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martes, mayo 08, 2012

México: Escote, disculpa y machismo

Lucía Lagunes Huerta*
(CIMAC).- Tras el debate del escote, el vestido y la edecán, ayer el IFE se deslinda de una decisión de la producción a la cual le dejó el primer debate presidencial. De lo que no puede deslindarse el instituto es su falta de seguimiento ante un acto político electoral donde él es la cabeza del proceso.

El IFE no puede eludir su responsabilidad, si bien no contrató a la edecán sí dejó en manos de una productora un acto político de gran trascendencia, como si fuera la producción de un espectáculo menor.

Julia Orayen ganó por su presencia en el debate 7 mil pesos (3,500 por cada llamado), explicó el productor durante la entrevista con la periodista Carmen Aristegui este martes.

El monto total que le pagaron a la productora con fondos públicos fue de 240 mil pesos más IVA. Cualquier error tendría repercusiones no menores, eso lo sabía el IFE y la productora.

Sin duda este debate pasará a la historia no como el de las grandes propuestas, sino donde el machismo y el sexismo hicieron gala. Una modelo, un escote y un vestido blanco serán, sin duda, las imágenes de la posteridad, como las frases que en torno a ello se dicen y muestran el sexismo puro.

Hay de todo, desde la vulgaridad del caló, hasta un presidenciable subido en los cuernos de la luna que no tiene rubor de mostrar su machismo.

Gabriel Quadri ha dicho de todo, que la presencia de Julia fue la pimienta que le dio sabor al debate, y asegura que fue “una buena ocurrencia de los organizadores”, por ello pedirá que en los próximos debate haya más “playmates”.

Si este es el candidato del partido que supuestamente abandera la defensa de la educación, el ciudadano que nos defiende y en cuyo spot electoral uno de los temas es la violencia contra las mujeres, ¿qué podemos esperar?

Quadri, con sus expresiones, concentra todo lo que ha generado la presencia de Julia: banalizar la discusión política para concentrarla en el espectáculo sexista del escote, el vestido blanco y el cuerpo de una mujer, usado como instrumento.

Nada más lamentable para este primer debate. El IFE incurrió en una falta de seguimiento casual o intencional que concentró la discusión en la edecán.

Pero además con un párrafo busca eludir su responsabilidad en el proceso dejando a la productora como la mala de la película.

Más allá de Julia, la preparación del próximo debate debe contar con un seguimiento puntual del IFE para que las pifias se queden fuera y el nivel de la discusión se eleve.

Twitter: @lagunes28

*Directora general de CIMAC.

jueves, abril 16, 2009

Cómo afecta el Capitalismo a las Mujeres...

Fuente: Pensamiento Económico Feminista
A lo largo de la Historia, los diferentes sistemas socio-económicos por los que ha pasado la humanidad se han centrado habitualmente en los aspectos de producción y obtención de bienes, servicios y/o beneficios, dejando a un lado las necesidades sociales y afectivas, intrínsecas al ser humano. Bien es cierto que necesitamos cubrir los dos tipos de carencias, es decir, por un lado precisamos poder comprar una cama donde dormir, pero también es cierto que demandamos afecto (como personas que somos) en determinados momentos. Dicho esto, creo que resulta inevitable hacerse la pregunta de por qué los sistemas económicos no han tenido en cuenta esta demanda de cubrir las necesidades más íntimas, pertenecientes a nuestra esfera privada.

El capitalismo no ha resultado ser una excepción a esto; este régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza, utiliza a las personas como un medio para sus fines: la obtención de beneficio. De ahí, que en términos empresariales y desde la economía oficial sea habitual hablar de “recursos humanos” para referirse a las “personas trabajadoras”. Por este motivo, este sistema económico requiere que sus “recursos humanos” estén al 100% de sus posibilidades, es decir, que las personas que forman parte de ese régimen tengan sus necesidades materiales cubiertas, pero también las sociales y afectivas.

Durante buena parte del siglo pasado, este requerimiento que imponen los sistemas capitalistas estaba más que cubierto. Así por ejemplo en Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial, se hizo realidad el mito del “reposo del guerrero” junto al “ángel del hogar”. Así, mientras el hombre de la casa asumía el rol de “bread-winner”, la mujer se centraba en todo lo doméstico, lo privado, y dentro de esto cubría también las necesidades afectivas del resto de miembros de la casa (aunque nadie se preocupara por cubrir las de ella). Esta forma de vida que se vendía como idílica al resto del mundo luego no resultó serla tanto. Esta domesticidad impuesta para las mujeres en el contexto de E.E.U.U. especialmente durante la década de los 50, dió lugar a la publicación del libro de Betty Friedan, La Mística de la feminidad (1963), que sacó a la luz lo que estaba pasando entre las mujeres norteamericanas y que ella misma denominó “el problema que no tiene nombre”: las mujeres experimentaban una sensación de vacío al saberse definidas no por lo que se es, sino por las funciones que se ejercen (esposa, madre, ama de casa…). Las mujeres fueron atrapadas por la “mística de la feminidad” y para romper esta trampa y lograr su propia autonomía, deberían incorporarse al mundo del trabajo.

Lo que sin duda falló en este planteamiento es que las mujeres no se iban a incorporar al mundo laboral en las mismas condiciones que los hombres, sino que iban a tener que asumir una doble faceta: laboral y familiar. Así, mientras que los hombres siguen con su rol histórico-social casi intacto, las mujeres hemos tenido que aprender a compatibilizar las exigencias laborales diseñadas en un sistema económico desarrollado por hombres que sólo considera como objetivo el beneficio, con obligaciones familiares, es decir, a convertirnos en SUPERWOMAN, nuevo rol que creo que no nos está ayudando en nada sino más bien lo contrario, esta dualidad de ámbitos a la que nos enfrentamos las mujeres diariamente está favoreciendo que cada vez más el colectivo femenino padezca enfermedades laborales de tipo psicológico: depresión, ansiedad, etc. al no poder cumplir (porque es imposible) con las expectativas que la sociedad espera de nosotras.

Por lo tanto, vamos a seguir en desventaja mientras la mujer asuma casi en exclusiva el cuidado de la vida humana, muy incompatible con la obtención del beneficio que persigue la producción capitalista.

miércoles, abril 15, 2009

Publicidad y género: la mujer desde la mirada masculina. 'Superwoman' de ficción.

Un niño en un brazo, un portafolio en el otro y la mirada dividida entre el hogar y la oficina. Es una de las imágenes de la nueva mujer que ofrece la publicidad. Es la mujer tridimensional: trabajadora, madre y amante entregada, y ama de casa en mayor o menor grado. Una superwoman ficticia, ya que nada indica que llegue a todo o que su sueldo sea el de una ejecutiva. Un creciente número de estas mujeres, que apenas duermen seis horas y que se mantienen sin ojeras y sobre altos tacones durante la jornada, aguanta gracias a una medicación recurrente. Anunciantes y publicitarios han desterrado ya a la maruja de los años ochenta, arreglada pero informal.

Ahora impera una mujer delgada y activa que, lejos del viejo chándal, va vestida a la moda tanto si da la merienda a sus hijos como si camina hacia el gimnasio. Es mujer por acumulación: trabaja fuera, pero los anuncios la sitúan en el hogar como escenario preferente.
Raras veces aparece como una profesional a secas o interesada en algo diferente a la salud bio o la cosmética. Algunas campañas le dan un toque audaz y la muestran tomando la iniciativa frente al hombre o incluso dándole una palmada en el trasero. “En realidad, la masculinizan al adjudicarle ciertos comportamientos."

¿Cuántas mujeres hacen eso?”, opina Pilar López Díez, doctora en Ciencias de la Información y autora de diversos informes para el Instituto de la Mujer. La rebeldía se deja para las más jóvenes.

Como contrapartida, la mujer madura que rebasa los 60 absorbe el papel de ama de casa que cocina o limpia “como antes”. Hay una edad invisible: la mujer al filo de los 50 apenas existe. O permanece en unos difusos 40 años, todavía joven, o pasa a ser una saludable abuela que previene achaques y pérdidas de orina mientras hace de canguro, cuida a familiares dependientes o disfruta de una feliz jubilación. De Corporación Dermoestética a los viajes del Inserso, podría ser su aparente trayectoria. Son muchas mujeres en una. No siempre es real, pero sí cada vez más próxima.

Los anuncios representan el mundo en que vivimos, y pocos rompen moldes. El cambio de imagen ha sido visible, pero controlado. Antes de la llegada de la democracia, el modelo habitual era una madre de familia que lavaba más blanco y que hablaba de detergentes con sus vecinas. El hogar recaía sobre sus espaldas. Qué bello era cocinar, planchar, lavar y congelar con la publicidad y sus buenos aliados. Apenas tenían derechos, pero iban al mercado a diario y su opinión era determinante en alimentación, ropa y electrodomésticos.

“El ama de casa era un filón porque tenía la decisión de compra de cara al gran consumo. Hoy la realidad es otra. Aunque la mujer sigue siendo la principal abastecedora del hogar, el hombre también puede hacer la compra. Y a la vez han surgido los hogares unipersonales o las parejas sin hijos”, explica Marisa de Madariaga, vicepresidenta de la Asociación Española de Agencias de Publicidad (AEAP) y consejera delegada de El Laboratorio.

“Se ha pasado de un enfoque global a una publicidad más sectorial: banca, seguros, telecomunicaciones. Se ha abandonado el perfil sociodemográfico de franjas de edades o de vida urbana o rural para dirigirse a colectivos que tienen un similar estilo de vida: ecologistas, sibaritas, jóvenes”, asegura Madariaga. En los años setenta, las amas de casa eran ante todo madres y esposas. Al no percibir compensación económica directa a cambio, una marca de café se inventó el oportuno reclamo de sortear entre ellas un sueldo anual. Madres y esposas para todo, su imagen recatada se encontraba a años luz de las estadounidenses, que ya habían inundado de electrodomésticos el sueño americano.

La publicidad norteamericana de los años cincuenta las retrataba así: cintura de avispa, tacones y faldas amplias, aunque retiraran del horno un pavo asado. Algunas volvían al hogar después de haber suplido a los hombres en el mundo del trabajo durante la II Guerra Mundial. De jóvenes habían sido libres. Las revistas femeninas surgidas en los felices años veinte y en la década de los treinta impulsaron anuncios innovadores dedicados a una mujer moderna que llevaba el pelo a “lo garçon, estudiaba ya en la Universidad o se mostraba pionera”, evoca López Díez. La II Guerra Mundial acabó con todo aquello. “Desde 1947 se imponen vestidos largos y escotes palabra de honor entre las universitarias norteamericanas y europeas. No por casualidad surge una campaña que les invita a “aprender cosas fuera de los libros”. Por ejemplo, a cocinar y a educar a sus futuros hijos. “Así activaban la economía de la posguerra que tantos beneficios trajo al país y que dio lugar al baby-boom”, señala López Díez. Los electrodomésticos les harían felices. Su reclusión sería dorada.

Las españolas, más pobres, siguieron sus pasos. Fascinadas por las amplias cocinas de ese cine americano que les ayudó a evadirse de la austeridad de la posguerra, empezaron a reclamar hornos, frigoríficos y lavadoras. Hasta preparaban una copa a su hombre cuando éste llegaba a casa. Cuidado, tenía que ser Fundador, no fuera a equivocarse. Las marcas de brandy halagaban en aquellos tiempos al hombre, su potencial cliente, en su vertiente machista. Después de todo, Soberano “era cosa de hombres”. Aunque el señuelo fuera una mujer, como esa modelo de Terry que aparecía en lontananza desnuda sobre un caballo.

Armas de mujer como reclamo para vender mejor una bebida. A la izquierda, imagen retro de un producto intemporal asociado al eterno femenino: las medias. Junto a estas líneas, un anuncio que cosechó denuncias en El Observatorio de la Imagen de la Mujer: el de niñas de rasgos orientales maquilladas que parecían incitar al turismo sexual.

La sociedad ya no es la misma y la publicidad se ha renovado, pero algunos expertos consideran que el cambio ha sido más de imagen y estilismo que de identidades. Madariaga reconoce que “los anuncios reflejan el país y persisten enfoques conservadores que las agencias no podemos cambiar por propia iniciativa. Si un cliente te pide una familia tradicional, en la que la mujer ya no está en la cocina, pero pone la mesa mientras el hombre lee el periódico o, como mucho, abre una botella, no puedes ir mucho más allá, ni por delante”, afirma. “Otra cosa es que seamos conscientes de nuestra capacidad para transformar las cosas y que nos mostremos sensibles a problemas como la anorexia, o que colaboremos en campañas altruistas (como con Cruz Roja, FAD) o institucionales”, prosigue.

NUEVAS CONTRADICCIONES

Las contradicciones entre la tradicional ama de casa que pervive en ciertos anuncios y la nueva mujer estresada que aflora en otros son múltiples. Pilar López Díez piensa que hasta ahora “la mirada masculina ha sido determinante: se nos representa desde el poder masculino, como ellos nos ven”, argumenta. Ahora ellas empiezan a tener algún poder, pero hasta que no haya más compartiéndolo (hasta constituir lo que se llama masa crítica), esa influencia “pende de un hilo”, continúa. La superwoman, además, “no transgrede los viejos estereotipos, sino que los fortalece y adopta otros nuevos”, añade López Díez. Da una imagen moderna, pero su actitud todoterreno no incita al cambio del hombre ni al reparto de tareas.

La mujer como objeto sexual ha sido una tentación clásica en el mensaje publicitario. La liberación de costumbres ha fomentado que una fijación que ya era intensa “fuera del desnudo gratuito al llamado porno-chic”, definido, recuerda López Díez, como la recreación de situaciones de violencia sexual o física contra las mujeres dentro de una puesta en escena cinematográfica “que banaliza el maltrato o la violencia que sufren”, según las organizaciones de mujeres. Algunos creativos o anunciantes parecen sentir una atracción fatal hacia ese cuerpo femenino susceptible de vender automóviles, relojes o prácticamente cualquier cosa. La mirada masculina está tan presente que hasta en anuncios de cremas o compresas, destinados a consumidoras, aparece el ojo masculino: a través de él, la cámara añade sensualidad y no sólo higiene.

El Observatorio de la Imagen de las Mujeres, creado en 1994, es un fiel termómetro que mide el sexismo en la publicidad. La autorregulación de las agencias publicitarias ha dejado atrás los mensajes burdos o el desnudo gratuito. Pero la Ley Integral contra la Violencia de Género ha sido decisiva para desterrar la utilización el cuerpo femenino como objeto. “Somos muy cuidadosos. No vale todo, pero no se puede renunciar a la sensualidad o al humor. Es algo presente en nuestra sociedad y a veces personas concienciadas o puntillosas tienden ‘a matar al mensajero’ en vez de reconocer que la publicidad no lo fomenta, sino que, en todo caso, lo refleja”, agrega Madariaga. “Hay una media anual de 164 campañas que suscitan el rechazo de particulares o colectivos”, aclara María Jesús Ortiz, jefa del Servicio de Medios de comunicación e Imagen del Instituto de la Mujer. En 2006, el Instituto de la Mujer recibió 546 denuncias contra 207 campañas publicitarias. En 2007, una de las más contestadas fue un anuncio de Arman con dos niñas de rasgos orientales y muy maquilladas en el que los denunciantes vieron una posible invitación al turismo sexual. La controvertida campaña de Dolce & Gabanna en la que una mujer aparecía medio acostada y rodeada de cuatro modelos masculinos mereció la denuncia de oficio de El Observatorio y fue retirada. Ortiz aprecia un paulatino avance en los mensajes que invitan a compartir tareas o que introducen cambios de papeles en el hogar.

El Observatorio premió en 2008 la campaña Ellos también pueden, de Puntomatic, en la que se demuestra que poner una lavadora no es cosa de mujeres. En una anterior edición se galardonó un anuncio de Leroy Merlin en el que una pareja incluía en sus proyectos de verano renovar la casa de forma conjunta.

Ortiz reclama una mujer asociada a las nuevas tecnologías. Y a la vez denuncia la insoportable presión que sufre aún por estar bella en cualquier edad y circunstancia. Una exigencia que, lejos de remitir, se extiende al hombre. Los Beckham exhibiendo ropa interior de Armani son un ejemplo de paridad anticelulítica.

Un buen número de las denuncias remitidas en 2006 a El Observatorio se referían a Corporación Dermoestética por su abuso del desnudo y por vincular belleza y éxito personal y profesional.
“Envejecer es un proceso. No hay que anatemizar a las arrugas”, dice Ortiz. Incluso anuncios como los de Dove, premiados por El Observatorio por dirigirse a mujeres reales, recurren al desnudo y generan paradojas: liberan a la mujer de complejos, pero no de combatir la celulitis.


La igualdad pendiente


En la última campaña de Reyes, los mensajes para niños y niñas mantuvieron los esquemas tradicionales: cuidados maternales para ellas y juegos de acción y violencia para ellos. “Los creativos suelen decir que vende lo que no desestabiliza los valores dominantes y no pone en peligro las relaciones y los papeles tradicionales entre hombres y mujeres”, recuerda Pilar López Díez. Para romper esa inercia, los creativos deberían confiar más en la mujer y liberarla de la fregona.

Las mujeres nuevas existen, pero no tienen bastante poder para reclamar una nueva feminidad. “Si el 70% de los licenciados universitarios es ya mujer, es obvio que no están representadas. Hay que lograr que las muestren de otra forma”,insiste López Díez. Las agencias publicitarias, a pesar de contar con una presencia significativa de mujeres en el sector de cuentas, mantienen aún cierto sello masculino. “El 80% de los creativos es hombre”, añade López Díez. Un reciente estudio de AEAP dirigido por la profesora Marta Martín Llaguno subraya que “el sexo es el factor de riesgo más relevante para alcanzar la dirección”.

Y concluye que la probabilidad de ser directivo es 13 veces superior para un hombre que para una mujer. La mayoría de los puestos de director creativo o de director creativo ejecutivo es masculino. Citar media docena de creativas conocidas, más allá de Isabel Yanguas (ahora retirada), Marta Rico o Mónica Moro, es una tarea ardua.