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domingo, septiembre 13, 2009

Sexismo en la publicidad...

Por: Teresa Sosa / Fuente: Palabra de Mujer

COLOCADAS EN EL ESCENARIO

En el mundo publicitario actual, las mujeres son los "objetos" más importantes. Pero la publicidad que se apropia de sus cuerpos para a través de éstos centrar la atención en determinados productos, las vuelve invisibles, las discrimina, las violenta.Los mensajes publicitarios no sólo discriminan a las mujeres, sino que, además, arremeten contra ellas.

Porque los anuncios, además de volver invisible a las mujeres, fomentan y fortalecen los estereotipos tradicionales.

En el mundo que reflejan los anuncios publicitarios las mujeres tienen que estar siempre bellas, pero, además, deben ocuparse necesariamente de la cocina, del cuidado de los miembros de la familia, de la limpieza, etc.
La publicidad no sólo acepta la idea de que las mujeres deben asumir las tareas de amas de casa y madres, sino que además la potencia. Asegura que ésa es la finalidad de todas.


La publicidad no es el espejo de la vida cotidiana patriarcal y machista, va mucho más allá, salta a la vista que los anuncios son bastante más sexistas que la realidad y fomentan erróneos estereotipos sobre el carácter de las mujeres.

Por otra parte, atendiendo a la imagen que los anuncios difunden, se diría que las mujeres “no trabajan” porque las imágenes las representan realizando las tareas del hogar, prodigándole cuidados a la familia y como bien sabemos en la cultura patriarcal la índole de estas tareas es considerada “propia de la mujer”; pocas veces se las presentan como emprendedoras, como profesionales, comprometidas en transformar el mundo.

La publicidad nos transmite una imagen femenina, dulce y cariñosa de las mujeres, que únicamente aspira a conseguir la armonía familiar, que muestra que ellas son felices, por sus caras sonreídas.

Las imágenes y estereotipos que los anuncios transmiten conducen a formar una determinada idea sobre las mujeres, de modo que, aun cuando se estén produciendo cambios en el mundo los anuncios no lo reflejan y mucho menos las visibilizan como actoras partícipes de esos cambios.

Y todo ello influye directamente en la forma en que se piensa de las mujeres, en sus vidas de pareja, en sus relaciones laborales y en todo tipo de comunicación entre mujeres y hombres.

VIOLENCIA SIMBÓLICA

Los estereotipos que difunde la publicidad llevan al menosprecio de la imagen de las mujer es en todo sentido; el poco valor de lo que son las mujeres, implica una autoexigencia permanente a ser siempre “buenas” esposas, madres, hijas, estudiantes, abuelas, amigas. Obedientes, dóciles; lo exige la sociedad patriarcal, la historia, la escuela, la televisión, la familia.

A las mujeres la publicidad les exige desde hace muchos años ser flacas y tener “buen cuerpo”. Pero los varones siguen disfrutando del dicho: “el hombre es como el oso, cuando más feo más hermoso”, aunque ellos sean obesos, barrigones y tengan las carnes colgando.

ALIANZA PUBLICIDAD Y MEDIOS

Los medios de comunicación de masas deberían tener un papel importante en este sentido, ayudando a hacer visible una imagen constructiva de la mujer, apoyar para erradicar los estereotipos sexistas. Pero para los medios las agencias publicitarias son los clientes que les proporcionan altos dividendos, en prensa, radio, televisión, Internet.

Es a través de los medios de comunicación y anuncios en las vallas publicitarias en el espacio público donde se emite la publicidad sexista y los estereotipos sexistas, difundiendo imágenes de mujeres como “ideales de la belleza” y “expresión de la sexualidad” y una imagen todavía relacionada con el tradicional rol de ama de casa.


La permanente repetición en publicidad de este estereotipo asegura en cierta manera su permanencia en la sociedad, como deber, obligación de las mujeres, y no se hace alusión ni siquiera con un signo que este trabajo genera riqueza al país, reconocido como tal en la Constitución Bolivariana (Artículo 88).

Una imagen sexista en un anuncio publicitario, echa por tierra proyectos de sensibilización no sexista; de aquí se desprende la necesidad de trabajar cada vez con más énfasis en la eliminación del sexismo de los medios de comunicación.

En la actualidad, el escenario público es cada vez más un escenario publicitario. La publicidad está ahí, a nuestro lado, a todas horas, en la pantalla del televisor, en los muros de las calles, en las páginas de los periódicos, en las vallas publicitarias, en las estaciones del metro, etc.

DECÁLOGO PARA IDENTIFICAR LA PUBLICIDAD SEXISTA

1. Promueve modelos que consolidan pautas tradicionalmente fijadas para cada uno de los géneros. Anuncios e imágenes que siguen perpetuando los roles tradicionalmente asignados a cada género, ajenos a los cambios sociales y a las nuevas realidades vividas por muchas mujeres.
2. Fija unos estándares de belleza femenina considerados como sinónimo de éxito. Anuncios e imágenes que limitan las posibilidades de éxito social para las mujeres al seguimiento de unos modelos de belleza.
3. Ejerce presión sobre el cuerpo femenino a través de determinados tipos de productos. Anuncios eHolanda 1 imágenes que limitan los objetivos vitales de las mujeres a la adecuación a unos determinados patrones estéticos. En estos anuncios, las mujeres aparecen descontextualizadas, parece que no hacen nada, sólo centran sus diálogos en el cuidado corporal.
4. Presenta el cuerpo de las mujeres como un espacio de imperfecciones que hay que corregir. Anuncios e imágenes que presentan los cuerpos de las mujeres y sus cambios debidos a la edad como “problemas” que es preciso ocultar y/o corregir.
5. Sitúa a los personajes femeninos en una posición de inferioridad y dependencia. Anuncios e imágenes que presentan a las mujeres como dependientes con respecto a los hombres, en un segundo plano, sin voluntad, pasivas y sumisas. Llama la atención el recurso a una imagen postrada, sometida, de las modelos en los reportajes de moda.
6. Excluye a las mujeres de las decisiones económicas de mayor relevancia. Anuncios e imágenes que siguen perpetuando los roles tradicionalmente asignados a cada género y que siguen considerando que las mujeres no tienen autonomía económica, las sitúan en un segundo plano cuando se trata de tomar decisiones sobre compras de mayor cuantía económica.
7. Aleja a las mujeres de los espacios profesionales prestigiados socialmente y, por el contrario, les asigna los roles de limpieza, cuidados y alimentación familiar. Anuncios e imágenes que siguen manteniendo el tradicional reparto de espacios, asignando a las mujeres el ámbito de lo privado, desprovisto de prestigio, y a los hombres el espacio de lo público, del saber y de la autoridad.
8. Niega los deseos y voluntades de las mujeres y muestra, como “natural”, su adecuación a los deseos y voluntades de las demás personas. Anuncios e imágenes que nos muestran a mujeres realizadas como personas en la medida en la que responden a lo que los demás piden de ella: los hijos e hijas, el marido, la madre. Aun cuando una mujer tenga uno o más trabajos fuera del hogar, deberá ocuparse de todo cuando regresa a casa, se le exige ser “superwoman”.
9. Representa al cuerpo femenino como objeto, esto es, como valor añadido a los atributos de un determinado producto; como su envoltorio, en definitiva. Anuncios e imágenes que recurren al cuerpo femenino, o al fetichismo de determinadas partes del mismo: labios, pies o prendas de vestir femeninas, como reclamo para atraer la mirada y la atención del potencial cliente.
10. Muestra a las mujeres como incapaces de controlar sus emociones y sus reacciones, “justificando” así las prácticas violentas que se ejercen sobre ellas. Anuncios e imágenes que muestran a las mujeres movidas por caprichos, faltas de juicio en sus reacciones y comportamientos, histéricas, charlatanas… En el fondo, se está recurriendo a estereotipos conductuales muy habituales en la representación tradicional de las mujeres. En estos mensajes, las mujeres quedan ridiculizadas o han de ser vueltas a la cordura por el elemento masculino.

Fuente del decálogo: Feministas Bio Bio (Chile) – Jueves.30 de julio de 2009

lunes, agosto 10, 2009

Pornografía y publicidad sexista: manifestaciones de violencia contra las mujeres

Por: Vilma Vaquerano
Es indudable que la publicidad sexista y la pornografía son manifestaciones de violencia, al reproducir paradigmas discriminatorios contra las mujeres; por ello dicha publicidad como la pornografía debería ser censurada socialmente como lo son los delitos y las agresiones sexuales.

Es frecuente ver en los medios de comunicación o publicitarios, anuncios comerciales sexistas que denigran la imagen de las mujeres, ya sea cosificándolas como objetos sexuales e invisibilizando sus diversos roles o aportes en la sociedad.

Bastaría revisar los medios de mayor circulación y difusión para comprobar esa afirmación; es frecuente encontrar chicas en ropa íntima que ilustran ventas de vehículos, baterías, lavado de autos y otras empresas. Especialmente en la secciones de clasificados, se exponen cuerpos femeninos semidesnudos para atraer la atención hacia diferentes productos en venta o alquiler. Otra práctica común es utilizar jóvenes en vestuario llamativo para promocionar celulares en los centros comerciales.

Diana Russell, investigadora feminista, considera que la publicidad sexista denigra las imágenes de las mujeres; además las investigaciones indican que objetibizar, degradar y violentar a las mujeres en las pornografía predispone a los hombres a desatar instintos de violación sexual de las mujeres y niñas y también libera sus inhibiciones a cometer otros actos de violencia contra ellas.

Es indudable que la publicidad sexista y la pornografía son manifestaciones de violencia, al reproducir paradigmas discriminatorios contra las mujeres; por ello, dicha publicidad como la pornografía debería ser censurada socialmente como lo son los delitos y las agresiones sexuales.





Publicidad sexista

Para especialistas en la comunicación, a través del estereotipo de género se desdibuja y desfigura a la persona que forma parte de un grupo al que le une su condición sexual, se le caricaturiza, despersonaliza y se le despoja de su identidad a base de extremar unas circunstancias o caracteres, naturales o adquiridos, que le unen al resto (Quin, R y McMahon 1997).

De manera que los estereotipos sobre las mujeres enmascaran la defensa de los valores patriarcales de la mayoría de sociedades actuales, incluyendo la salvadoreña, así como el miedo de la pérdida de liderazgo masculino, que ridiculizando a las mujeres, espera hacer valer la supremacía de género que las sociedades machistas asignan a los hombres en detrimento de las mujeres.

Si bien hoy en día ha disminuido la publicidad sexista que rayaba en la vulgaridad, con formas mas sutiles y modernas se denigra igualmente a las mujeres, cuando se intenta encasillarlas en roles tradicionales que no están acordes al papel de la mujer en la sociedad actual.

Hoy en día, pueden verse anuncios televisivos que ilustran imágenes de hombres incapaces de realizar las tareas de la casa y que precisan que su esposa o su madre, lleguen a rescatarlos porque ellos son incapaces de realizar estas actividades.

Por el contrario, a veces se les proyecta como los especialistas que indican a las mujeres como desempeñarse.

Esta publicidad por ejemplo, enfatiza erróneamente que el trabajo doméstico es tarea natural de las mujeres y que cambiar este patrón conductual, conlleva el riesgo de descuidar las tareas hogareñas esenciales para la comodidad y sobrevivencia de las familias. Por tanto, refuerza el rol de la mujer como ama de casa y del hombre como proveedor económico, aunque la práctica ha cambiado y las sociedades modernas enfrentan realidades distintas.

Ese tipo de publicidad influye para que pese a que ambos cónyuges trabajen fuera del hogar, siempre son las mujeres las únicas responsables, capacitadas para el desarrollo de las tareas domésticas. Lógicamente esto reproduce roles de socialización que conllevan condiciones de desigualdad o inequidad para las mujeres y niñas, desde temprana edad quienes son obligadas a auxiliar a sus hermanos en tareas tan elementales como lavar, planchar o asear la casa.

Esta de más agregar que la continuidad de roles estereotipados, ha provocado la saturación laboral de las mujeres, quienes se ven obligadas a realizar una doble o triple jornada porque sus parejas o familiares masculinos optan por mantenerse al margen de las responsabilidades familiares vinculadas al trabajo reproductivo, las labores domésticas, cuidar de personas ancianas o enfermas, ayudar a los hijos e hijas en las tareas escolares y otras actividades que consumen mucho tiempo y esfuerzo por parte de las mujeres.

Hoy en día so pretexto de dar a conocer los diferentes roles de las mujeres, alguna publicidad intenta dar la imagen de mujeres profesionales que además de trabajar fuera de casa, llegan al hogar a cuidar de sus hijos e hijas, esta postura refuerza la percepción de que son las mujeres las indicadas para desempeñar las tareas del hogar y no contribuye a fomentar la corresponsabilidad de los padres en el conjunto de actividades reproductivas.

Pornografía y violencia
Según Diana Russell, un estudio del FBI sobre el comportamiento de 46 asesinos en serie en los Estados Unidos, concluyó que la pornografía ocupaba uno de los primeros lugares de una lista de incitadores sexuales en el 81% de este grupo estudiado.

Lo anterior adquiere mayor relevancia actualmente ya que en diversas naciones, entre ellas El Salvador, la pornografía es de fácil acceso para la mayoría de personas que pueden alquilar o comprar una película en cualquier plaza del país o con disponibilidad de medios para descargar este tipo de filmes o imágenes desde la internet.

Diana Roussell agrega que mediante el estudio realizado por el FBI se demostró que asesinos notorios como Edgar Kenry, Ted Bondy o David Bokovich, eran grandes consumidores de pornografía.

Incluso, uno de ellos, Bandy declaró un día antes de ser ejecutado por múltiples crímenes, que el había asesinado muchas mujeres bajo la influencia de la pornografía, porque ésta mantenía un alto impacto en su conducta y era el eje central para el desarrollo del comportamiento violento.

Su evaluación es consistente con declaraciones de otras personas que agredían sexualmente y así como de víctimas sexuales, lo cual demuestra que los efectos de la pornografía son reales y debe ser asunto esencial al abordar las causas de la violencia contra las mujeres, según Russell.

Es común que en películas pornográficas o no, algunos personajes centrales sean asesinos en serie; precisamente la mayoría de administradores de este tipo de películas son hombres y particularmente hombres jóvenes en los Estados Unidos. Además, algunos superhéroes contemporáneos o en caricaturas de gran demanda entre el público joven, por ejemplo muestra a una mujer crucificada, afirma Diana Russell.

La mayoría de lectores de estas historietas muestran el enojo reprimido y quieren ver a sus personajes destrozados. Por supuesto, muchos de estos personajes son mujeres más que todo. Un reconocido productor de televisión, Bryan de Palma, afirmaba que siempre había deseado incorporar en sus películas en un enfoque erótico, colocando a las mujeres en peligro; ahora que se dedica a las películas de suspenso, qué va a suceder con sus personajes femeninos, se cuestiona Russell.

Feminicidio y misoginia en canciones de diferentes géneros musicales
En esta categoría deberían entrar géneros musicales actuales, que con letras y ritmos muy pegajosos transmiten mensajes que denigran a las mujeres, utilizando vocablos despectivos, calificándolas como objetos sexuales que siempre deben estar dispuestas a satisfacer los deseos de los hombres, así como otros calificativos que hacen referencia directa o implícita a la violencia verbal o física contra ellas.

Como ejemplo podrían mencionarse muchas canciones del popular perreo, reggueton e incluso rancheras. Estas canciones se transmiten en la mayoría de estaciones juveniles salvadoreñas.

Otro cantante estadounidense, Mick Jagger, hace 20 años, decía en una canción que la violación y el asesinato solo están a un beso de separación; la amaba pero ahora tengo que asesinarla, decía una de sus canciones analizadas por Diana Russell.

Explica que las atrocidades misóginas que se dicen en la música o películas, no se ven con la transcendencia debida; por el contrario, se ven como una tontería o fantasía sin importancia; pero el feminicidio y la violencia contra las mujeres han sido incorporadas desde hace varios años en las novelas, caricaturas, libros o películas.

En muchos de estos géneros, se da la impresión de que las mujeres son sólo diversión. El FBI detalla que muchos asesinatos de mujeres fueron cometidos como homicidios de recreación, de esparcimiento; irónicamente, la mayoría de ciudadanos y ciudadanas estadounidenses se rehúsan a reconocer el periodo feminicida que estamos viviendo y cuantas mujeres mueren por esta causa hoy en día. Para avanzar en esto es necesario cambiar radicalmente posturas machistas, reflejadas incluso en algunos padres de familia o esposos, que actúan en el hogar como dioses a tiempo completo incluso con derecho a matar si su autoridad se ve amenazada, enfatiza Diana Russell.

* Artículo tomado de la Revista Bernarda, No. 3, publicado por la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA), San Salvador, mayo-junio de 2008.

jueves, junio 04, 2009

Lo que la Publicidad no debe reflejar, pero refleja por su carácter Sexista y Discriminatorio

*Promover modelos que consoliden pautas tradicionalmente fijadas para cada uno de los géneros.*Ejercer presión sobre el cuerpo femenino a través de determinados tipos de productos que facilitan su dominio y control.*Representar al cuerpo femenino como objeto, esto es, como valor añadido a los atributos de un determinado producto; en definitiva, como envoltorio del producto.
*Alejar a las mujeres de los espacios profesionales prestigiados socialmente y, por el contrario, asignarles los roles de limpieza, cuidados y alimentación familiar.*Situar a los personajes femeninos en una posición de inferioridad y dependencia.*Presentar el cuerpo de las mujeres como un espacio de imperfecciones que hay que corregir.