Mostrando entradas con la etiqueta ideología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ideología. Mostrar todas las entradas

miércoles, abril 24, 2013

Nicolás, luchemos por la soberanía del pensamiento


Por Willey Peñuela

Comparto esta reflexión, atendiendo al llamado a autocriticarnos que hace horas escuché a nuestro Comandante en Jefe, Nicolás Maduro.

La revolución industrial y la expansión del capitalismo como sistema depredador, trajo consigo una gigantesca e inusitada acumulación de poder en manos de los grupos económicos que tuvieron y aún ostentan las riquezas más impresionantes jamás vistas. Obviamente, el modo de producción capitalista (al igual que los anteriores) desarrolló sus maneras de incidir en el pensamiento humano para preservar su poder. Pero como dicho sistema es tan obscenamente promotor de desigualdades y tan profundamente inhumano e insaciable, se vio obligado a desarrollar al máximo las herramientas de control del pensamiento social, para lograr tres aspectos: preservarse, profundizarse y justificarse.

Obviamente, cuando el poder del capital no ha podido controlar el pensamiento social a través del cual imponer su miseria, ha acudido a métodos como la confrontación armada directa, la invasión o las acciones de guerra económica.

Pero el aspecto central en el cual quiero enfocar este aporte, es al que se refiere a la batalla de ideas. Y es clave, en la Venezuela bolivariana, caracterizar al adversario en esa “guerra de cuarta generación” que estamos librando.

Información, formación y captación capitalista

Los grandes poderes mundiales y sus aparatos ideológicos no llevan dos días trabajando cómo, cuándo y para qué incidir en el pensamiento humano.

Publicidad, televisión, cine, prensa y radio, alineados al capitalismo, tienen décadas trabajándonos la mente y el pensamiento. Los psicólogos sociales, semiólogos, estudiosos de la psiquis humana en general, han asociado impulsos primarios (hambre, deseo sexual, sed, etc) a productos, con el objetivo de venderlos.

No por casualidad una galleta dulce la asocian con un beso, o un par de zapatos son mostrados directamente asociados a la sexualidad humana. Pero el asunto va mucho más allá de eso. Los estudiosos del mensaje masivo encontraron una manera infalible de controlar muchos más aspectos que los evidentes. Lograron articular en toda la industria cultural los tres aspectos, la información, la formación y la captación.

En una emisora de radio privada cualquiera, hay un espacio informativo que te da el enfoque de los eventos sociales surgido desde la arbitrariedad de quien controla, de su propietario. Ellos eligen NO decir en sus noticieros que, por orden de Capriles, hay 10 muertos por los sucesos posteriores al 14-A. Sí "informan", selectivamente, sobre eventos que vayan contra el proceso bolivariano, esos eventos los repiten y magnifican, ya eso se sabe. Pero en esa misma emisora, hay espacios de formación de criterios, tal vez no planteados con la rigurosidad de una escuela de formación sino más bien de manera velada. Una opinión de Luis Chataing en un programa de radio o TV logra incidir más en las masas que este artículo de opinión que estoy publicando. Allí se mezclan, en un mismo medio, información y formación. Aparte de todo, sus políticas psicológicas, comunicacionales, culturales, están siempre alineadas a la captación, a sumar más voluntades. No tienen necesidad de entregar un panfleto que diga "incorpórate a las filas de la juventud obediente al capitalismo", están, por mucho, más sofisticados que nosotros y nos llevan ventaja.

Publicidad más allá del producto

Cada mensaje asociado a un producto tiene elementos morales, afectivos, motivaciones, desmotivaciones, se refiere a un marco axiológico y al mismo tiempo construye nuevos referentes. Cuando una publicidad en 20 segundos te dice "Hay quienes nacen para manejar una Silverado doble cabina" te está dando un mensaje mucho más profundo que invitarte a comprar el vehículo. Allí hay elementos identitarios, culturales, emocionales, hay una caracterización de la psiquis que la recibe y un profundo estudio para elaborar esas nueve palabritas aparentemente inofensivas.

Yo quiero ser así

En cierta oportunidad una compañera de estudios me comentó la frase "Yo quiero ser como ella" refiriéndose a una "celebridad". Ese insumo, que parece de lo más común e intrascendente, me quedó rebotando en el pensamiento y devino en muchas reflexiones. Es claro que mi amiga quiere ser como una celebridad no por casualidad. En primer lugar hay un obvio descontento con su persona misma, una inconformidad con su ser. Inconformidad lógica en un sistema groseramente desigual. Pero cabe preguntarse.. ¿Por qué ella, y muchos otros, tienen como sus referentes fundamentales a sujetos que no tienen ninguna virtud conocida? Nuestra sociedad lleva años recibiendo en su psiquis una enorme cantidad de mensajes al día que no sólo persiguen la venta de algún producto, sino que descubrieron que podían manipular un elemento central en toda sociedad: El autoestima social.

Esos referentes que nos ha mostrado la industria cultural como lo correcto, lo bueno, lo 'chic', lo 'nice', lo 'in', lo 'cool', tienen varias características implícitas, entre las que se encuentra que todo lo que no sea 'nice' es absolutamente despreciable. Tiene obviamente una carga racista, tiene una carga sexista, tiene una carga que promueve la defensa de un sistema de pensamiento que sustente al modo político económico capitalista. Esos medios dan muchísimos mensajes más allá del mensaje mismo. En educación le llaman a eso el currículo oculto.

Ni loca me anoto en esa, no quiero ser despreciada.

Amigas como las que mencioné, no sólo quieren ser como Paris Hilton, sino que luchan a diario por no ser despreciados. Nadie quiere serlo. La industria cultural lleva décadas mandando el meta-mensaje: 'si no te pareces a nuestros patrones establecidos, serás despreciado y ERES despreciable'

Cuando estamos en una cola del banco y comienza una señora, encopetada o no, a vociferar en contra del gobierno revolucionario, siempre hay alguien presente que es simpatizante o militante de la revolución, pero pocas veces se escucha en público una respuesta a la señora que pregona su postura opositora. Hay en esa señora, la certeza de que su escuálida opinión, la reviste de prestigio; y hay, en las estructuras psíquicas más profundas de ese chavista que hace su cola, algo que le hace callar a pesar de tener la razón: El temor al desprecio. No tienen dos días construyéndolo en el pensamiento social.

A propósito de esa certeza de los opositores, que están seguros que de ellos brota sabiduría e inteligencia, Luis Britto García escribió "¿Por qué tú, que eres inteligente..." http://www.aporrea.org/actualidad/a151702.html . Es decir, es un fenómeno social y considero, en mi modesta opinión, que debemos atenderlo.

Conozco una joven profesional de clase media que gana más o menos 10.000 bolívares fuertes al mes. Esa joven, se siente profundamente identificada con la burguesía nacional, aún peor, a veces cree que ella es parte de la burguesía, se siente aludida. Si comparamos su ingreso, con el ingreso de la familia Mendoza propietaria de empresas Polar, o con los ingresos de Gustavo Cisneros, o con la familia De Armas o con los Capriles, las distancias son ABISMALES, extremas, gigantescas.

Objetivamente, en el plano económico, ella está mucho más cercana a un obrero que hace limpieza y que gana 3000 bolívares. La industria cultural capitalista trasnacional y sus expresiones políticas nacionales, han logrado que esa joven profesional se sienta más cercana y más identificada con la familia Cisneros, y se sienta profundamente lejana y distanciada de la señora que humildemente barre el piso de la oficina.

Materialmente, objetivamente, hay diferencias entre la profesional de los 10.000 y la obrera de los 3.000, pero la distancia es descomunalmente mayor entre 10.000bsF y 500 millones de dólares. Si hablamos desde el plano más frío y objetivo, ambas mujeres son trabajadores y ambas padecen las consecuencias del sistema social en que viven, una más que otra. Deberían juntas, luchar para el desarrollo nacional, trabajar por la equidad y apoyar un sistema político como el bolivariano que ha venido disminuyendo las desigualdades sociales y que planea instaurar un sistema profundamente más justo. Eso es lo lógico.

Pero esa industria cultural nos ha enseñado que no toda verdad, es verdad. Pueden crear realidades paralelas, mundos posibles planteados como parte del mundo realmente existente, y que millones de personas las crean sin atreverse a cuestionar nada a profundidad.

¿Y nosotros qué?

Nuestra construcción política está llamada a librar una batalla de ideas contra un coloso hegemónico trasnacionalizado con sus arraigadas expresiones nacionales. Tenemos una ventaja: La base del mensaje capitalista es una falacia, la base del mensaje nuestro es la verdad, la realidad objetiva y material: es objetivo que el capitalismo es injusto y desigual; es verdad que el sistema económico socialista es radicalmente más justo.

Debemos articular las mismas tres políticas (información-formación-captación) desde una concepción filosófica distinta pero valiéndonos de técnicas de avanzada. El mensaje revolucionario debe ser estudiado con la misma agudeza con la que el publicista analiza la frase más impactante.

La política comunicacional de nuestra revolución, por órdenes de nuestro eterno Padre Hugo Chávez, comienza a mostrar fuertes avances bajo la conducción directa del camarada Nicolás Maduro y la específica ejecución, muy inteligente, de Ernesto Villegas. La información, comienza a transformarse y a dejar de emular los esquemas informativos del enemigo.

Villegas ha ejecutado políticas en cuanto a lo informativo que hacen énfasis en el testimonio, en la noticia contada por el sujeto histórico fundamental, el pueblo. Ha desarrollado además, la técnica, ha elevado los niveles de sofisticación y cuidado del mensaje. Debemos seguir ese rumbo.

En la actualidad, la prensa burguesa tiene actitudes rebeldes y la prensa revolucionaria tiene actitudes conservadoras. Eso debe transformarse, debemos salir de la trampa del gremialismo, del tradicionalismo y de lo clásico. No por casualidad, el lenguaje poco ortodoxo de Últimas Noticias (UN) ha tenido impacto en los lectores. Nuestro pueblo lector no es el típico caballero inglés que lee la prensa con el té. No promulgo que debamos imitar el lenguaje de ese diario, pero lo que sí grito a toda voz, es que algo diferente debemos hacer. Afortunadamente ya se comienzan a ver los cambios en la política comunicacional, ojalá sigan. Si estamos en guerra de cuarta generación, debemos hacer acciones de guerra y no sólo denunciar la guerra misma.

La información comienza a hacerse, al mismo tiempo, un elemento formativo. Los aparatos de información (VTV, RNV, YVKE, entre otros) contienen dentro de sí, espacios de formación. La vinculación de ambos aspectos, es plausible. Sin embargo, tenemos un profundo reto por delante. Ese reto es hacer que esos sectores TRABAJADORES clase media de la sociedad, que se distancian muchísimo de sus explotadores, se identifiquen con sus iguales, con nosotros. Y que se sumen al llamado de la Patria, a construir país. No sólo las capas medias, hay un número nada despreciable de personas de las comunidades más desfavorecidas, que dieron su voto a la dirigencia fascista.

El discurso:

Muchas veces el discurso político de la dirigencia revolucionaria y de nuestros aparatos comunicacionales, se dirige únicamente a nuestras propias filas, un diálogo hecho desde el chavismo para el chavismo. Eso está bien.

Pero es necesario visibilizar de manera permanente a esos otros sectores no simpatizantes. Confrontar con la burguesía, no con las capas medias. No lanzarlos al terreno enemigo, no ser víctimas nosotros también de la misma manipulación que ellos padecen. Ellos tienen pánico de sentirse proletarios, dijo recientemente Luis Britto García.

Hasta hoy fui opositora

Es impresionante el efecto que tuvo el artículo "hasta hoy fui opositora", que fue una especie de confesión de una caraqueña de clase media que luego de reflexiones, se sumó al proyecto chavista. Más de medio millón de lecturas, fue recomendado por el Presidente Correa, y leído en decenas de medios de comunicación. Personas conocidas directa e indirectamente, que estaban desmotivadas de votar el 14-A, decidieron votar por Maduro luego de leer ese artículo. No muchas, claro está, pero se dio el caso.

Eso nos da un mensaje y una lección, que no podernos despreciar. El discurso revolucionario debe replantearse desde los niveles más altos de la dirección política.

No hay siete millones de oligarcas

El glorioso Comandante Fidel Castro, le dijo a nuestro líder eterno Hugo Chávez "Hugo, en Venezuela no hay 5 millones de oligarcas"... Mucho menos hay siete millones de oligarcas.

Hay que decir, con tristeza, que no hemos sido capaces de crecer en esos sectores "medios". Eso se debe a múltiples factores, y sería un reduccionismo afirmar que las causas se deben únicamente al tema comunicacional, pero el objeto de este artículo es visibilizar esa problemática específica e importantísima.

Nos URGE una política comunicacional dirigida a la captación, dirigida a que la gente no sienta temor de deslastrarse del canon forjado por los aparatos culturales hegemónicos. Que la gente no tema ser despreciada por ser chavista. Que la gente SIENTA que está fuera de onda si no es chavista. Que la gente SE SIENTA INTELIGENTE de ser chavista y no lo contrario. A fin de cuentas la intelectualidad trascendente es de izquierda. Que el autoestima abunde en nuestro sector. Que los jóvenes digan, crean y sientan que si no son chavistas no están en nada, que les dé VERGÜENZA, y NO ORGULLO, ser opositores. Que les dé vergüenza defender esos ideales.

Pero eso no se logra con una rígida "escuela de cuadros" donde los jóvenes más desapegados se aburren y duermen. Las escuelas de formación de cuadros son para personas YA CONVENCIDAS. La captación debe estar dirigida en otro sentido, debe ser estudiada también por las ciencias del signo, el símbolo, el diseño, la semántica, la psicología social y, por qué no, tomar insumos técnicos del aparato cultural enemigo.

Nuestros mismos jóvenes, lo expresan, por voluntad propia y con amoroso orgullo. Se nota la necesidad de expresar ese mensaje. Esto lo escribe una jovencita twittera:

Ese orgullo que siente ella, debe ser difundido, debe ser ejemplarizante, moralizante. Debe difundirse el autoestima nacional de nuestro pueblo chavista, eso también CAPTA a otros jóvenes. Una vez de nuestro lado, llega la hora de la formación político-ideológica. Pero primero es la captación.

Los inteligentes diseños de Trinchera Creativa, pueden también ser una política propagandística al servicio de la captación de nuevas voluntades. Y así, muchísimos, demasiados casos, pueden ponerse al servicio de la captación de voluntades para el proyecto de la Patria, proyecto digno levantado por nuestro amado Comandante Chávez. Imagínense el Metro de Caracas con imágenes destinadas a la captación. Sin banalizar en absoluto nuestro proceso, podemos perfectamente hacer llamados de maneras implícitas, no obvias, de forma inteligente, contemplando lo afectivo, lo racional, lo estético, lo lógico, lo semántico, lo semiológico. Podríamos comenzar con una campaña que incentive el orgullo de ser chavistas. El camino de la captación no sólo es necesario, es urgente.

Quien escribe no sólo critica y opina, también está dispuesto a sumarse a hacer aportes en ese sentido.

Hagamos que la verdad sea, en la gran mayoría de nuestro pueblo, una gran verdad.

Willey Peñuela

@WilleyP

domingo, noviembre 16, 2008

Mal de muchas, problema de... ¿quién?


Pan y Rosas / La Haine

Nombrar a la violencia contra las mujeres como “familiar” o “doméstica” es una operación ideológica que tiende a hacernos creer que se trata de un asunto privado.

La violencia de género se ha convertido en la primera causa de muertes de mujeres a nivel mundial; miles de mujeres son asesinadas cada año sólo por ser mujeres. Incluso hubo que inventar una nueva palabra para nombrar este horror y la siniestra magnitud que adquieren estos asesinatos y, ahora, se habla de “femicidios”. Pero los asesinatos son el último y más tremendo eslabón de una larga cadena de múltiples y variadas formas de violencia: las violaciones y abusos, los maltratos y los golpes, el desprecio y la humillación, son mucho más habituales de lo que podemos pensar y, en la mayoría de las ocasiones, son hechos silenciados.


Pero también hay otras formas de agresión y violencia inflingida contra las mujeres por el Estado capitalista, sus instituciones y otras redes para-estatales, entre las que podemos nombrar a la represión ejercida por las fuerzas armadas, la subordinación impuesta por la Iglesia, la prohibición de derechos elementales que nos condenan a situaciones de inferioridad con respecto a los varones, la falta de oportunidades para la educación y el trabajo, el pago de menor salario que recibimos por el mismo trabajo que realizan nuestros compañeros varones, el acoso sexual por parte de los patrones, jefes y gerentes que nos creen su propiedad, la esclavitud de las trabajadoras migrantes en talleres clandestinos y otras condiciones desiguales que sufrimos las trabajadoras, el secuestro de niñas y jóvenes por las redes de trata y prostitución, la utilización de la imagen de la mujer que nos reduce a ser un objeto sexual para el disfrute de terceros, sin tener en cuenta nuestros propios intereses, entre otros.

De tan milenaria, naturalizada; de tan extendida y cotidiana, invisibilizada; de tan cruel y sistemática, casi parece imposible enfrentarla y acabar con ella… así es la violencia que se ejerce sobre nosotras. Sin embargo, aunque parezca habitual, que ese lugar de sometimiento y subordinación se vea como algo natural es el resultado del accionar de las distintas instituciones del Estado, que desde el origen de la opresión de las mujeres y las sociedades divididas en clases, han legitimado esta violencia, tal como lo explicamos en este número de Pan y Rosas (ver nota “Orígenes...”). Que sea sistemática, nos obliga a pensar cuál es la íntima relación que existe entre este aberrante fenómeno de violencia contra las mujeres y el mantenimiento del orden instituido en un sistema social que encuentra su fundamento en la explotación de millones de seres humanos por parte de una pequeña minoría parasitaria. ¿Por qué la explotación de los seres humanos fue acompañada, desde su origen, por la opresión de las mujeres, por una opresión que adquiere múltiples formas, y ribetes cruentos y terroríficos?

Llegado el mes de noviembre, con el Día Internacional de Acción Contra la Violencia hacia las Mujeres recrudecen las campañas televisivas contra la violencia, los pronunciamientos de organizaciones de mujeres y los discursos de los gobiernos y otras instituciones del Estado; lo cierto es que las medidas planteadas como “solución” a este flagelo no han resuelto nada, pero no porque no den en la tecla correcta, sino porque no plantean el problema de fondo, es decir, la existencia de la propiedad privada, defendida a través de la violencia por la clase dominante, contra las y los explotados, que condenó a las mujeres a ser un grupo subordinado socialmente.

Aunque haya quienes sostengan que esta violencia se reduce a determinados “sectores sociales”, que sus ejecutores deben ser considerados como “enfermos” o “locos”, que las víctimas han caído en esa situación “por algo”, que el amor “extremo” explica o justifica los celos posesivos y entonces se puede hablar de “crímenes pasionales”… lo cierto es que ninguno de estos casos ocurre aisladamente: la violencia que se ejerce sobre nosotras, como vemos, sucede en una sociedad donde las mujeres ocupamos un rol subordinado, somos consideradas un mero objeto sexual, personas incapaces e inferiores, con menores derechos y libertades. Es decir, la violencia contra las mujeres se origina, se sostiene, se justifica y se legitima en la desigualdad socialmente construida entre los géneros y entre las clases, porque también es cierto que sus consecuencias las sufren, más crudamente, las mujeres de las familias obreras y pobres.

Una desigualdad que no es natural, biológica ni heredada, que hace que esté profundamente arraigada en la sociedad la idea que las mujeres son propiedad de los varones, primero del padre, luego del marido, algunas convertidas en propiedad de “Dios”, otras en propiedad de todos los hombres… pero nunca autónomas. Por eso decimos que, más que una repentina “pérdida del control” por parte del hombre que ejerce esa violencia contra la mujer, la misma es expresión del más alto grado de control y dominación que pueda ejercerse sobre otra persona.

Violencia ¿familiar y doméstica?

En Argentina, más de 21 mil mujeres denunciaron este año que sufren violencia dentro del hogar, aunque la cifra es mucho más alarmante, ya que se calcula que por cada caso denunciado hay por lo menos otros tres que se silencian. Aunque no hay cifras oficiales, teniendo en cuenta exclusivamente las noticias aparecidas en los diarios, se puede calcular que en lo que va de este año, alrededor de 100 mujeres murieron a causa de la violencia de género. Esto sin contar que, mientras el gobierno de Cristina Fernández (como los anteriores) sigue imposibilitando la despenalización y legalización del aborto, mueren más de 400 mujeres al año por las consecuencias del aborto clandestino. Casi medio millar de muertes de mujeres que podrían evitarse con una ley que permitiera el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en los hospitales públicos.

Pero incluso el sistema judicial previsto para las denuncias de violencia contra las mujeres, revictimiza a las víctimas: los procedimientos judiciales son lentos, dolorosos y, como no podía ser de otra manera, son injustos, porque se centran en investigar a la víctima, presuponiendo que “algo habrá hecho” para que le suceda lo que le sucedió. Y así y todo, los juicios iniciados por “violencia familiar” aumentaron más de un 60% en los últimos años, en nuestro país. Sin embargo, el propio Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires tuvo que reconocer que se reciben más de ocho denuncias diarias sólo por violación, pero que el 80% de los casos no llega a juicio por diversos “fracasos” de las fuerzas policiales durante la investigación, los organismos de justicia, etc.

¿Fracasos? Parece un término demasiado leve para referirse a las fuerzas policiales que son quienes manejan las cajas negras de la prostitución, el narcotráfico, el juego clandestino y otros negocios sucios… un término demasiado leve para referirse a las mismas fuerzas policiales encargadas de la represión contra la clase trabajadora y el pueblo, el asesinato a mansalva de la juventud de los barrios plebeyos con el “gatillo fácil”, responsables de la tortura, asesinato y desaparición de miles de luchadoras y luchadores de la época de la dictadura militar y que aún están en funciones…

Rosa Yamila Gauna, de tan sólo 15 años, fue apresada en una Comisaría de la Mujer, en Misiones, bajo el supuesto cargo de haber cometido una infracción. En esa misma Comisaría de la Mujer donde se reciben las denuncias de violencia, esta joven apareció muerta en su celda, pocas horas después. La habían quemado viva para que no quedaran pruebas de que los policías la habían violado. Este brutal crimen ocurrió en el 2006 y sigue impune; pero no es un hecho aislado: hace pocos meses se supo que en la Comisaría de la Mujer de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, un sargento que cumplía funciones allí había violado a varias adolescentes.

En el gobierno de Cristina, que asumió en nombre de los derechos humanos y haciendo bandera de su género, mueren más de una docena de mujeres cada mes a causa de la violencia que se ejerce sobre nosotras, mientras sigue vigente la Ley 24.417 de “violencia familiar”, que ni siquiera contempla políticas de prevención de la violencia y asistencia integral a las víctimas o medidas concretas para su protección. El programa Las Víctimas Contra la Violencia, que fue presentado por el gobierno como un gran paso adelante, cuenta con cinco (¡cinco!) telefonistas que transfieren las denuncias a la policía para que acuda al hogar en tanto llega una “brigada” con más policías, una psicóloga y una trabajadora social que acompañan a la víctima a hacer la denuncia a la comisaría, o al hospital a atenderse, si el caso lo requiere.

¡Cuánto cinismo! ¡El programa depende del Ministerio del Interior, de quien también dependen las fuerzas represivas! La (in)justicia, mientras tanto, hace su parte: como en el caso de Romina Tejerina (y tantos otros), garantiza la impunidad de los abusadores, mientras ratifica la condena contra la joven víctima. ¿Y cuántos son los casos de redes de prostitución, abusos de menores, jóvenes engañadas y violadas en “fiestas de la alta sociedad” en los que numerosos jueces, fiscales y otros altos funcionarios o sus hijos aparecen involucrados, pero sobre los cuales cae rápidamente un manto de silencio e impunidad?

Nombrar a la violencia contra las mujeres como violencia “familiar” o “doméstica”, por tanto, es una operación ideológica que tiende a hacernos creer que se trata de un asunto privado, en el que no hay que meterse. Pero además, oculta el hecho de que esa violencia ejercida por las personas más cercanas a la víctima, y concretada en el ámbito privado, está originada, sostenida e incluso hasta justificada por una sociedad en la que la violencia contra las mujeres se ha convertido, trágicamente, en “sentido común”.

¡Basta de violencia contra las mujeres!

Quienes integramos la agrupación de mujeres Pan y Rosas sostenemos que no podrá acabarse con la violencia hacia las mujeres en tanto persista este sistema basado en la miseria, la inequidad y las condiciones aberrantes de existencia impuestas a millones de seres humanos por los intereses de una minoría parasitaria y sedienta de ganancias. La salida a tanta violencia, por eso, no es individual. Para terminar con la milenaria opresión de la mujer, de la que el capitalismo se ha valido para ejercer su dominio, tenemos que organizarnos, junto a nuestros compañeros varones, para terminar con él. Pan y Rosas te propone lanzar una gran campaña para decir ¡Basta de violencia contra las mujeres!, que incluya:

Refugios u hogares transitorios para las mujeres víctimas de violencia y sus hijos e hijas, garantizados por el Estado y bajo control de las propias víctimas de violencia, organizaciones de mujeres y trabajadoras, con gabinetes de profesionales y especialistas, sin presencia policial ni judicial.

En nuestros lugares de trabajo y en los sindicatos, creación de comisiones de mujeres, independientes de las patronales, que se ocupen de los casos de acoso sexual o laboral y discriminación hacia las trabajadoras.

Subsidios acordes a la canasta familiar para las víctimas de violencia que estén desocupadas, acceso a la vivienda y trabajo para todas. Licencias pagas para las trabajadoras que atraviesan una situación de violencia, con atención en salud cubierta íntegramente por la patronal y las obras sociales.

Tenemos que organizarnos para ser miles y arrancar nuestros derechos, invitando a nuestras amigas, vecinas, compañeras de estudio o de trabajo, a ponerse de pie para enfrentar este flagelo. Pero también convocando especialmente a los trabajadores y a todos los varones concientes de sus cadenas que quieran luchar por una sociedad sin explotación, a tomar esta tarea también en sus manos. Porque mientras la clase dominante logre mantenernos divididos, oponiendo a unos y otras, e instilando su venenosa ideología de que hay explotados de primera clase y explotados “de segunda”, como las mujeres o las y los inmigrantes, más fácilmente se perpetúa su dominio y nuestra esclavitud.