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miércoles, abril 28, 2010

Laura Franco: Mujer, Juventud y Lucha...

Por: Género con Clase
Laura Franco es una Joven Mujer Luchadora con una activa participación en la vida política. En ella vemos reflejada la lucha de muchísimas Mujeres Venezolanas que día a día construyen la Revolución Bolivariana desde las bases, desde el verdadero Poder Popular. En entrevista desde Género con Clase, Laura Respondió:

Género con Clase: ¿Cuál es tu opinión frente a la eliminación de las cuotas de paridad política (50 y 50 de participación entre mujeres y hombres) en las venideras elecciones?
Laura: Sin duda es una medida que representa un atraso frente a lo que ya hemos venido logrando en estos últimos años las mujeres. Sin embargo, este hecho debe asumirse como un reto para las mujeres en cuanto a nuestra participación en los espacios políticos, ya que no es suficiente con ser mujer para garantizar que se tome en cuenta nuestra problemática, sino que es necesario que nosotras seamos parte en todos espacios para ser vigilantes de que se asuma la perspectiva de género, es decir, que en cada espacio de planificación y de construcción se tome en cuenta nuestra problemática como mujeres. Por ejemplo, desde espacios como los Consejos Comunales y las Comunas nosotras debemos exigir que se le de un tratamiento a las problemáticas que más nos afectan como la violencia intrafamiliar; asimismo en todos los ámbitos de organización, por eso no puede existir una construcción de Poder Popular que no tome en cuenta las limitaciones o trabas que tenemos las mujeres como cabezas de familia, como trabajadoras, madres, estudiantes, etc. Por lo tanto, no se nos puede relegar sólo a espacios secundarios, sino que debemos asumir y exigir participación en lo productivo, en lo político, en lo social, para garantizar nuestra inclusión.

Ese retroceso es producto de que no existe una conciencia plena de la importancia de la participación de la mujer, porque no se ha entendido que en la sociedad capitalista las mujeres estamos sometidas a mayores niveles de exclusión, explotación y discriminación.

Sólo en la medida que las mujeres participemos y levantemos las banderas del feminismo, que asumamos una conciencia como mujeres, podremos garantizar en el tiempo las conquistas que hemos logrado hasta ahora.

Como Mujer, como Joven, invito a todas a las mujeres a una mayor participación entendiendo que sólo es posible la construcción de un Socialismo Feminista en la medida que nosotras nos asumamos como parte indispensable de la Revolución.


GCC: Desde el punto de vista legislativo ¿Qué necesita una nueva Asamblea Nacional?

L.F.: Sin duda existen muchos elementos que la nueva Asamblea Nacional debe mejorar y garantizar, lo primero es la defensa del proceso revolucionario. Por otro lado, son necesarias legislaciones favorables para los trabajadores, reforma de la ley de universidades, guerra a la especulación, afianzar la política de seguridad alimentaria, consejos estudiantiles, de trabajadores y trabajadoras; y desde la perspectiva de género, urge especialmente la reforma de los distintos códigos, como el penal, y civil, los cuales no sólo están obsoletos y contienen en su articulado una serie de elementos discriminatorios, machistas y patriarcales, sino que colidan con los principios y derechos que nos garantiza la Constitución Bolivariana. Asimismo es necesaria una Asamblea Nacional a la altura del momento histórico que estamos viviendo, que garantice la progresividad de la ley como principio básico para legislar. En este sentido necesitamos una Asamblea Nacional diversa que incluya mujeres, jóvenes, trabajadoras y trabajadores, estudiantes, campesin@s, indígenas, personas con discapacidad, intelectuales, artistas, afrodescendientes, en fin, una Asamblea que sea verdadera expresión de nuestro pueblo.

GCC: Un mensaje Final…

L.F.: El camino hacia el Socialismo se construye con Poder Popular, es nuestra tarea construir el presente sin arrastrar los vicios del pasado... el futuro es nuestro!!!




martes, febrero 23, 2010

Soy Feminista...

-.Por:- Florence Thomas
Nunca he declarado la guerra a los hombres; no declaro la guerra a nadie, cambio la vida: soy feminista. No soy ni amargada ni insatisfecha: me gusta el humor, la risa, pero sé también compartir los duelos de las miles de mujeres víctimas de violencia: soy feminista. Me gusta con locura la libertad más no el libertinaje: soy feminista.

No soy pro-abortista, soy pro-opción porque conozco a las mujeres y creo en su enorme responsabilidad: soy feminista. No soy lesbiana, y si lo fuera ¿cuál sería el problema? Soy feminista. Sí, soy feminista porque no quiero morir indignada. Soy feminista y defenderé hasta donde puedo hacerlo a las mujeres, a su derecho a una vida libre de violencias.

Soy feminista porque creo que hoy día el feminismo representa uno de los últimos humanismos en esta tierra desolada y porque he apostado a un mundo mixto hecho de hombres y mujeres que no tienen la misma manera de habitar el mundo, de interpretarlo y de actuar sobre él.

Soy feminista porque me gusta provocar debates desde donde puedo hacerlo. Soy feminista para mover ideas y poner a circular conceptos; para deconstruir viejos discursos y narrativas, para desmontar mitos y estereotipos, derrumbar roles prescritos e imaginarios prestados.


Soy feminista para defender también a los sujetos inesperados y su reconocimiento como sujetos de derecho, para gays, lesbianas y transgeneristas, para ancianos y ancianas, para niños y niñas, para indígenas y afrodescendientes y para todas las mujeres que no quieren parir un solo hijo más para la guerra.

Soy feminista y escribo para las mujeres que no tienen voces, para todas las mujeres, desde sus incontestables semejanzas y sus evidentes diferencias. Soy feminista porque el feminismo es un movimiento que me permite pensar también en nuestras hermanas afganas, ruandesas, croatas, iraníes, que me permite pensar en las niñas africanas cuyo clítoris ha sido extirpado, en todas las mujeres que son obligadas a cubrirse de velos, en todas las mujeres del mundo maltratadas, víctimas de abusos, violadas y en todas las que han pagado con su vida esta peste mundial llamada misoginia. Sí, soy feminista para que podamos oír otras voces, para aprender a escribir el guión humano desde la complejidad, la diversidad y la pluralidad.

Soy feminista para mover la razón e impedir que se fosilice en un discurso estéril al amor. Soy feminista para reconciliar razón y emoción y participar humildemente en la construcción de sujetos sentipensantes como los llama Eduardo Galeano. Soy feminista y defiendo una epistemología que acepte la complejidad, las ambigüedades, las incertidumbres y la sospecha.

Sé hoy que no existe verdad única, Historia con H mayúscula, ni Sujeto universal. Existen verdades, relatos y contingencias; existen, al lado de la historia oficial tradicionalmente escrita por los hombres, historias no oficiales, historias de las vidas privadas, historias de vida que nos enseñan tanto sobre la otra cara del mundo, tal vez su cara más humana.

En fin soy feminista tratando de atravesar críticamente una moral patriarcal de las exclusiones, de los exilios, de las orfandades y de las guerras, una moral que nos gobierna desde hace siglos. Trato de ser feminista en el contexto de una modernidad que cumple por fin sus promesas para todos y todas.

Como dice Gilles Deleuze "siempre se escribe para dar vida, para liberarla cuando se encuentra prisionera, para trazar líneas de huida". Sí, trato de trazar para las mujeres de este país líneas de huida que pasen por la utopía. Porque creo que un día existirá en el mundo entero un lugar para las mujeres, para sus palabras, sus voces, sus reivindicaciones, sus desequilibrios, sus desórdenes, sus afirmaciones en cuanto seres equivalentes políticamente a los hombres y diferentes existencialmente. Un día, no muy lejano, espero, dejaremos de atraer e inquietar a los hombres; dejaremos de escindirnos en madres o putas, en Marías o Evas, imágenes que alimentaron durante siglos los imaginarios patriarcales; habremos aprendido a realizar alianzas entre lo que representa María y lo que significa Eva. Habremos aprendido a ser mujeres, simplemente mujeres. Ni santas, ni brujas; ni putas, ni vírgenes; ni sumisas, ni histéricas, sino mujeres, resignificando ese concepto, llenándolo de múltiples contenidos capaces de reflejar novedosas prácticas de sí que nuestra revolución nos entregó; mujeres que no necesiten más ni amos, ni maridos, sino nuevos compañeros dispuestos a intentar reconciliarse con ellas desde el reconocimiento imprescindible de la soledad y la necesidad imperiosa del amor.

Por esto repito tantas veces que ser mujer hoy es romper con los viejos modelos esperados para nosotras, es no reconocerse en lo ya pensado para nosotras, es extraviarse como lo expresaba tan bellamente esta feminista italiana Alessandra Bocchetti. Sí, no reconocerse en lo ya pensado para nosotras. Por esto soy una extraviada, soy feminista. Y lo soy con el derecho también a equivocarme.

Florence Thomas
Cofundadora del grupo Mujer y Sociedad

Facultad De Ciencias Humanas
Universidad Nacional De Colombia


Marzo, 2008

miércoles, agosto 12, 2009

*Pronunciamiento de la Colectiva Alejandra Kollontai*

*A propósito de la exclusión de las peticiones de las feministas y la sexodiversidad* *en la discusión de la Ley Orgánica de Equidad e Igualdad de Género.*
Nosotras, feministas, lesbianas, homosexuales y heterosexuales, nos hemos organizado en la *Colectiva Feminista Alejandra Kollontai*, para hacer propuestas teóricas y políticas que avancen la agenda feminista radical dentro de las filas revolucionarias. Hemos decidido salir a la calle para apoyar las demandas históricas de las feministas y la diversidad sexual en lo que se refiere a la incorporación de temas como la legalización del aborto, el reconocimiento legal de uniones de personas del mismo sexo y el derecho de las personas transexuales a la identidad en el actual proyecto de *Ley Orgánica de Equidad e Igualdad de Género* que propone la Asamblea Nacional.

Hasta ahora, las diputadas y diputados de la Asamblea Nacional se han aproximado al tema del aborto y a las demandas de la población sexodiversa desde el lente del tabú, el prejuicio y la pragmática de las encuestas, no desde una perspectiva revolucionaria. La ausencia de políticas públicas en estos aspectos tan delicados, nos ha llevado a situarnos como el país con mayor índice de embarazos tempranos y no deseados en niñas y adolescentes, a una elevada tasa de muertes de mujeres por realizarse abortos en condiciones de inseguridad médica debido a su clandestinidad y a la criminalización de la pobreza, además de la expansión de las llamadas Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y todo el drama socio cultural que esto conlleva.

Al penalizar el aborto se sigue condenando a muerte a miles de mujeres pobres, quienes se ven obligadas a practicarse abortos en condiciones insalubres e inseguras, mientras se lucran aquellos sectores médicos que hacen los abortos clandestinamente y se crea un clima que favorece todos los tipos de abusos que genera esta absurda criminalización de un problema de salud pública. Por otra parte, la negativa de asumir políticamente el problema de las diversas manifestaciones de discriminación por orientación sexual e identidad de género, propicia los crímenes de odio que sistemáticamente se producen contra las lesbianas, homosexuales, transgéneros y transexuales.


Por todas estas razones, demandamos que la Asamblea Nacional considere las peticiones de los movimientos feministas y de la diversidad sexual, abra la discusión a los diversos sectores implicados, de a conocer públicamente el proyecto de Ley y su discusión e incluya el propuesto por la diputada Romelia Matute, rechazado sin discusión.

Es importante destacar que estamos en un Estado de derecho y justicia social laico, más allá de los posicionamientos morales que los diputados/as tengan al respecto. Es el momento propicio para impulsar no sólo transformaciones en el ámbito jurídico, sino cultural. Es necesario desmontar los viejos prejuicios y fobias, productos de la ignorancia y de la discriminación de clase, etnia y de sexo, y que no se corresponden con el actual proceso transformación que vive nuestro país ni con la actual Constitución.

Nosotras, como feministas, consideramos que los asuntos relacionados con el cuerpo, el sexo y la sexualidad no están confinados a la esfera de la vida privada, son políticos y producen efectos sociales palpables, tales como la constante proliferación de discursos llenos de intolerancia, la comercialización del cuerpo de la mujer, los actos de asesinato, violación, agresión y humillación que experimentan las lesbianas, homosexuales, transgéneros y transexuales.

Los derechos de las mujeres y de la población sexodiversa son cuestiones de alta política. Demuestran el grado más elevado de consciencia en una sociedad revolucionaria. Las diputadas y diputados de la Asamblea Nacional, deben colocarse a la altura de la situación política y de las demandas de los grupos más excluidos y discriminados. Demandamos que la Asamblea Nacional debata sobre la legalización del aborto como medida clave en el diseño de políticas públicas que garanticen la salud de las mujeres y que, a través de la ley de equidad e igualdad de género se tomen medidas efectivas que garanticen los derechos políticos y sociales de lesbianas, homosexuales y transexuales que todavía no tienen plenos derechos ciudadanos y
experimentan exclusiones de todo tipo.

Demandamos propuestas políticas acordes con los principios socialistas y feministas. Ya es hora de dejar atrás el pragmatismo y el cálculo político. Empecemos, de una vez por todas a tomar decisiones responsables, revolucionarias y de vanguardia. Estos asuntos están ubicados en la esfera de los derechos humanos y no el ámbito penal, moral o religioso. Principios políticos de igualdad, dignidad y equidad para todas y todos.

¡Los derechos no se negocian, se exigen!
¡Basta de mojigatería en la Asamblea Nacional!
¡Basta de la hipocresía de las diputadas y diputados!
¡Por un socialismo feminista y sexodiverso!
¡La lesbofobia y la transfobia también es feminicidio de Estado!

Jessie Blanco
María Hernández Royett
Richard Martínez
Diana Ovalles Márquez
Marianela Tovar Núnez
Javier Véliz