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martes, marzo 30, 2010

30 de Marzo: Día Internacional de las Trabajadoras del Servicio Doméstico

Esta conmemoración es un recordatorio de muchos años de las luchas de millones de mujeres de servicio doméstico para mejorar su situación, pero en América Latina y el Caribe las condiciones no han cambiado mucho.
Por: Teresa Sosa
Esta fecha conmemorativa tiene una historia y un camino marcado por el trabajo denodado de mujeres que en 1926 inician los primeros intentos para la conformación en 1988 de lo que es hoy la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO); Chile, Brasil, Perú y México fueron los países pioneros, entre 1950 y 1970 se suman Colombia y Paraguay.

El 30 de marzo de 1988 se lleva a cabo el primer Congreso Latinoamericano de Trabajadoras del Hogar en Bogotá (Colombia) en el que participan 11 países de América Latina y el Caribe, México, Venezuela, República Dominicana, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Chile y Argentina. Se aprobaron dos acuerdos importantes: unir a todos los países allí representados en una Confederación como base del Movimiento Latinoamericano de Trabajadoras de Hogar y establecer el 30 de Marzo como día Internacional de las Trabajadoras del Hogar.

Esta Confederación surge con los objetivos hacer visible y pública la situación de discriminación, explotación y violación a los derechos humanos que sufren las trabajadoras o empleadas domésticas, crear conciencia a la trabajadora de la situación que vive, respaldar las reivindicaciones de las organizaciones de los diferentes países teniendo en cuenta la diversidad y especificidad social, cultural y económica de Latinoamérica y el Caribe.



En este proceso organizativo la Confederación recibe apoyo de otros grupos como el movimiento de Juventud Obrero Católica de Bélgica; en 1990 comenzaron las primeras relaciones con otras organizaciones, se realizaron estudios de investigación sobre la situación y las condiciones de trabajo de las mujeres en servicio doméstico en los distintos países.

Situación laboral

Las mujeres representan por lo menos el 20 por ciento de la fuerza de trabajo remunerado en Latinoamérica y el Caribe, según los censos y las encuestas de la fuerza laboral de los países de la región.

Según el Informe de 1982 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se indica que en la mayoría de los países, la proporción de mujeres en el servicio doméstico, varia entre una quinta parte y una tercera parte de la fuerza total laboral femenina dependiendo del país.

Este alto porcentaje se debe principalmente a dos razones: la idea falsa de que el trabajo doméstico es característico de la condición femenina, y la dificultad que enfrentan las mujeres para emplearse como asalariadas en los empleos formales de la economía.

Este trabajo, al igual que las mujeres que lo realizan, se vuelve invisible, aunque es la principal ocupación de las latinoamericanas. En gran parte esta invisibilidad parte de la idea tradicional de que es un trabajo “natural” de las mujeres y ellas lo asumen como tal y entonces socialmente no tienen un valor.

En la sociedad caribeña según la investigación de Patricia Mohammed “Trabajadoras domésticas en el Caribe”, muchas mujeres se ven obligadas a pedir trabajo en la única área para la cual han sido “entrenadas”: la del servicio doméstico.

En un punto convergente en todos los países es que este tipo de trabajadoras tiene edades que fluctúan de 18 y 25 años. Su necesidad de encontrar empleo y de retenerlo, las coloca a estas mujeres en posiciones muy vulnerables.

El maltrato, común en el trabajo doméstico, con frecuencia va más allá de los insultos y se convierte en abuso físico. Así también el acoso sexual es parte de las constantes denuncias que hacen las mujeres trabajadoras del servicio doméstico.

Las relaciones patrones-trabajadoras siguen estando permeadas por la inequidad, la humillación y la violencia

Fuentes: Cimac, Isis Internacional y otros servicios de información por Internet.

Las trabajadoras domésticas...

- Por María Elena Alvarez-
La reglamentación del servicio doméstico aparece por primera vez en 1798. Las Leyes de Parida Dispersa especificaban que “el sirviente” debía estar dispuesto a defender a su amo hasta con su propia vida si era necesario. En 1821, durante el movimiento de Independencia, una orden de las Leyes de las Cortes de Cádiz reconoció por primera vez a los “criados” que hacían las tareas de la casa como “sirvientes domésticos”, dándoles así una categoría a las labores que desempeñaban.

Los Códigos Civiles emitidos por los liberales en 1870 y 1884 regularon a los trabajadores domésticos y los definieron como “el que presta los servicios de aseo o asistencia temporal a cualquier individuo, por otro que viva con él, mediante ‘retribución’”, y señalaba que el sirviente doméstico tenía la obligación de “hacer todo aquello que sea compatible con su salud, estado, fuerzas, aptitudes y condición”.

Estos artículos nos parecen bárbaros, sin embargo, fueron un principio de reconocimiento de los derechos a favor de los trabajadores domésticos, como fue la retribución de su trabajo, que inicialmente no existía.

Actualmente, el trabajo del hogar que se realiza a cambio de una remuneración se define como “las actividades domésticas de limpieza, preparación de alimentos, lavado y planchado de ropa, que normalmente se realiza a cambio de un pago”.

Las amas de casa que cuentan con una persona que las ayude en estas actividades dicen que “las trabajadoras domésticas son la alegría del hogar”; no obstante, no todas las trabajadoras domésticas pueden decir que los hogares donde laboran sean la alegría a sus vidas. Aun cuando hay excepciones, en muchos casos sufren vejaciones, cargas excesivas de trabajo, pagas injustas, malos tratos y hasta acoso sexual.

El día 30 de marzo es el Día de las Empleadas del hogar, si no lo sabían, todavía es tiempo de que les preparen algún regalito, una gratificación, o por lo menos les den la tarde libre.

El Día Internacional de las Empleadas del Hogar se deriva de una iniciativa del primer Congreso de Trabajadoras del Hogar, realizado en Bogotá, Colombia, en 1988, en el que se estableció la celebración con el fin de revalorar y recordar la necesidad de mejorar la situación de estas trabajadoras.

Históricamente, las trabajadoras domésticas han vivido en condiciones de desigualdad, discriminación y con nulo ejercicio de sus derechos, debido a que la mayoría de ellas no cuentan con recursos económicos, vienen de otros estados, no tienen dónde vivir e incluso algunas no saben leer ni escribir.

Datos del 2006 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que 1.8 millones de personas desempeñan actividades y servicios en los hogares a cambio de un pago; de ellas el 91 por ciento corresponde a mujeres y una de cada cuatro es jefa de familia. Un porcentaje importante de las trabajadoras no tiene hijos y de las que sí tienen, más de la mitad son madres solas y en la mayoría de los casos los hijos no viven en la casa donde trabajan, los dejan con parientes o amigas y los ven sólo los fines de semana. Si la trabajadora es de “entrada por salida”, al llegar a su vivienda tiene que realizar las tareas de su propia casa y encargarse de la atención de sus hijos.

Del total de trabajadoras domésticas, la quinta parte corresponde a menores de 20 años, edad en la que les correspondería iniciar una carrera profesional. También hay un 15 por ciento de mujeres mayores de 50 años, edad en la que se supone deberían estar viviendo la realización de su proyecto de vida, pero no hay tal, nacen y mueren realizando trabajos domésticos, una parte sin paga y otra con una tan reducida que no les permite ningún cambio en su vida, sólo logran sobrevivir.
En las estadísticas se puede observar también que en las ciudades donde aumenta el porcentaje de instrucción, disminuye el número de trabajadoras domésticas. En estas ciudades la disminución de la oferta está permitiendo la mejora del salario para las trabajadoras. También está sucediendo que un número importante de mujeres con educación media o superior se emplean por horas en los hogares que requieren servicios de cuidados para niños, en las vacaciones o por la noche, o para acompañar a personas mayores cuyos familiares no pueden hacerlo, para llevarlas al médico o para asistir a eventos culturales. Esta área empieza a crecer y en ella las remuneraciones son más satisfactorias para las mujeres, aun cuando no siempre es un ingreso permanente.

El Artículo 123 reconoce derechos para todos los trabajadores, sin embargo, el empleo doméstico sigue siendo un empleo informal, sin contrato, sin prestaciones ni seguridad social y sólo dos de cada 10 trabajadoras domésticas reciben de sus patrones estos beneficios.

Este 30 de marzo deberá cumplir su objetivo: reflexionar qué estamos haciendo como país con casi dos millones de mujeres que ayudan a otras a tener una mejor calidad de vida, sin poder mejorar la propia. Urge establecer políticas públicas, crear leyes, llevar educación de calidad a todas las niñas y cada empleadora que tenga a su servicio una trabajadora doméstica, valorarla como persona y remunerarla con justicia.

miércoles, abril 01, 2009

Trabajadoras domésticas con reclamos desde Suramérica

Por: Cristina Canoura/Semlac
Manifestaciones simultáneas se realizaron el día de ayer ,en los cuatro países que conforman el Mercado Común del Sur (Mercosur) —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—, con motivo de celebrarse el Día Internacional de la Empleada Doméstica y con vistas a sensibilizar en forma particular a legisladores y legisladoras de todos los partidos políticos.

La fecha del 30 de marzo fue escogida por las asociaciones y sindicatos de empleadas domésticas del Mercosur para difundir sus reivindicaciones mínimas, con el objetivo de que su oficio deje de ser invisible y se considere un trabajo digno.

Las organizaciones líderes circularon un folleto entre los representantes del Parlamento del Sur (Parlasur), en el que dejan plasmadas 14 demandas bajo la consigna "No te laves las manos".

Entre otros reclamos, las trabajadoras domésticas piden la igualdad de condiciones salariales entre ellas y los demás trabajadores; la instauración de un seguro social a nivel nacional y derecho a una jubilación, seguro por accidentes y licencia por enfermedad; la aplicación y ratificación del Convenio 102 de la Organización Internacional del Trabajo sobre seguridad social.

Del mismo modo, plantean la restricción de la jornada laboral a un máximo de 44 horas semanales y el descanso por jornada.


Además exigen derecho a la organización y sindicalización, la licencia por maternidad al igual que el resto de las trabajadoras, la penalización del trabajo infantil, la instauración de un contrato laboral escrito; la existencia de habitaciones amuebladas e higiénicas para aquellas que trabajan sin retiro, así como una alimentación saludable y ropa de trabajo, calzado y guantes adecuados son otros de los reclamos.

Los tres últimos puntos del documento regional exigen el ajuste de la carga horaria para las trabajadoras embarazadas, la instauración de una asignación económica familiar por cada hijo y la legalización de las trabajadoras domésticas migrantes.

En Uruguay y Argentina ingresan en forma creciente, al mercado laboral doméstico, mujeres provenientes de Perú y Bolivia.

La demanda internacional es respaldada por la Comisión Nacional de Latinoamérica y el Caribe para las Trabajadoras del Hogar (Conlactraho), con sede en Córdoba, Argentina; la Federación Nacional de Trabajadoras Domésticas (Fenatrad) de Brasil; la Asociación de Trabajadoras Domésticas de Paraguay, el Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (Sutd) y el Departamento de Equidad y Género de la Central de Trabajadores de Uruguay (Pit-CNT) y la Articulación Feminista del Mercosur.