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miércoles, junio 26, 2013

Otras masculinidades, sin violencia de género, son posibles

Sebastián Liera

Rebelión Hace unos días, con motivo de las celebraciones del «Día del Padre» en México y en vísperas del «Día Mundial contra el Trabajo Infantil», escribía que tres integrantes de Teatro Hacia el Margen y un ex alumno de la Licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán participamos en la grabación de un video que, si no mal recuerdo, serviría para promover el trabajo de asesoría legal y psicológica que una fundación de carácter nacional llamada Paterna realiza, acompañando a hombres que en medio de sus divorcios ven amenazados los vínculos afectivos que tienen con sus hijas e hijos.

En lo que a mí toca, la experiencia grabando para Paterna, cuyo lema, dicho sea de paso, es «Proveer, Proteger, Procurar», resultó gratificante porque me sirvió para reflexionar en voz alta y ante la cámara de mi propia paternidad, sintiendo, inclusive, que me miraba en el espejo distorsionado de esos otros papás para los cuales Paterna fue creada cuando asegura que «la cultura y la sociedad excluyen a la figura del padre [durante el proceso de separación], dejándolo como un ser insensible [y condenándolo] a no tener una presencia efectiva en la vida y educación de sus hijos.»

Espejo distorsionado, sí; porque, creo, decir lo anterior sin el rigor que su complejidad merece puede hacernos caer en reduccionismos que, además de enfrascarnos en una espiral interminable de desencuentros legales, económicos y emocionales de los que nadie, ni nuestr@s hij@s, ni nuestra ex pareja, ni nosotros mismos, saldrá iles@, nos hagan olvidar que la tasa de crecimiento de hogares monoparentales en nuestro país es cuatro y media veces mayor a la del resto de las familias y que, en 7 de cada 10 hogares así, son las mujeres quienes se hacen cargo de la manutención y el cuidado de los hijos, donde, por si fuera poco, sólo el 32.5 por ciento de los padres que no viven con sus hijos da pensión alimenticia y de estos nada más el 15 por ciento participa en su educación.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que si bien entiendo la razón de ser de Paterna, acompañando a aquellos papás que se enfrentan prácticamente en la soledad a un sistema jurídico cuya moral nos cataloga como los grandes villanos de la película, perder de vista que dicha carga legal pretende equilibrar un orden de cosas donde son las mujeres y no nosotros, los hombres, quienes generalmente han sufrido más violencia de género (las cifras de mujeres golpeadas, violadas y asesinadas por el simple "delito" de ser mujeres son cada vez más inverosímiles de tan aberrantes) nos hace ver como nuestras enemigas a quienes alguna vez quisieron ser nuestras compañeras de vida, sin alcanzar a distinguir que nuestro verdadero enemigo es un sistema-mundo que nos ha educado en la división y la confrontación de tod@s contra tod@s.

El sistema-mundo del que hablo ha propiciado que, sólo en México, 3.2 millones de niñas y niños sobrevivan explotados laboralmente en medio de la trata de personas, la prostitución, el esclavismo, los trabajos forzados, el crimen organizado y demás etcéteras propios no sólo del abandono de quienes salieron huyendo de sus responsabilidades como padres, sino de la explotación, el despojo, el desprecio y la represión que los arrancó de sus hogares. Dicho de otra manera, además de la irresponsabilidad de los hombres que después de embarazar a una mujer la dejan a ella y al hijo de ambos a su suerte, la miseria ha hecho de muchos hombres que sí desearon ser papás: ilegales en el extranjero, carne de cañón para el narcotráfico y, posteriormente, cadáveres si nombre en fosas clandestinas o luchadores sociales ensanchando las listas de desaparecidos políticos.

En su infinita cauda de contradicciones, el sistema-mundo cuya escala de desvalores nos cancela como papás, nos ha dotado de un paternalismo que no nada más resta mayoría de edad al ejercicio de nuestros derechos ciudadanos, derechos conculcados por caciques enquistados en todos los niveles de gobierno y disfrazados de todos los colores partidistas, también nos ha revestido de un machismo donde la violencia de género y la ignorancia de quiénes somos en verdad van de la mano: «Nos incrustaron desde la más tierna infancia –dice el sexólogo Francisco Delfín Lara en entrevista con Alfonso Castañeda para SinEmbargo (19/09/2013)– el chip de la competencia [y] nunca diremos que algo nos falla o nos acongoja, porque eso demuestra debilidad: somos analfabetas emocionales».

Nuestra tarea es, pues, bastante ardua, ya que la exigencia implica trabajar con nosotros mismos volviéndonos protagonistas de un proceso íntimo donde nos convirtamos en sujetos microhistóricos de cambio y renunciemos a seguir siendo cómplices de nosotros mismos ante cada invitación que la costumbre y la inercia nos hagan para echar mano de la violencia. Otro mundo puede ser posible si, de la mano de quienes han caminado desde los feminismos hasta el ecosocialismo, pasando por la crítica al heteropatriarcado falocéntrico que se hace desde la diversidad sexogenérica, aprendemos a hacer que también otras masculinidades y, por ende, otras paternidades sean posibles.

viernes, julio 02, 2010

La travesía de la masculinidad...

El modelo de hombría ha evolucionado pero persisten actitudes ‘micromachistas’ y algunos núcleos se resisten a la igualdad – El mayor avance es la implicación en la crianza de los hijos
Inmaculada de la Fuente/Red de Hombres
“Nadie se define ya como machista”, dice Luis Bonino, psiquiatra y psicoterapeuta especializado en varones y relaciones de género. “Pero queda mucho machismo encubierto”, añade. “Ha habido cambios, pero en aspectos superficiales”, precisa. No le gusta recurrir al tópico de la masculinidad. “Es una especie de esencia masculina donde se mete cualquier cosa. Prefiero hablar de un modelo masculino que se adapta a las condiciones históricas que le toca vivir”, desmitifica. En las últimas décadas en España se ha pasado de un machismo en bruto a una igualdad legal en la que perviven prácticas del viejo modelo. Es lo que Bonino denomina micromachismos. “La imagen masculina ha cambiado, sobre todo en el aspecto físico. Y además, los padres se involucran más en el cuidado de los hijos. “Pero en el ocio y lo lúdico. La parte seria y dura queda para la madre”, advierte.

* Maternidad, factor de desigualdad
Los malos tratos están relacionados con la existencia de valores antiguos
“La violencia es la punta del iceberg de la desigualdad”, señala Luis Bonino
El nuevo hombre pierde dominio y gana en libertad y en vida personal
“Él cambia inducido por la mujer. Se adapta”, asegura Fernández Nevado
Brad Pitt, Bisbal o Antonio Banderas son la imagen del nuevo icono
Ser hombre tiene todavía ventajas, ellos tienen más tiempo libre
Bonino lleva años reflexionado sobre el comportamiento masculino. Es crítico porque él es hombre y sabe de lo que habla. Como lo sabe Mariano Nieto, un madrileño de 52 años, funcionario del Ministerio de Industria y padre de tres hijos, que pertenece a Stopmachismo, Hombres contra la Desigualdad de Género . No es un movimiento como tal. Solo un pequeño grupo que se reúne una vez al mes para combatir desde su propio terreno la desigualdad. “Todos somos machistas. Tenemos bastantes privilegios por ser hombres y pensamos que ya que somos parte del problema, somos también parte de la solución”, afirma.


“Estar a favor de la igualdad no basta”, opina Nieto. “En ocasiones la idea de la igualdad se pervierte o se utiliza en beneficio propio. Por ejemplo, al defender la custodia compartida de los hijos tras el divorcio, y no por mutuo acuerdo, sino por decisión del juez, se esgrimen razones de igualdad, pero hay hombres que no cuidaban a sus hijos mientras estaban casados y se acuerdan de ellos al separarse”, denuncia.

En algún momento de su vida, los hombres de Stopmachismo se encontraron con una pareja, con amigas o compañeras de trabajo que les hicieron ver las desigualdades e injusticias que sufren aún las mujeres solo por serlo. “La violencia de género es solo la punta del iceberg de la desigualdad. Si los hombres no se sintieran con poder para hacerlo, no llegarían al maltrato”, señala. Bonino admite que los españoles tienen cada vez una mayor conciencia de igualdad, pero la mayoría ve aún a la mujer como alguien que nutre al hombre. “Me enriquece”, dicen. “No hay reciprocidad”, explica.

“Lo que ha cambiado es lo social, no la biología, y eso ha puesto en solfa muchos mitos”, afirma María Ángeles Durán, catedrática e investigadora del CSIC. “Las mujeres perciben estas transformaciones como un cambio a mejor, mientras que algunos hombres se resienten porque han perdido dominio y exclusividad. Pero han ganado en libertad y en reconocer que la vida personal es importante”, prosigue. Unos cambios que aún no han terminado.

Durán hace ver que la maternidad, aún siendo una dedicación permanente, cada vez ocupa menos tiempo en la vida de la mujer como actividad puramente fisiológica. “Teniendo en cuenta que hay 1,4 hijos por mujer, y a tenor de nueve meses, representa un 3% de su vida”, señala. La masculinidad ha iniciado también su propia travesía. Tras años de fomentar una imagen de poder, “ahora son sucesivamente fuertes y débiles, solidarios y agresivos… Se les reconoce su individualidad”, continúa Durán. Los hijos son otra de sus conquistas. “Es una relación que se hace cada vez más profunda. Conocen y tratan a sus hijos como nunca lo han hecho. Se han engrandecido. La hombría no era solo la agresividad, sino también los afectos y la solidaridad”, concluye.

Hubo un tiempo en que el hombre era ante todo eso, género. La masculinidad, y no siempre la individualidad, los definía. Cortados todos por el mismo patrón, atrapados o felices dentro de su papel dominante, destinados a hacerse en algún momento de su vida el nudo de la corbata. Entereza, valor, hombría. Hubo un tiempo en que estas eran palabras intercambiables. Y lo siguen siendo en algunas de sus acepciones. Aunque también se asociaba con la fuerza, la agresividad, o el ejercicio de la guerra. Un conjunto de tópicos que hace tiempo que se tambalearon. “El hombre cambia inducido por la mujer: lo que hace es adaptarse”, afirma la socióloga Myriam Fernández Nevado. “La clave ahora es la participación: hay una interrelación personal y social entre hombres y mujeres más participativa. No es tanto un cambio de papel o de modelo como de funciones”.

¿Qué queda entonces de la hombría? “En el fondo queda demasiado. Como concepto ha quedado trasnochado. Pero los malos tratos están muy relacionados con la pervivencia de esos supuestos valores”, asegura Mercedes Fernández-Martorell, profesora de Antropología Social y Cultural de la Universidad de Barcelona. “Aunque muchos hombres están modificando sus tradicionales conductas, en la transmisión de valores a los hijos se reproducen los antiguos esquemas. Dentro de las familias no se percibe tanta evolución. Es difícil encontrar padres y madres que vivan una total complicidad, que sean responsables de todo en casa y lo compartan todo”, continúa. “Entre los jóvenes las ideas son más igualitarias, pero solo las ideas…”, agrega.

“La hombría se ha ido redefiniendo porque no es posible que cambie lo femenino y que no lo haga lo masculino. En el pasado el hombre era el proveedor único. Se le obligaba a aparentar que podía con todo. Ahora ha perdido su carácter dominante por razones demográficas, de esperanza de vida. Ya no puede ser así”, argumenta Durán. “A la hombría se vinculaban cualidades consideradas masculinas, como el buen ánimo, la serenidad y la inteligencia, algo que ya no se sostiene desde que las mujeres han llegado a la Universidad y al mundo profesional. La educación ha cambiado las cosas. Muchos de estos valores considerados masculinos lo eran porque las mujeres no tenían ocasión de ejercitarlos. Cuando han tenido posibilidad de hacerlo los han incorporado”, precisa.

“Los cambios de modelo se están dando sobre todo en las clases medias y altas. Entre adolescentes hay mucha diversidad. Depende de los valores educativos que sigan. Aún se conservan valores populares ligados a la masculinidad”, recuerda. “Hay menos machismo en su conjunto, pero se da cierta polaridad y el residual es recalcitrante. A muchos hombres les cuesta la igualdad: o estamos por arriba o estamos por debajo, parecen decir”, sigue Bonino.

“Naturalmente, hay resistencias. Dentro de la sociedad hay núcleos anclados en el pasado, con una especie de liturgia propia y unos patrones de conducta más rígidos, y entonces el cambio es más costoso”, asegura Fernández Nevado. “Porque no solo cambia el comportamiento, sino la mentalidad. Pero cambiar no es errar sino buscar nuevas actitudes”, agrega.

El machismo es también una losa para algunos. Ser hombre, sin embargo, tiene todavía muchas ventajas. “Por ejemplo, los hombres tienen más tiempo libre. Y sin embargo, algunos se muestran cabreados si ellas ascienden. Y culpan de sus males al feminismo”, explica Bonino. “Sin embargo”, añade, “los hombres, cuando les pisan sus derechos o perciben que son víctimas chillan, no se quedan con los brazos cruzados, y surgen grupos contraigualitarios“. En definitiva, “hay hombres que van a mejor. Pero otros van a peor”, sintetiza.

Brad Pitt, Patrick Dempsey, David Bisbal o Antonio Banderas, tan diferentes entre sí, representan al nuevo icono masculino. Siempre con sus niños en sus ratos de ocio unos, sin temor a emocionarse en público otros o de apoyar a su pareja en los malos momentos. Para muchas mujeres lo marcadamente varonil sólo interesa como imagen (y como identidad sexual), pero sin alardes de dominio. Ninguna exhibición de testosterona seduce a estas alturas. “Con todo, no todos los que están a favor de la igualdad lo hacen por las mismas razones: unos quieren corregir esa injusticia. Otros piensan que ir juntos hombres y mujeres también les beneficia”, termina Bonino.

Aunque minoritarios, hay grupos de hombres contra la desigualdad en el País Vasco, Madrid, Andalucía… Con frecuencia realizan talleres para analizar su obsesión por el poder. “Hace poco organizamos unos talleres para movimientos sociales y vimos que hasta entre los okupas pervive el machismo”, recuerda Nieto. “Salvando las distancias, algunos nos reunimos por lo mismo que los alcohólicos anónimos: recordamos que seguimos siendo machistas, aunque intentamos dejar de serlo”, argumenta. Con razón su madre suele decirle a su nuera, es decir, a la mujer de Nieto: “Pero ¿te das cuenta de la maravilla de hombre que tienes…?”. Hay tan pocos así…

Maternidad, factor de desigualdad

De tú a tú, mirándose en el espejo de sus relaciones personales, el hombre asume el cambio. De puertas para fuera, en el campo social, su reino permanece prácticamente intacto. El mercado del trabajo empieza a ser un espacio compartido, pero median abismos entre hombres y mujeres. Lo propio del hombre activo es el trabajo remunerado, mientras que su dedicación al hogar roza el voluntarismo o la anécdota. Sin eufemismos: el español adulto dedica el 46,1% de su tiempo al trabajo remunerado y un exiguo 4,8% al hogar y la familia. Por el contrario, la mujer se divide: el 40% lo destina a tareas profesionales y el 24,4% a la familia y la casa.

Traducido a la vida diaria significa que las mujeres trabajan más que los hombres: ellas emplean una media de 62,4 horas a la semana en su doble actividad, mientras que ellos destinan 48,7 de horas semanales al trabajo, como han estudiado la profesora María Teresa López y su equipo para la Fundación Acción Familiar. En la UE la tendencia es la misma pero la desproporción es menor: ellas trabajan 63,6 horas semanales y ellos 53,3. La conclusión es clara: las españolas soportan un 28,1% de trabajo adicional respecto a los hombres. La brecha se acentúa entre hombres y mujeres casados y con hijos. A ellos los hijos les empujan al mercado laboral. A más hijos, mayor tasa de empleo. Las mujeres experimentan el fenómeno opuesto: a más hijos mayor abandono profesional y aumento del trabajo gratuito.

¿Dónde huyeron los talentos, la preparación, las ganas de formar parte del engranaje laboral de esas profesionales que deciden tener uno o más hijos? Probablemente al limbo de los prejuicios sexistas de los empleadores y de la anquilosada organización laboral. “La maternidad es un factor estrechamente unido a la desigualdad”, concluye López.

lunes, mayo 31, 2010

IX Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación: Discurso inaugural de Isabel Moya...

Prensa: Minmujer.-
Compañeras y compañeros de la Presidencia, colegas que desde México, España, Venezuela, Colombia y Francia nos visitan. Compañeras y compañeros de profesión de todo el país que compartirán estos 3 días de encuentro, Personalidades del mundo académico cubano y de otras instituciones que nos acompañan hoy...

...Hace más de dos siglos, en 1762 las vecinas y vecinos de San Cristóbal de La Habana amanecieron bajo el fragor de la artillería de la armada británica. Los ingleses pretendían apoderarse de la villa y su estratégico puerto.

Un grupo de civiles encabezados por Pepe Antonio, un hijo de Guanabacoa, ese místico pueblo que se levanta del otro lado de la Bahía, ofreció heroica resistencia a la ocupación. Hasta ahí cuentan los libros de historia escritos desde la visión androcéntrica.

Sin embargo, un grupo de mujeres habaneras envió un memorándum al Rey Carlos III de España para protestar airadamente por la entrega de la plaza y la dejación en manos de los civiles la defensa de la villa. Se afirma que fue escrito por la marquesa Jústiz de Santa Ana, quien incluso en composición poética llegó a escribir:

Tú Habana capitulada
Tú en llanto, tú en exterminio
Tú ya en extraño dominio
Qué dolor, oh patria amada



Pero de este hecho apenas se habla, ha sido rescatado y reivindicado en los últimos años por las críticas literarias cubanas que desde la perspectiva de género re-leen nuestro acervo cultural y el encuentro3aporte de las mujeres a lo que llamamos el proceso de formación de la nación.

Este ha sido, precisamente, el espíritu que ha marcado los encuentros de género y comunicación desde su nacimiento en 1993: visibilizar y dar voz a las mujeres en los medios de comunicación, abordar la problemática de las comunicadoras, investigar los procesos de construcción del discurso mediático que perpetúan la discriminación y la exclusión por razones de género.

A la agenda del encuentro se han ido sumando durante este período nuevos temas en la misma medida en que el hacer, el quehacer y el pensar han develado las complejidades de un fenómeno que se articula con otras formas de discriminación y que se nutre de un andamiaje complejo de mecanismos para perpetuarse y reciclarse.

Ahí tenemos, por sólo poner un ejemplo de este reciclaje a tono con los tiempos, pero sin un cambio en la esencia, que 80 años después de la creación de la factoría Disney, aparece en las grandes pantallas, sumándose a sus ya clásicas princesitas que aparecen en toda clase de merchandisin desde mochilas a cajitas para lápices, la primera princesita negra, muy a tono con los nuevos inquilinos de la casa Blanca. Como aquellos, expresión del discurso políticamente correcto, y nada más.

La centralidad de los medios en la conformación de los imaginarios de nuestros días ha dejado de ser una formulación manejada solamente por los teóricos, para convertirse en experiencia de vida de los habitantes de este planeta. Es un espacio donde se construye y negocia el poder, no sólo en su expresión más instrumental, sino en su dimensión simbólica que resulta a la larga la más redituable. Ya lo decía Virginia Wolf en su ya clásica obra Una Habitación Propia”: “es más difícil asesinar a un fantasma que a una realidad”.

Constructores de los mitos de nuestros días, ellos pueden perpetuar los mecanismos de la discriminación y la subordinación o por el contrario resultar aliados para propiciar elementos hacia el cambio.

Así lo asumía, ya en la década del 60 Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, impulsora de la creación de estos encuentros y quien en varias ocasiones compartió con las y los participantes en ellos, permítanme, citarles un párrafo del discurso que pronunciara en el 40 aniversario de la Revista Mujeres:

“Para nuestra organización, desde sus primeros días, el hecho de contar con la posibilidad de un órgano de prensa de circulación nacional, nos abrió el camino de una vía esencial para hacer llevar el mensaje revolucionario a las mujeres y nos obligó a diseñar, desde entonces, estrategias de comunicación encaminadas a hacer de la revista una herramienta para remover atávicas prácticas y creencias, prejuicios y saberes establecidos por una cultura centenaria que por más de cinco siglos había legitimado varios sistemas de opresión.”

De ese entonces a la fecha la Unión de Periodistas de Cuba ha sido no sólo un aliado de primer orden en la labor de sensibilizar y capacitar en estos temas, sino que entre los objetivos de trabajo de la organización profesional ha estado promoviendo con acciones específicas esta labor, pudiéramos mencionar en este sentido la creación del Círculo Especializado de Género y Medios de Comunicación, la creación de la Cátedra de Género y Comunicación Mirta Aguirre en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y la celebración anual de un diplomado sobre el tema del que se han efectuado siete ediciones.

Esta alianza entre la organización de las mujeres cubanas integrada en la actualidad por más de 4 millones de mujeres y la UPEC se ha fortalecido aún más a partir de la formulación del Plan de Acción Nacional de la República de Cuba de seguimiento a Beijing.

La celebración ininterrumpida de estos encuentros por 18 años es tal vez una síntesis de este trabajo conjunto.

Compañeras y compañeros:

El Comité Organizador les agradece su presencia en este noveno encuentro que se celebra en momentos cruciales para el planeta, para Iberoamérica y para Cuba.

La llamada crisis económica global, más que una de las crisis cíclicas del capitalismo, es una profunda crisis civilizatoria, la crisis de un modelo de vida depredador que está acabando con el planeta, y con la especie humana.

En el caso particular de América Latina, la región del mundo donde es más desigual la distribución de la riqueza y donde las políticas neoliberales han medrado a nuestros pueblos, se afirma que la pobreza tiene rostro de mujer y de niña. Pero al mismo tiempo se viven procesos de rescate de soberanía e identidad nacionales, y se promueven nuevas formas de relación e intercambio.

Es esta también la región del mundo donde es más peligroso ejercer el periodismo, pues impunemente se amenaza, coacciona o asesina a integrantes de nuestro gremio.

En el caso de Cuba, se ha visto en los últimos meses sometida al recrudecimiento de una campaña encuentro4mediática orquestada desde los centros de poder hegemónico y replicada desde ciertos países de la Unión Europea, que tergiversa, manipula, distorsiona y en ocasiones miente abiertamente sobre la realidad de nuestro país y las circunstancias en que trata de construir una sociedad más justa y equitativa.

Con una lupa cuyo lente deforma y distorsiona pretenden mirar nuestra realidad que, por supuesto, no está exenta de dificultades y problemas… y con un manto de silencio intentan ocultar nuestros logros.


Pudiera señalar, por su abierto cinismo, como ejemplo de esta política desinformativa el silenciamiento en la llamada gran prensa de la presencia del personal médico cubano en Haití, que ya prestaba ayuda solidaria allí, pero que creció rápidamente desde las primeras horas del terremoto, y que movilizó a graduadas y graduados de la Escuela Latinoamericana de Medicina formados gratuitamente aquí, bajo la ética de la solidaridad y la vocación de servicio que ha caracterizado a la Revolución cubana. Brigada, que con una gran presencia de mujeres, permanece allí viviendo en difíciles condiciones ayudando a la rehabilitación de miles de amputados y mutilados de todas las edades.

Un análisis de contenido en cinco de los principales diarios norteamericanos arrojó que sólo en uno de ellos había aparecido una información sobre el tema; y con estupor la audiencia en nuestro país, vio el reportaje de la CNN donde entrevistaban a un médico cubano, mientras el generador de caracteres sin embargo, afirmaba: “médico español”…

Pero, muchas de las ponencias y productos comunicativos que se traen a esta edición de nuestro encuentro son ejemplos de que otra comunicación es posible, y de que hay múltiples estrategias para transgredir ese discurso mediático homogenizador.

Dejemos pues espacio a las presentaciones, debates y talleres. Me complace sobremanera reiterarles la bienvenida a La Habana y a este IX Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación y vuelvo a recurrir a los versos de una escritora, en esta ocasión, Dulce María Loynaz, para definir el periodismo incluyente, no sexista, plural y responsable que necesita y demanda el siglo XXI: debe ver más allá del mundo circundante y más adentro en el mundo interior, pero no detenerse allí, sino saber hacer ver a los demás lo que se ha visto.

(Cortesía: Cubaperiodistas.com / Fotos: Tomás Inda)

sábado, enero 16, 2010

Miremos el Género a través de la Paternidad y la Maternidad...

Por: Msc. Livia Quintana Llanio /
Centro Nacional de Educación Sexual (Cuba)
Mi acercamiento a las cuestiones de la masculinidad ha estado ligado fundamentalmente, al tema de la paternidad, tanto desde lo práctico como desde lo teórico. La asunción de este estudio de la paternidad me ha colocado inevitablemente ante dos dimensiones: su nexo respecto a la maternidad, con la cual funciona como un par de categorías indisolublemente ligadas por su carácter mutuamente complementario, y su condicionamiento histórico cultural. ¿Por qué elegir la paternidad y la maternidad como ejes directrices de la reflexión teórica y práctica?

Sin el ánimo de convertirlas en supracategorías de análisis, considero que su propia estructuración las convierte en núcleos reflejos de la compleja configuración de la subjetividad humana a nivel individual y social. Ambas devienen procesos y productos subjetivos, esencialmente ilustrativos de la problemática de género. Por tanto, el abordaje de la paternidad y la maternidad pudiera ser un interesante punto de partida en el afrontamiento y la solución de múltiples situaciones presentes en la realidad contemporánea, a debate en los foros políticos y científicos internacionales.

En la discusión sobre el tema de la pobreza, prioritario en la preocupación manifiesta mundial, la problemática de género tiene una fuerte presencia. Las tasas de natalidad disminuyen, particularmente en el llamado mundo desarrollado. El incremento de la población en el planeta se opera a expensas de los países más pobres, y los recursos necesarios para su sobrevivencia escasean y se encarecen. En estos contextos resultan realidades emergentes los hogares monoparentales encabezados por mujeres solas, subempleadas y mal pagadas, que aportan crecientemente a la llamada feminización de la pobreza (Arriagada, 2004; CEPAL, 2004).


Conceptos como esperanza y calidad de vida, considerados como indicadores del nivel de desarrollo social y de salud, son asuntos polémicos actuales, ya que constituyen paradigmas de lo deseable, en medio de una compleja situación caracterizada por la existencia de profundas desigualdades que limitan su consecución. Las estadísticas de los sistemas de salud apuntan a un incremento de la esperanza de vida en todo el orbe que no necesariamente se apareja al aumento de la calidad de vida en la población, especialmente en los países del tercer mundo, donde las diferencias de clases son mucho más marcadas. Se piensa que en «el Sur» este fenómeno está asociado fundamentalmente a la disminución de las enfermedades infectocontagiosas, debido a acciones de salud como las campañas de vacunación masiva y a la tecnologización de los servicios sanitarios. De modo que las evidencias señalan la complejidad del fenómeno.

La mirada al futuro parece incierta. En el discurso imperante se expresa inseguridad y temor ante la amenaza de la extinción de los recursos y las condiciones que garantizan la supervivencia. Los adultos de hoy vivimos preocupados y anhelantes por un mañana al que miramos con desesperanza desde el prisma de nuestras realidades presentes.

Se aboga por los derechos de la infancia porque, como acotara Martí: «Los niños son la esperanza del mundo.» Si la esperanza del mundo está en manos de seres que han aprendido a vivir en la lucha por la subsistencia, entre la inseguridad y la desprotección desde sus primeros años; si el modelo de familia del que provienen fomenta el desarraigo, la violencia y el desamor, ¿en manos de quién está el porvenir? Las niñas y los niños de hoy serán las mujeres y los hombres de mañana, constructores de la sociedad futura. En la infancia se crean las bases del desarrollo de las siguientes etapas de la vida.

En la psicología no existen dudas acerca de que las experiencias de los primeros años son fundamentales en la configuración de la subjetividad adulta. Desde las referencias socioculturales existentes, se espera que éstas transcurran en el seno de la familia (grupo primario del ser humano), esencialmente vinculadas a las figuras parentales, de ahí el reconocimiento de su importancia. Sin embargo, las realidades de los países del tercer mundo hablan de miles de niñas y niños que viven en situación de calle o tienen que salir a la calle para intentar sobrevivir, al amparo del azar, del trabajo explotador, de

la prostitución, la droga y la muerte. Duro panorama para la infancia de estos tiempos que, al decir de Eduardo Galeano, ni siquiera aquellos que parecen protegidos, «los ricos», se exoneran de los efectos del funcionamiento social:

“Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños” [Galeano, 1998: 7].

Durante muchos años, predominó en la psicología el análisis de la figura materna como fuente de la satisfacción de las necesidades psicológicas primarias, como eje central en la socialización y configuración de la subjetividad individual de sus hijas e hijos. Hoy, la situación social y la visión de la ciencia convoca a cambiar la perspectiva. La figura paterna, a cuyo rol se le cuestionó el valor, empieza a ser revalorizada.

El padre, presente o ausente físicamente, constituye junto a la madre, desde lo simbólico y desde lo real, la fuente que permite el acceso al crecimiento. A partir del vínculo con ambos se estructura y organiza la personalidad del sujeto. La idea de que el nexo con las figuras parentales es esencial para el desarrollo del individuo, resulta innegable.

La explicación al asunto puede ser desde una u otra posición teórica, pero el reconocimiento de esta condición es unánime. Numerosas investigaciones, surgidas sobre todo a partir de la década del ochenta del pasado siglo, asocian la ausencia del padre con fenómenos como delincuencia, deserción escolar y baja inclusión de jóvenes en el área laboral.

La propia situación actual a la que se aludía al inicio del texto al mencionar el problema de la monoparentalidad familiar, puede conducir a varios cuestionamientos: ¿qué ha ocurrido con los padres de estas familias a cuya cabeza sólo está la mujer?, ¿cómo configura los conceptos de los roles paterno y materno, la infancia que crece sumida en las carencias generadas por la ausencia de la figura del padre y la sobrecarga de la madre?

Ser madre y ser padre son roles de género que han cambiado al ritmo de la sociedad. En la misma medida, constituyen expresión y condicionante importantes de la masculinidad y la feminidad. La identidad de género estereotipada y legitimada por la sociedad patriarcal ha sido removida de sus míticos espacios en las últimas décadas. Los atributos que tradicionalmente caracterizaban a las mujeres y a los varones se han visto cuestionados.

Con la introducción de la anticoncepción, fruto de las luchas de los movimientos de mujeres, el padre de familia perdió la capacidad, que hasta entonces poseía, de decidir cuándo y cuántos hijos tener. Ello condujo a que su rol de autoridad intrafamiliar se haya comenzado a desdibujar. Una característica distintiva del varón desde los estereotipos patriarcales ha sido la de ejercer la autoridad y ostentar el poder. De ahí el término «patriarcado», que significa el poder del padre. Este poder se ha visto limitado en el espacio familiar desde entonces.

Asimismo, a partir del acceso a la anticoncepción, las mujeres han comenzado a disponer de la posibilidad de decidir si tienen hijos, cuántos y cuándo, lo cual ha llegado a romper la visión identitaria «mujer = madre».

Muchos varones en el mundo se cuestionan el lugar en la relación con su descendencia y se agrupan para defender sus derechos a ejercer una paternidad cercana, en tanto que crece el número de mujeres que han decidido no asumir la maternidad como un proyecto de vida. Aunque sigue siendo un referente de afirmación de la feminidad, la maternidad ya no es la única ni la primera opción para las mujeres.

En un reciente estudio cualitativo que estableció la relación entre la representación social de la maternidad y el proyecto de asumirla en mujeres jóvenes, entre veinte y veinticinco años sin hijos, se observó la existencia de conflictos en torno a este objeto. Ellas mantienen la visión ancestral de que ser madre exalta el valor de la mujer y la perciben como un espacio de realización femenina; sin embargo, consideran que la maternidad constituye una fuente de renuncias o desplazamientos de la satisfacción de otras necesidades significativas, para lo cual no se consideran preparadas en esta etapa de la vida.

Si bien este grupo manifestó el deseo de asumir la maternidad, lo proyectan en la mediatez, hacia el futuro percibido por ellas como distante. Casi todas lo fijan después de los veinticinco años de edad, aun cuando algunas ya alcanzan esta edad. Consideran que son muy jóvenes, que deben culminar sus estudios y crear condiciones económicas y materiales para asumirla. En todos los casos mencionan la maternidad en la escala de motivos; sin embargo, no la señalan en primer lugar (Benítez, 2007).

En otros trabajos realizados, que emplean el paradigma cualitativo con la finalidad de caracterizar la representación social de la maternidad y la paternidad en varios grupos de tres municipios de la capital (Plaza de la Revolución, Playa y Centro Habana), se aprecia un cambio en el imaginario social en torno a estos objetos. Si bien se concibe la maternidad como fuente de realización femenina y se valora altamente, no es percibida como la única área de gratificación para la mujer, ni sus funciones se limitan a brindar afectos, pues se han diversificado y abarcan áreas que fueron tiempo atrás, destinadas exclusivamente al varón. Por su parte, la paternidad ya no se asocia únicamente al ejercicio de la autoridad, de provisión económica, sino que en el discurso se reconoce un reclamo a su presencia física y psicológica en el vínculo con la descendencia. Se espera de él que desempeñe un rol activo en la satisfacción de necesidades afectivas de la progenie. La manera en que el conocimiento de sentido común concibe estos procesos, es expresión importante del lugar que ocupan los mismos en la subjetividad individual y grupal. A su vez, es el resultado de las vivencias subjetivas a lo largo de la historia vital (Quintana, 2001; Benítez, 2007; Ramos, 2007; Aguirre, 2008; Fáez, 2008).

En 2001, con la intención de establecer la relación entre el modelo parental y la representación social de la maternidad y la paternidad, se desarrolló un estudio con una muestra intencional conformada por cuatro grupos de personas, residentes en el área de salud del Policlínico La Rampa, dos de mujeres y dos de varones. Todas y todos emprendían por primera vez estos procesos. Unos se preparaban para el nacimiento del nuevo ser; otros eran padres y madres de pequeñas criaturas que tenían entre cero y cinco años de edad. Se empleó el grupo focal y la entrevista individual con preguntas abiertas para lograr los propósitos de la investigación.

Se definió como modelo parental aquel que la madre y el padre ofrecen a su descendencia en el ejercicio de sus roles materno y paterno. Sobre la base de los indicadores desarrollados por la doctora Patricia Arés en Mi familia es así (1990), se consideró identificar el modelo como tradicional, con emergentes de cambio y no tradicional (véase Quintana, 2001: 51).

El estudio condujo por los interesantes caminos de la paternidad y la maternidad, con todos sus complejos entramados entre discurso y acción. Fueron muy reveladores los avatares del proceso en la constitución de los grupos, fundamentalmente de varones. Muchas veces, al llegar a la casa, se encontraba la mujer. Al explicar la intención de la visita, ella se encargaba de esgrimir el argumento de que su esposo seguramente no podría participar en la investigación, porque «él trabaja hasta tarde, cualquier día de la semana, cualquier día del año…».

Esta situación fue interpretada como expresión del conflicto presente en torno a la paternidad y la maternidad en mujeres y varones. La madre con frecuencia se siente y se queda sola en el ejercicio de la parentalidad, lo cual emerge como reclamo al varón en su rol de padre; sin embargo, reafirma y naturaliza en su discurso la distancia del hombre respecto a las cuestiones vinculadas a la paternidad. Por su parte, el varón elabora su discurso desde el reconocimiento de la importancia de la paternidad al mismo nivel que la maternidad. La mayoría de los progenitores al referirse al lugar del padre, dijo: «Es el primero, como el de la madre»; otra parte afirmó: «El segundo eslabón de importancia para el hijo; no quiere decir que para el hijo sea el segundo. Su papel sólo es protagónico si la madre le deja lugar.» El tema del lugar de la paternidad emergió constantemente entre ellos y se develó conflictivo respecto al de la maternidad.

De manera general, los resultados de la investigación condujeron hacia las siguientes formulaciones.

El modelo parental constituye un referente en la construcción de la representación social de la paternidad y la maternidad, sea por la reiteración de sus elementos, sea porque se censuren y eviten. Este hecho fue reconocido por todos los sujetos estudiados. El modelo parental de los sujetos participantes en esta investigación se caracterizó por responder a los preceptos de la ideología patriarcal tradicional, aun cuando fue influenciado por los cambios sociales que favorecieron la inserción de la mujer en la esfera pública y el reconocimiento de sus libertades sexuales. Elementos esenciales

del modelo forman parte del eje de la representación social; esta continuidad es expresión de las condiciones sociales que la determinan.

La inserción en trabajos asalariados de las madres de las personas estudiadas con frecuencia después que sus hijos e hijas casi terminaban la enseñanza primaria, su participación progresiva en las tareas sociales y políticas de la Revolución, el divorcio de la pareja o la ausencia paterna en algunos casos, constituyeron fuentes de vivencias individuales en la relación con las figuras parentales que incidían en sus expectativas personales en el ejercicio del rol (madre o padre) y tomaban parte de la configuración de los conceptos de maternidad y paternidad. El nivel de elaboración de los contenidos estaba mediatizado por la posición social del sujeto y del grupo al que pertenecían; las mujeres y varones cuyas hijas e hijos tenían entre cero y cinco años, mostraron juicios más reflexivos y cercanos a la práctica cotidiana que quienes estaban en la etapa de la gestación.

En la representación social de la maternidad y de la paternidad se expresó la lucha por el poder entre los géneros. Las mujeres se manifestaban en posesión del poder sobre la descendencia, lo cual se expresó en su lenguaje posesivo respecto a su hija o hijo. Ellas referían con una sonrisa en el rostro que la decisión de la ropa, la comida y las salidas de su bebé, era de su competencia, y que el padre debía consultarla para asumir cualquiera de estas tareas.

También censuraban a los varones por la manera en que asumían el rol de padres, por el ejercicio distante y en ocasiones poco responsable, de sus tareas y funciones. Esta visión crítica fue mucho más acentuada en el grupo de gestantes. A partir de su discurso, no parecían interesarse en compartir su lugar. Los hombres, por su parte, manifestaban su disposición a ocupar un lugar protagónico en el vínculo con la prole. Se consideraron con igual responsabilidad que las madres, aunque pautaban las diferencias cuando se trataba de asumir las labores domésticas. Las diferencias biológicas entre mujeres y varones fueron consideradas por ambos como condicionantes diferenciales en el ejercicio del rol parental.

Los resultados de este trabajo revelaron contradicciones entre las concepciones patriarcales tradicionales y los nuevos valores que sugieren el cambio en la relación de poder entre las personas (Quintana, 2001).

La vida cotidiana refleja claramente la complejidad de los cambios que se van produciendo en varones y mujeres en torno a las cuestiones de la paternidad y de la maternidad. Éstas se encuentran marcadas por conflictos y contradicciones, propios de sus condiciones cambiantes que expresan e inciden de manera importante en la construcción de la masculinidad y de la feminidad en los tiempos que corren.

Siguiendo esta línea de estudios, Aguirre se centró en la cuestión de la construcción del imaginario social acerca de la paternidad en adolescentes de doce y catorce años, hijas e hijos de padres separados, cuya custodia estaba a cargo de las madres. La pareja parental se separó antes de los tres años de vida de los sujetos estudiados. Este hecho ha marcado una distancia física y, en casi todos los casos, psicológica entre el padre y el hijo o hija, con su expresión en el discurso manifiesto: «la madre es la que siempre está, en las buenas y en las malas», «los padres se alejan», «muy pocos padres se ocupan de sus hijos» (Aguirre, 2008: 62). También apreció en la mayoría de los sujetos de la investigación que el ejercicio de las funciones parentales recaía casi exclusivamente sobre la progenitora. Al explorar las actividades compartidas con ambos padres, refirieron que participaban con sus madres sólo eventualmente en actividades recreativas y sociales, mientras que con la figura paterna apenas tenían espacios de común intercambio. La tarea que más cumplían sus progenitores varones era la de aportar la pensión alimentaria estipulada por la ley para casos de separación o divorcio.

En este grupo se evidenció que «los contenidos de la representación social de la paternidad se encuentran estrechamente ligados a sus vivencias personales de carencia en el vínculo con la figura paterna» (Aguirre, 2008: 103). Las muchachas y los muchachos afirmaron un conflicto en torno al padre, lo valoraron altamente, consideraron la necesidad de su presencia física y sobre todo psicológica, y esperan de él que «esté siempre a tu lado», «no te abandone», «un buen padre está contigo en todo momento» (Aguirre, 2008: 62), al tiempo que expresaron demandas y quejas respecto al desempeño del rol.

Otro hallazgo interesante de esta autora fue al analizar los puntos de continuidad y ruptura con la visión tradicional de la paternidad. Las y los adolescentes asociaron la presencia del padre como proveedor de seguridad, saber y autoridad en situaciones problemáticas de sus hijos e hijas, lo cual se corresponde con los estereotipos de género que colocan al padre como representante de la autoridad, del saber. Además, al conceptualizar la paternidad y plantear las expectativas del rol paterno, fue recurrente en todos los sujetos el empleo de términos como amor, cariño y ternura, que sitúan al varón en una dimensión afectiva, tradicionalmente asignada a la madre. En este sentido, advertimos una ruptura en la manera tradicional de concebir la paternidad.

Me adscribo al grupo de personas que considera la necesidad de la equidad entre varones y mujeres como vía de solución de múltiples problemas sociales existentes. En el terreno de la paternidad y de la maternidad, la propuesta para alcanzar este propósito parece ser la manifiesta en el concepto de coparentalidad, que supone el ejercicio implicado y responsable de ambas figuras parentales en todos los períodos de la vida de sus hijas e hijos. La coparentalidad contiene y expresa un cambio en las relaciones de poder entre varones y mujeres, en el ámbito de los vínculos con la descendencia. Nexos primarios que devienen fundacionales en la configuración de la subjetividad humana. Su ejercicio no sólo compromete la necesidad de cambios en las relaciones de poder entre los géneros respecto a la prole, sino que requiere redimensionar esos vínculos en el espacio privado y público; también supone transformaciones en las relaciones de producción.

¿Es la coparentalidad una realidad posible o una utopía? Para hacerla posible, queda aún un buen trecho por andar, tanto en la teoría como en la práctica. Es función de los profesionales de las ciencias sociales dedicar pensamiento y acción a este logro, introducir estos temas al unísono, en campos de investigación diversos y complejos, con la integración de los paradigmas cuantitativos y cualitativos. Es tarea de los hacedores de políticas públicas considerar y accionar sobre las múltiples repercusiones de la asunción de los roles parentales para mujeres y varones, además de las consecuencias de estos ejercicios en las condiciones actuales para las generaciones en formación. En última instancia, somos todos los seres humanos de hoy y de mañana quienes construiremos modelos de vida que garanticen la supervivencia.



BIBLIOGRAFÍA




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RODRÍGUEZ, T. y M. DE L. GARCÍA (coord.) (2007). Representaciones sociales. Teoría e investigación. Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Editorial cucsh-udg, Guadalajara.

miércoles, mayo 27, 2009

Venezuela: Se celebró 1er. Congreso Internacional sobre Equidad de Género y Masculinidad

Por: Prensa Misión Madres del Barrio / Fuente: Aporrea
Con una mirada firme hacia la igualdad de los derechos y la proporcionalidad que debe existir entre hombres y mujeres, el Salón Simón Bolívar de la Universidad Bolivariana de Venezuela fue sede del 1er. Congreso Internacional sobre Equidad de Género y Masculinidad.

En la actividad se encontraban analistas, dirigentes sociales, especialistas de género y psicólogos sociales de diferentes organizaciones nacionales e internacionales presentando sus patrones de trabajos y estadísticas sobre los casos de violencia a escala mundial.

Se expusieron temas como: la violencia doméstica, la masculinidad (dejando a un lado el “machismo” radical), los procesos de cambio y sus consecuencias, los procesos de igualdad y proporcionalidad entre hombres y mujeres, los deberes y derechos que se deben aplicar para una sociedad justa y la educación de los niños y niñas en temas de género.

Tomando en cuenta que Venezuela transita por un proceso revolucionario donde la inclusión social y el empoderamiento de la mujer se ha hecho notable en todos los espacios, los especialistas internacionales organizan un trabajo en conjunto con los organismos del estado para darle a la sociedad programas de lucha en contra de la violencia basada en género.

En este sentido, la Directora de Planificación del Instituto Nacional de la Mujer y miembra del Directorio Ejecutivo, Norma Romero, recalcó que “es hora de que nosotras las mujeres veamos la contraparte de la equidad de género, ellos son los hombres, es fundamental que nosotros y nosotras comencemos a articular con hombres proactivos en redes para prevenir y erradicar la violencia basada en género”. Explicó que con este congreso se desea impulsar el proyecto que tienen los líderes de este proceso bolivariano para la equidad en todas las áreas.

Por otro lado, el dirigente de “la Campaña del Lazo Blanco: Contra la violencia de la mujer”, Michael Kaufman (Canadá), en su presentación sobre la masculinidad manifestó que “los hombres son parte primordial en la transformación de un sistema social diferente, y las revoluciones en los países demuestran que la violencia de género puede ser atacada de frente en todos los campos mientras nos apoyemos hombre y mujer”

Para los próximos meses se tiene previsto realizar actividades sociales sobre equidad de género y masculinidad, así como talleres a equipos de hombres que trabajan en los órganos receptores de denuncias tales como la Fiscalía General Pública, Defensoría del Pueblo, Órganos Policiales entre otros.