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lunes, abril 11, 2011

Ir de Putas LOS VARONES HABLAN DE ESE RITUAL MASCULINO QUE ESTA EN DEBATE PERO NO EN DISCUSION

Por Laura Rosso / Fuente: Página/12
En la teoría y en el activismo se puede discutir sobre cuál es la categoría de la prostitución y de qué manera nombrarla; de hecho, los debates entre las protagonistas y el movimiento de mujeres son muchos y bien polarizados –al menos entre quienes reclaman su derecho a empoderarse en tanto trabajadoras sexuales y quienes se reconocen en situación de prostitución–. Pero lo cierto es que la sociedad en su conjunto no cuestiona la prostitución y su condición de ritual masculino –de pasaje o de simple festejo– está completamente naturalizada. La socióloga Silvia Chejter puso esto de relieve en su libro Lugar común: la prostitución –Eudeba–, en el que recoge testimonios de varones de entre 21 y 78 años.

Vivimos en sociedades que no cuestionan la prostitución. Sociedades en las que la prostitución es una práctica institucionalizada, más aún, legitimada y con un fuerte anclaje en tradiciones y costumbres. Sociedades que conciben a los hombres como “clientes” con derecho a pagar por sexo alentados por una supuesta “oferta” que oculta y enmascara el rol protagónico de la demanda. Sobre este tema, Silvia Chejter, socióloga y profesora de la cátedra Género, Globalización y Derechos Humanos, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, acaba de publicar Lugar común: la prostitución, editado por Eudeba, que corre el eje de los debates sobre el tema, que gira siempre en torno de las mujeres prostituidas, las organizaciones proxenetas, las complicidades institucionales o la trata. Lugar común... es un libro en el que quienes hablan, sin intermediaciones, son los varones que pagan por sexo. Las entrevistas fueron realizadas en el marco de un taller de investigación de la Carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.



Como punto de partida, Chejter hace un llamado de atención sobre el lenguaje (mercantilizado) con el que se habla de la prostitución, el verbo prostituir habitualmente se conjuga con un “sujeto trastrocado”: “Cuando se dice ‘una mujer se prostituye’, ¿qué se está diciendo? ¿Se diría acaso que el esclavo ‘se esclaviza’ o que el obrero ‘se explota’ a sí mismo? Cuando un varón paga por sexo, es quien prostituye. El sujeto es el ‘prostituyente’ y las personas que son objeto de esa acción prostituyente son personas prostituidas. No es posible que alguien se prostituya a sí mismo. Los discursos patriarcales colocan a las mujeres como objetos al servicio del placer masculino, enmascarada como una relación contractual entre sujetos supuestamente iguales, una ficción que sólo tiene el efecto de naturalizar y reproducir las prácticas prostituyentes y anular cualquier planteo ético”.

–¿Cómo surge la idea de esta investigación?

–Cuando inicialmente nos planteamos la prostitución como tema del taller de investigación, discutimos dos posibilidades, si analizar las respuestas sociales o analizar a ese sector de prostituyentes, que son los que pagan por sexo. No era sencillo elegir, porque ambos temas son importantes. En realidad comenzamos con el primero. Basta mirar alrededor para darnos cuenta de que convivimos con el mundo prostibulario, que es parte de nuestro mundo; los prostíbulos (en sus diversas formas, cabarets, whiskerías, etc.) son vistos como espacios de “sociabilidad y diversión”, son parte del paisaje urbano, del paisaje rural, de las rutas. En una primera etapa hicimos una serie de entrevistas a mujeres, varones, jóvenes, de distintos sectores sociales sobre qué sabían, qué pensaban sobre la prostitución. La mayoría expresaba no saber nada. La ignorancia y ceguera frente a la problemática merecería una profunda investigación.

Sucedió que hubo entrevistados que expresaron que iban, o habían ido, a prostíbulos. De modo que decidimos concentrarnos en esta población.

El libro da cuenta de un total de 115 entrevistas realizadas. Los entrevistados son todos varones –la investigación se limitó a la prostitución heterosexual–. Los entrevistados son varones de diversas edades –entre 21 y 78 años–, de los más diversos sectores sociales y profesiones: abogados, diseñadores gráficos, arquitectos, empleados, obreros, estudiantes, profesores, jubilados, etc. Muchos de ellos solteros, pero también casados o en relaciones de pareja. La pregunta fue simple y rotunda: “¿Pagás por sexo?”. Sólo tres de los varones entrevistados se cuestionaron estas prácticas, y sólo uno dijo: “No voy más”. Vale aclarar que la metodología a la que se recurrió es la “entrevista narrativa”, un recurso que busca provocar relatos de experiencias de sexo prostituyente. La duda en un principio –relata la autora– era si los hombres hablarían, duda que se disipó enseguida. “Sabíamos –cuenta Chejter– que las experiencias prostibularias son tema de conversación entre varones, pero no estaba convencida de que frente a una entrevista, en el marco de una investigación, hablaran con sinceridad o espontaneidad. Esto es lo que habitualmente sorprende a quienes leen el libro, la facilidad y la transparencia del discurso.”

El libro plantea la prostitución como una institución, una institución patriarcal, como el punto de encuentro entre la explotación económica y la explotación sexual. Y remarca el carácter organizado de la misma: “Muchos de los entrevistados van a prostíbulos de manera esporádica, otros lo hacen asiduamente y su discurso muestra distintas formas en las que se desresponsabilizan de sus propias acciones. En primer lugar la cosificación de las mujeres, una cosificación que aparece relativizada y negada cuando se dice “ellas se prostituyen”, “ellas eligen prostituirse”, “ellas son las que deciden” a pesar de que son ofrecidas como si fueran objetos y de este modo anulan cualquier planteamiento ético. Otras formas de desresponsabilizarse es ir en grupos y adjudicar a los otros, al grupo, la iniciativa y las conocidas frases hechas, o lugares comunes acerca de que es dinero fácil, rápido, etc.”

–¿Ir a los cabarets, “ir de putas”, forma parte de un ritual vinculado a la diversión masculina?

–No quiero hacer generalizaciones. Pero lo que surge de la investigación muy claramente es que ir a un prostíbulo es una forma de relacionamiento entre varones que se da mucho y sobre todo entres los jóvenes; incluso forma parte de los ritos de iniciación comparable a otras prácticas machistas de varones como ir al fútbol, en el que el grupo de pertenencia es el que arrastra al prostíbulo. Hay ritos impuestos entre pares que hay que seguir: iniciación, despedidas de solteros, cobrar el sueldo, u otros festejos para agasajar o agasajarse que terminan en el burdel o en alguna “fiesta privada”. Cada una de estas ocasiones supone la confirmación de la virilidad que, fundamentalmente, requiere de la mirada voyeurista de los otros varones del grupo. Mirar a los otros y dejarse mirar cuando practican sexo prostituyente constituye –como lo expresan varios testimonios– la más importante motivación. Claro que también están los que van solos y muchas otras modalidades de prostituir.

–Algo muy interesante que marcás en el libro es este posicionamiento masculino de quienes van a los cabarets como “espectadores sin responsabilidad”.

–Muchos expresan que sólo van al prostíbulo a pasar un buen rato, a divertirse con los amigos, y la práctica misma de prostituir es casi secundaria. Entre los jóvenes es muy frecuente que expresen que no es que “decidieron ir” a un prostíbulo sino que se dejaron llevar, la decisión es de “los otros”, y no ir significa diferenciarse del resto, quedar afuera, afuera de la diversión, afuera del grupo, como dije antes. Y esta es otra de las formas de desresponsabilizarse de la práctica prostituyente.

–Hay una tácita aceptación de ver a las mujeres como mercancías, de cosificarlas.

–Esto es porque vivimos en una sociedad capitalista. En otros momentos históricos el uso, en realidad, el abuso sexual de las mujeres se encubría o naturalizaba de otros modos. Hoy el lenguaje mercantil funciona como un mecanismo de naturalización, que oculta el proceso de cosificación, pero una cosificación muy particular: una cosificación de carácter sexual. Remarco esto porque para mucha gente es fácil aceptar que existe explotación económica y cuando hablan de prostitución la reducen a una forma de la explotación económica. Es fundamental destacar que lo sexual no es secundario, es profundamente estructural. Sería algo así como el imaginario patriarcal llevado al extremo. Yo siempre cito una frase de una filósofa francesa que respeto mucho, Françoise Collin, que se plantea en qué mundo queremos vivir. Ella dice, “queremos luchar contra la mercantilización creciente de la vida humana o por el contrario consumarla, asegurando así la victoria completa del capitalismo, es decir, la resolución de todo lo humano a su equivalente monetario, en el olvido de la humanidad”. El proceso de cosificación de las mujeres por el cual son convertidas en mercancías o prestadoras de un servicio traduce un imaginario que naturaliza y banaliza las prácticas prostituyentes.

–¿Qué les “garantiza” a los hombres el hecho de pagar por sexo?

–No sé si la palabra es garantiza. Creo que no se lo cuestionan. Vivimos en una sociedad donde pagar para tener sexo es admitido, y como lo dicen los propios actores de las prácticas prostituyentes, con plata pueden comprar lo que quieren. Aun sabiendo de la explotación, sabiendo de la violencia, las situaciones forzadas, del engaño, del chantaje, etc., es decir, de las formas en que las mujeres son reclutadas, sometidas y retenidas en los espacios prostibularios. Pagar anula toda responsabilidad y culpa. En última instancia, si no son ellos, “habrá otros que lo hagan”. Y no quiero hablar del tipo de sexo que es el sexo prostituyente. Un argumento habitual es que van para satisfacer una necesidad biológica y fisiológica irresistible, atribuida a la supuesta naturaleza de los varones: “necesitan descargar”, y este hecho, tomado como evidente, explica por sí solo la necesaria existencia de la prostitución.

–A pesar de que es sabida esta realidad de explotación a la que son sometidas las mujeres prostituidas, los hombres siguen yendo.

–Eso es muy claro. Saben de la explotación y los relatos expresan con claridad que esto es tema de conversación entre ellos y las mujeres prostituidas. Pero eso no los afecta. En algunos casos preferirían que no fuera así. Pero saben y hablan de las condiciones de explotación y es claro que no les importa. Creo que con todo lo que se viene diciendo, escribiendo, denunciando sobre la trata de mujeres en nuestro país en los últimos años, las múltiples denuncias que se hacen frecuentemente, habría que ser muy negador para no reconocer la realidad prostibularia. Más aún, en los lugares donde van encuentran “guardias armados”, y distintos tipos de control, sin embargo siguen yendo. Pocos, muy pocos, se sienten cómplices y actúan en consecuencia.

–¿Es posible un mundo sin prostitución?

–Generalmente frente a la magnitud y realidad de la prostitución el primer sentimiento es de impotencia. En distintos momentos históricos la sociedad ha reaccionado, en realidad sectores de la sociedad. Y hoy estamos viviendo un momento en que el tema está cobrando visibilidad nuevamente en nuestro país. Claro que se está privilegiando la trata, y yo siempre insisto que no hay que olvidar que la trata es sólo una de las estrategias de reclutamiento, que el verdadero nudo central es la prostitución.

Está empezando a retomarse la vieja ley 12.331 del año 1913 que prohíbe el proxenetismo y ¡mirá qué vieja que es! La falla más importante de esta ley surge si se analizan los debates parlamentarios de esa época cuando se sancionó: es que no cuestiona la prostitución. Condena la explotación de la prostitución ajena, y lo que hay que cuestionar es la prostitución como tal. No acuerdo en que hay una prostitución libre y otra forzada. Desde el punto de vista sociológico diría que es una discusión falsa. Y volviendo a la pregunta de si es posible un mundo sin prostitución, hay indicios que alientan esa posibilidad. Recordemos por ejemplo la prohibición de los prostíbulos en la ciudad de Santa Rosa y otros municipios de La Pampa, a través de ordenanzas municipales, y la política de Suecia y Finlandia, Corea del Sur y otros países, que han penalizado todas las prácticas prostituyentes incluidos a quienes pagan por sexo. De modo que para responder si es posible un mundo sin prostitución, diría que es algo aún muy inaudible, es como un susurro, pero es posible. Si creemos que es posible va a ser posible. Hay que descreer de que la prostitución es un mal necesario o inevitable. Si descreemos esto empezamos a contribuir a que ese murmullo se haga más estridente.

miércoles, junio 09, 2010

La prostitución en Latinoamérica...

Por: Silvia Cuevas-Morales /Vindicación Feminista
“La explotación sexual es un vehículo para el racismo y la dominación del “primer mundo”, que victimiza de manera desproporcionada a las mujeres del “tercer mundo”. Coalición en contra del tráfico de mujeres CATW.

Cada día miles de mujeres y niñas traficadas desde los países del llamado “tercer mundo” engrosan las listas de víctimas de la trata de personas. Mujeres y niñas que son transportadas como objetos de un lugar a otro con un solo fin: ser explotadas como mercancía sexual y llenar los bolsillos de los mafiosos que se aprovechan de la difícil situación en la que se encuentran.

En Latinoamérica cada país tiene sus índices de incidencia pero todos tienen en común una cosa – en la gran mayoría de los casos las víctimas son del sexo femenino y los que abusan de ellas son mayoritariamente del sexo opuesto - “clientes”, dueños de burdeles, proxenetas, etc. Sólo en España se contabilizan unas 12.000 mujeres de América Latina ejerciendo la prostitución. Según el Informe de 2005, elaborado por la Guardia Civil, en el 2004 eran 10.905 las mujeres de este continente que ejercían en España, y en el 2005, 12.180, lo que suma un porcentaje total del 58.45% y del 60.79% respectivamente sobre la totalidad de mujeres prostituidas en el estado Español (1).


De acuerdo a los datos proporcionados por ese informe sobre las mujeres extranjeras identificadas en clubes de alterne, en el 2004 eran 3.789 brasileñas; 2.876 colombianas; 1.391 paraguayas; 1.157 dominicanas; 581 ecuatorianas; 191 cubanas; 165 bolivianas; 378 venezolanas; 160 uruguayas; 134 argentinas; 27 peruanas; 18 panameñas; 17 chilenas; 9 costarricenses; 6 salvadoreñas; 3 mejicanas y 3 hondureñas. En el 2005 se identificaron 5.015 brasileñas; 2.388 colombianas; 1.296 paraguayas; 1.372 dominicanas; 558 ecuatorianas; 150 cubanas; 144 bolivianas; 779 venezolanas; 140 uruguayas; 182 argentinas; 49 peruanas; 28 panameñas; 16 chilenas; 34 costarricenses; 8 salvadoreñas, 4 mejicanas; 15 puertorriqueñas y 2 guatemaltecas.

Como podemos constatar son miles las latinoamericanas que ejercen la prostitución en España y a estas cifras habría que añadir miles más que no han sido identificadas por la Guardia Civil, así como aquellas que se ven obligadas a venderse en cuerpo y alma en sus propios países y en países vecinos. Según la CIA, unas 50.000 personas son anualmente traficadas para ejercer como esclavas sexuales sólo a los Estados Unidos, de éstas, 15.000 son latinoamericanas (2).

En casi todos los países la prostitución está en un limbo legal, aunque algunas naciones declaran ilícitos los burdeles, o el proxenetismo, no se pronuncian a nivel legal sobre el ejercicio de la prostitución. Parece que las mujeres adultas no preocupan tanto a los gobiernos que sí legislan en lo referente a la prostitución de menores y combaten la trata, pero de momento se han implantado muy pocas iniciativas gubernamentales tendentes a concienciar a la población sobre esta terrible tragedia. Debido a las restricciones impuestas al turismo sexual en algunas partes de Asia, como por ejemplo en Tailandia, Centroamérica está convirtiéndose en el nuevo destino para el turismo sexual. Latinoamérica parece ser una fuente inagotable de “recursos” para las redes de traficantes que “exportan” su mercancía hacía los países “desarrollados”.

¿Cómo es la situación en los países de procedencia? En términos generales podemos aducir que en casi todos los países, la prostitución tiene más o menos el mismo estatus legal que en España. Su ejercicio no es legal ni ilegal aunque sí se persigue la trata de personas, la prostitución de menores, el proxenetismo, y en algunos países los burdeles han sido declarados ilegales. Los modus operandi de las redes siguen el mismo patrón de engaño y fraude para coaccionar a sus víctimas aunque en algunos países el secuestro de niñas se está incrementando, especialmente en México, Colombia y Argentina.

Haciendo un breve repaso a algunos países latinoamericanos y caribeños vemos que en la actualidad hay unas 50.000 mujeres de la República Dominicana que ejercen la prostitución a nivel mundial; el grupo más grande tras Tailandia, Brasil y Las Filipinas.

Sólo en Holanda alrededor de un 10% de los 500-600 visados expedidos cada año son para la prostitución. (3). Las mayores concentraciones de mujeres dominicanas prostituidas se encuentran en Austria, Curaçao, Alemania, Grecia, Haití, Italia, Holanda, Panamá, Puerto Rico, España, Suiza, Venezuela y las Antillas.

En lo que respecta a Argentina, este es un país de tránsito y de destino para las mujeres y menores traficados para su explotación sexual. La mayoría de las víctimas nacionales son trasladadas desde zonas rurales a urbanas. Asimismo, las redes que operan en la zona usan Argentina como país de tránsito para mujeres y niñas que luego serán explotadas en Chile, Brasil, México, España y Europa occidental (4).A su vez, las redes trafican con mujeres y menores principalmente de Paraguay, Brasil y la República Dominicana que son introducidos en Argentina para ser sexualmente explotados. Según algunas fuentes, Argentina es uno de los destinos favoritos de los pederastas de Europa y Estados Unidos (5). Varias asociaciones feministas argentinas han denunciado esta situación y este año han lanzado la campaña“NI UNA MUJER MÁS VÍCTIMA DE LAS REDES DE PROSTITUCIÓN”. En su llamamiento denuncian que “en Argentina cientos de mujeres y niñas son secuestradas y desaparecidas por redes de proxenetas y muchas han sido asesinadas” (6). Ante este problema recientemente la Cámara de Diputados aprobó por amplia mayoría el proyecto de ley que penaliza la trata de personas para fines de explotación tanto sexual como laboral. La norma, que había recibido luz verde del Senado en 2006, considera delito federal ese sistema de explotación sexual y prevé condenas que van de tres a quince años de cárcel (7).

En otro país vecino, Brasil, vemos y así lo constata Naciones Unidas, que las brasileñas son las principales víctimas del tráfico de personas. En su mayoría se trata de mujeres de entre 18 y 30 años que sueñan con un futuro mejor en Europa y acaban siendo explotadas en burdeles y clubes de carretera. La prostitución infantil también arroja estadísticas aterradoras. Según un informe de la o­nG Jubilee Action se estima que alrededor de 2 millones de niños y niñas brasileños de 10 a 15 años han sido obligados a ejercer la prostitución (8). En Brasil la prostitución no es ilegal pero sí lo es operar en burdeles, explotar a menores, alquilar dependencias para el ejercicio de la prostitución y también se penaliza el proxenetismo. Sin embargo, las autoridades calculan que son miles las mujeres y adolescentes traficadas, tanto a nivel nacional como internacional. Diversas o­nGs calculan que unas 75.000 mujeres y niñas, muchas de ellas víctimas de la trata, ejercen la prostitución en otros países latinoamericanos, los Estados Unidos, Japón,Europa y el Medio Oriente (9). También hay informes que apuntan a redes que introducen a estas mujeres en Europa a través de Portugal.

En Colombia existen dos tipos de redes de prostitución, las que funcionan con mujeres dentro del país o en su región, enviando mujeres a Venezuela, Ecuador y Panamá, y otras que se dedican exclusivamente a abastecer de mujeres los mercados de España, Inglaterra, Alemania, Bélgica y los Estados Unidos. También existe una larga tradición de mafias colombianas que colaboran con las mafias japonesas – jakuzas (10). En 2001, se estimaba que unas 35.000 mujeres eran traficadas desde Colombia cada año, y cerca de 500.000 mujeres y niños trasladados fuera de Colombia eran obligados a prostituirse o trabajar como esclavos (11). A nivel legal, Colombia prohibe toda forma de tráfico de personas y su ejercicio puede acarrear penas de entre 13 a 23 años de cárcel. En el 2007 las autoridades llevaron a cabo 182 investigaciones en contra del tráfico, comparado con tan sólo 49 investigaciones en el año previo. Las autoridades también colaboran a nivel internacional con los gobiernos de Costa Rica, Panamá, Hong Kong, Japón, China y Tailandia, entre otros (12).

Según el informe de la Guardia Civil citado anteriormente, 1.391 mujeres paraguayas fueron identificas en burdeles españoles. Haciendo un repaso a la situación de Paraguay, descubrimos que este país es principalmente un país de origen y tránsito para mujeres y menores que son traficados para su explotación sexual. Las víctimas paraguayas son trasladadas a Argentina, Brasil, Bolivia, España e Italia. En datos recientes se ve un alarmante aumento en la captación de menores que son trasladados desde zonas rurales a centros urbanos. Según la OIT los traficantes obligan a los niños, localmente llamados “taxi boys”, a prostituirse como personas transexuales. También informan que algunos de estos niños están siendo trasladados a Italia. Desde 1997 Paraguay prohibe el tráfico internacional pero el tráfico nacional de adultos no estaba específicamente prohibido hasta ahora. Este año han aprobado una ley que se aplicará a partir del 2009 que sí prohibe todas las formas de tráfico de personas de cualquier edad (13).

En Chile el ejercicio de la prostitución no está tipificado como delito, pero la ley dicta que “quien habitualmente o con abuso de autoridad o confianza promueva la prostitución” será castigado con penas de 5 a 20 años de cárcel (Art. 367).

El “Estudio exploratorio sobre trata de personas con fines de explotación sexual en Argentina, Chile y Uruguay”, realizado por la OIM, establece que la esclavitud sexual afecta a unos 2,4 millones de personas en Latinoamérica, la mayoría mujeres y niñas. Aunque Chile sigue siendo principalmente país de destino y en menor medida de origen y tránsito, se ha convertido en un corredor para el “lavado” o “blanqueamiento de rutas” con destino a otros países como EEUU, España, Japón, México y El Salvador. La trata internacional constituye un 77% y es mayor que la trata interna - 23%. Las víctimas identificadas son argentinas- 37%, peruanas - 22%, colombianas - 21%, chilenas - 13%, y chinas, brasileras, ecuatorianas y dominicanas - 1% (14).



En otros países de la zona, la historia se repite, Costa Rica, México, Paraguay, Bolivia, Perú, etc. En todos las mujeres están siendo prostituidas y llevadas de un lugar a otro, desde zonas rurales a la capital y luego a otros países. Como bien sabemos la prostitución de mujeres se ha convertido en un negocio que mueve billones de dólares. En cada país se repite la historia de mujeres que en un intento por escapar de la pobreza son captadas por mafiosos cuyo único fin es lucrarse con la explotación de sus cuerpos vendiéndolas como mercancía. Ya basta de que los países más ricos se sigan nutriendo de los más pobres, ya basta que el “primer mundo” se siga lucrando gracias a la vejación de miles de mujeres de los países más necesitados. Es hora de que todos los gobiernos unan sus esfuerzos y no solo legislen para luchar contra la trata, también es necesario legislar para ilegalizar el ejercicio de la prostitución. Hasta que esta práctica no se convierta en delito, las mafias seguirán existiendo porque es un negocio sumamente lucrativo. ¿Cómo es posible que la venta de mujeres para el consumo sexual siga siendo legal en el siglo XXI? ¿Cómo podemos erradicar la violencia hacia las mujeres cuando nuestros compañeros y legisladores siguen mirando para otro lado? Como bien dice el lema de la Plataforma por la Abolición de la Prostitución: “La prostitución no es un trabajo, ni una actividad como otra cualquiera. Regular la prostitución es legitimar la violencia contra las mujeres”.

* Artículo publicado en Revista Maginaria, editada por la Delegación de la Mujer del Ayuntamiento de Sevilla

NOTAS:


(1)Informe sobre trata de seres humanos elaborado por la Guardia Civil, 2005.

(2)“Dynamics of Prostitution and Sex Trafficking from LA into the US”. Charles M. Goolsby.

(3)“Trafficking in Women From the Dominican Republic for Sexual Exploitation”. IOM, Junio 1996.

(4)U.S. State Department - Trafficking in Persons Report, June, 2008.

(5)“Globallaw to punish sex tourists sought by Britain and EU”, The Indian Express, 21 November 1997.

(6)Noticia publicada en APRAMP www.apramp.org

(7)El Clarín, 10 de abril 2008.

(8)Informe con datos de ARBRAPIA, publicado en www.jubileeaction.co.uk/reports/Brazilian%20Street%20Children.pdf

(9)Concluding Observations of the Committee o­n the Rights of the Child, 2004.

(10)Radhika Coomaraswamy, UN Special Report o­n Violence Against Women, Gustavo Capdevila, IPS, 2 April 1997, publicado en CATW.

(11)International Organization for Migration, “New IOM Figures o­n the Global Scale of Trafficking”, Trafficking in Migrants, no. 23 (April 2001): 3.



(12)U.S. State Dept Trafficking in Persons Report, June 2008. www.gvnet.com/humantrafficking

(13)U.S. State Dept Trafficking in Persons Report, June 2008

(14)“Estudio exploratorio sobre trata de personas con fines de explotación sexual en Argentina, Chile y Uruguay”. 2006, OIM, Organización Internacional para las Migraciones.

viernes, febrero 26, 2010

México: Proponen sanción para el consumidor final y explotador sexual

Por Gladis Torres Ruiz
(CIMAC).- La falta de homogeneidad legislativa penal, para castigar el delito de trata, tanto a nivel federal como estatal, profundiza el riesgo de mayor impunidad. A pesar de que en 25 estados del país tienen contemplado ese delito, esas diferencias hacen que desde la Ley se abra la puerta a la impunidad, coincidieron las y los participantes del Foro de Análisis sobre la Legislación Penal en Materia de Trata de Personas.

De acuerdo con organismos nacionales e internacionales se estima que en México existen entre 16 mil y 20 mil niñas y niños que son utilizados con fines de explotación sexual, de los cuales el 80 por ciento son menores de 14 años.

Para Rodolfo Casillas, especialista en el tema y maestro en historia por El Colegio de México, los estados que ya modificaron sus códigos penales apelaron a una gran diversidad de elementos lo que da como resultado una variedad en las conductas sancionables, en los medios comisivos, en los fines y en consecuencia en el régimen de sanciones.

“Diversidad que puede conducir a una especie de impunidad desde la Ley, por lo que habrá que hacer es fuerzos para complementar y no avanzar más en la atomización tanto por quienes ya iniciaron el proceso de actualización como por quienes estan por hacerlo”.

Rodolfo Casillas, precisó que esta diversidad de problemáticas, no sólo se limita a la dimensión nacional y jurídica, también hay que tomar en cuenta los componentes internacionales.

México forma parte de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (Convención de Palermo) y de sus tres protocolos: Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niñas; Protocolo contra el tráfico ilícito de migrantes por tierra, mar y aire; y el Protocolo contra la fabricación y el tráfico ilícitos de armas de fuego, sus piezas y componentes y municiones.

Casillas, señaló que pareciera que al ser México país de origen tránsito y destino de flujos internacionales de personas, mercancías y productos prohibidos, fuera justificante para que sociedad e instituciones podamos presentar excusas por el actuar contradictorio, ineficiente e insatisfactorio al aplicar políticas públicas de corto alcance.

Varias y varios de los ponentes coincidieron en que esta heterogeneidad en los marcos jurídicos ha permitido que los tratantes queden libres y que la impunidad se imponga ante el sufrimiento y el dolor de las víctimas, además de que crea desconfianza en las instituciones y en consecuencia, la falta de denuncia.

Sara Irene Herrerías Guerra, titular de la Fiscalía para los Delitos de Violencia contra la Mujer y Trata de Personas de la Procuraduria General de la República (PGR), externó que es necesario un marco jurídico que permita trabajar en los aspectos de atención a víctimas, políticas públicas y persecución de delitos.

“Hay algunos problemas como el de acreditar el tipo penal no sólo en la cuestión de la ley para prevenir, sino los tipos penales específicos. Se tiene que hacer un análisis jurídico que, “nos permita que no se recalifiquen las conductas delictivas, que se dé menos espacio a la corrupción y que en general todos los actores estemos en un mismo sentido combatiendo este delito”.

Mientras que Sadot Sánchez Carreño, consultor del Programa de Apoyo en Seguridad y Justicia de (USAID México), precisó que es imperante tener un marco jurídico que se tiene que regir en los ejes de protección, prevención y asistencia.

Sánchez Carreño, coincidió en la creación de un tipo penal que sancione al tratante y a quien solicita y ofrece estos servicios, así como a los facilitadores, promotores y al consumidor final que es el explotador directo. “Hay que considerar al consumidor como un tratante”.

Durante el segundo día del Foro Cecilia Romero, Comisionada del Instituto Nacional de Migración, informó que hasta el momento en el país se han detectado106 posibles víctimas de trata de personas, de estos casos el 57 por ciento se trataba de explotación laboral, 38 por ciento sexual, y un caso probable de extracción de órganos.

68 por ciento son mujeres y el 32 por ciento hombres. Asimismo el 58 por ciento eran menores y 42 por ciento adultos. Por nacionalidad, dijo que 49 por ciento son guatemaltecos, 9 por ciento hondureños, 8 por ciento chinos, y 6 por ciento salvadoreños.

En el segundo y último día del Foro participaron diputadas y diputados federales y de algunos estados como Puebla, el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (CEAMEG), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) Comisiones estatales de Derechos Humanos, Organizaciones de la Sociedad Civil, académicas, académicos y servidores públicos.

sábado, enero 16, 2010

Argentina: El templo de los machos...

Juan Cabrera es conocido en Santa Fe como un “emprendedor nocturno”, un eufemismo que nadie ignora que encubre su verdadera actividad: el proxenetismo. El, por su parte, se presenta como un macho exitoso, admirador de los gustos y habilidades de Silvio Berlusconi, “ese monstruo” –en sus propias palabras– a quien homenajea en su último emprendimiento, un prostíbulo de lujo que se anuncia con pompa en los medios. Todo sucede en la misma provincia donde todavía rige un Código de Faltas que penaliza la prostitución callejera y el travestismo, un modo nada elegante de empujar a quienes están en situación de prostitución hacia los brazos de proxenetas con protección de hecho, aunque no legal.
Por Sonia Tessa / Fuente: Página 12

La oferta sexual está a la vista, no necesita esconderse. En Rosario, que se enorgullece de su historia prostibularia, el mes pasado abrió el Palacio Berlusconi, en pleno centro. Es un secreto a voces, festejado por los medios de comunicación, que celebran la presencia de “empresarios y futbolistas”. A simple vista, desde la calle, no se ve ni un cartel. Apenas unas luces rojas en las grandes ventanas del primer piso de esa casona de planta alta, con puertas de hierro y una bella araña en el acceso, ubicada justo sobre el inicio de la escalera. Pero los vecinos no dudan en confirmar que la casa de Sarmiento 1112 es el Palacete. El dueño de este negocio –presentado como night club– lo difundió con una de sus habituales frases socarronas. Juan Cabrera, conocido como el Indio Blanco, dijo que el nombre de su nuevo boliche es “un homenaje al monstruo italiano. Muchos en el fondo quisieran ser como él y este lugar representa un poco los gustos del presidente italiano”. Eso es: mujeres hermosas, espectáculos eróticos y acompañantes de alto nivel. Para el portal de economía y negocios que difundió la información, el dueño es un “emprendedor nocturno”, ya que también es propietario de La Rosa Sexy Bar, otro prostíbulo encubierto. En realidad, Cabrera es un proxeneta. Y el proxenetismo está sancionado como delito en el Código Penal Argentino.

Lejos de eso, en el sentido común, el rufián es ensalzado, admirado. Cabrera –como él dice de Berlusconi– representa en el imaginario rosarino el modelo de muchos hombres que quisieran vivir del cuerpo de las mujeres. Otro secreto a voces –otro más– es que estos locales cuentan con protección política, policial y jurídica. La actividad está a la vista, una simple inspección municipal podría determinar que allí funciona un prostíbulo, comercio prohibido desde 1957, cuando la Argentina se convirtió en un país abolicionista, al firmar el Convenio para la Represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, que data de 1949. De hecho, la Dirección de Habilitación de la Municipalidad confirmó que allí no hay ningún comercio habilitado.

El diálogo entre el discurso feminista –y legal– con el sentido común se torna imposible. La abogada Analía Aucía, de Cladem, puntualizó que “la prostitución no es delito, porque el país adhiere a la posición abolicionista. No se reprime la actividad en sí misma, sino que el Estado debe perseguir a las personas que explotan y promueven la prostitución ajena”. Existe una diferencia legal entre trata de personas y proxenetismo, pero los dos son delitos.

A casi nadie escandaliza el Palacio Berlusconi. Porque toda la oferta sexual está a la vista. Tan a la vista como los clasificados que llevan páginas y páginas del rubro “Servicios para el hombre y la mujer” en los diarios. Está naturalizado. Y es festejado desde el tono canchero que asumen los hombres cuando cuentan sus incursiones. Como La Rosa Sexy Bar. Después de unos años en la zona de la terminal de ómnibus, se trasladó hace un par de años a Pichincha, para enraizarse con la historia de la ciudad, orgullosa de su pasado prostibulario y que mira para otro lado cuando se menciona la Zwi Migdal, la red de trata de mujeres que funcionó en la ciudad. El eufemismo del sexy bar indica que los clientes pueden ir al hotel de al lado, del mismo dueño, y “contratar” a las mismas chicas que hicieron el strip tease en el escenario. Ellas dejarán un 50 por ciento de su ganancia al comercio. Se dice que allí concurren los chacareros de los pueblos sojeros vecinos, con mucho dinero para gastar, ya que Rosario está ubicada en el corazón de la pampa sojera. Y es cierto, pero también periodistas, abogados, jueces, policías. Todos forman parte de una trama de protección. “Nadie obliga a las chicas a estar ahí”, argumenta un amigo del dueño, que además de ser el mayor proxeneta de la ciudad –porque también regentea varios departamentos donde funcionan “privados”, otro eufemismo– tiene un negocio de otro tipo, un club de blues llamado Willie Dixon y una playa en la isla, Dixon Beach.

Tan poco encubierto está el sexy bar (que en su antiguo local contaba con habitaciones dentro del mismo boliche, y ahora las tiene al lado), que la municipalidad de Rosario lo publicita en el folleto de su Ente Turístico. De hecho, la directora del Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (Insgenar), Susana Chiarotti, prepara una nota para exigirle al municipio que retire esa publicidad. “No queremos tener un discurso moralista, no somos señoras católicas que se escandalizan, pero de nada valen los esfuerzos por la igualdad de oportunidades si se naturalizan y se trivializan estas situaciones”, dijo la abogada feminista y puntualizó: “El Ente Turístico funciona con fondos de la ciudadanía y no deben ser usados para este tipo de propaganda, porque la Constitución Nacional de nuestro país incluye la Cedaw, que en el artículo 6 compromete a los estados en trabajar para suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de la prostitución de la mujer”.

Sólo a algunas feministas les parece raro tanto despliegue de poder gracias a la explotación del cuerpo de mujeres. A casi nadie más. A las chicas que trabajan en esos lugares tampoco, aunque el Código Penal lo prohíba. La red de complicidades que permite la actuación a cara descubierta incluye, por supuesto, a los medios de comunicación. En todos los casos, la palabra prostitución sobrevuela pero no se dice. Y las sonrisas se hacen admirativas cuando se trata del Palacio Berlusconi. “En relación a la categoría, su titular afirmó que se trata de un privado 7 estrellas ideal para organizar agasajos empresariales, fiestas de fin de año o cualquier tipo de homenaje”, describe el periodista de la página web que difundió su apertura, y remata con una frase del “próspero empresario”: “Contamos con un amplio bar y livings distribuidos en la planta alta y también reservados con todas las comodidades”, dijo. Más claro, hay que echarle agua. En ese sentido, Chiarotti consideró “una vergüenza” lo del Palacio Berlusconi, de cuya inauguración se enteró porque lo difundían en televisión como “un lugar de entretenimiento nocturno”.

Claro que las chicas están ahí porque quieren. Ellas cobran sus servicios y no ven nada de reprochable en dejarle la mitad de su dinero al negocio. “Para ellas soy como un padre”, se enorgulleció Cabrera en un reportaje del año 2004. Y entonces, en el vestuario de La Rosa en su ubicación antigua, las chicas estaban felices mientras terminaban de producirse para los shows de la noche. Todas jóvenes, todas bellas.

La naturalización de la explotación del cuerpo de las mujeres, el funcionamiento apenas encubierto de los prostíbulos no es privativo de Rosario. Lo primero que se ve al llegar a San Lorenzo, por la autopista, desde Rosario, es el imponente puerto cerealero de Molinos Río de la Plata. En el corazón del mayor polo aceitero del mundo, los barcos que llegan en busca de soja y los camiones que van a descargarla son parte del paisaje cotidiano en época de cosecha. Por San Martín, la calle principal de esta ciudad donde se libró la única batalla que el general peleó en el actual territorio argentino, se ve lo mismo que en el centro de cualquier ciudad de 50 mil habitantes. Pocas cuadras más adelante, por la misma calle, tres negocios que se publicitan como confiterías proveen oferta sexual al descubierto. Popeye es la más emblemática. Fue clausurada en agosto pasado porque allí trabajaba una menor de 17 años y dos mujeres paraguayas en situación ilegal. Poco tiempo duró la clausura. A nadie sorprende que Popeye esté abierto. En San Martín al 2600, temprano, alrededor de las 22.30, ya hay chicas sentadas en las mesas con clientes y unas pocas, bailando. Detrás de la barra, una mujer de unos 50 años vigila que todo se desarrolle en orden. A esa hora, la mayoría de las chicas todavía están con la planchita, produciéndose para cuando empiece la noche de verdad. Temprano se pueden ver unas 17 mujeres, también todas jóvenes y bellas, a la espera.

También Black Cat está por San Martín, tres cuadras más allá. Allí hay muchas más chicas sentadas, esperando a los clientes de la noche. Algunas cenan en las mesas más escondidas, otras comparten la planchita o el maquillaje en la barra, que todavía no está en plena actividad. Es que los clientes aún no llegaron, son los prolegómenos, antes de las 23. Todas se alborotan cuando llega una oferta de preservativos. Un boliche típico, con bola espejada incluida, y una importante pista de baile. La mayoría de las que allí trabajan son veinteañeras, pero una tiene cara de ser más pequeña, de niña aún. El último boliche sobre esa calle se llama Play Boy. Es mucho más pequeño y allí las chicas todavía están en el baño. Un joven franquea la entrada, cualquier persona que no tenga aspecto de cliente es interrogada sobre sus razones para estar allí. Las chicas se están maquillando y peinando en un baño pequeño. Son cinco, a esa hora sólo hay una mesa ocupada.

Pero en el verano la actividad es diferente. Durante la temporada de cosecha, el trabajo se cobra en dólares, enfocado en los embarcados. Los clientes son llevados en trafics que los dueños de los boliches ponen para transportarlos hacia sus locales.

Mientras todos estos comercios funcionan de una manera apenas encubierta, en la provincia de Santa Fe siguen vigentes los tres artículos del Código de Faltas que penalizan la prostitución “escandalosa”, la “ofensa al pudor” y el travestismo. Artículos que sólo sancionan a las mujeres más humildes, aquellas que trabajan en las calles, muchas veces sin la “protección” de un rufián. Desde Ammar denuncian que esos códigos se utilizan para empujar a las trabajadoras sexuales a los “boliches” (prostíbulos) donde el negocio es mucho más redondo para todos, menos para ellas.

domingo, enero 10, 2010

México: Son explotadas en la prostitución alrededor de 450 mil mujeres

Por: Carolina Velázquez / Fuente: Cimac Noticias
En México hay 500 mil personas que son explotadas en la prostitución, el 90 por ciento son mujeres y niñas. El 80 por ciento de ellas no nació en la ciudad de México y fueron trasladadas de algún lugar del interior del país para ser prostituidas, de acuerdo con cifras de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina (CATWLAC, por sus siglas en inglés).

Para la maestra Teresa Ulloa, directora regional de la CATWLAC, el 75 por ciento de ellas se inició en la prostitución cuando apenas contaban con 12 años de edad y lo que más anhelan es dejar esa actividad, que representa una forma de sobrevivencia (Cimacnoticias, marzo 23, 2009).

“La ciudad de México se está convirtiendo en un centro de acopio y distribución de víctimas de toda América Latina, para después mandarlas a Estados Unidos, donde se encuentra el mayor consumo. El 99 por ciento de las mujeres son explotadas por proxenetas o alguno de los múltiples actores de la industria del sexo y 78 por ciento de ellas son analfabetas o con primaria incompleta”, denunció.

Como lo reportó Cimacnoticias en su momento, según Ulloa, la pobreza es “el peor de los proxenetas” pues ha provocado que el fenómeno de la trata de niñas y mujeres con fines de explotación sexual se haya disparado en los últimos años.

“Se ha podido confirmar que las redes dedicadas al narcotráfico están utilizando su infraestructura para la trata de mujeres, niñas y niños, en estrecha relación con las altas esferas políticas y las principales figuras del poder económico”, apunta.

PROXENETAS

Una psicología ligada al amor y matar los sentimientos de las mujeres, son dos de los principales métodos que utilizan los proxenetas rurales para reclutar mujeres e introducirlas al comercio sexual en nuestro país, una variante de la esclavitud y de la forma clásica de prostitución.

Lo anterior, según Oscar Montiel, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), quien explicó el “modus operandi” de quienes forman parte de las redes internas de trata de personas en México, durante la Primera Reunión de Buenas Prácticas para Combatir la demanda y la Legalización de la Prostitución Siglo XXI, organizada por la CATWLAC en 2009.

En su opinión, un proxeneta no necesariamente es un hombre sin instrucción escolar, los hay desde educación básica y aun universitaria, ya que durante su investigación tuvo contacto con algunos poseedores de maestría y/o doctorado.

El papel que juegan en la explotación sexual está ligado al amor, explicaba Montiel: “son los únicos hombres que después de una larga jornada de trabajo sexual, en la cual las mujeres prostituidas llegan a tener hasta 20 clientes, llena de abusos y maltratos, les brinda a las víctimas atención y cariño, haciéndolas sentir como niñas indefensas recompensadas”.

Se torna en una especie de “padre” que muestra a las mujeres víctimas de trata de personas el único “amor” masculino existente en ese cosmos, a través de palabras excesivas “choro” o rollo”, dice (Cimacnoticias, 24 de marzo, 2009).

MODUS OPERANDI

De acuerdo con el investigador, la forma cómo integran a las mujeres al comercio sexual es la siguiente.

Las mujeres son interceptadas en cualquier plaza pública ubicada en las comunidades rurales y después seducidas para que accedan a tener relaciones sexuales con ellos, luego de aceptar la mayoría sienten culpa y acaban por aceptar la promesa de un próximo matrimonio. Este es el gancho que usan para conducirlas a supuestos hogares

En estas casas (que en realidad son cuartos) hay una mujer que suele ser una trabajadora sexual, seguramente reclutada de la misma forma, que se hace pasar por la hermana, madre o tía del proxeneta y finge apoyar la unión que su pariente falso anuncia, explica Montiel.

Posteriormente, el proxeneta comienza el proceso de chantaje emocional hacia la víctima, convenciéndola de que se encuentran en una situación económica crítica.

En su exposición Oscar Montiel compartió el testimonio de algunos proxenetas, como el de un autonombrado Pedro Navajas:

“Tú le dices a la chava, cuando regreses de la calle, que no hay chamba, que a los dos se los va a llevar el carajo. Siempre haciéndote la víctima. Luego, regresas al siguiente día y le dices que todo sigue igual, pero que te encontraste a un amigo, que a él le está yendo muy bien, que está ganando mucho dinero porque su mujer le entró de prostituta.

“Después, sigues choreando a la chava, diciéndole que todo está peor y ella termina diciéndote que le entren al negocio. Te resistes un poco, pero al final, accedes”.

Así, explica Montiel, las mujeres que son prostituidas, no conciben dicha labor como un abuso y una explotación por parte de su pareja, sino como un trabajo como cualquier otro que las remunera y les permite estar cerca de la persona amada.

En entrevista con Cimacnoticias señaló que la seducción del poder dentro de su comunidad es la que guía al hombre rural a convertirse en un proxeneta: “Al observar a familiares o personas cercanas económicamente más estables y exitosas, el hombre rural, primero por la necesidad, y luego por el poder mismo, decide convertirse en proxeneta”.

Sortean, además, satisfactoriamente una doble vida. Es decir, mantienen y cuidan a una familia dentro de su comunidad, alejada del trabajo que realizan en la ciudad. Son enseñados por los proxenetas antiguos, a matar los sentimientos con las mujeres que reclutan, con el fin de que sus emociones no se vean vulneradas y en un punto consigan tener la “sangre fría”, agregó.

Para Montiel, la distancia guardada por los proxenetas entre las labores de las víctimas y ellos, es fundamental para cumplir con el objetivo; pues al no mirar, escuchar y sentir de cerca los abusos que se ejercen en contra de las mujeres reclutadas, les permite deshumanizarlas y quitarles su seguridad sin golpes, sino a través de un pseudo-amor.

sábado, noviembre 28, 2009

Emma Goldman: La Prostitución...

Por: Emma Goldman
Nuestros reformistas hicieron de repente un gran descubrimiento: la trata de blancas. Los diarios se llenaron de exclamaciones y hablaron de cosas nunca vistas e increíbles, y los fabricantes de leyes se prepararon para proyectar un haz de leyes nuevas a fin de contrarrestar esos horrores.

Es altamente significativo este hecho toda vez que a la pública opinión se le presenta, como si fuera una distracción más, unos de estos males sociales, enseguida se inaugura una cruzada contra la inmoralidad, contra el juego de azar, las salas de bailes, etc. ¿Y cuáles son los resultados de semejantes campañas aparentemente moralizadoras? El juego aumenta cada vez más, las salas funcionan clandestinamente a la luz del día, la prostitución se encuentra siempre al mismo nivel y el sistema de vida de los proxenetas y sus similares se vuelve un poco más precario.

¿Cómo puede ser que esta institución, conocida hasta por los niños de teta, haya sido descubierta recientemente? ¿Qué es, después de todo, este gran mal social, reconocido por todos los sociólogospara que dé lugar a tanto ruido y a tanta alharaca la publicación de todas esas informaciones?

Resumiendo las recientes investigaciones sobre la trata de blancas por lo pronto muy superficial es nada de nuevo se descubrió. La prostitución ha sido y es una plaga sumamente extendida, y asimismo la humanidad continuó hasta ahora imbuida en sus asuntos, indiferente a los sufrimientos y a la desventura de las víctimas de ese tráfico infame; tan indiferente como lo fue ante nuestro sistema industrial, o ante la prostitución económica.

Solamente cuando el humano dolor se convierte en una diversión, en una especie de juguete de brillantes colores, el niño que es el pueblo se interesa por él, siquiera un tiempo determinado; el pueblo es un niño de carácter veleidoso; todos los días quiere un juguete nuevo. Y el desaforado grito contra la trata de blancas, es precisamente eso. Le servirá para divertirle durante un tiempo y también dará lugar a que se instituya una serie de puestos públicos, unos cuantos parásitos más, que se pasearán por ahí, como detectives, inspectores, miembros investigadores, etc.



¿Cuál es la verdadera causa que origina el tráfico de la mujer, no solamente de la
blanca, sino de la negra y la amarilla? Naturalmente es la explotación, que
engorda el fatídico Moloch del capitalismo con una labor pagada a un misérrimo
precio, lo que empuja a miles de jóvenes mujeres, muchachas y niñas de poca
edad hacia el pozo sin fondo del comercio del lenocinio. Es que todas ellas
sienten y opinan como la Sra. Warren: ¿para qué agotar la existencia por la paga
de algunos chelines semanales en un obrador de modista, etc., durante diez,
once horas por día?

Es lógico esperar que nuestros reformistas no dirán nada acerca de esta causa
fundamental. Comprenden demasiado que son verdades que rinden poco. Es
más provechoso desempeñar el papel del fariseo, esgrimir el pretexto de la
moral ultrajada, que descender al fondo de las cosas.

Sin embargo, hay una recomendable excepción entre los jóvenes escritores:
Reginald Wright Kauffmong, cuyo trabajo The House of Bondage es uno de los
primeros y serios esfuerzos para estudiar este mal social, no desde el punto de
vista sentimental del filisteísmo burgués. Periodista de vasta experiencia,
demuestra que nuestro sistema industrial no ofrece a muchas mujeres otras
alternativas que las de la prostitución. La heroína femenina que se retrata en
The House of Bondage, pertenece a la clase trabajadora. Si el autor hubiese
pintado la vida de una mujer de otra esfera, se habría hallado con idéntico
asunto y estado de cosas.

En ninguna parte se trata a la mujer de acuerdo al mérito de su trabajo; por eso,
ese procedimiento es todavía más flagrantemente injusto. Es imperiosamente
inevitable que pague su derecho a existir, a ocupar una posición cualquiera
mediante el favor sexual. No es más que una cuestión de gradaciones que se
venda a un hombre, casándose, o a varios. Que nuestros reformistas lo admitan
o no, la inferioridad social y económica de la mujer, es directamente
responsable de su prostitución.

Justamente en estos días la buena gente se asombró de ciertas informaciones,
donde se demostraba que solamente en Nueva York, de diez mujeres que
trabajaban en fábricas, nueve percibían un salario de seis dólares semanales por
48 horas de trabajo, y la mayoría de ellas debían afrontar varios meses de
desocupación; lo que en total representaba una suma anual de 280 dólares.
Ante estas horribles condiciones económicas, ¿hay motivo de asombro al
constatar que la prostitución y la trata de blancas se hayan convertido en un
factor tan predominante?

Si las precedentes cifras pueden ser consideradas exageradas, no estará de más
escuchar lo que opinan algunas autoridades en materia de prostitución:

Las múltiples causas de la creciente depravación de la mujer se hallan en los
cuadros estadísticos, indicando la trayectoria de los empleos ocupados, sus
remuneraciones antes de que se produjera su caída; entonces se dará la
oportunidad para que el economista político decida si la mera consideración
de los negocios es una suficiente disculpa para el patrono que disminuye el
nivel general de los jornales obreros o si bien aumentándolos en un pequeño
porcentaje, los contrabalancea, por la enorme suma de tasas y exacciones
impuestas al público sobre los gastos que éste hace al adentrarse para
su satisfacciónen la vasta maquinación de los vicios, la cual es un resultado
directo, la mayoría de las veces, de una insuficiente retribución del trabajo
honesto.(Dr. Sanger, La Historia de la Prostitución).

Nuestros actuales reformistas podrían muy bien enterarse del libro del Dr.
Sanger. Entre 2,000 casos observados por él, son raros los que proceden de la
clase media, de un hogar en prósperas condiciones. La gran mayoría salen de las
clases humildes y son, por lo general, muchachas y mujeres trabajadoras;
algunas caen en la prostitución a causa de necesidades apremiantes; otras
debido a una existencia cruel de continuo sufrimiento en el seno de su familia, y
otras debido a deformaciones físicas y morales (de las que hablaré después).
También para edificación de puritanos y de moralistas, había entre esos dos mil
casos, cuatrocientas mujeres casadas que vivían con sus maridos. ¡Es evidente
que no existía mucha garantía de la pureza de ellas en la santidad del
matrimonio!

El Dr. Blaschko en Prostitution in the Nineteenth Century , hace resaltar más
aún que las condiciones económicas son los más poderosos factores de la
prostitución.

Aunque la prostitución existió en todas las edades, es el siglo XIX el que
mantiene la prerrogativa de haberla desarrollado en una gigantesca
institución social. El desenvolvimiento de esta industria con la vasta masa de
personas que compiten mutuamente en este mercado de compra y venta, la
creciente congestión de las grandes ciudades, la inseguridad de encontrar
trabajo, dio un impulso a la prostitución que nunca pudo ser soñado siquiera
en periodo alguno de la historia humana .

Otra vez Havelock Ellis, aunque no se incline absolutamente hacia las causas
económicas, se halla empero obligado a admitir que directa o indirectamente
éstas vienen a ser uno de los tantos motivos, y de los principales. Encuentra,
pues, que un gran porcentaje de prostitutas se reclutan entre las sirvientas, no
obstante sufrir menos necesidades. Pero el autor no niega que la diaria rutina, la
monotonía de sus existencias de servidumbre, sin poder compartir nunca las
alegrías de un hogar propio, sea también causa preponderante que las obliga a
buscar el recreo y el olvido en la vida de los ficticios placeres de la prostitución.
En otras palabras, la muchacha que es sirvienta no posee nunca el derecho de
pertenecerse a sí misma; maltratada y fatigada por los caprichos de su ama, no
puede encontrar otro desahogo que el de prostituirse un día u otro, lo mismo
que la muchacha de la fábrica y de la tienda.

La faz más divertida de esta cuestión que acaba de hacerse pública, es la
superabundante indignación de nuestras buenas y respetables personas, y
especialmente de algunos caballeros cristianos, quienes siempre encabezan esta
suerte de cruzadas y también otras que surjan de cualquier parte o por cualquier
motivo. ¿Es que ellos ignoran completamente la historia de las religiones y
particularmente de la cristiana? ¿Por qué razones deberían gritar contra la
infortunada víctima de hoy, desde que es conocido por los estudiosos de alguna
inteligencia que el origen de la prostitución es, precisamente, religioso, lo que la
mantuvo y la desarrolló por varios siglos, no como una vergüenza, sino como
digna de ser coronada por el mismo dios?

Parece que el origen de la prostitución se remonta a ciertas costumbres
religiosas, siendo la religión la gran conservadora de las tradiciones sociales,
la preservó en forma de libertad necesaria y poco a poco pasó a la vida de las
sociedades. Uno de los ejemplos típicos lo recuerda Herodoto; quinientos años
antes de Cristo, en el templo Mylitta, consagrado a la Venus babilónica, se
establecía que toda mujer que llegase a edad adulta había de entregarse al
primer extraño que le arrojase un cobre en la falda como signo de adoración a
la diosa. Las mismas costumbres existían en el oriente de Asia, en el norte de
África, en Chipre, en las islas del Mediterráneo, y también en Grecia, donde el
templo de Afrodita en Corinto poseía más de mil sacerdotisas dedicadas a su
servicio.

El hecho que la prostitución religiosa se convirtiese en ley general, apoyada en
la creencia que la actividad genésica de los seres humanos poseía una
misteriosa y sagrada influencia para promover la fertilidad de la naturaleza,
es sostenido por todos los escritores de reconocida autoridad en la materia.
Gradualmente y cuando la prostitución llegó a ser una institución organizada
bajo la influencia del clero, se desarrolló entonces en sentido utilitario,
coadyuvando así a las rentas públicas.

El Cristianismo, al escalar el poder político cambió poco semejante estado de
cosas de la prostitución. Los meretricios bajo la protección de las
municipalidades se encontraban ya en el siglo XIII. Los principales jefes de la
Iglesia los toleraron. Constituían esas casas de lenocinio una especie de
servicio público, cuyos dirigentes eran considerados como empleados públicos.
(Havelock Ellis, Sex and Society ).

A todo esto débese agregar lo que escribe el Dr. Sanger en su libro citado
anteriormente:

El papa Clemente II, dio a la publicidad una bula diciendo que se debía tolerar
a las prostitutas, porque pagaban cierto porcentaje de sus ganancias a la
Iglesia.

El papa Sixto IV fue más práctico; por un solo meretricio que él mismo mandó
construir, recibía una entrada de 20,000 ducados.

En los tiempos modernos la Iglesia se cuida más, respecto a este asunto. Por lo
menos abiertamente no fomenta el comercio del lenocinio. Encuentra mucho
más provechoso constituirse en un poder casi estatal, por ejemplo la Iglesia de
la Santísima Trinidad, y alquilar a precios exorbitantes las reliquias de un
muerto a los que viven de la prostitución.

Aunque desearía mucho extenderme sobre la prostitución de Egipto, de Grecia,
de Roma y de la que existió durante la edad media, el espacio no me lo permite.
Las condiciones de este último periodo son particularmente interesantes, ya que
el lenocinio se organizó en guildas asociaciones gremiales presidido
por el rey de un meretricio. Estas corporaciones empleaban la huelga como medio de
mantener inalterable sus precios. Por cierto es algo mucho más práctico que el
usado por los explotadores modernos de ese mismo tráfico.

Pero sería demasiado parcial y superficial por nuestra parte, sostener que el
factor económico es la única causa de la prostitución. Hay otros no menos
importantes y vitales. Los mismos reformistas los reconocen, mas no se atreven
a discutirlos, ni hacerlos públicos, y menos aumentar esa cuestión, que es la
savia de la verdadera vida del hombre y de la mujer. Me refiero al tema sexual,
cuya sola mención produce ataques espasmódicos en la mayoría de las personas.

Se concede que una mujer es criada más para la función sexual que para otra
cosa; no obstante se la mantiene en la más absoluta ignorancia sobre su
preponderante importancia. Cualquier cosa que ataña a este asunto se le
suprime con aspaviento, y la persona que intentara llevar la luz a estas espesas
tinieblas, sería procesada y arrojada a la cárcel. Sin embargo, sigue siendo
incontrovertible que mientras se continúe en la creencia que una joven no debe
aprender a cuidarse a sí misma, ni debe saber nada acerca de la más importante
función de su vida, no tiene que sorprendernos que llegue a ser fácil presa de la
prostitución, o de otra forma de relaciones, que la reducen a convertirse en un
mero instrumento sexual.

A esta criminal ignorancia se debe que la entera existencia de una joven resulte
deformada y estropeada. Desde hace tiempo la gente se halla convencida que un
muchacho, en su adolescencia, sólo responde al llamado de su naturaleza, es
decir, tan pronto como despierta a la vida sexual puede satisfacerla; pero
nuestros moralista se escandalizarían al sólo pensar que una muchacha de esa
edad hiciese lo mismo. Para el moralista la prostitución no consiste tanto en el
hecho que una mujer venda su cuerpo, sino en que lo venda al margen del
hogar, del matrimonio. Este argumento no as muy infundado, ya que lo prueban
la cantidad de casamientos por conveniencias monetarias, legalizados,
santificados por la ley y la opinión pública; mientras que cualquier otra unión,
aun siendo más desinteresada y espontánea, será considerada ilegítima, y por
ende condenada y repudiada. Y eso que la prostitución, definida con propiedad,
no significa otra cosa que la subordinación de las relaciones sexuales a la
ganancia. (Guyot, La Prostitución).

Son prostitutas aquellas mujeres que venden su cuerpo, ejerciendo actos
sexuales y haciendo de ellos una profesión (Banger, Criminalité et Condition
Economique).

En efecto, Banger va más allá; sostiene que el acto de prostituirse es
intrínsecamente igual para el hombre y la mujer que contrae matrimonio por
razones económicas.

Naturalmente, el matrimonio es el único fin a que tienden todas las jóvenes,
pero a miles de muchachas, cuando no pueden casarse, nuestro
convencionalismo social las condena al celibato o a la prostitución. Y la
naturaleza humana afirma siempre su improrrogable derecho, sin cuidarse de
las leyes; ya que no existen razones plausibles para que esa naturaleza se adapte
a una pervertida concepción de moralidad.

Generalmente la sociedad considera el proceso sexual del hombre como un
atributo de su propio desarrollo viril; entre tanto, lo que idénticamente se
realiza en la vida de la mujer es mirado como una de las más terribles
calamidades: la pérdida del honor. y todo lo que es bueno y noble en la criatura
humana. Esta doble modalidad moral tuvo no poca participación en la creación
y perpetuación de la prostitución. Ello entraña mantener a la juventud femenina
en una absoluta ignorancia de la cuestión sexual, con el pretexto de la inocencia,
junto con una represión anormal de los deseos genésicos, lo que contribuye a
originar morbosos estados de ánimo, que nuestros puritanos particularmente
ansían evitar y prevenir.

Tampoco la venta de los favores sexuales ha de conducir necesariamente a la
prostitución; es más bien responsable la cruel, despiadada, criminal persecución
llevada a cabo por los poderosos contra la masa de los vencidos; los primeros
tienen aún el cinismo de divertirse a costa de los últimos.

Muchachas, todavía niñas, que trabajan amontonadas, en talleres, a veces con
temperaturas tórridas, durante diez o doce horas al pie de una máquina,
forzosamente deben hallarse en una constante sobreexcitación sexual. Muchas
de esas muchachas no poseen hogares confortables ni nada parecido; al
contrario, viven en continua penuria; entonces la calle o cualquier diversión
barata le servirá para olvidar la rutina diaria. Todo esto trae como consecuencia
natural la proximidad de los dos sexos. Es pues, muy difícil afirmar cuál de los
dos factores condujeron a ese punto culminante de la sobreexcitación sexual de
la joven; mas el resultado será el mismo. Ese es el primer paso hacia la
prostitución. No es ella la responsable, por cierto. Al contrario, esa falta recae
sobre la sociedad; es la total carencia de comprensión; nuestra falta de una justa
apreciación de los sucesos de la vida; especialmente la culpa es del moralista,
que condena a la que cayó para una eternidad, solamente porque se desvió del
sendero de la virtud; eso es, porque realizó su primera experiencia sexual sin la
sanción de la iglesia y del Estado.

Ella se sentirá completamente al margen de la vida social, que le cerrará las
puertas. Su misma educación y todo lo que se le ha inculcado, hará que se
reconozca una depravada, una criatura caída para siempre, sin el derecho a
levantarse más, sin que nadie le extienda la mano; al contrario, se tratará de
hundirla cada vez más. Es así como la sociedad crea las víctimas y luego
vanamente intenta regenerarlas. El hombre más mezquino, el más corrompido y
decrépito podrá aún considerarse muy bueno para casarse con una mujer, cuya
gracia comprará muy ufano, en vez de pensar que puede salvarla de una vida de
horrores. Tampoco podrá dirigirse a su hermana la honesta en busca de
amparo, de auxilio moral; ésta, en su estupidez, teme mancillar su pureza y
castidad, no comprendiendo que en muchos aspectos su posición es más
lamentable que la de su hermana en la calle.

La mujer que se casa por dinero, comparada con la prostituta, es
verdaderamente un ser despreciable, dice Havelock Ellis. Del mismo modo se
prostituye, se le paga menos, en cambio, por su parte retribuye mucho más en
trabajo y cuidados y se halla atada a un solo dueño. Por empezar, la prostituta
nunca firma un contrato, por el cual pierde todo derecho sobre su persona,
conserva su completa libertad de entregarse a quien quiere, no obstante
hallarse obligada siempre a someterse a los brazos de los hombres.

No se trata mejor a esa mujer casada, si llegan a su noticia las palabras de la
apología de Lecky, al decir de la prostituta: aun cuando sea la suprema
encarnación del vicio, es también la más eficiente salvaguarda de la virtud:
gracias a ella, cuántos hogares aparentemente respetables escaparon de ser
corrompidos, mancillados por prácticas antinaturales; sin ella, estas
aberraciones del sentido genésico abundarían más de lo que se puede suponer.

Los moralistas se hallan siempre dispuestos a sacrificar una mitad de la raza
humana para conservación de algunas miserables instituciones que ellos no
pueden hacer prosperar. En rigor, la prostitución no representa tampoco una
salvaguarda más para asegurar la pureza del hogar, como no lo representan esas
mismas leyes, cuyos efectos pretende contrarrestar. Casi el cincuenta por ciento
de los hombres casados frecuentan los prostíbulos o los patrocinan. Es a través
de este virtuoso elemento que las casadas y aun los niñoscontraen
enfermedades venéreas. Asimismo no tiene ninguna palabra de condenación
para el hombre, mientras que para la indefensa víctima, la meretriz, no hay ley
lo suficientemente monstruosa que la persiga y la condene. No es solamente la
presa de los que la poseen, durante el ejercicio de su profesión; lo es también de
cada policía y de cada miserable detective que la persiga, de los oficialitos de los
puestos de policía y de las autoridades de todas las cárceles a donde llegue.

En un reciente libro, escrito por una mujer que regenteó una de esas casas, se
puede hallar la siguiente anotación: Las autoridades del lugar me obligaban a
pagar todos los meses, en calidad de multa de $14.70 a $29.70; las pupilas
debían pagar de $5.70 hasta $9.70 solamente a la policía . Si se tiene en cuenta
que la autora hacía sus negocios en una ciudad pequeña, las sumas que cita no
comprenden las extras en forma de contravenciones, coimas. etc.; de lo que se
puede deducir la enorme renta que reciben los policías de los departamentos,
extraídas, sonsacadas del dinero de esas víctimas, que ellos tampoco desean
proteger. Guay de la que se rehúse a obrar esa suerte de peaje; será arrastrada
como ganado, aunque no fuera más que para ejercer una favorable impresión
sobre los honestos y buenos ciudadanos de esas ciudades, o también para
obedecer a las autoridades que necesitan cantidades extras de dinero. además
de las lícitas. Para las mentalidades enturbiadas por los prejuicios que no creen
a la mujer caída incapaz de emociones, les será imposible imaginarse, sentir en
carne propia la desesperación, las afrentosas humillaciones, las lágrimas
candentes que vierte cuando la hunden cada vez más en el fango.

¿Parecerá acaso extraño que una mujer que regenteara una de esas casas sepa
expresarse tan bien con tal vehemencia, sintiendo de tal manera? Más extraño
me parece el proceder de este buen mundo cristiano que supo sacar provecho,
trasquilar, hacerle pagar su tributo de sangre y dolor a semejante criatura y
luego no le ofrece otra recompensa que la detracción y la persecución. ¡Oh la
caridad de este buen mundo cristiano!

Se está investigando con mucha violencia contra la trata de blancas que se
importa desde Europa a Norteamérica. ¿Cómo podrá conservarse virtuoso este
país si el viejo mundo no le presta su ayuda? No niego que en una pequeña parte
sea esto verdad, tampoco niego que existen emisarios en Alemania y en otras
naciones haciendo su innoble comercio de esclavas con los Estados Unidos. Pero
me niego absolutamente a creer que este tráfico asuma apreciables
proporciones, en lo que respecta a Europa. Si es verdad Que la mayoría de las
prostitutas de Nueva York son extranjeras, sucede también por lo mismo que la
mayoría de su población está compuesta de extranjeros. Desde el momento que
se va a otra ciudad del territorio norteamericano, Chicago, por ejemplo,
encontraremos que las prostitutas extranjeras se hallan en ínfima minoría.

Igualmente exagerada es la creencia basada en que la mayoría de las mujeres
que comercian sus encantos en las calles de esta ciudad, ejercitaban el mismo
tráfico en sus países respectivos antes de venir a Norteamérica. Muchas de estas
muchachas hablan un excelente inglés, se americanizaron en sus modales y su
vestir, lo que es un fenómeno imposible de adaptación, de verificarse, a menos
que hayan permanecido bastantes años en este país. Lo cierto es esto, que
fueron arrastradas a la prostitución por las condiciones del ambiente
norteamericano, a través de las costumbres norteamericanas, inclinadas a un
lujo excesivo, a la afición desmedida por sombreros y vestidos vistosos, y
naturalmente para todas estas cosas se necesita dinero, un dinero que no se
gana en las fábricas, ni en las tiendas.

En otras palabras, no hay razón para creer que ningún grupo comercial de
hombres deseen correr los riesgos de gastos exorbitantes para importar aquí
productos extranjeros, cuando por las mismas condiciones del ambiente el
mercado rebasa con miles de muchachas del país. Por otra parte, hay también
pruebas suficientes para afirmar que la exportación de mujeres jóvenes
norteamericanas, no es tampoco un factor desdeñable.

Ahí está un ex secretario de un juez de Cook County, III., Clifford G. Roe, quien
acusó abiertamente que se embarcaban muchachas del Estado de Nueva
Inglaterra para el exclusivo uso de los empleados del Tío Sam en Panamá. Mr.
Roe agregaba que le pareció que había un ferrocarril subterráneo entre Boston y
Washington, en el que continuamente viajaban mujeres de esas. ¿No es muy
sugestivo que esa línea ferroviaria vaya a morir en el centro y en el corazón de
las autoridades federales? Ese Roe dijo mucho más de lo que se deseaba en las
esferas oficiales, y la prueba es que al poco tiempo fue destituido. No es muy
sensato que los empleados de la administración nacional se pongan a narrar
cierta clase de cuentos.

Las excusas que se adujeron para aminorar la gravedad de este suceso,
estribaban en las particularidades climatológicas de Panamá y en que allí no
existía ningún meretricio. Es el sólito sofisma, la sólita hoja de parra con la que
un mundo hipócrita quiere escudarse porque no se atreve a enfrentar la verdad.

Después de Mr. Roe se halla James Bronson Reynolds, quien hizo un estudio
completo de la trata de blancas en Asia. Siendo este un típico norteamericano y
amigo del futuro Napoleón estadounidense, Teodoro Roosevelt, se puede
asegurar que es el último hombre que intenta desacreditar las virtudes innatas
de su país. Así es como nos informa sobre los establos de Augias del vicio
norteamericano. Hay allí prostitutas norteamericanas que se pusieron de tal
modo en evidencia, que en el Oriente la American girl es sinónimo de
prostituta. Mr. Reynolds le hace recordar a sus conciudadanos que mientras los
norteamericanos en China se hallan bajo la protección de sus cónsules, los
chinos en Estados Unidos están completamente desamparados. Todos los que
conocen las brutales y bárbaras persecuciones que la raza amarilla soporta en
casi toda la costa del Pacífico, han de ver con agrado la amonestación de Mr.
Reynolds.

En vista de todos los hechos descriptos, es un poco absurdo señalar a Europa
como un foco de infección, de donde proceden la mayoría de las enfermedades
sociales que llegan a las playas norteamericanas. Y esto es tan absurdo como
proclamar que la raza judía es la que proporciona el más cuantioso contingente
de esta desarmada presa ante todos los apetitos. Estoy segura que nadie podrá
acusarme de nacionalista en ningún sentido. He podido despojarme de este
prejuicio como de otros, de lo que me hallo muy satisfecha. Es por eso que me
fastidia oír la afirmación de que aquí se importan las prostitutas judías, y si
protesto acerca de tal infundio, no es por mis simpatías judaizantes, sino por los
rasgos inherentes de la vida de esa gente, que conozco muy bien. Nadie ha de
decir que las jóvenes judías emigran a tierras extrañas, si no sabe que algún
pariente cercano o lejano ha de acompañarlas. La muchacha judía no es
aventurera. Hasta hace pocos años no abandonaba su hogar, aun para ir a la
próxima aldea o ciudad, donde podía visitar a alguien de su relación. ¿Es
entonces probable que una joven judía deje su familia, viaje miles de millas
hacia tierras desconocidas bajo la influencia de promesas y de fuerzas extrañas?
Id si queréis hacia esos grandes transatlánticos y comprobad si esas muchachas
no llegan acompañadas con sus parientes, hermanos, tías o familias amigas.
Habrá excepciones, naturalmente, pero de ahí a establecer que un gran número
de jóvenes judías vienen importadas con el propósito de la prostitución y de
cosas parecidas, es desconocer completamente la psicología hebrea.

Los que viven en casas de cristal no deberían arrojar piedras al techo de las
ajenas; además, los cristales norteamericanos son un poco delgados y pueden
romperse fácilmente, y en el interior no habrá cosas placenteras para ser
exhibidas en público.

Adjudicar el aumento de la prostitución a la alegada importación extranjera, al
hecho de extenderse cada vez más el proxenetismo, es de una superficialidad
abrumadora. Como ya me referí al primer factor, el segundo, los proxenetas,
detestables como son, no se debe ignorar que forma parte esencialmente de una
fase de la prostitución moderna, fase acentuada por las persecuciones y los
castigos resultantes de las esporádicas cruzadas llevadas a cabo contra ese mal
social.

El proxeneta, no dudando que es uno de los miserables especimenes de la
familia humana, ¿en qué manera puede ser más despreciable que el policía,
quien le arranca hasta el último centavo a la pobre trotadora de la calle para
luego conducirla presa todavía? ¿Cómo el proxeneta ha de ser más criminal, o
una más grande amenaza para la sociedad cuando los propietarios de grandes
almacenes, de tiendas o fábricas, buscan sus víctimas entre el personal
femenino para satisfacer sus ansias bestiales y después enviarlas a la calle? No
intento defender al proxeneta de ningún modo, mas no comprendo por qué se le
ha de dar caza despiadadamente, cuando los verdaderos perpetradores de las
iniquidades sociales gozan de inmunidad y de respeto. Entonces, hay que
recordar muy bien que ellos también contribuyen a hacer a las prostitutas, no
solamente el proxeneta. Es por nuestra vergonzosa hipocresía que se creó la
prostituta y el proxeneta.

Hasta el año 1894 estaba muy poco difundido en Norteamérica el hombre que
vivía exclusivamente de las mujeres alegres. Por entonces tuvimos unos ataques
epidérmicos de virtud. El vicio debía abolirse y el país purificarse a toda costa.
El cáncer social fue extirpado del exterior para que sus raíces arraigaran más
hondamente en el organismo de la nación. Los propietarios de prostíbulos y sus
infelices víctimas se hallaron a merced de la policía. Se subsiguió la inevitable
consecuencia con exorbitantes multas, las coimas y la penitenciaría.

Las pupilas antes relativamente amparadas en los meretricios, por representar
ellas cierto valor monetario, se encontraron en la calle como presas indefensas
en las manos del policía groseramente codicioso. Desesperadas, necesitando que
alguien las protegiera amándolas, les fue muy fácil caer en los brazos de los
proxenetas, uno de los productos más genuinos de nuestra era comercial. De ahí
que la modalidad social del proxenetismo no fue más que una excrescencia
natural de las persecuciones de la policía, de las bárbaras puniciones y el intento
siempre frustrado de suprimir la prostitución. Sería absurdo confundir esa faz
moderna de los males sociales con esta última.

La opresión simple y pura y los proyectos de leyes coercitivas no han de servir
más que para amargar a la infortunada víctima de su misma ignorancia y
estupidez, y luego llevarla a la última degradación. Uno de ellos logró su
máxima severidad, proponiendo que a las prostitutas se les diera el tratamiento
de los criminales, y las cogidas en flagrante, se las penaría con cinco años de
cárcel y 10,000 dólares de multa. Semejante actitud sólo demuestra la obtusa
incomprensión de las verdaderas causas de la prostitución, como factor social,
como también esto es una manifestación del puritánico espíritu de otros días
sangrientos en la historia del puritanismo.

No existe un escritor moderno que al tratar este asunto no señale la completa
futilidad de estos métodos legislativos con sus innumerables medios de
coerción. El Dr. Blaschko dice que las represiones gubernativas y las cruzadas
moralizadoras nada consiguen más que dispersar el mal social que quieren
combatir por miles de otros conductos secretos, multiplicando así los peligros
para la sociedad. Havelock Ellis. el temperamento más humanitario y el
estudioso más profundo de la prostitución, nos hace comprobar con el
fehaciente testimonio de citas históricas, que cuanto más drástico es el método
de represión, mucho más empeora las condiciones de ese mal. Entre una de esas
citas se halla la siguiente: En 1560 Carlos IX abolió con un edicto todos los
prostíbulos; pero el número de las meretrices no hizo más que aumentar,
mientras otras casas de lenocinio fueron apareciendo clandestinamente,
siendo mucho más peligrosas que las anteriores. A despecho de esa legislación,
o por causa de ella, no hubo país entonces en el que la prostitución se
extendiera con más fuerza, jugando un rol preponderante. (Sex and Society ).

Solamente una opinión pública inteligentemente educada, que deje de poner en
práctica el ostracismo legal y moral hacia la prostitución, ha de coadyuvar al
mejoramiento del presente estado de cosas. Cerrar los ojos por un falso pudor y
fingir ignorancia ante este mal y no reconocerlo como un factor social de la vida
moderna, no hará más que agravarlo. Debemos estar por encima de la estúpida
noción soy mejor que tú, tratando de ver en la prostituta solamente a un
producto de las condiciones sociales. Semejante actitud por parte nuestra, al
desterrar para siempre toda postura hipócrita, establecerá una más amplia
comprensión, haciéndonos espiritualmente aptos para otorgarle un trato más
humanitario, casi fraternal a esas desventuradas.

Respecto a la total extirpación de la prostitución, nada, ningún método podrá
llevar a cabo esa magna empresa, sino la más completa y radical transmutación
de valores, en la actualidad falsamente reconocidos como beneficiosos especialmente
en lo que atañe a la parte moral junto con la abolición de la esclavitud industrial,
su causa causarum.

jueves, abril 30, 2009

Declaración de la Primera Reunión Regional sobre “Buenas Prácticas en Contra de la Demanda y de la Legalización de la Prostitución: Siglo XXI

Fuente: Cuadernos Feministas
Las Mujeres y Hombres de Latinoamérica y el Caribe, convocadas/os por la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en esta Región (CATWLAC), reunidas/os en México, Distrito Federal del 23 al 25 de marzo del 2009; preocupadas/os por el alarmante incremento de la trata y tráfico de mujeres, niñas, y jóvenes para la prostitución y otras formas de explotación sexual, explotación laboral y tráfico de órganos y tejidos, todas formas graves de violación a los derechos humanos que atentan contra la vida y la dignidad de las mujeres y las niñas y la seguridad de nuestros pueblos y naciones, no podemos permanecer indiferentes, ni en silencio, y por lo tanto:


Considerando:

Que la Trata y el Tráfico de Mujeres, Niñas, y Jóvenes en la Región Latinoamericana y del Caribe es un fenómeno creciente, debido, entre otros, a las relaciones patriarcales de poder, a la situación de pobreza y pobreza extrema; al genocidio producido por el hambre; el encarecimiento de los productos básicos; la falta de oportunidades; las profundas disparidades y desigualdades entre las mujeres y hombres; la violencia y la discriminación que históricamente han sufrido las mujeres en nuestros países, agravada por su condición de edad, origen étnico, retos especiales, creencias religiosas, y otras exclusiones; y a que en varios países no se cuenta con políticas públicas, programas, planes de acción y leyes, y aunque existan en algunos, no muestran resultados verdaderamente efectivos, hasta ahora, en la prevención, protección y combate a estos flagelos.

Que la Trata y el Tráfico de Mujeres, Niñas, y Jóvenes en nuestra Región, como en otras partes del mundo, se ve agravada por la trata interna con propósitos de prostitución y otras formas de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos y tejidos, abusando de la situación de vulnerabilidad y pobreza de las víctimas y posibles víctimas, siendo éste un fenómeno mucho más extendido que la trata internacional.

Que la Trata y el Tráfico de Mujeres y Niñas es una forma grave de violencia contra las mujeres según se establece en la Plataforma y Plan de Acción de Beijing, así como una forma contemporánea de esclavitud.

Que el Dolor que Sufren las Víctimas y sus Familias y las consecuencias que tiene sobre sus hijas e hijos, madres y padres, es irreparable, y los sistemas de justicia ofenden nuevamente a las víctimas estigmatizándolas y revictimizándolas, negándoles el acceso a la justicia y a la reparación y resarcimiento del daño ocasionado. Que en consecuencia, hasta en tanto no se haga visible y se comprenda su gravedad, no habrá sanción efectiva y seguirá creciendo la inmensa impunidad y corrupción que rodea al problema, propiciado por el patriarcado y el sistema de administración de justicia que lo minimizan y naturalizan, perpetuando los patrones culturales patriarcales e incumpliendo las responsabilidades adquiridas a nivel internacional y regional.

Que ante el avance de las Redes Prostitucionales en nuestra Región, los medios de comunicación, y los proveedores de servicios de internet, así como otros actores, juegan un papel de complicidad por lo que deben ser llamados a cuentas y a conducirse con ética y responsabilidad social.

Que Cualquier Forma de Violencia contra las Mujeres, entre ellas, la Trata y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Jóvenes es un obstáculo que impide la democracia, el desarrollo y la paz, y que urge frenar, rechazar y atacar la naturalización y banalización del problema, emitiendo y ejecutando políticas de desarrollo social, prevención, sanción y seguridad de los Estados y de los sistemas de justicia, acordes a la dimensión de este flagelo, para recuperar el derecho de las mujeres, niñas y jóvenes a una vida libre de violencias.

En Consecuencia, Exigimos:

Primero.
El respeto y el cabal cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW), de las Recomendaciones Generales y de las Observaciones Finales por país de ese Comité, así como la ratificación inmediata de su Protocolo Facultativo, en el caso de los países que no lo hayan hecho.

Segundo.Exigimos a nuestros Gobiernos políticas públicas, planes de acción debidamente financiados, así como leyes efectivas contra la trata y el tráfico de mujeres, niñas y jóvenes para la prostitución y otras formas de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos y tejidos. Proponemos la elaboración inmediata de una Ley Marco que rija en el Sistema Interamericano, que garantice la prevención, la protección de las víctimas, persecución, enjuiciamiento y sanción de los tratantes y explotadores, e incluso, adoptar medidas legales y de otra índole para desalentar y sancionar la demanda, ya que, firmemente creemos que sin demanda no hay explotación.

Tercero
.Rechazamos la corrupción y las redes de complicidad que amparan a la delincuencia organizada nacional e internacional, dedicada a traficar y tratar mujeres, niñas y jóvenes. De igual modo, repudiamos el avance del crimen organizado en nuestra Región, ya que no podemos, ni debemos permitir su naturalización en nuestras sociedades y nos pronunciamos para que no se sigan usando mujeres, niñas y jóvenes para el tráfico de drogas y, en cambio, se les reconozca como víctimas y no como delincuentes.

Cuarto.
Llamamos a los Gobiernos de la Región Latinoamericana y del Caribe que no lo han hecho, a ratificar el Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena y los Protocolos Adicionales a la Convención de Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional sobre Trata y Tráfico de Personas, también conocidos como Protocolos de Palermo; y a llevar a cabo una efectiva armonización de estos tratados en su derecho interno.

Quinto.
No podemos tolerar la utilización de bebés para sexo oral, ni la prostitución de niñas y niños, ni las formas variadas de pornografía, ni el turismo sexual. Condenamos enérgicamente que se legisle sobre el consentimiento como causa excluyente del delito.

Sexto. Exigimos a nuestros gobiernos el cumplimiento irrestricto de las Metas del Milenio, garantías económicas y sociales de desarrollo humano que garanticen el derecho a la vida digna, el combate frontal y decidido a la pobreza y la pobreza extrema, así como la hambruna que amenaza la paz interna de nuestros países y que se constituye en un genocidio físico y moral por la violación al principio de la debida diligencia; el cuidado y no encarecimiento del agua y la adopción de medidas eficaces contra la destrucción de la tierra.

Séptimo
.Demandamos justicia y paz en Latinoamérica y el Caribe, porque las mujeres, las niñas y las jóvenes tenemos derecho a una vida libre de todas las violencias y a gozar de todos los derechos sociales, económicos, culturales, civiles y políticos, por lo que se les debe dotar de mecanismos de exigibilidad y justiciabilidad. Además, la ratificación inmediata del Protocolo Adicional al Pacto de Derechos Sociales, Económicos y Culturales.

Octavo.
Exigimos que se reconozca el aporte, la experiencia y la sabiduría de las defensoras de los derechos humanos de las mujeres, expertas por su labor y su compromiso, celebrando consultas con las organizaciones y redes existentes en la región, cuando se elaboren políticas y se tomen medidas para la prevención, la protección y la sanción de la trata y el tráfico de mujeres, niñas y jóvenes. Todas las leyes, acciones o políticas deben ser género sensitivas, no pueden ser neutrales al género. También exigimos el establecimiento de medidas de protección para las personas que trabajan en la defensa de los derechos humanos de las víctimas y posibles víctimas de la trata de personas para cualquier forma de explotación, especialmente la prostitución y todas las formas de explotación sexual.

Noveno.Rechazamos firmemente las propuestas de legalización y regulación de la prostitución que sólo favorecen a la industria del sexo y convierten a los Gobiernos en agentes activos del comercio sexual ubicándolos como Estados prostituyentes. Igualmente demandamos la derogación inmediata de cualquier ley, ordenanza contravencional o cualquier norma que reglamente o regule la prostitución y exigimos, en cambio, políticas públicas que garanticen oportunidades económicas y sociales, y condiciones y oportunidades plenas para el sano desarrollo y la integridad de las mujeres, niñas y jóvenes, así como opciones de salida digna para las víctimas. En cambio exigimos el respeto irrestricto de la Plataforma y Plan de Acción de Viena 1993 sobre Derechos Humanos y el Cairo de 1994, así como el reconocimiento y respeto de los derechos sexuales y reproductivos de todas las mujeres de nuestra Región.

Décimo
.Exigimos protección, asistencia y reincorporación social efectivas para las víctimas de trata, desde un enfoque de derechos humanos y perspectiva de género, integral y holístico. Las víctimas no deben ser sujetas a procedimientos penales, detenciones o multas. Así mismo exigimos leyes efectivas y eficientes para la protección de víctimas y testigos, independientemente de que brinden su colaboración en el proceso judicial, garantizando su derecho a ser escuchadas y decidir sobre su repatriación.

Décimo Primero
.Exigimos a nuestros Gobiernos la aparición con vida de todas las mujeres, niñas y jóvenes desaparecidas en democracia por las redes internacionales y nacionales de prostitución.

Décimo Segundo.Exigimos el cese inmediato de todos los operativos y represión a las mujeres, niñas, niños y jóvenes en situación de prostitución. Son víctimas, no criminales y por lo tanto no deben ser perseguidas, ni sancionadas.
Décimo Tercero. Aspiramos a compartir un mundo cuyos parámetros de civilización y democracia nos permitan un efectivo progreso sustentado en los principios universales de los derechos humanos de las mujeres, niñas y jóvenes. Así mismo reivindicamos una sexualidad humana plena, libre y potenciadora de un eros que hasta ahora ha estado ausente en la vida de las mujeres, una sexualidad libre de toda opresión económica y cultural donde las mujeres sean dueñas de su cuerpo y de su vida.

Convocamos:

Al Movimiento Feminista, de los Derechos Humanos y movimientos sociales de Latinoamérica y del Caribe y de todas las regiones y países del mundo, para que hagan suyo este pronunciamiento y condenen, colectiva e individualmente, la trata de mujeres, niñas y jóvenes para todas las formas de explotación y la compra-venta de seres humanos que reduce su dignidad al comercio carnal y a las formas modernas de esclavitud.

También convocamos a todas las Organizaciones y personas integrantes y simpatizantes de la CATWLAC a:

1.Elaborar un Informe Anual que relate la situación de la trata en cada uno de nuestros países y en la Región de Latino América y del Caribe.

2.A convocar y participar en el Premio Latinoamericano por la Vida y la Seguridad de las Mujeres.

3.A fortalecer y acrecentar las redes nacionales y la red Latinoamericana de CATWLAC, sobre todo en el Caribe Anglo-Parlante, Puerto Rico, Brasil y Chile.

4.A formar y fortalecer el Consejo Directivo de la CATWLAC.

5.A fortalecer la capacidad de incidencia de la CATWLAC en todos los organismos regionales: MERCOSUR, PARLATINO, CARICOM, Comisión Andina, PARLACEN, OEA, Cumbre Iberoamericana, etc.

6.A fortalecer la capacidad de búsqueda de fondos y la comunicación entre integrantes de las redes nacionales, Sub-Regionales y en la Región.

7.A luchar por la criminalización de la demanda y contra la legalización de la prostitución que promueve la trata de personas para la explotación sexual.

8.A todas las organizaciones de sobrevivientes de la trata y la explotación sexual a organizarse en torno a nuestros postulados.

9.A participar en el Observatorio Latinoamericano de Justicia y Género, haciéndonos responsables del componente de trata de personas.

10.A condenar la prostitución como trabajo, no es un trabajo, sino un medio esclavizante y cosificador de sobrevivencia que pone a las mujeres y las niñas en grave peligro y violación a sus derechos humanos.
11.A no darnos por vencidas/os y soñar que un mundo libre de trata, prostitución y otras formas de explotación sexual y explotación en general es posible.

Condenamos y Rechazamos:


Cualquier intento de criminalizar las acciones que realizan las mujeres latinoamericanas, caribeñas y del mundo por la paz, la justicia y el desarrollo, especialmente a nuestra Compañera Violeta Delgado y demás feministas Nicaraguences, en Nicaragua y nuestra Compañera Julieta Montaño en Bolivia.

Dado en el Distrito Federal, México, el “Día Internacional contra la Esclavitud y la Trata Transatlántica”, 25 de marzo del 2009.

¡Por la Vida de las Mujeres, No más Impunidad!

¡Contra las Violencias, Todas las Voces!

¡Ni una Mujer más Víctima de las Redes de Prostitución!

¡Por el combate efectivo y eficaz a la pobreza, al hambre y por la dignidad!

¡No a la legalización de la prostitución y del negocio prostituyente!

¡Las mujeres en las mesas de diálogo, negociación y toma de decisiones!