lunes, febrero 06, 2012

Ablación: la lacra hereditaria

María Cappa / El Mundo
Dos millones de niñas son víctimas cada año de una lacra hereditaria en 29 países de África y varios de Asia y Oriente Próximo, así como en diversas comunidades de inmigrantes en todo el mundo. La extirpación de los genitales externos de la mujer, una violación de Derechos Humanos (según reconoció la ONU en 1996), es una práctica ancestral que responde a motivaciones sociales y culturales -y no afecta sólo a las clases bajas- contra las que combanten las ONG en un trabajo constante de concienciación.

A la mujer mutilada -en total hay son 135 millones en todo el mundo, según el libro de Amnistía Internacional 'La mutilación genital femenina y los derechos humanos'- le pueden esperar graves transtornos psicológicos durante toda su vida, así como problemas de salud durante la menstruació y el parto e infecciones frecuentes en el aparato urinario.

"Siempre se ha creído que tiene base religiosa y está vinculada a la incultura o las clases sociales bajas. Es mentira. Se ha comprobado que la ablación se practica en comunidades islámicas y cristianas, en grupos con acceso a la educación universitaria y comunidades rurales; entre las mujeres de altos mandatarios de países como Mali, así como entre mujeres que viven en la miseria", explica la portavoz de World Vision España, Claudia Moreno.



La realidad es que, como toda tradición, lleva siglos pasando de generación en generación como una práctica aceptada sin que nadie lo cuestione. "Simplemente está ahí, sin más", señala Moreno.

Los mitos

Son varios los mitos por los que se cree que la escisión genital es recomendable: evitar que la mujer sea infiel o que el clítoris crezca de manera desmedida, que el bebé muera por tocarlo en el momento de su nacimiento, conservar el prestigio social o impedir que la mujer tenga problemas en el parto.

La realidad es son las consecuencias que tendrá en sus cuerpos y sus mentes la ablación. "En Kenia, además de las matronas, participan en la MGF las madres o las tías de las pequeñas -cuenta Claudia Moreno-. Las niñas no entienden cómo pueden, las personas a las que más quieren, participar de algo tan cruel y doloroso para ellas (se lleva a cabo sin anestesia). No pueden asimilarlo".

Muchas de estas 'comadronas' que ejecutan la mutilación, son personas sin preparación que, como explica Moreno, "han heredado el oficio de su madre, que a su vez lo heredó de su abuela...". Un trabajo, por cierto, que no solo lleva consigo un gran prestigio social, sino que está muy bien pagado.

El trabajo de las comadronas que lo practican tiene gran prestigio social y está muy bien pagado

Ni las niñas, ni sus padres, ni las comadronas saben que, además del daño emocional, hay otros riesgos asociados a la salud. "No hay ningún tipo de precaución sanitaria. Incluso hay casos en los que no además del oficio, se hereda también la cuchilla para mutilar", detalla la portavoz de World Vision España. Una evidente ausencia de placer a la hora de mantener relaciones sexuales o infecciones que provocan dolores abdominales de por vida o desangrarse hasta la muerte, entre ellas.
Cómo se combate

Uno de los métodos de combate más efectivos pasa por el diálogo y la formación, tal y como explican en la web de la campaña Stop Ablación. "Es fundamental que los padres y los líderes de opinión de cada región entiendan que no es una tradición cultural, sino una violación de los derechos de las niñas y un atentado contra su dignidad", explica Claudia Moreno. "También trabajamos con los niños más pequeños para que aprendan que la mutilación es un error. Tienen que saberlo para que, cuando crezca, acepten como esposas y madres a las mujeres que no han pasado por ello".

En países como Somalia, Kenia o Mali, han comenzado a darse procesos internos en los que las mujeres quieren evitar que sus hijas pasen por lo mismo que pasaron ellas. "Especialmente en Mali, donde 9 de cada 10 mujeres están mutiladas en todo el país, nos centramos en dar soporte a estas mujeres", dice Moreno. De forma paralela trabajan con quienes se dedican a practicar la ablación de forma 'profesional': las comadronas.

"Trabajamos con ellas desde dos perspectivas diferentes. Es fundamental que sepan qué consecuencias tiene la ablación, pero también debemos ofrecerles un modo de vida alternativo. La que lo decida, puede acogerse a un plan de microcréditos para comenzar un nuevo negocio", explica la portavoz de la ONG internacional. Un ejemplo del que habla Claudia Moreno con especial orgullo es el de Ambago. "Es una mujer de 70 años que ha pasado su vida dedicada a la mutilación genital. Después de varios cursos de formación, ha comprendido las nefastas consecuencias que se derivaban su profesión. Se acogió al programa de microcréditos y ahora se dedica al negocio de las cabras. O sea que la formación ha posibilitado que una señora de 70 años cambie de vida", concluye satisfecha.


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