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martes, abril 20, 2010

Guatemala: La violencia sexual se empleó como estrategia de genocidio

Pilar Crespo y Carmen Crespo
Rebelión La violencia sexual sobre los cuerpos de las mujeres se ha utilizado como un arma de guerra, como un mecanismo para herir y mostrar dominio sobre el enemigo, afirman expertos. Son hechos que se llevan a cabo colectivamente y con una intención bien planificada y no el resultado del deseo sexual y el contexto de agresividad propio de un conflicto armado, como en ocasiones ha tratado de justificarse. En Guatemala la política contrainsurgente desarrollada por el Estado durante los años 80 incluyó además de torturas, masacres, desapariciones forzosas y el aniquilamiento de comunidades indígenas enteras: la práctica sistemática de violaciones sexuales a mujeres mayas. Unos actos de violencia específicos contra las mujeres que suelen quedar en un segundo plano en medio de tanta violencia y que, sin embargo, tienen consecuencias graves y perdurables no sólo en las personas que las sufren sino en las comunidades a las que éstas pertenecen. Tras años de silencio diferentes organizaciones han levantado la voz y han denunciado la situación de impunidad en que permanecen estos crímenes en el primer Tribunal de Conciencia contra la violencia sexual hacia las mujeres durante el conflicto armado en Guatemala.

“Realmente duele recordarlo […], es difícil dar una cantidad exacta de cuántos fueron los que nos violaron, en ese tiempo llegaban por bastantes, se podría decir miles los soldados que se iban rolando, llegaban y fue constante esa violación que cometieron contra nosotras […]. Ellos no sólo llegaban sino que instalaron un destacamento y a todas las que íbamos quedando viudas, porque mataban y ejecutaban a nuestros maridos no se sabe dónde, nos obligaban a ir a alimentarlos. Nos pusieron en grupos para hacer turnos, para hacer la comida y luego de cumplir con todo lo que nos imponían nos violaban una a una. Dejaron una enfermedad en todo mi cuerpo, como que es algo que siempre te marca […], me afecta ya no puedo decirles que puedo actuar como normal. Tengo mucho miedo, en mi corazón y en mi cabeza y siempre ando vigilante de que algo me puede pasar […]. Sólo yo estoy hablando en este momento pero somos muchas, somos la mayoría en Guatemala que sufrimos este tipo de violencia. Lo hicieron constantemente. Necesitamos que nos crean” (1)

Tras muchos años de silencio, el pasado jueves varias mujeres indígenas hablaron, por primera vez en público, de los crímenes sexuales a los que fueron sometidas por parte del ejército de Guatemala durante el conflicto armado interno. Los testimonios, emitidos de manera anónima por motivos de seguridad y traducidos desde sus lenguas maternas, fueron presentados ante el Tribunal de Conciencia contra la violencia sexual hacia las mujeres durante el conflicto armado interno en Guatemala celebrado en la capital los días 4 y 5 de marzo; una audiencia simbólica donde, ante la situación de absoluta impunidad, diferentes organizaciones ejercieron una acción de escucha activa y de debate político para cuestionar qué “ha hecho y qué hace el Estado de Guatemala en relación con el tema de la violencia de género”. Los relatos presentados ante las magistradas, fiscales y testigos de conciencia, todas ellas reconocidas activistas a favor de los derechos de las mujeres, fueron corroborados por los peritajes de diferentes expertas y expertos, que desde todas las disciplinas dotaron de solidez y reconocimiento a lo denunciado por las víctimas.

Las mujeres fueron víctimas de todas las formas de violaciones a los Derechos Humanos cometidos por el ejército de Guatemala durante el conflicto armado interno (1960–1996) pero además sufrieron formas específicas de violencia de género que confluyeron en la violencia sexual. Entre las diferentes agresiones sufridas se pueden enumerar desnudez forzada; aborto forzado; violación sexual por una o varias personas; violación sexual con objetos; violación sexual previa, durante y después de masacres, como método de suplicio en interrogatorios, frente a familiares y vecinos; mutilación de órganos sexuales, embarazos forzosos, convivencia marital forzosa con soldados, comisionados militares o patrulleros de autodefensa civil (PAC); esclavitud sexual. Tal y como destacó una de las fiscales de conciencia, Juana Balmaseda, las mujeres fueron atacadas indiscriminadamente independientemente o no que tuvieran relación con las fuerzas armadas revolucionarias, “lo fueron por el hecho de ser mujeres”, establece la activista. Esta aserción fue corroborada por alguno de los datos antropológicos presentados por Erwin Melgar del Centro de Análisis Forenses y Ciencias Aplicadas (CAFCA): la mayor parte de la víctimas fallecidas en masacres eran niñas de cero a siete años y la violación sexual se admite como muy probable por la presencia de osamentas femeninas sin ropa en las fosas o cementerios clandestinos.

La violación, uno de los crímenes más desestructurantes tanto para la mujer como para su entorno social, fue una práctica masiva, sistemática, planificada dentro de la estrategia contrainsurgente del Estado y dirigida especialmente contra la población indígena en el ejercicio de la política de tierra arrasada durante los gobiernos de Romeo Lucas García (1978-1982) y Efraín Ríos Montt (1982- 1983). Según la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH), 99% de las víctimas fueron mujeres y de ellas un 88.7% eran mayas. El informe de la CEH también señala que los principales autores materiales de esta violencia sexual fueron miembros del ejército (89%), miembros de las PAC (15.5%) y comisionados militares (11,7%) (2). La violación sexual se utilizó como método de tortura y de obtención de información en el ámbito urbano. Según expuso Fernando A. López en el Tribunal de Conciencia, en las ciudades esta forma de violencia se utilizó de manera selectiva contra las mujeres sospechosas de participar en grupos insurgentes. En el ámbito rural la práctica de violaciones sexuales fue mucho más indiscriminada, además de utilizarse como método de tortura y de obtención de información se empleó de manera general para destruir al pueblo maya.

El director del Centro de Estudios de Guatemala, Sandino Asturias, añade que el hecho de que ningún jefe, oficial o mando medio del ejército o de las fuerzas de seguridad del Estado haya sido procesado ni condenado por estas acciones a lo largo de tantos años refuerza la evidencia de que la mayor parte de tales violaciones fueron resultado de una política de orden institucional. Tal y como estableció este experto en su peritaje ante el Tribunal de Conciencia, “existía una jerarquía militar vertical y centralizada, con una cadena de mando, planes, controles, informes” donde todo estaba planificado y nada se podía salir de este control. Según Asturias, la violencia sexual fue utilizada durante el enfrentamiento armado en Guatemala como otra forma más para eliminar cualquier forma de oposición política o militar al régimen establecido.

La antropóloga Irma Alicia Velásquez denunció ante el Tribunal de Conciencia que la violencia sexual cometida contra las mujeres indígenas en Guatemala no puede reducirse solamente a las violaciones o penetraciones físicas sino que son delitos que van más allá, porque fueron actos masivos que no sólo marcaron sus cuerpos sino que alteraron profundamente los marcos y reglas culturales de sus colectividades, estableciendo un antes y un después no únicamente en la vida individual de las mujeres sino también de sus familias y comunidades.

La experta en intervención psicosocial Olga Alicia Paz Bailey explica que en los grupos donde la pureza de las mujeres y el control de su conducta sexual y capacidad reproductiva son constitutivas de la cultura, la violación sexual representa un ataque directo a los fundamentos culturales de la misma y al honor que las/los protege.

Velásquez no niega que no existieran violaciones sexuales en las comunidades antes de la etapa de la guerra y entiende que eran delitos asumidos y castigados de acuerdo a las normas propias de cada grupo pero alega que la violencia sexual masiva ejercida por el ejército durante el conflicto supuso un quiebre o rompimiento en las comunidades mayas. Dicho impacto se materializó, según la experta, en diferentes acciones o actitudes culturales como que muchas de las mujeres indígenas víctimas de este tipo de violencia perdieron el papel que ejercían dentro de la comunidad (por ejemplo comadronas, hierberas, hueseras…etc). “Se asumió que al ser violados sus cuerpos también fueron destruidos sus cargos y el respeto y la posición que tenían lo que provocó no sólo que las mujeres dejaran de proveer servicios clave a la comunidad sino que dejaran de aportar a la construcción de conocimientos para su colectividad”, incide Velásquez.

A partir de las violaciones y fruto de la vergüenza colectiva sufrida, las mujeres víctimas fueron colocadas en los estratos sociales más bajos y estigmatizadas como “mujeres cualquiera o prostitutas que se entregaron a los responsables de arrasar sus comunidades y asesinar a los hombres que eran sus padres, esposos, hermanos e hijos”. Velásquez explica que ante el desprecio y falta de solidaridad de sus comunidades, “las mujeres viven sentimientos de querer partir e iniciar relaciones sociales lejos, de cortar toda implicación con las luchas colectivas o de renunciar a su identidad”. Y señala que evidentemente esa apatía de las mujeres mayas en los asuntos de la colectividad y la modificación en su sentimiento de identidad impactará en el futuro de las comunidades del país.

Otra de las consecuencias de esta violencia fue toda una generación de hijos e hijas fruto de las violaciones que son “culturalmente sancionados porque recuerdan la violación al grupo” y que como explica la antropóloga en muchas ocasiones se marchan de la comunidad porque nunca fueron aceptados o porque nunca se sintieron parte de ella.

Estas y otras consecuencias de la violencia sexual han supuesto una mayor vulnerabilidad de las comunidades indígenas, lo que según Velásquez “evidencia lo bien planificado y macabro de estas violaciones desde los más altos mandos del ejército que conocían el funcionamiento y la operatividad de estos colectivos sociales”.

Paz Bailey señala que es precisamente porque la violencia sexual atenta contra los fundamentos de la identidad cultural que ha sido utilizado, en diferentes conflictos y en particular en Guatemala, como estrategia de genocidio. Un crimen que según la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948 y ratificada por el Estado de Guatemala un año más tarde, se define como aquellos actos “perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal”.

Jorge De la Peña también concluyó ante el Tribunal de Conciencia que el sometimiento, la violación, humillación y degradación de la mujer no sólo es un ataque contra ella y su cuerpo sino contra su Estado, cultura, religión, grupo étnico y contra los miembros de la comunidad a la que pertenece”.

Terribles consecuencias

Los expertos denuncian que las secuelas de la violación sexual no sólo abarcan todas las esferas del ser humano -física, psicológica y cultural-, sino que además éstas son de carácter profundo y perdurable.

Entre los daños físicos más inmediato y comunes pueden señalarse embarazo, mutilaciones, daño permanente al aparato reproductivo, e infecciones de transmisión sexual, especialmente del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Pero hay también que señalar la existencia de una relación epidemiológicamente significativa entre el trauma sufrido y el desarrollo de una afección crónica. De la Peña declaraba que “en la práctica clínica hemos visto que las mujeres que han sufrido este tipo de violencia les da cáncer”. Este aspecto es al que las mujeres se refieren en sus testimonios como “enfermarse o morirse de susto”.

Las comadronas definen el “susto” como “una profunda pena que las pone amarillas, les quita las ganas de trabajar, fuerza, les da dolor de cabeza, no tienen hambre y se sobresaltan por todo”. Paz Bailey explica que el “susto” es una constante en el relato de las sobrevivientes y que afecta a todas las áreas de la mujer porque conlleva un cambio en cómo se sitúa en el mundo y como se perciben en el futuro. “En el caso de las mujeres mayas todos sus proyectos de vida quedan alterados porque nunca más podrán corresponder al papel del madre o esposas alrededor del cual se habían construido”, continúa la experta.

A nivel psicológico quedan sentimientos de suciedad, culpa, vergüenza, soledad y depresión, intensificados además por el rechazo de la comunidad. Lo que en muchas ocasiones potencia el desarrollo de trastornos psiquiátricos. Para que las mujeres enfrenten los efectos de este tipo de violencia todos los terapeutas coinciden en lo mismo, la importancia de expresar lo ocurrido y la necesidad de justicia. Los testimonios de las mujeres víctimas presentados ante el Tribunal de Conciencia coincidieron todos en esos dos aspectos: el agradecimiento por la escucha pública y la exigencia de que el Estado responda por lo ocurrido.

Impunidad absoluta

El Estado guatemalteco no sólo ha sido señalado como violador del derecho jurídico internacional sino que, además, ha tenido una nula respuesta institucional a la necesidad de reconocimiento y resarcimiento de las mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado.

De acuerdo con el peritaje de López Antillón, en Guatemala los casos de violación sexual que se cometieron en el marco del conflicto armado fueron parte de un plan militar, se realizaron a gran escala, de manera sistemática y generalizada y estaban dirigidos contra población civil indefensa, esencialmente maya. El jurista señala que estas características hacen que estas violaciones no puedan interpretarse como hechos aislados o crímenes de orden común sino “como parte de aquellos delitos que ofenden la conciencia de la humanidad y que son parte del derecho penal internacional”. Es decir, entran dentro de la categoría de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra y genocidio, un tipo de crímenes que se acogen a las normas ius congens, que como explica De la Peña, significa que estos actos están prohibidos en todos los tiempos y en todas las situaciones y que por lo tanto no prescriben nunca.

El pronunciamiento final del Tribunal de Conciencia concluyó que “las responsabilidades de gran parte de estas violaciones alcanzan en la línea de mano militar y de la responsabilidad política y administrativa, a los más altos grados del ejército, policía nacional y de los sucesivos Gobiernos.” Y, sin embargo, aun no se ha registrado una sola sentencia por violación sexual durante el conflicto armado. Balmaseda incide en que a pesar de los informes de la CEH, donde se evidencian y documentan los casos, y diversas denuncias presentadas ante los tribunales de justicia por parte de personas individuales y organizaciones de mujeres e incluso por parte del Programa Nacional de Resarcimiento, el sistema de justicia legal sigue sin operar eficientemente.

Desde la Secretaria Presidencial de la Mujer del Gobierno de Álvaro Colom (SEPREM), Sonia Escobedo reconoce la importantísima labor que han hecho las organizaciones de mujeres de poner en la agenda pública el tema; afirma que este organismo comparte en su totalidad la declaración emitida por el Tribunal de Conciencia, aunque señala como importante debilidad el que no se haya contado con mayor participación institucional (la SEPREM se encontraba presente en calidad de invitada especial), y resalta el gran compromiso del actual gobierno. Cuestionada acerca de la ausencia de sentencias condenatorias y elementos específicos de reparación para las mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado, Escobedo afirma que la SEPREM no es ejecutora de programas sino que tan sólo asesora a las diferentes instituciones del Estado y que el reconocimiento de estos delitos como crímenes de lesa humanidad es muy difícil porque toca el imaginario social que se refleja a su vez en las instituciones. “Por eso yo soy prudente y nunca digo que vamos a conseguir un cambio completo pero sí reconozco que se han hecho avances”, señalo la secretaria.

El Estado agresor

Esos avances no son, sin embargo, nada evidentes. La impunidad persiste en las violaciones actuales, del año 2005 al 2008 se presentaron 7,901 casos de violación sexual de los cuales solo 213 recibieron una sentencia condenatoria lo que representa un total 2.69% (3) y el cuerpo de las mujeres sigue siendo territorio de batalla. En los medios de comunicación aparecen continuamente informaciones sobre asesinatos de mujeres que aparecen con terribles señales de violencia: torturadas y violadas. Con frecuencia se mutila el cuerpo de manera que los resultados puedan ser “espectacularizados”. Estos asesinatos se dan en torno a la actividad de maras, redes de narcotraficantes o negocios ilícitos y se constituyen en una “violencia expresiva” que pretende mandar un mensaje al grupo contario (Inforpress 1827).

El Estado es responsable no sólo porque la impunidad generalizada -de antes y ahora- lanza un mensaje de tolerancia que reproduce y perpetúa el sistema de violencia contra las mujeres sino que, además, el mismo se sigue constituyendo como agente agresor activo. Tal y como pudo escucharse en diferentes testimonios presentados ante el Tribunal de Conciencia, las fuerzas de seguridad del Estado continúan en la actualidad ejerciendo violencia sexual contra mujeres indígenas en el marco de desalojos forzosos y otros conflictos con las comunidades. “Policías, militares y empleados de la minera violaron a algunas mujeres”; “en el primer desalojo yo me encontraba cocinando y vi que tiraron mi comida y los policías me violaron, mis hijos estaban conmigo y al darse cuenta de lo que estaba pasando salieron corriendo”; “me taparon la boca, me violaron, yo tenía 7 meses de embarazo y eran 12 policías”…. son relatos actuales para los que la respuesta institucional sigue siendo la misma: impunidad.

La agresión sexual también está siendo utilizada para atacar al movimiento sindical tal y como se extrae del documento Guatemala: el costo de la libertad sindical. Dicho informe alerta que además del asesinato de líderes sindicales (49 asesinatos desde el año 2005 hasta enero 2010), una de las prácticas más preocupantes y que se utiliza como forma de amenaza a las trabajadoras que pretenden sumarse a alguna organización sindical es la agresión sexual. Uno de los casos recientes es el de María Vásquez, secretaria general adjunta de la empresa Winners que el pasado 6 de enero fue secuestrada, torturada y violada en el marco de una serie de reclamos que mantenía contra la empresa por incumplimiento de leyes laborales y condiciones mínimas de trabajo en una empresa donde trabajan más de 900 mujeres (Inforpress 1834).

De la Peña señala que la violación suele ser usada como método de castigo especialmente cuando las mujeres son políticamente activas y como método de agresión o tortura para ahuyentar a las poblaciones de sus tierras ricas de petróleo o minerales. En su pronunciamiento final, el Tribunal de Conciencia concluyó que “las violaciones cometidas en la actualidad por miembros de fuerzas de seguridad combinadas por fuerzas policiales y militares en los procedimientos de desalojos de tierras ocupadas constituyen claramente delito de tortura contenido en el artículo 201 bis del código penal guatemalteco”.

Además de impunes este tipo de crímenes parecen ser invisibles. Ejemplo de esa invisibilización ha sido el mismo tratamiento informativo que ha tenido el Tribunal de Conciencia en los principales medios de comunicación del país con una cobertura mediática escasa y carente de elementos de reflexión. La hermana de una mujer víctima de violencia sexual y desaparición forzada expresaba ante el Tribunal de Conciencia que “sólo nosotras abrimos la boca para romper la impunidad de este país, sólo con la justicia vamos a acabar con la impunidad y sólo acabando con la impunidad vamos a tener paz”.

Algo con lo que coincide Sandino Asturias quien afirma que “para permitir la construcción de una nueva nación con un Estado de Derecho, justicia, sin impunidad, violencia, ni racismo es necesario condenar al Estado de Guatemala y al ejército por la responsabilidad de los hechos cometidos.

Notas:

(1) Extracto del primer testimonio presentado ante el Tribunal de Conciencia contra la violencia sexual hacia las mujeres durante el conflicto armado interno en Guatemala celebrado el 4 y 5 de marzo 2010.

(2) Según Sandino Asturias “a diferencia del ejército, la guerrilla no utilizó de manera sistemática la violación sexual como arma de guerra. Sin embargo, integrantes de las fuerzas guerrilleras, individualmente, abusaron sexualmente de mujeres dela población civil que les apoyaba. Sobre todo en la región de Huehuetenango. A pesar de tener planteamientos políticos e ideológicos de transformación social y económica, las fuerzas guerrilleras seguían manteniendo valores, creencias y prácticas patriarcales”.

(3) Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, febrero 19, 2010

Pasividad ante feminicidio, responsabiliza a Estados

Por Lourdes Godínez Leal
La violencia contra las mujeres ha sido regulada históricamente por los Estados y el derecho, a través de normas civiles y penales que no reconocen muchas formas de violencia porque “no son ejercidas contra sujetas de derecho”, consideró Patsilí Toledo Vásquez, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona.

En su ponencia sobre la normatividad existente en distintos ordenamientos jurídicos para atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y el femicidio/feminicidio en Centroamérica y México, como parte de los trabajos de la campaña regional por el acceso a la justicia para las mujeres que inició ayer, Toledo Vásquez hizo un recuento de cómo las leyes han abordado el tema de la violencia a lo largo de la historia.

Enfatizó que la prohibición de la violencia no ha incluido la violencia que se ejerce contra las mujeres. Lo que han hecho las leyes en el mundo, dijo, es regular la violencia justificándola a través de diversas figuras como la “autoridad marital”, es decir, el “supuesto derecho” de los maridos para violentar a sus esposas o el derecho de los padres de familia.

Reconoció que a partir de la segunda mitad del siglo pasado hubo un avance, producto del reconocimiento de la ciudadanía plena de las mujeres como el derecho al voto, a la educación universitaria, entre otros, es decir, que empezaron a eliminar algunas normas que discriminaban a las mujeres


Durante su recuento, la también investigadora en Ciencias Penales por la Universidad de Chile, recordó que en la década de los ochenta se reconoció ampliamente la violencia contra las mujeres y se comenzaron a exigir leyes para combatirla además de considerarla como una violación a los derechos humanos.

Fue en esta época también, explicó Toledo Vásquez, cuando se habló de la responsabilidad del Estado frente a la violencia. “En la medida en que los Estados no previenen, investigan y sancionan, también son responsables de esta violencia”, insistió.

“NEUTRALIZAR” LA VIOLENCIA

La especialista en el tema, explicó que desde los años 80 lo que ha hecho el derecho penal es enfocarse a la violencia “que a ojos del Estado era menos grave” utilizando palabras neutras, por eso dijo, se habla de violencia familiar para señalar que mujeres y hombres son víctimas, aunque en su mayoría la padezcan las mujeres.

Es en el año 2000, dijo Patsilí Toledo, cuando en América Latina se crean leyes específicas para atender la violencia contra las mujeres, principalmente por el tema del feminicidio/femicidio.

Si bien el derecho internacional de los derechos humanos es un instrumento internacional que reconoce que la violencia contra las mujeres es grave, Patsilí Toledo destacó que aún persisten desafíos en la región latinoamericana, principalmente en los casos de asesinatos contra mujeres y en lo que tiene que ver con la prevención, investigación y sanción.

Destacó que los casos que se investigan son los que se ejercen por conocidos ya que son los “más fáciles de investigar”, por eso, explicó, al hablar de impunidad “nos referimos” a los otros casos que no se investigan porque no son ejercidos por personas que no son conocidos y por lo tanto cuesta mas trabajo investigar, por ende, pocos son sancionados, lo que favorece a su vez, la impunidad


En este sentido, recordó que el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de 2007 sobre violencia contra las mujeres, reconoce la falta de recursos porque el tema no es una prioridad, que las investigaciones no son adecuadas y son tan deficientes, que han provocado que este delito tenga un número ínfimo de sanciones.

El informe destacó Patsilí Toledo, reconoce también un patrón de impunidad sistemático con respecto de la violencia hacia las mujeres, que las medidas de protección no son eficaces para proteger a las mujeres, y que si bien existen programas de capacitación a funcionarios de justicia estas no tienen un impacto suficiente.

LA CAMPAÑA

Los objetivos de esta campaña regional por el acceso a la justicia para las mujeres, lanzada por cinco países de la región (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y México), convocada en esta ciudad del 17 al 20 de febrero por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, es revisar, discutir y documentar la problemática en Centroamérica y México a fin de generar propuestas para cada país e intercambiar experiencias internacionales para atender los crímenes violentos contra las mujeres.

Colombia: Guerra mediática y cadáveres útiles al Estado - "Las Madres de Soacha claman justicia"

Por: Azalea Robles / Rebelión.org
Las Madres de Soacha, son las madres de jóvenes asesinados por el ejército colombiano para hacer montajes mediáticos, dentro del marco de su guerra física y sicológica contra el pueblo colombiano. Como estas madres de Soacha, hay miles de madres en Colombia que buscan a sus hijos desaparecidos, muchos de ellos han sido parte de la macabra escenificación de los “falsos positivos”.

Los mal llamados “falsos positivos” (1) son crímenes de Estado: son civiles asesinados por miembros del Ejército colombiano, que después el ejército hace pasar por “guerrilleros muertos en combate”; a veces los asesinados son disfrazados por el ejército con prendas del uniforme guerrillero. Estos crímenes atañen a la humanidad entera por constituir crímenes de Lesa humanidad.

Los asesinatos sistemáticos de jóvenes, campesinos o urbanos, cometidos por el Ejército colombiano para hacerlos pasar por guerrilleros muertos en combate suman aproximadamente 1.800 en los últimos años, según la ONU. Pero esta cifra no es sino la punta del iceberg, de lo que ha venido siendo una política de Estado desde hace años en Colombia; una política de Estado que continúa. La práctica de estos montajes basados en desapariciones y ejecuciones extrajudiciales de civiles es incluso “recetada” por la CIA como parte de la guerra mediática y sicológica.


El Estado colombiano ha desaparecido a más de 50.000 personas, mediante su herramienta paramilitar o sus cuerpos oficiales (militares, policías). Esto con el fin de acallar la reivindicación social, exterminando al que reivindica e inyectando terror en los sobrevivientes. La impunidad de la que goza el Estado colombiano, hace que cada vez sus estrategias de guerra contra la población sean más horrendas. En Colombia hay una guerra que adelanta el Estado colombiano contra la población: pues el Estado colombiano es el instrumento de la oligarquía y de las multinacionales, para garantizarles el saqueo de los recursos de Colombia.

El saqueo causa empobrecimiento, y por supuesto descontento social, por ello el rol del Estado es esencialmente Represor, y es en este marco que se inscriben prácticas tan macabras como los “falsos positivos” o la Estrategia Paramilitar del Estado colombiano.

Las madres de los jóvenes secuestrados, torturados y asesinados por miembros del Ejército Nacional, en Soacha y Aguachica, se han unido para denunciar que sus hijos han sido asesinados por el Estado. Sobre estas madres pesan las amenazas de muerte de los que quieren silenciar sus denuncias… Además del dolor de saber que sus hijos fueron usados para contabilizar sus “cadáveres” como “falsos positivos”, a estas madres se le asesta el golpe de la impunidad: los militares acusados de los crímenes de sus hijos van quedando en libertad por “vencimiento de términos”.

· Los Mass-media han tapado evidencias de los “falsos positivos durante años: las balas “mágicas”
Estos crímenes de Estado hieren la sociedad humana en su conjunto: miles de jóvenes han sido atraídos por paramilitares o militares, bajo la promesa de trabajo, o secuestrados para después ser asesinados, vestidos de guerrilleros, y presentados, con la complicidad de unos mass media que en Colombia son los voceros del ejército estatal, como “guerrilleros dados de baja en combate”.

Muchos de estos muertos televisados de esta forma macabra, en la que sus muertes eran las fichas de una escenificación útil a la propaganda estatal, habían sido previamente declarados como “desaparecidos” por sus familias, y en varias ocasiones la escenificación hecha por los militares ha sido tan burda que los mismos mass-media hubieran podido no acatar su parte del montaje, si hubieran tenido algo de ética (pero los mass media obedecen a sus dueños, quienes en Colombia tienen claros intereses en estos montajes). En ocasiones el impacto de las balas en la carne de las víctimas había traspasado “milagrosamente” la tela de los “uniformes” sin provocar agujeros en la tela, o sea que era más que evidente que los habían disfrazado después de asesinarlos. Pero incluso estas evidencias macabras, no fueron suficientes para que los mass-media investigaran.

· El amor de madres y hermanos contra el Terrorismo de Estado
Los familiares han denunciado incansablemente, incluso algunos familiares han sido asesinados por denunciar al Estado. Son miles los casos de “falsos positivos”, por toda la geografía colombiana, y la impunidad reina, pues en Colombia atreverse a denunciar al Estado es atraerse la muerte o la cárcel: así lo ha dejado claro el Estado mediante sus sicarios paramilitares y sus montajes judiciales contra todo aquel que se atreve a denunciar. Incluso la fiscalía general, y muchos funcionarios del área investigativa están cooptados por la Estrategia del Terrorismo de Estado, ya sean activamente cómplices, o cooptados por miedo.

En el caso de los “falsos positivos” de Soacha ya han asesinado a varios familiares. Carmenza Gómez Romero tenía tres hijos, al primero lo asesinó el Estado para sus montajes de “los falsos positivos” (Víctor Fernando), y al segundo se lo asesinaron por denunciar. John Nilson recibió varios disparos el 4 de febrero de 2009; ya había sobrevivido a un atentado contra su vida en Fusagasugá, cuando fue empujado desde un puente, ese mismo día debía mantener un encuentro para la investigación sobre el homicidio de su hermano... Tras el asesinato de John Nilson la familia sigue recibiendo amenazas. El 4 de marzo de 2009, Luz Nidia, hija de Carmenza, recibió una amenaza telefónica: “Con que ha puesto denuncias que es lo que quiere triple hijueputa […]” (2)

Sin embargo la insistencia de los familiares, movidos por el amor a sus hijos y hermanos, ha logrado romper las barreras del miedo, y gracias a sus denuncias reiteradas esta práctica bárbara del Estado se ha logrado dar a conocer.

Los crímenes y montajes de los “falsos positivos” son practicados desde hace años por la fuerza pública. Pero fue en los dos últimos años que han sido escándalo, cuando varios jóvenes que habían desaparecido en Soacha (localidad metropolitana de Bogotá), aparecieron muertos a 1.000 kilómetros de sus hogares. Once madres de Soacha denunciaron que sus hijos, inicialmente reportados como “bajas en combate pertenecientes a grupos guerrilleros”, fueron asesinados por miembros de la fuerza pública en la zona rural de Ocaña (norte de Santander).
Son Miles los casos de jóvenes desaparecidos, para luego ser asesinados y presentados por el Ejército de pertenecer a la guerrilla y haber “muerto en combate”…Son miles de asesinatos en impunidad.

· Premios por asesinar: El criminal accionar de la fuerza pública obedece a una política Estatal.
Los soldados son premiados económicamente, según cantidad de muertos guerrilleros. La situación viene generada por la Directiva 029 de la Presidencia de Colombia, firmada en el año 2005 poniendo precio a los guerrilleros muertos en combate, creando así una dinámica perversa(aún más) en los miembros del Ejército Nacional de Colombia que pueden conseguir primas, días de vacaciones o cambios de destino, presentando "guerrilleros caídos en combate".En los manuales militares del ejército colombiano, diseñados en las esferas castrenses de USA, consta la noción de “enemigo interno”: este se concibe como “todo aquel que atente contra el orden establecido”, pudiendo ser concebido como “enemigo interno” un sindicalista, un estudiante, un ecologista, o cualquier persona que cuestione el estado de expolio que conoce Colombia. Consta en los manuales contrainsurgentes del ejército de Colombia, que la lucha contra el “enemigo interno” es la prioridad del ejército nacional, ya que se busca eliminar la base social que cuestione el orden económico establecido.

En un país en el que la desigualdad social es escandalosa -Colombia es el onceavo país con más desigualdad social del mundo- el descontento social contra el orden económico establecido es una cuestión lógica. El Estado actúa como garante de esta situación de desigualdad e injusticia social: reprimiendo el descontento y la reivindicación social, desplazando poblaciones de altas zonas de interés económico, inyectando terror en la población mediante su Herramienta paramilitar.

Colombia es un país riquísimo, pero la mayoría de la población sufre hambre y desnutrición. Según la CEPAL más del 49.2% de la población de Colombia vive bajo la línea de pobreza y el 14.7% en indigencia. Las cifras de los niños víctimas de la pobreza en Colombia son terroríficas: 45% de ellos son pobres y 17% indigentes. En Colombia mueren anualmente 20.000 niños menores de 5 años por causa de falta de agua potable, en la guerra económica declarada por la oligarquía y las multinacionales contra el pueblo colombiano. En este contexto de expolio y empobrecimiento, el Estado se erige como garante de los intereses económicos de la oligarquía y de las multinacionales; y es dentro de esta lógica que practica tortura, ejecuciones extrajudiciales, fumigaciones, bombardeos, montajes judiciales, montajes mediáticos… etc.

· Guerra mediática y cadáveres útiles al Estado
Los “Falsos positivos” benefician al Estado pues este aduce que su política contra-insurgente arroja “resultados reales”. El disfrazar de guerrilleros a los civiles asesinados, le permite también al Estado asesinar a sindicalistas, a estudiantes, a líderes campesinos, y hacer pasar a estos por “muertos en combate”. De cada 10 sindicalistas asesinados en el mundo 9 son asesinados en Colombia por el Estado mediante su estructura militar o paramilitar.

Y hay otros beneficios que el Estado colombiano saca de estos crímenes: la práctica de los montajes de todo tipo es uno de los caballos de guerra más desarrollados del Estado colombiano. Es un Estado que practica incluso el auto-atentado (auto atentados ver vínculos (3) y (4)) con tal de provocar muertos para poder basar su esencial guerra mediática. Entre los raptados por el ejército y sus paramilitares para posteriormente asesinarlos y disfrazarlos, hay varios niños…(5) Con lo cual una imagen de un niño muerto vestido de “guerrillero muerto en combate” da impulso a la campaña de desprestigio contra la guerrilla que adelanta el Estado. El Estado es experto en “fabricar pruebas”, poco importa que eso implique asesinar.

Ha quedado comprobado que los niños son enrolados en las filas paramilitares por multitud de documentos fílmicos, incluyendo las declaraciones de los mismos capos paramilitares(6), esto ha sido relativamente poco denunciado por los mass-media (7), quienes al contrario se esfuerzan de sobremanera en construir una campaña mediática acerca del “reclutamiento sistemático de niños por parte de las guerrillas”, pero esta campaña carece de pruebas contundentes para concluir sistematismo en el “reclutamiento de niños”... Ahí intervienen específicamente los “falsos positivos” perpetrados por el Estado sobre niños. ¿Sino cómo explicarse que estos militares y paramilitares asesinos rapten niños para sus montajes macabros? Es más, ese bulo de que la guerrilla recluta niños se cae por lógica. Pues las condiciones objetivas de las guerrillas no son para nada las mismas que las de los paramilitares: mientras los paramilitares gozan de protección estatal, y no sufren bombardeos ni persecución alguna por parte del Estado (obvio, son su herramienta), las guerrillas deben tener una alta capacidad de movilidad que implica una fortaleza física que no tienen los niños.

· El Bulo de “la guerrilla recluta niños”, y la utilización de niños asesinados por el Estado en esa construcción de realidad virtual

Este argumento de “reclutamiento forzado de niños” por parte de la guerrilla es evidentemente falso: primero el “reclutamiento forzado” no es factible en la guerrilla por cuestiones evidentes de lógica, ya que, si la guerrilla forzara a alguien a entrar a sus filas, ese alguien la delataría con toda seguridad a la primera ocasión, dando información de ubicación, movimientos y logística que desde el interior hubiera conocido, y ese riesgo es algo que no se pueden permitir las guerrillas.

Contextualicemos: Las FARC y el ELN son ejércitos de pueblo clandestinos, contra un ejército oficial y todo el aparato del Estado, policía, paramilitarismo, legalidad, radares, aviones fantasma y armamento y logística bélica USA, y que por lo tanto un reclutamiento forzado sería lo más contraproducente. En cambio el reclutamiento forzado sí que lo hace el ejército y sus paramilitares, pues el que es forzado en estas estructuras no va a “delatarlos” ante un Estado o fuerza que los pudiera “ubicar” con bombarderos.

La fuerza de la guerrilla radica justamente en la voluntad de sus integrantes: la voluntad popular es la que explica que el Estado y el imperio USA no hayan logrado vencer a las guerrillas, ese raigambre popular de las guerrillas es su principal fuerza frente a las armas y aviones sofisticados del Ejército y de la asesoría USA. Sin un amplio apoyo popular y sin el aprendizaje constante de la selva y de las diversas culturas que integran el movimiento guerrillero, las guerrillas ya no existirían, ya que los bombardeos y el Terrorismo de Estado son bestiales.

En cuanto a la propaganda específica de que “la guerrilla recluta niños” esta se cae también por lógica, pues un niño no tiene la fuerza necesaria a la vida guerrillera: para caminar días y noches enteras, para huir de la máxima tecnología de guerra made in USA. Las guerrillas en Colombia afrontan a un ejército descomunal (428.000 militares y policías, 2,2 millones de informantes (8), esto sin contar con la Herramienta Paramilitar), a más del ejército de ocupación del imperio USA, con agentes de la CIA, armamento, logística, y ahora directamente 7 bases USA en Colombia… Y por ende es evidente que las condiciones para ser guerrillera o guerrillero exigen fuerza física y fuerza anímica, a más de formación política sólida para poder resistir a las múltiples prebendas económicas que les ofrece el Estado a los guerrilleros si traicionan. Pero el Estado colombiano aplica la máxima Nazi de que: “una mentira repetida mil veces se transforma en verdad”.

El tema de los niños en la guerra debería ser tratado identificando a los que realmente sistematizan la instrumentalización de los menores, y estos son los Paramilitares (Herramienta Estatal) que los fuerzan y seducen con prebendas, para luego usarlos en el adiestramiento con motosierra. Pero en realidad, a los mass-media colombianos poco les importan los niños, por eso cuando los mass-media abordan la cuestión de reclutamiento de niños por parte de Paramilitares, lo hacen llamando a los paramilitares “la subversión”, o “los grupos armados”, o “grupos al margen de la ley” porque lo que buscan es confundir, para sentar las bases de su campaña contra la guerrilla, no buscan identificar a los responsables de la instrumentalización y el infanticidio.

La oligarquía colombiana, las multinacionales y sus instrumentos (el Estado, los mass-media) no se conmueven en lo más mínimo por este hecho: 20.000 niños menores de 5 años mueren anualmente en Colombia por falta de agua potable… Al contrario, en su afán por lucrarse privatizan todos los servicios, restringen aún más el acceso a la salud, perforan la tierra y polucionan las napas freáticas, fumigan y envenenan ríos...

· Terrorismo de Estado es Paramilitarismo, Mentira e impunidad
El Estado Colombiano es experto en “fabricar pruebas” para sus campañas mediáticas, con lo cual los cadáveres de miles de jóvenes y niños que ha secuestrado y asesinado en el marco de los “falsos positivos”, le son altamente, y tristemente “útiles”.


El Terrorismo de Estado en Colombia ha desaparecido a más de 50.000 personas. El Terror Estatal ha desplazado de sus tierras a más de 4,5 millones de personas, y tiene encarcelados bajo burdos montajes judiciales, a más de 7.500 presos políticos.

Las madres de Soacha han conocido de lleno el Terrorismo de Estado en Colombia: desaparición y asesinato de sus hijos, montajes macabros mal llamados “falsos positivos”, amenazas contra ellas por denunciar, liberación e impunidad para los militares autores materiales de los crímenes, libertad e impunidad para los autores intelectuales de los crímenes (estos nunca fueron imputados)… Y ahora, el Estado, tras haber asesinado a sus hijos, para usar sus cadáveres en el macabro conteo militar que es usado en la guerra mediática y sicológica contra la población, pretende usar a estas madres para la campaña politiquera reeleccionista del presidente narco-paramilitar Uribe Vélez.

Vea en este video el intento de utilizar a las Madres de Soacha, y la digna respuesta de estas: http://www.youtube.com/watch?v=ArZc1uc317A&feature=player_embedded

NOTAS:
(1) Documento del Movimiento nacional de víctimas de crímenes de Estado, 6 partes: http://www.youtube.com/watch?v=4WPjBkSyCus&feature=relatedDocumento de Telesur sobre las ejecuciones extrajudiciales perpetradas por el Estado colombiano (3 partes):
http://www.youtube.com/watch?v=iGxW09MPh1M&feature=relatedotros videos acerca de estas ejecuciones extrajudiciales llamadas “falsos positivos”:
http://www.youtube.com/watch?v=h6be7xuKv8chttp://www.youtube.com/watch?v=Spwujzlysco&feature=related
(2) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100633&titular=buscando-justicia:-las-madres-de-soacha-
(3) http://www.kaosenlared.net/noticia/video-piedad-cordoba-denuncia-analiza-colombia-ocultada-medios-desinfo(4) http://www.kaosenlared.net/noticia/video-autoatentados-macabra-estrategia-terrorismo-estado-para-montajes(5) Ver fotos de los desaparecidos-“falsos positivos” de Soacha en: http://falsospositivos.info/index.html(6) http://www.kaosenlared.net/noticia/colombia-14.000-ninos-bajo-fuego-guerra-paramilitar(7) “Sólo el Bloque Elmer Cárdenas reclutó cerca de 400 niños, muchos de ellos de nueve años, según confesó Fredy Rendón Herrera, alias 'El Alemán', y hermano del narcotraficante Alias 'Don Mario'”(el Espectador), cabe precisar que ‘el Alemán’ y ‘Don Mario’, son paramilitares, que además han confesado vínculos de filiación con el Estado…
(8) El ejército colombiano es el mayor ejército de América: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100297&titular=colombia-se-transforma-en-la-mayor-fuerza-armada-de-suramérica-
2,2 millones de informantes: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo184441-gobierno-espera-cerca-de-1000-estudiantes-integren-red-de-informant
Y presupuesto público gastado en informantes: http://politica.eluniversal.com/2009/12/15/int_ava_colombia-destina-$50_15A3192331.shtml

martes, abril 07, 2009

España: Corrupción y prostitución, un escándalo hace tiempo anunciado

Por:Josep Miró i Ardèvol
Hace tres años, el Instituto del Capital Social (INCAS) de la Universidad Abat Oliba-CEU publicó un estudio sobre la prostitución en España dónde se alertaba de que la dimensión empresarial de esta actividad era tal que necesitaba, para funcionar, de la colaboración de instancias policiales, políticas y administrativas; y que este hecho, dado la ingente cantidad de dinero negro que movía el negocio, era la puerta abierta para generar corrupción a gran escala.

Es un hecho evidente que a pesar de la esotérica legislación española en esta materia –ya es un dato que nunca se haya querido modificar- la balanza siempre se ha inclinado hacia el lado del crecimiento de la prostitución y el tráfico de mujeres; nunca por la otra vertiente, la de la limitación, que también era posible, porque el marco legal es tal que con facilidad -depende de la autoridad- puede oscilar de un extremo al otro. También debería haber llamado la atención que los lobbys del feminismo radical y de género asumieran la prostitución como una actividad más. Y no deja de ser escandaloso que habiendo creado un Ministerio de Igualdad regido por una mujer, esta cuestión, estrechamente ligada a la esclavitud de miles de mujeres, campee por sus anchas, porque la Sra. Ministra ha ido a otra parte.


Ahora ya hay 19 imputados en la trama de corrupción que empezó con la entrada de la policía por orden judicial en los burdeles o clubs de alterne, como se prefiera, Saratoga y Riviera. Hay imputados seis policías, entre ellos, el comisario coordinador de las comisarías locales de Cataluña y, tomen buena nota, el ex jefe de la unidad contra las redes de inmigración y falsificación; es decir, quienes teóricamente deben luchar contra el tráfico de mujeres. También lo está el inspector jefe de aquella misma unidad, que actúa contra las redes de inmigración, la Ucrif, un inspector de la misma, un ex inspector jefe y un subinspector. Hay diversos funcionarios imputados del Ayuntamiento de Barcelona; por ejemplo, destaca el inspector del área de licencias de uno de los distritos de Barcelona. Hay 7 empresarios relacionados con clubs de alterne, los mencionados Saratoga y Riviera y de la discoteca Libertad; y tres abogados. Vale la pena resaltar que dos de ellos son, a su vez, el secretario de la asociación de clubs de alterne y el asesor legal de la Federación Catalana de locales de ocio nocturno.

Esta trama protegía a locales de prostitución, hacía la vista gorda ante el tráfico de mujeres, todo ello presuntamente, claro está, porque hay que presuponer su inocencia hasta que el juicio se realice, pero además extorsionaba a otros locales si no querían acogerse a su protección, al más puro estilo 'Chicago años 30', y metía mano a expedientes sancionadores por otras cuestiones relacionadas con la vida nocturna, como el exceso de ruido. El expediente desaparecía si se pagaba la cantidad exigida.

Estamos ante una gran trama que afecta a la política, de momento a la local, a la policía y a las organizaciones que agrupan a los negocios de alterne y de vida nocturna. Hay una asociación para delinquir con mucha gente y en muchos lugares distintos, y la justicia debe llegar hasta sus últimas consecuencias. Primero, porque la trama no está completa, la información de la que se dispone revela que hay piezas para encajar que requieren de la presencia de más personajes. Segundo, porque en una cuestión de tanto calibre debe existir un vértice, el cerebro de toda la organización y el núcleo de personas que con él la dirigían. No se puede cerrar en falso y dejar este vértice en la oscuridad, porque entonces aflorará con más fuerza la tercera consideración ¿es posible que durante tantos años, tanta gente implicada en el Ayuntamiento de Barcelona, en la policía, en medios que se relacionaban con la política como son los abogados que representaban a las asociaciones de alterne, nadie absolutamente nadie se diera cuenta de nada?

Si se quiere rascar un poco, las relaciones políticas de parte de los imputados saltaran a la vista. Los locales extorsionados, que eran muchos y diversos, callaban y pagaban y ¿a nadie se le ocurrió acudir a la policía o al concejal del distrito? ¿O es que acaso pensaban que la trama era tan grande que no estaban seguros de quien estaba relacionado con ella y quien no?

El delegado del Gobierno en Cataluña, y en su defecto el ministro del Interior, y el alcalde de la ciudad, tienen el deber de ir al fondo en toda esta cuestión evitando que se cierre en falso. La juez que lleva el caso, la misma que instruye el casi finalizado proceso a Morín, no debe obviar el entrar de lleno en la administración. La juez Elisabet Castelló denegó en el caso de los abortos ilegales las peticiones de la acusación popular de llamar a declarar a miembros del departamento de salud de la Generalitat. Sus razones tendrá, pero en esta ocasión es tan evidente la penetración en la administración pública y policial que debe explorar los hilos hasta las últimas consecuencias.

También la oposición tiene responsabilidades porque debe hacer algo más que un acto formal en un pleno, debe seguir el tema y presionar continuamente para que se aclaren las cosas y lo ha de hacer tanto Xavier Trias de CiU como Alberto Fernández Díaz desde el PP en el Ayuntamiento. Y lo mismo ha de suceder en el Congreso de los Diputados.