Luise Otto-Peters, responsables de la publicación de periódicos.

En los Estados Italianos antes de 1848, pese sus ideas nacionalistas y liberales, la participación de las mujeres se limitó, salvo algunas pocas excepciones, a apoyar las actividades revolucionarias de los hombres. En general, las mujeres italianas, en este período, no fueron más allá del apoyo a sus esposos y familiares. En los Estados Italianos destacó la brasileña Anita Garibaldi, considerada la verdadera heroína italiana, por su participación al lado de Garibaldi, su esposo, en las luchas por la unificación de Italia.

LAS MUJERES EN LA COMUNA DE PARIS DE 1871

Pero, de todas esas luchas revolucionarias en las que las mujeres tuvieron participación, sobresalen las de la Comuna de Paris, tanto por su contenido político como por su número e intensidad.

En 1871, pese a la participación de las mujeres en las jornadas revolucionarias durante casi un siglo de lucha de clases, los trabajadores sufrían unas precarias condiciones de vida y las trabajadoras sufrían una doble explotación y discriminación: como mujeres y como trabajadoras, careciendo además del derecho al voto, permitido a los hombres. Un ejemplo de las discriminaciones a las que estaban sometidas las mujeres aparece en el código civil francés. Éste, modelo de código civil burgués, y seguido en distintos países, “fue uno de los documentos más reaccionarios en lo que respecta a la cuestión de la mujer. La despojaba de todo y cualquier derecho, sometiéndola enteramente al padre o al marido, no reconocía la unión de hecho y sólo reconocía a los hijos del casamiento oficial.” (MARTINS, 1991: 47-48). Para muchas mujeres, la Comuna se presenta no sólo como una posibilidad de conquistar una Republica social, sino de conquistar una Republica social con igualdad de derechos para las mujeres.

El 18 de marzo de 1871, considerado el día del deflagrar de la Comuna, fueron las mujeres las primeras en dar la alarma y revelar la intención de las tropas al mando del gobierno de Thiers de retirar los cañones de las colinas de Montmartre y desarmar París. Las mujeres se pusieron delante de las tropas gubernamentales e impidieron con sus cuerpos que los cañones fueran retirados, e incitaron la reacción del proletariado y de la Guardia Nacional a la defensa de París.

“En concreto, las mujeres trabajaron en fábricas de armas y municiones, hicieron uniformes y dotaron de personal a los hospitales improvisados, además de ayudar a construir barricadas. A muchas se las destinó a los batallones de la Guardia Nacional como cantinières, donde se encargaban de proporcionar alimentos y bebida a los soldados de las barricadas, además de los primeros auxilios básicos. En teoría, eran cuatro las cantinières destinadas a cada batallón, pero en la práctica solían ser muchas más. Por otra parte, abundantes datos muestran que muchas mujeres recogieron las armas de hombres muertos o heridos y lucharon con gran determinación y valentía. También hubo un batallón compuesto por 120 mujeres de la Guardia Nacional que luchó con valentía en las barricadas durante la última semana de la Comuna. Obligadas a retirarse de la barricada de la Place Blanche, se trasladaron a la Place Pigalle y lucharon hasta que las rodearon. Algunas escaparon al Boulevard Magenta, donde todas murieron en la lucha final.”

Las actividades desarrolladas por las mujeres englobaban una serie de funciones, destacándose aquellas destinadas a la asistencia a los heridos y enfermos, a la educación en general y el abastecimiento. Aunque no existió la organización de movimientos feministas como los conocemos hoy, y no fue elaborado un programa sólo con reivindicaciones especificas, las revolucionarias crearon cooperativas de trabajadores y sindicatos específicos para las mujeres. Participaron activamente de clubes políticos, reivindicando la igualdad de derechos, como por ejemplo el Club de los Proletarios y el Club de los Librepensadores. Crearon organizaciones propias como el Comité de Mujeres para la Vigilancia, el Club de la Revolución Social, el Club de la Revolución y la que consiguió destacarse de la otras, la Unión de Mujeres para la Defensa de París y la Ayuda a los Heridos, fundada por miembros de la Internacional, influidos por las ideas de Marx. Se publicaron se periódicos destinados a las mujeres: Le Journal des Citoyennes de la Comuna (Periódico de los Ciudadanos de la Comuna) y La Sociale (La Sociedad).

Las revolucionarias en la Comuna adquirieron importancia no sólo como luchadoras de las causas sociales, sino como feministas, pertenecientes a la clase obrera o a los sectores radicales de los sectores medios, identificadas con las luchas por la conquista de una Republica social con igualdad de derechos. Entre las mujeres en este período, la más conocida fue la activista socialista Louise Michel , fundadora de la y Unión de Mujeres para la Defensa de París de apoyo a los Heridos y miembro de la I Internacional. También destacan: Elizabeth Dmitrieff , militante socialista y feminista; André Léo responsable de la publicación del periódico La Sociale; Beatriz Excoffon , Sophie Poirier y Anna Jaclard, militantes del Comité de Mujeres para la Vigilancia; Marie-Catherine Rigissart, que comandó un batallón de mujeres; Adélaide Valentin, que llegó al puesto de coronel, y Louise Neckebecker, capitán de compañía; Nathalie Lemel, Aline Jacquier, Marcelle Tinayre, Otavine Tardif y Blanche Lefebvre, fundadoras de la Unión de Mujeres, siendo la última ejecutada multitudinariamente por las tropas reaccionarias, y Joséphine Courbois, que luchó en 1848 en las barricadas de Lyón, donde era conocida como la reina de las barricadas. Se debe citar aún a Jeanne Hachette, Victorine Louvert, Marguerite Lachaise, Josephine Marchais, Leontine Suétens y Natalie Lemel.

Después de la derrota militar de la Comuna de Paris de 1871, las fuerzas conservadoras y reaccionarias, ante la imposibilidad de eliminar este ejemplo heroico que demuestra la posibilidad de destrucción del orden burgués, difundieron una gran campaña de calumnias contra el proletariado, los socialistas, comunistas y en particular contra la I Internacional.

“Algunas fuentes hacen referencia a las incendiarias, les pétroleuses, que prendieron fuego a edificios públicos durante la Semaine Sanglante final de la Comuna. Estas historias parecen ser fruto del alarmismo antifeminista de inspiración gubernamental, y la mayoría de los corresponsales extranjeros presentes no las creían. No obstante, las tropas gubernamentales ejecutaron de manera sumaria a cientos de mujeres, e incluso se las apaleó hasta morir, porque eran sospechosas de ser pétroleuses. Con todo, a a pesar del hecho de que más tarde se acusó a muchas más mujeres de ser incendiarias, los consejos de guerra no hallaron a ninguna culpable de ese delito. Sin embargo, hay pruebas que indican que, durante los últimos días, las mujeres aguantaron más tiempo tras las barricadas que los hombres. En total, se sometió a 1.051 mujeres a consejos de guerra, realizados entre agosto de 1871 y enero de 1873: a ocho se las sentenció a muerte, a nueve a trabajo forzados y a 36 a su deportación a colonias penitenciarias.”

La Comuna de Paris y la destacada participación femenina en actividades consideradas hasta entonces como masculinas, reafirma la fuerza revolucionaria de la mujer, ya perfilada a partir de la revolución de 1789, que se transformó en una oleada mundial indestructible. Las mujeres, a partir de la Comuna de Paris pasan a contribuir con gran parte de la fuerza que pone en movimiento la máquina de la revolución proletaria, indicando que ellas no dejaran la escena de la lucha de los explotados y oprimidos por una nueva sociedad de progreso social, de libertad.

sábado, octubre 25, 2008

Jennifer von Westphalen

Por Jesica Calcagno - La Verdad Obrera

Jennifer von Westphalen, nacida baronesa en febrero de 1814, en el seno de una familia de la nobleza prusiana, se crió en Tréveris, ciudad en la que nació Karl Marx, donde se conocieron y compartieron su infancia y adolescencia como vecinos y amigos. Jenny participaba de las recepciones que brindaba su aristocrática familia y era conocida como “la reina de los bailes de Tréveris”. Pero pronto abandonó ese estilo de vida para elegir otro camino: el de la lucha de la clase obrera.


Ya desde joven cuestionaba las ideas de su padre, simpatizando con la “fiesta de Hambach”, una manifestación de 1832 en la que estudiantes, intelectuales, campesinos y burgueses liberales proclamaron la unidad de Alemania. Con su hermano Edgar y su amigo Karl Marx pasaban largas horas hablando sobre la revolución.
A los 22 años inicia un noviazgo a escondidas con Karl Marx, cuatro años menor. ¡No era aceptable que una baronesa iniciara una relación con un hombre que no se hubiera “establecido” económicamente! Pero Marx nunca lo estará, algo que a Jenny no le importó.
Se casan el 21 de mayo de 1843 y Jenny se transforma en alguien imprescindible para él que, durante su luna de miel, redacta La cuestión judía. Ella es la primera en leer todo lo que Marx escribe con una letra que es indescifrable, excepto para su esposa. Por eso, Jenny es la encargada de “traducir” sus textos, pasarlos en limpio y enviarlos a las editoriales. Así, se convirtió en una de las primeras en comprender sus ideas, dedicando su vida a luchar junto a la clase trabajadora y participando incluso de las discusiones con el filósofo Ludwig Feuerbach y los anarquistas Proudhon y Bakunin. Su hija menor, Eleanor, dirá: “se casó mi padre con su amiga y camarada”.
En julio de 1844, Jenny está en Tréveris con su hija Jennychen y vive de cerca la revuelta de los tejedores de Silesia, que reclaman jornada de doce horas y descanso dominical. Le escribe a Marx, que está en París: “es justamente, una vez más, la prueba de que una revolución política es imposible en Alemania, pero que están presentes aquí todos los gérmenes de una revolución social”. Esta carta, publicada en un periódico parisino, es su primera colaboración con la causa revolucionaria.
La familia vivía de préstamos y, en enero de 1845, surgen más complicaciones: Marx es expulsado de París, el primero de una larga lista de exilios forzosos. Jenny siempre se ocupó de saldar las deudas, empeñando lo poco que tenían; pedía préstamos o adelantos de herencias a sus familiares. Pero estas penurias no eran una carga: ella eligió a Marx como marido, pero también eligió, libre y concientemente, la lucha por la revolución proletaria.
Cuando a fines de 1847, en el IIº Congreso de la Liga Comunista, le encargan a Marx la redacción de un manifiesto, Jenny se sumerge en la tarea junto a su marido y su amigo Engels: transcribe, redacta, opina. El resultado fue el Manifiesto del Partido Comunista. Un sastre que la conoció escribió: “rebosaba entusiasmo por el movimiento obrero, y el menor éxito alcanzado en la lucha contra la burguesía la encantaba”.
Jenny fue una importante colaboradora en la transcripción de los originales de El Capital, que la sabía una obra que marcaría la historia, desenmascarando a la burguesía y mostrando a los trabajadores la existencia finita de un sistema de explotación que los oprime a diario. Por eso ayudó a promocionarlo, escribiendo cartas a diferentes redactores de periódicos alemanes. También se encargó de la correspondencia de la Asociación Internacional de Trabajadores, la Iº Internacional.
Jenny y Marx fueron padres seis veces, aunque sufrieron la pérdida temprana de tres de sus hijos. Jennychen, Laura y Eleanor fueron quienes sobrevivieron a esos tiempos difíciles de deudas, deportaciones y miseria. Pero Jenny siempre logró sobreponerse a las angustias, porque su ardor revolucionario la fortaleció, hasta que murió el 2 de diciembre de 1881, víctima de un cáncer.
Jennifer von Westphalen abandonó su cuna privilegiada para sumarse a la causa proletaria, comprendió plenamente a uno de los hombres más importantes de la historia y compartió con él, no sólo el amor y una familia, sino el profundo anhelo de un mundo liberado de la explotación descarnada de millones de trabajadores y trabajadoras, por un puñado de parásitos. Como escribiera Karl Marx, “quienquiera que conozca la historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino”. Jenny es una de esas mujeres que deseó, previó y supo acompañar el germen de esos cambios sociales, con pasión y fortaleza.